Capítulo 5: "Celos"

En Capsule Corp, todos seguian mirando al saiyajin de naranjo con ansiedad, para escuchar a quién propondría para hacer el viaje. Y es que la cara de Goku se mostraba como si se le hubiera ocurrido una gran idea… y eso si que era raro.

"Pues…" –Goku se quedó en silencio para darle emoción.

"!Habla de una vez, Kakarotto!" –le exigió impacientado la única persona que lo llama por ese nombre.

"Que malas pulgas tienes, jeje. Pero bueno… yo creo que Piccoro sería de gran ayuda" –dijo finalmente.

"Ay, papá, ¡tenías que nombrarme a mí!" –le reclamó Goten, que también quería conocer el futuro.

"Jaja, lo siento hijo, pero ni tú ni Gohan pueden ir. No pueden dejar sus estudios o Milk me hace picadillo" –sonrió divertido.

"Ah, ¡no es justo! ¿Y como tú si puedes ir?" –le reclamó su hijo nuevamente.

"Pues… porque yo no hago nada jajaja" –se rió avergonzado con una mano en su nuca.

Todos ríeron muy animados menos Vegeta, aunque eso era algo obvio.

"No te preocupes Goku, que Vegeta es igualito a ti" –le dijo Bulma con una linda sonrisa.

"Cállate, Bulma. Nosotros los saiyajins no conocemos lo que es el trabajo ni estupideces como esas, nosotros nacimos para luchar" –se justificó Vegeta.

"Pues al menos podrías trabajar de demoledor de edificios, o de niñero" –bromeó ella.

"Cuando vuelva me las vas a pagar…" –le dijo su esposo irritado.

"Ay, mi amor si era solamente una bromita. ¡Muac!" –le dio un tierno beso en la mejilla.

"Ya mujer, dejate de cursilerías" –dijo él, avergonzado mirando hacia otro lado.

Todos se ríen por lo divertido de la situación.

"¡A callar todos!" –exclamó Vegeta silenciando las risas. "Volvamos a lo realmente importante" –ordenó con semblante serio.

"En realidad es una difícil decisión… yo no puedo decidirme por quien podría acompañarnos" –señaló Trunks del futuro.

"Bah, para mí es muy fácil" –aseguró Vegeta.

"¿Verdad que estás pensando en mí, papá?" –le dijo el pequeño Trunks completamente emocionado y con ojitos llenos de ilusión.

"No"

La cara de Trunks reflejó su tristeza. Bulma sintió pena también al verle esa mirada desilusionada. En realidad Vegeta había sido muy duro. La mujer le dio un fuerte codazo y Vegeta hizó una mueca de fastidio.

"Vegeta, ¿no puedes tener más tacto, por favor?" –le pidió ella en un susurro apenas audible, para que solamente escuchara él.

"Maldición, yo no estoy criando un maricón" –dijo en voz alta sin importarle que escuchara su hijo. Bulma le volvió a dar otro codazo aún más fuerte.

"Por supuesto que no soy un maricón" –se defendió Trunks con altivez, reflejando la influencia que ha tenido Vegeta durante su corta vida. El saiya sonrió al ver que su hijo también tenía su orgullo.

"A ver, Trunks. Ven" –le ordenó con voz potente.

"Sí, dime papá" –caminó hasta quedar frente a él.

"Hay que ser objetivos; aún eres un niño y no serías de gran ayuda" –le dijo suavizando su voz un tanto, aunque muy poco porque era algo que le costaba mucho hacer.

"Sí, entiendo papá" –lo miró tratando de ocultar su decepción.

"Vegeta…" –dijo su mujer en un gruñido que reflejaba su molestia, junto con otro codazo.

El príncipe saiya se fastidió. ¿Qué mas quería su mujer de él? Estaba intentando tener todo el tacto posible del mundo, pero era algo que le costaba mucho porque no era parte de su ser.

"Ya niño, no fastidies que tu madre me romperá las costillas. Cuando vuelva te llevaré al parque de diversiones por todo un día" –le prometió para animarlo, sabía que con eso lo solucionaría todo. Cuando entrenaban y le prometía eso su hijo se motivaba completamente.

"¡¿En serio?" –dijo el pequeño con los ojos iluminados de felicidad. "¡Gracias papá!" –exclamó lleno de felicidad.

Bulma sonrió muy feliz y se volvió a tomar del brazo de Vegeta, dejando descansar su cabeza sobre el hombro de su saiya. Él le puso mala cara, pero ella al vérsela se aferro aún más. No se soltaría por nada del mundo. Vegeta no tuvo más remedio que rendirse ante la terquedad de su mujer.

Mirai Trunks quedó sorprendido con lo que sus ojos acababan de presenciar. Ahora ya estaba completamente seguro, su padre sí habia cambiado. Una sonrisa feliz apareció en su rostro.

"¿Y a ti que bicho te picó, insecto?" –le pregunto el saiya al verle esa sonrisa, al parecer sin motivo alguno.

"No, nada papá" –le dijo borrando su sonrisa, pero aún feliz.

Vegeta decidió no darle mayor importancia y siguió con lo suyo.

"Sigo pensando que conmigo basta y sobra" –señaló con fastidio. "Pero ya que éste insecto –miró a su hijo del futuro – no quiere partir sin llevar más gente, me parece que el bicho verde es la mejor opción. Después de mí, es el más inteligente y astuto. Y lo que sucede en el mundo de Trunks futuro puede que no sea ningún enemigo poderoso, sino sólo un misterio difícil de resolver. Y la lechuga con patas vendría bien si así fuera" –explicó claramente el motivo de su elección.

"Yo también creo que Piccoro es la mejor opción" –dijo Bulma respaldando a su esposo y a Goku. "No hay que olvidar que fue Kamisama de la Tierra y por tanto, es muy sabio también" –terminó de decir completamente convencida. Piccoro era el tipo ideal, el equilibrio entre la ingenuidad y bondad de Goku y el orgullo y mal carácter de su esposo. Si alguien podía hacer de árbitro entre Goku y Vegeta para que no pelearan tanto, ese era Piccoro.

"Bien, no se diga más. El namek viene con nosotros y punto final" –señaló Vegeta de manera tajante.


En un bosque rodeado por imponentes montañas que se erguían amenazantes, una torrencial tormenta se había desatado en plena noche. La lluvia golpeaba salvajemente el suelo como si quisiera castigarlo por algún grave pecado y el viento soplaba con odio intentando derribar todos los arboles que allí yacían. En un risco se puede dilucidar la silueta de una persona con una llamativa capa, la que se movía hacia todos lados por las potentes ráfagas de viento que la azotaban. Se encontraba flotando en el aire con las piernas cruzadas como si estuviera sentado y de manos abiertas con las palmas apuntando hacia el cielo, en esa clásica posición en que se suele retratar a Buda. Sus ojos cerrados y respiración tranquila indicaban claramente que se encontraba meditando. Ahí estaba él, tan sumamente tranquilo, que desafiaba abiertamente a la tormenta que se empeñaba con vehemencia en tratar de perturbar su soberbia calma. Pero lo que no pudo lograr esa tremenda tormenta, si lo lograría una persona…

"Ay ay ay ay ay, ¡que frío hace aquí!" –mencionó una figura que apareció de la nada, cubriendo sus brazos con las manos, tratando de darse calor.

El sujeto de la capa abre los ojos con la molestia reflejada en ellos.

"¿Qué pasa Goku? ¿No ves que estoy entrenando?" –le dijo con enojo. Si algo le molestaba era que interrumpieran su meditación.

"¡Oh, vamos Piccoro! El entrenamiento mental es muy aburrido"

"Para los que no tienen mente…" –le tiró una venenosa indirecta.

"Pero si tengo cabeza también debo tener mente… Bueno al menos eso creo, jeje" –dijo Goku con una sonrisa, en una de sus intelectuales reflexiones.

Piccoro lo miró resignado. Goku todo se lo tomaba a la ligera. Siempre animoso e inyectando alegría.

"¿A qué viniste?"

"Tengo que llevarte a Capsule Corp o no podremos viajar"

"¿Viajar?" –preguntó el namek confundido.

Y así, soportando la lluvia, Goku le fue explicando todo sobre el viaje que al futuro tendrían que realizar.


"Bueno, ojala Goku regrese pronto. No quiero dejar a mi madre sola mucho tiempo con ese peligro que anda rondando por mi época" –dijo Trunks del futuro con preocupación.

"Mi madre". Esas palabras retumbaron en la mente del saiyajin de azul.

"Oye, Trunks" –dijo Vegeta preparando una pregunta.

"¿Sí?" –respondieron los dos Trunks al unísono.

"Me refiero al del futuro. ¿Cómo es tu madre?" –preguntó el príncipe con una evidente curiosidad reflejada en su cara.

La pregunta puso en alerta enseguida a Bulma, haciéndole dar un respingo.

"Pues es igual a la de este tiempo" –una sonrisa espontánea nació en el rostro de Mirai Trunks al recordar a su madre. "Con más años encima, claro, pero sigue teniendo el mismo carácter y continúa siendo muy hermosa" –termino de decir con mirada ensimismada, recordándola.

"¿Cuántos años tiene esa mujer?" –pregunto el príncipe sin ningún rodeo.

"Sinceramente no lo sé. Ya sabes como son las mujeres, pasan de los veinticinco y no les gusta decir su edad" –sonrió Mirai Trunks.

Y tenía mucha razón, porque la Bulma de este tiempo tampoco decía nunca su edad.

"¿Aproximadamente?" –volvió a preguntar el príncipe con una curiosidad muy poco usual en él.

Bulma frunció el ceño ya con cierto enojo y preocupación. Vegeta jamás mostraba interés por otras mujeres… aunque en realidad también debía entender que era algo normal, si después de todo era ella misma, pero en el futuro. No obstante, sin saber la razón, un extraño presentimiento se apoderó de ella. Posiblemente alimentado por su sexto sentido femenino.

"Pues…" –llevó su mano derecha al mentón, pensando en cuantos años tenía realmente su madre. En realidad nunca le había llamado la atención eso. "Mamá… ¿cuántos años tenías tú cuando tuviste a Trunks?"

"Veinticinco" –respondió Bulma.

"Y si Trunks tiene nueve años ahora, eso quiere decir que tienes treinta y cuatro"

"No necesitas decir mi edad, Trunks" –le dijo ofendida.

"Ups, disculpa mamá" –le pidio perdón el joven con una hermosa sonrisa. Sonrisa que lo ayudó a que Bulma lo perdonara más fácilmente.

"No te preocupes, hijo" –le guiñó un ojo.

"Aquí han pasado ocho años desde mi última visita, pero en mi tiempo han pasado sólo tres años" –continuó meditando en voz alta Mirai Trunks.

"Pensé que en tu tiempo habían pasado ocho años también" –le mencionó Bulma.

"No, sólo tres. Por eso es que me veo casi igual que antes" –les explicó a todos.

"Ya basta de asuntos que a nadie le interesan. ¿Cuántos años tiene tu madre?" –volvió a preguntar Vegeta impaciente.

"Pues si Bulma me tuvo a los veinticinco, y en mi primer viaje retrocedí veinte años… eso quiere decir que mi madre tenía cuarenta y cinco años. Desde que me fui han pasado tres años en mi tiempo… así que ahora tiene cuarenta y ocho años"

"¿Y tiene pareja?" –preguntó Vegeta.

"¡Ya basta!" –gritó Bulma sin poder aguantar más. La desquiciaba que Vegeta estuviera mostrando ese desmedido interés en ella.

Todos la miraron confundidos y sorprendidos.

"¿Porqué tanto interés en ella, Vegeta? ¡Dime inmediatamente!" –le exigió con potente voz.

Hasta Vegeta se sorprendió con la reacción de su esposa… no se la esperaba para nada. La miro extrañado, pero no desaprovecharía la ocasión para hacerla sufrir un poco… después de todo le encantaba como lo celaba su mujer.

"Es mi esposa, ¿no?" –respondió con malicia, para sacarle aún más celos.

"No me vengas con bromas, Vegeta" –le respondió muy enojada.

"Eres tú misma mujer, es obvio que me interese en ella. ¿Acaso tienes celos de ti misma?"

"¡No! ¡Que te quede claro que ella no soy yo! ¡Somos personas distintas!" –le dijo Bulma totalmente ofuscada por los celos.

"Para mí son la misma persona" –respondió el príncipe provocándola aún más, pero esta vez sin esa intención.

"Vegeta, estoy hablando totalmente en serio, yo y ella no somos la misma persona y eso que te quede muy claro" –le advirtió con voz amenazante.

El saiya frunció el ceño totalmente sorprendido. Pensó que sólo era un arrebato momentáneo de su mujer, pero en sus ojos se veía que estaba poseída totalmente por los celos.

"Ya no quiero que vayas al futuro" –le dijo su mujer poniendo sus manos en las caderas y poniéndose justo en frente de él de manera desafiante. Parecía una verdadera leona ante su presa.

"Que escandalosa eres. ¿Tan poca confianza tienes en mí?" –le preguntó astutamente, poniéndose de víctima.

"No se trata de un asunto de confianza. Es que ella soy yo misma, por eso te lo digo"

"¡Pero decídete de una vez, mujer! Ahora me dices que eres tú misma… ¿eres tú o no eres tú?" –cuestionó el saiya exasperado.

"¡No! No soy yo… bueno… digamos que somos parecidas… ¡pero no somos la misma persona!" -le espetó con suma energía para dejárselo bien claro.

Los dos Trunks y Goten habían quedado de una pieza viendo la reacción de Bulma. Nunca la habían visto así de celosa. Ella, dándose cuenta del interés de los demás en su discusión, vuelve a tomar del brazo a Vegeta, indicándole que quería volver al cuarto matrimonial.

"Quiero hablar muy seriamente contigo, Vegeta" –le dijo con semblante tan serio, que parecía que ni el más divertido de los payasos la haría reir.

Su esposo frunció el ceño. Y ambos se dirigieron nuevamente al cuarto. Vegeta entró detrás de ella y cerró la puerta con fuerza.

"¿Qué demonios te ocurre?" –preguntó impacientándose.

"No quiero que vayas. ¡Te lo prohibo terminantemente!" –le exigió con obnubilación.

Vegeta cruzó sus brazos.

"A mí nadie me prohibe nada, mujer" –contestó con semblante sombrío.

"Pues yo seré la primera" –le desafío con decisión.

"Dime la razón" –exigió Vegeta ya perdiendo la paciencia poco a poco.

"No quiero que te veas con esa menopáusica" –dijo poseída por la furia.

"Pues tú también lo serás algun día, mujer. No deberías decirlo como si fuera un insulto" –le dijo Vegeta con calma.

Bulma al verlo tan tranquilo respiro profundo para intentar calmarse también.

"Sí, tienes razón…" –dió un hondo suspiro para apaciguar la ira celosa que sentía. "Sé que me ofusque, pero es que me da un miedo terrible que me dejes" –le aclaró, ya volviendo gradualmente a la cordura.

"Eso nunca va a pasar" –le dijo Vegeta enseguida, sin vacilar ni un solo segundo.

"Pero tengo un mal presentimiento… una corazonada de mujer"

"Bah, haces escándalo por nada. Quédate tranquila" –le dijo con voz firme y segura.

Al escuchar la seguridad que desplantaba la voz de Vegeta, Bulma se fue sintiendo más tranquila. Respiro profundo y se dió cuenta que se estaba portando como una niña. Después de todo, estaba completamente segura que Vegeta la amaba con toda su alma, porque este último tiempo ya se lo había demostrado con creces, haciendo cosas que antes jamás hubiera hecho. Vegeta descruzó sus brazos y dió unos pasos hasta quedar frente a su mujer, la toma de los hombros y su vista se clava en sus ojos de manera profunda.

"Te amo" –le dijo provocando que Bulma se estremeciera y parpadeara completamente sorprendida. Jamás se espero ese gesto de parte de él. Siempre era ella la que tenía que decírselo para que él le respondiera. Pero esta vez le nació a él… le nació a él y Bulma no podía creerlo. Jamás pensó que llegaría el día en que por iniciativa propia fuera su hombre el que dijera las palabras más hermosas que existen… te amo.

Los ojos de Bulma se humedecieron por la emoción y Vegeta pudo ver en ella lágrimas que luchaban por salir. La abrazó apretándola contra su pecho y Bulma liberó sus lágrimas consolándose en su esposo.

"Perdóname, Vegeta. Me comporté como una tonta"

Vegeta la tomo del mentón y le dio un cálido beso.

"No importa, mujer. Sé que eres impulsiva igual que yo" –le dijo con una compresión increíble tratándose de él. Bulma quedó de una pieza.

"Vegeta, otras veces me hubieras gritado y te hubieses ido… ¿Porqué ahora estas más sereno que antes?" –le preguntó Bulma confundida y curiosa.

"Porque me dí cuenta que no vale la pena pelear contigo, mujer. No sé que mierda me hiciste o que me cambiaste, pero cuando peleo contigo siento algo extraño" –le dijo con toda sinceridad.

"Ve-Vegeta" –tartamudeó absorta por la sorpresa. "Yo… yo no sé que decirte… a mí también me duele mucho cuando discuto fuerte contigo, se me hace un nudo en el corazón" –dijo intentando buscar las palabras precisas. "En serio, perdóname por ponerme tan tonta… es que si te pierdo yo me muero" –le dijo con ojos todavía lagrimosos.

"No importa; con esos celos me demuestras cuanto me amas" –le dijo secándole las lágrimas con su índice.

"Vegeta…" –soltó insconcientemente su nombre aturdida de amor, acurrucándose en su pecho.

"¡Pero tampoco quiero que exageres! ¿Entendiste, mujer?"

"Sí" –una sonrisa brotó en su rostro.

Vegeta sonrió por dentro. A pesar del escándalo en el fondo de su corazón también se había sentido feliz con la escena de su mujer, porque con esos celos, aunque fueran molestos, Bulma también le demostraba todo lo que lo amaba.

Y así, conectaron sus almas a través de sus bocas en un maravilloso éxtasis. Estaban en eso, cuando justo dos visitas que pareciera que se esforzaron al máximo para ser terriblemente inoportunos, aparecieron de improviso.

Goku abrió la boca por la sorpresa y Piccoro, sabiendo lo que vendría, se pusó detrás de Goku para que Vegeta se desquitara sólo con él.

Tanto Bulma como Vegeta tardaron unos segundos en darse cuenta que no estaban solos, pero cuando el príncipe saiyajin se dio cuenta…

"¿Qué haces aquí? ¡Maldito voyerista!" –gritó preso de furia.

"Pero Vegeta, yo sólo me teletransporte siguiendo tu ki… pense que seguían en el comedor… ¿como podía saber que estarían tan cariñositos?" –dijo con una risita muy nerviosa y un brazo en su nuca.

Bulma sonrió por la mala suerte de su amigo, mientras Vegeta lo toma de la solapa llevándolo hacia la puerta de la habitación y de un solo puntapie en el trasero lo manda escalera abajo.

"¡Y no quiero verte nunca más en mi cuarto, Kakarotto!"

Goku lleva su mano al trasero para sobárselo; la patada realmente le había dolido mucho.

"¡Vaya! Como si yo hubiese tenido la culpa" –alegó con ojos humedecidos.

Los niños y Trunks del futuro ríeron a carcajada limpia, mientras Piccoro, obviamente, no esperó a recibir el mismo trato y salió raudo de la habitación hacia el primer piso.

Unos minutos más tarde, Goku se teletransporta para despedirse de Milk. Llevó también a Mirai Trunks con Gohan y Videl, que se encontraba acompañándolo en la universidad, haciendo unos trabajos a pesar de ser día domingo. Trunks del futuro se alegró mucho de ver a Gohan con una novia tan agradable y guapa. Compartieron un par de minutos y luego regresaron a Capsule Corp para emprender el viaje. Vegeta se despidió de su mujer y su hijo, mientras Piccoro por telepatía se despidió de su querido discípulo Gohan y de su hermano de raza, Dende.

Entraron a la máquina del tiempo y quedaron tan estrechos que apenas pudieron caber en la nave. Con razón Trunks había dicho que sólo podían viajar cuatro personas. Goku quedo justo entre medio del saiya de azul y del hombre verde.

"!No me arruges la capa!" –le gruñó molesto el namek a Goku. Su capa era sagrada.

"¡No me respires encima, insecto!" –le reclamó también Vegeta.

Por un momento, Goku ya no tenía tantas ganas de viajar al futuro…

Los tres singulares acompañantes de Trunks, sintieron como el estómago les daba vueltas mientras la nave se les movía entera como si la tierra estuviera temblando. Poderosos mareos sintieron en sus cabezas. La sensación era muy parecida a la de haber bebido litros de alcohol después de una noche de juerga. Sacudieron sus cabezas para recuperar la normalidad y miraron a Trunks que, al juzgar por su semblante tranquilo, no sentía los mismos síntomas. Seguramente gracias a sus viajes espacio-temporales anteriores su cuerpo ya se había acostumbrado del todo.

Al detenerse la nave los Z miraron por la ventana y, a pesar de que era de noche, pudieron reconocer enseguida donde se encontraban… ¡era la Capsule Corp! Observaron con emoción que la corporación tenía casi el mismo aspecto que la del presente, excepto que ya no poseía esa preciosa, grandiosa, increíble, sublime, y todos los adjetivos posibles que Vegeta pudiera pensar recordándola a ella… Sí, su cámara de gravedad. Cuanto la iba a extrañar.

Trunks abre presuroso la escotilla, ansioso por ver a quienes había extrañado tanto, a pesar de haber estado pocas horas en el presente.

Una silueta femenina se dejo ver asomándose por la puerta, contrastando con la intensa luz del interior. Por la distancia la figura era difusa, pero Vegeta imaginó enseguida de quien debía tratarse, acelerando sus pulsaciones inevitablemente. La mujer salió y caminó a paso acelerado, aunque después debido a la emoción, comenzó a correr torpemente. Al acercarse más, todos los Z pudieron ver en ella que tenía una prodigiosa barriga… pero no una barriga provocada por grasa y gordura, sino por las criaturas más tiernas que podían pisar la Tierra… los bebés.

El rostro de Vegeta palideció, al igual que su corazón. No podía creer lo que estaba viendo, no podía asimilarlo. No vino a este mundo esperando ver eso… ¿Cómo estar preparado para semejante sorpresa? Jamás pensó que su mujer del futuro podría estar esperando un bebé… menos a su edad.

No obstante, todos sus pensamientos cambiaron drásticamente cuando la figura se dejo ver completamente justo en frente de ellos. ¡No era Bulma! Se trataba de una mujer de precioso cabello castaño claro, recogido en una trenza muy cuidada que se dejaba caer caprichosamente por su hombro. Sus ojos eran color cobalto y en ellos se podía divisar una enorme felicidad. Su enorme barriga indicaba que estaba muy pronta a dar a luz.

Trunks le dio un fogoso beso y le acarició la panza con mucho cariño, dejando a los Z con una boca más abierta que el arco del triunfo de Paris.

"Bueno, les presentó a Nenis, mi esposa" –les dijo Trunks con una gran sonrisa y totalmente emocionado por darles aquella sorpresa.

"¡¿Qué?" –exclamaron los tres al unísono con ojos como platos.

Continuará.