Hola:

Al fin terminé el nuevo capítulo. Espero que puedan disfrutarlo. Es algo emotivo en una parte.

Ojalá pueda actualizar pronto.

Saludos

Yaem Gy

P.E. Les dejo un tema de piano. Cuando llegue el momento les gustará escucharla. Es el tema "Asking you" de la banda sonora de Green Card.

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Capitulo 4: El Alma de la Fiesta

- Y, ¿Quién eres tú?- preguntó la chica lanzando miradas y sonrisas pícaras.

- Bueno, yo me llam…-

- Ronald Weasley- Interrumpió Hermione- Es un amigo…- Marlene rió divertida al ver que Hermione se sonrojaba- amigo irlandés...-

- ¿Irlanda?- Dijo la chica abriendo mucho los ojos y ensanchando la sonrisa- No me digas… ¿de qué parte? Yo soy descendiente de Irlandeses, de Connaught-

- Dublín- contestó el pelirrojo- Pero mi familia es oriunda de Leinster-

- No, ¿en serio?-

De pronto la amiga de Hermione había cruzado la barrera invisible que la separaba de la pareja y se había puesto a solo centímetros de Ron, y dándole la espalda a la castaña. Ron la contempló y tuvo que admitir que Marlene era una bella mujer. Tenía el cabello negro y ondulado, tomado de medio lado y bajo una coqueta boina estilo militar. Llevaba aretes colgantes que la hacían ver más atractiva. Sus ojos eran marrones y muy vivaces. Era un poquito más alta que Hermione y también más voluptuosa. Mientras Hermione esa mañana llevaba una blusa holgada, con chaqueta larga y una falda hasta un poco más debajo de la rodilla, Marlene llevaba una blusa ceñida con chaqueta con ligero estampado militar y unos jeans ajustados.

Su estilo rebelde y su actitud segura no podían ser pasados por alto.

- Sí, Antes vivíamos en Wicklow-

- Ohh, me encanta ese lugar. Fui de vacaciones muchas veces cuando era niña. El lago alto es lo más bello que he visto…-

Sin que la castaña se lo creyera, había quedado por completo fuera de la conversación. Había olvidado que Marlene era descendiente de irlandeses, pues el apellido de soltera de su madre era O'Brien, sino le hubiera inventado que era de la china por último. Pero ya era tarde, Marlene ya jugaba con un rizo de su cabello mientras conversaba amenamente con "su esposo".

- … y he errado por Edimburgo. Una de las ciudades más bonitas de Reino unido…- decía mientras Ron con una ceja levantada y la sonrisa nerviosa.

Hermione los veía a ambos en plena faena de ligue. O al menos creía ver a Marlene enfrascada en ello. Ron sonreía, levantaba una ceja, miraba de soslayo a Hermione y luego buscaba alguna otra cosa con la vista para otra vez posarla en Marlene.

- ¿Y qué haces en esta tierra salvaje?- dijo la morena.

- Está huyendo de la policía Irlandesa- fue lo que se le ocurrió a la castaña.

- ¿Qué?- preguntó la morena, al fin poniéndole atención a su amiga.

- Ehh… - Hermione lanzó una risita nerviosa- era… una broma… es compositor y …-

- No miente- dijo Ron- hago música de lucha. Ya sabes… la causa del Úlster. He..-

- … rmione- dijo la aludida.

- Eso, Hermione me ha ayudado. Tengo que mantener el bajo perfil en América-

- Un rebelde… interesante- sonrió la morena.

- Bueno, ya tenemos que irnos.- Dijo la castaña tomando a Ron de un brazo e instándolo a empujar el carrito para marcharse- tengo mucho que hacer y …-

- ¿Tan pronto? Pero si aún queda mucho por conversar…-

- Puedes venir con nosotros- dijo Ron- prepararé una carne al estilo Wicklow que es fabulosa-

- ¿Cómo?- dijo Hermione.

- Encantada- dijo por su parte Marlene.

Compraron las cosas que se necesitaban. Marlene y Ron hablaban amenamente y para colmo de Hermione, en irlandés. Muchas veces ellos reían casi a las carcajadas, mientras la castaña sentía que sus tripas se fundían.

Enojada, porque estaba enojada de que ese hombre se sintiera con atribuciones para ir e invitar a Marlene a "SU" departamento sin consultarle, se fue adelante con un par de pequeñas bolsas, mientras Ron llevaba las más pesadas y Marlene una col que, a opinión de la castaña, casi parecía un ramo de novia. Al llegar al edificio la señora Weasley pasó rauda casi sin mirar a Alan, quien alzó los brazos, perplejo, para luego saludar al señor Weasley y comentarle que había escuchado algunas noticias de Chile.

- Qué Bien, Alan, me cuentas más tarde, ¿vale?- Le había dicho el pelirrojo llevando las bolsas y a la chica a su lado.

- ¿Chile?- preguntó Marlene-

- Una historia larga- dijo Ron.

- No tengo problema en escucharla-

Como si ya no hubiera tenido demasiados problemas, Hermione vio con horror que la Duquesa Longbottom se aproximaba para tomar el mismo ascensor. Histérica, fue hasta el tablero y empezó a apretar el botón para cerrarlo, pero la Duquesa estiró la mano e hizo lo mismo del otro lado. Como Hermione seguía apretando el botón y la puerta ya estaba por cerrar, la anciana puso en medio de las puertas su fino bastón.

- Buenas Tardes- Dijo la señora mirando a todos los presentes.

- Buenas tardes- dijo Hermione nerviosa.

- Señor Weasley, que gusto. Al fin llegó-

- Ehh… si… ya estoy aquí-

- Me imagino que debió lamentar dejar Chile en esta época. Lo digo… acá ya empieza el invierno-

- Sí… si- Ron miró a Hermione, sin tener la menor idea de quién era esa señora que le hablaba.

- La señora Weasley ha estado muy sola todo este tiempo. Eso no es bueno- Dijo la duquesa.

Marlene pestañeó y miró a Hermione con sorpresa.

- La madre de Ron- le susurró la castaña para salir del paso.

- Solo le pido que no haga bullicio. Amo la música, pero mi jaqueca no es muy partidaria del ruido-

- No, claro que no. No habrá ruidos- dijo Ron-

Al llegar al tercer piso, la duquesa los miró a todos nuevamente. Se despidió con toda su aristocracia y al fin les dejó solos. Hermione ya estaba al borde del colapso.

Una vez en el departamento, Ron se adueñó por completo de la cocina. Hermione siempre iba detrás de él arreglando todo el desastre que él iba dejando. Marlene bebía una copa de vino y los miraba a ambos con suspicacia.

- Nunca me hablaste de Ron antes, Hermione. ¿por qué lo tenías escondido?-

- Este… no sé… no suelo hablar de todos mis amigos-

- Pienso que lo querías para ti solita- y la chica levantó las cejas pícaramente con una traviesa sonrisa que hizo que Hermione se sonrojara en abundancia.

Ron siguió picando ajo, pero trataba de mitigar la sonrisa.

- ¿Qué? No, no, no… bueno… no es fácil hablar sobre un amigo tuyo que compone esa música de de protesta del Urlet…-

- Úlster- dijeron Marlene y Ron al mismo tiempo.

- Eso… eso-

- sigo pensando que no querías compartirlo. No te importa que te diga que eres guapo, ¿cierto Ron?-

- Oh… no… gracias por el halago- Dijo el hombre mirando un momento a la chica para continuar con su trabajo.

- Pues, eres guapo.- dijo Marlene y bebió otro sorbo de vino- Debo decir Hermione que siempre te has destacado por tu muy buen gusto-

- Pero… no… yo…-

- Solo somos amigos. Ella me deja dormir en su departamento como buena amiga que es, pero no hay sexo.- Dijo Ron mirando con seguridad a la amiga de Hermione.- y no soy gay, para que sepas.- acentuó esa afirmación-

- Nunca se me pasó por la cabeza- dijo la morena.

Ron sirvió el almuerzo en la estancia dentro del invernadero. Marlene reía y comentaba lo deliciosa que estaba la comida, Hermione en cambio comía su ensalada, apuñalando sin piedad los tomates y las coles.

Cada vez que ellos no la veían, ella les miraba como si pudiera matarlos con la mirada.

- Ron, esto es lo más delicioso que he comido en años- dijo la morena.

- Gracias, pero parece que Her… mione no piensa lo mismo de mi comida- Dijo él mirando a Hermione fijamente.

- Oh, no es eso… es que bueno, tu sabes, a mí me gusta…-

- Comer alpiste- terminó el hombre.

Marlene estalló en una carcajada.

- Hermione… tienes que llevarlo. Tienes que ir con Ron a mi casa esta noche-

- ¿Qué? ¡No!-

- ¿Y por qué no?-

- Es que él tiene que hacer ¿cierto, Ron?-

El evidente gesto en el rostro de Hermione hizo que el pelirrojo levantara una ceja.

- Eh… estoy en pleno trabajo de una composición y no quiero perder la inspiración-

- Pues, tu inspiración debe esperar- Marlene se levantó de la mesa y le dio un sugerente beso en la mejilla a Ron, mientras Hermione se levantaba para acompañarla a la puerta- No me puedes dejar plantada. Tenemos mucho de qué hablar sobre Éire, Ron-

- Algún otro día. Mi inspiración es una amante traicionera. Soy un soñador y a ella le encanta, pero los sueños a veces se me escapan de los dedos-

- Y poeta… vaya, vaya- dijo Marlene.

Las mujeres llegaron a la puerta y una vez que Marlene le diera a Hermione un beso de despedida la miró profundamente a los ojos.

- ¿Por qué no me dices la verdad? ¿Es tu amigo… especial?-

- No, claro que no… es solo un amigo. Ya lo escuchaste, entre él y yo no hay nada de nada-

- ¿Me lo juras?-

- Claro-

- Pues, entonces… si no estás interesada en él, no te molestará que yo quiera conquistarlo-

Esa confesión tomó mal parada a la castaña. Miró a Marlene con ojos muy abiertos pero no supo decir nada. La morena sonrió entrecerrando los ojos y dio la vuelta para abandonar el departamento.

Una vez Marlene se marchara, Hermione movió la cabeza negativamente. Devolvió sus pasos hasta el invernadero y entonces todo el autocontrol que le había contado horrores acumular se disipó en un instante.

Ron estaba fumando…

… fumando…

¡En su invernadero!

- ¡Apaga ese cigarro ahora mismo!-

Ron dio un tremendo salto en la silla.

- No estoy fumando dentro del departamento-

- ¡Estás fumando en mi invernadero!-

- Pero si ni siquiera es parte del departamento-

- ¡Es parte del departamento porque yo lo digo!-

- No necesitas gritar. Despreciaste sin miramientos mi comida y yo no te digo nada-

- ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué la invitaste a almorzar?!-

- Bueno… ella es agradable y además estaba tratando de evitar que ella se diera cuenta que estabas hecha una loca-

- ¡Tú me vuelves loca! ¡Vienes aquí y te apoderas de mi casa! ¡Contestas mí citófono! ¡Usas mi cocina! ¡Rechazas mi café y mi comida! ¡Tocas mis cosas, No me dejas dormir!-

- ¡Hey! ¡Yo tampoco estoy contento con esta situación! Y te digo, ¡Yo estaría en cualquier otra parte, pero debo estar aquí! ¡Además, Me ofrecí para cocinar y no te negaste! ¡y qué esperabas, no me gusta el pasto! ¡no soy cabra! ¡¿Y qué es eso que no te dejo dormir?!-

- ¡Nada, nada! Solo que ya estoy cansada de todo esto-

- Pues tenemos que soportarnos, no queda más remedio. Además, deberíamos estar estudiándonos el uno al otro para no equivocarnos en nada en la entrevista, pero no… la señorita se enfurruñó anoche y se encerró en su cuarto. Ni siquiera me diste las buenas noches. ¡Lo que pasa es que eres una niñita caprichosa!-

A medida que discutían se iban adentrando cada vez más en el departamento. Ron se acercó a un muro y al decir esto último Ron abrió los brazos demostrando su molestia, pasando a llevar un cuadro que terminó en el suelo y con su cristal en mil pedazos.

- Oh, no-

Hermione se abalanzó al suelo, Ron se agachó. Ambos fueron recogiendo el cuadro y los pedazos de vidrio. Hermione acariciaba el cuadro con extrema ternura y su mirada se nublaba.

- Lo siento- Ron siguió recogiendo los vidrios- no quise…-

- Déjalo-

- No, voy a limpi…-

- ¡Dije que lo dejes!-

La chica se levantó y, abrazando el cuadro con brazos cruzados, se fue corriendo a su cuarto, azotando la puerta.

Ron no obedeció la orden, buscó una escoba y una pala y recogió todo el desastre, luego caminó hasta la puerta y tomó la llave que Hermione había dejado colgada y se marchó sin decir nada más.

Lloró un buen rato. Después miró la hora. Tenía que arreglarse para la cena. Preparó la tina y su ropa. Se fue a bañar y no sintió cuando Ron volvió al departamento.

Una vez terminara, salió y lo vio metido en el invernadero, frunció el ceño y fue a ver qué descalabro estaba haciendo ahora.

- ¿Qué haces?-

- Bueno… ven-

La llevó a donde ella había puesto los copihues que estaba estudiando. Con horror se dio cuenta que él había escarbado en la tierra y había plantado quizás que cosas.

- Tomates, rábanos, zanahorias- Cosas que te gustan.

- ¡Mi investigación! ¡¿Qué has hecho?!- y empezó a sacar los letreritos que indicaban cual era la clase de plantación que Ron había hecho.

Ron Suspiró derrotado.

- Trato de arreglar las cosas. Trato de hacer que nuestra convivencia sea soportable. Pero nada… nada te gusta. Todo lo hago mal-

Lo vio salir a la pequeña azotea y encender un cigarro.

Otro cigarro.

Quiso protestar, pero se calló. Miró el huertito que Ron había hecho y se resignó. Los copihues estaban arruinados. Volvió a poner los letreritos y siguió a Ron. Afuera ya la tarde se despedía. Una brisa agitó la bata de la chica y algunos de sus húmedos cabellos. Se arrebujó. Le había dado un poco e frío.

- Sé que he actuado un poco odiosa-

- Entiendo que no me soportes. Ninguna mujer lo ha logrado. Solo mi madre me tiene paciencia-

- Es que… es todo esto. Yo… yo estoy acostumbrada a ser solo yo. No acostumbro a compartir mi espacio-

Ron se giró y la miró un momento.

- Yo también soy un solitario. También me cuesta. Pero ya metimos la pata juntos y juntos tenemos que salir de esto-

Por un rato ninguno de los dos volvió a hablar. Hermione se abrazó más a sí misma preguntándose por qué no se iba a terminar de arreglar.

- Deberías ir a prepararte. Ya estaba casi oscuro- dijo Ron.

- Sí. Esta cena es muy importante para mí-

- ¿Puedo preguntar por qué?-

- La mansión de la madre de Marlene tiene un jardín maravilloso. Sus árboles son los más bellos que hay en toda Manhattan. Ella quiere vender la propiedad, y yo quiero pedirle que me regale los árboles-

- Dudo que quepan en el invernadero-

Hermione sonrió.

- Estoy armando un plaza. Está ubicado en un sector en donde antes estaba un sitio baldío. El lugar es muy humilde y con mucha pobreza. Con esa plaza quiero darle a los niños una esperanza-

- ¿Con árboles?-

- Si, con árboles-

- Si vas a darle esperanza a los niños pobres, mejor cómprales ropa, comida, zapatos.-

- ¿Y qué hay de la belleza? ¿Qué hay de ver flores, árboles?-

- A un pobre no le importa eso. Lo que importa es saber que te puedes llevar a la boca para no morir de hambre. La belleza es para los ricos-

- ¿Eso es lo que piensas?-

- Eso es lo que he vivido-

- Pues yo no estoy de acuerdo. Mira esta ciudad. Todo es concreto. Todo es gris. ¿Acaso debo dejar que los niños permanezcan así? ¿A dónde pararán las risas? Quiero darles la esperanza, quiero que disfruten la generosa sombra de los árboles. Ahora solo juegan con la decadencia y la desesperación. ¿Acaso debo dejar que trepen en el caos?-

- Eres una soñadora-

- Creí que el soñador… eras tú-

Hermione dio la vuelta y abrazándose a sí misma se metió a su cuarto. Ron quedó pensativo por un buen rato. Luego fumó otra generosa bocanada y contempló la inmensa selva de cemento que estaba a sus pies.

Hermione se tomó su tiempo. Se puso un lindo vestido que casi nunca usaba y unos delicados tacones. Se secó el cabello y los rizos cayeron generosos. Para tratar de domarlos se aplicó una crema. Se miró insegura en el espejo y movió las manos para tratar de acomodar el cabello en una cola de caballo, un tomate o un moño alto.

Nada le satisfacía.

Dejando el cabello suelto por un rato, fue al living para tomar su bolso, pues allí tenía el labial que deseaba aplicarse.

Ron estaba tomando una taza de café cuando la vio salir. La contempló en silencio sin poder evitar escanearla con la vista. El vestido le favorecía completamente, los aretes que se había puesto quedaban muy bien, los tacones la estilizaban. Cuando ella aplicó el labial para terminar su maquillaje, él tuvo que admitir que se veía hermosa.

Pero lo que le había encantado era… ese cabello rizado y suelto cubriendo su espalda.

Hermione pronto se metió en su cuarto otra vez y Ron se lamentó un poco su situación.

Si no se hubiera casado con ella… hubiera intentado seducirla.

Al final tomó su libreta de notas y se puso a garrapatear en ella. Escuchó de pronto el sonido de la puerta y vio a la chica salir al fin con un encharpe que le protegía la espalda y los brazos.

Pero el cabello lo llevaba en un tomate.

- Mientras yo vuelvo quiero que te quedes en el departamento y no salgas a ninguna parte. No contestes el teléfono, ni el citófono… ah, y no fumes dentro de "todo el departamento"-

- Ok, ok… como usted diga, señora-

Hermione se mordió el labio. Pero no nada dijo.

Se dio la vuelta y fue hacia la puerta cuando Ron la alcanzó en el camino.

- Espera, espera-

Hermione se giró y quedaron frente a frente. Entonces Ron llevó su mano al moño en el cabello y tiró del pasador.

Los cabellos rizados se liberaron en ese mismo instante, cayendo como una frondosa y bella cortina para adornar el rostro de la mujer.

- Así te ves más bella- Le dijo.

Hermione pestañeó por la sorpresiva acción del pelirrojo. Luego sonrió brevemente, pero extendió la mano para pedirle que le entregara el pasador.

- Gracias, pero me gusta el cabello tomado-

Y fue al espejo que estaba junto a la entrada y se rehízo el peinado.

Ron la miró pero la dejó hacer, prefirió volver a su lugar y retomar su atención en la libreta.

- Adiós- dijo la chica y desapareció por la puerta.

Ron negó con la cabeza con pesadumbre.

Hermione se metió al ascensor y se quedó pensativa mirando cómo iban pasando los números de los pisos mientras éste bajaba. De repente se acarició el cabello junto a la oreja para luego poner la mano en el mismo lugar en que Ron lo había tocado, tiró del pasador y su cabello volvió a caer. Agitó suavemente la cabeza y acomodó con los dedos. Para cuando salió del ascensor, su melena reinaba.

Qué hermoso era ese jardín, era como la página de un cuento de hadas hecho realidad. Los arbustos esponjosos, las platas vibrantes, los árboles…

Qué grandiosos árboles.

Hermione recreó la vista. Los troncos eran poderosos, las copas eran sublimes. Las ramas eran del tamaño de brazos y piernas.

- Que ganas de plantarlos en la placita- susurró.

- Señorita Granger, la señora y el resto de los invitados ya están en el salón principal- dijo el mayordomo llamando su atención-

- Oh, sí, voy en seguida-

Se tomó su tiempo para entrar. Es que era imposible resistir la atracción que esos árboles ejercían en ella. Hermione amaba la belleza, amaba lo natural, lo vivo. Ella había sido entrenada por su familia para apreciar el arte en todos los sentidos, pero ella sentía que no había mayor arte que la naturaleza misma. A pesar de que era científica y que había aprendido a alterar y modificar esa naturaleza, ella adoraba cuando ésta se revelaba y terminaba haciendo su voluntad.

Llegó al salón y vio a los presentes. Saludó a la gallarda señora Spencer, una mujer mayor, pero muy bien cuidada que casi parecía una reina. Cerca estaba el señor Spencer, hombre más bajito, simpático y ya un poco senil. También estaban un médico reconocido que era bastante estirado, un primo de Marlene que era gordo y que no paraba de comerse los canapés, y con todos ellos, la viuda Dublé.

Barbara de Dublé, una mujer muy especial. Ella una mujer de ascendencia hispana. Era muy bella, los años no le hacían demasiado daño. Aun tenía unas hermosas curvas y un cabello envidiable. Sus ojos negros y sus labios carnosos siempre habían sido el deseo de muchos. Era muy coqueta y no discriminaba nada en rango social y de edad. Había tenido dos maridos, pero ambos habían muertos en extrañas circunstancias. Ambos le llevaban una buena diferencia de edad. Ahora las malas lenguas decían que tenía la leve tendencia por los amantes más jóvenes.

Una viuda negra, como le decía Marlene.

Esa noche estaba vestido de gasa y encaje negro. Su escote era revelador.

- Hermione, querida, ¿cómo está tu madre?- le preguntó la señora Spencer al verla

- Muy bien, muchas gracias. Señora Vivian, ¿Usted y yo podríamos…?

- Luego, luego, ahora vamos a platicar con los otros invitados.

Dedicaron un buen rato a interactuar con las demás personas. Hermione se sentía incómoda y sola, ya que era la única joven, a excepción de Boris, el primo de Marlene, que prefería un buen plato de comida a la compañía de alguien de su edad.

Pasaron a la mesa y Hermione quedó al lado de un lugar vacío, del otro lado estaba la viuda Dublé.

- Oh, mis amigos, les pido mil perdones por la ausencia de mi hija. Como saben la juventud no respeta horarios ni normas y Marlene lo más probable es que haya encontrado alguna otra diversión en otro lado.

Hermione se inquietó.

¿Y si Marlene se había ido a meter a su departamento sabiendo que ella estaba en la cena?

La cena comenzó tranquila. Lenta y aburrida en realidad. El señor Spencer sonreía a todos y jugaba un poco con su comida. Boris solo paraba de comer para respirar y el médico intercalaba su conversación con la señora Spencer y su coqueteo con la viuda Dublé.

Los minutos pasaban y Marlene no aparecía. Ya estaba claro que no iría a la cena. Hermione se dio ánimos y se dijo que lo que debía tener en mente era su meta. Conseguir los árboles.

De pronto Marlene llegó elegantemente vestida y con una brillante sonrisa.

- Hola, mamá, hola a todos-

- Marlene, nos honras con tu presencia- le dijo la madre con un delicado tono de ironía.

- Perdón por la demora… es que traigo algo especial conmigo-

Hermione creyó que le iba a dar un infarto cuando vio a Ron entrar al comedor. Se notaba inquieto, incómodo y algo asustado. Llevaba un atuendo negro, pero que notaba su sencillez. Su mirada se cruzó con la de ella y levantó una ceja y una expresión de autocomplacencia.

Hermione de inmediato se llevó la mano al cabello.

- Les presento a Ronald Weasley, compositor irlandés de música clásica y de protesta. Es el hombre más agradable que he conocido últimamente y un excelente cocinero-

- Oh, eh… buenas noches-

- Adelante, señor Weasley, si mi hija lo ha traído a mi casa, debe ser alguien muy interesante-

Pusieron otro lugar en la mesa y Marlene se sentó delante de Hermione, dejando a Ron entre ella y la viuda Dublé.

- ¿Qué haces aquí?- le susurró lo más bajo que pudo.

- Ella vino, entró y me arrastró aquí. ¿qué querías que hiciera?-

- ¿Qué te dije de no contestar el teléfono, el citófono y de no abrir la puerta a nadie?-

- Ella me gritó desde afuera de que sabía que yo estaba dentro. Que el conserje le contó-

- Alan- masculló la castaña- si que es chismoso para unas cosas y callado para otras-

- ¿Y qué clase de música componía, señor Weasley?-

Ron miró a su lado y una mujer morena y labios sensuales le sonreía. Se le había aproximado y él ya sentía todo el calor de ella en la pierna.

- Clásica- se limitó de contestar-

- Ron ha hecho canciones por la causa del Úlster- dijo Marlene.

Ron le hizo gestos a la chica para que se callara, con la mayor de las sutilezas que pudo.

- ¿Se rebela al sistema, señor Weasley? ¿Le molesta el gobierno de la corona inglesa en la provincia del norte?- preguntó a señora Spencer.

- Yo…- miró a Hermione- a mí solo me gustaría que Irlanda fuera una isla unida en un solo gobierno y en solo una religión.-

- Sabias palabras- dijo la dueña de la mansión.

La comida cambió entonces de orientación. Antes, mucha de la atención se la llevaba la señora Spencer y la viuda Dublé, pero ahora todos, mejor dicho, casi todas las mujeres de sentadas en la mesa estaban pendientes de Ron.

La Señora Spencer le preguntaba por Wicklow, Marlene sobre en que se inspiraba para componer y la viuda le preguntaba sobre sus gustos, sus pasiones.

Hermione solo se limitaba a mirar.

- Señora Spencer…-

- Dime, querida-

- Quería, quería hablarle de los árboles. Usted sabe lo que le he comentado. Si usted me los facilitara haría feliz a tantas personas. Se le daría color a todo un gran lugar, yo me comprometo a…-

- Lo siento, linda, pero mi decisión ya está tomada. No voy a arrancar los árboles del jardín. Quiero verlos hasta el último día que esté en este lugar. Son mi orgullo personal y solo él nuevo dueño sabrá qué hacer con ellos. Es mi última palabra.-

La dama se puso entonces a conversar con el médico, el cual se sentía desplazado en los afectos de la viuda. Hermione hizo un ligero puchero y suspiró de tristeza. Luego tomó una copa de agua y se encogió más en su silla.

Ron, que había ignorado a la viuda para escuchar lo que hablaban las dos, vio todo ese proceso. Por un momento quiso tomarle la mano para consolarla, pero creyó que Hermione lo rechazaría con violencia.

Luego de la cena, todos volvieron al salón, en donde la señora Spencer tocó al piano una elegante composición de Bach.

Solo el médico le escuchaba con solemnidad, pues Marlene bostezaba con algo de mala educación, y la viuda Dublé que no dejaba de conversarle en susurros a Ron. Éste ya estaba casi asfixiado pues estaba entre Marlene y la viuda y ambas estaban muy pegadas a él.

Hermione estaba ida, mirando a la nada, sentada en un sillón cerca del piano. Boris dormía con la boca abierta y el señor Spencer jugaba con sus manos.

Al terminar. Casi todos aplaudieron, excepto Boris que seguía durmiendo.

- Ahora que pase a tocar Ron- dijo Marlene con entusiasmo.

Hermione y Ron se miraron con terror.

- Sí, Qué pase, que pase- casi gritó la viuda Dublé.

- Yo… no… yo…-

- Por favor, Señor Weasley. Háganos el honor de escuchar una de sus composiciones- le incitó con garbo la señora Spencer.

Ron tragó saliva y protegió sus pulgares con los puños. Se levantó luego del banquillo, pues la viuda Dublé ya estaba frotándole la espalda y Marlene le empujaba para que se alejara y que la viuda no le tocara.

Ambas mujeres se miraron con odio una vez que él se alejó.

Ron se sentó delante del piano y se quedó inmóvil. La audiencia esperaba. La viuda Dublé se mordía el índice que la ansiedad y le miraba con lujuria. Hermione sentía un dolor de panza horrendo. Ver a Ron hecho estatua frente al piano, vr a la señora Spencer levantar su ceja lentamente con suspicacia, ver a Marlene desafiante y ver a la viuda como gata en celo, le enfermaban.

De pronto el salón retumbó. Ron atacó el piano con una violencia inusitada. El ruido era tan estridente que Boris saltó por los cielos y miró a todos con cara de horror. Ron seguía torturando al piano y a los oídos de todos los presentes. Marlene Estaba muerta de la risa y la viuda se tapaba los oídos. El Médico intentaba mantener la compostura y el señor Spencer se balanceaba como si disfrutara del caos.

Ron paró de pronto. Estaba sudoroso. Los cabellos tirados por toda su cabeza. Su respiración agitada. Miró a la señora Spencer con gesto de disculpa.

El señor Spencer, él único que había disfrutado de ese ruido, empezó a aplaudir sonriente.

- No es una composición en sí- le dijo.

- Lo sé- fue lo que le respondió la dama.

Ron tomó aire. Cerró los ojos y puso otra vez las manos en el piano. Hermione le miraba con terror, furia y angustia.

- Mi estimada dama, ¿querría traducir a los demás los que digo en irlandés?-

- Claro- dijo la señora Spencer.

Entonces Ron empezó a tocar de verdad. Pero no tocaba, él… acariciaba el piano.

La melodía era hermosa, era como una brisa tibia susurrando entre los árboles.

Entonces… Ron empezó a recitar

En su voz profunda, los versos sonaban maravillosos. La señora Spencer empezó a traducir.

"Una vez escuché el sonido del viento en los árboles

Una vez escuché el sonido de las risas de los niños

Y ahora lloro las cálidas y saladas lágrimas

Por todos esos árboles perdidos.

Dejad que los niños disfruten las sombras de los árboles

Y yo les daré la esperanza, él les dijo

Pero allí ya no hay árboles

Para los pobres perdidos, para los pobres niños

La decadencia es su juguete

Desesperación es el nombre de su juego

Ellos solo tienen el caos

para trepar a su frondoso cielo"

(Green Card "Si tú me preguntas")

La última nota sonó y todo quedó en un silencio profundo. Hermione quedó mirando a Ron como si fuera la primera vez. Sus ojos quedaron prendados al hombre que seguía con los ojos cerrados y con la cabeza gacha junto al piano.

La viuda estaba extasiada y se había sentado en una butaca próxima para escuchar mejor. Marlene sonreía complacida. La señora Spencer…

La elegante dama se llevó ambas manos a la boca. Sus ojos se habían humedecido y unas finas lágrimas estaban ya desbordándolos.

Se levantó de su silla y empezó a aplaudir a Ron con entusiasmo. Marlene y la viuda de inmediato la secundaron. El señor Spencer movió la cabeza, extrañado ante la emoción de su esposa y el médico aplaudió por no quedarse atrás.

Hermione sintió el nudo en la garganta.

Marlene se aproximó a la castaña y le susurró muy sonriente.

- Creo que te han conseguido los árboles-

Hermione sintió el estallido de la felicidad en su interior. Miró a Ron, que intentaba no darse importancia ante los vítores de la viuda y la señora Spencer y en un momento bajó la cabeza, la miró y le guiñó un ojo.

Al salir de la mansión. Hermione flotaba de felicidad. Marlene los llevó en su auto y aunque seguían hablando todos como si nada, allí estaba pasando todo.

Todo había cambiado.

Hermione había cambiado.

Ron solo hablaba al pasar, pero de vez en cuando observaba a la castaña con una limpia mirada.

- ¿Viste Hermione que era buena idea traer a Ron? Ha sido el alma de la fiesta-

Ron le decía a Marlene que en verdad no había sido la gran cosa, pero Hermione, en su pensamiento, estaba en completo acuerdo.

Ron se había robado el corazón de todas las mujeres en esa sala.

Esa noche, le había robado el corazón a ella.