¡Y el capítulo 11! Me encanta como aumentan mis reviews... no creas que te menosprecio kikyo taisho, pero... esperaba más cantidad.

Sin más, el capítulo:

/

Capítulo 11: Tres Años Después

/

Paso. Eco. Paso. Eco. Paso. Eco. Y la respiración, constante. ¡Que ruidosos podían llegar a ser al caminar! Gota. Cayó al lado de su rostro. La notó. ¿Por qué? Era normal. Se había concentrado en el caminar de su carcelero. Cierto, ese no era el horario regular en que le traía la comida. ¿Acaso eso era lo que le había llamado la atención? La más minúscula posibilidad de que algo rompiera con su perfectamente regular rutina de vida le aceleraba tremendamente el corazón. Había olvidado que podía latir tan deprisa, después de todo, ¿Cómo habría de hacerlo en un lugar tan frío?

Frío. Ese lugar era frío. Cuando recibes un estímulo de manera constante, siempre en el mismo nivel, olvidas que ese estímulo existe. Hasta que algo rompe con el perfecto orden de los estímulos diarios. ¿Cuánto tiempo había pasado desde el momento en que se inició ese ciclo de estímulos perfectamente coordinados? El simple hecho de que su cerebro haga hincapié en esta incógnita significaba que algo sucedía de forma diferente a la usual. Ese simple caminar en un horario que difiere ligeramente del usual hizo que su cerebro trabaje a una velocidad inusitada.

¿Cuándo había entrado allí? ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿De qué color era el suelo del pasillo? ¿Y las paredes? ¿Y el techo? ¿Y el cielo? ¿¡Y su cabello!? ¿¡De qué color era su cabello!? ¡A Sasuke le gustaba el color de su cabello! ¡Necesitaba saberlo! Se levantó del suelo tan pronto como pudo, su cabeza chocó contra el techo y sus piernas cedieron ante el peso de su cuerpo. Chocó contra el suelo. No supo si el que se hubiera caído era producto de mala alimentación y un largo tiempo sin usarlas para nada, o si simplemente, se había olvidado de cómo usarlas.

Sasuke. Sasuke Uchiha. Aquel chico de cabello negro que le había salvado la vida. Deseaba verlo. ¿Cuándo lo había visto por última vez? ¿Se acordaría él de ella? ¿O ya tendría una esposa e hijos y se había olvidado de ella? ¿Por qué lo había recordado en ese preciso momento? ¿Cuánto tiempo había pasado desde que se vieron? ¿Cuánto tiempo? Se esforzó al máximo para poder realizar cuánto tiempo había pasado, obviamente no fueron días ni semanas, tampoco meses, en algunas ocasiones había pasado algunos meses allí dentro, pero no había punto de comparación. Años. Años, eso sonaba más creíble, pero… ¿Cuántos?

Comenzó a mover las puntas de los dedos con sumo cuidado y lentitud. No cometería el mismo error otra vez. Un cosquilleo recorrió la punta de sus extremidades. Sentía su propia sangre volver a aquellos puntos prescindibles de su cuerpo. Dolían. Se preguntó si por estar tanto tiempo inutilizadas, sus manos y pies tendrían secuelas de por vida. No le importaba mientras todavía le sirvieran para salir de aquel húmedo, frío y oscuro lugar… Era oscuro. Cierto… Todo se veía negro allí dentro, pero fuera, las cosas eran de muchos colores. Su cabello no era negro, era de un color que a Sasuke le gustaba. Era del mismo color que los ojos de Sasuke, los ojos de Sasuke…

Emitió un sonido lastimero y amargo. Y sintió el sabor salado de gotones de agua que recorrían sus mejillas. Sintió su propia voz. No había oído su propia voz desde hacía eones… Aunque realmente no estuviera articulando palabras, esa era su voz. Emitió otro sonido, este era diferente. Lloraba y reía. Estaba histérica. No entendía nada. Tantas cosas, tantos recuerdos, tantos estímulos e incógnitas. Todo se reducía a eso, estímulos, e incógnitas. Sensaciones reconocibles, y eventos, situaciones o elementos desconocidos. No sabía que hacer, ni siquiera que pensar, pero no hubo tiempo para debatirse por si debía pensar en qué hacer, o pensar en qué pensar.

Un sonido.

Un chirrido.

Nuevo estímulo.

Lúz.

Su efecto.

Quedó ciega.

Otro sonido.

Una voz.

No era la suya.

Aquello que hacía, ¿Era hablar?

/

El viento soplaba con fuerza allí arriba, en la muralla exterior oeste, le movía cada mechón de su largo y negro cabello en una dirección distinta. No importaba cuánto insistiese su maestro en que no saliera de la fortaleza por las noches, el cielo nocturno era muy hermoso allí. Las estrellas brillaban con una intensidad inusitada, y la Luna, era enorme. No sabía cómo, pero lo sabía, podía sentirlo. A veces incluso creía sentir los rayos de luz de luna en su pálida piel. Estaba pálido, lo sabía, pero no es que estuviese enfermo, o que no saliera nunca de su habitación, sino que en aquel lugar el Sol brillaba muy débilmente, y durante tan solo unas pocas horas, era un sol frío, ausente.

Sintió nostalgia al recordar ese sol grande brillante y cálido de su aldea natal. Allí los días eran largos, y las noches cortas, pero aquí y ahora, las noches eran eternas. No le perturbaba la oscuridad, había aprendido a vivir sumido en ella, pero aún así, extrañaba el Sol, la luz, y el calor.

No desesperaba, la hora de su regreso estaba más cerca que nunca. Pronto abandonaría aquel lugar frío y silencioso, y regresaría a su hogar, Konoha, donde el Sol lo iluminaba todo. Aunque en el fondo, sabía que extrañaría ese lugar apenas lo hubiera abandonado, hizo amigos allí, dos especialmente buenos, y conoció mucha gente, incluso, tuvo un nuevo maestro.

Hasta el más suave de los susurros habría provocado un escándalo mayor que el del hombre al acercarse al Uchiha.

- ¿Ansioso por volver a tu tierra natal, Sasuke? – El hombre lo miró a los ojos, lo supo incluso con las vendas puestas.

- Extraño Konoha.

- Lo entiendo, yo también extrañaría Tetsu no Kuni si me fuera durante tanto tiempo…

Ambos se quedaron parados donde estaban sin dirigirse la palabra, se suponía que Sasuke debía decir algo en respuesta a aquello, pero no quería emitir ningún tipo de sonido, esta sería muy probablemente la última vez que oiría un silencio tan hermoso.

- Deberías preparar tus cosas, Sasuke. – El samurái volvió a hablar. – Tú y tus amigos saldrán dentro de muy poco. No querrás hacerlos esperar, ellos también deben de estar ansiosos por volver a Konoha.

- Sí, supongo que sí.

- Bueno chico, tengo que ocuparme de unos asuntos, te veré cuando te vallas.

- Nos vemos.

Mifune Kawakami se dio la vuelta y entró nuevamente a la fortaleza, dejando al joven allí parado, contemplando la inmensidad de aquel país helado muchas veces olvidado por los ninjas sureños, que, creyendo que su cultura y estilo de pelea son superiores a los de los samuráis norteños, no los tienen en cuenta, siquiera para que intervengan en sus guerras.

Pero lo cierto era que, la cultura y el estilo de pelea de los norteños eran muy interesantes. Aunque pudiera sonar soberbio, Sasuke estaba seguro de haber aprendido todo de ellos durante esos casi tres años y medio, o, al menos, sabía manejar la espada mucho mejor que la mayoría de los samuráis. Al único al que nunca había logrado derrotar en un duelo de esgrima, o en uno de cualquier tipo, era al Señor del Hierro, Mifune Kawakami, su maestro.

- "Debería hacer el equipaje."

Entró a la fortaleza. Los pasillos eran largos, y los techos, altos. Allí dentro, nunca hacía frío, sin importar cuán fuerte fuese la ventisca fuera. Esto se debía a que la fortaleza se encontraba edificada sobre la cámara de magma de un volcán cercano, y el agua de las napas subterráneas ascendía en forma de vapor calentándolo todo, y también humedeciéndolo. Por lo que el interior de la Fortaleza de Hierro, poseía un microclima tropical, cosa que nadie que no viviera en Tetsu no Kuni sabía.

Caminó hasta el Torreón del Vapor, el de mayor tamaño y mejor calefaccionado, donde él, Hinata, Lee, Kakashi, Kurenai y Gai habían vivido esos años. También era donde se encontraban las habitaciones de Mifune y los altos cargos del Hierro.

Al entrar, se encontró con Hinata Hyuga.

- ¡Sasuke-san! – Ella lo miró con sus enormes y perlados ojos. El sintió un fuerte impulso de besarla, lo contuvo. - ¿Dónde estabas?

- Salí a tomar aire.

- ¿Ya hiciste tus maletas?

- No.

- Bueno, deberías apurarte, saldremos dentro de poco.

Y así sin más, ella siguió su camino.

- "¡Adiós!"

Subió un piso del gran torreón, y se encontró con Rock Lee.

- ¡Sasuke! – Estaba todo sudado y respiraba agitadamente. - ¿Dónde estabas?

- "Otra vez…" – Suspira. – Salí a tomar aire.

- ¿Ya hiciste tus maletas?

- No.

- Bueno deberías apurarte, saldremos dentro de poco. Y si no te apuras, nos retrasarás a todos los demás.

- ¿Estas entrenando?

- Sí, solo un poco antes de salir…

- Ahora deberás bañarte y poner tu ropa a lavar, por lo que tú nos retrasarás más que yo.

- Touché. – Se va corriendo.

- Ahh… - "A este paso nunca llegaré a mi cuarto…"

Pero llegó.

Al entrar todo se encontraba igual que como lo había dejado hace unas horas, cosa que no le sorprendió en absoluto. Sacó su ropa del armario y la fue guardando poco a poco, sin ningún apuro. Tomó sus armas ninja, que tan poco había utilizado allí, y demás cosas, las guardó también, con extrema parsimonia. Puso sus maletas a un lado de la puerta y se acostó en la cama con Urufu sobre sus rodillas.

Desenvainó a Urufu y acarició su hoja, esta era de un filo insuperable. Todo su cuerpo se estremeció al tacto de la espada, era fría. Rozó con el pulgar el filo, y de su dedo brotó sangre, que se cristalizó de inmediato sobre la hoja, era helada. Se quedó recostado con las palmas de las manos sobre la espada, aún sin tocar la hoja, sentía el frío brotar de ella. Se quedó dormido.

- ¡Sasuke-san!

Despertó y se encontró con Hinata frente a él.

- ¿Qué sucede? – "¿Me quedé dormido?"

- ¡Ya salimos! ¡Vamos! ¡Y…! ¿Por qué hace tanto frío aquí? No importa, toma tus cosas y sal a las puertas de la fortaleza. – Se marcha.

- "Bueno, parece que llegó la hora de la partida."

Intentó envainar nuevamente la espada, pero sus manos y brazos, al igual que sus piernas, estaban fríos y entumecidos, y le costaba moverlos.

- "No debí dormirme sin antes envainarla."

Se puso de pié, guardó la hoja de la espada dentro de la funda como pudo y se la colgó cruzada en la espalda. Tomó sus maletas y salió de la habitación.

Al salir del edificio, todos lo estaban esperando: Hinata, Lee, Kakashi, Kurenai, Maito Gai, Mifune y unas decenas de samurái. Todos iban abrigados con gruesos ropajes de piel, incluso él mismo, y no le asombró que Gai y Lee fueran la excepción.

- ¿Listo para partir, Sasuke? – El único ojo visible de su maestro no denotaba ninguna emoción o sentimiento en particular. – Te has tomado tu tiempo.

- Sí, vamos.

Saludó a Mifune y comenzó a caminar, sus compañeros y maestros iban con él. También una docena de samuráis, uno a cada lado de ellos.

/

Alguien abrió la puerta frente a ella, había olvidado que allí había una. La luz iluminó la celda como no lo había hecho en mucho tiempo, había olvidado que era la luz. Antes de ver quién había abierto la pesada puerta de hierro, se agarró un mechón de cabello y se fijó su color. "Rojo". "Pelirroja". Miró hacia delante y arriba, y una persona de cabello plateado y con anteojos le habló desde el umbral.

- Ya casi es la hora del almuerzo, ve a comer. – Y sin decir nada más, se marchó dejando la puerta abierta.

Ella se paró con cierta dificultad y cruzó el umbral, miró hacia ambos lados, sin llegar a ver el final de ninguno de estos. Comenzó a caminar extrañada, sin saber bien adónde, y preguntándose si realmente había pasado tanto tiempo, pues Kabuto le dijo que fuera a comer sin más.

Por un momento, los más de mil días pasados allí le parecieron tan solo un sueño que le costaba recordar con claridad. Sin saber realmente cómo, llegó frente a una puerta que reconoció como la del comedor. La abrió y entró con total naturalidad, como si nunca hubiera dejado de almorzar allí. Se sentó en una mesa vacía en una esquina del gran salón, nadie la miró siquiera por un momento, aunque había tres personas que no conocía, y estaban los tres en una misma mesa: un chico de cabello blanco y ojos violetas con una gran espada a su lado, una chica pelirroja con anteojos, y otro tipo grande y musculoso de cabello naranja.

Comió sin hablar con nadie, estaba confundida, quería saber cuánto tiempo había pasado. Comió como si no lo hubiera hecho desde hacía mucho tiempo, pero dejó gran parte del plato, sentía que su estómago no aguantaría tanta comida de golpe. Fue a la bodega y buscó una nueva flauta, idéntica a la anterior, cuando hubo salido, Kabuto se le acercó.

- Orochimaru-sama quiere hablar contigo en el salón de reuniones. – Y se fue.

Fue directo hacia allí, llevando consigo muchas preguntas, buscando muchas respuestas. Entró sin tocar, como solía hacer, y entonces vio otra vez a esos tres del comedor.

- Que bueno verte, mi pequeña Tayuya… - Dijo sonriente, ya no llevaba vendajes, y ella estaba segura de que había cambiado de cuerpo al menos una vez más desde la otra vez.

Ella sintió un fuerte impulso de escupirle en la cara e insultarlo, pero no se sentía con energías. Orochimaru se veía decaído, frágil, y quizá incluso, débil.

- Bueno mi dulce niña, te preguntarás porqué te eh llamado aquí…

- No me llamaste una mierda, lo hizo Kabuto. – Sus deseos de partirle la cara volvieron.

- Tan dulce como siempre… – Le respondió, aún con una sonrisa en la cara. – Bien… - Miró a los otros tres. – Ella es la antigua miembro de los Cuatro del Sonido de la que les estuve hablando, acaba de terminar su castigo, así que ahora ya puede volver a formarse el grupo.

- ¿¡De qué maldito grupo estás hablando!?

Orochimaru, veloz como flecha, se puso a su lado y le chocó la cabeza contra la pared.

- ¡Ugh! ¡Hijo de…!

- ¿De qué grupo crees que estoy hablando? ¡Vamos! Pensé que eras más lista… - La suelta. – Los Cuatro del Sonido.

- ¿¡Ellos son los nuevos miembros!? – Ella los señaló, ninguno dijo nada, pero el chico de cabello la miró sonriente. - ¿¡QUIEN MIERDAS SON!?

- ¡Ah! Mi querida Tayuya, olvidé presentártelos… - Los fue señalando uno a uno. – Ella es Karin, tiene habilidades regenerativas muy particulares… Este es Suigetsu, es hábil con su espada Kuribocho, antes de Zabuza, y con sus jutsus de agua, además, es el nuevo líder del grupo… Y este de aquí, es Jugo, el origen de los sellos malditos.

El muchacho miraba sin ver, sus ojos estaban vacíos y no parecía percibir lo que sucedía a su alrededor.

- ¡Ah! Hablando de sellos malditos, casi lo olvido… - Y con un movimiento de cuello muy particular, con el que Tayuya ya estaba familiarizada, mordió el cuello de la chica de anteojos y del peliblanco, dejándoles marcas negras.

- ¡Ah! – La chica se tomó el cuello.

- ¡Maldito! ¿¡Que haces!? – El chico le apuntó a la cara con su enorme espada.

- Es un pequeño regalo de mi parte, ya aprenderán a aprovecharlo.

- ¡Grrr! – El peliblanco no parecía muy convencido.

- Bueno, aquí termina nuestra tan agradable reunión. Ya pueden retirarse, Kabuto les dará sus nuevas ropas, y les informará de su primera misión.

Los tres salieron, el peliblanco fue el último en hacerlo, no sin antes mirar a Tayuya de pies a cabeza.

- Guapa. – Le dijo antes de salir.

- ¿Y mi pequeña Tayuya? Tienes que irte.

- Antes… quiero saber cuánto tiempo ah pasado.

- Con que era eso… bueno, no fue mucho, solo cuarenta meses.

- "¡Cuarenta meses!"

- Si eso es todo, puedes irte.

- ¡No, yo…!

- Puedes irte.

- ¡…quiero saber…!

- Mi pequeña Tayuya, si no te vas, tu integridad física correrá grave peligro, y yo me veré en la necesidad de buscar otro miembro, ninguno de nosotros quiere eso, así que por favor vete. – Dijo esto con una gran y siniestra sonrisa.

- "Maldito…" – Y salió.

Fue camino a su habitación, pero en el camino el peliblanco lo interrumpió.

- Hola, eres Tayuya, ¿Verdad?

- ¿Feliz por tu nuevo ascenso, rubia platinada?

- ¡Vamos! Solo quería hablar un poco…

- ¿Qué quieres?

- Pues… soy nuevo en este grupo, y no sé bien que se supone que hagamos, así que me gustaría que me lo expliques… - Se le acerca.

- Solo has lo que te digan, tienes que matar, mata, tienes que proteger, protege, tienes que secuestrar, secuestra.

- Sí, gracias… - Ella se aleja. - ¡Espera!

- ¿Qué quieres ahora? – Se miran.

- Tú odias a Orochimaru, ¿Verdad? Yo también lo odio…

/

Y terminó, iba a hacerlo más largo, pero quería subirlo pronto, así que quedó así.

¡Saludos!