Capítulo 6: "Recuerdos y rencores"

Trunks se sintió muy feliz al ver la cara de impresión de los Z y es que su sorpresa había sido todo un éxito. Tal vez si hubiera estado solamente casado el impacto no hubiera sido tan fuerte, pero que además estuviera tan próximo a ser padre, había resultado en una combinación impresionante… ideal para dar una grata sorpresa.

— ¡Hola! Es un gusto — saludo con mucho entusiasmo Nenis.

— Hola — respondieron Goku y Piccolo al unísono, uno muy animado y el otro con tono serio. El príncipe, mientras tanto, aún no se recuperaba de la impresión.

— Vegeta… ¡vas a ser abuelito! — interrumpió Goku sus pensamientos con una gran sonrisa, mientras le daba una palmadita en la espalda.

— ¡Cállate, imbécil! — reaccionó por inercia. Y es que "abuelo" era una palabra que debía existir en varios años más, no ahora.

— ¡Qué carácter, Vegeta! Ojala Bulma no se lo vaya a tomar como tú — dijo transformando su sonrisa en una risita nerviosa.

— Cuando Bulma sepa que va a ser abuela se va a morir — dijo Vegeta intentando esconder una sonrisa que quería aparecer en su rostro, al pensar en la reacción que tendría su mujer al saber tan impactante noticia.

— Yo soy Piccolo — se presentó fríamente el namek, interrumpiendo los pensamientos del saiya de azul.

— Y yo Goku — saludo él, mientras extendía su mano para ser estrechada.

— Goku… — musitó ensimismada Nenis. — ¡Oh, usted es Goku! — reaccionó por fin. — ¡Bulma me ha contado maravillas de usted! No sabe como me alegro de verlo, siempre quise conocer al hombre más poderoso del universo — lo saludó aferrando sus femeninas manos a la extendida del saiya, mientras le daba un beso en la mejilla. El solo nombre "Goku" le inspiraba una confianza única gracias a todas las cosas que su suegra Bulma le había contado acerca de él.

"Siempre quise conocer al hombre más poderoso del universo". Esas fueron las palabras que retumbaron en la mente de Vegeta; escucharlas fue como si le enterraran una enorme daga en el orgullo. Maldito guerrero de clase baja que se atrevió a superarlo.

— Mi suegra siempre dice eso de usted, además que era un tipo muy amable y simpático — los ojos de Nenis brillaban. Siempre había tenido curiosidad por conocer a aquel hombre del que Bulma hablaba maravillas, pero que lamentablemente en este tiempo murió de una enfermedad al corazón.

— Que linda es Bulma, no sabía que me estimaba tanto — manifestó Goku con una gran sonrisa y un brazo en su nuca por la vergüenza.

— Pero tengo una duda... — hizo una pausa antes de manifestarla — Trunks me dijo que usted había muerto en su tiempo ante un tal Cell — preguntó Nenis sorprendida.
— Sí, pero gracias al Viejo Kaioshin reviví y ahora estoy sanito y coleando— contó feliz.
— ¡Qué bueno! — exclamó después de la sorpresa . — Me alegro mucho de que haya podido venir y además es todo un honor conocerlo, señor Goku — declaró muy animada.

Trunks le pegó un suave codazo a su esposa, al notar la mirada llena de furia del príncipe saiyajin. Ella captó enseguida la razón del golpecito porque su esposo ya le había advertido del carácter de su padre y de la enorme rivalidad que tenía con Goku. Así que decidió hablarle al príncipe para sacarle esa mirada agresiva que había adquirido.

— Hola, usted debe ser el señor Vegeta — saludó amablemente Nenis, sacándolo de sus pensamientos.

— Espero que sepas cocinar bien, mujer — le respondió sin siquiera saludarla.

Nenis frunció el ceño. Pensó enseguida que el padre de Trunks no era precisamente el hombre más educado.

— No soy cocinera, pero me defiendo — le dijo con tono molesto.

— Eso espero, mujer — respondió Vegeta mientras caminaba a la casa de la Capsule Corp.

— ¡Qué tipo tan maleducado! — mencionó molesta cuando el de azul ya estuvo a suficiente distancia para que no la escuchara.

— Tenle paciencia. Ya te acostumbrarás a su carácter — le aconsejó su esposo.

— Sí, Vegeta puede ser un tipo malas pulgas pero en el fondo tiene buen corazón — le explicó también Goku.

— Muy en el fondo, eso sí — aclaró el namek, haciendo que todos dieran una carcajada. Tras esto partieron hacia el hogar de la corporación, ansiando cenar algo delicioso.

Vegeta entró en la casa de la Capsule Corp intentando sentir el ki de Bulma, pero no lograba sentirlo por ningún lado. Dos opciones se vinieron a su mente, o la Bulma de este tiempo tenía un ki diferente a su esposa o realmente no estaba en el hogar. Su mente se inclinó por la segunda opción.

Y así, el resto entró a la casa poco después de que lo hiciera el príncipe saiyajin. Trunks tenía unas ganas inmensas de ver a su madre pero no la vio por ningún lado.

— Amor, ¿y mi madre? — preguntó Trunks extrañado al no sentir su ki en la casa.

Nenis quedó en silencio por unos segundos, bajando la mirada como si tuviera que decir algo difícil de escuchar.

— ¿Qué pasa? — preguntó Trunks preocupado con el gesto de ella.

— Se fue — respondió mientras alzaba su mirada nuevamente.

— ¿Por qué? — cuestionó consternado tras un par de segundos.

— No quería ver al señor Vegeta — le aclaró tras una breve pausa.

El príncipe saiyajin entrecerró su ojo izquierdo, mientras Trunks fruncía el ceño por la sorpresa.

— ¿Pero por qué no me lo dijo antes? — preguntó sin comprender esa decisión todavía.

— Te vio tan ilusionado por traer a tu padre que no quiso decírtelo… pero era algo que tenía planeado hacer desde que viajaste al pasado — le explicó Nenis.

— Rayos… ¿cómo no me dí cuenta? — se reclamó a sí mismo Trunks.

— No te preocupes amor, ella no está lejos — lo tranquilizó su mujer. — Sólo quería alejarse para no rememorar malos recuerdos — terminó de explicarle.

— Entiendo… — musitó Trunks resignado. — ¿Y dónde fue? — su ansiedad hizo la pregunta.

— A Gordovan, la ciudad vecina — dicho esto, le tomó sus manos con cariño.

— Ya veo — soltó Trunks resignado, pero también reconfortado con el gesto de su esposa.

— No pensé que la Bulma de este tiempo fuera tan cobarde — afirmó Vegeta con tono despreciativo.

— No hables así de mi madre — replicó su hijo con tono y mirada agresiva. De ningún modo permitiría que alguien hablara así de su madre, ni siquiera su padre tendría tal derecho.

— ¿Acaso es mentira? — replicó Vegeta con el mismo tono agresivo usado por Trunks. — En vez de enfrentar la situación salió huyendo como una rata — mirada y semblante declaraban su enfado.

— Tú no sabes todo el daño que le hiciste… — cerró sus puños con fuerza mientras lo decía — la abandonaste y nunca le demostraste que la amabas. No tienes ningún derecho a juzgarla — le espetó Trunks sin contener su ira.

Vegeta quedó en silencio por unos segundos.

— Ahora es cuando teníamos la oportunidad de hablar… pero prefirió esconderse. Eso sólo lo hacen los cobardes — recalcó apretando el puño.

Vegeta tenía muchos defectos y eso él lo sabía bien, por lo mismo podía soportar todos los defectos de su Bulma sin mayores problemas, pero si había algo que no podía tolerar eso era la cobardía. Y eso era lo que estaba demostrando su mujer del futuro.

El alma de Trunks ardía en llamas por la furia que estaba sintiendo, de hecho era capaz hasta de luchar con su padre si seguía hablando así de su madre, tal como hizo cuando el príncipe le dio permiso a Cell para perfeccionarse. Sin embargo, Goku puso una mano en su hombro y el semisaiya sintió que su furia se desvanecía rápidamente.

— Tranquilo, Trunks. Vegeta lo dice porque tenía muchas ganas de verla — dijo el de naranjo con plena seguridad.

— Tú no te metas, insecto — le reclamó dirigiéndole la peor de todas las miradas.

— Sólo trato de ayudar, Vegeta — se excusó él.

— Nadie te ha pedido tú ayuda — le gruñó cual bestia salvaje.

— Ya, ¡relájense o no les haré comida! ¿Entendieron? — advirtió muy seriamente la mujer de Trunks.

La sola idea de quedarse sin comer hizo temblar a los tres saiyajins.

— ¡Tranquila amor! ¡Si sólo estabamos bromeando! — le respondió el de cabello violeta con una sonrisa.

Nenis y Goku se ríeron de buena gana por la reacción de Trunks, mientras Vegeta desvíaba su mirada con desprecio. Y así, partieron directo al comedor a esperar la cena, que en tan solo un rato estuvo lista para ser devorada.

Mientras comían, y Piccolo tomaba un delicioso vaso de agua, el de cabello violeta les fue contando todo lo que había pasado en el futuro durante esos tres años. También como conoció a Nenis y la manera en que terminaron enamorándose. Conversaban de eso, cuando a Goku le entraron muchas ganas de sentir al bebé.

— ¿Puedo escuchar? — le preguntó Goku a Nenis apuntando a su vientre con el índice.

— Claro — respondió la mujer castaña enseguida.

Acto seguido, Goku puso su oreja izquierda en el vientre de ella para captar los sonidos del bebé. Incluso pudo sentir hasta pataditas.

— ¡Vaya! Va a ser todo un campeón — exclamó con gran alegría al sentir los puntapies.

— Es obvio, si va a ser mi primogénito — señaló Trunks con orgullo. — Aunque no sera campeón… sino campeona — le corrigió con una sonrisa.

— ¡Oh, que bien! Nosotros con Milk quizás cuando vuelva nos pongamos en campaña para hacer una niñita — le contó con gran alegría.

— ¡Qué bueno! Oye Goku, pero por si acaso no se puede elegir el sexo del bebé — le señaló Trunks por si las moscas, sabiendo que el saiyajin puro no era precisamente el tipo más listo del mundo.

— ¿En serio? Yo pensé que como Milk los hacía podía elegir el sexo — agregó él confundido.

Todos se ríeron, menos Vegeta.

— Más imbécil no puedes ser Kakarotto.

Y así, todos compartieron un buen rato en forma amena hasta que Piccolo formuló la pregunta sobre el asunto que realmente los había traído a este tiempo.

— ¿Y bien, qué haremos para resolver este misterio? — preguntó el namek con su tono más serio.

— Lamentablemente no tenemos más opción que esperar a que ataquen otra ciudad — señaló Trunks dando un sufrido suspiro.

— ¿Y cómo lo sabremos? — preguntó Piccolo.

— Mi madre puso sensores en todas las ciudades del mundo, los cuales detectan cuando los signos vitales de las personas desaparecen. Aunque suene cruel, no nos queda otra cosa que esperar que algunos mueran de un tirón… Nada más podemos hacer por el momento — señaló Trunks con una angustia que se le hacía imposible de contener. Le daba una pena tremenda tener que esperar algo así de trágico, pero lamentablemente no tenían más alternativa.

Justo en eso, el sensor comenzó a sonar de forma potente e intermitente, como si fuera una alarma de un barco a punto de hundirse.

— ¡Mierda! — exclamó Trunks, corriendo a toda velocidad hacia el cuarto contiguo.

Los Z se miraron unos a otros y no perdieron tiempo en correr tras él también. Trunks acercó su vista al sensor para ver en que ciudad estaban ocurriendo las muertes y al ver cual era, se quedó completamente paralizado. Un temblor involuntario se apoderó de su cuerpo y el pánico comenzaba a dibujarse en su rostro.

— ¿Qué pasa? — preguntó Goku lleno de preocupación al verlo en ese estado.

Pero el aludido no respondió, seguía completamente anonadado por la sorpresa, tanto que no podía reaccionar.

— ¡Responde, maldición! — le exigió Vegeta, mientras lo tomaba de su chaqueta con fuerza.

— Gordovan… — musitó ese nombre mirando hacia el suelo, como un ido de la realidad — Están atacando, Gordovan — respondió con voz temblorosa, mientras alzaba su asustada mirada para ver al resto.

Los guerreros Z abrieron los ojos desmesuradamente al escuchar el nombre de la ciudad.

— Es la ciudad donde está Bulma… — un severo escalofrío recorrió el cuerpo de Goku al decirlo.

Vegeta sintió que se le apretó el corazón, mientras su cuerpo se estremecía entero. Un horrible presentimiento tuvo, como si fuera una afilada estaca que se clavaba en su corazón.

— Hay que partir de inmediato — indicó el namek, sacando a todos de la sorpresa que los había conquistado.

— ¿Goku, puedes sentir energías hacia el oeste más próximo? Ahí está Gordovan — le pidió Trunks esperando que pudiera teletransportarse.

Goku pone dos dedos en su frente, intentando localizar un ki hacia la dirección en donde estaba la ciudad atacada.

— No puedo sentir nada — respondió con desesperación.

— Hay que ir volando, insectos — dijo el saiya de la realeza con rotunda voz.

Acto seguido, Goku, Trunks y Vegeta se transformaron en Super Saiyajin nivel dos para volar a toda velocidad. Piccolo los siguió casi a la misma velocidad aunque se fue quedando un poco más atrás gradualmente.

Unos dos o tres minutos más tarde, al ir llegando a la ciudad, la vista fue aterradora a pesar de la distancia. Los edificios estaban casi todos demolidos y muchos incendios azotaban cruelmente el sector. Los Z siguieron su vuelo hasta entrar completamente en la urbe, buscando a él o los causantes de ésta catástrofe, pero además de que no había nadie, ningún ki podía sentirse. Al adentrarse aún más en la ciudad el espectáculo que pudieron ver fue horrible. Cadáveres de cientos de personas yacían por todos lados, asesinados de forma brutal. La mayoría de ellos tenían una singular y sanguinaria punción en su vientre.

Trunks sintió un potente escalofrío que se apoderó de todo su cuerpo, recorriéndole toda la columna vertebral como si fuese una fría serpiente deslizándose por ella. No pudo soportar semejante escena, sólo pensar en encontrar a su madre en ese estado lo llevo a dejarse caer en el suelo de rodillas y con las palmas en tierra. La desesperación se apoderó de todo su ser, mientras lágrimas surcaban su rostro preso de angustia y desesperación al mismo tiempo.

— ¡Mamá! — gritó de forma conmovedora por el enorme sufrimiento que desprendía su lastimada voz, haciendo explícito el dolor de su alma destrozada hasta sus cimientos más profundos.

Tanto Piccolo como Goku no pudieron reaccionar al ver tanta angustia en una persona. No obstante, Vegeta enseguida lo levantó con sus manos y con el dorso de su mano derecha le pegó un revés que hizo que Trunks cayera al suelo nuevamente.

Él abrió los ojos totalmente sorprendido.

— ¡Cómportate como hombre! — le exigió gritándole con ira. — Llorando no vas a solucionar nada — aseveró con aún más furia.

— Padre… — fijó sus ojos en la mirada de su progenitor, quien a pesar de la marcada preocupación que marcaba su faz no daba muestra de vacilación alguna.

— No hay que perder la esperanza, debemos buscar a Bulma hasta remover el último rincón de esta ciudad — dijo Vegeta con una seguridad abismante.

El príncipe por fuera quería simular ser una piedra, pero por dentro estaba igual de destrozado que Trunks. Sin embargo, no podía darse el lujo de caer en la desesperación. Eso sólo empeoraría las cosas.

— Sí, tienes razón padre — reaccionó por fin su hijo hasta gradualmente poner en alerta todos sus sentidos nuevamente.

— ¿Pero cómo lo haremos? Los edificios están prácticamente todos derrumbados. Nos tomará más de un día entero rastrear toda la ciudad — acotó Goku con suma angustia.

— No te preocupes por eso — contestó Piccolo con total seguridad.

Los demás fijaron su vista en él de inmediato.

El namek tomó la posición de la meditación, pero esta vez con los ojos abiertos. Segundos después las rocas y los edificios comenzaron a elevarse del suelo al mismo tiempo. Unos cuantos segundos más tarde prácticamente toda la ciudad estaba en los cielos. Piccoro estaba usando su poderosa telequinésis.

— Increíble… No sabía que tu poder mental fuera tan grande, Piccolo — le dijo Goku completamente asombrado.

— No entreno mentalmente en vano — aseguró él. — Ahora dénse prisa, busquen por todo el sector, no podré estar así por siempre — advirtió con tranquilidad.

— Enseguida — contestaron todos al unísono.

El príncipe partió hacia el sur de la ciudad, Trunks hacia el este y Goku hacia el oeste, mientras Piccolo revisaba cuidadosamente el sector donde se encontraba, manteniendo su concentración telequinética. Vegeta decidió partir hacia el sur siguiendo un extraño presentimiento que se apoderó de todo su ser. Jamás su mirada había estado tan llena de atención. Observaba minuciosamente esperando encontrarla; no importando el tiempo que fuera, presente o futuro, nadie la conocía tan bien como él y Bulma debía seguir siendo la misma. Pensaba en eso cuando pudo divisar unos cabellos turquesas que asomaban justo desde la esquina de una calle, haciendo que su corazón se paralizara. Voló hacia allá al instante y enseguida reconoció de quien se trataba. Bulma yacía ahí boca abajo en el suelo. No tenía rastros de sangre en su espalda, pero al parecer no estaba respirando. Vegeta la tomó de la cabeza con sumo cuidado, dándola vuelta muy lentamente. Giró su cuerpo al mismo tiempo que su cabeza y comprobó que la funesta punción que el resto de occisos tenía, en ella estaba ausente. Sin embargo, vio que numerosa sangre escurría por su boca. Jamás pensó verla en ese estado tan deplorable. Le tomó el pulso y verificó que aún tenía pulsaciones, pero la debilidad de ellas lo preocupó aún más. Aunque seguía respirando, era de manera entrecortada y apenas notable.

— ¡La encontré! — gritó con toda la potencia que le permitía su voz. Sin perder tiempo dio otro potente grito llamando esta vez específicamente a Kakarotto. Si algo detestaba con todo su corazón era tener que pedirle ayuda a su eterno rival, pero esta vez no tenía otra opción, se trataba de Bulma… de su vida o muerte... y la teletransportación era un elemento que marcaría la diferencia entre una y otra. Goku llegó un par de segundos después al lugar gracias a su instantánea técnica y se conmocionó al ver el cuerpo de ella en tan mal estado. Trunks llegó también y trató de tomarla instintivamente en brazos, pero Vegeta se lo impidió.

— No la muevas más, puede ser peligroso — le gruñó con el ceño fruncido. Trunks asintió, recordando que en casos así mover burscamente el cuerpo podía provocar lesiones más graves.

— Goku, ¿sabes donde está el Papaya Hospital? — preguntó Trunks aunando la esperanza de que sí lo conociera.

— Claro, era el hospital que usábamos para los heridos en los torneos — respondió enseguida.

— Todavía existe, llévala hacia ese lugar — le pidió Trunks con la desesperación brotando por todos sus poros.

Goku se concentró en sentir energías hacia esa dirección para poder usar su técnica y tras unos segundos los teletransporta directamente dentro del hospital. Piccolo se dio cuenta de la situación y con su mente movió todos los edificios y escombros hacia otro lugar, comenzando a revisar tanto los escombros como el lugar donde antes estuvo la ciudad para ver si quedaba más gente con vida.


— Está en coma de segundo grado, debido a un traumatismo cráneo-encefálico. Los próximas horas son decisivas, aunque tengan fe porque pudo ser mucho peor. Lamentablemente nosotros ya nada más podemos hacer — esas fueron las palabras que el médico jefe de la unidad de cuidados intensivos les daba a los guerreros Z.

Piccolo también había encontrado algunas cuantas personas más que seguían con vida, que junto con Goku, también llevaron al hospital. Debían esperar a que alguno fuera capaz de hablar para saber qué o quién había provocado semejante catástrofe.

— Quiero entrar a verla — le pidió Trunks al doctor.

— No puedes, en cuidados intensivos no se permiten visitas. Además no harás ningún cambio si la ves — le respondió el médico a cargo.

Trunks se resignó a pesar de las ganas que tenía de verla, pero el príncipe saiyajin no tenía el mismo carácter que él…

— Déjame verla inmediatamente — dijo Vegeta, no en una petición, sino en una clara orden.

— Señor, ya les dije que no pueden entrar a verla — contestó el director del hospital imperioso y molesto por el tono agresivo del saiya, sin imaginarse con quien hablaba.

— Escúchame bien insecto, porque yo no amenazó dos veces. Sino me dejas verla te sucederá esto — acto seguido, Vegeta le dio un feroz puñetazo a la pared contigua a la habitación en donde estaba Bulma, dejándole un boquete tan perfecto, sin una sola triza, que parecía haber sido hecho por una enorme bala. Vegeta con los restos de la pared aún en su mano, se los mostró al doctor y los hizo polvo sin ningún esfuerzo.

El doctor abrió los ojos como si fueran platos.

— Con la diferencia que la próxima vez no sacaré cemento… sacaré tu corazón — concluyó con el más sombrío y maligno de los semblantes.

Al médico le tomó varios segundos reaccionar ante tamaña demostración de fuerza sobrenatural, hasta que por fin pudo decir algo…

— ¡Señor pase adelante! ¿Se le ofrece un café también? — ofreció con un tono de voz de lo más amable.

— Sí, y bien cargado. Lo quiero en menos de cinco minutos, humano.

— Sí señor, ¡enseguida!

Los siguientes tres días fueron cruciales para la salud de Bulma. Poco a poco se iba estabilizando y el príncipe la acompaño día y noche saliendo de la habitación solamente para comer e ir al baño. Trunks y Goku esperaban afuera del cuarto para no incomodar a Vegeta; sabían que el príncipe saiyajin prefería estar solo. Piccolo, mientras tanto, como es el que menos lazo sentimental tiene con Bulma, se dedicó a investigar más sobre el ataque que hubo en la ciudad, intentando encontrar alguna pista. Había estado esperando un siguiente ataque pero hasta el momento no había ocurrido nada, así que en la noche volvía al hospital para saber como seguía el estado de la científica.

Aquella noche Trunks se encontraba durmiendo en la sala de espera con Nenis a su lado, debido al cansancio que había acumulado estos días. Por mientras, Piccolo y Goku conversaban en el pasillo, en la salida de la habitación designada a Bulma. Ambos se mostraban muy sorprendidos por la actitud que había mostrado Vegeta para con Bulma. Fue así como en una de sus conversaciones con Goku, salió un tema que al namek lo haría cambiar de color…

— Me sorprende cuanto puede cambiar el amor a una persona — comentó el namek en voz baja, como temiendo que Vegeta pudiera escuchar.

— Pues tú también cambiaste mucho Piccolo, recuerda todo lo que hiciste por Gohan — le recordó Goku.

— Sí, pero yo me refiero al amor de pareja. Nunca terminaré de entenderlo… — llevó una mano a su mentón en forma interrogativa.

Goku bajó su voz.

— La verdad yo tampoco lo entiendo mucho — rió divertido.

— Eso no es novedad… tú sólo entiendes de pelear y comer — le respondió el namek.

— Pues sí. Oye, pero en tu raza son asexuales, ¿verdad? — preguntó con mucha curiosidad.

— Sí.

— Piccolo, pero entonces… ¿tú tienes pene? Siempre he tenido esa duda — cuestionó con sublime inocencia.

Piccolo jamás pensó que alguien se atreviera a preguntarle algo así, apretó dientes y puños con igual furia, mientras de los últimos comenzaron a salir múltiples rayos eléctricos producto de la afrenta. Sintió claramente que su cara dejaba su acostumbrado color verde y daba paso a un color rojo de indignación.

— POR SUPUESTO QUE TENGO PENE, ¡ANIMAL! — vociferó a todo pulmón.

Todos en el pasillo del hospital lo quedaron mirando como si fuera un loco. Piccolo sintió que estaba más rojo que un tomate pero ya no por la ira, sino por la enorme vergüenza que estaba sintiendo. Por un momento entendió los deseos que siempre tenía Vegeta de aplastar a Goku, y es más, ¡hasta le dieron ganas de ayudarlo!

— Pero es que como tú raza es asexual pensé que no necesitabas tener uno — le explicó el saiyajin, sin entender el por qué su amigo se había molestado.

— Sí, somos asexuales pero yo también tengo pene, lo usamos para orinar — le aclaró el namek sintiendo que las venas de su cuello estallarían.

Él, con esa voz tan varonil y masculina… ¿sin pene? ¡Por dios! Goku debía estar loco o definitivamente ser un subnormal de nacimiento. Realmente se sentía ofendido.

Los siguientes dos días no variaron en nada. Bulma seguía sumida en su estado de coma y Vegeta permanecía a su lado día y noche. Solamente salía de la habitación para comer e ir al baño. Trunks estaba completamente sorprendido con la actitud de su padre. Jamás pensó que él fuera capaz de hacer algo así. Las enfermeras también comentaban en los pasillos la situación inusual y cuanto debía quererla aquel hombre para cuidarla de esa manera.

No obstante, el saiya de azul tenía sus propias razones para hacerlo, las cuales esperaba explicárselas más tarde a la misma Bulma cuando recuperara el conocimiento. Hasta que un día por fin, después de una larga y cansadora espera, la lesionada dio señales de consciencia…

La oscuridad de la habitación no dejaba ver nada más allá de lo que estuviera cerca. Unos ojos comenzaron por fin a abrirse después de cinco días de estar inconsciente. Parpadeó mirando hacia el techo y su primera reacción fue pensar en que había pasado. Se llevó la mano derecha a su frente, frotándosela para calmar su dolor de cabeza. Además de confundida, se sentía mareada y sus sentidos no respondían como debían hacerlo. Parecían aletargados y de todas formas era evidente que después de estar tanto tiempo inconsciente sus sentidos no estaría al cien por ciento de sus capacidades. Giró lentamente su cabeza hacia la izquierda para ubicar el lugar donde se encontraba. Allí pudo ver un velador con unas flores de las cuales no logró distinguir claramente su color, pues la oscuridad yacente se lo impidió. Sin embargo, cuando intentó mirar más allá, vio algo que la que la dejó sumida en la estupefacción más profunda… justo ahí estaba… el príncipe saiyajin…

Inevitablemente abrió su boca y un espasmo eléctrico dio su cuerpo entero. Tragó saliva y dudó de lo que sus ojos declaraban ver. No podía ser posible... desvió su mirada y cerró los ojos apretando fuertemente sus párpados. Cuando los abriera nuevamente, tendría la certeza de que esa fantasmagórica visión fue sólo producto de su dañado cerebro. Una imaginación espectral que se disiparía de inmediato. Pero sin embargo, la suposición que había hecho fue golpeada con brutalidad por la realidad. Al fijar su vista al frente Vegeta seguía allí, sentado en una silla, con ojos cerrados y brazos cruzados en su pecho.

— Ve… Vegeta — musitó ese nombre totalmente absorta por la sorpresa. Pero no recibió ninguna respuesta; parecía estar durmiendo profundamente.

Sin poder creerlo ni asimilarlo, se preguntó a sí misma si ya estaba muerta... esa debía ser la razón por la que Vegeta estaba ahí, esperándola en el otro mundo para reencontrarla. No obstante, el sonido permanente del electrocardiógrafo que tomaba su frecuencia cardíaca y un suero inyectado en su brazo le dejó ver que, por más increíble que le pareciese, aún seguía con vida.

Fue entonces que recordó que Trunks traería a su padre desde el pasado para que lo ayudase en el percance que se vivía en este tiempo. En ese instante rememoró claramente porque se había ido a la ciudad de Gordovan… para no verlo. Después sólo explosiones y más explosiones. El instante cuando un muro se derrumbó y le cayó encima se vino a su mente, pero nada más allá de eso podía recordar.

Alma y cuerpo se emocionaron completamente viendo al que fue su pareja. El padre de Trunks, aquel hombre que hacía tantos años que no veía… por el que sufrió día tras día y noche tras noche, después de su trágica muerte. Era ver a un fantasma volviendo a la vida... literalmente. Allí estaba él, a su lado. Su cuerpo inevitablemente se estremeció entero, sintiendo como si todas las células de su piel le murmurasen que no querían verlo. Ni su cuerpo ni su alma querían enfrentarlo. Por esa razón se había ido… pero el destino parecía empeñado en querer que ambos inevitablemente se encararan.

Haciendo un gran esfuerzo se sentó en la cama. No sabía si podría caminar pero haría el intento. Trató de ponerse de pie y lo logró, pero sin poder evitar un sonoro gemido debido al dolor. Decidida a salir de ahí quiso dar otro paso pero algo la obligó a detenerse, tragando saliva y congelando su corazón.

— Sigues igual de terca.

Esa voz que no escuchaba hace tantos años le detuvieron las pulsaciones, tanto que hasta el electrocardiograma mostró el cambio en la gráfica. Volvió a tragar saliva impulsivamente debido a la sorpresa.

Vegeta se levantó con calma y camino a paso firme hasta quedar frente a Bulma. Ella miró hacia la pared para esquivar su mirada.

— Aunque no quieras verme, tenemos que hablar mujer — le dijo con tono serio e imperioso.

— Lárgate de aquí — le dijo con una voz que revelaba explícitamente rencor.

Vegeta no podía creer lo que escuchaba. ¿Después de haberla estado cuidando por cinco días así era como le pagaba? Sintió que la furia invadía todo su cuerpo y de hecho le hubiera respondido de muy mala forma a esa mujer, pero al verla en ese estado aún grave decidió calmarse, lográndolo a duras penas.

— Esto aún no está concluido — le dijo sin poder evitar una voz con cierto cólera.

Bulma lo vio dejar la habitación cerrando la puerta con fuerza tras de sí, la cual crujió por el golpe recibido.

Tras el portazo, Vegeta siguió caminando largándose del pasillo.

— ¿Por qué te vas? — le preguntó su hijo al verle esa cara llena de furia.

— Ya no tengo nada más que hacer aquí — fue la seca y cortante respuesta.

Extrañado por la actitud de su padre, poco tardó en comprender que seguramente algo había ocurrido dentro de la habitación de su madre. Corrió ansioso, entró al cuarto y allí pudo ver como ella estaba de pie con la mirada perdida. Unas lágrimas de emoción corrieron por sus mejillas y la abrazó tan suavemente que prácticamente sólo la rozó. Goku, Piccolo y Nenis entraron después y una gran emoción se apoderó de todos ellos. Como era de suponer el menos demostrativo fue Piccolo, aunque en el fondo también se sentía feliz por ver a Bulma ya consciente. Conociendo lo fuerte que era, no tardaría mucho en recuperarse completamente.

Para Bulma era increíble. Ver a Goku y Piccolo con vida, fue bombardearle la mente con recuerdos en una profunda explosión de remembranzas. Allí estaba su gran amigo Goku, aquel hombre al que conoció cuando era sólo un niño. La misma sonrisa, la misma forma de mirar. La misma energía y ánimo de siempre. Lágrimas de emoción escaparon de sus ojos sin poder contenerlas. Eran demasiadas emociones en tan sólo unos segundos. Ver a Vegeta, a Goku y a Piccolo era volver al pasado… ese pasado tan feliz pero que a la vez terminó de manera tan trágica, con la muerte de todos ellos.

De esta manera, tuvieron que ayudarla a sobreponerse de tanta sorpresa. Goku, con cuidado, la abrazó lleno de felicidad demostrándole el enorme cariño que sentía por ella. Piccolo, siempre más frío que el saiya, se limitó a sonreírle cálidamente. Trunks y Nenis volvieron a abrazarla, esta vez los dos juntos. Así, compartieron varios minutos y conversaron de todo lo que había sucedido en el presente. Después de esos minutos, Bulma también les contó que no pudo ver nada del ataque a la ciudad y también narró lo que había sucedido con Vegeta. Fue entonces que su hijo le señaló algo de lo que ella no tenía ninguna idea, y de hecho, jamás se lo hubiera imaginado tratándose de su esposo.

— Mamá… me parece que fuiste muy injusta… Mi padre te estuvo cuidando los cinco días que estuviste en coma — indicó Trunks.

Bulma abrió la boca completamente sorprendida.

— ¿Es en serio? — preguntó todavía sin poder creerlo.

— Así es. Me parece que deberías hablar con él — le aconsejó a su madre.

La genia científica dio un hondo suspiro como respuesta.

— Créeme que preferiría no hacerlo… Se van a abrir muchas heridas que ya tenía cicatrizadas — se acongojó pensando en ello.

— Tal vez esas heridas realmente nunca cicatrizaron… siempre estuvieron abiertas. Es hora de que se cierren definitivamente — argumentó Trunks, mientras con una mano le hacía cariño en su espalda.

Bulma dio otro profundo suspiro.

— Tienes razón. Hablaré con él — dijo con decisión.

La peliazul fue dada de alta aunque con reposo absoluto. Las indicaciones del médico fueron claras y concisas, debía guardar cama por lo menos durante una semana. Aunque los Z sabían perfectamente que tratándose de ella iba a ser una difícil misión mantenerla acostada.

Así pasaron cuatro días en Capsule Corp. Bulma siguió las ordenes del doctor y estuvo en su lecho durante esos cuatro días, bajo el atento cuidado de Trunks y Nenis.

Vegeta no se topó con su mujer del futuro. Se dedicó a entrenar en el enorme patio de la corporación, entrando a la casa sólo a comer y dormir.

Bulma, entretanto, ya se sentía prácticamente totalmente recuperada. Había estado esperando el momento preciso y adecuado para poder hablar con Vegeta, a solas y sin que nadie más se interpusiera. Así pasó un día más hasta que ese momento finalmente llegó…

Vegeta decidió no cenar con los demás insectos ese día para no encontrarse con Bulma, que por fin había salido de la cama. A pesar de que comer para un saiyajin era algo sagrado, esta vez lo dejaría pasar y comería más tarde que de costumbre. Aún no podía perdonarle a Bulma que lo haya echado del hospital aún cuando él estuvo cuidando por ella esos cinco días sin descansar prácticamente nada. Si ella quería tratar algún asunto tendría que tomar la iniciativa, porque él estaba completamente decidido a no hablarle mientras estuviera en este tiempo. Ya eran las dos de la madrugada cuando decidió dejar de entrenar e ir a comer para satisfacer su ya incontenible apetito. Comenzó a caminar ansiosamente hacia la casa, para después ir directamente al comedor, y aún más importante, el refrigerador.

Bulma se encontraba en la sala de estar cuando sintió los pasos de alguien que venía entrando a la casa. Se trataba de quién había estado esperando desde que todos los demás se fueron a dormir. Dejó el libro que estaba leyendo a un lado y se preparó a encarar de una vez por todas al que fuera su esposo.

Vegeta notó las luces prendidas pero no le dio mayor importancia, lo único importante en ese instante era saciar su enorme apetito.

Al entrar la vió, allí estaba su mujer de esta época, mirándolo fijamente. Entrecerró el ojo izquierdo por la inesperada sorpresa, pero no demostró ninguna emoción. Siguió con el mismo ritmo de paso presuroso directamente a la cocina, que era lo que le importaba en ese momento.

Bulma pensó en dejarlo ir cuando pasó por delante suyo, pero cuando ya estaba abriendo la puerta que daba a la cocina se decidió finalmente a hablarle llamándolo por su nombre.

— ¿Qué quieres? — fue la seca respuesta que se oyó. Vegeta se detuvo pero no se volteó a verla.

— Quería darte las gracias por haberme cuidado en el hospital… yo no sabía que te habías dedicado de esa manera a mí — le dijo con tono de arrepentimiento por el trato que antes le dió.

— No tienes porque darlas. Hice solamente lo que debía para saldar mi deuda. No me gusta deberle nada a nadie — fue la respuesta sumamente cortante que se oyó nuevamente; todavía sin voltear a verla.

— ¿Deuda? — preguntó confundida.

— Las primeras veces, cuando entrenaba a una gravedad 300 veces aumentada, sufrí un accidente que me tuvo igual que tú algunos días. Al despertar, lo primero que ví fue a ti dormida con tu cabeza sobre el velador.

Bulma tragó saliva. Recordaba claramente ese momento. Aún era novia de Yamcha y Vegeta iniciaba su exhaustivo entrenamiento en la cámara de gravedad, misma que explotó en mil pedazos con él dentro, en uno de sus salvajes entrenamientos. Esa vez Vegeta estuvo a punto de morir y, al sentir tanto miedo de perderlo, comprendió finalmente que se estaba enamorando completamente de él. Lo cuido día y noche para que se recuperara. Su Vegeta jamás le dijo nada sobre aquello, pero por lo visto sí fue importante para él.

La mujer se había quedado tan sumida en sus pensamientos que el saiyajin de azul abrió la puerta de la cocina y se adentró en ella sin decir nada más, dejandola sola en el living. No obstante, ella ya lo había iniciado y estaba decidida a terminarlo… debía hablar con Vegeta. Caminó hacia la cocina donde pudo ver como el saiya buscaba ansioso comida para poner en el microondas.

— Si no tienes más que decir puedes largarte — le dijo él sin mirarla, con tono evidentemente molesto.

— Sí entré acá es porque tengo que hablar contigo — le dijo con tono decidido.

— Vaya, hasta que por fin dejaste de enconderte — respondió Vegeta, finalmente dirigiéndole una mirada directa a los ojos.

— No me estaba escondiendo… sólo necesitaba pensar — le replicó molesta, al ver su agresividad en la cara.

— Lo que tú digas — contestó irónicamente. — Y ahora dí lo que tengas que decir y vete, no me agrada perder mi tiempo — agregó con el tono más agresivo que tenía.

— Todos me dijeron que habías cambiado pero veo que sigues siendo el mismo… Sigues siendo el mismo maldito, el mismo maldito frío y agresivo de antes — le quitó la mirada y se giró dispuesta a irse.

— Hasta que por fin te decidiste a decirme maldito — le dijo en son de burla.

— ¿Y qué más quieres que te diga? Intento hablarte pero te encierras en la misma coraza de hielo que tenías antes — se detuvo en la puerta de la cocina, pensando en si salir definitivamente o entrar nuevamente.

— Déjate de hipocresías, mujer. ¡Vamos! Descarga de una vez toda esa ira que sientes contra mí. ¡No te detengas más! — la incitó Vegeta con vehemencia.

— ¡Está bien, maldición! — se giró con violencia para darle la cara. — ¿Quieres saber por qué no puedo verte? ¿¡Realmente quieres saber porque te tengo tanto rencor!?" — le gritó dejando fluir toda esa rabia que tenía contenida.

— Sí — fue la seca respuesta que se oyó.

— ¡Porque eres un desgraciado! … ¿Por qué nos abandonaste? ¿¡Por qué!? — le reprochó con profunda furia, ya sin poder contenerse más.

El silencio se apoderó del sitio durante varios segundos.

— No estaba preparado para tener una familia — respondió finalmente, con suma calma.

Bulma lo vió tan tranquilo que intentó calmarse ella también. Pero tenía tanta ira en su corazón que era sumamente difícil.

— Si tan sólo te hubieras dado la oportunidad de amarme. Si tan sólo hubieses dejado ese maldito orgullo a un lado. Yo dejé a Yamcha, mi trabajo, mi propia felicidad… lo deje todo… me entregue entera a ti. Hasta mi orgullo lo deje a un lado por ti. Porque nunca pudiste comprender eso… ¡yo te amaba más que a todo en el mundo! — le gritó con ojos llorosos.

Vegeta sintió una puñalada en el corazón. Verla así, tan sufriente; con lágrimas en sus ojos que luchaban por salir. Verla así le conmovió el corazón.

— Me equivoque, Bulma.

Ella abrió los ojos totalmente sorprendida. ¿Vegeta reconociendo un error? No lo podía creer.

— No me dí cuenta de la gran mujer que tenía a mi lado. Creéme que ahora lo sé — puso sus manos en los hombros de ella, mirándola tan fijamente que Bulma se estremeció. Sentir esos fuertes brazos tocándola de nuevo después de tanto tiempo fue demasiado. Una descarga eléctrica la recorrió entera. Era él. La misma forma de mirar, el mismo aroma… pero a la vez era distinto… diferente. Ya no era la piedra fría de antes. Bulma le quitó la mirada totalmente nerviosa.

— Mírame, mujer — le ordenó con voz sumamente firme.

Bulma tragó saliva, mientras el corazón se le agitaba intempestuosamente. Él no la dejaría escapar… pero no quería mirarlo.

— Mírame, Bulma — le volvió a ordenar, pero esta vez diciendo su nombre.

Por la forma en que lo dijo, con cierta aflicción, Bulma se sorprendió, alzó su vista y depositó sus ojos en los de él.

— Sé que sufriste como nadie… Y no quiero justificarme, sólo intenta entenderme.

Bulma hizo el ademán de querer hablar pero Vegeta la silenció con el índice en su boca.

— Déjame hablar, mujer — dijo sin despegar su intensa mirada de ella. — Yo soy un saiyajin, nosotros nacimos para luchar. No para tener una familia, ni bondad, ni misericordia… ni amor… eran sentimientos prohibidos. Eso es lo que me hicieron creer. Me entrenaron desde la cuna para ser una máquina despiadada. Para ser el mejor y el más fuerte. Entiende que todo lo que pasó contigo fue algo totalmente nuevo para mí. No pude asimilarlo. Tenía miedo…—Bulma abrió sus ojos completamente sorprendida. — Sí, miedo. El príncipe saiyajin tenía miedo de cambiar, de perder su esencia gracias a ti. Miedo de formar una familia y perder el significado de lo que la vida significaba para mí. Mi padre me enseñó que la única manera de ser el más fuerte era el odio. Sólo el odio podía hacerme más fuerte… Y yo debía ser el más fuerte. Siempre. Pero tú me enseñaste algo totalmente distinto. Me enseñaste lo que era el amor… y tuve temor que eso me volviera débil. Me sentí vulnerable…Por primera vez en mi vida comenzé a confiar en alguien más que no fuera en mí mismo. Por primera vez en mi vida comenzé a pensar en alguien más que no fuera yo… y no lo pude asimilar. Si tan sólo hubiesemos tenido más tiempo… estoy seguro que las cosas hubieran sido diferentes.

La mujer del futuro quedó anonadada. Nunca jamás hubiera podido concebir que Vegeta le hubiera hablado en ese tono. Tan profundo y tan tranquilo al mismo tiempo, al igual que su mirada. Mil pensamientos se vinieron a su mente, pero sólo uno se quedó incrustado en ella… Vegeta sí la quería.

— Escúchame, mujer. Te voy a contar algo de mi infancia que seguro jamás te conté.

Bulma asintió.

Vegeta se dejo llevar por sus pensamientos y las memorias de su infancia vinieron a ella. Aquellos recuerdos que por más que lo intentara jamás podría olvidar… y así, su mente voló hacia aquellos años en que ser despiadado lo era todo…


— ¡Miren! ¡Parece que sigue con vida! — escuchó unos gritos alarmados muy cerca de donde yacía.

Intentó ponerse de pie, pero era completamente imposible. Estaba tan herido que de un momento a otro sentía que su vida cesaría. La respiración entrecortada y el profundo mareo le indicaron que muy pronto caería inconsciente. Sintió como la sangre le recorría la cara como si de un río se tratase. Fijó su vista en el horizonte y se resignó a esperar la muerte como debía hacerlo un saiyajin… sin temor ni quejas. Segundos más tarde, ya no escucho los gritos, no percibía el aire caliente alrededor de su cuerpo, ni tampoco pudo oler ese nauseabundo aroma a quemado cerca suyo. La imagen del horizonte se perdía definitivamente para dar paso a una imagen únicamente negra…

Muy lentamente abrió los ojos, al mismo tiempo que al despertar sintió un intenso dolor en todos sus músculos y huesos. Al sentir tal dolor no pudo evitar gruñir como una bestia con tal sensación. No tenía idea de cuanto tiempo había pasado desde que había caído inconsciente.

— Hola, veo que por fin despertaste — lo saludó una dulce voz femenina.

Vegeta no contestó, trató de incorporarse a pesar de sus graves heridas. Sabía que podía dañarse aún más pero en terquedad nadie le ganaba. No obstante, tan sólo pudo moverse un poco y de nuevo sintió como si una enorme nave espacial le hubiese caído encima.

— No intentes moverte, aún estás muy grave y con fracturas en todo tu cuerpo. Es un milagro que no te hayas matado en ese choque le aconsejó con tono suave.

— ¿Qué… qué rayos pasó? — gruñó con voz entrecortada por causa del dolor, sin saber exactamente lo que había ocurrido.

— Chocaste con tu nave muy cerca de aquí. Hubo una inmensa explosión y todos pensaron que nadie había sobrevivido… pero de pronto saliste de allí haciendo un enorme boquete en la nave, caminaste unos pasos y caíste desplomado. Luego la gente de acá te trajo para que intentara salvarte. Soy la doctora de este pueblo — le explicó con su preciosa y armoniosa voz.

— ¿Por qué mierda no me matas de una vez, maldita? — preguntó muy molesto, al sentir que había caído prisionero en manos de una mujer. — Mátame de una vez — exigió para evitarse la humillación de ser un simple cautivo.

La chica reaccionó sorprendida y confundida a la vez.

— ¿Por qué me dices eso? Estoy tratando de ayudarte — le explicó con voz todavía asombrada.

— ¿Ayudarme? ¿Ayudarme dices? ¿No sabes quien soy, bruja? — cuestionó, iracundo.

— ¿Por qué eres tan agresivo? ¿Y por qué debería saber quién eres? ¿Eres famoso? — le preguntó con evidente candor.

"Así que en este planeta todavía no conocen el imperio de Freezer… ni tampoco a los saiyajins", pensó el príncipe enseguida.

Vegeta giró su cuello, de manera lenta para no forzarlo, y pudo ver a la mujer que le hablaba. Era exactamente igual a cualquier hembra saiyajin, con la excepción de no tener cola y que su piel era de color algo azulino. Muy parecida al color de piel que poseía el guardaespalda más poderoso de Freezer, Zabon. Además a su lado había una especie de perro que movía su cola con entusiasmo.

— Escucha maldita — llamó su atención si supieras quién soy y a lo que he venido no estarías tratando de ayudarme — le advirtió con semblante sombrío.

La chica se sorprendió por la manera tan lúgubre en que el niño se había expresado. No le daba más de diez años de edad pero en sus ojos se reflejaba como si ya hubiera vivido toda una vida.

— No me importa quien seas. Mi deber es ayudarte para que estés bien. Es mi deber como doctora — zanjó destellando seguridad.

Vegeta frunció el ceño con sorpresa. Esa respuesta lo sorprendió bastante. Esa mujer no le tenía ningún miedo, aunque de todos modos como podría tenerle miedo si estaba en ese estado patético. Debía demostrarle a esa mujer que no debía subestimarlo sólo porque fuera un niño malherido.

— Escucha sabandija, seré claro contigo. Si llego a recuperarme voy a acabar con tu vida y con la de todo este planeta — le dijo claramente y sin anestesia alguna.

La chica frunció el ceño con consternación ante tamaña amenaza. Lo miró profundamente como si buscara algo en los agresivos ojos del niño. Luego contestó.

— Bueno, entonces vas a tener que hacerlo porque no me pienso detener hasta verte completamente sano. No pienso dejar que un niño muera sin hacer nada para salvarlo. Jamás me lo perdonaría — le afirmó con enorme decisión.

— ¿Qué mierda estás diciendo? — contestó Vegeta completamente sorprendido. — ¿Acaso no aprecias tu vida mujer? — le reclamó con incomprensiva rabia.

— La aprecio mucho pero no le temo a la muerte, tarde o temprano nos llega a todos — aseguró con una seguridad abrumadora.

Vegeta la miró anonadado. Definitivamente no era una mujer común y corriente. No supo qué responderle.

— ¿Además que razón tendrías para matarme? — inquirió ella, mientras se sentaba a los pies de su cama.

— Esa es mi misión — contestó sin esperar ni un segundo. Era una respuesta automática.

— ¿Misión? Eso suena terriblemente serio; eres un soldado supongo — dedujo la mujer, absorta por escuchar a un niño hablando de misiones.

— Guerrero suena mejor; me llamo Vegeta, soy el guerrero de clase más alta de mi raza y el príncipe de todos ellos — le señaló con supremo orgullo.

La doctora abrió los ojos sorprendida, parpadeando rápidamente.

¡Guau, un príncipe! ¡Siempre quise conocer uno! — exclamó emocionada, aumentando aún más la molestia del niño.

El pequeño saiya bufó en forma atronadora. Lo que quería él era provocarle intenso miedo y ella al saber que era un príncipe quedaba encantada. Ahora comenzaba a entender que las mujeres eran criaturas muy raras.

— ¿Y porque tienes la misión de matarnos? — preguntó muy interesada.

— Ese es mi destino. Ser el más fuerte y despiadado — aseguró con una sonrisa maligna que le nacía con toda naturalidad.

— Mmm… — la mujer quedó pensativa durante varios segundos. — ¿Pero es lo que tú quieres también?

— ¿Qué mierda de pregunta es esa? Por supuesto que sí, yo nací para luchar y matar seres patéticos y débiles como tú — el sadismo se apoderó de sus belicosos labios.

— Mmm… — volvió a musitar ella.

Vegeta percibió como la mujer lo miró minuciosamente de arriba abajo hasta clavarse en sus ojos. Esa mirada tan profunda y directa le incomodó de sobremanera, tanto que hasta se vio obligado a quitarle la mirada.

— Sabes, debería tenerte miedo pero no lo tengo. No sé por qué — le comentó con voz extrañada.

— Eso es obvio, es imposible que me tengas temor si me ves tirado en esta cama de mierda sin siquiera poder moverme… pero te aseguro que apenas me recupere estarás temblando de miedo — le amenazó con una sonrisa llena de maldad que, sin embargo, a ella no parecía afectarle en nada.

— Puede ser… aunque sabes, noto algo distinto en ti — le comentó sin quitarle su profunda mirada ni un segundo.

— ¿Distinto? — preguntó él con curiosidad.

— Sí, no sabría como explicártelo pero siento que tienes una energía especial. Es por eso que a mi mascota le caíste tan bien — le afirmó con una dulce sonrisa, mientras indicaba con su índice como su animal compañía movía su cola alegremente.

— ¡No digas idioteces! — reaccionó con furia sintiéndose indignado. — ¿Sabes a cuánta gente he matado? ¿Cuántos planetas he conquistado? ¿Cuánta sangre he hecho correr? — espetó con voz sumamente violenta.

La chica no se enojó ni se asustó, cosa que volvió a sorprender a Vegeta. Su mirada adquirió un cariz de tristeza.

— Que lástima por ti, lo siento realmente — lo compadeció sinceramente. Debe ser una pena vivir así, matando gente sólo porque es tu misión — la congoja de su voz fue evidente.

— ¿Y tú cómo mierda puedes saber lo que puedo sentir o no? — le reclamó realmente exasperado.

— Se te nota en los ojos… están llenos de dolor — le afirmó completamente segura, mirándolo directamente a sus ojos.

La sorpresa invadió la faz del saiya completamente, tanto que sus pupilas saltaron como nunca antes lo habían hecho.

— Me estás hartando, mujer. Me molesta que un ser tan inferior como tú no me tenga el más mínimo miedo. Créeme que si pudiera te mataría ahora mismo— amenazó poniendo su cara más malvada.

La mujer sonrió instantáneamente, cosa que volvió a extrañar al saiya. ¿Él la amenazaba y ella le sonreía? ¿Qué mierda le pasaba? ¿Estaba loca o qué?

— Bueno, no te seguiré molestando por ahora — interrumpió los pensamientos del príncipe. — Mañana será otro día y seguiremos hablando. Que descanses — le dijo mientras lo tapaba con una frazada con suma delicadeza.

— ¡Lárgate de aquí! No necesito tus atenciones — de haber podido moverse la hubiese golpeado por su atrevimiento.

— Bueno, bueno, pero no te sulfures, ¿quieres? Te hará mal para tu salud — le aconsejó con voz maternal.

— Grrrrr.

Así pasaron cuatro días en que Vegeta lentamente comenzaba a recuperarse. La mujer lo cuidó como si fuera un hijo, con tanto cariño y amor que el príncipe saiyajin quedó completamente anonadado. Jamás nadie lo había tratado así. ¿Acaso eso era el cariño? Había escuchado esa palabra antes no sabía en donde, pero claramente no era una palabra saiya.

Pensaba en ello, cuando precisamente la joven entró a atender sus heridas. Siempre era ella quien lo cuidaba y en aquella casa sólo sentía los ruidos que la doctora provocaba, llamándole la atención que la joven siempre estuviese sola. Resultaba claro que ella vivía ahí sin compañía alguna.

— Oye mujer, ¿vives sola en este lugar? ¿No tienes familia o algo por el estilo? — preguntó con curiosidad inusitada.

La chica abrió la boca sorprendida. Vegeta jamás demostraba interés por nada y ahora le estaba preguntando algo respecto a su vida. Se sintió extrañamente feliz con la pregunta formulada por el saiya.

— O sea que te preocupa que esté viviendo sola — respondió con una sonrisa.

— No es eso, estúpida — rechazó molesto. Se sintió ridículo con las palabras de la mujer. Jamás él se preocuparía por ella. ¡Jamás! — Es normal que sienta curiosidad y, además, así sabré a cuantos tendré que matar en esta casa — explicó conservando su ártica frialdad.

— Ah, con que es eso, bueno por aquí sólo deberás matarme a mí. Vivo sola — le detalló la doctora.

— ¿Por qué? — preguntó el niño con curiosidad.

Por segunda vez desde que la conoció Vegeta notó una mirada triste en la muchacha.

— Mis padres murieron — el dolor en su faz fue evidente. — Era hija única y quede a cargo en un hogar de menores. Y ahora que ya crecí, pues me compré una casa con lo que he ganado en mi trabajo — terminó suspirando.

El silencio se apoderó del ambiente durante varios segundos, aunque fue un mutismo tan intenso que el tiempo pareció prolongarse mucho más que sólo segundos. Vegeta finalmente rompió el silencio imperante.

— Estás sola… igual que yo.

La muchacha lo miró con total sorpresa. Por primera vez desde que lo conoció aquel niño le expresó algo que estaba sintiendo de verdad. Sus ojos ya no demostraban esa acostumbrada agresividad, sino un leve brillo de tristeza. Con más tiempo y dedicación estaba segura que lograría que ese niño pudiera confiar en ella.

Pasó un día más y la mujer estaba feliz por la recuperación tan rápida que mostraba Vegeta, además de sentirse orgullosa de sí misma por su gran calidad como médico. Quizás si lo hubiera atendido otro doctor no hubiera corrido con la misma suerte.

La mujer caminó hacia el cuarto del príncipe para atenderlo, curarle sus heridas y llevarle comida. Pero cuando abrió la puerta vio que el niño estaba levantado, de espalda a ella, observando el hermoso paisaje que se podía apreciar por la ventana.

Caminó al velador hasta dejar sus herramientas médicas en el mesón.

— Me alegro que ya te puedas mover — comentó con tono animoso. — ¿Puedes caminar ya?

—Sí — contestó Vegeta secamente sin voltear a mirarla.

La mujer dio un suspiro de resignación.

— Bueno, supongo que eso significa que ha llegado mi hora — mencionó sin emoción.

—Así es — volvió a contestar en forma fría y seca.

La doctora se quedó detrás de Vegeta, sin avanzar un solo paso. Él se dio vuelta lentamente y la miró fijamente a los ojos. La mujer también clavó los suyos en los de él. Estaban a unos pasos uno del otro, intercambiando sus profundos semblantes.

El niño alzó su mano apuntando hacia su pecho. Un destello de luz comenzó a brillar en su mano.

— Antes de morir quisiera que supieras mi nombre. Nunca te lo pude decir — le pidió la mujer esperando su destino.

— Hazlo.

— Me llamo Bra.

— Prepárate, Bra — el destello de luz comenzó a iluminar aún con más intensidad.

— Lo estoy — contestó ella con decisión sublime.

Vegeta no sabía que estaba sintiendo. Era una patética mujer. Sin siquiera un poder de pelea decente. Había enfrentado tantos guerreros poderosos, pero ella sin siquiera ser una guerrera le inspiraba mucho más respeto que cualquiera de ellos. Recordó todos los momentos en que ella lo cuidó... todos esos momentos en que ella compartió sus pensamientos con él... todos esos momentos en que conversaba con él a pesar de sus cortantes respuestas... gracias a ella estaba vivo, porque sino hubiese muerto sin remedio. Sin duda alguna, le debía a la vida a ella...

No obstante, tiene una misión que cumplir, no debe vacilar nunca. No debe dejarse llevar por emociones tan inútiles como la compasión. Eso no es digno de un saiyajin.

La intensidad de la luz en su mano se incrementó aún más. Su mirada siguió fija en Bra, quién ni siquiera cerró los ojos. Lo siguió mirando fijamente en forma estoica, esperando su fin.

El príncipe, ya sin poder contenerse más, lanzó su energía. Enseguida el sonido del impacto se escuchó en toda la habitación. Después sólo silencio, un silencio sepulcral se apoderó de todo el lugar. Un silencio que a Vegeta le estaba rompiendo el alma.


En un gran salón adornado con múltiples objetos dorados que resplandecían, un hombre con barba y amplia frente lucía una mirada de lo más hastiada. Sentado en un altar, su aire distinguido y capa aristocrática revelaban que se trataba de alguien muy importante. A los pies de aquel trono una larga alfombra de color rubí con bordes dorados se extendía hasta la salida de la lujosa habitación. Pilares inmensos sostenían el sólido techo, que yacía muchos metros por encima del suelo. El espacio que había era enorme, a pesar de los numerosos adornos esculpidos por otras culturas exterminadas o esclavizadas. El hombre chocaba sus dedos contra el costado de la silla con impaciencia. Poco después, un subordinado entró presuroso y rápidamente llegó a los pies del trono.

— Su alteza, aún no tenemos noticias del príncipe Vegeta. Debía cumplir su misión en tres días pero ya han pasado cinco — reportó un hombre con voz preocupada.

El vasallo que había dado la noticia se inclinaba con semblante totalmente sumiso ante el Rey Vegeta, quien formó una mueca de gran disgusto en su cara.

— Partiré de inmediato a ese tal planeta Actronia. Avísale a Nappa para que se encargue de las nimiedades — ordenó el monarca saiya, mientras se ponía de pie.

— Enseguida, su majestad — contestó el vasallo, que se fue corriendo a toda velocidad para avisarle a Nappa las órdenes de su líder.

Acto seguido, el rey Vegeta comenzó a caminar con su atropelladora soberbia acostumbrada, dirigiéndose a la sala de naves interespaciales.

"Algo debió salir mal… pero no imagino qué. En ese planeta de porquería no existe ningún guerrero capaz de darle pelea a mi hijo", reflexionó para sí mismo el supremo soberano de todos los saiyajins.


— ¿P... por qué no lo hiciste? — tartamudeó Bra asombrada. Ya había aceptado su destino, pero la onda de energía pasó a su lado hasta impactar en la pared, provocándole un agujero de pequeño tamaño.

Vegeta cerró su puño con fuerza. Rayos de energía comenzaron a surcarlo de extremo a extremo.

— No puedo hacerlo — gruñó desde sus mismísimas entrañas. Estaba realmente molesto consigo mismo.

Bra no sabía como reaccionar, pero una alegría inmensa e indescriptible se estaba apoderando de su corazón. Sabía que aquel niño sí tenía más sentimientos aparte del odio y la agresividad. Sólo tenía que demostrarle que había algo más en la vida que matar y destruir… y al parecer lo había logrado.

Vegeta escupió con furia al suelo.

— ¿¡Por qué no puedo hacerlo!? — se gritó a sí mismo.

— Yo… — intentó hablar Bra.

— No digas nada — le exigió al instante.

El guerrero sólo camino hacia la puerta de salida de la casa y se elevó hasta irse de aquel lugar.

Bra quería detenerlo con todas sus fuerzas pero sabía que no era el momento adecuado. Vegeta debía tener mil pensamientos atravesando su mente. Caminó hacia la puerta hasta verlo alejarse en el horizonte.

— No huyas de mí… por favor, Vegeta — le suplicó a la distancia, sabiendo que él ya no podía oírla.

El príncipe saiyajin se sintió confundido y aturdido. No había podido cumplir su objetivo… no había podido cumplir su misión. ¿Por qué rayos no pudo hacerlo?

Así pasó la tarde entera con su mente divagando sobre la naturaleza destructiva de su raza, pensando en aquella mujer que se atrevía a cambiar los preceptos que habían inculcado en su asesina vida. De pronto, pudo ver otra nave-esfera espacial cayendo desde el cielo siguiendo las mismas coordenadas que las de su nave estrellada. Imaginó enseguida de quién debía tratarse. Había tardado mucho en regresar al planeta Vejita y seguramente su padre venía personalmente a buscarlo. Un sentimiento de preocupación lo invadió al pensar en la suerte que correría Bra… voló a la máxima velocidad que podía para intentar hacer algo… ni siquiera él sabía porque, pero un impulso mas fuerte que su razón lo llevó a tratar de salvarla. Lamentablemente al llegar al sitio, ya nada podía hacer… todo el pueblo estaba devastado e intensos y calurosos incendios azotaban todo lo que antes había sido un sitio llena de vida, pero que ahora sólo daba paso a la destrucción y muerte. Vegeta sintió una puntada muy fuerte en su corazón, como nunca antes la había sentido. Recuerdos de cómo aquella mujer llamada Bra lo había cuidado se vinieron a su mente una y otra vez. Su mirada y tierna sonrisa no querían abandonarlo. Por primera vez durante toda su vida, sintió ganas de llorar. Pero eso de nada servía, su padre lo había destruido todo tan solo en un par de minutos. Momentos más tarde lo pudo ver en el horizonte volando directamente hacia él.

— ¿¡Por qué rayos no cumpliste tu misión!? — vociferó el rey Vegeta al verlo.

El príncipe apretó su puño y dientes con furia. Su padre tenía una mirada llena de ira también.

— Mi nave tuvo un desperfecto y colisionó contra este planeta. Estuve a punto de morir, pero una mujer me cuidó para recuperarme, padre — le explicó a su iracundo progenitor.

— ¿Quieres decir que por esa mierda no cumpliste tu misión? ¿¡Pero qué mierda te hicieron estos insectos!? — le pegó un sanguinario puñetazo que prácticamente lo enterró en la tierra. — Escúchame bien, porque no te lo repetiré. Jamás tengas relación con tus víctimas porque esto es lo que te sucederá. Te volverán débil y vulnerable. Un insecto patético igual a ellos. Tú eres un saiyajin de la clase más alta y estás destinado a ser el guerrero más fuerte del universo. Ese es tu destino y jamás deberás pensar en otra cosa. Sólo el odio te hará más fuerte. Los otros sentimientos son inútiles. ¡Entendiste! — le gritó dándole una patada que por poco le perforó el abdomen. — Pronto necesitarás mujeres para satisfacer tus deseos, pero jamás te relaciones sentimentalmente con ellas. Sólo sirven para usarlas, gozar de ellas un rato y después botarlas a la basura como los gusanos débiles que son, tal como hice con tu madre.


— Después de eso mi padre me siguió castigando de forma tan cruel que tuve que estar en una cámara de recuperación por casi una semana sólo para que después de esa paliza me volviese más fuerte.— continuó relatándole Vegeta a su mujer del futuro. — Me llené de odio… contra todo y contra todos; contra mi padre por tratarme así, pero juré que algún día me las pagaría. Contra ese puto de Freezer por tratarme como un vulgar esclavo. Incluso odié a Bra por haberme cuidado e inyectar esos sentimientos inútiles en mí. Gracias a ella me volví débil e incluso sufrí patéticamente con su muerte. Gracias a ella no pude cumplir mi misión, traicionando a toda la esencia de mi raza. Juré que jamás volvería a sentir algo así. ¡Nunca! — gritó con tremenda e impotente furia. Luego, tras un momento que a Bulma se le hizo eterno, agregó: — Contigo me volví a sentir vulnerable, tal como sucedió con Bra; por eso me costó aceptar tanto lo que comenzaba a sentir por ti. No quería traicionar a mi raza... no quería darle la espalda a lo que realmente soy. El fuerte vive, el débil muere, y yo tenía que ser el más fuerte.

Vegeta terminó de hablar y su mirada pérdida reflejo su aflicción. La científica guardó silencio, respiró profundo y las palabras no llegaban a su boca. Estaba consternada con el relato de su esposo del pasado.

— Para sobrevivir el dolor… conviértete en dolor. Y en eso me convertí yo — terminó de decir con su mirada aún perdida.

— Yo no sabía todo eso… — dijo Bulma tras una pausa, muy afligida por todo lo que tuvo que pasar su pareja en la infancia. Y esa tan sólo debía ser una de las tantas cosas que debió haber vivido…

— No tenías porque saberlo — la calmó él al ver su congoja.

— Lo siento mucho, Vegeta. De verdad — bajó su mirada, apesadumbrada con el peso de lo contado.

— No importa, mujer. Así es la vida. A unos los golpea más que a otros. Pero lo que no te mata te hace más fuerte… y yo ya lo superé — dijo cerrando su puño con orgullo. — Por eso para mí fue tan difícil aceptar lo que estaba sintiendo por ti. Fuiste la única persona con la que pude dejar mi coraza de hielo a un lado… con la que podía conversar abiertamente, sin miedo a mostrar lo que sentía. Pero no podía permitirme esos sentimientos… me volvían débil, patético y vulnerable. Al menos eso era lo que yo pensaba. Después pude entender que esos sentimientos no tenían porque hacerme débil… y eso fue algo que aprendí de Kakarotto, aunque deteste admitirlo. Él se hacía más y más fuerte a pesar de no tener odio en su corazón… él lo hacía por que tenía gente que debía proteger… luchaba por su familia y amigos que lo querían y eso le daba una fuerza increíble que yo no podía entender. Pero por fin ahora yo también lo entiendo… porque ahora yo también tengo seres que debo cuidar… una familia que tengo que proteger.

Bulma tragó saliva debido a la emoción. Jamás Vegeta le había hablado con tanta sinceridad y había sido tan especial que se estremeció entera… jamás pensó que llegaría el día en que él hablará tan abiertamente con ella.

— Me siento feliz… pero triste también… siempre supe que era cosa de tiempo para que me abrieras tu corazón… pero el destino fue cruel y te llevó para siempre de mi lado — la peliazul bajó su mirada dando un profundo suspiro inundado de dolor.

La mujer dejo escapar espesas lágrimas que le surcaron el rostro como si de un tortuoso río se tratase. Vegeta sin pensarlo la abrazó para consolarla. Ella no podía creerlo. Fue un abrazo tan emocionante, tan increíblemente intenso. Vegeta jamás daba abrazos, hasta su mujer tenía ese privilegio contadas veces, pero cuando lo hacía era como sentirse en el paraíso. Y así se sintió ella. Por primera vez después de tanto tiempo se sentía feliz como mujer. No como madre, porque esa felicidad la tuvo siempre desde que engendró a Trunks. Ahora sentía una felicidad que sólo podía sentir por una pareja… por un hombre… por Vegeta.

Sólo él podía hacerla sentir así, sólo él podía traerle de nuevo esos sentimientos que parecían completamente olvidados. Sólo él la hacia sentirse… mujer.

Toda su vida la había dedicado a otros. A Yamcha… a su Vegeta… y después a su hijo Trunks. Pero esta vez ya no quería que fuera así. Simplemente no lo quería más. La vida le estaba dando una segunda oportunidad. Se olvidó de su contraparte del presente y por muy egoísta que pudiera ser… esta vez pensaría en ella… en ella y nadie más. La química del amor la compelía a declarar lo que sentía. Sin pensarlo más acercó sus labios a los del saiya y cerrando los ojos le dio un cálido, tierno y húmedo beso.

Vegeta se sintió extraño y perturbado. El mismo sabor… el mismo aroma… la misma forma de besarlo. La misma forma de sentir… era su Bulma… y a la vez no lo era. ¿Qué hacer en una situación de este tipo? Jamás pensó tener que enfrentar algo así. Era mucho más difícil que enfrentar a cualquier enemigo poderoso. Al menos en esas ocasiones sabía que hacer… luchar hasta el final. ¿Pero ahora que podía hacer? Tenía unas ganas inmensas de seguir besándola… de hacerla suya… pero no podía hacerle eso a su mujer. Sin embargo, la batalla que se cernía en su interior resultaba sumamente difícil. Era su esposa. Realmente era ella. Todo su cuerpo se lo decía claramente. Los vellos de su piel se enervaron del todo y por un momento pareció perderse para siempre en los labios de su mujer. Cada célula de su ser le exigía besarla, porque se trataba de su esposa... de su Bulma. Sin embargo, el alma en esta ocasión no concordaba con el cuerpo, pues le advirtió con claridad que la mujer que lo besaba con tanto cariño y amor no era su verdadera cónyuge. Decidió dejar de besarla y alejarse para que la situación no pasara a mayores, pero le fue mucho más difícil de lo que pensaba. Bulma le volvió a tomar la cara con las manos y le dio otro beso, el cual fue tan dulce que hubiera podido seguir así por toda la vida.

— Te sigo amando como el primer día… — se separó un poco para decírselo, mientras lo miraba tan intensamente que Vegeta sintió que ella le desnudaba su alma. Esos ojos reflejaban la más pura ternura y amor.

Aquellas palabras retumbaron en la mente de Vegeta. Fue como si se hubiese detenido el tiempo. Toda señal de vida de su cuerpo se perdió por unos segundos. Lo antes dicho llegó hasta lo más hondo de su ser. Su cuerpo se estremeció entero haciendo que sus células se enloquecieran todas sin excepción. Fue como si le hubieran dado una descarga eléctrica. Era su mujer… pero a la vez no lo era. ¡Maldición! ¿Que podía hacer? Su mujer del presente vino a su mente… su sonrisa, sus regaños, su forma de amarlo incondicionalmente. Su manera de soportar esperando que le abriera su corazón tantos años. No, no podía engañarla. Quitándole la mirada a Mirai Bulma se separó con más decisión en esta ocasión… y ella esta vez no pudo hacer nada.

Bulma sintió que le clavaban una daga en el corazón. Hubiera dado su vida por seguir besándolo. Solamente eso quería... un beso y nada más.

— ¿Qué pasa? — se armó de valor para preguntarle, temiendo que fuera lo que estaba imaginando.

— Es mejor que mantengamos la distancia — le dijo sin mirarla, intentando ser frío.

Un incómodo silencio se produjo durante varios segundos.

— Es por ella… ¿verdad? — preguntó Bulma aún sabiendo cual sería la respuesta.

— Sí — se limitó a decir, mientras invocaba sosiego a su alma.

— Haces bien... pero no sabes cuanto la envidio — dijo con un tono lleno de profunda tristeza. Tanta tristeza que el alma y el cuerpo de Vegeta se contagiaron de ella.

Dicho esto, Bulma se giró y se fue hacia su habitación a paso lento, con hombros caídos y semblante apesadumbrado. La tristeza desbordaba por todo su ser.

Vegeta sintió unos enormes deseos de detenerla, pero una vez más su esposa se vino a su mente. No podía hacerle eso. Sabía que si lo supiera la lastimaría y él no quería por nada del mundo que eso ocurriera. Antes no lo hubiera dudado ni un instante, pero ahora era un ser diferente. Respiró profundo y abandonó la Capsule Corp. hacia alguna montaña lejana donde poder meditar. No sabía lo que iba a pasar en el futuro, pero algo muy claro si tenía… si volvía a estar así con la madre de Mirai Trunks no podría contenerse nuevamente. No dos veces.

Continuará.


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¡Hola! Espero que les haya gustado el capitulo, hice lo mejor que pude xD Sobre la historia de la chica que cuidaba a Vegeta en realidad la tenía planeada para otro fic que pensaba hacer,pero decidí incluirlo acá porque le venía perfecto para la historia y el momento profundo que se daba con Mirai Bulma. Le puse Bra porque me gustó mucho la idea de que tuviera ese nombre, para explicar el por qué del nombre de la hija de Vegeta.

Tambien quiero agradecer a Adickdelta, Dbz2, a Diosa Luna, Mirna y Lena-Saleh por sus comentarios y el animo que me dan. Así me motivo a continuarlo mas rapido xD En serio muchas gracias a tods ustedes ^^