hola! como siempre muchas gracias a todas las que se dejan tiempo de dejar un review y opiniones, las tengo muy en cuenta todas!

tambien quiero dedicarle este capitulo especialmente a mi amiga Solci (alias Ken trunks ^^)

Sin más que decir espero que les guste este capitulo.

Capítulo 25: Felicidad rota

La desafiante tormenta seguía en forma impertérrita mientras los rayos y sus estentóreos sonidos tronaban furiosos resonando por el cielo. La apasionada pareja se dio un abrazo tan intenso como larga había sido la espera para ello. Pudieron sentir como sus agitados corazones hacían contacto el uno con el otro, invadiendo de emoción el cuerpo del ser amado. Incluso la luz interior de la habitación pareció vibrar con tan emocionante abrazo.

Un gran rayo retumbó por las afueras de Capsule Corp, pero Bulma no dio ni siquiera un respingo. En los brazos del saiya se sentía la mujer más protegida que podía existir en el mundo entero.

Tras un largo momento, se separó un poco del efusivo abrazo que le daba su príncipe. Clavó sus azules ojos en los del saiya con la intención de descargar el dolor que había sentido con todo lo vivido.

"Ni siquiera debería abrazarte... debería agarrarte a patadas y azotarte contra el suelo por todo lo que me hiciste sufrir maldito" -se acurrucó como una niña pequeña en su pecho.

Vegeta, por increíble que parezca, esbozó una ligera sonrisa comprensiva ante el descargo de su mujer.

"Lo que pasó, pasó mujer. Lo importante es que ya recuperé la memoria y ahora sé a quien amo verdaderamente" -terminadas sus palabras, volvió a abrazarla con explícita emoción. Realmente sus sentimientos eran los que hablaban por él. No los estaba conteniendo como solía hacerlo.

La joven científica quedó impresionada con sus palabras. Sabía perfectamente que Vegeta no era un hombre demostrativo o que se dejara llevar por sus emociones, pero esta vez era todo lo contrario... ahora sí podía sentir todo su humano calor con su apretado abrazo, dejando fluir tantos sentimientos a través de él. La felicidad que ambos estaban sintiendo era indescriptible.

Los ojos de Bulma se achicaron debido a la emoción, destellos de lágrimas asomaron en sus iris pero no quería ceder al llanto, aunque este fuera de felicidad.

"No seas debilucha mujer" -le espetó. "No es para tanto pero si quieres llorar aquí estaré yo para consolarte" -le acarició el rostro con su enguantada mano.

"Que tierno" -sonrió ella echándole una broma que sabía muy bien que le molestaría.

Vegeta hizo una mueca de desagrado con su chanza.

"¡Tampoco te aproveches!" -le contestó mosqueado. Tierno era una palabra que simplemente no podía existir en él.

"Lo sé mi príncipe azul" -divertida con su reacción, le guiñó un ojo con complicidad.

Sin esperar más la científica dio rienda suelta a lo que por tanto tiempo había esperado. Se humedeció sus femeninos labios pasando su lengua por encima de ellos, acercándolos muy lenta y sensualmente a los ansiosos labios del saiya, quien con su impaciencia acostumbrada no esperó para plantarle un sabroso beso con toda la enorme fuerza de su alma. Bulma se sintió definitivamente en el paraíso. Después de tanto tiempo sin sentir algo así volvía a valorar todo lo que podía llegar a significar un simple beso, besos que Vegeta podía dar como nadie. Tanta intensidad puesta en él, demostrando todo lo que significaba ser un guerrero saiyajin, capaz de expresar mil emociones mezcladas cuando realmente quería hacerlo.

El saiya mordió el labio inferior femenino muy suavemente, haciendo a Bulma saltar de excitación. Lo deseaba tanto como él a ella. Se besaban desenfrenadamente, uniendo sus decididas almas a través de sus labios. El príncipe prácticamente quería comerse su carnosa boca junto a su deliciosa lengua. Luego del largo y apasionado beso que había desatado, el saiya se dirigió lentamente hasta su oído.

"Te comería hasta el alma mujer" -le dijo en un excitante susurro que hizo que su mujer se estremeciera por entera, enervando cada vello de su bello cuerpo. Sin esperar le dio un suave mordisco en el lóbulo de su oreja. La deseaba tanto que de haber podido le hubiera comido cada parte de su escultural cuerpo.

La científica llegó a sentir como las palabras pasaban desde su oído hasta su corazón y llegó a retorcer su cuello cuando sintió el cariñoso mordisco en su oreja.

"Eres malditamente encantador" -se quejó Bulma con otro susurro entrecortado sintiendo como hasta el aire se le escapaba. Abrió su boca para poder respirar a través de ella dando un exquisito jadeo. Posó ambas manos en los negros cabellos de su pareja acariciándolos con suma dulzura, mientras el saiya le seguía hablando en un tono tan suave que nadie podría haber creído que pertenecía al mismo Vegeta que conocían todos.

El poderoso guerrero sintió como su pecho reventaría de amor. Su corazón bombeaba más sangre debido a la excitación y las ansias de hacer suya a su mujer. Bajó sus fuertes brazos a las piernas de su esposa, cargándola mientras ella rodeaba su cuello y le daba un ardiente beso allí. La piel del príncipe se erizó por entero al sentir los cálidos labios de su mujer y su respiración entrecortada acariciando su piel. Bulma separó sus labios del cuello y se acercó a su oído para darle un mágico susurro:

"Te amo"

Las bellas palabras conmovieron el alma del príncipe, quien por un momento detuvo su andar. Bajó levemente su vista para dirigirle una directa mirada a su mujer y decirle lo que también quería:

"Yo también" -sin esperar le dio otro sabroso beso lleno de la más candente pasión.

Bulma también se emocionó aferrándose aún más al rudo cuerpo masculino. Con el se sentía tan protegida como si fuera una pequeña bebé en una acogedora cuna.

El saiya cerró la puerta dándole una patada y caminó hacia la cama dispuesto a adueñarse del cuerpo de su hermosa mujer. Se pertenecerían el uno al otro y, después de estar tanto tiempo sin verse, la devoraría con incluso más ansias que de costumbre.

La lanzó en la cama como sólo él sabía hacerlo y Bulma cayó cual saco de patatas. La delicadeza no era una de las virtudes del poderoso saiya, pero precisamente esa rudeza la enloquecía aún más.

Vegeta se quitó la ropa superior dejándo al descubierto sus fibrosos pectorales junto a sus perfectos abdominales. Bulma no dejaría que la oscuridad le arruinara una vista así y prendiendo la tenue luz de la lámpara se deleitó observando minuciosamente a su pareja... a pesar de conocer el cuerpo de su esposo a la perfección nunca se cansaría de admirar esa maravilla de cuerpo masculino que los duros ejercicios y entrenamientos habían formado.

La joven hizo a un lado el cubrecama; con exquisita lentitud tomó una delgada y sedosa sábana y se la puso encima, mientras manteniendo la misma y sensual lentitud comenzó a mover sus manos bajo la sábana a través de todo su cuerpo... poco a poco y con sublime lentitud comenzó a sacarse su ropa mientras su agitada respiración dejaba notar lo excitada que estaba.

La mirada del saiya se puso aún más deseosa al notar como la bella mujer se tocaba sus más sensibles partes íntimas por debajo de la translúcida sábana. Algo de saliva comenzó a juntarse en su boca con las ganas de verla desnuda y devorar su cuerpo entero, tal como si un hambriento babeara ante una jugosa y deliciosa fruta.

Bulma cruzó sus piernas como si intentara aprisionar con fuerza su femineidad. Se pasó la lengua por las comisuras de sus labios y le dio la más seductora de todas las miradas a su hombre. De manera sensualmente lenta, abrió totalmente sus piernas hasta dejar a su vagina en completa libertad, excitando aún más al saiya. Aunque no pudiera ver claramente el sexo femenino por la sedosa sábana que la cubría, la provocación funcionó tanto o más que si estuviera completamente desnuda. Las ansias del saiya por ver su húmedo sexo lo excitaron hasta el límite, relamiéndose sumamente deseoso al imaginar todo lo que haría con la exquisita feminidad de su mujer.

La científica quedó sorprendida de lo caliente que la llegaba a poner ese maldito hombre. Sintió como un delgado hilo de transparente líquido vaginal caía por su muslo izquierdo. Miró hacia abajo totalmente alucinada de como podía estar tan caliente si hacía poco que habían empezado. Imitando el camino de su hermano, otro hilo de líquido vaginal cayó esta vez recorriendo la parte interior de su muslo derecho.

No podía creer como su esposo sin siquiera haberla tocado la tenía así de ardiente. Hasta le dieron ganas de decirle que no era justo que la calentara tanto. Todo su cuerpo ansiaba unirse al de Vegeta. Su vagina estaba suplicando que su macho llenara ese tortuoso vacío que estaba sintiendo. Que llenara su cuerpo y su alma era lo que tanto ansiaba. Necesitaba fusionarse con su pareja en un solo ser... amarlo hasta más allá de los límites del amor. Los dos se volverían uno, en un mágico y delicioso acto de amor.

Vegeta se mordió el labio inferior recordando en su mente el sabor vaginal de su mujer. Lo ansiaba tanto... todo su ser se lo estaba exigiendo de manera desesperada...

Pero algo lo hizo detenerse en seco en tan sólo un segundo. Su mirada se abstrajo completamente, como si su mente hubiera cambiado a otra dimensión. Se sumió en un mundo de pensamientos totalmente paralelo al real. Un recuerdo vino a atormentarlo de súbito para condenarlo.

La bella mujer notó el ensimismamiento de su esposo y frunció el ceño de manera interrogativa. ¿Qué estaba pasando por la mente de su hombre?

El guerrero quedó estático por muchos segundos y su mirada completamente perdida era un claro indicio de que algo había ocurrido en su cerebro.

"¿Qué pasa Vegeta?" -preguntó su esposa con la más inquisitiva de todas las miradas. Sólo ver el extraño semblante que se había apoderado del saiya le había quitado casi toda la excitación de golpe.

Vegeta pareció reaccionar con su pregunta e intranquilamente cruzó sus brazos.

"Mujer, ¿por qué no me has recriminado por acostarme con ella?" -le preguntó directamente, sin prepararla ni con medios tintes. Directo y frontal como solía serlo.

La pregunta no pudo venir en un momento más inoportuno que este. Fue una verdadera patada en el estómago. Bulma sintió como una energía llena de furia recorría todo su cuerpo.

Ella... sabía muy bien a quien se refería. ¡Qué ganas de olvidarla para siempre! ¿Por qué rayos tenía qué mencionarla justo ahora? ¿Era estúpido o qué? Sintió como una tremenda ira iba acumulándose igual que un volcán a punto de hacer erupción.

"¡Debería matarte por inoportuno! ¿Cómo mierda se te ocurre mencionarla ahora?" -se quejó realmente enfurecida, apretando y arrugando la sábana que la cubría con suprema fuerza.

Vegeta sabía muy bien que la iba a enfurecer, pero no podía esperar otro momento. Si no saciaba su duda ahora mismo no podría amarla con todo el amor y toda la entrega que ella se merecía.

"Sé que no es el momento pero tengo que saberlo ahora mismo, sino no podré amarte como realmente te mereces mujer" -se sacó sus guantes y le tomó las manos a su esposa mirándola profundamente a los ojos. Entrelazó sus dedos entre los suyos combinando firmeza y suavidad a la vez.

La científica abrió su boca y ojos sorprendida por ese gesto, que en él era algo prácticamente inexistente. Estaba dispuesta a echarle encima un montón de improperios pero sólo con ese acto de su esposo se sintió extrañamente reconfortada. Pero aunque su ímpetu disminuyera drásticamente no dejaría sin castigo la deleznable acción del saiya.

"Me parece el colmo del mal gusto que la menciones a ella justo ahora. ¿Qué te parecería a ti si mencionara a otro hombre en un momento como éste?" -desenredó sus manos de las del saiya, quitándoselas con violencia.

"Obviamente no me has culpado debido a la amnesia que tuve, pero aún así quiero saberlo de tú misma boca" -afirmó ignorando completamente sus reclamos.

Bulma chistó realmente disgustada. Le quitó la mirada con desdén debido a su ofensiva actitud. Ignorar sus protestas era el colmo. Le dio su faz nuevamente y le dedicó una mirada altanera, como si se tratara de un poca cosa. Pero Vegeta ni siquiera se inmutó.

"Contesta mujer" -exigió con dura voz.

Bulma hizo una severa mueca de disgusto. Ése hombre realmente podía sacarla de quicio cuando se lo proponía.

"Sí, sólo por tú amnesia lo dejo pasar. Sé que no me recordabas y sólo por esa razón no te tengo rencor alguno. Agradece que estabas con amnesia porque de otra forma jamás te habría perdonado que te acostases con ella. ¡Jamás!" -recalcó esa última palabra con un potente grito que hizo eco en la cerrada habitación.

Vegeta sintió como si un rayo hubiera atravesado todo su cuerpo al escuchar esas palabras. Cuando se quedó inmóvil antes, había recordado cuando le hizo el amor a Mirai Bulma, haciéndolo sentir culpable. Pero con las últimas palabras de su mujer recordó algo aún más difícil.

Nunca lo habría perdonado... la aún frágil mente del príncipe le dio otro martillazo estentóreo en su cráneo. Una imagen mental atravesó su cerebro haciéndolo reaccionar con un casi imperceptible respingo... recordó claramente como aún sin amnesia estuvo a punto de hacerle el amor a Mirai Bulma. Solamente la intervención de Dabura destruyendo la ciudad cambió ese destino. Sino hubiera sido porque debía pelear contra ese gusano habría terminado haciéndole el amor a la mujer del futuro.

"¿Me hubiera detenido esa vez?", se cuestionó mentalmente. "Estuve a un pelo de hacerle el amor... y aunque no se lo haya hecho tuve toda la intención de hacerlo...", siguió recriminándose a sí mismo con suma dureza. Su cara frunció el ceño aún más de lo que ya estaba. "Infidelidad... eso era lo que estuve a punto de cometer... ¿pero es infidelidad si ambas Bulmas son iguales? Si hasta sus ki son idénticos. Es como si realmente fueran la misma persona. ¿Cómo puede ser un engaño entonces? Maldición que puta situación tan tirada de los pelos. Situación complicada al máximo", resopló fastidiado.

Mirai Bulma se había echado toda la culpa frente a su verdadera esposa, pero él aún sin amnesia iba a acostarse con la mujer del futuro... aunque ciertamente fue ella quien lo buscó esa vez. En honor a la verdad fue la científica de este tiempo la que le había rogado porque se quedaran juntos y que hicieran el amor. ¿Eso aminoraba su culpa? No, no podía excusarse usándola a ella. Él debía controlarse. Él y nadie más que él era el culpable. Lo único bueno es que esa vez no había pasado nada... pero sin amnesia estuvo a un tris de hacerle el amor... Sin amnesia...

"Sin amnesia", se repitieron una y otra vez esas dos malditas palabras, como si fuera un interminable eco mental.

"¿Qué pasa Vegeta?" -interrumpió la joven ante su prolongado silencio. La expresión que puso su faz era claramente inquisidora.

"Rayos que situación tan maldita", bufó mentalmente cerrando sus puños. "Se lo diré. Pero no todavía, Bulma se ve feliz y no quiero arruinarle este momento de felicidad. Seguramente le dolerá, sí, claro que le dolerá" -maldijo que algo así fastidiara el momento que vivía con su amada.

Bulma siguió mirándolo, explorando con ansias hasta el más mínimo detalle de su semblante que pudiera darle un indicio sobre que estaba pensando. Aunque en realidad ni siquiera necesitaba hacerlo... sabía muy bien quien estaba en su mente. Solamente una persona hubiera podido parar un momento así de romántico... Mirai Bulma. Ni siquiera estaba presente pero lo había logrado. Maldición, como quería convencerse de que era otra cosa, de negar la maldita realidad para no sentir dolor. Pero sí, Bulma estaba segura que Vegeta pensaba en la mujer del futuro. Lo encararía ahora mismo, sin esperar más. Si tenía que pelear estaba dedicida a hacerlo.

"No me digas que sientes algo por ella aún cuando ya recuperaste la memoria" -la peliazul apretó sus puños sin control. Realmente su furia se había desatado.

"No te responderé porque gritaras y te pondrás histérica como sueles hacerlo mujer" -dio su firme respuesta volviendo a cruzar sus brazos.

"¿¡Que yo qué? ¡Yo nunca grito y jamás me pongo histérica!" -le gritó con ganas.

Vegeta la conocía tan bien que sabía perfectamente como iba a reaccionar cuando le dijera esas palabras. Le pareció gracioso conocerla tan perfectamente. Aún así la situación requería absoluta seriedad así que no dio ni una sola muestra de emoción.

"Pregunta de una vez lo que quieres saber" -tranquilamente se puso sus guantes de nuevo, para volver a cruzar sus brazos una vez terminada su labor.

Bulma volvió a colocarse su ropa por debajo de la sábana. Inyectada de nuevos bríos se levantó de la cama y se puso frente a Vegeta con actitud desbordante de resolución. Las manos en sus caderas no dejaron lugar a dudas de su determinación.

"¿Me amas a mí o a la otra Bulma?" -lo encaró la joven decididamente, yendo directo al grano sin temor alguno.

Los ojos de Vegeta se reavivaron con la sorpresiva pregunta. Debido a la amnesia, ya hasta se le había olvidado lo directa que podía ser su esposa. También iba directo al grano cuando así lo deseaba.

"¿Acaso dudas que te amo mujer?" -preguntó él con tono molesto, con el cejo terriblemente arrugado. La pregunta hasta lo había ofendido.

"Claro que lo dudo, ¡y tengo todo el derecho de hacerlo!" -le espetó de inmediato- ¿Hace cuanto no tenemos un momento juntos? Sabes que me muero por estar entre tus brazos, por besarte, por hacerte mío ¿y tú me la nombras a ella? ¿Cómo mierda quieres que reaccione?" -dejó fluir toda esa inmensa molestia que sentía.

Vegeta no quiso responder que tenía razón. Simplemente miró hacia el lado quitándole la mirada, dándole la razón de forma implícita al no replicarle.

Bulma captó enseguida lo que su gesto significaba. Lo conocía demasiado bien.

"¿Y entonces?" -volvió a preguntar ella- ¿La sigues amando verdad? ¡No lo niegues!"

"¡No seas absurda mujer!" -replicó enseguida alzando la voz. "¿Por qué rayos crees que estoy acá contigo? ¡Porque te amo a ti, maldición!" -le gritó desatando toda su impotencia.

La joven quedó realmente atónita con su potente grito. A pesar de la furia con que su hombre se lo había dicho... le dijo que la amaba. Él casi nunca le decía esas palabras pero esta vez incluso se lo gritó debido a la impotencia. Realmente la amaba.

Ante su silencio, Vegeta volvió a hablar:

"Entiende de una vez, te amo a ti pero también lamento la situación de Mirai Bulma. ¿Qué mierda quieres que haga? ¿Qué olvide todo lo que paso con ella de un día para otro? ¿Qué la elimine de mi mente como si fuera un insecto? Pues no puedo hacerlo tan rápido como tú quieres, dáme tiempo para sacarla totalmente de mi corazón maldición" -toda su impotencia se reflejó con una severa mueca de molestia en su cara.

La peliazul tensó sus brazos cerrando también sus puños. En su corazón sabía que el saiya tenía su parte de razón, pero por qué rayos debía tener esa consideración hacia ella. ¿Por qué?

"¡Rayos! Es que me da tanta rabia Vegeta. ¿Por qué tienes que pensar en ella? ¡No es justo maldición! ¿¡Dime por qué demonios!" -le exigió cruzando sus brazos con desmedida energía. Iba a proseguir su alegato, pero el saiya posó sus manos por encima de los femeninos hombros, tomó un profundo respiro y clavó sus penetrantes ojos en la cuestionante mirada de la científica.

"Sólo quiero disfrutar mi reencuentro contigo. No lo arruines de esta manera" -su interrupción cortó en seco la diatriba de su esposa.

Bulma abrió sus ojos de golpe por causa de la sorpresa. Vegeta no era un hombre que demostrara sus sentimientos... se dio cuenta que estaba estropeando un momento único e irrepetible gracias a sus cuestionamientos y celos. Vegeta la amaba, estaba segura de ello. Para que seguir repitiendo lo que había pasado y reviviendo el dolor que había sentido... Vegeta estaba allí, junto a ella. Si la había venido a buscar era porque realmente la amaba... era porque ya había tomado su decisión. Al pensar en ello pensó que quizás se le había pasado la mano al recriminarlo tan duramente.

"Rayos está bien... tienes razón Vegeta" -chistó disgustada con admitirlo.

"Siempre la tengo" -respondió él ufano, mirándola por encima del hombro.

"¿Pero qué hago con lo que estoy sintiendo?" -le cuestionó llevando una mano a su corazón.

"Entiéndeme, eso es lo que debes hacer" -su común tono autoritario resaltó aún más.

La joven se tomó su mentón denotándose algo dudosa, pero luego de una pausa respondió con una pregunta:

¿Y a mí quién me entiende?" -alegó desatando su frustración.

"Yo" -respondió él sin vacilar ni un segundo. "Yo también me estoy esforzando, ¿o crees que te aguantaría que me grites así? ¡No! ¡Ya me habría marchado hace tiempo mujer!" -refunfuñó realmente molesto.

Bulma sonrió, sabiendo que tenía razón en ello. Cuando ella le gritaba tanto simplemente la dejaba hablando sola o la ignoraba.

"Está bien" -asintió más calmada.

La tensión del ambiente se disipó paulatinamente. Ambos se miraban el uno al otro ya sin violencia en los ojos. Aunque quedaron en buenos términos, el mágico momento que habían creado para hacer el amor se desvaneció completamente gracias a la discusión. Bulma ya no tenía ni las ganas ni el ánimo para hacer el amor y Vegeta no lucía enfocado en ello tampoco. Sus ojos no estaban completamente concentrados hacia ella, como hubiese deseado. Era como si una parte de él pensara en algo más... probablemente en su clon.

Parecía estar preocupado por la mujer del futuro. Maldijo en sus adentros que aún con su memoria recuperada esa mujer seguía interponiéndose en su felicidad. Pensó seriamente en recriminar nuevamente a Vegeta dejando fluir todas sus frustradas sensaciones, pero por mucho que le costase decidió ponerse en su lugar también. Lo que había pasado con Mirai Bulma no era tan fácil de olvidar.

Si realmente no quería hacer el amor, ella no iba a forzarlo. Con tenerlo cerca y a su lado era más que suficiente. Ya habría tiempo más adelante para amarse con él como era debido.

Así, Bulma se puso su pijama y se recostó en la cama yendo hacia la orilla que daba hacia la pared. Abrió las frazadas invitando al saiya al lecho, quien asintió y se acostó a su lado acariciándole sus turquesas cabellos, agradeciéndole con ese gesto su comprensión. Definitivamente la peliazul era una mujer increíble en todo sentido. No cualquier mujer lo hubiera entendido. Ella lo amaba de verdad y realmente se merecía lo mejor del mundo.

La joven posó su cabeza en el pecho de su macho sintiendo cada latir de su corazón. El saiya la abrazó con cariño mirando hacia el techo, pensando... reflexionando...

De esta forma y acurrucándose junto al príncipe, Bulma logró pasar el trago amargo en el cual se había convertido esta noche de reencuentro, aunque no completamente.

Cobijándose junto a él, le dio un abrazo y terminó lentamente cediendo al sueño hasta quedar profundamente dormida... y más tarde el saiya la acompañaría en el mundo de los sueños...

...

Mirai Trunks y su esposa Nenis dormían apaciblemente uno junto al otro, con la cuna de su hija a un lado de la cama. A pesar de los truenos que se oían de vez en cuando el agradable silencio nocturno permitía dormir con tranquilidad, pero pronto esa calma sería interrumpida por un molesto ruido.

Precisamente la pequeña criatura que dormía en la cuna despertó, chillando tal y como suelen hacerlo los bebés. Sus pequeños pero fuertes pulmones eran la prueba de que era una niñita muy saludable y vigorosa, tal como sus padres, los cuales despertaron inevitablemente con los llantos de su hija. Aún a medio dormir Nenis le habló a Trunks.

"Trunks, ¡escucha la música celestial de nuestra hija!" -se rió Nenis tomándoselo con humor, era mejor eso que lamentarse. "Cariño, te toca a ti cambiarle el pañal" -le dijo dándole una sonrisa burlona.

"Huy no" -se quejó Trunks con ojitos llorosos. Y es que ser padre no era nada fácil. "Pero amor para mí que tiene hambre, a lo mejor quiere pecho"

"No amorcito, te está fallando el olfato, desde acá siento que se hizo. ¡A cambiar pañales!" -se mofó ella con malicia.

Mirai Trunks resopló con resignación.

"Ser padre es díficil..." -se levantó con el mismo ánimo que tenía un muerto, yendo hacia su hija y comprobando que se había cagado.

"Será una larga noche..." -se dijo a sí mismo mientras iba por otro pañal y se preparó para una de las labores desagradables de ser padre, limpiarle el trasero a su querida hija.

...

El mediodía había llegado pero el sol no pudo anunciarse debido a los nublados cielos que envolvían a la ciudad. Sin embargo, por suerte la tormenta había amainado casi totalmente.

Con el llegar del mediodía el saiya despertó de su reponedor sueño. Dudó un breve momento en si levantarse o seguir durmiendo. Dirigió su mirada hacia su lado y pudo ver como su mujer seguía profundamente dormida. Así parecía una angelita escapada del cielo, de quien nadie sospecharía que poseía un carácter tan fuerte.

Sin vacilar más el guerrero se levantó de la cama; estar tirado en ella era sólo perder tiempo. Su cuerpo estaba intranquilo y le avisaba de esa manera que necesitaba entrenar. Superar a Kakarotto era la meta que debía cumplir a cualquier precio. Tomó sus aún húmedas ropas por causa de la lluvia y se vistió sin importarle si hacía ruido o no. Volvió a mirar a su amada quien dormía plácidamente, aunque se había destapado entre sueños. Caminó hacia la puerta y la abrió sin delicadeza alguna. La casa estaba en absoluto silencio, indicio de que aún nadie se levantaba.

Decidió darse una ducha antes de partir a entrenar y justo cuando se dirigía hacia ella, Mirai Bulma apareció por el final del pasillo, quedando la madura mujer justo frente a él.

"Vegeta..." -musitó su nombre inconscientemente ante tamaña sorpresa.

El príncipe clavó sus ojos en ella. Era innegable que verla aún le provocaba cosas, algo que no podía explicarse. Recordó claramente la última ocasión en que habían hablado y como ella le confesó que lo había engañado con lo de la amnesia. En esa ocasión estaba tan molesto que le dijo sin tapujos y de forma muy dura que no quería volver a verla ni hablar con ella.

No obstante, el destino volvía a ponérsela en frente. Tendría que acostumbrarse a su presencia, pues estaba seguro que no sería la última vez que la vería. Pero debía admitir que no le gustaba verla, porque esa mujer le revolvía sus sentimientos junto a sus hormonas de una maldita manera en que no debía pasar.

Mirai Bulma lo miró minuciosamente examinando cada detalle que pudiera dar el semblante del saiya. La frialdad que despedía su cuerpo pareció azuzarse aún más.

¿Por qué estaba allí en la Capsule Corp? ¿Acaso la había venido a ver a ella? No... si así fuera no se habría puesto así de frío al verla. Si esa hubiese sido su intención ya le estaría hablando y no estaría en silencio... la había venido a ver a ella... a su verdadera esposa. Dio un suspiro... eso era lo que debía pasar. Eso era lo que ella había aceptado al renunciar a luchar por él. Pero aún sabiéndolo y aún aceptando ese destino... no dejaba de dolerle.

Ambos permanecieron mirándose por un tiempo que se volvió indefinible. Cuando las miradas chocan de esa manera quedaba claro que no había nada de que hablar. Aún así, Mirai Bulma se decidió a hablarle:

"En verdad lamento todo lo que pasó, Vegeta. Solo te puedo pedir perdón una vez más" -se notó claramente el dolor en su voz.

El saiya permaneció callado. No era porque quisiese castigarla con su silencio, sino porque realmente no tenía mucho que decirle. El pasado ya estaba pisado, pero la científica del futuro le provocaba sentimientos encontrados muy difíciles de explicar.

"Olvídalo mujer. Ya todo pasó. Pero no te cruzes en mi camino" -le advirtió dispuesto a proseguir su marcha hacia la ducha, pero la científica del futuro no se apartó.

"Vegeta te lo estoy diciendo en serio, lamento todo lo ocurrido. De verdad deseo que seas muy feliz con tú verdadera mujer" -insistió nuevamente, con toda sinceridad.

El príncipe frunció su ceño demostrando que no se esperaba esas palabras.

"¿Por qué me dices eso?" -atinó a cuestionar el príncipe.

La científica guardó silencio un lapso de tiempo, buscando las palabras precisas que decir.

"Por qué me dí cuenta que fui muy egoísta" -argumentó finalmente. "No medí el daño que iba a causar. Tú tienes una familia a la que debes cuidar. Y yo tengo que aceptar el destino que me tocó. Aceptar las cartas que la vida me dio" -llevó una mano a su corazón con dolor, pero extrañamente una sonrisa de satisfacción por hacer lo correcto nació en su rostro.

Vegeta quedó de una pieza. Volvió a fruncir su ceño sintiendo como la extrañeza invadía todo su cuerpo.

"Me dí cuenta que tengo que dejarte partir... -continuó ella- precisamente porque te amo debo dejarte partir. Porque te amo... quiero que seas feliz" -su voz se emocionó sin poder evitarlo. En la noche había llorado todo lo que tenía llorar, vaciando su alma de todas las lágrimas que llevaba por dentro. Se había desahogado y se había sentido más aliviada. Se dio cuenta que si realmente amaba a Vegeta debía dejarlo partir. Si lo amaba tenía que dejarlo ser feliz.

"Me amas..." -lo sabía perfectamente. Pero escucharlo nuevamente le provocaba una inevitable sensación removedora de sentimientos.

"Siempre te amaré..." -se despidió ella dispuesta a seguir su camino. Sin llorar, sin vacilar. Sintiendo en su alma la tranquilidad de haber hecho lo correcto y cerrar finalmente un ciclo.

El saiya se quedo sin palabras. Sí, el orgulloso príncipe saiyajin que jamás temía ni vacilaba ante nada se había quedado sin palabras ante una mujer.

Justo cuando la madura científica seguía su camino pasando al lado del guerrero, la joven del tiempo presente salió de su cuarto también. Recién había despertado y como no había encontrado a Vegeta decidió buscarlo. Precisamente allí pudo verlo con Mirai Bulma a su lado.

Los tres estaban allí. Por primera vez, después de un largo tiempo, los tres estaban en el mismo lugar. La abrumante tensión pudo sentirse rozando cada uno de sus cuerpos y parecía rebotar por las paredes de la inmensa casa. Si aquella casa tuviera vida propia, hubiese temblado al ver reunidas a tres personas tan fuertes de carácter.

...

Con la llegada del nublado mediodía un muchacho comenzó a retorcerse en su lecho sintiendo su cuerpo ya cierto hastío de estar lanzado en la cama. Poco a poco el subconsciente sumergido en los sueños daba paso a que la plena conciencia tomara completa posesión de su cerebro y sus sentidos.

Gohan dio un largo bostezo y se refregó los ojos un buen rato. Dirigió su mirada al pequeño reloj que yacía encima del velador pero no logró ver la hora. Inclinándose más sobre la orilla de la cama pudo distinguir con más claridad el instrumento que indicaba el tiempo: las doce horas y veintisiete minutos.

"¡Vaya! Si que he dormido mucho" -dio un salto y salió de las muy desordenadas sábanas que lo habían cobijado, dejando muestra de que el joven era muy inquieto para dormir. Tal vez en sus sueños se imaginaba peleando contra enemigos poderosos pues eso explicaría muy bien el gran desorden causado en la cama.

Con lo tarde que era se vistió rápidamente y se apresuró a salir del cuarto para ver si Videl permanecía dormida. No quería darle la impresión de que era un perezoso dormilón.

Caminó por el pasillo sin sentir ruido alguno, lo que le hizo deducir que quizás Videl no se había levantado todavía. Su mirada escudriñó cada rincón de la casa que seguía tal y como había quedado la noche anterior. Al parecer Videl seguía durmiendo o no estaba en casa. Pensando en eso, se concentró en sentir su ki para localizarla. La habilidad de sentir la energía de las personas era un don muy útil, se dijo Gohan a sí mismo con sonrisa satisfecha. Su cuerpo le advirtió que la energía de Videl estaba justo caminando por fuera de la casa. Justo en ese preciso momento la chica abrió la puerta de su hogar.

"¡Ya despertaste!" -lo saludó Videl animada al verlo. Traía una bolsa de compras que llevaba afirmada en su pecho, sujetándola por debajo con ambas manos.

"Sí, perdón por la hora es que tenía mucho sueño" -se excusó él con una mano detrás de su cabeza. "Además estoy en casa ajena y no debería haber dormido tanto"

"No te preocupes que yo me levanté hace poco también. Y por favor no digas que es casa ajena, considerala tú casa también. Por lo menos a mí me encantaría que la consideraras de esa manera" -le pidió Videl con una sonrisa.

Gohan no pudo hacer menos que sonreír, Videl era muy amable con él.

"Apenas salga de aquí le pediré dinero a Mirai Bulma para hacerle un regalo a Videl... ella se lo merece con creces. Aunque en realidad mejor le hago uno con mis propias manos... para que vea el empeño que puse en él. Comprar un regalo es fácil, hacerlo tiene más valor, tal como ella me hizo ese precioso dibujo" -meditó para sí mismo.

"Bueno iré a preparar el almuerzo mientras te bañas" -interrumpió Videl sus pensamientos, caminando hacia la cocina para dejar la bolsa de compras.

Gohan inevitablemente puso cara de miedo, algo que Videl notó enseguida, causándole mucha gracia.

"No te preocupes, compré unas pizzas en la tienda de la esquina. Sólo las calentaré en el microondas y listo" -le explicó muy divertida viendo su cara.

"Jaja, sorry no pude evitarlo. Me dio un poquito de miedo" -rió avergonzado.

"¡Es normal, no te preocupes!" -agregó ella muy divertida.

Así, Gohan se dirigió a la ducha mientras Videl calentaba las pizzas. Después de un agradable almuerzo Videl sirvió de postre un par de helados de tres sabores combinados: frutilla, chocolate y vainilla.

El día seguía nublado pero a los chicos no les importó en nada tomarse un par de mantecados como postre. Cuando daban ganas no importaba como estuviera el día.

Mientras comían el delicioso postre siguieron conversando muy animados hasta que Videl le formuló una pregunta que había rondando por su mente estos últimos días.

"¿Oye Gohan a ti como te gustan las chicas, con cabello largo o corto?"

El hijo de Milk haciendo gala de su timidez volvió a ponerse algo nervioso con la pregunta. Se tomo el mentón para desmenuzar la respuesta.

"Pues a algunas les queda bien el cabello corto y a otras no" -respondió finalmente.

"¿Y a ti como te gusta?" -volvió a insistir ella.

"En ti como sea, largo o corto te verás preciosa igual" -la halagó Gohan sin pensarlo. Dándose cuenta de las palabras que había usado se ruborizó con suprema vergüenza.

La chica no se esperaba ese halago conociendo la timidez de Gohan. La tomó por sorpresa pero una gran alegría nació en su corazón con el sincero halago.

"Te preguntaba porque estoy pensando en dejarme el cabello largo nuevamente. Antes me lo recorté porque quería darme un cambio de look" -le explicó a la vez que se tomaba el cabello y se lo mostraba a Gohan vanidosamente.

"Bulma también ha usado muchos peinados. A ella le encanta eso de variar" -acotó él recordando los variados estilos de cabello que le había visto.

"Bueno las mujeres somos así, nos gusta vernos bellas" -comentó ella divertida.

"Sí, pero me acuerdo que cuando le enseñe a volar a la otra Videl le recomendé que se cortara el cabello y ella se enojó" -Gohan puso cara de confusión. "Ella me preguntó si era porque así me gustaban las chicas y yo le dije que no, que era mejor porque la podían agarrar del cabello mientras peleaba" -le explicó con sublime ingenuidad.

"Jajaja, ¡pero cómo no te diste cuenta! Ella esperaba que le dijeras que sí, que así le gustarías más" -le explicó él.

"Sí, una vez le pregunté porque se había enojado y me lo explicó. Tengo que reconocer que todavía soy ingenuo" -sonrió él avergonzado, a lo que Videl contestó con una sonrisa. Le encantaba la sinceridad del muchacho.

La joven doctora llevó una nueva cucharada de helado a su boca mientras repasaba las palabras de Gohan sobre lo de enseñar a volar. Sería un gran beneficio aprender esa habilidad.

"Oye a propósito, ¿me puedes enseñar a volar a mí también? ¡Me encantaría poder hacerlo!" -sus ojitos destellaban llenos de ilusión.

"¡Claro!" -no esperó ni un segundo para responder. "Yo encantado, ¿pero tú aquí practicaste artes marciales?"

"Sí, pero no tanto como hubiese querido por causa de los androides. Con toda la gente que terminaba herida dedique mi tiempo a aprender medicina. Aunque mi padre era un buen peleador también. Siempre quiso ser famoso pero no pudo lograrlo por causa de los androides" -le comentó con un dejo de tristeza.

Gohan soltó una gran sonrisa recordando al míster Satán del presente.

"En el pasado sí lo logró. De hecho es el peleador más famoso del mundo" -le comentó mientras tenía clavada en la mente la imagen de mister Satán alzando su cinturón de campeón mundial con un murciélago estampado en el centro.

"¿En serio?" -su rostro se iluminó. "Me alegro mucho por él. Es un alivio que lograra cumplir su sueño, aunque sea en el pasado pero me sirve de consuelo" -agregó contenta por su padre del pasado.

Gohan sonrió junto a ella, mientras se llevaba otro bocado de helado. Ambos estaban dichosos con la amena conversación y así siguieron por varios minutos más, hasta que de pronto Videl se levantó de la mesa con energía, recordando otro presente que también quería darle a su invitado. Algo muy importante con lo que quería demostrarle todo su aprecio.

"Gohan ven, antes de que te vayas deseo darte otro regalo" -le dijo muy entusiasmada.

El semisaiya abrió sus completamente sorprendido.

"¿Otro más?" -exclamó con sorpresa sin poder creerlo. "Es demasiado Videl" -intentó protestar sin sentirse digno de tanto cariño de su parte.

"A ver, ¿qué te dije antes? No debes rechazarle el regalo a una dama" -le advirtió divertida moviendo su dedo índice con autoridad.

Ante su divertida admonición Gohan no tuvo más alternativa que aceptar su argumento sin alegar. Acto seguido la siguió nuevamente hasta su cuarto. La doctora esta vez no fue hacia el velador, sino que al guardarropa. Movió la puerta corrediza y justo allí, en el que saltaba a la vista que era un lugar especial la doctora tomó una prenda que estaba envuelta en un transparente plástico protector. Sacó la prenda de su envoltorio con mucho cuidado, como si se tratara verdaderamente de un tesoro muy delicado. Gohan llegó a quedar para adentro con la suavidad con la que Videl trataba esa ropa.

La doctora se la mostró al joven, quien ávidamente pudo notar un color naranja casi rojizo. Por debajo llevaba otra costura de color azul. La joven la desplegó para que su invitado pudiera admirarla y él quedó anonadado. Era una camisa de combate, similar a la que usaba Goku.

"Esta ropa me la pasó Mirai Gohan cuando me salvó... llovia torrencialmente esa noche y él quería protegerme del frío. Desde entonces la guardó como el más grande tesoro que puedo tener" -ninguna palabra sería capaz de expresar la emoción que se apoderó de su alma recordando aquello, sintiendo como hasta su corazón se saltaba algunos latidos.

El hijo de Goku quedó absolutamente petrificado. Esa ropa tenía un valor inmensurable para ella y aún así quería dársela... era un gesto increíblemente hermoso. No se merecía un acto tan noble. ¿Cómo iba a aceptarle algo así?

"No sé que decirte... " -musitó sin poder liberarse de la sorpresa. "Esto debe tener un valor enorme para ti. Perdona que te insista, ¿pero estás completamente segura que me la quieres dar a mí?"

"Sí, completamente" -nunca en su vida había sonado tan segura como ahora.

El joven suspiró lleno de emoción. Hasta sus entrañas se conmovieron con ese gesto. Sintió como su alma se removía entera por causa de esa chica. Era algo demasiado grande lo que había hecho. Algo tan valorable que sintió hasta ganas de llorar de agradecimiento. esa chica se merecía lo mejor del mundo, no la horrible tragedia que tuvo que vivir por causa de esos malditos androides.

Videl ya le había demostrado lo excelente doctora que era y aún más importante, su gran corazón al ir a ayudar a los heridos por la explosión de Majin Buu. Ni siquiera lo había pensado y aún sin tener un deber de ningún tipo partió rauda a ayudar a la gente que la necesitaba. Eso era digno de la mayor alabanza.

Y ahora se deshacía con toda generosidad de algo tan importante para ella, dándosela a él que realmente no se lo merecía. El joven semisaiya sintió como su corazón se sobrecogió con la infinita admiración que estaba sintiendo hacia ella.

"Ni todas las gracias que pudiera darte en mi vida alcanzarían para agradecerte esto. Eres una mujer extraordinaria Videl. De verdad que te admiro, espero llegar a ser un día como tú" -le dijo con verdadera y emocionada admiración.

La chica se emocionó hasta el rincón mas recóndito de su cuerpo con las hermosas palabras de Gohan. Si ya se sentía completamente atraída por él, con esas lindas palabras la había terminado por derretir de pies a cabeza.

"Gracias. De verdad gracias, no sabes cuanto significan tús palabras para mí" -con el corazón sobrecogido de tanta emoción le dio un hermoso abrazo, al que Gohan correspondió lleno de felicidad. Sus corazones latían acelerados por estar tan cerca el uno del otro. Las silentes feromonas hacían muy bien su trabajo entre ambos jóvenes, porque la química que emanaban sus cuerpos era sublime.

El abrazo tan lleno de emoción se separó un poco. Videl sin poder evitarlo bajó su mirada hacia los labios masculinos que parecían estar incitándola a besarlos.

El tiempo se detuvo totalmente. La joven sintió como perdía el dominio de su cuerpo tan rápidamente como si en un tris ya no fuera la dueña. Ahora el instinto era el dueño de su cuerpo. La razón había perdido la batalla ante él. Acercó sus labios lentamente a la vez que cerraba los ojos, tan sólo deseando poder darle un beso.

Gohan también bajó su vista a los preciosos labios femeninos. Dio un agitado respiro lleno de ansias por saborearla. No iba a poder evitarlo. La química que sentía hacia ella era idéntica, completamente igual a la que sentía con la Videl del presente. Inevitablemente sintió ganas de besarla también...

Videl ladeó ligeramente su faz cerrando sus ojos para besarlo con toda la pasión que podía dar. Lo deseaba tanto... pero al hacer contacto con su piel se detuvo. Abrió sus ojos nuevamente y vió como Gohan la miraba paralizado, tanto que parecía tener congelados todos sus músculos. Su mirada nerviosa le indicó que no se sentía nada cómodo. Y de hecho era completamente normal pues tenía a su novia esperándolo en el presente. Sintió una cruda punzada en el órgano que la mantenía con vida. No podía seguir, no podía incitarlo a cometer una infidelidad y hacer algo de lo que después se arrepentiría. La doctora dio un lastimero suspiro, moviendo sus labios hacia su mejilla derecha y terminó dándole un beso allí. Fue un beso lleno de dolor. Un ósculo sufriente. Un beso lleno de tristeza por no poder hacer lo que realmente quería.

Nuevamente dio un largo suspiro, pero esta vez mucho más largo y doloroso. Suspiro que denotó claramente su profunda decepción. Dejó de abrazarlo y retrocedió hasta ponerse a una distancia prudente.

"Es mejor que te vayas Gohan" -le sugirió intentando sonreír, para disimular sus verdaderos sentimientos.

Pero Gohan no era tan distraído como para no darse cuenta de lo que acababa de pasar. Estuvieron a un tris de besarse. Ambos lo deseaban... ambos lo querían... pero lamentablemente no era posible.

"Sí, lo mejor es irme" -sentenció Gohan sintiendo un nudo en su corazón también.

Cogió la prenda que le regaló Videl y avanzó afuera de la habitación dirigiéndose a su cuarto para tomar el bello dibujo que también le había dado. Se emocionó nuevamente verlo. La chica realmente había hecho un trabajo excelso. Suspiró tomando ambos regalos, que según su apreciación él no merecía en absoluto pero que Videl le había regalado con tanto cariño.

Caminó y le dedicó una última mirada a su anfitriona quien estaba un poco más allá. La chica caminó hacia él y le facilitó una bolsa para que no se le hiciera incómodo llevar los regalos.

Gohan le agradeció con una media sonrisa. No hubiese querido dejarla.

"Cuídate... Gohan" -el pronunciado nombre fue con dolor.

"Tú también... Videl" -dijo la última palabra contagiándose de la misma afección.

El joven guerrero avanzó dando pasos lentos como si realmente no quisiese irse. Pensó en voltear para darle una ultima mirada antes de marcharse, pero decidió no hacerlo... era mejor irse sin mirar atrás. Abandonó la casa y cerró la puerta, dejando a una enmudecida Videl por causa de la tristeza.

Tras verlo marcharse la muchacha sintió como se heló su corazón. Anhelaba tanto que se quedara con ella. Sabía que cuando volviera a su tiempo nunca más lo vería... nunca más... la joven se dejó caer en una silla del comedor divagando con esas cruentas palabras, refregándose su cara y párpados con las palmas. Esta vez la razón le había ganado al instinto... ¿pero podría controlarse cuando lo viera una vez más? ¿podría la razón vencer al amor que estaba sintiendo por él? Realmente... ni ella misma lo sabía...

...

Vegeta, Bulma y Mirai Bulma yacían en el mismo lugar, claramente incómodos. Después de todo lo que había pasado entre ellos, estar los tres juntos era algo que claramente se desataba tensionante.

La más joven de ambas mujeres miró a su antigua contendiente sin saber que pensar o que decir. La situación era difícil desde todo punto de vista. Entretanto, el saiya miró a su verdadera mujer esperando que no estallará por ver a Mirai Bulma tan cerca de él. La intensa tensión que se había desatado en el ambiente fue absolutamente sofocante, hasta que el profundo silencio imperante fue cortado por la mujer del futuro.

"Hola Bulma" -la saludó con voz absolutamente serena. Era como si con todo lo que le había dicho a Vegeta se hubiera quitado un gran peso de encima. Realmente se sentía más aliviada.

"Hola" -saludó la joven con voz fría, poniéndose alerta.

"No te preocupes, sólo me estaba despidiendo de Vegeta. Como ya te dije no me interpondré entre ustedes y su felicidad" -le aclaró para sacarle de cuajo cualquier atisbo de dudas.

La más joven formó una mueca sorprendida en su cara. El tono tan sumamente tranquilo de Mirai Bulma la tomó por sorpresa.

"De verdad les deseo lo mejor" -continuó la mayor, acercándose a ella hasta quedar a tan sólo un metro. "Bulma una vez más te vuelvo a pedir mis disculpas. Lamento mucho el sufrimiento que te cause" -le tomó sus manos para demostrarle la sinceridad de sus palabras. La más joven quedó desconcertada sin saber como reaccionar. La científica del futuro volvió a dirigirle su mirada al orgulloso saiya y le dio sus últimas palabras antes de irse del lugar: "Vuelvan a su tiempo lo antes posible y no dejen que esto que pasó los separe. Se merecen ser felices" -soltó las manos de su joven clon, aunque fue como si realmente no quisiera soltarlas. Dándole una última mirada a su gemela prosiguió su camino. Le había costado mucho decir esas palabras... la ilusión de tener a Vegeta y ser feliz con él por fin había terminado. Acababa de cerrar un ciclo... una triste separación del amor de su vida. Pero a pesar de eso, una luz de esperanza llenaba su adolorida alma... ese niño que poco a poco crecía en su vientre era la motivación para seguir enfrentando a la vida, por más veces que esta le diera la espalda.

Así, la mujer del futuro se fue del lugar dejándolos solos. ¿Hacia dónde iba? Sólo ella lo sabía.

Vegeta frunció el ceño viéndola marcharse. ¿Por qué Mirai Bulma quería que volviera lo más rápidamente posible al presente? ¿Sería acaso porque no quería sufrir viéndolo junto a su clon?

¿Qué te dijo antes Vegeta?" -preguntó Bulma con mucha curiosidad interrumpiendo los pensamientos del saiya, todavía sorprendida con las palabras de su gemela.

El príncipe la miró con un peculiar e indescifrable brillo en sus ojos. Bajó su mano y se la extendió a su mujer. Bulma se extrañó con su gesto pero sin dudarlo tomó la mano de su pareja.

Él, con algo de impaciencia la llevó a su cuarto nuevamente. Tenía que decirle algo muy importante.

...

En otro cuarto de la gran casa, el nublado mediodía también había llegado para los más pequeños inquilinos de la Capsule Corp.

Trunks despertó lentamente, tapó un bostezo con su mano y luego estiró sus brazos hacia el techo. Era su rutina de todos los días al despertar. Enseguida miró hacía la cama donde dormía su fiel amigo Goten, quien aún seguía en los brazos de Morfeo sin ningún indicio de que quisiera salir de tan cómoda posición.

El hijo de Vegeta buscó algún reloj en la pared que pudiera indicarle con exactitud la hora. Como no vió nada colgado en las paredes lo buscó en el velador y allí pudo ver finalmente la hora: la una en punto.

"¡Que tarde es!" -se exclamó para sí mismo. "Y este flojo de Goten todavía no despierta" -le reclamó al bello durmiente. "¡Despierta! ¡Te crees el bello durmiente o qué!" -le espetó con mucha energía.

Goten dio un bostezo sintiendo como su amigo lo intentaba despertar, pero no le dio mayor importancia.

"Amigo, voy a dormir otro ratito" -le dijo a la vez que se ponía la almohada en la cabeza para no escucharlo.

"Bien Goten, ¡tu lo quisiste perezoso!" -le advirtió mientras en un dos por tres iba por una taza llena de agua helada.

"Mira Goten... -le habló con traviesa voz- esta taza está llena de una rica agua fría... ¡y sino te levantas en tres segundos te la echaré encima!"

"¡No!" -se levantó de un salto el pequeño de negros cabellos.

Trunks le dio una sonrisa autosuficiente. Ese era el mejor método para despertar a su buen amigo.

El hijo menor de Goku bostezó sin taparse la boca, mientras estiraba ambos brazos.

"Bien Goten -le habló Trunks mientras estiraba sus brazos también- ¿qué travesura haremos hoy?"

"Ni idea amigo, pero lo bueno es que paró la lluvia" -acotó él mientras veía por la ventana y aprovechaba de abrirla para ventilar el cuarto.

Trunks caminó hacia la ventana también y se afirmó en el marco poniendo sus brazos de manera que le afirmasen su mentón.

"Sabes Goten, ayer antes de dormirme estuve pensando en algo" -le dijo sin verlo, pues su mirada estaba clavada en el horizonte, como si quisiera ver más allá de él.

"¿En qué cosa?" -preguntó su amigo observando su actitud con curiosidad.

"Es que yo ví a mi mamá del futuro y me gustó mucho verla..." -una gran sonrisa nació en su rostro y tras unos cuantos segundos le dio la faz a su amigo con aire misterioso. "Oye amigo... ¿tú no te preguntas que pasó con tú mamá acá?"

"¿Con mi mamá de acá?" -musitó Goten sorprendido. La pregunta lo había tomado totalmente por sorpresa.

"¡Sí! -confirmó él, sabiendo que la pregunta asombraría totalmente a Goten. "Sabes, me da mucha curiosidad saber qué le paso a Milk en este tiempo" -le explicó con voz emocionada.

El hijo menor de Goku permaneció en silencio aún asimilando las palabras de su amigo.

"La verdad ni idea Trunks" -alzó su vista al cielo rascándose la cabeza. "No lo había pensado" -comentó con mirada perdida a causa de su asbtracción en sus propios pensamientos.

"Pues preguntémosle a mi mamá del futuro, ella debe saber qué le paso en este tiempo" -sugirió el pequeño de cabellos lilas, sin contener su emoción.

"¡Sí, es buena idea!" -exclamó Goten realmente animado. No había pensado en ello pero gracias a su amigo ahora tenía unas ganas inmensas de ver a su madre del futuro.

De esta manera y con ansiedad ambos se concentraron en sentir el ki de Mirai Bulma, pero había un claro problema... el ki de ambas Bulmas era idéntico. No había ninguna diferencia palpable.

"¿Sientes los ki de las dos Bulmas verdad?" -le preguntó el de cabellos lilas para asegurarse de que no era el único que sentía dos energías tan similares.

"Sí, pero sus ki son idénticos. No puedo diferenciar una de la otra" -confirmó Goten las sospechas de su colega.

Justo en ese preciso instante vieron salir por la puerta principal a Mirai Bulma. Iba muy bien arreglada, con una blusa de color rosa, un abrigo del mismo suave color y un pantalón blanco que se le ceñía al cuerpo. Ambos niños sonríeron al verla y corrieron tras ella con muchas ganas. Estaban ansiosos por ver que les diría sobre la Milk del futuro.

Tras los saludos y afectos correspondientes, Trunks formuló la pregunta que a ambos pequeños los tenía tan inquietos.

"Mamá, ¿tú sabes que pasó con la Milk de este tiempo?" -la voz venía claramente emocionada.

Como era de esperarse, la pregunta tomó completamente por sorpresa a la mujer del futuro.

Milk... hacía años que no sabía absolutamente de ella. Aún con todo el tremendo esfuerzo que había puesto intentando encontrarla no lo había logrado. ¿Habría ido a vengar a su hijo enfrentando a los androides? ¿Habría muerto por una severa depresión? Tal vez ni ganas de comer tenía... ¿habría muerto de dolor cuando se enteró de la muerte de Gohan?

No lo sabía y eso era lo más triste de todo... no lo sabía. Milk... ¿qué pudo pasarte?

"No sé que sucedió con ella... " -musitó con voz sufriente, realmente le costaba admitir que no sabía que había pasado.

Los niños se miraron entre sí, temiendo lo peor.

"¿Piensas que murió?" -se atrevió a preguntar su hijo del pasado.

La mujer miró a su pequeño hijo que venía de otro tiempo, alegrándose con lo directo que era para hacer sus preguntas... se emocionó al pensar que era igual de directo que su padre. Iba directamente al grano, sin palabrerías ni pérdida de tiempo, al igual que él. Su sonrisa interior brilló aún más al darse cuenta de toda la influencia que el príncipe saiya había tenido sobre el pequeño. Eso la convenció aún más de que apartarse del camino de Vegeta había sido la decisión más correcta y acertada.

"Mamá, si piensas que murió puedes decirnóslo" -la previnó su hijo, creyendo que guardaba silencio para no dañarlos con la verdad que ella creía.

Bulma les dio una fija mirada a ambos pequeños. Trunks estaba preparado claramente, pero Goten quizás no. Volvió a escrutar en la mirada del pequeño hijo de Goku y vislumbró que el pequeño podría afrontar la verdad. Si era el hijo de Goku y era tan parecido a él, debía ser igual de fuerte.

"Por duro que suene decirlo... sí, creo que murió" -afirmó ella con un suspiro lleno de tristeza.

Ambos niños miraron hacia el suelo contagiándose de esa tristeza, pensando en la muerte de Milk.

Mirai Bulma notó enseguida la gran desilusión que su afirmación había provocado. Se sintió mal por romperle las esperanzas a los niños, quienes realmente estaban ilusionados con encontrar a Milk.

"Pero existe la posibilidad de que todavía esté viva" -volvió a darles ánimos a ambos chiquillos. "Yo no pude encontrarla por más que lo intenté pero como ustedes pueden detectar un ki quizas tengan éxito donde yo fracasé. Se los agradecería mucho si la encontrarán, me alegraría tanto saber que sigue con vida" -sus ojos brillaron con genuina ilusión. Los pequeños se la habían contagiado.

"¡Es cierto!" -exclamó Trunks entusiasmado. "Nosotros podemos sentir energías y eso es una ventaja. Y si mi mamá del presente y mi mamá del futuro tienen el mismo ki... ¡eso significa que tú mamá tiene el mismo ki que en el presente!" -supuso a la vez que miraba a Goten realmente feliz. El hijo de Milk formó una bella sonrisa como respuesta.

Bulma se sintió feliz. Las caras de ambos niños rebosaban de ilusión. Pero no podía darles falsas esperanzas porque después la decepción de no encontrarla sería un golpe muy fuerte.

"Pero ojo niños, deben tener claro que lo más probable es que este muerta. Mirai Trunks ya intentó localizar su ki y no pudo por más que lo intentó. Por favor, no se hagan falsas ilusiones tampoco" -les aconsejó con cariño, realmente no quería verlos sufrir.

"Sí, mamá" -contestó Trunks de inmediato, entendiendo la preocupación de su progenitora del futuro.

"Sí, tía Bulma" -contestó a su vez Goten, aunque la advertencia no aminoró en nada su determinación.

"Me alegro que tengan tanta decisión siendo tan sólo unos chiquillos" -sonrió ella.

"No mamá, ya no somos unos niños. Somos hombres" -señaló Trunks con un orgullo que claramente había heredado de su padre.

"¡Sí!" -apoyó Goten a su amigo muy animado.

Bulma no pudo hacer menos que sonreír nuevamente. Los chicos eran tan animosos que realmente hubiera podido estar con ellos todo el día, pero tenía que ir al hospital a hacerse un chequeo médico.

"Bueno niños -recalcó muy divertida lo de niños para molestarlos- yo tengo que irme. En verdad les deseo mucha suerte" -se despidió la científica de ambos dándoles un beso en la mejilla a cada uno.

"Está bien, mamá... ¡pero no nos digas niños!" -le exigió con la misma mirada que solía dar Vegeta cuando exigía algo. "Y a propósito, ¿a dónde vas?" -preguntó Trunks con curisoidad.

"Al hospital" -respondió ella sin pensarlo.

"¿Está enferma tía Bulma?" -preguntó Goten, adelantándose a Trunks.

"Ehm" -vaciló la madura mujer, había respondido sin darse cuenta. Debía tener más cuidado si deseaba que nadie se enterase de su embarazo. "Voy a hacerme un chequeo común y corriente, no se preocupen" -les guiñó un ojo.

Ambos niños asintieron. Se despidieron pidiéndole que se cuidase y deseándole suerte también.

"¡Bien Goten! Concentrémonos en ubicar a Milk, si la detectamos es que sigue viva" -afirmó el pequeño de cabellos violetas cuando ya quedaron solos.

"Ojalá. Me daría mucha pena que este muerta" -asintió él a su vez.

Así, ambos niños se esforzaron al máximo para detectar el ki de Milk, rastreando mentalmente cada rincón del planeta. Entre tantas personas sería una larga labor encontrarla pero definitivamente deberían poder sentirla.

Tras mucho tiempo intentándolo finalmente desisitieron de seguir con su búsqueda. El ki de Milk definitivamente no se sentía.

"Eso significa que está muerta" -comentó Trunks con tristeza, dándole un abrazo a Goten sólo con su brazo derecho mientras se mantenía a su lado.

"Puede ser... pero no me rendiré tan fácilmente amigo. Me acuerdo cuando todos creían que mi hermano estaba muerto porque no sentían su ki, pero Videl nunca dudó de que él estuviera vivo. Y tenía razón, Gohan estaba vivo" -estaba determinado a no darse por vencido así de fácil.

Trunks esbozó una sonrisa llena de nuevos bríos. La actitud de su amigo lo merecía.

"Tienes razón Goten, eso significa que hay una posibilidad de que realmente siga viva"

"¡Sí!" -exclamó el pequeño reanimado. Su carita se iluminó con la nueva esperanza.

"¡Pues eso es lo que haremos hoy! Iremos a buscar a tú mamá. ¡Si está viva la encontraremos! ¡Es una promesa Goten!" -dijo Trunks lleno de una gran resolución, determinación que cualquier adulto envidiaría.

"¡Sí amigo! La encontraremos, no sé porque pero siento que sigue viva" -le comentó el pequeño.

"¿En serio?" -le respondió Trunks sorprendido. "¿Por qué sientes eso?"

"No sabría como explicártelo... creo que es lo que se llama una corazonada" -respondió con ojos inyectados de la más pura ilusión.

"Pues apenas tomemos un desayuno-almuerzo partiremos. Lo primero y lo más lógico sería buscarla en el monte Paoz donde vivían ustedes" -sugirió Trunks.

"Si amigo, ¡allá iremos! ¡encontraremos a mi mamá del futuro!" -ambos se dirigieron nuevamente a la casa muy emocionados pensando en su nueva aventura, sintiéndose como si fueran detectives con un misterio que resolver.

"Ojalá que haber visto Death Note nos haga tan buenos detectives como L" -comentó Trunks a lo que Goten contestó riéndose de buena gana.

...

Videl había decidido tomar unos días libres, pero el haber visto a Gohan cambió radicalmente sus planes. Necesitaba trabajar para mantener la mente ocupada. Si se quedaba en casa sin nada que hacer definitivamente su divagaciones le comerían la cabeza. Lo mejor de vivir sola era que podía hacer lo que quería cuando quería. Además podía disfrutar la tranquilidad que le brindaba la soledad, pero cuando tenía algún problema el peso de la misma se notaba en el vacío hogar. Y aunque de ningún modo haber visto a Gohan podría considerarse un problema sino una gran felicidad, el no tenerlo para ella la hacía cavilar demasiado.

Tomó su automóvil y partió a su clínica con unas ganas tremendas de trabajar, pero aún más importante, ganas de disfrutar trabajando. Era como si Gohan le hubiese inyectado más ganas de vivir, más ganas de ser feliz, más ganas de disfrutar la vida.

El tiempo pasó volando, ni siquiera sintió avanzar el tiempo cuando se dio cuenta de que ya había llegado a su clínica. Se bajó del automóvil y caminó hasta entrar en su gran logro en la vida. Fue a saludar a todos sus colegas y a la gente que trabajaba en ella, ya que en la noche anterior sólo unos cuantos estaban allí haciendo el turno nocturno. Era en el día cuando la clínica realmente trabajaba a toda su capacidad. Siguió recorriendo los pasillos hasta que una gran sorpresa la llenó de infinita alegría. Mirai Bulma estaba justo allí. Llena de ansiedad fue a saludar a la que se había convertido en su amiga, desde que la consoló aquella noche de plenilunio, cuando se sentía tan mal por lo de la muerte de Mirai Gohan.

"¡Bulma! Deseaba tanto hablar con usted" -exclamó feliz Videl mientras se le acercaba totalmente entusiasmada. Una luz de esperanza había aparecido para desahogarse de tantos cuestionamientos mentales, tal como cuando hablaron de lo correcto y lo incorrecto.

"¡Hola Videl! ¿qué tal?" -respondió ella con una gran sonrisa en su rostro también.

Se saludaron dándose un ósculo en la mejilla.

"Bulma, necesito de su ayuda" -sus ojos felices se tornaron en unos de preocupación.

"Sí, claro. Pero no me trates de usted, túteame con toda confianza. Somos amigas" -le guiñó un ojo con complicidad.

"Tienes razón" -asintió Videl. Acto seguido la tomó de un brazo indicándole que la siguiera. "Aquí hay mucha gente, lo que necesito hablar contigo es de absoluta privacidad" -le explicó mientras prácticamente la arrastraba con su desmedida energía.

"Me parece perfecto porque yo también tengo que decirte algo" -intentó seguir el mismo paso presuroso que llevaba ella. Finalmente ambas llegaron hasta la oficina de la doctora.

Videl entró y después que Bulma traspasó la puerta la cerró, aprovechando también de cerrar las persianas para tapar cualquier visión desde el exterior.

La más joven se sentó encima del escritorio, demostrando que sería una conversación informal entre dos amigas. Bulma también se sentó en el escritorio para quedar a la misma altura y poder verla directamente a su faz.

"El Gohan del pasado está aquí..." -musitó la más joven sin contener su tremenda emoción sólo por nombrarlo.

Bulma sonrió instantáneamente. Ella ya lo sabía, así que por eso no le había sorprendido, aunque cuando lo vió por primera vez en la pelea contra Majin Buu también se había sorprendido al máximo. Ni que decir de la sorpresa que se debía haber llevado Videl al verlo. Así que a eso se debía la ansiedad de la doctora. Ahora comprendió perfectamente hacia donde iba dirigida la conversación.

"Ya, no tienes que hablar más, sé lo que estás sintiendo pues yo sentí lo mismo cuando ví a Vegeta" -una comprensiva sonrisa nació en su cara.

La mirada de Videl se profundizó hacia ella respondiéndole con otra sincera sonrisa.

"Por eso... -inspiró nuevamente para retomar el aire que se le escapaba por la emoción- por eso precisamente necesitaba hablar contigo. Eres la única que puede entenderme" -todo su cuerpo parecía estremecerse de emoción.

"Lo sé" -contestó ella conociendo muy bien lo que estaba sintiendo Videl. "Cuéntame que estás sintiendo"

"Impotencia. Esa es la mejor palabra para definir lo que estoy sintiendo" -respondió con un claro dejo de tristeza.

"Lo sé" -reafirmó ella nuevamente, compadeciéndola.

"Pero a la vez es algo tan lindo... tan hermoso... te juro que siento que se me revuelve el estómago de pura emoción. Mi corazón se agita cada vez que pienso en él" -le explicó dando un suspiro final de felicidad.

"Estás enamorada"-sentenció la científica sin vacilar.

La joven doctora abrió sus ojos de golpe con la afirmación de su amiga. Ni siquiera lo había dudado, estaba completamente segura de ello... Sí, ella tenía razón y no tenía caso negarlo... estaba totalmente enamorada de él.

"Sí, lo amo" -confirmó Videl sin vacilar.

Bulma se sorprendió con toda la emoción y toda la seguridad desplegada en esas palabras.

"Uh, prepárate entonces porque lo que viene será sumamente díficil para ti. No se lo doy a nadie por lo duro que es" -le advirtió ella, no quería que sufriera lo que ella había tenido que sufrir.

Videl tomó las manos de la científica refugiándose en ellas.

"Lo sé Bulma. Ahora hace tan sólo un rato estuve a un tris de besarlo" -le explicó mientras se ponía sumamente nerviosa recordando aquel momento.

Bulma parpadeó sorprendida.

"¿Y como reaccionó él?" -fue la primera pregunta que vino a su mente.

"Nada, no hizo nada. Se quedó inmóvil, pero creo que él también lo quería. No hizo nada por evitarlo, fui yo la que me detuve al ver que no se movía" -le detalló mientras apretaba aún mas sus manos por la emoción que la recorría entera.

"¿Y por qué no lo besaste?" -sabía lo difícil que resultaba controlarse en una situación así.

"Porque no quería que se arrepintiera después" -contestó bajando su mirada meditando la pregunta. "Pero no sabes cuanto me costo detenerme. La próxima vez no podré controlarme, estoy tan segura de que no podré que hasta tengo miedo de lo que pueda pasar si lo veo nuevamente" -se angustió pensando en ello.

Bulma suspiró. Lo que venía para Videl sería muy díficil. Pero lo peor es que no sabía que consejo darle... aún cuando ella misma lo había vivido, no sabía que era lo mejor para ella. La situación era tan sumamente difícil que no se la desearía a nadie.

"¡No sé que hacer!" -se quejó Videl mientras soltaba las manos de Bulma y se levantaba del escritorio con mucha energía. Empezó a caminar de un lado a otro con nerviosismo incontrolado. "Pero sabes es tan extraño... -detuvo su inquieto caminar para ver directamente a los ojos de Bulma- ... es primera vez que me siento tan feliz. Complicada pero tan feliz que parece que voy a reventar" -terminó esbozando una preciosa sonrisa. Luego siguió caminando recorriendo la habitación de un lado a otro.

Bulma sonrió viéndola. Se veía realmente feliz, pero a la vez ansiosa y muy complicada. ¿Qué consejo podría darle? Pensando en ello, recordó cuando ella se sentía de la misma manera y fue Videl quien la animó a seguir adelante.

"¿Recuerdas el consejo que me diste cuando conversamos en esa noche de luna llena?"

"Sí, claro que lo recuerdo" -confirmó enseguida a la vez que detenía nuevamente su nervioso caminar. "Te dije que era Vegeta quien tenía la decisión, no tú. Y que si realmente lo amabas debías luchar por él..." -terminó musitando las últimas palabras, dándose cuenta de todo lo que significaban.

"Así es" -le confirmó la mayor. "¿Entonces por qué las dudas ahora? Yo me decidí a luchar por Vegeta gracias a tú consejo. Ahora te toca a ti seguirlo, ¿no crees?"

Videl seguía parada en el mismo sitio. Había dejado de caminar dando muestra de que estaba reflexionando. Aceró su mirada hacia su amiga.

"¿Pero cómo te fue con Vegeta?" -vaciló ella.

"Me retracté de seguir luchando por él. Pero lo hice sólo porque tiene un hijo al que cuidar. Él tiene que ser feliz junto a su familia. No lo hice por la otra Bulma, sino por él y su hijo Trunks que necesita a su padre" -le explicó pero esta vez no sintió dolor al hablar de ello. Quizás esa era la señal que estaba dando el primer paso para comenzar a superarlo.

"Entiendo..." -se limitó a contestar Videl.

"En cambio tú no tienes esa barrera. Gohan no tiene hijos ni está casado con la Videl del presente" -le recordó aquello.

"Tienes razón. Pero tengo miedo. Tengo miedo de equivocarme y de provocarle daño" -argumentó.

"Videl, si no luchas por él te vas a arrepentir el resto de tú vida. Te lo aseguro"

La joven doctora guardó silencio.

"¿Pero y si después me arrepiento? ¿Si después me siento mal? Tengo miedo de equivocarme..." -protestó llena de dudas.

"Entonces no hagas nada nunca. Tienes dos opciones... Enfrentar tu miedo o sucumbir ante él" -sentenció ella con plena seguridad en sus palabras.

Pensativa, Videl bajó su cabeza y se tomó el mentón.

"Si todos pensaramos en si nos vamos a arrepentir o no, entonces nunca haríamos nada. Quien no se arriesga no cruza el río. Al menos algo si te puedo decir, yo me alegro de haber vivido todo lo que viví. Prefiero arrepentirme que no haber vivido nunca" -le dijo Bulma.

"Te entiendo perfectamente... entonces tú me dices que luche por él, ¿verdad?" -cuestionó para asegurarse de su posición.

Bulma dio un profundo respiro antes de responder. Cruzó sus brazos y bajó su cabeza, dando señal de que pensaría la respuesta. Tras uno o dos minutos finalmente contestó:

"Uf, es que es sumamente díficil. Deberás poner en una balanza lo bueno y lo malo de seguir adelante con esto. Lo malo es que separarás una pareja feliz, eso debes tenerlo claro. También debes tener claro que Gohan no pertenece a este tiempo. Tal vez por amor se puede quedar contigo aquí, pero le será difícil. Para Gohan será muy duro tomar una decisión de este tipo. Le dolerá por su novia del presente... le dolerá porque tendrá que elegir entre las dos. Te diría que si quieres su felicidad debes dejarlo ir, como yo acabó de hacer con Vegeta. Cuando amas quieres lo mejor para la otra persona, que sea la más feliz de todas... aunque eso signifique perderlo para siempre" -dio un triste suspiro, a la vez que las facciones de su cara demostraban ese mismo dolor.

Videl bajó su cabeza totalmente entristecida. Su corazón se partió en dos. Cuanto le habían dolido esas palabras.

Bulma notó lo que sus palabras habían provocado. Pero aún no había terminado.

"Y por otro lado -continuó- también debes ver lo bueno. Si realmente lo amas no tiene nada de malo lucha por amor. Y sé que si no lo haces te arrepentirás toda tu vida de no haberlo hecho. Yo luché por Vegeta con todo mi corazón... y bien o mal, luché por él. Lo hice, lo intenté y verdaderamente no me arrepiento de haberlo hecho. En cambio si jamás lo hubiera hecho me habría arrepentido de no haber luchado por el amor de mi vida. Como tú misma me dijiste esa vez... la decisión le pertenece a Gohan, no a ti"

"Entiendo" -asintió.

"Más no te puedo ayudar pues es tú decisión. Tienes que poner en una balanza lo bueno y lo malo y ver si realmente vale la pena luchar por él. Si piensas que harás un mal mayor no lo hagas, si piensas que vale la pena y que harás feliz a Gohan pues arriésgate mujer. Al final sólo sigue lo que te dicte tu corazón. Ese es el mejor consejo que te puedo dar. Finalmente la decisión es sólo tuya" -se levantó del escritorio y se acercó a ella para tomarle las manos, como una muestra de total apoyo.

"De acuerdo, seguiré mi propio corazón" -dijo ella con decisión. "Gracias Bulma" -le agradeció con toda su alma.

Bulma sonrió con gran emoción.

"Sé que harás lo mejor Videl. Sea cual sea tú decisión te apoyaré" -la científica le dio un efusivo abrazo de apoyo que la chica agradeció correspondiéndolo con aún mayor efusividad.

"Gracias Bulma, no sabes cuanto me has ayudado" -volvió a agradecerle sin soltar su maternal abrazo.

"De nada" -se emocionó con el intenso abrazo de la joven. Perfectamente la muchacha podría haber sido su hija, la hija que nunca tuvo...

La hija que nunca tuvo... las palabras retumbaron en su mente. El presentimiento de que su hijo sería una niñita se hizo aún más fuerte. Tenía una corazonada que le decía que sería una pequeña. Precisamente por ese bebé había venido a hablar con Videl.

Tras la intensa emoción del abrazo, Bulma se volvió a sentar en el escritorio mientras la joven la imitaba.

"Ahora soy yo la que tengo que decirte algo..." -le mencionó Bulma con una sonrisa misteriosa.

"¿Sí? ¿Qué cosa?" -preguntó ella con suma curiosidad, la cual la invadía entera al oír ese tono misterioso de voz.

Bulma llevó las manos a su cartera. Sacó el plegado papel motivo de tanta felicidad y le pasó los exámenes de confirmación de su embarazo a la doctora. Quería que ella fuese quien atendiera todos los pasos a seguir. Videl era la mejor doctora que podía tener su retoño.

La joven tomó el papel y lo leyó minuciosamente detalle por detalle. Cuando comenzó a leer la toma que describía el nivel hormonal abrió los ojos completamente sorprendida. Ya se imaginaba lo que seguía más abajo, pero no lo iba a asimilar hasta verlo. Dominando su inmensa curiosidad siguió viendo detalle a detalle los análisis hasta llegar finalmente al diagnóstico. Un estremecimiento recorrió su espalda entera. Ya no quedaba duda alguna.

"Bulma, estás embarazada..." -musitó ella sin poder creerlo.

"¡Sí, lo estoy!" -confirmó ella con una tremenda sonrisa llena de hermosa felicidad.

Videl llevo sus manos a su boca sorprendida, no podía creer lo que estaba escuchando. Una enorme sonrisa conquistó sus labios demostrando toda su felicidad. Fue tanta la dicha que la invadió que hasta parecía que fuera ella la embarazada.

Siempre había soñado con tener un bebé, era su aspiración y su máximo ideal, un ideal que esperaba cumplir junto a Mirai Gohan... pero un ideal que jamás podría cumplirse... o tal vez...

Sacudió fuertemente su cabeza para alejar esa idea tan descabellada que se le había ocurrido. No era tiempo de pensar en ello, sino de felicitar a Mirai Bulma por la bendición de poder traer una nueva vida al mundo. Tras dejar que el tiempo calmara su emoción como para poder hablar moduladamente volvió a mirar a su amiga.

"¡Felicidades! ¡No sabes cuanto me alegro!" -llena de dicha le dio un gran e intenso abrazo de felicitación.

Bulma se conmovió con su abrazo. Era tan sincero y lleno de energía positiva a la vez. Esa chica realmente era una gran persona que se merecía lo mejor.

"Gracias" -le agradeció emocionada con su muestra de cariño.

Presurosa la doctora tomó un estetoscopio del cajón de su escritorio y procedió a posarlo en su vientre sin esperar ni un segundo.

"¿Cuantos meses tiene?" -preguntó Videl sin poder contener su emoción.

"Un mes y un poco más" -respondió ella divertida con la ansiedad de la chica. Cualquiera creería que era ella la preñada.

"¡No puedo esperar para examinarte! ¡Ven, sígueme!" -la tomó del brazó y la llevó casi arrastrándola a la sala de maternidad. Allí entraron en un cuarto y comenzó a hacerle todos los chequeos correspondientes.

Mientras Videl le daba explicaciones, Bulma le preguntó si ya podía saberse el sexo del bebé, a lo cual la doctora respondió que un mes aún era muy poco tiempo para ello. El embrión apenas comenzaba a crecer. Sería mucho más adelante cuando podría dilucidar si era niño o niña.

Así, tras conversar detalles Videl le dio los últimos consejos de rigor, pero también tenía que informarle que su embarazo sería complicado. Mirai Bulma ya era una mujer de edad, a la cual ya no le faltaba mucho para la menopausia. Embarazarse a su edad era un riesgo evidente y Videl no podía ocultarle aquello.

"Tienes que checarte seguido. Ya debes saber que un embarazo a tu edad es peligroso. Todo embarazo después de los cuarenta conlleva riesgos. Soy doctora así que no te mentiré ni te ocultaré información. Existen ciertas probabilidades de que tu niño tenga síndrome de down o que tu embarazo se complique debido a tu edad. Un embarazo a tu edad es riesgoso , pero tengamos confianza en que todo saldrá bien" -la animó para que no se preocupara de lo más necesario.

"Sí, yo estoy segura de que todo saldrá bien. No tengo dudas de ello" -aseguró Bulma con una confianza abrumadora.

"Que bueno. ¡Me gusta que tenga esa fe Bulma!" -la alabó la que ahora sería su doctora. "Eso si, tiene que checarse periódicamente sin faltar a ningún control para ver como avanza la gestación" -le advirtió ella inquietada por su salud y la del bebé.

"Sí, no te preocupes, no hay nadie más interesada que yo en que todo resulte bien" -sonrió Bulma agradeciendo su sincera preocupación.

"Lo sé" -devolvió la sonrisa.

De esta manera y con los exámenes de rigor ya terminados, ambas volvieron a la oficina de la doctora.

Videl volvió a sentarse encima del escritorio. Si lo hacía seguido era evidente que le resultaba más cómodo sentarse allí que en la silla.

"Sino es intromisión... ¿cuando se lo dirás a Vegeta?" -recordó al hombre de azul con malas pulgas.

Un pausa larga se hizo.

"No se lo diré" -afirmó de manera tajante, tras haberlo meditado largamente.

"¿Qué?" -exclamó Videl al instante.

Ambas fijaron sus vistas en sus respectivos ojos de color.

"No sé lo diré" -repitió sin vacilar, para confirmarle que lo que sus oídos habían escuchado era verdad.

La más joven frunció el ceño con sorpresa.

"¿Pero por qué?" -preguntó sin poder creerlo.

"Vegeta pertenece a otro lugar. No lo obligaré a quedarse por el bebé. Yo me embarazé... fue mi culpa... así que yo asumiré esta responsabilidad" -terminó diciendo con la decisión plantada en sus ojos.

"¿Pero que estás diciendo?" -Videl se levantó de su posición con suma energía. No podía creer lo que estaba escuchando.

"Lo que escuchaste Videl. No vale la pena que Vegeta lo sepa, él debe volver a su tiempo" -permaneció tranquilamente sentada, a pesar de la reacción de la doctora.

"Ah no, perdóname Bulma pero voy a ser bien directa contigo... ¡estás cometiendo un error gravísimo! ¿Qué no vale la pena? ¡Él es el padre! ¡Tiene todo el derecho de saberlo!" -le corrigió con toda la decisión del mundo.

"Videl, no quiero discutir contigo. Sólo quiero que respetes mi decisión. Yo soy la madre de este bebé que viene en camino, no tú. Y sé que lo que estoy haciendo es para mejor" -defendió su posición con suprema fuerza.

Videl chocó un puño contra la mesa.

"¡No me parece lo mejor!" -alegó enseguida. "Vegeta tiene que saberlo. Ese niño merece saber quien es su padre" -le recalcó apretando el puño que había chocado contra la mesa.

"Y lo sabrá, créeme. Pero ahora no es el momento. Por ahora este niño sólo me necesita a mí, no a su padre -bajó su mano y acarició su vientre- Cuando crezca y tenga unos años le presentaré a Vegeta"

Videl movió su cabeza con negación sin asimilar lo que estaba escuchando. No podía ni iba a aceptar la decisión de Mirai Bulma.

"Sigo pensando que Vegeta tiene todo el derecho de saberlo... Y ahora. No en unos años más tarde. Imagínate como se pondrá Vegeta más adelante cuando sepa que tiene un hijo en este tiempo y que usted jamás se lo confesó" -su mirada se volvió agudamente acusatoria.

"Vegeta tendrá que entender que lo hice por su propio bien. Él tiene que ser feliz con su verdadera familia" -defendió nuevamente su postura con inquebrantable firmeza.

"Me parece que estás siendo muy generosa con esa otra Bulma que ni siquiera conoces. Créeme que si yo estuviera en su situación ni siquiera lo pensaría. Estás siendo generosa con ella pero egoísta con Vegeta, quien tiene todo el derecho de saberlo, y aún más, estás siendo egoísta con tu propio hijo, ¡quien tiene todo el derecho de tener un padre!" -comenzaba a exasperarse profundamente ante la terquedad de la madura mujer.

"Tú no lo entiendes Videl, Vegeta tiene otro niño al que debe cuidar. No puedo separar a ese pequeño de su padre" -la científica estaba segurísima que eso era lo más correcto.

"Pues que los cuide a los dos y punto" -zanjó ella con determinación.

"Ojalá fuera tan fácil..." -se quejó amargamente Mirai Bulma. "Pero la vida no es así de fácil" -esta vez fue ella la que cerró su respuesta de manera tajante.

El silencio se provocó en la habitación. El debate por parte de ambas podría continuar, pero ninguna de las dos tenía dudas de que sería algo totalmente fútil. Sólo bastaba echar un vistazo a sus miradas para notar que ninguna de las dos cedería en sus opiniones.

Bulma se levantó del asiento también y tomó las manos de la chica de negros cabellos, para que notara lo importante de la petición que le haría.

"Videl, sé que no estás de acuerdo conmigo, pero tienes que respetar mi decisión. Como amiga eso es lo que debes hacer. Por favor, guárdame el secreto del embarazo. No se lo digas a nadie" -le pidió con el más amable de los tonos existentes.

Videl vió como aferraba sus manos a las suyas. Realmente era un favor importante... verdaderamente la consideraba su amiga y la científica también a ella. ¿Tenía que serle leal mateniendo en secreto el embarazo? ¿O tenía que despertarla de su error? ¿Que debía hacer ella como amiga?

"Una amiga está para apoyar y ayudar siempre... en las buenas y en las malas. Y en los momentos malos es cuando realmente se ven los amigos", vinieron esas palabras a su mente.

Videl sujetó aún mas las manos de su amiga, dispuesta a decirle que guardaría su secreto... pero la vocecilla interior que suelen llamar conciencia le protestó con absoluta firmeza.

"Y un amigo también está para hacerle ver sus errores a esa persona que quiere. No puedes apoyarla en algo que está equivocado. Tienes que hacerle ver su error. Los amigos son los que te dicen la verdad aunque duela, no los que te ayudan a hundirte más" -la aconsejó esa voz interior.

"¿Pero y si ella está en lo correcto y soy yo realmente la equivocada?" -le protestó ella, a lo cual su mente no dudó en cuestionar: "¿Crees que dejar a un hijo sin padre es correcto?"

"No" -fue la instantánea respuesta.

El debate mental que sostenía consigo misma terminó definitivamente, dejando clara cual sería su decisión. Soltó las manos de Bulma, indicándole con ese gesto que no podría aceptar su petición. Le dirigió una profunda mirada y observó a la científica por unos cuantos segundos con la seguridad desbordándola hasta por el rabillo del ojo. Finalmente carraspeó para aclarar su voz y le habló a la peliazul:

"Lo lamento Bulma, pero no voy a poder guardarte este secreto. Si no se lo dices tú a Vegeta se lo diré yo" -le advirtió sin contemplación alguna.

Bulma parpadeó rápidamente debido a la sorpresa causada. Abrió más los ojos y se levantó violentamente de su asiento con mirada completamente afilada. Su mirada se había transformado en una penetrante daga capaz de hacer estremecer a cualquier contendiente.

"Si se lo dices perderás mi amistad para siempre" -la amenazó sin maquillaje alguno. No hubiese querido hacerlo pero era la única forma de hacer reaccionar a la doctora.

La más joven quedó paralizada. No quería perder su amistad. La conocía desde hace poco pero el tiempo no importaba para forjar una verdadera amistad. Estaba segurísima de que Bulma era una gran persona y ya la sentía como una verdadera y leal amiga. Fue ella la que la consoló esa noche cuando estallaba de dolor por el sufrimiento de haber perdido a Gohan para siempre. Realmente no quería perder su amistad... vaciló en si seguir manteniendo su advertencia, pero estaba tan segura de estar haciendo lo correcto que muy poco le duró la vacilación.

"Bien Bulma... si no quieres ser más mi amiga lo entenderé. Pero debo hacer lo correcto y lo realmente correcto es que Vegeta sepa la verdad y que ese niño tenga un padre. Lo siento de corazón, pero no retrocederé en mi decisión"

La mujer de cabellos turquesas cerró sus puños y apretó los dientes con impotencia. ¿Por qué no podía respetar su decisión? Eso debía hacer ella si realmente era su amiga.

"Yo vine contigo porque estaba segura de que podía confiar en ti. ¿Acaso nuestra amistad no te importa? ¿No merezco tú lealtad? ¿Por qué Videl? ¿Por qué?" -la cuestionó exigiendo respuestas, sin sacarle la mirada ni una centésima de segundo.

Videl tragó saliva con sus cuestionamientos. Sintió como la acerada mirada de su amiga la estaba abriendo como si fuera una navaja cortando carne.

"Sí me importa nuestra amistad... no sabes cuanto. Por eso mismo quiero que te des cuenta que estás cometiendo un error"

"El error lo estás cometiendo tú Videl. Como amiga deberías apoyarme, no ponerme contra la espada y la pared. Piénsalo dos y más veces antes de contárselo a Vegeta. Adiós" -se despidió con voz sumamente dolida.

La doctora hizo una mueca inconsciente de dolor en su cara. Bajó su mirada hacia el piso, volviéndose a preguntar si realmente estaba haciendo lo correcto.

Bulma se dio media vuelta y se largó del lugar. Tenía unas ganas tremendas de decirle un par de improperios a la impulsiva muchacha pero se aguantó las ganas... porque después de todo Videl merecía todo su respeto... pero no su amistad.

...

La lluvia había cesado desde hacía rato y los nublados cielos comenzaron a despejarse. Poco a poco rayos de sol emergían desde el cielo compartiendo su calor.

En Capsule Corp una pareja acababa de entrar en la habitación que tenían destinada. El saiya caminó hacia la ventana y corrió la cortina que la cubría. De inmediato la aún tenue luminosidad del astro rey se baría paso a través de las nubes para adentrarse en el cuarto. Vegeta se puso allí cruzando sus brazos, dándole la espalda a su esposa.

La joven Bulma pudo distinguir con claridad la figura de Vegeta proyectando una sombra a imagen y semejanza de él en la habitación. No era necesario hacer uso de su percepción para entender que si el saiya le daba la espalda era porque le hablaría de algo serio. Tendría que prepararse para escuchar lo que pretendiera comunicarle.

"Mujer, tengo algo que decirte" -le dijo sin voltear.

La científica presintió que algo grave pasaba. Vegeta estaba extraño, desde anoche cuando iban a hacer el amor que estaba diferente... parecía preocupado por algo. Otra persona no se hubiera dado cuenta de ello, pero ella lo conocía tan bien que podía reconocer cuando algo lo perturbaba.

"¿Qué cosa?" -por alguna extraña razón sintió miedo de preguntar. Su instinto no le dejaba de decir que algo andaba mal.

Vegeta descruzó sus brazos y se dio media vuelta para encarar a su mujer. Su cara lucía inexpresiva aunque sus ojos delataban algo de preocupación.

Antes de hablar el saiya permaneció en silencio, meditando si tenía que decírserlo o no. A pesar de que estuvo a punto de acostarse con Mirai Bulma sin amnesia, al fin y al cabo no había pasado nada. ¿Qué era lo mejor entonces? ¿Guardarse esa verdad para no hacerle daño? ¿O decirle la verdad aunque la dañara?

A veces era mejor ocultar ciertas cosas para no causar daño innecesario. Además no le estaba mintiendo, solamente obviando información.

Pero una pregunta golpeó su mente. ¿Qué querría Bulma? ¿Qué le contase o que guardara silencio? Guardar silencio era por el propio bien de su mujer, para no dañarla innecesariamente, si al final no había pasado nada.

No obstante, conociéndola como la conocía, Bulma sin duda alguna preferiría que le dijese toda la verdad. Ella no querría que le ocultara nada. Así era su mujer. La conocía demasiado bien. Por respeto hacia ella tendría que decírselo.

"Ella merece saberlo" -se decidió Vegeta finalmente, cerrando sus puños. Recién se habían reconciliado pero era seguro que esto rompería esa reconciliación. Tal vez se arrepentiría después.

Bah, que más daba. Debía afrontar la situación como el guerrero que era. Pero resultaba que una situación así era mucho más complicada que enfrentar al mismísimo Majin Buu.

Su mente ya no quiso pensar más. Afrontaría lo que viniese como el hombre que era. Finalmente las palabras salieron de su boca:

"Sin amnesia... estuve a punto de acostarme con ella" -le dijo claramente sin tapujos ni maquillajes para suavizar la verdad. Su voz no demostró nada y su cara contuvo cualquier rasgo de expresión. Sólo sus azabaches ojos delataban lo que estaba sintiendo realmente. Ojos rebosantes de gran aflicción. ¿Estaría haciendo lo correcto al decirle la verdad? ¿No era mejor guardarse esa verdad si finalmente no había pasado nada?

Bah, ya ni siquiera importaba cuestionárselo. Lo hecho, hecho estaba. Y Bulma merecía saber todo... absolutamente todo lo que había pasado desde su llegada al futuro. Era el derecho que le correspondía como esposa. Confiaba al cien por ciento en ella, como ella también lo hacía con él. Si no lo decía no podría tener su conciencia tranquila. Que pasara lo que tuviera que pasar.

Bulma advirtió como su corazón dejaba de latir por un par de segundos por el crudo golpe. Otro maldito golpe a su corazón. ¿Hasta cuando mierda iba a sufrir? ¿No era suficiente ya todo lo que había tenido que vivir?

Un brillo de dolor destelló en los azules iris de la joven científica. Vegeta vislumbró claramente la tristeza que habían provocado sus palabras. Su frío corazón de duro guerrero no le obedeció. No pudo mantener sus latidos tranquilos de siempre. Sintió como cada latido era más fuerte y su corazón se aceleraba. Una punzada lo atacó, sintiéndose como un maldito al lastimar a la mujer que amaba.

Un violento sonido hizo eco por el pasillo. Un sonido causado por la mano derecha femenina al hacer contacto con la mejilla de su esposo.

"Lárgate de aquí, ¡si tanto te gusta esa mujer quedate con ella!" -no reprimió en nada el rencor que estaba sintiendo.

El saiya ni siquiera cerró los ojos al recibir la bofetada. Siguió mirándola impávido. Impertérrito.

"Mujer, sé lo enojada que estás así que me iré porque necesitas estar sola ahora" -su esposa rellenó su mirada con aún más rencor advirtiéndole que no tenía ganas de escuchar nada, pero a él no le importó. "Sólo debes saber que si te digo esto no es para dañarte. Si te digo esto es porque te respeto y te mereces saber toda la verdad" -su voz no cambió en nada su habitual tono rudo.

Bulma chistó con burla.

"¿Respeto? ¿Respetarme dices descarado? ¿Te ibas a acostar con ella y dices respetarme?" -le cuestionó sintiendo como hervía su sangre con el calor de la ira recorriendo cada una de las venas de su cuerpo.

"¡Maldición, entiende mujer! -se irritó hasta las venas con su incomprensión- Ella eres tú también. Aunque no lo aceptes son iguales. Jamás te engañaría porque te amo y ya no temo decirlo. Te amo con toda mi alma mujer idiota. Métete eso en la cabeza. Precisamente por eso estuve a punto de caer con ella... porque al verla a ella te veo a ti. Ella eres tú y tú eres ella"

Bulma sintió como toda su alma ardía en malditas llamas causadas por la furia que estaba sintiendo. ¿Tan iguales eran la una a la otra? Sintió ganas de desaparecer o de matar a su clon del futuro. Cualquiera de las dos opciones hubiera sido buena.

"Jamás podría engañarte porque sólo tú eres la mujer de mi vida. Ninguna otra mujer podría siquiera provocar lo que me inspiras tú... sólo otra Bulma podría haber causado todo este desastre" -clavó aún más sus ojos en los de su pareja.

"Ya no sabes ni lo que dices. Sólo inventas excusas rídiculas. Estuviste a punto de engañarme Vegeta, no me importa si es igual a mí, ¡no somos la misma persona!... me ibas a engañar desgraciado... ¡y lo peor de todo es que fue a total conciencia! ¡La amnesia no tuvo nada que ver!" -desahogó todo el dolor que estaba sintiendo a través de ese grito.

Vegeta resopló con hastío. Su mujer se cerraría a cualquier explicación. En realidad ni siquiera valía la pena discutir. Lo mejor era irse y esperar a que se calmara, para que pudiera entender la increíblemente complicada situación por la que tuvo que pasar.

"Piensa lo que quieras. Si crees que soy un maldito bien por ti. Sólo te diré que perfectamente podría haberme quedado callado y perfectamente podría haber guardado silencio sin que te enterases jamás de esto, pero si te lo conté es porque te mereces saber todo lo que pasó, porque te mereces todo mi respeto y porque confio en ti... porque te amo mujer"

Bulma no se conmovió en lo más mínimo con sus palabras, aún sabiendo que ese te amo era realmente difícil para él admitirlo. Pero su rabia y su furia eran tan grandes que esas palabras le dejaron de importar. Le dio un gesto de desprecio, tal como los que Vegeta solía dar a sus enemigos.

"Lárgate" -las palabras se sintieron cual látigo castigando el aire.

"Como quieras mujer. Adiós" -su voz fue completamente impersonal.

El saiya dio media vuelta y se marchó saliendo por la puerta principal, sin titubear ni mirar atrás. Era Vegeta, el príncipe de los saiyajins y si esa mujer no quería nada con él no miraría hacia atrás.

Ambos corazones se inundaron del más cruento dolor. A veces el amor podía doler demasiado, tanto como para destrozar a una persona... Maldito amor... Toda la dicha se marchó. El dolor conquistó sus almas sin ninguna resistencia y la felicidad del reencuentro se rompió en mil pedazos...

Felicidad rota...

Continuará.

...

hola! Hizo bien vegeta en contarle eso? O mejor se quedaba callado?

Que debe hacer Videl? Guardar silencio o contar el embarazo de mirai bulma?

Esta haciendo lo correcto Mirai Bulma al no decirle nada a Vegeta?

Los pequeños Trunks y Goten encontraran a Milk?

Que debe hacer la joven Bulma? perdonar a Vegeta o hacerlo sufrir?

Denme sus opiniones plis! yo estare feliz de recibirlas

chao y cuidense ^^