Capitulo 4

Sherlock abre los ojos perezosamente y pasa su mano por el hueco a su lado, aún tibio. Rueda en la cama para ocupar esa zona que retiene su aroma, cierra los ojos y aspira profundo; es como si pudiera notar sus brazos alrededor del cuerpo e inconscientemente pasea dos dedos sobre sus labios, aún sensibles y no puede evitar sonreír. Lamentablemente tiene que levantarse y una ducha es totalmente necesaria; con el agua recorriendo su espalda no puede evitar evocar recuerdos con los que se sonrojará eternamente.

No se da cuenta en qué momento se vistió y llegó al salón de bailes, su cerebro parece desconectado del cuerpo, un cuerpo que se pone a bailar sin permiso, mientras él rememora una y otra vez cada beso, cada caricia… y al finalizar su cuerpo le exige algo que nunca hace, acude al salón comedor a desayunar. ¿Cómo no se había dado cuenta del hambre que tenía? Se sentó silenciosamente a la mesa.

— ¡Oh!... Buenos días querido, ¿se ha levantado hoy con hambre?— la señora Hudson sacaba un plato con cupcakes a la mesa en esos momentos, recubiertos de chocolate y estrellitas blancas que se le antojaron deliciosos, alcanzó uno y lo devoró, ante la mirada complacida de la señora— es una pena que el tiempo no acompañe, mi cadera se resiente mucho estos días— Sherlock la miró extrañado y se fijó en la ventana, ¡estaba lloviendo y bastante! Apenas la luz iluminaba la estancia.

— ¿Un café sería posible señora Hudson? Creo que necesito despejarme un poco— dijo guiñándole un ojo.

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Su nerviosismo crecía con la anticipación de verlo, sólo unos minutos le separaban de su entrada al salón de bailes y sus manos le temblaban por no nombrar sus rodillas. Se había colocado su mejor traje, arreglándose a consciencia. ¡Dios parecía una quinceañera! Una algarabía le indica la llegada de las tan esperadas señoras y del príncipe Ausan, y su mirada ilusionada se enfoca en la puerta, buscándolo… ¿dónde está?

El príncipe Ausan con un ligero enfado muy bien contenido en su mirada le indica que deben comenzar, realmente conoce ya bien los pasos y la presencia de John no es tan necesaria como al principio. Siente un gran nudo formándose en su estómago cuando una realidad lo sacude, ¡ esta mañana John no acudió a verme entrenar! Intenta concentrarse, la clase debe de dar comienzo, aunque de repente se encuentra enfermo.

Su corazón da un brinco cuando al fin entra, la alegría inicial que recorre su rostro se transforma inmediatamente en duda, John luce muy mal, fatal de hecho, como si no hubiera pegado ojo en toda la noche, mirada sombría, ojeras, con un aspecto muy descuidado, pelo alborotado y una mala elección de ropa. Se queda parado algo más lejos de lo normal y su voz sale en apenas un murmullo cuando pide excusas al príncipe, el cual apenas le devuelve la mirada y John se queda apoyado en un extremo sin participar.

Al terminar la sesión Sherlock siente un enorme vacío en el estómago que se transforma lentamente en agonía; ni una mirada cómplice, nada, de hecho menos que otros días, ¿qué pasa? Respira agitadamente no ya por el ejercicio, siente miedo, temor de hecho y si las piernas no le temblaran habría salido corriendo en cuanto John se volteó de camino a la puerta sin mirarlo.

— ¿John?— la voz le salió tan bajita que dudo que le hubiera escuchado, pero John se paró muy rígido, sus brazos estirados, contenidos y sus puños cerrados fuertemente.

— ¡Deberías de irte!— fue la sentencia que salió de sus labios y sin girarse salió del salón, sin prisas, sin sentimientos.

Sherlock quedo parado en el centro del salón, estático, su cerebro no alcanzaba más allá que a parpadear, estaba bloqueado; le costó mucho reaccionar, al parecer había retenido la respiración y ahora intentaba respirar a bocanadas, su cuerpo se encoje sobre sí mismo, no consigue respirar bien, se concentra en aspirar y expirar, uno, dos, uno, dos… ¿está en pánico?

No recuerda el momento exacto en que se controló, no entendía nada, sus piernas consiguieron llevarlo a su habitación donde se desplomó en la cama, con la mirada perdida en algún punto lejano a través de la ventana.

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La voz de la señora Hudson atraviesa la puerta de su habitación, no sabe cuánto tiempo lleva allí tirado en la cama, simplemente viendo resbalar las gotas por el cristal de su ventana.

— ¿Querido? — la voz no causó más que se estremeciera en respuesta— quería que supiera que le excusé de las clases con el señorito Ausan, le informe de que se encontraba usted— una ligera pausa— indispuesto. Volveré más tarde, querido—escucho sus pasos alejarse.

No paraba de darle vueltas a la idea de haber sido utilizado y desechado. La noche no fue bienvenida, pues con ella los recuerdos le atormentaban más, su almohada todavía olía a él, ¿qué había pasado?, ¿cómo podía haberlo sentido de una forma tan diferente a la suya?, ¿dónde se había equivocado? Sentía que si el mundo se acabara en ese momento no sería más que un alivio al dolor que se había alojado en su interior. El que nunca había dejado a nadie apropiarse de su corazón, en estos momentos estaba tan perdido.

Fue consciente de que transcurrieron al menos dos noches, mientras las que no se movió de su posición y en las que escucho los pasos de de la señora Hudson detenerse frente a su puerta, pero nunca golpearon.

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Al amanecer del tercer día, se levantó; como un autómata se duchó y se vistió sin mirarse al espejo, pues no quería recordar el estado en que estaba sumido, y se fue a hacer aquello que mejor sabía hacer, bailar.

La soledad del salón le abofeteó, el silencio antes tan solícito ahora se tornaba frío. Necesitaba bailar y expulsar ese sentimiento que le estaba atormentando; dolido, utilizado, herido, su baile era fiero y descontrolado, apenas si calentó. Su mirada se dirigía constantemente hacia la puerta, era incapaz de concentrarse. El ritmo de la música aumentó y su cuerpo intentaba marcar el movimiento como siempre hacía, sintiendo la música crecer desde su interior, pero esa mañana en su interior solo se encontraba un profundo vacío.

—No, no ¡NO!—Sherlock se movía nervioso por el salón, con ganas de golpearlo todo— vamos, vamos ¡CONCENTRATE!— frotándose la cara con desesperación, paró el reproductor, respirando superficialmente, se sentó en el suelo cruzando sus piernas y juntó sus palmas frente a su boca mientras susurraba—concéntrate, concéntrate…

Encendió de nuevo la música y obligó a su cuerpo a bailar frenéticamente, necesitaba expulsar todo de él, no percibe el momento en que las lágrimas comienzan a brotar de sus ojos, tropieza y cae estruendosamente, ¡mierda!

Se quedó simplemente ahí, tirado en el suelo, tapándose la cara intentando que las lágrimas dejen de salir, hasta que unos brazos lo envuelven, le acarician temblorosamente. Una mano se posa en su mejilla borrando el camino que han surcado las lágrimas, una mano que le hace levantar la mirada hacia unos ojos azul profundo, inundados por lágrimas contenidas. John le acaricia en un abrazo tierno y deposita dulces besos en su frente, en sus ojos, en su mejilla, en un camino tortuoso hacia sus labios; unos labios que besa suavemente, lento, como si quiera perpetuar ese momento en su mente, mientras las lágrimas desbordan esos ojos azules.

—¡Shsssss! Ya está… Sherlock— su nombre entre sollozos— lo siento…tanto— tiembla ligeramente— ya está esto, ¡ha terminado!— y besando de nuevo su frente, se levanta con determinación y se va, dejando a Sherlock de nuevo en shock. Antes de que John abandone el salón, un teléfono suena, con un suspiro John responde— Por supuesto.

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Sherlock ingresa al salón comedor de servicio, en silencio, cabizbajo y dolorido; no entiende que está pasando y él se considera una persona inteligente, aunque la "personas" siguen sin ser su área. Ha decidido centrarse en lo básico, eso es lo único que puede hacer ahora mismo y sabe que su cuerpo necesita alimentarse o pronto no podrá ni caminar. Aunque ya no son horas seguro que la dulce señora Hudson le preparará algo rápido.

Al entrar no encuentra a nadie, al mirar mejor ve la puerta de la bodega abierta y entra

— ¿Señora Hudson?— mientras atraviesa la vieja puerta un olor a humedad le invade, no le resulta del todo desagradable. Esta bastante oscuro y con los ojos hinchados es más difícil acostumbrarse a los cambios de luz, escucha ruidos al fondo— ¿está ahí? se que ya no son horas, pero creo que debería comer algo...— de repente todo se hace negro y mientras cae solo puede pensar en John y su nombre escapa de sus labios como una súplica.

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N/A: Espero que no tengan ganas de tirarme tomates ni nada de eso… ;)

Y sinceramente espero que la historia siga gustando, al menos un poquito… ¡solo ustedes pueden decírmelo! Se admiten comentarios…XD

Tengo que agradeceros a todos aquellos que dejan comentarios, dieron a favorito o a follow, gracias, mil gracias sinceras :) , espero que les haya entretenido, pues de eso se trataba.

XXXLord