Hola! Espero que estén muy bien to2 y que les guste este nuevo capítulo y tb muchas gracias a las personas que se dan el tiempo de dejar un comentario =] Salu2 y cuídense to2 ;D
Capítulo 10: Destino incierto.
Videl quedó sorprendida al ver que su paciente la había reconocido. Solía llevar su nombre en el delantal, pero recién se lo había sacado porque se había manchado con sangre. Aún así, decidió comprobar si tenía su nombre en algún lado. Tras echarse una ojeada corroboró que efectivamente su nombre no lo tenía puesto.
Bulma, entretanto, frunció el ceño confundida. ¿De dónde la conocía? Claro, seguramente ella también existía en su tiempo pero Vegeta no era el tipo de hombre que conociera mujeres, de hecho su nivel de sociabilidad era muy parecido al de un ermitaño.
"¿Lo conozco de alguna parte?" –atinó a preguntar Videl con curiosidad.
El saiya le lanzó una mirada directa y profunda a los ojos, haciendo que Videl se pusiera nerviosa. Eran pocas las personas que podían mirar a los ojos tan profundamente y con tanta seguridad al mismo tiempo.
"Eso no importa" –contestó Vegeta cortante.
La respuesta fue tan terminante, que Videl no se decidió a preguntar nuevamente. Claro que Bulma no era Videl, y ella sí que estaba decidida a satisfacer su propia curiosidad.
"¿Quién es ella?" –preguntó Bulma, intentando no demostrar una pizca de celos. Aunque tenía que reconocer que la doctora era muy guapa, además de joven.
"Así que Videl sobrevivió en este tiempo" pensó Vegeta para sí mismo ignorando la pregunta de la peliverde. "Lástima que no vino Gohan, así hubiera tenido que pasar por lo mismo que yo" meditó con malicia. "Me pregunto que hubiera hecho con dos Videles" sonrió efímeramente con las divagaciones de su mente.
Al verle ese atisbo de sonrisa, Bulma se extrañó aún más.
"¿Vegeta?" –lo llamó a la realidad en un tono mas grave.
La doctora pensó en qué hacer. En realidad la conociera o no, eso no era lo importante ahora, ya tendría tiempo más adelante de saber de dónde la conocía… ahora lo más importante era su salud.
"Señor, debe quedarse para un chequeo" –le insistió la hija de Mister Satán.
Bulma pareció reaccionar con las últimas palabras de Videl, la salud del saiya era el verdadero objetivo que se había propuesto y demostraría todo lo terca que puede llegar a ser cuando se lo propone.
"Vegeta, es por tu bien. ¡Hace caso alguna vez!" –le reclamó la mayor.
"Señor Vegeta, venga conmigo a la sala para hacerle un chequeo" –le pidió nuevamente Videl.
"¡Ya callénse!" –gritó ya muy irritado.
Ambas mujeres se callaron al instante por la sorpresa.
"Me importa una mierda lo que digan ambas. Iré a pelear y punto final" –cerró su puño con decisión.
"¡No te dejaré!" –lo desafío Bulma con aún más decisión. Sin perder un segundo se le tiró al cuello intentando hacerle una llave para detenerlo. Claro, sabía que ella no podría detener a Vegeta así, pero estaba segura que el saiya no se la quitaría de encima para no lastimarla.
"Demasiado lenta, mujer" –le dijo el saiya desde la otra esquina con una sonrisita burlona.
Bulma sólo había logrado aprisionar el aire. Sintió como le hervía la sangre, ¿cómo era posible que se moviera tan rápido si estaba tan malherido?
"¡Vegeta ven acá inmediatamente!" –le ordenó con un potente grito, que de nada sirvió; el príncipe salió volando por una ventana.
"Por la mierrrr… ¡cómo rayos pudo salir tan cabeza dura este burro!" –de pura frustración le pegó a la pared. "¡Ay ay ay, mi patita! Grrrr… ¡esta me las pagarás Vegeta!" –gruñó gritándole por la ventana hacia el cielo.
Entretanto, Videl quedó con los ojos como platos al ver la escena y divisar a Vegeta volando. Sólo había visto volar a tres personas, los terribles androides 17 y 18, pero sobre ellos había alguien que jamás olvidaría, aquel tipo de cabello negro que la salvó de una muerte segura…
"Gohan" –musitó al recordarlo. Ese fue el nombre que le dijo él cuando se lo preguntó. A ese hombre jamás lo podría olvidar a pesar que lo vió tan sólo unos instantes… lamentablemente nunca más lo volvió a ver.
En el desierto, el increíble ki de Buu se podía sentir inundándolo todo, avanzando a través no sólo del desierto, sino cubriendo el planeta entero. Trunks, sin embargo, no había dado cuenta de ello y lo juzgó primero por su físico, algo que un guerrero jamás debía hacer. No importa ser chico, grande o gordo, lo importante es la habilidad que se tenga para luchar, aunque era claro que a Trunks aún le faltaban cosas por aprender.
"Así que él es Majin Buu… me lo imaginaba más grande" –comentó Trunks subestimando insconcientemente al monstruo por su pequeño tamaño.
"¡Rayos! Esto se complicará aún más" –gruñó enseguida el namek, sabiendo que este Majin Buu debía ser mucho más poderoso que el gordito.
Aún no tenían la certeza de que tan poderoso era este monstruo, pero si las cosas eran igual que en el presente, este Buu debía ser mucho más fuerte que el rellenito. Cierto que su ki era poderoso y se podían hacer una idea del alcance de su poder, pero era obvio que su actual nivel de ki no era ni siquiera la quinta parte de su poder total.
"Oigan, ¿pero no se suponía que debía salir el Buu gordito?" –preguntó el confuso Goku.
"Es seguro que aquí jamas se comió al Gran Kaioshin, por eso nunca engordó" –le explicó el namek.
"Vaya, pues entonces eso significa que su maldad nunca fue reducida" –acotó Goku.
"Sólo nos queda comprobar qué tan poderoso es" –Trunks blandió su espada preparándose para luchar.
"A ver, esperen. Tengo una idea" –dijo Goku desplantando seguridad.
Tanto Piccoro como Trunks lo miraron con mucha curiosidad. Goku ciertamente no era el tipo más brillante del mundo, pero en batalla su genialidad era indiscutible. Seguramente un buen plan se le había ocurrido.
Acercándose tranquilamente al monstruo se puso en frente de él. Majin Buu lo observó con extrañeza.
"Mira Majin Buu… ¿me entiendes verdad?" –le preguntó sin estar seguro de si él podía entender su idioma.
"Grrrr… grrrr… hhgrrr…"
"De acuerdo" –le respondió Goku también.
Trunks y Piccoro se miraron entre ellos sorprendidos. Al parecer Goku entendía los gruñidos del monstruo.
"Mira pequeñín hagamos un trato, ¡si te portas bien te daré muchos dulces! ¡Pero tienes que portarte bien eh!"
Tanto Piccoro como Trunks se cayeron de espalda.
"¡¿Esa era tu genial idea?" –gritó Piccoro exasperado hasta la médula.
Majin Buu se rascó la cabeza confundido.
"¿Qué te parece? Podemos solucionar este asunto por las buenas" -insistió Goku.
"Grrr… hggrr… mmm…"
"¡Cállate granuja! Que estúpido eres si crees que puedes sobornar al gran Majin Buu con dulces" –advirtió Babidi con voz severa.
"¿Y con pasteles?" –preguntó Goku con inocencia.
"Grrr… ¿acaso me quieres tomar el pelo?" –le reclamó indignado el mago.
"Pero si usted no tiene pelo" –le recordó él.
"¡Ah ya basta!" –vociferó sintiendo que sus venas explotarían. "Majin Buu acaba con esos granujas, sobre todo con ese que no conoce las peinetas" –fustigó con su voz irritada.
La abominación rosa comenzó a agitar su cuello, moviéndolo de un lado a otro, alistándose para luchar. No obstante, cuando Buu se disponía a atacar, su "amo" lo detuvó. Antes de ver el combate el mago quería saciar su curiosidad.
"Oye tú" –dijo mirando a Piccoro. "¿Por qué tienes ese color verde? Tu cara es pálida" –interrogó Babidi usando casi las mismas palabras que usó su clon del presente.
El namek recordó enseguida la respuesta que le dedicó a su contraparte, cuando le hizó la misma pregunta.
"Este es un color ecológico" –recalcó con orgullo. "Y ahora tu fin ha llegado"
Piccoro con un movimiento extremadamente veloz partió a Babidi por la mitad. Sin perder ni un solo segundo, lo remató con una onda de energía convirtiéndolo en nada más que polvo. Babidi había muerto y esa era una certeza absoluta, Piccoro no fallaba dos veces.
"Nadie me dice que tengo la cara pálida y vive para contarlo" –afirmó Piccoro sacudiéndose las manos.
Majin Buu vió como acababan con su supuesto dueño sin siquiera pestañear. Ahora estaba totalmente libre para hacer lo que él quisiera.
Tanto Piccoro como Trunks se colocaron en posición de combate, prestos para atacar junto con Goku. La adrenalina fluyendo inundaba el ambiente, mientras el aire se volvía más pesado de lo normal. Latidos acelerados por la emoción de la próxima batalla golpeaban sus pechos demandando la pronta acción. Sin embargo, algo los detuvó en seco.
"No se metan, por favor" –pidió Goku.
"¡¿Qué?" –exclamaron sus dos amigos al unísono.
"Tres contra uno no es una pelea justa. Quiero encargarme solo de él"
"Pero Goku" –le protestó enseguida Trunks. "Este no es un asunto personal, se trata de la vida de toda la Tierra" –le explicó en un intento de que Goku se diera cuenta de lo terrible de la situación.
"Lo sé, Trunks. Por eso quiero dar todo de mí en esta pelea. La Tierra está en juego, y no voy a permitir que nada malo le suceda. Si eres un verdadero guerrero me entenderás" –le explicó Goku con una seriedad poco común en él.
"Pero…" –intentó articular el de cabello violeta todavía dudoso. Una mano en su hombro sintió.
"Déjalo, Trunks. No hay felicidad más grande para Goku que luchar, y más si se trata de salvar a la Tierra. Yo confió en él, por eso no intervendré" –le hizo ver Piccoro.
Trunks bajó su mirada al suelo pensativo. Aún no podía entender porque esa decisión, si podían luchar los tres juntos y hacer las cosas más fáciles. Por lo que le había contado Goku antes, en sus numerosas charlas en Capsule Corp, lo mismo había pasado en el tiempo presente, cuando Vegeta, Gohan y Goku se enfrentaban a sus enemigos uno por uno en la nave de Babidi, ante el desconcierto del Supremo Kaioshin. Al ver la determinación de Piccoro en apoyar a Goku, Trunks ya no tuvo dudas de hacer lo mismo, aunque aún no podía razonar la lógica de esa elección. Tal vez Goku tenía razón y sólo los verdaderos guerreros podrían entender su decisión. A él todavía le faltaba convertirse en un guerrero hecho y derecho.
"Grrrrr" –gruñó Majin Buu mostrando que se estaba impacientando.
Goku sonrió a la vez que comenzó a cargar energía. Un prolongado y estruendoso grito se sintió en el sector. Primero se convirtió en Super Saiyajin; tras unos segundos subió al nivel dos, agrietando todo el suelo a su alrededor y haciendo que las rocas salieran disparadas por la presión de poder; y cuando se preparaba a detonar el cambio al tercer nivel, alguién apareció para interrumpirlo…
"¡Padre!" –exclamó Trunks sorprendido al verlo con su ropa llena de sangre seca.
Vegeta, algo mareado pero determinado a no perderse la lucha, aterrizó un tanto tambaleante. Él mismo se dio cuenta que no estaba en condiciones de luchar, pero no estaba dispuesto a mostrar debilidad ante nadie. Cruzó sus brazos y su aura se mostraba más confiada que nunca.
"¿Qué te pasó Vegeta?" –interrogó el namek sin emoción, al verlo lleno de sangre.
"El imbécil de Dabura atacó la ciudad mientras ustedes no estaban insectos"
"¡¿Qué?" –exclamó Trunks preocupado.
"Tranquilo, ya me deshice de él. Lo podría haber acabado en un segundo pero el muy cobarde usó a Nenis como escudo" –los ojos de Trunks saltaron de preocupación al escuchar aquello. Vegeta lo notó enseguida- "Ya te dije que no te preocupes, tanto tu madre como tu mujer están a salvo"
Una sonrisa de alivio brotó en el rostro del heredero de la Capsule Corp.
"Oh, gracias papá. Si algo les hubiese pasado yo me muero" –le agradeció de todo corazón. Hasta le dieron ganas de darle un abrazo pero sabía que con su padre no podía hacer tales manifestaciones.
"Bah, no me lo agradezcas, nunca dejaría que algo le pasara a tú familia. Menos con ese insecto de Dabura"
Goku sonrió orgulloso. Desde que había cambiado, por Vegeta sentía un profundo respeto e incluso mucha admiración.
La vista del príncipe se dirigió a su eterno rival y mirándolo fijamente caminó hacia él.
"Kakarotto, no te metas en esto. Este insecto es mío, oíste" –espetó con su mejor cara de pocos amigos.
"Pero Vegeta, te veo muy malherido. ¿Estás seguro que quieres luchar en esas condiciones?"
"Cállate imbécil. No necesito tu preocupación. Sólo mira y aprende cómo hay que acabar con este monstruo" –alzó su puño con orgullo.
Trunks se sorprendió con la enorme decisión que mostraba su padre. Aún herido de esa manera, él quería pelear. Sabía que eso era ser demasiado arrojado e incluso fácilmente podía tomarse como una estupidez… también recordó cuando Vegeta cometió el error de dejar que Cell alcanzara su forma perfecta… sin duda alguna, ese había sido un terrible error. Sin embargo, esta vez la mirada de su padre era distinta. No estaba ese odio que solía cargar encima. Esta vez su mirada era tranquila… en el fondo Vegeta estaba sintiendo lo mismo que Goku y sus ganas de pelear sin ayuda… no podían evitar sentirse felices luchando. Esta vez los motivos de su padre eran muy diferentes a lo de Cell, su sola mirada lo decía. En esa ocasión sólo luchaba para demostrar que él era el ser superior… pero esta vez en su mirada podía ver la decisión de luchar por honor, orgullo y lealtad a la Tierra, que aunque no fuera su planeta natal, lo había adoptado como suyo. Esta vez se sintió orgulloso de tener un padre como él.
Así, comenzó la lucha mientras Goku, Trunks y Piccoro hacían de espectadores. Los tres estaban preocupados por la condición de Vegeta. No sabían cuanto había aumentado su poder durante el período de paz despues de la gran batalla contra Majin Buu, pero lo más probable es que ni siquiera en plenitud de condiciones podría vencer al poderoso monstruo rosado; mucho menos podría hacerlo en sus mermadas condiciones actuales… pero haberle negado a Vegeta el derecho a pelear solamente hubiera lastimado su orgullo y su honor. Hubiera sido la afrenta más grande que hubiera podido recibir. Ahora para él su salud no importaba, sólo su honor y el gusto de pelear contra Majin Buu aunque se le fuera la vida en ello. Ese era el precio que pagaban los verdaderos guerreros, y sólo otro guerrero como él podría entenderlo.
Lamentablemente no basta sólo una fuerza de voluntad inquebrantable para ganar una pelea. Así, tras unos minutos intercambiando rápidos golpes, el monstruo rosa le conectó terribles golpes a Vegeta en su estómago, pero el peor fue un espectacular golpe triple realizado por Buu. Le conectó un cabezazo feroz, dos puñetazos bestiales en las orejas que retumbaron como un gigantesco eco en sus oídos, para rematarlo con una patada de su pierna derecha que salió desde el subsuelo. Vegeta cayó inconsciente de inmediato, dándo su cráneo un brutal golpe contra el piso.
Buu intentó darle el golpe de gracia, pero tanto Goku, como Trunks y Piccoro, se cruzaron en su camino.
"Ahora es mi turno" –lo desafío Goku con una sonrisa.
"Grrr, grrr, grrr" –fue la respuesta de Majin Buu.
"¿Qué dijo?" –preguntó Piccoro suponiendo que Goku quizás podía entenderlo.
"Dijo grrr, grrr, grrr" –le explicó Goku.
Una gran gota de sudor apareció en la cabeza del namek.
"Rayos, mi padre quedó aún peor" –comentó Trunks mientras lo cargaba en brazos, inspeccionándolo cuidadosamente.
"Trunks, llévate a Vegeta de aquí a un lugar seguro" –le ordenó Goku enseguida.
"Pero…" –intentó protestar Trunks.
"No te preocupes. Yo me encargaré de Majin Buu" –afirmó Goku con tanta seguridad que asombró hasta al mismísimo Piccoro.
Ante ese tono, Trunks no tenía nada que alegar. Llevaría a su padre a la clínica porque en realidad ya había perdido demasiada sangre. Tal vez sería necesaria hasta una transfusión, y él era el único que tenía su mismo tipo de sangre para poder dársela si es que era necesaria.
Así, Trunks partió su vuelo a toda velocidad, mientras un enorme temblor se pudo sentir en toda la Tierra, formando olas de gran tamaño y algunas enormes grietas por todo el desértico sector. Goku se había transformado en Super Saiyajin nivel tres… y sin duda su poder ascendió a más allá de lo razonable.
Trunks llegó a la clínica cargando a su padre e intentó enseguida de tranquilizar a Bulma, que al verlo inconsciente lo maldijo por ser tan obstinado. Tras dejarlo de nuevo en la habitación donde estaba antes, Videl lo examinó sin sorprenderse de verlo inconsciente de nuevo. Cualquier esfuerzo que hiciera lo dejaría así. Tras inspeccionarlo minuciosamente su diagnóstico fue positivo, aunque con ciertas reservas.
"¿Cómo está tú padre?" –preguntó Nenis al ver salir a su esposo del cuarto junto con su suegrita.
"No te preocupes, hierba mala nunca muere" –bromeó Trunks. Estaba completamente que su padre se recuperaría. Algo así no podría matarlo.
Nenis sonrió, pero de pronto comenzó a arrugar su cara, haciendo muecas de dolor y tomando un color rojo intenso, como si estuviera a punto de hacer un gran esfuerzo.
"¿Qué te pasa?" –le preguntó Trunks con preocupación y cariño.
Pero Nenis ni siquiera tenía fuerza para responderle. Su cara seguía contagiándose de rojo.
Bulma la quedó mirando frunciendo el ceño con extrañeza y preocupación, meditando que le podría pasar a su nuera. No le tomó más de tres segundos deducir que era lo que estaba a punto de suceder…
"¡Trunks no te quedes parado! ¡Llévala enseguida!" –dijo su madre sin especificar a que se refería.
"¿Llevarla dónde?" –preguntó él sin comprender todavía.
"¡Cómo no te das cuenta!" –exclamó la mayor exasperada mirando la cara roja de Nenis.
"¡Ah ya sé! ¡Quiere ir al baño! –exclamó Trunks mirando a su esposa.
"¡Joder lo de Goku es contagioso! ¡No te juntes más con él!" –se desesperó Bulma.
"Pero sino es eso… entonces… ¡mierda pero que idiota! ¡La bebé!"
Nenis movió la cabeza afirmativamentte.
"¡Abran paso!" –pedía Trunks mientras la llevaba a toda velocidad a la sala de partos.
"¡Ah por la puta mierda! ¡Como duele!" –exclamó Nenis sintiendo que reventaría por dentro. Ella era una mujer que jamás soltaba malas palabras, ¡pero joder como dolía! Tenía que desahogarse.
Ya habían entrado a toda prisa a la sala de partos, mientras Bulma se quedaba afuera esperando. Consideraba que este momento era algo tan lindo que Trunks y su mujer debían vivirlo a fondo sin su intervención. El de cabello violeta hubiera deseado que su madre entrara con él también, porque tenía tantos nervios que hasta se sentía asustado.
"Ve y no seas cobarde, si todo el trabajo lo hará ella. Tú debes darle ánimo y mucha fuerza, eso es lo que tienes que hacer tú. Lo harás muy bien hijo" –lo impulsó Bulma a seguir.
"Sí, mamá. Eso haré" –agradeció aún nervioso.
Trunks intentaba mantener la calma, pero se desesperaba al ver la cara de dolor de su mujer. Como buen padre primerizo los nervios no lo querían dejar. Ya varias veces se había imaginado este momento, y siempre tuvo claro que en este instante debía mantener la calma más que nadie… pero una cosa es decirlo y otra vivirlo. Su corazón palpitaba aceleradamente y los nervios lo dominaban. Su hija iba a nacer y por suerte, había vuelto justo en el momento preciso. Su mente aún pensaba en Majin Buu, pero necesitaba concentrarse en lo que pasaba justo en frente suyo. Nenis necesitaba de su apoyo más que nunca, así que no tenía tiempo para pensar en nada más. Seguramente Goku y Piccoro manejarían bien la situación.
"¡Joder hágame una cesárea! –gritó la preñada descargando toda su rabia.
"No puedo, debías habérmelo pedido antes" –le negó la doctora Videl.
"¡Es que no sabía que dolía tanto!" –dijo con lagrimitas en los ojos.
"Ya es muy tarde, va a nacer por parto natural" –confirmó Videl, para la decepción de Nenis.
"Ya amor, tranquila, tú vas a poder con esto" –Trunks le dio un tierno beso en la frente para inyectarle ánimo.
"Ah, claro… ¡Como tú no tienes que parirla!" –le objetó con cara de fiera. De esas caras que dan miedo porque parecieran ser de una mujer que soporta una regla de un año entero.
El de cabello violeta le dio una sonrisa y la volvió a besar para tranquilizarla. Apretó su mano derecha con las suyas sintiendo una conexión espiritual con su mujer a través de ellas. Nenis estaba feliz de que su esposo la estuviera acompañando y a pesar de los reclamos y gritos que le daba, era sólo para desahogarse por el tremendo dolor que sentía. En el fondo estaba muy feliz de que él estuviera allí con ella. El destino la había bendecido, porque de no haber sido por Vegeta que se fue a luchar, Trunks todavía estaría en el desierto sin saber ni siquiera que su hija estaba por nacer.
Él, entretanto, sintió miedo al verle esa cara de dolor. Sin duda que parir era mucho más difícil que cualquier batalla. Pero no podía mostrarle miedo ni nervios a su mujer… ¡claro que no! Tenía que ser su apoyo en este momento tan especial. En este momento tan importante debía darle todo su amor más que nunca.
"Hay que ponerle la epidural enseguida" –mencionó Videl. La enfermera asistente enseguida cogió las inyecciones anestésicas que aliviaban un tanto el dolor del parto.
"¡Ay por la misma mierda no demoren tanto! ¡Péguenme un palo en la cabeza y ya!" –suplicó la castaña mujer.
"Tranquila, ¡ya casi!" –la consoló la matrona mostrando que la inyección ya estaba casi lista.
Las contracciones del útero comenzaron a aumentar más y más, mientras Videl le ponía la anestesia. Nenis, mientras tanto, maldecía hasta a Santa Claus.
"¡Pero por la mierda no se supone que con la epidural no sentiría tanto dolor!" –se quejó al sentir que no había ninguna diferencia.
"Calma, ya funcionará" –explicó la doctora Videl.
"Por la misma mierrrrrr…"
Ya habían pasado unos minutos, que con la ansiedad y el nerviosismo pasaron volando, cuando lo que todos estaban esperando por fin sucedió.
"¡Está saliendo amor!" –gritó Trunks con suma emoción.
"¡Puja!" –le gritó Videl, contagiándose con la emoción del ambiente.
Nenis inspiró profundamente para llenar de aire hasta el rincón mas recóndito de sus pulmones.
"¡Iaaaaah!" –sonó el gritó en toda la clínica, tal como si se estuviera convirtiendo en una Super Saiyajin.
Acto seguido, la niña comenzó a salir más rápidamente de lo que esperaba Videl.
"¡Ánimo mi amor! ¡Vas muy bien!" –Trunks fijó su vista en ella sintiendo como sus almas se conectaban a través de sus ojos. Con su mano izquierda acarició su frente mientras con la derecha apretaba su mano.
Nenis pusó toda la fuerza de su cuerpo y alma en terminar el trabajo que había empezado hacía ya nueve meses. Su hijita, fruto del amor con su amado Trunks, estaba a punto de conocer el mundo. Al pensar en eso, todo el inmenso dolor que podía sentir pasó a segundo plano… hasta el dolor más intenso de todo el mundo valía la pena si con ello terminaba de darle la vida a su hija. A pesar de todo el dolor, miró a Trunks y fue como si hubiera leído en su ser. Podían sentirse el uno en el otro, en una comunión de dos seres que se aman con toda su alma… en una conexión de corazones demasiado linda. Una sonrisa nació en el rostro de Nenis a pesar de todo el dolor y junto con ella, el nacimiento de su retoño por fin terminó… Su hija ya estaba en el mundo, sana y salva.
"¡Ya nació, ya nació! ¡Lo hiciste amor!" –gritó Trunks poseído por la felicidad. Aún llena de sangre a Trunks no le importó en nada y quiso tomar a su primogénita en brazos. Sin embargo, Videl le pidió que contuviera sus ansias para poder limpiarla de la sangre y cortarle también el cordón umbilical.
Su hija por fin había nacido, y para ambos, sin duda que este era el momento más feliz de toda su vida. El fruto de su amor ya estaba en el mundo.
Terminado el proceso de limpiado y corte del cordón umbilical, Trunks prácticamente le arrancó a su hija a la matrona, para mostrársela enseguida a Nenis.
"Es… es muy… linda" –habló Nenis en un susurro apenas audible. Lágrimas de emoción atravesaron sus mejillas.
"Es preciosa, se parece mucho a ti" –Trunks se la pasó para que pudiera acurrucarla.
"Oh, pero que cosita tan linda hicimos" –dijo con una mezcla indescriptible de emociones y sensaciones, que por más que se trate de expresar en palabras resulta imposible. "Mira Trunks, tiene unos mechones de tu color" –señaló su cabecita.
Unos cabellos violetas, que más parecían unas pelusas, se veían en su pequeña cabecita de bebé.
Trunks ya no pudo aguantar más la emoción, y aunque quiso aprisionar sus lágrimas, sencillamente no pudo.
Nenis se conmovió también al verlo emocionado hasta lo más profundo de su ser. Para un hombre resultaba más difícil poder demostrar sus emociones de esa manera y Trunks también era orgulloso. Pero este momento era tan hermoso que era imposible evitar llorar por la emoción. El momento que tanto habían soñado por fin se había hecho realidad.
Videl los miraba con una sana envidia. Ella todavía no era madre, pero al ver este momento de tanta unión entre Nenis, Trunks y su hija, también le dieron ganas de ser madre. Acordándose de que aún faltaba su abuela le recordó a Trunks que ella esperaba afuera.
"¡Claro! ¡Cómo se me pudo olvidar! ¡Mamá, mamá, ya nació tu nieta!"
Así, Bulma entró y apenas la vió una dicha inmensa invadió su alma. Trunks, su hijo querido, ya se había convertido en todo un hombre, luego en esposo, y ahora ya era todo un padre, con una muy buena mujer a su lado. A pesar de todos los sacrificios que tuvo que hacer para criarlo sola, valió la pena y se sintió muy orgullosa de su hijo. Todas las penas, todos los dolores, todos los sacrificios que tuvo que hacer para hacer de Trunks un buen hombre, se veían recompensados sólo con esa criaturita tan maravillosa que lloraba a todo pulmón exigiendo alimento de malas ganas, demostrando que tendría el mismo carácter de ella… la mayor recompensa con que Trunks podría haberle pagado todo lo que ella hizo por él ya estaba allí… su nieta.
Así, Trunks y Bulma acompañaron a Nenis en su recuperación, ya que apenas llevaron a su hija a la otra sala para hacerle los chequeos correspondientes, sintió unos intensos escalofríos que la hacían tiritar de frío. Por la emoción de ver a su hija sana y salva, el cuerpo de Nenis tomó un respiro del dolor, pero ahora un intenso sufrimiento en su abdomen se hacía presente, sintiendo como si le hubieran sacado las tripas, mientras el frío de su cuerpo la hacía temblar entera. Pero eso ya era lo de menos, su hija había nacido y muy pronto ya estaría totalmente recuperada para disfrutar con ella.
Ya habían transcurrido horas desde el parto y ahora Mirai Bulma cuidaba a su Vegeta con devoción, maldiciendo el que fuera tan terco. Si tan sólo le hubiera hecho caso y no hubiera salido a luchar contra Majin Buu ahora no estaría postrado en esa cama. No obstante, también tenía que reconocer que gracias a él Trunks pudo estar presente en el parto de su hija… por muy testarudo que fuera, a veces esa misma terquedad terminaba sirviéndole y, ciertamente, si él no poseyera esa necedad, no sería el hombre atractivo que es.
Por suerte esta vez el suero hacía bien su trabajo y su recuperación era segura, tal como le dijo la doctora Videl. Sólo había que esperar que pasaran las horas para verlo como siempre, terco y orgulloso. ¿Qué diría cuando despertara y supiera que ya es abuelo? ¡Ja! Seguro que sería muy divertido verle la cara de sorpresa. Abuelo… quien lo diría hace años atrás, cuando Vegeta era sólo un guerrero que vivía para matar y destruir. ¡Y ahora era todo un abuelito! Sí, había sido abuelo aquí antes que en su propio tiempo, y eso le provocaba mucho orgullo a Bulma.
Abuelo y abuela… aunque la palabra la hacía sentir ya una vieja, la felicidad que la embargaba era mucho mayor que la desventaja de sentirse más anciana que antes. Su nieta era preciosa, aunque claro de eso no cabía duda alguna, después de todo era nieta de ella, la mujer más bella y más inteligente que pudo existir. Una sonrisa nació en su rostro al pensar en ello; a pesar de la experiencia que le habían dado los años, no había aprendido a ser modesta. Pero por otra parte, ¿para qué mostrar una falsa modestia cuando sabes lo que vales? Pensaba en eso, cuando un gruñido la alertó. Tal como la vez anterior, tuvo la corazonada que su príncipe azul despertaría pronto de su letargo. Y efectivamente así fue… tras unos breves minutos, Vegeta abrió los ojos, aunque su mirada no recobró su viveza y agresividad de siempre.
"Oh, Vegeta. ¡Por fin despertaste!" –lo abrazó con efusividad su mujer del futuro. "¡Te tengo una noticia genial!" –prosiguió con tanta alegría que apenas podía contenerla.
Sin embargo, Vegeta frunció el ceño y su mirada delataba que se encontraba confundido. Bulma, a pesar de todos los años que habían pasado desde su muerte, aún podía leer con claridad su mirada.
"Vegeta, ¿estás bien?" –se animó a preguntarle al notarle esos ojos de extrañeza.
El príncipe fijó su vista en ella y una mirada singular se apoderó de sus ojos. Frunció el ceño y parpadeó con sorpresa, al mismo tiempo que intentaba enderezar su espalda en la cama.
Bulma analizó su mirada y mil pensamientos invadieron su mente, algo extraño pasaba, su mirada se lo decía. No perdería más tiempo divagando y enseguida le hizo otra pregunta, aunando la esperanza de que sólo eran ideas suyas y que todo estaría bien.
"Vegeta, ¿te pasa algo?" –volvió a preguntar ya preocupada.
El silencio se apoderó del ambiente dando la impresión de que el tiempo se hubiese detenido, y aunque fueron tan sólo unos segundos, pareció como si hubiesen pasado minutos enteros.
Vegeta le quitó la mirada, y aún con su ceño fruncido, miró todos los rincones de la habitación con mucha atención. Seguramente quería saber donde se encontraba.
"¿Vegeta?" –lo llamó por su nombre cada vez más extrañada.
Otro profundo silencio se hizo en el ambiente, provocando que Bulma se sumergiera en sus pensamientos. Tras varios segundos, el saiya finalmente habló, rompiendo el incómodo mutismo.
"¿Quién eres tú?" –preguntó el saiya mirándola fijamente.
Bulma frunció su ceño, contagiándose de la extrañeza que impregnaba Vegeta.
"No estoy para tus bromas, Vegeta" –cruzó sus brazos con molestia.
"¿Quién eres?" –volvió a preguntar el príncipe haciendo caso omiso a lo anterior.
Bulma sintió un latido muy fuerte en su corazón. Vegeta realmente parecía confundido y él no era el tipo de persona que hiciera bromas… cuando pensó en eso un escalofrío la recorrió entera de pies a cabeza. Un nudo se formó en su garganta y tragó saliva para deshacerlo. Pensó en cómo reaccionar y como acto reflejo le tomó su cara fijándola hacia ella, para que sus miradas se cruzaran sin poder desviarse.
"Vegeta, soy yo, Bulma" –insistió la mujer, que empezó a sentir miedo de que su sospecha se hiciera realidad.
"No conozco a ninguna Bulma" –su mirada perdió brillo al decirlo.
La científica sintió que el tiempo se hubiera detenido nuevamente. Mil pensamientos bombardearon su mente, pero sólo una idea se quedo fija en ella… sus manos comenzaron a sudar sin poder creer lo que estaba pasando y su cerebro intentó buscar la pregunta o la reacción precisa. Bulma estaba tan confundida como podría estarlo él…
"Soy yo, Bulma, tu esposa" –le aclaró sin pensar, aunque enseguida recordó que ella no era realmente su mujer. De todas maneras ya se lo había dicho y no tenía caso decirle otra cosa ya que lo confundiría aún más.
Vegeta la miró de arriba a abajo, seguramente intentando descifrar que pasaba.
"No conozco a ninguna Bulma…" –repitió sin vacilar.
Bulma sintió una cuchillada en su ser, realmente le habían dolido esas palabras.
"En realidad…" –prosiguió él- "…no recuerdo ni siquiera quien soy" –terminó de decir con la mirada totalmente pérdida, envolviéndose a sí mismo con mil preguntas.
"No puede ser…" –musitó Bulma completamente perpleja. "Entonces… tienes amnesia" –un profundo dolor sintió al decirlo.
Sus miradas se entrelazaron nuevamente, aunque el silencio se adueñó nuevamente de toda la habitación, tal como la luna se adueña de la noche. Bulma sentía como mil ideas invadían su mente una tras otra. No podía dejar de mirar el rostro de Vegeta y su cara de confusión. ¿Qué hacer en un caso así? ¿Qué hacer cuando una persona que tanto amas ni siquiera es capaz de recordarte? Parecía una pesadilla. ¿Cómo hacerlo recordar? ¿Cómo explicarle quien era ella? ¿Por qué tenía que pasar esto? Constantes preguntas la invadían para torturarla, jamás pensó que tendría que vivir algo así, y jamás pensó que algo así podría dolerle tanto al mismo tiempo. Vegeta no la recordaba por más que se concentrase en hacerlo. ¿Qué hacer? ¿Qué haría su clon del presente en este caso? De pronto una idea se vino estrepitósamente a su mente… Vegeta tenía amnesia, y eso significaba que tampoco podría recordar a su mujer del presente… Un pensamiento nació en su mente y se incrustó de tal forma que no quería abandonarla. ¡No! ¡No podía ser tan egoísta! Pero… tal vez… era la única forma de que recuperase la memoria… tal vez era lo mejor. Si le contaba que él venía del tiempo presente lo confundiría aún más. ¿Qué hacer, maldición? Su mirada dubitativa mostraba su indecisión… Su gemela ya no existía en la mente de Vegeta, sólo ella y nadie más. ¿Acaso era la vida la que le daba una nueva oportunidad para empezar desde cero? Bajó su mirada pensando en ello… no podía ser así, no podía aprovecharse de su estado… él tenía una familia en el presente… además tarde o temprano recuperaría la memoria… suspiró profundo pensando en qué hacer… ya le había dicho que ella era su esposa, ¿así que para qué retractarse? Sí, no podía decirle ahora que en realidad no era su esposa, se confundiría aún más. Se autoconvenció de que lo que iba a hacer era lo mejor para él y sin titubear más, sintió como si estuviera rompiendo unas cadenas que le impedían hacer lo que realmente quería hacer. Finalmente, sus labios dejaron salir lo que tanto quería decir:
"Yo soy Bulma, tu esposa"
Continuará.
