Konbanwa minna-san n.n

¡Ya sólo queda un cap. y se termina el fic!

Gracias a Frederik-175 S por el review o3o/ gracias coshita tierna XDDD jajajaja

Sin más las dejo leer este antepenúltimo cap. n.n

Disclaimer: Bleach y sus personajes sólo le pertenecen a Tite Kubo.

Las penumbras del corazón

Capítulo 8: Difusa luz de la oscuridad

La guerra se abría paso sobre sus cabezas, había muchos escombros producidos por las peleas que se llevaban a cabo en el oscuro cielo que amenazaba con llover en cualquier momento. Los miembros destacados en Kidoh de todos los escuadrones rodeaban la muralla que dividía al Seretei del Rukongai, para que nada pudiera salir o entrar, y para que las almas pudieran seguir con su "tranquilo vivir".

Hacía ya un par de horas había comenzado todo, y aún continuaba, sin dar aviso de su final. Los del cuarto escuadrón intentaban salvar a todo colega herido, pero aunque aquello pareciera fácil, puesto que eran tres espadas e incalculables hollows, vasto lords y arrancars, contra todo un lugar lleno de shinigamis; las bajas por parte de los segadores era considerable.

A todo esto él se mantenía ajeno, esquivando y/o matando a todo el que se le atravesara en su camino, directo al único lugar que sabía seguro: esa cueva en donde solía entrenar. Casi nadie pasaba por allí, y la pelea se estaba dando en el centro del Seretei y aquel lugar quedaba casi en las afueras. No entendía, por qué la chica en sus brazos se volvía más pálida a cada segundo que pasaba y el porqué de su reatsu bajando también le era inexplicable.

Llegó hasta el lugar, encontrándolo vacío o en otras palabras, seguro. La recostó con cuidado sobre una de las paredes, casi en el fondo, miró con preocupación como ella parecía estar luchando internamente, su respiración estaba cada vez más entrecortada y sudaba. No sabía qué sucedía, ni cómo ayudarla, en ese momento recordó aquel golpe que le había sido propinado antes de su escape, algo no encajaba, ella era una teniente bastante fuerte aunque algunos creyeran lo contrario, de un simple golpe no caería. Con cuidado la tomó en sus brazos y miró en el lugar donde fue producido el impacto. Ahí estaba la respuesta.

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El choque de las espadas, los aullidos de los hollows, el ruido de destrucción, era lo único que retumbaba en los oídos de los guerreros. Ichigo mantenía pelea con Grimmejow, a quien había creído muerto por el golpe de Nnoitora, las garras del sexto espada chocaban contra Zangetsu y viceversa. Pero esta pelea debía terminar rápido o todo se reduciría a polvo, por ese motivo nadie peleaba solo. El primogénito Kurosaki, junto con la teniente del trece y el teniente del seis, le daban pelea al pantera. El cual parecía no estar cansado y tener energía, y fuerza para rato.

A pocos metros de allí, Ulquiorra hacía que los capitanes del dos, ocho, trece y siete dieran la pelea de su vida. Con tan solo su reatsu el espada destruía los edificios del Seretei, y un golpe solo significaba un edificio menos, y un nuevo miembro sano para él. En otras palabras, su regeneración era muy rápida y con todos los huecos molestando alrededor parecía imposible ganarle.

Mientras ellos luchaban con el cuarto espada, el número cero causaba una imparable y gran destrucción. Kuchiki y Zaraki, nuevamente lo enfrentaron pero ahora, aunque pareciera ilógico, el espada estaba más grande. Junto a esos dos capitanes se encontraban Hiyori y Mayuri, la rubia maldecía a cada golpe que daba ¿Dónde diablos se había metido Shinji? Ahora que más lo necesitaba, al muy imbécil se le daba por desaparecer. Los tenientes estaban dispersados, ayudando a los shinigamis de menor rango a deshacerse de todos los hollows, claro que ellos peleaban contra los vasto lords y arrancars, que eran más difíciles para los demás.

Con un golpe certero Renji calló, siendo atrapado por Rukia que de milagro llegó hasta él. El de cabellos celestes miró victorioso a "su primera víctima", la sangre salía de a montones por la boca del pelirrojo y un severo corte se hacía presente en su estómago.

—Rukia, llévalo con Unohana— ordenó Ichigo sin apartar la vista del pantera. La Kuchiki menor iba a protestar pero su amigo estaba en un estado deplorable y no podían dejarlo a su suerte.

Con frustración, cerró sus ojos dándose la vuelta con Renji a cuestas —Volveré— aseguró desapareciendo con shumpo.

Ese aviso no le gustó para nada al capitán, sabía que Rukia era fuerte y podía cuidarse sola, e incluso vencer a incalculables hollows, pero el instinto de protegerla lo obligaba a ser egoísta y quererla lejos de la batalla y todo peligro. Su cuerpo se movió solo, logrando esquivar al de ojos celestes, que había aprovechado su guardia baja para atacar.

— ¡Vamos Ichigo, no vine hasta aquí para ser ignorado!— el ceño del muchacho se frunció más, y comenzó a atacarlo con su zampakuto, logrando cortar parte del cabello celeste, que si no fuera por un rápido reflejo, habría sido la cabeza del espada. Grimmejow sonrió, a ese lugar había ido a morir y lo tenía claro, así que le sacaría jugo a ese cabeza de naranja ¿y qué mejor que aprovechar lo que sus ojos comprobaron?

—Estas muy disperso Ichigo, no te preocupes…cuando mate a esa shinigami ¿Kuchiki Rukia, cierto? No tendrás en qué distraerte…— sonrió maniáticamente al verlo tan enojado que de un fuerte golpe lo había obligado a retroceder. Los ojos de ira que mostraba en ese momento el capitán del nueve, sólo le brindaban la satisfacción que buscaba hacía mucho. Ahora, al fin, terminaría la pelea con el descarado que había ido a rescatar a esa mujer aquella vez.

Rukia iba lo más rápido que podía, primero porque quería volver pronto a ayudar a su novio, aun sabiendo que él podía solo, no quería dejarle todo el trabajo; y segundo porque Renji cada vez respiraba con mayor dificultad y perdía mucha sangre. Paró al encontrarse con un arrancar enfrente suyo, el cual caminaba divertido hacia ellos cortando el muro con su katana, ahora ambos chicos deberían esperar.

—Tsugi no mai— dijo acomodándose en la posición de ataque, cosa que al parecer sorprendió al arrancar — ¡Hakuren!— una gran pila de hielo dejó atrapado a ese monstruo, que se defendía ¿dándole la espalda? Volvió a tomar a Renji, a quien había "dejado muy cuidadosamente" en el suelo, entiéndase que prácticamente lo tiró en él, y elevó su rostro reconociendo al segundo el reatsu presente.

— ¡Gracias, capitán Hirako!— elevó su voz para ser escuchada y el sonriente Shinji solo asintió, sin dejar de dar vueltas su zampakuto que ya estaba liberada. Y una vez más la de cabellera negra se echó a correr con un, ahora, inconsciente pelirrojo.

El rubio suspiró aliviado de que la chica no se diera cuenta, ahora ¿dónde estaba su teniente? Había algo que debía regresarle, algo de suma importancia para un shinigami. Pasó una mano por su nuca, algo fastidiado, mientras cerraba sus ojos y negaba con la cabeza, ahora debería buscarla entre ese mar de reatsu. Al abrirlos encontró curioso el hecho de ver al "traidor" dejando a la teniente del diez inconsciente. Intentó interceptarlo pero un grito hizo que todos sus sentidos se paralizaran ¿Esa había sido Hiyori?

El plan del payaso retromorfado parecía bastante lógico, al ser tan grande por la retaguardia sería débil. Ella sería su señuelo, no le molestaba mucho, pero sí el hecho de que los otros tres la dejaran a la deriva mientras uno se miraba las uñas y los otros dos comenzaban a discutir ¿acaso estaban de compras o algo?

Tan sumida en su bronca estaba, que no se dio cuenta cuando el espada la tomó presa, sujetándola con solo su mano, Yammi comenzó a estrujarla. Ella maldijo por lo bajo —Soy una estúpida— pensó molesta consigo misma al ser presa, sus huesos no lo resistieron mucho y algunos cedieron ante la fuerza del robusto cien pies, al sentir como era triturada gritó. Miró a donde los capitanes estaban anteriormente, los del seis y el once estaban a mitad de camino de su destino, y el del doce se dirigía a ayudarla.

Un pequeño hilillo de sangre salió de sus labios, intentó tomar su zampakuto pero no sentía sus manos, era increíble que terminara de esa manera, ella no era débil pero zafarse de eso sola…tomó una última bocanada de aire al sentir como la presión aumentaba, y sus orbes castaños divisaron como el capitán que se dirigía a ayudarla tuvo que detenerse porque ese Espada tenía más que una mano.

Shinji…— su último pensar, era él, siempre lo había sido. Aunque ahora no moriría en sus brazos como creyó aquella vez, maldito había sido el momento en que había aceptado el plan de ese lunático y las dos señoritas que no paraban de cacarear por quién era más bonita.

Una barra verde se incrustó en el pie de la capitana del dos, que rápidamente se apartó para quitárselo pero sin previo aviso Ulquiorra ya se encontraba tras ella más no pudo hacerle nada porque enfrente de ella Komamura se hizo presente y evitó el terrible destino. El capitán lobo utilizó su Tenken, pero ese ataque era muy lento para el de ojos verdes, quien lo esquivó fácilmente.

—Bakudo número cuatro: cuerda trepadora— el canto de Kyoraku se escuchó a espaldas de él. Fue capturado pero ese simple hilo no lo detendría, sin problemas se lo quitó, extendiendo su mano derecha hacia el capitán castaño.

—Cero oscuras— un rayo verde fue directo a Shunsui, pero jamás llegó ya que Ukitake lo recibió y se lo devolvió, ese Espada no conocía mucho de los poderes de aquellos capitanes, por lo menos contaban con el factor sorpresa.

Al disiparse el humo producido por la explosión, los cuatro capitanes miraron como el cuarto espada quedaba sin la mitad de su cuerpo y muchos hollows lo rodeaban. Las casas y oficinas del Seretei volvían a su estado de partículas para fundirse con él, mientras los huecos se mandaban suicidas hacia los capitanes. Si esto continuaba nunca acabarían, por lo que Komamura se encargó de los hollows y antes de que la pierna del chico pálido se recompusiera, los cuatro ya lo tenían rodeado.

—Jakuho Raikoben— Soi Fong soltó su bankai sobre el espada.

—Takaoni— dijo desde lo alto Kyoraku.

—Kokuyo Tengen myo— Komamura invocó su gran bankai incluyéndose en el ataque al de pelo negro.

Los tres atacaron con todo, y una fuerte explosión se oyó, dejándolos con sus oídos palpitando. De la nariz para abajo su brazo izquierdo o derecho los cubrían del polvo y restos de todos los lugares que destruyeron, y con sus ojos entre cerrados esperaban a que el humo se disipe para poder ver si lo habían conseguido.

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Sus ojos no daban crédito a lo que veían, en el cuello de Hinamori, en su tersa piel, había una especie de circulo rojizo retorciéndose, engordando a cada paso. Estuvo a punto de arrancárselo cuando una voz se lo prohibió.

— ¡Detente!— el grito de un joven retumbó en la cueva, y un bloque de hielo se extendió enfrente de él, que de no haber abierto sus piernas tal vez jamás hubiese vuelto a caminar.

—Eres del cuarto escuadrón— dijo más tranquilo Toushiro guardando a Hyorinmaru, sin separarse de la durazno.

Hanatarou se identificó mejor antes de acercársele, se veía que la sobreprotección de Hitsugaya no era un juego, pero no podía permitir que él lastimase a la durazno. Se había encariñado con Hinamori cuando ella era residente del cuarto escuadrón, debido a su recuperación, él siempre limpiaba su habitación y conversaba con ella, por lo que llegó a tomarle afecto.

A paso seguro se acercó al muchacho que lo miraba con recelo, el haberlo identificado no significaba que confiase en él, pero los del cuarto escuadrón conocían mejor todo ese tipo de…cosas, por lo que le permitió la cercanía.

El chico miraba con el entrecejo fruncido aquel dispositivo, sólo lo había visto en libros, era los que la cámara cuarenta y seis usaba para detener a los prisioneros, ese pequeño hollow, porque aunque nadie lo creyera ellos usaban a los hollows como si fueran cadenas o algo parecido, le quitaba todo el reatsu a quien lo trajese encima…por eso se debía remover bien estuviera en el sitio de su condena, porque si esa cosa no se despegaba rápido, el portador moriría.

Trató de explicárselo al capitán lo más calmado posible, no quería alarmarlo mucho, pero con el tiempo que llevaba Hinamori con esa cosa, era más difícil y peligroso removérselo.

— ¿Puedes hacerlo?— preguntó en tono autoritario y demandante, un asustado Hitsugaya, claro que no lo demostraba, todo lo contrario estaba más frío que de costumbre. Pero en su interior, el miedo lo comía vivo, ahora que al fin había resuelto las cosas con ellas ¿iba a perderla?

Según lo dicho por el joven ella estaba luchando, de cualquier otra manera ya estaría muerta, miró con culpa a la chica. Todo esto, era su culpa, toda de él, por no saber protegerla como se debía, por no…—Si tú también me amas, por favor...déjame ir— apretó sus puños molesto al recordar aquellas palabras de la durazno. Si en aquel entonces no la había dejado ir, ahora menos.

La sensación de impotencia lo recorrió, como aquella vez que la vio tendida en el suelo de la cámara, apuñalada por Aizen, no pudo ayudarla porque no la supo proteger. También, sintió el miedo, ese temor que jamás expresó pero que se encontraba al no saber de ella durante su recuperación, el alivio que le había causado el tan solo hablarle y verla "bien" tras esa enorme pantalla era un respiro para su maltratado corazón. El verla peleando en la guerra, también le había dado miedo, el cual se hizo más fuerte cuando la vio lastimada tendida en el piso. Ella era su fuerza, todos creían que él era débil e impulsivo cuando estaban juntos pero se equivocaban, si de ella se trataba, Hitsugaya sacaba fuerzas de donde fuera, porque ella era todo para él. Era su mundo y universo, si ella moría…

La acción del albino no pasó desapercibida por Yamada pero no diría nada, mejor se concentraría en su trabajo antes de cualquier cosa. Un fuerte reatsu se hizo presente sobre ambos, sacándolos de sus respectivos pensamientos, a lo lejos se podía ver una caravana de hollow dirigiéndose a ese lugar. Toushiro se agachó y susurró algo en el oído de Momo, cosa que aunque quisiera, Hanatarou no pudo escuchar, y luego se colocó enfrente de la entrada.

—Te la encargo— dijo antes de desaparecer tras una barrera que parecía invisible, y arremeter contra los monstruos. El de cabello negro sintió un escalofrío recorrer su espalda, eso pareció más una orden-amenaza, como decir: "hazlo bien o atente a las consecuencias".

Sacudió su cabeza frenéticamente de un lado a otro, olvidando que era amenazado de muerte, para concentrarse. Hinamori fruncía su ceño indicando que aún peleaba contra aquel hollow. Eso era bueno, ella parecía querer vivir, no se rendía y combatía internamente a ese pequeño arrebatador de vida.

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Muy lejos de ese lugar, alejada de todo peligro, Rangiku Matsumoto se encontraba inconsciente, pero no por mucho. Su ceño comenzó a fruncirse al tiempo que sus orbes celestes se abrían, pasó tan sólo unos minutos para que identificase los ruidos a su alrededor, haciendo que sus ojos revelaran su sorpresa al recordar lo sucedido. Se paró de un salto y enfrentó la escena de toda esa guerra.

—Gin…— susurro al viento, sintiendo una pequeña gota en su mejilla, elevó su mirada y pronto se vio empapada. La lluvia había comenzado, oportuna como siempre.

Golpeó un pie contra el suelo fastidiada por su mala suerte, aunque aquello no era de importancia, la mala suerte no la enojaba tanto como el saber que el idiota al que rescató, ese zorro que amaba, se había ido a pelear por aquellos que le habían dado la espalda. Con un rápido shumpo se sumó al campo de batalla, con la única intención de encontrarlo.

Con la lluvia todo se tornaba peor, ahora el comandante se había sumado para pelear contra Ulquiorra. Que en vez de morir había lastimado de gravedad a Soi Fong y Komamura, quienes yacían en los escombros, la primera boca arriba y con los ojos opacos, sintiendo como su vida se le escapaba; y el segundo boca abajo, ya inconsciente.

— ¡Capitana Soi Fong, Capitán Komamura!— el grito de Hisagui fue lo último que la capitana abeja llegó a escuchar antes de caer presa de la inconsciencia.

Los dos discípulos y alumnos preferidos del viejo, se mantenía a duras penas junto a él, Ukitake logró desviar el ataque del espada al usar su zampakuto como reflejo del mismo. Ambos lastimados y con graves heridas, dejando claro que el único en pie, que podía enfrentar dignamente a Ulquiorra, era Yammamoto.

—Reduce todo a cenizas ¡Riuyinjakka!

Kuchiki y Zaraki aún sobrevivían, ambos golpeados y sangrando por casi todos lados, el capitán más peleador de todo el Seretei había perdido un brazo pero le restaba importancia ya que según su pensar, con uno era suficiente. Por su parte Byakuya, respiraba con la respiración entre cortada, tenía casi todas las costillas rotas, el brazo derecho lesionado a tal punto de no poder moverlo y la lluvia lo golpeaba con fuerza.

Kurotsuchi seguía peleando contra el grandote de Yammi, que intentaba atraparlo pero el capitán se parecía a una mosca, moviéndose todo el tiempo de un lado para otro. Y es que después de perder al conejillo de indias, él debía sacrificarse por el bien de su plan.

El grito desgarrador de Hiyori llegó a los oídos de los capitanes, dándoles paso a cumplir con su parte. Desde un principio, los tres sabían que era necesario que ella fuera atrapada, para que toda la atención del espada se mantuviera en ella.

Hiyori no lo sabía, sino ni loca se hubiese ofrecido, pero el daño estaba hecho. Su último pensar era el tarado de su novio que ni se dignó en ir a ayudarla, sonrió pensando en cómo le gustaría estar gritándole en ese momento.

Dispara hasta matar, Shinso.

Sus ojos se abrieron un poco ¿no estaba muerta? ¿Por qué la presión de repente paró? ¿Alguien la estaba cargando? No supo cuando todo eso había sucedido, y no podía caer en cuenta de quién en su sano juicio vestiría un uniforme blanco sin el negro correspondiente, un punzante dolor le obligó a soltar un quejido y todo se oscureció.

Hirako se dirigía al lugar de batalla lo más rápido posible, esa idiota le había dicho que no necesitaba protección y ahora parecía luchar por su vida, sus pasos se detuvieron bruscamente al encontrarse con Ichimaru a su lado sosteniendo a una inconsciente Hiyori. El de sonrisa zorruna se la aventó y él la atrapó, ese tipo ¿la había salvado?

Gracias— dijo sinceramente acomodando a la chica en sus brazos, Gin dio media vuelta restándole importancia con su mano.

De nada, y apresúrate que no le queda mucho— advirtió desapareciendo, para acabar con el gran espada cero. Después de todo él fue uno de los que estuvieron a la derecha de Aizen, y conocía perfectamente la debilidad de ese sin cerebro, pero favorito, del castaño traidor.

La pelea continuaba lejos de las instalaciones que habían improvisado los de la cuarta escuadra, Shinji llegó con Hiyori inconsciente y rápidamente Unohana se encargó de ella, era obvio que no había tiempo que perder. Al verla atendida, Hirako suprimió todo sentimiento, el deber llamaba, y confiando en la mujer que una vez ya le había salvado la vida a su novia, y también en la rubia capitana, que no se rendiría por nada de seguro quería vivir para golpearlo; volvió a su tarea principal. Encontrar a la chica que tenía de teniente.

Renji, que ya había despertado, se encontró con la imagen de la capitana del tres media muerta, cosa que le sorprendió. Miró a su lado para encontrarse con la de cabellos negros pero ella no estaba allí…no estaba. De golpe el pelirrojo se sentó en su cama y se quitó el respirador ¡Esa loca kamicase se había ido nuevamente a la pelea! Gritó al ver como la sangre salpicaba y algunas enfermeras se le acercaron, el mandril había abierto sus puntos.

Equivocado no estaba, pero eso no lo sabía cierto chico de nombre fresa, que peleaba con Grimmejow y los hollow, aunque ambos hacían lo último era por diferente motivo. Ichigo porque sino se lo comían vivo, y Grimmejow porque simplemente estaba harto de ver tanto hueco rodando por ahí. Pero algo llamó la atención del pantera, si él moría le dejaría al Kurosaki algo para recordarlo. Los ojos celestes se dirigieron a la shinigami que pegaba un salto para ayudar a su novio, ignorando que ella corría sumo peligro al ser el cebo del espada.

El pantera ordenó a los hollow rodear a Ichigo, obedientes ellos lo hicieron, el de cabello naranja detectó la presencia de la chica pero no pudo ir hasta ella cuando ya tenía a muchos huecos encima. Sus ojos mostraron pánico al verla frenar las garras de Grimmejow y que luego este la atravesara desde el hombro hasta su pecho.

— ¡Rukia!— gritó llevando su reatsu al máximo — ¡Getsuga Tensho!— con eso logró liberarse de los hollow y el cuarto espada vio su muerte ir hacia él, pero como había supuesto, no moriría solo. Sin previo aviso tomó a la Kuchiki y la sostuvo esperando el golpe. Ichigo sintió su corazón detenerse y el ruido de la lluvia solo se escuchó en su cabeza cuando vio a la fuerte shinigami que una vez conoció desaparecer tras su golpe.

No se movía, no podía hacerlo, sus ojos estaban desorbitados y perdidos en el lugar donde ella, ella había…un golpe a su cabeza lo despertó de la trágica muerte de su corazón —Rukia— dijo casi en un susurro al voltearse ¿cómo podía ser si acababa de verla morir? La abrazó, como aquella vez cuando había conseguido separarla de Homura y Shizukko. Pero esto era totalmente diferente, porque en tan solo un momento todo su mundo se vino abajo y ahora había regresado de las penumbras. La Kuchiki golpeó con pequeñas palmaditas su espalda, a modo de consuelo, si no hubiera sido por la ayuda externa habría muerto en verdad.

—Gracias, le debo mi vida capitán Hitsugaya— dijo Rukia separándose de Ichigo y volteando a ver al joven prodigio.

El de orbes miel hizo lo mismo que su novia — ¡Toushiro!— dijo sonriente —Nunca me alegró tanto verte— aseguró aliviado.

Se estaba a punto de lanzar en contra de ese maldito que una vez la medio mató, y ahora estaba destruyendo todo el lugar; cuando alguien la paró. Se giró sorprendida, ya que no sentía ningún reatsu cerca, encontrándose con nada más y nada menos que el desaparecido Hitsugaya.

Capitán…

Sólo Hitsugaya— aclaró señalando que no tenía su haori, y para como fueron las cosas, tal vez nunca más lo tendría —Teniente Kuchiki, necesito su ayuda.

La chica aceptó, aunque él dijera "Sólo Hitsugaya" para ella, él siempre sería un capitán, el plan fue acorde lo planeado, la copia de Toushiro, ahora transformada en Rukia, se alzó en los aires impulsivamente, atacando a Grimmejow, quien en un claro intento de quitarle algo a Ichigo, la mató junto con él.

Después de asegurarse de que el pantera estaba muerto, Toushiro dejó ir a la Kuchiki junto con Ichigo que le recordó a él cuando vio que apuñalaba a Hinamori, pero ambos portadores de zampakuto de hielo sabían que la ira del chico hubiese ayudado a matar al pantera si llegaba a sobrevivir a ese ataque que había dividido el Seretei en dos, con muchos metros de profundidad.

—Eres una maldita enana desconsiderada— dijo Ichigo soltándola fingiendo molestia.

—Vamos, Ichigo— dijo la morena ignorándolo y viendo a su compañero asentir, para ambos adentrarse a la pelea. Ichigo miró con intriga hacia donde Hitsugaya estaba antes, el joven de cabellos blancos tenía la mirada perdida, preocupada, con culpa y tristeza, ahora no era momento para preocuparse por ello. Y eso hasta el albino lo sabía, que había hecho acto de presencia y luego despareció de la vista de ellos.

Toushiro se dirigió seguro contra el espada número cero, ya que parecía el que estaba causando más daño. Kuchiki ya había caído y Kempachi a duras penas se mantenía en pie. Nada de eso, podría importarle tan poco. Todo era como simplemente algo, esto no tenía comparación con lo que sucedía en su interior ¿Y si Hinamori moría, de qué servía estar ayudando a limpiar el Seretei? Si ella moría él también quería hacerlo, para que ambos reencarnaran juntos en un lugar donde pudieran vivir en paz, amándola sin restricciones.

Hinamori estaba cada vez peor, en su mundo interno, con Tobiume en mano y sumamente lastimada peleaba contra un hollow que era dos metros más grande que ella y para colmo con más reatsu, entre más ella se cansaba ese hueco se hacía más poderoso, pero un susurro la alentó a seguir, no se rendiría, aunque sólo le quedase una gota de sangre en el cuerpo, ella no moriría.

"Momo, te amo…no mueras" Esas simples palabras, esa especie de orden que él le dio, era todo lo que necesitaba para seguir hasta el final. Porque el único motivo que siempre tuvo para vivir, después de lo de Aizen, había sido él, cuando pensó en que lo había perdido, todo perdió sentido, pero ahora él la estaba apoyando, ahora él la amaba.

Hitsugaya se sumó a la pelea, todos los capitanes en pie, Ukitake, Shunsui, Ichigo, Zaraki, Ichimaru y él, junto con el comandante, intentaban acabar con esos dos espadas que ya habían destruido casi todo el Seretei y a los que lo habitaban.

Una shinigami hacía zigzag entre los escombros y los cuerpos de los segadores, su respiración agitada daba a entender que llevaba largo rato haciéndolo.

Tres eternas horas se hicieron presentes, algunos de los capitanes ya habían caído, menos tres y el comandante. Hitsugaya golpeó con fuerza al espada para captar su atención, mientras Gin intentaba llegar al punto débil de este pero "el sin cerebro" no era nada tonto, por lo que se defendía bien. La última flor del bankai de Hitsugaya se rompió en mil pedazos cosa que hizo al grandote sonreír, y arremeter contra él.

—Arde ¡Tobiume!— un grito en su espalda y una bola de fuego pasó rozando su cuerpo. Ese poder…sin creerlo encontró a la chica durazno enfrente suyo, junto a Shinji y Matsumoto.

—Hinamori…

Hanataro, con sus guantes puestos y un gran número de utensilios a su lado miraba la forma de extirpar al pequeño invasor, hasta que una idea saltó a su mente, una que le hizo querer golpearse ¡Era obvio!. Ese hueco no soportaría mucho reatsu, es por eso que los carcelarios cargaban con mucho ¿pero cómo darle más reatsu que el de la teniente?

La barrera que Toushiro había puesto para protegerlos se rompió a sus espaldas, haciéndolo temblar, giró su cabeza dudoso de lo que se encontraría y gritó al escuchar a alguien hablar a su lado.

¿Está grave?— Shinji había encontrado ese lugar de suerte, no entendía porque los hollow se reunían en ese lugar y gracias al cielo siguió su instinto hasta ese lugar.

Capitán Hirako, necesito que le de su reatsu a la teniente Hinamori— pidió haciendo una reverencia en el suelo. El rubio lo miró intrigado ¿Qué?

Al final, lograron salvarla de una manera algo extraña, claro que para Toushiro sería una asombrosa mentira porque sino de seguro mataría a Hanataro por no habérselo dicho a él. Hinamori intentó detener el gran manotazo el que espada había dado, ella había visto como el último pétalo de las flores de loto de su Shiro había desaparecido, y por nada del mundo permitiría que él volviese a ser lastimado.

Pero enfrente suyo el de cabellos blancos frenó al espada con una sola mano, dejando a más de uno sorprendido. —Hinamori ¿Qué crees que estuve haciendo en estos últimos cinco años?— preguntó volteándose, mostrándole la forma completa de su bankai.

Hitsugaya tenía sus alas más grandes, sus brazos y piernas cubiertas de hielo formando cuatro garras y las flores eran historia, la única diferencia era que en su rostro llevaba la misma cicatriz que su zampakuto, una X de hielo. Los ojos de la durazno quedaron perdidos en él ¿había logrado perfeccionar su bankai?

Cuando el amanecer se hizo presente, las cenizas y los escombros era lo único presente. El comandante e Ichigo habían vencido a Ulquiorra y, Toushiro, Shinji y Gin había logrado acabar con Yammi. Ahora sólo quedaba los restos del pasado, esparcidos como destrucción.

Continuará…

Quien termina de leer el cap. Vaya para abajo y clickee en review! XD

Perdón por el final, lo hice rápido, en el próx. Cap se termina todo y bueno, espero que les haya gustado.

¿Qué tal quedó?

El próximo cap. Se termina el fic D: … jeje pero bueno todo lo que empieza "termina" xDD

Nos leemos pronto y no se olviden de comentar n.n

¡Ja-ne!