Hola Karo ^^ sobre el nombre de Bra quiero explicarte algo. Recuerda que la Bra de mi historia no era una saiyajin, por lo tanto la hija de Vegeta no tiene porque tener nombre de saiyajin. Otra cosa es que en un mundo en que todos los extraterrestres hablan el mismo idioma, en que hay ranas y ballenas en otros planetas (Namek), en que los perros hablan, en que unos extraterrestres (los saiyas) pueden procrear con los humanos, no veo porque un planeta no puede usar los mismos nombres terrícolas. ¿No crees? Bueno esa es mi explicación xD Ah si otra cosa, me parece que Vegeta es quien le pone el nombre a su hija, porque a Trunks se lo puso Bulma, y con lo quisquilloso que es Vegeta estoy seguro que el quiso ponerle el nombre a Bra por derecho.
De todos modos no me parece algo relevante, pero agradezco mucho tu comentario y ojala te siga gustando el fic. Cuídate mucho tu también =]
Capítulo 7: "Un sujeto inoportuno"
La mujer de cabellos turquesas se adentró en su habitación y sin siquiera desvestirse se lanzó sobre la cama. Entrelazó sus dedos detrás de su nuca y comenzó a pensar en lo que había pasado tan sólo unos segundos antes. No se pudo contener… después de tantos años quería besarlo. Pero él la rechazó a pesar de lo difícil que le era. Pudo ver en sus ojos que él también estaba sufriendo. Cualquier otro hombre se hubiera dejado llevar, pero él no… se mantuvo firme para serle fiel a su mujer del presente y eso la sorprendió totalmente.
No pensó que Vegeta fuera capaz de hacer algo así... pero a pesar de su rechazo, el saiya solamente consiguió lo contrario a lo que realmente se proponía… porque ella, con ese gesto, se había enamorado todavía más si es que aún cabía esa posibilidad. No cualquier hombre habría reprimido sus instintos por seguir sus principios.
Vegeta se venía a su corazón una y otra vez. Después de tantos años sin verlo ahora la emoción la desbordaba completamente. Estaba segura que ya no podría dormir en toda la noche porque el príncipe no quería irse de su mente y de su corazón. Sabía que jamás podría encontrar un hombre igual a él.
Él, mientras tanto, siguió volando buscando despejar su mente pero Mirai Bulma tampoco quería salirse de su corazón. Ambas eran tan parecidas, tan idénticas… Como si fueran gemelas, que además de tener la misma apariencia, también tenían la misma personalidad.
— Maldición, mujer. ¿Porqué me haces pasar por esto? — le reclamó Vegeta a la distancia, sabiendo que no lo escucharía.
Descendió al lado de un riachuelo y apreció el contorno del lugar. La luz de la luna iluminaba con fuerza y el viento cálido que se colaba por entre los árboles lo hizo sentirse muy relajado. Era el sitio ideal para pensar y reflexionar. Su Bulma y la mujer del futuro eran tan idénticas, que sabía que no podría rechazarla nuevamente. Debía irse de la Capsule Corp y arreglar cuanto antes la catástrofe que azotaba este tiempo. Si seguía quedándose en esta época que sucediera algo con ella sólo era cuestión de tiempo. Así continuó divagando hasta que finalmente el sueño terminó por vencerlo.
Lo que ambos no sabían es que otra persona había escuchado todo. Los gritos de furia de la peliazul, recién iniciada la conversación, lo despertaron y se levantó rápidamente para ver lo que ocurría. Antes de entrar a la cocina pudo escuchar las voces de la ex-pareja, y se detuvo en la puerta curioso esperando escuchar con más precisión lo que estaban hablando. Desapareció su ki para que su padre no se diera cuenta de su presencia en el lugar y atentamente escuchó todo lo que le contaba el príncipe a su mujer del futuro, conmoviéndolo profundamente. Su padre tenía razones de sobra para ser como era.
Trunks se sintió tan indeciso como también debía estarlo su papá. Su madre se merecía ser feliz después de tantas desgracias, pero su madre del presente tampoco merecía que su padre la engañara con su mamá. ¡Pero que enredo! Su mente le daba vueltas y la indecisión se volvía aún más fuerte. Quería apoyar a su mamá para que fuera feliz… ¿pero acaso era lo correcto? ¿o era incorrecto? Esa pregunta le rondó la cabeza por varios minutos, hasta que finalmente resolvió no entrometerse. Lo mejor era dejar que las cosas fluyeran por sí mismas y que el destino tomará su propio rumbo. Pasara lo que pasara, él iba a apoyar a su mamá. Esa mujer tan dulce que le dio la vida y, como si eso fuera poco, además lo crió con tanto amor.
— ¿Y Vegeta? — preguntó Goku extrañado al no ver al que consideraba su amigo.
Bulma parpadeó sin poder evitarlo debido a la pregunta. Todos se encontraban reunidos en el comedor tomando un sabroso desayuno.
— Yo desde anoche que no lo veo — agregó Nenis.
— Debe haber salido a entrenar a un sitio más alejado — supuso Trunks, que lo había visto dejar la corporación.
— Espero que esté disponible si es que lo llegasemos a necesitar — mencionó Piccolo.
— Pero esta incertidumbre me está matando… no sabemos que es lo que está pasando y han pasado varios días ya sin poder averiguar nada — Goku lució angustiado.
— Yo ya tengo una idea de que se puede tratar — afirmó el namek con seguridad.
Los guerreros Z y las mujeres allí presentes le dirigieron la mirada.
— Lo más probable es que se traté de Majin Buu.
Todos abrieron los ojos sorprendidos como respuesta a lo antes dicho.
— Recuerden que en este tiempo todavía no ha despertado — prosiguió el namek — Y para lograr aquello Babidi necesitaba una enorme cantidad de energía. Tal vez él o los que estén atacando las ciudades lo hacen porque necesitan robarles su energía vital a las personas — dedujo el namek, explicándoles a todos su suposición con gran claridad.
— Oh, se me había olvidado por completo eso Piccolo. Tienes mucha razón — lo apoyó Goku, con la sorpresa aún reflejada en su cara.
— Además, como si eso no fuese evidencia suficiente, las punciones realizadas en los cadáveres son muy similares a la herida que los poseídos por Babidi, Yamu y Spopovitch, le propinaron a Gohan para robarle su energía durante el último torneo de artes marciales — agregó demostrando su gran inteligencia una vez más.
— Sin duda tu lógica es impecable, así que debes tener razón. Debe tratarse de ese tal Majin Buu — mencionó Trunks, pensando en cómo sería de poderoso ese terrible demonio.
— Entonces no esperemos más. El sitio donde yace Majin Buu debe estar en el mismo desierto en el que se encontraba en nuestra era — dijo Piccolo poniéndose de pie.
— Sí, tienes razón Piccolo — Goku se puso también de pie.
— Debemos acabar con Majin Buu antes que Babidi logré despertarlo — ordenó el namek.
— ¿Y qué haremos con mi padre? Si se entera que partimos sin decirle nada se va a molestar como nunca — mencionó Trunks preocupado.
— Me importa un comino si se molesta o no. Lo importante ahora es salvar este tiempo de esta grave amenaza — aseguró Piccolo preocupado. Conocía muy bien lo terrible que podía llegar a ser ese chicle rosado y sobre todo la capacidad que tenía de absorver a sus oponentes, convirtiéndolo en un ser que no conocía límites de poder.
— Tienes razón — afirmaron Goku y Trunks al unísono.
— Amor, por favor cuídate mucho — le rogó Nenis a su esposo.
Trunks le acarició el cabello con cariño y le dio un tierno beso para despreocuparla.
— No te preocupes, mi vida. Si es que llegasen a atacar esta ciudad, cosa que no creo para nada, escóndanse de inmediato en el sótano. Allí no les pasará nada ni tampoco las encontrarán — les dijo Trunks a su esposa y a su madre.
— Sí — respondieron ambas al mismo tiempo.
— Más te vale que vuelvas a salvo — le advirtió Bulma, endureciendo su mirada.
Trunks sonrió y le dió un beso en la frente con mucho cariño.
Así, ambas mujeres vieron como los tres guerreros dejaban la corporación a toda velocidad.
— Ojalá no les pasé nada — rogó preocupada Nenis.
— No te preocupes, Goku está con ellos. Estoy segura que nada les pasará.
— Se nota que es una muy buena persona… aunque es muy despistado sí — agregó Nenis divertida.
— Siempre ha sido así — sonrió también.
— Me extraña que un hombre tan poderoso sea tan amable y simpático. Es poco común ver eso en un tipo con mucho poder.
— Sí, es verdad. ¿Conoces el dicho de que el poder corrompe? Bueno Goku no lo conoce ni nunca lo conocerá jeje, es demasiado bueno de corazón. Era y sigue siendo mi mejor amigo — señaló feliz y orgullosa de tener alguien como él.
Nenis sonrió. Bulma se veía tan segura de que no ocurriría nada malo que le contagió toda esa seguridad a ella.
— Bueno Bulma, yo tengo que salir a mi control en la clínica, que ya falta muy poco para que nazca esta revoltosa. Vuelvo en un par de horas — tras decir esto, tomó su cartera y se la colgó al hombro derecho.
— ¿Pero no será peligroso? No hay nadie en este momento que proteja esta ciudad — le advirtió con preocupación.
— Nah, despreocúpese. No pasará nada — le guiñó un ojo con una sonrisa confiada.
— Eres igual de terca que yo, jaja. En fin, no te demores mucho. Por mientras iré a darme un buen baño; lo necesito.
Así, mientras Nenis salía por la puerta con dirección a la clínica, Bulma se encaminó al cuarto de baño para darse una larga y relajante ducha.
— Demonios, me quedé dormido — Vegeta abrió un ojo sintiendo el calor del sol.
A pesar de todas las confusiones que tenía en su mente pudo dormir tranquilo debido al cansancio. Se olvidó hasta del hambre que tenía debido a su última conversación con Bulma. Pero ahora sí que si no comía algo iba a morir. Pensó en cazar algunos animales que se encontraban ahí mismo cerca suyo, pero definitivamente no había mejor comida que la preparada por una mujer. Y debía reconocer que la esposa de Trunks cocinaba bastante bien. Se transformó en Super Saiyajin dos para volar a toda velocidad mientras sentía que su estómago rugía reclamándole alimento lo antes posible.
Aterrizó en el patio de la Capsule Corp y se dirigió raudo a comer un desayuno tamaño familiar, especial para saiyajins. Se relamió solamente por pensar en comer algo delicioso, pero al entrar en la casa la encontró totalmente vacía.
— Pero qué demonios, ¿dónde rayos se metieron estos insectos? — se preguntó a sí mismo al notar la casa abandonada.
Intentó localizar sus energías pero no lo logró. Seguro en la casa no estaban. Se concentró en sentir sus ki alrededor del planeta y pudo sentir la energía de Kakarotto volando hacia el sur, junto con los demás.
— Si estos inútiles no me avisaron de algo importante me las pagarán — rugió apretando su puño. — Después los seguiré, seguro sólo están perdiendo el tiempo. Además me muero de hambre — agregó tocándose el estomago.
Se concentró en sentir el ki de Bulma y la pudo sentir en la casa.
— Al menos ella está — respiró aliviado. Por lo menos de hambre no se iba a morir.
No obstante, detuvo su andar al pensar que en realidad no era recomendable ver a Bulma. Más tomando en cuenta que estaban solos en la casa, porque la esposa de Trunks definitivamente no estaba en el hogar. Caviló varias posibilidades, entre ellas la de retirarse para no verla, pero una idea se incrustó en su mente.
— No; yo no soy ningún cobarde para escapar de ella — se dijo con decisión.
Y reanudó su firme andar nuevamente.
Bulma recién había terminado de ducharse y sabiendo que estaba sola en la casa no se preocupó de ponerse una toalla encima, pues desde el tocador hacia su cuarto había una mínima distancia. Salió desnuda hacia su habitación cuando vio una masculina figura que la hizo detenerse en seco. Abrió la boca completamente sorprendida y en su desorientación no atinó a hacer nada.
Allí estaba ella, completamente desnuda ante él. Su cabello aún mojado la hacía ver muy sensual. Sus pulsaciones se aceleraron e inevitablemente bajó su mirada para recorrerle entero el cuerpo. Ya no tenía el cuerpo de una chica de veinte años, pero aún así seguía siendo muy hermosa. Vegeta sintió como se acumulaba un poco de saliva en su boca. El deseo de saborearla era demasiado. Era una visión tan hermosa que no pudo evitar deleitarse con ella.
La científica había quedado completamente sorprendida al verlo frente a él. No podía reaccionar… el destino parecía estar empeñado en que algo más debía pasar entre ellos, porque ni aún planeándolo se podría haber dado un momento tan propicio. Maldijo la decisión de salir sin nada desde la ducha, pues no quería que pasase algo de lo que después se arrepentiría. Nada debía suceder. No era correcto siquiera rozar al saiya. Sin embargo, cuerpo y mente eran una contradicción total. Su mente le decía que se diera vuelta, se marchase para coger una toalla e ignorase que el príncipe estaba allí. Pero su cuerpo le discutía con pasión aquellos pensamientos. Todas sus células, sin una maldita excepción, le rogaban acercarse al amor de su vida. Mas que rogarle, le exigían estar a su lado. Respiró profundo, intentando calmar su agitado corazón lleno de deseo. Su respiración incrementó su frecuencia debido a los nervios que se apoderaban de todo su ser.
— Vegeta, por favor, vete — le rogó queriendo evitar un pecado del cual ambos se lamentarían.
El susodicho no reaccionó. Parecía tener sus extremidades inferiores clavadas al suelo. Su mirada, aunque quiso mantenerse en los azulados ojos femeninos, no logró hacerlo, descendiendo hasta recorrer nuevamente cada centímetro de su piel.
Ella inevitablemente se ruborizó al sentir la acosadora mirada del príncipe escrutándola hasta lo más íntimo… pero un temor vino a torturarla… ¿y si ya no le gustaba? Aunque se mantenía muy bien para una mujer de su edad, el miedo de que ya no le gustara como antes se vino a su mente… pero todas sus dudas se disiparon cuando vio que en su pantalón aparecía lentamente un bulto justo en su entrepierna. Su órgano sexual comenzaba a luchar por salir de aquella prisión que lo retenía. Al ver esa imagen no pudo evitar excitarse también. Su hombre estaba en frente suyo, duro como una roca… y ansiaba como nunca sentirlo por dentro.
Sin embargo, una repentina idea apareció para dañar su mente. Por un momento pensó en la verdadera dueña del hombre que tenía en frente... ¿cómo se sentiría ella si lo supiera? Cruentas dudas nacieron en su mente al pensarlo. No era correcto lo que estaba pensando hacer. No lo era... pero... ¿cómo no amar al hombre que había cambiado su vida para siempre?. ¿Cómo poder resistirse a estar con alguien que amas tanto? No, no podía... después de todo el amor era irracional e impulsivo. Era química explotando entre cuerpos. La felicidad de estar con él estaba en frente suyo... no podría escapar de ella ni aunque lo intentase. Ambos, amor e instinto la obligaron a ser egoísta y no pensar en nadie más... no podría resistirse a él. Lo amaba demasiado. Jamás podría olvidar y menos ignorar al hombre que había marcado su vida para siempre. El amor tenía la culpa de lo que iba a suceder.
Así, caminó hasta quedar frente al saiya y tomándole el rostro con suavidad le dio un beso con toda su alma entregada en él.
— Mujer, esto no es correcto — murmulló con el poco raciocinio que aún le quedaba, mientras los deliciosos besos seguían comiendo su boca. El saiya sintió una debilidad que carcomió su extraordinaria fuerza de voluntad como nunca antes le había sucedido y como nunca más volvería a suceder.
— Lo sé... lo sé... — luchó contra sus malditos impulsos y finalmente logró que la cordura tomara posesión de ella momentáneamente. Sus besos cesaron producto de ello.
Sus miradas se entrelazaron destellando amor y pasión a la vez. El guerrero cerró sus puños con fuerza. No podía creer que ambas Bulmas fueran tan idénticas. Su corazón estaba confundido a más no poder.
— Vete, por favor — le volvió a pedir con tono débil, a pesar de que intentó que sonase fuerte.
El príncipe desvió su mirada hacia el techo, sin querer mirarla más. Luego bajó su mirada, dio un profundo suspiro y dio media vuelta para irse. Sin embargo, una mano tomó la suya antes de que pudiese hacerlo.
— Vegeta... — su nombre salió de sus labios como una súplica — sólo quiero que sepas que te amo demasiado y que me alegro mucho de que hayas cambiado — su contradictorio corazón le dijo al saiya esas palabras, pero la verdad era otra... sólo quería rogarle que se quedase junto a ella. Inevitablemente tragó saliva nerviosa hasta sus cimientos intentando no expresar sus reales deseos.
Él no podía creer lo que sucedía. En verdad era su Bulma. Era realmente una locura. Jamás le sería infiel a su mujer con nadie, con absolutamente nadie... pero la fémina que tenía al frente era ella. Era ella...
Para Vegeta, una vez más su mujer del presente vino a su mente, pero ya no pudo contenerse. El instinto animal le había ganado a la razón. El saiyajin salvaje no podía ser reprimido por más tiempo. Realmente no podía resistir más y dejándose llevar sólo por su instinto le dio un beso con toda su enorme pasión.
Bulma se sintió en el cielo, había soñado con sentir este momento de nuevo desde hacía demasiados años, cuando su Vegeta partió. Un escalofrío de emoción la recorrió entera. Quería que fuera suyo en este mismo momento. Nada más era importante, sólo estar con él. Dejándose llevar por el intenso mar de lujuria y placer que su hombre le ofrecía simplemente no pudo pensar más. Ansiaba tanto vivir nuevamente este momento… desde hacía muchísimo tiempo. Muchas noches soñó con él, muchas veces recordó aquellas noches de pasión que vivieron juntos y que pensó que nunca más volverían… pero a veces las fantasías se cumplen… y esta vez ella tenía la gran suerte de poder cumplir la suya.
Pero un repentino pensamiento la hizo detenerse. No quería que esto se convirtiera en un error del cual culparse eternamente… por mucho que le costara, y aunque quizás terminara arrepintiéndose de lo que pensaba hacer, tenía que decirle algo al príncipe…
— Vegeta... — musitó en un susurro jadeante y lleno de excitación. — Vegeta... después nos arrepentiremos de esto — advirtió intentando controlar su agitada respiración, que apenas la dejaba articular palabras.
El saiya detuvo enseguida los fogosos besos y mordiscones que le daba en su cuello. Abrió los ojos con sorpresa fijando su mirada en la de ella. Desnudaban sus almas a través de sus encantados ojos y ninguno quería dejar de hacerlo.
— ¿Me quieres? — se atrevió a preguntarle la intempestiva mujer.
Que pregunta tan complicada. Frunció el ceño pensando en la respuesta. Era demasiado difícil contestar algo así. De esta forma, decidió no seguir pensando y simplemente se dejó llevar, dejando que las palabras salieran desde su corazón… sin razonarlas ni meditarlas… simplemente diciendo lo que sentía.
— ¿Cómo podría no quererte, mujer? — le respondió finalmente resignado. — Eres Bulma… mi Bulma. Pero todo esto es tan difícil. Eres mi mujer pero a la vez no lo eres… Te deseo con todo mi ser, me excitas demasiado pero sé que en mi tiempo está mi esposa esperando por mí… No quiero engañarla; cuando amas a tu pareja la respetas y no le haces una canallada así… pero esto es tan difícil. Ella eres tú y tú eres ella. Son idénticas. No puedo dejar de sentir esto… no puedo dejar de amarte — su voz resignada dio prueba de sus palabras.
Bulma sintió como si le hubieran puesto una inyección de felicidad en el corazón.
— Lo entiendo… sé que es muy difícil para ti… yo no sabría que hacer en tú caso. Lo único que te puedo decir es que te amo con todo mi corazón… Mi alma y mi cuerpo son tuyos, y tú lo sabes… pero yo no quiero sólo sexo, quiero hacer el amor contigo, que seas mío con todo tu ser… en cuerpo y alma… pero sé que después nos sentiremos mal por esto… no quiero que después esto se convierta en una condena eterna para nuestras conciencias — terminó de decir con voz angustiada.
Vegeta quedó en silencio por más de un minuto manteniendo su mirada firme en ella. Bulma sintió temor que se arrepintiera, sus ojos mostraban su indecisión. Tal vez debió dejar que las cosas siguieran su rumbo… sin embargo, ¿qué hacer cuando tu cuerpo y corazón entero te piden algo, pero tu alma y mente te dicen lo contrario? ¿Cómo diablos se puede solucionar esa contradicción? Quería dejarlo ir... realmente lo quería... pero no podía lograrlo. No era capaz de abandonar al hombre que amaba. No podía perderlo tan fácilmente.
— Ella lo tiene todo… — interrumpió las dudas del saiya — todo lo que yo no pude tener, mis amigos, una vida feliz, y lo más importante, te tiene a ti… ¡pero todo eso me lo debe a mí! — gritó imaginando que su contraparte estaba ahí también, para sacarle en cara todo eso.
— ¿A qué te refieres? — preguntó Vegeta frunciendo el ceño.
— Fui yo la que pasó noches enteras en vela diseñando la máquina del tiempo. Fui yo la que me sacrifiqué criando a Trunks completamente sola, fui yo la que sacó fuerzas que ni yo sé de donde salieron para intentar cambiar este brutal futuro. Todo lo que tiene ella me lo debe a mí, porque si yo no hubiera construido la máquina del tiempo ella habría vivido las mismas desgracias que tuve que vivir yo — una notoria congoja pudo sentirse en su voz.
El príncipe quedó en silencio nuevamente. En los ojos de ella asomaba el dolor de que su gemela tuviera todo lo que ella perdió.
— Vegeta… sólo quiero ser feliz contigo una vez. Solamente una vez y nada más. Que nos amemos sin arrepentimientos… sólo déjate llevar por favor. Creo que me lo merezco — dijo con voz temblorosa debido a la enorme emoción. — Además, ella y yo somos la misma persona... no sé si realmente se podría considerar una infidelidad — argumentó sin sonar convencida, pero con la intensidad que da el más profundo amor.
Vegeta se conmovió completamente al sentir tanta emoción dicha en aquellas palabras. Ella no merecía por nada del mundo todas las desgracias que le pasaron, ni tampoco todo lo mal que él se portó con ella. Merecía ser feliz y él sentía que tenía esa deuda con ella. No necesitó hablarle para darle una respuesta… comenzó a besarle el cuello ya sin querer pensar más… sólo dejándose llevar por sus desbocadas emociones.
Pero una vez más el saiya, tras unos segundos, se detuvo en seco. Quedó mirándola con ojos rellenos de duda, pues la decisión de proseguir podía provocarle mucho daño a su verdadera esposa. Pero ante ese ataque femenino de feromonas, belleza y amor, la razón caería rendida tarde o temprano. En su último atisbo de raciocinio intentó separarse, dispuesto a irse lo más rápidamente de allí. Dio media vuelta para proceder a largarse, pero justo en ese momento la científica lo sujetó de su mano tan firmemente como si la vida se le fuese en ello. Volvió a besarlo con toda la fuerza de su alma y el príncipe no pudo resistirse más. Ya era excesivamente fuerte todo lo que estaba sintiendo. Respondió los besos de Mirai Bulma ya sin conciencia de sus actos. El instinto se había apoderado de él completamente, al igual que lo había hecho con la mujer del futuro.
Ella se perdió completamente en el vigoroso cuello masculino y se aferró a su cuerpo dándole un abrazo sumamente intenso y apretado. Como lo deseaba… ese cuerpo tan fuerte y tan bien formado. Ese abdomen increíblemente esculpido. Esos brazos llenos de poder la hacían sentirse increíblemente segura. Sabía que él daría su vida para protegerla de cualquier peligro. Le daba una seguridad tan grande, que sólo por estar entre sus brazos sentía una completa felicidad en su alma.
Vegeta la tomó en brazos y la lanzó fieramente en la cama como sólo él sabía hacerlo. Ella se recostó aún más y abrió sus piernas invitándolo a adentrarse en su más íntimo tesoro. Su intimidad estaba completamente mojada… no húmeda… mojada en todo lo que aquella palabra significaba. El aire se le escapaba y el corazón quería salírsele del pecho. Eran tantos sentimientos y sensaciones juntos… felicidad, placer, deseo, éxtasis…
Pero también se sintió nerviosa… hacía demasiado tiempo que no tenía relaciones sexuales y conociendo lo bien dotado que estaba su hombre tenía que prepararse para su salvaje embestida. Lo conocía demasiado bien y ese sádico hábito de introducírselo todo de un tirón hasta el fondo jamás se le quitaría, fuera el tiempo que fuera. Él aún tenía el pantalón puesto, ansiando Bulma verle su masculinidad para después también sentirlo acariciando toda su intimidad. Lo ayudó a sacarse el pantalón junto al bóxer y un estremecimiento inundó su cuerpo entero al ver su miembro, que estaba completamente erecto. El saiya se le pegó al cuerpo para que sintiera toda su gran excitación y la científica tragó saliva por la emoción unida al nerviosismo. Su miembro era un verdadero acero… más duro y caliente que nunca. Eso la hizo sentirse aún más nerviosa. Y es que había pasado demasiado tiempo desde la última vez. Pero eso no importaba, lo deseaba con todo su corazón. Apretó los dientes y cerró los ojos esperándolo.
— Hazme tuya — le suplicó susurrándole al oído.
Vegeta, al verla tan ansiosa, decidió no lamérsela para prepararla como siempre lo solía hacer… ya estaba demasiado mojada… además, esta vez tenía más deseos de penetrarla enseguida.
— Vegeta… — dijo su nombre dando un gemido tremendamente excitante. — Vegeta por favor… sé sutil — le rogó con algo de miedo.
Vegeta la miró fijamente a los ojos y le dedicó una sonrisa llena de amor. Algo que sólo podría dedicarle en este momento tan íntimo.
— Pareces una virgen, mujer — le comentó con una sonrisa divertida. Sólo en un momento tan íntimo podía sonreír con libertad.
— Es que ha pasado mucho tiempo desde la última vez… — le explicó ella.
— Quieres decir… ¿qué desde mi muerte no has tenido pareja? — le preguntó completamente sorprendido.
— Jamás pude olvidarte… intenté rehacer mi vida pero simplemente no pude hacerlo. Siempre serás el único hombre al que amaré — declaró profundamente emocionada.
— Increíble… — soltó él asombrado. — O sea que todo este tiempo has vivido usando los dedos — bromeó con una sonrisa como jamás tenía, pues le parecía muy divertido.
La bella faz de Bulma tomó el color rojo hasta su último rincón.
— Tan vulgar como siempre — sonrió ella todavía sonrojada. — Pero ahora no tengo por qué usarlos — le respondió guiñándole un ojo completamente feliz. — Pero por favor ten cuidado conmigo… — le volvió a suplicar en un caliente susurro.
— Bah, no tengas miedo… yo te cuidaré — le aseguró el príncipe.
Acto seguido tomó la mano derecha de Bulma y la guió hacia su miembro, para que lo tomase firmemente.
— Tú guiaras el ritmo… no quiero lastimarte — le propuso él.
Bulma una vez más quedó completamente sorprendida… detalles como esos hacían que enloqueciera aún más por su hombre. Lo amaba con todo su corazón y cada momento que pasaba junto a él más y más se enamoraba. Era una adicción. Una saiyanesca droga de la que no podía escapar.
Agarró firmemente el miembro de su hombre, preparándose para introducírselo en lo más íntimo de su ser… pero algo la interrumpió.
— ¿Puedes quedar embarazada? — le preguntó Vegeta preocupado.
— ¡No soy tan vieja! — le respondió totalmente ofendida, como si le hubiera dicho un terrible insulto.
Vegeta se rió como nunca al verle su cara de enojo. Sólo ella podía hacerlo reír de esa manera. Definitivamente era su Bulma.
— Tranquila, mujer. Sólo preguntaba — le besó su labio inferior mordiéndolo muy suavemente. Bulma no pudo resistir tanta provocación y tomándole la cara con las manos unió su lengua con la de él en un éxtasis demasiado hermoso. Se estaban devorando el uno al otro.
— Entonces me correré encima de ti — le susurró al oído con voz excitante.
Tras escuchar esas palabras, la imagen de verle el semen saltando una y otra vez sin parar se vino a su mente. Era algo demasiado llamativo y excitante… pero de repente, como si hubiese recibido un choque eléctrico en su cerebro, tomó conciencia de que aquello que estaba a punto de suceder no debía pasar. El arrepentimiento debía aplicarse ahora o ya no habría jamás vuelta atrás. Tenía que advertírselo al saiya que tanto amaba, hacerle saber que aún estaban a tiempo de detener esta locura de amor, pero como si el destino hubiese escuchado sus pensamientos algo los sacó completamente de lo que estaban por hacer. Una enorme explosión se escuchó a varias cuadras de la corporación.
— ¿Pero que mierda? — dijo Vegeta mirando hacia la ventana.
— ¡Están atacando la ciudad! — gritó ella reaccionando angustiada, recordando los destrozos que habían causado tales actos de destrucción.
— ¡A ese insecto lo voy a hacer puré! — vociferó mientras chocaba sus puños.
Bulma, a pesar del peligro, no pudo evitar reír con el comentario de su hombre. En la cara se le notaba el enorme enojo que sentía, y es que, quien fuera el que estuviera atacando la ciudad debía ser el tipo más inoportuno del mundo... ¿o quizás era lo contrario? Quizás tanto ella como Vegeta, en realidad debían agradecerle lo oportuno que era.
— Mujer, escóndete, que esto puede ser muy peligroso — le ordenó mientras se ponía el pantalón.
— ¡Dios mío! Nenis está en la clínica… — recordó a su nuera con espanto por lo que acontecía — ¡sálvala por favor! — le rogó desesperada al pensar que algo terrible podría sucederle a ella y por ende a su nonata nieta también.
— Eso haré — se ajustó los guantes preparándose para luchar.
— Cuídate, por favor — le suplicó.
Vegeta asintió, mientras veía por la ventana para ubicar el lugar de las explosiones.
— Ahora ándate directamente al escondite y no salgas de ahí por ningún motivo — le ordenó con voz serena y firme.
— Sí.
— Despreocúpate. No dejaré que nada te pasé ni a ella tampoco — afirmó con total y destellante seguridad.
Acto seguido, salió volando por la ventana a toda velocidad hacia el lugar de las resonantes explosiones.
Bulma a pesar de la enorme seguridad que demostraba Vegeta no pudo evitar preocuparse por él.
— Cuídate, por favor — le suplicó a la distancia.
El príncipe guerrero puso en alerta todos sus sentidos para ubicar el ki del o de los enemigos. Su vista recorrió todo el horizonte de la ciudad y su oído se concentró en escuchar atentamente.
— Y tú bájate de una vez — le reclamó a su miembro que aún le faltaba un poco para recuperar su tamaño normal.
En un desolado y árido desierto, tres poderosos guerreros llegaron al lugar que tanto ansiaban encontrar. Oculto tras el arenoso y amarillento suelo, debía estar la nave del maléfico ser que pretendía traer de regreso al terrible Majin Buu. Con una ráfaga de energía a ras del suelo generaron que la presión del viento despejase fácilmente la arena existente allí. No obstante, la decepción se reflejó en sus ojos al no hallar lo que tanto esperaban.
— Rayos, aquí no está la nave de Babidi — exclamó Piccolo enrabiado, al ver que su razonamiento había fallado.
— Entonces quizás no se trate de Majin Buu — señaló Goku.
— Pero si no es él… ¿entonces qué es? — preguntó Trunks combinando impotencia y angustia.
Vegeta seguía volando hacia el lugar de las explosiones, aunque su mente estaba ausente. Seguía pensando en que estuvo a un paso de hacer el amor con Mirai Bulma, pero lo habían interrumpido… y quizás eso había sido lo mejor. Tal vez era el destino que quería que no hiciera el amor con ella… En realidad había sido lo mejor, porque hubiera sido un grave error.
— ¡Demonios! ¡Concéntrate en lo que está pasando! — se gritó a sí mismo con furia.
Siguió volando hasta que pudo ver una gran explosión en una tienda. Su mirada rastreó rápidamente el lugar aunque el polvo consecuencia de la explosión poco lo dejaba ver en el sitio. Así que alzando la voz con potencia llamó la atención de quien quiera que fuera lo que estaba ahí.
— ¡Oye insecto! ¡Prepárate a morir!
Los ataques se detuvieron casi al instante. Poco a poco el humo y el polvo comenzaron a atenuarse, dejando ver a una silueta difusa flotando en el aire. Pasaron más segundos y la figura se pudo ver completamente, dejando a Vegeta completamente impactado.
— Pero no puedes ser tú… Tú eres… — no pudo terminar de decir el nombre por la enorme sorpresa.
Continuará.
