Buenas noches:
Feliz navidad y próspero año nuevo. Jejeje
Sé que demoré la actualización. Es que deseaba también actualizar otros fics. Además, la inspiración no llegaba.
Pero ya les dejo el antepenúltimo capítulo de este fic. Sí, ya queda poquito para que finalice.
Quiero saludar a todos y dedicar el capítulo a Hantie Smith Pa V, Paquita. La chica que hizo la portada de esta historia. Ha desaparecido de la vista y la extraño mucho. Ojalá pueda leer el nuevo capítulo. Es por eso que esta vez actualizo simultáneamente en todos mis espacios. Pero los dos últimos capítulos se publicarán primero en mi sitio Fanfics de Emily Weasley un mes antes que en Fanfiction.
Ya saben, el link de mi página está en mi perfil.
Abrazos de año nuevo para todos.
Yaem Gy
Capítulo 7: Cercanía.
Despertó tan animada que se sorprendió a sí misma. Se puso la bata y se dirigió al baño sin siquiera echar un vistazo a la habitación de Ron, pues no quería perder el control de sus acciones. Era mejor dejarlo dormir y empezar el nuevo día con seguridad.
Abrió la puerta del baño y pegó el grito. Por un momento quedó paralizada.
¡Ron!-
¡Hermione!-
Las gotas de agua recorrían el cuerpo varonil. El cabello estaba completamente húmedo. El pelirrojo había quedado tan paralizado como ella y no atinó a tiempo a ocultar ciertas partes de su cuerpo que la chica no debía ver.
Por lo tanto. Ella tuvo una amplia vista de su anatomía.
La castaña se puso roja como un tomate, abrió muchos los ojos y le dio la espalda al hombre. Él también estaba colorado a rabiar. Su mano fue a intentar el tardío ocultamiento de su virilidad y extendió la otra para alcanzar la toalla, pero estaba lejos de él.
¡Te dije que a esta hora el baño era mío! ¡Es una de las normas!-
Perdón… lo olvidé. Tengo que llegar temprano al trabajo y me metí al baño apenas desperté-
¡Pues, no debiste olvidarlo!- Hermione se giró, pero tuvo que volver a su posición original- ¡Por favor, cúbrete!-
Lo haría, pero la toalla está a tu lado-
¡Dios!-
La chica miró a su izquierda y allí, efectivamente, estaba colgada la bendita toalla. Estiró la mano y cogiéndola con ésta, puso la otra sobre sus ojos y se dio la vuelta para lanzarla al hombre.
Ron, en acto reflejo, tomó la toalla con la mano que cubría su intimidad.
Ahora cúbrete y sal del baño-
Como una tromba, la mujer salió del lugar y cerró la puerta, apoyándose en ella. Su cara seguía en un rojo intenso, su respiración se había agitado y su pulso alterado.
Su cabeza no dejaba de repetir una y otra vez la imagen que la dejara tan alborotada.
La puerta se abrió de pronto y ella casi se cae encima de Ron. Él salía del baño, envuelto en una toalla roja pasión que le entregaba un tono demasiado potente ante los ojos de la mujer. El cabello estaba húmedo a medias y aun algunas gotitas estaban aferradas a la piel clara.
¡No estás vestido!-
Mi ropa está en el cuarto-
Hermione tragó saliva. Ya sus ojos no le obedecieron más. Con ellos devoró el cuerpo masculino que se mostraba ante ella. El torso desnudo le invitaba a tocarlo, el cuello, a morderlo. Los ojos azules brillaban con la luz del sol matutino, haciéndola perder la respiración.
¿quieres…?- Los oídos le gritaban que Ron se estaba insinuando.
La chica pestañeó y, con cara asustada y la boca abierta, miró a Ron.
¿quiero que?-
Dejarme pasar. Estas bloqueando el pasillo-
Ooh-
Se pegó a la pared como si fuera papel mural. El pelirrojo la miró un segundo, con el ligero aire de una sonrisa aplacada. Levantó esa ceja que a ella le inquietaba y, con la mano en el borde de la toalla para que no cayera, caminó a pie descalzo hasta llegar a su puerta, entrando, cerrándola al fin.
Hermione, que había quedado sin aliento mientras el desaparecía, aspiró una gran bocanada de aire. Se llevó la mano al pecho y comprobó que su corazón seguía en feroz carrera. El calor que la invadió, la metió de cabeza a la ducha y abrió el grifo, agua muy fría, para al fin nivelar su temperatura.
El trabajo apenas la distraía. Había confundido las anotaciones de su bitácora más de una vez y al final salió del laboratorio, para tomar un café. Se había bañado y vestido en tiempo record, para salir corriendo del departamento. Sentía una vergüenza enorme de volver a encontrarse con Ron frente a frente.
Suspiró, apoyada la nuca en el muro, el vapor del café le entibiaba el rostro. Trataba de no cerrar los ojos, porque de inmediato el cuerpo desnudo de Ron volvía a aturdirla.
Por favor… deja de aparecerte en mi mente- gimió en un susurro- Me vas a atormentar todo el día.
Quería estar enojada, furiosa con él. Lo intentó en el transcurso de todo el día, pero lo único que conseguía era suspirar cada vez que esa imagen la atacaba. Ya bastante tormento le había causado al verlo en pijama, ahora que le había recorrido todo el cuerpo con la mirada, Hermione podía entender que el fuego se había encendido en su cuerpo.
Hacía cinco meses que no tenía intimidad con hombre alguno. Cormac había estado viajando constantemente, y después el asunto del departamento le había impedido estar con él. Sentía la necesitad de contacto, de cercanía. La última vez que había besado a Cormac había sido hacía semanas…
… Y ahora tenía viviendo bajo su mismo techo a un hombre que paseaba su sexy humanidad por todas partes.
Su piel clara, su cabello rojo, sus ojos azules…su amplia espalda, su pecho fuerte…
Hermione sonrió. En Ron se asomaba una incipiente pancita. Pero esa pancita no lo hacía desagradable a la vista. Lo hacía ver real, tangible…
Sacudió la cabeza. Abrió la ventana para que la brisa le refrescara.
Tenía que borrar esa imagen, tenía que bloquear ese recuerdo…
Sino… enloquecería.
Se acordaba y sonreía. Es que era tan divertida la cara que ella había puesto al verlo desnudo.
Aunque estaba muerto de la vergüenza de que ella le viera tal cual dios lo había echado al mundo, no olvidaba como ella había reaccionado.
¿Era susto o deseo lo que brillaba en sus ojos?
Pensándolo bien, el pelirrojo llegó a la conclusión que el susto era el ganador. Ella estaba acostumbrada a vivir sola, y él le estaba haciendo las cosas muy difíciles desde su llegada.
Para colmo ahora la asustaba al dejarse ver en toda su humanidad.
¡Otra vez holgazaneando, irlandés!-
Se giró y vio los ojos inyectados en furia de su jefe.
No, señor. Estaba ordenando estas cosas-
Anda de inmediato a llevar esas telas al local del Soho. Las necesitan con urgencia para el vestuario del nuevo musical-
Sí, señor-
Toma- Sin cuidado alguno, el jefe le lanzó las llaves al rostro.- pobre de ti que mi camioneta regrese con el más mínimo rasguño-
Como usted diga, señor-
¡Te quiero en una hora de regreso!-
Lo odiaba. Desde que había llegado a trabajar a esa tienda de telas, lo único que hacía su jefe era atacarlo al más mínimo encuentro. Él tipo se sentía muy superior por ser un ciudadano norteamericano con todos sus derechos. Le miraba como si él fuera un insecto infeccioso que había llegado a robar y usurpar los de sus compatriotas.
No debía manejar, si lo detenía una patrulla se lo llevarían de una sola patada a la frontera. Pero no podía decirle a su jefe que no. Aunque lo que de verdad le gustaría decirle era un montón de palabrotas que hubieran sonrojado al más vulgar de los americanos.
Tomó la avenida con mucha precaución. Observó las calles pero hasta el momento no había rastros de vigilancia policial alguna. Ya relajado, se estacionó y empezó a descargar la mercancía, la cual fue llevando en varios viajes hasta que al fin pudo terminar el encargo.
Menos mal que llegaste temprano, muchacho- dijo el encargado del local- el jefe de vestuario debe estar por llegar y yo ya estaba mordiéndome las uñas pensando que no llegarías a tiempo-
Ron no dijo palabra alguna, solo sonrió.
Quiso marcharse de inmediato, pero el encargado de la tienda le pidió quedarse un momento más, ya que él no se sentía muy bien de salud y no tenía en ese instante quien atendiera la clientela. Él trató de explicarle que su jefe le había ordenado volver de inmediato, pero no hubo caso.
Tuvo que llamar él mismo al huraño para decirle la razón de la demora, y no fueron frases de comprensión las que recibió, pero ya no se podía hacer otra cosa que quedarse hasta que el encargado saliera al fin del baño.
Una vez desocupado, salió de la tienda y encendió un merecido cigarrillo. Lo disfrutó a plenitud. Lo único que le faltaba para hacer ese momento perfecto era un buen café negro y un lugar cómodo en donde descansar.
Llegó a la camioneta y ya estaba abriendo la puerta cuando una mano pequeña se apoyó en su espalda.
Señor Weasley… que sorpresa-
Se giró y al verla… tragó saliva.
Ho… hola-
¿Me recuerda?-
La mujer, hermosa por lo demás, le sonrió ampliamente. Llevaba el cabello recogido hacia un lado. Un atuendo sofisticado, pero un poco revelador para su edad. Él había olvidado su nombre, pero no su belleza.
Disculpe, pero he olvidado…-
Bárbara, Bárbara Dublé-
Sí, claro. Nos conocimos en la cena en casa de los amigos de mi esp… mi amiga Hermione-
Sí… y desde entonces- descaradamente le violó con los ojos- yo no me olvidé de usted-
Las mujeres hermosas, maduras, y con experiencia además, pueden ser las bestias más peligrosas a las que un hombre se debe enfrentar a veces en la vida. Ellas tienen ese encanto, esa sensualidad poderosa que atrae como un fuerte imán. Son muy pocos, casi ninguno, los que han podido lidiar con semejante artillería y salir airoso.
La gran mayoría se entrega pronto y se deja caer a las fauces de la bestia.
Para colmo, ser el objeto de placer de una mujer mayor, es la fantasía erótica de todo joven.
Y Ron era un hombre joven, sin contacto físico hacía meses.
Y La viuda Dublé era un delicado manjar al alcance de la mano.
No… no crea que yo me olvidé de usted, es que no soy bueno con los nombres- se disculpó, dándole una tonta sonrisa adolescente.
Ella se la devolvió en forma avasalladora.
¿Qué lo trae por estos rincones? ¿Está relacionado con alguna de las obras musicales de Broadway-
Eh… algo así-
¿Y ya se marcha?-
Debo hacerlo. Me esperan-
Espero… que no sea una mujer-
No… es… es una reunión de trabajo. Lo siento, pero ya voy retrasado-
Oh- la viuda Dublé hizo un coqueto puchero y caramelizó su mirada- esperaba que pudiéramos tomar un café-
Me… encantaría, pero usted sabe… trabajo es trabajo-
Pero… debemos concretar ese café.-
La mano rastreadora, ya había recorrido todo el brazo derecho y buena parte del torso. Peligrosamente bajaba al vientre. A esa pancita incipiente.
Si gusta…- Ron puso su propia mano sobre la de la mujer, para detener su recorrido- puede darme su teléfono y yo la llamaré para concertar una cita-
¿Y por qué no me das el tuyo también?-
La curvilínea y voluptuosa figura femenina se aproximó a milímetros del joven. Bárbara humedecía sus labios y le miraba seductora. Sin saber cómo, Ron había quedado acorralado contra la camioneta.
Yo… eh…- era imposible quitar la vista del bello escote- se lo daría… pero…- el perfume de la viuda le estaba aturdiendo el sentido- es que no… tengo… un teléfono fijo ahora. Solo…- la mujer mordía ahora su labio inferior- estoy de paso por… la ciudad-
¿De paso? ¿en serio?- preguntó la hembra sugerentemente- pues… si no tienes…- otra vez sus manos estaban allanando terreno- un lugar donde dormir, yo podría proporcionarte una habitación… cómoda-
Gracias… por su oferta… pero estoy… quedándome…-
En casa de tu amiga Hermione… lo sé.- la señora levantó una ceja en tono de molestia- es una chica… agradable. ¿Son algo más que amigos?-
No- se apresuró a decir el pelirrojo.- Solo amigos- sonrió.
Bueno… podrías darme el teléfono del departamento de ella. No creo que se moleste por ello-
Ron movió el cuello, para apartar la vista y su instinto de la viuda Dublé. Miró hacía lo lejos y aspiró aire. Conocía a ese tipo de mujeres, sabía que ella no se quedaría tranquila hasta conseguir lo que deseaba de él. A él mismo. Pero sabía que una araña de esa calaña era peligrosa.
Mejor deme su número. Hermione es una persona reservada y no tiene la costumbre de recibir muchas llamadas…-
Te preocupa mucho esa chica-
Solo quiero ser un buen huésped. Ella ha sido muy amable conmigo-
Pero… yo también te ofrezco hospedaje. Así no tendrías que seguir siendo condescendiente con ella. Yo también puedo ser muy amable-
La boca carmesí de Bárbara estaba casi tocando la del joven. En ese instante, Ron perdió el control, ya que su instinto gritaba por librar el deseo que la señora Dublé estaba provocando en él, pero justamente cuando ya estaba casi entregado, la señora retrocedió, dejándole la boca sedienta por un beso.
¿Me darás el número?- preguntó ella dulcemente.
¿ah? Oh… este…claro, anote-
Al llegar a su trabajo, recibió un regaño de Dios y padre Nuestro, pero le tenía menos miedo a lo que le dijera su jefe que a lo que la viuda Dublé pudiera hacerle.
En la noche, mientras preparaba la cena, sonreía imaginando a la dama marchando una y otra vez a la oficinita de Mundungus. Bárbara sabía manejar los deseos de un hombre, pero Ron, aunque estuviera muy caliente por la provocación, tenía calle.
Suspiró y chasqueó la lengua. Había perdido una buena oportunidad de ser mantenido por un tiempo, tener techo, comida, dinero y sexo, pero ahora la obtención de su residencia permanente en los EEUU era más urgente. No podía perderlo todo por culpa de una tigresa. Por muy buena que estuviera.
El sonido de la puerta abrirse le hizo borrar sus pensamientos. Se giró y vio a Hermione sonreírle nerviosamente, para luego irse a esconder a su habitación. Entonces a su mente retornó el incidente de esa mañana.
Obviamente, la cena fue muy tensa. Ron prefirió hablar poco, pero Hermione no habló nada. Resignado a que ella no haría esa noche ni el más mínimo esfuerzo por trabajar, la dejó tranquila y se dedicó a escribir en su libretita.
Cuando ella se marchaba a su habitación, él le tomó del codo. Pudo sentir el temblor en la chica.
Mañana ya es miércoles y estaba pensando en inventar la fiesta de matrimonio. No tenemos ninguna foto de eso, ni de la propuesta. Creo que ellos querrían ver algo de ello-
Oh, sí. Mañana nos ponemos de acuerdo…-
Mañana saldrás muy temprano del departamento y no tendremos tiempo de hablar. Mira, yo me encargo de encontrar un lugar apropiado, podría ser ese restaurante en el que nos conocimos. Así, mataré dos pájaros de un tiro. Les pediría a los encargados del lugar que me presten ropa o algo por el estilo para sacar fotos aparentando que son tomadas en Chile…-
¿Hacer algo en público? ¿no crees que eso sería muy arriesgado? Mucha gente nos vería juntos…-
Se supone que somos una pareja, es obvio que mucha gente puede vernos juntos. Además necesitamos asistentes a nuestra boda, podemos usar a los clientes del restaurante-
Definitivamente estás loco. Si les llevamos a los de Inmigración fotos de ese estilo nos preguntarán porque mis padres no están en ellas-
Bueno, no sé… trato de pensar nuestra coartada… ¡tengo que hacerlo por los dos, pues tú no tienes el mínimo interés de hacerlo!-
Hermione abrió los ojos como platos. Ron la mayoría de las veces era muy tranquilo y conciliador, o al menos eso le había demostrado a ella en esos días. Que ahora estallara la dejaba de una sola pieza.
No tienes que levantarme la voz- le dijo con voz sentida.
Oh, entiendo. Como tú eres la dueña de casa sientes que solo tú tienes el derecho de gritar a los cuatro vientos. Pues te digo que aquí yo no estoy de gratis. Estoy pagando la mitad de los gastos aunque me cueste, ¡te tengo la cena lista todas las noches y aplaco mi propio carácter solo para intentar llevar la fiesta en paz!-
Pues… claro que no lo haces de gratis. Te conviene mucho que esta farsa resulte, sino Inmigración te echará de mi país en tres tiempos y no podrás regresar más. ¡Y no fui yo quien te dijo que pagaras la mitad de los gastos! ¡Tampoco fui yo quien te dijo que cocinaras mientras vivieras aquí! ¡Lo único que te pedí fue que respetaras mis normas! Y ES LO QUE MENOS HAS RESPETADO-
¡No fumo en el departamento! ¡No contesto el teléfono! ¡Trato de hacer el menos ruido posible! ¡No toco tus cosas!-
¡¿Y lo de esta mañana?!-
¡Por Dios Santo! ¡Eso fue un accidente! ¡Olvidé lo de no ocupar el baño entre seis y siete! ¿Crees que intencionalmente te esperé en el baño, desnudo, para que me vieras?-
Quién sabe, no eres un hombre inocente, tienes tu… recorrido-
¿Crees que sería capaz de abusar de ti?- la llama en los ojos de Ron hubiera calcinado todo el departamento- Hermione-
La miró con decepción, movió negativamente la cabeza y le dio la espalda para meterse en su propia habitación. Azotó la puerta.
La castaña se quedó parada en el pasillo. Por largos minutos no atinó a nada más que a permanecer allí. Después se apoyó en el muro y se dio pequeños golpecitos en la cabeza.
Había sido una estúpida.
No hubo incidente alguno a la mañana siguiente. Hermione se bañó y se arregló en su cuarto. Al terminar de vestirse sintió el agua de la ducha. Fue a la cocina y preparó el desayuno. Un té para ella, pues tenía un fuerte dolor de cabeza. Tostadas, cereal.
Cuando Ron llegó a la cocina, Hermione llevaba su tazón con una buena ración de café. En su lado de la mesa ya estaban servidos unos huevos revueltos, tocino y pan caliente.
El pelirrojo frunció el ceño. Dio un paso atrás.
Buenos días-
¿Qué tengo que hacer?-
¿Cómo?-
Me tienes el desayuno servido. Algo quieres de mí-
La chica lo miró y un lo siento se dibujó en su mirada. Pero Ron estaba a la defensiva.
Anoche…-
No tienes que disculparte. Es lógico que pienses lo peor de mí. Gracias por el desayuno, pero no tengo mucho tiempo. Debo llegar al trabajo en media hora o me echarán-
¿No me perdonarás?-
Ron se acercó y tuvo el impulso de tomarla del mentón, pero terminó por cerrar el puño y bajó la mano.
No tengo nada que perdonar. En serio. Por mi me quedara a comer, pues tengo hambre y esos huevos se ven deliciosos, pero de verdad mi jefe me tiene entre ceja y ceja y no puedo perder este trabajo-
¿Y si te hago unos sándwich? Así puedes comer en el camino o llegando a tu trabajo-
Hermione…-
No acepto un no-
La chica, en tiempo record preparó unos enormes sándwiches. Los cuales guardó en un bolso de mano que le entregó al pelirrojo. Este se sintió extraño de que ella se preocupara de esa manera, pero entendía que buscaba la manera de redimirse.
¿Podrás conseguir el restaurante para la fiesta de matrimonio, como lo sugeriste ayer?- le preguntó mientras hacía los sándwiches-
Bueno… creo que sí.-
Entonces llegaré más temprano hoy para cambiarme de ropa. Me pondré un vestido muy bonito que casi nunca uso. Tú también tendrás que hacer lo mismo-
Está bien- dijo el hombre. sonrió.
Y los sándwiches que su esposa había preparado para él habían estado de ensueño. Los disfrutó a placer. Le ayudaron mucho a soportar otro mal día en su trabajo.
Al terminar su jornada, Ron corrió al restaurante y con toda su labia convenció a los dueños, unos chilenos que poco le entendieron, pero que habían sacado la conjetura que una pareja americana deseaba hacer su fiesta matrimonial en su local.
Gringo loco- fue lo que le dijo el dueño del local, en su español tan pintoresco, con una sonrisa pícara en los labios.
Hermione cumplió su promesa y llegó a buena hora para cambiarse. Ron lo hizo poco después y se puso un traje que había alquilado para la ocasión.
La esperó y cuando la vio salir de su habitación, quedó asombrado.
Hermione llevaba un lindo peinado, un vestido que la hacía parecer una princesa y una bella sonrisa en los labios.
No es un vestido de novia, pero es lo más cercano que encontré- le dijo a su esposo.
Ron le ofreció su brazo y ambos se encaminaron al restaurante.
Los chilenos seguían sin entender mucho la situación, pero la extraña pareja les había parecido bastante divertida. El local, que era frecuentado por muchas personas de la colonia chilena, esa noche tenía una buena cantidad de comensales de esa nacionalidad que encontraron peculiar a los extranjeros que compartían con ellos la velada. Muchos de ellos, personas de buen carácter y buenos para adaptarse a la más insólita situación, aceptaron gustosos sacarse fotografías con los recién casados y no faltó la señora gorda que les lanzó sobre la cabeza un buen puñado de arroz.
Además, los que hablaban y entendían bien el inglés, habían solidarizado con el amigo irlandés que, como ellos, había llegado a la tierra de las oportunidades a conseguir fortuna.
Los más jugosos, es decir, los más entusiasmados con la rareza del asunto y animados por el alcohol, no demoraron en disfrazar a Ron con ponchos, chupallas y guitarras, para sacarle divertidas fotos en las que él posaba con una sonrisa. Tampoco faltó el gorro chilote ni el altiplánico que hacían lucir a Ron demasiado chistoso, provocando las risotadas de todos.
Premunidos de una buena cantidad de fotos, llegaron a la una de la mañana al departamento. Hermione estaba agotada, y Ron no lucía mejor. Se dedicaron a mirar las fotos un rato y seleccionaron las que podían mostrar a los entrevistadores.
Hermione ya no resistió los altos tacones y sacándoselos, suspiró profundamente de alivio. Total, ya había visto a Ron desnudo, ya no importaba que él la viera sin zapatos.
Bueno, me voy a dormir. Estoy muerta de cansancio-
La chica se levantó e hizo un gesto de despedida. Le dio la espalda a Ron y partió a su cuarto, pero Ron la detuvo.
Aun faltan un par de fotos-
¿Qué fotos?-
Las de nuestro baile nupcial-
¿Ahora? Me acabo de sacar los zapatos. Ahora mido la mitad de tu estatura-
Es que ya que estamos vestidos así… mañana debo devolver el traje-
Está bien, pero tienes que dejarme retocar mi peinado. Está un poco desarmado y…-
Ron le tomó el cabello y realizó la misma acción de hacía unos días atrás. Fue, poco a poco, sacando todos los ganchos para el cabello que ella llevaba. De pronto ella sintió como si él la estuviera desvistiendo, prenda a prenda. Estaba paralizada.
Los cabellos cayeron sobre los hombros de la castaña y él puso sus manos bajo la melena, para agitarla un poco.
Cada vez que las manos de él rozaban su cuello, ella sentía su columna electrizarse.
Así te ves muy linda.-
Ella solo atinó a sonreír.
Ron rompió el contacto visual, para ir a su cuarto y volver con su amado vinilo. Lo puso otra vez y extendió la mano a la mujer.
No necesitamos bailar. Solo tomar un par de fotos. Además, estoy descalza-
Sé que esto es una mentira, pero… que tiene de malo bailar un poquito. Es mi fiesta nupcial y mi baile. Puede que nunca más haga algo como esto-
La chica sentía los nervios en flor, miró la mano de él que aun estaba extendida en su dirección y lentamente acercó la suya. Ron la tomó y con la otra le rodeó la cintura.
No tengo ningún vals, pero ellos no lo van a saber al ver la fotos- le dijo sonriendo.
Efectivamente, Hermione era más pequeña que Ron y sin los tacones esa diferencia de estatura era muy notoria. El pelirrojo, para compensarla, le tomó poderosamente y le levantó, para dejarla a solo centímetros de él. Entonces tomó la cámara y saco esas dos fotos que necesitaba. Luego, la soltó y la hizo girar por la habitación, para sacarle una foto más.
Ella sonriendo y con el cabello danzando atrás.
¿Ya terminaste?- preguntó la mujer, sintiendo su estómago lleno de no sabía qué. Estaba muy nerviosa.
Creo que sí-
Pero Ron no terminó con la sesión de baile. Le tomó la mano otra vez y la puso sobre su hombro. Las suyas abrazaron la cintura pequeña y quedaron mirándose mutuamente.
Suavemente, Ron la fue llevando. Gerry Rafferty cantaba ya "Right down the line". Hermione intentaba controlarse a sí misma, pero la cercanía, el aroma de Ron, y el calor de sus manos en la cintura la estaban poniendo cada vez más nerviosa. Entonces Ron le abrazó otra vez y le levantó, para dejarla frente a frente a él.
El baile se tornó más íntimo con cada estrofa de la canción. La chica, uno poco por miedo a caerse, un poco arrastrada por el momento, abrazó a Ron por el cuello. Estaban tan juntos que solo un par de milímetros les separaban los rostros.
Ron estaba loco por besarla. Había juntado ganas desde que la viera salir de su cuarto esa noche para ir al restaurante. Estaba tan hermosa que él estaba haciendo esfuerzos descomunales por no perder el control. Ahora la tenía en sus brazos, respiraba el perfume dulce, sentía la caricia de uno que otro cabello de ella en su cara.
"Dios, es mía. Mi esposa. Tengo derecho" le gritaba su mente.
La canción terminó. Pronto empezó otra, pero ninguno de los dos la escuchaba. Se habían quedado mirando fijamente a los ojos, pegados uno al otro. Ron se detuvo. Aferró más el agarre y Hermione pudo sentir el pecho varonil en toda su extensión. Y la mujer ya no pudo resistir más. Le soltó el cuello y puso sus brazos como obstáculos entre ellos.
Ya es tarde…-
No es tan tarde-
Tengo que trabajar mañana. Tú también-
Pero…-
No puedes llegar tarde. Tú jefe…-
Si… tienes razón-
Ron la fue bajando suavemente. Luego la soltó por completo. Hermione sonrió en una mueca difícil y, tomando sus zapatos, murmuró un buenas noches que apenas pudo ser escuchado por él.
Lo último que Ron vio, fue ese cabello rizado agitarse para luego desaparecer detrás de la puerta.
Apretó las manos, impotente. La había tenido tan cerca, si se hubiera movido solo un poco más rápido, le hubiera robado un beso.
Pero Hermione huía una vez más. Ella siempre huía.
No demoró mucho en ir también él a su cuarto, pero no podía dormir. Su piel estaba en estado de alerta. Ésta aun recordaba el calor de la castaña. Su nariz no olvidaba el delicado perfume.
La estaba deseando a rabiar. No sabía cuánto tiempo más podría seguir resistiendo. Ella era bella, fina. Le erizaba la espalda cuando tocaba su piel. Eran tan poco el contacto entre ellos, que cuando la sentía, creía que en cualquier momento perdería la cabeza.
Le encantaba su cabello, su mirada, su voz. Hasta su rostro furioso le fascinaba.
Y eso no estaba bien.
Vamos, Ron. Solo quedan unos cuantos días… y te irás corriendo de aquí- se dijo a sí mismo.
No debía volver a tocarla. Ella no confiaba en él y él mismo ya empezaba a tener muy poca confianza en su autocontrol. Si hacía algo deliberado, ella se espantaría y todo se iría a la mierda.
Y él no estaba dispuesto a perder su oportunidad de conseguir la tarjeta verde.
Ni siquiera por un beso o una caricia de Hermione.
El jueves, ambos se evitaron mutuamente. La única conversación matutina fue el aviso de Hermione diciéndole a Ron que sus sándwiches estaban listos en su bolso. Luego él solo se despidió y salió del departamento a pasó forzado.
Fue un día tedioso. Ron hacía acopio de toda su paciencia, pero por más que trataba de hacer las cosas como su jefe decía, no lograba darle en gusto nunca.
Estaba claro que no duraría mucho tiempo en ese trabajo.
Por la tarde llegó a ordenar y cocinar. Luego se fue a su lugar favorito del departamento, la terraza, y sacó uno de sus amados cigarrillos. Se sentó en una silla y lamentó su situación. Estaba casi en la banca rota y pronto tendría que buscar un nuevo lugar donde vivir. Quizás tendría que marcharse a otra ciudad y probar suerte de nuevo. Solo le detenía la entrevista del lunes.
Una vez que esa cosa terminara, tomaría sus cosas y se iría a Los Ángeles. Le había llegado el rumor de que Mundungus estaba por esas tierras y que había logrado hacer nuevos negocios.
Quizás podría darle una mano.
Hola-
Se giró y la vio contra el umbral de la puerta.
Hola. Voy pronto a servir la cena-
Ya está servida. Ven. Está haciendo mucho frío aquí-
Cenaron en silencio. Ambos con la vista fija en su plato. Ron seguía pensando en su precaria situación, por lo cual, al terminar, se levantó, lavó los platos y se acomodó en uno de los sillones para escribir en su libretita.
El departamento estaba demasiado callado.
¿Te preocupa algo?-
Ron la miró.
Nada que tenga que ver contigo. No te inquietes- le dijo con media sonrisa en los labios.
Siguió garabateando en la libretita.
Solo un par de minutos duró la castaña levantada a poca distancia de él. Se acercó y se sentó a prudente distancia, sin dejar de mirarlo. Ron ya no pudo eludirla y la miró de lado.,
En serio. No es un problema que te envuelva. Tranquila-
Pero debe ser un problema grave. Dejaste de silbar-
Nada que no pueda resolver en unos días-
¿Qué es?-
El irlandés lo meditó por un momento. La miró de lleno a los ojos y se preguntó si valía la pena contarle cosas que a ella en realidad no le importarían.
¿Tenía razón alguna abrirse con ella?
Pues… creo que tendré que buscar un trabajo nuevo-
¿Tan mal te ha ido?-
La verdad… sí. Ese tipo me odia. Además, acomodar telas no es algo que me guste. Yo…-
No se atrevió a seguir hablando. Sentía que no era necesario decir nada más.
¿No confías en mí?-
Hermione, ¿vale la pena decirte mis cosas? No me conoces, no sabes de mis problemas, en unos días no vas a volverme a ver. ¿para qué contarte dramas?-
No sé. Tal vez, si hablas, puedas sacar la tensión que llevas dentro. Quisiera ayudarte-
No tienes porque hacerlo.-
Somos amigos, ¿no?-
¿Lo somos?-
Hemos compartido muchas cosas en muy pocos días. Yo pienso que sí-
Esas palabras derribaron las barreras que Ron había construido a su alrededor. De a poco le fue contando esas cosas cotidianas, esos problemas que él llevaba y que con nadie compartía. Le contó como sentía al ser rechazado, discriminado en esa nación por no pertenecer a ella. Le contó de sus ganas de volver a la música y de los intentos que había hecho y que habían fracasado.
No tengo estudios de música, por eso nadie me valora en verdad. No los culpo, pero me duele-
Quizás has conocido a gente inapropiada-
Tal vez. No sé. Sé que puedo hacer mucho, pero nadie confía en mí-
Hemrione le abrazó el hombro y le miró fijamente a los ojos.
Ánimo. Ya verás que todo mejorará. Una vez que tengas la residencia permanente te lloverá el trabajo y la aprobación. Podrás hacer lo que te gusta-
Es lindo soñar-
Eres un soñador, ¿no?-
Sí, creo que aun lo soy-
Sintió el choque eléctrico atravesar todo su cuerpo cuando ella le besó. Su estómago se contrajo y se expandió en milésimas de segundo. Su pecho se estremeció.
Ella le regaló una maravillosa sonrisa, luego.
Todo saldrá bien. Yo estoy aquí para ayudarte.-
No deberías decir eso. Solo soy un irlandés abusivo que ha usurpado tu espacio-
Lo sé. Pero quiero animarte hoy- y le volvió a sonreír.
Otro beso completó sus palabras. Ron cerró los ojos, disfrutando a plenitud el momento.
Bueno, me voy a dormir. Duerme tranquilo. Buenas noches-
Buenas noches, preciosa-
Una vez que ella se marchó, Ron se tocó la mejilla. Aun sentía en ella el calor de los besos de Hermione.
Tengo que irme de aquí. Sino… voy a meter la pata. Hermione me está volviendo loco-
En su habitación, Hermione también sentía el calor de Ron en los labios. Había actuado por impulso. Un impulso que buscaba consolar al pelirrojo. No quería verlo nervioso, intranquilo. Hasta esa noche él no se había mostrado así y eso la había desarmado.
Ella sabía que él no estaba bien económicamente, y estaba segura de que rechazaría su ayuda financiera. Sabía también que todas las esperanzas de su esposo estaban puestas en la aprobación en la entrevista del siguiente lunes y la obtención de la tarjeta verde.
Las esperanzas de Ron estaban puestas en que ella hiciera una buena entrevista también.
No podía fallarle.
Se acostó y miró el reloj, eran casi las doce de la noche. El día siguiente era viernes. Quedaban tres días de convivencia con el pelirrojo y cuatro para la entrevista. No se había dado cuenta como la semana se había marchado.
Cada vez estaba más próximo el momento del adiós.
Hermione se arrebujó en las mantas. Sintió un pequeño aguijón en el pecho.
El siguiente lunes en la noche, al fin tendría el departamento para ella sola.
Y Ron…
¿Dónde dormiría él ese lunes por la noche?-
