Capítulo 3: "Pasión desenfrenada"


Bulma siguió abrazada a su hijo por varios segundos más. Había sido un abrazo tan efusivo y maternal que Trunks creyó estar abriendo las puertas del cielo. Era exactamente igual que recibir los abrazos de su madre del futuro. Por más increíble que pareciera, era exactamente la misma fuerza y el mismo amor.

Y como si aquello no fuera un impacto suficiente, también le sorprendió mucho ver como Vegeta le habló en ese tono de voz más suave que de costumbre y la forma cálida en que respondió al abrazo de Bulma anteriormente. Trunks esbozó una sonrisa al vislumbrar que su padre al parecer si había cambiado... la frialdad había dado paso al amor.

—Ya basta de sentimentalismos— dijo Vegeta alzando la voz, interrumpiendo las reflexiones de Trunks. Cuando el abrazó entre madre e hijo culminó, la miró directamente —: Bulma, prepáranos una comida decente ya que tuvimos que comer chicharrones.

Ella dio una risotada a la vez que llevaba una mano a su boca, como si hubiera querido evitarla.

—Debí suponer que se te quemaría la comida —puntualizó con sorna.

—Gracias a la visita de tu hijo— se justificó, echándole una mirada recriminatoria al acusado.

—De nuestro hijo, querrás decir— le corrigió enseguida —. Bueno, aún no tengo sueño así que les haré una deliciosa sopa con pollo... no puedo dejar que mi hijo sea un desnutrido —agregó a la vez que lo escudriñaba. Lo veía más delgado de lo que ella consideraba saludable, de modo que mientras estuviera en este tiempo ella se encargaría de hacerlo engordar.

Trunks sonrió con el cariño maternal; y así, los dos saiyas, fueron al comedor dispuestos a cenar nuevamente. Cualquier persona normal hubiera quedado satisfecha después de haber comido carne de dinosaurio, pero no ellos. Siendo saiyajins necesitaban camiones de comida e incluso barcos.

Más tarde, deleitándose con la cena, Bulma habló de todo con Trunks, contándole los pormenores de lo que había sucedido desde su última visita. Vegeta escuchaba atentamente y de vez en cuando hacía comentarios. Trunks a su vez, le explicó a grosso modo el acontecimiento terrible que estaba sucediendo en el futuro. Fue entonces que ella entendió que, para su pesar, su hijo del futuro no se quedaría mucho tiempo en esta época. Pero a pesar de ello y las malas noticias dadas, la velada se convertiría en algo inolvidable para los tres.

Más tarde, siendo ya más de las siete de la mañana, finalmente el cansancio y el sueño hizo mella en ellos, así que Bulma le mostró el cuarto de invitados a Trunks, quien se dirigió tranquilamente hacia su aposento. Se dieron un ósculo de despedida y Bulma marchó a su habitación matrimonial. La emoción de ver a su hijo nuevamente después de tantos años había extinguido por completo la excitación que había sentido antes de percatarse de su presencia. Dispuesta a dormir, comenzó a desvertirse para ponerse su pijama de fina seda. Estaba en eso cuando siente unos musculosos brazos que, detrás de ella, la toman por la cintura con fuerza. Enseguida sintió un delicado beso en el lóbulo de su oreja, seguido de un susurro sensual que la hizo estremecerse entera.

—¿Estás muy cansada?— preguntó Vegeta manteniendo ese tono, a la vez que se aferraba a su cuello cual vampiro.

Bulma sintió que se perdía con los fogosos besos recibidos en el cuello... además, Vegeta estaba más cariñoso que de costumbre. Jamás le preguntaba algo como si estaba cansada o no.

El saiya, al no recibir respuesta alguna, se apegó al trasero de su mujer, haciéndola sentir como su órgano sexual se endurecía. Ella, al sentir la excitación del príncipe, instantáneamente llevó ambos brazos hacia atrás y apegó la cadera de su príncipe aún más. Hecho esto, comenzó a respirar de manera más acelerada, al igual que su corazón aumentaba su ritmo. La excitación se estaba abriendo paso también en ella.

—Pero Trunks nos puede escuchar... y tú sabes que soy chillona —dijo con vergüenza, sabiendo que el cuarto de invitados no estaba lo suficientemente lejos como para contener sus fogosos alaridos.

—No seas tonta, mujer. Trunks ya es un hombre hecho y derecho. Si nos escucha da igual. No tienes porque avergonzarte —dicho esto, mordió suavemente su cuello, saboreando su exquisita piel. Bulma no pudo evitar sentir una placentera corriente eléctrica que se propagó por toda su zona cervical.

—Sí, tienes razón... pero de todas maneras igual me dan nervios — dijo entrelazando sus dedos en el cabello de su hombre. Lo acarició suavemente.

—Ni que fueramos unos niños —le hizo sentir aún mas fuerte su miembro entre los glúteos —. Además, lo más probable es que con el grave problema que hay en el futuro mañana mismo tenga que partir y quizás no vuelva pronto —exhaló su cálido aliento en el cuello de su musa.

Ella entendió enseguida el por qué lo decía.

—Sí, ti-tienes razón —tartamudeó debido a la excitación —. Tenemos que despedirnos —mordió sus labios, pensando en lo bueno que sería el adiós — Pero es que es mi hijo... por eso me invadió el pudor —se defendió.

— Bien, sino quieres entonces lo hacemos cuando vuelva — aseveró con tono frío y calmo, separándose de ella y dispuesto a ir a la cama solamente a dormir.

—¡No!— exclamó enseguida, tomándole del mentón para que la mirara directamente a los ojos —. Quiero que seas mío... ahora mismo... – demandó dominante y llevó la mano que antes estaba en el mentón hacia su cabello. No dudó en tirarlo. Un par de segundos después, lo miró de manera insinuante, otorgándole un profundo y húmedo beso. Sus lenguas revolotearon como abejas en busca de miel... la excitante miel del amor.

Con una suavidad que era prácticamente ausente en él, puso las manos en la espalda de su amada para liberarla de su sostén. Al dejarlo caer la visión fue hermosa: allí estaban esos senos que lo volvían loco, tan firmes y redondos como la primera vez. Los pezones mostraban su evidente excitación. Y como si esto fuera poco, parecían más rosados que nunca, justo como los adoraba. Saliva comenzó a acumularse en su boca por la ansiedad que esa carne de mujer le provocaba. Las ganas de deleitarse con ellos se volvía incontenible. Le encantaba tanto succionarlos que podría estar todo el día sólo haciendo eso. Pero no lo haría enseguida. Muy suavemente los rozó con sus labios, casi sin tocarlos. Para Bulma, aquella sensación fue como sentir un rayo eléctrico recorrerle de arrriba a abajo. Su macho saiyajin la conocía demasiado bien... hasta el más mínimo detalle que la hacía enloquecer, él lo sabía. Impulsada por la intensa excitación, lo abrazó completamente, encadenando su cintura con las piernas, intentando desesperadamente sentir su miembro contra su cuerpo. ¡Oh, Dios! Cuanto lo deseaba, ya no podía aguantar, estaba poseída totalmente por las ansias de placer... lo único que deseaba es que Vegeta penetrara su feminidad hasta lo más profundo. Que la invadiera de una buena vez, sin más dilaciones. Y es que sentir la gran excitación del saiya tocándole la entrepierna por encima de las bragas la hacía perder la cordura.

Vegeta admiró su belleza y su inmensa pasión. Se veía excesivamente hermosa, tanto que parecía un ángel recién llegado desde el cielo.

Bulma comenzó a mordisquearle el cuello sin mesura alguna. Necesitaba ser suya cuanto antes.

—Te amo— le dijo al oído, anhelante de su amor.

Vegeta, al escuchar eso, sintió que se le cortó la respiración. Jadeaba totalmente perdido en el éxtasis de placer que esas dos palabras le provocaban.

—Tú sabes lo que siento por ti— aún ahora, decir un "te amo" se le hacía difícil, pero eso a Bulma no le importaba. Con que le dijera eso le bastaba para ser feliz.

La alzó en brazos con rudeza y sin sutileza alguna la lanzó sobre la cama. Bulma ya estaba acostumbrada a esa manera en que él la dejaba ahí y lo cierto era que le encantaba.

Vegeta siguió contemplándola, embelesado por tanta belleza. Lentamente comenzó a besarle el cuello, bajando gradualmente, rozándola, degustándola. Saboreando sus senos como si de un lobo hambriento se tratara. Siguió descendiendo y se detuvo en la zona abdominal varios segundos, devorando su deliciosa y tersa piel. Pronto bajó todavía más y llegó al lugar que tanto ansiaba saborear. Mordió su labio inferior al ver que sus bragas estaban totalmente húmedas. Incluso más que eso: estaban mojadas. Aquella visión lo dejó genuinamente extasiado: así debía ser. Esa hembra debía arder en pasión tan solo por tenerlo cerca. Desearlo más allá de cualquier límite era lo que siempre debía sentir. Sacó lentamente la prenda para admirar el órgano sexual femenino, preparándose a deleitar su lengua con lo más íntimo de su amada Bulma. Besó el interior de sus muslos con pasión desatada, recorriéndolos con una paciencia impropia de él. Finalmente, llegó al lugar que tanto deseaba. Inspiró y exhaló encima de su intimidad, golpeándola varias veces con el cálido aire proveniente de sus pulmones. El aroma a hembra en celo que se impregnaba por doquier lograba enloquecerlo de verdad. Se relamió con sumo deseo antes de continuar su excitante labor. Primero la rozó suavemente con besos. Pasaron unos segundos más y Bulma ahora sintió el roce de la lengua en su clítoris anhelante. Vegeta continuó el contacto a intervalos durante varios segundos haciendo que su hembra enloqueciera. A veces se detenía, a veces continuaba. ¿Pero por qué diablos tenía que detenerse? ¿Por qué no se la lamía de una sola vez? ¡Dios! Como podía disfrutar tanto Vegeta torturándola así... haciéndola esperar solamente para saciar su propio sadismo. No podía resistir más, necesitaba deleitar esa boca con su sexo. Alzó su monte de Venus desesperada, indicándole a su esposo que ya no podía resistir más juegos. Necesitaba que, por más vulgar que pudiese sonar, se la chupara hasta no poder más. Él, complacido con esa actitud impaciente, no dudó en obsequiarle unos lamidos salvajes que la hicieron tiritar de placer. Bulma sintió como su amado la succionaba recorriendo su intimidad de arriba a abajo, intentando saborear hasta el rincón más profundo de aquello que la hacía mujer. De pronto, oleadas de descargas eléctricas le indicaron que pronto llegaría al pináculo del placer. El saiya devoraba su clítoris con una maestría sin parangón. Muy pronto la haría explotar.

—Me encanta tú sabor— le dijo en un leve susurro haciendo que Bulma tocara las puertas del paraíso. El príncipe realmente se volvía loco devorando la intimidad de quien tanto amaba. —Vente en mí boca— le suplicó, algo que sólo se permitía hacer en la cama.

Bulma sencillamente no pudo resistir más y sacudió todo su cuerpo ante el severo ataque del placer, el cual la recorrió de pies a cabeza y viceversa. Un grito alucinante emitieron sus cuerdas vocales. Estaba perdida en una dimensión alterna de la cual tardaría un poco en volver. Su alma voló a través de todas las capas del éxtasis carnal. El orgasmo tuvo una intensidad sideral, tanto que su cuerpo tardó en cesar los temblores internos y externos que lo poseyeron. Tras muchos segundos recuperó la conciencia antes perdida y dio un profundo respiro para recuperar el aliento. Cumplido esto, fijó su mirada en los ojos de Vegeta, quién la miraba totalmente complacido.

—Ahora déjame a mí —le rogó a la vez que rehumedecía sus labios de una forma sumamente sensual.

Vegeta se puso de pie. Sabía lo que venía y la sensación de tener a Bulma arrodillada le era increíblemente excitante. Tenerla totalmente entregada y sumisa, como jamás lo era, hizo que su órgano sexual se endureciera todavía más. Ella no lo haría esperar y con ansiedad se movió hasta quedar frente a la erección que pronto poseería entre sus labios. Lo miró con tanto deseo que el cuerpo de él se estremeció entero. Se relamió los labios y suave y paulatinamente, comenzó a introducirse el miembro en su boca. Vegeta no pudo evitar alzar la cabeza hacia el techo ante el inmenso placer concedido. Nada más pudo pensar; cerró los ojos, aniquiló su conciencia y disfrutó los besos y succiones con las cuales su mujer lo premiaba. Le estaba comiendo el glande de una manera verdaderamente exquisita.

Bulma, en su boca, incluso podía sentir como latía el miembro debido a la descarnada excitación. Ver a su hombre completamente perdido ante el placer, la motivaba aún más para seguir complaciéndolo. A medida que lamía desesperada, comenzó a acariciarle los testículos con su mano derecha. Los masajeó suavemente y su macho la premió con gemidos llenos de satisfacción. Siguió disfrutando de su virilidad, recorriendo todos sus rincones por varios minutos más. Luego, sacándolo de su boca, lo sujeta con su mano y lo eleva para poder degustar sus gónadas a placer. Vegeta soltó un gemido que combinó placer y dolor cuando su esposa le mordió levemente el testículo derecho.

—Vente en mí boca, por favor— separó sus labios para ser ella quien suplicase ahora. Y haciendo gala de una sensualidad tremenda, sacó su lengua dispuesta a recibir los latigazos del íntimo y cálido líquido de su hombre. No le importaba la consistencia o el extraño sabor; lo que más ansiaba era complacerlo y hacerlo feliz por sobre todas las cosas, tal como él lo hacía con ella.

El placer dominaba al saiya de tal manera, que todo su ser le previno que el clímax llegaría dentro de muy poco. Así que, totalmente jadeante, detuvo a su amada y ancló sus azabaches orbes en los de zafiros de ella. No quería rellenar su boca, lo que quería era inundar su útero hasta el último rincón. ¡Violar su vagina hasta que gritara maldiciones de placer! Sin perder tiempo, la lanza encima de la cama con violencia y le abre las piernas de similar manera. Bulma, sintió que el corazón le iba a estallar. Latía a mil por segundo, y ahora que su esposo la penetraría, se aceleraría todavía más.

La sola idea de ser penetrada le hizo dar un profundo gemido de anhelo y satisfacción. Muerde sus labios para intentar sellarlos. No quiere gritar por el vehemente embate que su esposo le daría. Lo conocía demasiado bien, y si algo le encantaba, era introducírselo de un solo tirón hasta lo más profundo de su intimidad. Y en efecto, así fue. Ella no logró reprimir un estridente grito y enterró las uñas en la espalda masculina como una manera de desahogar el dolor. ¡Cuanto adoraba Vegeta aquello! Sin dar tiempo a nada, comenzó a moverse con vivaz fuerza dentro de ella. Introduciéndose y saliéndose. Metiéndoselo y sacándoselo. Una y otra vez en descarnadas embestidas.

Bulma tenía los ojos cerrados, completamente extasiada por el calor fulgurante que crepitaba en su vientre. Sus piernas abrazaron la cadera de Vegeta y, gracias a tal movimiento, apretó aún más el miembro con su ardiente feminidad. Vegeta rugió por tanto placer otorgado. Como lo excitaba verla así, totalmente enloquecida de pasión irrefrenable. Lo único que deseaba a esta altura era rellenarla y que sintiera su semen caliente pegándole latigazos por dentro. Ella también lo ansiaba con locura. ¡Lo necesitaba de verdad! Siguieron así por algunos minutos más, hasta que Bulma nuevamente llega al clímax y se retuerce bajo el cuerpo de quien tanto ama. Vegeta, unos segundos después, libera su orgasmo con violencia por todo el interior de su esposa, rellenándola con dosis descomunales de semen. Tras incontables retazos de suspiros, siguieron unidos como un solo ser por muchos segundos más. Realmente no querían separarse jamás.

Vegeta se recuesta en la cama, dispuesto a recuperar el aliento. Jadeante todavía, Bulma se abraza a él. Para ambos había sido increíble, como siempre lo era. Ella coloca su oído izquierdo en el pecho y se deleita al escuchar los latidos todavía acelerados del príncipe. Sin lugar a dudas, era inconmensurable el amor que se tenían; esa entrega total que ambos se daban uno al otro resultaba increíblemente bella. Sin pudores, sin miedos o vergüenzas de ningún tipo, sólo el amor y el deseo de complacer en todo a su pareja para hacerla feliz.

Aunque sus cuerpos ya estaban separados, sus almas aún estaban unidas y la dicha los invadía a ambos. Definitivamente, habían nacido para estar el uno con el otro.

—Y para la próxima me transformaré en Super Saiyajin— amenazó Vegeta con ojos jocosos. Sólo ella tenía el privilegio de disfrutar aquella mirada. Nadie más que ella.

Bulma rió a carcajada limpia; tanto que no podía parar. Tras un intenso suspiro para recuperar el aliento, logró hablar nuevamente: —Recuerda lo que pasó la última vez... — totalmente avergonzada y con la cara roja como un tomate, le hizo ver que no era buena idea repetir lo de aquella ocasión.

Vegeta asintió, sonriendo solamente a través de su mirar. Su esposa lo besó y se acurrucó en el pecho como si fuera una niña consentida. Cansados después del ejercicio sexual, ambos se dispusieron a caer en los brazos de Morfeo. Al despertar tendrían que preparar el viaje y había que descansar lo máximo posible. Y así, un feliz y dichoso silencio se apoderó del ambiente.


Continuará