Hola! como ven ando motivado asi que publico rapido de nuevo xD de verdad muchas gracias por sus reviews y animos ya que me siento feliz con que este humilde fic tenga seguidoras como ustedes ^^

Vrizz23 hola ^^ sobre tu consulta, lo que paso en fanfic . es es que se borraron todos los fics y los autores alla tuvieron que subir sus historias de nuevo. Yo no lo he hecho todavia porque no me he animado en subir fics a una pagina en que se pueden borrar. Pero igual lo subire completo alla de nuevo este finde o el proximo ;)

Y sin mas que decir disfruten el capitulo ;D

Capítulo 19: Confesión.

La científica de mayor edad avanzó para abandonar la habitación. Tras de ella, su gemela la vió salir, ya saboreando lo que podría ocurrir. ¿Cómo reaccionaría Vegeta? Incertidumbre absoluta. Pero si esa mujer estaba dispuesta a quitarle lo que es suyo, ella lucharía con toda la fuerza de su alma para conservar lo que por derecho le pertenecía. La guerra ya estaba declarada y ahora había que prepararse para la batalla. Una batalla que resultaría mil veces más complicada que la que había acontecido contra Majin Buu... y en la cual la que perdiera quedaría definitivamente destrozada.

A pesar del intenso dolor que sintió al saber lo que había pasado con su Vegeta, la discusión y la pelea la habían ayudado a sentirse mejor. Dejándose consumir por el sufrimiento no ganaría nada y ciertamente la ira que sentía ahora mismo era mucho más provechosa que la desesperación... a pesar del dolor que aún sentía, esa misma ira le daba la determinación de luchar por lo que amaba, ahora más que nunca.

"Cuando esa anciana -recalcó esa palabra con profunda aversión- le cuente toda la verdad a Vegeta, será mi oportunidad de presentarme ante él y hacerle entender que yo soy su verdadera esposa. ¿O tal vez debo esperar a que Vegeta asimile la noticia?" -le advirtió su conciencia, intentando prevenirla de cometer un error. "Pero tengo tantas ansias de abrazarlo y besarlo como corresponde, pero... ¿qué será lo mejor para él?" -se volvió a cuestionar. "Antes que mis propios deseos, él es quien realmente importa" -sentenció sin vacilar.

Dirigió su mirada a la cama que había golpeado antes y se sorprendió al ver que ya ni siquiera parecía una cama.

"Creo que exageré un poco... y ni siquiera traje dinero para pagarla" -se sintió algo avergonzada. Pero la idea de hacer trabajar a Goku para que pagara su destrozo la hizo sonreír. Tras esa leve distracción, su mente se enfocó de nuevo en lo realmente importante.

"Para mí, sin duda alguna, lo que más me conviene sería presentarme enseguida... pero para Vegeta... ¿será lo mismo?". Tras reflexionar por muchos segundos la respuesta terminó por llegar a su mente: "Definitivamente no. Será un golpe emocional fuerte ver que todo lo que creyó era falso... tal vez lo mejor y más cauto sería esperar que su dolor se calmara. Sí, esperar será lo mejor" meditó finalmente.


Mirai Bulma apenas salió de la habitación buscó con su mirada al saiya, pero no logró ubicarlo. En momentos como ése le hubiera gustado tener la habilidad de sentir las presencias, el famoso ki que los guerreros Z podían localizar tan fácilmente. Tendría que dejarse guiar sólo por su conciencia. Y ésta le dijo que probablemente estuviera con el resto de los Z... error, le advirtió enseguida su instinto. Vegeta era un hombre al cual no le gustaba para nada sociabilizar. Mientras más alejado de los humanos mejor; las palabrerías no eran lo suyo sino la lucha... y ese instinto guerrero que llevaba por dentro no cambiaría a pesar de su amnesia.

Tal vez había salido al parque que yacía frente a la clínica; allí tendría espacio para ejercitarse mientras esperaba. Pensó en ir donde los Z, sólo para asegurarse de que Vegeta no estuviera allí, pero decidió seguir directamente al vergel. Una corazonada muy fuerte la prevenía de que el saiya estaba allí. Tras cruzar la calle y escrutar el lugar, pudo verlo efectivamente allí. Pero no se encontraba ejercitando como había supuesto antes. Su espalda hacía contacto con un gran árbol que a juzgar por lo rugosa de su corteza debía tener muchos años de edad. Sus brazos estaban cruzados, ojos cerrados y ceño fruncido. Lo más probable es que estuviera pensando sobre la situación que acababa de vivir en la habitación y de la cual no tenia la más mínima idea.

"Ya era de hora de que llegaras, mujer" -la saludó a su manera. Había supuesto que lo encontraría y cuando sintió su ki abandonar la clínica, tuvo la certeza de que lo haría. Sus ojos ni siquiera se abrieron para mirarla.

"Ambas teníamos mucho de que hablar" -se excusó ella, poniéndose a su costado.

Vegeta finalmente abrió los ojos dedicándole una mirada y sin poder evitarlo descruzó enseguida sus brazos. Una gran sorpresa le obligó a cambiar la posición que mantenían. El rostro de Mirai Bulma estaba rojo y un tanto arañado, debido a la reciente pelea con su clon.

"¿Pero qué demonios te pasó?" -inquirió sin ocultar su preocupación.

"Nada, sólo una pelea. Nada que algo de maquillaje no pueda arreglar" -dijo ella con tono tranquilo, restándole importancia.

"... No me digas que esa tipeja del demonio te agredió" -cerró sus puños con agresividad al pensar en la maldita desconocida atrevida.

Mirai Bulma asintió, sin decir nada más. Su corazón resplandeció al ver como él realmente se preocupaba de ella. Era algo muy poco común verlo preocupado por alguien. Realmente le importaba.

"Pendeja de mierda, ahora mismo iré a ponerla en su lugar" -bufó iracundo. "Lástima que sea una mujer porque sino la molería a golpes" -realmente estaba indignado con lo acontecido.

Bulma lo detuvo con su mano, poniéndosela en el pecho en señal de que detuviera su vehemente marcha.

"No te preocupes, ella tenía razones para darme golpes y además era lo que yo merecía... así que no te preocupes... además también le dí lo suyo" -le explicó, sonríendo instantáneamente al pensar en eso.

El príncipe frunció el ceño sin entender del todo. En un gesto muy poco común en él le puso una mano en su mejilla y deslizó sus dedos suavemente por su rostro.

"Espero que tú cuerpo no esté igual que tú cara" -le dijo para cerciorarse de su real estado, pues la ropa no dejaba ver si había recibido daños en su cuerpo también.

"No te preocupes. Me cubrí bien desde los senos hacia abajo. La mayoría fueron manotazos a la cara y jalones de cabello. No fue tan espectacular como tús peleas pero si la hubieras visto te habrías sorprendido" -dijo en tono jocoso.

"Ya lo creo mujer" -respondió él compartiendo el mismo tono. "¿Pero por qué pelearon? Además, ¿por qué le dijiste tú nombre a ella? ¿También se llama Bulma?"

"Sí" -se limitó a contestar escuetamente, tenía que prepararse para lo que vendría.

"Y aun más importante -continuó él- ¿por qué dices que te merecías sus golpes?" -arqueó una ceja lleno de intranquila curiosidad.

Bulma quitó la mano masculina de su mejilla y dio media vuelta, dándole la espalda. Sintió que no se merecía ese gesto de él.

El saiya acentuó aún más su profunda mirada, detectando que algo extraño estaba pasando. Su sexto sentido lo alertó enseguida de que algo andaba mal. Posó sus manos en los hombros de la mujer, haciéndola voltear lentamente. Cumplido esto, tomó su mentón con su mano para levantar su decaída mirada, indicándole que lo mirara directo a los ojos.

El lenguaje corporal de ambos indicaba claramente que algo iba a pasar. Algo muy importante. Un peculiar presentimiento y la cara descompuesta de ella ya no le dejó espacio a dudas... Bulma le diría algo difícil.

La mujer de nuevo sintió esa horrible sensación de ser ejecutada por confesar un crimen. Nuevamente tendría que afrontarlo. Siempre había sido una mujer fuerte y valiente como nadie, pero ya estaba cansada de ser fuerte. No podía seguir siendo fuerte, no podía seguir sacando fuerzas de flaqueza y encarar todo con tanta decisión, realmente la esencia de su ser estaba dañada y ahora que Vegeta sabría la verdad su destrozo sería completo. Tenía la completa de certeza de que así sería, pero no podía dar marcha atrás. Tendría que sacar fuerzas que ni siquiera ella misma sabía de donde sacaría.

"Vegeta... tienes que prepararte para lo que escucharas" -le advirtió, dándole a entender que algo muy malo se avecinaba. "Lo que escucharas ahora cambiará tu vida completamente" -un hondo suspiro caló el ambiente.

Vegeta frunció el ceño. Sus brazos inconscientemente se volvieron a cruzar, señal de que su alma se ponía en guardia.

"No le des tanto dramatismo a algo que no lo merece. Seguro que es alguna tontería sin importancia" -objetó él la conducta de su mujer.

"Ojalá fuera así" -tembló su voz. "De verdad desearía tanto que sólo fuera una tontería sin importancia..." -su voz esta vez se quebró completamente.

Sus miradas se cruzaron aún más. Si su mujer estaba así, definitivamente no sería una tontería.

"Pues habla de una vez" -le ordenó para salir de dudas de una vez por todas.

Bulma volvió a bajar su mirada. Nunca se había sentido más avergonzada en toda su vida. Mantener su mirada en esos penetrantes ojos masculinos le resultaba muy díficil. El momento de la verdad finalmente había llegado y esta vez el destino no se interpondría en su camino para salvarla.

"Vegeta..." -su voz tembló más que nunca en toda su vida- ...yo no soy... yo no soy tu verdadera esposa" -ni siquiera pudo darle la cara para decírselo.

"Yo no soy tu verdadera esposa". La fatal frase se enterró en su alma. La maldita frase se pudrió en su mente de tanto dar vueltas una y otra vez. No podía ser, era imposible. Ésta mujer se volvió loca. Tantos confusos pensamientos malherían más su ya bastante dañada mente amnésica.

Sus brazos se cruzaron más que antes, tensándose inevitablemente. Una reacción normal de su cuerpo para una sorpresa tan desequilibrante.

"Esto tiene que ser una broma. Y una muy mala por cierto" -cuando algo es difícil de aceptar la negación es uno de los primeros recursos de la mente para defenderse del inminente dolor.

Bulma cerró los ojos bajando aún más su cabeza. Cuanto hubiese deseado confirmarle sus pensamientos. Que todo era sólo una broma, que nada cambiaría y que todo seguiría igual... pero no, el mundo daría una vuelta letal. Su mundo ya nunca más volvería a ser lo mismo.

"No sabes cuanto quisiera que fuera una broma... -musitó con sumo dolor- ...pero no, no lo es. La mujer que viste allá es tú verdadera esposa"

Vegeta esta vez descruzó sus brazos. Cerró ambos puños desatando la tensión que estaba sintiendo su alma.

"Esto tiene que ser una mentira" -volvió a insistir. Se rehusaba a aceptar que la mujer que amaba lo engaño tan vilmente. No podía asimilarlo. No podía creerlo.

"No... lamentablemente no lo es. La mentira te la dije yo cuando despertaste. Te engañé, Vegeta" -se sintió la peor de las miserables.

El saiya sintió como si mil espadas hubieran atravesado su cerebro al mismo tiempo. Sus poros soltaron un revelador sudor frío. Su mirada, aunque fija aún en la faz de Bulma, ahora estaba completamente pérdida. Hasta el más minúsculo músculo de su cuerpo se contrajo. ¿Cómo reaccionaría ante algo así? ¿Cómo se podría reaccionar ante algo de esta magnitud? Ni su propia alma lo sabía. Su cerebro era incapaz de reunir un solo pensamiento coherente, sólo era una maraña de ideas golpeándolo directamente cual boxeador tratando de noquearlo... en una batalla sabía perfectamente lo que tenía que hacer... luchar hasta el final, luchar hasta la muerte si era necesario. ¿Pero qué hacer con algo así? Todas sus ideas seguían dañándolo como si fueran navajas intentando destrozar aún más su desolada alma.

Su mundo se derrumbó completamente. Todo lo que había creído era falso. Falso... se sintió tan impotente, tan usado, tan hecho mierda. No podía creer que la mujer en la que había confiado, en la que había depositado toda su confianza lo hubiera engañado de tal forma. Desde que despertó con amnesia ella se convirtió en su mundo, ella era su razón de vivir, pero resultó que ese mundo era simplemente una vil utopía. Un sueño que nunca debió ocurrir. Un error que nunca debío suceder.

La gélida mirada de Vegeta y sus azabaches ojos destellaron con dolor. Un dolor del que nadie podría darse cuenta, salvo alguien que supiera leer a través de sus ojos, como sí podía hacerlo ella.

Mirai Bulma, inevitablemente se contagió del dolor interior que llevaba su pareja. Esta vez, realmente se sintió como una miserable. No fueron necesarias palabras hirientes, ni reclamos ni quejas... sólo verlo... sólo mirarlo de esa manera era un castigo que la inundó en dolor.

"Vegeta..." -pronunció su voz con absoluto sufrimiento ante lo que acontecía- ... lo siento tanto, de verdad lo siento tanto. No sé que me pasó. No sabía lo que hacía. No medí las consecuencias de la estupidez que estaba haciendo"

"Déjame solo, mujer" -le dijo al instante con voz impasible. Ni una muestra de dolor se notó en su voz, que permaneció tranquila.

Aquello desconcertó totalmente a la científica, quien esperaba los gritos, reclamos, regaños y palabras ásperas que el saiya tenía y debía darle. Estaba preparada para eso pero el príncipe reaccionó de una forma totalmente diferente, lo que la dejó de una pieza, completamente desorientada. Iba preparada para una batalla, pero resultaba que esa batalla había terminado antes de empezar. El dolor había sido tan grande que el saiya no quería saber nada más. No quería explicaciones, respuestas ni disculpas. Solamente estar solo, porque esa mujer ni siquiera merecía una sola de sus palabras. Acto seguido, avanzó pasando a su costado sin dirigirle la mirada. La frialdad que despidió su cuerpo fue impresionante. Una frialdad capaz de congelar aún más los mismísimos hielos del antártico.

"Vegeta... por favor... necesitamos hablar" -fue una súplica con todas sus letras. Nada de orgullo, nada de camuflajes. Una súplica al cien por ciento.

El saiya siguió su avanzar dándole la espalda, dispuesto a irse del lugar sin decir nada más.

"¡Vegeta escúchame por favor!" -el grito fue tan sufriente, tan lleno de dolor que Vegeta inevitablemente detuvo su marcha.

"¿Qué quieres ahora?" -ni siquiera se giró para verla.

"Vegeta, por favor deja explícarte porque pasó lo que pasó. Tenemos que hablar, tarde o temprano aunque no quieras. Y prefiero que sea en este mismo momento"

El saiya giró su cuerpo dándole su faz, cruzando sus brazos nuevamente.

"Entonces habla y no te guardes nada. Porque esta será la última vez que hablaremos mujer" -le advirtió sin vacilación alguna.

Ni un sólo temblor de voz. Ni una sóla reminiscencia de duda en su semblante. La científica sintió como todo su mundo se venía abajo. El silencio se apoderó del ambiente unos cuantos segundos hasta que finalmente logró romperlo.

"No sé que decirte... sólo que lo siento... lo siento tanto... me siento pésimo" -realmente no sabía que más decir.

Un prolongado silencio se mantuvo por un rato. Mirai Bulma realmente no quería mirarlo a la cara. Ver en sus ojos tanto rencor, tanto dolor... era el peor de los castigos.

"¿Por qué lo hiciste?" -preguntó él con voz fría como la de una máquina.

"No sé porque lo hice... me deje llevar. No tengo explicación para lo que hice. Sólo te puedo pedir perdón aunque sé que no sirve de nada. Sólo te puedo decir que... aunque no lo creas y me haya equivocado de esta horrible manera... te amo con todo mi corazón Vegeta" -fueron sus sufrientes palabras.

El saiya ni siquiera se inmutó. Su figura parecía no tener vida, cualquiera hubiera pensado que se trataba de una estatua en vez de un ser vivo.

"¿A engañarme le llamas amor? ¿A mentirme le llamas amor?" -puso en duda su afirmación.

"Sé que me merezco las penas del infierno y no tengo el derecho de amarte... pero sí Vegeta. Te amo y no lo puedo evitar. Te amo y esa es mi condena. Y a pesar de todo... tú sabes en tu corazón que es cierto lo que te digo"

"Cuando amas no engañas" -le respondió de inmediato.

"Lo sé... me equivoqué... me equivoqué -el silencio del saiya la conminó a seguir hablando- traicioné mi forma de pensar... mis principios... traicioné todo lo que creía... pero si lo hize fue por una sola razón... porque te amo Vegeta... te amo con toda mi alma"

"Lo tuyo no es amor mujer. Definitivamente no es amor, porque alguien que te ama no te hace esto" -argumentó el saiya desatando la cólera que sentía solamente a través de sus ojos.

"Sé que no merezco tu perdón. Tampoco tengo derecho a pedírtelo. Pero por favor, sólo te pido que no me odies por lo que hice" -todo su semblante reflejó su petición con emoción.

Una sarcástica sonrisa nació enseguida en el rostro del saiya.

"¿Odiarte? ¿Se puede odiar a alguien como tú? Yo no lo creo, lo único que me inspiras es lástima mujer"

Bulma aguantó el golpe sosteniendo su mirada en forma estoica.

"Dále, castígame y dame lo que merezco. No te contengas y suelta todo lo que sientes. Te sentirás mejor" -señaló ella.

El cuerpo del príncipe soltó indiferencia.

"El peor castigo no te lo daré yo, sino tu conciencia mujer" -sentenció duramente.

"Lo sé y créeme que ya lo estoy sintiendo, pero si quieres darme una condena dámela. Me merezco todos tus reproches... pero por favor también piensa que yo te iba a decir la verdad y que intenté decirtela más de una vez. De hecho te lo iba a confesar ahora mismo pero la llegada de mi gemela del pasado me lo impidió"

Vegeta guardó silencio. En eso si tenía razón, recordaba perfectamente las veces que intentó decírselo.

"Eso no quita el hecho de que me engañaste, mujer. Me lo confesarías, pero eso no cambia en nada el hecho de que me engañaste"

"Lo siento"

Un intenso silencio se impuso en el lugar produciendo una gran incomodidad y tensión. Finalmente el saiya rompió el mutismo del ambiente.

"Explícame como es posible que esa otra que ví sea mi verdadera mujer" -su tono seguía frío como el hielo.

Bulma procedió a explícarle todo. Su familia del pasado y el por qué había llegado hasta al futuro. Lo justo y necesario, sin entrar en más detalles.

Terminada la explicación el príncipe se tomó la cabeza con dolor. Pero no era una aflicción física, como tantas veces había sentido por causa de las batallas, sino un dolor mucho más inquietante para una persona como él... el dolor de no recordar. El dolor de no saber quien diablos era. El dolor de sentirse engañado como un completo idiota.

La científica se sintió como una basura. Por acto reflejo trató de acercarse para ayudarlo con su sufrimiento mental pero Vegeta la paró en seco.

"No sigas" -le ordenó con voz cortante.

Los ojos de Bulma a duras penas estaban conteniendo las lágrimas.

"Me utilizaste, me engañaste y te acostaste conmigo sin siquiera ser mi mujer... te aprovechaste de mí... si hasta suena estúpido, una mujer se aprovechó de mí. No lo puedo creer. Me siento estúpido diciendo algo así" -su orgullo de macho realmente estaba herido.

"Perdóname... no pude controlarme... andabas muy ganoso y aunque traté de que no pasara nada me traicionaron mis impulsos... de verdad lo siento tanto"

Otro profundo silencio se hizo en el parque. Ni una sola alma había en él por las altas horas de la noche. El viento dio un siniestro soplido, estremeciendo las copas de los árboles.

"Ahora resulta que esa mujer que ni siquiera conozco es mi verdadera mujer" -negó con su cabeza sin poder creer lo que estaba sucediendo.

Bulma ni siquiera tuvo ánimo de responder. Ya estaba destrozada. Simplemente ya no quería más, sólo desaparecer del mundo y que la tragara la tierra.

"Dices que me amas, ¿pero pensaste en mí cuando me engañaste, mujer? No, sólo pensaste en ti. Te importó una verdadera mierda lo que sintiera yo cuando supiera la verdad" -condenó su actitud una vez más.

La científica del futuro no respondió. Ya ni siquiera tenía fuerzas para hacerlo.

"Lograste lo que querías, caí como un imbécil en todo lo que me dijiste. Te felicito, como mujer no vales nada pero como actriz eres estupenda" -ironizó con suma crueldad.

"Vegeta... sé que lo que hice estuvo mal... pero si te sirve de consuelo créeme que estoy muy arrepentida y estoy sufriendo como nunca por mi error" -llevó una mano a su pecho para consolar a su lastimado corazón.

"Me da lo mismo lo que sientas" -lo doloroso para ella fueron la sinceridad de sus palabras. "No te odio, no te amo, no quiero que seas feliz ni tampoco que sufras... me da absolutamente igual lo que pase contigo" -no fue el resentimiento el que habló por él, sino la decepción.

"Vegeta no me digas eso... desquítate si quieres, castígame, suelta la ira que llevas por dentro pero por favor no me digas que no soy nadie para nada ti... porque me estás destrozando como no tienes idea... por favor... yo sigo siendo la misma persona. La misma mujer que te cuidó, la misma mujer que te ama, la misma mujer que daría su vida por ti sin dudarlo un instante"

Vegeta guardó silencio unos cuantos segundos.

"Eres muy diferente a lo que yo imaginaba mujer. Me decepcionaste completamente"

Bulma bajó la cabeza con dolor.

La mirada del saiya fue tan fulminante como una hoz segando el trigo. Su desilusión estaba reflejada hasta en la última reminiscencia de su semblante.

Esa mirada fue la peor condena para la científica. Aunque no estuviese llorando, su alma si lo estaba haciendo. Lágrimas de silencio... lágrimas de espíritu... lágrimas que no eran una vía de desahogo sino de tortura... pues se quedaban por dentro, castigándola sin compasión.

"Sólo quise soñar... por un momento... que nuestro amor renacía y tendríamos una vida feliz... sólo quería soñar que podría sentir la felicidad de pareja nuevamente. Sólo quise soñar que volvía a ser alguien en tú vida. Sólo quise soñar que ya nunca más estaría sola... pero la dura realidad me abofeteó a la cara una vez más... Ahora desperté de ese sueño... ahora sólo soy una mujer llena de tristeza que alguna vez soñó que era feliz" -la aflicción de sus palabras era indescriptible.

Vegeta se caracterizaba por ser un hombre frío, solitario e irascible. Muy poco dado a dejar fluir emociones tales como la alegría o la tristeza. De hecho, muy pocas veces se le podía ver algún rasgo de emoción que no fuera por una buena batalla. Incluso padeciendo amnesia su carácter se había mantenido casi igual pues formaba parte de su esencia. Pero esta vez realmente sentía dolor. Esta vez no pudo obligarse a mantenerse frío. Simplemente esto supero sus propios límites. Era demasiado como para poder controlar su emoción y dolor.

"Querías ser la estrella que iluminara mi vida... pero en mi cielo ya no brillas" -la decepción que sentía hacia ella era enorme.

La científica recibió el golpe estremeciendo su alma. La metáfora que usó Vegeta le había dado de lleno. Así era, se había querido convertir en la estrella de su vida, en sus ganas de vivir, en su razón para salir adelante... pero esa estrella se apagó igual que una supernova. Esa estrella se cayó del cielo apagándose para siempre, sin alumbrar nunca más. Era exactamente lo que estaba pasando con ella... y el dolor que sintió fue inexplicable.

"Si entiendes lo que estoy sintiendo véte ahora mismo. No quiero verte más. Lárgate y déjame solo mujer" -su tono no ocultó el rencor que sentía.

Bulma sintió una cuchillada directo a su corazón. Las palabras se convertían en algo peor que cuchillas cuando eran manejadas por el resentimiento.

"¡Lárgate de una vez!" -le gritó con desprecio al ver que no se movía.

El grito no dejó derecho a ninguna réplica. La mujer del futuro bajó su cabeza, mientras lágrimas luchaban con la intención de liberarse y caer por sus mejillas. Pero no lo lograron. La voluntad de Bulma no era caer en lágrimas ni dar lástima.

Vegeta no se conmovió al ver la expresión triste de su rostro, obligándose a mantenerse frío. Esa mujer se merecía las penas del infierno y más. Pero por equívoca que había sido su acción seguía siendo su mujer, no esa otra que ni siquiera conocía. Pero no daría marcha atrás, no podía dejarla sin castigo ni mucho menos perdonarla. Ella tenía que pagar por lo que había hecho con la más dura de las condenas.

Mirai Bulma tragó saliva en silencio. No tenía nada más que hacer allí ni tampoco quería dar lástima. No por haberse equivocado su dignidad tendría que desaparecer, aún tenía su orgullo bien en alto.

A paso lento y semblante cabizbajo caminó de vuelta hacia la clínica, sin detenerse ni mirar atrás. No hacían falta más palabras, ya todo había sido dicho.

"Después de todo me merezco esto..." -se dijo a sí misma. "Me siento tan mal, quisiera desaparecer y no tener que darle la cara a nadie más... sólo desaparecer" -de no ser por su valentía para desafiar a la vida hubiera considerado que el suicidio no debía ser tan malo como lo pintaban, tomando en cuenta el inmenso dolor que estaba sintiendo.

Su caminar lleno de tristeza siguió hasta llegar al frontis de la clínica. Debía buscar su bolso y algo aún más importante que era lo único que le estaba dando una luz de esperanza a su alicaído corazón.

Para su sorpresa, justo en la puerta su hijo la estaba esperando con ojos inquietos de preocupación. Un presentimiento le advirtió que algo andaba mal. La presencia de Bulma del presente ya se había hecho notar entre todos los Z y en un gesto noble, fue ella misma quien le previno que su madre podría estar mal. Aún no sabía porque motivo podría estar así pero eso no importaba. Como hijo, lo realmente importante era velar por su madre, como ella lo hizo con él durante toda su vida.

"Mamá, ¿qué pasó?" -preguntó enseguida Trunks del futuro, cruzando miradas con ella.

Bulma dio un triste suspiro.

"Es demasiado largo y complicado de explicar"

"¿Te enamoraste nuevamente de mi padre verdad?" -formuló su pregunta sin ningún rodeo, pues sus sospechas así se lo habían indicado.

"Sí" -fue la escueta respuesta de ella. "Pero eso ya no importa hijo... merezco la peor de las condenas" -se autocastigó una vez más por su reprochable conducta.

Trunks, sin siquiera pensarlo, la abrazó y la apretó contra su pecho, dándole un consuelo reconfortante.

"A mí no me importa lo que haya pasado, mamá. Siempre tendrás mi apoyo hasta el final así como yo he tenido tú apoyo toda mi vida. Sabes que siempre podrás contar conmigo. Si necesitas fuerza yo te la daré... si necesitas desahogarte yo te consolaré... si cometiste un error yo te perdonaré" -fueron sus emocionadas palabras que venían desde lo más profundo de su corazón. El amor puro de un hijo resaltó por toda la esencia de su ser.

La afortunada madre quedó admirada con el cariño y ternura de su hijo. Lo había criado desde que era un pequeño bebé que apenas cabía en sus brazos. Y ahora le sacaba varios centímetros de ventaja. Ya no era el niño que sentía el dolor de no haber podido conocer a su padre. Ya no era el niño que había perdido su infancia, viendo un mundo devastado y luchando contra los desgraciados androides del demonio. Ahora era todo un hombre. Un hombre del que cualquier madre estaría orgullosa de tenerlo como hijo. Un hombre que gracias al sufrimiento padecido había madurado antes de tiempo. ¿Eso era bueno o malo? No podría precisarlo... lo único que podría precisar es que estaba sumamente orgullosa de él.

"No te merezco como hijo. Eres una gran persona Trunks, fuerte, honesto, valiente. No sabes cuán orgullosa estoy de ti" -dejó fluir sus sentimientos convirtiéndolos en palabras.

"¿Como qué no me mereces?" -alegó enseguida. "Vamos no hables así, esa no es la mamá fuerte y valiente que yo conozco. Además si dices eso todo de mí es sólo porque tú me enseñaste todo lo que sé. Por algo los hijos son generalmente el reflejo de sus padres" -le acarició el cabello, intentando animarla.

Bulma esbozó una sonrisa sincera.

"Te quiero mamá y no quiero que estés triste" -bajo su mano, acariciando sus mejillas con sublime ternura.

"Gracias hijo, no sabes la felicidad que me da ver en el hombre en que te has convertido"

Sus miradas se entrelazaron durante varios segundos; sus ojos estaban visiblemente emocionados.

"Mamá te llevaré a casa. Nos tomaremos un café y hablaremos. Sea lo que sea así podrás desahogarte. Puedes confiar en mí" -le indicó con ternura.

"Te lo agradezco mucho pero esto tengo que vivirlo sola. Me hará bien para reflexionar y encontrame conmigo misma" -le explicó.

"No entiendo" -musitó confundido.

"Ya lo entenderás" -le guiñó un ojo. "No te preocupes por mí, de verdad te lo digo... después de todo soy la gran Bulma Briefs, ¿de verdad crees que me dejaré vencer por la tristeza?" -señaló con renaciente orgullo.

Una feliz sonrisa se formó en los labios del muchacho.

"Claro que no" -confirmó él.

"Entonces no te preocupes. Pasaré a buscar algo a la clínica y me iré a casa. Que la otra Bulma les explique a los demás lo que quiera"

"De acuerdo, si eso es lo que quieres respetaré tu decisión, mamá"

"Gracias" -le agradeció de corazón.

El dolor tendría que vivirlo sola. Era su forma de pagar su error con Vegeta. No merecía ser consolada esta vez... por nadie. Viviría sola el sufrimiento porque era lo mejor, porque creía firmemente que viviéndolo sola se sentiría mejor que siendo consolada... Además, eso la ayudaría a ser aún más fuerte para seguir adelante.


El príncipe saiyajin siguió estancado en su lugar, soportando la ira que estaba cargando su alma. El veneno del engaño corría con fulgor a través de sus venas. ¿Qué hacer para liberarse de esa ponzoñosa sensación de dolor? Destruir el planeta era un buen método, pensó causándole una mínima gracia. Pero no, lo mejor era ir a entrenar. No importaba en que lugar fuera, sólo entrenar y olvidarse de todo. No quería pensar en nada ni en nadie. Ni en Mirai Bulma, ni en Trunks, ni en la mujer desconocida que resultó ser su verdadera esposa. Lo único que necesitaba era desatar su instinto de lucha. De esta manera se preparó a partir, pero justo cuando despegaría una voz lo hizo detenerse. Frunció el ceño para dirigir su mirada a la persona que le había hablado, la cual poseía cabellos azulados y ojos de tonalidad verdosa. La más joven de ambas científicas estaba justo allí.

Su ansiedad la había traicionado, simplemente no se pudo contener. Había visto que su clon había regresado a la clínica caminando desde el parque y eso le indicó que Vegeta estaba allí. Sabía que no era el momento más apropiado pero necesitaba verlo, necesitaba sentirlo cerca. Necesitaba presentarse y decirle que ella era su verdadera mujer y que se pertenecían el uno al otro.

Sus miradas se cruzaron sin decir nada más. Aunque quizás no era el momento preciso para hacerlo, Bulma tenía muchas cosas de que hablarle.


La científica del futuro recogió su bolso y se fue hacia la Capsule Corp sin despedirse de nadie. La silente soledad de la casa era justo lo que deseaba, esa era la mejor compañía que podía tener en este momento. Al llegar, se dirigió con paso firme a la entrada de su habitación. Cuando abrió su puerta vió su cama y sintió una extraña pero placentera sensación de tranquilidad... si hasta hubiera creído que la cama la estaba llamando para que se lanzara en ella. Sin desobedecer el imaginario llamado se dejó caer pesadamente en ella, como si hubiera tenido que llevar el peso de un elefante sobre sus hombros.

En vez de la luz principal, prendió la tenue luz de la lámpara que estaba en el velador. Sus dedos se dejaron llevar con ansiedad en el interior de su cartera y de allí sacó un papel con líneas marcadas por lo plegado que había estado. Se trataba de un informe médico, el cual detallaba por completo su actual estado. La gonadotropina coriónica era un término que se repetía, junto a una prueba bioquímica que salía analizada al detalle. Aunque ya lo había visto antes y conocía bien lo que decía, observar el análisis nuevamente produjo una espontánea sonrisa en su rostro. Después de todo la vida no podía ser tan amarga... había que seguir luchando. Había que seguir peleando pasara lo que pasara... esa siempre había sido su vida, una vida llena de tanto dolor y sufrimiento. Pero cuando vives con el dolor siempre presente, aprendes a valorar mucho más todos aquellos momentos felices que nos da la vida... cosas que el común de la gente no se daría el tiempo de valorar. Después de todo lo que había tenido que vivir, ella si había aprendido a valorarlas. Cosas tan simples como disfrutar de un nuevo amanecer, conversar con un amigo o ver a un niño con sus padres jugando tranquilamente en una plaza... en un mundo en paz, un mundo sin destrucción, como la que tuvo que padecer este tiempo... cosas tan simples que significan tan poco cuando las tienes, pero significan tanto cuando las pierdes. Después de todo, era naturaleza humana no apreciar lo que se tiene hasta que se pierde. Pero ella ya no cometía ese error. La vida le enseñó a apreciar lo que tenía. Y esto era el regalo más grande que el destino podía darle, esto era por lejos lo que más debía apreciar. Una sonrisa nació en su faz.

Dejándose llevar por sus pensamientos, su mente voló a aquel preciso momento en que todo sucedió...

Un singular mareo la agredió obligándola a detener su caminar. Fue en ese preciso momento, al estar frente a la sala de partos de la clínica, que un rayo espiritual la estremeció de pies a cabeza. Un bebé estaba naciendo en ese mismo momento y ese mismo pequeño ser, sin siquiera saberlo, prendió su mente haciéndola reaccionar.

Ese mareo, más un par que ya había tenido antes y que había adjudicado solamente al cansancio, le alertaron sobre la posibilidad que cayó como un verdadero relámpago en su mente... más de dos semanas de retraso en su período era algo realmente anormal en una mujer tan regular como ella...

Aquello gatilló un revelador destello a través de toda su alma. Algo que había pasado totalmente desapercibido hasta ese momento... no lo podía creer, como pudo haber sido tan descuidada. Como pudo haber olvidado un detalle así. Ya había pasado más de un mes desde aquella vez... no había usado ninguna protección al momento de hacer el amor... y aunque haya sido sólo una noche, perfectamente podría haber quedado... no quiso completar la frase. Su regla no había llegado cuando debía llegar... sintió un escalofrío al pensar en ello, dándole un golpe de electricidad que la perturbó pero a la vez la alegró inevitablemente... No obstante, para algo así tenía que estar segura completamente...

Aprovechando que se encontraba en la clínica todos los días, no le costó nada escabullirse un momento a solas e ir donde la ginecóloga para confirmar su estado. Finalmente la advertencia de su corazón no se había equivocado... tenía la completa certeza de lo que sentía. Su sexto sentido femenino se había hecho presente más que nunca. En realidad ni siquiera era necesario que la ginecóloga se lo confirmase, pues en su corazón sabía muy bien que estaba embarazada.

Lo sabía desde antes de decirle toda la verdad a Vegeta... lo sabía desde antes que su clon interrumpiera su confesión y comenzara a discutir con ella... pero aún así no quiso usarlo como argumento ante su gemela, como ella si lo hizo con el pequeño Trunks. Por muy dura o descarada que pudiera parecerle su decisión a la otra Bulma, no usaría a su hijo como un argumento válido para luchar por Vegeta. Ya había caído bastante bajo engañando al príncipe como para usar también al pequeño bebé que venía en camino. Lucharía por el amor de Vegeta sin dudarlo... porque merecía ser feliz... pero ante todo lucharía por darle la felicidad de un padre a su bebé, porque él era lo más importante. Esa era la verdadera razón por la que no podía desistir en su lucha por Vegeta. Ese bebé no debía pagar por su error de ninguna manera, tenía todo el derecho a ser feliz. Ahora ella si tenía la posibilidad de darle un padre presente, un padre que lo cuidara y lo protegiera, el padre del cual su Trunks careció toda su vida... Esta vez la vida le daba una nueva oportunidad y por nada del mundo la dejaría escapar. Por su hijo, tenía que tomarla.

Su mente volvió de sus recuerdos con una sonrisa. A pesar de toda la tristeza que le dejó el encuentro con Vegeta, tenía una esperanza que no le permitía caer en lágrimas ni dejarse vencer. Una razón sumamente fuerte por la cual seguir dando pelea. La vida definitivamente da sorpresas... y esta sin duda había sido la más hermosa que hubiera podido recibir. Había cometido un error con Vegeta... pero ese error traía a la vida un nuevo ser. Un nuevo ser que por ningún motivo podría considerarse un error, pues un hijo, a pesar de las difíciles circunstancias, era siempre una bendición divina. Con ternura maternal acarició su vientre, disfrutando el grandioso y dichoso milagro de sentir que una nueva vida crecía justo allí.

"¿Qué serás? ¿Niño o niña?" -le preguntó con ternura al bebé. "No se por qué, pero tengo el presentimiento de que serás una niñita" -cualquiera hubiera dicho que su semblante resplandecía, ahuyentando la oscuridad de la habitación.

Una pausa de unos segundos se hizo, mientras Bulma reflexionaba una idea en su mente.

"Por ti lucharé" -una total determinación destelló por todo su ser. "Porque ante todo tú eres lo más importante" -una sonrisa llena de esperanza iluminó toda su faz. Una hermosa sonrisa que brotó desde lo más profundo de su alma.

Por esa nueva personita tenía que luchar con más decisión que nunca... y por esa nueva personita daría la batalla más grande de toda su vida... porque realmente valía la pena darla. Ahora más que nunca.

¡Continuará!


...

...

...

...

...

...

...

...

...

...

...

Que mas puedo decir, hasta yo he quedado o.O con esto xD Que pasara ahora? la respuesta en diciembre porque lamentablemente ahora si que no tendre tiempo para escribir porque se me vienen todos los examenes de finales de año encima. De todas maneras si cojo tiempo escribire pero lo veo dificil la verdad.

Quejas, sugerencias, felicitaciones y tomatazos seran bien recibidos, y sobre todo no se corten en darme sus sugerencias! las tengo muy en cuenta (Any, he leido muy bien tu review y tus ganas de que aparezca Trunks niño, lo tengo muy en cuenta ;)

Me despido ya y deseenme suerte para mis examenes porque como ambas Bulmas, la necesitare XD y una vez mas muchas gracias por leer este fic ^^ Se cuidan y que esten muy bien ;D