Capítulo 4
— ¡Papá! —chillo Piper, emocionada, lanzándose a los brazos de su padre, quien la elevó en el aire.
—Hija, me vas a romper las costillas. —bromeó el hombretón.
Piper no había sonreído tanto en un tiempo considerable, pensaba su novio.
Los demás les dieron algo de privacidad y se dedicaron a bajar las maletas del auto.
—Yo bajo la tuya, chica lista. —se ofreció Percy en un intento galante.
La chica lo miró suspicazmente.
—No creas que así ganarás puntos cuando gane la apuesta. —le advirtió.
—Annabeth, a mi ni me metan en su tonta apuesta. Yo no pienso participar.
—Si no crees lograrlo lo entenderé, sesos de alga. —incitó.
—No lo lograrás —canturreó el chico—. No lograrás que caiga en tus jueguitos. Yo no participaré en su jueguito.
Se acercó y le dio un ligero beso en los labios.
—Iugh. Mucho amor —se quejó Leo—. No debes fraternizar con el enemigo, Percy.
—Eso es como traición a la patria. —coincidió Nico.
Percy puso sus ojos en blanco y avanzó con su maleta y la de Annabeth en manos.
Frank, era todo un caballero…, algo despistado a veces, pero siempre un caballero como decía su abuela. Llevó la pequeña maleta de Hazel y le ofreció su dulce favorito, ganándose un tierno beso en la mejilla.
Los demás, llegaron solos como perros. Jamie, se ofreció a ayudarlos como el buen asistente que era.
— ¿Algún lugar que deseen ver en particular? —preguntó amablemente el joven.
—No sé, ¿Annabeth, algún lugar que queramos ver? —tentó Leo.
—Creo que pueden resolverlo solos. —se limitó a contestar.
—Piper, cuanto has crecido. Apenas ayer eras mi niña que corría torpemente por la orilla del río en pañales —recordaba Tristán para la gran vergüenza de su hija—. Siento que has crecido demasiado rápido. ¿Recuerdas cuando eras una niña rechonchita y chimuela?
— ¿Rechoncita y chimuela? —Saltó Leo—. Oh, espero que existan fotos de eso.
—Claro que las hay. —contestó Tristán con una enorme sonrisa.
— ¡Papá! —Se quejó su hija— ¡Ni siquiera lo pienses!
—Oh, vamos hija, apuesto que tus amigos están deseosos de verte de niña.
—Oh, señor, no tiene ni idea. —contestó Leo.
—Valdez —dijo Annabeth sin pensar, ganándose la mirada triunfal de los chicos. Afortunadamente, reaccionó rápido—… ¿podrías pasarme mi maleta?
Sin duda, estas serian unas largas vacaciones para la chica.
La sonrisa de duende en la cara de Leo le dijo que no le creyó.
—Por su puesto mi estimada amiga. ¿Cómo podría negarme cuando lo pides tan amablemente? —canturreó.
— ¿Hay algo que deba saber? —preguntó Tristán.
—Solo que serán dos semanas bastante largas. —contestó Jason, poniéndose al lado de su "suegro"
—Jason, me alegra verte de nuevo. ¿Cómo estás? —preguntó algo seco.
—Muy bien, Tristán.
—Por favor, llámame Sr. McLean.
Los chicos soltaron una carcajada amortiguada. Piper se limitó a fruncir el ceño extrañada.
—Papá.
— ¿Qué? Él sabe que estoy jugando, ¿no es así Jason? —preguntó más accesible.
—Por su puesto —contesta el chico un poco sonrojado—. Ya sabes cómo es Piper, no le gustan las bromas pesadas.
—Lo sé. Se parece a mi madre. —coincidió Tristán.
Percy frunció el ceño.
—Esperen, ¿ustedes dos —señaló a Jason y Tristán— se llevan bien?
Los susodichos lo miraron desconcertados.
—Sí. —contestó el hombre.
—Pero él está saliendo con tu hija.
— ¿Y?
—Que está "mancillando" a tu hija —dijo desconcertado, recordando los lamentos que le dedicaba Atenea cada vez que lo miraba — Ya sabes, está saliendo con la luz de tus ojos…
—Percy… —decía Annabeth.
—… La mejor flor de tu jardín…
—Percy…
—Que ella es demasiado buena para él.
—Percy —interrumpió Jason a su amigo—, no todos odian a sus yernos.
—Pero…
—Solo te odian a ti —concluyó Leo—. Supéralo.
—Pero…
—Déjalo así, Percy. —recomendó Frank.
—Creo que me perdí —admitió Tristán—. ¿Quién te odia?
—La mamá de Annabeth. —contestó Piper.
—Eso es porque las madres son más territoriales —ofreció Tristán—. No te sientas mal. Así fueras el rey de Inglaterra, ella pensaría que no es suficiente.
— ¿Así salve el mundo, no seré suficiente a sus ojos? —preguntó más para él que para los demás.
—Me temo que no. Las mujeres son raras. Muy quisquillosas y ¡dios te libre de tener una en tu contra! Además, las suegras son de lo más metiches. —dijo a un Percy cabizbajo.
— ¡Papá, estás hablando de la mamá de Annabeth!
—No, hablé de las mujeres en general. No me malentiendan —agregó ante las miradas ofendidas de las féminas—. Es solo que muchas veces su género da miedo.
— ¡Eso es lo que decíamos! —exclamó Leo.
—No todos. —recordó Percy, quién fue ignorado por los demás.
—Yo solo decía que no siempre son un encanto —agregó tímidamente Frank—. No es que me den miedo.
— ¿No? ¿Entonces que te inspiraba tu abuela, Zhang? —se burló Nico, haciendo sonrojar al romano.
—Nico, no lo molestes. —regañó Hazel
—Pensé que era la semana sin regaños. —recordó.
—Solo dijimos que yo no les iba a decir nada —recordó Annabeth—, no dijimos nada de las chicas. —terminó con petulancia.
—Pero…
—Será mejor que vayan a instalarse —interrumpió Tristán—. Tengo que ir a hacer unas grabaciones pendientes. ¿Qué dicen? ¿Quieren ir?
— ¿Podemos? —preguntó Hazel con sus ojos ambarinos brillando de emoción.
—Claro. Solo dense prisa. Tengo que estás ahí en una hora.
—Estaremos listas en media hora. —dijo Annabeth, tomando de la mano a sus amigas y subiendo las escaleras con rumbo al cuarto.
Los demás se quedaron en la planta baja, preguntándose que harían con media hora libre —que muy en el fondo sabían que no iba a ser media hora—, después de todo, no necesitaban cambiarse, con sus ropas se encontraban bien.
. . . .
Que equivocados habían estado. Mientras las chicas se pavoneaban en unos pantalones y chamarras muy calientitas, ellos, temblaban de frio ante las bajas temperaturas del set de grabación adornado con temática de un bosque de coníferas.
Cómo podían hacer un bosque de ocho por ocho metros y que se viera real era algo que no sabían, pero la temperatura era baja. Al punto de hacerles castañear los dientes.
—Percy — decía Leo, en un intento de convencerlo —, creo que deberías apoyarnos. Sería más fácil contigo de nuestro lado.
—No pienso meterme en sus asuntos. Ustedes abrieron la bocota.
—Pero debes aceptar que, sería agradable por una vez que dejaran de tratarnos como niños. Deben ver que hemos madurado. —intervino Jason.
Annabeth se había metido con su puesto de pretor y con su liderazgo, eso era algo que no estaba dispuesto a permitir. ¡Ah, no! Él iba a demostrar ser perfectamente capaz de liderar Nueva Roma y que no necesitaba la ayuda de Reyna —bueno, no tanto—.
—No me meteré en esto, he dicho. Si algo he aprendido en todos estos años es a no apostar en contra de mi Annabeth.
—Eres un dominado — acribilló Nico—. Eres como su esclavo. ¿Piensas por ti mismo, o ella lo hacer por ti?
—Creo que ya sabemos quién tiene lo pantalones en esa relación. —se burló Leo.
—No va a funcionar. —canturreó el hijo de Poseidón.
Jason frunció el ceño. Sin duda, el convencer a Percy sería más difícil de lo que pensaba.
—Percy —se quejó el rubio—, hasta Frank está de nuestro lado y eso que él es más dócil que tu.
— ¡Hey! —se quejó el susodicho con el ceño fruncido.
—Sabes que es cierto, amigo —se disculpó el pretor—. No digo que sea malo, Frank, pero pensé que tu serías el más difícil de convencer.
—Tiene un punto. —dijo Leo encogiéndose de hombros.
—Mi trasero se congela. —se quejó Nico, frotándose los brazos para entrar en calor.
Nunca lo admitiría, pero muy en el fondo, deseaba que alguna de las chicas le hubiera dicho que cargara con algún abrigo. Ellas eran las que siempre se encargaban de estas cosas.
—Yo no dije que los apoyaba —dijo Frank—. No quiero que Hazel se enoje conmigo.
—Otro sumiso. —se quejó Leo.
—No es que sea sumiso, pero no necesito demostrar nada.
Nico lo miró escéptico.
—Eres un sumiso, Frank. Si mi hermana te dice perro tú ladras.
— ¡Eso no es cierto!
—Demuéstralo. —le retó su cuñado.
— ¡Bien! Me uno a su tonto plan. Pero después no se quejen cuando las cosas salgan mal.
—Somos nosotros, ¿Cuándo nos ha salido algo mal? —cuestionó Leo, tratando de convencerlo.
—Pues, aquella vez en la que pensante que podrías hacer una armadura que se fundiera con la ropa y caíste al lago. Casi te ahogas y terminó haciéndote RCP Will…
— ¡Dijimos que no volveríamos a hablar de ello! —gritó Leo.
Lo último que quería era recordar esa respiración boca a boca. Se había sentido violado.
—Solo decía. —contestó Percy, levantando las manos.
— ¿Qué hacen chicos? —preguntó Piper.
—Hablando de cosas de chicos. —contestó Nico.
Hazel puso los ojos en blanco.
— ¿De dónde sacaron eso? —indagó Frank, señalando los vasos con chocolate caliente que tenían las chicas entre sus manos.
— ¿Esto? Jamie nos los trajo. —respondió Piper
— ¿Ahora es, Jamie? ¿Pensé que era el "asistente"? —declaró Jason.
—Jason, se presentó como "Jamie", lo correcto es llamarle por su nombre. —regañó su novia.
—Solo digo que es muy atento contigo.
—Es el asistente de mi papá —dijo con obviedad—, es lógico que sea atento conmigo.
—Dame eso. —interrumpió Leo, arrebatándole el chocolate a Piper.
Frank puso los ojos en blanco. Solo su amigo podía ser así de descortés.
— ¡Annabeth! —Gritaron a lo lejos, interrumpiendo la conversación de los chicos— ¡Annabeth!
La rubia volteo, seguida de Percy.
—Darren. —saludó la chica con una sonrisa amable.
Percy lo examinó de pies a cabeza, sin dejar de pasar detalle alguno.
Darren era alto, pero no tanto como él. Complexión delgada pero definida y, aunque odiara admitirlo, podría resultar un poco atractivo al sexo opuesto.
El chico los alcanzó y miró directamente a la rubia.
—Encontré los planos que te comenté. —dijo, ignorando la penetrante mirada del chico de ojos verde mar.
— ¡Eso es genial! —exclamó la rubia emocionada.
Los demás miraban la escena divertidos.
— ¿Y tú eres? —preguntó Darren al sentir la persistente mirada del chico.
—Oh, Darren —intervino Annabeth—, él es mi novio, Percy. Percy, éste es Darren. Esta de pasante. Estudia arquitectura y está por graduarse. ¿No es increíble? Ha trabajado en varios sets de grabación. Trabajó en la réplica de uno de los templos de Atenea para una película.
— ¿Novio? No mencionaste que tenías novio. —dijo sin decoro.
—Pues lo tiene, Darren. — dijo Percy sin inflexión. Lanzando dagas por los ojos.
Annabeth se sonrojó.
—Pues, no venia al tema. —admitió sintiéndose un poco culpable.
Darren compuso lo mejor que pudo su expresión. No era de extrañar, la chica era linda.
—No importa —mintió—. ¿Cuándo quieres ir a verlos? Podría hacer unas llamadas y ver que nos dejaran ir a ver el set. Aun está en utilería.
— ¿En serio? ¡Eso sería genial!
Leo rió disimuladamente.
—Seguro. Solo dime el día. Toma —dijo extendiendo una pequeña tarjeta—. Llámame cuando quieras. —dijo de forma sugerente.
Se despidió de las chicas —ignorando a los chicos— y se perdió entre las personas que iban de un lado a otro.
—No vas a ir, ¿verdad? —preguntó Percy, más por cortesía que por gusto.
—Claro que voy a ir, Percy. Esta es una oportunidad única. Ellos realmente fueron a Grecia para poder construirlo. Y lo diseñaron de la forma que debió haber sido realmente.
—No te quiero cerca de él. No me gusta.
—Percy, no seas infantil.
—No soy infantil. Vi como te miraba.
Jason sonrió. Esta era su oportunidad y no la iba a dejar pasar.
—Annabeth, creo que Percy tiene razón. No hagas cosas buenas que parezcan malas. —dijo con falsa inocencia.
—Jason, no te metas. —aconsejó Piper.
—Déjalo que se meta. —defendió Percy.
Jason estaba de su lado y él iba a necesitar refuerzos para ganarle a su novia.
—Percy estás siendo inmaduro.
— ¡No soy inmaduro! —protestó.
— ¡Te estás comportando como uno!
—Me preocupo por ti.
—No. Te conozco. Estás celoso. ¡Cuando te pones así eres como un niño!
— ¡Claro que no!
—Voy a ir y se acabo.
— ¡Pues vamos contigo!
Nico frunció el ceño. —Yo no quiero ir. — dijo molesto.
—No me interesa —replicó su amigo—. Ella no va a ir solo a ningún lado con ese.
—Percy, no seas inmaduro —dijo con la mayor calma que pudo reunir—. Y ese tiene nombre, se llama Darren.
— ¿Si fuera al revés me dejarías ir?
—Para empezar, no tengo por qué pedirte permiso. Segundo, yo te tengo toda la confianza del mundo como para saber que puedes tomar las decisiones correctas. Y, tercero, esto no está a discusión. Vinimos para conocer, así que no empieces con tus niñerías.
Dio media vuelta y se dirigió hacia un grupo de personas que trabajaban en algunas fachadas para las próximas escenas; dejando a su novio con la palabra en la boca y a sus amigos amortiguando sus carcajadas.
Piper y Hazel compartieron una mirada de comprensión y fueron detrás de su amiga.
Percy estaba furioso. Annabeth no tenía por qué tratarlo de esa forma. Él solo se preocupaba por ella, pero ella no lo veía así. Ella solo pensaba que se estaba comportando como un "chiquillo inmaduro". Bien. Le daría un chiquillo inmaduro. Sería el más inmaduro solo para demostrarle que no necesitaba que tomara las decisiones por él.
—Jason —susurró a través de sus dientes apretados, viendo a Annabeth platicar con sus amigas y con el tal Darren—, estoy con ustedes. Cuenten conmigo para lo que sea.
Lo demás sonrieron de forma diabólica y Frank perdió un poco de color. Apenas empezaban estas vacaciones y él ya estaba arrepintiéndose de haber venido.
Bien mis pequeños y pequeñas,
he aquí el cuarto capítulo.
De aquí en adelante empieza lo bueno xD
Muchas gracias por sus reviews y a los que
han agregado a alertas y a favoritos. Pero
sobre todo, gracias por leer.
Espero les haya gustado.
Besos :3
