Disclaimer: Attack on Titan pertenece a Hajime Isayama.


Capítulo XXI - Errores

Una súbita corriente de aire helado, sofocante como ninguna que haya tenido la oportunidad de sentir, acaricia incesantemente su rostro hasta obligarla a despertar. El olor a cenizas, acompañado de ese sutil rastro de carne quemada, le da la bienvenida a una realidad tan familiar que hace estremecer cada uno de sus huesos.

"Dachau" Reconoce al instante, incorporándose de golpe solo para ser recibida por una poderosa oleada de nauseas que la obligan a recostarse una vez más.

¿Dónde está exactamente? ¿Por qué le es tan difícil moverse? ¿Qué ha pasado?

Su hermosa mirada azul, consternada por su despertar repentino, se aclara con demasiada lentitud; el enorme techo grisáceo, tan familiar, la recibe como una buena amiga, como recibe una madre atribulada al vástago perdido cuando vuelve al hogar.

"Estoy en casa"

Es en ese instante, tan breve como un parpadear, cuando la inocente Historia cree estar contemplando el umbral de la muerte.

-¿Historia?

La voz, que escucha como si fuese un susurro, parece distante e irreal, rasposa como la de un moribundo llamándola una y otra vez.

-¿Historia? ¿Puedes escucharme?

Escucha, mas no comprende una sola palabra. Toda respuesta muere camino a sus labios, su mente hace todo lo posible para dar forma a las caprichosas siluetas que pasean a su alrededor. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué le cuesta tanto recordar? ¿Por qué ese incomodo lecho le es tan familiar?

"Es Dachau" Recuerda sin comprender sus pensamientos "He vuelto a casa"

-Mira nada mas, ¡Apenas puede mantenerse despierta!- Escucha decir a la monstruosa voz y, más por intuición que por raciocinio, sabe que habla de ella -¿Es esta manera de cerrar un trato, querida Ymir?

Ymir. Ese orgulloso nombre, aun proviniendo de esa garganta espectral, aclara fácilmente cada uno de sus pensamientos: recuerda su nombre, recuerda su aroma, recuerda su ser tanto como recuerda los infernales predios de Dachau. Esta en sus dominios, esta recostada en ese incomodo catre donde, hace mucho tiempo, solía entregarse a ella.

-¡Pudo ser mucho peor!- Response la voz mordaz que tanto conoce –Si el destino me hubiese hecho varón, mi querido señor, esta chica estaría dando a luz en estos momentos.

Su corazón late desembocado, loco, ansioso por ver su astuto rostro cubierto de pecas una vez más. Utiliza la poca fuerza que le queda para incorporarse poco a poco, haciendo lo posible para discernir la dirección de las sarcásticas risotadas que dan vueltas en su ser como lo haría una sinfonía.

-Ymir- Murmura débilmente –Ymir.

Se tambalea, viéndose obligada a recostarse nuevamente para impedir que las nauseas asciendan a su garganta una vez más; en el fondo, agradece al destino el hecho de que su estomago se encuentre completamente vacío desde hace varios días.

-¡Mírala! ¡Solo mírala por el amor de Dios!- La sombra febril camina desesperada de un lado a otro, vociferando una y otra vez –Si el destino te hubiese hecho un varón tan impertinente, Ymir, la mitad de tus asquerosas reclusas estarían dando a luz en estos momentos.

Por un breve instante, la figura del hombre se revela ante ella: de aspecto sofisticado, con duras facciones a juego con su oscura cabellera perfectamente peinada pero, lo que llama toda su atención, es su amenazante mirada color cielo.

"Como la mia" Medita antes de que su vista se nuble otra vez.

-Con todo respeto mi señor, solo haría mías a las reclusas hermosas- Una mano enguantada, procedente de un punto que no logra definir, pasea por su rostro lentamente, acariciando sus mejillas con suavidad –Y como puede ver, señor Reiss, su bastarda es la más hermosa de todas.

-¿Eh?

Su torpe e irreverente balbuceo llama la atención de quien ahora, con todo el dolor de su corazón, reconoce como su padre; Lord Rhodes Reiss, única cabeza de la noble Casa Reiss, el mismo hombre que la abandonó a su suerte cuando no era más que una niña indefensa, la observa con curiosidad.

-Ymir- Llama en un murmullo, halando débilmente la manga negra de su uniforme militar -Ymir.

Se siente temblar bajo la capa de sudor frio que se extiende por todo su cuerpo. La chica de mirada marrón nunca le había permitido tener miedo, ¿Por qué lo permite ahora? ¿Por qué no esta tranquilizándola o tomándole el pelo como siempre lo hace?

-Ymir- Hala con más fuerza -Por favor.

¿Qué está pasando? ¿Qué demonios está pasando?

-Tranquila- Susurra por fin la voz burlona del sargento a su oído, besandolo con delicadeza –Bien hecho, mi pequeña, no olvides respirar.

Es cierto, todo ese tiempo ha estado conteniendo la respiración. Su corazón, que estaba al borde del colapso, se tranquiliza al sentir la mano de su amada recorriendo su piel; pese a lo distante o frio que pueda parecer ahora, es el mismo tacto que la siempre la ha hecho enloquecer.

"Te ha estado usando" Razona su mente con agilidad abrumadora pero, en medio de ese contacto superficial, a merced de la inmisericorde presencia de Lord Rhodes, se permite cerrar sus ojos para disfrutar su calor libremente.

-No me importan las atrocidades en la que has involucrado a la chica, Ymir- Comenta Reiss con cierto recelo en su refinada voz –Solo espero que no intentes otra de tus estúpidas tretas.

De pronto, el cuerpo del soldado se tensa. Su mano, fuera del alcance de la severa mirada de su padre, es apresada por una temerosa mano enguantada que entrelaza sus dedos a la primera oportunidad. Puede sentir el miedo pasear por su propia piel.

-La última vez lograste engañarme por mucho tiempo, pero no creas que seré tan ingenuo como ese incompetente Nick- ¿Esta temblando? ¿Ymir esta temblando? -Él recibió su castigo, espero no suceda lo mismo contigo.

¿Por qué? ¿Por qué, de pronto, su amada parece tan aterrada? ¿Qué ha sucedido para hacerla temblar de esa manera?

-No me crea estúpida- Siente la sonrisa de Ymir tomar fuerza mientras su mano abandona su compañía lentamente. Sin saber porque, todo eso le parece una mala señal –Valoro mi vida, mi estimado señor, mucho más de lo que valoro el placer que puede darme el cuerpo de una bastarda.

Su padre sofoca un horrorizado grito mientras ella, con una reacción similar, traga saliva pesadamente.

Bastarda. Por segunda vez, esa palabra da vueltas en su cabeza, repercutiendo duramente en su corazón. ¿Por qué la llama de esa manera? ¿Por qué diría algo así luego de haberse entregado mutuamente en cuerpo y alma?

La había llevado al cielo durante toda una noche; no la había poseído como otras veces, le había hecho el amor con toda la pasión que su cuerpo podía contener. ¿Por qué entonces la hace dudar? ¿Por qué, de pronto, todo lo que ha pasado le parece una mentira?

-Que trates a alguien de mi sangre como si fuese una prostituta me resulta casi tan aborrecible como tus practicas antinaturales- Reprende el hombre entre carraspeos incómodos –Pero debo admitir que tus estupideces han actuado a mi favor esta vez.

-¿Se habría arrepentido, señor?- Reiss duda un momento antes de responder.

-En efecto… Todo habría sido demasiado repentino… Sin duda me estaría arrepintiendo enormemente.

La chica soldado se permite liberar una escandalosa risa que hace eco en la habitación, levantando el pequeño cuerpo inerte de la diosa para sentarla sobre su regazo; sin fuerza alguna, ella solo se limita a obedecer.

-¿No se lo he dicho, mi señor?- Siente una de sus manos recorriendo su vientre mientras la otra, sin alguna clase de pudor, se pasea libremente por sus caderas –Si hubiese velado por su seguridad, como sugerí en un principio, nos hubiésemos ahorrado todo este teatro.

Ese comentario, aun con el timbre casual e insignificante con el que es dicho, proporciona una respuesta que la hace estremecer: su padre ha conocido a Ymir todo este tiempo. No, Ymir ha sido enviada por él. ¿Qué es mentira? ¿Qué es real? ¿Qué ha sucedido con el mundo que conocía?

¿Y si nada de esto ha sido una coincidencia? ¿Y si no fue cosa del destino, como le gusta pensar, que el amor de su infancia regresara a ella?

¿Y si haberse conocido en primer lugar tampoco fue casualidad?

Su tacto, que solía ser un bálsamo tranquilizador, se convierte en una broma sarcástica y cruel; está confundida, realmente confundida, quizá más confundida de lo que ha estado jamás. Su cuerpo tembloroso debió llamar la atención de Ymir pues, apenas el pensamiento cruza su mente, sus manos la aprisionan con mayor fervor.

-¿Extrañabas a tu padre, Historia?

Retiene el aliento, siente como el enorme nudo en su garganta corta su respiración. No puede verla, pero lo sabe con seguridad: esta no es la persona a la que entregó su cuerpo en aquel granero; esta no es la persona que desafió al mundo para protegerla. Esta no es Ymir. No es su amada Ymir.

-¡¿Podrías abstenerte de tocar tan descaradamente a la chica en mi presencia?!- Exige Rhodes con el ceño fruncido y el rostro ardiendo en carmesí –Como he dicho antes, mi Orden no aprueba tus infernales aberraciones.

-Y mis infernales aberraciones no aprueban su Orden- Es un reto. Un reto cruel, brillante y sutil –Es el ultimo día que estará a mi alcance, mi señor, permítame disfrutarla.

En medio de perturbadoras reflexiones, Historia se permite recostar su espalda sobre el pecho del soldado, intentando sentir los rítmicos latidos que apenas creía conocer. No logra escuchar absolutamente nada; no desea seguir la pista de esa conversación inútil, solo cierra los ojos esperando volver a dormir.

¿Por qué esta tan cansada? ¿Qué había hecho Ymir con ella cuando quedo inconsciente?

"Nada" Se dice inmediatamente en un suspiro "Nunca podría hacerme daño"

-¡Polonia ha caído! Deberías haberte…

-No me iré hasta que toda esta pesadilla termine- Un breve silencio invade la habitación. Historia escucha, haciendo lo posible para no sucumbir ante el cansancio que inflama sus parpados cerrados –He traído a la chica, Reiss, quiero que todo marche según lo acordado.

-Esto no me agrada en lo absoluto- Escucha los nerviosos pasos de su padre de un lado a otro e, internamente, se pregunta cuánto durará su andar –Pero debo mantener mi palabra.

-¿Entonces me permitirá escoger?

-¡Como si tuviera opción! Solo ten en mente que su sangre debe ser digna de la mía.

-¡Y lo es!- Siente el cuerpo del soldado tensarse nuevamente mientras una de sus manos pasea entre su cabellera rubia -Bertholdt Fubar es uno de mis hombres más confiables, de buena familia, seguro podrá satisfacer sus exigencias.

Si Historia estuviera gozando de plena consciencia, parpadearía un par de veces ante aquella mención. ¿Bertholdt? ¿Qué tiene que ver en todo aquello?

-¡¿El alto?!- Por un momento, la voz de su padre parece consternada -¿Qué paso con el rubio? El fuerte que siempre parece estar de mal humor.

-Por ningún motivo le daría tal oportunidad a esa perra barata.

-¿Por qué no? ¿Que no es tu mejor hombre? ¡Él debería portar ese honor!

-¡Sobre mi maldito cadáver!- Suelta Ymir con desprecio -¡Sobre mi maldito cadáver encontraré a Reiner Braun digno de ser el futuro esposo de su heredera!

-¿Eh?- El susurro, imperceptible a oídos extraños, escapa de sus labios.

Un mal presentimiento, un indiscutible sexto sentido, le indica que debe escapar: pronto, a toda costa, debe permitir que el pánico se apodere de lo más recóndito de su piel.

-Ymir- Murmura febrilmente mientras se debate de un lado a otro entre sus brazos, el sudor desciende a través de su frente como una lluvia torrencial –Ymir. Por favor. Ymir.

-Detente ¡Maldita sea!- Murmura el soldado mientras aprisiona sus movimientos contra su cuerpo con facilidad. Rhodes, quien ha detenido su intranquilo recorrido por la oficina, enarca una ceja ante aquel espectáculo de insubordinación.

-¿Qué demonios le has hecho, Ymir? ¡No recuerdo que fuera tan obstinada!

-Creí que dormía- Responde Ymir sin dejar de contener sus movimientos –Se supone que el efecto no pasaría hasta dentro de un par de horas.

-¿Ni siquiera esto puedes hacer bien? ¡Con un demonio!

Cada palabra es un rompecabezas, cada gesto es un dilema contradictorio que solo parece interesado en guiarla a la verdadera locura; en un instante, al borde de la inconsciencia, lo ocurrido la noche anterior regresa a su mente como una pesadilla.

Respira agitadamente sobre el pecho de la castaña, mareada como nunca, con su cuerpo entumecido por causas que ahora puede recordar. ¿Dónde está Eren? ¿Realmente ha sido ese somnífero lo que la hace estar tan cansada? ¿Ha sido otra clase de droga lo que la hace querer dormir?

¡Dios! ¿Qué ha pasado?

Abre sus ojos para encontrarse de lleno con esa mirada marrón; puede verla claramente, puede ver la fría mascara del soldado que la aprisionó hace más de un año y su corazón, el que puede ver más allá de su mirada hostil, la hace reconsiderar.

-Creo que la chica merece explicaciones.

Sabe que puede confiar en ella. ¿Acaso no la ha protegido de otras cosas en el pasado? Lo ha hecho siempre, siempre la ha protegido. Debe confiar.

-Se las daré cuando lo crea…

-¡Se las daré yo misma si usted se rehúsa a hacerlo!

Su padre gruñe, gruñe mientras se acerca a ella a paso lento y, en el fondo de su corazón, la diosa desea no haber recuperado la conciencia tan pronto.

-¿Me reconoces, Historia?

Asiente con solemnidad. Esa poderosa mirada azul, tan parecida a la suya, le recuerda su primer día como prisionera en un Campo de Concentración: una oveja en las garras de un león; pero este león, a diferencia del que la sostiene, nunca ha deseado protegerla.

-Bien- Responde Reiss limpiando su sudor con un pequeño pañuelo blanco -A partir de ahora vivirás conmigo… Así que…

-Dile todo- Ymir se pone en pie, alzándola en sus brazos como lo haría un recién casado con su nueva esposa, dedicándole a su padre una mirada hostil –Dile lo que necesita saber. La situación. El compromiso. Todo.

-¿Compromiso?- Su voz es ronca, casi inaudible luchando por hacerse escuchar -¿Qué compromiso?

-¿Qué esperas?- Ymir sonríe de lado a su padre –Díselo.

¿Qué ha sucedido? ¿Qué demonios está sucediendo? No quiere saberlo. Sea lo que sea, sabe que pronto se estará arrepintiendo de preguntar, sabe que pronto deseará haberse quedado dormida.

-Escucha con atención, Historia- Murmura Lord Reiss tomando su ostentoso sombrero de copa entre sus manos –Mi esposa, mi verdadera esposa, ha muerto- Titubea levemente sin saber por donde empezar –Los pocos hijos que tenia han muerto también… Estoy solo.

-¡Por favor, Reiss!- Suelta Ymir en una risotada -¡No quieras parecer una victima!

-¡Tú no tienes derecho a opinar!- Reclama Reiss -¡Todo lo que tienes lo has conseguido por mi!

-¡Y todo lo que tienes estaría perdido si hubiese matado a tu bastarda como tanto deseabas!

-¡Nunca me ha interesado matarla! ¿Que ganaría? ¡Fue la maldita Orden la que…!

-¡Vaya! Estamos llegando a algo- Reiss gruñe por lo bajo al darse cuenta que la conversación ha alcanzado el punto que había evitado tocar; Ymir sonríe con satisfacción –Pon atención, preciosa- Susurra al oído de la pequeña diosa –Aquí es donde entras tu…

No puede hablar, siente que su lengua se convertirá en cenizas. El acido estomacal asciende por su garganta, frenándose por el vacio de su estomago hambriento. Siente que toda esta confusión la hará caer nuevamente mientras el sudor frío recorre su piel.

-No diré más. Confórmate con saber que protegerás las riquezas de nuestra familia de las sucias manos de esas codiciosas ratas, es lo único que te concierne saber- El sargento la deposita cuidadosamente en el suelo, asegurando que sea capaz de mantenerse en pie –Por supuesto que para eso primero tendrás que contraer matrimonio con ese chico… ¿Cuál era su nombre, Ymir?

-Bertholdt, señor.

-¡¿Qué más da su nombre?! Mientras sea un SS, todas mis propiedades estarán aseguradas por el propio gobierno… Aunque debo insistir que el chico rubio hubiese sido la mejor opción.

Pierde el aliento, su corazón comienza a latir como si participase en una carrera; observa a Ymir quien espera con los brazos cruzados recargada en la pared más cercana, con una enorme sonrisa triunfal.

-Mire la hora- La castaña camina hacia la puerta, abriéndola de par en par –No quiero ser impertinente, mi señor, pero es hora de comenzar mis deberes.

Reiss revisa rápidamente su reloj de pulsera, soltando un respingo al ver la posición actual de las manecillas.

-¡¿Tan tarde es?! También tengo mucho de lo que encargarme- Comienza a caminar hacia la puerta, halando el delicado brazo de la diosa bruscamente para obligarla a caminar tras él –Supongo que te quedaras a la boda antes de transferirte a Polonia.

-Ahí estaré.

No puede soportarlo más, la confusión es tanta que no puede retenerla en su pecho.

-¡Ymir!- Historia, deshaciendo el firme agarre de su padre, se aferra al cuerpo de su cruel amante como si fuese su última esperanza -¡Por favor!

-¡Historia!- La llama su padre en un grito histérico.

-No permitirás que eso suceda- Su rostro, con esa mascara horrible, permanece estoico ante el llanto que desciende lentamente por sus pálidas mejillas -¡Nunca permitirías eso!

Silencio. Horrible silencio.

-Te amo.

El tiempo se detiene, atrapándolas en el instante en que sus miradas se encuentran; no escucha los gritos de su padre, no escucha los ruidos sordos del exterior; Ymir se convierte en su todo, un todo que está a punto de desaparecer.

-Por favor…

Entonces, cuando cree distinguir aquel brillo especial en sus ojos marrones, ese preciso momento en el que siente que está a punto de desmayar, el rostro de Ymir se tuerce en una grotesca mueca de completo sarcasmo.

-¿Ymir?

-Le suplico que me perdone, señorita Reiss- Toma su rostro entre sus manos suavemente, depositando en su frente un beso fugaz repleto de indiferencia e hipocresía –Pero su seguridad no está más en mis manos.

Confiar en ella fue un error, el peor que pudo haber cometido.

-¡Basta de tonterías, Historia!- Su padre la toma nuevamente del brazo pero, en esta ocasión, no siente fuerza alguna para resistir. Camina tras él mirando al suelo –Tendré que educarte nuevamente, tal vez así aprendas a obedecer…

En medio de una ruptura emocional, acompañado del quiebre de su corazón, la puerta del despacho se cierra a sus espaldas.