Buenas noches:
Ya estoy con un nuevo capítulo. Creo que esta historia va a fluir con rapidez. Muchas gracias por sus comentarios.
Saludos
Yaem Gy
Capítulo 2: El regreso del Señor Weasley.
Ron caminaba tranquilo por la Quinta Avenida. Hacía dos semanas que había logrado terminar todos los trámites para conseguir la Carta Verde, la visa permanente, para poder quedarse en Estados Unidos. A duras penas había conseguido que su jefe le diera un contrato de trabajo y solo debía esperar la resolución del tribunal de Inmigración. Lo bueno era que no tenía malos antecedentes, a pesar que desde que llegara a América había trabajado en la clandestinidad.
Se detuvo frente a una oficina de correos y apoyó su mano en el lado izquierdo de su chaqueta. La carta con las buenas noticias para su familia estaba protegida entre la chaqueta y su pecho.
Solo en tres ocasiones había podido comunicarse con los suyos desde que pusiera pie en la tierra de las oportunidades. Ya llevaba un año allí y solo le quedaban quince días para que obligadamente tuviera que regresar a Irlanda. Había tenido que hacer verdaderos malabares para permanecer en Norteamérica, y aunque le pesara, muchos de ellos habían sido gracias al inescrupuloso de Fletcher. Claro, el viejo chico había podido extender su visa de visitante hasta límites impensados y de forma muy sospechosa, pero había cobrado muy bien por sus servicios. Pero ya era imposible seguir con el mismo juego y entonces había llegado una noche al restaurante en donde trabajaba para ofrecerle matrimonio.
Así como lo pensaba ahora el muchacho sonaba gracioso.
Recordó su propia cara cuando Mundungus había apoyado su cabeza en el codo y le había dicho con una gran sonrisa y coquetería.
¿Quieres casarte?-
El viejo había estallado en risas cuando viera su cara de horror, para luego contarle de una chica norteamericana que necesitaba con urgencia contraer matrimonio para obtener un trabajo. Ron le preguntó porqué una chica de esa tierra querría meterse en semejante lío si nadie de la migra la perseguiría, pero Fletcher le había dicho que a pesar de que Estados Unidos era una tierra bohemia, aun había en sus cimientos fuertes columnas de conservadurismo.
No era bien mirado que una joven viviera sola y trabajara sin un anillo en el dedo.
El tipejo le había dicho las oportunidades que se le presentaban si se casaba. Conseguiría la residencia permanente, tendría visa de Trabajo y si se quedaba por un rango de cinco años en el país, obtendría la nacionalidad. Eran muchas cosas por tan solo firmar un pequeño papel.
Y no te preocupes por la novia. Está tan interesada en ti como lo estaría un gato por un frijol. Ella solo quiere su licencia y tú quieres permanecer aquí. Es un trato justo-
¿Estás seguro que después no se pondrá loca y me exigirá que me quede a su lado? ¿Qué no querrá que yo la mantenga?-
Oh, por supuesto. Su primo me dijo que es una eminente científica. Muy inteligente y según él, bastante bonita. Y si hace gala de su inteligencia, de seguro el día que te vea no lo pensará dos veces para firmar el acta de matrimonio y salir corriendo lejos de ti-
Ron estaba pensado en todo lo que Fletcher le dijera, cuando en un momento determinado el hombrecillo le tomó la mano y le puso unas cosas circulares en el dedo meñique y en el anular. Estas tenían unos tornillitos que el tipo iba moviendo hasta que los dejó quietos, calzándose perfectamente en sus dedos.
¿Y esto?-
Oh, Solo es un trámite más del trato. ¿y? ¿Quieres meterte en esa empresa o no?-
Ron meditó solo un momento más. Al final había aceptado. Fletcher le dijo que exámenes debía hacerse y por supuesto le dijo cuánto dinero le cobraría.
Pero te estoy haciendo un generoso descuento. Todo sea por la larga amistad que me une a tu padre-
Mundungus y Arthur, el padre de Ron, se habían conocido en la adolescencia en Irlanda. Claro que su amistad era un poco distante, pues Arthur no miraba con buenos ojos el proceder del hombrecillo. Pero cuando Ron quiso marcharse a Estados Unidos, luego de vivir y vagar por Inglaterra y Escocia por cinco años, Arthur pensó en ese conocido que llevaba en América como veinte años.
Le había escrito en la nota, que le llegó dos días antes de partir a los Estados Unidos:
No es el mejor hombre del mundo, pero creo que será lo más cercano a un amigo cuando veas que las cosas no salen bien. Eso sí, nunca le digas la verdadera cantidad de dinero que llevas contigo. Y regatea. Siempre dirá que te hará descuentos en nombre de nuestra antigua amistad. Es mentira. Eso lo viene diciendo desde que le conozco. Búscalo apenas llegues, pero nunca, ni en tu peor momento trabajes para él
Como buen hijo, Ron había obedecido todos los consejos que le diera su padre sobre Fletcher.
Cuatrocientos es todo lo que puedo conseguir, Fletcher- le había dicho.
Oh, no seas mentiroso. Sé que perfectamente puedes darme seiscientos-
Cuatrocientos-
Entonces tendré que buscar a otro chico. No me faltarán quienes paguen esa cantidad por tener la residencia permanente-
Ok, que tengas suerte-
Ron se había levantado de la mesa y se marchaba cuando el calvo gruñó por lo bajo y se levantó para cogerle del brazo.
Demonios, mocoso. Está bien, cuatrocientos. Y lo hago solo por dos cosas. Una por aprecio a tu padre y otra porque la chica necesita ese matrimonio con urgencia. Pero ya deja de abusar de mi buen corazón. Si fueras mi hijo ya te hubiera dado una paliza-
Ron había sonreído.
Pero no soy tu hijo, además me cobrarías hasta la paliza- y carcajeó tan fuerte que contagió al abogado- ¿Cuánto te está pagando la chica?-
Bueno, al padre de ella no lo conozco. Así que por su premura le cobré seiscientos cincuenta-
Eres un usurero- había dicho el joven moviendo negativamente la cabeza.
Pero reconoce que en verdad te estaba haciendo el descuento. Solo te estaba cobrando seiscientos-
Oh. Me siento honrado por esos cincuenta que no me ibas a cobrar- había dicho Ron con ironía.
La oficina de correos no estaba muy llena. Ron puso las estampillas y pagó el servicio para luego arrojar el sobre en el buzón correspondiente. Como siempre, había enviado el sobre con una dirección de remitente cualquiera, dejando la verdadera dirección en la carta, la cual no era más que la de la "oficina" de Fletcher, que no era más que un cuartito sobre un bar en el barrio irlandés.
La carta era concisa y no mencionaba nada de "un matrimonio". Ron sabía que si le decía la verdad a su madre ésta estallaría de la furia. Para una buena y católica irlandesa, una boda de esa clase era casi un sacrilegio, pues no estaba bendecida por la iglesia y el motivo principal de los novios no era el amor, sino la pagana necesidad de una egoísta tramitación legal.
Su madre lo mataría si se enteraba que se había casado sin que ella hubiera estado presente en la boda y que además le hubiera impedido hacer los preparativos de ésta.
En la carta solo les decía que sus trámites habían salido exitosos y que solo faltaba una firma de inmigración y tendría la residencia en los Estados Unidos.
Bueno, espero estar divorciado para cuando pueda traer a mamá y a papá de vacaciones- se dijo.
Pero Ron Weasley nunca podía estar seguro de que cosas se le podrían ocurrir a Mundungus Fletcher. Resultaba que el hombrecillo había hecho un mal negocio y había tenido que salir de la ciudad por un tiempo indeterminado. Por lo cual la oficinita estaba cerrada y si alguien le llamaba no podría tener el mensaje.
Solo contaba que para cuando ya no fuera necesario seguir con la farsa de la boda, ya pudiera ver la manera de hablar con "su esposa".
Pues además, solo Mundungus tenía el número telefónico de la mujer. Él, despistado y nervioso por no llegar tarde a su trabajo, había olvidado pedírselo.
Pero no había de que preocuparse por ahora. Solo se debía esperar la resolución del tribunal y, según lo que calculaba Ron, en unos ocho meses o en un año podría contactar a la señorita Garner, Galberg o como se llamara para pedirle el divorcio.
A las siete estaba poniéndose el mandil. Era sábado y se esperaba que llegaran muchos comensales. No era su turno, pero necesitaba dinero extra para pagar el pequeño cuartito que alquilaba en una pensión y además, como comprobó al ponerse los zapatos que debía usar en su trabajo, que debía comprar calcetines nuevos. Los que llevaba tenían un buen agujero en cada dedo gordo.
Irlandés, ¿porqué demoras tanto en prepararte?- le gruñeron desde la puerta.
Estoy listo ya, señor Standford-
Entonces una cara agria asomó.
Pues no te mueves nada-
Los clientes aun no llegan señor- dijo el pelirrojo tensándose.
¿Y? ¿Vas a esperar que el lugar esté lleno para empezar a trabajar?-
Ron se levantó de su asiento y se estiró en toda su estatura. El señor Standford le llegaba al pecho.
No… señor. Pero debe reconocer que no es necesaria tanta prisa-
No reconozco nada. Se te paga para que muevas ese trasero y no para que lo tengas aplastado contra una silla. ¡Y no quiero más quejas de que eres grosero con los clientes!-
Pues, encuentro una estupidez que alguien que no coma carne venga a este lugar si en la entrada hay un tremendo letrero que anuncia que aquí se vende carne-
Me importa un pepino lo que opines, irlandés. O tratas bien a la clientela o te largas de aquí-
Tengo un contrato, señor-
Tu contrato me vale. Mientras no se confirme tu residencia en este país tu contrato no es una obligación para mí. Es cosa que llame a la migra y pronto llegan dos oficiales que de una sola patada en el trasero te lancen a tu tierra-
Ron quiso decirle unas cuantas verdades de su jefe, pero aspiró aire. Necesitaba el trabajo.
Si… señor. Haré bien mi trabajo-
Hermione estaba muy contenta, Cormac había regresado de su viaje a Canadá para participar de unas protestas y ahora ambos estaban ayudando a otros en los arreglos de un sitio eriazo en el cual deseaban poner un parque. Habían estado plantando todo ese sábado y tendrían que trabajar también el domingo. Hermione estaba ansiosa de hablar con la señora Spencer, vieja amiga de su abuela, quien tenía una bella mansión, la cual vendería pronto. La señora tenía en sus amplios jardines unos árboles maravillosos y Hermione quería convencerla de que se los donase para poder ponerlos en el parque. Pero era difícil. La señora Spencer pensaba que los árboles no debían moverse, que estaban muy bien donde estaban.
El sábado siguiente estaba invitada por la sobrina de ella, Marlene, a una cena en su mansión. Hemione cruzaba los dedos para poder convencer a la señora de que los árboles estarían mejor al alcance de personas que necesitaban más de sus frondosas sombras. Personas comunes y corrientes que no tenían el privilegio de ver tanta belleza y de empaparse de ella.
Lástima que su labor como voluntaria solo podía realizarla los fines de semana. Pero le servía para compartir con Cormac cuando él estaba en la ciudad. El resto de su tiempo lo gastaba en el centro de investigación y en su adorado invernadero en la azotea. Así era feliz, aunque a veces sintiera que estaba un poco sola. Cormac venía poco y las pantas no hablaban mucho. Además, en el centro era la más joven y no tenía temas que conversar.
Bueno, ya es tarde- dijo Cormac limpiándose las manos con un paño- Creo que es hora de dejar esto e ir por algo de comer-
Bueno, como digas. Dijo ella- la verdad, tengo mucha hambre.
Se despidieron de sus otros compañeros y tomaron un taxi. Al poco rato Cormac decidió bajarse frente a un restaurante que estaba casi en la esquina de una cuadra. El letrero decía con letras muy grandes "El Buen sabor de la carne".
Ni Hermione ni Cormac pusieron real atención al letrero.
Bueno, espero que la comida aquí sea buena- dijo el rubio acomodándose en su silla.
Pasó por el lado de ellos un mesero que llevaba unas botellas de vino. Hermione, preocupada de ver la carta, no le puso atención alguna. De pronto el mesero, que ya había atendido su mesa, dio la vuelta y al mirar a su alrededor vio a la castaña conversar muy animada con el rubio. El mesero frunció el ceño como haciendo memoria.
¿Dónde antes había visto a esa chica?
No pasó mucho tiempo para que él recordase. Sus ojos se abrieron de la sorpresa para luego quedarse pegado mirando a la chica.
Hermione seguía riendo hasta que sintió el potente calor de una mirada. Levantó la vista en dirección a ese calor y al encontrarse sus marrones ojos con ese mar que la contemplaba pestañeó varias veces. Luego se puso roja como un tomate y tomó la carta para esconderse detrás de ella.
No, oh no… no puede ser, de todos los lugares… no se repetía una y otra vez.
El mesero levantó una ceja y tomó su libreta de notas. Luego atrapó a un compañero que iba en dirección a la mesa de la castaña y le habló al oído.
Hermione, que les espiaba detrás de la carta, sintió que se le caía el estómago al suelo cuando vio que el mesero pelirrojo se acercaba con una sonrisa.
Buenas noches, bienvenidos a "El Buen sabor de la carne"-
Eh, hola- dijo Cormac. Hermione permaneció escondida detrás de la carta.
¿Qué desea pedir, señor?- dijo el mesero hablándole al hombre pero con la vista fija en ella.
Bueno, vi la carta y aquí casi todo tiene carne-
Es obvio, señor. Aquí… se vende carne- y entonces el mesero miró atentamente a Cormac.
Pues ¿no saben que comer carne es un veneno? Es lo peor que se puede comer. Las grasas animales, las proteínas… no deberían vender esas cosas-
Y usted ¿que come, señor? ¿aire?-
Soy vegetariano. Es lo más sano. Y tú- miró Cormac al mesero- deberías convertirte también en vegetariano. Te veo algo pasado de kilitos-
Hermione se mordió los labios para evitar la risa cuando vio como el mesero levantaba una ceja en reprobación.
Yo creo verme bien, señor. Al menos yo tengo más cuerpo, otros parecen esqueletos-
¿Me estás insultando?-
Yo no fui quien empezó- gruño el mesero.
Oh, por favor. Solo cálmate, Cormac. Pide una ensalada. Hay varias. El mesero solo hace su trabajo- dijo la Hermione tratando de calmar las aguas.
Bien. Pero ya no volveremos a este lugar- respondió el médico- una ensalada Rose-
¿Y qué va a pedir usted, señorita? ¿o debo decir "señora"?-
Hermione miró directamente al mesero a los ojos, sonrió de los nervios para luego morderse los labios.
Una ensalada Rose también – dijo casi en un hilo de voz.
La noche se hizo tensa. El mesero pasaba cada cierto tiempo por el lado de Hermione y ella sentía que se le erizaban todos los pelos de los nervios. En un momento determinado, cuando el mesero puso los platos en la mesa, ella miró su mano izquierda.
No había vestigio alguno de anillo.
Al terminar la velada, la cual Hermione apuró todo lo que pudo, Ella y Cormac salieron del lugar tomados de la mano. Más bien, Cormac le había tomado la mano, lo único que había conseguido de ella en toda la cena.
Hermione se encontraba estúpida, pero no podía aceptar un beso de Cormac delante de "Él".
Tomaron otro taxi y su novio la fue a dejar a su departamento. Ella pidió al taxista que parase una cuadra antes y se bajó otra vez muy nerviosa.
¿Quieres caminar?- le dijo Cormac.
Eh… es que prefiero que me dejes aquí-
¿Por qué? ¿acaso estás viviendo en un convento?-
Algo así- sonrió la castaña inquieta.
Vamos, Hermione. Deja que conozca tu departamento-
Cormac acorraló a Hermione contra un muro y le besó apasionadamente. Luego se apoderó de su cuello, pero la chica se incomodó y le fue empujando para hacer distancia.
¿Qué pasa, Hermione? Has estado rara toda la noche- se quejó el hombre.
Tengo que irme. Perdona- le besó la mejilla. En ese momento el taxista hizo sonar el claxon pues Cormac no había pagado aun el viaje.
Hermione, Por favor. Llévame a tu departamento. No me dejes así-
No, Cormac. Aquí no puedo. Lo siento. Nos vemos mañana-
Se deshizo del hombre y caminó con toda rapidez hasta entrar en el hall del edificio. Allí el conserje la quedó mirando medio raro y le saludó con una cortesía algo extraña.
Buenas noches, señora Weasley-
Buenas noches, Alan-
¿Ha pasado una buena velada?-
Eh… si… con amigos-
Claro-
Hermione caminó hasta el ascensor cuando Alan le volvió a hablar.
Tiene varias cartas. Pero lo extraño es que todas llevan su nombre de soltera-
Oh, sí. Es que soy una mujer más liberal. Me casé, pero no soy una propiedad más de mi esposo-
Hermione recibió su correspondencia para luego volver su atención al ascensor, cuando Alan habló nuevamente.
No ha llegado nada desde Chile- le dijo con pesar.
Oh, bueno… ya llegarán noticias...-
Es que el señor Weasley ha estado mucho tiempo lejos de usted. ¿no lo extraña?-
Sí, mucho… pero soy optimista. Buenas noches, Alan-
Buenas noches, señora Weasley-
Esa noche, cuando ya estaba cómodamente acurrucada en su deliciosa cama de dos plazas, recordó al señor Weasley. Recordó lo tensa que había estado al verlo así tan de improviso. Más le tensó la forma intensa en que él la había mirado. Sonrió recordando la incipiente pelea entre él y Cormac. Como su novio le había insinuado que estaba algo gordo.
"Yo creo verme bien, señor. Al menos yo tengo más cuerpo, otros parecen esqueletos"
A la cabeza de la castaña llegó la imagen del mesero. Y sí, tenía más cuerpo que Cormac, pero ella no lo creía gordo. Sino que… más alto, macizo…
Suspiró sin querer.
Debo recordar no volver a ese restaurante en el resto de mi vida- susurró.
Bien, todo se había ido al diablo. Ahora sí que iba a tener problemas. El viejo Standford se había salido con la suya y había lanzado a Ron de patitas a la calle. Pero es que a Ron le sacaron de quicio.
Y mucho de ese mal humor lo había originado ella…
Esa chica con la que Mundungus lo había casado.
Estaba todo tranquilo hasta que ella y ese tipo llegaran. Y sí, Ron se reprochaba por su propia reacción.
Le había parecido divertido que de todos los lugares, la ahora señora Weasley se le ocurriera venir a comer justo al lugar en donde Ron trabajaba. Al descubrirla entre los comensales se había quedado prendado sin quererlo. Es que la primera vez que la vio no había podido verla ni escucharla reír. Y su risa sonaba bonito.
Y quiso hacerle una broma cuando vio que ella le reconocía y se escondía detrás de la carta. Solo era una ligera broma y luego la dejaría tranquila con su novio, pero entonces el tipo había empezado a alegar que porqué vendían carne, que la carne aquí, que la carne acá…
Y se atrevió a decir que Ron estaba gordo. Eso inflamó el resentimiento del pelirrojo.
Eso pensaba mientras caminaba de regreso a su cuartito en la pensión. Se miró a sí mismo y se palpó el estómago.
¿De verdad estaba gordo?
Se sintió menoscabado.
Recordó que luego de eso ya no pudo soportar al hombre ese. Para colmo el muy imbécil se lucía diciendo que su varonil figura era gracias a que comía puro pasto.
¿Cómo puede solo comer pasto? ¿Es un chivo acaso?- gruño arrastrando los pies.
Y luego el hecho que la chica se tratara de esconder cada vez que él pasaba cerca le terminó de molestar. Él no iba a decir nada, no iba a hacer nada. ¿Tanta vergüenza le daba verlo en ese trabajo? ¿Tanta vergüenza tenía ella por ser la esposa de un mesero?
Ron solo había querido bromear un rato. Pero luego se arrepintió de ello. Al final se había sentido muy incómodo y tenso con toda la situación. Además…
Pateó una piedra y bufó. Se metió las manos en los bolsillos con fuerza.
No le había gustado como el tipo ese buscaba con insistencia un beso de ella. Le había molestado, porque sabía que ella evitaba el contacto por su causa.
Cuando al fin ellos se marcharon, Ron se había sentido algo aliviado. Pero no pudo dejar pasar la odiosa sensación que lo invadió cuando los vio salir tomados de la mano.
Después, todo se pudrió. Se topó con otro imbécil que alegaba porque allí se ofreciera carne para comer. Ya en ese momento había perdido toda la paciencia y se agarró a improperios con el cliente hasta que llegó el señor Standford y le regaño en frente de todo el mundo. Ron ya no aguantó más y de un solo puñetazo había mandado al hombrecillo contra el muro.
Y así había perdido su trabajo.
Ahora no sabía que iba a hacer. Solo le quedaban quince dólares en el bolsillo y aun tenía que pagar el alquiler del cuartito.
Tendría que olvidar la compra de los calcetines.
Bueno, solo espero que la migra apruebe ya mi solicitud. Así podré conseguir un trabajo que valga la pena.- se dijo a modo de consuelo.
Cormac había tenido que volver a Toronto y no volvería hasta en tres semanas más. Otra vez se quedaba sola, pero ahora era distinto.
Cormac se había marchado enojado.
El médico había intentado una vez más persuadir a Hermione para dormir con ella en el nuevo departamento de la chica, pero ella se había negado de nuevo. Y cuando él le propusiera que se fueran al suyo, ella volvió a decir que no.
No puedo, mañana tengo que trabajar-
Pero te vas desde el departamento-
No, Cormac. Tengo que llegar a mi departamento. No puedo pasar la noche afuera-
Apenas le había dado un beso en la mejilla como despedida.
Hermione miraba la foto de ambos que tenía en la billetera. Luego la guardó y se puso a mirar los resultados de unos estudios. Ya su relación no era la misma. Casi no se veían y justo ahora que él podía quedarse unos cuantos días en Nueva York, ella no podía quedarse con él.
Ya se estaba hastiando de la tontería de estar casada para poder tener el departamento.
Sacudió la cabeza y se puso a trabajar. A mediodía, cuando ella estaba haciendo un cultivo en el laboratorio, la secretaria le avisó que tenía un llamado telefónico.
Fastidiada porque le interrumpieran, se quitó los guantes y abandonó el lugar.
Aló- contestó en su despacho-
¿Señora Weasley?-
La chica pestañeó al ser llamada así.
Sí, ¿Quién habla?-
Soy Ashton Scoth, agente de inmigración. Hemos averiguado su número telefónico gracias a los datos obtenidos en el lugar de su resistencia-
Poco a poco Hermione empezó a sentir un hielo que iba llenando su abdomen.
Diga- dijo con toda la tranquilidad que pudo.
Bueno, hemos recibido la solicitud de residencia permanente de don Ronald Weasley Prevet. En ella entregó copia de su acta de matrimonio, pero no estableció lugar de residencia. Tuvimos que investigarla para poder encontrarla señora-
Ahora sí que Hermione sintió que el estómago se le congelaba.
Queremos concertar una visita, para hablar con usted y su esposo. Espero pueda atenderme a mí y a mi compañera mañana en la tarde, tipo siete. Sabemos que ambos deben estar realizando labores, pero esta "situación" es de suma importancia-
Al colgar el teléfono, Hermione quedó paralizada.
Demonios, demonios, demonios- susurró ya presa de la angustia.
Con manos temblorosas buscó en su cartera y abrió su libreta de teléfonos. Tuvo que esforzarse en encontrar el número que buscaba porque no paraba de temblar. Apenas lo encontrara marcó con dificultad y contuvo el aliento mientras esperaba que contestaran.
Pero nadie lo hizo.
Llamó varias veces y pero no obtuvo resultado alguno. Desesperada ya no pudo concentrarse en nada más que en el lio en el que se había metido.
¿Qué iba a hacer si no encontraba a ese hombre?
Al salir de su trabajo se fue directamente al restaurante. Miró a todos lados pero no vio al pelirrojo. Pidió hablar con el dueño, pero este le dijo que si buscaba a "ese irlandés", como le había llamado, debía estar muy loca.
Ese malagradecido ya no trabaja aquí- le había dicho- y no lo va a volver a ver en este lugar. Y si yo lo vuelvo a ver rondando por aquí de nuevo, lo mando preso. Váyase, tengo mucho trabajo que hacer-
Hermione se tapó la boca ya totalmente aterrada. Ahora ya no sabía a dónde más buscar. Nadie contestaba el teléfono y ese Ronald quizás a donde estaría ahora.
¿Qué hago, Dios mío? ¿Qué hago?- susurró con los ojos llenos de lágrimas.
Hey- le susurraron- hey- Hermione miró al joven que le hacía señas disimuladamente.
Asustada se fue acercando, pero entonces el tipo se metió a un recodo del restaurante.
Venga-
La chica no sabía si ir o salir corriendo. Pero creyó que no tenía más que perder.
El joven miraba hacia el dueño del local mientras mantenía el cuerpo oculto. Ella intentó ser cautelosa.
¿Es usted amiga de Ron?-
Sí, por favor. Necesito contactarme con él a la brevedad-
Bueno… yo puedo darle un mensaje si lo necesita con urgencia-
Ella miraba la hora en total desesperación. Había llegado más temprano al departamento ese día y ahora esperaba, mientras miraba que el reloj marcaba las seis y cuarenta y cinco.
Por Dios, ¿Le habrán dado mi recado?-
Se frotaba las manos. Estaba casi segura de que él no llegaría. Al menos tenía quince minutos para inventar una escusa para cuando los agentes de inmigración llegaran.
Seis cuarenta y siete.
Se arregló el vestido. Sentía impotencia ante esta situación. Sentía furia contra ella misma. Era una estúpida por haber aceptado la propuesta de ese Fletcher para casarse con un extranjero. Ahora todo por lo que había trabajado tanto pendía de un hilo.
Todo dependía de un hombre al cual no conocía.
Seis cincuenta.
Pestañeó para evitar el llanto que ya empezaba a atacarla. No quería estar así. Tal vez podría ser tomada detenida por tratar de engañar al estado. Tal vez la condenasen por días, meses, an…
El timbre sonó.
Hermione saltó de la impresión y se preguntó quién sería.
¿Por qué Alan no le llamó para anunciar al recién llegado?
Fue hasta la puerta y al abrirla tuvo que ahogar un grito.
Buenas tardes-
¿Cómo consiguió subir?- fue lo que ella le contestó.
El conserje estaba muy emocionado porque yo al fin había regresado a los brazos de mi esposa y quiso darle la sorpresa-
Hermione bufó y de un tirón lo metió adentro del departamento.
¿No tiene noción del tiempo? ¡Nos quedan menos de cinco minutos para poder ponernos de acuerdo! ¡le dije a su amigo que debía estar aquí a las seis y media!-
Seamus no logró dar conmigo hasta hace dos horas. Y yo estaba bastante lejos. Pero llegué ¿no?-
Ambos se miraron con enojo.
¿Qué vamos a decir? ¿Qué cosas les inventaremos? Ya no nos queda tiempo-
Hermione se desplomó en el sillón y Ron dejó su mochila y su chaqueta en el sofá para mirarla.
Solo quieren vernos juntos. Quieren confirmar que somos una pareja-
Pero no somos una pareja-
Pues tenemos que actuar, Helena-
La castaña se horrorizó al escucharlo.
¡Mi nombre es Hermione!- Luego se tomó la cabeza con ambas manos- No va a resultar. Esto no va a resultar-
Perdón… es que tú nombre es confuso. Nunca antes lo oí-
Pues si quiere seguir viviendo en este país debe aprendérselo- le gruñó la chica.
Ok, ok, ¡pero deja de ponerte como una histérica! ¡Me estás poniendo nervioso!-
¡Pues si hubiera llegado a la hora correcta las cosas hubieran sido diferentes!-
¡Ya te dije que no me pudieron dar el mensaje con antelación! ¡Me vine aquí lo más rápido que pude!-
Todo es tu culpa ¡tu culpa! ¡Quizás que has hecho para que ahora Inmigración esté sobre mí!-
Mentir y engañar. Lo mismo que tú has hecho desde que nos casamos. Así que deja el drama. Al menos algo bueno está saliendo de todo esto. Estamos peleando como si de verdad fuéramos un matrimonio- atacó ahora el pelirrojo.
Hermione se levantó y Ron la secundó de inmediato. Estaban frente a frente y a punto de estallar. Hermione apretó los puños y Ron alzó el mentón desafiándola.
Ella se iba a mover cuando el citófono sonó.
Ay Dios- gimió la chica y del susto se dejó caer en los brazos del pelirrojo- Todo terminó. Todo-
Ron le tomó del mentón e hizo que le mirara a los ojos.
¿Confías en mí?- le preguntó.
