¡Estoy viva!
Por si alguien dudaba eso, lo aclaro. XDD ¿qué tal? ¿Qué me cuentan? ¡Gracias a los nuevos seguidores, suscriptores y reviews!
Agradecimientos: Frederic-125 S (que chico de pocas palabras jajaja te quiero, seguí dejándome review o vas a ver 3.3 XDDD), 154 (¡perdón por tardar tanto en actualizar! Espero que este cap sea de tu agrado), irina-chan (Bienvenida al mundo de las historias de Any-chan15, hay galletitas y caramelos…ok, no xDDD gracias por leerme, aunque este fic termine hay más, si te gustó cómo escribo te invito a leer mis otras historias :3) y maimireles (también, perdón por la tardanza y por dejarte en duda e.e me gusta hacer eso, soy una persona cruel :B XDDD).
Disclaimer: Bleach y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo. La trama es de mi propiedad.
Las penumbras del corazón
Capítulo 9: El rocío de la mañana
La lluvia había lavado todo el Seretei, era increíble el daño que este había sufrido y sin embargo no se podía comparar con las vidas que fueron perdidas o los innumerables segadores que se encontraban en el improvisado cuarto escuadrón. Los shinigamis que tenían menos heridas habían sido los designados a reorganizar y rearmar el Gotei trece, junto a los tenientes y algunos capitanes que los guiaban, no podían perder tiempo en lamentaciones.
En un lugar un poco alejado y cerrado, con algunos daños, pero aun así no tantos como los demás edificios, las palabras golpeaban contra las paredes haciendo eco. En ese lugar, conocido como la cámara cuarenta y seis, los sabios y jueces estaban indignados con el comportamiento de los capitanes del cinco, nueve y diez, que se negaban a salir para que ellos decidieran el futuro de los dos "conspiradores".
—Vamos, oblíguenme— amenazó Hitsugaya mirando desafiante a los guardias, Hinamori estaba detrás de él e intentaba calmarlo pero Toushiro no tenía ni la mínima intención de dejarla allí.
—Hitsugaya Toushiro, aún no sabemos si está o no de nuestro lado, si lo está cumpla con las reglas y retírese— habló el juez principal, encargado de transmitir los veredictos.
Hizo caso omiso a las palabras y sus ojos turquesa se dedicaron a asesinar a todos, ninguno se acercaba y algunos hasta le esquivaban la vista. De repente, sus brazos fueron capturados por los capitanes de la octava y treceava escuadra, que entraron junto al comandante. A ciencia cierta sabían que no los lastimaría, si se quejaría, como lo estaba haciendo en ese momento, pero al menos esos capitanes no lo alejaron de la chica, sino sería peor que un niño que le quitan su golosina favorita de sus manos.
—Supongo que tienen razón, sin embargo no creo que sea conveniente que se queden ellos solos— habló Ichigo rascándose su cabeza con nerviosismo al ver como todo se estaba complicando.
—No estarán solos, los capitanes de sus divisiones deben quedarse, en este caso sólo el capitán Hirako porque Hinamori Momo es su teniente, pero Ichimaru Gin ya está grande y él sí es un traidor.
—Si eso creen entonces su veredicto ya está influenciado, es mi deber quedarme— habló imponente el comandante haciendo una seña con su mano para que se llevaran a Hitsugaya, e Ichigo saliera por su cuenta del lugar.
—Estaré bien— Hinamori intentó consolarlo, podía ver que sus ojos reflejaban impotencia, pero ella no quería preocuparlo, ya no más. Ya no quería ser la chica frágil y débil a quien debía proteger, no, desde ahora ella pelearía con todas sus fuerzas y le demostraría a su Shiro, y a todos los demás, que ella era fuerte.
Dejó que se lo llevasen. Él quería protegerla y lo haría, si Aizen había podido destruir la cámara cuarenta y seis entonces él también, por ella haría cualquier cosa. Destruiría todo el Seretei con tal de que ella estuviera bien, a su lado y feliz. A pesar de esto, la determinación en los orbes chocolate lo paralizó, por ese momento y por siempre confiaría en ella. Si decía que iba a estar todo bien, le creía.
El ex niño prodigio miraba fastidiado el accionar de su teniente, él también estaba nervioso pero al parecer ella más. Desde hacía una hora que se encontraban solos esperando para saber la decisión de la cámara, y en toda esa hora la mujer de pronunciada delantera no había hecho nada más que caminar de un lado a otro, revolverse el cabello, apoyarse contra la pared, sentarse en el suelo, levantarse, mirar hacia todos lados, golpear la puerta del lugar y seguir caminando en círculos, para repetir toda la rutina nuevamente.
— ¿Quieres parar de una vez?— dijo cruzado de brazos, apoyado en una pared y con una venita marcada en su cien.
—Pero capitán Gin está ahí dentro, él…él está vivo y me lo quieren quitar… ¡Usted también debería estar como yo ¿Qué no le importa siquiera un poco Momo?!— preguntó alterada desviando el tema y comenzando a hacer algo que nunca pensó, comerse las uñas.
Toushiro suspiró cansado, lo último que le faltaba, se acercó a ella y le quitó la mano de la boca. —Claro que estoy preocupado, pero confío en ella, sé que estará bien— dijo clavando su mirada en la puerta, tratando de penetrarla con sus potentes ojos turquesa.
—O…
—Destruiré todo el Seretei y me la llevaré muy lejos— dijo sereno dándose la vuelta para tomar nuevamente su lugar en la pared. Rangiku rió bajo agachando su mirada, cosa que le extrañó al chico que interrumpió su camino y se volteó hacia ella.
—Quisiera ser tan fuerte como usted— confesó sintiendo una lágrima rodar por su mejilla, nunca quiso llorar enfrente de su capitán, enfrente de nadie, quería ser conocida como una persona alegre y positiva. Sin embargo ahora, estaba ahí llorando enfrente de su superior, el cual esperó paciente hasta que ella se dignara a continuar. —Si yo fuera fuerte podría hacer lo mismo por Gin— dijo con voz neutra intentando reprimir inútilmente sus lágrimas.
—Idiota, tú eres fuerte, no como un capitán, pero eres fuerte y muy astuta. Se te ocurrirá algo, y con eso ayudarás a Ichimaru, además él es suficientemente fuerte para cuidarse y cuidarte…—no pudo continuar con su épico discursito porque de un momento a otro tenía a la rubia encima suyo — ¡Matsumoto quítate!— ordenó molesto empujando su cabeza pero se detuvo al sentir que ella estaba llorando. Con algo de duda le dio un par de palmaditas en la espalda, haciendo que ella rompiera en llanto y se abrazara fuertemente a él.
Después de un rato, la de orbes celestes ya había vuelto a la normalidad, con su radiante aspecto, fingiendo que nada había pasado. El prodigio la miraba reprobatoriamente, odiaba tener que consolar a los demás, sólo podía hacerlo bien con Hinamori pero ya qué, Matsumoto siempre había sido como una hermana para él y no podía abandonarla en ese momento. Ya usaría eso para chantajearle con el papeleo…a quién engañaba, si él mismo había admitido que ella era demasiado astuta y de seguro se zafaba.
Las puertas se abrieron, haciendo que ambos se parasen del lugar donde estaban sentados, empuñaron sus manos intentando pensar en positivo, en que todo estaría bien y que por esa puerta la persona a la que amaban más que a nada volvería a ellos.
x-x-x-x-x
Escuchaba unos débiles susurros, y su mano era atajada por alguien, una presencia conocida. Frunció su ceño molesta ¿acaso no la podían dejar dormir tranquila? Al comenzar a abrir sus ojos, se encontró con un techo blanco, esa no era su división. Ese pensamiento inundó su mente y a su mente llegaron los ruidos de la guerra y diversas imágenes, sólo una pregunta invadía su mente ¿Cómo seguía viva? Ignorando eso volteó para encontrar al responsable de que su mano no estuviera junto a su cuerpo, encontrándose con su mejor amiga, llorando y ¿rezando?
—Dios está ocupado para escuchar tus lloriqueos— habló secamente, su garganta le estaba matando. Observó como la chica durazno elevó su rostro y sonrió ampliamente para luego abrazarla. Ella no entendía nada, y ahora que veía en el lugar también se encontraban Hirako y Hitsugaya durmiendo cada uno en una silla.
Toushiro tenía su cabeza gacha y su típico ceño fruncido, mientras que sus brazos estaban cruzados, ya le dolería el cuello por estar en aquella posición. Por otro lado, Shinji parecía no importarle dónde y cómo dormía, su cabeza estaba tirada hacia atrás y su boca más abierta que de costumbre, sus brazos estaban a cada costado de su cuerpo, colgando, y sus piernas estaban extendidas cuán largas eran. Que divertido era para Hiyori pensar en meterle unas cuantas patadas en su virilidad.
Pero toda esa imagen se vio interrumpida, Hitsugaya dio un pequeño salto en su silla para luego mirar con una gota de sudor como Shinji caí al suelo, todo esto debido a que despertaron de golpe al escuchar el grito de Hinamori, que estaba contenta de ver a su amiga despierta. Momo la abrazaba aún con lágrimas en los ojos, y no era para menos, la Sarugaki llevaba tres días inconsciente.
—Hiri, creí…creí que no despertarías— dijo Hinamori secándose sus lágrimas rápidamente, sabía que si no lo hacía podría sufrir las consecuencias. Hiyori ya se lo había advertido, el que llora sufre…sufrimiento causado por su cortesía.
Ambos capitanes se acercaron a la cama de la rubia, Toushiro le sonrió de medio lado, le debía mucho a esa muy, muy agresiva y temperamental chica, después de todo había cuidado un buen tiempo a la melocotón. Hiyori por su parte le sacó la lengua, en clara señal de provocación.
—Mejor dejémoslos solos Momo— dijo el de cabellos blancos con una venita marcada en su cien y un tic en el ojo, tomando a su novia por los hombros y sacándola del lugar, ella no se negó después de todo sabía que él tenía razón. Aunque Toushiro no lo dijo por querer que la pareja hable, sino porque si seguía allí seguramente la rubia lo sacaría de quicio.
Hitsugaya se masajeaba el cuello adolorido, el dormir en una silla toda la noche no le fue cómodo, pero todo valía por esa chica que ahora iba prendida de su brazo. Sonrió al verla feliz ¿Y qué si todos sabían de su relación? si querían destruirla les deseaba suerte porque de seguro él los mataría lenta y dolorosamente; si querían ponerle trabas, como rumores de engaños, no funcionaría porque ellos confiaban plenamente en el otro, y no era para menos, ya habían vivido mucho juntos, aunque no estaba demás "enojarse" por alguna que otra cosa.
— ¿En qué piensas Shiro?—preguntó la chica melocotón sacándolo de sus pensamientos y observándolo tiernamente, parecía enfadarse con el aire.
El de orbes turquesa relajó su ceño y luego la miró, se veía hermosa, como siempre —En ti— dijo divertido, haciéndola sonrojar y a la vez inflar sus cachetes infantilmente.
— ¿Y por qué piensas en mí con esa cara?
—Porque es mi cara, no tengo otra— aclaró frunciendo su ceño levemente, eso la hizo reír, ella a veces le peleaba infantilmente y él le contestaba calmadamente con una respuesta más que obvia. Toushiro no solía perder la paciencia con ella y cuando lo hacía ella se divertía más y luego lo calmaba, paro de reír y le dio un beso en la mejilla.
Hitsugaya se detuvo, el besarlo en la mejilla había quedado en su infancia, ahora eran grandes y sus besos debían ser más…profundos para su gusto, por lo que miró para ambos lados y al comprobar que no había nadie presente la tomó de la cintura y la pegó a él, devorando sus labios a mitad del cuarto escuadrón; cuando ella estaba cerca y más cuando la besaba no le importaba un comino dónde o cerca de quién estuvieran pero ella siempre se ponía vergonzosa luego de eso y le reprochaba su actitud, por lo que era mejor revisar antes. El beso pasó de ser dulce y suave a ser salvaje y pasional, el aire les faltaba pero ninguno quería detenerse, las sensaciones que los recorrían solo habían aparecido en sus sueños y de forma minúscula a lo que experimentaban en ese momento; al no poder más, Hinamori rompió el beso y pegó sus frentes, notando que él también tenía su respiración agitada.
—Te amo Hitsugaya Toushiro— susurró con el poco aliento que le quedaba y le regaló una sonrisa cargada de todo el amor que podía sentir, esas dos palabras: te amo, no eran suficientes para expresar todo lo que sentía, ni se acercaba, pero era algo que quería recalcar, ella lo amaba y ese amor era correspondido cosa que lo hacía más feliz. Tal vez se había quedado muy ida en sus pensamientos porque para cuando quiso darse cuenta el capitán había tomado su rostro entre sus manos y la volvía a besar.
—Yo también te amo Hinamori Momo—dijo sin pena al separarse, él la amaba, era raro que lo pudiera decir tan abiertamente pero con ella a su lado todo su mundo era diferente. Vio como ella sonreía, le encantaba verla así, en sus brazos, feliz y sonriente. Su amor por ella no podía reducirse a esas dos vanas palabras pero le gustaba ver como brillaban los orbes chocolate luego de que se las dijera.
Desde una esquina Retsu observaba con una sonrisa todo lo acontecido, cuánto tiempo y cuántas cosas habían tenido que pasar esos dos para poder decir aquellas palabras, para poder estar de aquella forma. —Capitana Unohana ¿quiere que les diga que están obstaculizando el pasillo?— preguntó tímidamente Isane a espaldas de la mujer de larga trenza, quien negó al ver como Toushiro le susurraba cosas a la teniente, al parecer el capitán más frío del Seretei tenía su lado romántico oculto. Por lo que simplemente se volteó para volver a sus labores y dio la orden de no molestar a la pareja. Se merecían ese momento.
En la habitación que Hitsugaya y Hinamori habían abandonado hacía un rato aún se encontraban dos personas, ninguno hablaba y sus rostros estaban "serios". Ella lo culpaba por no haber estado cuando lo necesitó y él se culpaba por no haber estado cuando ella lo necesitó. En resumen, estaban callados pensando en lo mismo. Tras largos minutos de estar separados en medio de esa aura tensa, alguno de los dos debía rendirse…
— ¡Al demonio!— Shinji se paró de un salto de su silla y con un veloz movimiento tomó el rostro de la Sarugaki y le plantó un beso, sus labios se armonizaron en una lenta y placentera danza, eso enmendaría los futuros golpes de la rubia. Subió una rodilla a la cama para tener mejor posición ya que Hiyori le tironeaba la ropa para acercarlo a ella y así profundizar el beso.
Al separarse pudo notar como esta sonreía socarronamente ¿acaso se estaba burlando? También le sonrió, la rubia le quería recriminar pero al parecer ya sentía la suficiente culpa y aunque no lo admitiera, con ese beso le había robado toda su molestia. No le guardaba rencor, después de todo ella había sido la que le había pedido que la dejase, asegurando que podía cuidarse sola. Pero ese…no era su estilo, calmada y tierna se lo dejaba a Hinamori, se levantó y rodeó el cuello de su novio con sus brazos, Shinji vio como los orbes castaños brillaban ¿lo iba a besar o…? su respuesta fue contestada, para su mala suerte, con un aturdidor golpe contra su frente.
— ¡Maldito idiota, pude morir y tú lejos haciendo quién sabe qué!— le retó falsamente la rubia intentando sonar enfadada.
— ¡Tú eres la que no se puede quedar ni un minuto sola!
—Habló el fuerte, de seguro estabas escondiéndote debajo de algún escritorio ¿Me equivoco?
—Maldita perra.
—Maldito intento de persona.
—Es suficiente— dijo Shinji atrayéndola a él.
—Concuerdo— pronunció la rubia antes de unir nuevamente sus labios con los de Hirako. Ahora sí usó sus brazos para rodear el cuello de Shinji sin ninguna intención de golpearlo. Le encantaba hacerlo pero ahora eso sobraba —Si tú no quieres no declararé a favor de Ichimaru— dijo algo apenada desviando su mirada después de separarse, ya que el destino de ese hombre le era algo que le iba y le venía.
—No, debes testificar a su favor, ahora está encarcelado y sólo tu palabra puede… ¡Maldita loca, demente, desquiciada ¿por qué me golpeas?!— gritó lo último soltándose del agarre de la de orbes castaños que primero lo besaba y después lo golpeaba.
— ¡Por una vez apoya mi maldita decisión, mentecato!
Y así comenzó otra pelea, algunos no los entendía. Sí, estaba el dicho "los que se pelean se aman" ¿pero era para tanto? Claro que sí, para el amor no existen dichos. Los golpes, besos, gritos y risas pararon cuando por la puerta la teniente de la décima se hizo presente, con la mirada gacha y las manos juntas enfrente de sí. Los rostros de ambos cambiaron a uno serio mientras Hiyori soltaba los pelos de Hirako y él dejaba de tironearle la pierna derecha y el brazo izquierdo.
—Las dejaré solas— dijo Shinji levantándose y dándole un beso en la frente a Hiyori, cubriéndose rápidamente con sus brazos haciendo una X con ellos, pero el golpe nunca llegó y vio extrañado como la rubia miraba a la teniente muy seriamente, él hizo lo mismo y luego del golpe de Hiyori, que ahora sí no esperaba, se retiró del lugar sangrando por la nariz.
—Capitana Sarugaki…
Las puertas se abrieron dejando ver primeramente al comandante y al capitán del cinco, detrás de ellos la chica durazno apareció y se tiró en los brazos del capitán del diez quién la atajó, fundiéndose ambos en un beso. Estaba feliz de verla, ella había tenido razón, todo estaría bien. Se separaron y Toushiro la abrazó protectoramente, pegándola a él y respirando aliviado el aroma a melocotón que su cabello emanaba. Se giró para ver a su teniente que miraba con tristeza para el interior del lugar mientras la puerta comenzaba a cerrarse, Hitsugaya miró para todos lados intentando encontrar al ex capitán del tres…sin resultado alguno.
—Hinamori— la llamó buscando una explicación y notó como ella miraba tristemente a su ex mejor amiga, se sentía mal por ella pero no habían podido hacer nada.
Los jueces y sabios ya habían dado su opinión con respecto a Ichimaru, sólo Hiyori podía librarlo y ahora ella estaba inconsciente. Toushiro escuchó atentamente las palabras de la durazno para luego separarla y tomar su mano, así ambos se acercaron a la rubia teniente.
—Rangiku…Hiri seguramente lo sacará, ella no es mala como dicen, tiene un buen corazón. Ya lo verás, cuando despierte, Ichimaru será libre— dijo sonriéndole con confianza, la teniente de la diez miró a la parejita, envidiándolos en secreto y sin decir ni una palabra, se retiró del lugar.
—…por favor, ayude a Gin— dijo derramando un par de lágrimas mientras hacía una reverencia ante ella.
La rubia la miró atenta, ella aún no sabía que ese hombre había sido quien la salvó y ese dato también era desconocido por Matsumoto; Hiyori bufó sonoramente haciendo que la voluptuosa mujer levantara la mirada, encontrándose con la imagen de la chica tapándose con la clara intención de volver a dormir. No podía hacer más, su capitán se equivocó ella no era tan astuta como para ayudar a Gin, su amiga se equivocó Sarugaki no tenía buen corazón, era una…
—Déjalo en paz un rato y a mí también, pechugona sin cerebro, encima molesta…lo sacaré en cuanto despierte.
Los ojos celestes se abrieron desmesuradamente mirando impactados a Hiyori mientras las lágrimas salían de ellos rodando vagamente por sus mejillas. Pronto estas se extinguieron y una sonrisa iluminó su rostro, la gratitud era lo único que quería expresarle pero ya había sido aconsejada por Hinamori, si la capitana decía algo era mejor seguirlo al pie de la letra o sino la haría rabiar, y no quería verla así. Hizo una reverencia y se retiró del lugar susurrando un débil "gracias" para luego ver como una almohada golpeaba justo al lado sí, se levantó bruscamente y miró como la predicción de su amiga acertaba por lo que salió volando de allí.
Una vez fuera, buscó en todas direcciones ¡Era increíble que no hubiera ni una sola alma para abrazar! Por lo que fue corriendo a la novena división, a contarle a su mejor amiga lo que había sucedido. Sin contar que las instalaciones a las que se dirigía, o al menos quería llegar, todo era escombros.
Prácticamente la división nueve no existía.
—Lleven eso allá…no, allá no, el otro allá. Ah miren mejor vuelvan a donde estaban y…
—Capitán ¿quiere que yo los guíe?— preguntó Hisagui con una gotita de sudor en su nuca al ver que el ex shinigami sustituto no tenía ni idea de cómo reparar su nueva oficina.
Ichigo dio el sí automáticamente, no se avergonzaba de no ser un buen arquitecto puesto que era mejor en otros campos. Se rascó su cabeza mirando lo bien que sus subordinados trabajaban al mando de su teniente, tal vez no estaría demás aprender aquello también, sus pensamientos fueron interrumpidos al presentir y por suerte esquivar una piedra que iba dirigida a toda velocidad hacia su cabeza. Buscó con la mirada a la seguramente responsable, y en lo alto de una pila de escombros se encontró con la imagen de Rukia, quien sonreía divertida con una piedra lista en la mano.
—No te atrevas— amenazó señalándola mientras se agachaba y levantaba un improvisado proyectil.
— Oh, no…Kurosaki intenta lastimarme, auxilio, ¡auxilio!— dijo la Kuchiki haciendo su rutina de niña buena, mezclada de la voz melosa que tanto le fastidiaba al de cabellos naranja.
Ichigo lanzó la piedra en mano para hacerla callar y ella sonrió socarronamente, había caído en su juego. Ambos comenzaron a correrse por esa instalación dándole piedrazos a algunos shinigamis y dejándolos inconscientes en el acto, más no a ellos porque eran muy buenos esquivándolos. Hisagui, al recibir un golpe de aquel duro material, se giró para encontrarse con su capitán y la teniente del trece lanzándose dichas cosas, una gotita de sudor apareció en su cabeza nuevamente ¿debía informarles que esas no eran bolas de nieve? Al verlos alejarse, comenzó a perseguirlos pero al dar vuelta una esquina recibió un muy fuerte piedrazo por parte de su capitán, quedando inconsciente y siendo ignorado por esos dos que ni notaron lo que habían hecho.
Hisagui sintió como alguien lo pisó enterrando su cabeza en la tierra, seguramente la Kuchiki ya que era la que tenía más cerca, y unas cascadas se formaron en sus ojos, nunca debió haberse metido en los juegos de aquella pareja.
Ambos shinigamis siguieron corriendo lanzándose piedras y riendo por aquello, provocándose desde lejos, hasta que Ichigo rodeó a Rukia, llevándola a un callejón sin salida. El Kurosaki sonrió triunfante pero no contó con que la de cabellos negros se lanzara sobre él, dejándolo tendido en el suelo con ella sentada sobre su regazo.
—Per-dis-te— dijo agachándose y besándolo dulcemente hasta que vio como él soltaba la piedra, entonces se separó.
El de cabellos naranja se paró junto con ella e intentó seguir con aquel contacto pero ella se lo impidió, alegando que nadie besaría a un perdedor…más de dos veces. El capitán frunció más su ceño y la volteó bruscamente, Rukia se quedó dura ante su comportamiento, sobretodo por su mirada profunda clavada en ella. Ichigo, sin romper el contacto visual, levantó la piedra, que antes le pertenecía y golpeó suavemente la frente de la morena.
—Gané— dijo agachándose hasta capturar sus labios, la elevó para no tener que agacharse mientras ella enredaba sus piernas en la cintura varonil para no caer. La besó bruscamente, subiendo de tono a cada momento. Era una danza apacible dentro de sus bocas, donde sus lenguas batallaban por quién era el mejor. Al perder el aire se separaron perdiéndose en la mirada del otro.
El romántico momento, que sólo se consideraba así entre ellos dos ya que ¿quién más se besaría después de una guerra de piedras?, se vio interrumpido cuando sintieron que el reatsu de una persona muy conocida se acercaba, por lo que Ichigo la bajó "con cuidado", entiéndase que la soltó y esta calló de lleno al suelo, para luego estabilizarla y tomar su mano.
Byakuya apareció por la entrada del callejón mirando neutralmente la situación, primero miró a Rukia, quien ya había hablado con él sobre su relación con Ichigo así que mucho no la sorprendía demostrando su afecto ante todos los shinigamis que pasaban por al lado de aquel deteriorado lugar, y después miró al de cabellos naranja que lo miraba con su típico ceño fruncido y su mirada segura. Estaba ahí con la sola intención de avisarles que todo su jueguito había desordenado el noveno, octavo, séptimo y sexto escuadrón pero fue interrumpido por el que justamente jamás esperó, entiéndase la ironía.
—La amo, no me importa lo que tengas que decir, la amo y punto. Y si llegas a querer interferir…— cortó su habla al sentir un codazo en sus costillas y recibir la mirada asesina de ambos Kuchiki.
—Kurosaki, no me gusta en lo más mínimo que salgas con mi hermana— aclaró recibiendo una mirada confusa de Rukia y una de molestia por parte de Ichigo —Pero en esto no tengo voz ni voto. Dejen de desordenar todo— dijo antes de retomar su paso, la mirada de su hermana brillaba y el ex shinigami sustituto le sonrió ínfimamente, ambos jóvenes estaban por retirarse también cuando el paso del noble se detuvo.
—Te espero para hablar en mi oficina al finalizar las horas de oficina— el noble retomó su marcha sin voltear a ver a los shinigamis que dejaba atrás. Una muy emocionada Rukia tenía sus ojos brillantes y con pequeñas lágrimas, su hermano era un hombre grandioso ¡Había aceptado su relación con ese humano al que creía fastidioso e inmaduro sólo porque ella lo amaba!
Por su parte Ichigo tragó grueso ¿Una charla con el cabeza de familia Kuchiki? Eso definitivamente sería muy incómodo, iba a rechistar y quejarse pero la sonrisa de la menor Kuchiki le robó las palabras. Suspiró con molestia y frunció levemente su ceño ¿qué tan larga podía ser la charla que Byakuya le diera? Total, más vergonzosa y/o estresante que la que le había dado su padre no podía ser.
—Ichigo vamos, debemos terminar de reparar tu escuadrón para que puedas hablar con mi hermano— dijo Rukia comenzando a caminar en dirección a la escuadra del chico de cabellos naranjas, que sólo bufo por lo bajo y la siguió, él prefería seguir con lo que hacían que volver a su escuadrón.
En las únicas instalaciones que aún continuaban destruidas, una despampanante mujer se paseaba por lo que simulaban ser las habitaciones del escuadrón nueve. Buscaba con la mirada a su amiga de cabello y ojos negros ¡pero nada! Era algo frustrante, ella quería contárselo a alguien. Sus ojos brillaron al momento de encontrar a ese alguien que recibiría la noticia y corrió hasta colgarse de su cuello.
— ¡Shuhei!— gritó emocionada al lado del oído del shinigami que quedó medio aturdido.
—Rangiku ¿quieres dejarme sordo?— preguntó burlesco mientras se estabilizaba, hacía rato que su amiga no se veía tan feliz…hacía — ¿El capitán Ichimaru ya salió?
— ¿Ah? ¿crees que estaría aquí si fuera así?— preguntó alzando una ceja y soltándolo.
Touché, ella estaba en lo correcto había sido una pregunta algo tonta y el del tatuaje sesenta y nueve calló, esperando a que ella prosiguiera pero la rubia estaba cruzada de brazos corriéndole la cara, haciéndose la ofendida. Hisagui suspiró cansado ¡que le costaba contarle y ya!
— ¿Rangiku?...Rangiku…Ran, vamos cuéntame— la animó sonriéndole y viendo como ella volteaba para imitarlo.
— ¡Saldrá en cuanto la capitana Sarugaki despierte!— gritó entusiasmada volviendo a saltar sobre su compañero de parranda que la sostuvo por la cintura para que no callera, en parte estaba feliz por ella, en otra estaba triste. Él muchas veces creyó que la amaba, pero ella ya tenía un amor, luego creyó que sólo era demasiado cariño por pasar mucho tiempo con ella y ahora definitivamente estaba confundido con sus sentimientos pero qué más daba, si ella jamás se fijaría en él.
—Ah, si sigo así quedaré como Kira.
— ¿Eh?— el momento quedó perdido y la rubia lo separó mirándola extrañada ¿qué había dicho?
—Que si quieres tomar algo junto con Kira—corrigió más rojo que un semáforo, vio como la chica asentía y se lo llevaba a rastras de ese lugar. Bien, ahora su capitán lo mataría por irse.
x-x-x-x-x
Ya era de tarde, para algunos el día había pasado muy rápido, para otros ese día resultó el más largo, todo siempre depende de lo que hicieras. En la décima división una joven de ojos chocolate respiraba por la ventana la fresca ventisca, mientras miraba el atardecer. Esos eran los últimos días de invierno, por suerte las lluvias ya habían cesado y los días eran tranquilos, y los atardeceres simplemente hermosos.
—Shiro si sigues trabajando tanto te estresarás, ven a ver el atardecer conmigo— dijo Hinamori acercándose a él y abrazándolo por detrás, el chico de orbes turquesa sonrió al ver como las manos de su chica tomaban las suyas. Él quería ver el atardecer con ella pero no podía retrasar su papeleo más de lo que ya estaba.
—Te prometo que mañana pasaré todo el día contigo ¿de acuerdo?— dijo tomando una de sus manos para besarla, mientras ella se sonrojaba. Por la mente de la chica durazno jamás le pasó la idea de que su Shiro sería tan atento con ella, creyó que aun siendo su novia él se mostraría frío, sin embargo estaba feliz de haberse equivocado.
—Está bien— la joven sonrió mientras abrazaba el cuello del capitán y apoyaba su cabeza sobre la de él, ya le había ofrecido su ayuda y lo único que había recibido fue un rotundo "no", no importaba cuanto insistiera él siempre le decía que no le cargaría con más trabajo del que Hirako le daba. —Tal vez si te ayudo…
—Hinamori ya te dije que…
Su habla fue cortada cuando la puerta se abrió repentinamente, haciendo que ambos giraran su rostro para ver quién había interrumpido, encontrándose con la última persona que esperaban ver junto con otra persona que jamás se imaginaban que lo estaría acompañando.
—Ichimaru.
— ¿Hiri?
Un tiempo antes de llegar a la escuadra diez, cuando aún el sol se alzaba en lo alto del cielo. Una joven rubia abría sus ojos castaños, se suponía que después de un buen descanso estaría más tranquila pero para ella esos dichos y/o suposiciones no servían, pues al momento de ver a su novio muy sonriente enfrente suyo con un ramo de rosas en sus manos lo único que hizo fue dejarlo K.O. en el suelo.
—Eres muy cursi cuando te lo propones— dijo fastidiada atrapando las flores que habían volado por los aires cuando su portador calló al suelo.
—De nada— fue la irónica respuesta de Shinji que con una de sus manos intentaba detener la hemorragia de su nariz, cortesía de su amada novia.
Se levantó con la intención de golpearla pero la vio muy sonriente oliendo las flores, la imitó y sonrió bajando su mirada. Debía ser muy ingenuo para pensar que ella le diría "Gracias eres el mejor novio del mundo ¡Te amo!" y luego sus pensamientos se distorsionaban a unos no muy sanos. Sin embargo él la amaba así, tal cual era, aunque muchos dijeran que estaba loco teniendo a varias shinigamis en sus manos se fue a elegir a esa golpeadora.
—Te amo— dijo sincero viendo como ella ocultaba su rostro tras su cabello, que ahora estaba suelto, Hirako sonrió al ver como su oreja estaba roja. Si así estaba esa parte ya se imaginaba el porqué se ocultaba de él.
— ¡Idiota!— gritó la chica dándose la vuelta para golpearlo, pero él atrapó su puño y la tironeó hasta capturar sus labios, le encantaba verla así. Sabiendo que sólo él podía lograrlo, ya que era el único temerario que se atrevía.
En unos minutos la capitana del tres salió de su habitación acomodándose su haori, con su rostro tranquilo disimulando bien la gran carcajada que quería largar en ese momento.
— ¿Ya se siente mejor, Capitana Sarugaki?— preguntó Isane al cruzársela en la puerta de su habitación.
—Sí, creo que Shinji se siente mal ¿por qué no lo revisas? Yo debo ir a hacer algo— dijo desapareciendo con shumpo sin dejar que la teniente le conteste.
Isane resopló un está bien y se adentró a la habitación —Capitán Hirako ¿qué es lo que…?— en cuanto la de cabello lila quitó la mirada de los papeles que llevaba en mano, y la elevaba para la cama, todos los informes quedaron desparramados en el suelo.
— ¿Sabías que Hiyori es capaz de cualquier cosa cuando la haces enojar?— dijo un medio avergonzado capitán, atado de pies y manos, desnudo, tendido boca arriba en la cama en la que antes descansaba la muchacha de ojos castaños. A decir verdad Hiyori había sido bastante buena, después de seducirlo secretamente planeando humillarlo como él la había "humillado" a ella, lo había dejado en esa posición pero al menos su virilidad estaba cubierta por la sábana. Isane al segundo desapareció del lugar, haciéndolo suspirar cansado —Gracias— gritó resignado al ver que debería esperar horas para recibir ayuda.
Por su parte, y muy lejos de ahí, su novia reía triunfante. Eso le pasaba por haberla hecho sonrojar, odiaba hacerlo ya que no le gustaba parecer una tonta niña enamoradiza. Sacó de dentro de su haori una rosa roja y la olió profundamente, él nunca sabría que a ella le gustaban esas cosas. O tal vez ya lo sabía y por eso se las compraba, por lo menos jamás se lo recriminó en la cara.
Se detuvo enfrente de una gran puerta, que estaba cerrada y protegida por guardias, que con una simple orden le abrieron la puerta. El camino estaba a penas iluminado, era increíble que esos idiotas estuvieran todo el día dentro, que monótona y aburrida vida abrían de tener, en cuanto llegó al centro de la cámara los que la escoltaban se retiraron.
—Ya saben por qué vine ¿o no?
—Capitana Sarugaki, diríjase con más respeto hacia nosotros, su altivez e inmadurez no será tolerada— habló una voz femenina haciendo que ella mirase por el rabillo de sus ojos hacia el lugar de donde provenía, con tantas personas en ese lugar que resonaba no podía decir a ciencia cierta quién lo había hecho.
—Bien, disculpen— dijo tragándose su orgullo, resoplando bajo prosiguió —Liberen a Ichimaru Gin, no crean que estoy siendo controlada o manipulada por alguien, o que me ofrecieron cosas por decir esto. Si lo creen se equivocan, imbéciles— susurró la última palabra por lo bajo, es que toda esa situación le molestaba ¿por qué ella?
—Está diciendo que no le importa casi haber muerto a manos de este hombre— dijo el juez principal, mientras que por una puerta Gin aparecía portando un hakama blanco y su típica sonrisa, siendo escoltado por varios guardias.
—"ese hakama"— pensó sorprendida, mientras varios recuerdos de la guerra aparecían en su mente —"entonces él…estoy segura que fue él"…claro que estoy segura, porque este hombre ya pagó su deuda conmigo, mientras ustedes estaban escondiéndose aquí, él me salvó de una muerte inminente.
Caminando por las instalaciones del onceavo escuadrón la rubia no le dirigía ni la mirada a Ichimaru, el que la hubiese salvado no quería decir que le cayese bien.
— ¿Cómo supiste…?
—Sólo un tarado que se escapa de prisión podía portar esa ropa, lástima que no eres shinigami, hubiese sido entretenido patear tu trasero para quedarme con mi división.
Ichimaru torció su sonrisa, era verdad, le habían quitado a Shinso. Ser shinigami le fue prohibido, no importaba en qué rango quisiera estar, nunca más podría volver a portar un arma pero por fortuna la rubia le había hecho el favor de abogar por él para que se quedase dentro del Seretei, sin embargo esos idiotas desconocían que él había llegado a otro nivel y no necesitaba una espada para invocar a su zampakuto.
Hiyori lo miró por un segundo, ese tipo era extraño, en un momento estaba serio y al rato se mostraba molesto y ahora estaba sonriendo ¡que rayos pasaba con él! Suspiró fastidiada, después de dejarlo con la pechugona sin cerebro estaba segura de que no lo volvería a ver, porque ya se lo había advertido, no quería verlo nunca más. Es más, le había prohibido ir a su escuadrón.
Llegaron en silencio al décimo escuadrón, y antes de que Gin pudiera golpear la puerta, como era debido, Hiyori ya había abierto la puerta de par a par. Encontrándose con las miradas confusas de Hitsugaya y Hinamori.
—Ichimaru— aseguró el primero.
— ¿Hiri?— preguntó extrañada la segunda separándose velozmente de su novio.
Hinamori se separó de Toushiro y abrazó a su amiga al verla en pie, definitivamente Hiyori era fuerte. Después de todo se había previsto su despertar hasta dentro de una semana y su recuperación para mediados de un mes, debido a que se había roto más de un hueso. Pero ahora ella estaba ahí, sana y salva…y en compañía de Ichimaru Gin.
El hombre de sonrisa zorruna miró a Hitsugaya que negó con la cabeza, dando a entender que no tenía ni la menor idea de donde estaba Matsumoto. Al ver como el hombre se retiraba, el de orbes turquesa se acercó a ambas chicas, recibiendo de repente un fuerte golpe que lo dejó algo aturdido.
— ¡Que demonios te pasa Sarugaki!— gritó molesto tras haber sido golpeado sin razón alguna.
—Te lo merecías, tú y tu estúpida forma de ser fuerte ¡Mira todo lo que pasó por tú culpa!— le gritó ignorando a Hinamori que intentaba separarlos.
— ¡¿Cómo que mi culpa? Hacía años que intentaba hablar con ella y tú y los otros idiotas no me dejaban acercarme!— le devolvió todas las palabras con veneno, pero ¿eso era suficiente para que ella se pusiera así?
Hiyori tenía la mirada en blanco, mostrando algo de ¿miedo? Y al parecer ganas de matarlo, no la entendía muy bien hasta que vio como ella lo tomaba como escudo de una muy, muy molesta Hinamori Momo.
— ¡Hiyori voy a matarte!
—Momo, amiga, fue por tu bien este idiota de seguro lo arruinaba, no ves la cara de estúpido que tiene.
— ¡Oye!
— ¡Cállate!
De un rápido movimiento Hitsugaya tomó a la chica durazno de la cintura y la cargó como si fuera una bolsa de papas, mientras esta pataleaba y exigía que la bajase para matar a su mejor amiga. Toushiro lo haría gustoso pero no le gustaba deberle nada a nadie y al parecer el sacarle a Hinamori de encima era un gran favor. Además, ya estaba harto del papeleo, y quería pasar tiempo con ella.
Cuando ya las estrellas comenzaron a adornar el cielo Hinamori se había calmado, jamás la vio tan molesta con alguien, ahora sabía que no debía hacerla enojar. Sintió como ella acomodaba su cabeza en su hombro, sonrió para sí, hacía años que quería estar así con ella. Se encontraban encima de la cueva en la que él entrenaba, no dejaría de hacerlo, a pesar de ser fuerte debía seguir entrenando por si aparecían futuras amenazas.
—Hace frío— comentó la durazno viendo atenta a la luna.
Sin mediar palabra, el de cabellos blancos la apartó un poco para recuperar su brazo y así abrazarla, mientras ella se acomodaba ahora en su pecho. No quería ir a donde se encontraba todo el ruido y la gente, le gustaba estar con ella. Porque era su mundo, era su todo, aunque estuviera rodeado de miles de personas se sentiría solo, pero con ella a su lado se sentía bien, acompañado, querido, y todo eso quería hacerle sentir a ella. Quien parecía compartir sus ideas al quedarse junto a él, y no reprocharle el estar solos en aquel lugar.
Porque ellos se amaban, y ya habían estado rodeados de mucha gente. Ya se habían hartado de las personas, ahora solo querían estar ellos, juntos y sin nadie que los interrumpiera. Sin embargo, el destino parecía no querer dejarlos en paz.
— ¡Capitán, Hinamori!— una voz cantarina se holló desde abajo haciendo que ambos se asomaran hacia la orilla para ver a una reluciente Rangiku, acompañada de Ichimaru. — ¿Podemos acompañarlos?
—No…
—Claro que sí— dijo Hinamori sonriente tapando la boca de Hitsugaya que tenía un tic en su ceja derecha, al ser callado de tal forma.
—Oye, oye ¿quién diría que estarían por aquí?— dijo burlesco Shinji apareciendo de la mano con Hiyori.
—Maldita sea ¿qué no tienen otro lugar a dónde ir?— preguntó molesto Hitsugaya.
Hinamori y Matsumoto rieron cómplices mientras Ichimaru se dedicaba a mirar el cielo, y sacaba la canasta de comida que su mujer había preparado. Todo eso había sido planeado, después de todo sólo Hitsugaya se podía creer que Hiyori le temería a su mejor amiga.
— ¿Qué cosas raras quieres hacerle a Momo, pervertido?
—Sarugaki— Hitsugaya pronunció entre dientes, conteniendo su furia al ser llamado de esa forma.
—Vamos, vamos no peleen…comamos antes de que se enfríe, así comenzamos con la fiesta— dijo Hirako sacando algunas botellas de sake que rápidamente fueron quitadas de sus manos por la rubia que prácticamente se tiró de cabeza al ver alcohol.
Comenzaron a comer, era una situación rara. El comer entre gritos, risas, peleas, una mujer alcoholizada revelando secretos vergonzosos, encima del suelo de una cueva alejados de la civilización. De repente todo quedó en silencio cuando una chica bajita de cabello negro y ojos violeta, junto con un chico de cabellos rojos y ojos negros salían de detrás de unos arbustos.
— ¿Rukia, Renji?— preguntó Momo divisando aquellas figuras, a ellos sí que no los esperaba y menos juntos.
Estos dos ignoraron a los presentes y se asomaron precavidos hacia el borde esperando ver quién supiera qué. Los más curiosos, que eran Rangiku, Momo y Shinji, se acercaron a ver la función.
De entre los árboles, salió un joven de cabellos naranja con su hakama roto corriendo por su vida, siendo perseguido por unos pétalos rosados y un muy enojado Byakuya Kuchiki. Ante esta escena y un par de gritos de auxilio del ex shinigami sustituto, los tres restantes se sumaron al público.
— ¡Sí tú me preguntaste si quería tener hijos!
Ante semejante grito todos quedaron con un signo de interrogación recorriendo sus mentes, mientras Rukia reía, el idiota de su novio había sido sometido a un muy meticuloso examen, el cual iba muy bien hasta que su imprudencia abrió la boca.
—Ichigo— todas las miradas se centraron en Rukia —Le dijo a mi hermano que quería tener hijos, y que no le importaba si era antes o después de casarnos.
Un "ah" general se hizo presente, claro que iba a estar corriendo por su vida ¡Si Byakuya era un hombre de tradiciones antiguas! De seguro ahora quería matar a su futuro cuñado, o simplemente castrarlo.
Vaya paz que habían conseguido, en cualquier lugar que estuvieran nada era tranquilo ¿pero qué tenía que ver el lugar, las personas? Si la paz ahora estaba presente en todos los corazones que antes sufrieron.
Hitsugaya ya no sentía ese nudo que amenazaba con cortar en dos a su corazón porque ella se lo había quitado, y decir que habían pasado tantos años y lo seguía amando tanto como él la amaba. Hinamori ya no sentía que su corazón estaba por romperse, ahora estaba más estable que nunca, y como no estarlo, si después de sufrir mucho al fin el amor había entrado en él para quedarse.
Shinji miraba como su novia se divertía con lo que veía, y se lamentaba porque de seguro esa idiota le rompería nuevamente la nariz o lo colgaría de la torre más alta del Seretei cuando le pidiera que fuera su esposa enfrente de todos sus amigos y compañeros vizard, que no tardaban en llegar.
Por su parte, Rangiku sentía una enorme paz, prácticamente sabía que el lazo que existía entre ella y Gin jamás se rompería, porque un hilo rojo los unía para siempre, no importaba cuán lejos él se fuera, siempre volvía; Ichimaru veía sonriente a la mujer con la que quería compartir el resto de su vida, después de todo, se había metido en varios líos por ella, y aunque no pudo devolverle lo que le fue arrebatado, supo que podía darle mucho más que eso.
El mundo interno de Rukia ahora era un feliz dibujo de Chappy, en el de Ichigo la lluvia cesó al conocerla y ahora que sabía que podía compartir su amor con ella, en el cielo que surcaba aquellos rascacielos no había una sola nube, mientras que el de Renji ahora estaba sanando debido a que veía como su capitán le pateaba el trasero a Ichigo y como Rukia se divertía tanto como él con aquella escena.
Porque la paz no es un estado físico, una emoción, una cuestión de tiempo o de cosas. La paz era el estar junto con la persona que amas, viviendo momentos gratos a su lado.
— ¡Oigan ayúdenme!— gritó Ichigo al notar que su novia y compañía estaban de público sin ninguna intención de salvarlo.
—Bankai…
— ¡Hermano espera!
Las penumbras del corazón
Fin
Gracias a todos los que estuvieron leyendo está loca historia, se los aprecia x3 pronto les traeré muchas locas ideas así que… ¡Nos leemos!
Para los que se quedaron con ganas hay un epílogo :3 y si lo quieren leer este cap debe tener más de dos reviews ;D se los dejo fácil xDDD
¡Ja-ne!
