¡Konichiwa minna-san!

Este cap va dedicado a yay o3o por adivinar mi divino capricho de que me llegue un review más para continuar XDDD

Nota: el título es un delirio mío, no tiene nada que ver con el cap pero me pareció lindo xDDD

Gracias a Sebas-N-K-K, y a yay por sus reviews :D (los contesto abajo).

Disclaimer: Bleach y sus personajes solo le pertenecen a Tite Kubo. La trama es mía, favor de no robar.

Las penumbras del corazón

Capítulo 7: El agua de cristal

Oscuridad ¿Seguía siendo de noche? Un momento, él no dormía de noche y si todo estaba oscuro…se levantó de un salto al entrar en cuenta de que estaba durmiendo. Olvidando que hace unos instantes disfrutaba de un placentero descanso, la buscó con algo de calma y desesperación mezclada, no estaba. Salió hacia el patio trasero y entre medio de los árboles pudo diferenciar una especie de vapor. A paso lento se adentró en ese lugar, encontrando al final unas aguas que emanaban dichos vapores.

—Aguas termales…— susurró metiendo una de sus manos, al segundo su otra mano se colocó enfrente suyo para detener una ¿sandalia? La cual iba dirigida a su cabeza.

— ¡Que haces espiando!— reclamó Hinamori con solo su cabeza visible y totalmente roja.

Hitsugaya sonrió aliviado y le dio la espalda, su intención no era espiarla, ¡si ni siquiera sabía que se encontraba allí! Se ocultó tras un árbol y esperó, en algún momento debía salir.

Estaba abrazándola, no podía creer que hacía tan solo unos días ella le había dicho que se marchase, que no lo quería en su vida. Frunció su ceño para alejar ese recuerdo y sólo se dejó cautivar con el suave aroma a melocotón que su cabello desprendía y los tranquilos ruidos del bosque, esa área estaba alejada de los hollows pero no por eso deshabitada, aunque ellos serían pasados como simples almas al tener oculto su reatsus.

Su estómago lo traicionó al percibir el olor de comida cerca, no podía culparse después de todo había estado de ayuno por dos días. Hinamori se levantó sonriéndole, entre apenada por su reacción y feliz por verlo allí, y le indicó el camino hacia el interior, más bien hacia el fondo de la vivienda. Muchas preguntas se formulaban en su cabeza, les restó importancia, por ese momento las dejaría pasar.

"Cenaron" lo que había, para él no era suficiente pero no iba a estar quejándose, algo era algo. Mientras que ella lo observaba devorar sin piedad al pobre animal, disfrutaba del suyo también. — ¿Eres real?— pronunció sin darse cuenta. Hitsugaya arqueó una ceja confundido, tragó con dificultad toda la comida que tenía en la boca y se acercó peligrosamente a ella, haciéndola sonrojar.

Soy muy real— dijo bajando su cabeza y comiendo un pedazo del alimento de ella, haciéndola inflar sus mejillas fingiendo enojo.

¡Come el tuyo Shiro!— exigió intentando alejarlo, cosa que no logró.

Hinamori terminó de disfrutar su baño, atenta al lugar donde él había desaparecido. La noche anterior ninguno mencionó nada, absolutamente, relacionado con la sociedad de almas, con el pasado, con lo que había sucedido entre ellos. Parecían haber vuelto a los días en que ellos eran amigos y nada más importaba. Aunque…ser amigos, no era lo que querían. Una vez que había terminado y ya estaba cambiada se encaminó hacia su hogar, antes era una casa pero con él ahí, sabía que podía llamarlo hogar. Iba algo desanimada porque deberían hablar, de ellos. No podían seguir como si nada hubiese pasado, porque aunque no quisieran todo era diferente.

Divisó la casa fácilmente, después de todo no estaba tan lejos. Antes de llegar fue tomada por dos fuertes brazos, que le cubrieron la boca y sostuvieron sus brazos. Y todo a su alrededor oscureció. Lo último que pudo ver fueron la silueta de su Shiro acercándose velozmente a ella.

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— ¡Por favor, capitana Sarugaki!— dijo Rangiku haciendo una reverencia a Hiyori que se encontraba sentada tras su escritorio con su novio y teniente de escoltas.

Hacía unos momentos la rubia había invadido la oficina del tercer escuadrón con la intención de convencer a la vizard, de incógnito Kira la había dejado pasar, él también quería que su capitana aceptara la propuesta de su compañera pero sabía que eso era algo un tanto imposible, a menos que por una mágica razón Hiyori dejase su carácter y orgullo de lado por un rato. La rubia capitana miraba con algo de desprecio a la teniente, después de casi matarla ¿ella debía interceder por él? ¡Su venganza, todo el odio que tuvo por tantos años! Si hubiese muerto por un golpe de Aizen no se quejaría, porque al menos esa habría sido una derrota que aceptaría, pero él había intercedido, impidiendo que su hazaña suicida se completara.

—No, retírate— dijo fríamente, mirándola con desprecio. Tal vez lo haría por ella pero, la voluptuosa mujer también era una de las responsables de que su amiga se hubiera ido. Ella abandonaba a sus amigos y después venía a pedir favores. No, no lo haría.

Matsumoto dejó caer dos gotas saladas de sus orbes celestes, no era posible que todo terminara ahí. — ¡Por favor!

Hirako jamás pensó que ver una mujer llorar le interesaría tan poco, sentía algo de culpa y quería decirle a su novia que aceptara pero, él la tuvo entre sus manos, su sangre aún las impregnaba en sus pesadillas.

— ¿Qué harías tú en mi lugar?— preguntó clavando sus orbes castañas en los celestes.

La rubia desvió su mirada, sabía que era algo un tanto brusco para pedir pero…ella lo amaba, daría todo por él. No podía ponerse en el lugar de Hiyori, porque cada vez que intentaba recordar algo de esa guerra, a su mente sólo llegaba la imagen del cuerpo medio muerto de Gin. —Yo…yo…— los sollozos de la mujer comenzaron a resonar en el lugar.

—Lo pensaré— los tres presentes miraron confundidos a la capitana de esa escuadra, un rayo de esperanza, confusión, enojo. No sabía por qué había dicho eso, tal vez porque ella sí se había puesto en su lugar. Pero ambas tenían la misma respuesta en su interior "No lo sé".

La rubia se retiró, junto con un obligado-a-irse Kira, sus lágrimas ya se habían secado pero aún vivían en su interior ¿habría algo que pudiera hacer? Nada concordaba, si tan sólo Hiyori la escuchara. Nada era fácil, nada era como lo planeado, todo su mundo parecía iluminarse y de nuevo una piedra tapaba esa luz. Un momento, Ichigo era "amigo" de Shinji y él era el novio de la rubia, la persona en que ella confiaba. Tal vez sólo era polvo lo que había invadido su alrededor.

—Gracias Kira, desde aquí voy sola— dijo cantarinamente, fingiendo estar como siempre. Claro que el rubio no era tan tonto como para tragárselo pero si ella quería estar sola, la dejaría. Matsumoto vio a su amigo marcharse, en ese momento debía hablar con Ichigo aunque primero debería encontrarlo.

Dentro de la oficina de la tercera escuadra Hiyori continuaba con lo último de papeleo, lo hacía lo más lento posible. No quería encontrarse con el malformado payaso del doceavo escuadrón. Algo estaba tensando el lugar, lo ignoró, sería absurdo preguntarle al rubio qué tenía, además creía saberlo. Su respuesta, ese maldito "lo pensaré" ahora le vendría en contra.

— ¿Por qué…?

—Porque si— lo calló rápidamente, ya habían hablado del tema de Ichimaru. Para ambos el destino de este les valía, eran neutrales, si lo liberaban bien, sino lo mismo. Pero…—No sé si en realidad sea lo correcto, a Momo también la están tratando igual. Porque ambos estuvieron en el momento equivocado.

—Hinamori es otro tema, ella no lo sabía, él sí, lo supo desde un principio— molesto, Hirako la volteó, para que lo mirase y le dijera a los ojos que ella quería ayudar a su casi asesino.

— ¿Cuál es tu maldito problema?

— ¡¿Cuál es el tuyo Hiyori?!— le gritó sin disimular su enojo, los orbes castaños se mostraron perplejos. Los griteríos entre ellos eran comunes, más no en las conversaciones serias. —Ese infeliz por poco te mata y tú ¿lo pensarás? ¿En verdad piensas en ayudarlo?

— ¡No te incumbe si quiero ayudarlo o no, es mi problema!— le devolvió el tono, intentado zafarse, acción que le fue imposible ¿cuándo él fue tan fuerte como para detenerla? —¡Déjame!— ordenó retorciéndose — ¿Por qué no quieres que lo ayude?

— ¡Porque te amo, maldición!— dijo abrazándola, parando todo forcejeo —te amo, no quiero volverte a ver en peligro.

—Entonces consíguete una maldita damisela, yo no necesito que estés constantemente protegiéndome…si me amas, confía en mí, apóyame— habló soltándose finalmente para salir de ese lugar, que Kira se encargarse del resto, en esos momentos sólo quería alejarse de cualquier rincón en que el rubio se encontrase. Ella había casi muerto ¡Casi! Le crispaba que él no la apoyase ¿qué no debía estar en las buenas y en las malas?

Sería honesta consigo misma, no sabía qué hacer y ahora con Hirako negándoselo estaba más confundida ¿Qué haría?

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El cielo comenzaba a tronar, todo su alrededor eran penumbras, el miedo la invadió al recordar que había sido capturada por un extraño. Se giró lista para darle pelea a quien fuera que la hubiera atrapado, pero se sorprendió al encontrarse con su Shiro durmiendo a su lado. Quedó hipnotizada con el tranquilo respirar del chico, lo examinó con la mirada, sí que había cambiado. Sus facciones ya eran las de un humano de unos diecinueve o veinte años y también estaba más largo, comenzó a acariciar su suave cabello, que ahora estaba algo polvoriento y desprolijo. Miró su rostro, sus labios le parecieron imanes, no pudo resistirse y comenzó a bajar lentamente…se detuvo ¿qué estaba haciendo?

— ¿No vas a besarme?— Momo pegó un salto al escucharlo hablar ¡Quería que la tierra se la tragase ahí mismo! Sintió una mano detrás de su cabeza, que la obligaba a acercársele y sin aviso, le estaba besando. Sus ojos se abrieron desmesuradamente, cerrándose poco a poco, fundiendo sus labios con los de él.

Cuando se separaron el albino le explicó todo lo que había sucedido, por qué Soi Fong la buscaba, por qué él la había "secuestrado" y su plan desde ese punto. Ella se dedicó a escucharlo atentamente, era mucha información ¿Ichimaru vivía? ¿Ella era una sospechosa? ¿Él…había renunciado? ¿Qué estaba sucediendo en la sociedad de almas? Todo quedó en silencio, el cielo tronó y la lluvia comenzó a caer, como una cortina de agua.

De un momento a otro, analizando los acontecimientos, recordó uno en especial, del cual estaba arrepentida —Perdóname, por…por…—dijo señalando su mejilla intentando así explicarse, Hitsugaya recordó ese momento y rió por lo bajo comprendiéndola.

—No, tenías todo el derecho de golpearme— los ojos chocolate exigían una respuesta ya que las palabras no querían salir de la boca de la chica —Me precipité, es decir, si yo te hubiese visto besando a…a Kira….

— ¿Por qué a Kira? — preguntó inocente interrumpiéndolo.

—Bien, a Abarai…— dijo frunciendo más su ceño.

— ¿Renji? — lo volvió a parar, pero no se daba cuenta de a dónde quería llegar con todo eso ¿Por qué la imaginaba besándose con sus amigos?

— ¡Hinamori! — le retó juguetonamente haciéndola callar —No me interrumpas, ya bastante me cuesta siquiera pronunciar el que beses a alguien que no sea yo— dijo sinceramente algo sonrojado, miró a la fémina que estaba más sonrojada que él y sonrió. No sabía la razón de por qué estando cerca de ella, con tan solo una expresión, lograba sacarle una sonrisa.

Salió de sus pensamientos cuando sintió como la chica se le tiró encima con un cálido abrazo, que reemplazó el haberlo golpeado contra el duro suelo. Correspondió la acción cometida, la abrazó fuertemente como no queriéndola dejar ir. Hinamori se incorporó un poco, aún en los brazos del capitán —Te amo Toushiro— el aludido le sonrió y lentamente se acercó a sus labios, sus orbes buscaban permiso, el cual no tardó mucho en hallar, rompiendo el espacio que los separaba, aquella barrera invisible que los había alejado durante mucho tiempo.

—Bakudou 62, ¡Rompimiento de 100 líneas!— Hitsugaya hizo uso de sus reflejos al quitarla de la zona de ataque. Los ojos de la durazno mostraron pánico al ver como un hilillo de sangre salía de su boca, y en su estómago y hombro izquierdo estaban clavadas esas barras. Con dificultad, Hitsugaya se paró y quitó esas barras, escupiendo un poco de sangre mientras empuñaba a Hyorinmaru.

—No vine a pelear Hitsugaya— dijo Soi Fong extendiendo un brazo haciendo que sus subordinados bajaran sus armas.

—Momo quédate detrás de mí— dijo advirtiendo de que la chica no tenía su zampakuto y el kidoh no era una buena opción. —Capitana Soi Fong, tendrá que pasar sobre mi cadáver para llevársela.

—En tu estado no deberías decir eso— dijo deshaciendo su shikai —Te dije que no venía a pelear, sólo necesitaba controlarte para que no vuelvas a escapar. Hinamori tendrá una oportunidad de presentarse y aclarar las cosas, no ante la Cámara cuarenta y seis sino ante el Comandante General— dijo utilizando su shumpo para quedar a su lado. Ambos intercambiaron miradas, poderosas, desconcertantes, inciertas y misteriosas hasta que Toushiro también deshizo su shikai.

—Si llegase a ser mentira…

—Si querían que sólo me llevara a Hinamori y peleara contigo, lo hubiese hecho. No necesito una pantalla para cumplir mis órdenes, menos en un estado de guerra.

— ¿Guerra?— preguntó preocupada la chica desde atrás del prodigio, Soi Fong asintió después de todo llevaba unos tres días buscándola, el tiempo se acababa.

Antes de partir Hinamori curó el mal herido cuerpo de Hitsugaya y las heridas de la anterior pelea de Soi Fong, y una vez terminó partieron lo más pronto posible a la Sociedad de Almas…su hogar debería esperar o como la abuela había dicho, volvería a él.

Llegar al Seretei nunca les pareció tan extraño, Toushiro y Momo veían la mirada de desconfianza y temor de los segadores. Hinamori agachó la mirada, intentando huir de ese mar de culpa, porque todas esas miradas iban dirigidas a ella, el de orbes turquesa miró molesto como la chica sufría internamente, odiaba verla así, miró asesinamente a todos, algunos desviaron la mirada pero los otros insistían. Hitsugaya tomó la mano de la durazno y la entrelazó con la suya, sosteniéndola firme y delicadamente, Momo elevó su vista y se encontró con la seria mirada de Toushiro, dirigida hacia el frente. Sonrió para sí misma, imitándolo.

Si ellos estaban juntos, nada importaba porque ninguna cosa podría separarlos, lo que los demás pensasen no valía. Porque él la protegería y ella lo apoyaría siempre, desde ahora ya no agacharía la mirada.

Soi Fong los miró de reojo y sonrió orgullosa de sus compañeros volviendo la mirada hacia el frente, eso era algo que probablemente ella jamás se atrevería hacer, mostrar afecto en público…tal vez su señora Yoruichi tenía razón y ya era tiempo en que se buscase un novio. Se sonrojó levemente al pensar en aquello ¡pero si ella estaba bien solita!

Llegaron a la primera escuadra con todas las miradas de los demás sobre sí. Al entrar se encontraron con la más imponente, la promesa de Hinamori no valía en ese lugar. Debía agachar la mirada y poner una rodilla en el suelo o sino el Comandante la castigaría.

—Comandante, he cumplido— dijo Soi Fong, que estaba a un lado de Hitsugaya.

—Bien, buen trabajo capitana Soi Fong. Hitsugaya Toushiro— dijo pasando su mirada hacia el albino —Espero que no se le haga costumbre desobedecerme— habló severamente mientras su teniente le regresaba su haori al de cabellos blancos.

Toushiro lo tomó más no se lo colocó, eso sólo lo haría después de que todo se arreglase, sino al demonio el Seretei y todos los escuadrones. Hinamori por su parte estaba contenta de ver que su Toushiro ahora estaba absorto de todo problema, tragó grueso al sentirse el centro de atención.

—Hinamori Momo, levántese— ordenó el viejo observando que era obedecido instantáneamente, Yammamoto suspiró pesadamente alarmando a ambos capitanes —Si tan sólo se hubiese quedado unas horas más, yo hubiera podido ayudarla.

— ¿Qué?— dijo la de orbes chocolate siendo tomada presa por tres carcelarios — ¡Suéltenme!— gritó golpeando a un guardia, logrando liberarse de los otros. Trató de alcanzar al joven prodigio pero uno de los guardias la golpeó en la nuca haciendo que perdiese la conciencia.

La vio caer, no podía creer que ella resultara herida frente a sus ojos, la ira se apoderó de todo ser y desvainó su espada en un instante —Cabalga en los cielos helados… ¡Hyorinmaru!

— ¡Capitan Hitsugaya!— habló fuertemente el viejo Yammamoto parándose de golpe, ya era el colmo que intentara defender a la shinigami. Sabía que a los de la cámara cuarenta y seis les faltaba un tornillo pero pelear sólo empeoraría las cosas.

El portador de Hyorinmaru congeló a más de uno, tampoco iba a matarlos, aunque ganas no le faltaban. Y tomó a Hinamori en sus brazos, miraba amenazante a todos, ninguno de los presentes se le quería acercar. Soi Fong pateó a uno dejándolo inconsciente debajo de ella, Toushiro la miró sin entender ¿se uniría a la pelea? ¿Era su enemiga?

—Yo no necesito pantallas para cumplir mis órdenes…Pica, Suzumebachi— aclaró antes de hacer su shikai. Hitsugaya entendió sus palabras, ella estaba de su lado, blandió su espada formando un camino de hielo y estatuas de personas. Logrando escapar, con la ayuda de Soi Fong.

El comandante suspiró pesadamente, ese chico era un problema, y decían que él era el capitán más frío. Sí, claro ¿o se debería a la ex teniente del cinco? Su teniente carraspeó, indicándole que Soi Fong aún les estaba dando una paliza a los carcelarios de la cámara.

—Mi deber era entregársela aquí, si ellos no se la pudieron llevar es su problema. Deja que la capitana Soi Fong se divierta— dijo sereno el viejo, intentando adivinar dónde se escondería el capitán del décimo escuadrón, ahora que todo el Seretei estaba sellado.

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Esto le daba mala espina, sí, él era el héroe de la sociedad de almas, era el más poderoso shinigami-vizard-hollow-fullbrinista, vaya su novio era poderoso, sacudió su cabeza olvidando todas las cualidades del chico, quedándose con la idea de que todo esto saldría mal. Si no lo escucharon cuando fue con varios capitanes ¿Por qué lo harían ahora?

—Ichigo…

—No te preocupes Rukia, todo irá bien— aseguró el de cabellos naranja sin voltearse, ella continuó siguiéndolo, confiaría en él sin importar qué. Después de todo los insensatos actos de Kurosaki Ichigo siempre terminaban bien…

—Eres un grandísimo idiota, fresa inepta—dijo la Kuchiki menor enojada, cruzada de brazos en una prisión-calabozo de la primera escuadra, con el capitán del nueve mirando hacia una pared con una cara propia de un niño castigado, también cruzado de brazos y sentado como un indio en el suelo.

—No sabía que se enojarían.

— ¡Destruiste la puerta de la cámara y les gritaste que soltasen al ex capitán Ichimaru!— gritó echa una cólera la de pelos negros, haciendo que sudase frío. Nadie debía meterse con un Kuchiki enojado.

Ichigo bufó molesto, no era para tanto, no entendía por qué se quejaba si los sacarían en unas horas. Ahora que se había detenido a pensar, su plan no fue muy bien llevado. Él sólo quería entrar pacíficamente y tener una charla civilizada con los que se creían la ley en ese lugar, y al final soltarían a Ichimaru y Rangiku viviría feliz junto a él, problema resuelto. Si eso hubiese sucedido no estaría en una prisión. Al no querer dejarlo pasar, venció a la seguridad del lugar, rompió la puerta y les dijo muy calmadamente, más bien les gritó a los presentes, que dejasen libres a Ichimaru, sin embargo su más grande error fue pronunciar las palabras "O si no…".

—Para colmo tenías a Zangetsu lista— agregó la Kuchiki suspirando fastidiada por la actitud impulsiva de su novio.

—Mira enana si vas a estar reclamándome todo el tiempo…

Los dos pararon su pelea al sentir unos poderosos reatsus cerca, maldijeron por lo bajo. Ahora sí que estaban en problemas, sus armas estaban en la oficina de Yammamoto y esa celda era anti-kidoh…sin mencionar que les restarían importancia al encontrarse en una situación como esa.

—Maldita sea, si tan solo…—buscó en su bolsillo y se sorprendió al encontrar su insignia de shinigami, sonrió, le debía una a Riruka — ¡Rukia quítate!

Cuando la Kuchiki estuvo fuera de peligro sus ropas cambiaron, ahora portaba una especie de traje gris con varias franjas blancas, tanto en su cuerpo como en su cara — ¡Getsuga Tensho!— en un segundo las rejas habían desaparecido, se dio la vuelta sonriéndole socarronamente a su novia. Quién, al no aguantarse, se echó a reír, el fresa se encogió de hombros avergonzado y frunció su ceño molesto ¡Él no había elegido esa clase de fullbring! No era cosa suya el verse tan, así.

—Este no es momento para reír…ni para vestirse ridículamente.

— ¡Renji!— la pareja pronunció en sincronía, al ver a su amigo de cabellera roja enfrente de ellos con sus zampakuto.

Ichigo deshizo su fullbring, volviendo a su estado shinigami, con su novia y su amigo por detrás. Los tres listos para acabar con la amenaza, si los Espadas querían una guerra, la tendrían.

Hacía tan sólo unos momentos, los tres últimos Espadas caminaban por una garganta con miles de hollows por detrás, entre ellos vasto lords, arrancars, menos grandes y los huecos comunes. Grimmjeow iba con la idea fija de matar a Ichigo, al igual que Ulquiorra, quien además mataría a todos en su camino, y Yammy simplemente aplastaría a las pulgas que lo vencieron y esparciría discordia liberando a Ichimaru Gin y matando a todos los shinigamis posibles.

La garganta finalmente se abrió y delante de ellos aparecieron dos capitanes, uno ya lo conocían pero al otro no. Sarugaki fue la primera en lanzar un fuerte golpe al que los lideraba, mientras que Kurotsuchi miraba interesante esa pelea, ahora podría examinar el poder de regeneración de Ulquiorra Shiffer y si este mataba a la rubia capitana, bueno vería por qué esta no crecía. Una alarma comenzó a sonar por todo el Seretei.

El "cuarto" espada detuvo la estocada de Hiyori y con esa misma mano la mandó a volar varios metros, mirando indiferente como todas esas hormigas comenzaban a amontonarse. Los tres Espadas se separaron en busca de sus presas, dejando a los shinigamis de ese lugar con los hollows, para que se entretuvieran hasta que les tocase su hora.

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Las cárceles de la cámara cuarenta y seis no eran como las de los escuadrones, en estas no se podía percibir ningún reatsu, no se podía escuchar otro ruido más que la respiración de uno, no había luz, no sentía hambre ni sueño. Todo era confuso, parecía que querían que enloqueciera. Con sólo un día en ese lugar y ya se estaba preguntando si seguía vivo.

Gin intentaba mantener su cordura paseándose de un lado a otro, pero eso parecía que no funcionaba del todo bien. Se quedó a tan sólo unos metros de donde había un muro, una pared que sólo se sentía con el tacto…ahora comprendía porqué todos decían que Aizen ya estaba muerto. Una potente luz, comparada con la de dentro del lugar, azotó en sus zorrunos ojos. ¿Había enloquecido o la pared se había caído enfrente de él?

Tres enmascarados entraron en el lugar y lo sacaron de ahí, sus ojos celestes se abrieron para divisar mejor, si estos no le engañaban. Uno de esos encapuchados era muy dotado y con cabellos dorados.

Matsumoto divisó la garganta en el cielo, se ocultó, ahora ya encontraría a Ichigo pero este tendría cosas mejores que hacer. Sin más se dirigió al noveno escuadrón, rogando que sus amigos aún continuasen allí. Para su suerte iban saliendo pero ahí estaban, su plan era totalmente desquiciado y el capitán Kurosaki de seguro la colgaría viva por arrastrar a su hermanita en esto; con la distracción de los Espadas, ellos sacarían a Gin de la cárcel.

Hasta donde creían habían tenido éxito, Hisagui era el encargado de transportar a Ichimaru, siendo seguido de Karin, la encargada de los guardias y los jueces de la cámara; y Rangiku, quien se encargó de romper la pared y liberarlo, así si preguntaban ella sería la única responsable.

Al encontrarse en un lugar seguro los dos shinigamis del nueve se marcharon para unirse a la pelea, Hisagui no debía despegarse de Karin por órdenes estrictas de su capitán. Matsumoto se quitó su máscara y acarició la mejilla del ex capitán.

—Vamos al mundo humano— dijo segura, ignorando su alrededor.

Ichimaru quitó la mano de la rubia de su cara, que ganas tremendas de abrazarla, de besarla, de hacerla suya, que tenía pero eso se daría en otra ocasión, en otra vida —Ran, mira— dijo señalando a los tres Espada en el cielo, con sus resurrecciones listas, siendo contra atacados por los capitanes y tenientes de todas las divisiones —No me arrepiento de lo que hice, porque tú estas viva. No huiré porque aunque no logré devolverte lo que te quitaron, ayudé a matarlo…sé cuál es mi condena y la cumpliré— dijo levantándose con toda la intención de pelear. Miró en su cintura y Shinsou se materializó en forma de katana.

Los ojos de celestes estaban llenos de lágrimas, después de todo él no quería irse con ella. Todo lo que había hecho…se aferró fuertemente al hakama blanco que ahora él portaba — Sabes que te matarán de cualquier modo ¿Por qué quieres quedarte?

—Porque yo también soy un shinigami Ran, y no soy malo— dijo sonriéndole juguetonamente y depositando un casto beso en sus labios, la voluptuosa mujer elevó su vista sorprendida y feliz. Tanto tiempo había pasado y al fin pudo probar los labios de su amado. —Hakkufukku…— sus ojos comenzaron a pesar cuando vio unos pétalos violetas caer enfrente de ella.

Ichimaru torció su sonrisa, esto le recordaba algo. La tomó en sus brazos y la escondió en una arboleda cercana, no cabía duda en que todo el Seretei sería destruido, por eso dejarla inconsciente en un escuadrón no era una opción. Depositó un suave beso sobre su frente y partió a lo que él creía, sería su tercera muerte.

Continuará…

Y he aquí hasta donde llega este cap e.e lo sé, está muy corto…y bue xDDD

Reviews:

Sebas-N-K-K: boa noite sweete :3 XDDD si sos tierno –w- no sé por qué queres negarlo si se nota a leguas XDD 3-3 si fuera para gay ya te volves gay y seguís leyendo! XDD ok, no :3 awww gracias por el review S-W-E-E-T nii-pet :D

Yay: hola! ieee, golpes no! Para eso está el escudo y el nuevo y aún no patentado "saco para boxear con la imagen de Any-chan15" XDD gracias por sumarte a leer esta historia :'D espero que te siga gustando hasta el final :3 XD

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¡Ja-ne!