Epílogo:

El largo vuelo a través del océano solo acrecentaba su ansiedad. Luego, la escala en Londres, no ayudó. En la capital de Inglaterra llovía. Eso le trajo tantos recuerdos.

Ahora, solo quedaban cuarenta minutos de viaje. Miró por la ventana y a los lejos pudo divisar las costas de Irlanda. Aunque el tiempo no era el mejor, pudo apreciar el paisaje. Suspiró, todo era tan distinto a como lo había imaginado.

El piloto habló por los altoparlantes. Dublín estaba ya a escasa distancia. Había que abrocharse los cinturones.

No le gustaban los aterrizajes. Siempre se asustaba una enormidad, como si fuera la primera vez.

Nunca podré perder este miedo- se susurró.

Se tomó ambas manos, acariciando el sencillo pero bello anillo de bodas. Lo miró con tristeza, peor con emoción.

Buscó en ese anillo la fortaleza que necesitaba en esos momentos.

Luego, todo fue papeleo. El pasaporte, los documentos de identificación. Pasar de una ventanilla a la otra para dejar todo aclarado.

Pestañeó varias veces al mirar la hoja en donde un grueso timbre había marcado el destino.

"Dublín, Irlanda"

Guardó sus cosas, acomodó su equipaje. Miró al fin a las puertas corredizas que le separaban del exterior.

Sintió los nervios, su corazón latió a mil por hora.

¿Él habría venido por ella?

Aferró su equipaje. Empezó a avanzar en la total incertidumbre. Sus taconcitos marcaban un ritmo inquieto en el frío suelo del aeropuerto. Cruzó el umbral y miró a todos lados.

Pero no se veía a nadie.

Pestañeó asustada. Su respiración se agitó. Un puchero la tomó por asalto.

Se detuvo. Soltó su maleta y se abrazó a sí misma. Estaba sola en un país desconocido. Sola… sin él.

La humedad empezó a irrigar lentamente su vista. Bajó los brazos y agachó la cabeza. Con el dolor en la garganta, volvió a tomar su equipaje. Lo mejor era ver cual era el siguiente vuelo a Nueva York. Pero sabía que tendría que esperar, pues el tiempo empezaba a empeorar.

Giró en sus talones. Una lágrima escapó de su control. No pensó que tendría que regresar tan pronto.

¡Hermione!-

El grito en medio del ajetreo del aeropuerto, le hizo saltar el corazón. Se volvió en segundos y vio que hacia ella venía corriendo un hombre.

Sus ojos se inundaron al reconocerlo. Llevando el equipaje como bulto, corrió también.

A los pocos metros, dejó la maleta tirada en medio del hall.

Corrió con todas su energías, corrió asfixiada de tanta soledad. Corrió como nunca habría creído hacerlo.

Tan veloces y enérgicos venían en su carrera que al abrazarse, ambos fueron víctimas de la inercia. Casi cayeron.

¡Ron! ¿Dónde estabas?- empezó a lloriquear ella.

Bonita, no… no llores- la abrazó con toda su fuerza- Tuvimos problemas al estacionarnos… No, no amor… ya estoy aquí-

El pelirrojo le tomó del rostro y le dio lo que ella había soñado tanto por seis meses. Ese beso que moría por recibir.

Ella lo tomó del cabello, lo tenía húmedo, lo atrajo más y se dejó llevar por esa hambre que la había estado aniquilando por tanto tiempo.

Sí, así era el sabor de su boca. Así de embriagante era su aroma. Así de maravilloso era su calor.

Tal como lo recordaba.

Mi amor- susurró- ya no hallaba la hora de estar en tus brazos-

Ni yo, bonita- He soñado con este momento desde el mismo instante en que me marché.

Se besaron otra vez. Luego Hermione se acurrucó en sus brazos. Por un momento, ninguno se movió. Solo disfrutaban el tenerse mutuamente.

¿Y tu equipaje?-

¿Ah? Yo… lo solté-

Ron miró a la distancia y vio tirada una maleta. Tomó a su mujer de la mano y ambos fueron al rescate. Luego de tomar la maleta con su otra mano, Ron la miró. Ella aun estaba bañada en lágrimas.

Soltó la maleta y empezó a secar las lágrimas. Luego le dio un beso a cada ojito llorón. Hermione sonrió y le acarició con el rostro.

Tenemos que irnos pronto. La lluvia pronto inundará la carretera.

Antes… quiero otro beso- Hermione lo miró suplicante.

Él la miró, pestañeó lentamente un par de veces mientras la sonrisa afloraba. Despacio, consumiendo cada centímetro a una velocidad desesperantemente lenta, posó sus tibios labios en los de ella. Con ellos la acarició dulcemente, tiernamente. Pronto la tomó de la nuca. Ella de la cintura. Por un tiempo que ambos consideraron maravilloso, el hermoso beso se prolongó. Mas, la delicadeza dio paso al sentimiento contenido, apenas ella abriera un poquito su boca, Ron la invadió. Ahora el beso era intenso, febril de angustiosa espera. Solo la necesidad de respirar los alejó de lo que ambos deseaban.

Rayos- dijo Ron en un susurro jadeante- Como extrañaba tu boca, mujer- pegó su frente a la de ella- la he pasado tan mal sin ti-

Y yo… el departamento es inmenso sin tu presencia. Abrázame… necesito creer que esto no es otro sueño más-

Yo también necesito creer que es verdad-

Ron la abrazó, obedeciendo a su pedido otra vez. Mientras, aspiraba el amado perfume que emanaba del cabello de ella.

Hermione- susurró- debemos irnos. El camino a la madriguera no es muy corto y la lluvia empeora.

Tomados de la mano y llevando la casi ignorada maleta, el matrimonio Weasley caminó por el atestado hall del aeropuerto. Hermione apoyaba su cabeza en el brazo de su esposo. Al fin era feliz, luego de pasar meses de sufrimiento.

A poca distancia de la salida, Ron saludó a alguien, Hermione vio que el aludido agitaba la mano. Era un hombre moreno, de ojos verdes y lentes redondos, muy a la moda en ese tiempo.

Harry, esta bella mujer que llevo de la mano es mi Hermione. Bonita, él es el loco inglés que mi hermana cazó-

Tanto Harry como Hermione se sonrieron mutuamente. El moreno movió la cabeza negando.

Digamos que ambos nos echamos el guante- alegó.

Al salir, la lluvia caía como una cortina. Se fueron corriendo por la vereda hasta llegar a los estacionamientos. Al entrar al carro, todos llevaban el cabello empapado. Ron llevaba una tentadoras gotitas que le recorrían el rostro y el cuello.

La chica abrió su maleta y sacó una toalla la cual puso sobre el mojado pelo rojizo para secarlo. Harry, desde el asiento delantero los miró. Ron se dejaba atender como si fuera un niño. Ella se esmeraba en su faena. Sonrió.

Tengo otra toalla para ti- le dijo la señora Weasley

No te preocupes, cuando llegue a casa, mi mujer se preocupará de mimarme como ahora tú lo haces con este bandido. Además, tengo aquí una para sacar el exceso de agua. Gracias-

Ya de camino al hogar paterno de Ron, Hermione se acurrucó en el pecho de su esposo. Él le acariciaba el rostro y el cabello aun un poquito húmedo. En ese instante a ella poco le importaban los bellos campos que se veían por la ventanilla. Tampoco escuchaba la música que Harry había puesto en la radio. Solo escuchaba la respiración y los latidos acompasados de ese corazón que ella ansiaba. Nada más le importaba.

No te quedes dormida. Aun tienes el pelo mojado-

No lo haré. Solo quiero seguir así-

El pelirrojo le levantó el mentón. Se contemplaron, Harry siguió preocupado del camino y prefirió no mirarlos besarse, para no interrumpir.

Ya estamos en la Madriguera- dijo el moreno al cabo de hora y media. El temporal había amainado y se podía ver el gris paisaje campestre y la casa a pocos metros.

Entonces Hermione se inquietó. Tragó saliva y se escondió en el hombro de Ron.

Tranquila, no muerden. Bueno, Ginny si muerde, pero a ti no va a hacerte daño- le dijo él con cariño.

Ella esperaba un recibimiento, pero se quedó corta con el apretado abrazo de la madre de Ron y la cálida sonrisa de su padre. Luego vio un montón de pelirrojos que salían de todos lados de la casa.

Su mejilla quedó colorada de tantos besos de bienvenida.

Oh, demonios- escuchó a una pelirroja que se apresuraba con una toalla- ¡Ron! ¡mira como me devuelves a mi marido!

Sí, cariño. Me dejó en la lluvia- hacía un puchero el desvalido esposo- enfermaré-

Sí mi Harry se enferma te mato- gruñó la chica mirando al pelirrojo con el ceño fruncido. Éste solo puso los ojos en blanco.

La reunión fue ajetreada. Todos hablaban. Hacían preguntas. Los hermanos gemelos de Ron hicieron un par de bromas que dejaron perpleja a la chica, pero Ron solo le dijo que no les hiciera caso. Luego, pasaron a una cena que asombró a Hermione. La mesa estaba repleta de comida. Pollo, pavo, ensaladas, carne asada. Al ver a su familia política comer, tuvo que morderse los labios para no reír. Además, debió comer un trozo de carne, pues, a la suegra no se la podía desairar.

Se armó después una fiesta, Harry tocaba el violín, Ron la guitarra, Arthur, el patriarca entonaba una movida canción irlandesa y Ginny junto a Fleur, la bella esposa de otro hermano de Ron, bailaban al ritmo de la música. Hermione hubiera querido participar, pero ya estaba cansada. Además, los nervios volvían a hacer presa de ella.

Bueno. Ya es hora que Hermione descanse. Ha tenido un largo viaje- dijo la señora Weasley- Ron, lleva a tu esposa a su cuarto.

Ron la atravesó con la mirada. Ella sintió que la quemaba con ella.

Bajo el murmullo suspicaz de los gemelos y la mirada pícara de Ginny. Ron la tomó de la mano y se despidió de todos. La llevó por las escaleras y le fue indicando a quien pertenecía cada habitación por la que pasaban.

En el tercer nivel, Ron se detuvo. Para entonces Hermione llevaba en el pecho un latido endemoniado.

Ésta- él trago saliva- … es nuestra habitación-

Al abrir y encender la luz, Hermione entró y miró con vista panorámica todo el lugar. No era una habitación muy grande, más se parecía al cuartito que habitara Ron en el departamento. Los muros estaban adornados con poster de un equipo de fútbol. La ventana tenía marco de una madera sobria. La cama no era grande tampoco, pero estaba vestida con una acogedora colcha naranja.

Sé que esto no es a lo que estás acostumbrada.- escuchó a sus espaldas.

Es más lindo de lo que imaginaba-

Se giró y regaló a su esposo una amplia sonrisa.

Ron cerró la puerta. Ese solo sonido hizo saltar el corazón de la mujer.

Tu maleta está allí, por si necesitas cambiarte o algo- señaló sobre una cómoda.

Sí, claro-

Ella fue al lugar indicado, pero no podía abrir la maleta. Sus manos se habían puesto torpes y sus dedos temblorosos. Sentía el espasmo al estar de espaldas a él. Las mariposas en el estómago hacían estragos.

De pronto, sintió como él caía sobre ella y la aferraba, atacando su cuello.

Linda, ya no puedo… - le besaba la clavícula- He querido tenerte desde que te vi- se abalanzó hasta el oído de ella- tengo tantas ganas de ti, preciosa.

Ella se dejó hacer, afirmando su mano en la nuca de él. Muy pronto, las manos grandes de Ron fueron tocándola, abarcándola entre la ternura y el deseo. Ella suspiraba. Otras, jadeaba. Ron la giró y la cargó de la cintura. Llevándola a la cama. Ahora se besaban con pasión, con hambre mutua. Cada uno deshaciéndose de la ropa del otro, entre besos y caricias.

Te extrañe tanto… tanto- susurraba la castaña, arqueándose para darle mayor acceso a sus pechos. Estaba frenética. Embriagada por el calor que él emanaba.

Sin previo aviso, Ron se detuvo. Se quedó hundido en el valle de los senos. La apretó más contra él.

¿Qué pasa?-

Aun no puedo creer que esto esté pasando. Aun pienso que es solo un sueño. Que tu calor, el sabor de tu piel, el fuego de tus besos son solo parte de mi imaginación. Estos meses han sido una pesadilla. A veces sentía el impulso de meterme de polizón al primer avión y volver a ti.-

Ron…-

Es cierto- dijo él mirándola ahora- Jamás pensé que esto me pasaría. Me enamoré de ti, bonita. Lo que más deseaba era volver a verte. A sentirte. El solo hecho de perderme en tu mirada bien valía todo riesgo-

Tonto. Ven, tonto. Ven… dame un beso-

Obediente, como siempre. Ron acató el mandato. Ella lo atrapó con brazos y piernas.

Otra vez la pasión dominó a los cuerpos que se entregaban. Los besos y caricias subieron cada vez más la temperatura. Hermione aferró las caderas de Ron cuando él al fin estuvo dentro de ella.

Envueltos en las sábanas y mantas de esa acogedora cama, hicieron el amor con intensidad, pasión y una emoción que se desbordaba de sus cuerpos. Al fin estaban juntos.

Al fin.

El calor, el delicioso roce, los gemidos de placer de Ron, la estaban volviendo loca. Perdió el control por completo cuando él aumentó el frenesí de sus embestidas. Ahora ella le seguía el desquiciado ritmo. Ahora ella gemía extasiada.

El pelirrojo acalló el brutal orgasmo con un beso profundo, mientras su movimiento se hacía más arrollador.

Tuvo que callar su propio grito mordiendo la almohada. Ella lo abrazaba, le acariciaba la espalda. Dichosa.

No sabían qué hora era. Ron quedó de espaldas en la cama. Hermione se acomodó en el pecho de su hombre. Cada cuanto le regalaba un besito en la piel.

Me hubiera gustado escucharte- dijo él – pero aquí no podemos hacer tanto ruido- rió bajito.

Perdón- escondió ella el rostro- es que me lo hiciste tan bien. Lo necesitaba tanto-

Y yo. – la incitó a que lo mirara- Me siento agotado, pero feliz.

Te amo-

Él le regaló otra de esas sonrisas que la desarmaban.

Ven, recuéstate en mi pecho.-

Ella quedó sobre él, así Ron pudo juguetear con sus rizos. Podían sentirse mutuamente la piel. Ahora Ron la cazaba con su pierna entre las de ella.

Amo tu cabello. Me volvió loco desde un comienzo. Deseaba tanto enredar mis dedos en él-

Ella lo besó. Él atrapó el cabello con sus manos y la aferró de la nuca.

Te amo, Hermione- susurró, una vez libre de esos dulces labios.

Se quedaron quietos por un rato. Serenos. Unidos en ese mágico abrazo.

Me encantó la composición- dijo Hermione de pronto.

¿La escuchaste?-

Pedí que me la interpretaran. Es hermosa.-

Pues, mañana iremos al pueblo y allí la interpretaré para ti en un piano. ¿trajiste la partitura?

Claro que la traje- dijo ella autosuficiente- ¿crees que se me pasaría traer algo tan importante? Tu esposa es muy eficiente.

Sí, eficiente, regañona y mandona- le acarició la nariz con la suya- y me encantas-

Otro beso apasionado les calló las bocas. Ron le cubrió la espalda con las mantas. Se llenaron de caricias y mimos.

El descanso era necesario, pronto el fuego del amor les atraparía otra vez. Ahora la paz de los latidos de Ron sosegaba a Hermione. Estaba en los brazos del hombre que amaba. Era dueña de sus besos, de sus caricias, de su calor.

Sonrió. Él le daba pequeños besitos en el cabello.

Era suyo, su esposo, su amor. Retozando en ese tibio nido, Hermione comprendió que al fin tenía todo lo que deseaba.

Este era el más maravilloso de los comienzos.

Cha Chaaaaaaan

Oh, sorpresa, a pedido de las insatisfechas lectoras, he dejado este regalo.

Con esto cierro el telón por completo.

Este es para mí el tema que Ron le compuso a Hermione. Mil permisos a Yiruma por tomar prestada esta hermosa melodía.

watch?v=so6ExplQlaY Kiss the Rain.

Un abrazo. Adiós.