Advertencias: Presencia de Lime.

Disclaimer: Attack on Titan pertenece a Hajime Isayama


Apenas la luz deslumbra su vista, la máscara de serenidad que había luchado por mantener cae al suelo con facilidad abrumadora, su rostro se descompone en una mueca de pánico que, por más fuerza de voluntad que posea, no puede manejar. Cae de rodillas al suelo.

Cama vacía. Habitación vacía.

"Christa…"

Capítulo X – Máscaras II

-No puede ser- Murmura con dificultad, pese a haber recuperado la capacidad del habla, la razón misma parece escapar de sus manos. Golpea el suelo con todas las fuerzas que le ganaron todos sus años de adiestramiento militar: una vez, otra más, hasta que el ansiado liquido carmesí escapa de sus nudillos para perderse sin remedio entre las grietas de los tablones de madera que componen el suelo -¡No puede ser!

Le cuesta creerlo, siquiera imaginarlo. Han capturado al rey. Su rey.

Jaque Mate.

-¡Maldición!

Esta vez, sus dos puños colisionan contra la madera en un estruendo seco, tiñendo su alrededor con la evidencia de una herida que tardara en sanar; en ningún momento se percató de los gruesos hilos moviéndose a su alrededor hasta que estos se enredaron en su cuello.

¿Ha perdido? ¿Realmente ha perdido?

"No"

Su máscara, representando una teatral expresión de pánico, es reemplazada por una de pura ira irascible apenas tiene la fuerza de voluntad para ponerse en pie de un salto.

Aprieta rencorosamente los puños. Tiembla como lo hace un perro con rabia justo antes de atacar. Esta completamente furiosa, mas furiosa de lo que ha estado jamás.

"Yo nunca pierdo"

Le cuesta menos tiempo del necesario para organizar una temible sinfonía de estruendos erráticos e insoportables que hacen eco dentro de las estrechas paredes; cosas vienen, cosas van. Todo objeto de dimensiones suficientes para albergar a un ser humano será brutalmente inspeccionado por su creciente locura.

Gruñir. Golpear. Destruir. El sonido de la muerte.

-¡Christa!- Grita con toda la fuerza que sus pulmones pueden resistir -¡No intentes jugar conmigo!

"No está" Señala su escaso sentido común mientras derriba brutalmente el armario de una patada; el sargento, sordo ante su propia observación, respira amenazas sin descanso. No es tiempo de guardar la calma.

-¡Si no sales ahora te pondré una puta correa!- Entra al cuarto de baño como un depredador hambriento en una cacería desesperada, convirtiendo en girones la cortina de grotescos patrones florales que, en otro tiempo, cumplía la tarea de ocultar la ducha

Debe buscar.

-¡¿Qué demonios pretendes?! ¡Christa!- Abandona de inmediato las habitaciones superiores para continuar su frenética empresa en la planta inferior. Los peldaños, deteriorados por el paso del tiempo, se estremecen sin remedio ante el peso de sus pisadas furiosas -¡¿Tanto te repugno?!

No. Ella no es así.

La conoce. Sabe que su ardua búsqueda no tendrá resultado.

Lo sabe, simplemente lo sabe.

"¡No!" Se reprende desesperadamente mientras derriba de una embestida el antiguo reloj pendular que vigila en eterno reposo desde una esquina olvidada cerca del comedor "Debe estar por aquí, en algún lugar"

Su cuerpo entero, tenso como nunca antes, está empapado completamente de una capa uniforme de sudor frio; se ha deshecho de su gruesa gabardina en algún lugar del recorrido, probablemente su saco ha tenido la misma suerte.

Revisa la cocina con resultados similares. Nada.

Sin señales de lucha. Sin lugares donde esconderse. Nada.

"No puede ser…"

-¡Esta es la última advertencia!

Desenfunda con manos temblorosas su impecable arma completamente cargada, muerde sus labios mientras dispara completamente a ciegas para al final acertar, con excelente puntería, al cristal de una de las ventanas que posee la residencia.

-¡Si no sales ahora yo…! ¡Yo…!

"¿La mataras?" Ríe con malicia aquella faceta oscura dentro de su alma a la cual llama, rencorosamente, titán "¿Tienes el valor de lastimarla?"

Permanece en silencio, meditando en discordia, respirando agitadamente mientras una diminuta e imperceptible columna de humo escapa del cañón.

-No- Susurra con más sorpresa de la que puede disimular –Nunca lo haría…

Derrotada. Dolida. Lanza su arma al suelo antes de sentarse resignada sobre uno de los tantos cacharros inservibles que había masacrado minutos atrás; el caos a su alrededor le recuerda un campo de batalla, donde los únicos contendientes son ella y la soledad.

-Christa...- Lamentable. No existe otra palabra para definir el sonido que apenas reconoce como su propia voz.

¿Qué ha pasado? ¿Qué ha hecho?

Intenta convencerse de que no existe nada que pueda hacer; convencerse de que ha sido solo una perdida insignificante en su vida llena de emociones; convencerse de que todo, absolutamente todo, ha terminado.

Necesitara una máscara nueva.

"No tienes ninguna" Le recuerda morbosamente la horrible voz "Estas indefensa"

-No la necesito- Le corrige altaneramente en voz alta, como si discutiese con una persona real –Puedo cuidarme de Reiss… No necesito que una ingenua niña…

"Mientes"

-¡¿Por qué lo haría?!- Replica indignada, sosteniendo su cabeza con ambas manos en un intento de acallar aquel macabro monologo interno.

"Tu objetivo nunca ha sido escapar de Reiss"

Permanece silente, atenta, esperando que su mente muestre sus cartas, esperando el curso de sus reflexiones cercanas a la demencia.

"Tu objetivo es proteger a Christa" El monstruo ríe con sarcasmo "¿Cierto?"

Se pone de pie repentinamente, como si aquellos pensamientos hubiesen despertado un misterio que su corazón creía olvidado hacía varios años.

No puede negarlo. No puede luchar contra ello. Es completamente cierto.

Desde el momento en que ordeno a sus hombres con vehemencia capturarla… No… Comenzó desde mucho antes, mucho antes de unirse a las SS, mucho antes de portar esa estúpida máscara.

Desde que se encontraron por primera vez en las oscuras e indomables calles de Múnich, en una miserable infancia rodeada de peligro y soledad.

"Una diosa" Recuerda haber pensado en aquellos años, una diosa a la que prometió proteger desde las sombras.

Y lo hizo.

Siempre.

Desde siempre.

Limpia cuidadosamente el sudor sobre su rostro, saboreando una vez más el dulce sabor de la cordura.

"Es mi culpa" Se dice a si misma mientras masajea sus sienes con pesar.

Lo sabía. Nunca debió dejarla sola; nunca debió apartarse de su lado luego de lo ocurrido la noche anterior.

Recuerda todo con claridad relativa. Se recuerda a si misma despertando repentinamente de un sueño sin sueños, impulsada por una misteriosa calidez que parecía envolver parte de su rostro como una amenaza creciente.

Un buen soldado, especialmente aquellos que tienen el honor de pertenecer a la guardia personal del Líder Supremo, debe estar alerta ante cualquier situación inesperada; fue eso, o un simple instinto de supervivencia, lo que la lleva a girarse bruscamente, sometiendo a su atacante bajo su propio cuerpo.

-L-Lo siento- Murmura una enmudecida voz.

Ymir, quien divaga en la estrecha línea que separa el mundo onírico de la vigilia, parpadea un par de veces antes de reconocer plenamente el delicado aspecto de su atacante: rubia, de hermosa mirada azul cielo que la observa confundida.

-¡Demonios!- Expresa con una sonrisa estúpida mientras descansa su peso sobre el pequeño cuerpo de Christa Renz -¡Que susto me has dado!

La chica guarda silencio, limitándose a acariciar la cabellera castaña del sargento.

-¿Sabes?- Murmura con picardía –Si deseas besarme solo debes pedirlo.

Ríe. Ríe con ese ánimo malicioso con el que disfruta torturar a su inocente diosa con grandes explosiones carmesí sobre el rostro; es por eso, por aquella costumbre tan habitual, que se extraña en sobremanera cuando los delgados brazos de la pequeña rodean su cuello tímidamente.

¿Sorpresa? ¿Incredulidad? ¿Felicidad?

¿Cómo definir el sentimiento que hace a una mujer como Ymir ruborizarse como la más pura de las doncellas?

Logra incorporarse en silencio, observando con detenimiento la totalidad del frágil cuerpo que las sombras ocultan parcialmente: esta desnuda, despojada de toda estorbosa prenda de dormir, rehusándose rotundamente a cruzar miradas.

Christa se aferra a su cuello con fuerza, obligándole a descender hasta que sus labios se encuentran en un torpe contacto efímero.

-Hazme tuya

Aquel susurro entrecortado en su oído, completamente ajeno a lo que esperaba escuchar, roba de sus labios toda palabra.

"Algo anda mal" Piensa para sí misma mientras siente la respiración de Renz sobre su hombro. La conoce lo suficiente para saber que ella nunca diría algo como eso.

Una de las rodillas de la diosa, como si tuviese vida propia, logra filtrarse hasta su entrepierna, rozando con movimientos suaves que logran arrebatarle un suspiro imperceptible.

Ella no es así. Nunca se ha atrevido a tocarla. Nunca.

Por eso, esos repentinos escalofríos placenteros son más de lo que la joven castaña puede soportar.

-Como órdenes, mi diosa- Sonríe ampliamente mientras reclama aquellos labios tan dulces para sí, como si se tratase de un privilegio al que solo ella puede aspirar; sus manos acarician con hambre los costados desnudos de su amante.

¿Por qué? ¿Por qué se comporta así?

-Eres hermosa- Murmura en medio del beso antes de permitir a su lengua introducirse en busca de su compañera de baile; pronto danzaran juntas en una atmosfera de frenesí.

No le importan sus razones. No le importa que aquellas contradictorias manos recorran su espalda con incesantes temblores.

Simplemente no le interesa.

Desciende a sus pechos en un camino marcado por mordiscos ansiosos, colando discretamente una mano ansiosa a la húmeda intimidad de su prisionera, recorriéndola lentamente con la punta de sus dedos.

"Es una máscara" Se dice a si misma mientras muerde con algo de fuerza uno de sus pechos, obteniendo inmediatamente un sollozo ahogado que no se relaciona en ninguna manera al dolor "Toda ella es una actuación"

Desde el momento en que adopto un nombre falso, toda su vida se transformo en una obra de teatro.

"No somos muy diferentes después de todo"

-Es hora- Susurra a su víctima con voz ronca, obteniendo en respuesta un beso tímido que se intensifica conforme sus largos dedos penetran en su interior; aquel beso tan torpe se siente como el mejor que ha tenido jamás.

Las paredes de Christa se cierran a su alrededor, apresando avaramente las embestidas rápidas de sus dedos, las cuales se sincronizan milagrosamente con sus gemidos gloriosos; por un momento, aquella melodía erótica hace que Ymir se olvide de todo razonamiento.

Se rinde ante ella con facilidad. Se rinde ante el hecho de complacer cada uno de sus caprichos.

Se rinde por el sentimiento que le produce convertirse en uno.

Sabe que algo anda mal, lo siente en las lagrimas que empapan su cuello, en los temblores ansiosos y, por supuesto, lo siente completamente en aquella extravagante petición nocturna que, pesa a su contexto, comienza a sentirse como una despedida.

Pero poco le importa en estos momentos que puede sentir como todas las mascaras se rompen con su vaivén feroz; el sudor de su diosa impregna su piel conforme sus jadeos se ahogan en su cuello. Más fuerte. Más veloz.

Siente sus ligeros rasguños, orgullosos como heridas de guerra, los cuales le hacen sentir que, incluso ella, terminara sin necesidad de algún contacto físico.

"Quisiera saber, Christa" Piensa con cierta nostalgia "Si disfrutas esto tanto como lo hago yo"

Es una mordida despiadada en la base de su cuello, producto de la cúspide del placer de la pequeña rubia, lo que desata la reacción en cadena, llevándola a un sentimiento tan intenso que le cuesta entender cómo surgió prácticamente de la nada.

Solo Christa la hace sentir de esa manera. Tan viva. Tan libre.

No pronuncian palabra alguna, solo emiten jadeos extasiados.

Nuevamente reposa su peso sobre la diosa, recibiendo un abrazo casi maternal en cuanto sus cuerpos se funden; hunde su rostro entre los pechos de la pequeña mientras esta acaricia con cariño su cabello castaño.

-Algo ruda ¿No crees?- Murmura sonriendo mientras revisa su cuello adolorido en busca de alguna lesión severa.

-Lo siento- Susurra la pequeña rubia de forma casi inaudible. El sargento sonríe mordazmente hasta que sus ojos se encuentran con los ríos incesantes de lagrimas que brotan de Renz –Lo… Lo siento

Esa expresión tan dolorosa fue más que suficiente para cercenar cada rastro de su lujuria.

-Todo está bien- Besa su frente, alzándola para colocarla delicadamente sobre su pecho como suelen dormir normalmente –No es para tanto.

Christa acaricia los pliegues de su camisa intentando contener las lágrimas que brotan sin parar.

"Algo anda mal"

-Lo siento- Asciende hasta su rostro para besar con delicadeza todas y cada una de sus pecas; el llanto brota silencioso, pero permanente –Lo siento

Tan frágil. Tan deprimente.

"Es una máscara" Piensa Ymir antes de aprisionarla entre sus brazos en un intento por reconfortar su dolor "Es una máscara que esta colapsando"


-Se fue- Murmura con voz moribunda mientras recorre el desastre en el que ha convertido su hogar; es sorprendente la cantidad de caos que ocasiono en tan solo una hora.

Deja escapar una sonrisa irónica: justo así debería lucir la escena de un secuestro.

Debió suponerlo desde antes. Debió suponer que algo andaba mal desde que le dedico la primera de tantas sonrisas falsas, pero una dulce mentira siempre es más reconfortante que la cruel realidad.

Se estaba despidiendo, aquel último encuentro fue su despedida.

"Tú la arrastraste a este mundo" Le recuerda su propia voz, la verdadera voz de su cordura.

-Quería estar con ella una última vez- Responde seriamente –Eso es todo.

¿Qué tan egoísta tiene permitido ser un humano? ¿Hasta que limite se puede depender de la codicia para procurar nuestro propio bien?

Porque ha sido la codicia, no el deber, lo que la obligo a traerla a aquel mundo de sangre y muerte.

Un fugaz recuerdo, sumamente inoportuno, llega a su cabeza como un inesperado haz de luz en medio de penumbras: una hermosa niña, frágil como ninguna otra, parándose de puntitas para acariciar su desarreglada (Y algo corta) cabellera castaña.

Estaban solas. Sin familia o amigos. Solas.

"Todo estará bien" Murmuró la niña con la voz de un ángel "Estaremos bien"

Porque un sentimiento tan profundo no puede surgir de la nada.

No. Siempre es algo más antiguo, más profundo.

"Si" Recuerda haber respondido en aquel entonces "Estaremos bien"

Pero, por más que lo desee, ya no puede garantizarlo.

-Niña estúpida- Murmura para sí misma en medio de risas mordaces; por un momento desea volver en el tiempo para mostrarse a sí misma el mundo real.

Pronto, mientras toma lista de todo objeto que queda por reparar, un pensamiento fugaz e inesperado inunda su mente; es estúpido e inverosímil… Pero…

No todo está perdido, su última esperanza se encuentra a pocos pasos de ahí, justo al otro lado del corredor.

"El estudio"

Corre hacia la puerta en medio de frenéticos latidos, de pronto siente como si el aire a su alrededor presionara su pecho para hacerla desfallecer. La última esperanza, el cuarto prohibido es su última esperanza.

Sus manos tiemblan sobre el pomo. Han pasado semanas desde la última vez que entro en aquel lugar y, ciertamente, las circunstancias actuales no favorecen ninguna clase de reencuentro.

"Hazlo" Grita su mente con desesperación "¡¿Qué esperas?!"

-Lo peor…

El olor de las paginas antiguas reciben con gusto a su amo en completa soledad. Abandonados y deprimentes, tal como los recuerda.

No está ahí. Nunca ha estado ahí.

"¿Segura?"

Hay algo extraño, puede percibir en el ambiente una esencia que antes no estaba ahí; olfatea su propia camisa con curiosidad digna de uno de los tantos perros de caza que tanto ama.

"Hay algo aquí"

Recorre con la mirada cada cuadrante del pequeño despacho, aun que realmente no necesita hacerlo; lo sabe, sabe donde se encuentra lo que está buscando.

Y tiene razón.

Sobre el tablero de ajedrez al que aun no logra acostumbrarse, justo debajo de la pieza del rey, encuentra una austera nota blanca con algo escrito, la letra es atropellada como si la hubiesen escrito con prisa.

Lo huele como un perro de caza; huele nuevamente su camisa.

La nota solo posee dos palabras:

Lo siento.


Permanece observando la casa desde la distancia. Ha pasado aproximadamente una hora desde que escucho el disparo, haciendo que su mente se llene repentinamente de desesperación.

¿Qué ha pasado? ¿Estará bien?

"Ymir"

Sus hermosos ojos azules, sin control o explicación alguna, comienzan a derramar ríos desbordantes de lágrimas inconscientes; quiere correr, correr hasta la casa y rodear a su sargento en un cálido abrazo, asegurándose de que está completamente bien.

Pero tiene miedo.

¿Y si aquel escándalo es producto de la ira? ¿Y si toma su vida apenas crucen nuevamente miradas?

Es irónico. Durante mucho tiempo negó que aquel hombre fuese un monstruo, lo negó con tanta fuerza que ahora le cuesta creer lo contrario.

Nunca le haría daño. Lo sabe.

"Una máscara" Se dice a sí misma en medio de un suspiro "Es como si fuese una máscara"

Escucha los pasos acercarse más no se inmuta, no hasta que una presión invade su brazo izquierdo; una presión paradójicamente gentil.

-Vámonos.

Christa solo asiente en silencio. Ha tomado una decisión.