† Belli inferendi †
Todo el peso de lo pasado hacía poco, caía en Sebastien León. Sobre sus hombros. Sentía sus demonios llevándose pedazos suyos. Por eso desde la tarde en que salió de su mansión, no volvió. Había perdido cierta noción del tiempo mientras seguía una pista. El tiempo pasaba corriendo mientras planeaba que hacer. Cuando no, pasaba tortuosamente cada segundo.
Pero había recordado que aún tenía una arma para usar. No sabía que hora era, solo que no había sol. La sección de Venatores no-vivos estaba de ronda, damnatis, intellexit y un par de stultis que le debían favores, seguían en su turno. El se quedó en la guarida donde se refugiaba un par de horas diarias y mandó a llamar el a's que tenía bajo la maga. La noche iba a ser interesante.
No esperaba que aquello viniera fácil. Esperaba mentiras, excusas, distracciones.
Pero sonrió ansioso cuando el Venator humano entró. Su típico porte de prepotencia le precedía. Lancelot se levantó de su lugar y rodeo el escritorio con la palma extendida para saludar.
-Buenas noches, Gael. Gracias por atender al llamado. Sabes que no lo haría si no fuera necesario.
Cuando Gael salió de su casa, pensó que era buena idea no decirle nada a Katherine. Tomó una de sus armas y la guardó de manera estratégica en su ropa, antes de salir. No creyó que fuera a necesitar algo de peso para una simple reunión.
Besó la frente de su mujer y sin hacer más movimientos salió.
Muchas cosas le habían pasado por su cabeza, mientras conducía hacia su guarida. ¿Para qué demonios lo quería a esas horas?
El llegar hasta aquel lugar con Lancelot, le ponía mal. Sabía que algo no andaba bien y una parte de él quería descubrirlo, mientras que otra quería volver e ignorar todo. El lugar parecía estar solamente ocupado por su jefe. Ninguna otra persona estaba dentro. Eran solo ellos dos.
Hizo una pequeña reverencia con la cabeza ante el saludo y se quedó callado, solamente escuchando las palabras que salían de la boca ajena. Algo dentro de él sabía que ese favor no era nada bueno.
-Necesito un favor tuyo. Sé que has estado trabajando en una información. Lo cual me alegra y sé que llegaste a concertarla. Te pido que la uses. Necesito que mates a la vampiresa que has estado siguiendo. Una de nombre Katherine...
Lancelot hizo una pausa, fingiendo que intentaba recordar
-Wayne. Katherine Wayne.
El cuerpo del Stulti había quedado con el cuerpo de espaldas al humano. Su mano izquierda descansaba en el escritorio mientras él le hacía frente a la chimenea encendida.
El descontrol del Venator le llegó a su olfato y se sintió como una ola de energía pegando contra su espalda. Su cuerpo inconscientemente se preparó para la batalla.
Sus músculos se tensaron bajo la ropa de combate. Incluso sonreía mientras lo miraba sobre su hombro por el rabillo del ojo.
Al escuchar el nombre de Katherine de manera automática, Gael apretó la mandíbula y sintió que su cuerpo se comenzaba a tensar.
Iba a gritar a arrojar cosas e inclusive a sacar su arma y vaciarla sobre el cuerpo del hombre, pero no lo hizo. Tomó un respiro y se comenzó a calmar en silencio, por unos segundos.
-Yo voy a matarla pero cuando lo crea conveniente. Ella tiene asunto pendientes conmigo. Es mi presa y yo sabré cuando cazarla.
Comentó tratando de sonar algo indiferente. Ocultando lo furioso que en verdad estaba.
Lancelot asintió ante lo esperado. Se movió con lentitud y seguridad por la habitación. Aun que Gael luchaba por ocultar la molestia en su voz, él pudo notarla. Tan clara como el agua en su tono de arrogancia. Para alguien tan familiarizado con el enojo era plenamente reconocible. Él usaría ese odio a su favor.
-Puedo comprender eso. Créeme que sí, lo respeto. Pero, odio los peros. Lo que ha pasado es poco convencional. Y aunque sé que es tu presa, necesito que ayudes a los tuyos. Han matado inocentes, de la manera más vil. Y ya no puedo seguir soportándolo. Porque puede que seas el próximo inocente en caer.
Lancelot tomó del escritorio el abre cartas y lo hizo destellar a la luz de la chimenea y jugando en sus manos con el artefacto de manera burlesca. Totalmente contradictorio, ante la seriedad con la que hablaba.
A cada pasó que Lancelot se acercaba Gael deseaba con todas sus fuerza golpearlo y dejar que las balas llenaran por completo su cuerpo. Suspiró cuando sintió que el cuerpo ajeno estaba cada vez más cerca de él. Una falsa y arrogante sonrisa se dibujo en el rostro de Gael. Sus ojos estaban puesto sobre él, en todo lo que hacía.
-¿Recuerdas a esa venatore morena que me desafíó? Era nueva, no recuerdo su nombre pero era inocente. Y encontraron su cuerpo drenado esta mañana a las afueras de esta propiedad. Inocente como tu familia, tu esposa, tu hijo, Gael. ¿O no lo recuerdas? Eso le pasa a todos los que no trabajan juntos. Se pierden en su codicia, la cual comprendo mejor que nadie, y actúan de manera imprudente logrando que esos mismos demonios que protegen, los maten.
Lancelot negó pesadamente en medio de su discurso. Lógicamente, él había matado aquella Venator, y Gael lo sabía. Lo que sonaba como una real angustia, era una amenaza. Clavó el abre cartas en un adorno sobre una repisa. La hoja quedo tambaleándose sobre su base. Deslizo sus manos en su pantalón frente a él.
-Y nosotros, necesitamos actuar ahora. Esperar solo nos hace perder más inocentes. Pudiéndolo evitar. Si no podemos confiar en alguien ¿Qué deberíamos hacer?
El Venator pasó ambas manos sobre su cabello y apretó los puños con tanta fuerza que le dolieron pero aquello no le importó ni un solo segundo. ¿Cómo carajos se atrevía a mencionarlos? Gael estaba mucho más que enfadado y aquello aunque deseara ocultarlo, no podía hacerlo más. Era un maldito bastardo y descarado. Gael no pudo evitar acercarse un poco más al cuerpo de Lancelot. Si iban a jugar Gael movería sus cartas de la mejor manera.
-Jamás se puede confiar en alguien Lancelot. Jamás... Si tu hiciste lo que quisiste con tu presa ¿Por qué yo no haría lo que quiera con la mía?
Se alejó un par de pasos. Se recargó en la pared más cercana sin dejar de observarlo. No le importaba que mencionara a aquella Venator, no le importó que aquello fuera una amenaza. Porque detrás de cada palabra iba impresa una amenaza de muerte, si el no hacía lo que el hombre deseaba. Gael podía morir pero jamás, jamás iba a traicionar a Katherine.
Parecía un gallo de pelea, para Lancelot, buscando molestarlo al acercarse y hablar así. Cosa que a él no le afectaba. Los nervios de ambos hacían crujir la violencia en el ambiente. Por la manera en que Gael apretaba su mano derecha asumía tenia una arma. Como no-vivo tendría que tener una extrema puntería, suerte y factor sorpresa para matarlo con una arma que se esconde así de fácil. El decía que no se debía confiar en nadie.
Pero Gael mismo venia confiado ante él sin real armamento encima.
Como fuera, la resistencia ante ir por la mocosa de Jatziri, le comprobó lo que él ya sabía.
Pobre Venator, pensó para él.
Supo que su alejamiento no era una rendición sino un desafió. Lancelot cruzó los brazos sobre el pecho porque su mano empezaba a buscar una arma y no. No era inteligente hacer aquello. Matarlo no le traería mas beneficio que el aumento de la ira de la bestia con la que este humano estaba.
Sin embargo, eso no quería decir que no lo usaría. Porque iba a usarlo para lastimarla, distraerla, debilitarla. Se balanceó sobre sus talones hacía atrás. Y miró el abrecartas que usó para acribillar el adorno sobre la chimenea.
-Sí es así, entonces requeriré tu ayuda en otra cosa. Necesito que vayas a Bosnia y Herzegovina. Hay un no-vivo de nombre Edward Turner, necesito pistas de él. Necesitamos. Esta fuera de control creando tantos como puede y matando otro buen numero de humanos.
Ademas había sido el bastardo por que el que se habían llevado a Ayelet. Pero aquel Venator no necesitaba saber mas de lo necesario. Lejos de su bestia, ésta quedaba inestable. El viaje era muy largo. Y Lancelot no tuvo que decir que pasaría si no se iba. Sabia donde estaba su casa, podía cortar todos sus recursos económicos y convencer a la policía de seguirlo por toda Europa.
-Puedes retirarte. Era todo lo que tenía que decirte. Y para que sepas, lo que hice con mi presa fue siempre pensando en el beneficio de la asociación nuestra. Uno del equipo te llevará directamente al aeropuerto, a mi avión privado. Te dejé un pasaporte y dinero con el. Debe estar esperándote afuera.
Hizo un gesto con la mano. Mientras lo miraba se imaginaba las mil formas de matar al humano. Pero no se movió para hacer nada cuando éste partió de su despacho.
Gael sabía que esto no era más que una excusa para alejarlo de Katherine. El solo pensarla en peligro por Lancelot, le hacía arder la sangre.
Sacó el móvil de su bolsillo. Quizás le daba tiempo al menos para enviarle algún mensaje. Pero ver a su compañero frente a el, esperándolo; le hizo saber que ni para eso tendría tiempo.
El terror de pensar a Katherine en peligro lo heló por unos instantes, mientras intentaba pensar en alguna solución.
Pero sabía que no tenía ninguna...
† † † † †
La noche ya había caído en la ciudad de Moscu y la luna apenas alumbraba a la oculta no-viva, que se encontraba a propósito en las ramas de un viejo árbol. Sus sentidos estaban agudizados, por lo que prestaba atención a todo su entorno.
Logró escuchar que algo o alguien pasó cerca de ella demasiado rápido como para poder verla, Maddie abrió los ojos y sonrió divertida. Salió de su escondite, moviéndose entre árboles habilidosamente. Segundos después, perdió el rastro.
¡Que irónico un cazador perdiendo la presa!
De repente un gruñido sonó detrás de ella.
Ahora ella era la presa, y su hermana Arya la cazadora.
-Esta vez perdiste hermanita.
Dijo la mayor de las Elyrion sonriendo triunfal.
Esto era una especie de juego entre hermanas. "El gato y el ratón". Pero todo era con un fin: debían entrenar sus sentidos, habilidades y sin poderes.
Ambas se bajaron de sus alturas y se mudaron a un sector a campo abierto.
Maddie tomó las manos de su gemela quedándose mirandola a los ojos un poco dudosa. Ella suspiró.
-Arya me voy.
Ella dudó, frunció el ceño, entrecerró los ojos y la miró. Negó y volvió a mirarla.
-¡¿COMO?! ¿PORQUE? ¿A DONDE Y CON QUIEN?
Ante la reacción de su hermana Maddie rie un poco divertida.
-¿Recuerdas la vieja casa de campo? Conseguí un entrenador. La guerra nos pisa los talones y no quiero ser la carga de nadie. Solo sera una semana. No puedo pedirte que me acompañes porque tu deber esta con tu hija y el consejo. Pero visítame y ponme a prueba.
Arya quiso oponerse pero la determinación en los ojos de Maddie, la hizo desistir. Solo la abrazó fuertemente.
-Jamás serías una carga. Pero te dejo ir. Si me necesitas, estaré a tu lado en un minuto, niña.
Maddie asintió sin soltar su abrazo. No sabía qué pasaría en la guerra. Pero sí sabía que Arya tendría más oportunidades de sobrevivir, sin tener que preocuparse por ella.
Siempre serían una, dividida en dos. Pero Arya estaba haciendo su vida.
Y era el momento de que ella, hiciera la suya...
† † † † †
Las campanas de la iglesia sonaban a las ocho de la mañana anunciando que en una hora la misa iba a empezar. Se escuchaban en todo el pequeño pueblo donde estaba la familia Sodelberg. Unos golpes en la puerta despertaron a Marcus.
-¡Levántate Marcus! Debemos ir a misa a rezar por tu hermana.
La voz firme pero cansada de su madre hizo que éste, con un gruñido de protesta, arrastrara sus pies fuera de la cama. Se dió una ducha rápida y luego de su dosis de droga; se vistió sencillo. Jeans y camisa manga larga para que en la Iglesia no lo molestaran por los tatuajes. Al salir comió lo que su madre tenía para él.
Juntos, pocos minutos después, iban caminando por la calle principal del pueblo hacia la capilla.
- ¡Marcus! ¿Dónde vas?
Clare Desire apareció saltando por la calle de piedra. Miró sonriendo a los padres de Marcus que la vieron con desapruebo.
-Mis padres quieren que vaya a la Iglesia. Ya sabes, por mi hermana. Quieren ver si rezándole a un muerto, ella se cura. Si no nos escuchó antes y ni la protegió de caer enferma, no creo que ahora nos escuche.
Clare palmeó el hombro de Marcus que sonaba abatido. Sí que le seguía preocupando su hermana. Sus amigos se fueron sumando uno a uno hasta estar consolidado el mismo grupo que fueron al cementerio esa noche. Todos se apoyaban en lo que fuera.
Al menos en apariencia.
Le hacían bromas a Marcus por ir obligado, para hacerlo sentir mejor. Su madre los miró con reprobación, cuando pasaron por la puerta principal de la Iglesia. El padre daba la bienvenida a todos sonriendo y vestido de blanco. El grupo lo ignoró. Siguieron hasta una de las bancas bien adelante.
"- Pater Noster, qui es in caelis,
sanctificétur nomen Tuum,
adveniat Regnum Tuum,
fiat volúntas tua,
sicut in caelo et in terra.
Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie,
et dimitte nobis débita nostra,
sicut et nos dimittímus debitóribus nostris;
et ne nos indúcas in tentationem, sed libera nos a malo."
El sacerdote empezó con aquella letanía ancestral, llamada misa. Los chicos molestaban a la gente tirando pequeños trozos de papel. Se aguantaban risas como podían mientras Mirtha imitaba al que dirigía la misa. Cuando el sacristán se acercó con la bolsa para la limosna, Ethain echó en ella una caja de chicles que tenía. El grupo se carcajeaba en mudo. Para los Yinnûn, estar en una iglesia no era más que una comedia.
Se burlaban de la manera en que la religión hablaba de los demonios.
Pretendían estar quedándose dormidos al final de la misa, cuando la mamá de Marcus le pegó en la nuca molesta y le dió un discreto codazo en las costillas. Marcus levantó su cabeza divertido y dirigió adelante a la vista.
En el alta estaba el sacerdote haciendo una especie de ceremonia. Pero a Marcus se le borró la sonrisa. Él vió la cruz donde estaba el Cristo.
O debería ser el cristo.
Pero no era él. Su cabello blanco con hembras multicolor le dijeron quien era. ¿Pero sus ojos? Estaban verdes y su hermana estaba cubierta en sangre. En la misma posición que él había visto a ese Cristo todos estos años atrás. Pronto el aire de la iglesia se tornó frio como la muerte.
Todos hablaron a coro mientras él se quedaba petrificado viendo la imagen. Buscaba ayuda con sus ojos encontrando solo al sacerdote viéndolo fijamente mientras su ritual procedía.
- In nomine Patris.
El sacerdote llevó arriba su mano junto con los demás creyentes.
-Et Filii.
Se golpeó su pecho.
-Et Spiritus Sancti, Amen.
Su puño iba del hombro izquierdo al derecho ahora creando así una cruz en el aire.
Marcus no podía creer que no se dieran cuenta de que su hermana estaba ahí. Soltó un grito ahogado haciendo que todos se voltearan a él. Pero en ese parpadeo su hermana ya no estaba. Era el Cristo tallado sobre la cruz.
-¿Marcus que demonios te pasa?
Ante el regaño de su padre él se estremeció.
Sus amigos le dieron una palmada. Toda la congregación se levantaba y emprendían fuera su camino hablando bajo sonando como el murmullo de un panal de abejas. Marcus aún no tenía habla, mientras los sacaban de la iglesia. Justo con un pie afuera decidió llamar a su hermana. Una capa fría de sudor lo cubría de pies a cabeza.
Nadie le contestó el teléfono.
-¡Oye, Marcus! ¿Que te pasó allá adentro?
Preguntó Luna, despeinándole el cabello.
Marcus negó varias veces, y guardó su móvil en un bolsillo de sus jeans.
-Nada. No pasó nada.
Refunfuñó y se alejó del grupo, acercándose a sus padres.
Los Yinnûn se miraron entre ellos con una sonrisa en sus labios.
Una sonrisa, totalmente diabólica...
† † † † †
De nuevo, Alexia Collingwood llegaba tarde a la universidad. Se había quedado a dormir en casa de Adam, el chico que la hacía olvidar hasta que era una asesina en toda regla; y ahora ambos iban con retraso. A él le daba igual, pero a ella no. No quería que sus profesores se enojaran o no la dejaran pasar. Llegaron justo a tiempo. Dejó que él se fuera a su clase y ella caminó hacia la suya. Llamó a la puerta y salió la profesora que, con cara de no haber tenido una noche buena en siglos; le anunció que llegaba dos minutos tarde, que la clase había comenzado y no iba a dejar que la interrumpiera. Después de eso, cerró la puerta y dejó a la muchacha asombrada.
Luego de maldecir a la vieja en todos los idiomas que conocía e inventar varios nuevos, prefirió alejarse de allí.
Aburrida, ya que no había nadie por los pasillos, decidió salir a dar una vuelta por las calles de alrededor del Campus. Entró a una tienda, compró un par de chocolatinas y salió.
Tal mala era su suerte, que alguien le tapó la boca para que no gritara y la llevó a una calle que había doblando la esquina, la cual no se veía a simple vista.
Cuando al fin liberó la boca de Alexia, ella se dio cuenta de que no era un atracador normal y que su oponente además parecía tener hambre. Rió, lo que dejó al no-vivo extrañado. Aprovechó ese momento y, concentrándose el aquel ser y en la fuerza que ella tenía, logró hacerle un Ouchi gari, movimiento que aprendió en judo. Ambos cayeron al suelo. Ella sobre él. Cuando se aseguró de que no podía tocarle o hacerle daño alguno, acercó su cuello a la boca del no-vivo. Éste jadeó como animal hambriento, intentando morderla.
-No querido. Mi sangre es mía.
Sonrió de costado, divertida por la situación. Pero el chupasangre, de un momento a otro, tomó ventaja y logró soltar sus manos. "¡Joder!" Pensó ella, intentando zafarse del agarre. Aquel ya se había convertido en un juego aburrido y no iba a arriesgarse. Pelearon un poco más, hasta que en el ágil movimiento que Lancelot le enseñó semanas atrás, logró explotarle los ojos, con su lápiz. Lástima, era su favorito.
Dejó que se pudriera y se puso en pie, bajando las mangas de su chaqueta para que no se notaran los arañazos que aquel bastardo le había hecho.
Miró su reloj y caminó de vuelta a clases, comiendo la chocolatina que había comprado antes y agradeciendo haber tenido algo de acción de ese tipo. Estaba sorprendida de haber sido atacada en pleno día. Luego de pensarlo, se dió cuenta de que no podía ser casualidad.
Antes de entrar a su clase, le envió un texto a su jefe. No. Aquello era raro y era mejor que todos estuvieran sobre aviso...
† † † † †
-Tengo un mal presentimiento, Fortis.
Susurró Katherine al salir a la terraza de su apartamento. Fortis, dentro del cuerpo de Alexei, admiraba la ciudad desde otra perspectiva. Era mucho lo que se había perdido, siendo de piedra durante el día.
Luego de hablarle a Katherine en sueños, solo fue cuestión de tiempo y varios susurros para lograr que aquel joven bohemio y deseoso de aprender mas de lo oculto, ofreciera su cuerpo a la imponente gárgola. Luego lo demás fue ir a su protegida.
Afortunadamente, Katherine veía su verdadera forma.
En cuclillas sobre el borde de la barandilla, apenas volteó su rostro hacia su protegida. No era necesario. Podía sentir su angustia.
-Huele a muerte, lady Alisson.
Contestó en un susurro y Katherine se abrazó a sí misma. Las pesadillas eran tan fuertes que por más que Fortis había tratado de controlarlas; siempre regresaban.
Para colmo de males, Gael estaba extraño y distante.
Incluso se había ido sin despedirse.
Katherine se acercó a su gárgola y miró hacia abajo. Desde el piso 38 de su edificio, los humanos abajo parecían hormigas.
Fortis quería consolarle de alguna manera. La única que encontró, fue callando lo que él, en su inmensa sabiduría, había visto ya.
-Sea lo que sea, milady; usted estará segura.
Intentó tranquilizarla. Katherine lo miró e intentó sonreír.
-Lo sé amigo mío. Lo sé.
Luego de contestarle, regresó su vista a la nada.
No era su bienestar, lo que le preocupaba...
† † † † †
Jatziri Burkhalter se movía de un lado al otro en su habitación, esperando a sus invitadas. Había intentado por todos los medios de persuadirlas, pero había sido imposible.
Unos toques tímidos en su puerta, la hicieron detener sus pasos.
-Está abierto.
Arya abrió tímidamente la puerta y al encontrarse con la mirada amatista de a quién veía como su madre, sonrió y entró, con Svetlana de la mano. Luego de saludarse afectuosamente, Jatziri hizo su último intento.
-¿Estáis seguras de esto? No habrá vuelta de hoja, mis niñas.
Svetlana y Arya se miraron entre sí. Arya no escondía su preocupación. Svetlana por su parte, sonreía.
-Arya acaba de dar a luz. Tengo una familia que cuidar, mi señora. No dejaré que vuelvan a atacarme.
Arya se estremeció al recordar como su pareja, había sido atacada días atrás. Aún se sentía culpable por ello.
-Yo solo quiero que mi bruja sea feliz. Y si esto la hace feliz; yo la apoyo, mi señora.
La hija del diablo asintió sin debatir. Entendía ambos puntos de vista. Besó las frentes de ambas y, tomando la mano de la rubia; la llevó a su cama y la hizo acostarse.
Acarició su cabello, dándole la opción de retractarse. Pero Svetlana estaba convencida.
-Será doloroso, mi niña. Mi sangre es la más pura, así como mi veneno.
Le advirtió Burkhalter y Arya abrió la boca para objetar. Pero Svetlana le sonrió ampliamente, y la pelinegra guardó silencio.
-Te amo...
Susurró Svetlana a su mujer, cuando vió los colmillos de la hija del diablo extenderse. Jatziri se acercó a su cuello, obligando a la rubia arquearse. Y antes de que el grito de Arya se escuchara, Burkhalter enterró sus colmillos en el cuello de su pareja.
Jatziri no probó una gota de sangre de Svetlana. Los Stultis como ella, eran la única raza que podía decidir el destino del convertido en sus manos.
Si drenaba su sangre antes de que el veneno llegara a su corazón, Svetlana renacería como una Damnati.
Y Burkhalter no quería eso.
Aún así, existía la posibilidad de que el cuerpo de la bruja, no resistiera el veneno. De ser así, sería una Intellexit.
Si lo aceptaba, despertaría como una Stulti.
La hija del diablo dejó su veneno salir de sus colmillos casi al instante de haberla mordido. Cuando supo que era suficiente para convertirla y no matarla, retiró su boca del cuello de la rubia.
Svetlana se sentía morir. Se quemaba. Sentía lenguas de fuego recorrer su cuerpo y envolverla. Mordía su labio inferior con fuerza, para no gritar.
No quería asustar a Arya.
Pero era tanto el dolor, que su frágil cuerpo, que instintivamente luchaba contra los brazos de la muerte; perdió la batalla, quedando inconsciente.
Arya se sentía morir. Escuchar los latidos del corazón de la mujer que amaba, ir disminuyendo en ritmo, era como si volviera a morir. Caminaba de un lado al otro, halaba su cabello. Buscaba el aire que hacía años, no necesitaba para vivir.
Jatziri, tranquilamente, envió a llamar un Cibum y se sirvió un trago. Habían pasado 4 siglos desde la última vez que convirtió a alguien.
Justo cuando se hizo cargo del Consejo.
Pero amaba a aquellas dos jóvenes, como si fuesen sus hijas.
Por eso no se había negado.
Ya tendría tiempo para pelear con sus demonios.
Arya miró a su señora buscando palabras de aliento, cuando el corazón de Svetlana, dejó de latir.
-Habladle, mi niña. El camino al infierno es oscuro y confuso. Hacedla regresar a ti.
Dijo la madre de los no-vivos, luego de tomar su trago.
Arya se puso de rodillas junto a su mujer y le acarició el cabello, acercándose a su oído.
-Nena.. vuelve conmigo por favor. Sigue mi voz. No te rindas Svetlana, no puedes dejarme sola. Vuelve conmigo, quiero formar una familia contigo, comenzar de nuevo. Regresa a mi.
Susurró con la voz quebrada en llanto. Svetlana la escuchaba y quería llegar a ella.
Pero sus párpados pesaban demasiado.
Arya miró a Jatziri sin esconder su miedo. Burkhalter, dejó a un lado su copa y se acercó a la cama.
Eran pocos los no-vivos con el poder de abrir el infierno.
Jatziri Burkhalter, era la única, que quedaba con vida, para hacerlo.
-Abre los ojos, Svetlana. ¡Ahora!
Su voz de mando fue una orden para la neófita. Abrió los ojos al instante y le sonrió a Arya tan pronto la vió.
Pero cuando abrió la boca para hablar, la sed la invadió.
Su garganta ardía.
El Cibum de Jatziri entró en la habitación después de pedir permiso y en una orden muda de la hija del diablo, se acercó a la cama y con una navaja, abrió su muñeca.
Svetlana se relamió los labios tan pronto olió la sangre y Arya salió de la habitación a toda prisa.
Su autocontrol no era aún tan bueno.
Jatziri hizo a su nueva hija sentarse en la cama y se sentó a su lado. La rubia mordió el brazo del Cibum y comenzó a alimentarse. Sus ojos, entre el azul y el púrpura, se cerraron de puro placer.
Pero Jatziri la detuvo poco después, para que no matara a su sirviente.
Hablaron un poco. Rieron cuando Svetlana se vió a sí misma por primera vez. Luego Arya se les unió, y Jatziri les dió privacidad.
Pronto su nueva hija tendría sed nuevamente.
La curiosidad de saber si sería sed de vivos o de no-vivos; definiría el futuro de su nueva cría.
Ya tendrían tiempo de averiguarlo.
-Milady, el doctor Wayne la espera en la biblioteca.
Anunció Karoline, al encontrarse a medio pasillo.
Jatziri solo asintió, cambiando la dirección de sus pasos.
Adham jamás iba a verla sin anunciarse.
Esto solo significaba problemas...
† † † † †
Otro día en aquel cochino lugar que tanto detestaba. JJ Bauldelaire se creía la única persona sobre la faz de la tierra que vivía tan infeliz como se podía. El bar Damnati no era un lugar que fuera tomado en cuenta por la calidad de su música, razón más que suficiente para justificar porque la gente se sorprendía tanto al oír de él. Se movía como un simpático fantasmilla, entre los cientos de no-vivos que iban a ahí, exactamente a morder cuanto cuello encontraban. Tanto su jefe como cualquier otro, se alimentaban constantemente con poca tolerancia a la fatiga mientras él asqueado por el ambiente de sangre, sexo y sudor, se mantenía alimentándose de patéticas palomas de plaza.
-Vamos, muchacho, despierta.
Uno de sus ayudantes técnicos golpeó la mesa de sonido con fuerza, sacándolo de aquel pequeño y personal mundo en el que solía meterse varias veces al día. Era día de pruebas, un ritual de completa rutina para verificar que todo funcionaba tal y como debía. Tomó el par de micrófonos que le tendía el hombre, dejándolos sobre las consolas con cuidado. Durante la hora y media de revisión pudo notar como la mirada de su compañero se dirigía repetidas veces a una de las bailarinas del lugar. Un par de ellas que por el momento seguían teniendo su corazón latiendo, habían podido ser salvadas por JJ. El Intellexit incluso después de estar rodeado gran parte del día, sabía como mantenerse alejado de aquella tentación que provocaba la sangre humana.
Una vez todo hubo terminado, giró sobre sus talones, dispuesto a irse para poder terminar su día libre de la mejor forma. Su mirada recorría el lugar con atención mientras tomaba sus cosas; arrugó la nariz al ver como una pobre chica era mordida por uno de sus clientes más frecuentes.
La mandíbula del muchacho se apretó con fuerza. La escena se le hacía parte de algún filme realista y sexualmente explotado sobre lo que eran los vampiros.
Luego se preguntaban porque odiaba tanto ser un no-vivo.
Odiaba como algunos usaban a los humanos. Odiaba como jugaban para obtener lo que querían. Odiaba todo eso. Pero si había algo que odiaba con su vida, era el hecho de disfrutar increíblemente la sangre.
Aquella sangre que era como la cerveza más fría, el porro más gordito o el humano más jugoso.
Negó dando la vuelta y tomó unas cajas de cables que no necesitaría, para bajarlas al sótano. Al llegar allí, las cajas casi se caen en sus pies, al encontrarse con una escena macabra.
Calypso Krueger descansaba en su ataúd. Tan hermosa como misteriosa, apenas JJ había entablado conversación con aquella damnati, desde que llegó a trabajar allí.
Algo en ella, le causaba escalofríos.
Puso las cajas a un lado sin mirar mucho a la muerta-viva que parecía estar dormida. Sin embargo su voz lo detuvo, cuando iba de salida.
-¿Tampoco puedes dormir?
Esa era Calypso. Directa como una bala. JJ no se volteó al contestar.
-No.
Calypso abrió los ojos, mas no se movió. Solo dejó su mirada rubí, desplazarse por el techo del sótano.
-Moriremos pronto.
Sentenció la vietnamita y JJ suspiró lentamente.
Ella sentía lo mismo que había sentido él.
Parecía que todos lo habían sentido.
-No sin luchar primero.
Dijo con seguridad, antes de salir y dejarla sola.
Calypso se sentó en su ataúd, mirando el espacio por el que aquel chico había salido.
-Tienes cojones muchacho.
Susurró al vacío que el dejó.
-Espero que sobrevivas.
Para Calypso, Lancelot era el menor de sus problemas.
Sentía que había algo mas.
Aunque no sabía que...
† † † † †
Atardecía en Moscú, cuando el vuelo de Brigitte Molyneux, pisó tierra en el Aeropuerto Internacional de Moscú-Sheremétievo. Tranquilizar a Brenda durante el vuelo, había sido un reto para la doctora. Pero luego de sedarla, Brenda había dormido casi todo el vuelo.
-Hemos llegado, linda.
La movió suavemente y Brenda abrió los ojos algo confundida.
Buscaron sus maletas y salieron a la calle. Allí Adham las esperaba. Brenda dió varios pasos hacia atrás al tener frente a ella, un no-vivo en toda regla. Brigitte apretó levemente su mano, para darle confianza.
-Mi esposo es un buen hombre, Brenda. Confía en mi.
Brenda suspiró y se dejó llevar. Notaba el gesto fruncido de Adham. Pero no era por ella. Podía sentirlo.
Al llegar frente a el, Brigitte saltó a sus brazos y Adham recibió su peso, mientras se liberaba del peso de su ausencia.
Brenda los miraba. Aquellos seres no eran como los que se habían llevado a su hermano.
Pero no dejaban de ser demonios.
-Es un placer conocerte, Brenda. Jatziri te espera.
Saludó el doctor Wayne, abriendo la puerta posterior de su auto. Brenda enfocó su mirada en el, y sus ojos dejaron de ser azules, para verse verdes.
-Lleva la muerte sobre su cabeza, Adham Wayne. Antes del amanecer, vestirá de negro.
Y así mismo, se desvaneció.
Adham la tomó en brazos y Brigitte le ayudó a acomodarla en el auto.
Nadie dijo nada, en las 4 horas siguientes; camino a la mansión Burkhalter...
† † † † †
"De todos los males, la muerte es el único que realmente no tiene solución."
El mensaje había sido mandado y había sido entregado. El pobre Venator al que mandó con el claro mensaje, cumplió su deber.
Lo supo cuando no regresó.
Por eso Lancelot no tenía cargo de conciencia esa noche.
Estaba acuclillado con muchos Venatores, fuera de aquella propiedad. Los no-vivos andaban descontrolados. Tenían miedo de la guerra que se venía. Guerra que empezaba allí y en aquel instante.
Incluso uno de los de su línea había sido atacado en un lugar público a plena luz del día.
No, él no se sentía culpable por ello.
Había aplazado lo inevitable por muchos siglos. Pero sabía que ahora hacía lo correcto para terminar de una sola vez con todos los no-vivos. No podía, por más que le gustara, solo seguir atacando a las pobres ratas sin cola que huían en la noche para conseguir sobrevivir.
Debía ir tras los peces gordos.
Los grandes.
Igual o más antiguos que él.
Esos que tenían decenas de humanos en su sótano, dispuestos a abrir sus venas para ellos en cualquier momento.
-Se están moviendo de habitación.
Dijo el no-vivo Venator que miraba por los binoculares.
-Espera, aún no.
Alguien gruñó, pero nadie protestó. La tensión y adrenalina era palpable entre ellos. Inclusive en él. La ira alimentaba su calma de manera contradictoria.
Quizás debía lamentar que Gael, su mejor hombre; no estuviera allí.
Pero después de probar su falta de lealtad, lo mejor había sido mandarlo lejos.
No tenía tiempo para preocuparse por un idiota que había caído en el hechizo de una bruja.
Bruja a la que él mataría esa noche.
-Están sentados.
Hubo una pausa. Pudo sentir cada par de ojos clavados en su nuca y la luna llegó a su máximo punto en ese momento. La luna siempre les daba fuerzas. No como la luna roja, pero les alimentaba de alguna manera.
Entonces dió la orden con la mano. Se movieron como el agua, en todas direcciones pero como un solo cuerpo. Los pasos cruzando la grama sonaban apenas para él.
Los guardias de la entrada no pudieron hacer nada ante el número de ellos. Fueron silenciados rápidamente y dejados a morir a un lado. Se sabían la distribución de la casa de memoria al llevar los últimos días estudiando cada imagen y cada plano conseguido.
Lancelot había obtenido toda la información necesaria antes de mandar el . Fue en lo que se esforzó desde el primer día. Consiguió toda la información de Damián Kuznetsov. Sus contactos le dijeron que él había aparecido. Eso solo quería decir que Jatziri estaba trayendo todos sus aliados a Moscú. El anuncio de la guerra, la propia mansión de ella estaba en máxima alerta en todo momento. Por eso él no los atacaba en aquel lugar.
Les hizo creer que aquel lugar era seguro, que no estaba siendo vigilado.
Era también una fortaleza pero penetrable. Se erigía varios metros sobre una colina en las afueras de la cuidad. Más de 70 manzanas cercadas de terreno. Y la casa en medio del bosque. Una vez pasaron la puerta principal de, todo dentro todo moderno, estilo minimista Pero ellos no tomaron en cuenta eso una vez pasaron el vest comenzaron a subir subían por las escaleras.
Damián estaba feliz de tener su casa llena. Lo hacía sentir menos muerto, por decirlo de alguna forma.
Lo más que lamentaba, era que la hija del Diablo, no estuviera allí.
Anabell, Selene y Katherine, acompañada de su gárgola, hablaban de los pasos a seguir. Luego de que aquel pobre bastardo se apareciera con aquella declaración de guerra por parte de Lancelot, todos pensaron que Jse iría por seguridad huiría a un lugar seguro.
Sin embargo, ella dijo que no correría. Que habían causas de fuerza mayor, que la mantenían en Moscú.
Por eso aceptaron ir a la mansión de Damián. Al ser su ubicación desconocida, estarían libres de espías. Establecerían un plan de ataque.
Katherine fue la única en notar, como Alexei se tensó.
Abrió la boca para preguntar qué pasaba, pero no tuvo tiempo.
Las alarmas se encendieron y los ruidos de pelea empezaron a subir como un cántico.
La guerra había comenzado...
† † † † †
El poco aire que había en sus pulmones escapó de sus labios rojizos cuando por décima vez, cayó de espaldas contra el suelo. La mente de Corinne Liborion, estaba hecha un revoltijo por los puñetazos que había recibido en el rostro.
Al abrir los ojos una mano se encontraba extendida hacia ella, quién la miró recelosa.
-Anda levántate. Tienes que prestar mas atención. Si esto fuera una lucha por tu vida estarías muerta, otra vez.
Murmuró con vos irritada, levantándola sin esfuerzo alguno. Sus ojos se posaron en los de ella y la soltó yendo al otro lado de la habitación. De no ser porque le estaba prestando atención, la hubiera golpeado con una botella en la cabeza.
-Tienes potencial pero no lo usas ni la mitad. Te he visto entrenar con Jeremy. Ustedes dos son una dupla perfecta e incluso podría decir que hasta se leen la mente.
Al escucharlo nombrar a su hermano, torció los labios en una mueca, mas guardó silencio. Su mirada se posó en la de el, destapo la botella y bebió el liquido de un trago antes de lanzar la botella hasta el cesto de basura al otro lado de la habitación. Andrés, su viejo amigo, debió ser policía en otra vida.
–Lo que me intriga es saber porque me pediste que entrenara contigo si tienes a tu hermano ¿Donde esta el?
Corinne gruñó.
-Creí que esto era un entrenamiento, no una especie de interrogatorio.
Comentó fríamente haciendo caso omiso a su cuestionamiento. Caminó al centro de la sala, para continuar entrenando. Andrés la estudio con la mirada. Sabía que algo ocultaba, pero si la presionaba no lograría que le contara. Así que suspiró cansinamente, dejando la botella sin abrir sobre la mesa.
–Sabes que pocas veces he tenido que estar peleando. Me había mantenido al margen de toda esta guerra de poder. Me dediqué a ayudar a los. Indulgeo. Era buena en ello.
Murmuró colocándose en posición de defensa, atenta a los movimientos de Andrés, que dió un paso mas cerca de ella, tanteándola.
Corinne no retrocedió un solo centímetro.
Una sonrisa curvó los labios de Andrés, antes de desaparecer ante sus ojos. Un gruñido de frustración escapó de Corinne.
–¿Es en serio? Debes estar bromeando...
Comenzó a pelearle al vacío.
–Tienes que estar preparada. Vivimos en un mundo cambiante. No solo te expones al peligro que representa si un Venator te ataca, sino que otro no-vivo lo haga también.
Se escuchó la voz de Andrés retumbando por toda la habitación, mas no podía ubicar con precisión de donde provenía.
–Sabes que pocas veces he usado mis habilidades.
Comentó Corinne buscando algo que le pudiera ser de utilidad, cuando captó un reflejo en una ventana. Dejó que la atrapara, colocando sus brazos alrededor de ella, quien en un rápido movimiento tomó su mano y la torció en una llave. Cuando su amigo/rival se inclinó gracias a la inercia, su pierna izquierda hizo camino hasta chocar contra la nariz de Andrés, solo unos segundos antes de que lograra soltarse y protegerse el rostro
Aún aturdido continuaron peleando. Lanzó un par de puñetazos contra ella errando por poco. En cambio los de Corinne dieron justo donde ella quería: en el rostro ya ensangrentado de Andrés.
Cada golpe iba impregnado de ira y frustración.
–¡Basta ya ustedes dos!
Gritó una voz desde la entrada, cuando las puertas chocaron contra la pared al ser abiertas con brusquedad de par en par. Corinne se volvió unos segundos observando a Dhestiny Wayne, cruzada de brazos con el semblante molesto.
Pero aquella distracción la aprovechó Andrés, quien lanzó un puñetazo contra ella. La rubia pensó que había esquivado el golpe, pero este hizo un círculo completo, estrellando el codo derecho en el centro de la mejilla de Corinne. La rubia cayó al suelo en un ruido sordo y en un breve instante la habitación estuvo en completo silencio.
-¡Hey! ¡Aléjate de ella!
Gruñó Dhestiny, empujando a Andrés que se acercaba a la rubia semi-inconsciente en el suelo. Su expresión severa se convirtió en una sonrisa al sentir que él reía. Tomó la mano de Corinne para ayudarla a levantarse y arrojó una toalla a su rostro para limpiar la sangre que escurría por su labio.
–Lo siento Corinne no quise lastimarte…
Esta vez Corinne no dudó en tomar su mano y adolorida, se levantó del suelo, pasándose la toalla por su boca.
-Lo se, Andrés. Además, esta hermosa mujer, te habría pateado el culo.
Quiso reír, pero su rostro dolía. Dhestiny la abrazó cuidadosamente.
Andrés no podía creer lo que veía. Sus ojos se fueron directamente al bastón que la recién llegada, mantenía en su mano.
-¿Eres...?
-¿Ciega? Sí. Y esa es solo una de mis virtudes, guapo.
Bromeó Dhestiny, golpeando con su bastón la rodilla de Andrés, que juraba que su mandíbula había caído al suelo.
La guerra unía a viejos amigos.
Y también unía a desconocidos con un mismo propósito...
† † † † †
Li Lian Jie se paseaba por el imponente Zhuozheng Yuan, admirando la belleza de dicho jardín.
Quién lo viera en la distancia, pensaría que meditaba.
Nada más lejos de la verdad.
-Addu.
La voz de Farnok, o Zhang Shui, como su era conocido en esa vida, distrajo al demonio de la vista. Asintió como saludo a él y a Kortnos, o Sūn Gang.
Los hombres se acercaron, saludando con una reverencia; antes de que los dos últimos, acompañaran a Addu en su caminata. Los tres, con las manos en sus espaldas.
-Los rumores cada vez son mas fuertes.
Comenzó Kortnos, interrumpiendo el silencio entre los 3 seres. Addu asintió, sin dejar de caminar.
-Por eso los he reunido. Los Yinnûn abrieron varios portales en la luna de sangre. Algo me dice que esto se pondrá interesante.
Sonrió de lado, respirando profundo el aire limpio del jardín. Desde que fue encerrado en su primera prisión humana, lugares así, eran de los pocos que disfrutaba de ese maldito mundo.
De eso habían pasado más siglos de los que podía contar.
Demonios expulsados por querer sacar a Lucifer de su trono.
Condenados a pasar el resto de la eternidad, encerrados en humanos.
¿Había algo más denigrante que eso?
-¿Abrieron algún portal importante?
Preguntó Farnok con visible curiosidad. Todos los Malum corio puros, llevaban siglos, intentando abrir un portal que les llevara de vuelta al inframundo. Muchos, como ellos, llevaban siglos reencarnando de cuerpo en cuerpo, de prisión en prisión; esperando una oportunidad.
-Pronto estarán libres, colegas. Y cuando todos lo estén, no tendremos que regresar. El infierno será aquí.
Los 3 hombres sonrieron ante las palabras de Addu. Definitivamente, se pondrían interesantes las cosas.
-¿Que haremos? Si nos haz llamado, es porque tienes un plan.
Dedujo Kortnos y su líder asintió.
-Recorramos todo el oriente. Busquemos desde los nuestros, hasta sus generaciones. Es tiempo de informarles quiénes son. Ahora somos un ejército digno hasta de hacer temblar a quién llamábamos padre. Y por los no-vivos, no hay que preocuparnos. Los mataremos y ya. En caso de que no terminen matándose entre ellos.
Addu tomó un durazno en flor y lo llevó a su nariz. Luego lo dejó en la palma de su mano, y lo exprimió con sus dedos.
Varios demonios habían sido liberados. Algo buscaban y aunque el no supiera qué, no le importaba. Solo quería una oportunidad más, para arrebatar el trono del infierno de una vez.
Los lobos saldrían de cacería...
† † † † †
Era mas de media noche cuando los Wayne-Molyneux llegaron a la mansión Burkhalter. Hacía mas de una hora que Brenda había despertado de su desmayo. Aún no entendía bien lo que estaba pasando.
O más bien, lo que le estaba pasando.
Trataba de encontrar respuestas, admirando el paisaje del frío Moscú. Jamás había salido de Estados Unidos.
Saber que su familia la había dejado ir tan fácil, la llenaba de tristeza.
Cerró los ojos y comenzó a rezar en su mente. Luego dejó de hacerlo, cuando el dolor parecía partirle en dos el cráneo.
-Aquí es.
Brigitte le habló, volteando su cuerpo para verla. Brenda abrió los ojos como platos al estar frente a un castillo.
Aquello no era una simple mansión.
-El castillo de la Reina Roja.
Susurró, mas el matrimonio la escuchó perfectamente.
Bajaron del auto y luego de saludar a Karoline, pasaron a la biblioteca.
Jatziri recogía los juguetes de Scarlett del suelo. A pesar de la servidumbre, ella disfrutaba de esas pequeñas responsabilidades de ser mamá. Al escuchar la puerta, caminó a recibir a sus invitados.
Desde la visita de Adham, había estado algo nerviosa. Le preocupaba el bienestar mental de aquella civil, igual o más que el mensaje que tenía que darle. Saludó a Adham y a su esposa. Mas se mantuvo estática, por la reacción de Brenda.
La humana la miraba, pero no con miedo. La miraba con orgullo. Ése orgullo, con el que se mira a un hijo. La hija del diablo se estremeció.
-He esperado mucho para conocerte, Jatziri Burkhalter.
No fue el saludo lo que impresionó a la madre de los no-vivos. Tampoco la familiaridad con la que la trataba.
Lo que casi la hizo caer, fue que la saludó en latín.
-El placer es mío, Sin nombre.
Saludó la pelirroja de la misma forma. Sabía que no le hablaba a la niña, sino a quien habitaba en su interior. Luego, les invitó a sentarse.
No había porque hablar de tonterías.
Así que la hija del diablo, fue al grano.
-Decid lo que tengáis que decir, mensajero.
Brenda la miró con sus ojos verdes y asintió con su cabeza.
-Seis son los candados que mantienen a la bestia cautiva en su prisión. Cuatro han sido abiertos. El Apocalipsis se aproxima, hija de la luz. Y no habrá batalla, como la que ha de venir.
Jatziri la miró algo confundida. Probablemente el mensajero hablaba de la guerra con Lancelot pero, ¿Quién era la bestia encerrada? El mensajero continuó.
-El Alfa está por ser liberado, Jatziri, descendiente de Lucifer. Y si eso ocurre, nadie estará a salvo.
Suspiró y sus ojos se fueron en blanco. Entonces el espíritu salió de ella.
Aunque Brenda sabía que regresaría.
Comenzó a temblar entre sollozos secos. Ya no era miedo lo que sentía. Solo sentía una enorme tristeza. La desolación la abrazaba.
Jatziri no dudó en ponerse en pie, rodear el escritorio y abrazar a la niña. Aquella era un alma inocente, que no tenía ni idea de la maldición que llevaba dentro de sí.
Brenda abrazó a la madre de los no-vivos, con todas sus fuerzas.
-Lo lamento, señora...
Susurró al oído de la hija del Diablo.
Jatziri no entendía porque la tristeza de Brenda.
Hasta que vino el primer golpe.
La soltó, cuando sintió que sus brazos dejaban de responder.
Jamás, en 600 años, sintió algo así.
Negó caminando hacia atrás. Adham quiso sostenerla pero no pudo.
Vino el segundo golpe, haciéndola caer al suelo sin aire.
Brenda se levantó, llorando con mas fuerza.
Por algún motivo, ambas sentían lo mismo.
El tercer golpe, Jatziri lo sintió en su cerebro.
También lo sintió en el alma que decía no tener.
Gritó el nombre de Anabell de forma desgarradora.
Se partió en pedazos, al sentir a su hermana morir.
Jadeó buscando aire, mientras su alfombra persa se teñía de rojo.
La hija del Diablo, lloraba sangre.
Brenda misma la abrazó, repitiendo que lo sentía.
Ese era uno de los golpes mas bajos y certeros que podía recibir.
Ignis, la gárgola de Jatziri, se materializó frente a ella. También había sentido lo ocurrido.
Gruñó poniendo una rodilla en el suelo, al igual que su frente. Sus alas extendidas sobre el suelo.
La gárgola estaba de luto.
-Fortis ha regresado con lady Alisson, mi señora. Está mal herida.
Habló mentalmente con la hija del Diablo quien dejó al instante a un lado, el luto por su hermana muerta.
Ya la lloraría, y por mucho tiempo.
Brenda la soltó al sentirle temblar de rabia contenida. Brigitte y Adham, igual de preocupados, acercaron a Brenda a ellos.
"Antes del amanecer, vestirá de negro."
Adham recordó las palabras de Brenda o el mensajero; cuando la vió por primera vez.
La muerte de Anabell, era demasiado importante para los no-vivos.
Para Jatziri, era desastroso.
Sintió pena de ella, cuando la vió correr fuera de la biblioteca.
Y sin dudarlo, la siguió.
-Pero, ¿que habrá pasado?
Preguntó Brigitte en voz baja, sosteniendo a Brenda en sus brazos. No dejaba de llorar.
-La víbora y el maldito, han muerto...
† † † † †
Markov Fedyenka iba en la patrulla con su compañero humano en la zona que se les asignó para recorrer. Casi media noche. Estaba muriendo de aburrimiento.
Era una zona de malditos ricachones.
Los ladrones más peligrosos de ahí, estaban dentro de esas mansiones, durmiendo en camas de oro.
Pero como un regalo, sonó la radio policial. Él no estaba conduciendo así que la recibió al primer llamado.
-Patrulla 7390 tenemos informado que están patrullando los barrios altos.
-Roger, central.
-Tenemos un posible 10-45 C. Nos llamaron por ruidos en la zona de la casa 38 15.
-Copiado, vamos para allá.
Markov alistó el arma en su mano al sacarla del cinturón. Su compañero giraba para la dirección de la casa. Iban a 60 kilómetros por eso de a poco y pudo ver la casa.
Estaba incompleta, le faltaba una sección, las ventanas estaban estalladas.
Los policías se bajaron. Su compañero abrió la puerta principal.
-¿Hay alguien aquí? Somos de la policía nacional de Moscú.
Markov pateó lo que parecía una bolsa de plástico quemada.
Avanzaron por los vidrios rotos y demás. Las paredes tenían un estampado interesante. Como si una enorme bola de pintura roja hubiera sido explotada. Salpicaduras por todos lados de sangre. Más de esos restos de aparente plástico quemado.
Otras patrullas fueron llegando a medida ellos inspeccionaba. Era terrorífico estar ahí.
La muerte estaba en todos los rincones.
Pero no había nada para probarlo.
El lugar se llenó de personas, policías, investigadores, prensa, vecinos mirones.
Sí. Hasta los ricos eran curiosos.
Y ninguno de ellos sabía que pasaba, excepto él.
Markov lo supo tan pronto vió el primer resto de aparente plástico quemado.
El olor era de putrefacción como un cuerpo descompuesto por días. A los humanos les daba asco, a él, terror. Porque esto era lo que quedaba cuando matabas un vampiro, fuera el clan del no-vivo.
Markov supo que debía hacer. Marcar aquel número que tuvo desde su conversión y que esperaba jamás usar. El Consejo. La idea le daba terror. Nunca conoció muchos no-vivos, pero las historias que decían del Consejo era suficiente para quitarle el sueño.
Decían que eran demonios capaces de ir y venir del infierno, despiadados. No había que mentirles. No había mas explicación que a que la masacre ocurrida allí fuera de poder, entre ellos. Y si de esto era capaz el consejo, habría que cuidarse.
Y si no había sido el Consejo, era mejor mudarse a la luna, antes de que el Consejo, devolviera el golpe...
† † † † †
Jatziri casi voló por las escaleras hasta llegar a la habitación de Katherine. No se permitió pensar en nada que no fuera el estado de su hija.
Al abrir la puerta, vió a Fortis, ocupando su humano, sentado frente a la cama de Katherine. Le tomaba la mano a su protegida, cubierta solo por una sábana.
Katherine parecía dormir.
Pero sus moretones y golpes, demostraban lo contrario.
Jatziri se quedó helada, sin acercarse a su hija. La rabia la consumía.
Adham pasó por su lado y se acercó a Katherine. Su dominio de emociones al ser doctor, era lo único que evitaba que gritara y comenzara a maldecir.
Fortis miró al doctor y gruñó bajo, hasta que lo reconoció. Entonces se puso en pie y salió de la habitación, dándoles privacidad.
-¿Que pasó?
Apenas los oídos humanos donde estaba atrapado pudieron entender las palabras de la hija del Diablo. Su mandíbula estaba tan apretada, que casi no podía hablar.
-Fue Lancelot, lady Jatziri. Los mató a todos. Katherine sobrevivió gracias al Wyrm. Lo lamento. No di lo mejor de mi.
Jatziri no lo miró y no porque estuviera molesta con el, sino por todos los sentimientos que recorrían su interior.
-Mi señora. Siento mucho la pérdida de su hermana. Pero ahora usted también debe encargarse de las llaves del mundo de los muertos. Su fuerza espiritual, será imparable.
Susurró la gárgola con cautela. Jatziri pareció despertar de un sueño. Parpadeó varias veces, quizás asimilando las palabras de su amigo Fortis.
-Solo me importa Alisson ahora. Ya pensaré en los rangos luego, amigo mío. También hay algo de lo que quiero hablarte, pero será después.
Quizás la gárgola sabía algo del prisionero de quién había hablado el mensajero.
Adham salió de la habitación con el ceño visiblemente fruncido. La miró lleno de impotencia.
Adham siempre había amado y fomentado la paz.
Pero aquel enfermo, se había metido con quien amaba como su hija.
La paz al carajo.
-Tiene todas las costillas rotas. También se fracturó una pierna y su brazo derecho en varias partes. Pero está bien. Ya está sanando y despertará pronto. ¿Por que Gael no le avisó del ataque?
Excelente pregunta. Pensó Fortis mirando la interacción entre los no-vivos.
-Estoy segura de que no lo supo. Lancelot no es tonto. Tiene que haber olfateado a mi hija en el. Quizás incluso ya está también muerto.
El Venator de su hija, jamás sería santo de la devoción de la hija del diablo. Pero hasta ella tenía que reconocer, el amor que le tenía a su hija. Jamás la habría puesto en peligro.
-Quiero muerto a ese cabrón, Jatziri. Casi mata a Katherine.
Jatziri iba entrando a la habitación de Katherine, cuando Adham habló. Sabía que hablaba de Lancelot.
-Quiere cobrarse la muerte de su Cibum, Adham. Y, ¿sabéis algo? Le daré la oportunidad de hacerlo. Por el demonio de Aizele Borgia, que le daré la oportunidad.
Sonrió sombría, y entró a la habitación de su hija.
-¿Siempre es así de fuerte?
Preguntó para sí mismo. Había olvidado que la gárgola aún estaba a su lado.
-Éso es lo más débil, que verás a Jatziri Burkhalter. Daré el anuncio a todas las gárgolas aliadas. Ella no dejará pared vertical en Moscú, hasta que lo encuentre.
Y con eso, se desvaneció el humano que mantenía su cuerpo.
Adham asintió en acuerdo con Fortis. Burkhalter sería imparable ahora.
Dos demonios habían sido liberados.
Aunque Wayne aún se preguntaba, ¿quién era el tercero?
Algo le decía que esto sería solo un juego de niños, comparado con lo que se les venía encima.
Mientras bajaba las escaleras hacia su mujer, sacó el teléfono para llamar a sus hijos.
Los quería a su lado.
Luego llamaría al Eternal, para activar la clave de catástrofe natural.
Parecía irónico, pero algo le decía, que sería necesario...
† † † † †
Sakura aún no se acostumbraba a la idea de vivir en la casa de su creador. Pasaba el mayor tiempo posible fuera de aquel lugar. Hacía turnos dobles, todo para no enfrentar su realidad. Sabía que llegaría el día que tendría que darle la cara, enfrentando, todos sus problemas.
Pero no se sentía preparada para ese día.
Adrik su creador le permitía que tuviera a su Cibum para que no se sintiera sola.
Era diez de mayo, el día de su cumpleaños como humana, no como no-viva. El Dr. Wayne insistió en darle el día libre pero ella se negó rotundamente a faltar al trabajo, solo aceptó salir un poco más temprano que de costumbre. Para Sakura era un día normal como otros. Para ella no tenia significado alguno, ya que no era humana y no lo seria nunca más.
Adrik insistió que unos de sus guardias la escoltara a cualquier lugar que fuera. Se negó totalmente, eso no iba con ella. Al llegar a la mansión pensó que no estaba acostumbrada a ese tipo de lujos, pero no había nada más que hacer. Su Cibum la recibió con gran entusiasmo felicitándola por su cumpleaños.
De pronto todos los empleados estaban en fila felicitándola diciéndole que pasara al gran salón.
Fue llevada ahí y lo encontró lleno de "Sakuras", de donde venia su nombre. Hermosas flores de cerezo Japonés. Al final se encontraba su creador. Ella sonrió por el lindo gesto.
A pesar de estar molesta con él, apreciaba las buenas intenciones.
Caminó hacia donde se encontraba él, sonriéndole amablemente.
-Arigato gozaimasu. Por tomarte la molestia de hacer algo para mí, te lo agradezco Adrik.
Llamarlo por su nombre aún era algo extraño. Vió en sus ojos amor, compasión, que de verdad la apreciaba. Quizás no fue algo egoísta de su parte. Solo intentó darle una vida diferente.
Mucho más que una simple vida mortal.
-No agradezcas Sakura, lo hago porque quiero. Aunque no hablemos frecuentemente sé que aún estas dolida. Acepto toda mi culpa y aunque me tardé muchos años en buscarte, espero tener una eternidad para recomenzar ese tiempo perdido.
Acarició con dulzura su mejilla mirándole cariñosamente. Allí comprendió porque el destino le había guardado esto. Por que no busco a nadie más. Su destino estaba con él, ahora ya lo sabía. Se acercó dándole un corto abrazo, que fue respondido como si eso fuese lo que él hubiese esperado todo ese tiempo.
Se entendieron perfectamente contando sus historias e hazañas. Las de él eran bastantes, comparadas con las suyas. Eran el complemento perfecto.
Subieron a su habitación. Adrik se estaba quitando su corbata mientras ella estaba sentada en la cama. Mordiéndose el labio inferior, preguntó:
-Adrik, ¿porque me escogiste a mi? Esa noche, solo me hiciste tuya. Me convertiste y saliste corriendo prácticamente. Te tardaste tanto en buscarme. ¿Sabes? Tuve que lidiármelas sola para calmar mi sed y actuar como todos los demás.
Aquello no era un reproche. Solo quería entenderlo.
-Te escogí a ti porque eres hermosa. Me enamoré desde el primer instante que te vi en aquella tarima actuando. Con tu danza de abanicos parecías un ángel caído del cielo. Hice todo por comprar tu misuage. Mi intención no era convertirte, pero no pude resistirme al momento de hacerlo. Cuando lo hice, me vi como un monstruo. No pude con la culpa. Huí, sabía que no me perdonarías y estaba en lo cierto. Cuando me decidí ir a buscarte, por años no te encontré en ninguna parte. Un día te vi en una revista como modelo, así fue que pude dar contigo. Te seguía el paso, a cada país que ibas, pero aun tenia medio de acercarme. Tu sacas ese lado que no quiero que nadie sepa que existe, me controlas, hermosa.
La enfermera sabía que estaba siendo sincero con ella. Se notaba en sus ojos. Era cierto, había estado ocultándose todo este tiempo lejos de él. Aunque sabía que no podía huir por siempre, así que en un punto dejo de hacerlo.
Dejó que el destino llegara a ella.
-Puedo ser muy escurridiza, pero me encontraste. Aquí me tienes. Fue difícil comprender tus razones. Pero te comprendo, sé que todo cometemos errores. No te culpo, lo importante es enmendar esos errores.
Sakura hablaba con toda sinceridad. Aunque sabía lo difícil que sería para ambos, dejar el pasado atrás.
-Gracias por tu comprensión. Por eso me enamoré de ti. Eres una mujer con un alma pura y amable. Un ser digno de admirar. Mi hermosa Sakura.
Besó su frente. Se ducharon por separado y a la hora de dormir, se acurrucó en su pecho, quedándose profundamente dormida.
Era la madrugada, cuando un ruido extremo los despertó. Era como si hubiera una guerra sucediendo fuera de la casa. Adrik se levantó, colocándose una camisa para cubrirse y le pidió que no se moviera por nada del mundo de esa habitación.
Sakura se levantó de la cama asustada, para ver por los grandes ventanales de la habitación. Unas sombras cubrían el frente de la casa. Se avecinaba lo que tanto había escuchado de los demás no-vivos; la guerra.
Una guerra que nada tenía que ver con Jatziri o con Lancelot.
Los muertos venían a cobrar cuentas con los de la tierra.
Habían alrededor de cinco sombras esparcidas por los jardines en la entrada. Justamente donde se encontrada Adrik.
Preparado para enfrentarlos en el campo de batalla.
Ella no podía quedarse allí, viendo como lo derrotaban. Jamás había visto esas sombras en lo que llevaba de convertida. En segundos estaba vestida y bajando rápidamente a la entrada junto a Adrik. A su lado, JUNTOS, enfrentarían esta batalla.
Compartían un mismo poder, pero era inútil. No eran personas. ¡Eran sombras! No los destruirían. En ese momento una de las sombras comenzó hablar.
-El infierno se ha desatado aquí en la tierra. Los no-vivos tendrán cuentas que ajustar a los que les deben. A todos los que alguna vez mataron, pagaran. Los clanes se verán derrotados. El miedo se esparcirá, por cada esquina de la tierra. Y los humanos también, pagaran por sus errores. Alianzas se destruirán, parejas sufrirán, familias se verán afectadas por el sufrimiento. El fin de los días se acerca… Sepan quiénes son sus amigos y sus enemigos. Nadie se escapará de esta guerra. Muertes incontables habrán. Solo es una advertencia…. Díganle a su líder, que distintas fuerzas se medirán, para saber quien gobernará este mundo.
Las sombras hablaban como un solo cuerpo.
Como si hubiesen tenido siglos para preparar aquella coreografía.
Justo en ese momento, las sombras desaparecieron. Ni Adrik o mucho menos Sakura, comprendían muchas cosas.
No eran miembros del Consejo, no tenían un alto rango. ¿Por qué los habían buscado?
Eran los mensajeros para esta guerra que se avecinaba. El lazo entre ellos, también sería fortalecido y lucharían hombro a hombro. Ahora mas juntos que nunca. Algo le decía a Sakura que toda esta sed de venganza de Lancelot, era la oportunidad perfecta para un enemigo real, de permitir que una raza se destruyera y dividiera a sí misma.
Así tendrían menos a quienes destruir.
Se dieron un abrazo corto, luego tomo el celular para avisarle del mensaje a su Sra. Jatziri. La guerra, la VERDADERA guerra, estaba próxima.….
