Capítulo 2 La llamada
Lo primero que hicieron los chicos cuando se dieron cuenta de que habían sido emboscados fue correr. Pero, desafortunadamente, eso no los hizo menos propensos a ser bombardeados.
— ¡Jason, páralas! — gritaba Leo, cubriéndose con las manos en un intento inútil de protegerse.
— ¡No puedo, esas cosas apestan! ¡Quémalas!
— ¡Mis ojos, me arden mis ojos! — Gritó Frank — Creo que voy a vomitar. — exclamaba mientras adquiría un tono verdoso.
— ¡Corran al lago! — ordenó Percy mientras corría a ciegas.
Frank comenzó a correr hacia enfrente, tropezó con leña que habían dejado ahí y cayó besando el suelo. Leo cayó encima de él, lo ayudo a ponerse de pie mientras se tapaba la boca y nariz y lo jaló hacia el lago.
— ¿Por qué… siempre que… pasa algo nos… traes al lago? — Se quejó Nico entre jadeos — El campamento… es enorme, Percy.
—Era el lugar más cercano. — admitió el hijo de Poseidón.
Frank seguía de un color enfermizo.
—No lo resisto. — murmuró lastimosamente, vomitando su cena al borde del lago.
—No seas asque… — regañó Leo, pero su estomago débil no lo soportó. Vomitó.
— ¡Oh, no! — lloriqueó Jason regresando su súper taco tamaño familiar.
—…roso, Zhang. — terminó Leo, pasándose la mano por los labios.
—Esto es demasiado para mí. — murmuró Percy, saltando al lago.
—Eso no es justo —murmuró Nico—. No todos podemos meternos al agua y salir como si nada.
Frank seguía vomitando en el borde del lago. Leo se acercó a él, tapó su nariz y apartó la mirada del suelo.
—Déjalo ir, chico bestia. Entre más rápido salga mejor.
—Deberíamos entrar al lago — observó Jason —, el olor debe desvanecerse con algo.
—El agua no se ve muy calientita — murmuró Leo. Volteó a ver a Frank y notó que él no iba a lograrlo —. Vamos, grandulón, yo te llevo. — dijo tomándolo del brazo y guiándolo lago adentro.
Cuando finalmente todos estaban dentro del lago, Percy salió a flote.
— ¿Qué hacen aquí? Saben que el agua no hará nada por ustedes, ¿verdad?
Todos dirigieron una mirada asesina hacia Jason, quién se puso colorado.
Las discusiones empezaron. Lo que nadie supo, fue que la venganza no había terminado.
Si en algo son buenos los hijos de Hermes es en hacer bromas pesadas y en robar. Bien, el día de hoy, harían sentir a su padre orgulloso. Lentamente se deslizaron al borde del lago y tomaron las pertenencias de los jóvenes que discutían semidesnudos en el agua.
—Esto será inolvidable. — murmuró Travis a media sonrisa.
—Nunca olvidaré este día. Nunca. — juró Connor mientras corrían hacia su cabaña.
Los demás seguían discutiendo en el agua, ajenos a que sus ropas estaban siendo hurtadas.
— ¡Esto fue tu idea! — vociferaba Nico, apuntando a Jason.
—Propongo que lo ahoguemos. — dijo Leo como si nada.
— ¡Se supone que eres mi amigo, Leo!
— ¡Los amigos no mandan a sus amigos a que se congelen el trasero! — se defendió el moreno.
— ¡Pues usa tu talento y calienta el maldito lago! — gritó el romano.
—Apoyo la noción. — dijo Frank, quien se miraba un poco mejor.
—No pueden calentar el lago — les reprochó Percy con el ceño fruncido —, hay ninfas viviendo aquí. Tenemos suerte que no nos hayan pateado el trasero aun, más ustedes por estar en ropa interior. — terminó, intentando reprimir una carcajada.
—Hay q-que sa-salir — castañeó Nico con los labios azules —. N-no s-sobre-viví a la guerra pa-para e-sto.
—Bien, voy a sacarlos de aquí. — ofreció el hijo de Poseidón.
Una vez fuera del agua, el frío se arraigo en los huesos de los jóvenes, haciéndoles sentir que clavaban agujas en su piel.
—L-la r-r-ro-pa, ¿do-dónde está la ropa? — dijo Frank temblando como hoja de árbol en invierno.
—La de-dejamos aquí. — murmuró Leo, tratando de esconder sus bóxers de Power Rangers.
—En serio, ¿Power Ranger, Leo? — Se burló Percy, haciendo que su cara se coloreara a la velocidad de la luz. Las risitas ahogadas de los demás se escucharon rápidamente.
— ¿Qué me dices de tus… tus…? ¡Odio que no te mojes la ropa! ¡Y tu ni te rías, chones* de súper man! — gritó apuntando a Jason
—La ropa. — recordó Frank, con preocupación que rayaba en el pánico.
— ¡Mierda! — maldijo Nico. —Han sido ellos. Los Stoll. ¡Han sido ellos!
— ¿Y, por qué los Stoll nos harían algo así? — preguntaron los romanos.
Fue el turno de los griegos de sentir culpa.
—Se podría decir que… este, que los Stoll saben defenderse, es todo lo que diré. — ofreció Leo.
— Bueno mis queridos amigos exhibicionistas — dijo Percy con picardía —, creo que es hora de volver a las cabañas. Y, antes de que lo pidan; no, no pienso ir y volver a traerles ropa. — sentenció.
Los demás lanzaron dagas con sus ojos, pero Leo tuvo una mejor idea. Una lenta sonrisa se extendió por sus rasgos élficos.
—De eso nada, Jackson.
— ¡Ahh…! — Gritó Percy al sentir más calor del normal — ¡Me quemo, me quemo! ¡Santa Hera, me quemo! ¡Ahh!
Se sacó la ropa a mayor velocidad de lo que cualquiera creería capaz hasta quedar en bóxers al igual que los demás.
Sus amigos comenzaron a reír a carcajadas tan altas que temía que despertaran a todo el campamento.
—JAJAJAJAJAJAJA — reían sus amigos, olvidándose del frio y, haciéndolo entrar a él en calor por la vergüenza.
— ¡En serio, ¿Trusitas del "Buscando a Nemo", Percy?! — gritó Jason.
—No me sorprende — decía Nico entre carcajadas —, es azul.
— ¡Apuesto a que ni Annabeth te desviste tan rápido, Percy! — se carcajeó Leo, provocando una nueva ronda de risas entre los chicos.
— ¡Cállense! —gruñó.
Los chicos se vieron obligados a pasar la noche en la cabaña de Percy cuando les cerraron la puerta a causa de la peste que destilaban aun. Leo había sido corrido a almohadazos de su cabaña después de una ronda de carcajadas y burlas por aparecer en calzoncillos y, a Frank ni siquiera le habían dejado que llegara al porche de la cabaña cuando habían cerrado la puerta, amenazando con usarlo de saco de boxeo si osaba entrar a la cabaña con ese hedor.
—No veo por qué tengo que prestarles ropa — se quejaba Percy —; me la van a apestar.
—Percy, ¿no tienes algo más grande? — Pidió Frank — Me ajusta demasiado.
Su ombligo se asomaba por debajo del dobladillo de la camiseta más grande que tenía y que rezaba: "Keep Calm & TEAM FINNICK" con dos tridentes.
—No es mi culpa que seas tan grande. — replicó el griego.
—Tiene razón — coincidió Leo —, eres como un refrigerador con manos y pies. ¡Eres enorme, amigo!
—Sabes que Finnick muere, ¿no? —dijo Jason, mientras asomaba su cabeza por una camiseta de "Tobias Eaton is hot 4"
— ¡Fue un héroe! —defendió el chico.
—Amigo —dijo Leo—, ¿qué tienes con los chicos de sagas? —Señaló su playera que decía "Ian O'Shea is perfection" y a Nico, quien rezaba en su pecho, "Daemon Black: Beautiful face. Beautiful body. Horrible attitude. It was the holy trinity of hot boys." — Es más, ¿desde cuándo lees? Es más, ¿sabes leer?
—Ja ja ja—ironizó—. Se las regalaron a mi mamá cuando firmó contrato para publicar su libro y me las regaló. Pensaba utilizarlas como trapo de limpieza, pero dado que apestan, deberían agradecerme. — sermoneó mientras se ponía su camiseta de " Ok? Ok."
—Percy, ¿no tienes un short más grande? —dijo Frank— Este como que me aprieta.
—Refri con manos y pies, Frank —recordó Leo—. Simplemente eres enorme, me sorprende que no aplastes a Hazel con tus manazas.
. . . . .
A la mañana siguiente, los chicos aun apestaban, pero sus narices se habían acostumbrado al olor, más bien, habían perdido el sentido del olfato.
Piper estaba contándoles a las chicas, acerca de la llamada telefónica que tuvo con su padre, y de las buenas noticias que tenia para todos, sin duda, esta iba a ser una nueva aventura; pero sería más emocionante y excitante, por el simple motivo de que no iba a arriesgar sus vidas.
Ellas ya se encontraban un poco más accesibles. Pero no tanto para soportar su hediondez.
Se encontraron con los chicos fuera de las cabañas.
Annabeth, sintió como su estomago se retorcía, y eso que Percy estaba a cinco metros de ella aun. Los bellos de Piper se erizaron y sus ojos se pusieron vidriosos. Hazel, por otro lado, estaba preocupada del porque su hermano no había llegado a dormir a la cabaña; pero eso paso a segundo plano cuando el olor se filtró por su nariz y la hizo arrugar la cara para evitar una arcada.
—Sé lo que están pensando —dijo Leo—, y la respuesta es que, somos unas fan girls. Ya no podemos ocultarlo: ¡Amo Ian O´Shea! —gritó, tomando sus mejillas en un grito fanático.
—Creo que el término es fan boys, Leo. —ofreció Frank.
Annabeth enarcó una ceja, mientras cruzaban sus brazos, y trataban de no respirar.
— ¿Ahora qué hicieron?
—No fue mi culpa —añadió rápidamente Percy—. Fue todo culpa de Nico y Leo.
—Vaya, amigos como tú, son los que me hacen sentir bendecido. —reprochó Leo.
— ¿Y por qué fue mi culpa? — se quejó Nico
—Si no hubieras sugerido ir a la fogata nada de esto habría pasado. —razonó Frank.
—Chicos —interrumpió Piper—, expliquen desde lejos.
Automáticamente, se alejaron más de las chicas.
—Eso está mejor. —le susurró Hazel a Piper.
—Amiga, en casos como estos, amo tu don. —concordó Annabeth.
Después de que Leo explicara que habían sido emboscados por los Stoll, y de que habían robado sus pertenencias, tuvieron que pasar la noche en la cabaña de Poseidón.
— ¿Y por qué les hicieron algo así los Stoll? —cuestionó Annabeth, sabiendo que su novio y sus amigo no eran precisamente unos angelitos.
—Bueno, tal vez…, solo tal vez, y no estoy asegurando nada —decía Percy—, les hicimos unas cuantas bromas a ellos primero, pero en nuestra defensa, no esperábamos que se vengaran tan pronto.
—Me. Estás. Diciendo. Que. Los. Stoll. Se. Quisieron. Vengar. De. Ustedes. Tres. —articuló Jason a través de sus dientes apretados.
—… ¿sí? —admitió Percy.
—Ahora si te mato. —exclamó, saltando hacia su amigo.
Jason derribó Percy, quien cayó de espaldas. Ambos soltaban puñetazos al otro, sin acertar la mayoría.
Leo comenzó a reír como duendecillo diabólico. Frank fue contra él; azotándolo contra el suelo.
—Frank…no…respiro. —dijo con voz chillona.
— ¡Me congelé el trasero por tu culpa! —gritaba Jason furioso.
— ¡Chicos, deténganse! —gritaba Annabeth.
— ¡Vomité por tu culpa, Valdez! — vociferaba Frank.
—Por el Hades. —fue lo único que dijo Nico.
Los cuatro chicos rodaban por el piso. Leo había logrado escapar el agarre de Frank, se puso de pie, dispuesto a correr, pero Frank lo tomó del tobillo, haciéndolo caer nuevamente.
Percy, había conseguido someter a Jason con una llave estranguladora, pero el romano tenía sus mañas. Mordió la mano que le quedaba más cercana.
—Auuu…—gritó el griego, con los ojos llorosos.
Aflojó un poco su agarre y el centinela romano escapó. Lo tomó del cuello y lo sometió. La ira lo dominaba.
Nico subió a la espalda de Frank, en un intento de quitárselo de encima a Leo, quien ya veía estrellitas.
Las chica, no sabían si estar horrorizadas o reír.
— ¡Es suficiente! —Gritó Piper— ¡Deténganse!
Los chicos se detuvieron a media pelea; justo a tiempo, para que el puño de Percy no impactara el costado de Jason. Los cinco se pusieron de pie.
Leo se sacudió la ropa prestada. Nico bajó de la espalda de Frank antes de que el romano lo dejara caer a propósito.
— ¡Perseus Jackson! —Gritó una encolerizada Annabeth— ¡¿Se puede saber qué es lo que estás haciendo?! ¡¿Tu cerebro de algas no te da para más, más que para pelear?! — Percy, bajó la cabeza avergonzado.
Las risitas no se hicieron esperar por parte de sus amigos. "Es un dominado", pensó Jason.
— ¡Y tu ni te atrevas a reírte, Jason Grace! —Gritó Piper— ¡¿Cómo se te ocurre saltar a hacia Percy?! ¡¿Acaso estás loco?!
—Pero él…
—No me interesa. —le cortó.
—Frank, Nico —intervino Hazel—, esperaba más de ustedes. — dijo decepcionada.
—Pero ellos empezaron. —protestó Percy.
— ¿Crees que eso me importa? —Regañó Annabeth— Y tú, Leo, ni te atrevas a reírte o a hacer una de tus estúpidas bromas.
Leo palideció ante el tono peligroso de Annabeth. En el mundo, solo había una chica que le daba miedo que le pateara el trasero, y esa, era Annabeth Chase; esa mujer se había ganado su respeto.
—Se están comportando como unos idiotas — continuó la rubia—. Se me van a bañar en este mismo momento, y no quiero protestas. No salen de esa cabaña hasta que no dejen de apestar —dijo tapándose la nariz—. Y, por lo que más quieran, no se pongan a favor del viento. Apestan.
—Pero tenemos hambre. —lloriqueó Leo.
—Hagan lo que dijo Annabeth— zanjó Piper, usando su don vocal.
Los cinco chicos dieron media vuelta y avanzaron hacia las regaderas, como en desfile.
Annabeth, Piper y Hazel, se dirigieron a los comedores, pero el olor que se había grabado en sus cerebros, no las dejó probar bocado. Su estomago seguía revuelto.
Para la hora de la comida, los chicos no habían regresado aun, lo que preocupaba a Hazel.
Piper, por su parte, se encontraba ansiosa; aun no les había podido dar la buena noticia a los demás. Las chicas, solo sabían que Piper quería hablar con todos, pero no tenían idea acerca de qué. Todos sus intentos de sacarle información habían sido en vano.
—Creo que deberíamos ir a ver como están. —sugería Hazel.
—De seguro están bien, Haz. —le tranquilizó Piper.
—Sí, Haz. ¿Qué es lo peor que puede pasar…? —agregó Annabeth. La duda se interpuso en sus pensamientos y, varias escenas catastróficas pasaron ante sus ojos—. Creo que deberíamos ir a checarlos.
Cuando llegaron a los baños, se dieron cuenta de que varios campistas salían despavoridos de las regaderas. Se toparon con Adam—un hijo de Apolo—, con los ojos llorosos y tratando de contener una arcada.
—No entren ahí si aprecian su sentido del olfato. —les advirtió.
— ¿Jason? —preguntó Piper.
Inmediatamente, las chicas llevaron las manos a sus narices.
—Ay, madre mía. —se atragantó la romana.
—Huelen igual que la morgue. —susurró Annabeth.
Reuniendo todo el valor que tenían, entraron a las regaderas. Todo estaba cubierto de vapor por el agua caliente.
— ¿Se puede? —preguntó Annabeth, en caso de que siguieran desnudos.
— ¿Annabeth? —dijo Percy.
—Dulces bebés dioses en pañales —exclamó Annabeth—, si respiran por la boca es aun peor.
— ¿Están visibles? —quiso saber Piper.
—Define visibles —dijo Leo—. Visibles tipo, presentables, o, visibles tipo, así me gusta ver a Jason todas las noches. Auuu… Jason, no me pegues, estoy mojado… ¡Por el Hades! ¡Qué mal se escuchó eso!
—Estamos en ropa interior. —aclaró Nico.
Hazel de destapó los ojos y se acercó con más confianza.
— ¿Están bien? —preguntó.
—No —dijo Frank—. El olor no se va.
—Parecemos pollos desplumados —se quejó Nico—. La piel me arde de tanto tallarme.
—Tienes suerte —dijo Percy—. A mi ya no me queda piel que tallar.
—Creo que me he despellejado —concordó Jason.
—Y todavía apestan. —dijo Piper.
—Gracias, Pipes, eso es lo que queríamos escuchar. —se quejó Leo.
— ¿Ya intentaron con jugo de tomate? —preguntó Annabeth, ganándose siete miradas desconcertadas— ¿Qué? Leí sobre eso en algún lugar. El jugo de tomate ayuda a eliminar los malos olores.
— ¡¿Y no pudiste habernos dicho antes?! —Gritó Leo— ¡Mujer, parezco pollo hervido!
—Pensé que lo sabían —admitió la rubia avergonzada.
—Amor, es tu culpa que parezca camarón. — dijo Percy.
—Cómo sea. Iremos a ver si hay algo en la cocina.
Después de lo que los chicos sintieron como horas, las chicas volvieron con cuatro latas grandes de jugo de tomate y un bote de jugo recién exprimido.
—Bien —dijo Piper—, es todo lo que pudimos conseguir, así que háganlo valer.
—Voltéense —ordenó Annabeth.
— ¿Para qué? —cuestionó Frank con desconfianza.
—Vamos a tallarlos —zanjó Hazel—. Ahora, dense la vuelta y dejen de quejarse.
Los cinco se colocaron contra la pared, apoyándose en sus manos. Las tres tomaron dos cepillos en ambas manos y empezaron a tallar con ayuda del jugo.
—Esto no sirve —se quejó Piper, perlada de sudor—. ¿Estás segura de que esto va a funcionar?
—Tiene que. — dijo Hazel.
—Que alguien vaya por Katie. —dijo Annabeth.
— ¡Yo! —dijeron Piper y Hazel al mismo tiempo, desesperadas por salir de ese cuarto fétido.
— ¡Ay! Haz, no talles tan fuerte. —pidió Nico.
—Que vaya Piper —acordó Annabeth—. Nadie en su sano juicio va a querer acercarse a este lugar.
. . . . .
— ¡Ni loca entro allí! —exclamó Katie.
—Por favor —imploró Annabeth—. Solo necesitamos más jugo de tomate, Katie. Eres la más hábil de tu cabaña, si no, no te estaría pidiendo esto.
—Annabeth, prácticamente me estas pidiendo que me suicide.
—Katie, por favor. —imploró la hija de Atenea.
—Bien. Solo porque si no acepto, Piper me va a hacer hacerlo de todos modos.
Annabeth sonrió.
—Eres la mejor.
—Sí, sí, sí… Lo que digas.
—Ya están las tinas. Solo tienes que hacer que haya más jugo en ellas.
—No puedo hacer que aparezca de la nada, Annabeth.
—Lo sé, pero ya las llenamos hasta la mitad de jugos que encontramos en la cocina. Solo haz lo que puedas.
—Bien. —renegó Katie.
Ambas entraron a las regaderas. Percy, Jason y Frank habían movido las tinas dentro de las regaderas; Nico y Leo las llenaron, pero Hazel y Piper habían supervisado su trabajo sin vomitar, lo que les daba meritos.
—Por todos los Dioses —murmuró Katie—. Estos chicos tienen olor de muerto de hace tres meses.
Trabajó lo más rápido que pudo; pero aun así, le tomo media hora llenar las cinco tinas. ¡Había hecho jugo de tomate como para un pueblo entero!
— ¡Listo! Ya no me necesitas. Me voy. —salió despavorida, sin quedarse a escuchar cómo le agradecían los demás.
—Métanse. —ordenó Piper.
Los cinco obedecieron como niños regañados.
—Dioses, lo que tenemos que hacer por ustedes. —murmuraba Hazel sonrojada.
Tallaron, frotaron, restregaron y fregaron por lo que ellas sintieron una eternidad. Cada cinco minutos, Piper se tenía que recordar que hacia esto porque amaba a Jason, pero después recordaba que él no era muy atento con ella, haciendo que tallara más fuerte inconscientemente.
—Au, au, au. No tan… au, fuerte, Pipes — pidió el pretor.
—Sumérgete. —demandó Annabeth a Percy.
— ¿Qué? — preguntó temeroso.
—Que te sumerjas, debo lavarte las cabeza.
Sumergió al chico a la fuerza, recordando la cita de la noche pasada. ¡Se había burlado del amor entre Christian y Satine! Burbujas comenzaron a salir del jugo. Los brazos del chico comenzaron a agitarse, recordándole que su novio necesitaba respirar.
Percy salió y respiró como drogadicto. ¡Annabeth casi lo ahogaba!
—Chica lista —dijo entre jadeos—, también necesito el oxigeno.
—Lo siento. —murmuró.
Hazel se dedicó a fregar muy bien el cuerpo de Frank con el cepillo, eso fue hasta que su cerebro trajo imágenes de la cena de anoche, y que la comida le había hecho daño, provocándole un espantoso dolor de estómago. Lavó tan bien su cabello sedoso, que se había llevado algunos mechones sin querer.
Nico y Leo vieron todo eso horrorizados, insistiendo en que ellos solitos podían tallarse, pero Annabeth y Piper no cedieron.
Piper entro en acción, fregando a Leo. Annabeth tomó a Nico, quien en un intento de huir, cayó de cabeza a la tina.
Cuando finalmente los cinco estaban limpios, las chicas se relajaron y se quitaron sus cubre bocas, guantes y redes para el cabello.
—Ahora, solo deben quedarse ahí dos horas mínimo. Y no se muevan. Nosotras iremos a bañarnos. Creo que nos pegaron su pestilencia.
—Gracias. —murmuraron los cinco por lo bajo.
— ¿Perdón, qué? No los escuche. —dijo Piper.
—Gracias por ayudarnos. —dijeron nuevamente.
—Nada de gracias —intervino Hazel, para sorpresa de todos—. Nos deben una.
—Bien. —dijo Nico.
. . . . .
—Bien —empezó Piper, una vez que estaban en la fogata—. Ayer por la noche hable con mi papá, me dijo que va a estar en Los Ángeles, filmado una película.
—Que sorpresa. —dijo Leo con sarcasmo, mientras comía un nuevo malvavisco.
Los chicos rieron por lo bajo. Annabeth y Hazel estaban atentas a lo que quería decir su amiga.
—El punto aquí es —continuó ella sin prestarles atención—, que quiere que vaya con él a pasar estas vacaciones.
—No te puedes ir —saltó Jason—. Vine hasta acá por ti, Pipes. No puedes irte.
—Ese es a lo que quería llegar —continuo la griega, mirando con ternura a su novio—, pero también quiero ir a ver a mi papá. Así que llegué a un trato con él.
— ¿Y, cuál es? — quiso saber la rubia.
— ¡Nos vamos todos a Hollywood! —chilló emocionada.
Los chicos abrieron la boca. Annabeth y Hazel abrieron los ojos de más, amenazando con salirse se sus cuencas. Leo se atragantó con su malvavisco.
— ¡¿No es eso genial?! —continuó, haciendo caso omiso de sus reacciones— Solo serán dos semanas a lo mucho, después regresaremos al campamento, pero podemos ir con papá y ver los estudios, todos juntos. Será divertido.
— ¡No pienso ir! —Gritó Nico— En esos lugares hay demasiada gente.
— ¿Se te olvida que me debes una? —le dijo Piper, haciéndolo callar.
—Pero, Piper —comenzó Annabeth—, ¿no crees que deberías pasar ese tiempo con tu padre?
—Pero quiero estar también con todos ustedes —se quejó, cual niña pequeña—. Además, podremos ver los sets donde se grabaron Moulin Rouge. —le tentó.
La emoción brilló en los ojos de las chicas, quien supo, ya las había convencido solo con eso.
—Bueno, en ese caso, no puedo defraudarte, amiga. —dijo Annabeth.
Percy la mira desconcertado.
—Annabeth, no estarás pensando…
—Sí, Percy. Hay que ir. No es tan mala idea.
—Anda, Frank, Nico, —dijo Hazel—, vamos.
—No. —zanjaron los chicos.
—Por favor. —rogaron las féminas
—No.
—Solo serán dos semanas.
—No.
—Por favor.
—No.
—Jason, por favor. —rogó, poniendo ojitos de cordero.
—No.
—Percy, di que sí. Por favor —susurró la rubia de forma seductora, haciéndolo tragar—. Por favor, Percy.
—Annabeth, ¿a qué quieres ir? ¿No crees que Piper deba pasar ese tiempo de calidad con su padre?
—Pero ella quiere que vayamos, anda, por favor.
—No quiero ir.
—Nico, anda. Es bueno salir, y conocer gente. Dile Frank.
—Esta vez estoy de a cuerdo con él. —admitió el romano.
—Pero… —comenzaron las chicas.
—No. —zanjaron.
—Yo digo que no es mala idea. — intervino Leo, con los ojos llorosos por haber estado ahogándose con el malvavisco.
Miradas letales le fueron dirigidas.
—Ves, hasta Leo sabe que es bueno idea. — se quejó Annabeth.
—No.
—Hey, chicos —interrumpió Connor, cuando Piper iba a utilizar su encanto—. ¿Ya vieron nuestro nuevo proyecto?
—Stoll. —farfulló Jason.
— ¿Grace? —contestó el castaño confundido.
— ¿En qué andan ahora? —cuestionó Leo sospechoso
Connor dejó escapar una sonrisa traviesa.
—Pues, mi cabaña necesita fondos para algo que tenemos planeado, así que, estuvimos charlando y, decidimos hacer una especie de boletín del campamento. Ya saben, solo algunos chismes, noticias, y crónicas acerca del campamento, y algunas cosas del Olimpo. Anoche hicimos el primero, y ese es cortesía de la casa, solo para reunir seguidores —les guiño un ojo—. Tal vez les interese. Están en primera página.
Les entregó el boletín.
Lo primero que pasó fue que los chicos perdieron el color a una velocidad alarmante. Segundos después, el color subió a gran velocidad, haciéndolos sudar.
—Estamos pensando en hacerlo en grande, ya saben, enviar copias al Olimpo si tiene éxito —continuó.
—Esa es una gran idea —comentó Annabeth, quien no había visto aun el boletín.
—Sí, es una buena forma de ganar dinero —añadió Piper.
—Se oye bien. ¿Me prestas una? Ellos acapararon la que traías. —dijo Hazel.
— ¡Claro!
— ¡No! —gritaron los chicos, abalanzándose sobre Connor y arrebatándole la revista.
— ¿Qué les pasa? —preguntó la morena.
—Nada. —se apresuró a contestar Frank.
— ¿Cuándo dices que nos vamos, Piper? —urgió Nico.
* No sé cómo se les diga en otros países, pero por si cambia en mi país, chones, es una forma de decir calzones.
Bueno, ¡al fin el segundo capitulo!
Gracias por sus reviews, y a las personitas que agregaron a favoritos y le dieron follow.
Espero les haya gustado este capitulo, y si tienen dudas acerca de algo, haganmelo saber y les contestaré en cuanto
lo vea.
Cuídense y besos(:
