Konichiwa minna-san

Ahh gomenasai! me desaparecí otra vez t.t pero bueno, acá me tienen subiendo un nuevo cap :3

Gracias a Sebas-N-K-K, nessie black 10 y 154 por sus reviews :D

Disclairmer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo. Esta historia es de mi pertenencia, favor de no robársela.

Las penumbras del corazón

Capítulo 6: Karma

El frío de aquel lugar la hacía temblar, estaba más bien helando, no recordaba la última vez que había sentido esa sensación de estarse congelando lentamente. Se sentía mal al ver a la abuela pasarla peor que ella, buscó por todos lados algo con lo que cubrirla hasta que encontró una frazada, algo vieja y polvorienta, pero que le ayudaría a calentarse. Cuidadosamente cubrió a la anciana y una vez su tarea hecha fue hacia la entrada, la lluvia ya había cesado y ahora el cielo le regalaba una hermosa vista de las estrellas.

—Toushiro…—susurró pensando en su amado, lo había dejado, roto el corazón y tal vez ya lo había perdido. Todas sus decisiones fueron erradas ya que se basaban en hechos que posiblemente ella había inventado por sentirse abandonada. Él no se había alejado porque no la quería, no, todo lo contrario, él la amaba tanto que al "no ser capaz de protegerla" no podía verla a la cara, y como dijo la abuela, no podía mirarla sin recordar que le había fallado. Se sentía realmente una tonta, quería volver pero ¿Para qué? De seguro él estaría molesto o dolido, y no escucharía sus razones. Tal como ella había hecho.

Los cambios que de tu vida son sólo el producto de tus acciones o las decisiones que tomas— las palabras de la abuela eran verdaderas dolorosas.

Ahora debía reconstruir su vida y procurar no tomar malas decisiones, rogaba a cualquiera, un Dios, un espíritu, la luna; rogaba que su Shiro fuera a buscarla. Aunque eso, por más que quisiera, no se haría realidad… ¿Verdad?

—Yo, me equivoqué…— fue el lamento que dejó que el viento se llevase mientras miraba con melancolía como las nubes tapaban la luna, ninguna luz iluminaba, ahora todo estaba en penumbras.

A una distancia considerable Hitsugaya seguía su camino para encontrarla. Si su memoria no le fallaba, podía asegurar de que se encontraba en el distrito cuarenta y ocho, ya había recorrido bastante pero aún faltaba, el hambre lo estaba acosando pero no le daba importancia, el frío intentaba derribarlo pero no lo conseguía ya que él lo toleraba, nada podía detenerlo, ni siquiera el cansancio y sueño podían hacer que parase.

Su camino era marcado por un silencio sepulcral, al parecer las almas habían encontrado donde pasar la pequeñas casas se veían deterioradas a medida que avanzaba, no quería ni imaginarse a dónde se había ido a meter Hinamori. Sabía que era fuerte y podría defenderse sin problemas de las escorias que rondaban el distrito setenta pero no entendía cómo ella se había ido a meter a semejante boca del lobo. Sin darse cuenta llegó al distrito cincuenta junto con los primeros rayos de luz del día, eso sólo significaba que le faltaba caminar un día más para llegar hasta su meta. Pero ahora que la luz iluminaba su camino debería entrar nuevamente al bosque, no vaya a ser que Soi Fong lo encontrase y su plan se fuera a la berno. Sin más, se adentró al espeso y medio oscuro bosque que le tenía preparado una sorpresa.

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Resopló molesto una vez más, todo el día se lo pasó haciendo de guardia en su sección y ahora tenía que estar como un ladrón campana parado en la puerta de la casa de cada capitán, esperando a que cierta rubia y compañía terminaran con el brillante plan que se les había ocurrido. Rangiku les había pedido ayuda con respecto a Gin, él no se iba a negar pero seguía pensando en que habría sido mejor comunicar la estrategia por medio de una reunión secreta o algo así. Sin embargo sabía, al haber estado presente en ese momento, de que ella haría cualquier cosa por el hombre de sonrisa zorruna, y con esa conclusión no sabía por qué le sorprendía la situación actual.

—Ichigo…Ichigo… ¡Ichigo!— gritó finalmente una exasperada Rukia, ese imbécil ni siquiera la escuchaba.

El aludido se volteó rápidamente encontrándose con la menor Kuchiki, la cual lo tomó del brazo y comenzaron a correr junto con los demás que reían por lo bajo. Después de un par de minutos, casi media hora, el cometido estaba listo: hacerles saber a los capitanes el plan para sacar a Gin del encierro, todos menos Kempachi y Mayuri, que de seguro no ayudarían ni que les pagaran, después de todo era algo que les pasaba sin importancia, y sobretodo ni una palabra a Yammamoto; el plan había sido comunicado a través de una carta en las casas de los capitanes. En la oficina no, porque era probable que algún que otro shinigami lo encontrara y se lo mostrara al comandante. Esto había surgido de una conclusión sencilla: si todo el mundo está unido, los de la Cámara cuarenta y seis no podrían hacer nada ¿No? Bueno, eso estaría por verse, al menos querían llegar a rebajar la sentencia de Ichimaru.

Todos los presentes, Ichigo, Rukia, Rangiku, Karin y Hisagui, se despidieron y fue cada uno a sus habitaciones, sorprendente que la voluptuosa teniente no los haya invitado al bar. Karin se despidió de su hermano y futura cuñada para irse al fin a descansar, dejando a los dos "tortolos" solos. Ambos cruzaron miradas y volvieron a mirar cada uno para el lado opuesto, aún no asimilaban muy bien lo que había pasado entre ellos el otro día. Tantos años habían soñado con eso y ahora se comportaban como dos adolescentes.

Rukia suspiró pesadamente esperando así romper el silencio tenso que había entre ellos pero Ichigo parecía ignorarla, suspiró más sonoramente y nada. Ya se estaba enojando, no era que quisiera llamar la atención de Ichigo para molestarlo sino que debían hablar de ellos, es decir su relación comenzó en un momento algo inoportuno y si bien fue memorable pasar de la amistad a algo más, no estaba segura de cuan seria sería su relación ¿Él pensaba en el futuro, acaso quería casarse o sólo era un capricho que tenía?

— ¡Rukia!— el fuerte llamado del primogénito Kurosaki la hizo pegar un pequeño salto al ser tomada de sorpresa para luego mirarlo molesta. —Ah, no. Enana ahora sí, no me puedes mirar de ese modo que te lo dije bien pero estabas perdida en tus pensamientos— le recriminó cariñosamente el de cabellos naranja haciéndola desviar la vista, le molestaba cuando él tenía razón. — ¿Qué era?

— ¿Eh?— preguntó algo perdida, sí que se había quedado en su conversación. Ichigo frunció su ceño molesto, primero ella exigía su atención y después se olvidaba el tema.

— ¿Qué era lo que querías decirme?— preguntó paciente, a tan altas horas de la noche no quería iniciar una discusión que seguro perdería.

—Ah…no era nada, simplemente que todo esto— dijo mirando lo tranquilo que estaba a su alrededor —Todo esto pronto terminará, de nuevo la paz se irá y además ahora que nosotros somos…bueno somos, lo vez eso es otro punto ¿Qué rayos somos Ichigo?— preguntó deteniendo su paso, era verdad él le había dicho que la quería y la había besado. Y le había repetido la última vez que ella era muy especial para él, pero ¿Cuánto? Él jamás le mencionó que quería tener algo serio con ella ¿Y si él sólo quería ser su amigo con derechos o algo por el estilo?

Tras un momento en silencio el de orbes miel comenzó a reír a carcajadas provocando cierto rubor en ella ¿Acaso no le había dejado claro todo? —Tu— dijo señalándola bruscamente tras dejar de reír —Eres mi novia— dijo sin vergüenza alguna después de todo ¿por qué debería tenerla? La de cabellos negros agachó su mirada y sonrió, esas eran las palabras que siempre quiso escuchar de él.

Rukia elevó su rostro para que él pudiera ver su sonrisa, la cual correspondió, para ambos seguir su camino. Una vez llegaron a la mansión Kuchiki, Rukia se despidió de mano y dio la vuelta decidida a entrar. Ichigo no se podía creer lo buena que era su novia para despedirse de esa forma, la tomó bruscamente impidiendo su paso y la volteó cortando la distancia entre ellos, besó sus labios dulcemente perdiéndose en el contacto que había deseado desde hacía cuanto y que ahora podría disfrutar para siempre, mientras que Rukia sentía que toda su ira, por ser tratada tan delicadamente hace un momento, se disipaba. No entendía por qué con un simple beso él podía calmarla ¡Eso le molestaba aún más! Contra un hollow ella no flaqueaba, pero en los brazos de Kurosaki Ichigo era como una frágil muñeca de porcelana.

Antes de intensificar el beso el Kurosaki se separó de ella sonriéndoles socarronamente, al fin había algo en que ella no podía ganarle, o al menos eso creyó hasta que vio como la menor Kuchiki se paraba de puntas y rodeaba su cuello con sus brazos fundiéndolos en otro cálido y, un poco más apasionado, beso. Entre ellos ni en el amor las batallas cesaban.

Unas horas ya habían transcurrido y el sol se asomó junto con el despertar de casi todos los miembros del Seretei, que como grandes responsables, se despertaban temprano. Ukitake Soujiro despertó entre medio de otra discusión de "quién le llevaría el desayuno", de parte de sus ya conocidos terceros oficiales. Sentaro y Kiyone eran algo molestos pero él lo tomaba sumamente bien, ellos eran como su familia, sus hijos.

—Oye qué es esto…

— ¡No lo abras tarado es para el capitán Ukitake!

—Suéltame Kiyone, ¡Yo se lo llevaré!

—Claro que no ¡Seré yo, ahora dámela!

El de cabellos blancos rió bajo ante la pelea sin sentido por parte de esos dos y se levantó para ver de qué trataba el objeto de pelea. Una vez llegó a su sala encontró a la castaña y al de pelo negro peleándose dentro de una nube de polvo que contenía puros golpes. No le prestó mucha atención y se sentó para disfrutar de su desayuno y leer una carta que iba sellada como secreta y urgente. Su mirada se tornó seria y el camino de la taza de té fue interrumpido…

"A todos los capitanes del Seretei:
Esto será rápido, Ichimaru Gin será condenado por algo que intentó detener al igual que todos. Esta tarde, todos los que estén interesados en ayudarnos por favor dirigirse a la entrada de la Cámara cuarenta y seis. No podemos dejar que lo encarcelen injustamente, algo debemos poder hacer.

Atte: Rangiku Matsumoto, teniente de la décima división."

La pelea de los oficiales cesó al ver la seriedad de su capitán, ambos se miraron preocupados entre sí ¿Qué decía esa carta?

Sin saberlo, muchos otros capitanes se encontraban en la misma situación del enfermizo capitán. Esa mujer sí que tenía agallas para hacer esa clase de movimientos, y claro que algunos ayudarían. Ichimaru por más errores que haya cometido, tuvo un buen motivo. Pero en las instalaciones del quinto escuadrón había cierta persona que le desagradaba la idea de dejar libre a ese, por más mal que sonase, deseaba que lo encarcelaran por lo que había hecho.

Shinji miró la dichosa carta y la arrugó para luego romperla, no ayudaría por más que le rogasen de rodillas. Un momento –A todos los capitanes- ¡Demonios!, Hiyori la leería. Se vistió lo más rápido que pudo y como una luz llegó a la casa de su novia, suponiendo que la muy vaga aún dormía. Entró sigilosamente para comprobarlo y sí, estaba durmiendo, tomó la carta que se encontraba en la puerta del lugar y se la guardó. Todo esto le molestaba, él no era de guardar rencor pero lo que ese tipo había hecho, le era imperdonable. Iba a retirarse del lugar pero ¿Qué sería más divertido que despertar a su tranquila y muy cariñosa novia con un beso?

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Ya eran las horas típicas de trabajo, ahora vigilancia para la mayoría de los capitanes, menos para ella. Ya que era la encargada de tratar al recién llegado ex traidor de la sociedad de almas y de algunas cosas más, pero de menor importancia.

—Listo— anunció sonriente terminando de vendar el brazo más dañado de Ichimaru.

—Gracias capitana Unohana, se ve que sigue siendo igual de buena en esto— dijo un sombrío Gin, presentía que algo no estaba bien con todo esto, estaba feliz de estar vivo pero en todo este tiempo no había podido ver a Rangiku y según lo que le comunicó la mujer de la gran trenza era cuestión de tiempo para que lo transportasen a las prisiones de la Cámara cuarenta y seis.

Sin más que hacer ahí, la doctora del Seretei se retiró. Ella iba a ser una de las que diera la cara por él, después de todo era una de las que más conocía los sentimientos de él y la rubia teniente del décimo escuadrón. Ichimaru al encontrarse solo comenzó a revisar su cuerpo, algo en él estaba diferente ¿Pero qué? Podía sentirlo, se concentró lo más que pudo viendo como enfrente suyo Shinsou aparecía.

—Pero miren a quién tenemos aquí… ¿No se suponía que estábamos muertos?— preguntó un sonriente Ichimaru al ver a su zampakuto materializada enfrente de sí, sin la necesidad de una katana.

—Lo estuvimos, pero los Espadas nos revivieron. Al traerte de vuelta, me dieron la vida a mí también…

—Nace y muere con su shinigami, lo sé— dijo mirando hacia el exterior, mientras Shinsou también lo hacía —No me importa el por qué. Dime ¿Crees que entrará a vernos?

La zampakuto calló, ambos sabían que del otro lado de esa pared se encontraba Rangiku Matsumoto, según Unohana ya había ido a visitarlo y por eso había sido reprendida por el comandante. Esa mujer era tonta para andar entrando a lugares prohibidos pero deseaba que lo hiciera, al menos una vez más. Las puertas de esa prisión se abrieron y al segundo Shinsou desapareció.

—Ichimaru Gin, será transferido a las prisiones de la cámara cuarenta y seis.

¿Le concederían un último deseo?

El comandante ya se lo había advertido, la próxima no habría perdón. Si se decidía por entrar, perdería su puesto como teniente. No se lo podía permitir en ese momento, dentro de poco tendría todo el tiempo del mundo para estar a su lado, puesto que tenía un buen sentimiento de que todo iría acorde al plan, pero ahora sólo podía ver cómo se lo llevaban. Eso la hacía rabiar pero quedó sorprendida al ver que el hombre de sonrisa zorruna giraba su vista hacia donde estaba ella oculta y le sonreía ampliamente ¿Cómo se había dado cuenta de que estaba ahí?

Frunció su ceño mostrando su determinación, porque esta vez, ella se aseguraría de que él volviese a su vida y jamás se marchase nuevamente.

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Si no fuese por la "amenaza de guerra" que en verdad parecía que no existiese, puesto que el día estaba tan calmo, todo estaría como siempre. Ahora los escuadrones ya se estaban acostumbrando a ser manejados por el teniente ya que los capitanes estaban obligados a quedarse vigilando sus sectores, al menos era una variante para tanta rutina. Los escuadrones más perjudicados en todo esto eran el diez y el cinco, uno había perdido a su capitán y su teniente no movía un pelo, y el otro había perdido a su teniente dejando todo en manos del capitán y los otros oficiales que le seguían en rango.

Yachiru miraba perdida las nubes junto con Kempachi que estaba aburrido por tan poca acción, él sí ansiaba la guerra porque tanto papeleo y entrenamiento con los debiluchos de su escuadrón no lo llenaban, él quería sangre. Cosa que a veces le sacaba al ex shinigami sustituto, la de pelo rosa miraba extrañada como los ojos de su "padre" brillaban, de seguro estaría recordando todas las peleas que tenía con el que ella llamaba Ichi-fresita-naranja.

El de pelos de picos se levantó y miró asesinamente al de cabellos naranja que soñaba despierto con cierta enana, Ichigo salió de su ensueño cuando un escalofrío recorrió toda su espina dorsal. Se giró para mirar con desconfianza a Kempachi y así logró esquivar el corte que este hizo con su espada ¡Maldito fue el día en que el idiota del comandante lo puso junto con ese lunático!

—Vamos Ichigo, no seas una niña— dijo recargando la katana en su hombro y mirando altivamente al de cabellos naranja.

—No quiero pelear— Inútil, ni lo escuchó. No supo cuándo pero en un momento ya se encontraba corriendo por su vida siendo perseguido por un lunático y una niña alentándolos a pelear por atrás ¡Esto debía ser una pesadilla! Y el pellizco para despertar no tardó en llegar cuando una mariposa negra se posó en la mano de Yachiru y esta avisó, más bien protestó, que tenían reunión, salvado por la campana…o eso creía hasta que vio como Kempachi no tenía ni la mínima intención de detenerse. En definitiva ese no sería su día.

Una vez que llegaron, siendo los últimos y para colmo ambos lastimados, la reunión empezó. El comandante no tenía que preguntar, era obvio qué había sucedido entre esos dos. Los reportes eran casi todos iguales, "no se registró nada extraño". Excepto el de Unohana que reportó la transferencia de Ichimaru a la cámara cuarenta y seis. Algunos de los presentes se miraban cómplices debido a la carta de la rubia, la cual se mostraba seria en ese momento.

—Doy por terminada esta reunión, vuelvan a sus puestos— ordenó el viejo Yamammoto al momento en que todos rompían las filas y se retiraban de ese lugar para volver a donde se encontraban anteriormente.

Después de la tormenta viene la calma, pero después de la calma ¿No sigue otra tormenta?

En un lugar cerrado, exiliado del mundo que los rodeaba y "muy bien protegidos" se encontraban cuarenta y seis personas, cuarenta sabios y seis jueces; todas centradas en un mismo tema. ¿Qué sería de Ichimaru Gin? Todo indicaba que merecía pagar, si quería ir contra Aizen debió hacer como los demás. Para ellos el fingir estar de su lado no era necesario. Ellos eran fríos, calculadores, y los sentimientos no tenían cabida en ese lugar. La sentencia de Ichimaru Gin sería casi la misma que la de Aizen Sousuke.

Pero otro tema era el de la teniente Hinamori Momo ¿Qué harían con ella? Esa era una pregunta un tanto diferente pero no muy alejada. Ellos no estuvieron en el tiempo de Aizen, más bien sólo llegaron a dictar la sentencia de este teniendo en cuenta que había matado a los que anteriormente iban en sus lugares, pero según sabían esta chica era una subordinada muy cercana a ese villano, si llegaba a ser que ocultaba su poder como el castaño, si llegaba a perturbar la paz…pagaría el mismo precio que su apreciado ex capitán. Esa era su lógica, la de todos en ese lugar. Un acuerdo se hizo presente entre todos los presentes: Hinamori Momo debía ser encontrada y encarcelada lo más pronto posible.

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—Maldición, esto es imposible…no hay ni un rastro, pareciera que se borró del mapa ¿Por qué no vamos tras la capitana Soi Fong?— preguntó aburrido el tercero al mando del noveno escuadrón siendo fulminado con la mirada por su acompañante.

—Porque nuestro capitán nos confió esta misión— dijo con estrellas brillantes en sus ojos —El héroe de la sociedad de almas, el único que podía vencer a Aizen Sousuke, el…

—Sí, sí, lo admiras, eso está claro, pero…

—Porque nos pidió que ella no sepa que nosotros también buscamos a la teniente Hinamori, ahora camina estamos en… ¿En dónde estamos?— preguntó algo perdido de la ubicación.

Ambos shinigamis hacia todas las direcciones, hacía mucho que no iban al Rukongai y para colmo ellos eran del distrito dos, no conocían ningún otro ¡Estaban perdidos! Suspiraron pesadamente, ahora la idea de seguir a Soi Fong no parecía tan mala.

La capitana de las fuerzas especiales esperaba reportes de sus subordinados, desde el último lugar donde había sentido el reatsu de Hitsugaya, inspeccionaba todas las viviendas, no podía darse el lujo de que ambos se le escapasen. Sobre todo si quería ayudarlos, sólo le quedaban cinco días para encontrarlos y no iba muy bien que digamos, por suerte el capitán del diez le ahorró la molestia de revisar los primeros treinta distritos.

En la cima de los árboles, entre las hojas, podía notarse la luz del sol pero pocos de esos rayos penetraban el bosque. Él caminaba con rumbo fijo, al menos el viento no era tan frío como en la noche y la mañana, y su ropa ya se había secado. Se detuvo a beber un poco de agua que encontró estancada en una pequeña laguna, era sorprendente que estuviera cristalina, pero así era. Miró su reflejo en el agua, estaba más demacrado de lo que creía, sus ojos tenían marcadas las ojeras que se tornaban algo moradas, su pelo estaba algo alborotado, efecto provocado por la lluvia y el viento, y su ropa estaba desalineada. Le restó importancia, todo esto terminaría bien la encontrase. Se levantó decidido y siguió su camino.

Luego de caminar por un par de horas sintió el fuerte reatsu de un hollow, era bastante poderoso, ya se encargarían de él. Iba a seguir, esquivando al gran monstruo pero un grito lo hizo detenerse, el grito de una niña que rápidamente apareció enfrente suyo y se escondió tras él.

— ¡Señor shinigami ayúdeme!— gritó aterrada viendo como los árboles se rompían enfrente de ambos y un hollow con muchos tentáculos se abría paso hacia ellos. El monstruo comenzó a reír, un shinigami sería su almuerzo, esto se veía fácil después de todo se no sentía su reatsu, cosa que le indicaba que era débil.

—No tengo ganas de pelear contigo, vete— dijo Toushiro secamente clavando sus ojos turquesa en el hueco, su plan era simple: intimidarlo. Podía acabar con él en un segundo pero eso le daría a cierta chica de cabellos negros su posición.

La niña lo miró incrédula y se despegó de él comenzando a correr, Hitsugaya no se esperaba eso. Rápidamente intercambió lugar con la niña siendo golpeado por el hollow, y arrojado contra un árbol.

— ¡Señor shinigami!— gritó nuevamente la pequeña viendo como la cabeza del monstruo descendía hacia ella para comérsela. Pero el dolor nunca llegó, abrió uno de sus ojos con desconfianza y vio al shinigami de cabellos blancos enfrente de ella envainando su zampakuto, el hueco estaba estático y en un segundo se cortó a dos, al tiempo en que esas partes se congelaban y se extinguían en miles de cristales.

— ¿Estas bien?— preguntó Toushiro viendo que la criatura caía desmayada, el reatsu de Soi Fong se hacía cada vez más fuerte ¡Qué suerte la suya! Miró desconfiado ese lugar, podía dejarla en ese lugar para que la capitana la encontrara pero era arriesgado, puesto que otro hollow podría hacerlo primero. Echó una maldición al viento y la cargó en su espalda al momento en que escondía su reatsu y comenzaba a correr.

La shinigami jefa de las fuerzas especiales llegó rápidamente al lugar, ya no había ni rastro del capitán pero las hojas de los árboles estaban congeladas y no cabía duda de lo que había sucedido. Hizo una señal para que todos prosiguieran, si Hitsugaya iba por ese camino significaba que Hinamori estaba cerca.

Sus ojos negros comenzaron a abrirse lentamente, era cargada, eso sin duda. Miró la ropa negra y los cabellos blancos —Señor shinigami— susurró débilmente.

—Hasta que despiertas, no te esfuerces— dijo parando y bajándola. La niña observó hacia todos lados y luego su mirada aterrizó en él en busca de respuestas. —Estamos en el distrito cincuenta y cinco— aclaró dándose la vuelta para seguir pero la de orbes negros se puso enfrente de él extendiéndole una bolsa de dulces.

—Gracias por salvarme— dijo sonriente esa niña de ojos negros y cabellos azulados —Soy Kuran Kimi, por favor acéptalos, según sé ustedes sienten hambre y yo tengo muchos— dijo enseñándole un par de bolsas más — ¿Me dices tu nombre?

—Hitsugaya Toushiro…gracias— dijo tomando los dulces que la pequeña le extendía, después de todo debía comer algo. Esta le sonrió contenta y comenzó a correr.

—Gracias a ti, no te preocupes que sé llegar a mi casa. Procuraré no encontrarme con más monstruos.

El karma fue extraño con él, mira que mandarle a una niña para entregarle comida. Miró dentro de la bolsa y vio que eran sus favoritos, sin prisa fue comiéndolos ¿Cuándo terminaría ese infinito camino? Ya quería verla, no le importaba otra cosa, él quería estar cerca suyo, protegerla, aún a costa de su vida lo haría.

La bolsa con los dulces calló al suelo al ver a los hombres de Soi Fong rodearlo ¿Cómo…? Eso no era importante —Cabalga en los cielos helados…

— ¡Espera Hitsugaya!—escuchó la voz de la capitana a lo lejos ¿Esperar? Nunca.

— ¡Hyorinmaru!— todos los que se encontraban ahí retrocedieron y antes de que la chica de dos trenzas pudiera llegar hasta él una pared de hielo se alzó ante ella.

—Suzumebachi— con un golpe en seco logró derribar esa pared sin imaginar que la estaba esperando.

—Sennen Hyoro— dijo Hitsugaya que se encontraba tras ese muro. Encarceló a todos los subordinados y teniente de la capitana, más no a ella que logró escapar.

La discípula de Yoruichi arremetió contra él antes de que completara la técnica y matara a todos los que había encarcelado. Toushiro la paró y de una patada la hizo retroceder. Las palabras no pudieron hacerse presentes ya que el joven prodigio no la dejaba ni defenderse. El choque de espadas era el único ruido que se escuchaba entre ellos, cuando estuvieron cerca Hitsugaya la atrapó con su ryusenka, dejándola viva pero sin movimiento alguno y consiguiendo la oportunidad para irse.

Después de unos momentos la capitana comenzó a brillar dentro de esa tumba de hielo, su shunko la salvó. Frunció el ceño molesta, ese chico no la escucharía. Golpeó los pilares de hielo con Suzumebachi rompiéndolos en miles de pedazos, liberando a todos.

—Gracias capitana, creí que nunca podríamos salir… ¿eh? ¿Dónde está el capitán Hitsugaya?— preguntó Omaeda recibiendo un golpe que le hizo sangrar su nariz.

—Sigamos, Hinamori Momo no debe estar muy lejos.

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Llegada la tarde los capitanes de la cuarta, séptima, octava, novena y decimotercera división junto con sus tenientes, se encontraban en el lugar señalado. Al igual que Rangiku Matsumoto, la organizadora de esa reunión. Estaban en un aprieto con la voluptuosa teniente, ella quería entrar pero gracias y los guardias iban a dejar pasar a los capitanes.

— ¡Pero yo también debo hablar!

—Teniente Matsumoto, usted pidió nuestra ayuda, ahora le pedimos que confíe en nosotros— dijo Unohana con su tranquila y tenebrosa voz que usualmente usa.

Rangiku suspiró triste, no quería quedarse ahí afuera y que todo quedara en manos de cinco capitanes. A parte su decepción ya era grande al ver que pocos habían hecho caso a su carta. Sin otra opción aceptó resignada, viendo como los capitanes entraban y las puertas se cerraban.

—No te preocupes, ellos lo lograrán— dijo Rukia poniendo su mano en el hombro de la rubia para darle fuerzas. Esta sólo le sonrió, no sabía qué pensar en ese momento.

Al entrar en ese lugar fueron recibidos por todos los miembros de la cámara, para Ichigo todo ese sitio era nuevo y le desagradaba un poco conocerlo de esa manera. Los demás capitanes ya conocían el lugar por una u otra razón. Se pararon en el centro de esa corte y presentaron el tema, siendo rechazados al segundo por los miembros de la cámara.

Unas tortuosas cinco horas pasaron los tenientes esperaron por escuchar noticias, la teniente del diez quería largarse a llorar todo ese tiempo sólo significaba que estaban peleando porque aceptaran y recibían puras negativas. En esas circunstancias sus esperanzas se debilitaban y todos los presentes se daban cuenta de ello. Las puertas del lugar se abrieron dejando ver a los capitanes cabizbaja, pensativos o molestos, tal era el caso de Ichigo. En ese momento los ojos celestes se cristalizaron, si llegaban a hacerle la broma de después decirle "Está libre" entonces de seguro los golpearía. Pero la realidad era cruel y la que se dignó a contársela fue Unohana.

No, Ichimaru Gin fue condenado justamente. Aizen Sousuke era una amenaza y él se unió a ella.

Pero él sólo quería defender a…a alguien, por eso…

Por eso los shinigamis no deben tener sentimientos. Si él los tenía por una mujer entonces fue su decisión estar aquí encarcelado— dijo uno de los jueces cortando el habla de Ichigo.

Pero no pueden negar que por su ayuda tuvimos más tiempo para derrotar a Aizen— dijo Unohana seriamente —Si no fuera por él, el capitán Kurosaki no hubiese llegado a tiempo para derrotar a Aizen Sousuke.

Ustedes son capitanes, y como tales deberían entender que cuando tomamos una decisión esta no puede cambiarse.

El silencio reinó en el lugar, la impotencia de los capitanes era bastante ¿Qué no había nada que pudieran hacer?

A nadie le molestaría que saliera, todos estamos conscientes de que él no es un traidor— dijo tranquilo Kyoraku mirando fijamente hacia donde ellos estaban.

Parecía una tarea inútil estar ahí dentro pero no se rendirían, no podían hacerle eso a la rubia teniente, ni al ex capitán. Después de un par de horas que les parecieron eternas, llegaron a un acuerdo. Uno un tanto complicado pero no imposible.

Traigan a alguien, que haya sobrevivido a la devastación producida por Ichimaru Gin, y nosotros reduciremos su sentencia.

Los tenientes tragaron grueso y comprendieron la mirada de preocupación de los capitanes, pero al parecer la rubia no caía en la información que llegaba a sus oídos ya que se puso a pegar pequeños saltos de alegría, los cuales cesaron cuando Ukitake posó su mano en su hombro.

—Teniente Matsumoto, la única persona que cumple con esos requisitos es la capitana Sarugaki…

En la escuadra tres Hiyori estornudó sonoramente ¿Quién estaría hablando de ella en esos momentos? Si llegaba a ser Shinji esperaba que fuera por reflexión al evento de esa mañana. Cuando lo encontró enfrente de ella a punto de besarla, en su cuarto, la paliza que le dio no fue poca. Si, era su novio pero ella jamás le dijo que podía tomarse tantas libertades.

Terminó con lo último del papeleo y se dispuso a visitar a su novio en el puesto que a este le había tocado ¿Por qué ella no estaba en el suyo? Simple, no aguantaba tener a Kurotsuchi cerca todo el día, así que había mandado a Kira a suplantarla. Y si el comandante se enojaba, no era su problema, después de todo era él el que no pensó bien cómo distribuir a los capitanes. Sin haberlo planeado llegó al quinto escuadrón, ahora podría estar riéndose de lo lindo con su amiga pero ella no estaba, y no cumplía su promesa aún. No tenía ni idea de dónde estaba. Más le valía al idiota de Hitsugaya ya estar a su lado porque si no se las vería con ella.

—Hiyori, ¿Qué haces aquí?— preguntó Shinji llamando la atención de la rubia que se dio la vuelta sorprendida ¿Qué hacia él allí?

—Nada— dijo desviando su vista sonrojada, jamás en su vida pronunciaría las palabras "estaba buscándote", ¡Iba contra todo su orgullo!

Ambos se quedaron en silencio mirando al interior de la oficina, que ahora se encontraba vacía. Shinji debía encargarse de su puesto y de algunas tareas que su teniente debería cumplir pero que como no estaba, no podía. Era algo estresante estar sin Hinamori, sobretodo porque casi siempre le dejaba todo el trabajo a ella. Hiyori desvió disimuladamente la vista hacia su novio, se veía que a él también le afectaba la pérdida de la durazno.

—Oye…— dijo Shinji sin apartar la vista del interior del lugar — ¿Y si aprovechamos que ahora estamos solos?

Un silencio incómodo reinó en el lugar, la rubia estaba más roja que un semáforo al escucharlo decir eso ¡Para colmo parecía que iba enserio! O al menos eso creía hasta que escuchó que comenzaba a reír. Guiada por su rabia, Hiyori golpeó al capitán de esa escuadra dejándolo K.O. en el piso de madera, ella iba a comenzar a patearlo pero una carta con su nombre, que sobresalía del haori del rubio, la detuvo.

— ¿Qué es eso?— dijo intentando tomarlo pero el rubio atrapó su muñeca fuertemente impidiéndoselo.

—No es nada— dijo seriamente, cosa que no era común en él, quería replicarle pero el hecho de que se comportara de esa forma no le permitía hacerlo así que simplemente se lo arrebató.

Él no dijo nada, ya le había advertido y si ella no quería escucharlo entonces sería mejor que lo descubriera. En parte era su culpa por no haberla roto o escondido bien. Los ojos miel se ensombrecieron al leer la carta, la cual arrugó y tiró. No podía creer que lo quisieran liberar, bueno si lo lograban ella no le hablaría a ese maldito cara de zorro que por poco la mataba, aunque mucho rencor no le guardaba pero sí una gran cantidad de ira. El capitán del cinco revolvió los cabellos rubios de la chica sacándola de sus pensamientos.

— ¿Quieres dormir hoy en mi casa?— preguntó insinuante el rubio recibiendo una golpiza por parte de ella. A la próxima que viera a sus ex compañeros de pelea, los vizard, les pediría que les trajesen sus chanclas, con eso sí que le haría doler al tarado que tenía por novio.

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La noche había vuelto a caer, había conseguido reparar el techo por si la lluvia se presentaba nuevamente, en ese lugar no había muchos materiales así que tuvo que usar su imaginación. Era algo frustrante ver que su casa se parecía a un árbol mal formado pero al menos dentro estaba seco. Se había dado cuenta de que las historias de "mientras más aumentaba el número de los distritos, más pobre y ladrona se volvía la gente", eran verdaderas. Sus vecinos eran muestra de ello, en la casa de la derecha vivían un par de almas humildes y gentiles, pero en la casa de la izquierda vivían puros patanes que ya le habían intentado robar.

Ahora volvía de un río cercano en el que había conseguido un par de peces para la cena y agua de un claro cercano, con eso pasaría bien la noche. La abuela se había ido en la tarde por lo que se encontraba sola. Paró al reflexionar en lo último…ahora estaba sola. Suspiró con tristeza y se adentró en su vivienda para preparar lo que sería su cena. Después de hacer una pequeña fogata en el patio trasero, ya que aún no tenía una cocina, dejó los pescados ya clavados en unos palitos, cerca del fuego para que se cocinaran pero en un descuido volcó toda el agua que tenía.

—Ahora deberé ir por más— dijo algo abrumada recordando que el claro donde la había conseguido quedaba un poco lejos —Bueno cuando vuelva ya estarán hechos— se dijo como para consolarse por su descuido y tomó el jarrón para irse.

Iba ya saliendo cuando lo vio, el recipiente calló rompiéndose estrepitosamente al hacer contacto con el suelo, pero le restó importancia. Se talló los ojos incrédula, no era verdad, había enloquecido seguramente, no esperaba hacerlo hasta dentro de unos meses pero…—Toushiro.

Este le sonrió, no esperaba causar un impacto muy fuerte en ella pero al ver la cara de incredulidad supo que lo había hecho. Caminó hasta ella, esos eran los últimos pasos de un camino y los primeros de otro mucho más largo, se quedó a tan solo unos metros, mirándola fijamente esperando a que reaccionara — ¡Toushiro!— gritó finalmente la chica durazno tirándosele encima, haciendo que ambos cayeran al suelo.

Él no esperaba que ella lo recibiera tan a gusto, o tan cariñosamente, ya que lo abrazó tan fuerte que sentía que no podría respirar. Pero la sorpresa era más grande por parte de ella que no se creía que él hubiese ido a buscarla, comenzó a llorar sin soltarlo pero no estaba triste, ahora estaba sumamente feliz. El de cabellos blancos acarició cariñosamente su cabeza, no quería que ese momento terminara pero era necesario que se fueran de ese lugar antes de que los separaran.

Sin embargo, las fuerzas de ambos se reusaban a separarse, por lo menos en un instante sus corazones querían estar en paz, querían estar juntos.

Continuará…

Bienvenidos acá abajo! xDDD

O3o según mi nota anterior que no dejo plasmada y la cambio por esta xD corregí este cap e.e pero estoy segura que le dejé varios dedazos por ahí XD

¡Espero les haya gustado y gracias por su paciencia!

Reviews:

Sebas-N-K-K: thanks for yor review kid! Awww you're so sweet, and -3- to your question, no, isn't gay that you read this :3 my fanfics are for girls and boys! XDD TKMMM :3

154: ¡Perdón por haber tardado tanto en actualizar! Y gracias por sumarte a leer este fic n.n me alegra que te hayan gustado estos caps :3 espero poder seguir teniendo tu interés y atención, seas quien seas XDD

Ja-ne n.n/