Enredos tras bambalinas

Capítulo 3

Las maletas ya estaban listas. Los permisos habían sido pedidos y aprobados. Los romanos, habían vuelto a hacer las maletas. El jet privado había sido enviado.

Piper estaba eufórica. Iba a pasar tiempo de calidad su padre, su novio, y sus mejores amigos, y después volvería al campamento a disfrutar del resto de su verano.

Por otro lado, los chicos trataban de no salir de sus cabañas. Bueno, no todos, Leo se había refugiado en la cabaña de Zeus y Frank en la de Poseidón; en algún momento de la tarde habían salido para visitar a Jason.

No fue agradable el recorrido. A pesar de que estaba a unos metros de distancia, las burlas y risas no paraban. Y para su más grande vergüenza; ahí, en la cabaña de Hermes, se podía ver el cartel que anunciaba el primer número del boletín, mostrando las imágenes del número inaugural.

Se podían ver a cinco mestizos en él. Cuatro estaban semidesnudos y temblando de frio, mientras que otro corría en círculos quitándose los pantalones como si estos le quemaran.

Jason lucia unos bóxers de Superman, mostrando una S en el área de la entrepierna. Leo estaba de perfil, modelando a unos Power Rangers, mientras tanto, Frank tenia la apariencia de un enfermo terminal en calzones de amarillo pollo. Nico era el más rescatable, lucia unos simples bóxers negros…, pero tener tu nombre bordado en los bóxers nunca es cool. El que sin duda no tenía salvación, era el chico que se estaba quitando los pantalones. Tenía unas trusas azules, pero unos pececitos adornaban la prenda infantil.

Percy y Frank sentían que su cara ardía. Nico, por otro lado, prefería usar el viaje sombra para no tener que ver a nadie.

Las chicas no habían dejado de reírse cuando vieron el boletín con la serie de fotografías. Lagrimas habían surcado su cara, mientras los chicos sentían como caía su dignidad en trozos al suelo.

No importaba cuantas veces salvaran al mundo, ni cuantas aventuras hayan tenido ni las que les esperaban. De ahora en adelante, iban a ser conocidos como "el club trusitas", y ese no era un club que se oyera muy masculino. Sin duda, el prestigio y la dignidad, era más fácil perderlo que ganarlo.

Habían querido estrangular a los Stoll en ese mismo momento, pero las burlas y risas de los demás campistas los habían hecho entrar en un pánico que terminó en shock.

Habían salido de entre la multitud despavoridos.

Primero, entraron a la etapa de la negación, negando todo, alegando que no eran ellos, que era una fotografía truqueada…, pero las pruebas hablaban por sí mismas. Después, pasaron a la etapa de la de rabia, jurando venganza y varios huesos rotos para finalmente, pasar a la resignación y huir del lugar.

Annabeth salió a encontrarse con los demás y tomaron rumbo a la casa grande. Quirón los despidió y, en solitario pidió a Annabeth que tratara de mantener el orden entre todos allá, y sobre todo, que mantuvieran la ciudad en una sola pieza. Pero lo que le apremiaba más, le pidió, casi rogó, que le consiguiera el autógrafo de Julia Roberts, quien estaba filmando una película en la ciudad.

— ¿Julia Ocean? ¿En serio, Quirón? —Preguntó escéptica— No sé, pensé que admirarías a un actor más… ¿varonil?

—Matar zombies en cinco películas me parece lo suficientemente varonil. —se defendió el cuadrúpedo un tanto avergonzado.

—Pues no lo fue en la sweet love—masculló la rubia, ganándose una mirada ofendida —. Bien, haré lo que pueda.

—Una cosa más, Annabeth, esto queda entre nosotros.

—Sí, Quirón, no diré ni una sola palabra.

— ¿Ni a Percy? —preguntó temeroso.

—Ni a Percy. —concordó.

—Una cosa más —agregó en voz baja—, cuando estés con ella, si ves que tiene algo, como una botella de agua, o una pluma en sus manos, o una goma de mascar, ¿me harías el favor de guardármela? También me gusta su cabello, un mechón seria un detalle muy bonito.

Annabeth se atragantó.

—No pienso acosarla, Quirón. Eso es enfermo. —exclamó, haciendo enrojecer a su mentor.

—Yo solo decía que…

—No. No haré eso. Eso es retorcido.

—Pero…

—No.

— ¿Te recuerdo quien omitió dar aviso de aquella vez que les encontré a Percy y a ti en una situación muy inapropiada? —provocando un sonrojo en la chica.

— ¿Me estas chantajeando?

—Claro que no —dijo un tono exageradamente ofendido para ser verdadero—, solo te recuerdo que aun puedo dar aviso a Dionisio y, no queremos que eso pase, ¿verdad?

— ¿Qué tan largo quieres el mechón? —se apresuró a contestar.

Subieron al auto que había sido enviado por ellos y, tomaron rumbo al aeropuerto. Los chicos se mostraban más efusivos que la noche anterior, y sobre todo ahora que tenían la oportunidad de escapar del campamento, aquel que nunca pensaron que se convertiría en su infierno personal.

— ¡Yo quiero ver los motores! —gritó Leo en cuanto puso un pie dentro, corriendo por todo el lugar.

—Yo lo controlo. —se ofreció Jason, siguiéndole el paso.

—Odio volar. —se quejó Nico.

—Tú odias todo.

—No odio todo, Percy. Solo odio a las personas… y volar.

—Y todo lo que tenga que ver con tener contacto humano.

—Sí. —concordó el azabache.

Hazel volteó los ojos. ¿Por qué su hermano tenía que ser tan antisocial? A veces, solo a veces, pensaba que él encajaba perfectamente con el perfil de un asesino serial: serio, humor cambiante, momentos depresivo y hostiles, sarcástico; o era eso, o estaba pasando por una menopausia, pero al ser hombre, no era el caso. Estaba considerando seriamente el mantenerlo alejado de todo objeto filoso antes de que comenzaran a rodar cabezas.

Annabeth y Piper platicaban sobre todo lo que harían una vez llegaran a Los Ángeles. Primero que nada, querían conocer la ciudad sin que algo los atacara, eso sería algo muy bueno.

—Yo quiero ir a surfear —dijo Percy—. Apuesto a que lo hago mejor que ustedes. —una sonrisa petulante en sus labios.

—Eso es obvio, Percy —objetó Annabeth—. Es como si yo te desafiara a un duelo de espada.

—Soy mejor que tú en con la espada. —defendió el chico.

—Sí, chiquito, lo que tu digas. —contestó la rubia en tono condescendiente, haciendo reír a sus amigas —. Pero no iremos a surfear. No nos queda de paso y hay mucho que hacer una vez que lleguemos.

— ¿Alguien dijo surfear? —preguntó la vocecita de Leo. Tenía el rostro de niño en juguetería— Me encanta surfear. ¿Vamos a surfear? Porque en la playa hay muchas chicas y…

Nico soltó una risilla.

—Mamá Annabeth, acaba de decir que no. —se burló, ganándose una mirada fea por esta.

— ¿Mamá Annabeth?

—Oh, vamos, ¿me vas a decir que no te dijo Quirón que nos cuidaras?

—Eso no es asunto tuyo, Nico. No es mi culpa que sean unos irresponsables.

—Yo no soy irresponsable —se defendió Jason—; después de todo, soy pretor de Nueva Roma.

—Con Reyna.

— ¿Y eso que tiene que ver?

—Annabeth… —advirtió Percy, siendo ignorado.

—Que no podrías hacerlo solo. Es mucha responsabilidad para un chico de diecinueve años.

—Tú tampoco podrías.

—Claro que podría. —aseguró soberbia como digna hija de su madre.

—Claro que podría —aportó Leo en tono burlón—. Que no ves que ella es la chica maravilla. Es como un robot. Todo lo puede. Excepto estar más de cinco minutos sin dar órdenes o gritar que no hagamos algo.

Piper y Hazel lo atravesaron con la mirada. Era cierto que su amiga era muy mandona y a veces muy regañona, pero había que decírselo con más tacto. Además, no es que los chicos no merecieran un jalón de orejas de vez en cuando.

—Pues alguien debe ser el responsable. —se quejó la chica.

—Y nosotros ya estamos grandecitos —dijo Nico.

—Tan grandecitos y responsables que terminaron en ropa interior y apestando a zorrillo. —soltó, haciéndolos bufar.

—Van quince minutos de viaje y ya me dio jaqueca. —murmuró Hazel.

—Y faltan dos horas. —se lamentó Piper.

—Eso no fue nuestra culpa —anunció Frank—. Fue culpa de ellos —apuntó a los griegos.

—Eso no quita que las que pagamos los platos rotos fuimos nosotras. —expuso Hazel.

—No les pedimos ayuda. — intervino Leo.

—Oh sí, porque dejar que atormentaran a todos con su fetidez era lo correcto. — manifestó la hija de Afrodita sarcástica.

—Pues no — observó Nico avergonzado—, pero tampoco tienen que ir en nuestro rescate. Pudimos haberlo resuelto solos.

—Claro, como resuelven todo. Siempre terminamos ayudándolos. —contestó su hermana.

— ¡Claro que no! —Exclamó Percy— Somos perfectamente capaces de resolver nuestros problemas.

—Percy, sabes que no es cierto. Son como unos niños atrapados en el cuerpo de un adolecente. —zanjó su novia, dejándolo boquiabierto.

— ¡No es cierto! Tú eres la amargada.

— ¡No soy amargada!

—Bueno, no amargada —se retractó al ver el rostro rojo de du novia—. Pero nunca quieres divertirte.

—Porque su definición de diversión incluyen daños a terceros.

Los chicos abrieron sus bocas como peces fuera del agua, pero no salía sonido alguno.

—Como su broma a la cabaña de Ares. —dijo Hazel.

—O lo que hicieron en mi cabaña el año pasado —se quejó Piper—. Pasé más de cuatro horas escuchando acerca de quién era la más buena de la cabaña.

—O la vez que nos echaron de Nueva Roma porque no pudieron apartarse del Coliseo como lo habían prometido —dijo Annabeth—. ¡Hubo chicos en la enfermería!

Y la lista seguía. Simplemente era extensa.

—Bueno, tal vez no excedemos a veces —aceptaron—. Pero eso no cambia el hecho de que Mami Annabeth nos tiene que dar órdenes para todo. Apuesto a que no puedes estar estas dos semanas sin dar una sola orden y sin regañarnos. —desafió Leo.

— ¿Y por qué debería hacer eso?

—Porque Quirón te pidió que mantuviéramos la ciudad intacta. Acéptalo, Annabeth, incluso él te ve como una capataz.

— ¡Claro que no!

Una sonrisa sarcástica se plasmó en los labios del chico. El temor en los ojos de hijo de Poseidón, la expectación en los romanos, un brillo de astucia en los ojos de Nico y el horror en sus amigas.

—Pruébalo —le retó Leo—. Te reto.

—Hecho —contestó la hija de Atenea, para la incredulidad de sus amigas—. No resolveré sus problemas y no me meteré en sus asuntos. —zanjó.

Los ojos de Leo brillaron. Podría hacer lo que quisiera sin temer que Annabeth le pateara el trasero, sin inquietarse por recibir una reprimenda ni nada parecido.

—Bien —aceptó Leo—. ¿El castigo de siempre a quién pierda?

—Oh, puedes apostar a que será el castigo de siempre —se jactó la rubia—. Y lo cumplirán TODOS.

—Hecho. —aceptó Leo, ganándose las miradas aterradas de sus amigos.

— ¡Estás loco! —Gritó Nico, mirándose preocupado por primera vez — ¡¿Cómo se te ocurre apostar lo de siempre con todos nosotros sin consultarnos?!

—Oh, vamos. Es Annabeth, ¿cuáles son las probabilidades de que gane?

—Precisamente porque es Annabeth, pedazo de animal. —regañó Jason.

—Annabeth —dijo espantada Hazel—, ¿estás segura?

¿Quién iba a controlar a esos diablillos revoltosos si no era ella? ¿Quién le iba a dar la tranquilidad que necesitaba para saber que todo iba a estar bien?

—Sí. Tienen razón —atajó Annabeth con altivez—. Ya están grandecitos, es hora de que se hagan responsables de ellos mismos.

Los chicos sonrieron petulantemente, después de todo, rondaban de cerca los veinte, no podían refugiarse detrás de sus novias y amigas por mucho más tiempo. Leo, se convirtió en una especie de héroe frente a ellos por lograr que Annabeth les diera rienda suelta.

Piper estaba a punto de perder la cordura.

—No puedes hacer eso, Annabeth. ¿Quién los va a controlar? Eres la única que les da miedo. No nos hagas esto.

—Es que ese es el punto —dijo con voz ligeramente dolida, que pasó desapercibida para todos; para todos menos para su novio que la conocía tan bien como a sus videojuegos—, soy su amiga, no su mamá, ni su tutora. Se supone que no debo inspirarles miedo. ¿Quieren rienda suelta? Bien. Pero no vengan después a que les resuelva sus problemas porque no lo haré.

Se puso de pie y se dirigió al baño para no hacer una barbaridad; como tirar a Leo por una ventana si volvía a abrir la bocota.

— ¿Creen que sea cierto? —Preguntó Frank, ganándose varias miradas—. Lo de Annabeth, quiero decir, ¿en serio creen que nos dé pase libre?

—Yo creo que sí —contestó Hazel—. Pudieron ser más sensibles al respecto. —regaño.

—Peor si lo dijimos con delicadeza. —defendió Jason, ganándose un porrazo en la cabeza por parte de Percy.

—Pues tienes la sutileza de un cañón a media noche —reprochó el griego—. ¿Tengo que recordarte que esa chica es mi novia?

—Y sobre todo tú amiga. —interfirió Piper.

—Bien, pudimos decirlo con más tacto —admitió Leo—, Peor tienen que aceptar que es genial pasar dos semanas sin ni un solo regaño por su parte.

—No van a durar así. Ella es la que siempre les salva el cuello. —razonó Hazel.

—Un poco de confianza. —pidió Nico.

—Estas serán dos semanas realmente interesantes. —razonó finalmente Frank.

. . . .

La llegada a la ciudad fue de lo más decepcionante para Piper. Su padre no había podido ir a recogerla como había prometido a causa de retrasos en el set, por lo que mandó a su nuevo asistente personal. Jamie, un chico amable con aspiración a ser escritor algún día.

Los chicos estaban extasiados, tantas atenciones y regalos siempre eran bien recibidos.

Leo había sacado la cabeza por el quemacocos del auto, gritando a todo pulmón: ¡SOY EL REY DEL MUNDO!

—Leo, viajaste en un barco volador y, ¿te emocionas por una limosina? —se burlaba Frank.

—Al menos en la limosina no tengo miedo de que me aplaste un mástil. Además, apuesto lo que quiera a que esto saca de quicio a más de una personita… ¿Hay algo que me quieras decir, Annabeth?

— ¿Esos son tus intentos de hacerme perder la apuesta, Valdez? Porque si es así, das pena.

—Nena, perderás la apuesta y serás mi esclava personal —se mofó—. Bueno, nuestra esclava personal.

—Se vale soñar. —canturreó.

—Apuesto a que no pensarás así cuando queme por "accidente" tu maleta.

—Puede que no te pueda ordenar ni regañar, Leo, pero no dijimos nada acerca de la venganza.

—Yo no quiero participar en esto. —se quejó por enésima vez Percy.

—No puedes abandonar a tu género. —obvio Jason.

—Pues no veo a las chicas haciendo un complot en nuestra contra.

—Porque no son estúpidas—añadió Nico con fastidio—. ¿Crees que nos van a dejar ganar?

—Hazel no haría nada como eso, ¿verdad, Haz? —Dijo Frank confiado, ganando una sonrisa "angelical" por parte de su novia— ¿…Haz?

— ¿Mande?

—Tengo razón, ¿verdad?

—No tengo idea de lo que me estás hablando, Frank. —contestó en tono demasiado angelical para ser verdadero.

—A mí no me miren —dijo Piper—. Soy chica después de todo. Se nota que no han aprendido a escoger a sus oponentes, chicos.

—La apuesta solo incluía a Annabeth. —se quejó Leo.

—Y ustedes son cinco, no es justo. Además —anunció Piper—, Hazel y yo, no pensamos estar salvándoles el trasero cada cinco minutos.

—Pues no les íbamos a pedir ayuda. —declaró Percy berrinchudo.

—Terminarán pidiendo ayuda para algo y entonces, serán nuestros esclavos personales —atajó la rubia—. No tienen idea de la cantidad de planos que debo archivar en mi cabaña.

—Y los zapatos que deben acomodarse en la mía —ofreció Piper — ¿Ya les dije que mis hermanas se volvieron locas comprando zapatos por catálogo? Han llegado a montones.

—Y ni hablar de las cosas que hay que hacer en la armería. —finalizó Hazel.

—Además, estoy tomando clases de belleza en línea —anunció Annabeth—, no me vendrían mal unos conejillos de indias.

Percy y Jason palidecieron ligeramente. Si de algo estaban seguros, era que cuando sus novias se proponían algo, no paraban hasta que lo cumplían. Frank aun no concebía que Hazel apoyara a sus amigas antes que a él. Sin duda, tendría que apartarla de esas locas antes de que se la echaran a perder.

Leo permaneció con su sonrisa imperturbable y Nico solo pensaba una cosa: ¡Que los Dioses nos ayuden!


Bueno, coo expliqué en mi otra historia, pero para los que no me leen,

una enorme disculpa, sé que casi les había jurado y perjurado que les iba

a actualizar la semana pasada, pero tan olvidadiza que soy, olvidé agendar

mis exámenes y me topé con que eran la semana pasada. Así que estuve

hecha una loca estudiando la noche antes de ellos y tratando de escribir en

mis ratitos libre, así que por eso tardé un poco más.

Bueno, las apuesta, ésto sin duda hará las cosas mucho más interesantes ahora

que ellos tienen el pase lebre para hacer lo que quieran, y que ellas tienen pase libre

para meterlos en problemas deliberadamente. Veremos quien sede primero.

Prometo que el prox. capi será más gracioso, pero nocesitaba asentar algunas cosas.

Gracias por sus reviews y a los que han estado agregando a alertas y favoritos,

pero sobre todo, por leer.