Buenas noches:
Y como siempre, la inspiración me llegó un domingo por la noche cuando tenía que estar durmiendo para enfrentar un día agotador.
Les dejo el capítulo y me voy a la cama. Espero les guste.
Saludos y abrazos.
Yaem ( que se muere de frío y sueño) Gy.
Capítulo 9: El día después.
Abrió los ojos, inexplicablemente se sentía atrapada entre las mantas. Quiso moverse y entonces un brazo que no sabía de dónde había salido le encadenó de la cintura. Un hielo le recorrió la espalda cuando una voz somnolienta sonó en el aire matutino.
¿A dónde vas?... es temprano-
Hermione prefirió no contestar. Se limitó a quedarse inmóvil unos minutos más. Después, lentamente, se fue girando en la cama. Ron estaba otra vez dormido.
Volvió a moverse, ahora con mucho más delicadeza. El pelirrojo había bajado la guardia y roncaba a pata suelta.
La chica aprovechó el momento. Tomó su bata y corrió al baño. Se miró en el espejo. Quiso interrogarse a sí misma el porqué había sucumbido de esa manera. Se quitó la bata y se miró el cuerpo. Su mente de inmediato le trajo el recuerdo de él recorriéndola con su boca y sus manos. Se estremeció. Sentía el aroma de ese hombre en su piel.
Dios… ¿qué hice?... ¿qué hice?-
El agua tibia fue abarcando con rapidez lo que Ron ya había acariciado. El cabello se humedecía, la mente se aclaraba. La chica, bajo millones de gotas de agua, intentaba encontrar una manera de afrontar ese nuevo desvío que había acontecido en su ya atribulada relación con ese irlandés. Se suponía que lo que había pasado esa noche no estaba en el contrato. Que a lo más se tomarían la mano y si era muy necesario se darían un aburrido y casto beso para mantener las apariencias. Pero desde el condenado instante en que él posara sus gastadas botas en su felpudo, todo se había ido al diablo.
No… todo se fue al demonio cuando ella, a escondidas detrás de la puerta, le vio dormido. Tirado sensualmente en la cama.
Desde entonces ya no hubo paz. Peor cuando le vio desnudo…
Y anoche lo había tocado.
Se puso una toalla en el cabello, ató firmemente su bata y salió al pasillo. Miró a hurtadillas por el resquicio de la puerta y él aun seguía acostado en sus bonitas sábanas. Tenía que entrar, tomar lo primero que encontrara y salir de allí para poder vestirse en la otra habitación.
Todo iba bien, estaba por escapar del cuarto cuando...
¿Por qué te levantaste tan temprano?-
Tengo que hacer-
¿Un sábado?-
Los sábados generalmente voy a la plaza que estoy construyendo con mi grupo. Te lo mencioné-
Oh, sí. Los idealistas verdes.-
Hoy van a entregarnos los árboles que donó la madre de Marlene. Ya estoy demorada-
Si quieres puedo ir contigo-
NO… digo… te aburrirás con tanta planta. No somos la clase de personas que tú considerarías interesante-
Tú eres interesante-
No cuando estoy cubierta de tierra y hojas-
Ron pestañeo algunas veces y se sentó en la cama. Su cabello estaba desparramado en criminal provocación. Su mirada era aun peor.
Acabo de imaginar un momento en que serías más que interesante de esa manera-
La sonrisa de medio lado, odiosamente tentadora, remató el cuadro.
Los colores se le subieron al rostro. Condenado intruso que había puesto todo de cabeza desde que llegó.
Debo irme-
Se giró en los talones y salió del cuarto para ir a cambiarse. Con la misma celeridad fue a la cocina por un vaso de agua. Lo bebió todo de un solo trago.
¿Tienes que ir hoy?-
Rayos. Le había seguido.
Ya te dije que debo recibir los árboles-
El calor de Ron la rodeó. Unas manos se apoderaron de su cintura. El aliento y el aroma del ese hombre la arrinconaron.
Yo… creí que pasaríamos el día juntos-
No sé que pudo darte esa idea- dijo la chica, incómoda ahora con la cercanía- Ya sabías que los sábados los ocupo en esta faena-
El sábado pasado no lo hiciste-
Me había surgido un problema inesperado-
El problema aun está aquí-
Cuando sintió los labios de él acariciando su cuello, supo que tenía que salir de allí en ese instante. Se soltó del agarre y dejó el vaso en el fregadero. Ron suspiró, frustrado.
Debo irme. Ya sabes, nada de contestar el teléfono, ni el citófono, mucho menos abrir la puerta.-
Salió y tomó su bolso que había quedado tirado en el suelo gracias al incidente de la noche anterior. Se sentía agitada, nerviosa. Tenía que huir de una vez.
Te arrepientes, ¿verdad?-
La mano le temblaba en el picaporte de la puerta. Un sudor frío empezaba a calarle los huesos.
No sé, Ron. Esto es algo que salió de mi control. Aun tengo la cabeza revuelta y necesito pensar.-
Hermione…-
Por favor. Necesito un poco de aire-
Cerró la puerta y tomó el ascensor. No quiso mirar atrás en todo el trayecto. Al llegar a la recepción ignoró olímpicamente a Alan. No fue tampoco a tomar su acostumbrado desayuno sabatino al cafecito cercano a la plaza. Se dirigió directamente a la faena y una compañera le prestó un delantal pues con el apuro de salir del departamento había olvidado el suyo.
Intentó trabajar, pero su traicionera mente no hacía otra cosa que recordarle una y mil veces esas horas de besos y caricias en los brazos de Ron. Casi podía sentir, otra vez, el roce, el calor, el agitado respirar.
No debió pasar. No debió pasar- se reprendía en susurros mientras horadaba por septuagésima vez el miso agujero en el que suponía debía plantar un rosal.
Hola, preciosa-
Alzó la vista y perdió todo color en el rostro. Allí, al contraste de la mañana, Cormac le sonreía con los brazos cruzados. Presa de la impresión, se levantó como un resorte, apretando la palita que estaba usando.
Pero… ¿Cuándo llegaste?-
Ayer en la madrugada. No pude soportar un día más en Otawa. Te extrañaba mucho-
La castaña sonrió a medias, pero de pronto un remordimiento y una agonía la invadieron; y saltó del lugar en que estaba para correr a los brazos de su novio. Lo abrazó con todas sus fuerzas, intentando encontrarse otra vez en terreno seguro.
Vaya, veo que tú también me extrañabas-
Perdón, perdón-
Cormac se liberó a medias del abrazo y le tomó del mentón para mirarla fijamente a los ojos.
Perdón, ¿por qué?-
La joven se vio de pronto acorralada. Tenía que pensar con rapidez.
Eh… es que he estado tan alejada de ti. Viniste hace unas semanas y no pude estar contigo como quería-
Bueno, eso podemos arreglarlo. Me quedaré en Nueva York hasta el jueves. Hay mucho que podemos hacer hasta ese día.-
Si… claro…-
Cormac la besó. Hermione agradeció ese beso. Lo necesitaba para ordenar el caos que estaba enloqueciéndola por dentro.
Se quedó mirando la puerta con la esperanza de que ella regresara. Pero a los cinco minutos supo que eso no sucedería. Se dirigió a la ventana y esperó hasta que la vio huir por la calle.
Suspiró.
Sí, habían actuado mal. Se habían dejado llevar por la fuerza del momento. Pero hubiera sido imposible resistirse si lo hubieran querido.
Mas, él no se arrepentía.
Ordenó el departamento y lavó su ropa. Después preparó un buen almuerzo, pero ella no regresó. Al final en la tarde se dedicó a catalogar las fotografías en el álbum. Bajo cada una de ella iba poniendo una etiqueta que indicaba que momento estaba aconteciendo según la foto. Eso le llevó un buen rato.
Mientras hacía ese trabajo, silbaba una bella melodía.
Tomó una foto, en ella Hermione sonreía con los ojos cerrados, el cabello danzante. Era una de las fotos que se habían tomado mientras bailaban. Ella salía tan bella que él se perdió un momento observando. La pegó en el álbum para luego poner la etiqueta
"La preciosa Hermione en nuestra luna de miel"
Se quedó pegado contemplando la foto una vez más. Echó la cabeza hacia atrás y meditó. Ella tenía rezón. La situación se les había salido de las manos. Pero el pelirrojo no sentía culpa. Eran solo un hombre y una mujer que se habían entregado a una necesidad normal del ser humano.
Lo anormal era seguir luchando contra lo que los cuerpos querían.
Las horas de ese sábado seguían caminando en una letanía melancólica. Ron decidió mantener la cabeza puesta en otra cosa. Escribió el resto de la tarde, sin parar. La musa había regresado a él y tenía que retenerla todo el tiempo que fuera posible.
Cuando al fin miró la hora, ya eran las once y media. Sacudió la cabeza con decepción. Tal parecía que ella no regresaría a casa esa noche.
Esperó media hora más y recogió sus cosas. Se lavó los dientes y se metió a la cama. Esa sería su primera noche solo en ese departamento.
Estuvieron juntos todo el día. Plantaron varios arbustos, colaboraron en el asentamiento de los hermosos árboles que antes reinaran en el bello jardín de los O'Brien. Cormac parecía feliz de haber regresado. Estaba más participativo. Estuvieron de aquí para allá ajetreados como si fueran ovejas obreras.
Cada cuanto, el médico la tomaba de la cintura y le besaba, sonriente. Ella le correspondía, sus labios solventando una sonrisa.
Almorzaron en un local cercano a la plaza. Después dedicaron su tiempo a ordenar varias herramientas y acomodar arbustos. Así. El día se fue volando y la chica se vio en la última hora de la tarde con las manos sucias, el cabello con hojas, el remordimiento horadándola.
Estaba pensando que podríamos ir a comer algo rico después- dijo su novio.
Sí… puede ser-
Has estado silenciosa esta tarde-
Lo siento. Es que estaba pensando en el trabajo-
Mi hermosa obsesiva, es sábado. Tu trabajo puede sobrevivir sin ti este fin de semana-
Hermione volvió a sonreír. Sentía las mejillas entumecidas de tanto hacerlo todo el día.
Se arreglaron en la casa de una compañera del grupo. Luego, Cormac le tomó de la mano y la llevó justamente a ese restaurante en el cual se había encontrado con Ron hacía unas semanas.
Espero que ya no trabaje aquí se mesero insolente y primitivo. Fue muy odioso la última vez-
La castaña estuvo a punto de contestarle que ya Ron no trabajaba allí. Tuvo que tomar un buen sorbo de agua para ahogar esas palabras.
Bueno, tenemos mucho de qué hablar. Quiero contarte muchas cosas que me pasaron en Otawa. Sé que te gustará oírlas-
Y la conversación se condensó en todo lo que rodeaba a Cormac. Le contó un montón de cosas que ella ya casi no oía porque su mente estaba en otra parte. Solo sentía un zumbido que a veces crecía, otras bajaba. Ella le miraba como si estuviera muy atenta a todo lo que dijera, pero no paraba su cabeza de recordarle esa noche en la que Ron los atendiera. Después… todo fue Ron.
Ron, en el momento en que se conocieron. Ron, casi corriendo con ella por las calles de Nueva York mientras seguían al escurridizo Mundungus. Ron, tan asustado como ella en el momento en que debían sellar su falso matrimonio con un beso. Ron, en su puerta el día de la entrevista…
Ron, tocando sus cosas.
Ron, renegando de la cebada quemada y preparando verdadero café.
Ron, cocinando.
Ron, silbando.
Ron, fumando en la azotea…
Ron… Ron… Ron…
¡Hermione!-
¿Ah?-
¿Me escuchaste?-
Oh, perdón… yo…-
Has estado muy rara todo el día. ¿me vas a decir que te pasa?-
No es nada… de verdad. Es que he tenido problemas en el trabajo. Eso es todo-
¿No me estás mintiendo?-
Ella le miró directamente a los ojos. Afirmando su mirada.
Claro que no, amor. ¿Por qué no caminamos un rato para disfrutar de la noche?-
Pasearon un rato abrazados. Cormac le besaba la frente de vez en cuando. Ella intentaba aferrarse a su pecho como si fuera un salvavidas.
Hermione…-
¿Sí?-
Quiero pasar la noche contigo-
El estómago se le retorció. Los pulmones se detuvieron. La mujer tragó saliva antes de enfrentar la mirada de su novio.
Cormac…-
No me digas que no. Te he extrañado mucho. ¿Hace cuanto que no dormimos juntos? ¿tres, cuatro, cinco meses? –
Cormac…-
Sé que he estado muy ausente en estos meses. No sabes cuándo lo lamento. Pero luego te cambiaste a ese departamento que parece claustro de monjas y no me has dejado entrar. Ni siquiera me has dejado ver ese invernadero.-
Cariño, es que la dueña del edificio es muy estricta. Es una anciana rigurosa con la disciplina. Para ella, una mujer soltera como yo debe regresar a su departamento a una hora prudente y sola.-
No puedes permitir que alguien rija tu vida de esa manera solo porque le alquilas un departamento.-
Cormac… te prometo que en un par de semanas encontraré una solución-
¿Un par de semanas? No… yo quiero a mi mujer ahora-
La atrapó en un fuerte abrazo. La besó con pasión contenida. Ella quiso dejarse llevar, pero pronto empezó a liberarse.
Por favor, entiende-
Mira, vámonos a mi departamento. Si ella te pregunta algo mañana, le dices que dormiste en casa de tus padres-
Ay… es que…-
¿Qué rayos, Hermione? Dijiste que te había hecho falta estos días. Que te alegrabas de verme-
Y es verdad. Pero no estoy preparada para…-
¿Para hacer el amor? ¿Hay que estar preparado para ello? No te entiendo. Me abrazas como si no quisieras que me fuera nunca, pero rechazas mis caricias. Quiero tener una noche contigo y te niegas-
Te lo suplico. Ten paciencia. Tengo cosas que resolver.-
¿Qué cosas?-
Cosas. Cosas mías. Tengo muchos problemas y no estaría concentrada en ti. Y eso sería mucho peor que rechazarte. Te prometo que apenas me libere de ese problema, todo será como antes-
No sé… no sé si pueda seguir esperando-
Hermione lo besó con dulzura.
Unas semanas. Te lo juro-
Se escabulló de los brazos de su novio, tomó el primer taxi que encontró y se fue a su casa. Entró en el lobby y no encontró a Alan. Se extrañó, pero no le dio importancia. Tomó el ascensor y a cada piso sentía mayor peso sobre los hombros. Su estómago estaba arremolinado. Como si mil pájaros estuvieran volando dentro. Al abrirse las puertas, sus pies apenas podían moverse.
Le costó horrores llegar a la puerta. Al sacar las llaves, estas se le cayeron tres veces antes que pudiera conseguir control en sus movimientos. Introdujo la llave y estaba a punto de girarla cuando las puertas del ascensor se abrieron.
¡Cormac!- susurró aterrada.
Tu portero no estaba y aproveché en momento- el hombre se abalanzó contra ella y la arrinconó contra la puerta- Te prometo que mañana me iré muy temprano y nadie sabrá que estuve aquí-
La besó sediento. Ella intentó resistirse, pero la pasión de Cormac era más poderosa.
Fue él quien giró la llave y abrió la puerta. La abrazó contra su pecho sin dejar de besarla y se metió al departamento, cerrando la puerta. Hermione, descontrolada ya por la desesperación, se retorcía para liberarse.
No- susurraba entre besos- No, Cormac… suéltame-
Vamos, preciosa… ya nadie nos puede impedir esto…-
Cormac…-
Te deseo tanto-
Impetuoso en conseguir su cometido, el hombre empezó a abrirle la chaqueta y la blusa. Hermione seguía forcejeando, intentando hacer el menor ruido posible para no despertar a Ron. Cormac no se detuvo y ya estaba besando el escote con lujuria.
¡No, Cormac!-susurraba angustiada.
Ya no te resistas-
¡No!-
Shuuuu-
¡Suéltame!... ¡Suéltame! ¡No quiero!-
De pronto las luces se encendieron.
¡Suéltala, imbécil!- Rugió Ron con la cara roja de furia- ¡Ella no quiere! ¡¿acaso no la escuchas?!-
Hermione ahogó un grito, tapándose el pecho. Cormac estaba de una pieza, mirando al desconocido que estaba allí, en camiseta y pantaloncillos cortos, en el departamento de su novia.
¡¿Quién eres tú?!- preguntó estupefacto para luego mirar a la mujer- ¡¿Quién es él y que hace aquí?!-
Dios… Dios… Dios-
¡Sal de aquí ahora mismo!-
¡Explícame, Hermione!-
Cormac… Mira… es que…-
¡A mí me niegas la entrada por semanas y ahora descubro que tienes a otro hombre metido en tu casa! ¡¿Por qué me estás haciendo esto?!-
Mira, Cormac, es largo de explicar…-
¡No le grites a Hermione!-
¡Yo le grito como quiero! ¡Para eso soy su novio!-
¡Yo yo soy su esposo! ¡Deja a mi mujer en paz y sal de mi casa!-
El grito de horror atronó en las paredes. Hermione se llevó ambas manos a la boca y salió corriendo hacia el cuarto de Ron. Cormac, petrificado por la noticia, demoró en reaccionar. Esto fue aprovechado por Ron para jalarlo de la ropa y empujarlo con violencia hacia la salida.
¡TÚ! ¡Tú eres el mesero grosero! Pero, ¡¿Qué demonios está pasando?!-
Nada que pueda importarte ahora, chivo come pasto. ¡Fuera de mi casa y no regreses más!-
¡Esto nunca te lo voy a perdonar, Hermione! ¡Nunca, entendiste!-
Ya cállate y vete-
Ron le cerró la puerta a Cormac en las narices. Al poco rato se escuchó un fuerte golpe en la puerta. Ron esperó y luego miró por el ojo de buey. El intruso se metía en ese instante al ascensor.
Al girar vio que Hermione venía hecha una loca con su mochila en la mano.
¿Qué haces?-
¡Te vas!-
¿Qué?-
¡Fuera de aquí!-
Acabo de salvarte de ese idiota ¿y me echas?-
¡No tenías por qué decir eso! ¡No tenías por qué!-
Solo dije la verdad. Eres mi mujer-
¡NO! ¡NO LO SOY!-
¿No? ¿Y todo lo que pasó anoche?-
¡OLVIDA LO DE ANOCHE! ¡Fue un maldito error! Ahora ¡Fuera! ¡Largo!-
Con una fuerza impensada en una mujer de rasgos tan delicados, Hermione empujó a Ron del pecho. Fue hasta la puerta la abrió y lanzó la mochila a su suerte. Luego volvió a empujar del pelirrojo hasta que al fin lo sacó del departamento.
No, Hermione. Contrólate-
¡Fuera! ¡Fuera de Mí departamento! ¡Fuera de Mí Vida!-
No me hagas esto-
Pero la chica no le escuchó. Le cerró la puerta en las narices de la misma manera en la que él se la había cerrado a Cormac.
Hermione tiró del protector del ojo de buey y este giró largo rato. A través de este se podía ver el rostro sorprendido y aturdido del irlandés. Luego de varias vueltas, el protector al fin se detuvo, ocultando a Ron detrás de la puerta.
Hermione se fue a su cuarto y se aferró a la almohada. Se puso a llorar como no lo había hecho en semanas. Había perdido a Cormac. Él en verdad nunca le perdonaría el incidente. Ahora su secreto se expandiría por toda la ciudad y no sabía cómo iba a lidiar con ello.
Lo único que quería era que Ron se hiciera humo. Que se desapareciera y no regresara jamás.
Ese intruso al fin lo había arruinado todo. Había destrozado su noviazgo. Había destrozado su vida. Quería golpearlo. Estaba tan furiosa que quería romperle los huesos.
Estúpido- lloriqueó- No tenías que decir eso… no tenías que decir eso…-
El llanto la venció al cabo de una hora. El sueño la acogió en un onírico consuelo.
Tembló, se miró a sí misma. Se había quedado dormida sobre las cobijas. Se metió en la cama e intentó dormir de nuevo. Media hora después, ya con la mañana plena, sintió voces en el pasillo.
Pestañeó. Agudizó el oído y pudo reconocer la voz de la Duquesa. Se asustó. De pronto se acordó de Ron. Saltó de la cama y, mientras se ponía la bata, se fue corriendo a la puerta.
Al abrirla, vio que Ron se levantaba del suelo mientras la Duquesa le daba golpecitos con su bastón.
Esto es inaudito. Nunca vi antes a alguno de mis inquilinos dormido en mi pasillo-
Duquesa… Ron… ¿Qué… Qué pasó?-
Es que…-
Oh, otra vez olvidaste la llave- Dijo la mujer tomando con rapidez al mochila del pelirrojo.
Eh… sí… no quería despertarte-
No me gusta esto. Anoche creí escuchar gritos- dijo la anciana, molesta.
¿Gritos? No, aquí nadie a gritado. Dijo la castaña con su mejor cara de inocencia-
Ron se mantuvo hermético. Hermione, mientras, le tomaba del brazo tirándolo de vuelta al departamento. La Duquesa se quejó un rato más y luego se metió al ascensor para marcharse.
Apenas la chica cerró la puerta, Ron se soltó del agarre de un tirón. Tomó su mochila y se alejó de ella. Hermione le vio salir y marcharse a la azotea. Lo siguió y le vio encender el primer cigarro del día. Escondió los pulgares en las palmas cerradas. El hombre terminó pronto el primer cigarro. Muy pronto le siguió otro. Él solo miraba a la ciudad. Nunca a ella.
Perfecto- mascullo la chica- ahora se hace el ofendido-
Lo dejó a su suerte en la azotea y se fue a su cuarto para dormir otro poco. Durmió una hora y partió al baño. Luego de asearse y vestirse, empezó a hacer el desayuno.
Té, café recién hecho, tocino, cereal, pan, galletitas de soda. Dos puestos en la mesa.
Espero diez minutos, pero Ron no venía. Salió de la cocina y vio que él seguía en la azotea. Fue hasta allá y vio tiradas varias colillas de cigarro. Ron seguía exactamente en el mismo lugar en donde ella lo dejara.
El desayuno está listo-
Bien por ti-
Se enfría-
Él ni se molestó en responder. Solo alzó los hombros en señal de que no le importaba.
El enojo volvía a las venas de Hermione. Su perfecto desayuno dominguero se arruinaba en la cocina. Ella había consumido tiempo en ello y no permitiría que eso no fuera valorado.
Salió y le tiró del codo. Ron volvió a zafarse con brusquedad. Ambos estaban hechos una furia.
No me vas a dejar con el desayuno servido-
Ron se giró y al fin y por primera vez desde que le conocía, Hermione le vio enojado de verdad.
Has con ese desayuno lo que se te antoje. Tíralo al retrete si quieres. A mí déjame en paz-
No voy a permitir que me hables en ese tono en mi casa-
Oh, claro. Tu casa. Bien, me voy entonces. Anoche no lo pude hacer porque Alan ya había cerrado el edificio. Pero ya no tengo nada que me lo impida-
Pasando a llevar a la chica, intentó marcharse. Pero ella le volvió a asir del brazo.
¿A donde vas? –
¿Qué te importa?-
No puedes irte ahora. La Duquesa…-
Anoche no te importó nada lanzarme a la calle. Pero claro, ahora te importa mucho que pueda estar pensando la anciana esa-
Mira, Ron…-
¡No! ¡Mira Tú! ¡No tenías porqué reaccionar de esa manera anoche! ¡ese tipo te estaba forzando y yo solo traté de impedirle que se aprovechara de ti!-
¡Tú le dijiste que eras mi esposo!-
¡Porque lo soy, Hermione! ¡Aunque te pese soy tu esposo y te hice mi mujer solo hace dos noches! ¡No dije ninguna mentira!-
¡Perdí a Cormac por tu culpa! Ahora todos van a enterarse-
Oh, claro. Arruiné tu perfecta vida de niñita bien. Pues, que lástima, ya está hecho. Si no querías que eso pasara nunca debiste meterte en este lío. Tú me metiste en este departamento. Tú engañaste a tu gobierno y a la vieja esa para tener todo lo que deseas.-
¡Tú también engañaste!-
Sí, pero mis motivos son completamente distintos a los tuyos. Tú puedes conseguir todo esto sin necesidad de mentir, Hermione. Pero estás tan obsesionada con conseguir lo que quieres, al costo que sea, que no te importa a cuantos arrastres en tu cometido. Debiste ser sincera con tu novio desde un principio, a lo mejor él hubiera estado dispuesto a ayudarte, pero no… la señora tiene que conseguir las cosas a sus manera. Ni él te importó. Solo tú, solo te importas tú misma.-
No puedes decir eso…-
Claro que puedo. ¿Sabes lo que es dormir en el suelo? ¿Sabes lo que es no tener un techo donde cobijarte? ¿Pensaste eso anoche cuando me corriste? No, solo pensabas en que había hecho pedazos tu lindo mundo de fantasía. ¿Sabes? A mí nunca me ha gustado estar donde no me quieren. Prefiero dormir en la calle a imponer mi presencia a la gente. Odio estorbarle a las personas. Pero siempre he hecho las cosas por voluntad propia. Yo decido si soporto o no a alguien, siempre y cuando esto me pueda convenir. Yo no quería venir a este lugar desde un comienzo, pero tenía que hacerlo porque de eso dependía mi futuro. Sé que no me soportas, que me miras como si fuera un bicho raro y que te arrepientes de una noche que tú misma deseaste en un principio. Pero ya no te voy a seguir importunando con mi molesta presencia. Ya no me importa la maldita tarjeta verde. No pienso seguir aguantando tus desplantes de niña rica y consentida un minuto más.-
Se dirigió al saloncito y revisó sus cosas. Vio que le faltaba su vinilo y partió al cuarto que había ocupado para tomarlo. Mientras, una horrorizada Hermione le había seguido y miraba como su invernadero y su excelente puesto de trabajo terminaba de guardar sus cosas para largarse por la puerta para siempre.
El miedo a perderlo todo fue más poderoso que cualquier enojo.
Corrió a la puerta y bloqueó el paso. Ron La miró con odio genuino y tiró del codo para sacarla.
¡Déjame salir!-
¡No!-
Anoche lo único que querías era que me fuera-
Anoche estaba furiosa, ofuscada-
Sí, pues ahora el furioso y ofuscado soy yo. Sal del camino-
No. No te voy a dejar salir. No voy a perder todo lo que tengo por tu culpa-
¿Ves? Tú, tú y solo tú. Nada más importa. Déjame ir-
No- Hermione hizo un puchero- No puedes irte. Mañana… mañana es la entrevista en el departamento de inmigración-
¡A la mierda la entrevista! ¡Yo me largo!-
La corrió y abrió la puerta. Como una tromba salió al pasillo y apretó el botón del ascensor. Hermione entonces cayó en total desesperación. El llanto se arremolinó en su garganta. Corrió hasta Ron y le tomó la mochila. Temblaba entera.
No te vayas-
Vete al diablo-
Te lo ruego-
Ya, suelta la mochila-
No puedes abandonarlo todo ahora-
Tú tienes dinero. Un abogado. No faltará la manera en que te libres de todo. A mi déjame en paz-
La puerta del ascensor se abrió y Ron Tiró la mochila con demasiada fuerza. El tirón lastimó la muñeca de la chica quien se quejó al momento. Ron se giró a mirarla, medio furioso, medio inquieto por haberla lastimado. La vio presa del llanto.
Las puertas del ascensor se cerraron.
El silencio inundó todo. La respiración de la chica se hizo cada vez más agitada.
Él se había ido. Todo se había acabado.
Arrastró los pies y se metió al departamento. Se acariciaba la muñeca que ahora empezaba a doler más. Se tiró al sillón y lloró. Iba a perder todo lo que quería. Su departamento, su invernadero, su trabajo… podía perder hasta su libertad.
Te odio, Ronald. Por tu culpa perdí todo-
El timbre sonó y eso la asustó sobre manera. Tembló de pies a cabeza. A duras penas llegó hasta la puerta y miró por el ojo de buey.
Allí estaba él. Aun tenía sus ojos llenos de fuego. Ella se limpió los ojos y abrió la puerta.
¿Cómo está tu muñeca?-
Duele-
Maldición-
Ron entró y se metió en la cocina. Sacó hielo y lo envolvió en un paño de cocina. Volvió al recibidor y lo puso en la muñeca.
No debiste tomar la mochila-
No debiste tirar tan fuerte de ella- dijo entre lágrimas la chica.
Eres una tonta- le dijo Ron con la voz estrangulada.
La llevó al sillón y la sentó en él. Luego fue por un vaso con agua. La castaña lo bebió a sorbitos mientras moqueaba. El irlandés fue al baño y tomó ´papel para dárselo.
Ella se limpió la nariz, pero siguió gimoteando. De vez en cuando el pelirrojo cerraba los ojos de la impotencia.
Creí que te ibas-
Aun me puedo ir si quieres-
No-
Ok-
Ron tomó su mochila y volvió a la azotea. Allí se sentó en el suelo, apoyando la espalda en un muro. Hermione demoró en comprender lo que pasaba. Salió a ver en donde él se había metido.
No tienes que quedarte allí todo el día-
No tengo nada que hacer allá adentro.-
Ron…-
Tú en tu lugar y yo en el mío. Así nos llevaremos mucho mejor. Al menos ahora yo elegí quedarme afuera.-
Ella no supo qué hacer. Se devolvió y tomó su desayuno frío. Pero a cada bocado recordaba que él no había comido nada.
Con dificultad, pues la muñeca se había inflamado un poco, calentó el desayuno de Ron. Salió a la azotea y lo dejó a poca distancia de él.
Come-
No tienes por qué sentir lástima. Estoy acostumbrado a no probar bocado-
Deja de ser un orgulloso y come. Me costó mucho trabajo llegar hasta aquí trayendo tu comida con mi muñeca lastimada.-
¿Vas a atormentarme con ello ahora? ¿Crees que no me arrepiento de haber tirado tan fuerte de la mochila?-
Solo quiero que comas-
Por todos los demonios, Hermione- susurró- ¿No puedes dejarme tranquilo hasta que se me pase el enojo? Solo hace tu vida normal. No sé, lee, escribe, métete entre tus plantas.-
Lo haré cuando comas-
Ron rechinó los dientes. Tomó el café y lo probó. Lo atrapó con ambas manos pues la mañana estaba fría. Luego comió su tocino y su pan. Ella no le dejó en paz hasta que la comida desapareció.
Bien. Ahora cada uno hace su vida hasta la hora del almuerzo- Dijo ella tratando de llevarse la bandeja. Pero Ron la tomó y no se detuvo hasta que llegó a la cocina, lavó los trastos y los dejó secando. Luego retornó a su espacio libre.
Ella intentó olvidar que afuera hacía frío. Intentó olvidar que él estaba sentado en el duro concreto. Intentó tomar un libro y leer. Pero no pudo. Al llegar el almuerzo lo atosigó otra vez. Pero ahora no quiso llevarle la comida, lo obligó a comer con ella en la cocina.
No quiero que vuelvas a la azotea.-
Eso no me importa-
Hace frío-
No es la primera vez que paso frío-
El departamento está tibio-
No es mi departamento-
Hermione respiró profundamente.
Mira, vamos a llevar la fiesta en paz. Quédate en tu cuarto el resto del día si no me quieres ver la cara. Yo haré lo imposible por no molestarte. Solo será hasta que la entrevista termine y luego podrás irte a donde quieras-
No quiero ser un estorbo-
Te estoy cediendo espacio. Pon un poco de tu parte-
Ron se mordió los labios pero agitó la cabeza afirmativamente. Fue a la azotea y tomó sus cosas, para meterse de un viaje a su cuarto y cerrar la puerta.
Las horas fueron pasando lentas. Cada uno estaba en su cama. Solo con su resentimiento.
Ese domingo fue deprimente. Triste. No había ruido, no había música. Para colmo el cielo estaba muy nublado. Ya de noche, Hermione salió para tomar un té y comer un panecillo. Al poco rato Ron entraba para hacer algo parecido.
No se dijeron nada. Solo estuvieron en el mismo sitio, pero a una abismante distancia. Hermione ya se disponía a volver a su cuarto cuando él le habló.
¿Cómo sigue tu muñeca?-
Bien-
A ver-
Ella no quería que la viera, pero Ron era un terco. La muñeca estaba inflamada.
Rayos. En verdad lo lamento-
No te preocupes. Sé que no fue tu intención-
Vamos a urgencias-
No-
Hermione-
Estaré bien. Estoy tomando un antiinflamatorio. Si mañana sigue igual iré a que me la revisen-
Perdóname-
Se miraron a los ojos luego de muchas horas. Ron expresaba un sincero arrepentimiento. Ella sentía más dolor en el pecho en la muñeca.
No hay problema-
Ella se alejó, pero se detuvo.
¿Por qué volviste?-
Por qué no quería que perdieras todo por mi culpa-
Se quedaron en silencio. Luego ella lo rompió otra vez.
Mañana al fin termina todo-
Sí, al fin-
Fue una semana agitada- ella sonrió involuntariamente.
Mucho- Ron le devolvió la sonrisa.
Buenas noches-
Buenas noches-
Ella regresó a su cuarto y se cambió de ropa. Se metió entre las sábanas e intentó dormir. Pero no podía. Una y otra vez miró el picaporte de su puerta. Una y otra vez esperó ver la sombra de una figura bajo el espacio en ella. Una y otra vez deseó que esa puerta se abriera y que él entrara.
Esa era su última noche. La última. Ella quería sentir su abrazo. Quería dormir en su calor.
Lo quería con ella.
Pero él nunca vino.
Solo quedaba esperar que el que viniera… fuera el sueño.
AHHHHHH… sí, esto no terminó como dije. Se me hizo muy largo y quedó así. Ahora sí que el siguiente capítulo es el último.
Bye.
