†Epilogo†

Adham Wayne estaba en la habitación del edificio que estaba fuera de la mansión Burkhalter. Habían mandado a desalojar el lugar para el velorio. Periodistas inundaban las afueras del edificio, pero el velorio seria privado. Los cibums fueron los primeros en entrar menos Paul. Adham se preocupó y a los minutos de que no llegara, Dhestiny se ofreció a ir a buscarlo.

El lugar fue decorado por todos, cada uno poniendo lo que creían haría aquello digno de su memoria. Ayelet llevó las flores, una carga inmensa de rosas cubrió el interior. Arya consiguió el cinto negro de la puerta. Adham y Brigitte mandaron a hacer el féretro de cristal, con acabados de oro y platino. Sakura había traído el vestido. Adrik había cubierto las paredes de seda negra. El Consejo entero se encargó de organizar lo necesario.

Era lo menos que podían hacer para la hija del diablo.

Cuando la noticia llegó al hospital, Katherine le pidió a Gael que la sacara de allí. Gritaba desconsolada en brazos de su prometido y temblaba como si se fuera a partir en dos. Después de eso, Adham no había hablado con ella. Solo Gael le informaba de todo. Brigitte había dicho que era el proceso normal de duelo, pero demonios si le dolía verla así.

Todo se estaba desmoronando.

Katherine llegó y Adham la abrazó apoyándose en ella. Apenas unas horas de todo esto y el ya sentía ese peso agobiante en sus hombros. ¿Cómo ella había sido capaz de cargar eso por tantos siglos? ¿Y porque había creído que él podía?

La gente lloraba, el lugar estaba a rebasar. Entre amigos y lágrimas de sangre compartían memorias. Iban donde ella se encontraba, algunos no podían creerlo, otros se desmoronaban y unos le decían las últimas palabras. A todos les dolía.

Adham se acercó para comenzar cuando la guardia le avisó que era hora.

Miró a su familia, todos vestidos de negro confundiéndose con el fondo. Ellos eran la fuerza que buscaba para seguir adelante. Jamás en sus años, había tenido que hacer algo tan difícil.

- Cuando me pregunto que es un líder, Jatziri Burkhalter viene a mi mente. Una mujer que tomaba la iniciativa sin miedo, que influía en todos con autoridad, nos motivaba con amor y con inteligencia, miraba mas allá de lo todos podíamos ver. Muchas veces tomó decisiones que nadie comprendía, pero que con los años agradecimos. Jatziri era mas que la líder de nuestra raza. Fue una amiga para mi, alguien a quien podía acercarme y preguntarle que regalo le gustaría mas a Brigitte para nuestro aniversario. Fue una hermana que cuidaba con su vida a sus hermanos. Y fue una madre, la mas dedicada madre que la raza jamás verá. Nadie podrá llenar su espacio. Jatziri Burkhalter deja un gran hueco en nuestras vidas para siempre.

El silencio era interrumpido por sollozos ocasionales de la persona que hablaba o del público. Algunos se tenían que disculpar y salir, pero todos querían dar su despedida. Todo en honrar su muerte de la manera correcta.

- Es un hasta luego mi señora. No. Es un hasta siempre. Algún día nos encontraremos en otra vida y usted estará lista para recibirme. Descanse en paz nuestra señora. Siempre la tendremos presente en nuestras vidas y mantendremos vivo su recuerdo.

Luego de que Sakura hablara, todos habían dicho en sus idiomas: "Hasta luego mi señora. Hasta siempre. Estará presente en nuestros corazones."

La última en hablar sería Katherine, porque Adham estaba inseguro de si ella podría con todo eso o no. Pero Gael le ayudó a llegar al atril. Ella estaba con la cabeza baja y el cuerpo encorvado. Su mirada lucía perdida cuando la levantó.

- Muy pocas personas conocieron realmente a Jatziri Burkhalter. Le gustaba más escuchar Guns N' Roses, que cualquier concierto de Mozart. Amaba los gatos. Quemaba hasta el agua. Detestaba recoger su cabello y decía que sus caderas eran demasiado anchas.

Se escucharon sollozos y risas bajas y tristes.

- Pero creo que el mayor secreto de mamá, es que jamás se perdonó, las muertes que cometió cuando yo desaparecí. Y que por eso decidió liderar el Consejo. Era su forma, de pagar sus pecados. Mamá no era una buena mujer. Tampoco una santa. Pero eso era lo que la hacía especial. Que cuando decía un te amo, siempre era honesto.

Katherine sonrió con tristeza, pasando sus dedos por el cristal, a la altura de su rostro como si fuera una caricia en su mejilla.

- Ni puedo, ni quiero hablar de la pérdida de los no-vivos. Voy a ser egoísta, quizás cruel. Pero ellos no me importan. Hablaré de lo que significa para mi, haberla perdido, otra vez. Mamá me despertaba todas las mañanas con el desayuno. Jamás, ni un día, permitió que nadie lo hiciera por ella. Decía que se había perdido siglos de hacer algo tan sencillo como eso. Incluso, muchas veces me dió de comer de su mano... Yo lo encontraba tonto...

Su voz flaqueó y ella se tambaleó con las piernas temblando.

- Daría mi vida... Porque me dieras de comer de tu mano una vez mas... Mamá...

Las lágrimas bañaban su rostro pero a Katherine no le importaba que la vieran así. No le importaba mostrar debilidad por la mujer que le dió la vida.

- No sé como seguir sin ti... Solo puedo recordarte y tratar de algún día, ser la mitad, de lo que tú fuiste para mi... Te amo mamá... Nos veremos algún día... Cuídanos de donde estés...

Besó el cristal que la cubría, a la altura de su frente. Entonces su autocontrol se rompió. Los gritos y su llanto debieron escucharse en toda la mansión. Se negaba a perderla. Se negaba a aceptar que ya no estaría con ella. Se negaba a asimilar que no la vería cada mañana. Se negaba a dejarla ir.

Paul escuchó aquel desolador llamado. Y Dhestiny fue quien lo ayudó a llegar hasta abajo, porque él también luchaba por no quebrarse. Dentro de la habitación, Dhestiny lo soltó y él miró a sus ojos a través de las gafas, aún sin verlos estaba seguro que la mirada de ella estaba en la suya.

Él fue al encuentro de su hermana. La tomó con cuidado del suelo haciéndola sentarse y luego pararse.

- Te tengo…

Se miraron y eso era todo lo que necesitaban para saber que ambos sufrían el mismo dolor. Por eso ella le permitió alejarla hasta su silla.

- Descansa en paz... Mamá...

Susurró ella mientras Paul la depositaba en su asiento. Y era la hora. Paul cayó al suelo con Dhestiny de nuevo y se permitió llorar.

El coche fúnebre parecía desentonar con todo a su alrededor. En un fino coche blanco, el cuerpo de la Hija del Diablo, fue llevada a su última morada.

Con toda la gente que amaba y que la amaba, siguiendo el enorme vehículo.

El Consejo procedió con la música. Las rosas que su familia llevaba, fueron quemándose lentamente mientras la vitrina de cristal era puesta en su lugar.

Un violín y unas trompetas sonaban.

El llanto se desató de nuevo. Todos buscaban brazos en los que confortarse. Algunos no podían ver y otros hablaban en voz baja para ella. La dueña del universo era colocada en su lugar de descanso mientras todos demostraban su amor por ella en su manera.

La tristeza de la gente rasgaba el aire, lo electrocutaba. El aroma de las rosas era liberado con el cantico angelical que poco a poco todos entonaban como una letanía llena de dolor.

Cuando su cuerpo quedó en la seguridad del mausoleo Burkhalter, junto a su hermana Anabell, poco a poco se fueron retirando.

Y mientras uno a uno partían, todos coincidían en algo: Esto no era una despedida, era un hasta luego.

Algún día, quizás en un mundo paralelo, podrían volver a verla...

† † † † †

6 meses después

Fortis estaba roto por dentro. Habían pasado meses de la muerte de Jatziri Burkhalter, pero Lady Alisson apenas sonreía. La Gárgola se sentía de piedra nuevamente.

Eso explicaría, el porque se estaba rompiendo.

Fue creado para proteger. Para entender el balance de las cosas en el mundo humano. Sin embargo, no podía. Jamás había perdido a nadie cercano a él. Jamás había existido nadie cercano.

La mansión Burkhalter estaba llena, sin embargo ya no se escuchaban voces ni risas. Moscú se había vestido permanentemente de luto. Todos intentaban ayudar a los caídos. Y la amenaza de un caos, era un hecho.

- ¿Que hago, milady? Intento ser fuerte. Pero no puedo.

Susurró mirando cómo el sol, jugaba con las hojas de los árboles. El atardecer vestía de tonos rojizos los jardines.

Le recordaron a ella.

Y la última vez que la vió con vida.

"- Quisiera acompañarla, mi señora. Se que estará protegida, pero Katherine no soportaría si algo le pasara.

La hija del diablo había reído. Una risa cantarina, feliz. Habían salido a recorrer los jardines, varias horas antes de su salida al encuentro con la muerte.

- No llegaríais al aeropuerto, amigo mío. No soportaríais estar lejos de Alisson.

Su risa era hermosa, pensó la Gárgola. Realmente lucía tranquila. Pero así como reía, suspiró y le abrazó.

- Quiero un juramento de paz, Fortis. Si no regreso y Lancelot sí, no quiero que nadie cobre venganza. Sean felices Fortis, como lo yo he sido.

Se está despidiendo. Pensó Fortis, sintiendo un extraño nudo en la garganta. Los sentimientos humanos eran abrumadores.

- ¿Le teme a la muerte, mi señora?

Preguntó con un hilo de voz. Ella dejó de mirar sus rosales y mantuvo sus ojos lavanda, en su amigo.

- He vivido seis largos siglos, amigo mío. Generación tras generación, los he visto crecer. He visto incluso, a los hijos de sus hijos..."

- ¡No, mi amor! ¡No molestes a tu hermana!

Ayelet rió, tomando a su hijo en los brazos. La pequeña se había quedado en la cama, intentando voltearse. ¡Eran tan independientes como su padre! Besó las enormes mejillas de su hijo, haciéndole reír.

Luego del ataque al Eternal, Sebastien había ido a buscarla. Pero ella se había negado. Era fácil buscarla, una vez todo había terminado. Una vez su venganza había finalizado.

Ayelet al verlo, supo que era un hecho, la muerte de Jatziri.

Le dijo que se fuera. Que se buscara a sí mismo y, que si al final del camino, realmente la amaba; sabría donde encontrarla.

Ya habían pasado 6 meses.

Y aún los lloraba a ambos.

Tocaron a la puerta en su pequeña casita a las afueras de Moscú. Dejó a su hijo en su cuna y fue a abrir.

Lancelot cayó de rodillas en plena entrada, cuando la vió.

Todo el amor que sentía por ella, se le había volteado en su contra en estos meses.

Al punto de haberse arrepentido de matar a la hija del diablo.

Una parte de él, también había muerto con ella.

Ayelet se dejó abrazar. No fue necesario hablar. Sebastien había regresado a casa.

Luego fueron de la mano, a conocer a sus hijos.

"He ayudado a todos los que he podido. En este mundo donde somos odiados, solo por los errores cometidos, por otros como nosotros..."

- ¡Papá! ¡He regresado!

Camille cruzó las puertas de su casa. Se había demorado en cumplir su promesa. Necesitaba sanar sus heridas primero.

Las secuelas de la guerra, incluso habían llegado a ella. Sebastien había desaparecido. Y habían aparecido las horribles pesadillas.

Solo esperaba que estando en casa, todo estuviera mejor.

"Pero soy fuerte, Fortis. Los no-vivos somos fuertes. Sabemos levantarnos de nuestras derrotas. Comenzar de 0, y hacerlo bien."

- ¡Vamos Paul! No puedo creer que te dejes ganar por una ciega.

La risa de Dhestiny fue música a los oídos del Damnati. Él había insistido en aprender a jugar ajedrez. Un juego demasiado lento para sus gustos.

Pero Dhestiny era una maestra implacable.

Ella había sido su bálsamo, en medio de su dolor.

"Aún si me tocara morir. Si fuese mi tiempo de partir, la vida seguiría para ustedes, amigo mío. Y estarán bien. Lo puedo sentir."

POSITIVO

Aquel positivo seguía dando vueltas en la cabeza de Sakura. Estaba tan feliz. Un hijo suyo y de Adrik.

No pudo evitar sonreír con tristeza al recordar lo ocurrido en estos meses. Adrik decidió que lo mejor era esperar para casarse. Él entendía la tristeza de ella.

Podían pasar mil años, y ella desearía a su amiga, a su señora a su lado, el día de su boda.

Pero ahora estaba embarazada. Estaba feliz de dar vida. Cerró los ojos y le agradeció a Jatziri su regalo.

Su hijo y su pareja, serían el soporte perfecto para su dolor.

"Las lágrimas serán sustituidas por risas, por juegos, por esperanza..."

- Entonces, 6 x 8 es 48 mi reina. ¡No es tan difícil! ¡Lo estás haciendo tan bien!

Katherine estaba frente a la estufa, terminando el asado de cordero que tanto le gustaba a Gael. Daphne, sentada en el comedor, intentaba hacer su tarea. Levantó la vista de su cuaderno y le sonrió a su mamá.

- ¡Claro mamá! Con 6 siglos para aprenderlas, ¡cualquiera!

Se burló su hija y Katherine le sacó la lengua.

Karoline entró a la cocina, escoltada por Scarlett. Ahora decía que sería periodista. Andaba por todos lados, con una mini grabadora y un cepillo de cabello, que usaba como micrófono.

Evidentemente, Karoline le huía a la tortura.

- Yo me encargo, milady.

Katherine sonrió dejándole la cocina a su amiga y fue al encuentro de su hija y su hermana. Las besó a ambas y subió a darse una ducha.

Llegó a su habitación y se miró al espejo con una sonrisa triste.

- Cada día estás mas hermosa. Me robas el aliento.

Katherine rió al escuchar a Gael que, con paso felino se acercó a ella y la abrazó por la espalda. Su vientre estaba enorme. Pero ella se sentía bien así.

Su hijo comenzó a patear, al sentir a su padre.

- ¿Como sigue?

Cada vez que su bebé se movía, era como si le inyectara un poquito de vida.

Nada era igual sin su madre.

- Todo está bien, dentro de todo.

Susurró y su marido le besó el hombro.

- Mejoraré, ya verás.

Gael asintió, aunque lo dudaba...

"Pronto seré solo un recuerdo. Seré sustituida por nuevos retos, nuevas ilusiones..."

- Feliz cumpleaños a ti. Feliz cumpleaños a ti. Feliz cumpleaños Constanza. ¡Feliz cumpleaños a ti!

Todo fueron aplausos cuando la pequeña Constanza apagó la única vela en su pastel de cumpleaños. Su padre la cargaba orgulloso mientras Arya tomaba fotos.

Ella no solo había perdido a su madre aquel día. Poco después, perdió a Maddie. Había sido tan fuerte lo ocurrido, que Madeleine había decidido apartarse, tomar aire. Respirar.

Llevaba 6 meses sin saber de ella.

Pero aunque la extrañaba a morir, sabía que ella estaba bien. Podría sentirla siempre.

A la hora de abrir los regalos de Constanza, se sentaron en medio de la sala. La niña estaba mas que distraída, disfrutando de los dibujos animados que tanto le gustaban.

Sus padres abrían los regalos.

Muñecas, ropa, zapatos, medias, lazos para el cabello y mas juguetes. ¡Eran unos exagerados!

Y al final un sobre.

Ese sobre se le había entregado a Arya hacía 6 meses, cuando se leyó el testamento de su madre. Estaba dirigido a Constanza y debía ser abierto, cuando la niña cumpliera su primer año.

Arya lloraba cada vez que lo veía.

Su demonio apretó su mano con firmeza. Sabía lo que ella pensaba.

Con fuerzas renovadas, tomó el sobre y lo abrió.

Su barbilla casi chocó contra el suelo.

Dentro había un cheque a nombre de ambas, por 15 millones de dólares. También había una nota:

Para su educación.

Arya dejó salir un gemido de dolor, dejándose ir a los brazos de su pareja.

Aún después de muerta, seguía cuidando a los suyos.

"Nacemos un día, para morir otro, Fortis. Solo que nuestra raza es experta en romper las reglas y hay inocentes que pagan por ello..."

Alexia seguía corriendo, como si de eso dependiera su vida. Necesitaba llegar. Era demasiado importante estar ahí. Sus piernas se fatigaban por el esfuerzo, pero ella no se detenía. Los pasillos parecían querer tragarla. Parecía estar en una película de terror.

Cruzó las puertas de cristal y entró frenando en seco. Casi patinó para no caer.

Cuando su novio la llamó citándola, ella pensó que lo habían atrapado. Salió de su casa sin cambiarse, y no esperó un taxi para llegar a su casa.

Corrió hasta su edificio.

Pero al cruzar las puertas de entrada, se había quedado fría. La sala estaba alumbrada por velas. Habían pétalos de rosas por todo el suelo. Una mesa preparada y champagne en la hielera. Un cartel en la pared, que leía: ¡Feliz 6 meses!

Y su novio vestido informal, con una rosa blanca en la mano.

Alexia lo amó aún mas, con cada paso que daba a sus brazos.

"Solo soy un eslabón mas en esta cadena y he danzado con la muerte, demasiado tiempo. Otros no tienen la misma suerte..."

EN HONOR A LOS CAÍDOS

Leía la placa en el nuevo edificio del Eternal Phoenix. Si bien habían reconstruido el edificio en tiempo record, el recuerdo de aquel ataque, seguía latente en todos allí.

Brigitte miraba la nueva decoración, sintiéndose una extraña en su propio hospital.

- ¡Todo está hermoso, doc!

Krystal tocó cariñosamente el brazo de la doctora y ésta sonrió.

- Sí. Lo está.

Murmuró mirando la placa y pasó sus dedos por las letras en relieve. Sophia y sus hermanos abrazaron a su madre.

- Ellos son ángeles que nos cuidan mamá. No quisieran vernos tristes.

Sophia sabía de lo que hablaba. Hacía semanas había despertado uno de sus poderes como Sanguine Filii.

Ella hablaba con los espíritus.

Brigitte asintió, dejándose mimar por su familia, atrayendo a Krystal al abrazo grupal.

- ¿Quién quiere helado?

Preguntó ganándose gritos y aplausos de sus hijos.

Salieron todos de la mano, a alguna heladería.

"Si muero, Fortis; quiero que aprendáis de mi fuerza. Que la uséis todos para manteneros en pie. Ese será, el mejor homenaje que podéis darme..."

Llevaban horas debatiendo y a Adham le dolía la cabeza. Cerró sus ojos, pasando sus dedos por el tabique de su nariz. Quería salir corriendo, pero aquellos buitres solo esperaban una muestra de debilidad, para deborarlo.

- No te ofendas Wayne, pero, ¡eres un doctor! Sabes de salvar vidas, ¡no de como gobernar el Consejo! Debemos buscar a alguien que esté mas a la altura del cargo.

Diplomáticos. Adham los odiaba. Llevaban 6 meses queriendo hacerlo correr.

Él no quería estar allí, pero era un hombre de palabra.

Sus ojos se anclaron en aquella pequeña multitud y golpeó la mesa frente a él. Después suspiró.

- Yo no soy Jatziri Burkhalter. Nadie jamás podrá liderar como Jatziri Burkhalter. Lo se y ustedes lo saben. Yo también he perdido. Jatziri era mi amiga, mi compañera. Me ayudó como mi familia. No. Yo no quiero su lugar.

Podía caerse un alfiler, y se hubiera oído hasta en América.

- Pero ella siempre veía lo mejor en la gente. Y algo vió en mi, que me cedió su puesto, si ella faltaba. Si estoy aquí, es por ella. ¡No por mi! Así que, damas y caballeros: tenemos solo dos alternativas. Podemos matarnos entre nosotros, y que se joda la raza. O podemos luchar como uno solo, para poner el orden. Por siglos lucharon mano a mano con la hija del diablo. Ahora les pido, que luchen conmigo.

Bajó su vista. No estaba derrotado. Solo estaba cansado. Suspiró negando, dispuesto hasta irse a los golpes. Habían sido meses sin descanso. En el hospital y poniendo las cosas de Burkhalter en orden. Definitivamente, necesitaba un respiro.

- Tienes mi voto de confianza, Adham Wayne.

Adrik, la pareja de Sakura, fue el primero en levantarse. Adham levantó la cabeza. Sus ojos estaban vidriosos.

Todos fueron levantándose uno a uno. Todos le daban la bienvenida, después de meses de contiendas.

Le brindaban la misma confianza, que Jatziri le había brindado siempre.

- Gracias.

Susurró al vacío, agradeciendo que su amiga, no lo dejara solo.

"La gente muere realmente cuando sus seres amados les olvidan, amigo mío. No. No le temo a morir. Porque seré eterna. Vosotros, me haréis eterna. Y mi amor por vosotros, me hará seguirlos cuidando, donde esté..."

El viento sopló, rodeando a Fortis totalmente. Tanto que tuvo que cerrar los ojos. Entonces se dió cuenta de que hasta después de su muerte, Jatziri Burkhalter era una mujer de palabra. Los cuidaba a todos, y algo le decía, que siempre sería así.

- Hasta siempre, mi señora.

Susurró al viento y le pareció escuchar su risa.

Tal vez se estaba volviendo loco...

† † † † †

Aquella sombra se materializó frente a la habitación 17 del centro de reposo New Heaven, en Nueva York. ¡Que nombre tan cliché! Miró a ambos lados, nada. Todo tan quieto, que preocupaba. Se quedó donde estaba y esperó.

1, 2, 3, 4, 5...

Las alarmas dentro de la habitación comenzaron a sonar. Justo a tiempo. Suspiró aburrido, cuando las enfermeras y el doctor, atravesaron su espectral cuerpo para entrar a la habitación. Dejaron la puerta abierta, y vió como el Ángel de la Muerte, acariciaba el cabello de la chiquilla. Sus dedos huesudos se deslizaban por los pocos cabellos que quedaban sobre aquella cabeza, que parecía la de una adolescente. No podía ver su rostro.

No era que le importara.

- Hora de la muerte, 3:02 am, doctor.

Una de las enfermeras, acomodó las sábanas sobre el cuerpo de la chica. Luego negó con un suspiro. Maldita enfermedad. ¡Ella era tan joven!

Salieron en silencio. Habría que llamar a la morgue.

Hay demonios lo suficientemente fuertes para poseer incluso a un no-vivo. Al mirar aquella casi niña cubierta, recordó cómo poseyó un Indulgeo y lo hizo aparearse con otra, hace 19 años. Recordó cómo la alimentó con su azufre, para que no muriera, a pesar de su terrible anemia, por ser una Indulgeo pura sangre.

También cómo jugó con las vidas de sus padres hasta matarlos, cómo sacó del camino, al enamorado de su hija, hace poco más de 6 meses. Y cómo dejó de alimentarla, para que muriera. Era el cuerpo, el contenedor perfecto.

Destapó el rostro de su hija, observando sus facciones. No era muy bonita aún. Era una simple crisálida. Aún así, estaba orgulloso de su obra. Su hija, no se parecía físicamente a ninguno de sus padres. Ellos eran rubios; ella castaña. Igual que él.

Nadie extrañaría a Faith. No tenía familia. Solo a él.

El ángel de la muerte, extendió sus brazos y aspiró hondo, tomando el alma de su hija muerta, absorbiendole dentro de sí.

Él, también respiró hondo.

- Que tenga una buena vida en el Purgatorio. Y que jamás sepa, que fui su padre.

Ordenó y la calavera asintió. Lo notó al ver su capucha inclinarse. Azrael extendió su huesudo brazo, entregándole una cápsula que, tan pronto tuvo contacto con su mano, se incrustó en su piel.

Luego se desvaneció.

El demonio se acercó al cuerpo de Faith, y con sus manos, abrió su boca. Luego dejó un beso en sus labios, soplando su aliento.

- Siempre te llamaron hija del diablo. Ahora, realmente lo eres. Es tiempo de que vuelvas a la vida, Lucía Fernanda. LuciFer.

Dió dos pasos hacia atrás, dejando que la oscura naturaleza, hiciera su trabajo.

Bajo las sábanas, veía el cuerpo muerto estirarse, curvearse, perfeccionarse. El rostro casi grisáceo, por el beso de la muerte, tomó su color natural. Sus mejillas se sonrojaron, sus pómulos se levantaron, sus labios tomaron un torno carmesí.

Sus facciones, eran adultas.

Y era tan hermosa, como siempre lo había sido.

Ella abrió los ojos de golpe. Unos hermosos y expresivos ojos azules que, al igual que si recibiera una inyección en sus retinas, fueron tiñéndose de púrpura.

Se sentó en la cama, totalmente confundida. Al levantar la vista, el mismo Satanás le miraba satisfecho. Ella frunció el ceño. No entendía nada.

- Sé lo confundida que estás. Pasa cuando mueres.

Rió sarcástico. Ella seguía mirándolo, sin hablar.

- Lo primero, es sacarte de aquí, querida. Tu memoria irá regresando poco a poco. Entornes te explicaré, porque he hecho esto. Hasta pronto, Hija del Diablo.

Todo se tornó oscuro. Sintió su cuerpo flotar, transportarse aunque no veía nada.

Cayó de golpe, en las puertas de un hospital.

Tropezando, logró ponerse en pie, y arrastrarse casi, hasta cruzar las puertas de cristal.

- A...Ayudenme.

Carraspeó cuando no reconoció su propia voz.

Cerró los ojos, totalmente perdida. Confundida. Cayendo nuevamente al suelo.

- ¡Dr. Wayne! ¡Enfermera Mika! ¡Por favor, ayudenme!

Fue lo último que escuchó de alguien. Quizás una enfermera. Luego se desmayó.

Desde la inconsciencia, pensó en que aquellos nombres, le resultaban conocidos.

Pero no sabía de donde...

† † † † †