Capitulo 3
Sherlock se levantó al alba como era costumbre en él, se sentía agotado, había pasado una noche agitada después de aquel encuentro con John Watson. El espejo del baño le devolvía una extraña imagen, su pelo alborotado enmarcaba una mirada somnolienta, bajo la cual se habían formado oscuras ojeras. Es que él no estaba acostumbrado a soñar con músculos bien contorneados y ojos profundos, ni nombrar el hecho de despertar sudoroso y tener que ducharse a las cuatro de la mañana.
Se puso un pantalón holgado tipo harem, negro con una camiseta ceñida blanca, y se dispuso a ir a entrenarse, no debía perder su forma física por estar prácticamente secuestrado por su hermano en palacio de Escocia, custodiado por lo que le pareció al entrar un pequeño ejército.
La seguridad al entrar le abrumó y asustó por igual, pero una vez dentro del lugar, es como si no existiera, de no ser por las cámaras de seguridad hábilmente camufladas, pero que si él podía ver todos lo harían. Seguramente cuando llegue la familia real la presencia de seguridad aumentara considerablemente.
El gran salón le dio la bienvenida con un silencio absoluto, como el que precede siempre al inicio de una gran actuación. La música comenzó suave como era costumbre e iba incrementando el ritmo conforme pasaban los minutos y con el Sherlock aumentaba la intensidad de sus movimientos, la adrenalina recorría cada poro de su piel y eso era justo lo que necesitaba. Más y más se adentraba en el movimiento, en la expresión, pues para él el baile era una forma silenciosa de expresión, era capaz de hacer sentir a los demás su estado de ánimo, nervioso y agitado seria hoy para quien lo observara, algo o alguien lo sumía en este estado, debía expresarlo o explotaría.
Cuando todo acabó el silencio volvió a envolverlo, solo el sonido de su agitada respiración se expandía por el salón; tardo más de lo normal en salir de su concentración, estaba agotado y se dejó desplomar en el suelo, alzó la vista cansado y unos ojos azules le devolvían la mirada. John estaba ahí, como la mañana anterior, con el ceño fruncido y mirada preocupada, tal vez me vio desplomarme. Con un poco de esfuerzo se levantó pero John ya se había ido otra vez.
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No fue hasta llegar al salón de bailes que lo notó, esperaba ansioso volver a verlo, poder hablar con él le provocaba un ligero temblor de rodillas; él acostumbraba a ser el centro de atención por su trabajo pero nunca se había sentido así por nadie. Caminaba intermitentemente de un lado a otro del salón, inclusive se sacó la chaqueta del traje y desabotonó los primero botones de su camisa morada, era su preferida, sabia lo bien que le quedaba y Dios, quería lucir bien, ¿para él? Obviamente… pero ¿Por qué? Sherlock junto sus palmas frente su cara intentando tranquilizarse, pues sabía que se estaba comportando un poco neurótico.
Todo cambió cuando entró al salón el príncipe Ausan y su elenco de ayudantes, John como siempre entraba el último, con un pantalón oscuro y un horrible jersey beige; pero no fue su aspecto lo que aminó sus esperanzas, sino el que no le dirigiera ni la más pequeña de las miradas, ¿qué pasaba con John Watson?
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Los días pasaban, levantarse al alba y acudir a entrenar se tornó rápidamente en rutina, necesaria rutina, bailaba hasta quedar exhausto y al terminar siempre buscaba esos ojos azul profundo y cada día estaban ahí para él. Así como también se tornó en rutina observarlo correr desde la terraza mientras fumaba. Parecían haber acompasado sus horarios, los pocos ratos a solas que tenían eran tomados en propiedad por el otro. Sherlock sentía crecer en su interior un temor, algo estaba mal con John Watson.
Al alba mientras entrenaba ya era capaz de sentir el momento exacto en que John se acercaba a la puerta y apoyado en el quicio lo observaba en silencio, notaba como una corriente eléctrica le recorría por la columna y eso hacia aumentar su expresión corporal, llegando a extremos donde jamás había llegado, necesitado de expresar nerviosismo, ansiedad, soledad, necesidad… Tenían una comunicación no verbal.
Pese a que las clases con el príncipe Ausan avanzaban adecuadamente, ese momento del día le creaba una gran ansiedad, las sesiones apenas duraban dos horas, y durante ellas por más que miraba a John, este jamás le devolvía la mirada, sumido como estaba en su papel de traductor.
Y esta situación estaba llegando a ser desquiciante, la idea de verlo y no poder hablar con él era insoportable hasta el extremo de no querer permanecer allí por más tiempo. Apenas si comía envuelto en sus pensamientos, se estaba volviendo una tortura. Algo no cuadra en todo esto, si bien John cumple exactamente con su papel de traductor, acompañándolo a todos lados, su comportamiento es cuanto menos extraño por no olvidar este cuerpo tan bien trabajado…tan endiabladamente perfecto.
Sacó su móvil y lo puso en la mesa, junto a ese plato de comida que se había empeñado en pasear de un lado a otro, con la mirada perdida; se decidió al fin a pedir ayuda a la última persona a la que le gustaría pedírsela.
Necesito información-SH
La señora Hudson entraba al saloncito mientras él estaba muy concentrado esperando algo de su móvil, su mirada era maternal, preocupada, pues Sherlock lucía incluso más pálido y delgado que cuando llegó.
El sonido de un mensaje le hizo soltar la cuchara definitivamente.
Por favor dime que no has hecho nada-MH
John Watson-SH
La contestación tardo unos minutos.
No te entiendo hermanito, ¿qué es lo que quieres exactamente?-MH
Sherlock rodó los ojos, su hermano era realmente exasperante.
Mycroft, tu eres el maldito gobierno británico, compláceme-SH
…
Por favor-SH
Que pases buena tarde, hermanito-MH
Sherlock casi lanza el móvil contra la pared ante la mirada asustada de la señora Hudson y de un joven cargado con cajas de vino, que entraba al comedor.
— ¿Estás bien querido?— Sherlock los observó en silencio, dio media vuelta y se largo muy descortésmente, dejando a una consternada señora Hudson tras de sí.
—Deja eso en la bodega, James, haz el favor— y se dejó caer en una silla próxima, observando el plato de Sherlock, tal vez haya probado un par de bocados esta vez, que complicado es el amor.
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Mycroft le hizo esperar lo que le pareció una eternidad y por fin su teléfono sonó casi al atardecer.
—Suéltalo.
—Hola a ti también Sherlock— el aludido bufó en respuesta— ya veo, bien— de fondo se oía el pasar de unas páginas—John Hamis Watson, 34 años, experto en lenguas asiáticas— hizo una leve pausa pasando otra página— trabaja como traductor de la Corona desde hace dos años, tras licenciarse del ejercito, asignado al príncipe Ausan desde marzo de este año— Mycroft suspiró— la verdad hermanito, ¿acaso te interesa?
—Oh vamos Mycroft, ya me conoces, me considero casado con mi trabajo, no me interesan las relaciones mundanas— parecía escupir cada palabra—simplemente hay algo en él que no me cuadra, tal vez tus chicos hayan metido la pata con él.
—Sherlock todo el que pisa el palacio de Balmoral es altamente investigado, ya lo sabes— Sherlock rió sin ganas—se que estas aburrido pero esto es absurdo, ¡deja de jugar a los detectives!
—Pareces un poco alterado Mycroft, ¿has vuelto a la dieta?— Sherlock sonreía como un niño.
—Tú solo, ¡no acabes encerrado! ¿Vale? No me apetece tener que ir a por ti a Escocia— Mycroft le colgó cansado del comportamiento infantil de Sherlock.
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La conversación con Microft no consiguió que desapareciera esa sensación de que había algo más ahí, de hecho conocía bastante bien a su hermano, para saber que le había ocultado cosas. Así que esa noche, conociendo su rutina, decidió adentrarse en el bosque y acecharlo, necesitaba hablar con él, sólo de esa manera sabría qué estaba pasando allí, ¿qué era lo que se le escapaba?
La noche ya era cerrada, Sherlock se encontraba apoyado en un árbol, cerca del lago, fumando. Su intención era la de ser visto, claro, de que otra manera podrían comenzar una conversación. El silencio de la noche se rompió en lo profundo del bosque, alguien venia corriendo y la anticipación creó un vacio extraño en su estómago.
John Watson llegó a su altura y paró en seco, su respiración era agitada y ese sonido le ponía extrañamente nervioso, estaba apoyado en sus rodillas intentando normalizarla, giró su cara y le sonrió.
—Sherlock— con un susurro su nombre salió de sus labios, y el nerviosismo recorrió todo su cuerpo— pensé que esta noche no… ¡nada!
Sherlock se acercó a John, sus pies tropezaron torpemente y John lo sujetó, noto a John reírse.
—Sabes, no esperaba que te lanzaras a mis brazos.
—Obviamente esa no era mi intención, John— le dijo sosteniéndole la mirada, dios que ojos.
—No, por supuesto— John le mantenía sujeto por la cintura, ninguno de los dos hizo ademán de cambiar de posición— y dime Sherlock, ¿cuál era tu intención?—la voz de John salió ronca y a trompicones, e hizo que Sherlock se estremeciera.
Sherlock quedó sin habla, como explicarle que estaba espiándolo, porque notaba algo extraño en él, y sin embargo se dejaba envolver por sus brazos, unos brazos que lo sujetaban fuertemente a escasos centímetros de su cuerpo. La boca se le secó, John le miraba ahora con esa mirada profunda de las mañanas, no se ha dado cuenta pero sus cuerpos se han acercado sin permiso, un suspiro salió de John y acarició la piel de sus labios, haciéndele abrir ligeramente su boca.
John se acercó muy despacio, como pidiendo un permiso que hacía tiempo le había otorgado, sus labios le rozaron en una caricia que le hizo temblar. Fue un toque suave y cálido, que desapareció rápidamente. John apoyaba su frente en la suya.
—Yo… lo siento— suspiró. Iba a romper el contacto cuando Sherlock reaccionó, lo sujeto fuertemente del cuello e invadió su boca con un beso desesperado, necesitado .¿Cuánto tiempo llevaba deseando esto? Introdujo tentativamente su lengua entre los labios de John en un beso profundo e húmedo.
Sus manos abandonaron su cuello para acariciar cada uno de los músculos de su espalda, ante lo que John se estremeció y suspiró en su boca. John introdujo sus manos bajo su camisa necesitado de contacto, Sherlock era tan suave y cálido que necesitaba más y más de él; y todo se tornó un frenesí de manos queriendo alcanzar cada trozo de piel del otro.
No se dieron cuenta de la posición en que se encontraban, pues Sherlock había ido empujándolos suavemente hacia el lago y ahora sus pies estaban en el agua. Al notarlo Sherlock rompió con el beso y se miró los pies, John hacia exactamente lo mismo y al mirarse rieron a carcajadas rompiendo el silencio del bosque.
—Bueno ya que más da— John se quitó toda la ropa y se sumergió en el agua.
Sherlock no sabía bien que hacer, miró a todas partes, nervioso, él nunca había hecho algo así, pero estaba sumido en un estado de deseo tal que no pudo negárselo. . Se quito lentamente la ropa mientras John le miraba desde el agua, su piel pálida brillaba bajo la luna como si tuviera luz propia.
—Dios, qué hermoso eres— no pudo evitar sonrojarse, nunca se había considerado hermoso, interesante tal vez.
Sherlock tembló al entrar al agua, no sabía bien si era porque estaba fría o por los nervios que se agolpaban en su estómago. John se acercó suavemente, abrazándolo, depositando suaves besos por su cuello, que lo hicieron suspirar, acariciaba su cuerpo tan gentilmente que no pudo más que besarlo. Dios esto se siente tan deliciosamente bien. Sherlock se abrazó al cuerpo de John entregándose por completo a él, de una forma que jamás pensó que se entregaría a nadie. La luz de la luna lo inundaba todo, mientras que de ellos salían suspiros y suaves gemidos que viajaban con la brisa y se perdían en lo profundo del bosque.
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N/A: Lo siento si me quedo muy cursi….. (ºº) Pero era necesario.
Por favor comenten, comenten… XD
Besitos Lord.
