hola! por fin termine todos los examenes y me fue excelente aunque me quedo el cerebro exprimido xD muchas gracias a todas por los animos y sus reviews ^^ Y como se acerca la navidad (aunque yo soy ateo) les deseo a todas quienes la celebren que pasen una muy feliz navidad con sus seres queridos y todo eso ;D Y un excelente año nuevo por si no publico de nuevo antes del 2011 XD

Tambien quiero dedicarle este capitulo especialmente a mi amorcito y desearle una feliz navidad y año nuevo ^^ te amo Erika Rojas :*

Capítulo 20: "Amor y dolor"

La siniestra brisa nocturna se caló en el ambiente, dando su premonición de lo que sucedería. Ambos estaban frente a frente después de mucho tiempo sin verse, aunque solamente uno había extrañado al otro como una insana.

Por fin se había terminado la interminable angustia que provocaba la incertidumbre, la maldita angustia de no saber que diablos estaba pasando. Y aunque no se esperaba un golpe tan fuerte como el recibido, para bien o para mal, eso era mucho mejor que vivir por siempre sumergida en la duda. Ahora si tenía claro lo que sucedía, ahora sí sabía lo que debía hacer, ahora si sabía cómo y por qué tenía que luchar.

La joven científica, al igual que Mirai Bulma, tenía también el rostro un tanto rojo y con uno que otro arañazo superficial. Pero aquello no llamó en nada la atención del príncipe, quien no reveló ningún sentimiento o sensación interior. Cruzó sus brazos nuevamente, produciendo con ese gesto una implícita distancia entre ella y él. Una inquebrantable distancia que no dejaría que nadie traspasara, menos una mujer que, aunque fuera su esposa real, ni siquiera recordaba.

Bulma se abrazó a sí misma al sentir en su piel el penetrante frío de la calle, muy diferente a la cálida ambientación de la clínica. Su blusa de mangas cortas no era precisamente la mejor protección contra el frío. Cubrió sus brazos con las manos, moviéndolas a través del dorso de ellos para frotarse y darse calor.

Vegeta la siguió observando sin dar la más mínima expresión. Su impenetrable mirada no dejaba el más mínimo atisbo de ver alguna emoción. Bulma lo miró con el evidente temor de no saber como reaccionaría ante ella... pero tenía que salir de dudas. Definitivamente la incertidumbre le hacía mucho mal y desde ahora se había convertido en su más acérrima enemiga. Necesitaba disipar todas las dudas que invadían su mente.

No obstante, el maldito silencio una vez más gobernó el ambiente empecinándose en no dejar que nadie le quite su dominación. Simplemente las palabras femeninas no querían salir. Finalmente y contrariamente a lo que se pudiera esperar, fue Vegeta el que dio las primeras palabras:

"Escogiste el peor momento para hablar. Te recomiendo por tu propio bien que te largues ahora mismo" -le advirtió con tono amenazante. No quería ni escuchar ni hablar con nadie.

Las duras palabras no hicieron mella en la determinación de la joven mujer, quien pareció alzar aún más su mirada.

"Si estoy aquí no es por un capricho... si estoy aquí es porque te amo. Te amo con todo mi corazón"

El príncipe arrugó aún mas su frente al sentir sus palabras clavándose en su corazón. La forma en que lo dijo lo perturbó sin saber la razón. Esa mujer ciertamente tenía un carácter fuerte, cualquier otra le hubiera hecho caso por el tono y rudeza de sus palabras, pero ella no estaba dispuesta a irse... para bien o para mal, sencillamente poseía el mismo carácter que la Bulma que había conocido él.

El insistente silencio se apoderó del ambiente una vez más. Sus miradas quedaron pegadas en la faz del otro, sin poder dejar de mirarse. Un magnetismo irresistible obligaban a sus respectivos ojos a mantenerse en la mirada del otro. Si tan sólo la mirada pudiera hablar todo se hubiera hecho más fácil... pero aunque los ojos no tuviera el don de hablar, sí tenían el hermoso don de poder expresar una emoción sincera y de corazón.

El príncipe sintió una sensación tan extraña que sería muy díficil de explicar. Esa mirada llena de amor prácticamente lo iba a derretir si seguía de esa forma. ¿Qué mierda le estaba pasando? Las respuestas no aparecieron... sólo más preguntas. Su alma sintió la inevitable necesidad de defenderse sin saber la razón. ¿Por qué quería defenderse? ¿Por qué se sentía vulnerable ante esa mujer?

"Vegeta... -escuchó su nombre interrumpiendo sus pensamientos. Bulma tomó un breve descanso de un par de segundos para retomar el aire que se le escapaba debido a la emoción- perdona mi debilidad... pero simplemente no pude reprimir mis deseos de verte" -le explicó sintiéndose culpable por no poder contenerse. Pero lo amaba demasiado.

El príncipe por primera vez en mucho tiempo no supo que decir o responder. La sola presencia de esa mujer... su manera de mirar... su manera de pararse... su forma de expresarse... su notable emoción lo inquietó. El parecido con Mirai Bulma hubiera dejado sin palabras hasta al tipo más hablador. Confusión... eso es lo que estaba sintiendo. Confusión porque con verla tan sólo unos segundos sintió que la conocía desde siempre.

"Dime lo que quieres de una vez" -ordenó el saiya con voz de hielo, sin denotar la confusión que estaba sintiendo.

La científica suspiró ante su exigencia. Cuanto hubiese querido correr a abrazarlo y sentir su corazón contra el suyo... pero la vida nunca había sido fácil...

"Sólo quisiera abrazarte... sólo quisiera demostrarte que te amo... que aunque no recuerdes nada yo estoy para aquí para ayudarte... para apoyarte... sé como eres... sé que no aceptarás mi ayuda... y me duele... me duele en el fondo de mi corazón... pero aquí estoy, frente a ti, para demostrarte que pase lo que pase siempre contarás conmigo... porque tú eres mi vida... porque te amo Vegeta y eso no va a cambiar jamás" -sus ojos brillaron de tanta emoción. Lágrimas hubiesen aflorado de no haber sido contenidas por su voluntad. La emoción de verlo nuevamente había sido muy grande.

El saiya guardó silencio. Nuevamente no demostró emoción alguna. Pero aunque no demostrará nada exteriormente, su silencio si lo estaba haciendo. Su silencio era la prueba de que las palabras si habían penetrado en su corazón. Ese silencio que sin usar palabras era capaz de decirlo todo.

La mirada del saiya por primera vez tambaleó un poco. Bulma lo conocía tan bien que lo notó enseguida, animándola a seguir hablando.

"Tengo tantas ganas de abrazarte pero mis sentidos me dicen que me detenga... quiero sentir el calor de tu piel pero mi mente me advierte de mi error..." -su voz se terminó quebrando. Realmente le dolía no poder dejarse llevar por sus sentimientos y poder demostrarle todo lo que le amaba. "Después de tanto tiempo... me gustaria tanto probar el sabor de tus labios una vez más, pero mi conciencia me lo prohibe... quiero sostenerte y darte un abrazo pero mi instinto me dice que no lo haga... y me siento tan impotente que no te lo podrías imaginar"

Otro incómodo silencio se produjo. Las copas de los árboles se sacudieron con el viento. La naturaleza misma parecía estremecerse con tales palabras.

"¿Quieres conmoverme? -el príncipe comenzó a sentirse vulnerable, poniendo su alma en guardia- ¿Que te dé un beso y que haga como que nada ha pasado? Ni siquiera te conozco mujer" -le espetó con voz sumamente seca y cortante.

Esas últimas palabras se enterraron en el corazón femenino de una forma lacerante. Así era, después de todo lo vivido... después de tantas penas, tristezas y sufrimientos... tanto esfuerzo para lograr adentrarse en el frío y duro corazón del saiya... tanta lucha para hacerle entender lo que era el amor. Amor que el príncipe jamás había conocido en toda su vida... lágrimas y sufrimiento le habían costado para hacer cambiar a Vegeta y que entendiera el significado del verdadero amor. Pero todo ese trabajo se había perdido entre las siniestras telarañas mentales de la amnesia.

Un suspiro soltó su cuerpo para desahogarse de la tristeza de tales palabras. El hecho de ver a un ser que tanto amas sin ningún recuerdo... sin que ni siquiera te reconozca era un dolor que ninguna palabra sería útil para poder explicar... sólo alguien que lo haya vivido podría entenderlo realmente. Los intentos de entenderlo nunca serían lo mismo. Hay cosas que solamente tienen que vivirse para poder sentirlas en el corazón y poder entenderlas a cabalidad.

"Digas lo que digas no me conmoveras -continuó él- No tengo ganas de hablar. Es más, no quiero escuchar el nombre de Bulma nunca más en mi vida, mujer" -le espetó con una voz que dejó por fin fluir sentimientos a través de ella. Pero no los sentimientos que la peliazul hubiese querido... sino dolor, dolor y furia de sentirse engañado. Dolor de tener amnesia y no recordar nada.

Bulma tembló en su interior al escucharlo. ¿Cómo se sentiría ella si hubiese tenido que vivir lo mismo? Siendo impulsiva como lo era le hubiera gritado al mundo y hubiera descargado todo su dolor a través de la ira. Vegeta se estaba conteniendo porque no quería demostrar sufrimiento, pero por mucho que lo negara si lo estaba sintiendo. ¿Cómo podría ayudarlo? ¿Cómo ayudarlo a liberarse del peso que estaba cargando su alma? ¿Como ayudarlo a abrirse?

"Amor... -le dijo esa palabra especial que muy contadas veces le decía- sé que lo que pasó con Mirai Bulma estuvo mal, pero no dejes que el dolor te ciegue. No dejes que el dolor te llene de rencor. No te hará bien. Dáme la oportunidad de ayudarte por favor"

¿Dolor yo? Ja" -su orgullo era demasiado grande como para admitirlo.

Bulma dio un suspiro resignado. Ni aunque fuera lo más evidente del mundo su hombre lo aceptaría. ¿Pero que más daba? Así lo conoció y así la enamoró. Lo conocía tan bien que, aunque no lo admitiera, podía saber lo que estaba sintiendo realmente.

"Vegeta dáme la oportunidad de ayudarte... no incineres la ayuda que te puedo dar junto al sufrimiento" -suavizó aún más su voz, si quería que se quedara allí y la escuchara debía hacerlo. Necesitaba un tono conciliador, un tono tranquilo y sereno. El tono de voz podía lograr que las mismas palabras pudieran tener un sentido completamente diferente. "No quiero que hagas como si nada ha pasado. Sólo quiero ayudarte a recordar... sólo quiero que recuerdes quien soy... que recuerdes todo lo lindo que vivimos juntos... que recuerdes que nos pertenecemos el uno al otro"

"Escúchame bien mujer, porque no lo repetiré. Lo que menos quiero en este momento es hablar contigo. No puedo llegar y conocerte cuando aún amo a otra mujer. Sí, porque la amo. Aunque haya sido un error del destino o lo que sea, pero mis sentimientos no cambiaran de un día para otro. No puedo ni siquiera conocerte. No puedo empezar algo cuando todavía no termino algo"

Sus palabras se incrustaron en el corazón de la joven. Ese 'la amo' fue el dolor más intenso que había sentido en años. Cuanto daño podían hacer las palabras... tanto como para destrozar un alma, aunque no fuera esa su intención. Bulma llevó una mano a su pecho con dolor, pero no se dejaría abatir. Ella había venido a luchar pero por el bien de su esposo tendría que posponer esa lucha, pues quisiera o no, él tenía razón. Tenía que respetar su decisión.

"Te entiendo Vegeta... pero también te pido que me entiendas a mí. Lo que estoy sintiendo también es angustioso... quería verte después de tanto tiempo, quería sentirte cerca otra vez. Simplemente no me pude aguantar las ganas de verte" -le explicó a su vez sus razones. "Ya sé que no aceptarás mi ayuda... pero aún así te quiero decir que no tienes porque usar esa coraza de hielo. Conmigo no la necesitas... conmigo no necesitas demostrar que eres el más fuerte y que nada te afecta. Conmigo no necesitas usar tu frialdad como un puerco espín usa sus espinas para defenderse"

La mirada del saiya se abstrajo completamente del resto del mundo y se sumió mirando sólo a Bulma. Esa mujer tenía un magnetismo difícil de neutralizar.

"Vegeta soy la persona que mejor te conoce... conmigo puedes ser quien realmente eres. Sin pensar si está bien o está mal, sin sentirte juzgado por eso que tú crees equivocadamente que es debilidad. Vegeta, tienes sentimientos como los tengo yo... eso no te hace débil. Mi amor... puedes confiar en mí. Te amo y sólo quiero ayudarte" -su cuerpo entero se emocionó con un estremecimiento.

El saiya quedo impresionado con la sinceridad de sus palabras. Habían hablado tan solo un par de minutos y la química que se desparramó por el ambiente fue realmente impresionante. Fue verdaderamente como si se conocieran de toda la vida. Era exactamente la misma química que tuvo con Mirai Bulma. La misma forma de sentir, la misma forma de expresar sus emociones, la misma forma de sentir una extraña energía fluyendo por sus cuerpos... era una locura.

"... Vegeta te amo con toda mi alma" -su emoción era indescriptible. No era una mujer precisamente cariñosa o que dijera palabras lindas a menudo. Pero esta vez lo único que quería era decírselo una y otra vez. Sólo por decir esas palabras los latidos de su corazón se incrementaron como nunca antes.

El saiya frunció el ceño y endureció su mirada para contrarrestar su confusión de alguna forma. Su cuerpo instintivamente no quería demostrar la confusión que estaba sintiendo su alma. Y aunque intentara evitarlo, las palabras de esa mujer realmente habían logrado flanquear su impenetrable escudo, metiéndose silenciosamente en su corazón. Verdaderamente le hubiese gustado dejarse llevar y sentirse reconfortado por su bella mujer, darle un abrazo y sentir el calor humano de su piel junto a la suya, buscando consuelo después del dolor de sentirse engañado. Ese veneno que seguía corriendo por sus venas intensamente. Ese maldito dolor que no quería abandonarlo... pero no podía permitirse un signo de debilidad así. Para bien o para mal su orgullo era demasiado grande como para aceptar consuelo o ayuda. Simplemente era así y no cambiaría jamás. Maldito orgullo, le reclamo al susodicho para sus adentros, dándose cuenta que él le impedía hacer lo que realmente hubiese querido hacer.

"Tú ayuda o lo que quieras darme no la necesito" -afirmó cortante sin demostrar vacilación alguna. "¿Dolor dices? Tal vez, pero algo tan patético como el dolor no lograra mermar mi fuerza. Si el dolor me agrede sólo me desconecto de él y ya" -dijo con absoluto desdén, hablando del dolor como quien habla de matar una mosca.

Bulma suspiró con molestia. Realmente detestaba cuando el saiya ponía esa muralla entre los dos.

"Vegeta por favor no te hagas el macho conmigo. Sólo quiero ayudarte" -quiso insistir una vez más, aunando la leve esperanza de que el saiya accediera.

El silencio que poseyó el ambiente denotó que el saiya reflexionaba las últimas palabras de su verdadera mujer. Tras unos cuantos segundos, el príncipe clavó aún más su acerada mirada en los ojos de su mujer.

"No hablare más contigo -Bulma estremeció sus ojos, cosa que el saiya notó- por lo menos no ahora" -agregó sin saber por qué. "Hablaremos mujer... pero no aquí ni ahora" -se dió media vuelta y se preparó para despegar sin esperar respuesta.

Ante su total determinación Bulma no tuvo más alternativa que aceptar las palabras del príncipe, aunque su aceptación no disminuyera en nada la tristeza que esas palabras provocaron.

"Sólo recuerda que te amo" -le dijo con un temblor de voz.

Nadie respondió. El saiya se fue volando a gran velocidad hacia un destino que ni él mismo conocía.

"Eres detestable... pero te amo. Te amo con todo lo que tengo" -le dijo ella sabiendo que ya no podría escucharla. Llevó ambas manos a la zona donde tenía su corazón. Una oculta herida había aparecido en él.

¿Por qué tenía que doler tanto el amor? ¿No se suponía que el amor era felicidad y alegría?

Su alegato contra la vida no sería contestado por la susodicha, aunque en realidad ni siquiera era necesario. La respuesta ya la había encontrado hace mucho... después de tantos años con Vegeta la había aprendido muy bien... simplemente porque después de la tormenta viene la calma... simplemente porque después de tanto dolor renacía una esperanza y una ilusión. Sencillamente porque sin tristeza no sabríamos lo que es la felicidad... simplemente porque valía la pena luchar por amor aunque este doliera. Sencillamente porque el amor da lecciones de vida inolvidables. Simplemente porque gracias al amor había nacido ese maravilloso retoño llamado Trunks y había podido crear una bella familia.

A pesar de lo desagradable que era, si el dolor también formaba parte para lograr la felicidad... valía la pena vivirlo.

...

"¿¡Que ya acabaron con Majin Buu?" -repitió un pequeño niño con la decepción plantada en su cara.

"¿Pero por qué tuvo que ser así?" -reclamó su fiel amigo de cabello idéntico al de su progenitor.

Ambos tenían lagrimitas en sus ojos, maldiciendo el haber llegado tarde a la diversión.

Un lapso de tiempo antes, los traviesos niños habían guiado a Bulma hasta donde se encontraba Vegeta, siguiendo su energía. Pero curiosamente ella les pidió que esperaran con los demas guerreros Z, tal vez prediciendo la discusión que tendría con su gemela. A regañadientes Trunks accedió, dudando de si seguir la orden de su madre. Aunque ver a todos los Z lo hizo olvidarse de sus cuestionamientos, sintiéndose feliz de verlos nuevamente.

"Lo siento niños pero llegaron tarde, aunque la pelea estuvo muy buena" -explicó Goku torturándolos aún más sin esa intención.

"¡Ay pero papá no nos digas eso que nos pondrás con depresión!" -alegó el pequeño de desordenados cabellos azabaches.

Goku llevó una mano detrás de su nuca avergonzado, en uno de sus clásicos gestos.

"Yo ya había perdido la esperanza desde que no podía sentir el ki de Majin Buu" -señaló Trunks, con pose de sabelotodo.

"¡No es cierto Trunks! Tú mismo dijiste que el ki de Majin Buu podía ser diferente aquí" -objetó su fiel amigo.

"Lo dije para darte esperanzas Goten. No quería que te decepcionarás" -explicó él dándoselas de sabio.

"Nananah, lo dijiste porque tú también tenías la esperanza, ¡reconócelo Trunks!" -lo animó a aceptar la verdad.

"Mira solucionemos esto de otra manera amigo. El que aguanté más mirando al sol tendrá la razón" -sugirió él.

"¡Pero Trunks nos quedaremos ciegos!" -exclamó Goten preocupado.

"¿Tienes miedo?" -preguntó el hijo de Vegeta con una sonrisa desafiante.

"¡No!" -se apresuró a responder él. "De acuerdo, cuando salga el sol lo haremos"

"¡Yo también quiero apostar!" -se animó a entrar Goku también.

"Pues entonces está decidido... el primero en quedar ciego... perdón, digo, el primero en soportar más mirando al sol ganará la apuesta" -señaló el pequeño Trunks divertido.

"¿Pero que apostaremos?" -preguntó el pequeño clon de Goku.

"Sí, es cierto, toda apuesta necesita un premio" -acotó a su vez el apostante de mayor edad.

"Pues no sé..." -se tomó el mentón pensativo el de cabellos lilas. "Dejemos que el señor Piccoro decida" -lo señaló con su índice.

El namek abrió sus ojos sorprendido. A pesar de estar siempre meditando y de brazos cruzados no se le escapaba ningún detalle de lo que pasaba a su alrededor.

"Me rehuso a participar en algo tan ridículo" -no mancharía su honor de guerrero.

"Oh vamos Piccoro, ¡si sólo tienes que decirnos un premio! ¡Además ya has hecho cosas más ridículas como el baile de la fusión!" -le recordó Goku muy divertido.

"¡Argh! No me recuerdes eso" -sintió con enojo como sus mejillas tomaban color. "Está bien yo les diré un premio pero no quiero que me molesten más"

Los tres apostantes sonríeron dichosos. Piccoro dio a conocer el premio que se le ocurrió y los participantes estuvieron de acuerdo. Afinados los detalles, Goku le preguntó a su hijo menor una duda que lo asaltó:

"¿Pero Goten cómo lograste para que tú madre te dejara venir?" -preguntó con curiosidad. Milk no era precisamente una mujer fácil de convencer.

"Le dije que tú me diste permiso, papá" -puso una mano en su nuca avergonzado.

"¿¡Qué yo qué!" -exclamó alarmado.

"Eso papá. Es que tuve que decirle eso porque sino no me dejaría venir y me moría de ganas" -se excusó su hijo.

"Milk me va a matar cuando vuelva al presente..." -dijo Goku con una sonrisita llena de nerviosismo. Como una vez mencionó acertadamente Piccoro, hasta el hombre más poderoso del universo tenía un punto débil. En este caso era esa extremadamente tierna, dulce y cariñosa mujer llamada Milk.

"Pero no entiendo porque mi mamá me pidió que esperara aquí... se me hace extraño" -señaló el pequeño Trunks con suspicacia. Para su edad el pequeñín era muy listo y no se le escapaban detalles.

"Seguramente quería hablar antes un par de cosas con Vegeta, es que tú padre tiene amnesia Trunks" -explicó Goku como si fuera algo completamente normal.

El pequeño abrió sus ojos como nunca y su quijada se abrió hasta abajo, por causa de la sorpresa.

"Quiere decir... ¿que mi papá ya no me recuerda?" -preguntó él con miedo.

"Así es... pero no te preocupes, yo pienso que recuperara pronto su memoria" -trató de tranquilizarlo Goku al ver sus ojos llenos de preocupación.

"¡Pero entonces tengo que ir enseguida a verlo! Estoy seguro que cuando me vea me recordara" -dijo con toda seguridad.

Acto seguido el pequeño comenzaba su carrera para ver a su padre, pero alguien no se lo permitió.

"No vayas" -lo detuvó Piccoro sosteniéndolo por un brazo.

El pequeño le lanzó una mirada tan profundamente inquisitiva que por momentos la fuerza de su mirada le recordó a la de su padre.

"No es apropiado que lo veas todavía" -le aclaró el namek, haciendo gala de su poca expresividad.

"¿Por qué?" -volvió a preguntar el pequeño Trunks, pero esta vez no sólo con su mirada. No se quedaría tan tranquilo sabiendo que su padre padecía de amnesia.

"Tús padres aún tienen que hablar" -explicó nuevamente Piccoro yendo directo al grano, como solía hacer siempre.

El pequeño frunció el ceño para nada convencido con las palabras del namek.

"Trunks, si Piccoro lo dice debe tener razón" -lo apoyó Goku acariciando el cabello del pequeño de cabellos lilas.

El hijo de Vegeta y Bulma resopló fastidiado a la vez que cruzaba sus brazos, adoptando una posición muy similar a la que solía tomar su padre.

A pesar del apoyo de Goku, él le dio una mirada de reojo al namek, quien no se veía tan tranquilo como solía estarlo siempre.

"¿Y mi hermano donde está?" -irrumpió Goten extrañado por no ver a su hermano mayor.

"La verdad no lo sé -respondió tras unos segundos su padre- no lo he visto en toda la noche. De hecho todos los días sale en la noche y en el día duerme así que apenas lo veo" -terminó de explicar rascándose la cabeza.

"¿Se estara volviendo vampiro?" -preguntó el pequeño Trunks con su suspicacia acostumbrada.

"Pues quien sabe, jeje" -respondió su padre avergonzado por no saber que hacía su hijo.

"No se preocupen, Gohan ya está bien crecidito, sabe lo que hace" -sentenció con voz severa su padre namekiano, aunque luego vaciló diciendo: "eso creo..."

...

Por una gran ciudad que había sido reconstruida después de muchos años de esfuerzo, una pequeña y delgada chica caminaba por un solitario y largo callejón. Regresaba de una fiesta y a tan sólo unas calles de su casa decidió despedirse de sus amigos que partían en el automóvil hacia otra fiesta con gran apuro. Para no ser una molestia les dijo que la dejaran justo allí, para no hacerlos perder tiempo por las enrevesadas calles por las que su casa quedaba. Confiada en que ningún peligro le pasaría decidió seguir sola hacia su hogar. No le tomaría mas de cinco minutos y el barrio lo conocía bien. Pero esa excesiva confianza sería castigada... dos maleantes aparecieron desde las sombras para asaltarla. La chica se sobresaltó al ver como ambos antisociales sacaban dos amenazantes cuchillas con hojas llenas de sangre seca, para aún mayor temor. Aquello provocó que todo su cuerpo temblara de terror. Puso sus manos en alto en una reacción instantánea para señalar que no se opondría al asalto.

"Por favor no me hagan nada" -les suplicó a los malhechores. Lo material se podía recuperar pero la vida no. Por nada del mundo se atrevería a oponérseles y poner su vida en riesgo.

Al sentir las miradas de los malditos recorriéndola de arriba a abajo se estremeció aún más. Para mala suerte suya como venía llegando de una fiesta se había arreglado especialmente para la ocasión. Una producida faldita y un pronunciado escote dejaban notar sus encantos femeninos, logrando que los delincuentes la miraran con deseo. Cuanto lamentaba haber tomado la decisión de haber vuelto sola a su casa.

El más horrible de los temores se apoderó de su mente al pensar en lo que podría pasar. Las malditas miradas lujuriosas de los desgraciados maleantes hubieran infundido temor incluso a la mujer más valiente.

Pero alguien apareció para ayudarla en medio de su desesperación. Su corazón se sobresaltó con la alegría de que una esperanza había llegado al lugar. En un abrir y cerrar de ojos el tipo acabó con los malvados delincuentes, quienes no tuvieron tiempo ni siquiera para reaccionar.

El valiente muchacho se volteó para ver a su recién salvada víctima y con orgullo irguió su pecho para realzar aún más su mítica y heroica vestimenta.

Un casco naranja con antenas lucía junto a una capa roja, combinada con una ropa muy extravagante... ¡y una forma de combinar los colores horrible! Cualquier diseñador se habría muerto de un infarto al presenciar tal sacrilegio hacia el buen gusto.

La chica se extrañó mucho al ver un traje tan extravagante, pero eso era lo de menos, había sido salvada y tenía que agradecerle.

"¡Muchas gracias!" -le agradeció con sublime gratitud, si hasta ganas de darle un apasionado beso le habían dado pero no podía ser tan impulsiva.

El muchacho sonrió al ver a la chica tan feliz y se preparó a dar el discurso que había ensayado un buen rato horas antes.

"¡Yo jamás perdonare a los que trabajan para el mal! -exclamó mientras comenzaba a hacer un montón de poses- ¡Con este casco legendario lucharé por la justicia! ¡Soy el terror de los malhechores y cuando llego con mi capa el delincuente escapa!"

Después de múltiples poses en tan sólo unos segundos, termino dando su grito de guerra final:

"¡Soy el gran Saiyaman!" -se escuchó su voz como un trueno.

Acto seguido sus manos se doblaron de una manera extremadamente rara apuntando hacia su cabeza.

"¡Bien, con esta presentación la deje impresionada!" -pensó para sus adentros, soltando una sonrisa llena de orgullo que apareció en su faz.

La chica quedó pasmada... jamás había visto algo tan excesivamente rídiculo en toda su vida. Una gran gota de sudor apareció en su frente.

"Pero que ridículo..." -pensó para sí misma pero no le daría esas desagradables palabras a su salvador, sino agradecerle de corazón lo que había hecho por ella . "Gracias de verdad, no sabes cuanto te lo agradezco. Me dio mucho miedo por la forma en que me estaban mirando"

"¡De nada señorita!" -respondió él con voz de superhéroe. "Pero por favor tenga más cuidado para la próxima vez, no debe andar por calles tan oscuras y peligrosas sola" -le aconsejó.

"Sí, gracias. Nunca más pasara" -le agradeció una vez más y tomó su consejo sin pensarlo dos veces.

"Me alegro mucho. Llame a la policía para que se lleve a estos malnacidos, no se preocupe que no despertaran antes de un día entero" -le explicó con una sonrisa cómplice."¡Cuídese señorita!" -acto seguido, emprendió el vuelo dejando a la chica anonadada.

"Jejeje, ¡soy un genio! ¡en mi tiempo todos saben que soy Gohan pero acá puedo ser superhéroe sin que nadie me reconozca! ¡Soy genial jajaja!" -rió lleno de dicha mientras volaba revisando la ciudad.

Con una sonrisa imborrable en su cara, ascendió hasta la azotea del edificio más alto para observar la panorámica de la ciudad. Sin embargo al pisar el suelo del gran edificio algo lo sobresaltó completamente.

"¡Oye pero si tú eres Gohan!" -sintió una voz a su espalda, tan clara como el agua pura de un estero.

El hijo mayor de Goku sintió como un escalofrío recorría su columna. ¿Cómo era posible que alguien del futuro lo reconociera también? ¡Era el colmo de la mala suerte!

"No es posible" -musitó sin ganas de voltearse. Pero al mirar hacia atrás no había nadie, sólo habían sido imaginaciones suyas. El temor de su mente le había jugado una mala pasada.

"Juiu" -resopló aliviado. "Lo único que me faltaría es que alguien me reconociera en este tiempo también jeje"

Y sin esperar más partió a ayudar más gente que necesitara de su valiosa ayuda.

...

Mientras los niños jugaban y se desafiaban con apuestas tan raras como ducharse sin usar agua o quien sería el primero en broncearse con la luna, Goku notó que Piccoro tenía su mirada muy ensimismada. No tenía idea a qué podría deberse, aunque no saber nada de lo que pasa a su alrededor era algo común en Goku. Su curiosidad lo impulsó a preguntarle a Piccoro que le pasaba.

"Nada" -fue la respuesta del namek, quien estaba aún más reservado que de costumbre.

Goku no quedó conforme con su respuesta. El semblante del hombre verde claramente no estaba en consonancia con sus palabras.

"Piccoro algo pasa... lo puedo sentir" -señaló Goku con una suspicacia poco común en él.

El namek permaneció en silencio, aunque le dio una mirada de reojo.

"No es el momento para hablar, más tarde te diré algo" -su voz sonó aún más seria que de costumbre.

Goku sólo asintió.

...

Una mujer transitaba por las solitarias calles nocturnas, conduciendo a moderada velocidad. Su mente estaba agotada después de tanto trabajo y realmente necesitaba darse unos días libres. Unas pequeñas vacaciones eran en este mismo momento una verdadera bendición. Por suerte, aunque las vacaciones no estuvieran cerca, si podía tomarse unos dos o tres días de descanso. Sus hermosos ojos de color cielo intenso resaltaban incluso en la más honda oscuridad. El agobiante frío de la profunda noche se había hecho presente con toda su intensidad, aunque el estar encerrada en la aeronave que conducía la había aislado de esa sensación.

Moviéndose de una ciudad a otra había ido en ayuda de los heridos por los daños colaterales de las técnicas de Majin Buu y el guerrero fusionado. Pero por fin todo ya había terminado y finalmente podía regresar a su casa para darse un merecido descanso con la gran satisfacción de saber que hizo un bien por sus semejantes. Sin embargo, antes debía pasar por su clínica para comprobar en persona que todo estuviera en orden. Las constantes llamadas que realizaba la habían mantenido informada todo este tiempo de lo que acontecía y así fue como también se enteró de la mejoría de Goku y Vegeta. Una sonrisa nació en su rostro por sólo recordarlo.

Finalmente llegó hasta al frontis de la clínica. Su trabajo de toda su vida estaba reflejado en esas paredes. No era ostentosa ni lujosa como seguramente le hubiera gustado a su difunto padre, pero seguro que si la viera estaría sumamente orgulloso de ella y de lo que había sido capaz de lograr.

Apenas salió de su vehículo sintió el frío del ambiente, pero cual no fue su sorpresa al ver descender desde el cielo a un muchacho con un extraño traje. Eso sobresaltó su corazón enseguida quitándole enseguida cualquier rastro de frío en su cuerpo. No era algo para nada común que alguien supiera volar.

El muchacho se sentía dichoso después de otra noche muy fructuosa en ayudar a quienes lo necesitaban. Pulsó el botón para desactivar su traje de gran Saiyaman, sin siquiera percatarse de que alguien estaba un tanto más atrás.

La chica abrió aún más sus ojos, sintiendo una sensación de familiaridad hacia ese muchacho. A pesar de sólo estar mirando su espalda, esa silueta le resultó extrañamente familiar.

"¡Espera!" -se sintió un grito irrumpiendo la silente noche.

Gohan se detuvo instantáneamente, sin querer voltear. ¿Por qué? ¿Por qué no quería voltear? Un extraño nerviosismo le recorrió el cuerpo entero, señal que le daba su cuerpo de que algo sobresaliente sucedería... esa voz... era tan parecida...

Videl corrió hasta llegar y quedar frente a la espalda masculina.

"¡Hola!" -saludó sin percatarse todavía sobre a quien tenía al frente... aunque su figura le era sumamente familar. "Tú debes ser amigo de Goku y Vegeta, porque sabes volar. ¡No conozco a nadie más que vuele!" -señaló ella muy entusiasmada. Conocer a un amigo de ellos siempre sería un placer.

El muchacho se paralizó por entero. Esa voz era igual... tenía que ser ella... sabía que el momento llegaría tarde o temprano, pero no se había preparado para afrontarlo. Mirai Trunks ya se había encargado de informarle lo que había sucedido con ella y el Gohan del futuro y verle sería muy difícil de asimilar para Videl. Además para él tampoco sería fácil, pues conocer a una mujer idéntica a la mujer que amas no era algo que se diera todos los días. De algún modo u otro sería complicado. . ¿Cómo reaccionaría ella al verlo? ... La respuesta que se había hecho varias veces, sería contestada en este preciso momento...

Sin dilatar ni querer prolongar más el inevitable momento, Gohan terminó girándose para verla.

"Hola Videl" -saludó con un brazo en su nuca, emulando el gesto de su padre cuando le daba vergüenza.

No hubo ninguna respuesta, la impresión fue demasiado grande.

...

El príncipe saiyajin volaba a toda velocidad a tráves del cielo nocturno una vez más. Su estela quedaba impregnada en el firmamento cual perfume en el aire. Un gran monte apareció en su camino para detener su vuelo, lo que por supuesto no era ningún impedimento para el saiya que sin pestañear se elevó para continuar su camino. No obstante, al pasar por la amplia cima un extraño magnetismo lo llamó a descender allí. Echó un rápido vistazo y a pesar de la gran altura del monte tenía abundante vegetación allí. Unos cuantos nidos de pájaros podían verse también. Vegeta frunció el ceño con la curiosa sensación de sentirse en el lugar correcto. Tal vez un lugar lleno de vida sería una buena compañía en su entrenamiento.

Así, sin perder tiempo comenzó a practicar golpes y patadas a una velocidad pasmante. Nadie hubiera podido distinguirlo pues sólo el sonido de sus movimientos delataban que había alguien allí.

"Mi velocidad no es suficiente para derrotar a ese insecto de Kakarotto" -se paró y escupió con enojo admitiendo la realidad. "Además ese tercer nivel que mostró contra Majin Buu es realmente poderoso. La única forma de vencerlo sería aprisionarlo y sacrificarme para matarlo junto conmigo" -se relamió con sadismo pensando en matar a su rival.

Acto seguido comenzó a elevar su ki hasta el máximo nivel que podía alcanzar.

"Pero derrotarlo así no tendría sentido pues ambos moriríamos. De hecho ni siquiera sería una victoria sino un empate. Derrotaré a esa sabandija en combate"

Un puñetazo lanzó contra el suelo provocando una gran grieta a través de todo el lugar. Por suerte había controlado el nivel de fuerza o el monte entero, a pesar de su enorme tamaño, se habría derrumbado entero.

Tras seguir entrenando una o dos horas decidió parar a descansar. Recién venía saliendo de un coma así que forzar su cuerpo hasta el límite no era lo más recomendable. Además aún con todo el poder que tenía seguía necesitando algo tan básico como dormir y su cuerpo y mente ya se lo solicitaban.

Al observar más detalladamente el lugar un sentimiento de ligero alivio apareció en su corazón. Después de todo el sitio era hermoso y lleno de vida. Un buen lugar para dormir allí. Sin pensarlo más cortó parte del pastizal y en muy poco tiempo se hizo una improvisada, pero bien hecha cama. En el lugar que debía de hacer de cabecera hizo un montón más alto, para que afirmara su cabeza como debía hacerlo.

Tras echarse y cruzar sus dedos por detrás de su nuca, contempló las hermosas estrellas que resplandecían con el ánimo de impresionarlo con su belleza. La luna apenas era visible, dando a entender que dejaría a las celosas estrellas lucirse por esta vez.

Un suspiro inconsciente caló el ambiente.

"¿Yo suspirando?", le cuestionó enseguida su mente. "¿Y qué tiene? ¿Acaso no puedo suspirar alguna maldita vez en mi vida?" -le respondió a su conciencia sin vacilación. La susodicha no se animó a rebatir.

Después de admirar la preciosa vista del firmamento, su mente procedió a mostrar sus recuerdos más reciente en forma de imágenes mentales, tal como si fuera una película. La figura de Bulma del presente se adueñó de sus pensamientos en desmedro de la mujer del futuro que se había atrevido a engañarlo.

"Así que esa es mi verdadera mujer... pero ni siquiera la conozco" -si no hubieran sido pensamientos un claro dolor podría haberse notado en su voz.

La mujer del presente se adueñó de sus pensamientos por un largo tiempo, hasta que inevitablemente la imagen de Mirai Bulma también apareció allí, causándole un sentimiento muy díficil de explicar.

"La mujer que me enamoró fue la que conocí, la que me ayudó, la que me cuidó -llevó ambas manos pasándolas por su cara aprovechando de restregarse sus cansados párpados que pesaban como nunca antes. Estaba muy agotado-. La que acabó de ver es mi verdadera mujer pero ni siquiera la conozco. Y la mujer que amo me engañó. Esto es una mierda muy grande"

La única respuesta vino del viento que sopló para darle una indescifrable respuesta. Respuesta de la naturaleza que no se molestaría en interpretar. No perdería su tiempo en darle un significado a algo que no lo tenía.

La molestia de no saber que hacer era profundamente incómoda. Alguien tan seguro como él, que despedía seguridad por cada poro de su piel, que jamás dudaba o vacilaba, ahora no era más que una maraña humana de preguntas y dudas. Y eso era sumamente molesto.

"Bah, mejor me olvidó de las dos y me buscó a otra. Hembras sobran en el mundo" -trató de autoconvencerse para no seguir pensando en el maldito asunto.

"No te mientas a ti mismo", le advirtió su conciencia.

Vegeta chistó disgustado ante la molesta pero sabia admonición de su conciencia. ¿Qué sacaba con engañarse a sí mismo? ¿Se libraría del dolor? ¿Dejaría de pensar en las dos mujeres que se habían adueñado de sus pensamientos? Definitivamente no. Quisiera o no estaba ligado a ambas por un vínculo invisible... pero aunque ese vínculo no se pudiera ver ni tocar, se podía sentir incluso mucho más fuerte que el más duro y resistente de los metales.

La vida una vez más ponía una enorme prueba en su camino... una más de las tantas que solía poner... el sufrimiento y el dolor aparecían para ahuyentar la felicidad. Aunque tratara de dominar sus emociones, lográndolo hasta cierto punto, no podía deshacerse del dolor que sentía... por mucho que tratara de camuflarlo su corazón estaba lastimado. Aunque no pudiera demostrarlo con lágrimas o con un sufrimiento evidente... el dolor lo llevaba por dentro y eso era una sensación mucho peor que desahogarse por medio del llanto. El dolor se quedaba por dentro carcomiéndolo, aunque nadie pudiese notarlo.

"Maldita mujer, debería ir a matarte" -todo lo que sentía era debido a esa mujer que se había atrevido a engañarlo.

Curiosamente nubes comenzaron a imponerse sobre los brillantes luceros que iluminaban el hermoso firmamento. Las bellezas nocturnas empezaron a desaparecer tal como la felicidad que había sentido junto a Mirai Bulma había desaparecido también.

Aquellas nubes grises estaban cargadas de lluvia que no tardaría mucho en dejarse caer. ¿Acaso la naturaleza estaba intentando emular lo que estaba sintiendo realmente? ¿Quería soltar las lágrimas que él no podía? ... Una tormenta se acercaba... una tormenta igual a la que su alma sentía.

Su vida pasada no estaba presente en su mente. La amnesia se había encargado de eliminar cualquier recuerdo. Y ya ni siquiera podría asegurar si alguna vez recuperaría la memoria realmente. En sus manos estaba el destino de dos mujeres... sin siquiera dimensionar aún todo lo que aquello conllevaría.

Esta vez no era una batalla lo que tenía que superar sino algo mucho más díficil... lamentablemente esta era la peor prueba que el destino pudo ponerle... la peor.

Continuará.