Capítulo 2: Reencuentro


Sí, por más increíble que le pareciera, estaba justo en frente suyo… su hijo. Su retoño del futuro. Casi instantáneamente, imágenes del torneo de Cell vinieron a su cabeza en un flashback mental. La escena donde esa lagartija atravesó el cuerpo de Trunks con una terrible onda de energía, lo sacudió como si la viviera nuevamente. Nunca podría olvidar la furia y desesperación que despertó en él ese hecho tan trágico.

Trunks, por su parte, se dio cuenta que su padre había estado en el mismo lugar donde su nave apareció, quedando momentáneamente ciego por la intensidad de la luz. Por esa razón no dudó en lanzarle su espada: para que pudiera reconocerlo. La emoción que sentía por ver nuevamente a su padre lo embargó por completo. Tenía muchas ganas de abrazarlo, tal como hace un hijo al ver a su padre después de tanto tiempo… pero… ¡era Vegeta! Así que mejor no lo hizo para no perder algún brazo o un ojo.

Un profundo silencio se adueñó del ambiente por varios segundos. La emoción se desparramaba por cada rincón y es que habían pasado muchos años desde la última vez que se vieron. Pero a pesar de eso, ambos no habían cambiado en nada. Trunks seguía casi igual que cuando se vieron por primera vez... el mismo aire jovial, la misma profundidad en su mirada… ¡hasta la misma ropa! Era muy claro que aquella chaqueta con el logo de Capsule Corp. era su consentida.

Vegeta respiró profundo para calmar su sorpresa. Jamás se había esperado una visita tan inesperada. ¿Cómo debía reaccionar? Las ganas de abrazarlo fueron fuertes… pero no podía permitirse tanta cursilería.

Ante su inusitado silencio escuchó la primera pregunta de Trunks.

—Papá… ¿estás bien? — preguntó algo preocupado.

—¿A qué viniste? — se oyó una respuesta seca al instante.

Trunks dio un suspiro e hizo un inevitable mohín, dándose cuenta que su padre seguía siendo el mismo hombre: frío, terco y orgulloso. Igual que cuando lo conoció.

—Bueno, antes de ir directo al grano… ¿podríamos comer algo? Me muero de hambre — mientras se tocaba el estómago, una sonrisa apareció en su rostro.

—Hambre… — repitió Vegeta a voz baja, más para sí que para Trunks. Y al instante, recordó que había dejado sabrosos muslos de dinosaurio en el microondas. — ¡Demonios! — terminó exclamando disgustado.

—¿Eh? — reaccionó confundido—. Bueno, si tanto te molesta que coma, entonces te diré enseguida a qué he venido — añadió decididamente molesto.

—No me refería a eso, insecto. Hay presas de dinosaurio en el microondas y ya deben estar carbonizadas — se molestó el estómago del saiya.

—Ah, era eso — sonrió aliviado, comprendiendo que la maldición propinada por su padre no era por su causa —. Pues que esperamos, ¡vamos antes que se quemen más!

Y así, ambos en un abrir y cerrar de ojos ya estaban al lado del microondas. El mayor abrió la tapa y sacó una de las carnes para comprobar que siguieran siendo comestibles. Dio un ansioso y animal mordisco y comprobó que efectivamente seguían siendo digeribles.

—Tienen sabor a quemado, pero con hambre eso no importa — sentenció el cien por ciento saiya.

—¡Con hambre soy capaz de comer hasta cenizas de carne! — exclamó divertido, coincidiendo con su padre. No cabía duda que por las venas de ambos corría la sangre saiyajin.

Ambos se sentaron en la mesa al mismo tiempo, mientras Trunks, además de comer, se sorprendía al ver que en la casa sólo estaba Vegeta. Se concentró en sentir más presencias en el hogar, pero lo que su vista ya le había indicado todos sus sentidos terminaron por confirmárselo. Se sintió algo desilusionado pues tenía muchas ganas de ver a su madre… bueno, mejor dicho, su otra madre. Se rió mentalmente al pensar que tenía dos mamis. La que lo esperaba en su tiempo y aquella que tuvo la suerte de poder vivir con Vegeta.

—¿Mi mamá no está? — preguntó con extrañeza, a la vez que fijaba su inquisitiva mirada en la de su progenitor.

—Salió a una estúpida fiesta —prácticamente escupió esas palabras —. Llega al amanecer — agregó tras un par de segundos. Luego siguió tragando como si no hubiera probado un bocado en semanas.

—Ah, ya veo. Me muero de las ganas por verla. ¿Ha cambiado mucho? — cuestionó con natural ansiedad. Después de todo, habían pasado más de ocho años desde su última visita a esta época y quería informarse de lo que había sucedido durante ese tiempo.

—No; sigue igual de terca, regañona, insolente y gritona.

Trunks se rió de buena gana con la descripción hecha. Ciertamente habían cosas que nunca cambiaban, fuera el tiempo que fuera.

—Por eso se llevan tan bien — bromeó con su padre.

Vegeta esbozó una sonrisa a través de su mirada. Trunks se veía feliz. Ya no tenía esa mirada triste que solía verle hace ocho años. Todo su semblante desprendía una energía llena de jovialidad y en su tono de voz tan animado se podía apreciar que se sentía muy feliz.

—Supongo qué no viniste sólo a saludar — le lanzó una mirada interrogativa como complemento a lo antes dicho.

—Sí, es verdad — confirmó Trunks tras masticar una lonja de carne. Su semblante cambió el tono animado anterior y adoptó un cariz lleno de preocupación —. Algo terrible sucedió en mi tiempo y ya no sé que hacer — la desesperación en aquellas últimas palabras resultó clara e inquietante.

Vegeta marcó un par de arrugas en su frente. Lo miró de reojo y espetó lo siguiente:

—¿Acaso no pudiste vencer a esa lagartija de Célula?

—No, eso fue pan comido. Igual que eliminar a los androides — aseveró destellando infranqueable seguridad —. Pero últimamente mucha gente está muriendo en nuestro tiempo. Y no tengo la más mínima idea de por qué. Sólo aparecen cádaveres por una ciudad, luego por otra y así sucesivamente. Nadie sabe nada ni cuál puede ser la causa. Todos los posibles testigos mueren en el lugar — se lamentó mezclando rabia e impotencia a partes iguales, mientras sus puños se cerraban con fiereza sobre la mesa —. Es un misterio muy difícil de resolver y no he logrado nada a pesar de todas mis tentativas. Por eso vengo a pedir tu ayuda, padre — le explicó de forma tan seria que hasta su voraz apetito saiyajin había quedado completamente de lado. Narrar lo que sucedía en el futuro le quitó el hambre de cuajo.

Vegeta guardó silencio, reflexionando mientras se masajeaba el mentón. Resultaba muy extraño y enigmático lo que contaba su hijo.

—Esta es una nueva máquina del tiempo — continuó Trunks ante su silencio, interrumpiendo sus cavilaciones — En ella podemos viajar hasta cuatro personas, incluyéndome a mí — explicó manteniendo su tono más serio.

En Vegeta, casi como por arte de magia, apareció una mirada rellena de agresividad.

—Supongo que no quieres llevar también al imbécil de Kakarotto — lanzó con el más duro de sus tonos de voz.

El joven parpadeó repetidas veces, sin poder dar crédito a las palabras que acababa de escuchar.

—¿Cómo? ¿Goku está vivo? — el ente llamado asombro había tomado posesión completa de él.

—Sí, pero es una larga historia que no te voy a contar ahora — respondió Vegeta en forma sumamente cortante. Si apenas lograba tolerar la presencia de Kakarotto, mucho menos soportaba tener que hablar de él.

—De... ¿de verdad Goku está vivo? — tembló su voz con emoción desmedida. No podía asimilar la veracidad de tan buena noticia.

—¿Eres tonto o qué, insecto? —vomitó sus palabras con asco — Te lo acabo de decir, así que no repetiré algo que no me es agradable — dichas estas palabras, exhaló con profundo fastidio.

Así que el buen Goku había revivido... tras unos cuantos segundos, por fin Trunks fue capaz de asimilar tal noticia, formando una gran sonrisa en su faz. Luego le dirigió una mirada nerviosa a su padre, pues sabía que lo que diría ahora no sería de su agrado. Es más, le molestaría hasta la última célula que lo componía. Conocía muy bien la rivalidad que existía entre Goku y él, de modo que no sería nada fácil decirle que, aprovechando que estaba vivo, también quería llevarlo a su tiempo.

—Bueno, papá... él sería de gran ayuda en mi época — se sintió como un ratón que iba a ser atacado por un gato. Pero tenía que decirlo inevitablemente: Goku, sin duda alguna, sería un gran aporte en el futuro.

—¡Por ningún motivo! — rugió el saiya cual volcán en erupción — No precisamos ayuda de ese imbécil. Conmigo basta y sobra para resolver cualquier peligro inminente — afirmó con iracunda convicción. Sus puños cerrados hicieron sobresalir sus nudillos.

Trunks suspiró con inexorable resignación. No tenía ningún caso contradecirle ahora. La decisión de sus ojos no dejaba derecho a réplica alguna. Más tarde lo volvería a intentar, cuando el príncipe estuviera más "vulnerable".

—Y el pequeño Trunks... ¿dónde está? — preguntó cambiando hábilmente el tema.

—Está en la casa de Kakarotto jugando con su hijo — al decirlo, curvó sus labios con cierta molestia.

—Ah, Gohan. Como me gustaría verlo —la ilusión fue quién habló por él —. Debe ser un todo un hombre ya — la emoción de sus palabras se desbordó a través de todos los poros de su piel. Tenía la seguridad que ver a Gohan crecido, sería como ver a aquél que tantas cosas le enseñó.

—No lo creas, sacó la misma ingenuidad... mejor dicho, idiotez, que su padre. Por lo menos salió más inteligente. Lo único que faltaría es que hubiese otro deficiente mental igual a Kakarotto.

Trunks rió de buena gana con el particular comentario. Aunque Vegeta nunca hacía bromas, su forma de decir las cosas, en ese tono tan serio, a veces resultaba muy divertido.

—De todas maneras no me refería a Gohan — prosiguió Vegeta —, hablaba de Goten, su otro hijo.

El joven no pudo evitar abrir sus ojos a un tamaño descomunal.

—¡Vaya! — reaccionó por fin tras la agradable sorpresa — Así que Goku tuvo otro hijo más. Me alegro mucho con la noticia — otra divulgación sorpresiva pero buena, le hizo ver que tal vez debió haber regresado a este tiempo mucho antes.

Mientras tanto, Vegeta lo miró concienzudamente. Al parecer no había perdido condición física y su ki, aunque no estuviera luchando, había aumentado desde la última vez que lo vio.

—¿Y ya alcanzaste el Super Saiyajin nivel dos? ¿O es que ni siquiera lo conoces? — se burló el moreno en forma arrogante.

—Si lo conozco —rezumó orgullo—, ya puedo transformarme en ese nivel, igual que Gohan contra Cell, aunque hace muy poco. Había dejado de entrenar para ayudar en la reconstrucción del mundo. Pero por suerte retomé el entrenamiento y pude llegar al segundo nivel — explicó con una sonrisa llena de confianza.

—Perfecto — asintió Vegeta, conforme —. Si quieres saber todo lo que ha pasado desde la última vez que viniste pregúntale a tu madre, sabes que a mí no me gusta perder el tiempo en palabrerías. Así que vamos a entrenar hasta que llegue — ordenó con su acostumbrada voz autoritaria.

—Me parece bien — respondió animadamente, cosa que sorprendió a Vegeta, pues suponía que su hijo le diría un sí desganado —. Quiero ver qué tan fuerte te has puesto, padre — dicho esto, dejó su chaqueta en el respaldo de una silla y su espada a un costado de la mesa.


—Oh, Bulma, ¿por qué no trajiste a tu apuesto marido? —preguntó una amiga suya en la fiesta de matrimonio.

Bulma sintió como le hervía la sangre, mientras reconsideraba si la palabra "amiga" estaba bien usada con aquella entrometida. Pero no solamente ella, sino que varias de sus otras "amigas" habían preguntado por su marido. Eso no le molestaba, era bastante normal. Pero que le agregarán palabras como "guapo", "apuesto", "varonil", entre otras más, la sacaba de sus casillas. ¿Acaso no podían decir esposo a secas? ¿Era mucho pedir? Gruñó sintiendo como la rabia la consumía por dentro. Odiaba sentirse así, pero lo cierto es que era muy celosa. Eso lo comprobó con creces en su relación con Yamcha. Por suerte, su esposo nunca mostraba interés por otras mujeres como el anterior si lo hacía. Lo más probable es que Vegeta no considerase a ninguna otra mujer a su altura. Sólo a ella. Y eso realmente la tranquilizaba. Con el príncipe podía tener la seguridad que jamás pudo tener con Yamcha, ya que él apenas podía andaba coqueteando con otras. Cómo había cambiado desde que lo conoció, ¡si hasta le tenía miedo a las mujeres! Y ahora, en cambio, era todo un playboy. Bulma dejó escapar una sonrisa. Vegeta le daba una seguridad que ningún hombre podría darle. A pesar de sus discusiones —o quizás también gracias a ellas— lo amaba con toda su alma. Sí, lo amaba tanto, pero tanto, que ya no podría vivir sin él aunque lo intentara con todas sus fuerzas. Por esa misma razón no podía evitar sentirse celosa cuando otra mujer preguntaba por su marido.

La fiesta era de gala, con gente de la alta sociedad. Con refinadas costumbres y modales. Por lo mismo a Bulma no le llamaba mucho la atención. Más que por su propio deseo, asistió para acompañar a su amiga en un momento tan importante como un casamiento. Cuanto le habría gustado que su esposo la hubiera acompañado a este lugar... pero tampoco podía pedir milagros. Vegeta jamás concedería algo así… pero por esa misma razón también lo amaba tanto. No podía quejarse ahora de ello. Esa personalidad tan fuerte y ruda realmente la enloquecía. Cuanto lo extrañaba ahora mismo... estar entre sus brazos, besarlo con pasión por todo su cuerpo... sentirlo por dentro... se ruborizó sin querer al pensarlo. Le nacieron muchas ganas de estar en su casa y hacer el amor salvajemente con su esposo.

—Bulma, estás roja. ¿Se te subió el alcohol a la cabeza? — preguntó una gran amiga con preocupación, extrayéndola de sus íntimos pensamientos.

—No, Milk. Es que estaba pensando en hacer algunas "cochinadas" — dijo con una sonrisa maliciosa, esa que era parte intrínseca de su ser.

—Ah, ¡quieres ir al baño! — interrumpió una muy animada voz masculina. Increíblemente, el saiyajin estaba vestido de traje y corbata, aunque la última estaba tan desanudada que no tenía razón de ser.

—Ay, ¡Goku! Se refiere a otro tipo de "cochinadas" — le explicó su esposa, bajando la voz con la última palabra.

La cara del guerrero más poderoso demostró su confusión. A veces podía ser tan ingenuo que asombraba.

—Ay, Goku... se refiere a... — y se acercó a su esposo cuchicheándole al oído.

—Ah, ¡con que eso era! — respondió Goku con un brazo en su nuca — Y pues, ¿por qué no vas a tu casa, Bulma? Ya es tarde, así que la fiesta está por terminar — acotó mientras miraba sus alrededores.

La joven de cabellos turquesas se sonrojó un poco más.

—Bueno sí; tienes razón Goku. Ya son las cinco de la mañana y Vegeta debe estar esperándome — sonrió recordando a su hombre, que ya debía estar hecho una maraña de gruñidos.

Acto seguido, el grupo se despidió de los padres de Bulma, que se veían muy felices disfrutando de la parranda, como también de la anfitriona y su pareja, deséandoles toda la suerte del mundo en su nueva vida de casados. Y así, salieron de la mansión para dirigirse a sus respectivos hogares.

—Espero que el taxi no demore — comentó Bulma mientras sacaba su teléfono celular para llamar uno. Acostumbraba manejar siempre, pero conducir tomada no era una buena idea.

—Jaja, ¡pero para que quieres un taxi si aquí estoy yo! Se te olvida que puedo teletransportarme — le guiñó un ojo, muy divertido con la mala memoria de su amiga.

Bulma se dio un golpecito en la frente y sonrió cálidamente.

—¡Qué tonta! No sé por qué siempre se me olvida. Esa técnica es la mejor que tienes, Goku. Algún día podrías enseñármela — bromeó animada.

—Cuando quieras, aunque es difícil de aprender — le aclaró con su adorable sonrisa.

—Nah, no te preocupes hombre. Ni en mil años podría aprender esa técnica tuya. Aunque a Vegeta le sería muy útil — acotó recordando a su guerrero del espacio.

—Sí, pero ya sabes como es él. Jamás permitiría que yo le enseñara algo —recordó su necedad inherente.

—Bueno, así es el orgullo. A veces por orgullo te pierdes de muchas cosas — hizo una pequeña reflexión. La vida le había enseñado que el orgullo podía ayudarte a salir adelante, como también podía prohibirte de pedir ayuda cuando la necesitas. O hasta de no poder decir una palabra tan simple como… perdón. Ser orgulloso era un arma de dos filos.

Goku colocó dos dedos en su frente para sentir el ki de Vegeta y tras unos cuantos segundos logró localizarlo. Seguramente estaba en su cámara de gravedad una vez más. Una amplia sonrisa se dejo ver en su rostro.

—Vegeta sigue entrenando — le comentó a su amiga científica.

—Cuando no, si eso es lo único que sabe hacer. Entrenar, comer y dormir – contestó sin más alternativa que resignarse a ello.

—Ehm… bueno yo no lo culpo — soltó una risita nerviosa, nuevamente con la mano detrás de su cabeza.

—Jajaja, ¡se me olvidó que tú haces exactamente lo mismo!

—Pues así son los saiyajins, ya no los podemos cambiar, Bulma — dijo Milk a la vez que negaba con la cabeza.

—Pues sí, no hay más remedio —concordó al instante —. Al menos cumplen bien con las "tareas"... ¿o no Milk? — no dudó en guiñarle con una sonrisa picarona.

Milk se ruborizó instantáneamente, como si un volcán estuviera haciendo erupción bajo sus mejillas.

—¿Qué tareas? Yo nunca hago tareas — preguntó Goku inocentemente.

—Jaja, no importa Goku. Llévame a mi casa por favor — le pidió Bulma con una dulce sonrisa.

—¡A su orden, señorita! — exclamó gustoso el poderoso guerrero.

Acto seguido, el saiya se teletransportó justo afuera de la cámara de gravedad para no irritar a Vegeta con su presencia. Había sentido otro ki junto al príncipe saiyajin, pero no le dió mayor importancia debido al apuro.

—Bueno Bulma, fue un placer compartir contigo nuevamente. Te dejo aquí porque ya sabes como es tu esposo. No creo que le agrade mucho verme a estas horas — se rió muy divertido.

—Sí, no te preocupes Goku. Y gracias por todo — le dio un tierno un beso en la mejilla como despedida.

—¡De nada! — respondió feliz de haberla ayudado — Bueno, ya me voy que Milk es muy impaciente. Cuídate Bulma. ¡Adiós!

Y segundos más tarde, la joven veía que desaparecía delante de sus ojos tan rápido como llegó. Miró su reloj y vio que ya eran las 5:15 de la mañana. Era una certeza que Vegeta había entrenado toda la noche en su templo. Debía impedir que siguiera entrenando o tal vez ya no le quedaría energía para hacer otras cosas...

Sin perder tiempo, tocó el timbre de la cámara de gravedad y el flujo de ruidos que brotaban por dentro se detuvieron casi al instante. Esperó ansiosa que se abriera la puerta para ver a su amado y lanzarse a sus brazos cual princesa. Y precisamente así fue, segundos más tarde, se abrió la entrada de la cámara dejando ver a su hombre todo sudado y con algunas heridas secas. Nada grave tratándose de él. Enseguida lo rodeó con sus brazos aprisionando su cuello, mientras le daba un gran y apasionado beso, tan intenso que a los dos se les escapó el aire.

—¿Qué te pasó que estás tan cariñosa, mujer? — preguntó Vegeta extrañado y también incómodo, pues sabía que alguien más estaba detrás suyo.

—Te eché de menos en esa fiesta, sólo eso — se encorvó para acurrucarse en su pecho; era algo que definitivamente le encantaba hacer.

Vegeta no la correspondió con palabras. Simplemente la abrazó mezclando fuerza y calidez a la vez. Esa era su manera de decir que él también la extrañó.

Bulma lo miró dichosa. Como le encantaba cuando Vegeta dejaba su frialdad a un lado. Sucedía tan pocas veces, que cada vez que pasaba lo aprovechaba al máximo. —Ven, vamos a curarte esas heridas… y después ya sabes… ando muy ganosa — una sonrisa que amalgamó ternura y lascivia se dejó ver en su angelical rostro.

—Me encantaría mujer, pero no estoy solo — puntualizó con voz sobria.

—¿Eh? — atinó a decir sorprendida y extrañada a la vez. Lo miró buscando alguna respuesta.

—Tenemos una visita… que te va a encantar — sus ojos brillaron misteriosamente al decirlo.

Bulma parpadeó rápidamente por la sorpresa. Esa mirada tan particular de su esposo era primera vez que la veía. Si su forma de mirar ya era algo llamativo, el aire de misterio que desprendía tampoco era algo común en él.

—Mira quien está detrás de mí y te darás cuenta — le ordenó Vegeta.

Bulma siguió la orden como jamás lo hacía. Eso hizo sonreír interiormente al príncipe saiyajin. ¡Qué Bulma le hiciese caso si que era un verdadero milagro!

Al ver por detrás de Vegeta los ojos de Bulma se abrieron, al igual que su boca lo hizo. Su corazón comenzó a latir aceleradamente como si quisiera salir del pecho. Quedó observando a Trunks total y completamente embobada, mirándolo fijamente a los ojos. Él fue atacado por dosis de timidez y bajó la vista, avergonzado. Luego alzó la mirada nuevamente y, abriendo sus extremidades superiores para recibir un abrazo, la saludó cariñosamente.

—Hola… mamá.

Bulma no se contuvo en lo más mínimo; corrió hacia él y le dio un enorme y apretado abrazo a su hijo proveniente del futuro. Vegeta cruzó sus brazos y esta vez no fue capaz de reprimir la feliz sonrisa que se forjó en su rostro.


Continuará.