Capítulo 4: "¿Quiénes irán?"


El caluroso sol del mediodía iluminaba con intensidad, pero Vegeta y Bulma, gracias a las oscuras cortinas que lo tapaban absolutamente todo, no tenían ni idea de aquello. Hubieran podido seguir durmiendo por varias horas más, pero el sonido molesto de un despertador los trajo nuevamente a la realidad. El saiya de un solo golpe lo convirtió en puré.

—¿Para qué tuviste que poner esa mierda?— preguntó molesto por aquel chirriante sonido que había perturbado su sagrado sueño. Se revolvió en la cama y estuvo a un tris de tomar la decisión de seguir durmiendo, empero, su esposa le recordó algo importante.

—Tenemos muchas cosas que hacer hoy— le dijo con tono cariñoso; se levantó presurosa y sacando una bata del clóset, se preparó para disfrutar de una buena ducha.

Vegeta, a regañadientes, sacudió su cabeza para despertarse completamente. Debía hacerlo de esa manera o jamás reaccionaría para salir de la cama. Justo en eso, recordó algo que había olvidado por completo: ¿su mujer habría tomado sus píldoras anticonceptivas? Regularmente le preguntaba aquello antes de hacer el amor, puesto que Bulma no era precisamente la mujer más responsable tomando las benditas pastillas. De hecho, ya algunas veces le había dicho que había olvidado tomarlas... y en una de esas ocasiones nació Trunks. Y ayer pudo ser uno de esos días descuidados... la idea de otro hijo vino a su mente para atormentarlo. Cierto era que quería a Trunks más que a su propia vida, pero no estaba preparado para ser padre nuevamente.

—Mujer, ¿tomaste tus anticonceptivas? — preguntó con tono preocupado, sabiendo que, aunque difícil, fallando un solo día era suficiente para recibir una linda sorpresa.

Bulma se rió al escuchar el tono de Vegeta, si hasta parecía tener miedo.

—Jaja... — no le quiso responder para hacerlo caer en un inquietante suspenso. Ella también podía ser muy malvada cuando así lo quería.

— Bulma, estoy hablando en serio— agravó su tono de voz ante la jocosa risa recibida.

—Hombre... te voy a ser sincera... no las tomé — le dijo con voz sumamente seria, pero magistralmente actuada. Luego lo miró directamente a su faz y disfrutó enormemente su cara de pavor.

—¿¡Qué!?— gritó lleno de preocupación. La idea de estar cambiando pañales vino a su mente para torturarlo con alevosía.

Bulma no tuvo más alternativa que reírse con maldad. — Tranquilo, hombre. Si las tomé. Sólo quería hacerte sufrir un poco — le guiñó un ojo con una gran sonrisa cómplice.

Vegeta gruñó de pura rabia. Había caído como un principiante en la trampa de Bulma.

—Mujer malvada... — soltó sin pensar.

La joven de cabellos turquesas rió hasta más no poder con el comentario de su esposo.

—Me voy a duchar— dijo tras dominar sus carcajadas — y luego saldré a comprar el desayuno, bueno mejor dicho, el almuerzo. No demoraré mucho, amor — dicho esto, tomó las mejillas masculinas entre sus manos y le plantó el más tierno de los besos.

—No me digas amor; me molestan esas cursilerías— le señaló con desdén —. Yo me ducharé en el otro cuarto. Si no nos ves en casa a Trunks o a mí, será porque estoy entrenando con él en la cámara de gravedad — agregó mientras buscaba toallas en el armario.

—No lo despiertes todavía, debe estar cansado después de ese viaje inter-temporal.

—Bah, patrañas— rechazó con dureza—. Si nosotros podemos estar despiertos él también.

Bulma, sin poder evitarlo, dio un suspiro de resignación.

—Por cierto, ¿nuestro verdadero hijo a qué hora llega desde la casa de Kakarotto? — preguntó el guerrero, mirándola fijamente.

—A la hora de almuerzo — señaló enseguida —, en dos horas más. ¿Pero te puedo pedir un favor? — dijo a la vez que le daba la espalda, pues abría las cortinas y ventanas para que la luz del sol entrara con plenitud.

Vegeta alzó una ceja. Ante su silencio, Bulma prosiguió:

—Cuando estén los dos Trunks no digas eso de "mi hijo verdadero". Mirai Trunks se puede sentir mal — con las ventanas ya abiertas, se volvió para mirarlo a sus profundos ojos negros.

—Bah, ni que él fuera un maricón para sentirse mal por esa ridiculez. Pero está bien mujer, lo haré sólo por ti — dijo con un tono de voz un decibel más suave de lo normal.

—Gracias mi príncipe. No sabes cuanto te amo — cruzando sus brazos por detras de su cuello, le obsequió un fogoso beso como agradecimiento. Luego se dirigió a la ducha con una gran sonrisa.

Vegeta la vio alejarse y no pudo evitar pensar en lo hermosa que era. Realmente la adoraba, aunque le costara demostrar que así era. Deshaciéndose de la infame afección que sólo ella era capaz de provocarle, caminó hacia el cuarto de Mirai Trunks esperando levantarlo con unos buenos improperios matinales, pero se sorprendió al ver que el muchacho no estaba allí. Se había levantado antes que nadie.

—¿Dónde habrá ido?— se preguntó enseguida, ceño fruncido mediante. Con la firme idea de buscarlo, bajó al primer piso y caminó hacia el comedor a la vez que intentaba sentir su energía, pero no logró localizarlo por ninguna parte. — Tal vez está en la cámara de gravedad — pensó como alternativa —. Pero de ser así debería estar entrenando y por ende, su ki debería sentirlo — reflexionó nuevamente, dándose cuenta que erraba con esa suposición.

Meditaba opciones, cuando una nota dejada en la mesa del comedor llamó su atención. La tomó entre sus dedos y se fijó en la letra. Era poco común para ser de hombre, puesto que era muy estilizada.

"Voy a dar un paseo. No se preocupen por mí, vuelvo a la hora del almuerzo. Los quiere, Trunks"

Vegeta frunció el ceño con suma molestia e hizo crepitar sus dientes.

— Un paseo... —escupió las palabras— éste insecto cree que soy estúpido. Sé perfectamente donde fue — y una profunda ira comenzó a fulgurar a través de todo su cuerpo. Así que decidió darse una buena ducha con agua fría para intentar calmarla.


—T... Trunks — tartamudeó una voz masculina, totalmente sorprendido de verlo frente a él. No podía creer que el muchacho que había conocido tantos años atrás estuviera justo allí, saludándolo con una gigantesca sonrisa.

—Hola, señor Goku. ¡Qué alegría verlo! — el entusiasmo lo hizo suyo, atravesando cada poro de su piel de una manera electrificante.

Tal como había supuesto Vegeta, Mirai Trunks, apenas había despertado, se levantó y emprendió vuelo directamente hacia la casa de Goku, siguiendo su energía. Jamás hubiera podido olvidar un ki tan poderoso y bondadoso al mismo tiempo, aunque pasaran mil años.

—¡Trunks! ¡Es increíble! — exclamó su mente casi sin creerlo, al igual que su cuerpo que prácticamente explotaba de alegría — Has vuelto, ¡no sabes cuán feliz me pone verte de nuevo! — lo abrazó como si fuera un verdadero hijo.

—A mí también, señor Goku. Pensé que estaba muerto. Es una suerte verlo acá, con vida — dijo tras el abrazo, mirándolo directamente.

—¡Sí! Yo también estoy muy feliz — la sonrisa formada en su rostro irradiaba energía positiva, como siempre —. Estoy intentando recuperar todo el tiempo perdido con Milk y con mi otro hijo, Goten —se apresuró a explicar.

—Sí, lo sé. Mi madre ya me puso al tanto de todo — explicó él por qué ya lo sabía.

—Que bueno, ¡pero ven, pasa! ¡Aquí te está esperando tu hermano gemelo! — bromeó Goku. Y abriéndole totalmente la puerta de su casa, lo invitó a pasar.

Al adentrarse, el apuesto joven sonrió instantáneamente al ver a Milk, a su pequeño clon Trunks y también a Goten… ¡pero si era idéntico a Goku! No pudo evitar abrir la boca por causa de tanta sorpresa. Primero, por ver lo crecido que estaba su gemelo del pasado, pues la última vez que lo había visto era tan solo un bebé. Y además, por el hijo de Goku que era una exacta copia de él, pero en versión miniatura. Se alegró un montón viendo lo bien que habían salido las cosas en esta época... ambos niños eran la prueba fehaciente de ello.

Entretanto, la sorpresa de Milk y los niños fue realmente indescriptible, tanta que la mujer de Goku abrió sus ojos como ovnis y los pequeños, a su vez, soltaron los controles de su PlayStation 9000 completamente anonadados.

—P... pero es imposible — soltó el pequeño Trunks aún en shock, sin poder creer lo que veía.

—Pero si eres tú, Trunks — Goten refregó sus perlas negras varias veces, como si no pudiera creer lo que veía — Más viejo... ¡pero eres tú! — reafirmó nuevamente, muy exaltado.

—Trunks, te presento a tu yo del futuro — le dijo Goku al pequeño, mientras con su mano lo indicaba.

El niño no podía reaccionar. Era increíble que fuese él mismo... más adulto, pero no cabía duda que se trataba de él. Pensaba justamente en eso, cuando recordó de improviso las cosas que su madre le había contado de su contraparte del futuro.

—¡Genial! — exclamó emocionado el pequeño al comprender a cabalidad — Entonces si tú eres mi yo del futuro... debes ser el hombre más poderoso de todo el universo — dijo con ojos llenos de ilusión. Por supuesto que debía ser el más fuerte... si era él mismo.

Todos se ríeron instantáneamente. Definitivamente el pequeño Trunks tenía una autoestima muy alta. Milk, recuperándose de la sorpresa, lo saludó también y le ofreció unos deliciosos refrescos a todos.

—¡Guau! ¡Y tiene una espada! — gritó Goten totalmente emocionado, acercándose para verla mejor.

—Increíble — soltó Trunks completamente embobado.

Mirai Trunks y Goku sonreían felices al ver la dicha de ambos niños. Y así compartieron un buen rato, todos muy felices. El adulto Trunks preguntó también por Gohan, ya que tenía muchas ganas de ver al que en su tiempo había sido su maestro, amigo y hermano, pero Milk le explicó que en ese mismo instante estaba en la universidad. Así que, esperando verlo más tarde, les explicó a todos los detalles de porque había viajado hacia este tiempo. Y también le pidió ayuda a Goku, quien sin siquiera pensarlo le dijo que sí enseguida. ¡Era que no! Ahora sólo faltaba la parte más difícil... convencer a Vegeta.


—¡No! Y es mi última palabra. No pienso ir con el payaso de Kakarotto — bramó alzando el puño cerrado.

Ahí estaban los guerrerros Z, contemplando los ojos llenos de decisión del príncipe saiyajin. Goku, Goten, el pequeño Trunks y su contraparte del futuro, habían llegado a Capsule Corporation hacía más de una hora y, tras un almuerzo delicioso preparado por Bulma, se habían puesto todos de acuerdo para cumplir una misión imposible... Sí, ¡cómo la película! Pues convencer a Vegeta había resultado mucho más complicado de lo que pensaron inicialmente.

Sin embargo, la cara de aflicción que tenía su gran amigo Goku, motivó a Bulma a proponerle a Vegeta algo que por seguro no sería capaz de rechazar... así que confiando en ello, llamaría a su esposo para que la siguiera al cuarto matrimonial.

—Vegeta, ven por favor — le dijo en un tono suplicante, un tono que al saiya, para su pesar, le costaba demasiado contradecir. Luego miró a sus amigos y agregó rezumando confianza—: No se preocupen, yo me encargo — apenas dicho esto, los Z sonrieron al instante.

El príncipe no respondió, sólo dio un bufido de molestia. La tomó del brazo, y casi arrastrándola, se dirigieron a la habitación privada. Bulma miró hacia atrás y les guiñó un ojo a sus amigos destellando confianza. Bastó sólo ese gesto para que todos se impregnaran de optimismo. Bulma, de una forma o de otra, era la única capaz de domar al orgulloso guerrero. La genia no los decepcionaría, estaban completamente seguros de ello.

Ambos entraron al cuarto; la joven permaneció cerca de la puerta mientras Vegeta caminó hacia la ventana; cruzó sus brazos y le dio la espalda.

—¿Qué quieres decirme, mujer? — preguntó con tono frío y decidido totalmente a no dejarse engatusar.

— Iré directamente al grano — anunció con solemnidad —: Si dejas que Goku vaya — dijo tras un par de segundos — te prometo que seré tu esclava por toda una semana... — su tono de voz sonó tan suave y coqueto que pareció un ronroneo de gatita en celo. Se acercó hasta quedar pegada a la espalda masculina y tomándole por los hombros con ambas manos, le dio un delicioso masaje en ellos. Luego siguió con su espalda y finalizó con el cuello. Más tarde y lentamente, se puso frente a él, tomándole sus manos enguantadas y fijando su vista en sus ojos azabaches.

Vegeta frunció el ceño, poniendo su alma en guardia. Era seguro que algún truco o trampa debía estar preparando su mujer.

—Te prometo que es verdad — continuó Bulma, al notar esa mirada precavida. Lo conocía demasiado bien —. Nada de gritos, nada de regaños, haré todo lo que tú quieras... por toda una semana... sólo imagínalo... — intentó describirle todas las ganancias que obtendría si aceptaba. Y ciertamente parece que lo iba logrando porque un contenido brillo pudo ver en los ojos de su príncipe azul —. Imagínate, harás lo que quieras conmigo, totalmente sumisa a ti... como una esclava... por toda una semana... — agregó con un susurro al oído, tan extremadamente sensual que causó que Vegeta se estremeciera de pies a cabeza —. Una esclava que hará todo lo que tú quieras — continuó Bulma animada al ver la mirada cada vez más indecisa del príncipe —. Una esclava sexual también... — se puso el índice en su boca de manera sumamente sugerente, simulando estar succionando su miembro.

—Grrrrr... — gruñó el saiya maldiciéndose a sí mismo, sabiendo que no podría resistirse más a los encantos de su esposa y a tan atractiva propuesta — Está bien, maldita mujer. Kakarotto irá con nosotros — aceptó refunfuñando a la vez que le quitaba la mirada, indignado consigo mismo por ceder. De una manera o de otra ella lograba persuadirlo... ¡y cuanto odiaba aquello!

Bulma lo premió con una tremenda sonrisa de felicidad y lo abrazó con tanta emoción que Vegeta no pudo evitar conmoverse. No podía creer que con una cosa tan insignificante su mujer pudiera ser tan feliz.

—Te amo — le dijo con tanto cariño y amor, que a Vegeta se le sobrecogió el corazón de emoción.

Él no diría lo mismo pues no estaba hecho para cursilerías. El demostraba con actos, no con palabras.

—Bulma, no necesito que seas mi esclava. Lo haré porque me gusta verte así de feliz. No necesitas cumplirme esa promesa absurda —la abrazó por la cintura, haciéndola sentir como si estuviera en el mágico edén.

— ¿En serio lo harás sin pedirme a nada cambio? ¿Sólo para verme feliz? — preguntó ella completamente asombrada, buscando una respuesta directamente en sus profundos ojos.

— No me hagas repetírtelo porque no lo haré — contestó cortante.

— Oh, tienes corazón después de todo —bromeó feliz y agregó —: Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo — rellena de felicidad, se lo dijo con un susurro constante al oído.

Vegeta tembló por dentro al sentir sus emocionadas palabras; sí, sentir y no escuchar, puesto que llegaron hasta lo más profundo de su alma.

—Te comería ahora mismo — le dijo ella, abrazándolo desesperada.

Vegeta la hubiera hecho su mujer nuevamente, pero tenía que partir por muy difícil que fuera... Bulma también lo deseaba con tantas ansias que le costó separarse de su hombre. Hubiera querido tener el tiempo suficiente para entregársele en cuerpo y alma.

—Ya, mujer — no lo dijo su boca, sino su corazón que comenzaba a sentirse vulnerable —. No me gustan las despedidas — mencionó, intentando ser frío.

—A mí tampoco... — coincidió ella — Solamente trata de volver pronto... — lo miró, anhelante de que así fuera.

—Así lo haré — le confirmó a su esposa con una seguridad abismal. Tanta que Bulma se sintió totalmente tranquila.

—Te amo... con todo mi corazón — le dijo una vez más otorgándole un caliente y apasionado beso.

—Ya sabes lo que se dice en estos casos — contestó el príncipe algo vacilante, a lo que Bulma no tuvo más remedio que sonreír resignada. A pesar de todo el tiempo transcurrido desde que eran pareja, a Vegeta aún le costaba mostrar abiertamente sus sentimientos. Pero en realidad no importaba... así la enamoró y así lo seguiría amando hasta que la muerte los separara. Aunque en realidad, ni la muerte podría lograr aquello.

Acto seguido, ambos bajaron por las escaleras, con Bulma tomada del brazo de Vegeta. Los guerreros Z abrieron los ojos desmesuradamente al ver esa escena, pues no estaban acostumbrados a ver al príncipe dando tales concesiones en público.

—¿Qué miran malditos insectos? ¿Tengo una camisa rosada o qué? — vociferó con el tono más agresivo que tenía.

Todos miraron nerviosamente hacia otro lado. Bulma sonrió al ver como ellos le tenían tanto respeto al saiya.

—Bien, Kakarotto inútil, tienes suerte que hoy me levanté de buen humor. Irás con nosotros — a pesar de su buena disposición, hizo un inevitable gesto de repulsión.

—¿En serio, Vegeta? — preguntó sin poder creerlo todavía — ¡Yupi! — celebró feliz, la emoción desbordando cada centímetro de su piel.

A su vez, Goten y los dos Trunks sonrieron con gran felicidad.

—Bueno, eso significa que sólo nos falta decidir quien más nos acompañará en el viaje — mencionó Mirai Trunks, logrando que todos prestasen atención.

—¡Sí! — gritó Goku totalmente emocionado — Y yo tengo una muy buena idea de quién puede ser — una amplia sonrisa se dejó ver en su rostro.

Todos lo quedaron mirando, curiosos y ansiosos por saber a quién mencionaría el animoso saiya...


Continuará