Capítulo 5

—Creo que nos estamos pasando con esto. —dijo Percy realmente preocupado.

—No es momento de arrepentirse. —zanjó Jason, mientras subían las escaleras con rumbo a la habitación que compartían las chicas.

—Solo digo que esto es algo extremo.

—Mira, Percy —comenzó Leo—, esto es justo lo que necesitamos. Después de esto, Annabeth estará perdida. Perderá los estribos y ganaremos.

—Todo eso es posible gracias a esta bolsita —apoyó Nico—. Y, recuperarás tu orgullo.

—No estoy seguro. —dijo indeciso.

—Si se ve desde el punto táctico —intervino Frank—, es lo más eficaz para ganar la apuesta. Es lo más rápido, considerando que sabemos los puntos débiles del enemigo sería una estupidez no usarlos.

—Vaya, hasta que dices algo sensato. —concordó Leo, ganándose una mirada de desaprobación por parte de su amigo.

Jason abrió lentamente la puerta, revisando que no hubiera nadie dentro. Frank se quedó fuera fungiendo de centinela en caso de que las chicas regresaran antes de lo previsto de su día de spa.

— ¿Cuál será la suya? —preguntó Jason, viendo las tres camas.

—No lo sé —admitió Leo—. Hey, Percy, ¿cómo le gusta a Annabeth, arriba o abajo? —Dijo con doble sentido, señalando la litera— ¿O prefiere lo convencional? —señaló la cama individual.

Percy enrojeció un poco y trató de sacar imágenes de su novia en posiciones comprometedoras; más ahora que, estaba a punto de hacer esto.

—No lo sé.

—Hum. Tal vez hay que preguntarle a Darren. —le picó Nico.

Percy le soltó un puñetazo que alcanzó a esquivar el chico. Los demás rieron.

—Revisa las cosas. Deben haber guardado algo en sus camas.

—Cierto. —concordó Jason.

Comenzaron a revisar las camas. Pasaron las manos por los bordes y debajo de los colchones, pero no encontraron nada que les dijera quienes eran las dueñas de cada cama.

—Bien, será en las tres. —dramatizó Leo con un suspiro.

Jason lo miró mal.

—Estarás de broma. No pienso hacerle eso a Piper.

—Pues Annabeth sufrirá sola esto. —zanjó Percy molesto.

Ambos adolescentes se retaron con la mirada.

Nico y Leo intercambiaron una mirada cómplice y se encogieron de hombros. Vaciaron el contenido de la bolsa en las tres camas.

— ¡¿QUÉ HACEN?! —exclamaron alarmados los chicos.

—Pues, si las tres se enronchan mejor. —explicó Leo con simpleza.

—Es tu hermana, Nico. —reprochó Percy.

— ¿Y? Ella sabía en lo que se metía. ¿Crees que ellas se van tocar el corazón para atacarnos? Además, nadie ha muerto a causa de polvos pica-pica.

—Hasta ahora —susurró Jason—. Si ellas no nos matan, lo hará Tristán. ¿Cómo le vamos a explicar esto?

—No tiene por qué enterarse. —dijo Leo.

— ¿Y qué le vamos a decir?, ¿qué les dio sarampión? —bramó Percy.

Ahora se estaba arrepintiendo de todo este estúpido juego. Sinceramente, ¿desde cuándo le preocupaba lo que su chica lista pensara de él? Pero a su mente vino la imagen de Darren coqueteando con su chica. Oh, sí, Darren había osado flirtear con ella en su presencia. Y, lo peor, la voz de Annabeth diciéndole: «No seas infantil, sesos de alga.», cuando se había enfrentado a él.

—Lo hecho, hecho está. —finalizó Leo.

Jason imaginó sus manos alrededor del cuello de su amigo y haciendo presión. Una imagen realmente tentadora en esos momentos.

— ¿Qué? —preguntó Leo a su amigo.

Jason tuvo un tic en su ojo.

— ¡Regresaron! —bramó Frank, entrando a la habitación.

— ¿Y qué haces aquí? —reprochó Percy— ¡Hay que salir!

—Muy tarde. Nos van a ver.

Los cinco compartieron una mirada de pánico y miraron a su alrededor en busca de un escondite. Escapar estaba fuera de discusión; se encontraban en el cuarto piso y, no contaban con el tiempo necesario para huir.

Nico y Leo saltaron hacia las camas, empujándose entre ellos. Cada uno se metió debajo de una entre quejidos y protestas.

Percy y Jason corrieron hacia el enorme ropero, ocultándose entre las prendas colgadas. Frank, desesperado busco un escondite, pero todo estaba ocupado. Trato de ocultarse debajo de la cama con Leo, pero este lo empujo de una patada.

—Búscate tu escondite. —se limitó a gruñir.

Desesperado, se convirtió en pajarito y huyó al baño.

La puerta se abrió de par en par. Tres chicas totalmente relajadas entraron a la habitación entre risas.

—Por favor —decía Piper—, si se ve que le encantas.

—No sé de lo que hablas. —contestó Annabeth.

—Oh, vamos; al pobre solo le falta babear frente a ti. —acusó Hazel.

La rubia las miró incrédula.

— ¿Yo? ¿Debo recordarles quien tiene a su lacayo personal? Jamie no ha dejado que escapes de su vista. —contestó viendo fijamente a Piper con una sonrisa burlona, haciendo que la chica se ruborizara.

—Es normal —defendió Hazel a su amiga—, Piper reclama las miradas a donde sea que vaya.

Jason gruñó.

— ¿Que tratas de decirme? —contestó Annabeth.

—Que no cambies de tema. Obviamente, Darren, no está interesado en llevarnos a las tres a ver la fachada esa.

Percy no pudo evitar gruñir al escuchar eso.

Por primera vez en mucho tiempo, Annabeth, se quedó sin argumentos.

— ¿Le dirás a Percy? —quiso saber su amiga castaña.

Percy aguzó aun más el oído, esperando que la respuesta de su novia lo satisficiera.

— ¡Claro que le diré! —contestó exaltada.

Una sonrisa se planto en el rostro del chico. «Esa es mi chica lista»

Nico y Leo solo podían ver los pies de las chicas, pero podían escuchar todo, así que todo estaba bien para ellos. Todo hasta que, vieron como ropa femenina iba cayendo al suelo. No pudieron evitar que los colores subieran a sus rostros al imaginar lo que estaban haciendo sus amigas —y hermana en caso de Nico—, estaban haciendo.

—Yo no le diría. —soltó Piper.

Percy y Jason fruncieron el ceño. ¿Qué clase de consejo es ese?

— ¿Si fuera al revés no le dirías a Jason? —quiso saber la rubia, mientras se sacaba la blusa.

Jason cerró los ojos. Lo último que necesitaba era que Jackson lo golpeara por ver a su novia semidesnuda.

—Pues… no sé —admitió finalmente—. ¿Tú lo harías Hazel?

Hazel, quien se encontraba solamente en ropa interior, se ruborizó un poco al sentirse observada.

—Considerando que Frank no es tan inmaduro —empezó, haciendo sentir culpable a su novio escondido en el baño y, que el griego y el romano escondidos en el ropero se avergonzaran—, creo que se lo diría. Prefiero que se entere por mí que por alguien más.

— ¡Entonces se lo dirías por miedo a que alguien más le diga! —soltó Piper.

— ¡Claro que no! ¡Entre nosotros hay confianza! —chilló la chica.

— ¡Pero si lo acabas de admitir! —exclamó Annabeth.

Los cinco chicos ocultos en la habitación se preguntaban por qué tenían que chillar tan escandalosamente. Nunca, en sus años de conocerse, las habían conocido así —y no se referían a verlas semidesnudas—.

Percy y Jason hacían un esfuerzo sobrehumano para no espiar a las chicas. Nico y Leo trataban de estirar el pescuezo para ver solo un poco más —obviamente, Nico, pasando por alto a su hermana—.

—Bueno, nadie es perfecto. —terminó la romana en tono juguetón.

Annabeth caminó directamente hacia el ropero en busca de algún cambio. Percy y Jason sudaron la gota gorda. Trataron de replegarse tanto como pudieron, rezándoles a los Dioses que los fundieran con la pared.

Piper rió divertida.

— ¿Por qué no te pones el vestido que te dije?

— ¿El verde?

—Sí. Lo deje en el baño. Deja voy por él.

La rubia se alejo del ropero y fue con su amiga en busca del vestido. Frank trato de esconderse, después de todo, un pajarito no es muy difícil de ocultar en un baño inmenso.

Hazel se quedó en la habitación, impidiendo el escape de los demás. Se inclinó y metió la mano debajo de su cama —en la cual estaba Nico— en busca de su maleta, dándole una vista tentadora a Leo, desde su posición, quién no podría estar más rojo. De repente, sintió mucho calor.

Hazel manoteaba y la maleta no aparecía. Antes de que asomara la cabeza, Nico lanzo la pequeña maleta, dejándola al alcance de su hermana. Contenta, Hazel comenzó a buscar algo que ponerse.

En el baño, Frank trataba de desviar sus ojos daltónicos de sus amigas, pero el chico tampoco es santo. Pudo llevarse una idea de lo bien formadas que estaban las griegas.

— ¿Qué es eso? —preguntó Annabeth a través del espejo.

— ¿Qué?

—Eso —señaló la chica al escondite de Frank—. Creo que es un ruiseñor.

— ¡Oh, qué bonito! —exclamó la castaña.

Ambas se acercaron con la intención de atraparlo.

El pájaro sobrevoló en busca de un escape, pero no contaba con la inteligencia y astucia de la hija de Atenea, quien lo atrapo entre sus manos con destreza.

— ¿Cómo habrá entrado? —se extrañó Piper—. No dejamos la ventana abierta. ¿Podemos quedárnoslo?

—No creo que sea buena idea.

Frank se agitaba desesperado; picoteando las manos de la rubia, provocando que ella ejerciera más presión en su agarre.

— ¿Por qué tardan tanto? —cuestionó Hazel desde el otro lado—. ¡Oh, qué bonito!

La puerta del baño abierta, dando una vista de la habitación.

— ¿Podemos quedárnoslo? —preguntó.

Ambas chicas vieron a Annabeth esperanzadas.

—A mí me da igual. Pero, yo no pienso alimentarlos. —sentenció.

Hazel y Piper chillaron y le arrebataron el pequeño pajarito de las manos.

Terminaron de cambiarse y salieron en busca de una jaula para el pequeño Frank.

Una vez cerciorados de que no iban a volver, los cuatro mestizos abandonaron sus escondites.

—Tienen a Frank —anunció Leo—. ¡El enemigo tiene a Frank!

—Cállate, Leo. —ordenó Percy.

—Más les vale no haber abierto los ojos, ¿me escucharon? —amenazó Jason.

. . . . .

— ¿En serio dijo que no quería venir? —preguntó Hazel, preocupada. Desde que habían llegado del spa la tarde anterior no lo había visto— Tal vez debería llamarle.

— ¡NO! —contestaron los cuatro chicos alarmados.

Annabeth enarcó una ceja; esto olía a gato encerrado.

—Dijo que no se sentía muy bien. —explicó Leo, observando de reojo el pequeño ruiseñor en la jaula dentro del camerino.

—La comida nos hizo daño. —aclaró Jason.

— ¿No deberían dejarlo libre? —señaló Nico a Frank.

—No. Será nuestra mascota. —canturreó Hazel con una enorme sonrisa.

— ¿Están listos? Empezamos en cinco. —dice una chica de cabellos rosa chicle.

—Están listos. —contesta la encargada del maquillaje.

—Aun no sé cómo nos dejamos convencer por esto. —murmura Nico con fastidio.

—Ochenta dólares la hora. Por eso nos dejamos convencer —recuerda Leo—. Ochenta dólares por solo lucir bonitos al fondo de la pantalla.

—Lo haría por diez —aporta Percy—, pero no me quejo.

Las chicas ponen los ojos en blanco.

Los siete salen del tráiler donde los arreglaron y caminan hacia el set, donde Tristán los esperaba.

— ¡Annabeth! ¡Annabeth!

Percy no pudo evitar rechinar los dientes. Jason no pudo evitar dejar salir una sonrisa burlona.

—Suerte.

—Gracias, Darren. —contestó la chica un poco incomoda.

El rubio asintió en su dirección y se alejó con una sonrisa satisfecha.

—No veo por qué te desea suerte; solo nos vamos a sentar al fondo del restaurante.

—No seas grosero, Percy. El chico solo trata de ser amable.

—Pues que sea amable con alguien más.

Annabeth sonrió. Le encantaba cuando su novio se preocupaba por ella, incluso si se veía estúpido al hacerlo.

Le dio un beso en los labios, acallando sus protestas.

—No seas celoso, sesos de algas.

Percy se inclinó y volvió a besarla.

Annabeth sonrió pero, la comezón en su espalda la distrajo.

—Creo que fue algo de spa —le informó, haciendo que el chico tragara en seco—. Las tres estamos igual. Ayer no pudimos dormir a causa de la comezón.

—A lo mejor una reacción alérgica. —le animó bastante nervioso.

—Tal vez. —coincidió la chica, rascándose los brazos.

Piper, por su parte, ya tenía cardenales de tanto que se había rascado y Hazel comenzaba a mostrar manchas rojas.

—Creo que iremos a ver a un doctor.

— ¿Un doctor? ¿No crees que exageran? —preguntó nervioso.

—Percy, la salud es lo primero.

—Solo decía…

Desvió la vista hacia sus amigas. Piper, tenía la piel enrojecida y, no dejaba de rascar sus brazos. Hazel, parecía que tenía pulgas; no dejaba de rascar su pequeño cuerpecito.

Leo y Nico solo reían por lo bajo.

— ¿Crees que sea buena idea? —preguntó Jason por cuarta vez en quince minutos.

—Sí, Jason. No vamos a hacer nada extraordinario —rascó su cuello—, solo vamos a estar sentados al fondo mientras papá dice sus líneas.

Jason no pudo evitar dirigir su vista al escote de Piper. Tenía que admitir que, realmente se habían pasado con su broma. La piel de su novia parecía piza de pepperoni.

—No lo sé. No me gusta eso de estar rodeado de cámaras.

—Ni que te fueran a enfocar a ti —dijo Jamie, haciendo que frunciera el ceño—. Señorita McLean, traje el ungüento que encargó.

—Gracias, Jamie. —contestó la chica con una enorme sonrisa.

— ¡Jason! —gritó Leo, llamando la atención de su amigo— ¡Ven a ver esto!

El romano se disculpó con su novia y se dirigió a ver qué es lo que querían sus amigos.

Hazel y Annabeth se reunieron con su amiga. Las tres, rascándose el cuerpo. Era una comezón desesperante y, sobre todo, irritante. Ahora sabían lo que habían sentido los chicos al haberse tallado la piel después de la broma de los Stoll.

—Una cosa es segura —se quejó Piper—, no vuelvo a ir a un estúpido spa.

—Yo no vuelvo a seguir tus planes. —sentenció la rubia.

Hazel no podía ni hablar de la comezón que atacaba a su cuerpo en lugares vergonzosos; como el trasero. Había utilizado tanto talco que, cada vez que se sentaba, una nube blanca salía despedida de su parte trasera.

—No es por ser indiscreto —interrumpió Jamie al pasar—, pero, ayer vi a los señores Grace, Jackson y compañía entrara a su habitación. Pensé que estaban con ustedes hasta que las vi regresar del spa.

— ¿Y eso que quiere decir? —cuestionó Hazel.

—No quisiera causar ningún conflicto entre ustedes, pero, los vi muy sospechosos y, encontré unas bolsas de polvos pica-pica esta mañana mientras Lynn realizaba la limpieza. Creo que fue algo muy infantil de su parte si me permiten decirlo. —agregó el chico.

Los colores subieron a los rostros de las chicas. ¿Habían escuchado bien? ¿Polvos pica-pica? ¿Los chicos eran realmente tan inmaduros para llevar a cabo la estúpida apuesta?

La comezón pasó a segundo plano, dejándole el telón completo a la ira.

—Esto no se queda así. —masculló Piper.

—Esos dos me las van a pagar. —decretó Hazel.

—Esto es guerra —dijo Annabeth, a través de sus dientes apretados—. Esos chicos aprenderán a nunca apostar en contra de Atenea.

Jamie se alejó con una sonrisa de satisfacción en el rostro. «Oh, sí, Piper no se escapará de mis encantos», pensó.


Bueno, he aquí el quinto capitulo.

Espero les guste y, en el proximo capitulo, veremos la venganza de las chicas,

ademas de que, los veremos más involucrados en el medio. ¿Cómo pueden estar

en L.A. y no tener sus cinco minutos de fama?

Bueno, les tengo una pregunta; estoy trabajando en dos historias, ambas son de AU,

la pregunta es esta, ¿les gusta leer de este tipo de historias? He pensado en subirlas

a este fandom, pero, quiero saber si realmente les interesaría leerlas o, de plano no les

agradan para nada este tipo de historias.

Bueno, cuidense.

Besos. *3*