Hola que tal! espero que todos esten muy bien ;D agregue una parte de un capitulo que escribi yo en un fic abandonado que escribia junto a chispeg, en donde Goku cumple una extraña mision pero supongo que nadie o muy pocas lo han leido asi que agregue esa parte de Goku aqui porque calzaba muy bien xD
como siempre espero que les guste el capitulo, que ha sido el mas largo que he escrito hasta ahora. Y tb por supuesto una vez mas muchas gracias a todas por sus comentarios ^^
Capítulo 26: Orgullo.
El saiya abrió la puerta de la casa con violencia dispuesto a irse para no volver. A qué sitio ir daba exactamente igual. Sólo necesitaba largarse de ese lugar antes que ponerse a discutir de malas formas con la, según él, histérica de su mujer.
Justo en ese preciso instante Trunks y Goten se dirigían hacia dentro del hogar para merendar. Muy animados, habían decidido buscar a Milk tras comer un opíparo desayuno-almuerzo. Habían despertado con mucho apetito, como todo semisaiya que se precie como tal.
Ambos niños toparon con el príncipe en la entrada y notaron enseguida que Vegeta traía su mejor cara de malas pulgas encima.
"¿Qué te pasa papá?" -se atrevió a preguntar Trunks a pesar de la faz que traía su progenitor.
"¡Pregúntale a la escandalosa de tu madre!" -bufó con ira suprema, furia que hizo sobresalir una vena que recorría su frente.
Ambos niños quedaron perplejos con la airada respuesta del príncipe. Sabían que era irascible pero ahora lucía mucho más enojado que de costumbre. Lo mejor en esa situación era no cruzarse en su camino así que ambos se apartaron dejándolo proseguir su vehemente andar.
Acto seguido, el saiya despegó elevándose por los cielos alejándose a gran velocidad.
Trunks miró a Goten con faz interrogativa, buscando una respuesta con su mirada.
"¿Qué pasó?" -preguntó el pequeño hijo de Vegeta a su amigo.
"Me late que pelearon" -entusiasmado, respondió lo más obvio como si hubiera hecho un gran descubrimiento.
Trunks estrelló una palma en su cara con frustración.
"Sí tonto, eso ya lo sé. Me refiero a por qué razón habrán peleado"
"Ah, pues no sé Trunks pero ya sabes como son tús padres. Sino pelean se sienten extraños. Mejor no meterse en problemas de casados. Eso dice siempre mi mami" -le aconsejó Goten con la más pura sabiduría infantil.
"Sí, en realidad tienes razón, ya se le pasará. Mejor vamos a comer pronto, me estoy muriendo de ganas por buscar a tú mamá" -mencionó emocionado.
"¡Sí!" -asintió Goten sobándose su estómago, sintiendo la incomodidad del hambre.
Entretanto, en el interior del hogar Bulma seguía pegada al mismo lugar donde la había dejado Vegeta. Ni un sólo paso avanzó o retrocedió, siguió estática en el mismo sitio sin parar de pensar en lo que había sucedido. Respiro profundo y contó hasta diez para apaciguar la furia que aún sentía. Logrado aquello, temió bajar su vista y mirar hacia donde le indicaba su terca mente. En cambio, desafió a su temor y decidió alzar la palma de su mano derecha hasta ponerla a la altura de su faz... la misma con la que había pegado una cruda bofetada a su esposo. Su mirada se clavó en ella con vista acusadora, como si ese apéndice con dedos fuera culpable de sus impulsos. ¿Realmente le había pegado? Fue todo tan rápido que dudó de si realmente todo había ocurrido tal como estaba recordando. Tragó saliva y pasó la palma de su mano izquierda por la frente, secándose el sudor que brotaba cada vez más y no precisamente por calor ambiental. Volvió a tragar saliva dándole vueltas en su mente a la cachetada que le había pegado. Lógicamente el saiya ni siquiera la debió haber sentido, como el guerrero que era estaba acostumbrado a recibir golpes mucho más brutales que ese... pero el dolor de un golpe de su esposa debió ser mucho más hiriente que cualquier puñetazo brutal de un enemigo.
Aunque se lo mereciera, no pudo evitar sentirse mal por haberlo abofeateado. Pero la furia había sido tan grande que no se pudo controlar. Malditos impulsos... definitivamente ser impulsivo era un problema.
¿Pero cómo reaccionar ante algo así? -se preguntó a sí misma con voz sufriente. Inevitablemente otro suspiro surgió de sus adoloridos pulmones con la difícil pregunta.
Ya lo hecho, hecho estaba. No valía la pena quejarse por la leche derramada. Le había dicho a su esposo que se largase y así lo hizo.
Vegeta había sido totalmente honesto con ella, debía reconocerle aquello. Y ni siquiera se había acostado con su clon, aún cuando tuvo la intención de hacerlo.
Él estaba pagando su culpa... él estaba pagando su honestidad. La sinceridad se había vuelto un lamentable defecto...
Sintió deseos de no tener mente para no seguir pensando, de lanzarse sobre la cama y ponerse a dormir hasta no despertar en un buen tiempo más, como si todo hubiera sido sólo un mal sueño. Una distorsión de la realidad, algo que jamás ocurrió.
Suspiró una vez más mientras miraba hacia el cuarto que la cobijaba en esta anacrónica Capsule Corp que no le pertenecía... le pertenecía a ella.
A ella...
Mil cuestionamientos machacaban su mente exprimiéndole pensamientos, tal como si su cerebro fuera una fruta marchita que se negaba a dar zumo.
De súbito, los dos pequeños entraron por la puerta tomándola desprevenida. Su abstracción no le permitió percatarse de que ambos habían llegado junto a ella.
Las vistas de ambos niños se volvió indagatoria; justo en el salón yacía Bulma con ojos completamente idos.
Los pequeños semisaiyas fruncieron sus respectivos ceños, entendiendo por lógica que estaba así porque había discutido con Vegeta.
"¿Qué te pasa mamá?" -se animó a preguntar Trunks para lograr mayor certeza, pero Bulma ni siquiera se percató de su voz.
"Sólo me dio excusas pero no fue capaz de pedirme perdón" -se quejó mentalmente la joven de ojos color zafiro.
Le dolío muchísimo verlo marcharse. La fría espalda de su esposo atravesando la puerta chocó contra su espíritu una vez más. Vegeta era tan orgulloso que no daría marcha atrás. Pero ella también lo era y si esto significaba el fin de la relación que así fuera. Las cosas tienen una razón de ser... las cosas pasan por algo, buscó consuelo en la típica frase que suele decirse en estos casos.
Las últimas palabras del príncipe le rondaron la mente cual cazador furtivo acechando a su presa... perfectamente podría haberse callado pero no lo hizo. Prefirió decirle toda la verdad aún sabiendo a lo que se expondría.
Esas últimas palabras de Vegeta chocaban en su mente dispersándose una y otra vez a través de todo su cerebro. Pero aún mantenía muy viva la ira que ardía con fuerza en su interior. Su esposo le había confesado que iba a dormir con otra mujer... tanta impotencia, tanta rabia, tanta ira... era sumamente normal que sintiera eso después de esas afiladas palabras.
¿Debía contenerse? Ya había vivido demasiadas cosas como para reprimirse. El enfrentamiento con Mirai Bulma, sufrir la amnesia de su esposo y el aceptar el terrible hecho de que otra mujer se había acostado con él... sentir que su familia podía separarse también fue horrible, y como si fuera poco, su esposo le confesó que estuvo a punto de acostarse con su clon futuro a plena conciencia.
Era obvio que en algún momento debía estallar. Vegeta había hecho mal y eso fue la gota que rebasó el vaso. Obró mal, no cabía duda de ello.
Las emociones que estaba sintiendo eran tan confusas que por más que lo intentara no podía definir que estaba sintiendo. Era como si la tristeza, la furia, el despecho y la desilusión se hubieran combinado en una sola y desconcertante emoción.
"Mamá, ¿qué te pasa?" -volvió a preguntar su hijo, frunciendo el ceño con preocupación al no haber recibido respuesta.
Los ojos de Bulma por fin parecieron reaccionar, volviendo a la realidad al escuchar claramente la voz de su primógenito. Dirigió su mirada a los pequeños y, al igual que Vegeta, no midió su ímpetu para responderle a los pequeños.
"Tu padre como siempre" -siseó con impotencia.
Ambos chiquillos se miraron entre ellos confundidos, sin saber a que se refería.
Bulma los miró y decidió no darle importancia al asunto frente a ellos. Eran solamente unos niños y no tenían porque preocuparse de cosas de adultos.
"Nada, olvídenlo. ¿Quieren comer verdad?" -preguntó rápidamente para que se olvidaran del tema.
"¡Sí!" -exclamaron ambos al mismo tiempo.
Cociendo unas presas de carne especiales para saiyajins la científica les sirvió el sabroso desayuno que más parecía un almuerzo por lo tarde que ya era. Por suerte la corporación tenía la misma disposición y el mismo orden que en el presente, lo que le facilitó las cosas a Bulma para encontrar lo que necesitase.
Tras comer los chiquillos le explicaron que buscarían a Milk, aunque ella no le dio mayor importancia debido a seguir pegada pensando en lo que había sucedido con Vegeta.
Así, disimulando su verdadero estado de ánimo, se retiró a su cuarto en esta ajena corporación del futuro.
¿Acaso tanto le cuesta decir perdón? ¡Me emputece que sea así!" -rugió por fin tras cerrar la puerta, desahogándose de lo que estaba sintiendo.
Vegeta le había dicho la verdad aún sabiendo a lo que se expondría. Golpeó la cama con sus puños llena de impotencia y se lanzó pesadamente en ella, mirando lánguidamente el techo de su habitación. Debía reconocerle que había tenido los cojones para decírselo. Pero en el momento se sintió tan furiosa que de haber sido una saiya seguro que en ese momento se hubiera transformado en super saiyajin, por la intemperancia que motivaba a su ira a lograr la ebullición.
¿Fue desmedida su reacción? ¿Cómo rayos iba a contenerse con una noticia así? Lo único que estaba apaciguando levemente la furia que sentía era la honestidad de su esposo, que prefirió decirle toda la verdad a pesar de todo.
Debía valorar aquello y debía valorar también que finalmente no había pasado nada con Mirai Bulma a plena conciencia.
Lágrimas se asomaron en sus bellos ojos, pero no quería llorar. Aunque fueran más de la una de la tarde para ella recién empezaba el día y lo empezaría de la peor manera... llorando. No quería empezar así.
Dio un suspiro sosteniendo a duras penas la carga que llevaba su alma. Realmente no sabía que hacer. Se sentía mal pero a la vez extraña. La imagen de Vegeta yéndose y diciéndole adiós sacudió su mente, llenándola de dolor.
Le había dicho que se fuera... tal vez no debió hacerlo. Ser impulsivo definitivamente solía ser un problema. Pero si Vegeta en vez de darle excusas para justificarse, le hubiera dado algo tan simple como pedir perdón... tal vez las cosas hubieran sido distintas.
Golpeó la pared con su puño liberando su contenida rabia y aunque sintió el dolor de chocar su mano contra el sólido muro no se quejó. El dolor de su alma era mucho más fuerte como para darle importancia al de su puño.
De pronto, un cruel pensamiento vino a atormentarla... ¿y si Vegeta buscaba consuelo con Mirai Bulma? Sintió una brutal punzada en su corazón. El dolor de la casi infidelidad no podía borrar los sentimientos tan profundos que sentía hacia él. Lo seguía amando como una loca... pero una insana que lo había castigado duramente, hiriéndolo profundamente aunque él jamás lo admitiera.
"Vegeta..." -musitó su nombre mezclando rabia y amor.
El orgulloso saiyajin volaba a toda velocidad a través del cielo, perdiéndose entre las nubes que surgían a su paso.
"¿Qué mierda sacaste con decir la verdad?" -se regañó a sí mismo. "Esa mujer ni siquiera valoró mi honestidad. Definitivamente cuando pasa algo así es mejor quedarse callado. Además a la otra Bulma ni siquiera le hice el amor esa vez" -gruñó con ganas de destruir el planeta entero.
Siguió volando a gran velocidad mientras buscaba con su mirada un lugar adecuado para entrenar y así liberar toda la impotencia que sentía a través de enérgicas patadas y puñetazos. El entrenamiento era la mejor manera de encontrar solaz para su intranquila alma.
"Te estás volviendo un insecto patético igual que los inmundos humanos -siguió meditando mientras aumentaba su velocidad de vuelo- Antes ni siquiera le habrías dado importancia a algo que no tiene ninguna relevancia. En la práctica no tenías porque contárselo porque realmente no pasó nada. Tienes que volver a ser el hombre duro y frío al que nada ni nadie le importa" -se aconsejó a sí mismo mientras apretaba los dientes de impotencia. Cerró sus puños lleno de ira pensando en la maldición que significaba poseer sentimientos.
De pronto su vuelo paró en seco tal como si un automóvil frenara bruscamente al ver una persona delante. Sólo que su abrupta detención no se debía a una persona, sino a una excelente idea que había nacido en su mente.
"Claro, iré a desafiar a muerte al imbécil de Kakarotto. Si se rehúsa lo golpearé sin piedad hasta que se decida a pelear. Y cuando luche con todo su poder me sacrificaré para matarlo. Así los dos moriremos... pero mi venganza estará completa" -se relamió pensando en asesinar a su maldito némesis. Aunque muriera haciéndolo, la muerte de su eterno rival merecía el precio a pagar.
Un hombre de mediana edad sintió como recibía húmedos lamidos en su mejilla, pero aún así no quería volver desde el mundo de los sueños.
El presente allí era el saiya más poderoso, quien después de su aventura preguntando tríos a mujeres desconocidas decidió alejarse de la ciudad y dormir en un bosque cercano. Dormir fusionándose con la naturaleza era una dicha que no disfrutaba hacía mucho tiempo.
Su semiconciente apartó a quien le daba lamidos con una mano. Se volvió a tirar sobre el salvaje césped en que dormía, con los brazos y piernas muy extendidos disfrutando del gran espacio yacente a su alrededor.
No obstante, los lengüetazos siguieron con aún mayor efusividad, obligando al saiya a salir de su trance onírico. Abrió los ojos tan lentamente que parecía que sus párpados pesaran toneladas enteras. Finalmente tras cumplir el laborioso trabajo de abrirlos pudo ver a quien le estaba dando esos cariñosos lamidos: un lobo cachorro le estaba demostrando cariño.
"¡Hola! ¡Qué tal amigo!" -saludó al tierno animal tal como si se tratara de una persona.
Enseguida lo tomó en brazos muy animado observando al animalito. No era un lobezno que se pudiera considerar precisamente lindo, pero el poderoso saiya se enamoró de él apenas lo vio. El cachorro agitaba su colita de un lado hacia otro pleno de felicidad. La energía positiva de Goku pareció ser la razón por la cual el animal se le había acercado.
"¿Estás buscando un dueño verdad?" -le preguntó el guerrero, aunque luego se dio cuenta que estaba confundiendo animales. "Ah pero si tú eres un lobito, no un perro, ¡qué tonto soy! Tú no necesitas dueño porque eres salvaje"
El lobezno lo siguió lamiendo. Tal vez esa era su forma de responderle que tenía razón.
Goku sonrió y el lobezno respondió con un enternecedor aullido de cachorro, demostrando lo pequeño que aún era.
Goku tomó al cachorro entre sus manos para presentárselo al resto de guerreros Z, pues estaba seguro que les agradaría verlo. Colocó dos dedos en su frente para localizar un ki con el cual teletransportarse a la Capsule Corp, pero justo en ese preciso momento una llamativa visión que apareció en el horizonte interrumpió su acción.
Un punto brillante y difuso venía volando a gran velocidad hacia él, pero su visión no era tan aguda como para saber con nitidez quien se acercaba. El objetivo debía acercarse mucho más como para poder distinguirlo, pues aún estaba a muchos metros.
Pero como su vista no era de ayuda, instintivamente se concentró en sentir el ki del sujeto para dilucidar de quien se trataba. Las facciones de su cara tomaron la expresión de sorpresa al sentir la energía del sujeto. A la última persona que habría esperado ver era precisamente a él. ¿Qué querría?
No tuvo que esperar más de un minuto cuando la figura se le hizo completamente nítida a través del cielo. Esa ropa azul, guantes blancos y cabello puntiagudo eran inconfundibles.
El príncipe descendió con la vehemencia brotando por todos sus poros. Sus ojos se fijaron en los de su rival perforándolos como un taladro hecho de puntiagudo titanio.
"¡Hola!" -saludó Goku con su habitual optimismo.
"Ya no tengo amnesia insecto, así que no me saludes como si fuera tu amigo" -espetó mientras escupía al suelo en señal de desprecio. Pero su compañero saiya una vez más lo desconcertó con su impredecible reacción.
"¡Vegeta recuperaste la memoria!" -una tremenda sonrisa apareció en su rostro.
"¿Y eso por qué te alegra insecto?" -frunció su ceño, sorprendido con la efusiva reacción.
"Pues porque ya puedes recordar"
Vegeta lo miró de reojo. Pero no le dio mayor importancia a su comentario, conocía bien lo imbécil que podía llegar a ser. Lo que si llamó su atención fue lo coloradas que tenía sus mejillas.
"¿Qué mierda te pasó? Estás rojo como tomate"
"¡Ah! Es que Piccolo me encargó una misión muy dificultosa"
"¿Qué misión te dio ese bicho verde?" -cuestionó lanzándole una interrogativa mirada.
"Que le preguntase a muchas mujeres si querían hacer un trío conmigo... y pues muchas me han pegado, quien sabe por qué" -dijo con una mano en su cabeza, sonriendo como siempre.
"¿Un trío?" -preguntó el saiya con una media sonrisa contenida.
"Sí" -reafirmó Goku.
Pasaron unos cuantos segundos y el guerrero de azul llevó sus dos manos al vientre y comenzó a reírse como un loco revolcándose por el suelo imaginándose las desventuras que debió pasar Kakarotto con la maligna misión. Goku quedó absolutamente sorprendido pues jamás había visto a Vegeta reírse de esa manera.
Después de por fin lograr dominar la impulsiva risa, el príncipe se incorporó nuevamente.
"Vaya, el marciano con capa fue muy inteligente" -apretó los dientes para borrar la risa de su cara.
"¿A qué te refieres Vegeta?" -preguntó confundido.
"Nada insecto, no es importante" -sentenció el guerrero de mayor edad.
Goku sólo lo miró con mirada confundida sin animarse a preguntar más.
El príncipe saiyajin dirigió su mirada a algo que se movía entre los pies de Kakarotto y frunció el ceño al ver esa fea criatura que lo acompañaba.
"¿Y ese lobo horrible de dónde rayos lo sacaste?"
"Yo lo encuentro muy bonito" -rechazó Goku mientras le hacía cariño en la panzita.
"¿Bonito?" -se mofó el príncipe. "Parece el diablo hecho lobo"
"Vamos Vegeta no digas eso, le lastimaras sus sentimientos"
"Bah, como si ese animal pudiera entender algo"
"Los animales sienten igual que nosotros. Se ponen tristes y se alegran igual que nosotros. Son nuestros hermanos menores" -afirmó completamente convencido de ello.
"Bah, ¿ahora te crees protector de los animales?"
"Jaja. No, sólo te decía para que no trates mal a este lobito"
"El lobo es lo que menos me importa ahora. He venido a buscarte para otra cosa insecto" -su mirada se convirtió en una verdadera navaja.
Goku frunció su ceño con curiosidad.
"Bueno, ¿y para qué me necesitas Vegeta?"
"Usa tú cerebro de microbio alguna vez en tu vida Kakarotto. ¿Para qué crees que un guerrero busca a otro?" -le cuestionó.
El saiya de naranjo se rascó la cabeza buscando la respuesta apropiada.
"¿Para conversar?" -respondió con candor.
"No imbécil, ¡para pelear!" -gritó lleno de energía.
Goku frunció el ceño y lo miró como quien busca una contestación. Pero como sabía que aunque le preguntara Vegeta no le daría respuestas, se animó al pensar en tener una buena pelea.
"Me parece muy bien" -contestó Goku muy entusiasmado. Su sangre guerrera ardió con las palabras de su compañero de raza. Una buena pelea siempre lo emocionaría inevitablemente. "¡Un entrenamiento nos vendrá muy bien Vegeta!" -exclamó con fervoroso ánimo.
"Veo que no me entiendes insecto imbécil... no he venido a entrenar contigo. Ni muerto lo haría. He venido a matarte o a morir en el intento. ¡Esta será una pelea a muerte Kakarotto!" -escupió con desprecio al suelo mientras alzaba su puño de la manera más amenazante. Rayos eléctricos cruzaron su mano cerrada demostrando su incontenible energía.
Goku arqueó ambas cejas con extrañeza. A pesar de que su inteligencia no era la más mordaz, si poseía una gran agudeza para captar ciertas cosas.
"¿Por qué Vegeta quiere pelear contra mí así tan de repente?" se preguntó y divagó por unos cuantos segundos la respuesta, hasta que finalmente llegó a la conclusión precisa... "Bulma... nadie más que ella podría irritarlo de esa manera. Bueno, nadie más aparte de mí" -terminó sonriendo interiormente.
"¡Ya sé! ... te peleaste con Bulma, ¿verdad?" -le habló liberando su sonrisa interior que fluyó a través de su faz.
Vegeta abrió los ojos y llegó a cruzar sus brazos instantáneamente con el comentario de su congénere racial. El gesto de cruzar los brazos era una señal innata que indicaba que imponía distancia.
"¡Eso no es asunto tuyo!" -le gruñó mientras le quitaba la mirada. Maldito insecto como pudo saberlo.
"¡Entonces es cierto!" -exclamó alegre con saber que su deducción había sido acertada.
"Grrrrr..." -gruñó entredientes dándose cuenta que se había equivocado con su instintiva reacción, porque gracias a ella le confirmó a su rival precisamente lo que pensaba.
"¿Qué pasó?" -le preguntó Goku con toda la confianza del mundo, como si fueran amigos muy cercanos.
Vegeta frunció el ceño sorprendido con la desmedida confianza de su eterno rival. Le dio una de esas miradas que matan para que captase lo desagradable que le era su actitud.
"No te metas en lo que no te importa Kakarotto, he venido a matarte no a charlar como unas viejas" -le advirtió enseguida con su mejor mirada asesina.
"¡Esta bien pero no te enojes!" -asintió con una mano en su nuca. "Pero si peleamos... ¿puede ser sin tener que morir? Es que si me muero de nuevo Milk no me perdonará nunca" -le explicó su razonamiento con una risita nerviosa.
"Escucha idiota, me da igual lo que pase con tu mujer como también lo que pase con la mía" -argumentó con total frialdad.
Goku se rascó la cabeza pensando en cual había sido la razón de la pelea de Vegeta con Bulma, pues para hablar de esa manera debió ser una pelea grave.
"Bueno como tú digas, si quieres luchar luchemos" -concordó sin darle más vueltas al asunto. "Pero antes de pelear comamos ¿vale? ¡me estoy muriendo de hambre!" -exclamó mientras se tomaba la panza.
Vegeta se masajeó el mentón, dándose cuenta de que ni siquiera había desayunado y sus tripas ya le reclamaban aquello.
"Ahora que lo dices cerebro de mosca, yo también tengo hambre" -comentó saboreando un delicioso asado en su mente.
"Entonces cazemos unos dinosaurios que deben haber más allá" -sugirió Goku, indicándole que lo siguiera.
No hubo más palabras, Goku cargó al lobezno en sus brazos hasta llegar a un sitio en que antes había visto apetitosos dinosaurios. Así, ambos cazaron aquellos enormes reptiles ideales para satisfacer el gran apetito saiyajin. Goku hizo una pira con ramitas y comenzaron a asar las carnes allí.
Le dio un gran trozo de carne cruda al pequeño lobo, que por lo visto ya no tomaba leche materna pues comenzó a devorar el banquete con gran apetito.
Mientras giraba un muslo de dinosaurio para que se cociera bien por todos lados, a Goku le asaltó la curiosidad:
"Vamos cuéntame Vegeta, ¿qué pasó con Bulma? Por las aventuras que hemos vivido juntos, por el respeto que me tienes, cuéntame" -le pidió con ojitos llenos de la más pura ilusión.
"¿Respeto que te tengo?" -contestó Vegeta sorprendido. "¿De qué hablas idiota?" -agravó su voz acentuando su molestia.
"Bueno supongo que me respetas aunque sea un poquito, ¿no?" -repondió con una sonrisa.
Vegeta escupió al suelo.
"El respeto no es un derecho, el respeto se gana. Si quieres mi respeto tendrás que ganártelo insecto"
Goku ensimismó su mirada meditando las palabras del príncipe.
"¿Y cómo puedo ganarme tu respeto?" -preguntó con su voz más inocente.
"Comienza usando tu cerebro"
"¡Ah! Pero si lo uso no se me gastará ¿verdad?"
Vegeta estrelló una palma en su frente y cerró sus ojos para no ver al irritante saiya. Quería digerir tranquilamente la comida sin que la furia le diera un percance a su estómago. Comer tranquilamente era sagrado.
"No se te gastará" -contestó sin más mientras tragaba otra presa de deliciosa carne.
"¡Qué bueno! ¡Entonces lo usaré mucho más que antes!" -expresó Goku mientras danzaba con el lobo, imitando a la película de nombre parecido.
Vegeta no le dio importancia y siguió con lo suyo, que definitivamente era mucho más provechoso y delicioso que discutir con un insecto que no merecía más palabras.
"Oye Vegeta..." -preparó una pregunta el guerrero más fuerte.
"¿Qué pasa ahora imbécil?"
"Bueno espero que no te molestes... es que ya sé que las dos Bulmas quieren contigo" -comentó muy animado mientras seguía jugando con el lobezno. Incluso parecía no estarle prestando atención al príncipe.
"¿Cómo demonios sabes tú eso?" -reaccionó claramente sorprendido.
"Piccolo me lo contó. Gracias a su oído superdesarrollado escuchó todo lo que se dijeron ambas Bulmas cuando hablaron por primera vez" -le explicó esta vez mirándolo directamente.
"¡Puto marciano metiche!" -rugió el saiya cual león furioso.
"Bueno sea lo que sea lo que pasó deberías ir a hablar con Bulma. Ella hizo un tremendo esfuerzo construyendo una máquina del tiempo sólo para venir a verte. Deberías tener más consideración con ella" -le aconsejó Goku.
"Bah, no te metas en lo que no te importa Kakarotto. No sabes ni que pasó con ella. No tengo nada que hablar con esa mujer insolente" -señaló con voz sutilmente despechada.
"Vamos Vegeta, no te mientas a ti mismo. Cuando te nombro a Bulma sea cual sea el problema tú estás dispuesto a dejarlo por ella. La amas, ¡no lo niegues!" -le recordó él animado por esa actitud de su congénere.
El príncipe le dio una fulminante mirada a su mayor rival, la cual hubiera hecho estremecer a cualquier enemigo... pero Kakarotto no era cualquier enemigo. El saiya de clase baja, pero irónicamente también el más poderoso, hasta parecía considerarlo a él como su amigo.
"Cállate imbécil" -cuando no había contraargumentos, hacerlo callar era la solución.
"La amas, ¡no lo niegues!", fue la frase que rebotó a través de las paredes de su mente. Kakarotto lo conocía muy bien, tanto que hasta él se sorprendía de aquello.
Sin explicarse la razón, recordó cuando se dejó convertir en un Majin para pelear contra Kakarotto y destrozarlo en combate, para demostrarle en su cara que el príncipe saiyajin era el mejor... sin embargo, el insecto echó abajo sus planes cuando después de un potente puñetazo que lo tumbó al suelo, le espetó que todavía no le había vendido su alma a Babidi. Que su familia si le seguía importando a pesar de que lo negase mil veces.
También recordó todas las veces que se negó a hacer la puta fusión, pero con el sólo hecho de que el insecto mencionara a Bulma y a Trunks terminó cediendo por ellos. Kakarotto sabía muy bien cuanto quería a su familia.
Recordó además cuando el idiota le ofreció en secreto una foto de Bulma al anciano Kaioshin, diciéndolo en voz baja sabiendo muy bien que se pondría celoso por eso.
Cerró su puño con mucha molestia. Sí, debía reconocerlo, el maldito insecto lo conocía mucho más de lo que hubiese deseado.
"Yo creo que si hablaran nuevamente solucionarían sus problemas" -sugirió Goku mientras seguía dándole mordiscos a la carne como un verdadero cavernícola que no había comido en días.
"Bah, tu cerebro de mosquito no entendería nada ni aunque te lo explicara idiota" -Vegeta comía de la misma forma que Goku.
"Bueno puede que tengas razón Vegeta... pero sea cual sea el problema, sé que la amas y sé que serías capaz de dejar todo por ella. Eso si que lo sé muy bien" -sonrió con su ingenuidad característica.
"Arg" -gruñó Vegeta como respuesta. Como odiaba esa sonrisa de tarado que forjaba esa cara sin ningún esfuerzo. Pero odiaba aún más pensar en que su némesis tenía razón.
"¿Bulma se enojó por algo que pasó con Mirai Bulma?" -preguntó tras una pausa.
"Eso no te incumbe idiota... deberías estar en mi situación para que veas que se siente" -comentó con voz iracunda, pero después una sonrisa maligna se formó en su rostro al pensar en sus últimas palabras.
"¡Bueno, bueno! ¡Ya no te sulfures! Tal vez no sepa nada, pero si sé que no quiero verte peleado ni con Bulma ni con Mirai Bulma. Las dos Bulmas son muy buenas personas y no quiero que sufran, pero creo que lo mejor para ti es que te quedes con tu esposa original. Tienes un hijo con ella y creo que volver con la primera Bulma sería lo mejor, aunque tampoco culpo a Mirai Bulma por enamorarse de ti, pues hacía mucho tiempo que no te veía. No le veo nada malo tampoco, pero si yo fuera tú me quedo con mi esposa de verdad" -argumentó a su estilo.
El muy imbécil le estaba dando un consejo con toda veracidad... Sin buscar algo a cambio, sólo preocupándose sinceramente por él y lo que sentía por Bulma. ¿Acaso eso era lo que los inmundos humanos llamaban amistad?
Vegeta lo quedó observando reflexionando la particular personalidad de su congénere racial. En su escrutinio, imágenes mentales de su primera lucha contra él aparecieron. Y así aparecieron también más recuerdos de las incontables batallas de su rival... unas las vió él mismo y otras le fueron contadas vagamente por su esposa cuando mencionaba su pasado.
"Kakarotto nunca intentó matarme... -meditó tras los cuestionamientos mentales- ... ni a Piccolo, ni a las fuerzas especiales Ginyu, ni a Freezer... ni siquiera a mí que siempre busqué matarlo. ¿Por qué? ¿Por qué nunca te atreviste a matarme insecto?" -cuestionó en su cerebro.
La lógica del clase baja no era entendible. Si la sangre saiya exigía matar a todos los enemigos, tal como el príncipe lo hacía... ¿por qué el insecto no?
Tal vez Kakarotto vió en él, al igual que en Piccolo, que podía cambiar. Confiaba en que las personas malvadas podían cambiar para mejor... y lo logró tanto con el marciano verde como con Vegeta. Y sino corregían el camino, él estaría nuevamente presente para derrotar a sus enemigos... como siempre lo había hecho.
Maldito Kakarotto. Maldito insecto... tan estúpido pero tan noble al mismo tiempo.
Reaccionó con ese último pensamiento y sacudió su mente para deshacerse de las extrañas reflexiones que lo habían asaltado.
"¿Por qué rayos me pongo a pensar estupideces sobre lo que hace o no hace Kakarotto? Definitivamente esa amnesia de mierda me afectó" -llevó carne a su boca y la saboreó cual caníbal devorando a un despistado turista. Justo tras tragar la presa una interesante pregunta le nació:
"Oye insecto, ¿qué harías tú si vieras otra Milk?"
Goku dio un respingo con la inesperada pregunta. Por primera vez su rostro se puso serio, meditando la pregunta.
"Bueno la verdad yo si viera a otra Milk no sé que haría... capaz que también me removería sentimientos" -formó una mueca de extrañeza en su boca.
"Bah, los sentimientos son una mierda, es mejor no tenerlos" -vociferó el príncipe con total certeza.
"Vivir sin sentimientos no es vivir. Imagínate, no habrías conocido el amor, ni a Bulma ni habrías tenido a Trunks tampoco" -comentó Goku tras tragar otra presa de carne.
El príncipe no contestó. Sólo clavó su agresiva mirada en el saiya.
"Además mírale el lado amable, sin sentimientos jamás nos habriamos convertido en super saiyas. La ira también es un sentimiento" -acotó el clase baja para terminar su idea.
"Más bien una emoción" -corrigió el príncipe, sin darse cuenta que en el fondo estaba compartiendo con él la misma opinión.
Goku asintió. Así siguieron comiendo sin decir más palabras. Terminado de ingerir el sabroso almuerzo, ambos se incorporaron. El saiya de menor edad cogió tierra del suelo y echándola encima del fuego comenzó a apagarlo cuidadosamente.
"Háblale, ya verás que todo se arreglara" -le dijo a Vegeta mientras echaba la última porción de tierra. "¡Todo tiene arreglo cuando se hablan las cosas! Sino Milk ya me hubiera matado hace tiempo" -sonrió con una mano detrás de su cabeza.
"Pues si lo hiciera la felicitaría" -se mofó Vegeta con sorna.
Goku se rió de buenas ganas.
Quien lo iba a decir... ¿Goku y Vegeta compartiendo un momento juntos como si fueran amigos? Cierto era que habían pasado divertidos momentos, como cuando estuvieron en el interior de Majin Buu o con los supremos Kaios, pero ello fue exclusivamente debido al peligro que los obligó a aliarse... pero esta vez no había ningún peligro ni nada que los obligase a estar juntos.
Que curioso, pensó Vegeta para sí. A pesar de su intrínseca estupidez, su gran rival le había dado un gran consejo. Al parecer hasta la persona más idiota podía llevar algo de sabiduría en su interior y recordó una estúpida película que Bulma le había obligado a ver, llamada Forrest Gump o algo por el estilo.
"¿Qué vale más, mi orgullo o Bulma?" -se cuestionó a sí mismo. Sabía la respuesta muy bien, pero admitirlo le costaba demasiado. Lo difícil no era encontrar la respuesta, sino admitirla. Y reconocer aquello fue precisamente lo que hizo demorar a Vegeta en responderse a sí mismo.
"Bulma" -terminó sentenciando con total seguridad. "Ella es lo más importante... porque la amo" -zanjó definitivamente.
Volvió a ver al insecto que tenía por rival y vió como se divertía jugando con el horrible animal. La vida era más simple para él. Tal vez ser tonto del culo no era tan malo después de todo.
Le dio gracia pensar en ello. La guerra personal contra Kakarotto comenzó cuando se atrevió a superarlo en batalla aquella primera vez en la Tierra. Se sintió verdaderamente humillado por tener que usar al Ohzaru como el único recurso para vencer a un maldito guerrero de clase baja. Él, el príncipe saiyajin siendo superado por ese ser inferior era totalmente inadmisible. Para herir aún más su ya suficientemente herido orgullo, Kakarotto le había pedido al pelón de Krilin que no lo matase porque quería pelear contra él nuevamente. ¿Tan seguro estaba el insecto de ganar que se atrevía a poner a toda la miserable Tierra en peligro de nuevo?
Fue una grave bofetada a su orgullo de guerrero. Debido a esa ofensa, comenzó la guerra personal contra el que se había convertido en su némesis.
Pero esa guerra personal que había pasado a través de una serie de extensos vericuetos, había terminado finalmente en una conversación a orillas de un estero comiendo un dinosaurio, con un horrible lobo como testigo.
Era extraño, por decir lo menos, lo sorprendente que podía ser la misteriosa vida.
Debía aceptar, tal como esa vez cuando Kakarotto peleaba contra Majin Buu, que ese saiya criado en la Tierra merecía todo su respeto. Pero más importante aún, Kakarotto era el único amigo que tendría en la vida.
Amigo... pensó en decirle esa palabra inexistente en el vocabulario saiya, pero no iba a rebajarse a admitirlo... por lo menos nunca fácilmente.
Había llegado con él para matarlo con su técnica suicida, pero si ambos morían jamás podría hablar con Bulma... la pelea inevitablemente tendría que suspenderse. Pero tenía que hacer sufrir a su rival de algún modo...
Pensando precisamente en eso, una idea maligna vino a su mente haciéndolo sonreír casi de forma imperceptible.
Recordó la misión del trío encargada por el ingenioso namek y pensó en hacer lo mismo. Era seguro que la estupidez innata de Kakarotto lo llevaría a aceptar la misión que le encargaría.
"Tengo que decirte algo muy importante Kakarotto, pero antes tienes que cumplir una misión de suma importancia para mí... ¡y pobre de ti si no la cumples insecto!"
"¡Claro Vegeta! Dime" -los ojos del saiya saltaron y su cuerpo entero comenzó a emocionarse.
"Así me gusta. Es muy parecida a la de Piccolo, pero mucho más importante" -reafirmó con abrumante seguridad.
"Guau" -soltó Goku asombrado. "¿De qué se trata?"
"Bien, te parecerá muy extraña esta misión pero es algo de importancia mundial, sino la cumples la Tierra entera correrá serio peligro..."
"¡Qué grave!" -exclamó Goku preocupado.
"Bastante" -respondió Vegeta al instante. "Esta es una misión muy difícil así que prepárate..."
"Lo estoy" -respondió Goku con decisión.
"Ve a la ciudad más cercana y, con mucho fervor, debes informar a cien mujeres jóvenes que no tienen tetas ni culo" -haciendo un esfuerzo supremo logró contener la risa, apretando los dientes para lograrlo.
"¡Vaya! Pues yo creí que sería una misión más difícil. ¿Y cuando haga eso me dirás eso tan importante que querías decirme?"
"Por supuesto"
"¡Yupi! ¡Entonces lo haré encantado!" -aunque pensando en lo que había pasado con la misión de Piccoro, le renació un incierto temor que lo motivó a preguntar: "Oye Vegeta, ¿pero no me golpearan si les digo eso?" -preguntó recordando las cachetadas que ya se había ganado por lo del trío.
"No, ¡de hecho te felicitaran!" -aseguró él con tanta confianza que despejó todas las dudas de Goku de un solo golpe.
"¡Genial! ¡Me encantara esta misión entonces!" -empezó a bailar alrededor del lobezno muy entusiasmado.
"Esa es la actitud, Kakarotto" -sonrió interiormente con maldad.
"Por cierto Vegeta, ¿te llevo con Bulma? Con la teletransportación te puedo llevar en un segundo"
"No insecto. Antes muerto que aceptar tú ayuda" -rechazó enseguida.
"Bueno como quieras. Mucha suerte con Bulma" -le guiñó un ojo con complicidad.
"¡Lárgate de una vez y no me guiñes el ojo como maricón!"
"¡Jaja! De acuerdo... bueno entonces iré enseguida a cumplir tu misión" -se despidió de su compañero de raza. Acto seguido, tomó al lobezno para sacarlo de esa zona de dinosaurios y llevarlo al lugar que le correspondía. Finalmente llegó allí y se despidió del salvaje animal que con Goku había dejado de serlo. Se dieron una última mirada de amistad y el joven cachorro se metió entre los árboles. Ambos debían volver a sus respectivos mundos.
Y así, Goku partió lleno de felicidad por poder cumplir la importante misión que su amigo le había encomendado.
Mirai Bulma volvía disgustada desde la clínica, por la reciente discusión con Videl. ¿Qué tenía que meterse ella en sus asuntos?
La frustración se desató a través de los tensionados músculos de su mano. Cerró el puño pensando en como evitar que la excesiva confianza de la doctora terminara por arruinar sus planes, contándole a Vegeta que estaba embarazada.
Mientras caminaba de vuelta a la corporación, planeaba como lograr que Videl guardara silencio. En su trayecto y justo cuando llegaba a su hogar, una brillante idea iluminó su mente. Le diría a Videl que ya no la consideraba su amiga y por ende no podría contarle nada a Vegeta, pues por ética profesional no debía informar nada de sus pacientes.
"¡Perfecto!" -se felicitó a sí misma por la genial idea. Videl tendría que ceder sí o sí.
Se adentró por el patio de su casa y justo cuando abrió la puerta de su hogar su joven clon asomó por el fondo con un abrigo encima, descubriéndole que iba a salir. Sin percatarse de su llegada, la chica del tiempo presente se agachó para abrocharse los cordones de las pequeñas botas que había cogido.
La mayor avanzó, se quitó el abrigo rosado que llevaba encima y le dirigió una mirada a la otra Bulma. Al ver sus ojos enojados, vislumbró fácilmente lo disgustada que ella se sentía y con femenina curiosidad decidió averiguar el motivo.
"Hola" -saludarla era el primer paso para averiguar algo.
"No quiero hablar" -fue la cortante respuesta de Bulma, como si hubiese adivinado sus pensamientos.
La terminante respuesta no animó a la mayor a preguntar nada, o por lo menos no enseguida. La miró fijamente observando como su clon terminaba de abrocharse sus botitas. No iba muy arreglada, su cabello tampoco lucía ordenado y el maquillaje era común y corriente, sin mayor cuidado. ¿Acaso daría una vuelta para despejar su rabia?
Bulma, entretanto, precisamente se disponía a salir para liberar su mente de tantas cavilaciones. Vegeta no era el único con derecho a irse, ella también podía dar un largo paseo cuando así lo decidiese. Y ahora era el momento más propicio para hacerlo.
La joven avanzó hasta la puerta y quedó frente a la científica mayor.
"¿Qué te pasa?" -preguntó la mayor con genuina preocupación.
"Lograste lo que querías, quédate con Vegeta" -no fue ella quien habló realmente, sino su orgullo herido.
La mayor abrió sus ojos totalmente impactada. ¿Realmente le había dicho eso o había sido producto de su imaginación? ¿Pero por qué le decía esas palabras tan repentinamente?
No tuvo que hacer uso de su avanzado intelecto para deducir que había peleado con Vegeta. El despecho podía hacer que palabras que realmente no se sentían salieran a flote. La rabia en los ojos de su joven clon demostraban que había peleado con Vegeta. Sus años de experiencia le habían enseñado a captar ese tipo de cosas con más facilidad.
Pero otra idea vino a su mente con las últimas palabras de su gemela, quien abandonaba la corporación caminando sin prisa ni lentitud... si el príncipe y ella habían peleado eso significaba que Vegeta volvía a quedar libre...
Vegeta... volvía a quedar libre para ella...
Ambos chicos sobrevolaban la zona de la montaña Paoz con vivaces miradas tal como halcones buscando comida, y precisamente en su predador escrutinio algo les llamó la atención. El río adyacente y en el que Goku solía pescar había crecido mucho más, invadiendo una parte del bosque.
Ese detalle les fue llamativo pero no se detuvieron, siguieron volando hasta llegar precisamente al lugar donde yacía la casa de Goku y Milk. Descendieron y fruncieron el ceño al ver lo deteriorado que estaba el hogar. La casa lucía demacrada, sin cuidado alguno y con enredaderas creciendo y apoderándose del hogar. Vista de lejos, aún se podía notar claramente que se trataba de una casa pero no había que ser un genio para darse cuenta que había sido abandonada hace mucho tiempo.
Ambos niños intercambiaron miradas y sin decir palabra alguna avanzaron hasta la podrida puerta que los encaraba. La observaron durante varios segundos, imaginándose que encontrarían al abrir aquella entrada.
Goten tomó el pestillo y lentamente procedió a abrir la puerta, la cual dio un chirrido particularmente especial. Un sonido que sólo podría provocar una puerta que no ha sido usada en demasiado tiempo. Chirrido que era un clásico de las películas de terror.
Apenas abrieron la puerta el aroma del vacío los golpeó como un fuerte puñetazo directo a la cara. El aire encerrado durante tanto tiempo adquiría un desagradable aroma.
Instantáneamente formaron muecas de disgusto en su cara. Recorrieron ansiosamente con sus vistas el salón principal pero no había nada, sólo la mesa del comedor con algunos hongos encima delatando el abandono a la que había sido sometida. Caminaron y recorrieron cada cuarto ansiando buscar algo que les diera alguna pista, pero sólo encontraron uno que otro mueble de poco valor abandonado, sobre los cuales había mucho polvo acumulado.
Goten dio un alérgico estornudo, el cual sacudió toda la polvorienta suciedad y dejó al descubierto una fotografía familiar. Limpió con su mano la inmundicia que la cubría para hacer más nítida la imagen, lográndolo tras un poco de esfuerzo. Goku, Milk y Gohan salían sonrientes y llenos de alegría en una hermosa fotografía. Se veían tan contentos que llegaban a provocar una sublime catarsis... pero lamentablemente toda esa felicidad se había ido para siempre.
Goten sintió una extraña sensación en su corazón. La felicidad de esa hermosa familia, que también era la suya, se extinguió para no volver jamás... por culpa del destino y los malditos androides. La cruel vida se había impuesto a la felicidad.
La fotografía era igual a una que su madre guardaba con todo su cariño en el tiempo presente. Quedó hipnotizado apreciando y repasando cada detalle de la foto una y otra vez.
Tristeza invadió su corazón... la fotografía estaba tan desgastada que le dolió el ver un recuerdo tan bello así de roñoso. En ocasiones, un bien material podía guardar la esencia de las personas y esa fotografía lo había logrado. Verla lo emocionó hasta casi llevarlo al borde de las lágrimas. Maldito destino. Maldita vida.
Corrió hacia el comedor y se reunió con Trunks quien se encontraba de rodillas revisando el piso atentamente. Goten le mostró la fotografía al pequeño de cabellos lilas y él sin levantarse la tomó observándola con sumo cuidado, detalle por detalle. Dio un lastimero suspiro demostrando que la foto también lo había conmovido y se la devolvió a Goten.
"No hay que ser un genio para ver que la casa fue abandonada hace mucho tiempo" -comentó Trunks a su amigo mientras se incorporaba.
"Sí, ¿pero por qué fue abandonada?" -preguntó Goten con una seriedad impropia de él.
"Eso es lo que tenemos que averiguar" -acotó Trunks, mientras se masajeaba el mentón.
La seriedad de los pequeños denotó que estaban completamente concentrados en buscar pistas. Solían bromear y divertirse a cada rato, pero esta vez este asunto requería su total seriedad.
Así, procedieron a salir del añejo hogar y el aire puro de la naturaleza cobijó nuevamente sus maltratados pulmones.
"¿Por qué no quedaran más muebles?" -Goten volvió a mirar hacia el interior de la casa y tras el último vistazo cerró la puerta.
"Es muy extraño. Si Milk se mudó, ¿por qué dejó esa foto y otros muebles aquí?" -cuestionó Trunks.
El hijo de Goku se rascó la cabeza cavilando la pregunta.
"Tal vez no quería recordar por dolor" -argumentó finalmente.
"Cierto. Aunque no me convence" -se tomó el mentón con dudas aflorando a través de toda su faz.
"Voy a revisar los alrededores a ver si encuentro una pista" -señaló el niño de azabaches cabellos.
"Es buena idea" -asintió Trunks, preparándose para hacer lo mismo.
Así ambos chicos dispusieron separarse, pero no pasaron más de diez segundos para que Goten lo impidiera.
"¡Mira Trunks!" -lo llamó alarmado.
El tono de voz de su amigo, logró que Trunks se inquietase perdiendo su tranquilidad.
En la parte trasera de la casa, en lo que se podía considerar el patio del hogar, había una cruz de madera pudriéndose con algunas letras esculpidas pero que la suciedad no dejaba ver. La lluvia y el clima la habían maltratado a través de los años. Trunks cortó un trozo de su pantalón a la altura de la rodilla y lo usó como paño para dejar las letras de la manera mas límpida posible. Al terminar su cometido un nombre grabado brotó en la cruz:
"Ox Satán, amado padre. Siempre te amaré"
Abajo de esas letras salía la fecha de nacimiento y la fecha de muerte, tal como en el común de las lápidas.
Así era, la tumba del padre de Milk estaba justo allí. Si decía amado padre era porque Milk había escrito eso. Además de haber perdido a Goku y Gohan, también había perdido a su padre. Que tristeza tan grande.
¿Por qué había muerto? ¿Acaso los malditos androides habían llegado hasta el monte Paoz? No. no podía ser así pues el lugar lucía igual. No había destrozos ni en la naturaleza ni en la casa. Y era normal que la casa mostrara semejante deterioro si había sido abandonada.
"No entiendo, ¿por qué lo enterró aquí mismo y no en un cementerio?" -consternado, Trunks se arrodilló y volvió a mirar fijamente las letras de la cruz.
"Tal vez tuvo que huir de los androides..." -fue lo único que pensó Goten.
"Pero si los androides acechaban no creo que hubiera tenido tiempo suficiente como para enterrarlo y escapar al mismo tiempo" -cuestionó su fiel amigo.
"Todo esto es muy raro..." -se frustró el menor de ambos.
"Mira Goten, la tumba a pesar de los años se nota que fue hecha rápidamente. No hay un cerco, no hay una lápida, no hay donde poner flores. Las letras no tienen la perfección que deberían tener cuando son hechas con el tiempo debido. Mira esa letra esta totalmente desviada de las demás, y las otras a duras penas están alineadas. Deduzco que la tumba fue hecha con suma prisa. Si fue Milk quien la hizo, sólo cavó el hoyo y puso la cruz. Tenía prisa por huir"
Goten asintió la deducción de su amigo; escrutó por todos los alrededores a ver si encontraba otra tumba, la de Gohan o Milk, pero no había nada más. Probablemente su mamá del futuro se había marchado del monte Paoz hacía muchísimo tiempo.
"¿Pero por qué no ha vuelto a ver la tumba de su padre? Lo normal es visitar y honrar la tumba de un ser tan querido. ¿Por qué mi mamá futura no lo ha hecho?" -preguntó Goten lleno de dudas.
"Mmm... tal vez es porque quería empezar de nuevo. Si quería formar una nueva vida no podría formarla estando allí con tantos recuerdos dolorosos presentes" -señaló Trunks. "Debía huir y escapar y eso parece que precisamente hizo... no estoy muy convencido pero es lo que suena más lógico"
Pero si Trunks estuviese en lo correcto, ¿a dónde fue Milk? Ese es precisamente el gran misterio que los pequeños debían resolver.
"Dime Goten, ¿si tú mamá hubiese perdido a su familia en nuestro tiempo a dónde hubiese ido?"
"La verdad que no sé Trunks..."
Ambos se miraron intercambiando miradas un buen rato, hasta que Trunks sugirió ir al pueblo más cercano para preguntarles a los lugareños. Así, los pequeños volaron con dirección a ese poblado, el cual Goten ya conocía en su tiempo por la cercanía que tenía con su hogar.
Descendieron con la firme idea de preguntar sobre la familia que vivía en la montaña a los lugareños. Por instinto, decidieron buscar gente de avanzada edad ya que debían tener más conocimiento que los jóvenes.
En eso, encontraron a un anciano que leía un grueso libro. Usaba unos anticuados anteojos y tras ellos una mirada aguileña podía notarse, resaltando junto a sus pómulos prominentes. Su piel marchita denotaban todos los años transcurridos en su cuerpo. Además, se balanceaba suavemente en una silla mecedora de madera en las afueras de su hogar, disfrutando la lectura al aire libre.
"¡Hola señor!" -saludó Trunks. "¿Sabe si los androides vinieron por acá?" -una vez más se notó el parecido con su padre por lo directas que eran sus preguntas.
La visión del anciano se hizo temerosa al escuchar esa palabra que se había vuelto sinónimo de terror y muerte: androides.
"Hijo -fijó su mirada en el niño de pelo violeta- ¿por qué quieres saber de los androides?" -frunció el cejo por ver a dos pequeños indagando sobre aquello.
"Porque queremos saber si una mujer llamada Milk se fue de aquí debido a eso" -explicó Trunks.
"¿La mujer que vivía en la montaña?" -preguntó al instante.
"¡Sí!" -exclamaron ambos al unísono. "¿Sabe donde está? -esta vez fue Goten el que preguntó, adelantándose a su amigo.
El anciano movió su cabeza en negación.
"No, pero esa mujer se convirtió en una leyenda por aquí" -les explicó tras unos segundos.
"¿Una leyenda?" -musitaron sorprendidos.
"Sí, hay una leyenda como la de la llorona, que nació debido a esa mujer. Se cuenta que todos los días iba a llorar al río sin cesar y que gracias a sus lágrimas el río aumentó tanto su caudal. Yo no creo en esas cosas pero ya saben como son las gentes del campo" -explicó mientras reposicionaba sus anteojos.
Ambos pequeños necesitaron de muchos segundos para recuperarse de la impresión que les habían causado aquellas palabras.
"¿Seguro que no sabe nada de qué paso con ella amable señor?" -insistió Goten.
"Uf nadie sabe, por eso esa mujer se convirtió en una leyenda. Un día simplemente desapareció. Nadie nunca más la volvió a ver... se dice que murió y su alma se unió a la del río"
La sorpresa de los chicos aumentó aún más. ¿Una leyenda? ¿Acaso tanto tiempo había pasado desde que se había ido que ya era una leyenda en aquel pueblo?
Eso significaba que Milk se había ido de allí poco después de que su hijo muriera... y si partió hacía tanto tiempo... lo más probable era que su padre Ox Satán también había fallecido poco después de la muerte del Gohan futuro.
"¿Entonces los androides no vinieron por estos lares?" -le preguntó Trunks al anciano para confirmar que Milk no había huido por causa de los mitad máquinas.
"Si vinieron, sobrevolaron por acá pero no destruyeron nada. Seguramente, y para nuestra suerte, menospreciaron nuestro pueblo y buscaron una ciudad más grande que destruir"
Trunks clavó sus dedos en el mentón, dándose un masaje en él.
Tras intercambiar más palabras con el anciano se despidieron agradeciéndole su amabilidad.
"Esto se pone cada vez más misterioso..." -comentó Goten, mientras miraba pensativo hacia el suelo.
Trunks no respondió; fijó su mirada en el horizonte, sacó una golosina de su bolsillo la cual llevó a su boca, flexionó sus piernas para agacharse como un mono y afirmó sus manos en las rodillas.
"¿Qué haces?" -le preguntó Goten.
"Estoy aumentando mis capacidades deductivas un cuarenta por ciento" -explicó Trunks seriamente.
"¡Jaja! A lo mejor esa posición nos ayuda como a L" -rió él adoptando la misma extraña pose.
Tras un tiempo meditando Trunks llegó a saltar con una reluciente deducción que había llegado a su mente. Miró a su amigo con ojos explosivos de emoción.
"¿Cuál era la misión de los androides?" -le preguntó al hijo de Goku.
"Pues... según lo que me ha contado mi mamá en el presente... los androides tenían la misión de matar a mi papá"
"¡Exacto Goten! Matar a Goku era la misión que tenían... y al no encontrarlo... ¡vinieron a su casa a buscarlo!"
El menor abrió sus ojos junto a su boca completamente sorprendido con la deducción.
"Probablemente quien creó a los androides les insertó el dato de donde vivía Goku en sus memorias... y sino fue así de alguna manera averiguaron que Goku vivía en la montaña Paoz..." -prosiguió el hijo de Bulma.
"Entonces... al saber donde vivía mi papá vinieron aquí para matarlo... pero no lo encontraron..." -continuó la idea Goten.
"Exacto... tal vez Milk justo no estaba en casa... había salido por comida o algo así... Ox Satán tuvo la mala suerte de estar en casa cuando los androides llegaron y los malditos le dieron muerte. Luego se largaron sin más"
"Mi mamá llegó a mi casa y debió sentirse horrible al ver a mi abuelito muerto... entonces lo enterró y decidió marcharse para siempre de aquí..."
"Es una conclusión muy buena Goten" -lo felicitó el de cabellos lilas.
"Gracias amigo, pero tú hiciste la mayor parte" -devolvió la felicitación. "Lo que no entiendo es porque la tumba de mi abuelito fue hecha con apuro" -cuestionó rascándose la cabeza.
"Fácil Goten... porque Milk pensó que los androides podrían volver nuevamente" -afirmó él con seguridad.
"Tienes razón... ¡eso explicaría todo! Y si realmente pasó así... ¡eso significa que mi mamá del futuro sigue viva!" -exclamó con una destellante sonrisa.
Trunks asintió contagiándose con la felicidad de su compañero de travesuras. Y tras intercambiar ideas hizo una importante acotación:
"Lo que más me extraña es que no podamos sentir su ki. ¿Si está viva por qué no podemos sentirla?"
"Tal vez mi mamá esté a punto de morir, por eso su ki está tan débil que no somos capaces de detectarlo" -sintió un nudo en su corazón al decirlo.
"O Tal vez esté en un lugar tan recóndito del mundo que no podemos sentirla" -agregó el semisaiya de mayor edad.
"O tal vez se hizo androide, ¡los androides no tienen ki!" -dijo su teoría realmente animado. Eso explicaría fácilmente porque su madre del futuro no tenía ki.
"¡Goten no seas tan fantasioso! ¿Cómo se iba a volver androide?" -cuestionó Trunks riéndose.
Ambos disfrutaron el divertido momento riéndose animadamente. Sin embargo, después ambos guardaron silencio. Trunks miró a Goten a los ojos, dándole una vista compasiva.
"O tal vez realmente murió..." -le mencionó con dolor a su amigo.
"Yo creo que mi mamá de acá sigue viva... pero si está muerta al menos quiero saber donde está su tumba para llevarle flores" -señaló Goten sacando fuerzas de flaqueza.
"¿Sabes dónde puede estar la tumba de Goku? Si Milk murió... como eran esposos tal vez quiso de último deseo que la enterraran junto a él" -dedujó el hijo de Vegeta.
Goten se rascó la cabeza mientras pensaba.
"Ni idea donde pueda estar la tumba de mi papá de aquí, pero preguntémosle a alguien por el cementerio más cercano" -sugirió mirando nuevamente hacía donde habían dejado al anciano que los ayudó.
"Es buena idea, ¡preguntando se llega a Roma!" -se reanimó con la buena idea.
"¡Pues hagámoslo! ¡vamos al cementerio más cercano!" -sugirió Goten con renovadas fuerzas también.
"¡Sí!" -exclamó Trunks sintiendo como rebrotaba una pequeña ilusión en su gran amigo.
"Ehm... ¿pero y si nos salen fantasmas o zombies?" -dudó Goten quien era temeroso respecto a esas cosas.
"¡Jaja! ¡Miedoso! Estamos en pleno día así que no te preocupes por tonterías" -lo calmó Trunks muy divertido con la ocurrencia de su fiel amigo.
"Quédate con Vegeta", retumbaron una y otra vez esas palabras mientras su mirada se perdía más en sí misma.
Reaccionó de golpe esperando que su colega científica no se hubiese ido todavía. No podía asegurar si se había marchado ya, pues no sintió pasar el tiempo... no sabía si había estado impactada un par de segundos o minutos enteros. Al dirigir su vista hacia atrás con las ansias de hallar a su joven gemela, vió que estaba abandonando el patio de la corporación. Pero no estaba dispuesta a permitirlo de ninguna manera.
"¿Qué rayos dijiste?" -alzó la voz para que la escuchara. "¿Sabes todo lo que me costó dejarte el camino libre? ¿Y ahora me dices esa estupidez?" -cuestionó ella sumamente molesta.
Bulma paró su caminar en seco, sin voltearse.
La de mayor edad se acercó hasta ella y la sobrepasó hasta quedar frente a frente. Por inercia, sus manos se fueron a las caderas tal como cuando encaraba a alguien.
Bulma chistó con desdén, sabiendo por el tono de sus anteriores palabras que su clon le daría un sermón. Aunque tal vez tenía parte de razón en darlo, pensó dándose el ánimo de enfrentar su queja.
"Iré directo al punto... no sé que pasó entre ustedes... lo que si sé es que construir un amor como el de ustedes lleva años... destruirlo tan sólo segundos. ... no tires por la borda todo lo que has logrado"
"Precisamente gracias a ti se destruyó" -le recalcó con voz hiriente.
"No" -refutó ella. "Todavía no se destruye" -aseguró sin vacilar.
"¿Qué sabes tú? ¿Sabes lo qué me dijo Vegeta hace poco?" -le espetó alzando la voz. Cerró los puños en su cintura y se inclinó ligeramente hacia adelante, desafiándola abiertamente.
La mayor arrugó su frente, denotando así que no sabía de qué hablaba. La joven captó enseguida que ella esperaba su respuesta.
"Me dijo que estuvo a punto de acostarse contigo a plena conciencia. Ni siquiera tenía amnesia" -terminó ardiendo en llamas recordando las palabras de su esposo.
La mujer que si estaba en su propio tiempo lógicamente puso una faz rellena de la más profunda sorpresa. Entonces eso significaba que el príncipe había recuperado su memoria... por eso lo había notado distinto cuando se despidió de él, aunque Vegeta no le comentase nada.
Su rostro expresó la sorpresa aumentando la dilatación de sus pupilas, junto a su boca casi abriéndose. No podía creer que Vegeta hubiese sido tan sincero, aún a riesgo de poner en peligro su relación. La sorpresa producida fue mucha, tanta que le costó hilvanar ideas. Había dejado libre a Vegeta, al amor de su vida, con tanto dolor y sufrimiento, ¿sólo para que ella no lo quisiese ver más por eso?
Dejó de parpadear y conminó a su mente a expulsar la sorpresa que se había apoderado de ella. Lo logró al instante, enfocándose en lo que quería decirle a su otro yo.
"Cometes un error del que te arrepentirás toda tu vida. Sólo por rencor tirarás el amor de tu vida por la borda. No lo destruyas sólo por el rencor de que Vegeta fue sincero contigo. Fui yo la que lo buscó, fui yo la perra o como quieras llamarme. Me da igual lo que pienses, pero dáte cuenta que por orgullo vas a perder al hombre que amas"
Los ojos de la joven se detuvieron completamente. Fue como si un rayo hubiese golpeado todo su cuerpo. Sintió una refrescante brisa acariciar su cuerpo... las nubes cargadas de lluvia comenzaban a irse rápidamente hacia otro lugar al cual desperdigar su valiosa carga, mientras el sol reaparecía tras esa nubosidad que se había empeñado en convertirlo en un astro furtivo. Pero nada de eso le importó a Bulma, lo realmente importante era otra cosa... ¿Por qué su clon la estaba ayudando? Cuando le iba a preguntar la razón a su gemela, ella la interrumpió:
"Dáte cuenta, yo soy tú y tú eres yo" -prosiguió Mirai Bulma ante su silencio. "Tenemos el mismo carácter... la misma forma de ser, la misma forma de amar... las mismas feromonas... el mismo ki... hasta nuestra genética es idéntica. ¿Te das cuenta de eso?" -aumentó el tono de voz para hacerla reaccionar.
Bulma no respondió ni tampoco hizo algún gesto. Su faz seguía exactamente igual.
"¿Qué harías tú si vieras a otro Vegeta igual al tuyo? ¿Crees qué no te removería sentimientos? ¿crees que no te removería las hormonas? Pues te equivocas. Sólo alguien que lo haya vivido podría entenderlo. No es lo mismo imaginarse en esa situación que vivir la situación" -sentenció completamente segura de su afirmación.
La joven científica esta vez bajó su mirada en forma pensativa. Dio un suspiro a la vez que reflexionaba las palabras de su clon de mayor edad. ¿Tenía razón? Sí, tal vez si la tenia... sí, de hecho la tenía. Había dejado que su ira controlara su cuerpo haciéndola hablar estupideces. Amaba a Vegeta con toda su alma... esa era la verdad.
¿Pero por qué la estaba ayudando? Desconfiar es necesario y la ayuda de su clon le dio mala espina... cuando la caridad es grande hasta el santo desconfía, dice un viejo refrán.
"¿Por qué haces esto? Ahora tienes el camino libre... en vez de ayudarme podrías tratar de reconquistarlo... ¿por qué me estás ayudando?" -indagó con lógica suspicacia.
Mirai Bulma cerró los ojos durante un largo instante antes de contestar. Parecía estar buscando la mejor forma de expresar su contestación. Cuando volvió a abrir los ojos tras varios segundos, la joven dedujo que su clon había encontrado finalmente la respuesta.
"Porque me equivoque..." -un tono doloroso se hizo presente en su voz. "Te hice mucho daño tanto a ti como a Vegeta... pero no me equivocare nuevamente. No dos veces" -aseguró con tono sumamente sobrio y sincero.
La joven clavó sus ojos en los de su gemela buscando la sinceridad que tanto ansiaba... y pudo encontrarla. A través de sus ojos vislumbró que le decía la verdad.
Bulma dio un profundo suspiro... ¿acaso tendría que agradecerle su gesto? ¿Agradecerle a la mujer que se había acostado con su esposo? Era sencillamente una locura...
"No tienes que agradecerme nada" -mencionó la mayor como si le hubiera leído el pensamiento.
La más joven dio un respingo abriendo los ojos con total sorpresa. Era como si su clon le hubiese leído la mente.
"¿Cómo pudiste saber que pensaba en eso?" -preguntó asombrada la joven.
"Somos la misma persona después de todo... sólo me imagine que estaría pensando yo en tú lugar. Además es lo mínimo que puedo hacer por ti para reparar en parte el daño que te hice" -argumentó claramente.
Las dos guardaron silencio durante un largo rato, que se hizo eterno pensando en todo lo que había pasado entre ambas. Hasta que la menor finalmente rompió el mutismo impuesto.
"Qué curioso..." -comentó Bulma joven.
"¿Qué cosa?" -preguntó ella con mucha curiosidad.
"Nunca pensé que tú, después de todo lo que ha pasado entre nosotras, precisamente tú me terminarías ayudando"
"La vida puede ser muy irónica" -sonrió ella enseguida. "Yo lo sé muy bien" -cerró su idea con un tono difícil de descifrar.
Ambas intercambiaron profundas miradas; cruciales miradas arremolinándose acababan de sellar el destino de las científicas... y las dos estaban conscientes de ello.
Mirai Bulma sabía muy bien que ésta había sido la última oportunidad para poder ser feliz junto a Vegeta. La última... ya no habría marcha atrás. Pero no dudó en rechazar la nueva oportunidad que se presentaba... así debía ser.
"Ustedes tienen que ser felices, se lo merecen" -fueron las últimas palabras de la mayor antes de proseguir su camino hacia su hogar. Le dedicó una última mirada y abandonó el lugar.
No había nada más que decir ni hablar. No eran amigas y probablemente nunca lo serían, pero por lo menos verse como enemigas era un sentimiento que jamás volvería a aparecer. Una sonrisa nació en su rostro al pensar en ello.
Goku, mientras tanto, descendió en la ciudad más cercana y pronto se sumergió entre la multitud que caminaba por las calles. Al divisar a una chica que se quedó sorprendida al verlo descender de los cielos, aprovechó para ir a saludarla y cumplir su misión.
"¡Hola! Oiga señorita, ¡usted no tiene tetas ni culo!" -le dijo Goku con gran alegría.
La joven se quedo de una pieza… jamás se imaginó que alguien le dijera algo así. Hasta ahora se consideraba bien formada y aunque no tenía ni un culo ni unos senos despampanantes al menos eran de tamaño decente, pero ahora ese sujeto le acababa de mermar la autoestima como si nada, y más encima tenía el descaro de decírselo con esa sonrisa que sin duda era irónica. ¡No se lo perdonaría jamás!
"¡Atrevido! ¡Por imbéciles como tú tenemos que ponernos silicona! ¡Toma!" -y el chasquido del bofetón resonó en todo el lugar.
"¡Ay, ay, ay, ay! -se sobó la cara cerrando un ojo por el dolor- ¡Con razón Vegeta me dijo que era una misión difícil!"
Y así Goku siguió cumpliendo su misión y cada una de las mujeres le fue dando una poderosa cachetada. Los ojos de Goku ya estaban lagrimosos y la cara roja de recibir tantos golpes.
Después de que setenta chicas le pegarán, castigaran, maltrataran y torturaran, el saiya llegó a una sabia conclusión:
"Parece que las mujeres se enojan con lo que digo"
De esta manera pasó media hora más hasta que Goku llegó a la increíble cifra de 90 mujeres que, según él, no tenían tetas ni culo.
"Ay, ay, ay... no entiendo cómo esto puede salvar al mundo... de verdad que no... pero bueno si lo dice Vegeta debe ser cierto..." -y así el ingenuo saiya continuó con su masoquista tarea otro rato, que para él se había vuelto interminable.
Tras sentir la furia de nueve mujeres más en su ya muy adolorida cara, Goku llegó finalmente a las 99 chicas... sin saber que a su alrededor un naciente infierno surgía...
"¡Por fin! Ya van 99 mujeres... ¡Una más y cumpló la misión! Soy genial ¡jajaja!" -rió triunfante.
Sin embargo, de pronto una enorme masa de chicas, todas unidas y con cara de pocos amigos, buscaban con miradas furibundas al sujeto de cabello alborotado que las había ofendido con total descaro. Varias víctimas de este despiadado señor se habían encontrado en la calle y como la unión hace la fuerza, decidieron unirse para darle la paliza de su vida.
"¡Allí está el maldito que se cree perfecto!" -gritó una a todo pulmón al ver a Goku.
"¡Sí, es verdad! ¡Acabemos con él!"
"¡Muerte a los que piden más teta y culo" -aulló furiosa una.
"¡Sí, muerte a todos ellos!" -la apoyó otra.
"¡Muerte, muerte, muerte!" -se escuchó una multitud enardecida, que cada vez se hacía más y más voluptuosa.
Goku vió como las mujeres se acercaban y se alegró mucho porque con sólo hablarle a una más, cumpliría su misión. Caminó hacia ellas pero sus caras de furia le indicaron que algo andaba mal... muy mal. Cuando vió que la multitud echó a correr con carteras alzadas en sus manos, con dientes preparados para morder salvajemente y con zapatos de tacón, especialmente afilados para sacar ojos, supo definitivamente que algo andaba terriblemente mal... y un extraño temor se apoderó de su corazón. Cuando recibió los primeros golpes furiosos de las chicas comprobó que su instinto no le fallaba y comenzó a correr como loco para salvar su vida.
"¡Ay! ¡ay! ¡ay! ¡perdón! ¡no sabía que eso que dije les molestaría tanto!" -dijo con ojitos llenos de lágrimas tratando de disculparse.
Pero la multitud ya no escuchaba razones, debían vengar la afrenta costase lo que costase. Goku, presa del miedo y del terror, logró despegarse de aquellas que le mordían brazos y piernas y de pura suerte esquivó a una que le quiso dar un feroz taconazo en los que duele.
"¡Qué suerte!" -exclamó Goku alegre al ver que la había eludido. Y sin perder más tiempo, logró liberarse de esas lobas asesinas alzando el vuelo y escapando a toda velocidad.
"¡Esto es peor que pelear contra Majin Buu! No pensé que se molestarían tanto... ¡Si se los dije hasta con alegría! Nunca terminaré de entender a las mujeres" -se dijo resignado.
La joven Bulma decidió seguir con su paseo y divagó mientras caminaba alejándose de la ciudad casi sin darse cuenta. La sumersión en sus propios pensamientos le había quitado la noción de que ya no estaba en la ciudad, sino en las afueras cerca de un riachuelo circundante que atravesaba la urbe mucho más allá. A orillas de aquel arroyo abundante alegre vegetación surgía aprovechando la vital agua, indispensable para vivir. Precisamente entre esa vegetación una tribu salvaje de tulipanes adornaban la ribera y por la belleza de aquellas flores, cualquiera habría dicho que fueron cuidadas por manos humanas, aunque no hubiera sido así. Un gran árbol que yacía ahí de forma imponente parecía proteger las bellas flores, cual hermano mayor.
Sin embargo, y a pesar de la belleza natural de ese sitio, la conmovedora tristeza era el sentimiento predominante en su ser. El atardecer había llegado y la hermosura del sol poniéndose resultaba un espectáculo encantador. El precioso color cetrino del ocaso se había puesto sumamente llamativo. Pero para Bulma la belleza del astro rey ocultándose no era algo que le importase... lo que lamentaba era no poder estar con Vegeta para poder disfrutarlo.
El amor podía ser tan doloroso como una navaja atravesando el pecho. Sólo las personas que alguna vez amaron con toda su alma y sufrieron por ello, podrían comprender a cabalidad el fulminante y prolongado dolor que el amor le estaba causando a la científica.
Un nuevo suspiro liberó su cuerpo mientras un escalofrío de amargura recorrió toda su espina dorsal. Como consecuencia un pequeño sobresalto la sorprendió de súbito.
Quería hablar con Vegeta pero no tenía ni idea de donde se había ido. Para colmo de la mala suerte, los niños capaces de encontrarlo a través de su ki se habían ido.
Se sumergió tanto en sus pensamientos que se abstrajo completamente del mundo real. Pero un súbito llamado la hizo reaccionar.
"Mujer"
Bulma dio un respingo al sentir la viril voz. Sus ojos se reavivaron saliendo de su ensimismamiento. Se dio media vuelta con la absoluta sorpresa reflejada en su mirada.
"No, mujer no... -corrigió con firmeza- ... Bulma" -la llamó por su nombre con solemnidad.
"Bulma... mi nombre me lo dice muy contadas veces. Sólo cuando quiere mi atención para hablar algo muy serio e importante..." fue el primer pensamiento de la científica, quien se dio media vuelta lentamente a la vez que alzaba la mirada.
Ambos se contemplaron un buen rato en un obvio silencio antes de hablar. Tal vez pensando que decir... tal vez pensando que no había nada que decir. Un abrazo y un beso quizás podía arreglarlo todo sin palabras... pero el saiya venía dispuesto a decir lo que tenía que decirle. Pero antes de eso...
"¿Se te acabó el berrinche?" -preguntó Vegeta cortando el silencio con voz extrañamente divertida.
Bulma abrió su boca al mismo tiempo que sus ojos, parpadeando rápidamente debido a la sorpresa.
"No fue ningún berrinche" -protestó ella haciendo una mueca de disgusto.
El príncipe lanzó una sonrisa casi imperceptiblemente divertida.
"Sabía que me dirías eso" -acotó relajado, mientras cruzaba sus brazos.
Bulma suspiró resignada. Y es que Vegeta también la conocía demasiado bien. Pero lo que más llamo su atención es que el semblante del guerrero estaba mucho más relajado de lo que ella había imaginado en sus cavilaciones anteriores. De hecho jamás pensó que su esposo vendría a buscarla.
"¿A qué vienes?" -preguntó arqueando ambas cejas levemente en diagonal.
La pregunta fue seca porque quería estar firme ante él. Sabía que debía perdonarlo pero también que debía darle una buena lección. Pero su corazón era traicionero y le susurraba a su mente que se arrojara a sus brazos y le diera un cariñoso beso para que todo volviera a su cauce normal. Cerró su puño sintiendo toda la piel de su cuerpo descontrolarse poco a poco estando cerca del saiya. Maldito corazón traicionero... ¡obédeceme traidor!, exigió la mente que debía debatirse con él.
Lo que Bulma no sabía es que el saiya estaba en la misma situación... pero lo disimulaba tan bien como lo hacía ella.
"Sabes a lo que vengo" -corta y precisa fue la respuesta del príncipe, fiel a su estilo. Las palabrerías sobraban en su forma de ser.
"Quiero oírlo" -exigió ella sin dubitación. El aroma de los preciosos tulipanes llegaron a sus nervios olfativos acarreados por el movedizo viento.
Vegeta chistó disgustado. No sabía como decirlo sin sentirse 'humillado'. Sin embargo su mente protestó con poderoso brío: "Deja de sentirte humillado por estupideces, pídele disculpas de una puta vez y asunto arreglado"
"No es tan fácil" -protestó él.
"No es fácil porque tú lo haces difícil. Pase lo que pase, ella te lo agradecerá. Lo dejó todo por venir a buscarte. Luchó por ti. Te ama a pesar de todas las cosas malas que le hiciste en el pasado. Se lo merece" -argumentó con solidez su mente. Vegeta finalmente aceptó, pero a regañadientes, el designio encomendado.
"Vine a hablar y a aclarar las cosas de una vez mujer" -le habló con sus ojos puestos en los de ella. "Te dije que volvería cuando estuvieses más calmada y supongo que ya se te pasó el ataque de histeria" -le dijo sin ninguna delicadeza.
"Me dices histérica, ¿pero qué te parecería a ti si te dijera que pensaba acostarme con Yamcha?" -se defendió clavándole su mirada encima también.
Enseguida los ojos de Vegeta se pusieron coléricos.
"No vuelvas a mencionar a ese insecto en mi presencia" -le exigió con molesta vehemencia.
"¿Ves? Tengo mis razones para reaccionar como reaccioné" -señaló con voz triunfante.
Vegeta nuevamente chistó disgustado, esta vez por el ejemplo que le había dado su mujer.
"Bah, no es lo mismo mujer aunque intentes compararlo. Ese insecto no es un clon mío diciéndote que te ama una y otra vez" -refutó él con saiyanesca firmeza.
La científica formó una gran mueca de disgusto en su cara. De sólo pensar que eso sucedió con Mirai Bulma le hizo hervir la sangre entera.
"Tal vez no, pero te da una idea de la ira que sentí yo cuando me dijiste eso" -argumentó en su defensa.
"Bah, era obvio que te enojarías, conozco muy bien tu jodido carácter. Lo que no entiendo fue tu desmedida reacción. Aún sabiendo como eres, te dije la verdad y eso deberías valorarlo mujer" -respondió tranquilamente, como quien sabe que posee la razón.
Bulma quedó callada. No tenía respuesta para esa última afirmación.
"Lo sé, tienes razón en eso, aprecio tu sinceridad aunque en el momento me dejase llevar por mis impulsos" -aceptó finalmente.
Vegeta se acarició la mejilla herida con pequeña sorna.
"Sí, ya sé... a lo mejor me sobrepasé un poco"
"¿A lo mejor?" -sonrió levemente el saiya al cuestionarla. A ella también le costaba reconocer errores y esa similitud con él le causó gracia.
"Está bien, debí contenerme" -admitió finalmente, apretando los dientes.
El príncipe lanzó una mirada satisfecha. Tras unos cuantos segundos habló nuevamente:
"Mujer dejémonos de estas estupideces y ven conmigo" -le abrió los brazos para recibirla.
La mirada de la científica delató su sorpresa. Sus ojos oscilaron bajo sus párpados. Pensó en seguir el llamado del saiya y estuvo a un tris de hacerlo, pero aunque le fue difícil se mantuvo firme en su lugar. Tenía que descargar lo que sentía.
"¿Sabes lo que me molesta Vegeta? Que siempre, toda la vida, sólo das excusas intentando justificar tus acciones, pero jamás has sido capaz de reconocer un error o decirme algo tan simple como perdón. No eres capaz de pedir perdón. Eso es lo que me molesta y lo que me enfurece" -su temple se endureció, demostrando el disgusto que venía cargado con aquellas palabras.
El saiya resopló. Hubiese querido evitarlo pero no tenía más opción. Tendría que hacerlo por difícil que le fuese.
"Lo sé. Por eso he venido a hacer algo que jamás he hecho" -aceptó la crítica de su mujer.
La sorpresa volvió a apoderarse del rostro de la científica.
"¿Algo que jamás has hecho?" -musitó sin entender.
"No digo las cosas dos veces" -confirmó implícitamente.
Bulma guardó silencio con la terminante respuesta. ¿Qué querría decirle? ¿Algo que jamás había dicho? Quedó totalmente sorprendida con las palabras de su esposo.
Vegeta sin darle tiempo para pensar a su mujer, clavó sus insondables ojos negros en ella.
"Mujer te juro que jamás te engañaría con otra mujer... pero Mirai Bulma eres tú. No podrías imaginarte lo difícil que es tener a una clon tuya diciéndome que me ama, ni aunque lo intentarás con todas tus fuerzas. Sólo alguien que lo haya vivido podría saberlo realmente" -le explicó con tono sorprendentemente profundo.
Bulma dio un suspiro, la emoción en su varonil voz la estremeció. Tenía razón en que no podía ponerse en su lugar porque jamás había vivido algo así. Definitivamente no es lo mismo imaginarlo que vivirlo. ¿Qué hubiera pasado si otro Vegeta la hubiese buscado y tentado una y otra vez restregándole que la ama? Después de mucho cuestionarlo la respuesta finalmente llegó... lo más probable es que también habría pasado lo mismo.
"Debería hacerte sufrir para castigarte... pero no puedo... te amo demasiado" -dejó fluir esas palabras que venían directamente desde su corazón, cargadas de la más sincera emoción.
Vegeta sonrió sin contenerse, profundamente emocionado tomó las manos de su mujer y las llevó a su pecho, posándolas justo encima de su corazón.
"Ve que mis latidos no te mienten" -le dijo con ojos palpitantes de emoción. "Tú eres más importante... más importante que todo lo demás" -sintió como su voz, la que siempre surgía segura e impertérrita, ahora se estremeció debido a la emoción que estaba sintiendo.
Bulma sintió como un fuerte temblor se apoderaba de todas sus células.
"Más importante... -tomó aire por lo difícil que sería decirlo; las palabras se aferraron a su garganta pero finalmente las pudo liberar- ... más importante incluso que mi orgullo" -sentenció con seguridad absoluta.
"Vegeta..." -musitó su nombre sin poder creer lo que había escuchado.
Vegeta respiró hondo y suspiró antes de hacer lo que nunca había hecho...
"Perdóname Bulma..." -arrugó su ceño con gran molestia por haberlo dicho, pero segundos más tarde se sintió aliviado al quitarse el último peso que cargaba su alma. El amor se había impuesto definitivamente en su contienda contra el orgullo. Su mujer... su vanidosa científica era lo más importante... ahora y siempre.
"¿Qué acabas de decir?" -dijo ella preguntándose si no estaba metida dentro de un sueño, sintiendo el vigoroso y agitado corazón de su esposo todavía en su mano.
"No lo repetiré" -zanjó él con voz tajante, sacudiéndola de su ensoñación.
Sí, no era un sueño, comprendió ella enseguida. Era su Vegeta... que había dejado de lado su tremendo orgullo por ella.
Los ojos femeninos se pusieron más vidriosos y cristalinos. Las lágrimas afloraron y no se detuvieron ni tampoco se detendrían... Vegeta lo había hecho. Había dejado a un lado su orgullo en favor de la persona que amaba. Sintió como su respiración se cortaba en su garganta debido a la indescriptible emoción. Sin duda el amor era una fuerza demasiado poderosa... tanto como para cambiar al que, en un principio, había sido un malvado sanguinario...
Definitivamente amar era el sentimiento más hermoso que podía existir.
La emoción de la científica fue incontenible. Las lágrimas querían abandonar sus pupilas para recorrer el tan ansiado camino de sus mejillas. Esa era la función de las lágrimas y sin liberarse esa meta estaba incompleta... Bulma les permitió cumplir su destino.
"Perdóname tú a mí... reaccioné mal. Perdóname por no entenderte y por pegarte" -comenzó a llorar desconsoladamente. Se sentía mal recordando aquello.
El príncipe le dio un acogedor y emocionante abrazo. Era increíble como un simple abrazo podía expresar tantos sentimientos y tanto cariño al mismo tiempo.
Vegeta tomó el mentón de su mujer y, alzando su faz ligeramente para que lo viera directamente a sus ojos, le dio un beso relleno de toda la ternura que un salvaje guerrero enamorado podía dar.
El orgullo era un arma de dos filos. Podía ayudar a salir adelante como a no reconocer errores o guardar resentimiento. Un orgullo herido era propicio para engendrar rencor.
Sí, el orgullo era una espada de dos filos... pero ambos habían logrado domar esa arista y convertirlo en un aliado positivo. El rencoroso orgullo había dado paso al orgulloso amor. El rencor había dado paso a la hermosa reconciliación.
El precioso ocaso, con su destellante fulgor anaranjado, deleitó nuestra vista que admiraba la magnífica belleza que nos brindaba la madre naturaleza.
Antes de que llegase mi saiya, había deseado disfrutar de la maravillosa vista junto a él, pero lamentablemente no estaba allí para acompañarme. Eso me produjo un sentimiento profundo de tristeza por no poder estar junto al hombre que amaba... Pero ahora Vegeta estaba junto a mí, eclipsando con felicidad lo que antes había sido solamente tristeza.
Mi guerrero me abrazó por detrás y me sentí fascinada al estar rodeada por sus fuertes brazos. Bajé mi mirada para admirar los tonificados bíceps en aquellos musculosos brazos, los cuales no necesitaban ningún esfuerzo para darme una sensación de infinita seguridad.
Pude sentir su corazón comenzando a latir apresuradamente y al mismo compás del mío, como si ambos órganos se dieran vida mutuamente al rítmico son del amor.
El travieso viento chocó contra el tronco arbóreo allí presente agitando sus verdes hojas, provocando el inconfundible sonido que causan las copas de los árboles meciéndose al son del viento; el aire llevó el aroma de los tulipanes de forma tan clara que me pareció sentir el sabor de las flores a través de mis nervios olfativos.
El precioso ocaso anunciando la llegada de la noche, las salvajes flores adornando el precioso paisaje y el suave viento que acariciaba mi piel convertiría el reencuentro en un recuerdo inolvidable de amor.
"Te amo" -me giré y tomé con ambas manos la cara de mi amado, compartiendo su mirada con la mía.
"Yo también mujer" -me contestó él con emoción, tomando mi delgada cintura entre sus manos. Luego cerró sus ojos para entregar su alma entera en lo que vendría... Las bellas palabras fueron selladas con un apasionado beso que Vegeta me propinó, uniendo mi alma con la suya a través de nuestros labios.
Las últimas sombras que provocó el ocaso se unieron siguiendo el compás de nuestros cuerpos, difuminándose a medida que la oscuridad de la noche llegó.
Vegeta me alzó tomándome por el trasero y suavemente me chocó contra el árbol, aprisionándome sin dejarme ningún escape... pero ni loca hubiese querido escaparme...
Le sonreí sabiendo que le gustaba tener todo el control... uní mis labios junto a los suyos una vez más, saboreando la pasión que exudaba a través de su boca, la cual flagraba con la más candente excitación... al igual que la mía...
Necesitaba reclamar esa boca, demostrarle que yo era su única dueña... yo y solamente yo soy la dueña de sus besos. Nadie más tendría ese derecho nunca más.
Después de tanto tiempo extrañándolo, el sólo hecho de estarlo besando... de que no era un maldito sueño como los que había tenido antes... que realmente Vegeta era el dueño de esa boca me calentó tanto que necesité invadirla cual invasor en una guerra de deseo. Acaricié mis labios contra los de él y busqué su lengua para succionarla. Cuando lo logré, solté un gemido por el intenso sabor que estaba sintiendo quemar mis labios llenos de pasión.
Sus manos abandonaron las curvas de mi cintura para ir a la tersa piel de mis mejillas, las cuales tomó entre sus enguantadas manos.
Pero yo no quería sentir sus guantes inertes... quería sentir su piel, el calor saiyanesco de sus manos acariciándome... el correr ardiente de su sangre a través de sus venas... sentir sus células estremecerse enteras a cada contacto mío. Tomé sus varoniles manos entre las mías y procedí a sacar el guante de su mano derecha. Con prestancia logré que los guantes se desengancharan a medias de sus manos... bajé un poco mi boca y entre dientes tiré para sacar el guante derecho definitivamente.
Sé que él sintió una verdadera corriente viéndome sacar sus guantes de esa manera. Le encantaba verme morder... como a mí también me gustaba verlo así...
Repitiendo la acción anterior, jalé el guante izquierdo con mis dientes y llevé nuevamente las manos de mi hombre hacia mis mejillas, para que me mirara fijamente... amaba su mirada.
Sentí que me perdía inevitablemente en el insondable negro de sus ojos... tan profundos... tan misteriosos... pero tan irresistibles... tan claros para mí que había aprendido a ver a través de ellos... estaba completamente embelesada por sus azabaches luceros... parecían brillar de tanto brío que emergía de ellos... tanta energía me traspasaba el cuerpo con sólo mirarlo... tanta fuerza interior que me sería imposible describirla.
No podría escapar de sus viriles garras ni aunque lo intentase. Su seductora mirada y cautivante aroma resultaban irresistibles. Podría perderme en esos oscuros iris tanto tiempo que no podría medirlo, porque tenían la energía para cautivar mis azulados ojos por toda la vida. Simplemente no se podía escapar de él, atraía y atrapaba, como un verdadero cazador en busca de su presa. Nuevamente me sentí como una presa ante él... pero una presa que deseaba serlo...
El fulgurante amor que siento por él brilla sin que el paso del tiempo lo afecte, cual estrella eterna destellando en el cielo.
Él, con un repentino movimiento me volvió a besar... parecía hipnotizado tanto por mis tiernos ojos llenos de amor como por el dulzor de mis labios color rubí.
Nuestras lenguas chocaron y se revolvieron con pasión desenfrenada expresando lo que ambos sentíamos... deseándonos... amándonos... excitándonos...
Vegeta dio un sonoro respiro y lentamente comenzó a moverse hacia mi cuello, apenas rozándome con sus eróticos labios... comenzó a devorar mi cuello haciendo que mi respiración se cortara completamente... me esculpió un camino de besos justo allí...
Sentí como se clavaban sus dientes suavemente en la piel de mi cuello... el vampírico mordisco me hizo saltar hasta el punto de alzar mi faz a las estrellas. Abrí los ojos soltando un excitante suspiro, mientras admiraba los destellantes luceros nocturnos. La mezcla de fogosos besos de mi amado con la vista puesta en las estrellas me hizo enloquecer de placer.
Una corriente eléctrica de satisfacción me recorrió entera, haciendo que las estrellas adoptaran todos los colores existentes por un segundo. Hasta la luminosidad de esas ardientes esferas que se consumían a trillones de kilómetros parecían acompañar, con perfecta armonía, mi amor por él.
El complemento con las estrellas fue tan inspirador, que me sentí conectada de alguna manera misteriosa e inexplicable con esos cuerpos celestes... quizás fue así porque alguna vez mis átomos formaron parte de las estrellas... sonreí por dentro al pensar que mi lado científico había salido a flote durante un breve momento.
"Te deseo..." -me susurró poseído por el ente llamado placer, mientras mordisqueaba el lóbulo de mi oreja.
La profunda palabra hizo un escalofrío en mi oído... porque fue dicha en un susurro tan satisfactorio que me hizo retorcer. Su voz recorrió el trayecto que va desde mi oído hasta mi corazón sin ninguna interrupción, porque el órgano circulatorio llegó a saltar instantáneamente con la declaración de mi amado. Adoraba cuando me hablaba de esa forma tan erótica a mi oreja. Realmente no hubiese podido escapar de ese hombre que me volvía completamente loca... sólo con mirarme, sólo con hablarme... era capaz de despertar todo mi ser.
Vegeta me respiró varias veces en mi cuello, agitando y erizando todos y cada uno de mis vellos corporales. Pude sentir claramente como una predadora ansiedad recorría mi vagina, imaginándome mentalmente el momento exacto de la penetración. La imagen mental fue tan real que llegué a temblar con sólo imaginármelo... La necesitaba y la ansiaba con todo mi cuerpo. Sentí claramente el vacío que necesitaba llenar cuanto antes. Necesitaba unirme y fusionarme con la persona que tanto amaba... mi guerrero... mi príncipe.
Resoplé cuando un hilillo de líquido vaginal se escapó deslizándose suave y lentamente por la parte interior de mi muslo, eludiendo hábilmente el contorno de mi tanga.
¿Por qué me estaba mojando tan rápido?, me pregunté a mí misma sorprendida por las inmensas ansias que tenía mi cuerpo... y mi feminidad pareció responderme cuando sentí como escurrían minúsculas gotas de excitación permeando mi prenda más íntima.
Había estado demasiado tiempo sin amar a mi Vegeta, tiempo que no sólo lo había sentido mi alma, sino también mi cuerpo que me advertía de esa manera que ansiaba el miembro viril en mi interior. Era una verdadera necesidad.
Nuevamente ese hombre me volvía loca, como siempre lo hacía. La pasión a través de los años conviviendo no había disminuido en lo más mínimo. Mordí mi labio inferior imaginándome una vez más siendo penetrada, mientras ganas de recriminar a mi esposo me nacieron. ¡Por dios, no era justo que me calentara tanto!
Las manos de ese príncipe que había llegado del espacio se movieron lentamente hasta que sus dedos vagaron en mi cuello apenas rozándolo. Una verdadera corriente eléctrica me traspasó todo el cuerpo al sentir el roce de aquellos malvados dedos que me hacían sufrir de tanto placer. Llegué a apretar mi cabeza contra mi hombro, aprisionando sus deseosos dedos.
El príncipe intentó retirar su mano de mi improvisada prisión, pero yo cerré aún más el cerrojo que formé.
"No podrás sacarla" -le declaré con voz juguetona, cual niña aferrándose a su peluche favorito.
Pero su mano izquierda se movió hasta mi axila, propinándome cosquillas el muy desgraciado. Instantáneamente tuve que soltar su mano prisionera por el cosquilleo de la otra... Vegeta me conocía demasiado bien.
"No se vale" -protesté que pudiera conocerme tanto.
Si los ojos pudieran sonreír, cualquiera habría dicho que los de Vegeta lo hicieron.
Sus dedos de guerrero vagaron lentamente por el camino que va desde mi cuello hasta el principio de mi blusa... recorrido el camino, esos curiosos dedos se posaron en el primer botón de mi prenda.
Mis vellos estaban completamente enervados y ansiosos porque él siguiera con lo suyo. El atosigador roce que me daba funcionaba incluso más que si me tocase completamente.
Comenzé a respirar con dificultad y de manera entrecortada, obligándome a abrir mi boca para acarrear suficiente aire a mis pulmones.
Lentamente mi saiya volvió a bajar sus manos hasta llegar a la unión de mi prenda superior. Con deliciosa calma posó sus manos allí y de un violento movimiento destrozó la blusa en dos partes, haciendo saltar los botones por todos lados.
"¡Vegeta!" -exclamé abriendo los ojos y dando un salto por la sorpresa.
Él acalló mi voz chocando sus labios contra los míos. Volví a cerrar mis ojos sintiendo como sus ágiles dedos se posaban en mi espalda para liberar mis pechos del malvado brasier que los aprisionaba.
El choque del sostén contra el suelo me indicó que ya había cumplido su labor. Aún sin abrir mis ojos, sentí como la tierna brisa de la naciente noche acarició mis desnudos senos, logrando erizar aún más cada vello de mi cuerpo.
Pude ver como el príncipe guerrero se maravilló ante la vista concedida... mis senos se movieron siguiendo el compás de mi agitada respiración. Vegeta bajó su vista y vislumbré como mis dos preciosos pechos se reflejaban en sus viriles ojos.
Él movió su lengua relamiéndose con ella y comenzó a rozar mi sedosa piel con sus labios... suave y lentamente viajó desde mi cuello hasta la unión de mis pechos sin dejar de rozarme... describió un círculo alrededor del pecho derecho y respiró profundamente para saborear mi aroma... exhaló a través de su boca haciendo que su tibio aliento colisionara contra mi pezón.
Blasfemé con su actitud... ¡como se divertía haciéndome sufrir! ... Provocarme hasta el límite era su juego... pero era un juego que me encantaba en toda su dimensión...
Con mis manos, acaricié los azabaches cabellos de mi amado... y sin aviso alguno apreté su pelo en señal inequívoca de que necesitaba su lengua ya...
Vegeta me miró relamiéndose lascivamente y sin resistir más la ansiedad se lanzó con vehemencia a lamer mi seno derecho.
Cerré mis párpados respondiendo así a su húmeda lengua... mientras su mano se deleitaba con mi otro pecho sólo recorriendo la tersa piel alrededor del pezón.
Tras varios segundos, su mano finalmente fue hasta el rosáceo botón que lo llamaba... y se deleitó saboreando con su lengua el poroso relieve de mi pezón. La erección de mis pezones era clara muestra de mi excitación... me sentí tan caliente que llegué a gemir su nombre con desesperación. Vegeta apretó la prominencia con perfecta exactitud entre sus labios, haciéndome retorcer completamente, obligándome a dar otro gemido lleno del candente goce que sentía.
Él se motivó todavía más por mi placentero gemido porque apretó todavía más mi pezón, aumentando la presión paulatinamente a la vez que miraba hacia mi faz... yo fruncí el ceño quejándome por tanto placer. Mis quejas se expresaron a través de sonoros gemidos que sus oídos se permitieron adorar sin ninguna culpa.
"Me encanta tú sabor..." -me dijo sacándome un nuevo gemido.
Separó sus labios de la golosina carnal que yo amorosamente le había cedido y, para aún más deleite, recorrió mis pechos con la yema de sus dedos, disfrutando la agradable sensación que me causaba aquello.
Por un momento pensé que iba a desfallecer con sus caricias... la excitación era tanta que claramente sentí como mis labios vaginales tanto internos como externos se hinchaban suavemente, mientras un sugerente ardor nació en mi feminidad haciendo que me sacudiera con violencia. Pequeñas contracciones y espasmos sentí en mi interior. ¿Acaso el orgasmo se estaba anunciando? Por Kami no podía estar tan caliente si recién había empezado... aunque si un orgasmo viniese tan pronto sería aún mejor...
Bajé mi vista y pude ver la verga de mi guerrero que poco a poco se fue poniendo rígida por la tremenda excitación... fue entonces que me apreté contra su cuerpo... quería sentir como se llenaba de sangre hasta quedar tan duro como el acero. El prominente órgano viril había casi cuadruplicado su tamaño junto a mí. Mi amor se apretó aún más contra mi cuerpo, frotándome su miembro contra mi bajo vientre... llegué a saltar con su ardiente provocación. Pude sentir toda su erecta virilidad acariciar mi monte de Venus.
Sentí la urgente necesidad de tocarlo y dejándome llevar por mis incipientes deseos mi mano derecha se introdujo en el interior de su pantalón, eludiendo también al bóxer que cubría mi objeto de placer. Tomé el miembro agarrándolo firmemente entre mis dedos, acariciando su cuerpo, recorriendo cada detalle cual ciega leyendo en braille. Las yemas de mis dedos saltaron al notar una sobresaliente arteria latiendo rápidamente por causa de la excitación. Tanto fue el placer de sentir la sangre fluyendo a través del miembro viril que mis yemas se detuvieron con placentera curiosidad palpando esa llamativa arteria. Saciada mi curiosidad mis dedos siguieron hacia arriba, para terminar dándole un apretón al rosáceo glande. Esta vez fue él quien se retorció de pies a cabeza con el apretujón que le di.
Seguimos jugando con la ropa encima, ansiándonos... provocándonos... frotándonos uno contra el otro. Mi príncipe descendió un poco para posicionar su verga justo en mi entrepierna y sentí como mi vagina literalmente ardía con la provocación. Mi saiya comenzó a frotarse contra ella tal como si me estuviera penetrando.
El calor que sentía corriendo por mi cuerpo me tenía completamente desarmada. Mi vagina seguía mojándose más y más, tanto que ya parecía haberse hecho agua.
Pero aunque el excitante juego sexual de follar con la ropa encima resultaba muy excitante, más placentero aún sería hacerlo sin ropa...
Al pensar en eso ya no pude aguantar más sus provocaciones y salté abrazándome a él, aferrando su miembro entre mis piernas, las que se enlazaron hábilmente a su cadera cruzándose por detrás de su espalda. Era una prisión de piernas, las cuales expresaban los deseos de mi intimidad... sentirlo por dentro era lo que más ansiaba. Lo deseaba con auténtica locura.
Mi hombre me agarró fuertemente por el culo, hundiendo su cabeza en mi cuello... deslizó sus deseosas manos por mis glúteos recorriéndolos sin pudor. Sabía muy bien que le pertenecían...
Hundí también mi boca en su cuello y el deseable aroma masculino acarició hasta lo mas recóndito de mi ser. Su exquisita esencia atravesaba mis nervios olfativos, pasando por la laringe hasta llegar a mis pulmones, inundándolos con el aire que había rodeado a mi hombre. El extásis causado por el agradable perfume de su piel, superaba por mucho al más trabajado de los artificiales perfumes...
Las silentes feromonas se revolvían más que nunca con la pasión que se desataba entre ambos cuerpos. Definitivamente habíamos nacido para amarnos.
Llevé ambas manos a mi azulado pelo y con excitante lentitud las moví acariciándome sensualmente mi sedoso cabello frente a su vista. Bajé mi mano derecha hasta mi húmeda boca y con el índice recorrí suavemente mis labios, simulando el uso de un lápiz labial. Cerré mis ojos con tanto placer como si un orgasmo se hubiese apoderado de mi cuerpo. Me metí el dedo índice en mi candente boca, succionándolo tal como si fuera el duro miembro de mi esposo. Realmente me imaginaba que era su pene... chupé mi índice como si fuera un delicioso caramelo. Mis ojos cerrados demostraban que ponía toda mi alma en ello, imaginándome que ese índice era realmente la virilidad de mi ser amado. No conforme con eso, comenzé a introducirlo y sacarlo como si ese inocente dedo me estuviera follando mi carnosa boca.
Abrí mis ojos para ver si mi provocación había dado resultado... inexplicable fue mi felicidad al ver que efectivamente Vegeta tenía hasta su boca abierta por el deseo que estaba sintiendo...
"Si sigues así no aguantaré más..." -me advirtió él con voz malditamente sexy. Su respiración entrecortada resultaba abominablemente excitante.
"Esa es la idea..." -le contesté con un sensual ronroneo que le hizo agitar más sus ojos. Yo por mi parte ya sentía que no podría continuar con el juego sexual... debía detenerlo pronto o se me reventaría la hiel.
Y eso que todavía no nos quitábamos la ropa...
Llevé una ansiosa mano a la zona genital de mi hombre masajéandolo suavemente por encima de su ajustado pantalón, el cual parecía que iba a destrozarse por causa de su imponente miembro... que ahora estaba completamente a mi merced...
Seguí dándole mis alucinantes caricias y, sin previo aviso, lo coloqué entre mi pulgar y mis cuatro dedos restantes, dándole un intenso apretón que llegó a hacer estremecer al saiya.
El miembro era especialmente hecho para recibir placer cuando era apretado, tal como cuando entraba en mi ajustada vagina, pero el apretón que le dí fue más salvaje de lo propicio... no pude evitarlo... a veces me daban ganas de despedazarlo entero... de agarrarlo y no soltarlo jamás...
Vegeta me dio una mirada recriminatoria a lo que yo sonreí con malicia.
"Ese fue mi adelanto... -jadeé de manera sensualmente entrecortada- ... porque ya sé como me vas a penetrar..." -fue la sexy justificación que esgrimí.
Yo conocía muy bien la salvaje primera embestida que siempre me daba. Era algo tan innato en él, que, aunque tratara de cambiarlo, no podría hacerlo.
Por suerte siempre me penetraba cuando ya estaba completamente mojada, lo que ciertamente me ayudaba a aminorar el dolor que sentiría... y dolor o no, ahora lo necesitaba por dentro...
Pero mi guerrero siguió con su juego de llevarme al límite de la excitación, provocándome hasta que ya no pudiera dar más... y el límite acababa de llegar...
"¡Lo quiero ya!" -exigí ya hastiada del juego sádico al cual era sometida. "Hazme tuya..." -terminé con voz sensual mientras me relamía mis labios carmesí.
Vegeta me dio una mirada cómplice con una leve sonrisa.
"Todavía falta para eso..." -se frotó las manos una contra otra mientras mordía sus propios labios.
Acto seguido tomó mi blusa rota que yacía en el suelo y la lanzó sobre el pastizal de flores como cubierta. Arrodillándose a la altura de mi feminidad me sacó por fin el pantalón deportivo que traía encima y también lo puso como cubierta.
Me echó encima del pastizal con mi vista hacia las estrellas y procedió a morderse su labio inferior. Con su mano, recorrió el contorno de mi vulva por encima de la húmeda tanga... tan húmeda que la palabra mojada calzaba mejor para describirla. El grisáceo color que había adoptado mi blanca prenda íntima era la prueba clara de cuán caliente estaba...
Sus manos notaron la pequeña protuberancia que intentaba sobresalir de la prisión de mi tanga... si ese eréctil órgano pudiera hablar ya le habría dicho a mi amor que sacara las malditas bragas de una buena vez.
Vegeta acercó su boca a mi sexo y con los dientes le retiró de encima la prenda que lo cubría. Sus ojos se desbocaron al ver en todo su esplendor el órgano que me hacía mujer... lo cual me hizo sentir extremadamente excitada.
"Aliméntame mujer" -me pidió con voz susurrante, mientras sentía como mi corazón aumentaba más su palpitar.
El guerrero me respiró encima recorriendo cada centímetro de mi piel vaginal, que se agitó aún más con la placentera tortura del saiya. Mi femineidad realmente parecía un ente con vida propia exigiéndole que me la chupara de una buena vez...
...
Experimenté cada vez con más intensidad el deseo incontrolable de recorrerla entera... de sentir su aroma... de saborearla... no podía esperar un segundo más...
Sin más preámbulos posé mi lengua en su clítoris y pude sentir como pequeños latidos de excitación aparecían en él. La calentura de mi mujer no daba abasto para soportar tanto deseo... su piel ya no daba más de cremosa. Así era como me gustaba...
Disfruté el especial relieve de toda la piel de su vulva, tan excitantemente distinto. Los tibios líquidos de mi hembra surgían directamente para deleitarme... saboreaba su humedad cual néctar entregado por una diosa. Después del dolor que le causé así quería que se sintiera, una verdadera diosa. Porque ella era mi diosa. Terca, gruñona y estúpida como ninguna... pero mi diosa. Todo el deseo que sentía por ella, toda la pasión que me enciende cada vez que me toca, todo el inmenso amor que siempre me ha demostrado... me lleva a degustar sus líquidos vaginales con tanta ansiedad como si fueran el sabor más delicioso que podía existir... porque me son dados por ella... porque necesito comerme cada centímetro de su piel...
Sentía una sed incontrolable por su cuerpo... bebía de su piel sin ningún freno... ingería su humedad con desesperación...
Los gemidos de esa mujer... las convulsiones de su perfecto cuerpo... su necesidad desesperada de restregar su intimidad contra mi faz... de darme a beber todo lo que podía dar...
Acoplé mi boca a su tembloroso clítoris aprisionándolo con una perfección asombrosa entre mis labios. La mujer soltó un grito de desquiciada sin poder evitarlo. ¡Cómo adoraba eso! Como si fuera poco introduje mi salvaje índice derecho en su tibia vagina, el cual recorrió su cavidad hasta la máxima profundidad que podía lograr... mi dedo medio acompaño a su hermano poco después... sonreía maliciosamente sin poder evitarlo.
Bulma ya gemía absolutamente descontrolada... era demasiado sentir y oír mi ruidosa succión a su clítoris y mis malvados dedos violándola hasta el fondo...
Como si ambos dedos hubieran peleado los separé violentamente en su interior haciendo que esa mujer diera un súbito respingo. El umbral que separaba el placer del incómodo dolor estaba a un tris de romperse... lo sabía muy bien...
Pero una potente y ruidosa succión hizo que mi científica se estremeciera brutalmente hasta los pies. Un jadeo tan intenso se oyó atravesando el aire que supe enseguida que el orgasmo femenino estaba próximo a llegar.
Sentí como el aire se me escapaba y me separé para dar un profundo respiro. Moldeé mis labios a los vaginales, ajustándome tal como si fuera un delicioso beso.
Con predadora ansiedad introduje mi lengua en su sexo inundando a mi hembra con mi órgano degustador, que precisamente disfrutó la dulce acidez interior de su caliente vagina. Su particular sabor era mucho más palpable en su interior, cosa que disfruté al máximo. Su cálida humedad vaginal podía sentirse más pegajosa y caliente que en el exterior y la diferencia se hacía notable a pesar de la poca profundidad que podía lograr mi lengua.
La mujer yacía realmente poseída por el placer. Sus ojos cerrados y la relajación que estaba sintiendo eran propios de estar en un mundo irreal pero a la vez ideal, un mundo de placer superior a cualquier idílico nirvana. Un mundo de placer superior al mejor de los sueños. Así debía sentirse... así debía gozar mi mujer. Soy el príncipe saiya y esa terca mujer estaba condenada eternamente al placer... precisamente porque tenía el gran honor de ser la hembra que yo elegí.
Me separé para dar profundos jadeos inhalando el aire que se me escapaba. Respiré encima de su clítoris golpéandolo con el tibio aire que salía directamente desde mis pulmones. Bulma una vez más llegó a retorcerse por el gozo que sentía con aquello. Adoraba cuando yo le respiraba encima. Y yo adoraba esos bestiales retorcijones de placer que daba...
"¡Sigue!" -me suplicó gritándome y jalando mi cabello. El placer era el dominador de su cuerpo. Nada más ni nada menos que puro placer carnal. Así la quería... suplicándome. Necesitándome hasta más allá de lo que los deseos podían lograr.
"Que deliciosa la tienes" -le dije con toda sinceridad. Me había acostumbrado tanto a su sabor... a su cara llena de muecas retorcidas de placer... a sus alaridos desesperados que ya no podría vivir sin chupársela. Simplemente era así. Lo disfrutaba tanto como ella.
Mis lamidos la pusieron a mil por segundo y finalmente ella sintió como no podría aguantar más... el clímax femenino atravesó cada rincón de su cuerpo en un estruendo corporal que sólo era capaz de ser provocado por el placentero orgasmo. Puse mis manos en su vientre y hasta podría jurar que sentí sus contracciones provocadas por el clímax del orgasmo, mientras algo más de humedad vaginal se desbordó acariciando con su especial sabor mi órgano hecho para degustar.
Apretó sus piernas aprisionando con brusquedad mi cabeza, restregándome su intimidad por acto reflejo; ni siquiera lo pensó, fue algo completamente inevitable por el éxtasis. Adoraba verla enloquecida de satisfacción... mi lengua recorriendo su interior la volvió totalmente loca, llegando a dar verdaderos alaridos inundados de puro placer... placer que realmente la trastornaba. Podía hasta sentir como su mente se ponía en blanco y, solamente guiada por lo que su cuerpo le dictaba, comenzó a moverse tal como si follara mi boca.
Esa mujer llevó ambas manos a su propio cuello, acariciándose después de tan intenso orgasmo. Su genital que antes se había hecho agua, seguía sintiendo mi vigorosa lengua lamiéndola con auténtica desesperación... mi intención era dejarla totalmente seca, sin la más mínima gota de líquido para dar.
Un vigoroso y descuidado chupetón que le dí en su clítoris la hizo saltar completamente como loca. Debido a la sensibilidad reciente del orgasmo sabía perfectamente que fue más incómodo que placentero. Ese era el castigo que merecía la mujer que se atrevió a domar mi salvaje corazón.
"Dame más, no seas egoísta" -le reclamé con enojo, necesitaba más para poder saciarme.
Ella me sonrió completamente exhausta, dando jadeos tan exquisitos como excitantes. Pero ni aunque ella lo hubiese deseado habría podido complacerme. Así debe quedar siempre. Extasiada hasta el límite. Que sepa que sólo existe un hombre capaz de satisfacerla. Que sólo existe un Vegeta en todo el universo. Mi orgullo sonrió... ¿ni en la cama puedo deshacerme de él? Bah, que más da. Lo único importante es que amo a esa maldita mujer que conquistó mi corazón. Precisamente porque la amo quiero que sea la más feliz en este ridículo planeta... y por qué no decirlo... del universo entero. Su felicidad es lo único que importa.
...
Los temblores espasmódicos se apoderaban de mi cuerpo anunciando el preciado orgasmo que llegaba. Era un verdadero torbellino de placer que me recorría de pies a cabeza, intensificándose aún más en mi vientre. El placer me martillaba exquisitamente quitándome hasta la respiración. Necesariamente tenía que abrir mi boca para adentrar el aire que se escapaba. Después de mi clímax sentí como me succionaba el clítoris con fuerza desmedida... que maldito era, pero no me importó porque combinó perfectamente incomodidad con placer.
"Dame más, no seas egoísta" -me pidió con voz tan sincera que sentí como no podía resistir más de placer. Él realmente amaba mi sabor...
Pero ya no podía complacerlo... mi cuerpo ya no daba más de exhausto. Mi cuerpo era egoísta, pero mi alma si era muy generosa...
"Vegeta... detente... ahora me toca a mí..." -le supliqué con voz apenas audible, y es que si seguía lamiéndome me terminaría desmayando.
El guerrero separó su boca y me miró mientras se saboreaba relamiéndose los labios. Luego de saborear mi intimidad ingirió las últimas pequeñas gotitas de caliente humedad con sumo placer.
"Delicioso" -musitó él mordiéndose ahora su labio inferior.
"¿Tanto te gusta?" -pregunté mientras una melodía de suspiros surgían fuera de mí.
"Absolutamente todo de ti me encanta mujer" -me contestó enseguida poniéndose de pie.
Ahora el orgasmo lo sentí en mis oídos. Adoraba el tono en que mi hombre me hablaba y adoraba aún más que se deleitara tanto con mi cuerpo hambriento del suyo.
Dejándome llevar por lo que sentía lo besé apasionadamente, sin importarme nada más. La entrega de ambos hacia el otro era maravillosa, conmovedora hasta sobrepasar cualquier límite. El placer del otro estaba por sobre el propio... ¿Dar para recibir o recibir para dar? Ni siquiera nos importaba.
La mancomunión de almas era excelsa y sublime. Con cada beso... con cada caricia... con cada palabra de amor nuestros espíritus parecían enlazarse y adentrarse en el cuerpo del otro, tal como si nuestras almas fueran calientes alientos mezclándose en el aire.
Mi mirada se volvió tan intensa y prolongada que me volví una auténtica acosadora. No podía quitarle la mirada de encima al poderoso saiya. Mi guerrero lucía tan provocativo... tan malditamente excitante...
"Eres mío... mío, mío y sólo mío" -le di la agridulce condena de ser mi hombre para siempre.
"Y tú mía para siempre" -me respondió mirándome con sus encantadores ojos.
Ambos nos envolvimos en un sempiterno primor. El amor es lo más lindo que puede existir y amarnos de esa manera, sin complejos, sin guardarse nada, sólo disfrutando cada instante, sólo entregándonos por completo al otro era incomparable. Eramos dos personas que nacieron para amarse, dos personas que desde que nacieron estaban destinadas la una a la otra. Dos personas tan diferentes pero tan similares al mismo tiempo.
Macho y hembra. Mujer y hombre. Gracias a la armonía perfecta lograda a través del amor, nos complementamos para completar el todo que habíamos iniciado hacía años atrás.
El complemento perfecto estaba justo allí, amándonos con toda la pasión del mundo, complementándonos y llenándonos el uno del otro, explicando sin querer la razón del por qué existían dos sexos...
Un solo ser, un solo corazón.
Amándonos con fulgurante pasión.
Esa era nuestra hermosa relación...
Mis manos se pasearon por el torso de mi amado, disfrutando cada centímetro de piel masculina. Mientras lo hacía, sentí como un profundo sentimiento de posesión me desbordó por mi cuerpo. Ese guerrero era mío... me pertenecía... a mí y nadie más.
Sí, el amor indudablemente era posesivo... así que no era mi culpa ser posesiva si lo amaba tanto. Y si el amor efectivamente era egoísta... yo sería la más egoísta de todas. Vegeta es mío para siempre. Lo amo con verdadera locura.
Me arrodillé frente a Vegeta, y él sabiendo lo que vendría puso sus manos en mis azulados y revueltos cabellos, dándome cariño a través de sus manos... masajeando mi pelo con viril delicadeza.
Le saqué lentamente su pantalón y lo mismo hice con su bóxer... fue entonces que me detuve un largo momento con el deleite que tenía ante mis ojos. El llamativo miembro de mi amor era la perfecta demostración de toda su masculinidad. Enorme como su orgullo, recio como su voluntad y ardiente como su pasión.
Lo tomé entre mi mano derecha y lo alcé para recorrer con mi vista el cuerpo inferior. Ladeando ligeramente mi vista pude apreciar como dos hinchadas venas, llenas de ardiente sangre, recorrían los costados de su miembro viril.
No era algo común en él, pero al parecer la excitación que tenía era demasiado intensa, tanto que su torrente sanguíneo se había vuelto mas caudaloso de lo común. Los latidos de su miembro eran tan intensos que llegué a pensar que tenía su propio corazón.
Mi faz se acercó cada vez más peligrosamente a su sexo, cual leona hambrienta... mastiqué el aire una vez haciendo que Vegeta pusiera por primera vez una mirada preocupada. Aquello me causó gracia... relamí mis labios lentamente... como sabía que le gustaba a él... sin quitarle mis ojos de su cara... y preparé mi boca para lo que haría... Lentamente acerqué mi nariz hasta rozar el costado de su miembro e inspiré profundamente disfrutando su aroma. Tras dos segundos exhalé por la boca golpeando la verga que ahora era totalmente mía.
Moví la cabeza viril hasta mis labios atrapándola entre ellos cual prisión. Sin succionar aún, alcé mi mirada para ver laz faz de mi esposo y me sentí satisfecha al ver que su calentura lo había llevado a alzar su rostro hacia el cielo. Un ronco gemido me motivo todavía más para proseguir mi labor, encendiéndome la sangre a través de sus varoniles suspiros que llegaban a mis extasiados oídos. Esos jadeos de macho aumentaban todavía más mis deseos de succionárselo como una verdadera bebé.
Introdujé lenta y suavemente el sexo masculino en mi boca, mientras intentaba apenas rozarlo con mi lengua. Aunque solamente rozarlo se me hizo muy difícil por su prodigioso tamaño. Así que sin esperar más comencé a chupar su glande mientras él me premiaba con excitantes suspiros de placer.
Usando mi lengua recorrí el cuerpo inferior de su pene, el dorso, los costados... suave y lentamente. Succioné con tanta ternura que él quedó impresionado de lo delicada que podía llegar a ser en ese trabajo. Lo lamí... chupeteé... succioné... intercambiando intensidad y fuerza. A veces tan suave que simulaba los labios de un ángel y otras de forma tan salvaje que parecía una súcubo hambrienta de testosterona.
A medida que chupaba el pene como una golosa, masajeaba sus testículos con mi mano libre con el cuidado que requerían aquellos sensibles óvalos. Sentí la necesidad de succionarlos también... introduje una parte del testículo izquierdo en mi boca. Lo marqué con mi saliva mientras mis ruidosas succiones llevaron a mi amor a soltar viriles gemidos debido al inmenso placer proporcionado.
Sentí ganas de morderlos suavemente, queriendo desatar también mi lado sádico. Si la primera arremetida de Vegeta era siempre brutal, ¿por qué no podía liberar yo también mi sadismo? Muy suavemente tomé el escroto que cubría las gónadas masculinas y lo mordí ligeramente estirando aquella piel que las recubría.
Vegeta gimió aún más y frunció el ceño quejándose de placer, mientras con sus manos me apretó el cabello sin jalarlo. Solté las esferas productoras de testosterona y con mi lengua marqué con saliva el camino que va desde los testículos hasta el rosáceo glande.
El tiempo realmente pasó volando para ambos. Yo estaba perdida en el éxtasis que me causaba darle todo ese placer al ser que tanto amaba. Habría podido estar toda la noche en lo mismo...
Quería estrujar su miembro, disfrutar hasta el último centímetro... que mi amor jamás olvidara aquella ocasión en que nos amamos con preciosos tulipanes como testigos...
"Ya... viene..." -me avisó con voz entrecortada que su orgasmo estaba por llegar. Saqué el miembro de mi boca y lo posicioné a la altura de mis senos.
Debía hacerlo así por la impactante potencia desplegada en su eyaculación... los intermitentes chorros de semen eran demasiado abundantes como para contenerlos en mi boca sin que fuera incómodo.
Alcé un poco más mi cuerpo y con mis manos uní mis pechos para que mi hombre se descargase ahí... y él literalmente explotó liberando todo el semen acumulado, que golpeó mi piel con su violencia acostumbrada, impregnándome con el calor de su textura.
"Hasta tu eyaculación es poderosa. ¡Qué hombre por dios!" -lo halagué impresionada, mientras fascinada veía como saltaba una y otra vez su blanco semen contra mí. A veces me preguntaba, ¿por qué me gustaba tanto ver como le saltaba el esperma? ¿Por lo llamativo que era tal vez? ¿Por instinto quizás? Mi mente científica no tenía la respuesta exacta... pero si sabía muy bien que adoraba ver a mi saiya derramándose ante mí... por mí... adoraba ver esa intensa expresión de gozo en su faz mientras sentía los potentes latigazos del caliente líquido hacer contacto con mi piel.
El caliente y pegajoso esperma comenzó lentamente a viajar por mi cuerpo, pero yo impedí que todo se deslizara... unté mi índice derecho llenando la yema con el espeso líquido y relamiéndome los labios lo llevé a mi boca... desparramándolo por toda mi lengua. Sabía cuanto Vegeta adoraba eso, pues sus ojos se ponían fuera de sí cuando me veía haciendo eso. Sin esperar más ingerí el semen haciendo el mismo pequeño ruido de cuando se traga saliva.
No era una delicia pero ya me había acostumbrado a su sabor... era como beber cerveza... la primera vez no gusta... pero después... ¿ay qué estoy diciendo? Parecía una ninfómana ante él... ¿por qué me ponía así? Sonreí por la extraña analogía que había hecho mi traviesa mente... pero era verdad, me encantaba verlo gozar como un loco. Propinarle toda esa satisfacción para mí también era un placer.
La liberación total de los deseos era lo que nos hacía tan propicios el uno para el otro. Nada de pudores ni vergüenzas estúpidas... todo era lindo si se hacía el amor precisamente con eso... amor.
El resto de su íntimo líquido naufragaba por mi cuerpo... y me lo esparcí frotándomelo como se tratara de una crema.
"Te amo tanto" -suspiré intensamente tras decirlo.
"Yo más" -me respondió él abrazándome.
"No, yo más" -le aseguré yo.
"Mientes, yo más" -contrarrestó mi amado.
"No, el que mientes eres tú. Yo te amo más" -volví a asegurarle con certeza. Era imposible que me amara más de lo que yo lo amo a él. Inaceptable totalmente.
Vegeta me sonrió divertido y yo le correspondí. Sonreía tan poco que cada vez que lo hacía lo disfrutaba al máximo. Su sonrisa era un precioso obsequio para mí.
"Dejémoslo en empate, porque sino podemos estar como unos niños toda la noche mujer" -me conminó a no seguir.
Sabía que era la mejor decisión porque ambos eramos tan tercos que seríamos capaces de seguir con lo mismo sólo para ver quien se rendía al final. Consentí su sugerencia aferrándome a su pecho que latía intensamente.
Se sentó encima de nuestras enredadas ropas, que parecían delatar lo enlazados que habíamos estado antes. Chocó su espalda contra el árbol y me sentó en sus piernas, mientras acercaba su hombro a mi cabeza indicándome que me afirmara allí. Seguí la indicación mientras la brisa acariciaba maternalmente nuestros cuerpos desnudos.
Clavamos nuestros ojos en el firmamento y en todas las estrellas que habían sido testigos de nuestro inmenso amor.
"Que atrevidos que fuimos, haciendo esto en pleno aire libre y por aquí todavía estamos más o menos cerca de la ciudad" -le comenté sintiendo el pudor de que alguien pudiera vernos así.
"Bah, al insecto que se atreva a mirarnos le lanzo un rayo y apuesto que huye cagado de miedo" -me respondió tranquilamente, sacándome de cuajo cualquier preocupación.
"¡Jaja! Es bueno tener un esposo que lanze rayos" -no pude evitar reírme por su divertido comentario. Su simpleza para solucionar cualquier tipo de problema era envidiable.
Clavamos nuestros ojos el uno en el otro, con cariño sobresaliendo a través de nuestras miradas... la pasión había dado paso al romance... Vegeta acarició la tersa piel de mi faz con amor. Cortó un tulipán que estaba allí mismo y me lo puso frente a mis ojos.
"Para ti mujer" -me entregó la flor, la que tomé con completa sorpresa.
"Es primera vez que me regalas una flor..." -comenté anonadada por el detalle. Jamás había tenido un gesto como ese conmigo.
"Porque son puras mariconadas, te la di sólo porque la tenía a mano mujer" -se rió él muy divertido.
"No son mariconadas" -rechazé divertida también, Vegeta jamás cambiaría su esencia de macho duro. "Es un gesto muy lindo" -le dí a entender mientras olía la bella flor con deleite.
"Bah, pura mierda. No sé que le verán las terrícolas a las flores de porquería que no sirven para nada" -sentenció con su seguridad acostumbrada.
"¡Son muy lindas! Es un gesto que demuestra cuanto nos quieren" -intenté hacerle entender lo que significaba regalar flores.
"Tonterías terrícolas" -volvió a sentenciar sin ninguna duda.
"Siempre tan tierno..." -comenté yo con sorna.
"Pero así te enamoré..." -puso sus dedos en mis labios y los acarició con cariño.
"Jum. Me carga cuando tienes razón" -tuve que aceptar lo innegable.
Vegeta me sonrió como respuesta.
Ambos dejamos que nuestras miradas viajaran hacia las estrellas, las que lucían aún más brillantes debido a la ausencia de la luna llena. Maravillada con el paisaje, respiré hondo para sentir el aroma de la flor que mi hombre me había dado.
"Me siento como una princesa..." -comenté con ojos encantados. Parecía que Vegeta me hipnotizaba con su mirada.
"Lo eres mujer; eres mi princesa porque yo soy un príncipe" -me señaló con orgullo.
"Sí, es verdad" -me sentía tan feliz a su lado que parecía que todo mi cuerpo despedía dicha a través de mis poros.
Afirmé mi cabeza en su hombro mientras comencé a besar suavemente el cuello de mi orgulloso guerrero. Me sentía en el cielo junto a él, sin que nada ni nadie nos interrumpiera... mis manos se dejaron llevar recorriendo su fibroso pecho... los músculos de acero en sus brazos... la suave piel de su faz... simplemente adoraba todo de él.
Bajé mi vista para clavar mis ojos en su verga en reposo... mis manos bajaron a través de su abdomen con asombrosa lentitud... y mis dedos gozaron cuando llegaron finalmente hasta el destino que tanto quería... lo masajeé compartiendo mi cariño también con sus testículos... e inexplicable fue mi dicha cuando sentí como poco a poco volvía a erguirse con el ímpetu de siempre...
Vegeta se levantó mientras me ponía de pie a mí también... pero yo no cesé en mi obstinación de mantener agarrada su palpitante virilidad... simplemente era adictiva.
Sin embargo, igual tuve que soltarlo aunque no quisiera... mi hombre de cuerpo perfecto me giró haciendo que mi espalda se apegara a su cadera. Me derretí una vez más al sentir su erecta virilidad haciendo contacto conmigo. Me puse de puntillas y froté con mis glúteos el pene que tanto deseaba sentir por dentro. Moviendo mi trasero hacia arriba y hacia abajo sentía todo el contorno del miembro recorriendo mis glúteos sin cesar... eso me ponía a mil...
Vegeta soltó un ronco gemido de la excitación que era llevada al límite... sin esperar más me inclinó la espalda hacia delante con su brusquedad habitual.
Ví como el suelo se acercaba a mí repentinamente, pero él me tomó de los brazos impidiéndome caer.
Estiré ambos brazos para afirmarme del árbol advirtiéndole a mi intimidad que debía prepararse para lo que vendría. La primera penetración de mi marido era siempre igual... el instinto sádico que llevaba por dentro salía a relucir siempre en su violenta primera arremetida.
...
La incliné hacia delante con mi fiereza de siempre y la sujeté por los brazos para que no cayera. Bajé mi mirada para ver el culo de la mujer... realmente era digno de admirarse... sus redondeados y levantados glúteos eran una obra perfecta de la naturaleza y esa provocativa sensualidad que yacía justo entre sus piernas resultaba totalmente adictiva... no podía dejar de mirarla.
Ella estaba sobre sus dos piernas, agachada con su abdomen en forma paralela al suelo, sin que sus brazos llegasen a tocar el suelo. Me frote una y otra vez contra ella para que preparase su vagina para lo que vendría.
"¿Lista mujer?" -le pregunté acentúando mi tono sádico, mientras le daba un azote en un glúteo. Como me prendía darle un par de azotes... sonreí al pensar en aquello.
Mi esposa cerró sus puños con fuerza antes de contestar. En su mente probablemente se clavó la sensación de mi primera embestida antes de que efectivamente la hiciera.
"Sí" -me respondió, mientras podía saborear en mi mente como mordía sus labios para no gritar.
Le posicioné la cabeza de mi pene en la entrada de su vagina... pero no la penetraría enseguida. Comencé a recorrer todo el contorno de su cavidad vaginal frotando solamente sus labios hasta sobrepasar su excitado clítoris... una y otra vez...
"Lo quiero ya..." -suplicó la mujer que necesitaba rellenarse de toda mi ardiente carne.
No le respondí, mis manos lo hicieron por mí. La tomé fuertemente por las caderas y volví a posicionar mi verga justo en la entrada de su feminidad. El miembro viril buscó su caliente hogar sin introducirse aún, mientras con ansiedad lo esperaba la vagina que debía cobijarlo en su cálida matriz.
Con una suavidad impropia en mí, introdujé solamente mi glande allí. Bulma juntó más sus piernas para apretarlo con toda la fuerza que podía y yo rugí como un león con el placer del perfecto apretón que me brindó.
Sin esperar más, me introdujé en ella de un solo y potente jalón rellenando hasta el último centímetro de su vagina. Su grito realmente me enloqueció.
Penetrarla era la sensación más placentera que podía existir y en esa posición el goce era aún mayor... totalmente sometida a mí, como nunca lo estaba esa rebelde mujer. Eso aumentaba aún más el intenso y desbordante placer que estaba sintiendo. Enterré mi verga infinitas veces en la húmeda cavidad de mi hembra... y ella realmente parecía poseída.
...
No pude evitar dar un sufriente grito que rebotó por el aire. Mi intimidad acusó el golpe tan rápido que sentí al instante el clásico ardor de ser penetrada por mi vehemente príncipe... sin embargo, tomé aire y cerré los dientes sabiendo que el ardor sería rápidamente reemplazado por el exquisito placer...
Y precisamente así fue... mi esposo comenzó a penetrarme a un ritmo tan suave que su actitud hasta parecía tierna. Pero poco a poco aumentó el vigor de su penetración, a la vez que también lo hacía la velocidad de sus embestidas.
Lo metía y lo sacaba una y otra vez, sin llegar a la profundidad total. Solamente la mitad de su verga entraba en mí... con una suavidad que paulatinamente fue cambiando a poderoso vigor... la rapidez y la fuerza aumentaban al mismo compás, haciéndose cada vez más y más veloz.
Sus embestidas pronto se volvieron totalmente salvajes y sin control alguno, hundiendo totalmente su gran virilidad en mi interior, tal como un submarino se hundía en el mar que lo contenía. Pronto tomó el ritmo preciso para hacerme gemir de placer...
Aullé con locura cuando sentí que todos mis sentidos se perdían de la realidad pasando a un mundo celestial. Estoy segura que Vegeta sentía exactamente lo mismo... sus varoniles suspiros así me lo indicaban.
Las profundas y vehementes embestidas hacían que mi cuerpo se moviera hacia adelante una y otra vez. De no haber estado sujeta con mis brazos al árbol y que él me tenía agarrada firmemente de mis caderas, me habría caído de bruces debido a la potente penetración a la cual era sometida.
Cualquiera hubiera dicho que era algo sobrenatural la velocidad aplicada por mi saiya. Sentía que me desvanecía en un mar de placer. Tal como el ázucar se disolvía en el agua, yo me estaba disolviendo en el cuerpo de mi amado.
Se introducía y se salía... salía y entraba... una y otra vez... sin detenerse... sin parar... produciendo una melodía de gemidos que escapaban desde mi más profundo interior.
"Oh Vegeta... sigue así..." -le supliqué en un casi ininteligible murmullo.
Para mi sorpresa, él aumentó todavía más la velocidad de penetración, la misma que yo creía que no podría incrementarse más... la misma que pensé que ya había alcanzado el límite... cuán equivocada estaba...
Realmente ya no daba más... sentía que mis fuerzas me abandonaban y que caería desmayada. Era demasiado agradable lo que estaba sintiendo. Mi faz formó incontables muecas de placenteras quejas y cuando sentí un retorcijón en mi abdomen supe que otro intenso orgasmo pululaba en mi interior queriendo liberarse. Las contracciones de mi vientre llegué a sentirlas incluso en mi cabeza, advirtiéndome de la intensidad con que vendría... Alcé mi faz hacia el cielo sin abrir los ojos, mientras mi vagina apretó aún más la verga de mi macho... Fue entonces que desaté el enorme placer del orgasmo.
Vegeta detuvo sus feroces embestidas al sentir mi clímax sexual. Amaba verme disfrutando como enloquecida... apreté mi trasero contra él con desesperación. Lo que pasó después ya ni siquiera podría describirlo... mi conciencia se nubló y me olvidé de todo... mi mente se puso en blanco... tan blanca que no podía pensar en nada.
...
Sus gemidos se acentúaron cada vez más como un volcán a punto de hacer erupción... Cuando sentí el feroz tremor de su cuerpo detuve mis arremetidas para disfrutar su placer... adoraba verla expresar sus orgasmos con ese prolongado alarido, gemido tan especial que era muy diferente a los demás.
"Ahhhhhhhhh..." -se dispersó por el ambiente el momento de su orgasmo. Llegó al pináculo del placer por derecho propio. Después de tanto sufrimiento era lo que esa gruñona mujer merecía.
El sudor de nuestros cuerpos mezclándose y el jadeo del cansancio que exhalaba Bulma una y otra vez, hacían que mis oídos también se deleitaran solamente por escucharla así.
"No me sueltes..." -me pidió como si la vida se le fuera en ello.
La mujer soltó las manos apoyadas en el árbol para masajearse el interior de sus muslos. Seguramente había sido un orgasmo tan intenso que la había dejado prácticamente sin fuerzas.
"No me digas que ya te cansaste" -le dije con burla al ver como comenzaban a doblarse sus piernas. Sin sacar mi miembro de la cavidad que lo cobijaba, la sujeté firmemente para que no se fuera de bruces.
"Bueno... yo no soy una loca... maníaca... del entrenamiento" -jadeó entrecortadamente. "Pero igual esto recien empieza..." -me desafío sin vacilar mirándome hacia atrás. Como amaba su carácter fuerte, tan parecido al mío.
Finalmente me salí del interior de mi hembra y mis manos abandonaron las encantadoras curvas de esa frágil cintura... la giré ayudándola a incorporarse para ir a la tersa piel de sus mejillas... el contacto de miradas que surgió fue exquisitamente placentero.
Sentí que me perdía inevitablemente en el suave azur de sus ojos. Estaba completamente embelesado por aquellos azulados luceros, tan profundos como el mar y tan extensos como el inmenso firmamento. Aquellos ojos brillaban con luz propia, como si una sempiterna estrella de amor creciera justo allí... esa mirada me hechizaba... era un encantamiento que no podía resistir... esos malditos ojos me lanzaban el irrechazable hechizo del amor.
Comencé a devorar su deliciosa boca sin más... necesitaba hacerla mía. Mezclar nuestras esencias hasta sentirnos en el cielo...
Encadenó sus piernas a mi cadera mientras abrazaba también mi cuello. Me dio gracia ver cuanto adoraba sentirse una koala, porque siempre hacía lo mismo... Empecé a penetrarla con tanta suavidad que hasta pareció que ella había despertado un lado tierno oculto en mí. Usando sólo mis manos alcé y bajé su culo para penetrarla sin necesidad de moverme, mis manos cumplían perfectamente la labor de impulsar su cuerpo.
"Esto es mejor que cualquier entrenamiento" -la halagué a mi modo. Entrenar para mí era una felicidad... pero hacer el amor con ella es la máxima dicha a la que se puede aspirar.
Bulma como hembra era increíble. Sus gemidos, sus alaridos de placer, sus rítmicos movimientos... su adictiva cintura... sus increíbles pechos... toda ella era la provocación en persona. La seducción brotaba por cada poro de su piel y realmente sabía como complacerme... debía agradecer la suerte de que esa terca científica fuera mi mujer. Cualquier hombre estaría feliz con una mujer así de apasionada... ella era única... por eso la elegí.
Cambiamos la posición para seguir disfrutando del placer que nos daban nuestros cuerpos, que sudosos suplicaban por más y más. La recosté en el suelo lentamente... y ella abrió sus piernas dejando que admirara nuevamente su exquisita feminidad. Lucía aún más rosácea y ligeramente abierta, como invitándome a proseguir lo que aún no culminaba...
Me arrodillé y tomé sus pies, para enseguida alzar sus piernas y dejarlas descansar en mis hombros.
Ambos adorabamos esa posición, sus piernas en mis hombros nos permitía mirar como gozabamos cuando así lo queríamos... yo introduciéndome en ella y ella sintiéndome por dentro... sin esperar me hundí profundamente en mi fértil mujer...
Seguimos amándonos como desquiciados, sudando feromonas, intercambiando ronroneos y caricias con apasionados besos y salvajes embestidas, fusionando nuestros cuerpos en el éxtasis total. Embistiéndome frenéticamente contra ella...
Nuestra respiración agitada hacía que sólo se escuchara un jadeo tras otro...
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La beldad sacó sus piernas del hombro saiya, para cambiar la posición nuevamente. Puso sus palmas en el pecho de su hombre y lo quiso empujar para indicarle que lo quería debajo de ella. Su empujón no surtió ningún efecto, pero Vegeta no se opuso a los deseos de su amada... se dejó caer en el suelo y su mujer se arrodilló apoderándose de la cadera masculina... así fue bajando lenta y sensualmente acercando peligrosamente su vagina contra el órgano viril.
Sincronizando movimientos, ambos se acoplaron a la perfección una vez más. Puso las palmas en el abdomen de su hombre, mientras sus flexionadas piernas terminaban de tocar completamente el suelo... Bulma se sintió como una hábil jinete y comenzó a impulsarse hacia arriba y hacia abajo para provocar la fricción que tanto los hacía gozar... cabalgar en él era lo mejor.
El brillo provocado por el sudor que escurría por sus cuerpos, los hacía admirarse el uno al otro empapados de sensualidad por el intenso ejercicio...
El príncipe guerrero no podía dejar de admirarla... todo su ser... su excitante manera de cabalgar... sus ojos cerrados por el intenso placer... sus pechos moviéndose al son de sus rítmicos movimientos... Vegeta se maravilló ante tan celestial vista... sus redondos senos realmente se movían como si tuvieran vida propia... agitándose al mismo compás de su acelerada respiración... inhalando aire como si en cada respiro entrara aún más vida en su cuerpo, llenándolo de gozo sin límites.
Ahora era su mujer quien se arremetía contra él guiando el ritmo... mientras esos provocativos senos lo incitaban a tocarlos... sin pensarlo sus manos obedecieron el llamado y las colocó allí sin moverlas... sólo el sentir su piel mientras ella seguía cabalgando era incomparable. Su concierto de suspiros que salían uno tras otro no podía ser más delicioso. Una ópera de reacciones espontáneas increíblemente excitante.
Sus manos vagaron acariciando el hermoso cuerpo femenino, recorriendo cada centímetro de su piel... cerró sus ojos dejando que sólo el sentido del tacto recorriera sus sensuales curvas... lentamente le dibujó un mapa de caricias con sus manos... hasta que las mismas se detuvieron en la cadera de su amante para marcar el ritmo que debían seguir. Al saiya instintivamente le gustaba tener el control...
Los gemidos que la mujer emitía eran una dulce caricia para los oídos y sus caderas moviéndose sin guardar fuerzas era una exquisitez para el sentido del tacto. Su aroma a sexo salvaje fue un goce para sus nervios olfatorios, mientras verla disfrutando tanto era un deleite para la vista. Lo único que faltaba era saborearla...
El saiya sin previo aviso, enderezó solamente su espalda mientras comenzó a devorar la lengua de su mujer, quien respondió a sus fogosos besos completamente pérdida. Era increíble lo que estaban sintiendo ambos... Bulma separó sus labios de su hombre, quien abrió los ojos intuyendo que su esposa algo quería decirle... "Te amo" fue el susurro que le dio rozando sus labios con su húmedo aliento.
Vegeta no pudo resistir las palabras de su amada y nuevamente unió sus labios contra los suyos, comenzando a moverse frenéticamente para meter el miembro todavía más adentro... llenarle hasta su matriz era lo que tanto ansiaba...
La agitada respiración... la linda declaración que salía directamente desde el corazón de Bulma... la fogosa lengua del saiya recorriendo cada rincón de su boca... todo conspiraba para que el clímax llegara nuevamente para ambos...
Sus nombres dichos de forma desesperada una y otra vez se esparcían por el ambiente... una embestida tras otra... sobrenaturales arremetidas... hundiéndose hasta el fondo de su intimidad... el cansancio no tenía lugar para ambos amantes... se amaban desesperados como si esta fuera la última vez que harían el amor... embriagándose de sublime placer...
Vegeta se sacó las femeninas piernas de sus hombros, se inclinó sobre su hembra y la afirmó por su espalda. Se irguió levantando a su mujer por el trasero mientras ella se aferró con sus brazos rodeando su cuello. El saiya dejó caer esas lindas piernas para que se afirmasen en el suelo.
La científica sonrió comprendiendo enseguida que ahora lo harían de pie.
El príncipe bajó su mano por el muslo derecho de su hembra y lo levantó sosteniéndoselo. Hábilmente la chocó contra el árbol que serviría de apoyo y la bella mujer separó aún más sus piernas para lograr la profundidad ideal... En un arrebato de salvajismo, el saiya la penetró rellenándola entera de una sola vez y la joven volvió a dar un sonoro pero excitante grito...
"Tan sádico que me saliste..." -le dijo dejando que su cálido aliento acariciara sus oídos.
"Me encanta como gritas mujer..." -se justificó él por su brusquedad con pupilas llenas de lujuria.
Volvieron a amarse con locura totalmente desatada, mientras Bulma sentía que sino desfallecía ella serían sus piernas las que lo harían... precisamente la pierna que la sostenía comenzó a temblar...
Nuevamente saltó encima de su amor abrazándolo con brazos y piernas cual koala. Vegeta agarró su culo con ambas manos y sin piedad le dio un fuerte apretón en sus glúteos en castigo por ser tan débil. Sabía perfectamente porque había saltado... su mujer ya no resistía más.
"Me quedara el culo rojo..." -se quejó ella en un sensual susurro.
"Te pasa por débil mujer" -esgrimió su argumento para terminar sellándolo con un beso.
Precisamente mientras se realizaba el beso, el saiya sintió como su trasero era salvajemente apretado.
"Yo también puedo..." -musitó Bulma con un suspiro encantador.
Vegeta chistó con su osadía. El feroz pellizco le hizo ver lo incómodo que resultaba aquello. La rebeldía de su mujer se hacía presente hasta en los momentos más inesperados.
El ritmo de penetración fue aumentando más y más... ambos claramente ya estaban fuera de sí... Vegeta ya no pensaba en nada... el calor que recorría su pene era increíblemente intenso... mientras Bulma a cada briosa embestida sintió subir a borbotones la pasión que le inyectaba su amado esposo. El placer se acercaba cada vez más al punto de ebullición, haciendo hervir cada célula de sus intensos cuerpos...
El infinito goce los convirtió en unos locos poseídos por el placer... Vegeta sintió como la sensiblidad de su órgano viril se incrementaba sintiendo el asfixiante calor de la vagina de su hembra.
Bulma dio un profundo jadeo y el vaho salió despedido de su boca tal como si estuviera fumando. El frío de la noche se había hecho presente pero ellos no lo sentían en lo más mínimo... de hecho, sus cuerpos se habían vuelto verdaderas llamas ardiendo de pasión sin límites.
El acelerado ritmo de penetración estaba causando estragos de contracciones en sus cuerpos... realmente ambos ya no daban más... se preparaba un orgasmo tan intenso que para los dos sería la liberación total.
Vegeta soltó un ronco gemido que escapó de su garganta... era la señal de que ya no faltaba prácticamente nada... señal que su mujer entendió enseguida.
"Inúndame por favor... dámelo todo, todo dentro de mí" -le suplicó con una desesperación tan excitante que el saiya no habría podido rechazarla ni haciendo su más grande esfuerzo.
Fue entonces cuando el guerrero sintió como una indescriptible sensación recorría su cabeza para terminar estremeciendo absolutamente todo su cuerpo.
"Te amo..." -susurró el saiya con voz entrecortada de placer y ojos cerrados, justo cuando todas sus células vibraron con la fuerza de un géiser hirviente a punto de estallar. "Te amo..." -repitió poseído por sublime amor, mientras se derramaba con toda potencia en el interior de su mujer. El caliente semen golpeó con impetuosa fuerza a su esposa una y otra vez, disparando potentes chorros de esperma uno tras otro.
Bulma se sintió en el paraíso. No podía creer que Vegeta le hubiera dicho esas palabras durante su clímax. Nunca antes lo había hecho y precisamente sintió como una montaña de amor le recorrió el cuerpo entero debido a esas palabras.
Aquella declaración terminó de mezclar todas sus emociones en una intangible amalgama de sentimientos... su alma literalmente estalló y su cuerpo se volvió adimensional. Ya no pertenecía a nada relacionado con lo terrenal, sino que se había aproximado más que nunca a lo celestial. La culminación también llegaba para ella...
Tras un intenso grito de placer liberó su orgasmo también, sacudiéndola en un indescriptible estallido de pura magia... su alma voló cual viaje astral en un campo de multicolores estrellas que sacudió cada centímetro de su piel. Nunca en toda su vida se había sentido tan unida a Vegeta como ahora...
Lágrimas comenzaron a escurrir por la faz de la bella mujer. Sus azulados luceros se volvieron llorosos con aquel líquido que comúnmente nace a causa de la tristeza.
El saiya finalmente sintió como su alma se reacomodaba nuevamente en su cuerpo e indescriptible fue su sorpresa al ver que su mujer lloraba... llorando sin ningún lamento. Abrió su boca a causa de la sorpresa y frunció el cejo lleno de preocupación, verla con lágrimas era un sinónimo claro de tristeza. Para un guerrero como Vegeta llorar significaba dolor y sufrimiento, como para la gran mayoría. Pero si hacía tan sólo un par de segundos atrás que ambos habían tenido un orgasmo... ¿cómo era posible que su mujer llorara?
"¿Por qué estas llorando mujer? ¿Te dañé?" -preguntó con voz preocupada y mirada inquisitiva.
La inteligente mujer movió su cara y la apegó hasta que sus narices hicieron un tierno contacto, susurrándole mientras rozaba sus labios contra los suyos.
"Lloro... pero no de dolor... lloro de felicidad porque te amo"
La mirada del saiya retrocedió como queriendo indicar que eso no podía ser. Frunció aún más su ceño intentando descifrar el código de extrañas palabras que su mujer había combinado.
¿Cómo era posible llorar de felicidad? ¿Llorar con amor?
Masticó la idea con ánimo de entenderla bien, desatando en su mente un tsunami de pensamientos. A pesar de la oleada de cavilaciones no terminó de comprender como era posible que se pudiera llorar de felicidad.
"¿Llorar de felicidad porque me amas?" -con auténtica curiosidad, puso toda su atención en la respuesta que le daría su mujer.
La científica le dedicó una linda sonrisa. Se veía tan ávido de una respuesta como nunca se le veía. Ciertamente para un guerrero acostumbrado a pelear sería algo difícil de entender.
La científica se masajeó su sien invocando ideas. Sus lágrimas aún seguían escurriendo por su rostro pero ella sonreía con dicha, aumentando todavía más la extrañeza de su esposo.
"No sé como explícartelo... tal vez no encuentre las palabras precisas... pero sí te puedo decir... que la emoción que estoy sintiendo me supera. Es algo tan lindo, tan emocionante... tengo tal cúmulo de sensaciones que me hacen llorar de felicidad inevitablemente"
El saiya le dio una mirada totalmente confusa, así que la científica decidió explayarse más.
"Lloro por amor... lloro porque tu amor me sobrepasó... -jadeó en una batalla para recuperar el aliento que se le escapaba- ... lloro porque es una emoción gigante e incontrolable... -se detuvo buscando las palabras precisas- el amor que siento por ti va más allá de lo que puedas razonar. Es algo que jamás creí que pudiera existir... pero te encontre a ti. Es el amor el que inunda cada uno de mis poros, es tu amor el motor que me impulsa a seguir adelante... es tu amor lo que me hace tan feliz... sólo te puedo decir que te amo con toda mi alma" -más lágrimas recorrieron sus mejillas con emoción.
Vegeta quedó completamente callado con ojos llenos de sorpresa... al parecer la intensa declaración de su mujer lo descolocó completamente.
"Que cursi eres mujer..." -frunció su ceño intentando ocultar más rastros de emoción.
Bulma dio un suspiro con decepción. Sabía que él no la entendería aunque se lo explicase... pero el saiya continuó su idea haciendo reaccionar a su desilusionado corazón...
"Cursi... pero me emocionaste, debo reconocerlo" -dio un intenso suspiro de guerrero. "Yo también te amo, no sabes cuanto mujer" -le declaró dándole un fogoso beso relleno de amor.
Bulma se iluminó de pura felicidad. Le dio un abrazo combinante de almas y, mientras devoraba su boca con pasión desenfrenada, se sintió en el místico edén.
"Aunque todavía no entiendo que mierda es eso de llorar por felicidad" -susurró él diciéndoselo al oído tras el intenso beso.
Bulma sonrió muy divertida.
"Normal, eres un saiyajin y por ende un bruto"
"Por eso te gusto" -señaló él con sonrisa presuntuosa.
"Tienes razón, también debo reconocerlo" -sonrió ella rellena de dicha.
"Te amo mi científica"
"Y yo a ti mi guerrero"
Después de tanto dolor, tanta tristeza y tantas desventuras, se habían reconciliado de una forma encantadoramente mágica. Sus almas exhaustas pero aún deseosas, seguían ardiendo al estar tan cerca el uno del otro... implorando no separarse nunca más...
Y así, siguieron calmando el intenso clamor de sus ardientes cuerpos que exigían más... necesitaban seguir amándose hasta que ya no pudieran más...
Finalmente, la pareja y la conmovedora fuerza de su amor había terminado triunfando. La difícil odisea por fin parecía haber concluido...
Aunque tal vez... una pequeña niña que todavía no nace tiene algo muy importante que decir al respecto...
Continuará.
