Hola! Muchas gracias por sus reviews y también a toda la gente que lee este fic. Espero que les guste este capítulo tanto como a mí hacerlo ^^

Capítulo 11: Cruel destino.

El tiempo pareció detenerse y toda señal de vida dejó mi cuerpo durante unos segundos, incluso no pude sentir mis latidos durante ese lapso de tiempo. Así me sentí, cuando me dijo que no me recordaba. Reflexiono una y otra vez como pudo pasar esto, aunque en realidad pensándolo bien, después de tantas batallas y golpes fue raro que no se hubiera presentado antes… Amnesia… hasta ahora no sabía nada de ella, ni tampoco que podía hacer para curarla. Cierto, soy científica e inventora, pero no doctora. Por un instante, sentí que él no era Vegeta. Su confusión y su mirada insegura me impedían reconocer a mi Vegeta… terco, altivo y orgulloso. Ví cómo se tomaba la cabeza como si un creciente dolor se hubiera presentado en ella. Quería ayudarlo, quería reconfortarlo, ¿pero cómo? Apreté mis puños y párpados con impotencia sin igual. Cuando las cosas escapan de tus manos, cuando sientes que no tienes el control de nada, es cuando asoma la impotencia para torturarte con toda su maldad. Miré fijamente a mi príncipe y sentí como mi alma se quebraba… dicen que todas las personas tienen un aura, de un color distinto y de una luminosidad diferente, dependiendo de cada quién. Así también dicen que sólo algunas personas tienen el don de ver esas auras… ¿cuentos de viejas? Realmente no lo sé, sólo sé que si Vegeta también tenía la suya la había perdido por completo. Su rostro inanimado me provocó gran tristeza, y sentí por un momento que estaba frente a un autista… estaba encerrado en su propio mundo interno, sin atender a nada más. Esto era realmente triste y la pena invadía mi corazón, como si la tristeza fuera un ejército invasor que quisiera conquistarlo a toda costa. Suspiro profundamente para retomar el aire que se me escapa, hasta respirar se me hacía dificultoso con tantos pensamientos torturando mi atribulada mente. Pero ya basta de lamentarme por el destino, ya que éste, por muy maldito que fuera, no me derrotaría jamás. Ya me había puesto a prueba cuando me quitó a mi esposo y a todos mis amigos, teniendo que soportar vivir en este futuro lleno de caos y destrucción. Ya había tenido que soportar el criar a Trunks completamente sola. Ya había tenido que soportar mis lágrimas recorriéndome noche tras noche, y ocultándolas durante el día para que Trunks no sufriera por mí. Una sonrisa brotó por todos mis poros; si ya había superado todo eso, esto de la amnesia sería pan comido. Por algo soy la gran Bulma Briefs, la mejor amiga de Goku, la inventora de la máquina del tiempo, la madre del maravilloso Trunks, y también, la orgullosa esposa de Vegeta, el príncipe de los saiyajins. Sí, no podía rendirme ni quejarme de mi destino, porque así como me castigaba también me bendecía, como con esa linda nieta que acababa de nacer. Vegeta recuperaría la memoria aunque la vida se me fuese en ello. De eso estaba totalmente segura. De lo que no podía estar segura era de mí misma. Que triste es no poder confiar en uno mismo… Ahora lo sé. Aún cuando está ahí, con su mirada perdida, dudando de lo que le digo, me muero por abrazarlo, por sentir su olor y su piel mezclándose con la mía. Por sentir sus latidos cerca de mí, y sentirme rodeada por sus fuertes brazos, haciéndome sentir que con él soy la mujer más protegida del mundo. Realmente no quería aprovecharme de él, ¿pero cómo aguantar este sentimiento cada vez que está cerca de mí? Tal vez alguien me podría decir que exagero, pero me gustaría saber si ese alguien diría lo mismo si volviera a ver después de veinte años al amor de su vida. A esa persona que tanto amabas, pero que ni siquiera tuviste la miserable oportunidad de despedirte de él. Estoy segura, que si alguien viviera lo mismo que yo, sentiría esto también, estas ganas locas de estar entre sus brazos y perder la razón con sus apasionados besos una y otra vez.

"Señora Bulma", siento una voz femenina que me habla a mis espaldas. Sin perder tiempo, le explicó la situación a la enfermera, mientras Vegeta se sigue tomando la cabeza por su propio dolor de no recordar. Que triste debe ser no recordar quien eres, ni que hiciste, que familiares tienes y donde están tus seres amados. Por un momento recordé a los enfermos de alzheimer o a los que padecen de amnesia eterna… ¡no! ¿por qué tenía que venirse ese pensamiento tan negativo a mi mente? Eso no le pasará a mi Vegeta, ¡nunca! Tras desahogarme vuelvo a inspirar aire para recuperar el aliento. Tendré que encontrar la forma de explicárselo a Trunks y ojalá él se lo tome mejor que yo. Ahora, haré todo lo posible para ayudar al amor de mi vida. Te amo Vegeta y siempre te amaré.


El hijo de Vegeta sentía los enormes ki de Goku y Majin Buu luchando, pero tal como Piccoro, decidió confiar plenamente en Goku, mientras acompañaba a su esposa brindándole todo el amor que su corazón contenía.

"¿Cómo estás amor?" –preguntó Trunks a su amada, después de varios minutos acompañándola.

"Uf todavía siento que me hubiesen sacado las vísceras… pero de a poco me voy sintiendo mejor" –respondió la adolorida, pero dichosa mujer.

"Amor voy a ir a hablar con la doctora para saber detalles de cómo cuidarte, y aunque no la pude ver por la mascarilla, me recuerda mucho a alguien que conocí en el presente" –mencionó Trunks tomándose la barbilla.

"Ve y no te preocupes que yo estaré bien. Te amo mi cielo"

"Yo más" –le respondió el semisaiya dándole un gran beso con todo su amor.

Tras su momentánea despedida, salió del cuarto y avanzó por el pasillo con paso lento pero firme.

"Videl… ¿dónde he escuchado ese nombre antes?" –se cuestionó a sí mismo Trunks.

Su mente hacía el esfuerzo por recordar, sintiendo la desagradable sensación que sientes cuando no puedes recordar algo que sabes que fue importante. Siguió caminando cuando la idea sobrevino a su mente… ¡Claro! ¡Cómo olvidarlo! Cuando viajó al presente Goku lo teletransportó para saludar a Gohan en la universidad, y quién lo estaba acompañando en ese momento… ¡Videl! Cómo se le pudo escapar un detalle así, si ambas eran idénticas. Con la emoción del parto ni siquiera tuvo tiempo de pensar en eso.

Al recordar de quien se trataba, detuvo sus pasos para reflexionar. Se masajeó la sien como si su mano le invocara ideas a su mente… Entonces si ella era Videl, y sobrevivió en este tiempo, eso significaba que, de no ser por la vivencia de esos malditos androides, ella hubiera sido la novia de Gohan en esta época también… Que pareja tan linda hubieran hecho… pero lamentablemente Gohan sólo pudo dedicarse a enfrentar a los androides, dejando de lado cualquier relación amorosa… él mismo se lo dijo una vez. Recordando aquello, su mente voló hacia esos tiempos en que Gohan lo entrenaba, no sólo para luchar, sino para enfrentar a la vida misma…

"Mientras sigan en este mundo, esos malditos androides no dejarán ser feliz a nadie. Debemos derrotarlos para detener tanto sufrimiento"

Esas palabras llenas de decisión de su maestro, jamás las podría olvidar. Estaban en una playa que alguna vez fue un famoso destino turístico, pero que ahora estaba vacía igual que un desierto. Una hermosa tarde resplandecía, con un cielo rojizo, de esos tan hermosos que llaman la atención cautivándote por su fulgurante color.

Preparando una fogata ante la pronta llegada de la noche, ambos, alumno y maestro, se preparaban para comer unos deliciosos peces que habían atrapado a mano limpia. El ambiente que había era el ideal para salirse de la rutina diaria del entrenamiento y conversar y reflexionar sobre la vida misma. Así, entre la amena conversación, el hijo de Vegeta jamás podría olvidar un consejo que le dio Gohan…

"Trunks, nosotros somos guerreros. Y siendo guerreros, necesitamos una mujer tan o más fuerte que nosotros a nuestro lado. Una mujer que no tenga el coraje de aprender a vivir con lo que somos, no puede ser nuestra pareja, sólo le acarrearía mucho sufrimiento y dolor"

"Entiendo, Gohan"

"El señor Vegeta era el tipo más terco, prepotente y orgulloso que pudo existir, pero tú madre fue capaz de amarlo a pesar de todos sus defectos. Tú, sabes como nadie que ella ha sufrido un montón, pero aún así ella ha seguido adelante. Eso es porque es una mujer valiente como ninguna"

"Lo sé, amigo. Y no sabes cuán orgulloso estoy de ella" –respondió el chico con el orgullo puro de un hijo.

Gohan miró hacia el precioso atardecer y sus ojos se depositaron en el horizonte, emocionado al recordar a sus padres.

"Mi papá tuvo numerosos combates antes de morir por su corazón. Y mi madre siempre sufría por todas las batallas que tuvo que luchar. Pero también a pesar de todo supo seguir adelante" –Gohan afirmó sus dos manos en los hombros de Trunks, mirándolo directamente a los ojos. "Por eso, Trunks, nunca olvides que nosotros somos guerreros y siempre lo seremos. Es nuestra sangre y nuestro destino. Y si no quieres hacer sufrir a la persona que tanto amas, debes buscar una mujer que sea tan fuerte como tú"

"Gracias por tu consejo, Gohan. Lo entiendo"

Una sonrisa de satisfacción apareció en el rostro del moreno.

"¿Pero qué hay de ti, Gohan? ¿No sientes la necesidad de tener una pareja a tu lado?"

"No puedo, Trunks. Yo no sé cuanto más viviré. Y también corro el riesgo de morir contra esos malditos androides. No quiero que mi pareja tenga que sufrir mi muerte como mi madre tuvo que sufrir la muerte de mi papá"

"¡Pero tú no morirás Gohan! Cuando me convierta en Super Saiyajin nosotros acabaremos con esos malditos androides… juntos" –recalcó la ultima palabra con una mirada que estaba llena de decisión.

Gohan sonrió al ver la resolución de su pupilo y acarició el cabello del recién adolescente.

"Tú serás más poderoso que yo Trunks. Si yo llego a faltar tú te encargarás de acabar con los androides. Sé que lo lograrás, toda mi esperanza está en ti"

"No hables así, Gohan. Estás hablando como si un día me fueras a faltar" –Trunks se angustió con la expresión melancólica de su amigo.

Gohan le dedicó una sincera sonrisa.

"No te preocupes, yo siempre viviré en tu corazón, pase lo que pase. Sólo piensa en lo que te digo, Trunks. Busca una mujer tan fuerte como tú" –le guiñó un ojo con una sonrisa cómplice.

Trunks sintió ganas de llorar al recordarlo. Gohan fue su amigo, su hermano, su padre. Cuanto le hubiera gustado tenerlo junto a él, en el nacimiento de su hija… un nudo afloró en su garganta. Si el mundo hubiera seguido un destino de paz, sin esos desgraciados androides, ahora Gohan estaría con Videl, aquella doctora que había estado en el nacimiento de su hija.


La lucha contra Majin Buu llevaba más de dos horas, y Piccoro presenciaba completamente anonadado la escena. Goku había logrado permanecer como Super Saiyajin tres todo ese tiempo, a pesar del inmenso gasto de energía que significaba permanecer en ese nivel.

El namek seguía muy atento los movimientos de Majin Buu, y estaba alerta por si el demonio quería atraparlo y fusionarlo a su cuerpo. Esta vez no lo permitiría jamás. Los tremendos golpes iban de acá para allá causando grandes daños en su cuerpo, pero la felicidad de Goku por la batalla era inmensa. Sus ojos brillaban como nunca y su espíritu exhalaba la decisión de pelear hasta la muerte, hasta por los poros más recónditos de su piel. Ese era Goku, el hombre más poderoso de todo el universo.


Trunks tras recordar a su gran amigo y hermano, siguió rumbo a la oficina de la doctora Videl todavía con tristeza. Esta vez la vió sin tapabocas y pudo comprobar que era igual a la del presente. Cuando antes había acompañado a los controles prenatales a su amada Nenis, nunca la había visto porque Videl no era la encargada, sino la matrona.

Miró la puerta de la oficina unos segundos, preparándose para usar las palabras más adecuadas.

"Hola doctora Videl" –la saludó el de cabello lila al abrir la puerta.

"Trunks, ¿en qué te puedo ayudar?" –fue su amable respuesta.

"La verdad no sé como empezar…" –se hizo una pausa de varios segundos, confundiendo a la chica de ojos azules- "… A lo mejor no lo va a poder entender de inmediato, pero intente abrir su mente…" –dijo Trunks buscando las palabras precisas.

"Sí, claro; dime lo que quieras con toda confianza. Y no me trates de usted que me haces sentir vieja, tutéame sin problemas" –lo animó Videl con una cálida sonrisa, dándole toda la confianza.

"¿Usted conoció a Gohan?"

La pregunta fue tan sorpresiva, que Videl se echó para atrás botando algunas carpetas del escritorio.

"Si lo conoció" -pensó Trunks enseguida al verle su reacción.

"Ssí… si lo conocí" –tartamudeó con los ojos exhaltados. "¿Pero por qué hablas en pasado?" –preguntó con una gran angustia sin siquiera saber el porqué.

Trunks bajó su mirada y dio un profundo y lastimero suspiro.

"Lo siento… él murió"

Tanto la respiración como los latidos de Videl se detuvieron, no podía creer las palabras que resonaron en sus oídos. Su mente se agitó y una extraña incomodidad se apoderó de su cuerpo. Su mirada perdió viveza y sus manos empezaron a sudar… esas palabras eran lo peor que había escuchado en mucho tiempo.

Gohan, ¿cómo olvidarlo? Lo ví no más de dos o tres minutos y marcó para siempre mi vida. No creí nunca en el amor a primera vista, me parecía una tontería de las más grandes, pero sólo hasta que lo conocí a él. Recuerdo muy bien esa noche… mi padre ya había muerto hacía más de dos años por culpa de esos desgraciados androides, y yo recuperándome de ese tremendo dolor, me mantuve viviendo escondida con el resto de sobrevivientes en estacionamientos subterráneos que nos servían de refugio. Así, podíamos escapar del sufrimiento que aquellos malditos androides hijos del demonio infringían a todo lo que los rodeaba. Sin embargo, aquella noche mi suerte cambió… aún lo recuerdo bien… como el cielo rugía como si fuera un ente viviente preso de cólera quien sabe porque. Sus luminosos rayos iluminaban la salida externa de nuestro refugio. Veía como los niños se asustaban al sentir el sonoro y grandioso ruido de los truenos. Incluso hasta algunas personas adultas se asustaban con tal sonido.

Que curioso, en cambio a mí, me llamaban mucho la atención las tormentas. Cuando alguna se dejaba caer sentía como una inexplicable energía recorría mi cuerpo, energía de dicha, excitación, emoción y otras sensaciones que no podría definir por más que lo intentara. Salí hacia la salida del estacionamiento, atraída por una inexplicable fuerza magnética, tal como un magneto atrae inevitablemente al metal. Así de potente era la fuerza de atracción que ejercían las tormentas en mí.

Al divisar un potente destello, la felicidad inundó mi alma. Era lo máximo para mí… sabía que después escucharía el sonoro trueno, y avanzé aún más hacia fuera. Me quede justo en la salida, sintiendo como gotas de lluvia me caían encima impulsadas por las ráfagas de viento que también me chocaban. Mi dicha era completa.

Pero de repente el destello de un rayo me mostró dos siluetas que la oscuridad de la noche no me había dejado ver a pesar de su proximidad. Me lleve un susto que me paralizó el corazón. Lo recuerdo tan bien y lo tengo tan marcado en mi memoria que sé que jamás podría olvidarlo. Cuando lo recuerdo es como si lo viviera de nuevo, en un tortuoso flashback mental. Allí estaban ellos, con esas caras lúgubres que parecían salidas de la más terrible de las pesadillas. Mi cuerpo se paralizó sin poder reaccionar, traté de correr, de gritar, de hacer lo que fuera para salir de allí, pero simplemente mi cuerpo no pudo vencer al terror, no pude dar ni un solo maldito paso. Jamás sentí tanto miedo en mi vida. Incluso ahora, por sólo recordarlo, el miedo vuelve a mí.

Ellos, al ver mi miedo, sonríeron complacidos extasiados en su diabólico sadismo. Eso era lo que les gustaba provocar… miedo. Sentirse poderosos asustando a seres más debiles que ellos, tal como un dios asustaría a un simple mortal.

Temí por mi vida, pero más aún temí por la vida de toda la gente que había hecho de aquel estacionamiento su hogar. Temí por ellos, porque ahora ellos eran mi familia.

Aquellos seres inhumanos que habían salido del más profundo infierno habían dado cuenta de nuestro refugio. Ya no había escapatoria, la muerte había llegado a buscarnos en forma de androides. A pesar de lo sombrío, noto por su figura que la chica alzó su mano con la palma extendida, al instante que un resplandeciente destello se formaba en ella. Tan resplandeciente que iluminó todo el lugar… ya estaba segura, esa luz sería lo último que vería en mi vida. Cerré los ojos apretando los párpados con toda mi fueza, mientras ví como todos mis recuerdos pasaban en tan sólo un segundo. Esperé resignada mi muerte, con miedo, como se le tiene miedo a algo totalmente desconocido… pero nada ocurrió. Sólo sentí un resonante golpe que me obligó a abrir mis ojos. Y cuando los abrí fue como si la vida entera hubiera regresado a mi cuerpo. Los androides ya no estaban y en su lugar, un joven de mi edad se erguía imponente, mientras la lluvia chocaba contra su también imponente físico. Me sorprendí cuando me dio el rostro y pude ver tanta determinación en su mirada. Era tan joven, de mi edad, y su resolución me impresionó hasta la médula. Su cara me ofreció una gentil sonrisa, tan cálida que no podría olvidarla jamás.

"¿Estás bien?", me preguntó a la vez que me ofrecía su mano para incorporarme. "Sí", le respondí enseguida a la vez que tomaba su mano, sintiendo hasta como fluía su sangre por el interior de sus venas. La energía, el poder que podía sentir, no lo había sentido jamás. Pero más allá de eso, su mano tan cálida en ese terrible frío, me hizo sentir reconfortada hasta más no poder.

"Ven vamos, que ellos volverán enseguida" –me pidió con seguridad. Sus ojos me dieron tanta seguridad que sé que jamás volveré a sentir algo así en toda mi vida. Me tomó en brazos delicadamente, y pude ver como aquellos dos seres del infierno venían hacia nosotros con su furibunda mirada llena de odio, odio que no se saciaría hasta acabar con nuestras vidas. Nuevamente sentí miedo, así que me aferré al cuerpo de él y lo apreté tan fuerte que pude sentir hasta las más minúsculas fibras de su pecho, junto con sus latidos tranquilos a pesar de la terrible situación que estábamos viviendo. De pronto sentí una energía increíble que me recorrió entera, de pies a cabeza. Era tanta que fue como un golpe eléctrico, pero no de voltios, sino de una energía que no sé como definirla… espiritual creo que es la mejor palabra. Un aura dorada emergía de su cuerpo y al fijarme en su rostro ví que su cabello se había vuelto dorado desprendiendo energía por todos sus poros. Voló a toda velocidad mientras esos horribles monstruos nos perseguían como unos perros de caza. Por un momento sentí que nos alcanzarían, miraba hacia atrás y los veía tan cerca que hasta podía sentir sus helados alientos de máquina… pero gracias a los giros de mi salvador y a la oscuridad de la noche, pudimos dejarlos atrás. La lluvia nos mojaba con vehemencia y él me llevo rápidamente a una pequeña cueva que apenas asomaba entre los profundos árboles de un bosque.

"Quédate aquí y no salgas", me dijo mirándome a los ojos mientras me tomaba las manos con cariño fraternal. Él notó que estaba temblando por el frío y se sacó su camisa de combate… uf, me sonrojo de sólo recordarlo… me imagino como me habré puesto de roja en ese momento… no pude evitar mirar su cuerpo, con su abdomen tan perfecto y esos musculosos brazos, quedé tan aturdida que no podía sacarle mi vista de encima. Mi mente se olvidó completamente del peligro y de los malvados androides. Allí estaba él, intentando protegerme como si me conociera de toda la vida. Me colocó su camisa encima y en unos movimientos tan rápidos que ni siquiera pude ver, me trajo un árbol entero a la cueva, dejándome con la boca abierta. Partió el árbol en trozos con tal destreza que ni el leñador de más experiencia podría haberlo hecho con tanta prestancia. Luego de armar una fogata la encendió con un rayo de luz que salió de su mano. El calor comenzó a llenar el ambiente y me sentí reconfortada. Aún no entendía cómo era posible que su cabello cambiara de moreno a rubio y que tuviera esos extraños poderes. Si hasta parecía un ángel enviado desde el cielo para salvarme.

"Voy a distraer a los androides y me los llevaré muy lejos para que no ataquen a tu gente" –me dijo sacándome de mis pensamientos. "Pero tienen que irse lo antes posible de ese refugio porque tarde o temprano volverán. Ellos jamás descansan. No te muevas de aquí hasta la mañana y les avisas" -me aconsejó con voz paternal, a pesar de tener una edad similar a la mía. "No puedo quedarme acá sin hacer nada" –le objeté sintiéndome una inútil. "Sé como te sientes" –se agachó, me tomó de los hombros y sus ojos se clavaron en mí. Me quedé hipnotizada viendo esos ojos tan tranquilos y decididos al mismo tiempo. Aunque hubiese querido, no hubiera podido huir de su cautivante mirada. "Pero hazme caso y quédate aquí, tienes toda una vida por delante. Una chica tan linda -me pareció ver que su rostro se sonrojaba- tiene que vivir muchos años aún" –terminó sonriéndome con dulzura, haciéndome sentir como toda la sangre de mi cuerpo se me iba a la cara en un segundo.

"Bueno cuídate mucho vale" –me dijo poniéndose de pie. "¡Adiós!" -se despidió con entusiasmo, y mientras se preparaba a dejarme, sentí que un vacío se producía en mi alma. Me sentí mal enseguida, no quería que se fuera por nada del mundo… pero sabía que también debía salvar a más personas además de mí. Sin embargo, no podía dejarlo marchar sin siquiera saber su nombre. "Espera por favor, ¿cómo te llamas?", le pregunté con la esperanza de buscarlo por su nombre y volver a verlo algún día, que mientras más pronto fuera mejor.

"Gohan" me dijo. Gohan… jamás olvidaría ese nombre. Me dio una dulce sonrisa y se fue volando a gran velocidad…

Esa fue la ultima vez que lo vería… como hubiese querido agradecerle como se merecía el haberme salvado la vida. Gracias a él estoy aquí, gracias a él hoy respiro y trabajo en lo que más me gusta. Que no daría por encontrarlo… puedo parecer una loca, pero muchas veces he llegado a sentir que lo amo… puede ser una insensatez decirlo si tan sólo lo ví esa vez y durante tan poco tiempo… ¿pero para qué negar lo que siento? No quiero contener más mis emociones por querer ser racional, después de todo el amor no obedece a razones ni a lógicas, simplemente se siente… y eso es lo que siento yo por él. Siempre había conservado la ilusión de volverlo a ver otra vez. Mi corazón mantenía la esperanza, y una dicha fulgurante podía sentir cada día intentando alcanzar mi sueño, mi ideal. A mí modo, era feliz esperando a encontrar al hombre de mi vida otra vez, porque eso sentía que era él, el hombre de mi vida.

Pero ahora ya sé que jamás lo encontraré… ahora ya sé que está muerto… y mi alma sólo quiere llorar, llorar y llorar sin parar. Siento como lágrimas recorren el camino de mis mejillas y quiero seguir sintiéndolas para poder desahogarme de esta tremenda tristeza… sí, necesito vaciar mi alma de tanto dolor y tanta pena… y sin más, me pongo a llorar como nunca había llorado en toda mi vida…

Continuará.