Buenas noches:
Se suponía que este capítulo debía estar listo para San Valentín, pero se atrasó cuatro horas en terminarse. Mas, ya está listo para ustedes.
Espero que disfruten la lectura, ya estamos en el penúltimo capítulo. Ahora entramos en la recta final, solo queda un capítulo para que esta historia termine.
Saludos y abrazos de San Valentín.
Yaem (suspiritos) Gy
P.E. Si quieren, pueden escuchar la canción "Right Down de line" de Gerry Rafferty para complementar su lectura.
Capítulo 8: El peligro de abrir la puerta.
You know I need your love
You've got that hold over me…
Los versos se le habían quedado pegados en la cabeza. Desde que había bailado la canción en los brazos de Ron esa noche hacía dos días, no dejaba de cantarla en su interior.
Por más que trataba de sacarla, de borrarla, no podía. Ya se había regañado miles de veces a sí misma cuando se descubría tarareándola en sus momentos de concentración al trabajar.
Todo es culpa tuya, Ron- refunfuñó mientras se pegaba un manotón en los labios, sola en su despacho en el laboratorio.- desde que llegaste pones ese bendito disco una y otra vez-
Tuvo ganas de lanzar su lápiz muy lejos a causa de la frustración, pero tuvo temor de que alguien la viera. Odiaba que alguien la viera perder la compostura.
Solo Ron la había exacerbado lo suficiente como para que ella perdiera el control.
Para distraer la mente, salió del despacho y se metió en el invernadero del laboratorio. Se puso los guantes y se entregó a la investigación que llevaba a cabo. Necesitaba hacer un importante injerto en unas plantas ecuatorianas. Intentando anular esa melodía que amenazaba con atacarla de nuevo, batalló por lo menos una hora. Ya estaba felicitándose a sí misma por el gran avance cuando la secretaria la llamó desde la puerta.
¿Qué sucede, Athela?-
Disculpe, señora Weasley, pero una señorita la busca afuera. Parece algo conmocionada-
¿Conmocionada? ¿Quién me busca?-
Me dijo que se llama Marlene Spencer-
El mundo de Hermione se cayó a sus pies. Sintió como su estómago se ponía pesado y la sangre le abandonaba el rostro.
¿Qué… qué le dijo, Athela?-
Bueno… me preguntó por usted… pero la nombró por su nombre de soltera…-
¡¿Y le dijiste que me apellidaba Weasley?!-
Pero… si ese es su apellido de casada, señora Weasley-
¡Oh, Dios Mío!-
Salió corriendo del invernadero. A cada zanco, su pulso se tornaba más acelerado. Tenía que hacer algo, tenía que inventar algo pronto.
Pero, ¿qué le invento?... ¿Qué?-
Al llegar a su despacho, una Marlene en shock la esperaba junto a la ventana. Ambas se miraron y por un segundo eterno ninguna habló.
Pero la morena aspiró una bocanada de aire y el aire de la habitación explotó.
¡TE CASASTE! ¡CON RON! ¡ERES SUS ESPOSA!-
Por favor, Marlene, baja la voz- dijo la castaña angustiada.
¡NO ME DIJISTE NADA, ALMORCÉ CON USTEDES Y NINGUNO DIJO NADA!-
Te lo suplico…-
¡SOY TU AMIGA! ¡ME DIJISTE QUE ÉL NO ERA NADIE EN TU VIDA! ¡QUÉ NO TENÍAN NADA!
Marlene…-
¡Y PERMITISTE QUE TE DIJERA QUE LO IBA A CONQUISTAR! ¡TE REISTE DE MÍ! ¡AMBOS LO HICIERON!-
No, Marlene… deja que te explique… pero por favor… deja de gritar…-
La chica se tapó la boca con ambas manos y luego tomó asiento. Aun estaba aturdida con la noticia. Hermione se sentó a su lado y esperó a que se calmara un poco para comenzar a hablar.
¿Por qué me ocultaste algo tan importante?-
Es que no era importante, solo…-
¡¿Qué no era importante?! ¡te casaste, Hermione! ¡A escondidas de todos! ¡Con un desconocido!-
Por favor, escúchame… tengo una explicación, te lo juro-
¿Una explicación o un embuste? No quiero más mentiras, muchacha. Si me vas a decir cómo fue que te casaste con ese hombre, que lo ocultaste a todos, incluso a mí que soy tu mejor amiga, quiero la verdad absoluta. Porque no pienso perdonarte si me vuelves a mentir-
La señora Weasley suspiró afligida. Ya no tenía más remedio, debía decir la verdad.
Le contó todo desde el principio. Como había encontrado el aviso del departamento con el invernadero y como había hallado la vacante en el laboratorio. Le habló de las clausulas para acceder a estos, de cómo todo la arrastró a involucrarse con un abogado inescrupuloso y como había conocido a Ron. Le habló de las sospechas de inmigración y de la insistencia de su tío abogado de que viviera con Ron una semana para así conocerse un poco y poder engañar a los fiscalizadores. Al finalizar su historia, Marlene la miraba muy seria.
Eres una loca, ¿sabías?-
Marlene…-
Has llegado demasiado lejos por tus plantas. Estás estafando al gobierno, Hermione. Si ellos te pillan…-
Es por eso que estamos conviviendo con Ron. Para hacer creíble la historia-
¿Crees que dará resultado?-
Eso espero… Ron necesita su credencial… yo necesito mi trabajo… mi departamento…-
Marlene sacudió la cabeza. Luego suspiró y se volvió de nuevo hacia su amiga.
Dime que al menos le has sacado algún provecho al título de señora Weasley-
¿Cómo?-
Hermione, por dios. El hombre está rico, es tuyo mientras estén casados… Dime que te has estado acostando con él esta semana-
¿Estás loca? –
Yo estoy muy cuerda. La loca que se casó por un invernadero fuiste tú. Y más loca estás si no te has aprovechado del pánico. Sí yo estuviera en tu lugar, lo hubiera metido en mi cama a la hora de llegar al departamento. –
Ay, por favor. ¿Acaso no entiendes la situación? Ron y yo no estamos para esas cosas. Ambos nos casamos por conveniencia. Nuestras prioridades son otras-
Pero un revolcón hubiera hecho más creíble la farsa, mujer- dijo la morena- La tensión sexual que percibí el sábado se podía cortar con un cuchillo. Dios Mío, Hermione… has tenido a ese hombre casi una semana completa en tu departamento y ¿no has podido ni siquiera robarle un besito? ¿Él no ha intentado seducirte? ¿Tan fría eres? Porque a mí me quedó muy claro que Ron tiene fuego dentro. –
Tanto que no demoraste nada en decirme que lo querías para ti-
Hermione pestañeó al escucharse a sí misma. Su tono de voz le había parecido áspero, tosco.
Marlene sonrió de medio lado.
No niego que Ron me gustó de inmediato, pero cuando te pregunté si no te importaba que yo lo conquistara… lo dije solo para ver como reaccionabas.-
Mentirosa-
No, la mentirosa eres tú. Y no te enceles conmigo-
No me encelo- dijo rápidamente la castaña
Bueno, haré que te creo.-
Marlene, Ron y yo no somos nada. Amigos tal vez, pues he aprendido a conocerlo estos días, pero nada más. Él ha sido todo un caballero y no se ha propasado, y yo me comporto como lo que soy, una señorit…-
Señora, Hermione… señora… que no se te olvide-
¡Ay, me exasperas!-
Lo que de verdad me duele… es que me ocultaras tu locura. No la apruebo, pienso que te deschavetaste… pero te hubiera apañado. Te voy a apoyar si necesitas testigos… pero me mentiste-
Es que no quería que nadie supiera. Esto solo durará lo que demore la tarjeta verde de Ron, luego nos divorciaremos. Tío Steve lo hará en tiempo record. No necesitaba decirle a nadie-
Pues, ya ves que las mentiras no duran demasiado. Solo me tomó venir aquí para descubrirte-
Si…- Hermione hizo un puchero y agachó la cabeza, pero pronto la levantó y miró a su amiga con intriga- ¿cómo supiste que trabajaba aquí? –
Le pregunté a tu madre en que laboratorio trabajabas. Necesitaba hablar contigo de forma urgente… y bueno… aquí te encontré-
¿Qué necesitabas hablar conmigo? ¿No pudiste llamarme esta noche al departamento?-
¿Ron me hubiera contestado el teléfono?-
No, lo tiene prohibido-
¿Le prohíbes cosas? ¿Lo controlas? Que bruja eres, con razón no ha intentado acostarse contigo-
No me distraigas… ¿qué necesitabas decirme con tanta prisa?-
Marlene frunció el ceño. Su semblante se tornó serio y preocupado.
Se trata de la viuda negra. Ay, amiga… la vieja te quiere comer el mandado-
¡Te dije que trajeras las de color verde pomelo!-
Solo me dijo que trajera las de color verde, no especificó…-
Eres un inútil. ¡Sabías que las que quería eran las de color verde pomelo-
Ron apretó los puños. Se moría de ganas de estamparle los nudillos en la cara a su jefe. Ya se le estaba agotando por completo la paciencia.
Voy por ellas, señor-
¡No! Ya no las quiero- el hombre encendió un cigarrillo y le lanzó una factura para que la atrapara- quiero que lleves las telas que están en la camioneta al Soho. Los de la obra teatral se quedaron cortos y pidieron más. ¡Pero esta vez no pienso aguantar que demores cuatro horas en llegar! ¡O llegas en hora y media, O NO LLEGAS!-
El pelirrojo se mordió los labios y se giró en sus talones. Tomó las llaves de la camioneta que estaban colgadas a un lado de la puerta y salió de la tienda. Esperaba que su fastidio se calmara luego de la entrega. Sus últimos cartuchos se estaban terminando y si ese imbécil le seguía provocando, lo dejaría grabado en la pared de la fábrica.
Agradeció el viaje, el viento que le llegaba por la ventanilla le despejaba un poco. Esperaba que no hubieran contratiempos en las tienda del Soho, y así poder volver pronto.
Sonrió, la lógica de su jefe era nefasta. De todos modos debía volver a la fábrica a dejar la camioneta, fuera en hora y media o en cuatro horas.
Para su buena suerte, nada lo retuvo. En el tiempo establecido regresó y se sumergió en sus labores, evitando todo lo posible un nuevo roce con su empleador.
A la hora de salida, tuvo que arrebujarse en su chaqueta. El aire estaba enrarecido. Miró al cielo. Llovería en poco tiempo. Se apresuró, quería preparar la cena temprano. Tenía la esperanza de que Hermione accediera a trabajar esa noche, por lo cual no quería perder el poco tiempo que les estaba quedando.
Pasó al supermercado. Quería agradar a la joven por el apoyo brindado la noche anterior. Estaba sensible por la ternura con que ella le había tratado, siendo que eran prácticamente unos desconocidos. Pasó por el sector de las carnes apoderándose de un buen trozo. Luego, las verduras fueron si siguiente parada. Iba a preparar una buena guarnición de ellas para la festejada. Siguió curioseando por el lugar, hasta que dio con el sector de cereales.
Alpiste para la pajarita, - dijo sonriente- y ahora vamos por un buen café para el dueño de casa. Oh, sí, no debo olvidar la cebada quemada-
Premunido con su arsenal, salió campante. Se sentía extrañamente tranquilo. No sentía esa sensación de vacío y soledad que le acompañaba siempre. Estaba calmado. Eso le causaba un cosquilleo raro en el estómago.
Saludó amenamente a Alan, el conserje, y se metió con todo y bolsas al ascensor.
Al poco rato las cacerolas hervían, la carne empezaba a chirriar en el horno. Ron ahora estaba picando las zanahorias y se acompañaba de una de sus canciones preferidas, la cual cantaba a todo pulmón.
…Yeah this is my way of tellin' you
That every day I'm lovin' you so much more
'Cause you believed in me through my darkest night
Put somethin' better inside of me…
Como estaba completamente solo, bailaba entre cortada y cortada. Cerró los ojos y se dejó llevar por la melodía, moviendo hombros y caderas al ritmo. Luego, al mirarse en semejante situación, rió bajo y continuó su trabajo.
Muy pronto la carne estaría lista y él tendría tiempo de cambiarse.
El timbre sonó. Ron, como si fuera una suricato en medio de la llanura del Serengueti, miró a la puerta asustado. Chequeó la hora en su reloj de pulsera, aun faltaban como veinte minutos para que Hermione llegara.
El timbre sonaba otra vez. La ansiedad se posó en los hombros del pelirrojo. A su mente llegó una de las normas más importantes de la lista sagrada de Hermione.
"No abrir la puerta a nadie"
El timbre sonó una tercera vez. La carne en el horno ya estaba lista, por lo cual Ron lo apagó. Un nuevo timbre le alteró los nervios. Al parecer la persona en la puerta tenía prisa por ser atendida. Se preguntó porqué Alan no le había llamado por el citófono para decirle que alguien buscaba a Hermione.
A ese conserje solo le gustan los chismes, no trabajar- gruño.
Al quinto timbre ya no pudo soportar más. Caminó en tres zancadas y miró por el ojo de buey.
Pero no vio a nadie.
Frunció el ceño. Parecía que esa persona se había cansado de esperar. Se alzó de hombros y giró hacia la cocina…
Otro timbre la hizo dar un salto.
Ofuscado abrió la puerta de par en par…
Hola-
Barbara Dublé estaba allí. Con el cabello finamente arreglado, las uñas carmesí, un vestido rojo pasión con enorme escote que adornaba una piel delicadamente bronceada. Los ojos delineados, los aretes brillantes. La sonrisa seductora.
Ron tragó saliva.
¿Qué… qué hace aquí?-
¿No me saludas?-
Bue… buenas tardes-
Sin esperar a ser invitada, la viuda Dublé entró al departamento y dejó su abrigo en el sofá. Luego se dedicó a mirar la decoración con la sonrisa de medio lado y una ceja levantada.
¿Cómo dio con este lugar?-
Como nunca respondiste a mis llamados, porque quiero creer que me diste el número telefónico correcto, decidí buscarte. Me costó un poco, pero como esta mañana volviste al Soho…-
¿Me siguió?-
La mujer le miró con una amplia sonrisa de dientes albos como la leche.
¿Yo? Claro que no. Fue casualidad. Te vi y como yo debía ir en la misma dirección…-
Señora, la verdad… este no es un buen momento para que usted esté aquí. Ya es tarde y yo…-
La viuda no le prestó atención alguna, se dejó llevar por el delicioso aroma que provenía de la cocina y sin atribución alguna, abrió el horno para ver lo que contenía.
Amor, no me digas que también le cocinas. Esa Hermione tiene mucha suerte-
Señora, le pido…-
Bárbara cerró el horno y se giró. El borde del vestido hizo un gracioso vaivén en sus estilizadas piernas.
Yo puedo darte un lugar mucho más cómodo que este. Y no necesitas cocinar para mí-
Ron vio como ese volcán se aproximaba peligrosamente a su vulnerable humanidad. El instinto de preservación le hizo retroceder y casi se cae al suelo al tropezar con una silla.
Muchas… gracias… pero solo estaré en la ciudad solo un par de días más…-
Cual ratón acorralado, Ron retrocedía como podía mientras la Femme Fatale marcaba territorio con sus agudos tacones.
¿Solo un par de días? ¿Y por qué no los pasas conmigo?-
No es necesario… de verdad…-
Las femeninas caderas se contorneaban criminalmente.
No sería molestia alguna-
Bárbara se humedeció los labios. Se acarició desde el cuello hasta el profundo escote con las yemas de los dedos. Ron no pudo evitar seguirlos con la mirada.
En serio, señora. No puedo aceptar su…- se quedó pegado al escote por un momento- … su proposición-
¿Y por qué no? Mi casa en más grande y acogedora que este lugar-
Se lo agradezco… pero no puedo-
¿Es por ella? ¿Es por la muchacha?-
¿Ah?- Ron sufría lapsus de concentración al verse frente a una tentación como aquella- oh, no… es te…-
No te sientas culpable por ella. Eres muy atractivo y es lógico que atraigas la atención. No deberías perder esta… oportunidad-
La señora Dublé acarició el pecho del joven y su mano bajó derechamente a la zona más íntima. Ron sintió el contacto y, dando un brinco y abriendo los ojos, se apartó como resorte.
Mire… no crea que no es agradable que alguien tan bella como usted me preste su atención, pero…-
Pero qué, Ron… pude averiguar que no tienes un trabajo muy bueno y… que aun no tienes la tarjeta verde…-
¿Y eso que tiene que ver con usted?-
Que si tú eres… condescendiente conmigo… yo podría ser muy útil-
Mire, señora…- el hombre se empezaba a molestar.
Tengo dinero, influencias… Vivirías como rey… solo tendrías que agradecerme-
Gerry Rafferty seguía cantando, ajeno a la persecución que acontecía ya en el saloncito principal. Ron había puesto como defensa la mesa ratona de Hermione y rogaba que la señora Dublé cesara de acosarlo.
¿Qué le dijo a Alan para que no me avisara por el citófono?-
Le dije que era tu tía y que quería darte una sorpresa-
Y vaya que me la dio-
Bárbara salvó el obstáculo y Ron, desprotegido ya, cayó al sofá. La viuda no demoró en saltarle encima.
Aun no te doy lo que mereces-
Señora… señora… no… por favor-
Ay, Ron… me volviste loca desde el momento en que te vi-
Le pido… No… Ay… por favor… bájese de mí-
La experimentada hembra estaba sentada a horcajadas sobre el pelirrojo y ya le devoraba el cuello.
Tonto- le susurró al oído- sé que te gusto. Tus ojos se pierden en mi escote-
Tiene un escote de miedo…- dijo el hombre en un momento de debilidad, pero alzó la guardia de nuevo- Señora, le pido… No, no haga eso…-
¿Qué? ¿Te gusta?-
¿Qué si me gust… - perdía la batalla, pero volvió a resistirse- ¡Ya basta! – Ron la empujó al otro extremo del sofá y saltó hecho un resorte. – Con todo respeto le pido que se vaya de aquí. Hermione está por llegar y puede sacar malas conclusiones-
Que saque las conclusiones que quiera-
Cual tigresa en celo, la viuda gateaba en el sillón. El escote ahora revelaba mucho más de lo que Ron debería ver.
Por favor compórtese. Ésta no es la actitud de una señora respetable- Mientras hablaba, el pelirrojo volvía a retroceder, hasta chocar con el muro.
No…- ronroneó la señora, levantándose y acorralándolo- esta es la actitud de una hembra que desea a su macho-
Ya termine con esto- le dijo Ron tomándola de las muñecas- Yo no soy su macho. Esta no es mi casa ni suya tampoco. Le exijo que respete…-
Ayyyy… me encanta esa reacción tan varonil-
Déjeme…-
Ya no te resistas… estás excitado. Puedo verlo.-
Señora, en otros tiempos hubiera aceptado su oferta de inmediato… pero ahora…-
Ahora también puedes-
Bárbara, por favor. Déjeme. Hermione va a llegar y…-
No la menciones- le mordió el cuello- Ella no te merece… yo soy más mujer-
Zafándose del agarre de Ron, Bárbara le encadenó con sus brazos y le atrapó la boca. Se la devoraba mientras el hombre intentaba sacársela de encima.
Entonces…
¡¿Qué significa esto?!-
Bárbara y Ron vieron a una Hermione que escupía llamas por la boca. El cabello estaba arrebolado, como si la chica pareciese Medusa con todas las serpientes de su cabeza embriagadas de furia. Sus ojos flameaban, su respiración se agitaba.
Afuera, en la azotea, unas tímidas gotitas empezaban a caer.
Hermione… yo…-
Hola, linda- saludó pestañeando la mujer solo sacando una mano del cuerpo de Ron para sacudirla efusivamente.
¡¿me pueden decir que estaban haciendo?!-
Estábamos besándonos, querida. ¿no lo notaste?-
Ron se zafó de la viuda y se puso delante de Hermione. Abría y cerraba la boca como si fuera un pescado afuera del agua, pero simplemente no le salía ningún sonido.
Oh, no me digas que te molestó.- la viuda plasmó una afligida expresión en el rostro – Perdona, es que… tú sabes… cuando hay química…-
Hermione, yo te pued…-
Contigo voy a hablar luego- le gruño al pelirrojo y lo apartó del camino para dirigirse directamente a la "dama".- Y usted, Viuda negra- la agarró del fino peinado, haciéndola gritar desesperada mientras la arrastraba hasta la puerta- ¡Se me larga en este mismo instante! -
¡Suéltame, mocosa! ¡¿No puedes soportar la competencia?!-
¿Competencia? ¡Tú no eres competencia para mí! ¡Soy diez veces más joven y bonita! ¡Y más decente, además!-
Ron solo atinaba a mirar con ojos muy abiertos a la bestia que expulsaba a la viuda negra del departamento. Tragó saliva… ¿A él lo lanzaría por la azotea?
Ay… Ya… ya… ¡Mi cabello!-
¡Si no te largas luego te dejaré calva!-
¡Estúpida! ¡No creo que sepas complacer a alguien como Ron!-
¡Mira, vieja loca! ¡Este es mi departamento y ese es mi hombre! ¡Los respetas! ¡Y ahora, Largo!-
Hermione cerró la puerta, pero algo llamó su atención. Corrió hasta el sofá y tomó el abrigo de piel, abrió la puerta y se lo tiró en la cabeza a la viuda Dublé.
¡Ron!- el aludido saltó al sentir el grito- ¡Dile adiós a la viejita!-
Te dejo mi número con el conserje, ¡llámame!-
Lo último que vio la viuda Dublé antes que Hermione le cerrara la puerta por última vez en la cara, fue la mano de Ron agitándose en el aire en son de despedida
Y ahora… ¡TUUUUUUUU!-
Mira, Hermione...-
¡¿Cómo te atreviste?! ¡Te pasaste de la raya!-
Pero yo no hice nada….-
Una nueva persecución se generó. Ron retrocedía hasta el invernadero y de allí a la azotea, mientras la bestia de rizados cabellos castaños le perseguía asomando los dientes y las garras.
No hiciste nada…. MENTIROSO… ¡Pasaste a llevar las normas una vez más!-
Nunca me dijiste que no podía recibir visitas-
¡Estaba implícito!- saltó la castaña apretando los puños en los costados y cerrando los ojos- ¡No podías traer gente al departamento! ¡Sobre todo amantes!-
¡Yo no la traje!- respondió el pelirrojo, deteniéndose al fin. Las pequeñas gotitas de agua ahora eran gotas más gordas- ¡ella vino solita!-
¡Sí, claro!-
¡Ella me siguió, Hermione! ¡De pronto estaba en la puer…!-
¡¿Viste?! ¡Te he dicho mil veces que no le abras la puerta a nadie!-
¡Ya, ok! ¡La abrí! ¡Bárbara tocaba el timbre sin parar y me estaba volviendo loco!-
No tienes porqué aclararme eso, vi muy bien lo loco que te tenía-
No me refiero a eso.- masculló entre dientes el hombre- Esa mujer tocaba y tocaba el timbre…-
No fue lo único que le vi tocar-
¿Y qué si me estaba tocando? Por si no te has dado cuenta, señorita, yo también tengo mi gracia-
Y esa vieja verde la tenía bien ag… ¡Uy, Ron! ¡El departamento no es para que tengas tus affaires!-
¡Yo no la invité! Ella llegó sola y me atacó. ¡Yo estaba muy tranquilo haciéndote carne asada!-
Sí, tenías las manos muy ocupadas en la carne-
La lluvia empezó a caer al fin. Tanto Ron como Hermione estaban quedando empapados. En la sala el brazo metálico del tocadiscos dio vuelta el que vinilo por el lado A y otra vez Gerry Rafferty empezaba a cantar.
¡¿Qué te pasa, Hermione? Estás haciendo demasiado escándalo-
A mí no me Pasa nada. ¡Eres Tú quien hace todo esto!-
¿Yo? ¡Aquí yo fui el único inocente! No tengo la culpa que una señora se encapriche conmigo. Y además, estás reaccionando muy exagerada solo por el hecho de que no cumplí una simple normita-
Si hubieras cumplido esa simple normita, no estaríamos en esta situación-
La lluvia seguía cayendo al ritmo de las canciones que sonaban en el vinilo. Ron y Hermione estaban ya discutiendo frente a frente. La oscuridad les cubría. Solo el faro de los ojos de ambos iluminaba el lugar.
¿Qué fue eso de mi departamento y mi hombre?-
Se lo dije a la vieja para molestarla. ¿No irás a pensar otra cosa?-
¿Sabes? Pareces una esposa celosa. Echaste a esa mujer de aquí como si fuera tu rival.-
¡No estoy celosa!-
¿No?- Ron le atrapó la cintura con una mano- Pues eso no fue lo que vi. Estabas echando fuego.-
Pues no es así. Solo defendía mi territorio-
¿Soy de tu territorio?-
¡Defendía mi departamento!-
Ron le tomó con fuerza el brazo. La tenía pegada a él.
¿Solo tu departamento? ¿tanta furia, tanta energía… solo por un departamento?-
Suéltame-
No, hasta que admitas que si estabas celosa. Que si te enfureció que esa mujer me tocara-
¿No crees que estás siendo muy arrogante?-
Sí, soy arrogante… y tú estás celosa. –
Claro que no. Solo odio que no respetes mis reglas. Que te creas el dueño de todo. Que uses mi casa para acostarte con otras mujeres, ¡sabiendo que tu esposa duerme aquí!-
¿Ahora eres mi esposa? – la apretó más contra él- me tuviste una semana y nunca quisiste ejercer tus derechos sobre mí. Estuvimos a punto de besarnos hace dos noches y te alejaste. Pero ahora no soportas que otra mujer me bese, que me toque, que…-
¡No!- rugió la castaña- ¡No lo soporto! –
¿Por qué? Dime- le susurró Ron casi en los labios.
Porque… porque…-
Hermione respiraba agitadamente. Sentía que el corazón se le salía por la boca. Estaba a centímetros de ese hombre que le había estado carcomiendo las entrañas durante tantos días. Y Sí, estaba celosa, celosa de que otra hiciera lo que ella deseaba, que otra tomara lo que ella quería. Estaba furiosa, furiosa de celos, de ansias, de deseo. Tiró del pelo a Ron para atraerlo y le mordió la boca. Luego le besó con un hambre que ignoraba que sentía. Ron se quejó levemente de dolor, pero pronto respondió a las demandas de la castaña. La apretó contra su cuerpo y se dejó llevar por esas ganas que habían ya desbordado el envase en el que las guardara.
Se besaban sin parar mientras el agua les acariciaba los cuerpos. Hermione entrelazaba los dedos en los mojados cabellos rojos. Ron percibía el calor de ella a través de la húmeda ropa.
Ninguno claudicaba. Ninguno de los dos se detenía para atrapar un poco de aire, pues eso sería rendirse ante la voluntad del otro. Las tibias lenguas luchaban entre caricias ardientes. La gélida lluvia no lograba enfriar la pasión contenida en ellos.
Al fin, vencidos por la falta de aire, ambos se alejaron lentamente, aun con los ojos cerrados. Jadeaban y temblaban, presos ambos de una energía que se desbordaba.
Se miraron. Ninguno podía hablar. Una guitarra eléctrica empezaba a tocar en la salita. (Right Down de Line- Gerry Rafferty)
Ron levantó la mano y, en una lenta caricia, sacó de la frente de Hermione los cabellos mojados que se habían pegado en ella. La chica sentía el ahogo en la garganta que se acentuó al sentir los dedos de él en su piel.
Lo besó de nuevo. Tenía que hacerlo porque sino la hoguera que tenía dentro la consumiría. Ron la dejo hacer, la dejo beberlo. No iba a detener el ímpetu de ella. Tampoco el suyo. No ahora… ya no más.
La castaña detuvo a Ron en medio del beso. Él la miró, de pronto asustado, creyendo que tal vez ella se estaba arrepintiendo. La mujer se soltó de su abrazo y él sintió la amargura del rechazo. Iba a dar un paso atrás para alejarse, derrotado, cuando ella le tomó la mano. Hermione tiró suavemente de ella y le dio la espalda para dirigirse al departamento. Sus pasos eran lentos pero firmes y Ron le siguió como un siervo a su ama. Cada instante era un misterio para el pelirrojo, temía que en cualquier momento ella escaparía y le dejaría así, excitado, exacerbado. Al entrar unos versos flotaban en el aire.
…Threw away all those crazy dreams
I put them all behind
And it was you
woman
Right down the line
Ron dio un tironcito y ella se giró. En un segundo estaban de nuevo abrazados, besándose. Ron muy pronto se puso a besar el cuello delicado. Disfrutaba el sabor de la piel suave mezclado con el agua de lluvia. Hermione le aferraba de la nuca y se arqueaba para darle mejor acceso. Él la atenazaba. La chica sentía la manos recorrerle la espalda con ansias. Poco a poco, los labios de Ron viajaron desde la clavícula hasta los de Hermione. Otro beso, más lento, les permitió a ambos beberse a conciencia. Luego una caricia de narices impuso una pausa. Ninguno de los dos podría retraer la mirada de la boca del otro.
¿Tien… tienes frío?- susurró la castaña
Sí- le respondió él- necesito calor… tu calor-
La mujer bajó las manos y fue levantando el suéter. El pelirrojo, manso y obediente, levantó los brazos y esperó. Primero salió el suéter, luego, la camisa de franela. Ron siguió quieto, esperando. Su mirada encendida ante la expectativa.
Hermione contempló el torso desnudo. Éste subía y bajaba. Levantó la vista, Ron no perdía detalle de sus movimientos. Posó su mano en pecho masculino. La piel estaba tibia.
Tenía… tantas… tantas ganas de tocarte-
Ron sonrió de medio lado.
Hazlo- susurró- tócame-
La chica no esperó que él repitiera la orden. Palmo a palmo, sus manos viajaron. Sus labios tersos dibujaron un camino desde el cuello hasta el centro del pecho. Ron cerraba los ojos. Acariciaba el cabello húmedo. Su deseo se incrementaba más y más a cada avance de su amante. Éste, le arrastró de improviso a arrinconarla contra un muro y besarla, sediento. Ya no controlaba sus manos. Quería abarcar las curvas, quitar la ropa. Quería tenerla de una vez por todas.
Se atacaron mutuamente. Ron ya estaba en medio de las piernas de ella, moviéndose sin pausa. Se devoraban, se tocaban. Hermione lo empujó y se quitó el resto de la blusa a medio desabotonar. El brasier ahora atraía toda la atención del pelirrojo. La castaña empezó a caminar hacia atrás, chocando a veces con alguna cosa, pero sin perder de vista la ardiente mirada de Ron. Él se limitó a seguirla, fijas sus pupilas en las de ella.
De pronto, ya cerca de su puerta, Hermione se bajó los tirantes y desabotonó la prenda. Se mantuvo con ella en vilo. Abrió ligeramente los labios y los humedeció, provocando un golpe de calor en el hombre que la perseguía. Entonces… tiró el sostén al suelo, le dio la espalda al pelirrojo, pero volteó la cabeza para mirarle. Acto seguido entró a su habitación moviendo sensualmente sus caderas, dejando la puerta abierta.
Ron no demoró nada en traspasar el umbral. La abrazó, apoderándose de los pechos para tocarlos. Su boca besaba el hombro desnudo. Hermione cada vez era más consciente su excitación. El miembro inflamado le acariciaba en movimientos constantes. Las bocas se buscaron en la oscuridad, las manos despojaron de las pieles la ropa que estorbaba. Ron tomó a la chica de las caderas y frotó su virilidad en medio de la suave dermis.
Hermione lo llevó a la cama. Él siguió acatando cada orden tácita de ella. Los besos y las caricias más íntimas les arrancaban de las gargantas un coro de gemidos. Ahora ambos estaban en medio de las sábanas. Ron saboreaba los pezones mientras ella se los ofrecía dichosa, sintiendo el eléctrico hormigueo que le provocaba. Sus piernas encadenaban las caderas de él, empujándole, apretándole, haciendo que el pene rozara en caricias eróticas su entrepierna. Se besaron y suspiraron, disfrutando. La humedad de Hermione empapaba el ariete a cada contacto. Ron, lo guió con su mano, para profundizar las caricias. El tacto ardiente entre ambos sexos elevó los niveles de excitación en los amantes. Hermione empujó con sus talones las nalgas del pelirrojo, acompañando la acción con un quejido de deseo. Pero Ron seguía frotándose en ella, complacido por el calor, por la lujuria del momento.
Ron… Ron…- gemía ella.
Ya ninguno quiso prolongar más la espera. Hermione se abrió más, ansiosa, impaciente, y Ron no demoró en penetrarla. Centímetro a centímetro, la estrechez de la chica le daba la bienvenida en un abrazo muy húmedo y acuciante. Luego de un breve momento en que Ron se quedó inmóvil, sintiendo las paredes palpitando sobre su miembro, empezó a deslizarse dentro y fuera de ese paraíso quemante. La chica sentía el roce continuo, la rítmica invasión que cada vez se hacía más profunda. Sentía también la boca de Ron en sus pechos qué, entre embestida y embestida, lamían en círculos sus pezones. Tanta estimulación, la estaba enloqueciendo.
Los minutos pasaban, la lluvia caía sobre Nueva York en una caída persistente. El placer envolvía a los amantes en un vaivén firme, lujurioso. Los besos silenciaban los gemidos que las gargantas no podían contener. Hermione estaba boca abajo en la cama, sintiendo como Ron entraba en ella en ese roce enardecido. Él le levantó de las caderas, logrando una profundidad que a ambos les arrancó un quejido pronunciado. Ya no podían parar, el placer estaba desatado. Ron incrementó su ataque llevado por el deleite.
Luego de que Hermione estallara en un relampagueante orgasmo, Ron sucumbió, no sin antes dar una intensa estocada. Cayó a un lado de la chica, con el rostro sobre la nívea espalda. Los dos con la piel bañada en sudor, los dos con el satisfactorio mareo.
La calma reinó en esa cama. Ron se recuperaba lentamente. Hermione se mantuvo de espaldas. Sin moverse en absoluto. Apretaba los brazos contra su cuerpo, tapándose con las sábanas. Estaba sorprendida de sí misma. Perpleja ante su desacostumbrado desenfreno. No podía creer que acababa tener relaciones sexuales con ese irlandés entrometido. Ella, que siempre tenía el control de todo, que siempre escuchaba más al intelecto que al instinto, había perdido todo recato y se había entregado al placer sin medir consecuencias. Ciega, sorda… loca.
Pasado un rato, Ron empezó a moverse, pero sus movimiento esa una nueva caricia. Su nariz rozaba en pequeñas pausas la espalda de la chica. Recorría cada vértebra. Eso estaba provocando que ella temblara.
¿Qué sucede?- le susurró el hombre al llegar a su oído- ¿Por qué estas tan lejos?-
Estoy aquí-
No, no lo estás- empezó a regarle pequeños besitos en el cuello- vuelve… no me dejes solo en la cama-
La sensatez le decía a la castaña que se alejara de inmediato, que renegara de ese contacto. Pero la pasión le tironeaba para responder. Ron ahora le acariciaba la cadera y el muslo.
Vuelve- le volvió a susurrar.
¿Qué hacer? Ese hombre la tocaba, la exploraba. Y lo peor era que empezaba a descubrir las zonas más sensibles de su piel.
Y eso era demasiado delicioso.
Se giró y un beso dulce y lento le cayó en los labios. Ahora unos dedos acariciaban con ternura sus senos. Las yemas hacían agradables círculos en sus receptivos pezones.
Así era casi imposible resistirse.
Eres más hermosa de lo que imaginaba- le dijo otra vez al oído el pelirrojo- Cada noche me imaginaba como sería saborear tu piel. Moría de ganas de estar contigo-
Yo… yo también pensaba en ti. Pero no creí que esto pasaría.-
Hubiera pasado mucho antes si tú me hubieras dado algún indicio. Pensé que no te atraía en absoluto-
Hermione le miró para luego girar en la cama para quedar frente a frente a él. Para esa hora la lluvia había pasado y unas tímidas luces nocturnas apenas intentaban iluminar el cuarto.
No mientas. Sabías que me atraías poderosamente. Fui demasiado evidente, especialmente cuando te vi desnudo.-
¿En serio?-
Sí- suspiró la chica- me provocabas-
Bésame-
Ella no acudió a la orden de inmediato. Dudó. Por un momento quiso terminar con todo aquello y echar a Ron de su habitación, pero la necesidad de tibieza, de compañía, la necesidad de sentirse mujer la acuciaban.
Hermione… no frenes los que está pasando. Estoy en tu cama, al alcance de tu cuerpo. Tenme, bonita-
Ron…-
Escúchame, nunca en todo el tiempo que llevo de conocer a Mundungus le estuve agradecido de alguna cosa. Nunca… hasta este momento. Cuando él me ofreció entrar en la farsa de un matrimonio, yo pensé que iba a meterme en otro desagradable lío… pero él me trajo a ti, a esta noche… a tus besos, a tus caricias. No sabes cuán contento estoy de que me eligiera a mí y no a otro. Eres la mujer más bella y deliciosa que he tenido-
Ay, Ron…-
Deja que esto fluya. Démonos esta noche. Solo esta noche. Me abriste la puerta, no la cierres ahora. Yo quiero seguir besándote, acariciándote, quiero hacerte el amor otra vez-
El brío retumbaba en el pecho de Hermione. Ella también quería más besos, más caricias. No quería pensar… quería sentir. Quería el calor de Ron sobre ella.
Ven-
Ron se acercó con tormentosa lentitud. La besó del mismo modo. Se recostó sobre ella y dejo que el cuerpo demostrara el deseo profundo que corría por sus venas. Hermione ya no se resistió más. Sus manos se deleitaron en la espalda de su hombre. Sus labios disfrutaron de infinidad de besos. Su cuerpo se entregó definitivamente.
Por esa noche había decidido olvidar todo, todo… excepto el sublime gozo que Ron le estaba prodigando.
