hola! infinitas gracias por sus reviews y tb por sus respuestas sobre lo que acontecio con Milk. Ya veran mas adelante porq lo preguntaba ;]

hola Any ^^ como no te puedo dar respuesta por privado te respondo por aqui agradeciendote por tus reviews tan extensos, de hecho no se si te lo dije pero he tomado algunas ideas que me has dado, como la aparicion de Goten y Trunks ya que los inclui en el fic gracias a ti. No los tenia en mente hasta que tu me insististe con ellos asi que si tienes mas ideas yo feliz de recibirlas eh :D

y la verdad no pensaba escribir tan pronto ya que siempre dejo pasar mas de una semana para recibir los reviews y tb para que me vuelva la inspiracion, pero hoy me dieron muchas ganas de escribir y salio este capitulo el cual me emocione haciendolo. Me salio cursi eso si, quizas por la musica que estaba escuchando xD y aunque no me suele pasar este capitulo me emociono. ojala les guste tanto como a mi hacerlo.

...

Capítulo 23: Amor de Padre

Vegeta había decidido partir a la Capsule Corp. Tenía profundos deseos de hablar con su verdadera esposa... tal y como había sucedido en la horrible pesadilla que Bulma había tenido.

El príncipe saiyajin tenía las mismas cavilaciones que Bulma había soñado... exactamente las mismas. Los mismos pensamientos, las mismas sensaciones... cómo si por alguna extraña y misteriosa forma Bulma se hubiera conectado a través de un sueño con el alma de su esposo.

¿Acaso esa maldita pesadilla realmente fue un sueño premonitorio?

Vegeta acababa de aterrizar en el patio de la famosa corporación. Se dispuso a caminar hacia dentro dando una ronda por las afueras de cada ventana. En ese preciso momento pasó por el cuarto en el que había hecho el amor con Mirai Bulma. Lo recordaba muy bien. Nunca olvidaría algo así... aunque pensándolo bien quizás cuantas cosas igual de importantes había logrado borrar la amnesia acerca de su verdadera mujer.

Justo en el momento en que se suponía que avanzaría más y escucharia los lamentos de su mujer del futuro, dos niños aparecieron justo delante de su vista.

La aparición de ambos niños, unido a la incesante y ruidosa lluvia, había impedido que Vegeta escuchase el llanto de la científica del futuro solamente unos cuantos pasos más allá.

Era como si el destino que estaba escrito en el sueño premonitorio de Bulma hubiera cambiado completamente, sólo por unos cuantos segundos y debido a los dos pequeños.

Ambos niños, a pesar de lo mojados que estaban, llevaban una cara brillante de felicidad. Cuando sintieron el ki de Vegeta moviéndose, ellos también emprendieron el vuelo desde el puente en el cual se habían refugiado.

El mayor de ambos chicos se acercó un poco más, mientras Goten se quedaba más atrás.

"¡Hola!" -saludó él con felicidad. Momentos después comenzó a juguetear nerviosamente chocando y moviendo sus índices. Estaba buscando las palabras precisas que decir.

"Sé que no me recuerdas -dijo finalmente- pero por eso mismo tenía tantas ganas de verte, porque estoy seguro que te puedo ayudar a recordar"

Ni siquiera fueron necesarias esas palabras. Un estrecimiento azotó los azabaches iris de Vegeta al ver a ese pequeño niño de empapados cabellos violetas, quien era golpeado también por la lluvia.

El pequeño era idéntico al Trunks que había conocido... una miniatura del joven que usaba espada. Y si ese mocoso era tan parecido a él... significaba que también era su hijo.

Un revelador sudor frío liberó su cuerpo. Su corazón se agitó con fuertes latidos azotando su frío pecho. ¿Qué era lo que estaba sintiendo? ¿Por qué su corazón se estaba emocionando tanto por ver a ese mocoso?

La mente de Vegeta estalló por dentro. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Un calambrazo sintió en su corazón. Su mente resucitó un recuerdo imborrable que estaba metido tan profundamente en su alma que ni siquiera la amnesia con todo su poder había logrado borrarlo. Su alma voló precisamente a ese instante... a ese instante en que cambió para siempre. A ese preciso instante en que dio el gran y enorme paso para cambiar su vida. Al primer paso para corregir todos sus errores del pasado. A ese momento completamente imborrable en que comprendió a fuego intenso lo que era amar. Amar tanto como para sacrificar su propia vida por las personas que amaba.

Su mente voló justo recordando ese preciso instante...

...

Trunks, junto a Goten, habían pateado a Majin Buu lanzándolo muy lejos de él. Procedieron a liberarlo, desenvolviéndolo de un repulsivo apéndice rosado enrollado alrededor de todo su cuerpo. Prácticamente estaba inconsciente pero pudo sentir el ki de su hijo y de su inseparable amigo que habían venido en su ayuda.

Recordó claramente como ambos niños se ofrecían a ayudarlo para acabar con el demonio rosa. Decididos a apoyarlo, tal como si fueran guerreros de una vasta experiencia con mil batallas curtidas en el cuerpo. Pero la realidad es que eran sólo unos críos... aunque con una valentía abrumante.

Sin embargo, no iba a poner sus cortas vidas en peligro... esto era un asunto que no les concernía. Era un peligro que no debían correr a tan corta edad. Él mismo acabaría con el maldito Majin Buu sin importar el costo. Cuanto hubiera deseado matarlo destrozándolo con sus propios puños, pero esta vez todo era distinto... ese maldito demonio había sobrepasado todo lo que se había imaginado. Era mucho más poderoso de lo que había previsto... ¿cómo podría derrotarlo? Una idea se había incrustado inamoviblemente en su mente... sino podía derrotarlo en combate lo desintegraría. Era una idea brillante... pero una idea que significaría su muerte.

La muerte...

Esa sería la ultima vez que vería a Trunks. La última... su cuerpo y alma se sobrecogieron con esa sensación. Sería la última vez que padre e hijo tendrían un momento juntos...

Se acercó a Trunks con una idea fija en su mente... quería abrazarlo. Por extraño que pudiera parecerle a su propia alma, eso era lo que quería... darle un abrazo. Vegeta era un tipo que jamás expresaba cariño. De hecho jamás lo había abrazado en toda su vida.

Nunca había sido un padre cariñoso, o un padre preocupado por su hijo. Trunks tenía sangre de la gran raza saiyajin, por lo tanto no podía volverse un debilucho patético. Desde pequeño debía aprender a ser fuerte ante la adversidad. A ser fuerte para poder salir adelante. A no necesitar a nadie para encarar a la vida.

Además tenía a su madre, quien era la que le daba todo el cariño que necesitaba. Por esa misma razón él no iba a caer en cursilerías ni en mariconadas sentimentales.

Pero esta vez todo era muy distinto. Después de tanto tiempo... sólo se dejo llevar por lo que su corazón le dictaba. Sin pensarlo dos veces, se liberó de esas malditas cadenas que le impedían demostrar sus sentimientos. Caminó hasta quedar frente a su pequeño hijo. Trunks lo miró hacia arriba directamente a sus ojos, seguramente extrañado por su comportamiento.

Finalmente y sin esperar más, lo abrazó dejando fluir sus más profundos sentimientos a través de ese gesto tan poco común en él.

Vegeta jamás le había dado un abrazo. Nunca. Pero cuando algo es tan escaso se aprende a valorar mucho más. Ese abrazo tenía un significado mucho más grande y más fuerte que cualquier cosa que le haya dado antes.

Trunks se impresionó con su abrazo. Sin embargo se sintió un tanto avergonzado. Incluso al comienzo intentó protestarle su gesto. Ya era mayorcito y tampoco quería caer en cursilerías. Aún así, la felicidad que sentía era incomparable. No podía creerlo. Ninguna palabra sería capaz de expresar la emoción que sintió con el abrazo de su padre. Su abrazo eran tan diferente... tan especial... tan increíble.

Vegeta lo contempló, viendo como el niño había sacado su orgullo. Lo demostró cuando intentó protestarle. Se emocionó en sus adentros al ver cuan parecido era a él. El abrazo que le estaba dando a su hijo lo conmovió interiormente de una forma increíble... con ese gesto le demostraba lo que no había podido demostrarle antes... todo lo que lo amaba, todo lo que significaba para él.

Trunks siguió sintiéndose reconfortado y querido. Era un abrazo tan sólido, tan emocionante, tan fuerte pero tan lleno de amor a la vez, que resultaba indescriptible.

Sabía que su papá era un tipo rudo como ninguno. Su madre ya le había explicado lo que Vegeta había tenido que vivir en su pasado. También conocía a la perfección el gran orgullo de su padre. Mismo orgullo que le mencionó a su amigo Goten cuando lo desenvolvieron del apéndice de Majin Buu, explicándole que su padre no sería derrotado porque era el príncipe de los saiyajins.

A pesar de su corta edad, había aprendido a entender a su padre a la perfección. Había aprendido a entender su orgullo y lo díficil que le era demostrar sentimientos que lo hicieran ver vulnerable. Pero a pesar de eso, también conocía muy bien todo lo que lo quería, aunque jamás se lo demostrase.

Vegeta bajó su mirada para ver a su hijo... el fruto de su amor con Bulma. Esa personita valía más que todo en su vida. Esa personita representaba lo mejor de él. Ese niño era la estrella que iluminaba su vida.

Después de todo era su hijo... que hermosa sonaba esa palabra.

Para un saiyajin la relación con sus progenitores era nula. Los lazos afectivos con sus padres solamente los habrían convertido en maricones débiles y no en verdaderos guerreros. Eso era lo que pensaban ellos como raza.

Sólo los saiyas de la más alta realeza tenían cierta relación con su descendencia, pero únicamente porque les agradaba entrenar ellos mismos a sus hijos para que fueran verdaderos guerreros.

Así mismo, la relación de Vegeta con su padre era muy débil, como si se tratara de cualquier otro saiya desconocido. Relación sólo basada en el odio y las peleas de entrenamiento.

Cuando Nappa le informó por el scouter de la muerte de su padre y de la destrucción del planeta Vejita, él ni siquiera se inmutó. Nada, ni siquiera un rastro de emoción. Su padre murió por ser débil, igual que el resto de estúpidos saiyajins que se dejaron matar. Merecían ese destino por débiles... pero él no lo sería. Él cumpliría con su destino de ser el más fuerte del universo.

El rey Vegeta había sido cruel y despiadado con él, ¿entonces por qué debía lamentar su muerte? Bah, a la mierda con su padre, no era más que otro insecto inútil entre tantos otros. La muerte lo vino a buscar por débil y pusilánime.

Vegeta no podía sentir más que aversión e indiferencia hacia él. De hecho su padre no significaba nada. Sólo su predecesor en el trono saiyajin. Padre era una palabra que no tenía absolutamente ningún significado para él. Padre era una palabra vacía, una palabra carente de sensación alguna. Una verdadera nimiedad.

Pero no quería que la historia se repitiera... no quería que su hijo sintiera ese odio que él tuvo contra su padre. No quería que la palabra padre se volviera una palabra vacía también para Trunks.

Aunque le costará tanto demostrárselo... quería a su hijo cómo el pequeño no podría imaginárselo nunca. Después de todo vivir con Bulma le había enseñado que el amor era una fuerza muy poderosa, capaz de cambiar a una persona para bien... capaz hasta de cambiarlo incluso a él.

Kakarotto vino a su mente también... maldito Kakarotto... maldito guerrero de clase baja que se atrevió a superarlo. ¿Pero cómo un guerrero de clase baja era capaz de superar al guerrero de la más alta élite saiya? ¿Cómo ese insecto era capaz de superarlo una y otra vez? ¡Si el destino estaba escrito maldición! Él y nadie más que él sería el más fuerte del universo, él sería el más despiadado, el más cruel, el más fuerte de todos. El príncipe de los saiyajins sería el más fuerte de todo el universo.

Pero el destino se puede cambiar... al destino se le puede plantar cara. Al destino se le puede torcer la mano y cambiarlo... y eso era lo que había logrado el insecto de Kakarotto, convirtiéndose en el más fuerte de todos.

Y si él lo había logrado... ¿por qué él no podría aceptar sus sentimientos? ¿Acaso estaba destinado a ser un guerrero frío y malvado al cual nada ni nadie le importa? ¡Sí! ¡ese era su destino maldición! ¡Eso era lo que quería ser! Se dejó convertir en un Majin por Babidi para olvidar todo sentimiento que lo pudiera debilitar. Tenía que cumplir su verdadero destino. Volver a su vida de mercenario espacial era lo que quería. Matar, saborear la sangre del enemigo, demostrar quien es el más fuerte era lo mejor que podía existir. Después de vencer al imbécil de Kakarotto volvería a esa vida... pero no, todo eso sólo era una vil mentira. El mismo insecto al que odiaba tanto, el maldito Kakarotto, se lo demostró cuando le mencionó a Bulma y Trunks. Pensar que el tal Majin Buu los pudiera matar le provocó un feroz nudo en su corazón.

Si realmente su destino era ser despiadado y cruel... éste era el momento de torcer ese destino. Amaba a Bulma y a Trunks con toda su alma. Ellos eran su familia ahora. Y por ellos cambiaría su destino por siempre y para siempre. Le dolería en lo más profundo de su corazón dejarlos. Pero debía protegerlos, tanto a Bulma como a su retoño. Trunks aún tenía mucho que vivir y aprender. Seguramente sería un gran guerrero si Bulma no lo seguía malcriando. Una leve sonrisa se formó en su rostro al pensarlo.

"Cuídate mucho hijo", fueron sus últimas palabras expresándole también sus últimos deseos.

Hijo... jamás lo llamaba así. Ahora había llegado el tiempo de hacerlo.

Le dio un golpe en su nuca y lo dejó inconsciente. Goten comenzó a reclamarle iracundo por qué lo había hecho. Vegeta volvió a conmoverse en su interior. Ese niño realmente quería a Trunks, ese niño lo defendería con su vida si era necesario. Ése era el mejor amigo que podía tener. El mejor.

El hijo menor de su eterno rival se había convertido en el alma gemela de Trunks... El hijo del insecto que tanto odiaba... pero que a la vez respetaba como a ningún otro guerrero que haya conocido en toda su vida. Si tuviera que considerar a alguien como un amigo, ese alguien sería el insecto de Kakarotto. El único en su vida al que podría considerar de tal manera.

De un golpe en su estómago dejó inconsciente a Goten también, cortando sus protestas.

Volvió a pensar en su solitaria vida de guerrero del espacio... conquistando, destruyendo, aplastando a todos los seres inferiores que debían morir como las patéticas cucarachas que eran. Esa era su razón en la vida... ¿pero por qué se sentía solo?

"Odio amar y amo odiar"; eso era lo que pensaba cuando Bulma se adentró en su corazón, ahuyentando toda esa inmensa soledad que sentía por dentro. Pero odiaba amar. Maldito sentimiento patético que lo volvía débil y vulnerable.

Sólo el odio importaba... había eliminado todo el resto de sentimientos inútiles, obligando al odio a prevalecer sobre todas las demás afecciones. Los convirtió en sentimientos prohibidos.

Pensó nuevamente en Trunks. Cuanto se alegraba de que su hijo tuviera una vida distinta a la suya. Sin soledad, sin tener que matar a todo lo que veía... sin tener que envenenarse con odiar a todo y a todos. El placer de matar y ver correr sangre sólo era una vía de escape... solamente una felicidad vacía. Lo comprendió cuando conoció a Bulma y le hizo girar todo su mundo. Lo entendió porque con ella supo lo que era la verdadera felicidad.

A diferencia de su infancia y gran parte de su adultez, Trunks si podía tener una verdadera felicidad desde pequeño... su retoño se merecía ser feliz. Y le gustara o no, su hijo era feliz teniendo como amigo al hijo menor de su eterno rival.

Otra ironía de la misteriosa vida, la que nos suele poner caminos tan difíciles de recorrer como de comprender. Pero él, después de tanto tiempo, finalmente lo había comprendido... ahora sólo faltaba dar el paso más importante... recorrer el camino. Dar el paso final hacia el gran cambio que daría su vida. Aunque ese cambio significara su muerte... valía la pena hacerlo si con ello salvaba la vida de su familia.

Su sacrificio ante Majin Buu sería lo último que haría en la vida. Y con ese tremendo sacrificio tal vez las personas que quería sabrían cuanto los amaba aunque nunca se los dijese.

Y no sólo haría ese sacrificio por Bulma y Trunks, sino también por ese insecto que sin siquiera saberlo le había enseñado a que el destino podía cambiarse, a aceptar sus sentimientos sin que eso lo tuviera que debilitar. De hecho sus sentimientos lo hacían más fuerte para poder eliminar a Majin Buu pensando en proteger a su familia, tal como Kakarotto se volvía más y más fuerte para proteger a la gente que quería, incluso por encima de su propia vida.

"Adiós Bulma... adiós Trunks... y también Kakarotto", fueron sus últimas palabras antes de despedirse de la vida para siempre.

...

Su mente le dio un tremendo golpe de electricidad haciendo que sus negros ojos se estremecieran, centrándose en lo que estaba pasando en el mundo real. Su mente volvió de sus recuerdos.

Tantos pensamientos en tan poco tiempo. Fue un ataque directo de cavilaciones a su cerebro, tan rápido y tan incesante que fue como si el tiempo se hubiera detenido. Su memoria dio un gran paso para recuperarla. No mucho, pero fue alentador. Recordó parte de su vida bajo las órdenes de Freezer, su sacrificio ante Majin Buu en el presente... nubarrones de la rivalidad que tenía con el tarado de Kakarotto... incluso recordó a Bulma, aunque vagamente. Sin duda, no faltaría mucho para que sus recuerdos volvieran completamente. Pero lo más importante de todo... recordó a ese pequeño que tanto amaba.

Trunks lo miraba con nervios y ansiedad, no sabiendo que esperar. El príncipe pudo notar la intranquila emoción de su primogénito. El niño ni siquiera le había dicho que era su hijo, tal vez esperando el momento preciso para hacerlo.

Vegeta caminó y sin dudarlo ni pensarlo lo volvió a abrazar, tal como lo hizo la primera vez. Trunks sintió como una montaña de emoción le recorrió el cuerpo entero. Su padre lo había recordado. Lágrimas afloraron en sus ojos, las cuales trató de contener con toda su fuerza de voluntad. Tenía que ser fuerte como su padre.

Vegeta sintió como su corazón se emocionaba infinitamente... Ya no se preguntaba, como al principio, por qué se conmovía viendo al mocoso. Ahora finalmente comprendió que era lo que sentía... era amor de padre.

Continuará.