Capítulo 12: Amnesia y deseo.

Destino… que cruel puede ser… ¿existe el destino? ¿Nuestra vida está definida desde que nacemos? ¿realmente estamos destinados a recorrer un camino que ya está predeterminado? No, el destino lo forjamos nosotros según nuestras propias decisiones… Muchas veces he escuchado eso, pero no dejo de preguntarme si pasa lo mismo con el amor… tal vez desde que nacemos estamos destinados a cierta persona y si llegamos a estar con él es cuando realmente vivimos el amor. O tal vez existen varios sujetos destinados a ti, pero de entre ellos sólo hay uno que está destinado a pasar el resto de su vida contigo.

¿Pero si esa persona se muere antes? Tal vez por eso hay personas que jamás se enamoraron durante toda su existencia, porque nunca pudieron conocer al amor de su vida… la muerte les quitó a su otra mitad antes de que llegasen a conocerse… tal como me pasó a mí con Gohan… tal vez el destino no existe, pero no deja de ser doloroso si realmente es así.

Siento como el joven de cabello lila me abraza y dejo reposar mi mente en su pecho. Sus latidos tranquilos y su mirada compasiva me hace aminorar el intenso sufrimiento que está sintiendo mi alma. Mis lágrimas comienzan a apaciguar. Me siento cansada, muy cansada… quisiera dormir y no despertar en mucho tiempo. Así podría olvidar esta tristeza que me carcome el corazón.


— Vegeta, soy tu mujer — repitió Bulma acariciándole el rostro con mucha ternura.

En el cuarto del hospital donde se encontraba, el saiya tenía la mirada perdida observando a la mujer que decía ser su esposa. El príncipe frunció el ceño escrutándola de arriba abajo. Primero examinó sus ojos viendo que Bulma sostenía su mirada; eso le dio la señal de que podía confiar en ella. Luego bajó su vista para verle los senos sin ningún disimulo, a lo que Bulma se sonrojó como si fuera una quinceañera. Siguió bajando hasta recorrer su zona abdominal para continuar mirando sus hermosas piernas, con toda naturalidad. Bulma se puso roja ante su escrutinio.

— No sabía que me gustaran mayores — comentó Vegeta.

Si había posibilidad de un momento romántico, con ese sólo comentario Vegeta tiro todo por toda la borda. Bulma cruzó sus brazos quitándole la mirada totalmente ofendida.

— ¡Jum! ¡Pues tú tampoco es que seas un premio! — le espetó totalmente ofuscada y herida en su orgullo.

Vegeta sonrió interiormente al verle su reacción; muchas preguntas tenía que resolver, pero al menos ahora tenía la certeza de que ella era confiable, su mirada se lo decía. Sin embargo, había algo que lo estaba torturando incluso más que la amnesia y si seguía así probablemente se volvería loco. Ya no podía aguantar más la terrible situación y tenía que decirle a ella lo que quería o podría cometer un acto suicida.

— Tengo hambre — dijo Vegeta tocándose el estómago.

Bulma se cayó de espalda en la cama. Tras recuperarse nuevamente lo miró como quien mira a un niño malcriado. Ella preocupándose de su mente y a él lo que realmente le preocupaba era su estómago. De todas maneras sonrió porque si su hombre tenía hambre era un claro síntoma de que su cuerpo se sentía mejor.

— Espérame, te iré a buscar algo para comer, la enfermera ya fue por la doctora así que no tardará mucho. No te muevas vale — le ordenó moviendo su índice con autoridad.


— ¿Se siente mejor, Videl? — preguntó Trunks mientras aún la abrazaba.

— Sí, muchas gracias, me has servido de mucho — le agradeció ella.

— De nada, me alegro de haber podido ayudarla — respondió mientras con ternura le secaba las lágrimas.

— No me trates de usted, dime simplemente Videl.

— De acuerdo, me gustaría hablar contigo después sobre Gohan.

La mirada de Videl tambaleó al escuchar ese nombre. Un suspiro vino a su cuerpo al recordarlo.

— Sí, a mí también me encantaría que me cuentes detalles de su vida y que pasó con él — pidió muy interesada y sintiéndose gradualmente mejor.

Trunks asintió; caminó unos pasos para salir de la oficina y con semblante preocupado se ensimismó, a la vez que sentía los ki de Goku y Majin Buu kilómetros más allá. Acto seguido, se movió a gran velocidad para despedirse de Nenis y su hijita.

— Amor, tenemos que nombrar a nuestra hijita — le recordó su mujer antes de dejarlo partir, sacándolo completamente de su preocupación por un momento.

— Mmm… ¿pues en qué nombre habíamos quedado?

— Ese es el problema, no hemos concordado en ninguno — mencionó la mujer con rubor en su cara por la vergüenza.

— Jaja, de veras, la verdad no pensaba que elegir un nombre fuera tan difícil…¡ya sé! qué te parece este nombre en honor a mi madre… Bulmina — dijo Trunks con ojitos ilusionados.

El silencio más profundo que se puedan imaginar se sintió en toda la habitación, mientras a Nenis le aparecía una gran gota de sudor. Trunks no tuvo que hacer uso de su desarrollada percepción para darse cuenta de la que sería la respuesta de su mujer.

— Bueno, está bien, entonces que tal Vegetina, en honor a mi padre — propuso animado con su nueva idea.

Otro profundo silencio se hizo en el ambiente…

— ¡Pobre niña! ¿pretendes desgraciarle la vida en el colegio? — dijo Nenis tras recuperarse de la impresión.

— ¡Pues a mí no me suenan mal! — alegó él ofendido. — Pero bueno ya tendremos tiempo más tarde de elegir un nombre apropiado… ahora debo irme porque Goku está teniendo problemas, lo puedo sentir.

Nenis asintió, deséandole suerte a su esposo mientras le daba un beso lleno de amor.

Trunks volvió a concentrarse en el ki de Majin Buu, que seguía manteniéndose estable mientras el de Goku comenzaba a decaer, y eso lo estaba preocupando bastante. Goku había sido demasiado arrojado al pensar que podía vencer al monstruo solo y aunque Piccoro estaba también allí debía volver lo antes posible para evitar un desastre. Así, llevo su mano a su espalda para asegurarse que su espada seguía allí y partió volando a toda velocidad hacia el lugar del combate, convirtiéndose en super saiyajin dos para acelerar aún más el viaje.


"El encefalograma muestra con claridad el problema; tiene un traumatismo craneal", le explicó Videl a Vegeta tras examinar la toma de su cerebro.

La mujer de ojos azules tras desahogarse con Trunks y tomarse unos minutos más para tranquilizar su alma y disimular sus lágrimas, se había propuesto volver al trabajo para mantener la mente ocupada. Justo en eso, llegó Bulma con la enfermera explicándole el caso de amnesia, algo que hasta ahora jamás había tratado y que le había tomado por completo su atención. Procedió a escanear el cerebro del saiya con las avanzadas máquinas existentes en el futuro y tras sólo un minuto pudo diagnosticar muy bien el problema.

— Mire señor Vegeta. Ese que está ahí — continuó indicando un punto de la parte trasera de su cerebro — es el lóbulo temporal; y estas dos pequeñas estructuras curvas forman el hipocampo. Ambos son una parte muy importante para mantener sus recuerdos en su memoria. Por ejemplo, en la enfermedad de Alzheimer el hipocampo es una de las primeras regiones cerebrales en sufrir daño. No soy neuróloga y el estudio del cerebro es aún hoy en día algo muy discutido, pero hay certeza de que además existen más zonas cerebrales encargadas de mantener sus memorias, memorias que son diversas y muy variadas… por ejemplo la memoria autobiográfica, la memoria declarativa, memoria episódica, memoria procesal, memoria sensorial, memoria operativa, etcétera. Para no alagarme le explico que es debido a esta diferenciación de memorias que usted aún puede hablar, escribir y pensar sin ningún problema, pero sin embargo, no es capaz de recordar nada de su vida pasada. Por eso usted todavía puede desenvolverse sin problemas a pesar de su amnesia.

— Al grano — apresuró Vegeta, mostrando que su personalidad al parecer no había cambiado en nada.

— Está bien. Mire, realmente no sé en cuanto tiempo podrá recuperar la memoria… ni siquiera puedo vaticinar si usted realmente llegara a recuperar la memoria algun día…pero tratándose de un traumatismo menor y no de un daño cerebral severo debería estar recuperando la memoria en un par de semanas, o como máximo en un mes. Eso sería lo normal, aunque mi ética como doctora me impide vaticinarle con total seguridad que se va a recuperar…

— ¿Pero no puede hacer nada más, doctora? — preguntó Bulma angustiada.

— En estos casos lo mejor es dejar pasar un tiempo prudente esperando a que el paciente recupere la memoria por sí mismo. Lo mejor es que lo someta a momentos o personas que fueron importantes en su vida. Tal vez al verlos la memoria afectiva-sensorial pueda ayudar a recuperar la de su mente.

— ¿Pero a qué momentos se refiere?

— Bueno, usted es su esposa, intente recordarle bellos momentos que vivieron juntos, muéstrele a sus amigos. Vivan una experiencia fuerte; algo que ya hayan vivido y que lo haya marcado emocionalmente. Al vivirlo nuevamente es probable que hayan chances de que recupere la memoria.

— ¿Y si no resulta? — preguntó Bulma poniéndose en el peor de los casos.

El silencio se apoderó del ambiente unos segundos.

— A la fecha no hay medicamentos específicos para el tratamiento de la amnesia, sólo existen terapias psicológicas que pueden ayudar a recuperar la memoria, total o parcial.

— ¿Pero no existe alguna cirugía? — preguntó Bulma poniéndose en el peor de los casos.

— No, ninguna. De hecho plantear una cirugía para recuperar una amnesia o a un paciente con alzheimer es aún impensable.

Bulma bajó la mirada y se masajeó la sien durante unos segundos, para luego alzar la vista nuevamente con su semblante irradiando optimismo.

— Con otro golpe en la cabeza a lo mejor se sana — sugirió Bulma con ojitos esperanzados.

Videl rió como no reía hacía un buen tiempo.

— Ojala fuera tan fácil, eso sólo pasa en las películas — le explicó todavía divertida.

— Bueno, entonces sólo queda esperar — se resignó Bulma.

— Lo importante es que le tenga paciencia — le aconsejó Videl.

— Uf — resopló antes de hablar. — Doctora, ¡eso no tiene ni que decirlo! ¡Si supiera la paciencia que he tenido siempre con él! Sin mentirle, creo que yo soy la mujer con más paciencia del mundo — rió muy animada, contagiando también a Videl.

— Bueno no conozco a su marido pero por lo que ví parece que tiene un carácter un poquitín irascible — comentó Videl intentando no hacer un comentario indiscreto.

— ¿Un poquitín irascible? ¡Si él se enoja por todo! Pero no sé, debo ser muy rara porque eso me encanta de él. Me encanta sacarle una sonrisa aunque sea de vez en cuando, él tiene una sonrisa muy linda.

— Bueno cada una tiene sus gustos — consintió Videl divertida.

— Sí, es verdad. Otra pregunta, ¿será conveniente que le presente a mi nieta enseguida? ¿o eso puede confundirlo aún más?

Videl se tomo el mentón, pensativa.

— Yo creo que lo mejor es que se la presente enseguida. Cuando recupere la memoria se puede disgustar si es que no se la presentaron antes.

— Sí, tiene razón — movió su cabeza afirmativamente. — Aunque, como ya le dije, él se disgusta por cualquiera cosa — bromeó muy divertida.

Videl sonrió con complicidad.

— Bueno de todas maneras le presentaré a nuestra nieta estando ya en casa, ahora tiene demasiadas confusiones y presentársela enseguida lo confundiría aún más. Cuando ya este seguro de que puede confiar completamente en mí se la presentaré.

— Sí, tiene razón, es lo mejor. Me lo trae en dos días más para control.

— ¿Entonces me lo puedo llevar doctora?

— Sí, pero tiene que cuidarlo de que no haga absolutamente ningún esfuerzo — advirtió Videl con suma seriedad.

— Claro, así lo haré. Como está sin memoria no creo que me salga tan desobediente como antes — bromeó animada.

— Ojalá — deseó ella. — Pero tenga fe en que todo saldrá bien.

— Claro doctora y muchas gracias por todo — le agradeció estrechando su mano.

— De nada — le sonrió Videl.

De esta forma, Bulma fue a hablar con Nenis para explicarle la situación y tras despedirse de ella y de su nieta, se llevo a Vegeta tras tener que insistirle ante su reticencia. Saliendo de la clínica se subieron en la nave que Bulma hizo aparecer de una cápsula.

— Esto de no recordar nada es una mierda muy grande… ni siquiera sé donde vivo — dijo el príncipe cerrando los puños de pura impotencia, a la vez que subía al autómovil.

Bulma le dio una mirada compasiva, ciertamente debía ser desesperante no poder recordar nada.

— Tranquilo, la doctora ya dijo que seguramente recuperarías la memoria. Hay que tener fe en ello — intentó animarlo.

— Eso lo dices porque no estás en mi situación. Además yo no le creo nada a estos matasanos.

Bulma rió de buena gana; al parecer ni siquiera la amnesia podría quitarle lo malas pulgas.

— De todas maneras me tienes a mí, yo te voy a cuidar mientras te recuperas. Para eso soy tu esposa.

— Te lo agradezco, mujer.

— Me dijiste mujer — abrió la boca sorprendida.

— ¿Qué tiene? Si eres mujer ¿no? ¿O eres un hombre disfrazado? — ironizó con molestia.

Bulma no contestó, de hecho una enorme sonrisa nació en su rostro. Vegeta la miró confundido, pero pensó enseguida que las mujeres eran muy raras, así que no le dio mayor importancia al asunto.

La científica jamás pensó que esa palabra podría gustarle tanto: mujer. De hecho le molestaba un montón cuando él en vez de nombrarla por su nombre la llamaba mujer, como si tuviera que especificar siempre que ella pertenecía al género femenino. ¿Por qué no podía llamarla por su nombre como todos? Pero en fin, esta vez se había alegrado un montón con la palabra de su Vegeta. Eso significaba que no tardaría mucho en recordar… si hasta su personalidad no había cambiado mucho. Seguramente las malas pulgas eran algo completamente genético en él. Sonrió para sus adentros pensando en aquello.

— Mujer, explícame quien soy, como nos conocimos, quienes forman mi familia… en fin, quiero saberlo todo — le exigió con voz dominante, la misma que solía tener siempre.

— Uf es mucha información, trataré de resumir lo mejor posible — le respondió ella acostumbrada a su carácter imperioso.

— Hazlo.

— Mira, tú eres uno de los mejores guerreros de este planeta, de hecho eres un saiyajin.

— ¿Saiyajin? — cuestionó con clara sorpresa en su voz.

— Son iguales que nosotros los humanos pero muchas veces más fuerte y comen más que mujer embarazada.

Vegeta frunció el ceño, no muy convencido de que lo que le decía ella era cierto.

— De carácter eres terco y orgulloso — continuó Bulma — aunque siempre me haces caso a mí en todo lo que te digo — soltó una sonrisa, esperando convencerlo de aquello.

— Lo dudo, aunque después discutiremos eso. ¿Cómo nos conocimos?

— En un planeta llamado Namek, después te viniste a la Tierra y yo te hospedé en la Corporación Cápsula, que fundó mi padre. Nos enamoramos, aunque fue muy duro para mí pero prefiero no entrar en detalles todavía.

Y así, Bulma fue explicándole todo al saiya obviando todo lo del tiempo presente. Vegeta escuchaba atentamente, comprendiendo ante la sinceridad e insistencia de la que decía ser su esposa, que pertenecía a una raza extraterrestre de guerreros, aunque le sonase inverosímil.

— Y aunque nunca nos casamos, porque según tú el matrimonio terrícola era un ritual ridículo, nos tratamos como esposos porque tú lo quisiste así. Según tú no necesitamos ningún papel firmado para ser marido y mujer. Así que somos esposos por nuestra propia convicción.

— Estoy de acuerdo, si nos amamos no necesitamos ningún papel para corroborarlo — confirmó él esa decisión.

— Sí, estoy de acuerdo, aunque el sueño de la gran mayoría de nosotras es casarnos con el hombre de nuestras vidas.

Vegeta se tomó el mentón pensativo.

— ¿Y mis amigos quienes son? — preguntó cambiando el tema del matrimonio.

— Bueno, tú eres un hombre muy distante, pero puedes confiar en todos los guerreros Z. Sobre todo en Goku, o Kakarotto como le dices tú, aunque nunca lo admitas es la persona que más respetas y creo que también es al único al que puedes considerar verdaderamente como tú amigo.

— Kakarotto… — musitó Vegeta; ese nombre le resultaba tan extrañamente familiar… su cuerpo sintió una extraña inquietud al escucharlo.

— Sí, Kakarotto, aunque él preferiría que le dijeras Goku — acotó Bulma.

— Tengo que conocerlo — dijo Vegeta con decisión.

— Cuando vuelva te lo presentaré, ahora mismo debe estar luchando.

Al saiya le llamó la atención eso de que estuviera luchando, pero Bulma lo terminó convenciendo de que no era nada importante para que no se preocupara. Y así, siguieron platicando mientras Bulma manejaba. Al llegar a la Capsule Corp en la entrada se encontraba un hombre, que por su atuendo, saltaba a la vista que se trataba del hombre del correo.

— Hola, ¿qué haces ahí parado hombre? — lo saludó la mujer extrañada por verlo husmeando el patio.

— ¡Hola señorita Bulma! es que me estaba asegurando de que no haya ningún perro. Como a usted le encantan los animales nunca se sabe cuando pueda tener uno. Y ya sabe como nos llevamos nosotros con los perros… ¡un perro que no muerde al cartero no es perro!

— Jajaja, pues no te preocupes que de momento no tengo ninguno — le aseguró divertida.

— Que bueno. Por cierto, está tan linda como siempre — la piropeó con galantería.

— Gracias, sigues tan caballero como siempre — le agradeció Bulma con una coquetería que le salía sin querer, porque era algo natural en ella.

— Lárgate de aquí insecto de mierda sino quieres que te pulverice aquí mismo — intervino molesto hasta sus entrañas.

No es necesario ser un genio para adivinar quien fue el autor de aquellas palabras. El pobre cartero al ver como el saiya cerraba sus puños decidió irse rápidamente por su propia seguridad.

— ¿Y por qué le dices señorita a mi mujer? ¡Dile señora entendiste! — le gritó Vegeta colérico mientras veía que el cartero se iba corriendo.

Bulma se rió a carcajada limpia por los celos de su esposo.

— Vaya no sabía que la señorita Bulma estuviese casada… para la próxima tendré cuidado, ese señor debe ser incluso peor que los perros — se dijo risueño el cartero.

Tras la escena de celos, marido y mujer entraron a la casa y Bulma se animó más que nunca para hacer la comida más increíble que haya cocinado en toda su vida.


Trunks acababa de llegar al lugar de la lucha y presenció como Goku se mantenía de pie en el suelo como Super Saiyajin dos, mientras respiraba agitadamente. Majin Buu se encontraba justo en frente de él tan solo a unos metros, también respirando agitadamente. Piccolo aún seguía con su capa y turbante puestos, cosa que le indicó que todavía no había participado en la batalla.

— ¿Cómo va la lucha? — preguntó el de cabello lila al namek.

— Te has perdido la lucha de tu vida Trunks. Ha sido increíble. A pesar del peligro estoy emocionado presenciando este fenomenal combate — explicó él.

Ciertamente el combate debió ser espectacular para que Piccoro, siendo de cáracter frío, estuviera emocionado de esa manera por la batalla.

— Al parecer este Majin Buu es más razonable, ya que se ha dedicado en todo este tiempo a pelear sólo con Goku. No ha intentado atacar la Tierra ni nada de eso. Lo malo es que no entiendo nada de lo que dice, parece que sólo sabe dar gruñidos, aunque Goku varias veces le ha contestado como si lo entendiera —le explicó el namek al joven de la espada.

— Pero entonces este Majin Buu puede que no sea tan malvado como el del presente — reflexionó él.

— Siente su ki, hay energía maligna corriendo por su cuerpo. Pero en algo tienes razón, no siento que él sea tan malvado como el del presente… aún así es muy arriesgado dejarlo con vida. En el presente el Majin Buu gordo se volvió pacífico pero en un momento toda su maldad se liberó tomando forma de un Majin Buu más delgado. El delgado derrotó al gordo y lo absorvió en su cuerpo transformándose en un ser aún más poderoso. No podemos correr el riesgo de que aquí pase lo mismo. Debemos matarlo — advirtió Piccolo con resolución.

Trunks consintió esa decisión moviendo su cabeza afirmativamente.

— ¿Y por qué Goku está en nivel dos? — indagó Trunks, sorprendido de que no usase el nivel más poderoso contra su rival.

— Está recuperándose del cansancio, el nivel tres gasta demasiada energía. Ha luchado varios momentos como super saiyajin dos para no malgastar su energía. Lo bueno es que Majin Buu también está cansado y eso es algo que en el presente jamás demostró. El nivel de poder de ambos va más allá de todo lo imaginable. Me temo que aún con nosotros en batalla no habría ninguna diferencia Trunks. El único que tiene posibilidad de acabar con ese monstruo es Goku"


Bulma y Vegeta se encontraban totalmente ignorantes del combate y del peligro que amenazaba a la Tierra entera, salvo por pequeños temblores que sucedían de vez en cuando. La mujer terminó de servir la mesa, acompañada de una botella de vino de alta alcurnia, y no hace falta decir quien empezó a babear ansiando degustar la apetecible comida. Así, se lanzaron como la bella y la bestia encima de los platos. La amnesia tampoco había logrado sepultar el inmenso apetito del príncipe, como todo buen saiyajin.

— Vaya mujer, cocinas muy bien. Se nota que tengo buen gusto al haber elegido una hembra como tú — la halagó él a su modo.

— ¡Pues gracias! Con comida fue una de las formas en que te conquisté — bromeó risueña.

De este modo, mientras comían, siguieron hablando sobre todo lo referente a la vida pasada de Vegeta, como una manera de hacerlo recordar. A pesar de conservar sus malas pulgas la amnesia definitivamente lo había convertido en un hombre con mejor humor, aunque no tanto como para no reconocer de quien se trataba… la amnesia tampoco hacía milagros.

Terminada la deliciosa merienda Bulma se dispuso a retirar los platos, cuando Vegeta la sorprendió tomándola de la cintura sentándola encima de sus piernas. Bulma sintió que su corazón le dio un tremendo salto. El saiya había tomado más vino de lo prudente, despertando al salvaje que se conservaba perfectamente en su interior.

— Bueno mujer, se supone que eres mi esposa y no me has dado ningún beso. Quiero saber como besa mi hembra…y después… — se saboreó los labios mirándola con deseo.

La científica sabía que eso iba a pasar tarde o temprano, pero no tenía ni idea de cómo reaccionar. Cuando le dijo que ella era su esposa quería hacerlo para ayudarlo a recuperar su memoria, pero también para estar con él como ella realmente lo deseaba. No sacaba nada con mentirse a sí misma, más que para ayudarlo lo había hecho por ella, pero su conciencia le decía que no debía aprovecharse de él. Sabía que ese beso terminaría transformándose en una pasión incontrolable por sexo. Por eso mismo, debía ponerle algun tipo de excusa para que la situación no llegara a mayores. No quería aprovecharse de su amnesia y hacer algo de lo que más tarde se arrepentiría.

— Ve… Vegeta, tengo que lavar los platos — dijo la primera excusa que se le vino a su mente.

— Bah, no me digas que prefieres lavar platos que darme un beso — le dijo mientras acercaba sus labios cada vez más hacia ella.

Bulma sintió que su sangre hervía de pasión sentada en sus piernas y sintiéndose rodeada por sus fuertes brazos… pero no podía fallar a sus principios, no podía errar de esa manera.

— Es que… — intentó protestar ella y permaneció en silencio sin saber que decirle.

— ¿Qué pasa? ¿Eres mi esposa o no? — cuestionó el saiya, llamándole la atención su extraño comportamiento.

— Sí, claro que lo soy — se apresuró a confirmar enseguida Bulma, temiendo inconscientemente que el saiya dudara de ello. — Pero es que… — no supo que inventar para excusarse. Cuanto deseaba estar con él, pero sabía que estaba mal, que era un error del que más tarde se arrepentiría.

El príncipe la vió a la vez que fruncía el ceño mirándola inquisitivamente y se la quitó de encima para luego cruzar sus brazos, demostrando con ese gesto que no esperaría más por una respuesta.

— Lo de la jaqueca no va a colar… — reflexionó ella, sabiendo que Vegeta era demasiado astuto como para tragarse algo así, puesto que recién la había visto muy alegre.

— Es que no tengo ganas — decidió responder finalmente, sin saber que inventar.

— Yo haré que las tengas… — le susurró él al oído con voz seductora, dándole un apretón contra su cuerpo a la vez que agarraba su trasero con ambas manos, apretándolo fuertemente.

— Ve… Vegeta, no puedo — dijo agitando su respiración ante sus caricias.

Vegeta notó que su mujer comenzaba a perder el aliento, sintiendo como la piel femenina se erizó suplicando por sus caricias, pero extrañamente ella intentaba resistirse… disfrutó de ello sintiendo como si Bulma fuera una presa evitando ser cazada… y él era el cazador…

El saiya se animó aún más al ver como ella cerraba sus ojos ante sus caricias; quería mermar esa oposición hasta que cayera finalmente rendida sin poder resistirse más.

— No puedo porque ando con la regla — finalmente, se iluminó la científica mente con esa excusa.

El saiya detuvo enseguida sus caricias y la miró fijamente a los ojos. No recordaba si antes lo había hecho con la regla o no, pero ciertamente no debía ser nada agradable. Conforme con su excusa, aunque nada convencido porque Bulma no parecía estar en su período si andaba tan sonriente y resplandeciente, decidió dejarlo pasar por esta vez.

— Está bien mujer, te salvaste… por ahora — recalcó la ultima palabra con un caliente aliento en su oreja, que la hizo estremecerse entera. — Bien, entonces habrá que esperar unos días — concluyó finalmente.

— Sí — contestó ella sintiéndose aliviada, intentando calmar los agitados latidos que daba su corazón.

— Por cierto mujer, no sé porque pero tengo muchas ganas de entrenar… aunque como me dijiste que soy un guerrero supongo que es por eso. ¿No tienes algún cuarto o cámara para entrenar?

— No; antes tenías una cámara de gravedad pero la hiciste pedazos un montón de veces, así que me cabreé y no te construí ninguna más.

— Cámara de gravedad… — musitó él con ojos fulgurantes de felicidad. Una mirada tan singular que Bulma no le veía desde hacía mucho tiempo.

— Sí, allí entrenabas tú — le explicó sorprendiéndose de que algo así le pusiera esa mirada tan ilusionada.

— Vaya, no sé porque pero la palabra "cámara de gravedad" me llena de una extraña alegría. En fin, quien sabe porque sea. Mujer, quiero que me hagas una— le pidió con autoridad.

— ¿Cómo se piden las cosas? — le dijo ella animada esperando que le dijera el por favor.

— No vengas ahora con que tengo que decir la palabra mágica y toda esa mierda. Tú házla y te recompensaré muy bien — le dio un apasionado beso y se fue hacia fuera de la casa para entrenar.

Dios, estuvo tan cerca de pasar... ¿Por qué tuvo que decirle que ella era su esposa? Que grave error, por ahora se había salvado tal como dijo él, ¿pero y después de los cuatro o cinco días que le durase la regla? No podría rechazarlo nuevamente, esta vez casi cae ante sus caricias. Vegeta la hacía sentirse toda una ninfómana porque no entendía cómo rayos lo podía desear tanto. Apenas lo había sentido, pero ese breve momento fue suficiente para quedar mojada. Y sabiendo que seguía cerca para hacerlo suyo cuando quisiera, tan sólo en el patio de la corporación, la excitación no quería irse. Hasta ganas de masturbarse le dieron, pero cerró sus piernas férreamente como si fuera una prisión que se negaba a abrir. No podía dejar que su deseo fuera tanto como para no poder controlarse. Su calentura tendría que pasar y decidida a pensar en otra cosa se dispuso a salir al patio en el sentido contrario del que había partido Vegeta. Por fortuna el patio era tan grande que no se toparían y así comenzaría a hacer los planos para construir la nueva cámara de gravedad, para mantener la mente ocupada.

"Tengo que luchar contra mis propios sentimientos para hacer lo correcto", se dijo a sí misma antes de ir a buscar un cuaderno y un lápiz.

Al salir de la casa, la brisa del atardecer acarició su rostro haciéndola sentir reconfortada. El cambio de temperatura desde el interior del hogar al aire libre ni se notó; la tarde era cálida como correspondía a una tarde de verano. Se afirmó en la pared y quedo mirando el paisaje que afloraba como si intentará hipnotizarla. Tal vez lo mejor era decirle la verdad… que ella no era su mujer realmente. Ya estaba mejor y seguro que se lo tomaría de buena manera. ¿Pero y si la trataba como una mentirosa? ¿Y acaso no era eso lo que ella estaba haciendo, mentirle?

Deseaba tanto quedarse con él para siempre, pero su conciencia le decía que no podía hacerlo. Tomaría prestado a Vegeta un momento y después lo devolvería. Le dio gracia pensar en Vegeta como si fuera una cosa que puedes utilizar y después devolver. A veces para hacer lo correcto hay que renunciar incluso hasta a lo que más queremos. Mantenernos firmes cuando los demás caerían es lo que nos hace diferente a los demás. Sí, era lo mejor, hoy mismo en la noche le diría la verdad. No podía ser de otra manera.

Pero por otra parte… ¿por qué estaba tan preocupada? Después de todo la Bulma del presente en realidad era ella misma. ¿Por qué tendría que ponerse celosa la otra Bulma de ella si en realidad era la misma persona?

— ¿Qué pasa mujer? — sintió una voz a su espalda, que la sacó al instante de lo que estaba pensando.

— Ay Vegeta, ¡me asustaste! — exclamó dándole un golpe en el pecho.

— ¿Qué te pasa? Te noto extraña. Y no me vengas con el cuento de la regla porque sé que no la tienes, no soy ningún tonto.

Bulma dio un profundo suspiro, después de todo él jamás le había creído su excusa.

— Vegeta tengo que decirte algo — dijo preparándose para lo que tenía que decirle.

— Lo que tengas que decir hazlo sin miedo, como toda una mujer — la animó con vehemencia.

— Yo…

Se quedo callada sin poder continuar; quería contarle la verdad pero si lo hacía estaba segura que perdería la única posibilidad que tendría de estar con él. Ya antes estuvieron a punto de hacer el amor pero el destino lo había impedido… y si ya esa vez le había costado convencerlo, no dudaba que si le decía la verdad ya no habría otra posibilidad.

— Vamos mujer, ¿porqué tantas dudas? — insistió Vegeta ante su silencio.

— Es que yo siento que me estoy aprovechando de ti… todavía tienes amnesia y quizás ni siquiera estás seguro de que yo sea tu mujer — le explicó desechando finalmente la idea de contarle la verdad.

— Yo no tengo dudas, si no fueras mi esposa no me cuidarías en la forma en que lo haces.

— Me alegro mucho que lo aprecies — sonrió ella con felicidad. — Te amo con todo mi corazón, Vegeta. Cada vez que me tocas provocas en mí este sentimiento… aunque suene cursi, cada vez que me tocas siento que puedo volar — dijo mientras tomaba las manos de su esposo entre las suyas. — Me siento como una quinceañera que se enamora por primera vez.

— Vaya, no sé que decirte. No puedo decirte lo mismo porque como bien sabes tengo esta puta amnesia que no me deja recordar una mierda… pero no me cabe duda de que eres una gran mujer. Y muy hermosa por lo demás. Para mí es como conocerte de nuevo, pero de alguna manera siento que tú eres la mujer de mi vida — la tomó del mentón para que le mirara directo a los ojos. — No sé cuanto tiempo me tome recordar mi vida pasada, pero si siento esto es porque tú eres la hembra de la cual me enamoré.

Bulma sonrió dichosa. Su Vegeta amnésico era mucho más cariñoso que el original; después de todo la amnesia no era tan mala, al menos en ese sentido.

— Te amo Vegeta, nunca olvides eso.

— Lo sé, mujer, y espero pronto poder decirte lo mismo — estrechó aún más las manos femeninas entre las suyas, para terminar dándole un acalorado beso.

Buma ya no podía resistirse más, tenía que seguir besándolo, tenía que hacerlo suyo. El deseo superaba a la culpa y simplemente ya no se podía resistir, necesitaba sentirlo ahora mismo. Cerró sus ojos ya sin querer pensar más. Sus brazos se movieron por reflejo para rodear su cuello aprisionándolo entre sus manos, aprovechando de enredar sus dedos en ése negro y brillante cabello… esta vez no lo dejaría escapar por nada del mundo.

— Cada vez que me besas siento que llego al cielo… ya no puedo aguantar más… necesito tenerte conmigo — dijo Bulma abriendo sus ojos fijando nuevamente su mirada en él.

Las manos de Vegeta respondieron por él, dejándose llevar por esas encantadoras curvas tan hipnotizantes que poseía su mujer. La besó con pasión disfrutando como nunca el irresistible y cálido dulzor de sus labios. Era como una diosa terrenal, demasiado preciosa como para ser real. Sin embargo, allí estaba, entregada en cuerpo y alma hacia él. Posó sus labios en su cuello, dejándole sentir su cálida respiración y húmedo aliento por todo ese lugar. Bulma se estremeció entera ante esa increíble sensación, la piel de su cuello suplicaba con fuerza por una caricia sempiterna de sus labios. Por una caricia que deseaba con ansias que se convirtiera en una mordida que desatase toda su irrefrenable pasión. Vegeta lo sabía, y sin hacerla esperar más, mordió su cuello con infinito placer, devorando esa deliciosa y tersa piel de mujer. Ella exudaba sensualidad a través de todas sus células y sus gemidos de hembra en celo lo hicieron excitarse aún más. La asió firmemente mientras sus manos se deslizaban hacia abajo degustando sus exquisitas piernas, llevando al sentido del tacto a un clímax que creía no ser posible... Esos muslos firmes y sedosos resultaban deliciosamente excitantes. Sus manos siguieron recorriendo su cuerpo de diosa hasta seguir el trayecto que tenía predeterminado desde un principio, posándose en su bien formado y sobresaliente trasero. Masajeó sus glúteos durante varios segundos hasta que la apretó fuertemente contra sí, dejándola sentir toda su virilidad más dura que nunca.

La bella científica se estremeció entera al sentir su pene, que hervía enfrascándose en una lucha para lograr salir de su pantalón. Este contacto la hizo perder la poca razón que aún tenía y esta vez se dejó dominar completamente por los instintos sexuales que había intentando reprimir todo este tiempo. Sus dientes mordieron su labio inferior con el sólo hecho de pensar en verle su sexo endurecido hasta más no poder. La masculinidad de su pareja intentaba salir de esa prisión y ella ciertamente debía ayudarlo; ni siquiera le importó que la pudieran ver, tenía que deleitar su vista y tacto con esa obra creada para el placer, sentir entre sus manos como la sangre le corría por dentro, latiendo intensamente por la excitación. Latiendo sólo por ella.

Sin embargo, antes que pudiese hacerlo, Vegeta la cargó encima sosteniendo su cuerpo por el trasero, mientras ella se aferró a su cuello, ansiando ser penetrada y unirse de una vez al hombre que tanto amaba en una mágica danza sexual. Deseaba sentirlo llegar hasta su matriz.

Vegeta alzó el vuelo y como no recordaba cual era su cuarto, la llevó al primero que encontró. De una violenta patada abrió la puerta, lanzándola en la cama con fuerza y, sin ni siquiera esperar, le abrió las piernas con fiereza, quitándole el vestido hasta presenciar sus ajustadas bragas. Sin quitárselas, deslizó su mano por todo el contorno de su vulva recorriéndola entera, palpando el exquisito y angosto camino que yacía debajo de la íntima prenda. Siguió así hasta que se detuvo en el punto más sensible, masajeando suavemente allí. Pronto la humedad se apoderó de las bragas mientras Vegeta comenzaba a hacer movimientos lentos y circulares justo en el punto donde se ubicaba su clítoris. Por la excitación, podía notarlo claramente a pesar de que la ropa interior aún lo cubría. Movió sus manos a las caderas de su mujer para quitarle los mojados calzones y su hombría se puso aún más rígida presenciando lo más íntimo de su mujer. Al verla, su miembro comenzó a palpitar aún más, como suplicándole que le dejará entrar de una vez en esa provocativa sensualidad que la naturaleza había creado.

La acechó dejándole sentir su caliente aliento golpeando su clítoris, se mordió el labio inferior y se relamió al pensar en saborear la intimidad de su mujer. Ese olor a hembra que desprendía su mujer, resultaba más enviciante que la más adictiva de las drogas.

Bulma, entretanto, rozó sus pezones con sus yemas sintiendo lo excitados que estaban y bajó sus manos para tomar el cabello de su hombre.

— No me hagas esperar más, te lo ruego — suplicó con un susurro jadeante.

Vegeta se mojó los dedos con saliva y comenzó a masturbarla haciendo movimientos circulares en su clítoris, tanto hacia la derecha como después al revés. Al principio, fueron con tanta suavidad que hasta podría decirse que fueron tiernos, pero que a cada segundo aumentaban más y más en intensidad. Bulma cerró los ojos inundada de placer, hasta que al sentir que su macho detenía su trabajo, volvió a abrir sus párpados. Jadeante, pudo ver claramente como el saiya se llevaba los dedos a su boca mostrando como se deleitaba con su humedad, chupeteándose los dedos y dando un suspiro saturado de placer. La mujer dejó escapar un sonido lleno de lujuria al ver el goce con que su hombre saboreaba su humedad vaginal, como si fuese el más apetecible y disfrutable de todos los sabores existentes.

Vegeta le respiró agitadamente encima de su sexo por varios segundos, viendo como ella fruncía el ceño mezclando molestia y desesperación, exigiéndole implícitamente que se la lamiera de una buena vez. Tanto era su deseo que, sin pensarlo, lo agarró con firmeza de sus azabaches cabellos, intentando que apegase su boca a su intimidad. El saiya sonrió con malicia al verle tanta ansiedad y ya resuelto a no hacerla sufrir más, no la hizo esperar y literalmente comenzó a devorar su vulva entera, cual bestia hambrienta. Los gemidos de su mujer lo motivaron aún más para seguir deleitándose con todo su sexo, describiendo movimientos circulares con su lengua por todo su clítoris. En un momento incluso llegó a aprisionarlo con tanta exactitud entre sus labios que le hizo dar un sobresalto de satisfacción. Un sonoro gemido se escapó de los labios carmesí al sentir intensamente la ruidosa succión que su hombre le daba.

La excitación del momento hacía sentir a Vegeta que su vagina fuese lo más sabroso que existiese en el mundo, como si fuese un delicioso néctar del que sólo él tenía permiso de disfrutar. Quería devorarla entera hasta que ya no pudiera más del cansancio, hasta que se le acalambrase la lengua, por gracioso que pudiera sonar. Separó un momento su lengua de la ardiente cavidad sexual; retomó el aliento que se le había escapado por completo y fijó su mirada en Bulma, quien yacía con los ojos cerrados sumergida en un mar de placer incontrolable. Su ceño fruncido, casi sufriente, le hizo ver que ella no podía aguantar más, necesitaba sentir su lengua dentro de sí. Con sus dedos separó los labios de su vulva e introdujo su índice derecho suavemente en la vagina, penetrando esa delicia con la suavidad que merecía. Ya una vez dentro y sintiendo su caliente y húmeda carne, lo curvó para sentir aún más toda su pared vaginal. Sin dejar de penetrarla hábilmente con su dedo, volvió a posar su lengua en el clítoris para succionarlo hasta ya no poder más. Deslizó su índice hacia dentro y afuera de su mujer, para luego unir suavemente su dedo medio al trabajo que realizaba su vecino compañero, haciendo a Bulma saltar y gritar de tan intenso placer. Los hundió progresiva y lentamente aumentando cada vez más la profundidad, hasta que ambos dedos estuvieron completamente en su interior. Describiendo movimientos por el interior de toda su vagina, circulares pero impredecibles, separó ambos dedos con violencia en su interior, enloqueciéndola con aquella combinación de dolor y placer. Un completo estremecimiento de su esposa le advirtió que su clímax estaba llegando y procedió a sacar ambos dedos con rapidez para amoldar sus labios con los del sexo femenino. Un gemido prolongado de éxtasis femenil, le dejó sentir también su orgasmo en toda su boca. Era una verdadera delicia psicológica verla sufrir de tanto placer y, saboreándola hasta el último rincón, invadió su vagina con la lengua hasta la profundidad que ella más podía. No conforme con penetrarla con su órgano hecho para degustar, la deslizó desde el interior hacia fuera marcando su recorrido con saliva, para terminar saboreando su claramente excitado clítoris, dándole una fuerte succión final que hizo a Bulma temblar entera por la sensibilidad reciente del orgasmo.

Recién había comenzado, pero ya se sentía totalmente cansada. Sin embargo, sabía que él no se detendría por nada del mundo y por ende ella tampoco lo haría. Llevó sus manos al broche del cinturón para quitarle el pantalón de encima, desesperada por verle su erecta virilidad. El gran bulto que veía en su entrepierna la hacía sentir tan caliente como un volcán a punto de hacer erupción. Tras quitar el pantalón, pudo ver como sobresalía ese miembro, prácticamente despedazando el boxer, notando como el glande se asomaba caprichosamente. No quiso prohibir a su vista ni un segundo más del resto de aquel imponente órgano, así que completamente ansiosa le sacó el bóxer para admirar aquello que sólo a ella le pertenecía, a ella y nadie más. Jamás había visto un pene tan increíble, tan inverosímil a la vista que resultaba sumamente excitante el solo hecho de verlo. Su prodigioso tamaño y su forma tan perfecta, con estilizadas venas atravesándolo, sumado a la fantástica rectitud que poseía la hizo emocionarse excesivamente. Lo tomó con ambas manos, sintiendo lo caliente que estaba y sobre todo la increíble rigidez que tenía, tan duro que parecía querer imitar al acero. Le encantaba sentir los latidos de excitación de aquel órgano, tan fuertes que parecía tener su propio corazón. Aquello sólo le inyectó más deseos de situarlo entre sus labios carmesí y saborearlo sin parar. Sus testículos perfectamente ovalados también adornaban la visión.

Sin embargo, el saiya impidió lo que quería realizar. Se puso de pie, pasó sus manos por debajo de sus muslos, la agarró firmemente del trasero y la alzó, dejando las femeninas caderas levemente más altas que las suyas. Ella, como respuesta, aferró sus brazos al vigoroso cuello, enlazando además sus piernas a la espalda de su hombre como si fuera un koala. La penetración se hacía inminente y Bulma cerró los ojos, a la vez que apretaba sus labios, preparándose para contener el intenso grito que daría por la embestida que su pareja le daría.

— Ten cuidado, por favor Vegeta — le rogó sintiendo que cada célula de su piel se erizaba por los nervios.

No obstante, la suplicante petición de la fémina tuvo el efecto contrario al que se proponía, porque el sadismo estalló en la mente saiya por semejante pedido. Su maldadoso corazón no podría cumplir tal ruego.

— Mírame — le ordenó a su mujer que seguía con los ojos cerrados. Ella los abrió y sus azules iris reflejaron una sonrisa llena de la más potente lujuria, dejándola comprender que no se salvaría de su lastimosa primera penetración. Nuevamente cerró los ojos con resignación; pensó en que al menos con lo mojada que ya estaba, unido a la reciente penetración de los dedos y lengua de Vegeta, debía aminorar el dolor que iba a sentir. Sin embargo, su vagina se rellenó entera tan rápidamente que enterró las uñas profundamente en los hombros de su amante como reacción al intenso dolor. Percibió claramente como su verga ardiente se introdujo de un solo tirón hasta lo más profundo, invadiéndola completamente tan rápida e intensamente, que a pesar de tener mordido sus labios para no hacerlo, no pudo reprimir un prolongado grito lleno de doloroso placer, que debió escucharse hasta varios metros más allá. El saiya debió apagar su sonora emisión con un beso lleno de pasión y lascivia. Con la pericia propia de alguien que ha hecho esa posición muchas veces, el príncipe comenzó a alzar y bajar a su amante, penetrándola con salvajismo. Mientras más rápido y fuerte mejor. Lo metía y lo sacaba. Lo introducía y lo quitaba. Entraba y salía, con fiereza e inusitada rapidez. Entraba y salía una y otra vez. A veces sólo el glande y otras el pene entero. Sus alientos chocaban entre sí, impregnándose cada uno con la esencia del otro, mientras el sudor empapaba sus deseosos cuerpos y los hacía más brillantes de lo normal. Sus pieles se embriagaban sumidos en el máximo placer que podía conocer el ser humano. Las bestiales embestidas del saiya aumentaron gradualmente; cada vez se hacían más fuertes y rápidas, mientras Bulma sentía un paraíso sexual atravesando cada rincón de su cuerpo. La excitación llegaba al clímax y Vegeta, sintiendo la proximidad de su propio orgasmo, aferró aún más el cuerpo de su hembra al suyo, penetrándola hasta la máxima profundidad posible. Sin moverse más, sólo se hundió en ella mientras la inundaba con potencia, con fuertes disparos de semen, uno tras otro sin parar, dando la impresión que no acabaría nunca. Bulma se retorció de placer al sentir esta vez como la rellenaba con tanta fiereza, alcanzando y desatando también su intempestivo orgasmo. Al guerrero le salía tanto esperma que pareció querer violar las leyes biológicas vigentes para obtener un orgasmo infinito, hasta que finalmente y tras expulsar el ultimo chorro de semen, dejó a su mujer en el suelo, quien se sacó la hombría de su interior con algo de dificultad y pudo ver como pequeños restos del blanco y pegajoso líquido masculino aún quedaban allí. Tras unos cuantos segundos, se arrodilló hasta quedar frente al prodigioso órgano. Sin perder más tiempo, lo cogió firmemente con ambas manos y comenzó a succionarlo como si fuera un chupete. El príncipe dio un ligero respingo al sentir sus candentes labios, debido a que al eyacular su glande quedaba más sensible de lo normal. Aún así, dejó que su mujer lo degustara hasta que se saciara. La científica apretó la cabeza del pene con sus labios, sintiendo como una ínfima cantidad de semen que aún no salía de su hombre, caía directamente en su interior bucal. Se retiró de su verga mostrando su lengua a su pareja, dejándole ver como esas gotitas de blanco esperma permanecían en su boca. La visión calentó aún más a Vegeta, y Bulma sabiendo esto, cerró los ojos para comenzar a degustar su caliente líquido. Frunció el ceño por causa del sabor, el cual era una curiosa y particular mezcla entre ácido y amargo, no muy agradable al sentido del gusto, pero con la excitación del momento eso en realidad ni siquiera le importó. Psicológicamente, adoraba tenerlo allí, prisionero en su boca. Lo único que deseaba era complacer a su hombre en todo, entregándose totalmente, como él también lo hacía con ella. Tras mantenerlo un tiempo prudente, lo ingirió produciendo un pequeño sonido, sintiendo como no quedaba absolutamente nada del semen en su cavidad bucal, cumpliendo así lo que sabía era uno de las mayores placeres sexuales masculinos. Se relamió los labios y se irguió para abrazarse a su hombre con total ternura… la intensa excitación había dado paso al cariño y el amor.

— Te amo tanto Vegeta — declaró mientras pupilas e iris brillaban por igual. Su ahora tierna mirada, contrastaba completamente con la lujuriosa excitación anterior.

— Y yo, a pesar de mi amnesia, no tengo ninguna duda de que también siento lo mismo, mujer — respondió instantáneamente reduciendo su habitual rudeza, mientras ella lo abrazó con sublime ternura.

Así, se aferró al cuerpo de su amado y encogiéndose posó su cabeza en su pecho, sintiendo los aún agitados latidos de ese guerrero corazón.

— Mi vida es tuya — lo miró con ojos llenos del más profundo amor. — Mi cuerpo y mi alma son tuyos, todo mi ser, todo lo que soy, todo lo que es mío también es tuyo... — tembló de emoción con cada palabra dicha, luego calló unos cuantos segundos para recuperarse y finalmente agregó — ... te amo como jamás podré amar a nadie más — nuevamente, todo su semblante destelló al compás de sus palabras.

Vegeta llegó a estremecerse en su interior por todo el sentimiento que desplegó su bella pareja en tan conmovedora declaración de amor.

— Lo mismo te digo, mujer — respondió con voz solemne. — Aunque eso sí, aún no hemos terminado... — agregó sonriendo lujuriosamente, mientras con la fuerza de sus brazos y aún erguido sobre sus pies colocó a su mujer encima de sus hombros, tal como cuando en un concierto al aire libre alguien sube a su novia en sus hombros para que pueda ver mejor, sólo que esta vez toda su femineidad quedaba frente a él. Bulma se excitó aún más al sentirse en las manos de un hombre tan fuerte y recio como él. Como su última eyaculación había sido tan profunda, Vegeta no se preocupó de que en el exterior del sexo femenino quedasen rastros de semen, aunque de haber sido así tampoco le hubiese importado. Era su propio esperma y si su mujer lo había bebido entregándose completamente, él tampoco debía tenerle reticencia. El saiya con un poco de dificultad comenzó a darle salvajes lamidos, pero era ése mismo inconveniente lo que lo hacía tan excitante. Bulma casi tocaba el techo al estar sentada en sus hombros, sintiéndose en el pináculo del placer, pues era demasiado delicioso. El príncipe sintió como su verga se erguía nuevamente reclamando formar parte del juego también. Con una delicadeza poco habitual dejó en la cama a su mujer, recorriendo con su vista aquella tentación que tenía frente a él. Su hermoso y cautivante cuerpo demostraba que cuando la naturaleza pensó en la perfección física, sin duda había pensado en una científica de azulados cabellos.

— Date vuelta — le ordenó el saiya.

Bulma, sin dudarlo, se colocó de espalda con su trasero apuntando hacia el techo.

El príncipe guerrero se extasió con la preciosa vista concedida. Sus carnosas y rosáceas nalgas parecían llamarlo a que las inspeccionase. Sin embargo, antes de sucumbir ante aquellos deseos, creó energía en sus manos y formó las mismas argollas que usó cuando era un Majin para aprisionar a Goku, lanzándolas en esta ocasión a las muñecas de su mujer, las cuales quedaron prisioneras. Él se detuvo un momento mirándose las manos con suma curiosidad, asombrado de que hubiese podido hacer eso. A pesar de la amnesia, su instinto había sido más fuerte y sin ningún problema creó esa técnica, sólo dejándose llevar por sus impulsos… y aunque el propósito no era precisamente el que acababa de utilizar con su mujer, ciertamente resultaba muy excitante tenerla completamente a su merced, cual esclava sexual. Así se ahorraba el tener que comprar unas esposas. Sonrió con malicia al pensar en eso.

Bulma, entretanto, sintió un poco de temor al sentirse totalmente sumisa ante él, pues su esposo no era un virtuoso de la delicadeza precisamente. Ahora su macho podría hacer lo que quisiera con ella... pero su preocupación se esfumó tan rápido como había llegado, pues lo deseaba tanto y confiaba tanto en él que finalmente no le importó quedar totalmente indefensa ante su hombre. Un choque eléctrico la recorrió entera cuando su hombría hizo contacto en la parte baja de su espalda, deslizándolo suavemente a través de sus glúteos. Cuando tocó la cavidad vecina a la vagina, los ojos de Bulma saltaron de inquietud, dando un inevitable respingo. La idea de una penetración anal le infundió abierto temor. Sin embargo, se alivió cuando la erecta masculinidad siguió su camino hacia el íntimo y verdadero premio que lo esperaba. Además al príncipe jamás le había interesado el sexo anal así que podía estar tranquila. No obstante, el miembro volvió a subir acercándose peligrosamente a donde no debía. Un rápido relampagueo mental le dejó recordar que Vegeta sufría amnesia y tal vez junto con ella sus gustos habían cambiado también... un temblor le recorrió el cuerpo entero al pensar que su saiya pensase en darle por el camino equivocado. Con semejante miembro sería muy difícil que ese tipo de penetración le resultara placentera.

— Ve… ¿Vegeta qué piensas hacer? — preguntó ella con un temblor en su voz.

Vegeta instantáneamente formó una media sonrisa, comprendiendo enseguida la situación. Aquel respingo que la fémina había dado se lo había dicho explícitamente y su cruel mente quiso asustar un poco a su mujer, acercando intencionadamente el órgano copulador a su cavidad más pequeña.

— Tranquila mujer, a mí no me gusta eso — la tranquilizó mientras posaba sus dos manos en sus caderas.

Bulma suspiró aliviada, adquiriendo su cuerpo un cariz de completa tranquilidad; disfrutando de aquella relajación, alzó su trasero aún más para que Vegeta hiciese lo que quisiera con ella. El saiya agarró firme su pene con su mano derecha y comenzó a acariciar con su glande toda la vulva de su mujer, sin penetrarla todavía. Lo movió a través de todo el exterior y comenzó a frotar suavemente el clítoris con la cabeza de su órgano viril. Bulma jadeaba más y más deseando que la penetrara de una maldita vez, porque sentía que iba a reventar de deseo si no lo sentía ya por dentro. Agachó su cabeza para mirar hacia atrás, y recorriendo su propio abdomen pudo vislumbrar como los testículos de Vegeta chocaron contra ella, mientras procedía a penetrarla salvajemente. Alzó la cabeza dando un aullido de hembra y nuevamente cerró los ojos para dejarse llevar por el absoluto placer que su pareja le propinaba. En esa penetración tan profunda no pudo evitar morder la almohada para no seguir gritando y que todo el vecindario se diera cuenta de lo que estaban haciendo.

El saiya la agarró firmemente de las caderas, hundiendo su verga una y otra vez en ella, continuando así por un par de feroces minutos. La cama rechinaba tanto que en cualquier momento parecía que terminaría rompiéndose. El interior de su mujer, tan caluroso y húmedo, resultaba tan exquisito que esta vez sintió que pronto perdería el control de sí mismo. Gozaba tanto que no podría resistir más y sólo por instinto inclinó su cuerpo apegándose al de su mujer, logrando que la piel de la espalda femenina tomara contacto con la de su pecho. Bulma, haciendo gala de su sensibilidad vaginal, una vez más pudo sentir como el caliente líquido se derramaba con potentes disparos, golpeándola con fiereza con la intención de rellenar hasta su último rincón.

Tras el placentero e intenso orgasmo, el saiya se dejó caer a un costado de la cama, con los ojos cerrados y sintiendo que toda su fuerza se había desvanecido junto a su eyaculación. Los anillos de energía que tenían prisionera a su genia científica se desvanecieron, dejándola libre nuevamente.

— Me encantó esa técnica — dijo ella tras varios segundos, pero todavía con un jadeo de agotamiento que no quería cesar. Se incorporó llena de amor y colocó su cabeza en el regazo masculino.

— No sé ni cómo la hice — respondió él mostrando confusión, mientras su respiración todavía no volvía completamente a la normalidad.

— Instinto, supongo — respondió ella sonriendo aún pensando en lo sumisa que había sido con él. Vegeta le dio una agradable mirada cómplice. — Aunque tengo que reconocer que me dio un poquito de miedo — le confesó con rubor asomando en sus mejillas.

— Que divertido. Seguro que con lo que hice pensaste que te daría por el culo, mujer — comentó riéndose con ganas y sin vergüenza alguna.

— ¡Jum! ¡Así que lo hiciste a propósito! — resopló ella, simulando un poco creíble enojo, porque una sonrisa avergonzada apareció en su bella faz. — Sé que no te gusta eso, pero cómo ahora tienes amnesia pues me entraron los nervios — agregó mientras jugueteaba nerviosa con sus dedos índices.

— No me llama la atención eso — señaló con desdeño. — Además terminaría lastimándote y yo nunca te haría daño — le dijo sabiendo que por el tamaño de su órgano, aquello le resultaría muy doloroso a su mujer.

— Oh, que lindo que pienses en mí — le respondió emocionada por la preocupación que mostraba hacia ella. Le dio un abrazo tan efusivo que pareció querer inventar una nueva técnica de fusión, con la diferencia que ésta era por amor y no para luchar. Bulma aprovechó de apegar su oído derecho a su pecho para escuchar sus aún vigorosos latidos de excitación. Vegeta respondió el abrazo rodeándola cálidamente con sus musculosos brazos.

— Vaya, me gusta que seas una fiera en la cama, mujer — comentó satisfecho.

— Lo aprendí de ti — le respondió risueña.

— A pesar de la amnesia que tengo, es increíble la conexión sexual que tenemos — comentó con asombro.

— Es que hacer el amor es algo en que desatamos sin trabas nuestros más puros instintos. Es tan natural que aunque hayas perdido la memoria lo haces increíblemente bien… como siempre — le explicó ella lo que pensaba.

— Tú también, mujer — le devolvió el halago. — Por cierto, si te desagrada el sabor de mi semen no tienes porque ingerirlo – le indicó él.

— No es nada, en serio, me encanta hacerlo. No por su sabor, claramente, pero me siento caliente bebiendo algo tan íntimo tuyo… además tu haces lo mismo con mis líquidos vaginales.

— Lo hago con mucho placer — respondió él al instante, provocando otra sonrisa feliz en su amada.

— Además por el sabor no te preocupes, es amargo pero tengo entendido que varía un poquito según lo que comas — mencionó ella, recordando que aunque la esencia del sabor seminal era siempre la misma, si podían percibirse ínfimos cambios.

— Entonces tendré que comer sólo azúcares — dijo él bromeando, pero con un involuntario tono serio.

Bulma rió a carcajada limpia por la particular seriedad de su comentario.

— Pues yo misma te haré unos pasteles exquisitos — siguió bromeando muy animada — y también debes comer mucha fruta, así te sabrá un poco mejor — le comentó sonriente mientras se aferraba aún más a su pecho, para luego añadir en forma amena: — Aunque eso sí, jamás se convertirá en un dulce precisamente — se rió muy divertida.

— Pues deberías comer tú también, porque tampoco creas que tu excitación es un manjar — la molestó él con ojos divertidos, pero sin permitirse una sonrisa esta vez.

— Cállate.

Tras la desinhibida conversación, ambos se miraron con suma ternura. La comunicación verbal y corporal que tenían era excepcional. La confianza con que podían hablar de todo sin tapujos ni trabas hacía aún mas especial su relación. Si tenía algún tipo de conciencia, el mismo universo envidiaría la conexión y el amor que ambos tenían.

— Ahora comprendo porque me enamoré de ti… eres una mujer increíble en todo sentido — la elogió mientras intensificaba su abrazo. — Y además, también eres muy natural para hablar de sexo — añadió con tono de felicitación.

— Bueno el sexo no tiene nada de malo y mientras más fantasías cumplamos mejor. Quien vea una fantasía sexual como algo malo o pecaminoso está muy equivocado. La maldad la lleva cada uno en su mente. El sexo es demasiado lindo y placentero como para coartarse — dio su opinión totalmente convencida de lo que decía. A pesar de no haber tenido relaciones sexuales hacía muchos años aún recordaba muy bien todas esas increíbles noches de pasión desenfrenada que vivió con su esposo.

— Y tienes toda la razón mujer — compartió la misma opinión. — Por cierto... todavía no terminamos... — le dio un matiz de seducción a su tono de voz.

— ¿Todavía no? Sigues tan insaciable como siempre — comentó divertida.

El príncipe se acercó a su oído y con un vibrante susurro le dijo:

— Tú me pones así— tales palabras hicieron que su amada llenase su alma de júbilo.

Acto seguido, los ojos de ella bajaron y brillaron al ver como el órgano dador de placer estaba rígido como hierro una vez más. La excitación le volvió tan sólo en un instante al mirarlo fijamente. Vegeta se sentó en la cama mientras su mujer procedió a girarse, deleitando la vista saiya con su frágil espalda; ella colocó su trasero en la erecta virilidad, apenas rozándolo con su húmeda y ardiente vagina. Giró su cabeza levemente hacia atrás y, de soslayo, le dio una mirada henchida de complicidad. Tras ello, esta vez fue ella la que se hundió en su pene con total ferocidad para que la llenara hasta el fondo de un solo jalón, como tanto le gustaba a él. Vegeta gimió producto del placer de ese rápido movimiento, mezclándose con el ruidoso alarido de su mujer. Ella puso sus palmas en los muslos masculinos e impulsándose en ellos, subió y bajó su intimidad a través de la dura carne sexual de su guerrero. Subía y bajaba con frecuencia animal. Esta vez era ella quien le demostraría que también llevaba una fiera por dentro. Perdiéndose en el placer siguió así un tiempo imposible de determinar, pues cuando cuerpos y almas se unen por amor el tiempo se vuelve una empírica relatividad. Más tarde se puso de pie, volteó hacia el frente y le dejó admirar sus pechos una vez más. Se sentó en él y con sus piernas abrazó toda la espalda masculina y la apretó cual candado cerrándose, presionando aún más con su vagina la virilidad de su amante. Vegeta rugió al sentir como esa acción le apretaba aún más el miembro y la besó como un poseído por toda la pasión existente del mundo, mezclando sus lenguas en un deleite sin igual. Se saborearon con frenética sed, intentando degustarse una y otra vez, perdidos en el sublime placer total. El príncipe comenzó a penetrarla nuevamente mientras con ambas manos le masajeó los senos, apretándole los pezones de cuando en cuando. Siguieron así por unos cuantos minutos, conectando sus cuerpos y almas a través de sus genitales. Bulma una vez más llegó al éxtasis dando un grito que esta vez fue animal, a la vez que su piel se erizaba y se estremecía con ese exquisito temblor orgásmico con el que su cuerpo reaccionaba a tanto placer. Vegeta paró sus movimientos al sentir su orgasmo, encantado de ver cuanto gozaba su mujer. Culminado el clímax femenino comenzó a embestirla nuevamente. Ella se abrazó mordiendo el cuello de su pareja, dejándolo todo marcado, como para demostrar que ella y sólo ella era su única dueña. Continuaron por unos minutos más así, hasta que Vegeta se derramó en todo su interior nuevamente. Bulma, con algo de dificultad, se sacó la verga de su interior e innovando, esta vez pasó su índice derecho por el glande, pegoteando un poco del blanquecino líquido masculino en aquel articulado apéndice manual. Lo llevó a sus labios color rubí, miró intensamente al dueño de su corazón y sin perder tiempo lo ingirió con tanta satisfacción que pareció ser un delicioso alimento. Después de esto, puso sus manos en el pecho de Vegeta y con ellas intentó empujar al saiya con fuerza para que se recostara en la cama, pero ni siquiera pudo moverlo un centímetro.

— No te resistas, por favor — le suplicó ella como si su vida dependiera de ello.

Vegeta siguió la instrucción de su mujer, al no poder contrariar ese pedido con voz tan sensual. Como buen macho alfa, le gustaba dominar siempre y que se invirtieran los papeles lo desconcertó por un momento. No obstante, se dejó llevar para ver que era lo que su mujer quería hacerle. Después de todo, ella también tenía derecho a mandar de vez en cuando en la cama. Y así precisamente se lo demostró la belleza femenina, cuando le posicionó su vulva en todo su rostro, apretando su faz con las piernas mientras su cuerpo se mantenía erguido. Esta vez era ella quien dominaba y Vegeta quedó cual sumiso esclavo ante su adictiva femineidad.

— Quiero violar tu boca — le dijo presionando los labios del saiya con los de su intimidad.

— Hazlo; la tienes demasiado deliciosa mujer, me encanta tú sabor — susurró con dificultad por tener la boca aún pegada al sexo femenino, provocando aún más placer en su mujer con aquellas palabras llenas de deseo.

La discípula de la ciencia comenzó a moverse con precisos movimientos, como si estuviera follando la boca de su hombre, mientras él desesperado saboreaba toda la humedad que su hembra generosamente le daba. Una vez más sintió todo el orgasmo femenino en su lengua, experimentando como ella se mojaba aún más.

Bulma dio una profunda inhalación para recuperar el aliento que se le escapaba. Giró sin despegar su vulva de la boca de su pareja y dejó caer su cuerpo sobre él, haciendo que sus vientres chocaran uno contra el otro, quedando su bella cara frente al vigor masculino de su príncipe. Vegeta siguió su labor dándole lengüetazos al sexo femenino, que se intercalaban entre lamidos llenos de ternura hasta chupetones completamente desenfrenados. Bulma, entretanto, introdujo en su boca lo que por derecho le pertenecía, queriendo sentir con su propia lengua los latidos de esa fabulosa creación de la naturaleza. Comenzó a succionarlo una y otra vez, deslizando su lengua por todo su glande para luego bajar hasta llegar a las mismas gónadas, chupándolas con fiereza también. Vegeta gimió al sentir como ella le mordía el testículo izquierdo hasta estirar la misma piel que lo cubría. Siguió lamiendo todo el cuerpo inferior de su pene, para seguir con su dorso y terminar nuevamente introduciéndolo al interior de sus rojizos labios, deslizando su boca hacia delante y atrás, imitando los placenteros movimientos del coito. Poco a poco comenzó a meterlo más al fondo, hasta que llegó un punto en que aproximadamente la mitad de su pene estaba completamente dentro de su boca. La lengua y su saliva lo acariciaron de una forma en que solamente una diosa podría hacerlo. Bulma se lo sacó y lo miró con sumo deseo, dándole un tierno beso al colorado glande. Con su mano derecha lo movió por todos sus labios como si se los estuviese pintando, convirtiendo el miembro de su hombre en su lápiz labial de candente carne. Luego, lo tomó con ambas manos para chuparlo igual que si fuera un biberón, degustando hasta el último rincón. El poderoso guerrero hacía lo mismo con su vulva.

— Vente en mi boca, necesito sentir tú orgasmo — pidió Vegeta con voz suplicante, algo que sólo podría hacer en la cama.

Aquellas palabras desencadenaron un placer psicológico excesivamente intenso en Bulma, quien se sintió aún más excitada al comprobar nuevamente que su esposo disfrutaba tanto lamiendo su sexo. El bendito clímax ya estaba muy cerca y sintió como Vegeta se separaba de su vagina para rogarle nuevamente. Realmente él ansiaba su orgasmo y ella no podría negárselo por nada del mundo. Sus pensamientos volaron hacia otra dimensión inalcanzable, quedando su mente completamente en blanco. Sólo su cuerpo le recordaba que seguía viva, pues experimentó un incontrolable murmullo de placer que recorría a tremenda velocidad todas sus células. Unos segundos después un fuerte y vibrante orgasmo la recorrió de pies a cabeza, haciendo que su cuerpo temblase de manera irrefrenable. Vegeta volvió a succionar su femineidad devorándola sin atisbo de poder saciarse, disfrutando cada tremor espasmódico que su doncella daba.

— Dame más mujer, necesito más — le exigió que le diese más de sus transparentes y pegajosos líquidos.

La científica hubiese querido cumplir sus deseos, alimentándolo aún más con su ardiente humedad, pero ya no podía más de la fatiga. El placer fue tanto para ella, que sus brazos no pudieron resistir y cayeron sin fuerzas, completamente exhaustos. Su cuerpo había perdido todas las energías que le quedaban con ese último clímax de placer, y es que ya habían sido demasiados orgasmos para un solo día. Aún así, decidida a terminar también su labor, llenó su boca del sexo masculino para masajearlo con su lengua. Lo saboreó, lengüeteó, degustó, lamió, chupó, besó y todo lo que se pudiera hacer con la boca, ella lo hizo. Incluso en un momento de femenil sadismo le mordió el glande, haciendo a Vegeta gemir de dolor. Al escuchar ese intenso gemido recordó los gritos que ella daba cuando él la penetraba sin piedad, así que se dio por satisfecha sintiéndose a mano con esa particular venganza. Prosiguió con su exquisita labor hasta que Vegeta se lo sacó de la boca, sintiendo como se la quitaba de encima. Prediciendo lo que haría su hombre, se recostó con sus pupilas llenas de atención. No quería perderse por nada del mundo lo que estaba a punto de suceder.

Vegeta finalmente explotó cubriendo con su íntimo líquido el cuerpo de su mujer, la que no podía dejar de mirar fascinada cuan lejos podía llegar a saltar, además de sentir también lo ardiente que era cuando chocó contra su cuerpo. Era asombrosa toda la cantidad que seguía expulsando y eso considerando que ya había tenido varios orgasmos. Se suponía que luego de un orgasmo uno tras otro cada vez salía menos semen, pero en él incluso parecía ser al revés. Después de varios segundos de este prolongado clímax masculino, Vegeta cayó a su lado como un muerto en vida debido al cansancio. La feliz Bulma lo abrazó destellando amor a través de todos sus poros. Había sido una tarde de sexo increíble y la fatiga después de tanto ejercicio, junto a los extenuantes orgasmos, habían terminado por consumir las energías de ambos. La oscuridad se asomaba por la ventana indicando que la noche ya había llegado, hecho del que apenas se enteraron por aquellas vibrantes sesiones de sexo recién ejecutadas. Habían hecho el amor hasta ya no poder más por el cansancio, y a pesar de éste, la felicidad había sido absoluta. El príncipe la acogió en su regazo como si ella fuera un bebé a la que debía cuidar y proteger, mientras la científica se sintió inmensamente dichosa con tanto amor expresado y cerró los ojos para disfrutar con el resto de sus sentidos el éxtasis de cariño que la inundaba.

No obstante, tras un par de minutos, algo interrumpió con violencia aquella felicidad fascinante que estaba sintiendo… una idea vino para torturar su mente después de tanta excitación. Finalmente lo había hecho, había traicionado sus principios. Había sucumbido antes sus deseos y ya nada podía hacer. Se aprovechó de la amnesia de Vegeta y ya no había vuelta atrás. Nada podría borrar lo que ya había pasado. Apenas habían terminado de hacer el amor y el remordimiento ya comenzaba a carcomer su conciencia. Se había equivocado rotundamente, pero no quería sentirse mal después de haber sido tan feliz. Más tarde ya tendría tiempo de arrepentirse, así que ahora no quería manchar con remordimientos lo que había sido una tarde tan exquisitamente maravillosa. Sin querer divagar más, y sintiendo el cansancio propio de una larga sesión de sexo, dejó reposar nuevamente su mente en el pecho de su hombre. Aprovechando la enorme seguridad que él le brindaba, decidió dormir más temprano de lo habitual para no pensar. Mañana sería otro día para poder lamentarse, ya que hoy había sido la mujer más dichosa de todo el mundo y no quería manchar la magia de lo sucedido momentos atrás...

Fue inmensamente feliz... ¿pero a qué precio?

Continuará.