!Buenos días! Aquí el último capitulo de esta historia ^^ Gracias por los reviews y seguiré vuestros consejos. Gracias a mi amiga Lisbeth Beckett que ha participado también y espero que disfruten con el capitulo!

Drabble 4

Había pasado una semana desde el suceso. Alec se había hartado de la situación. Se había plantado en la puerta del brujo y tocando el timbre, se dió cuenta en ese instante de que no estaba preparado para verlo y había sido impulsivo. El pánico le pudo y estaba a punto de correr, pero fue tarde.

-¿Alec?-Había murmurado un sorprendido Magnus. El warlock llevaba unos pantalones holgados y brillantes y una camiseta ajustada.

Alec se acordó de todos los insultos habidos y por haber y miró a un lado. Notó como el calor había subido a sus mejillas.

-V-vengo a...-Dejó la frase al aire sin saber que decir. Ante la reacción del cazador, Magnus había sentido ganas de abrazarlo, pero se abstuvo y metió un poco presión.

-¿A..?- Se había inclinado levemente, preparado para aceptar las disculpas y besarlo.

Alec se había puesto nervioso, su cabeza era un auténtico caos.

-Presidente Miau, vengo a ver a Presidente Miau, l-lo echo de menos...- Era la excusa mas patética que se le había ocurrido, pero una pequeña parte era verdad.

Poco le había faltado al warlock estampar su cabeza contra la puerta. Se echó a un lado indicando que podía pasar mientras mantenía fruncido el ceño.

Alec había pasado casi encogido por la mirada de reproche de su novio y se puso a buscar a Presidente Miau. Pero no hizo falta pues el felino había aparecido en escena y se restregaba en las piernas del moreno con maullidos. Sonrió mientras lo acariciaba, realmente lo había echado de menos. Magnus estaba molesto, su propia mascota le estaba dando celos. Carraspeó un poco y se dirigió a la cocina sin cambiar la expresión.

-Toma- Le había ofrecido un vaso de té frío con menta. Alec no se había dado cuenta de la bandeja que había depositado cerca suya y del vaso, el brujo ni siquiera le había mirado y le daba la espalda. El rechazo de su novio inmortal le dolía y sabía que era culpa suya.

-Ah...- El ojiazul se había levantado, alzando el brazo pero se detuvo a medio camino. Vió que el warlock lo miraba de reojo y cruzaba los brazos encarandolo. Había notado un nudo en la garganta, pero aún asi lo había decidido.

-Lo siento mucho Magnus, lo siento de verdad, por lo que hice, y-yo no quería, quiero decir, y-yo...- No había acabado la frase cuando sintió unos labios demandantes sobre los suyos y unos brazos rodeando su cintura y nuca.

Magnus no había soportado ver la cara de abatimiento de su novio. Cuando vió que intentaba pedir perdón y no sabía que decir, sintió felicidad. Alec le quería tanto que era capaz de dejar de lado su orgullo y dar el primer paso.

Por eso se había lanzado a besarlo, lo había abrazado con fuerza mientras saboreaba esos labios que le volvían loco. Él le volvía loco, él era suyo y lo único que quería era tenerlo y no dejarlo ir nunca.

Alec había echado la cabeza hacia atrás intentando respirar, los dos se habían quedado mirandose mutuamente.

-Yo también lo siento mucho Alec- Había besado la frente del moreno. -Te quiero mucho. El cazador no había dejado de sonreír tras escucharlo y lo besó con ansias.

Unos minutos bastantes largos después, Presidente Miau había pasado entre las piernas de los amantes y se encaminaba hacia la ventana, pero Magnus, se había separado de golpe de su novio, dejándolo confuso, cogió al gato y lo dejó en la cocina, cerrando la puerta.

-¿Magnus?-preguntó Alec, completamente sorprendido.

-No quiero que le eches de menos y me dejes de lado.-Contestó el warlcok con un tono sarcástico. Alec se había dado cuenta que se refería a su torpe excusa y se ruborizó.

Magnus se había acercado lo suficiente rozando sus labios contra los de él, esbozando una sonrisa pícara.

-Nefilim estúpido, solo me perteneces a mi.

Terminó la poca distancia de sus labios, mientras que el cazador se había puesto rojo como un tomate a medida que le escuchaba.

Presidente Miau se puso a maullar tristemente a la puerta.

La noche en la casa iba a ser larga y demasiada ruidosa.