Hola! Antes de comenzar:

- Esta historia tiene muchos OC (la protagonista es uno de ellos y este primer capítulo empieza con un montón), por lo que si te molestan este tipo de historias estás advertido/a.

- La historia está puesta en la calificación M principalmente por las escenas sexuales y de violencia que van a suceder en capítulos futuros (aunque no son los únicos temas fuertes que entrarán). Sin embargo, al principio va a estar bastante liviana, como máximo pueden haber groserías o algún comentario fuerte o vulgar, para que lo tengas en cuenta si decides continuar leyendo.

Y volviendo a las escenas explicitas, igualmente voy a dejar una nota al principio del capítulo cuando vayan aparecer. Dejando esto claro, ¡que disfrutes de la lectura!


Los personajes del Origen de los Guardianes pertenecen a Dreamworks Animationy al creador original de los libros William Joyce.


A escondidas siempre solían hablarnos de la historia del Juicio Final. Y uno escuchaba, porque ese era el efecto de lo prohibido. Lo malo fue que no actuábamos como los demás. La mayoría de las personas eran conscientes de sus límites, podían hablar en susurros, callar cuando veían a un guardia, pero jamás de los jamases cometerían nuestro error, querida amiga.

Como solían decir, la historia del Juicio Final, contada de boca en boca y luego escrita en papel por rebeldes para inmortalizar lo que alguna vez fue, se encontraba oculta en las bóvedas de la Ciudad Perdida. Allí nos aventuramos a indagar, ¿recuerdas? Contaba la leyenda que en el territorio del Coco cualquier respuesta podría ser encontrada, sólo se debía saber buscar…

—Ya avanzamos mucho, debemos irnos. —dijo Elizabeth. Y tú, como siempre, le respondiste mordaz.

—Si tanto miedo tienes, vete. —dijiste, tomando un cabello rizado de la chica. Elizabeth reaccionó mal, te propinó un manotazo que hizo eco en la Ciudad Perdida.

—Oh, una pelea de gatas. —comentó Matt, sonriendo de lado a la vez que Michael asentía.

Éramos seis personas. Y éramos los súbditos del Coco. Le obedecíamos sin ninguna replica, su palabra era ley y la verdad absoluta… o al menos la mayoría del tiempo lo era. Por más que nos hicieron jurar lealtad hacia el Rey de las Pesadillas, nunca lograron que nuestros espíritus lo hicieran. No sólo éramos súbditos y soldados, éramos jóvenes, incontrolables pero astutos, fieles pero curiosos. ¿Una aventura en la Ciudad Perdida? Fue uno de los pocos momentos en los que tú y Elizabeth llegaron a un acuerdo tan rápido.

Pero a pesar de todo, no habíamos olvidado nuestro lugar. Y por más que tú sonrieras y te burlaras de Elizabeth, te sentías igual que ella. De hecho, todos nos sentíamos igual. Teníamos miedo de ser descubiertos y nada, ni siquiera las risas y peleas lograron ocultarlo. Cada movimiento, mirada y pensamiento estaba plagado de aquella emoción, una emoción tan densa que parecía pegarse incluso en nuestros huesos y, que extrañamente, nos hizo continuar.

Fue de esos pocos momentos en donde el miedo, en vez de ser utilizado como energía para huir o inmovilizar como camisa de fuerza, en nosotros se convirtió en el combustible para hacernos avanzar.

—No inventes… —soltó un sorprendido Michael, representando de forma clara nuestra estupefacción.

El pasaje de tierra había terminado, y lo que estaba frente a nosotros era la mismísima bóveda del Coco, un lugar tan enorme como fascinante. Parecía ser una ciudad subterránea, con edificios que se extendían hasta el infinito, pero lo cierto era que se trataban de enormes estantes guardando la verdadera reliquia: un mar de conocimiento, uno en donde cualquier amante de los libros perdería la cabeza.

Tú y yo nos miramos, en otro tiempo ver tantos libros juntos pudo habernos provocado un orgasmo, pero desde hace más de un año habíamos abandonado las palabras por las armas. La emoción se había ido, sólo quedaba una profunda nostalgia.

Tú también lo sentiste, te vi sonreír con tristeza. Diste un paso, pero antes de seguir miraste a los lados. Como siempre tu cabeza antes que tu corazón. Hice el mismo movimiento, todos lo hicimos. Por más leales que fuéramos, por más que nuestro expediente se encontrara en blanco, estar aquí era un delito, si alguna Pesadilla nos encontrara podría matarnos…

Aquel pensamiento sembró nuevamente dudas. Elizabeth, Michael y yo nos quedamos en la entrada, mirándolos continuar. Si alguno de ustedes dudó, sin duda lo aparentó con mucha facilidad.

—¿Crees que vengan? —Me preguntó Michael. Apenas le iba a responder me vi interrumpida por el resoplido de Elizabeth.

—Ya llegué hasta aquí. —murmuró, caminando hacia donde se encontraban el resto de nuestros compañeros.

Y tal vez sólo ese incentivo necesitábamos para que Michael y yo también la siguiéramos.

Revisamos los libros cercanos, al principio con mucha curiosidad y sed de saber, pero a medida que los minutos pasaban, muy pronto la idea de largarnos se hizo más apetitosa. ¿En serio valía la pena arriesgar nuestra vida por esas páginas? Yo juraba recordar que los libros eran más interesantes.

La Ciudad comenzó a perder toda la fascinación que me causó en un principio. Pero lo que a mí me hizo desistir, a ti te incentivó a seguir buscando hasta que tus ojos dieron con un libro oculto entre los demás.

Lo tomaste.

—Vaya… —Pasaste la palma de tu mano por la tapa y corriste el polvo acumulado por el paso de los años. Lo abriste para leer la primera página en total silencio.

—¿Qué encontraste, Addy? —Te preguntó Robin abrazándote por detrás. No lo apartaste, tampoco reclamaste cuando depositó un beso en la curva entre tu cuello y hombro.

La historia del Juicio Final… —Leíste en voz alta, entonces apartaste la mirada y lo miraste— en verdad existe.

Contada de boca en boca, escrita por rebeldes para no olvidar lo que alguna vez fue. —continuó el rubio separando su cuerpo de ti y manteniendo sus ojos en el libro.

Se perdieron más vidas en esos tiempos, cuando intentaron luchar contra Él, pero hoy victoriosos nos volvemos a alzar, gustosos obedecemos al rufián y desde entonces el equilibrio se recuperó y la paz nuevamente surgió. —Te detuviste e intercambiaste una mirada dudosa con Robin— ¿Se referirá al Coco? Antes no lo querían.

—Puede ser. —Aceptó, moviendo su mano hacia el libro para pasar a la siguiente página.

La oscuridad consumió todo a su alrededor,
nuestros ojos ya nunca más verán la luz del sol.
Monstruos de arena varias vidas quitaron,
entre llantos y agonías sucumbimos al tirano.

Los astros han de cumplir sueños,
plegarías se elevaron al cielo.
Los guerreros inmortales se alzaron,
ardua lucha dieron al tirano.

Pero su contienda fue en vano.

Caídos en las tinieblas no se levantaron,
nos dejaron ante sus manos,
despiadadas garras que nuestros sueños arrebataron.

Sumergidos en aquel tormento,
un grito nos levantó del padecimiento.

Con tu luz nos guiarás
y de este suplicio nos liberarás.
Tu poder magnifico será
pero tu naturaleza no has de olvidar.

No te avergüences de sentir.
Comprendida es tu razón, tu cobardía te venció.
En la lejanía te veremos partir,
oculto en las sombras jamás te veremos surgir.
Tu poder prevalecerá,
pero oculto de nosotros siempre estará.

No pudieron seguir leyendo.

Matt gritó y todos nos dimos cuenta de que las Pesadillas nos descubrieron.

Corrimos sin dudarlo, no tardarían en aparecer más, pero como si se tratara de una alarma activada, la Ciudad comenzó a inundarse de más oscuridad, la poca luz que nos iluminaba prácticamente se extinguió. Estábamos a ciegas, guiándonos solamente por el vago recuerdo de los pasajes.

Divisamos la salida, en ese entonces no éramos conscientes de que el agujero se estaba cerrando hasta que estuvimos ahí. Robin fue el primero en subir la escalera de madera, luego tú, yo, Elizabeth y Matt, y a pesar de que nos encontrábamos afuera no dudamos en seguir corriendo hasta que, completamente agotados, nos desplomamos en el suelo. Jadeábamos, cansados, con la garganta seca y los corazones a punto de salir de nuestro pecho.

—¿No nos siguen? —preguntó Elizabeth. Robin negó con la cabeza.

Entonces Matt comenzó a reír.

—¿Qué te pasa? —inquirí, confundida, pero tú también reíste, Robin también y entonces lo comprendí.

¡Entramos y escapamos de la Ciudad Pedida!

—¡Aún no me lo creo! —exclamaste. Sonreí de igual manera.

—¡Yo tampoco!

—El Coco debería estar orgulloso de sus soldados. —dijo Matt.

—Al contrario, debería temernos. —dijo Robin, pasando una mano por su cabello— Ni siquiera me despeiné.

Elizabeth nos miraba en silencio. No sonreía, y sus ojos parecían a ver visto la mismísima mano huesuda de la Muerte.

—¿Dónde está Michael?

Y las risas se detuvieron. Nos mirábamos entre nosotros y sólo recién notamos la ausencia del chico.

La desaparición de nuestro compañero sólo una cosa podía significar.

—Debemos marcharnos. —ordenó Robin.

Asentimos y una vez más huimos sin ni siquiera mirar atrás, sin ni siquiera saber que esa sería la última vez que estaríamos juntos como equipo...

Y como los amigos que alguna vez fuimos.


Bien, bien, esta historia se llamaba antes "Aunque la oscuridad domine, siempre habrá luz" pero hoy será "Luz en la oscuridad". Otro punto a aclarar, es que antes este fanfic era un LectoraxJack (no al spoiler los que ya leyeron! si es que hay alguien que lo leyó antes de hacer estos cambios xD). Ahora la Rayita se llama Audrey, la verdad no me importaba la narración de la historia de antes, pero dudaba mucho que la personalidad encajara en cada persona que lo leyera, así que al final terminé creando a Audrey.

Y bueno eso sería todo amigos :D