Hola! Me demoré más en hacer este capítulo porque comenzé a ver Bleach (me encantó!) y tampoco tenía ganas de escribir pero por fin la espera terminó xD
Hola Karo ^^ Pues Vegeta tampoco nunca habría tenido familia, nunca se hubiera quedado a vivir en la Tierra, nunca se hubiera fusionado con Goku y así un largo etc. Yo sigo pensando que el nombre de Bra lo puso él, pero bueno cada quien con lo suyo xD Cuídate mucho vale ;)
Por cierto en este capítulo hay varios cambios de escena y como acá no se permite dejar espacios le puse unos guiones separando cada escena para que les sea más fácil de leer. También quiero agradecer a tods los que se han dado el tiempo de dejar reviews, en serio muchas gracias ^^ Bueno sin más que decir ojalá que les guste!
Ah si una última cosa xD, aquí les dejo un video que encontre en youtube que me encantó. Si te gustó este fic seguro que también te gustará este video, ustedes sólo le agregan la dire de youtube ;]
/watch?v=8K8GwXTSjnk&feature=channel_page
Capítulo 8: "Brazos rotos"
Goku, Piccolo y Trunks seguían sintiendo la decepción de no encontrar la nave de Babidi en aquel desierto. La mala suerte se había dejado caer con toda su malicia, empeñada en hacerles esto lo más difícil posible…
"Entonces tendremos que seguir esperando que ataquen otra ciudad" –dijo Goku con rabia incontenida.
"Demonios, estaba seguro que se trataba de Majin Buu" –gruñó Piccolo con furiosa frustración.
"Esperen… tal vez si sea Majin Buu… recuerden que entre nuestros tiempos hubieron diferencias notables. Por ejemplo aquí nunca aparecieron los androides 19 y 20. Los androides 17 y 18 de mi tiempo eran infinitamente malvados, pero en cambio los del presente eran más buenos, por así decirlo. También los androides del presente eran más poderosos que los de este futuro. Además el androide 16 jamás apareció en esta época" –argumentó Trunks.
"Tienes razón; eso significa que pueden haber cambios entre época y época. Lo más probable es que la nave de Babidi esté en otro lugar entonces" –mencionó Piccolo con nuevos bríos.
"Sí, debemos revisar todo este sector para salir de dudas" –recomendó Trunks.
"De acuerdo. Entonces separémonos, así será más rápido" –sugirió Goku.
Tanto Trunks como Piccoro lo quedaron mirando con ojos abiertos de sorpresa, y es que Goku había entendido todo lo que habían hablado.
"Goku, ¿entendiste todo lo que dijimos?" –preguntó asombrado Piccoro.
"¡Ni idea! Lo único que sé es que separándonos es más rápido jeje"
Piccolo y Trunks se cayeron de espalda.
"Tú no tienes remedio, Goku. Más encima por tu culpa se ensució mi capa" -alegó el namek mientras se levantaba.
"Lo siento, Piccolo" -respondió él con la mano en su nuca por la vergüenza.
En el sitio de la explosión cientos de personas corrían despavoridas intentando salvar sus vidas. Gritos llenos de angustia y terror inundaban el ambiente desesperando a cualquier persona que no tuviera la sangre lo suficientemente dura para ser frío en esa situación... pero ése no era el caso de Vegeta.
Allí estaba alguien a quién nunca pensó ver en este tiempo. Ya no quedaba duda alguna, entonces esta amenaza era mucho más grave de lo que pensaba… tanto que podría acabar con todo el universo. Los gritos despavoridos de mujeres y hombres llegaron a su oído izquierdo con gran claridad. Giró su vista hacia el lugar y pudo ver algo que le aceleró el corazón, un gran letrero decía "Clínica Satán". Ahí debía estar Nenis y su nieta. Un escalofrío le recorrió la espalda al pensar en que pudiera pasarles algo. Muy cerca de la clínica habían tres monigotes más, seguramente sirvientes del que se encontraba en frente suyo. Todos ellos tenian una M tatuada en la frente…
"¿Acaso dijiste que tú me ibas a matar?" –dijo el sujeto que tenía en frente con una sonrisa irritantemente burlona.
"¿No escuchaste, imbécil? Lávate las orejas que mucha falta te hace"
"¡Si yo me lavo las orejas todos los días!" –le replicó bastante molesto. Él podía ser muy malvado, pero si una virtud tenía es que era muy limpio.
"Así que ese imbécil de Babidi está detrás de todo esto" –acto seguido, Vegeta escupió al suelo con desprecio.
"Así que conoces a mi señor… muy interesante" –dijo con sorpresa e interés.
"Por supuesto que conozco a ese imbécil… es sólo otra basura más igual que tú. Basura que ahora mismo barreré" –le dió una sonrisa maligna, especialmente dedicada para sus enemigos.
"Que arrogante eres enano. Se ve que no conoces mi enorme poder"
Vegeta se molestó bastante con aquel comentario que se burlaba de su altura, pero siguió tranquilo para demostrarle a ese sujeto que sus insultos no tenían ninguna importancia para él.
"Lo conozco perfectamente y ni siquiera te alcanza para durarme cinco minutos" -el saiya cruzó sus brazos con soberbia.
"¡¿Qué dijiste enano atrevido?" -reaccionó indignado. "Eso está por verse, estúpido" -amenazó con su puño alzado.
El sujeto giró su cabeza un poco sin mover el cuerpo y les habló a sus esbirros.
"Consigan sólo un recipiente más de energía vital. ¡Con eso será suficiente para revivir al gran Majin Buu!"
"¡Sí, mi señor!" –gritaron los tres al unísono.
Bulma, entretanto, se dirigía al escondite muy preocupada por su nuera embarazada. Además también estaba angustiada por Vegeta. Pero al margen de todo eso, también sentía que la invadía una contradictoria emoción. Por una parte quería agradecerle al sujeto que interrumpiese la locura que estuvo a punto de cometer con Vegeta. Pero por otra… ese maldito inoportuno había interrumpido el momento más excitante que tendría en años… ¡Si hasta quería luchar contra él! Era una lástima que no fuera una guerrera para darle la paliza de su vida, pegándole hasta en los que duele. Sin embargo, la paliza sólo se la daría por el daño que estaba provocando con esas crueles explosiones destinadas a matar gente inocente. Ella ya se había salvado sólo de milagro de un ataque anterior y aún así le profirió un coma. Pero en lo que respecta a la interrupción que había causado, sin duda que aquello había sido lo mejor. Más tarde, tanto ella como el saiya, se hubieran arrepentido de lo que estuvo a un pelo de pasar.
Sin ninguna posibilidad de poder ayudar a su amado, no tuvo más opción que tranquilizar su respiración y rogar para que todo saliera bien.
"Contéstame una pregunta, Dabura. ¿Por qué no puedo sentir tu ki?" –preguntó Vegeta anhelando una respuesta.
"Ya que vas a morir en mis manos te la responderé. El señor Babidi nos lanzó un hechizo para ocultar nuestras energías"
"Ya veo; esconderse es algo digno de un cobarde como tú. Ahora respóndeme esto insecto, ¿por qué no atacaste todas las ciudades de una sola vez para reunir la energía que necesitabas?"
"Fácil, porque el señor Babidi aún estaba perfeccionando el conjuro para poder encerrar a Majin Buu si es que no le obedece... así que mientras terminaba de perfeccionar su conjuro fui adelantando el trabajo poco a poco... así es más divertido, ¿no lo crees?" -sonrió con maldad.
Vegeta no respondió, se tomó el cuello con su mano y comenzó a moverlo de lado a lado, como si lo estuviera ajustando.
"Ahora respondeme tú… ¿cómo me conoces y a mí señor también?" –preguntó el demonio con gran curiosidad.
"Digamos que me lo dijo una galleta" –sonrió burlonamente por la muerte tan graciosa que tuvo Dabura. Aunque él no la hubiera visto cuando se la contaron no pudo evitar sonreír con semejante ridiculez.
El señor de los demonios frunció el ceño, confundido. Vegeta, entretanto, recordó aquella lucha que tuvo ese diablo contra Gohan y supo enseguida que por nada del mundo debería confiarse; ese es el peor error que puede cometer un guerrero. Aún recordaba claramente como Dabura fue capaz de darle buena pelea a Gohan Super Saiyajin dos, haciéndolo ver mal en combate. También como era capaz de materializar una enorme espada de la nada, de lanzar ardiente fuego por la boca y sobre todo su habilidad más peligrosa… convertir en piedra a través de un escupo. Aunque tenía la certeza absoluta de ganar debía tener cuidado sino quería lamentarlo más tarde.
Mientras tanto, los tres esbirros de Dabura se separaron en distintas direcciones, y uno precisamente fue hacia la clínica.
Nenis sabiendo que, embarazada como estaba corría torpemente, decidió esperar escondida antes de salir a las calles, pero cuando sintió que se detuvieron las explosiones se decidió a salir del sitio. Quería salir como fuera de ese lugar lleno de terror. Debía salvarse, no sólo por ella sino también por su hija. Temió que lo que estuviera pasando pudiera adelantar su parto, ya que unos dolores en su vientre se vinieron. Así que por mucho que le costara, trató de tranquilizarse y mantener la calma como fuera, pensando en cosas lindas de su vida, como cuando conoció a Trunks. Salió corriendo de la clínica, pero justo en eso un horrible ser humano con piel gris y una M tatuada en la frente se le puso por delante con un recipiente con punta filosa. El sujeto claramente la iba a matar. En la mente de Nenis pasaron mil pensamientos en tan sólo un segundo. Su hora final había llegado. Cerró los ojos con terrible angustia esperando su muerte pero un enorme grito de dolor la obligó a abrir sus ojos nuevamente. Ante ella tenía una silueta fornida con su puño incrustado en el pecho de ese terrible hombre que había intentado matarla. Un segundo después la silueta azul lanzó al sujeto hacia atrás y con una onda de energía lo convirtió en menos que polvo.
"Yo te protegeré" –escuchó una voz tan potente como segura.
"Se-señor Vegeta… muchas gracias" –le agradeció tras unos segundos, reaccionando por fin.
"Sólo quédate cerca de mí. Ese cornudo ya debe haberse dado cuenta que eres importante para mí"
"Importante para mí". Las palabras quedaron escritas a fuego en la mente de Nenis. A pesar de que apenas se conocieron se cayeron mal y no se pudieron tragar, para aquel hombre de azul si era importante. Lo había juzgado mal, el si tenía un buen corazón, tal como le habían dicho los Z.
Dabura no tardó nada en comprender que ellos se conocían… y claro que sacaría ventaja de ello.
Vegeta se movió en un segundo varios metros hacia delante. Se convirtió en Super Saiyajin dos allí para que las ondas de choque no hicieran caer a Nenis. Enseguida, sin perder un solo segundo acabó con el segundo esbirro que estaba robando la energía de la gente más allá. Iba por el tercero cuando se dió cuenta que Dabura se dirigía a toda velocidad hacia Nenis. Se movió en centésimas de segundo y logró parar el puñetazo del demonio sin mayor esfuerzo.
"¡Pero es increíble! Yo soy el rey de los demonios, ¡no puedo ser detenido por un terrícola!"
"Ja, ¿quién dijo que yo era un terrícola? Yo soy Vegeta, el príncipe de la raza más poderosa del universo… los saiyajin" –señaló con enorme altivez.
"Patrañas" –soltó con incrédula furia.
"Ya lo comprobarás… Ahora lucha conmigo de uno contra uno, a ver si eres tan hombre. No utilizes a una mujer como escudo" –lo taladró con mirada desafiante.
El señor de los demonios sonrió confiadamente, dejando ver que aceptaría su reto.
"¡Spopovitch! Con eso es suficiente para despertar al gran Majin Buu. ¡Llévalo enseguida!" –le gritó Dabura sin mirarlo.
"A su orden mi señor" –respondió con absoluta sumisión el único esbirro que quedaba vivo.
Vegeta no pudo hacer nada para detenerlo. Si iba tras él, Nenis quedaría completamente desprotegida. No tenía más alternativa que quedarse ahí mismo.
Piccoro, Goku y Trunks se separaron más de lo que pensaban. Recorrían ansiosamente aquel desierto anhelando encontrar la nave del hechicero. Seguían en eso, hasta que uno de ellos pudo divisar aquello que tanto ansiaban encontrar… allí estaba, la nave de Babidi. El mal podía ser detenido a tiempo.
Trunks pensó en llamar la atención de los demás gritando, pero el desierto era tan enorme que era seguro que nadie lo escucharía. Entonces decidió buscar las energías de Goku y Piccoro para traerlos hasta la nave de Babidi lo más rápidamente posible.
Entre el saiyajin y el demonio había comenzado una lucha fenomenal, y aunque Dabura ya había atacado con su aliento de fuego y su salivazo petrificador, Vegeta rápidamente se puso en ventaja conectándole potentes golpes. Dabura estaba absolutamente sorprendido, en su soberbia jamás hubiera imaginado que existiese un sujeto capaz de darle batalla a él, y hasta de lastimarlo de la manera en que lo estaba haciendo ese enano. Así que en plena batalla, se dió los segundos para mirar que estaba haciendo la chica embarazada y vió como corría para alejarse del lugar. No podía arriesgarse a perder la lucha, así que moviéndose a su máxima velocidad se puso delante de ella para ejecutar el plan que había maquinado su maléfica mente.
"¡Malnacido, ven y pelea!" –le reclamó Vegeta asqueado con tanta cobardía.
Dabura junto saliva en su boca y escupió a Nenis directamente a la cara, quien con inmensa repulsión alcanzó a poner su mano derecha para cubrirse… pero aquello ya no serviría de nada…
El asqueroso escupitajo le cayó de lleno en la mano a la mujer de Trunks, quien con una cara de inmensa repulsión instintivamente se quitó el escupo de su palma.
"¡¿Pero qué me pasa?" –gritó desesperada al sentir que la piel comenzaba a volverse áspera.
"¡Mierda!" –exclamó Vegeta sabiendo lo que vendría.
La voz de Nenis fue ahogada completamente. El color gris fue inundando su cuerpo lentamente como si una silenciosa tortura fuera, hasta que finalmente terminó de convertir el cuerpo de la esposa de Trunks en pura piedra.
"La puta madre" –volvió a maldecir el príncipe sabiendo que esto le daría una gran desventaja. Ahora no solamente tendría que luchar contra Dabura, sino que además tendría que proteger a Nenis de cualquier ataque del terrible demonio. Si su estatua se rompía sería el final para siempre de Nenis y su nieta.
Dabura sonrió como nunca al ver a Nenis convertida en piedra; su plan funcionó a la perfección y ahora tenía a Vegeta completamente en desventaja… y no lo desaprovecharía.
"¡Maldito cobarde! ¡No tienes honor, maricón!" -Vegeta apretó sus puños lleno de furia.
"Jajaja, ¿honor? ¿qué es eso? En una pelea no existen estupideces como el honor, la justicia o la injusticia, ¡sólo se pelea!"
Acto seguido, Dabura intentó destrozar la estatua de Nenis pero Vegeta alcanzó a cubrirla tomándola con sus brazos y alejándola de su cuerpo para que no se destrozara por el impacto del puñetazo del demonio contra él. Puñetazo que le cayó de lleno en toda la columna vertebral, obligándolo a gritar inevitablemente de dolor.
"¡Toma tu honor!" –gritó Dabura dándole múltiples golpes por doquier.
Bulma permanecía en la salida de Capsule Corp. No podía quedarse en el refugio sin poder hacer nada. Un angustioso presentimiento se apoderó de su cuerpo, obligándola a llevar instintivamente su mano al corazón. Algo estaba mal, lo podía sentir a través de todo su cuerpo, enervándole hasta los vellos. Un hondo suspiro de angustia se liberó desde lo más profundo de su alma, totalmente acongojada y preocupada por Vegeta. Tragó saliva al recordar que la sensación terrible que estaba sintiendo en este momento, también la sintió cuando su Vegeta murió. Un estremecimiento la sacudió por entero al pensar en eso. No podía ser, no podía ocurrir dos veces… completamente acongojada, rogó porque su hombre estuviera bien. Se intentaba convencer de que sólo eran ideas suyas, de que nada le pasaría a Vegeta… pero no sirvió de nada. Algo iba a ocurrir… su corazón se lo decía…
El señor de los demonios tenía todo a su favor, Vegeta cada vez respiraba con más dificultad dejando ver que los golpes si lo estaban dañando bastante. Sólo se preocupó de golpear al saiya, sabiendo que si destruía la estatua de la mujer perdería la única ventaja que tenía en el combate. Vegeta se dió cuenta que ya Nenis no era importante para el demonio y como pudo la dejó en el suelo. Para Dabura, ahora sólo quedaba inutilizar lo más peligroso que aún tenía Vegeta… sus brazos. Sin pensarlo dos veces se movió a tremenda velocidad y le conectó una feroz patada en su brazo izquierdo. El brazo de Vegeta se dobló de forma muy similar a cuando la androide 18 se lo rompió. Vegeta gritó segundos después, como si por el inmenso impacto hasta el dolor hubiera roto su trayecto. Dabura sonrió con sadismo y nuevamente sin perder ni un preciado instante, le conectó otro golpe igual de brutal en su extremidad derecha. Una vez más el brazo de Vegeta se dobló en forma innatural y otra vez el grito de dolor fue un par de segundos después. Vegeta aullaba de dolor.
Trunks ya había alertado a Piccoro y Goku de su hallazgo. Se dirigieron todos a la nave de Babidi y al divisarla, pudieron ver como un ser humano gris entraba en la nave con un recipiente, similar al que se usó para quitarle su energía a Gohan en el torneo.
"¡Hay que destruir la nave enseguida!" –exclamó Trunks alarmado.
"No; Gohan me contó que el huevo donde estaba encerrado Majin Buu era extremadamente resistente" –advirtió Goku.
"Sí, es cierto. No podemos arriesgarnos a que el huevo se pierda en la explosión. Tenemos que asegurarnos de destruirlo" –afirmó el namek.
"Sí, tienes razón" –confirmó Trunks.
"¡Bueno entonces aplastemos a ese chicle!" –dijo Goku irradiando optimismo.
"Oye Goku, te noto muy animado" –le hizo ver Trunks con extrañeza.
"¡La verdad Trunks es que me muero de ganas de luchar contra Majin Buu!; sé que está mal pero la emoción de enfrentar enemigos poderosos es algo que no puedo contener" –Goku tenía un brillo muy especial en los ojos.
Tanto Piccolo como Trunks sonríeron; Goku jamás cambiaría, la sangre saiyajin era la que hablaba por él.
"Te entiendo, pero no podemos correr el riesgo de que Majin Buu despierte. Es demasiado peligroso"
"Sí Piccoro, lo sé. Pero si despierta tengo la confianza de que puedo acabar con él" –aseguró Goku.
"Espero que no sea necesaria una batalla directa" –respondió el namek.
Y así, los tres Z entraron a la nave.
Vegeta tenía sus dos brazos inutilizados completamente; colgaban como si ya no tuvieran vida. Dabura esbozó una enorme sonrisa llena de confianza al ver a su rival tan herido. Siguió torturándolo con todo su poder liberando su instinto sádico hasta la saciedad, disfrutando ver tanto dolor en su víctima. Lo torturó por un par de minutos más hasta que Vegeta ya estaba completamente a su merced, su cuerpo yacía en el suelo cubierto de sangre que manaba por todos sus poros.
El demonio, confiado en su victoria absoluta, se alejó unos metros preparándose para darle el golpe final.
"Aún no estoy vencido" –gruñó Vegeta poniéndose de pie con cierta dificultad.
"Ja, no me hagas reír. ¿Qué pretendes hacer con tus dos brazos fracturados?" –se burló el demonio.
"Siente mi ki" –le dijo Vegeta con una sonrisa llena de malignidad.
Dabura hizo lo que Vegeta le dijo, sintiendo una enorme cantidad de energía a través de todo su cuerpo. Pero a pesar de eso esbozó una sonrisa desafiantemente burlona.
"Vaya, veo que tienes acumulado tu ki al máximo… ¿pero qué puedes hacer con tus brazos rotos?"
Vegeta extendió ambos brazos hacia sus costados esbozando una sonrisa terriblemente maligna, tal como la que esbozó ante Goku cuando era un Majin.
"Esto"
"Es… ¡es imposible!" –gritó el demonio lleno de terror.
"¿En serio creíste que tus golpes de niña desnutrida me romperían los brazos?" –se burló Vegeta cargando energía en sus manos. El planeta entero comenzó a temblar.
"Por eso fue que gritaste segundos después de recibir mis golpes…" –reaccionó Dabura preso de pánico, dándose cuenta que su rival lo había engañado completamente.
"Sólo me fingí herido para que te confiaras. Y mientras me golpeabas cargué todo mi ki… para matarte de una sola vez" –volvió a sonreír poseído por el sadismo.
Dabura ni siquiera contestó; sus ojos reflejaban verdadero terror de perder la vida. Desesperado intentó escapar volando a toda velocidad.
"¡FINAL FLASH!" –se escuchó en todo el sector como si de un feroz trueno se tratase.
"¡Nooooooooooooooo!" –gritó el demonio totalmente desesperado, pero su grito fue ahogado por el sonido del Final Flash impactando contra su cuerpo. De Dabura no quedó ni una sola partícula delatando que haya existido alguna vez.
La técnica de Vegeta siguió volando hacia el cielo y salió a toda velocidad hacia el espacio, explotando en el inmenso infinito.
El saiya dejó caer su rodilla izquierda en el suelo, sosteniéndolo para no caer de bruces. Aunque le haya dicho que sus golpes eran de niña desnutrida, lo cierto es que los golpes del poderoso demonio si le habían causado bastante daño. Con respiración jadeante dirigió su mirada hacia donde yacía la estatua de piedra de Nenis y pudo ver como lentamente volvía a ser de carne y hueso.
Vegeta sonrió satisfecho; había cumplido lo que le dijo a Bulma, ni ella ni su nuera saldrían lastimadas.
"Aquí le traje mi aporte señor Babidi" -fueron las palabras de Spopovitch entregándole el recipiente lleno de energía vital al maligno mago.
"Muchas gracias... Ahora te puedes morir" -acto seguido, Babidi hizo explotar el cuerpo de Spopovitch en mil pedazos.
"¡Qué asco, me saltó sangre de ese granuja! Pero bueno no importa... ¡con esto ya podré revivir por fin a la creación de mi padre!"
Sin perder tiempo el hechicero depositó toda la energía del recipiente en el huevo de Majin Buu...
El cuerpo de Nenis lentamente comenzó a recuperar su color carne natural, hasta volver completamente a la normalidad. En su confusión, varias ideas se vinieron a su mente de una sola vez, pero el recuerdo del asqueroso salivazo de Dabura se vinó a ella. Fue entonces que recordó como su mano se convertía en piedra, pensando que esa sería su muerte. Instintivamente llevó sus manos al vientre, para sentir a su hija intentando saber si ella también se encontraba bien. Y gracias a que no sentía ningún malestar pudo saber que su retoño también estaba a salvo. Ya con esa certeza, guió su mirada hacia el frente y pudo ver a Vegeta arrodillado y sosteniéndose con dificultad en el suelo. Era obvio que él la había salvado. Corrió de la manera más cómoda que su barriga le permitía y se arrodilló al lado de él para intentar ayudarlo.
"Déjame; no necesito tú ayuda" –fue la seca respuesta que recibió cuando trató de estabilizarlo.
Nenis no se molestó, ya con varios días conociendo a Vegeta comprendió el carácter y el gran orgullo que poseía el saiya.
"Yo… yo quería agradecerle por salvarme la vida" –le dijo Nenis, pensando que no le costaría tanto decirlo pero sí que le había costado.
"No tienes que darlas. Era mi deber, después de todo eres la esposa de mi hijo"
Un silencio de unos segundos se produjo.
"Sé que desde el principio nos caímos mal y que no nos tragábamos… pero de verdad le doy las gracias de todo corazón"
"Ya mujer, no te pongas cursi" –le ordenó Vegeta con voz seca.
"¿Está bien? Tiene mucha sangre corriendo por su cuerpo"
"Sino me lo dices no me doy cuenta" –le respondió Vegeta con ironía.
Nenis frunció el ceño enojada, pero decidió contar hasta diez para invocar paciencia; después de todo él la había salvado de una muerte segura.
Acto seguido, Vegeta iluminó su mano con energía calorífica, cauterizando sus heridas una por una. Terminado el proceso terminó por fin de sangrar.
"Ven, te llevaré a casa" –le ordenó el príncipe saiyajin.
Nenis se acercó y el saiya la tomó en brazos, volando con ella hacia Capsule Corp. Vegeta voló lentamente, demostrando que la gran cantidad de sangre que perdió era más grave de lo que pensaba. Tardó un poco en llegar al patio de la corporación y aterrizó de manera suave. Al fijar su vista al frente pudo ver a Bulma en la puerta con semblante intranquilo. Ella, apenas los vió, corrió rápidamente hacia ellos. Se alegró al ver que su nuera no tenía nada, pero su mirada reflejó mucha preocupación al ver el cuerpo tan malherido de Vegeta.
"¡¿Pero Vegeta, por dios que te paso?"
"… Vengo de Disney"
Bulma no supo si reír o enojarse; al menos Vegeta conservaba su ironía y eso era un indicio de que tan mal no estaba…
"¡No sabes lo preocupada que me tenías y me respondes asi!"
Vegeta, al ver su enojo, le respondió con una espontánea sonrisa, aunque su cara seguía reflejando su dolor.
"Ven, voy a curarte bien esas heridas, ya has perdido mucha sangre. ¡Y no me reclames, no te hagas el macho conmigo!" -le advirtió con las manos en sus caderas.
Sin embargo, esta vez Bulma no recibió ninguna respuesta ni gruñido, pudo ver como el saiyajin caía al suelo de bruces haciendo que el corazón de Bulma latiera a mil por segundo.
"¡Vegeta!" –gritó desesperada.
Bulma sintió como se le helaba la sangre y un perturbador escalofrío la recorrió de pies a cabeza. La congoja y la angustia conquistaron su alma sin resistencia alguna. La vida no podía ser tan injusta, no podía ser tan cruel… no podía perder al hombre que tanto amaba dos veces… el sufrimiento que sentía no se comparaba con nada. Tanto dolor y sufrimiento que resulta imposible describirlo en palabras. No existen palabras capaces de poder expresar tanto dolor. Lágrimas inundaron su rostro y desesperada tomó el cuerpo de Vegeta intentando retenerlo en este mundo. Pero Vegeta no respondía, ni tampoco lo haría… estaba completamente inconsciente. La sola idea de perderlo nuevamente hizo que Bulma entrara en un colapso de desesperación, impidiéndole razonar y pensar… sólo dejó escapar un grito incontenible de profundo dolor, llamándolo por su nombre para intentar despertarlo.
"¡Vegeta!"
Continuará.
