Hola chicas, ¿Cómo están? Espero que bien n.n
Les doy gracias por sus reviews a: nessie black 10, escarlata10 y a .7, los contestaré lo más antes que pueda! U
*cartelito que irá en mis fics* :3 agradesco también a las HitsuKarin's fans por leer mis notas de autor -?- xD porque parece que es lo único que les interesa de mis fics :/ pero bueno, supongo que debo disculparme con ellas ya que a través de una autora me enteré que se ofendieron gomene por escribir cosas que no les gusta y gomene porque lo seguiré haciendo xD
Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo. Esta historia me pertenece a mí.
Las penumbras del corazón
Capítulo 2: Desastroso encuentro
—C-ca-cap…— Sus cuerdas vocales la traicionaron al igual que sus sentidos ¿Desde cuándo su amigo de la infancia se había vuelto un hombre? Sus sueños parecían volverse realidad, todo desapareció a su alrededor en cuanto sintió el aroma a menta, propio del joven prodigio. Estaba atontada, se retaba mentalmente pero ahí lo tenía sujetándola, no, sabía que no debía hacerse falsas ilusiones pero...
Hiyori y Karin, las principales testigos de aquel momento, no veían eso con buenos ojos, la primera en reaccionar fue la rubia que tomó a la durazno de un brazo y la quitó del agarre del capitán. Y luego Karin tiró hacia atrás al joven prodigio que la miró reprochante ¿Acaso ella también interferiría?
—Saguraki, Kurosaki ¿Nos permiten un momento a solas? — preguntó intentado sonar calmado, la verdad estaba nervioso pero en ese momento, en ese corto lapso al ver brillar a esos orbes chocolate supo que no podía dejarla otra vez, no podría perdonarse a sí mismo si no aclaraba todo, después de tanto tiempo no esperaba mucho pero al menos quería disculparse.
Karin sintió un punzante dolor en su pecho y llevando por delante al joven prodigio se adentró en el lugar en busca de su hermano, para eso estaba ahí pero no esperaba lo anterior. Hiyori por su parte no soltó a Hinamori, aún con las quejas de esta y sus constantes —El capitán lo solicitó amablemente—, pero ella más que nadie conocía a la chica ¿Y si la hacía sentir peor? ¿Y si le rompía el corazón nuevamente? No les había sido fácil a ella y a los demás el sacarla de la depresión en la que se encontraba y no permitiría que ella volviera a pasar por eso.
—No, lo siento pero debemos irnos— dijo autoritariamente a lo que Momo no se negó ya que la presencia de la Kurosaki le pareció un balde helado de agua. Él estaba ahí con ella, la había llevado a ese lugar para pasar una buena noche y su presencia sobraba, a su pensar claro.
Antes de que el chico de cabellos blancos pudiera detenerlas Renji y Kira aparecieron enfrente de él y la última imagen de Hinamori que pudo ver fueron sus ojos mirándolo tristemente. Odiaba esa mirada y ambos tenientes no parecían querer moverse.
—Quítense— ordenó fríamente, Kira tragó grueso pero no se movió. Renji por su parte ya estaba harto con la actitud tomada por el prodigio, gracias a Hisagui pudo entender por qué Matsumoto había dejado de hablarle a la durazno pero del capitán del diez nunca obtuvo una explicación coherente ni algo que justificase el dejarla. Sabía que no debía propasarse con él primero porque se ganaría una noche en prisión por sobrepasarse con un superior, y segundo porque no debía complicarle las cosas a su amiga. Sólo debía mantenerse ahí parado como un soldado, haciendo de pared, hasta que todo rastro de su amiga y la capitana del tres desapareciera.
Hitsugaya por nada del mundo lo permitiría, sabía que encontrarla en su escuadrón era imposible ya que siempre la rubia se encontraba con ella, e influenciado por la misma, Shinji no lo dejaba pasar ¡Siempre era lo mismo! Aparecía él y por alguna mágica razón Hinamori no estaba presente. Renji al ver que el prodigio los rodeo y estaba por irse decidió acabar por eso de una vez —Ella te espero durante tres años— dijo captando la atención del capitán que se quedó estático pero sin voltearse —no dormía durante la noche y su respuesta siempre era la misma él vendrá ¿Sabes siquiera por lo que pasó? — dijo arto tomando al prodigio de un hombro y volteándolo bruscamente.
—Abarai, no te metas en lo que no te incumbe— fue la seca respuesta del prodigio que lo miraba sin expresión alguna, era algo indescifrable. Una mirada que parecía ocultar más de una cosa pero él no lograba entenderlo, le acababa de decir que su amiga había estado sufriendo en silencio y aun así él…
Apretó fuertemente sus puños para contener la ira que tenía interiormente Hinamori era la persona más importante para él, después de Rukia claro, era una de sus mejores amigas y por culpa de Toushiro ella había perdido casi todo de sí. Kira que se había mantenido en silencio también se sentía horrible al no poder hacer mucho por ayudar a la teniente del cinco pero aún con un par de copas encima, sabía que enfrentar al capitán no era buena idea ya que solo empeoraría las cosas. —Disculpe capitán Hitsugaya, no queríamos molestarlo— dijo tomando a Renji por el cuello de su hakama para sacarlo rápidamente de ahí, antes de que cometiera un error.
Toushiro olvidando su razón principal de encontrarse en un lugar como ese, partió en busca de su amiga de la infancia, no era noticia lo que Renji le había dicho después de todo él siempre la había ido a ver pero desde la distancia, se sentaba en un tejado lejano viéndola mirar al vacío en la noche, siempre se preguntó por qué y qué esperaba. Ahora que lo sabía se sentía un miserable, un patán, una maldita escoria. Con un rápido shumpo salió del lugar, yendo al único lugar en el que podría hablar, y de seguro encontraría, a la teniente de Hirako dejando tras de sí a muchos segadores de altos y bajos rangos confundidos, y a algunos reporteros con una historia nueva para el periódico de mañana. Unos negros ojos veían con dolor aquella escena siendo vigilada meticulosamente por otros de color miel.
—Karin ¿Qué haces en un lugar como este? — preguntó Ichigo a su pequeña hermana, como si no supiera lo que le sucedía, pero él no era tan idiota como para no darse cuenta. Sin decir ni una palabra la de cabellos negros salió del lugar e Ichigo suspiró cansado para después recibir un fuerte golpe que le estampó la frente con la mesa.
— ¡Idiota que haces todavía sentado! ¿Qué no ves que Karin te necesita?— dijo la Kuchiki menor mirándolo reprobatoriamente.
—Créeme enana, ella quiere estar sola— dijo como si nada mirando por donde su hermana se había ido, Rukia lo imitó pero a ella de verdad le preocupaba sobretodo la última mirada de la gemela hacia el capitán del décimo escuadrón —No te preocupes tonta, estará bien.
A la shinigami de cabellos negros le brotó una pequeña venita en la sien al escuchar cómo fue llamada —No me digas así, tonto eres tú—dijo cruzándose de brazos y esperando una disculpa.
— ¿Qué? Tú eres más tonta que yo enana endiablada, ni siquiera puedes entender a alguien de tu propio género.
—Sí y tú eres todo un experto ¿No?— dijo sarcástica.
—Y cómo no serlo teniéndote cerca las veinticuatro horas— bromeó, pero por la perpleja y sorprendida expresión de Rukia se dio cuenta que no debió hacerlo —Oye era solo…
—Entiende esto— dijo dándose la vuelta y yéndose del lugar. Ichigo suspiró pesadamente, había metido la pata aunque ¿Por qué debería ser su culpa que ella estuviera borracha y no entendiera una simple broma?
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Las primeras en llegar al quinto escuadrón fueron Hiyori y Momo, la cual se acercó a la única ventana de esa oficina, la abrió, se sentó en el marco y comenzó a observar las nubes. Saguraki la miraba con enojo y decepción, ¿Cómo era posible que después de todo su amiga creyese que con una caída se solucionaba todo? Ella era más realista y sabía que sólo por un encuentro después de cinco años no se arreglaría nada. Enojada, se sentó en el sofá esperando que Momo le dijera algo.
Los tenientes de la tercer y sexta escuadra llegaron un rato después, ingresaron con sus miradas serias y fijas en Hinamori. Ella sólo miraba cómo las nubes cruzaban el cielo nocturno, dejaba a sus lágrimas libres para que corrieran por sus mejillas ¿Algún día se le acabarían o estaba condenada a llorar por siempre? Intentaba no pensar en eso, más bien se distraía preguntándose cosas como ¿Las nubes morían después de terminar su camino o darían la vuelta al mundo una y otra vez?
—Hinamori. — El primero en hablar fue Kira que se le acercó e intentó bajarla de ese lugar puesto que tanto viento le iba a hacer mal. La teniente lo apartó bruscamente y los miró enojada, sorprendiendo a ambos hombres pero no a la capitana.
— ¿Por qué…?— Un sollozo cortó su habla, respiró profundamente y limpió sus lágrimas para después mirarlos. — ¡¿Por qué interfieren en mí vida?! —Les gritó sin contenerse a lo que Renji avanzó y la abrazó.
—Porque no queremos que sufras más.
—Pero…pero él…— dijo con sus ojos vidriosos intentando contener sus lágrimas, se soltó del abrazo de su amigo y giro su vista hacia un costado —Lo único que hicieron fue avergonzarme enfrente de todos ¡Puedo cuidarme por mí misma!
—Momo mira la realidad ¿Qué crees que ha estado haciendo tu príncipe azul todo este tiempo? De seguro ya tiene novia, esa Kurosaki, o sino alguna de sus tantas admiradoras…ha seguido con su vida tu misma lo dijiste, debes seguir adelante— dijo Hiyori enfrentándola y los demás esquivaron la mirada suplicante de la joven que esperaba que la apoyaran.
— ¡Idiotas! — Les gritó nuevamente con todas sus fuerzas, ya no sabía que decirles, ellos tenían razón debía seguir pero ¿Cómo?
Salió del lugar rápidamente ante la triste y compasiva mirada de Kira, la molesta de Renji y la de una enfadada Hiyori. Pero la última no estaba, del todo, enojada con Hinamori sino con alguien más.
—Supongo que ya no tenemos nada que hacer, aunque nos quedemos Hinamori no nos escuchará. — dijo Renji rascándose la cabeza en señal de desesperación.
—Ella está confundida, como sus amigos debemos abrirle los ojos.
— ¿Eres o te haces Kira? — cuestionó la de baja estatura atrayendo las miradas hacia sí —Si le abres los ojos a un ciego, éste aún no podrá ver.
El viento que soplaba a esas horas no era muy reconfortante pero le gustaba ese ambiente frío porque le recordaba a él. Se encontraba sentada abrazando sus piernas y mirando al cielo, se sentía una estúpida ¿Por qué no sólo lo olvidaba y dejaba de llorar como una niña? Si tan solo eso fuera tan fácil de hacer como de decir.
—Ah…parece que esta noche hay un lindo cielo— La voz de Shinji la sacó de sus pensamientos y rápidamente se secó sus lágrimas e intentó aclarar su voz.
—Hiyori…Hiyori está abajo capitán Hirako.
—Lo sé, no tengo ganas de que me golpee— dijo sentándose a su lado elevando su vista hacia el cielo que comenzaba a nublarse. Todo quedó en silencio, él tan solo esperaba pacientemente…
—Capitán Hirako…— y ahí comenzaba — ¿Podría pedirle su consejo?
—Claro— respondió recostándose sobre el tejado.
—Si usted viera que la capitana Saguraki no le habla y parece vivir mejor sin usted, ¿Qué haría?
—Pues... — dijo incorporándose seriamente –primero que nada buscaría la razón de por qué esta así, sin sacar conclusiones porque casi siempre son erróneas, segundo si veo que es una buena razón la dejaría vivir en paz, si estar sin mí la hace feliz que así sea— dijo encogiéndose se hombros.
—Ya veo…gracias capitán— dijo cabizbaja levantándose.
—Hinamori—le cortó el paso haciéndola voltear —Por el amor siempre hay que darlo todo— dijo antes de que su teniente desapareciera. Se quedó un rato allí, esperaba que ella supiera decidir bien después de todo él había presenciado la escenita del bar.
Como digno hombre de palabra Hirako se dirigía al bar en el que habían quedado con Kyoraku y Ukitake, más grande fue su sorpresa al encontrarse a su enojona amiga y a su teniente. Ocultó rápidamente su reatsu para no ser detectado por la rubia y observó de lejos lo sucedido.
Una vez se dispersaron sabía en qué estado se encontraba la durazno pero antes de hablar con ella debería ocuparse de un problemita. No le gustaba interferir en asuntos ajenos, sin embargo algo le decía que si su colega actuaba esa noche arruinaría todo. Se disculpó mentalmente con sus compañeros de borrachera y se fue tras el prodigio, no tenía que ser uno para saber a dónde se había ido.
Llegó sin mucho esfuerzo a las habitaciones del quinto escuadrón, más específicamente a la casa de su teniente y ¡Vaya astucia la suya! Podría ser un adivino y ganaría millones seguramente. En la puerta de la casa estaba recargado el joven capitán.
—Qué raro verte por estos lugares Hitsugaya— El de cabellos blancos lo miró sin interés, ni se inmutó puesto que ya había sentido su presencia a lo lejos.
— ¿Qué haces tú aquí? Hirako.
— Me decepcionas ¿Qué no eras tú el niño genio? — preguntó divertido intentando romper el grueso hielo.
—Ya no soy un niño, y tienes razón la verdadera pregunta sería ¿Por qué interfieres? — preguntó clavando sus fríos ojos turquesa en el rubio que borró su característica sonrisa.
—Lo haré sencillo, tú necesitaste tiempo y mucho... ¿Por qué no le das algo de espacio a la pequeña durazno? — Escucharlo que la llamaba así lo enojó, y mucho, cosa que reflejó su mirada. Cosa que enorgulleció a Hirako, aún conservaba su toque —Te doy un consejo: ve-te— Después de sus palabras vio cómo el chico gruñía por lo bajo y se retiraba del lugar. Ahora con presura debía irse a consolar a cierta chica y molestar a otra.
Abrió sus ojos con pesadez y su sonrisa se acrecentó, ahora recordaba por qué no había vuelto al bar. Bajó con prisa y se encontró con la rubia recostada en el sillón toda destartalada y con un brazo cubriendo sus ojos de la molesta luz.
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Un poco alejado de ese lugar, en la sexta escuadra, Renji caminaba hacia su hogar. Hoy no había sido su día, primero su capitán tenía una reunión "urgente" y lo dejaba con todo el papeleo, después le había tocado impartir las clases de Kidouh a los novatos ¡Y él era un desastre!, luego tuvo que soportar sus ganas de matar al Kurosaki por lograr lo que él no: llevar a Rukia a un bar; y por último todo lo que sucedió con Hinamori. Definitivamente ese no era su día.
— ¡Renji! — una voz lo sacó de sus quejas mentales para encontrarse con la dueña del llamado. Rukia se encontraba frente de él, mirándolo curiosamente como si tuviera monos en la cara.
—Rukia creí que te quedarías con Ichigo— dijo esto último algo molesto pero aun así con razón puesto que ella no tenía nada que hacer allí.
— ¿Y yo para qué quiero estar con un idiota como ése? Prefiero estar contigo— respondió sonriéndole con confianza cosa que el de cabellos rojos devolvió —Oye ¿Mi hermano ya habrá terminado?
—Am…Rukia son las once de la noche aunque no hubiese terminado no lo encontrarías por aquí— dijo lo obvio, al parecer a la de ojos violeta le había pegado fuerte su primera probada de alcohol.
— ¿¡Las once!? — Exclamó alterada comenzando a correr gritando que iba a ser castigada —Te veo mañana Renji.
El aludido elevó una mano en señal de despedida — ¡Adiós! — Gritó esperando haber sido oído — ¿Mañana eh? —
Hacía ya mucho tiempo que creía que sus sentimientos por la morena no iban a ser comprendidos o incluso que ella lo rechazaría, una vez trató de declarársele pero por la culpa de la capitana del tres no pudo hacerlo, cómo la había maldecido aquella vez. De eso habían pasado varios años pero algo le decía que Rukia jamás sintió nada por él, era una ironía primero Kaien Shiba se robaba la atención de la joven shinigami y ahora alguien bastante parecido, Kurosaki Ichigo, le robaba no solo su atención sino también su corazón, pero no él no se daría por vencido. Un día, unos minutos tan sólo eso pedía para poder hablar con ella y que lo rechace o acepte directamente. No había duda de que él pelearía por el amor de la Kuchiki.
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— ¡Ni aunque corras te salvarás!
Por suerte a esas alturas de la noche la división cinco sólo contaba con algunos vigilantes nocturnos que ya se imaginaban lo que sucedía adentro. Ruidos de golpes, cosas estrellándose y de seguro uno que otro golpe provenían de aquel lugar que ni de noche se salvaba de ser perturbado por los que mayormente lo ocupaban.
Dentro, y fuera, de la oficina de la quinta escuadra Shinji y Hiyori peleaban por quién sabría qué, pero de lo que no había duda era que o el capitán de dicho escuadrón corría o sufriría las consecuencias. De un momento a otro el rubio salió expulsado por la ventana del lugar con un hilito de sangre saliendo de su nariz y su sonrisa intacta, después de todo para él no había mayor diversión que hacer enojar a la capitana-vizard. Todos se preguntarán qué fue lo que sucedió y el motivo se podía ver claramente en la cara de la rubia de dos coletas, la cual tenía la cara más pintarrajeada que un payaso.
Luego de una hora de corrida y golpes ambos se sentaron en el sillón del, ahora, destruido lugar para conversar como dos personas maduras…o al menos eso era lo que pretendían. Ambos cruzados de brazos y en silencio, parecían dos niños caprichosos en vez de adultos.
—Una pregunta— comenzó el rubio elevando un poco su mano derecha y haciendo que una venita apareciera en la sien de su compañera.
— ¿Eres un niño de kínder acaso, para qué levantas la mano? — preguntó irritada.
—Para preguntar— aclaró como si nada antes de poner su tez seria — ¿Qué es lo que sucede con la pequeña durazno? Digo, no es porque ande llorando por los rincones creyendo que yo sea ciego y sordo sino porque muchos shinigamis de este escuadrón y también del Seretei se andan quejando de ella.
La chica suspiró pesadamente y comenzó a contarle como iba todo, una de las raras charlas serias que había entre ellos dos. Después de eso ambos quedaron pensativos acordando en que lo mejor era respetar la decisión de la shinigamis de cabellos violáceos: no interferir. El silencio gobernó otra vez en el lugar y también en esa noche, ninguno decía nada y solo miraban un punto fijo pensando cada cual en algo distinto hasta que una mano volvió a aparecer enfrente de la rubia.
— ¿Ahora qué? — preguntó algo irritada, ya se estaba hartando de la infantil forma de captar su atención que tenía el rubio.
— ¿Quieres casarte conmigo? — ante esa pregunta Hiyori quedó estupefacta, no podía articular ni una palabra, su boca estaba entre abierta y sus mejillas tomaron un ligero tono carmesí ¿Había escuchado bien? ¿Ni una declaración, ni una salida, ni un noviazgo? ¿Tan rápido era Shinji? Para colmo esa simple frasecita se repetía una y otra vez en su cabeza como un disco rayado. Se quedó mirando shockeada a su amigo de toda la vida y este de un momento a otro rompió en carcajadas.
Cuando reaccionó adiós a la tranquila y sorprendida Hiyori y bienvenida de regreso a la vieja. La risa del rubio se vio desecha por el violento y potente golpe proporcionado por la rubia, el cual le costó uno de sus blancos dientes. Y sin mediar palabras salió del lugar dejando a un dolorido pero aun así feliz Hirako —No lo tomó tan mal como creí…aunque ahora deberé ver a Unohana mañana.
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Un nuevo día se asomó con un sol radiante que se elevaba en la mitad del cielo por ser medio día, era algo raro debido que la noche anterior estaba nublada pero eso no tenía importancia para ella ya que lo único que ocupaba su mente en ese momento era el hecho de que estaba parada enfrente de la oficina del capitán del décimo escuadrón. No sabía qué iba a decirle, después de todo no podía entrar como antes, ya no podría llamarlo por su apodo, ni siquiera sabía si se podría disculpar cosa que la había llevado hasta ese lugar. Disculparse, eso compondría aunque sea algo en la marchitada relación que tenía con su amigo de la infancia; debía disculparse por haber sido una ciega, por no creerle, por haberle apuntado con su espada, por no haber podido ser de mucha ayuda en la guerra, por haber sido la causa de que él sufriera. Aún con eso en mente estaba indecisa si entrar o no, tenía su reatsu escondido a la perfección y su mano se acercaba y se alejaba de la puerta, no sabía qué hacer. Tan sumida estaba en sus pensamientos que no notó cuando cierta shinigami se acercó hasta quedar a su lado.
—Teniente Hinamori, él jamás le abrirá la puerta no es tan caballeroso, debe abrirla por usted misma…si ni contesta— dijo Karin abriendo la puerta del lugar, había visto desde lejos que la chica estaba ahí parada como una estatua. No le tenía rencor por lo de anoche, a ella, con el capitán debía recriminarle varias cosas aunque aún no encontraba razón después de todo ellos eran amigos.
— ¡No Karin! —reaccionó tarde, la puerta ya se había abierto y su amigo de la infancia la miraba con sorpresa, vio como murmuró algo al momento de pararse. Tan confundida estaba que creyó que iba a recibir a Karin, imaginó el momento en que se pararía dándole la espalda y besaba a la de cabellos negros, sabiendo que no soportaría ver eso se echó a correr con todas sus fuerzas desapareciendo de la vista de los presentes. — ¡Teniente! —Gritó Karin viendo extrañada esa acción — ¿Qué le sucede?
—Eso quisiera saber— dijo Toushiro que ya se encontraba a su lado, se giró y adentró nuevamente en su oficina siendo seguido por la Kurosaki menor.
—Hoy debes cumplir con tu promesa— dijo la de ojos negros poniendo un balón encima de su escritorio.
Hitsugaya suspiro con pesadez, sabía que la chica no lo dejaría en paz hasta cumplirle pero no tenía ganas de jugar además de que tenía una pila de papeleo para hacer y entregar ese mismo día. Como si fuera un rayo de luz, en un segundo, su teniente se encontraba sentada en su silla con un papel en mano y una lapicera en la otra. Se volteó a ver a la shinigami menor que lo miraba con ilusión, ya no tenía otra opción que acompañarla, tal vez un juego le ayudaría a despejar la mente.
Karin sonrió al verlo salir por la puerta y le agradeció a la rubia por el favor, y gran sacrificio, de hacer el papeleo. No era una gran noticia que a la teniente del diez le desagradaba en extremo hacerlo. Sin más la de cabellos negros salió tras su amigo para ambos dirigirse al noveno escuadrón, donde dicha actividad se haría.
En mitad del silencioso camino que trazaban juntos se encontraron con Rukia, que venía corriendo agitada y al parecer preocupada, cosa que confirmaron al momento en que les habló con desesperación haciendo que ambas salieran disparadas para el mundo humano dejando a un mareado capitán. Bien, ahora debía inventar una excusa, a petición de la Kurosaki, para el hermano de esta del porqué de su desaparición pero sin levantar sospechas, frunció un poco más su ceño al recordar las palabras de su amiga ¿Ahora qué le diría al capitán del nueve?
En un espacio bastante amplio, que se podría usar como cancha, estaban capitán y teniente del nueve así como algunos oficiales y shinigamis de menor rango que sabían jugar al futbol. Su hermana le venía pidiendo desde el otro día que hicieran un dichoso partido, claro que no le reveló el motivo pero tenía más de una razón en mente. Ichigo sólo se distraía mirando el paisaje alrededor, tanto ruego para llegar tarde, la paciencia no era lo suyo y ya se estaba cansando de estar ahí sin…un momento, por ese acuerdo no debería hacer todo el papeleo ¡Amaba a su hermanita!
—Es el capitán Hitsugaya— al escuchar eso, Ichigo lo buscó con la mirada hasta encontrarlo. Toushiro llevaba un balón en su brazo y caminaba haciendo que el viento despeinase un poco su cabello. El capitán de la novena escuadra frunció un poco el ceño al escuchar un grito de emoción por parte de dos shinigamis a su lado, lo habían dejado con un oído menos. Pero algo no andaba bien, ahí estaba el albino ¿Pero dónde estaba Karin?
Como si hubiese leído sus pensamientos, rápidamente Toushiro le entregó el balón y habló monótonamente —Tubo algo importante que hacer— y sin más desapareció dejando a los hombres con un gran signo de interrogación en sus cabezas y a las chicas suspirando. Ichigo solo se encogió de hombros para disimular su intriga y se fue del lugar a cierto encuentro que ya tenía planeado desde la noche anterior.
—Bueno creo que deberemos volver a…
— ¡Vamos a jugar! — se escuchó desde el fondo de los segadores provocando una gotita de sudor por parte de Hisagui, la verdad era que nadie quería volver a sus rutinarias actividades.
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Una vez librado de su deportiva amiga, se aseguró de que en verdad su teniente estuviera haciendo el papeleo y quién lo creería, lo hacía. Matsumoto tenía una mirada seria y concentrada en los papeles, mordía la punta de la lapicera mientras leía lo que estos decían. Y por supuesto que él no se iba a quejar ni recriminarle nada, aprovecharía esa oportunidad para encontrarla. Con un shumpo llegó sin dificultad al quinto escuadrón y tocó con presura la puerta una y otra vez hasta que Hirako le abrió.
—Ya te escuché, más bien no te escuché solo sentí tu reatsu ¿Qué quieres? — preguntó como si nada apoyándose en el marco de la puerta.
—Hirako ¿Me permites un momento con tu teniente?
—Claro que si— dijo el mencionado, se estaba por meter nuevamente pero sintió como era observado con molestia y enojo, tal como Hiyori cuando estaba a punto de golpearlo —No sé dónde está.
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Las afueras de la décima división eran algo desoladas, casi ningún alma pasaba por allí, era pacífico una vez que te adentrabas en la espesura del pequeño, pero confuso, bosque que se encontraba en ese lugar. En esos momentos en que el viento estaba descontrolado y nubes negras cubrían con rapidez al brillante sol que había nacido con la mañana, el lugar se tornaba algo aterrador. A ella eso no le importaba, no le importaban los árboles, ni el viento, ni la futura lluvia, la verdad era que ni siquiera se había tomado la molestia de fijarse que se encontraba en un lugar así. Lo único que tenía en mente era correr, al no saber cómo enfrentar la situación en la que estaba implicada lo único que se le ocurría era hacer eso. Una raíz que sobresalía de la tierra la hizo tropezar y caer estrepitosamente al suelo.
Hinamori quedó tendida en el suelo debajo de un par de árboles y con todo su uniforme manchado con la tierra y algunas hojas del lugar. Se volteó para no respirar el polvo que se encontraba en el suelo, recién en ese momento notó a las nubes negras que ahora cubrían todo el cielo. Lo ignoró y sólo se puso a pensar en todo lo que sus amigos y capitán le habían dicho, también en lo que debería hacer con Hitsugaya tal vez debería aclarar todo entre ellos ¿Seguían siendo amigos o volverían a serlo, o simplemente sería una disculpa y adiós? Un par de gotas golpearon contra su rostro, sacándola de sus pensamientos, y pronto se sumaron más hasta que la lluvia se hizo bastante fuerte junto con el viento. Trató de levantarse pero un dolor punzante le recorrió todo el cuerpo impidiéndoselo, con ayuda de los árboles que la rodeaban, se levantó y sintió que su tobillo le dolía en extremo —No me podría ir mejor.
— ¿Tú crees? — una voz bastante conocida provocó que un escalofrío recorriera espalda, con algo de dificultad se giró para confirmar sus sospechas. Con todo el ruido de la lluvia, solo vio como decían algo que no pudo escuchar y se le tiraban encima. Hizo un ademán de tomar su zampakuto pero recordó que no la llevaba consigo, su kidouh eso la salvaría. Se detuvo ¿Para qué defenderse, por qué no mejor morir y ser parte de ese lugar?
—Así podré estar siempre cerca de él—Con ese pensamiento cerro sus ojos esperando que el frio metal atravesara su cuerpo.
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Ichigo caminaba "tranquilo" para salir del treceavo escuadrón y volver a sus rutinarias tareas, luego se disculparía con Rukia y le diría algo que ya había estado preparando hacía un tiempo. Ya sabía y tenía en claro sus sentimientos hacia ella pero no sabía cómo decírselo. Miró el mal clima que había afuera, lluvia, caía torrencialmente formando una pantalla gris. Desde que había conocido a la shinigami, ella cambió su mundo, en su interior la lluvia se había detenido y esa pantalla gris había sido reemplazada por un sol primaveral.
Ahora no le importaba mucho la poética o patética forma en que se lo diría, lo que más le desconcertaba era que la enana había "desaparecido" junto con su hermana hacía un rato, después de una charla con Ukitake sabía que se encontraban en el mundo humano pero ¿Qué hacían allí? Esperaba estar equivocado, puesto que la suma de todos los hechos solo daba como resultado a su otra hermanita o a su padre.
Tan concentrado en sus pensamientos iba que no se dio cuenta cuando se llevó a alguien por delante, provocando que ambos casi cayeran.
—Oye fíjate por donde vas idiota— reclamó un molesto Renji que por poco y caía.
—Cállate cabeza de piña, tenías bastante camino.
—Sí, bajo la lluvia— en ese momento Ichigo lo recordó ¿Más distraído podía estar? — ¿A poco y no habías notado la tormenta? — Dijo con burla el de cabellos rojos —Me gustaría quedarme a burlarme más de ti, pero debo irme.
—Rukia no está— dijo con molestia el de peculiar cabellera, sobretodo al notar que estaba en lo cierto.
— ¿Cómo?
—A menos que te hayas contagiado su obsesión— dijo señalando al Chappy blanco que llevaba —Era obvio.
—Por lo menos ya estás más atento— Renji quedó pensativo un momento y luego lo alcanzó para ambos caminar en silencio. Pero ese camino no duró mucho, más bien habían sido sólo tres o cinco pasos, cuando se detuvieron — ¿Tú para qué la buscabas?
Ichigo se detuvo a su par y lo miró confuso, pero no le daría lo que quería —Eso no es asunto tuyo.
— ¿Por qué no? A menos que…— lo miró fingiendo extrañez, le sacaría la de una u otra forma —No me digas que están de novio.
— ¿Con ese demonio chibi? ¡Nunca! —dijo sonrojándose para luego volver a caminar para disimularlo, no lo admitiría hasta saber si ella sentía lo mismo.
—Bueno— el de tatuajes se encogió de hombros, no se le ocurría otra forma de averiguarlo así que simplemente lo hizo "al estilo de Renji Abarai" — ¿A ti te gusta Rukia no?
— ¿Eh? — Ichigo se sorprendió por la pregunta tan directa, es decir, él no era tan lento en los temas sentimentales y sabía perfectamente que Renji gustaba de la Kuchiki menor — ¿A ti te gusta?
—Yo pregunté primero— dijo sin disimular su enfado el de cabellera roja.
—Yo no quiero contestar ¿Tu sí? — dijo Ichigo con mirada desafiante y también algo enfadado.
Abarai rechistó, le habían ganado en su propio juego ¿Podría sacárselo a los golpes? —Dejémoslo así, iré a guardar esto antes de que crean que me gusta— dijo refiriéndose al conejo —Sirve de algo y avísame cuando... ¿Dónde está Rukia? — preguntó desconcertado.
— ¿Y yo soy el despistado? — Dijo altaneramente, pero su satisfacción duró poco al recordar todo lo que le venía molestando —Está en el mundo humano.
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En la ciudad de Karakura tampoco hacía un buen clima pero tampoco llovía tan torrencial como en la Sociedad de Almas, aunque ellos no lo sabían. Entre medio de dos grandes edificios se encontraba una pequeña tienda con un gran cartel que decía "Urahara Shouten" y a tres personas sentadas en el pasillo exterior del lugar.
—Que lindo día hace ¿No lo crees Kuchiki? — dijo el sombrerero dueño de esa tienda cubriéndose con su gorro la parte superior de la cara y con un abanico el extremo inferior de esta. Sólo se podían ver sus ojos cosa que le daba un aspecto tenebroso, pero una vez bajaba el abanico se podía ver una gran sonrisa que le sacaba todo lo que infundía miedo. Junto a él estaba sentada una mujer de aspecto felino, su inseparable amiga Yoruichi Shinhou. Y al lado de esta se encontraba Rukia, aún sin su gigai sentada en el suelo y usando sus manos como sostén.
—Prefiero pararme en mitad de esta tormenta que en mitad de esa tormenta— dijo la mencionada y los tres voltearon para ver el interior del lugar.
En la comúnmente pacífica tienda de dulces y demás chucherías se podían escuchar pasos apresurados, roturas de una u otra cosa y súplicas de vida tanto como de amenazas.
— ¡Voy a matarte! ¿Me escuchaste? ¡A matarte maldito degenerado, abusador, hijo de…!
—Karin ya basta— pidió Yuzu con lágrimas en los ojos parando la pelea de ambos jóvenes —No es su culpa, bueno tal vez un poco…pero también es la mía porque no sugerí protección y eso.
—Es verdad, igual yo tampoco lo pensé así que no te sientas mal Yu…
— ¡Tú cállate! — Gritó Karin más que alterada — ¡Y tú! — Dijo señalando a su gemela para luego suspirar con pesadez y bajar su mano —No te preocupes Yuzu, te ayudaré en todo y ya veremos como decirle al viejo— sabía que su hermana la necesitaba, y no pensaba seguir recriminándole lo que ya había pasado.
—Ya lo sabe— informó felizmente la castaña —Fue a comprarle ropa, una cuna, vitaminas pre-natales y juguetes— sonrió provocando una mirada de desconcierto por parte de la morena, la cual cambió al ver la mano del Hanakari posarse sobre los hombros de su gemela, la cual vio con preocupación cómo este salía volando hasta el otro extremo del cuarto.
Antes de que Karin asesinara al futuro padre de su sobrino Rukia y Yoruichi entraron a ese tenso lugar, seguidas por un sonriente Urahara que no le prestaba atención a la posible muerte de su empleado sino que se concentraba en la noticia inicial: sería "abuelo".
Después de un par de peleas más entre el padre y la tía, todos se sentaron alrededor de la mesa que se encontraba en la sala y Ururu les llevaba algo de té. Ahí estaba la razón de la huida de las dos shinigamis: Yuzu y Jinta con dieciocho años ya estaban en la dulce espera, era obvio que iban a recibir ayuda pero eso no salvaba al de cabellos rojizos de la reprimenda de todos y, en caso de su cuñada, de la golpiza.
Yuzu decidió decirles el motivo inicial por lo que estaban allí y tosió disimuladamente para llamar la atención de los presentes —Karin, Rukia ¿Pueden ayudarme a decírselo a mi hermano? — preguntó con su semblante serio.
—Si quieres que Jinta viva para verlo te recomiendo no contárselo— dijo Urahara abanicándose divertido recibiendo una buena golpiza por parte de la morocha.
—No la asustes imbécil.
—Ella cree que el cabeza de zanahorias no lo tomará bien— dijo Jinta ignorando la pelea de los otros dos.
— ¿Tú crees? — preguntó una molesta Karin sin disimularlo ni un poco, luego miró a su hermana. Seria o no, ella sabía que estaba asustada —bien Yuzu te ayudaremos pero otro día, hoy no creo que sea apropiado.
—Lo sé— la castaña sonrió complacida, sabía que Ichigo no le pediría que abortara ni algo tan extremo pero…
—No te preocupes si ese bruto te reta yo le haré pagar— habló Rukia, sorprendiendo a las gemelas que se miraron cómplices y sonrieron, la shinigami logró leer la mente de Yuzu a la perfección pero eso no era lo importante sino que lo sabía porque lo conocía.
Luego de un rato la mala noticia no se hizo esperar, Yuzu no podía viajar a la sociedad de almas con su futuro hijo a cuestas ya que no contaba con tanta energía espiritual ¿Cómo lograrían que Ichigo fuera a Karakura sin contarle el verdadero motivo o al menos sin levantar sospechas?
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Como ya le era costumbre Saguraki Hiyori se dirigía al quinto escuadrón para pasar el resto de la tarde con su amiga, claro no sin antes darles mucho trabajo a sus subordinados. Antes como teniente sólo podía decirles que hagan lo que su capitán le mandase y ahora ella misma podía imponer los labores, les gustare o no los segadores debían hacerlo ¡Qué lindo era ser capitana! Por ejemplo en ese día el entrenamiento consistió en limpiar todo el escuadrón y luego una larga corrida en el campo de entrenamiento al aire libre, claro que encabezado por Kira. Llegó y entró como si nada, pero se arrepintió al no ver a la durazno y si al rubio con el que se había peleado la noche anterior.
—Mi amor, me alegra que hayas venido a verme— dijo Hirako con corazoncitos en los ojos y los brazos abiertos corriendo hacia Hiyori y con una patada en el rostro esta lo frenó.
— ¿Dónde está Momo? — preguntó perdonando la actitud de su amigo.
—No lo sé, se me hizo raro que no venga pero como siempre es ella la que hace todo decidí que puede tomarse este día libre— la verdad no le había prestado mucha importancia al lugar donde se encontraba su teniente después de todo ¿Qué tanto podría estar haciendo? Hiyori volvió a ignorarlo y cerró sus ojos para concentrarse mejor y encontrar el reatsu de su amiga, lo logró…pero solo hayo una débil señal. Sus ojos se abrieron con preocupación, siendo observada por Hirako que la había imitado y se había encontrado con lo mismo, sin intercambiar palabra ambos salieron en su búsqueda.
El débil rastro de reatsu los guió a las afueras de la décima división, iban cubriéndose con un brazo de la lluvia intentando divisarla pero no lo lograban — Hiyori ¿Estás segura que es por aquí? ¡La tormenta está empeorando ten cuidado con los árboles! — gritó intentando ser escuchado pero con todo el ruido natural le fue imposible, excepto cuando le reprochó por casi caerse ganándose un golpe en su nuevo diente ¿Acaso sólo oía cuando había un insulto de por medio?
Hiyori por su parte se soltó y volteó para darle su merecido a la rama o raíz que casi la había echo caer. Se paró en seco, su brazo bajó permitiendo a la lluvia mojarla más, sus ojos se pusieron en blanco al momento de susurrar algo y arrodillarse en el suelo. Hirako también se sorprendió al lograr divisar la figura de su teniente cubierta de sangre y siendo lavada por la lluvia mientras su cabeza se hundía poco a poco en el lodo y sus chocolatosos ojos perdían el brillo de vida.
— ¡Hinamori! — gritó el capitán del cinco corriendo a su amiga que miraba en shock esa imagen, tomó en brazos a Hinamori y Hiyori, quien había reaccionado al fin, la cubría con su haori y salían disparados al cuarto escuadrón. Llegaron con shumpo, lo más rápido que pudieron esperando que no fuera tarde.
— ¡Unohana! — el grito de ambos vizard retumbó en ese y tal vez en los demás escuadrones. Los capitanes estaban más que preocupados puesto que la condición de la durazno no se veía bien, en la claridad se notaban varios cortes, pedazos de su uniforme faltaban, tenía una seria herida en su abdomen, respiraba con dificultad, sus ojos se tornaban cada vez más opacos y de su boca corría un hilo de sangre, mientras ella susurraba el nombre de alguien muy conocido por ellos.
—Por aquí— la capitana de ese escuadrón al escuchar tremendo grito, salió para encontrarse con tal escena, rápidamente la colocaron en una camilla y la llevaron a una habitación para curarla.
Los dos se sentaron a esperar en el pasillo, era todo lo que podían hacer. Hiyori estaba cabiz baja con sus ojos sumamente abiertos recordando la imagen de la teniente al borde de la muerte ¿Por qué le afectaba tanto? Por su parte Shinji veía sin mucho interés la mayor parte de su uniforme y haori cubierto por sangre.
Se giraron para mirar el estado del otro y el ultimo nombre pronunciado por la de cabellos violáceos retumbó en su mente — ¿Dónde demonios esta Hitsugaya?
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—Maldita irresponsable— Toushiro maldecía su suerte y a su teniente, había vuelto a su división ya que sentía que cerca de allí se encontraba Hinamori pero una vez pasó por su oficina, y al no recordar esconder su reatsu, Rangiku salió volando de ese lugar dejando la puerta abierta y una última gran pila de papeleo. Sus quejas fueron interrumpidas al escuchar como alguien tocaba, le dio permiso a entrar y detrás de esta apareció una agitada Isane.
—Hi…Hi…Capitán Hitsugaya es Hinamori…— intentó explicarse mejor pero el capitán ya había desaparecido dejándola sola —Ahora debo volver— dijo con cansancio la teniente del cuatro volviendo a correr.
A diferencia de la teniente de Unohana el joven prodigio llegó en un par de segundos al cuarto escuadrón y se paró en seco al ver a Hirako abrazando a Hiyori, ambos con sangre en sus ropas y manos.
—No…— susurró pasándolos de largo, intentó adentrarse en el cuarto donde sentía el reatsu de la durazno pero antes de conseguirlo sintió como sus pies perdían contacto con el suelo mandándolo directamente a él —Saguraki, no es momento— dijo intentando reincorporarse pero la zampakuto de la chica se lo impidió rozando su cuello.
—Tu… ¡Eres el condenado responsable de esto! — gritó con intención de matarlo pero una mano la detuvo.
—Hiyori ella está bien, despertará— le aseguró Shinji deteniendo a su impulsiva amiga, miro al albino que parecía estar en shock con lo que escuchó así que decidió aclarárselo
—Está inconsciente debido a la pérdida de sangre, Unohana dijo que es posible que despierte mañana…aunque eso depende.
— ¿Depende? — preguntó Hitsugaya preocupado.
—De cuánto desee vivir— completó Shinji.
— ¿Dónde se supone que estabas cuando te necesitó? ¿No era que la protegerías y por eso desapareciste cinco años de su vida? ¡¿Por qué no estabas ahí para protegerla?! — gritó Hiyori que ya había sido desarmada
—Capitana Saguraki le pido que no grite, esto es un hospital y la teniente Hinamori necesita descansar al igual que mis otros pacientes— Unohana apareció por detrás de la puerta que daba a la habitación de la durazno — ¿Entiende? —dijo abriendo sus enormes ojos azules, la rubia rechistó molesta y se sentó cruzada de brazos.
—Capitán Hitsugaya, pase por favor. Después de todo por eso está aquí— dijo la mujer de la gran trenza corriéndose a un costado para darle paso al joven de cabellos blancos.
Después de que Toushiro entrara, Hiyori comenzó a quejarse y Shinji se la llevó de allí, ya su teniente estaba en un lugar seguro. Poco a poco el exterior quedó en silencio al igual que dentro de la habitación Hitsugaya se apoyaba contra la puerta de entrada mirando con tristeza y culpa a su amiga de la infancia, otra vez había permitido que la lastimaran aun sabiendo dónde estaba y habiéndose jurado a sí mismo que eso no sucedería de nuevo pero ahí estaba Hinamori, nuevamente en esa blanca habitación.
Sus ojos que en ningún momento dejaron de mirarla, se sorprendieron al verla fruncir un poco su ceño y comenzar a abrir sus ojos. Instintivamente se acercó a su lado, no le importaba que ese día no sea el que pronosticaron para su despertar, más bien se podría decir que estaba feliz de verla "bien".
—Hinamori— le habló suavemente haciendo que los ojos chocolate se cruzaran con los suyos turquesa, vio el intento que hizo por hablar pero no pudo emitir sonido alguno —shh no hables, estarás bien— dijo quitándole un mechón de cabello que caía en su bello rostro.
La chica durazno pestañó un par de veces para saber que no era un sueño, no importaba las veces que lo hiciera él seguía allí, mirándola —Shiro…—articuló con la voz seca, sintiendo cómo su garganta se quería partir a dos. Pero ese dolor era soportado al ver a su mejor amigo cerca de ella, como nunca lo había estado en esos cinco eternos años.
—No hables Moja-camas— dijo el albino acercando su rostro peligrosamente al de ella, sentían la respiración del otro y sin dudarlo Hitsugaya rompió los pocos centímetros que los dividían besándola casta y dulcemente, como pudo ella le correspondió. Sólo duró un momento pero bastó para hacer latir rápidamente el corazón de ambos, Hitsugaya se alejó y vio como los orbes chocolate brillaban, sonrió y se sentó a su lado tomándola de la mano —Duerme así te sentirás mejor— la chica asintió débilmente y le dedicó una débil sonrisa, para después cerrar sus ojos nuevamente y repetir el mejor momento de su vida una y otra vez.
Continuara…
n.n se los hice largo para que no me maten lentamente t.t ... ahora seguiré con mi estudio o3o tengo un parcial pronto, deseenme suerte U
Ahora si quieren hacerme saber que aún siguen leyéndome y que me apoyan para continuar…denle click al botoncito que dice "Review" y comenten qué les pareció :3
Ja-ne!
