Penúltimo capítulo! Y extralargo para compensar el tiempo sin escribir ^^u Pero ey ya saben uno tiene que estudiar y ademas tb hay otros hobbis :P ademas escribi algunos fics mas asi que sepan excusar la demora. De hecho ahora aproveche que sali de vacaciones de invierno para poder escribir este capi tranquilamente :) Tb advierto que tendran que leer bastante porque hasta yo me sorprendi de todo lo que escribi xD pero si ustedes se van a demorar imaginen el tiempo que inverti yo haciendolo :P Y por cierto ya no falta nada para que este fic por fin termine asi que muchas gracias a todas y cada una de ustedes por sus reviews y favoritos y follows y ojala les guste este capitulo (Digo todas porque la mayoria son mujeres, si hay hombres que lean esto tb les agradezco obviamente xD)

por ultimo, con el permiso de todas ustedes, este capitulo va especialmente dedicado a Marilu Moreno y Milk de Son ^^

Capítulo 31: Despedida.

Se le seca la garganta de golpe, la mira anonadado, con la boca entreabierta, queriendo imaginar que soñaba una horrible pesadilla porque todo lo que acontecía no podía ser real. No debía ser real.

Mirai Milk estaba muerta. Todas las palabras anteriores resultaron ser amargamente fútiles. La solemne promesa de que la salvaría se rompió en mil pedazos como un cristal estrellándose contra el suelo. Goku sostenía el cádaver entre sus brazos mientras su desesperada mente entró en un cortocircuito imposible de resolver. El ataque que acabó con la vida de Milk había sido tan imprevisto y repentino que parecía una mala fantasía, un mal sueño del que pronto despertaría... cuanto deseaba aquello.

Si tan sólo momentos atrás hablaba con ella... y ahora nunca más podría hacerlo.

Su grito, fue la liberación del dolor que perforó su alma; sus lágrimas, fueron súplicas agónicas de su espíritu. Sin embargo, nada de ello era útil para cambiar el destino. Milk estaba muerta. A pesar de su gran poder nada podía hacer él.

Hay angustias tan intensas que la naturaleza humana es incapaz de resistir y él pudo comprobarlo en carne propia, cuando, afligido por tando dolor, cayó al suelo de rodillas preso de las emociones más devastadoras y dañosas posibles.

Tomó el malogrado cuerpo inerte cobijándolo entre sus brazos; quería acurrucarla cual bebé, quería protegerla como si fuese una niña que pronto despertaría. Aquellos azabaches ojos abiertos e inexpresivos propagaban la tristeza más profunda. En las películas los muertos cierran los ojos... pero no, la realidad es que permanecían abiertos como clara prueba de que la vida los había abandonado abruptamente. Las pupilas de Milk habían perdido cualquier mínima muestra de brillo y su rictus facial era un mudo testigo del dolor que había sufrido durante su fallecimiento.

El dolor carcomió, trituró y destrozó el alma al guerrero más fuerte. ¿Así se sintió Milk las veces que él falleció?

Desde lo sucedido con su abuelo, Goku había olvidado lo doloroso que era perder un ser tan querido cuando no existían las esferas del dragón para burlar la muerte.

Esa palabra, esferas del dragón, vinieron a su mente como una inútil esperanza, pero ni siquiera las del planeta Nuevo Namek de esta época podrían ayudar en nada, pues las esferas no resucitan gente que muere por causas naturales. Mirai Milk se fue para siempre... para siempre. Crueles palabras que significaban un cruento latigazo de la más dura realidad.

Su mente no podía reaccionar, ¿cómo podría hacerlo de todas formas? ¿cómo poder reaccionar ante la impactante y chocante muerte de un ser querido?

Lamentablemente la muerte siempre estaba allí... una perenne sombra oscura acechando detrás nuestro, aguardando el momento para quitarnos lo que más valor tiene... la vida.

Vida que en la enferma mujer futura había cesado. Nunca más podría charlar con ella... nunca más podrían compartir una mirada... nunca tendría la posibilidad de decirle todo lo que realmente la quería.

Cerró sus puños lleno de la más horrible frustración. ¿Realmente no podía hacer nada? Realmente se rendiría ante la muerte tan fácilmente?

¡No! No podía doblegarse así. Hasta ahora había sueprado todos los obstáculos que se habían atravesado en su camino y esta vez no podía ser diferente. El saiya más fuerte por fin pareció reaccionar. Sus pupilas se ensancharon y salieron del profundo vacío en que habían caído, comprendiendo que rendirse ante la muerte no podía ser así de fácil... ¿pero qué rayos hacer? ¿qué demonios podía salvarla? Resignarse ante la muerte parecía ser el único camino disponible.

Imploró con todas sus fuerzas que su mente se iluminase y, como si hubiese surtido efecto aquel desesperado pedido, una idea se incrustó en su cabeza... la teletransportación. Su técnica más útil, podía hacer la diferencia. No importaba que luciera muerta, no importaba que su corazón realmente se hubiese detenido... todavía había una esperanza y mientras aquella no se rompiera en mil pedazos no se rendiría. Bien se dice que la esperanza es lo último que se pierde. Quería creer que vida y muerte luchaban todavía por imponerse la una a la otra; su alma negaba con furor que la muerte ya había ganado la batalla.

Un médico... esa palabra relampagueó en su mente... ella necesitaba un médico... fue entonces que un nombre se incrustó con fuerza en su mente. La imagen de una chica de ojos azulados y cabello azabache fue el vivo retrato de la esperanza.

Esperanza... esa palabra era la última luz en las tinieblas. Por ello estaba grabada en la máquina del tiempo, porque tenía un significado enorme... era el último anhelo de hacer posible lo imposible.

Ensimismó su mirada para concentrarse completamente, puso los dedos índice y medio en su frente, localizó el ki de sú única posibilidad de salvarla y se teletransportó deseando con el corazón que ella pudiera hacer algo. Tragó saliva angustiado, perdido en un mar de dolor, horriblemente triste y con el alma fragmentada en mil pedazos. Pero allí la vio, de espalda haciendo quien sabe que, pero aunque lo supiera no le importaría en lo más mínimo.

— ¡Videl! — gritó aquel nombre como si la vida se le fuese en ello.

La susodicha dio tremendo respingo al sentir esa voz a su espalda. Sus ojos reaccionaron con susto al inexplicable hecho de sentir que alguién más estaba allí junto a ella.

Hacía un rato que se había levantado a pesar de que aún faltaba poco para que amaneciese, pero el pensar en Gohan no la había dejado dormir todo lo bien que hubiese anhelado. Sin ganas de permanecer en la cama, dejó el lecho con su pijama puesta, mientras disponía a servirse un refrigerio esperando el calor matutino que pronto brindaría generosamente el sol. Pero la soledad, que tantas e incontables noches le sirvió de compañía, había sido interrumpida por una voz que pronunció su nombre con inconfundible desesperación.

Se sobresaltó como cualquier persona lo haría ante la repentina voz, ¿pues si estaba sola cómo alguien era capaz de hablarle desde la nada? Sin embargo, aquella melodía de angustia masculina que mencionó su nombre le sacó de cuajo cualquier emoción de temor que pudiese haber sentido. Giró sobre sus pies, clavó su mirada en el sujeto que le había hablado y lo reconoció enseguida.

— Señor Goku — su voz fue una mezcla entre saludo, sorpresa y pregunta, todas en una.

El aludido ni siquiera contestó, levantó sus brazos, indicándole con ellos la inanimada carga que llevaba allí. En sus brazos estaba la mujer del futuro que yacía sin signos de vitalidad.

— ¡Dios mío! ¿¡qué le pasó!? — reaccionó Videl instantáneamente.

— ¡Creo que algo con su corazón! — recordó las veces cuando él se sujetaba el pecho por el dolor que le causaba ese maligno virus que se había alojado en su órgano circulatorio, y que de hecho, le quitó la vida en este trágico futuro.

— ¡Un paro cardiorespiratorio! — exclamó entendiendo en seguida. Con rapidez sobrenatural puso dos dedos en el cuello del cuerpo inerte, específicamente en sus arterias carótidas, las principales encargadas de llevar sangre al cerebro, comprobando que no tenía ni un ínfimo rastro de pulso. Tampoco había indicio de respiración alguna. Sus ojos se hincharon en sus cuencas oculares, sobresaltándose a pesar de que ya había vivido situaciones similares varias veces antes. Su trabajo como médico la obligaba a mantener frialdad ante situaciones de salud límite para no cometer errores por causa de nerviosismos inútiles, pero aún así, ver morir gente es algo a lo que nunca se acostumbraría.

— Déjela en el suelo, por favor — le indicó intentando mantener la calma, mientras con una mano abría su boca y con su escrutadora mirada revisaba que no hubiese ningún obstáculo que le impidiera realizar respiración artificial.

Goku obedeció al instante el pedido, dejándola recostada en el suelo con cuidado.

Videl, sin perder un microsegundo, procedería a realizarle reanimación cardiopulmonar. Inclinó su mentón hacia arriba y tapó sus fosas nasales con índice y pulgar, realizando dos insuflaciones de aire a través de su boca para suplementar a los pulmones del oxígeno que les faltaba por causa del ataque. Enseguida, colocó la base de una mano en el centro del tórax, tan sólo un poco a la izquierda de su esternón y puso la otra mano sobre la primera, entrelazándolas a través de sus dedos. En esta posición, procedió a ejercer presión intermitente sobre el pecho de la mujer, ejerciendo fuerza a través de sus brazos, complementándola con la inclinación de su cuerpo para dar mejoría a la fuerza de presión. Aplicó el procedimiento más común, haciendo quince presiones antes de insuflarle aire nuevamente. Alternó este ritmo entre quince presiones y dos insuflaciones, mientras Goku pedía interiormente que todo saliese bien, además de comprender también lo útil que era aprender primeros auxilios.

El objetivo del masaje cardíaco es lograr que la sangre, que por alguna razón no circulaba, volviese a circular. Restituir la actividad del corazón debía.

Lo más importante era que la sangre llevase oxígeno al cerebro o sino la muerte sería un hecho. Continuó el ritmo del masaje cardíaco con la velocidad suficiente para hacer circular la sangre, sin excederse, pues si sobrepasaba la velocidad crearía turbulencias que se opondrían a la distribución del líquido vital, haciendo que la circulación no fuera eficaz.

Videl sabía que si la mujer que ella desconocía no reaccionaba pronto su primer órgano en resultar dañado por la incapacidad del corazón de llevar sangre al resto de su cuerpo sería el cerebro. Luego la muerte sería un hecho inexorable. Disponía de pocos minutos para hacer que el corazón reaccionase y que el daño cerebral no fuese irreversible. ¿Pero cuánto tiempo había pasado desde el ataque? ¿Además que tipo de ataque era? ¿Un infarto al miocardío? ¿Una fibrilación ventricular? ¿Una asistolia? ¿Una arritmia?

A pesar de lo que creyese el común de la gente no todos los ataques del corazón se resuelven de la misma manera ni se debe a las mismas razones. Fue entonces que recordó al aparato que aplica descargas eléctricas para reestablecer el ritmo cardíaco normal, el desfibrilador.

La corriente eléctrica que generaba era de suma ayuda para prender la chispa que ayudase a ese corazón nuevamente, ese corazón que Videl sin saberlo, le pertenecía a la que hubiese sido su suegra en este horripilante futuro.

Sin embargo, tal aparato no debía usarse en todos los ataques de corazón , pues había diferencias significativas entre un infarto al miocardio, una fibrilación ventricular o una asistolia. Además, los eléctrodos del desfibrilador ayudaban precisamente a saber si era necesaria aplicar corriente eléctrica o no. Pero ella no podía apoyarse en eso y manualmente era muy difícil saberlo.

Con supremo ahínco, insistió con su masaje cardíaco una vez más, apenas percatándose del tiempo que transcurría. Al ver que no reaccionaba, lamentó la falta del instrumento que podía reanimar su corazón. ¿Qué podía hacer?

Se maldijo a sí misma por no tener un desfibrilador en casa, pero jamás lo vio como algo necesario pues vivía sola. ¿Qué diablos podría hacer?

Pero un momento, una potente idea llegó a su cabeza como un rayo... Gohan... recordó que él tenía poderes extraños, igual que los que tenía su padre Goku, el hombre que precisamente estaba allí con ella. Remembró como antes Gohan le enseñó a controlar esa especial energía llamada ki para poder volar. Goku era su padre y como tal era seguro que tenía la misma habilidad.

Sea la razón por la cual aquel corazón no respondía, tendría que dejarse llevar por el caso más común de ataque al corazón, el infarto al miocardio y por lo tanto la reanimación de su corazón mediante electricidad debía ser plausible.

— Goku, ¿usted puede producir corriente eléctrica? — a pesar de su preocupación, preguntó sin evidenciar nerviosismo.

— ¿Electricidad? — preguntó él dudoso de que fuera lo que realmente pensaba. Al contrario de Videl, su voz, nerviosa y angustiada, fue fiel reflejo de todo lo que su alma estaba sintiendo.

— Sí, lo que se usa para prender la luz — aclaró Videl, sabiendo que aquello a pesar de ser una descripción tan básica, iluminaría la mente del saiya que debía estar choqueada por todo lo que acontecía.

— ¡Sí! — afirmó convencido —. A veces rayos eléctricos salen desde mi cuerpo, pero la verdad no sé como controlarlos realmente — terminó agregando claramente preocupado.

— Pues tendrá que hacerlo porque eso es lo que necesito — señaló como si fuese una orden militar —. Si usted puede controlar su ki también debería poder controlar la electricidad. En esencia todos somos energía bioeléctrica, de hecho los mismos pensamientos son impulsos eléctricos de nuestro cerebro y el corazón funciona también por impulsos eléctricos. Por favor, tiene que dominar y concentrar la electricidad de su cuerpo a través de sus manos. Eso puede ayudarla. Señor Goku la vida de ella... usted quizás puede salvarla — habló con aceleración, como si fuera una grabación hablando al doble de la velocidad normal, debido al tiempo que debía ahorrar.

Goku tragó saliva; nervioso, ansioso, muerto de miedo. Muerto de temor por si podía fallar. Sus manos comenzaron a temblar sin control... pero lo incontrolable debía volverlo controlable. Miró a Milk, inerte e ida, y fue aquello lo que le dio las fuerzas para lograr lo imposible. Debía salvarla.

Siempre había reunido ki, nunca había intentado controlar electricidad, pero no debía ser tan diferente. Miró sus manos y aunando esperanzas de que todo saldría bien, puso todo su empeño en lograr lo que antes nunca había intentado. Tenía claridad de que rayos eléctricos surgían de su cuerpo cuando se transformaba en Super Saiyajin, sobre todo cuando ascendía al nivel dos o tres, pero aquellos rayos surgían de forma aleatoria y salvaje, sin control alguno. Ahora debía domarlos para salvarle la vida a aquella persona por la cual daría la suya.

Respiró profundamente y tranquilizó su agitado corazón; el brutal murmullo de sus células poco a poco, pero rápidamente se fue aplacando y la paz interior que adoptó su alma obró el milagro que tanto ansiaba en tiempo récord. Una luz de electricidad brillaba en su mano, calmada como jamás antes se había visto. Su mano era una bombilla biológica. Finalmente lo había logrado... pero quizás ya era demasiado tarde. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que se transportó con Milk hasta ahora? ¿Cuánto tiempo había transcurrido entre el masaje cardíaco de Videl, su explicación y la electricidad que él había producido? Quizás el cerebro de Milk ya había perdido toda señal de vida...

Videl, a pesar de que ella misma había solicitado tal hazaña, abrió sus ojos completamente sorprendida de que él realmente lo haya podido hacer, realmente sus manos eran eléctricas en este momento.

— Ahora dime que tengo que hacer — preguntó él dominando los nervios que querían volver a aflorar.

— Haga los mismos movimientos que yo hice en su pecho — a pesar de su sorpresa, reaccionó al instante con las palabras del saiya — Presione con una mano sobre otra y traspásele esa electricidad a través de su pecho. La corriente eléctrica podría reactivar su corazón, pero no se exceda o podría electrocutarla. Debe hacerlo al mínimo voltaje posible. De hecho estamos corriendo un riesgo enorme de electrocutarla, pero sino lo hace ella morirá sin remedio. Es todo o nada. Vida o muerte. Comience con el mínimo de voltaje, y si no reacciona aumente un poquito el voltaje cada vez.

— ¿Voltaje es la potencia verdad? — dedujo que se refería a eso.

— Sí.

— Pero yo no sé hacer ese masaje cardíaco — sus ojos esta vez se llenaron de dudas.

— No es difícil — contestó al instante — la gente común no lo sabe de perezosa, pero cualquiera, hasta un niño, podría hacerlo. Yo le indicaré como hacerlo — le inyectó seguridad a través de sus palabras.

— De acuerdo, lo haré — aseguró con enorme convicción, gracias a las palabras de la joven.

De esta manera, Videl le explicó concisa pero claramente lo que debía hacer. Aemás que Goku ya hubiese visto como lo había hecho ella fue de gran ayuda. Mientras el hombre realizaba la reanimación cardiopulmonar con el plus de la electricidad, ella cada treinta presiones, se encargaba de insuflarle aire a la víctima.

El asedio de la angustia hizo que el corazón saiya se estremeciera. Cuanto quería cambiar ese corazón por el suyo. Cuanto quería dar su vida por la de ella. Palpitaciones ansiaba, aunque fuesen sufrientes como las de su propio corazón. Palpitar era lo que debía hacer nuevamente. Nunca en su vida había anhelado tanto sentir el palpitar de un corazón.


Vegeta continuó abrazando un tiempo prudente a su mujer, a lo que ella permanecía encantada. Pero este exceso de cursilería terminaría por hacer vomitar al saiya si seguía así. Maldita mujer, gracias a ella había cambiado tanto. La maldeciría toda su vida por ello.

— Basta de cursilería, mujer — cortó el afectuoso momento —. Tengo hambre así que iré a comer — le quitó el abrazo con la brusquedad de un mono y se dirigió a hacer lo antes dicho.

— Ay, Vegeta, tenías que echar a perder un momento tan lindo. Justo cuando el universo es pequeño comparado a nosotros — protestó ella con fuerza.

— Todo es pequeño comparado conmigo — se jactó el saiya como poseedor de la verdad absoluta.

La joven dio una risotada con lo arrogante que podía ser su esposo, pero no le refutó.

El príncipe volvió a poner las presas de carne esta vez en el horno y se sentó en la mesa dispuesto a esperar el festín que pronto podría servirse. Su esposa recogió la tetera que antes habían votado y puso a calentar agua en la cocina. Luego ordenó las sillas y se sentó en la mesa frente a él. Un par de minutos después la recocida carne estaba lista, anunciando que cierto príncipe pronto se transformaría en un cavernícola. Precisamente, unos segundos después comía en la mesa como tal.

— Oye, Vegeta... — preparó un comentario, mientras esta vez se servía una chocolatada en vez de un café. Recordó la posibilidad de que pudiera estar embarazada y el café no era bueno para el niño que se formaría si en verdad lo estaba.

— ¿Y ahora qué quieres? Deja de joder mujer, quiero comer tranquilo de una vez — su voz salió dura, más de lo normal, mientras disfrutaba las presas de carne recién salidas.

— ¿Pero por qué te tienes que poner así cada vez que te pones un poquito romántico? — cuestionó ella, sin imaginar la razón por la que él la trataba así cuando recién lo había hecho en forma más afectuosa.

— Porque me irrita sentirme vulnerable ante ti. Ya deberías saberlo si dices conocerme tanto. Me desarmas como jamás nadie mas podría. ¿Acaso no es claro que un guerrero no puede volverse un cursi de mierda? — bufó con suprema molestia. — Eres mi maldita debilidad — agregó un gruñido a su respuesta.

La joven científica adoptó por un momento a la sorpresa como su aliada. Luego sonrió.

— Y quiero seguir siendo tu debilidad eternamente — una linda sonrisa de felicidad plasmó su faz.

— Cállate — como siempre, cuando algo lo complicaba hacer callar era la solución.

— Además, ni siquiera conmigo eres tierno. Y si lo fueras, sería solamente conmigo y con nadie más. A los demás los sigues tratando como basura, así que no te preocupes por mantener tu imagen de "macho rudo" — mencionó Bulma en tono muy divertido.

— Bah, como sea — zanjó él con desprecio —. Seguramente querías hacerme una pregunta, ¿no mujer?

— En realidad quería comentarte algo... pienso que deberías darle una disculpa a Mirai Bulma, la trataste sumamente mal — aconsejó con su tono más suave.

Vegeta abrió los ojos como si hubiese visto un fantasma o un ovni. Tras unos segundos reaccionó a través de sus labios.

— ¿Me conoces mujer?

— Sí — afirmó haciendo alarde de total seguridad.

— Entonces no pidas tonterías.

Bulma suspiró al quedarle claro que no sacaría nada con insistir. Así, un breve silencio se hizo, hasta que ella lo rompió nuevamente.

— Oye Vegeta... — esta vez si preparaba una pregunta.

El susodicho la miró mientras tragaba, dándole a entender que llamó su atención.

— ¿Qué pasaría si además de Mirai Bulma... yo también estuviese esperando un hijo?

El príncipe se atragantó con una presa de carne y como consecuencia comenzó a asfixiarse. Llevó sus palmas al cuello con desesperación lo cual le indicó a la joven lo que ocurría. Pronto su rostro se tornó rojo.

— ¡Vegeta! — exclamó asustada, sin creer lo que acontecía.

Como pudo, el saiya pasó un antebrazo por detrás de su espalda a la altura de la nuca y se dio un par de fuertes golpes allí con su puño cerrado. Finalmente pudo tragar el obstáculo en su garganta, tosiendo varias veces mediante.

Bulma resopló aliviada, mientras se tomaba el pecho calmando su agitado corazón.

— ¡Casi me matas, mujer! — espetó muy ofuscado apenas tuvo fuerza para hablar. — ¿Pretendes matarme? — agregó mientras se le reanudaba la tos.

— Por supuesto que no... — se lamentó ella — ¡pero eso te pasa por comer como un cavernícola! Además yo sólo quería saber que te parecería que yo estuviese embarazada.

Las pupilas de Vegeta volvieron a adolecer de sorpresa. Tragó saliva nervioso y guardó silencio con preocupación.

Pasado ya el susto del ahogo, esta vez Bulma sonrió al ver el implícito temor que le había provocado.

— Veo que no te gusta mucho la idea — comentó viendo su reacción.

— Cada vez que escuchó algo así me imagino cambiando pañales... créeme que no es muy agradable — argumentó con su voz más seria.

Bulma dio una risotada.

— Pero, ¿por qué te imaginas eso? En vez de pensar en lo lindo que es tener un hijo — contrarrestó ella.

— Bah, puede ser pero es un gran trabajo criarlos, sobre todo cuando sólo lloran y cagan — sentenció en forma lapidaria.

Bulma se volvió a reír de buenas ganas.

— ¡Lo dices como si me hubieses ayudado con Trunks cuando era un bebé! — no fue un reclamo, lo dijo con evidente tono divertido.

Vegeta chistó.

— Lamentablemente, para mi puta desgracia, ahora soy un hombre diferente. Tendría que ayudarte esta vez — comentó reflejando asco en la cara.

Ahora fueron las pupilas de la peliazul las que saltaron.

— ¿Lo dices de verdad, Vegeta? ¿me ayudarías? — realmente no podía creerlo.

— No lo repetiré — zanjó él con voz dura, volviendo a engullir como bestia.

— Que lindo de tu parte — exclamó ella feliz.

— Eso si, mujer, te advierto algo — ignoró su comentario anterior —, no quiero que se te pase por la cabeza la estúpida idea de ser madre nuevamente — rezongó mirándola fijamente a los ojos.

— Pues me encantaría volver a ser mamá — replicó ella con ojos soñadores.

— Cállate o te mato — por su tono tan serio cualquiera habría pensado que lo decía de verdad.

Tras la demanda hecha por Vegeta, Bulma se rió de buenas ganas. El príncipe volvió a comer pero ahora lo hizo con más cuidado. No quería vivir nuevamente el percance de asfixiarse. Morir atragantado después de sobrevivir tantas batallas era una manera muy ridícula de expirar.

— A propósito... ¿por qué me hiciste esa pregunta, mujer? — reaccionó con faz espantada, al darse cuenta de que la pregunta debía tener un motivo.

Bulma pensó dos veces antes de responder. Si le decía al saiya que quizás también estuviese embarazada se atragantaría de nuevo. Además era preferible decírselo cuando ya tuviese certeza de que esperaba un bebé.

— Era solamente curiosidad — con voz muy segura, zanjó ella esta vez.

El saiya la miró de reojo, no muy convencido con sus palabras a pesar de la confianza con que las había dicho, pero prefirió obviarlas y seguir comiendo. Era mejor eso que enterarse de algo que no le haría nada de gracia.

La joven de pelo radiante terminó su chocolatada, pero sintiendo que también la atacaba el hambre buscó algunas galletas en la despensa, que por suerte todavía habían. Se sirvió otra taza de chocolate, disfrutando en su paladar también el rico sabor de las galletas con gusto a frutilla.

Miró a su Vegeta con amor pensando en lo lindo que se vería con un niño en sus brazos, está vez "disfrutando" todo el proceso del embarazo junto a ella. No como sucedió con Trunks, en que todo ese proceso tuvo que vivirlo solamente en compañía de la soledad.

Viniéndole una pregunta a su mente, esperó que el saiya terminase de comer para formularla. No quería que se muriera allí mismo.

— Vegeta... ¿te gustaría tener una niña?

— A ver, mujer, ¿a qué viene tanta pregunta de niños? — preguntó ya con evidentes sospechas.

— Bueno, es obvio que te haga preguntas si mi clon futura tendrá un bebé — se defendió ella recordando eso, haciendo que el guerrero esta vez se conformase con su respuesta. Después de todo tenia razón de sentir curiosidad.

— Una niña no serviría para ser una guerrera — respondió él con seguridad, tras un par de segundos.

— ¿Qué? — exclamó ella sorprendida ante tal afirmación.

— Lo que escuchaste. Las mujeres son más débiles. Punto — zanjó con su tacto habitual.

— ¡Pero que machista eres! — protestó ella con la indignación apoyándola. Le habría encantado estar con una legión de mujeres para darle una paliza — Si ella quisiera pelear sería tan buena como cualquier guerrero hombre. Además ningún humano podría serle rival — argumentó plenamente convencida de ello.

— ¿Machismo, dices? No es machismo decir la verdad — replicó con superioridad. — Las mujeres son menos capaces físicamente. Es una realidad biológica. Por naturaleza el hombre es más fuerte que la mujer. ¿Por qué una realidad tendría que ser machismo o ser ofensiva?

Bulma gruñó con enfado. Aunque no le gustase nada, debía aceptar que tenía razón. La biología era un hecho, sin embargo eso no significaba que una mujer no pudiese desarrollarse en el ámbito de las peleas. Está bien, los hombres pueden tener más capacidad física para ser mejores peleando, pero con el entrenamiento adecuado una mujer podía superar fácilmente esa desventaja. Más teniendo sangre guerrera saiyajin. Justo cuando iba a replicar el saiya se le adelantó.

— En cuanto a su herencia saiya, obviamente que ningún humano inmundo sería rival para ella. Pero una vez que eres un guerrero buscas siempre más oponentes que enfrentar y el universo es bastante amplio — su tono soberbio volvió a relucir.

— Bueno, acepto eso. Pero aunque yo también me preocupo por ella, la apoyaré totalmente si quiere ser una guerrera.

— Como sea. Si es niña no quiero que ande en cosas que son de hombres. ¿O crees que es muy lindo ver a tu hija llena de heridas y lesiones? ¿Quieres que quede como la tal Videl en el torneo de artes marciales?

— ¡Pero bueno! Por supuesto que no quiero que le den palizas, ¿pero si es buena peleando porque tendría que recibirlas? Además teniendo herencia saiya estará en su naturaleza luchar, ¿o acaso las mujeres de tu raza no peleaban? — protestó enardecida.

— Por supuesto que sí, mujer, pero las hembras de mi planeta eran muy diferentes a las patéticas humanas — desdeñó — y si tuviese una hija no olvides que sería mitad humana. De todas formas, los mejores guerreros saiyans eran hombres, por eso teníamos un rey y no una reina. Aunque si una mujer era herida gravemente en combate su poder podía superar al de un hombre sin dificultad, pues después de recuperarnos nuestra raza se vuelve más fuerte — explicó mientras recordaba a las fieras féminas de su raza.

Los científicos ojos de la mujer cobraron un brillo de curiosidad, dándose cuenta de lo poco que sabía de la raza saiyajin.

— Es interesante lo que me cuentas. En realidad, a pesar de los años que llevamos juntos, me has hablado muy poco sobre las mujeres saiyajins. ¿Ellas no formaban lazos con sus hijos?

— ¿Lazos? ¿Lazos sentimentales? — preguntó Vegeta frunciendo el ceño muy extrañado con tal pregunta.

— Sí — verificó ella.

— Por supuesto que no — contestó de inmediato la ridícula pregunta —. A lo sumo, formaban lazos de camaradería con sus compañeros de escuadrón. Ya sabes, para echar unos buenos polvos entre cada batalla.

— Vegeta no seas vulgar, hay mejores palabras que "echar un polvo" — lo reprendió ella.

— Saciar las ansias de pene, entonces — rectificó tranquilamente.

Bulma dio un suspiro y movió su cabeza resignada.

— Bueno, un día podrías contarme más sobre esas cosas saiyanescas. Por ejemplo, cómo elegían pareja, si había una ceremonia de matrimonio entre ustedes y todo eso — pidió animada, pues le daba curiosidad saber esas cosas.

— ¿Por qué quieres saber eso? — preguntó alzando una ceja.

— Porque ya sé como son los saiyas hombres, te tengo a ti como mejor ejemplo — risueña, dio un golpe al aire dando un ejemplo de cuanto les gustaba pelear, para después fingir que comía como una troglodita. — Pero como ninguna mujer saiyajin sobrevivió no sé como serían ellas. Si Mirai Bulma tiene una niña, sería bueno tener información de las saiyas pues además de humana también sería mitad saiyajin.

— Ya veremos si sale hembra o no — cortó él.


Los traviesos Trunks y Goten volaban emocionados a través del cielo estrellado que, a medida que recorrían, iba aclarando más. El amanecer anunciaba así su deseo de apoderarse del cielo para replegar a la oscura noche.

Goku les había encargado la misión de encontrar en primer lugar a Videl para que ayudase a determinar qué clase de enfermedad padecía Milk, para luego buscar también a Gohan, Piccolo y Bulma.

Volaban presurosos y a la vez felices, por poder ayudar a la mamá de Goten en este terrible futuro en que ya tanto había sufrido... sin imaginarse en lo más mínimo lo que realmente estaba sucediendo con Mirai Milk.

— Me alegro mucho de que podamos servir de ayuda para tu mamá, Goten — comentó su eterno amigo, sin despegar su vista del horizonte.

— ¡Yo también! Me muero de ganas por ver la cara de Gohan cuando vea a nuestra mamá futura — comentó entusiasmado hasta el último dedo de su pie mientras veía que por debajo suyo, a varios metros, se sucedían copas de árboles una tras otra.

— Ya falta poco para que lleguemos a donde Videl. Tendremos que despertarla porque debe estar durmiendo todavía — anunció el hijo de Vegeta.

— Ojalá no se enoje nomás — sonrió Goten mientras sacaba su lengua en forma divertida.

Así, siguieron volando sin siquiera sospechar que la eterna muerte había llamado a la puerta de la mujer que pretendían salvar...

¿Cómo reaccionarían los pequeños semisaiyas cuando la viesen muerta?


Goku daba el masaje cardíaco mientras Videl cerraba sus puños a causa de la tensión. El saiya siguió con su accionar una y otra, y otra, y otra vez. Masajeó su pecho intentando hacer reaccionar a ese corazón incontables veces en un lapso indeterminado. La relatividad del tiempo una vez más se hizo presente, pues a pesar de que tan sólo habían pasado unos cuantos segundos para él había transcurrido toda una eternidad.

La médico bajó su cabeza mientras una bruma penumbrosa cubría su alma. La muerte había ganado la batalla. A pesar de los esfuerzos de Goku el milagro no ocurrió.

Lágrimas comenzaron a escurrir nuevamente desde los ojos del saiya; la impotencia conquistó nuevamente su decaído ser. Pero de pronto un ruido sordo hizo reaccionar tanto al guerrero como a la doctora.

Clamando por ayuda, un ínfimo sonido había salido desde las entrañas de su garganta. Goku miró a Videl para comprobar que tal sonido no era producto de su perturbada imaginación y, al ver los ojos totalmente sorprendidos de la doctora, se percató de que ella también lo escuchó. Sí, no podían equivocarse, no podía ser una alucinación si ambos lo habían oído.

— ¡Siga Goku, siga! — exclamó la doctora presurosa, reaccionando enseguida.

— ¡Lo haré! ¡Milk, resiste por favor! — imploró al instante. Sin perder nada de tiempo prosiguió el masaje cardíaco a través de sus ahora eléctricas manos.

Después de quince presiones, Videl esperó un par de segundos para que la corriente terminase su trayecto, antes de tomarle el pulso nuevamente. Cuando lo hizo dio cuenta de que nada había cambiado.

El saiya sintió miedo de que aquello que se presentaba como una felicidad tangible pudiese desaparecer como si se tratase de un sueño, sin dejar otras huellas de su paso que una profunda y eterna tristeza.

— ¡Milk, reacciona por favor! — las entrañas más profundas de su alma fueron las que gritaron.

La súplica del saiya, por increíble que pareciera, esta vez si fue escuchada. A pesar de que la mujer no hizo ningún ademán de responder verbalmente, su mano cerrada e inmóvil, se aferró a las que Goku tenía en su lastimado pecho.

Sólo ese gesto, ese ademán que apenas la mujer tuvo fuerzas de hacer, le transmitió una energía increíble al saiya, quien sintió como un nuevo y reforzado brío lo invadía para lograr aquello que era imposible.

— ¡No morirás, Milk! ¡Te lo prometo! — gritó a todo pulmón mientras seguía su laborioso trabajo, con el cual quería alejarla del horrible frío con que la muerte pretendía anidarse para siempre en su piel.

Tras eternos segundos de angustia sin igual, finalmente la mujer comenzó a toser alegrando el corazón de los allí presentes. Debía tratarse del tosido más celebrado de la historia. ¡El milagro se había hecho!

Goku lo había logrado. Dejó de concentrar el pequeño voltaje de electricidad que en sus manos tenía hasta que finalmente volvieron a la despolarizada normalidad. Después de ello, tomó la nuca de la mujer con su palma mientras ella seguía tosiendo.

Con lágrimas en los ojos del hombre y el brillo de la recobrada vida en la mujer, se miraron el uno al otro.

— Milk, te dije que no ibas a morir — su voz salió totalmente quebrada por la angustia que aún no quería abandonar su cuerpo.

Entretanto, la doctora dio un suspiro de tremendo alivio, señalando su cuerpo a través de ese gesto todo el estrés que había logrado controlar.

Apenas escuchó el sonoro suspiro el hombre la miró agradecido.

— ¡Videl! ¡Te haré un templo de comida! — exclamó lleno de la más grande dicha, expresando lo que para él sería el mejor regalo. Un templo lleno de comida era lo mejor que podía existir.

— Señor Goku — hizo caso omiso de su comentario — debemos llevarla a la clínica de inmediato, pues sigue muy grave. Hospitalizarla es urgente — recomendó Videl advirtiendo que todavía no podían relajarse pues Milk seguía en peligro.

— ¡Enseguida! — respondió Goku reaccionando sin perder un segundo.

— ¡Voy por el coche! — anunció Videl mientras se largaba a correr sin tener la más mínima idea que el saiya podía teletransportarse y que precisamente gracias a ello había logrado entrar a su propia casa sin aviso.

— No te preocupes — la detuvo Goku con su voz — yo puedo teletransportarme — cogió a su aún grave mujer entre sus brazos con cuidado sin igual.

— ¿Qué dijo? — preguntó ella congelando su correr en el acto, intentando que su cerebro procesara más rápido de lo normal.

El pelinegro no perdió tiempo en explicaciones, sólo le pidió que se agarrase a su mano.

Usando su útil técnica, que ahora pareció más milagrosa que nunca, un segundo después ya estaban en el hospital.

— ¡No lo puedo creer! — exclamó la doctora pestañeando rápidamente, sin poder dar crédito a lo que sus ojos veían. Estaban en su clínica y una enfermera la veía totalmente sorprendida. Ella era la dueña del ki que Goku había sentido para teletransportarse.

— Gisella, prepara una hospitalización en la sala de urgencias por favor — pidió enseguida, sin darse tiempo de razonar como lo había hecho Goku para llegar tan rápido a su clínica.

La enfermera la miró muy sorprendida, pero al digerir el urgente pedido reaccionó enseguida.

— Enseguida, Videl — la llamó por su nombre pues la mujer de ojos azulados nunca fue buena con los formalismos. Palabras como "jefa" nunca fueron de su agrado y todos los miembros de su establecimiento lo sabían.

Sólo un minuto más tarde Milk ya iba en la camilla camino a ser hospitalizada como debía ser. Indudablemente sin aquella técnica de transportación instantánea hubiera muerto sin remedio.

El saiyajin puro agradeció profundamente el tener una técnica tan extremadamente útil. Si hasta ganas de volver al planeta Yadrat le dieron para volver a saludar a aquellos seres bondadosos que se la habían enseñado.

Tomó la mano de ella con suavidad mientras la llevaban a la sala de urgencias.

— Milk, Milk... te pondrás bien — le sonrió sinceramente queriéndole inyectar energía, aunque sin ocultar la preocupación que aún sentía.

La respuesta de la pelinegra fue un leve apretón de su mano junto a una mirada agradecida.

El guerrero más fuerte pretendía acompañarla incluso dentro de la sala, pero Videl se lo impidió.

— Perdone señor Goku, pero tiene que esperar aquí — aconsejó con voz que había recobrado tranquilidad.

— ¿Por qué? — preguntó sorprendido, con ojos preocupados.

— Porque ella no puede vivir más emociones ahora, toda perturbación emocional puede agitar más su ya dañado corazón. Por eso mismo usted debe esperar aquí. Por favor, tiene que entenderlo — explicó claramente.

El saiya bajó su cabeza hacia el suelo con tristeza.

— Está bien, Videl. Confio en ti — terminó aceptando, mientras alzaba su mirada nuevamente.

— Gracias. Haré hasta lo imposible para que esté bien pronto — aseguró ella, mientras proseguía su camino hasta el interior de aquella sala que para muchos significaba la vida o muerte.


Aproximadamente unos treinta minutos habían pasado desde la internación de Mirai Milk, mientras el guerrero más fuerte esperaba, ansioso y preocupado a la vez, tener buenas noticias acerca de ella. Fue entonces que llegaron los niños con evidente extrañeza reflejada en sus rostros.

Precisamente, aquella emoción aumentó más al ver a Goku en la sala de espera con un semblante que contagiaba instantánea preocupación.

— Papá, ¿qué haces aquí? — preguntó Goten sintiendo como los nervios de su progenitor se le contagiaban con solo mirarlo.

— Sí, señor Goku. Pensé que estaría cuidando a la tía Milk. Nosotros vinimos por Videl tal como nos dijo, pero de un momento a otro su energía cambió de lugar hacia acá. ¿Usted la teletransportó, verdad? — dedujo el pequeño hábilmente.

El cuestionado miró a ambos pequeños con ojos vacíos, pues parecía sumido en una especie de dimensión paralela en donde la única emoción que existía era la preocupación. Sólo tras unos cuantos segundos, volvió a la realidad.

— Niños... — a pesar de lo corta que era la palabra, se notó claramente como su voz tambaleó involuntariamente — Milk está en la sala de urgencias. Sufrió un ataque — terminó de explicar dando un sufrido suspiro.

Silencio. Sólo silencio se escuchó. El amargo mutismo prosiguió un tiempo indescifrable hasta que finalmente los pequeños lograron comprender todo el alcance de aquellas palabras.

— O sea... ¿mi mamá futura va a morir? — musitó Goten imaginándose inexorablemente lo peor.

Trunks no fue capaz de decir algo. Miraba a su gran amigo, conmovido con el dolor de sus palabras.

Goku guardó silencio sin saber qué responder, pues no sabía que acontecería. Para su pesar, las palabras futuro e incertidumbre eran buenas amigas, así que realmente no sabía que responder.

Pero, ¿cómo sería capaz de decirle a su hijo que Mirai Milk podría morir? ¿tendría corazón para decir algo así? Aún recordaba aquella vez, cuando en el templo de Kamisama, tuvo que anunciarles a todos que Gohan y Vegeta habían muerto a manos de Majin Buu. Horrible realidad que hizo que Milk se desmayase allí mismo, que Videl soltase dolorosas lágrimas y que Bulma diese un grito desgarrador.

No quería provocar nunca más un dolor así nuevamente. Quizás por esa razón comprendió que aunque esa vez la vida había perdido la batalla, en esta ocasión la ganaría. Mirai Milk luchaba con todas sus fuerzas para derrotar a la muerte y con la ayuda de Videl tenía fe que todo saldría bien. Esta vez la vida triunfaría. Tenía completa fe en ello.

— Goten, mírame hijo — el pequeño así lo hizo —, la verdad no sé que pasará... pero si te puedo decir que tengo toda la fe del mundo en que las cosas saldrán bien. Tu mamá, sea en el pasado en el futuro, es una mujer super fuerte. Va a salir adelante de ésta — afirmó realmente convencido hasta las más íntimas fibras de su ser.

— ¿Super fuerte? — preguntó para corroborar lo antes dicho y así aumentar más su fe.

— Sí — esta vez añadió una sonrisa a su afirmación. — Por eso confío en ella. Porque sé lo fuerte que es — señaló dejando vislumbrar una dosis de orgullo puro.

— Entonces yo también confiaré, papá — exclamó el pequeño con renovadas fuerzas.

— Así debe ser, Goten — apoyó Trunks mientras dejaba caer un brazo en su espalda para reconfortarlo con su apoyo.

El mayor sonrió satisfecho. Sin tomar real conciencia de lo que había hecho, una vez más había inyectado energía y ánimo como siempre solía hacerlo.


Aproximadamente media hora había pasado desde entonces. Goku, junto a los niños, pensaron en avisarle a Gohan y los demás, pero quisieron esperar que sucedía para no preocuparlos hasta tener un poco de certidumbre. Videl no tardaría en salir y precisamente ese presentimiento se cumplió cuando la vieron asomar. Buscaron en su semblante alguna idea de lo que pasaba, pero la avezada doctora parecía un soldado marchando. Sus ojos no reflejaban ninguna emoción y que más de la mitad de su faz estuviese cubierta por un tapabocas tampoco ayudaba. Sin embargo, cuando vio al grupo que tan ansiosamente esperaba información, se bajó la mascarilla que la cubría, formando una gran sonrisa que plasmó su rostro con mucha felicidad. No se necesitaba más realmente. Los niños y Goku comprendieron que todo había sido favorable, reaccionando con un aliviado suspiro.

— Se pondrá bien — dijo, a lo que ellos respondieron con semblantes alegres —, al menos por ahora, pero tengo que seguir haciendo exámenes — puntualizó.

— ¿Cuando la podremos ver? — preguntó Goku, con el alma envuelta en ansias.

— Ahora está sedada. Necesita descansar después de todo el esfuerzo que ha hecho su corazón para sobrevivir. Según como vaya su mejoría, podré permitirles verla pronto o tarde — explicó dando un suspiro de evidente cansancio.

Una enorme sonrisa se apoderó de todos.

— Muchas gracias Videl, de verdad muchas gracias — agradeció Goku con evidente dicha, al igual que hicieron los pequeños.

Esas caras llenas de felicidad le bastaban para sentirse cien por ciento recompensada. Comprobó, además, que Gohan había heredado su bella sonrisa del hombre que tenía en frente.

— Bueno, iré a descansar un rato — el cansancio había logrado cazarla —. Por cierto, señor Goku, no tuve tiempo de preguntarle debido a lo grave de la situación, ¿pero usted qué es de ella? — preguntó sin haber pensado en que respuesta le daría.

— Bueno, ella es mi esposa — se rascó la cabeza con una sonrisa confundida, pues no sabía como explicarlo bien — pero no es mi mujer real, es mi esposa de esta época.

— Ah — soltó Videl creyendo comprender —. Es lo mismo que las Bulmas y el señor Vegeta, ¿verdad? — infirió hábilmente.

— ¡Exactamente! — confirmó alegre porque lo hayan entendido enseguida, algo que no ocurría casi nunca.

La chica esbozó una sonrisa feliz. De no haber sido por el sueño que tenía y todo lo exhausta que se sentía habría deducido fácilmente que la mujer que acababa de salvar era su suegra, mejor dicho, la que hubiese sido su suegra. No obstante, más adelante se daría cuenta de ello.

— Ah, se me olvidaba — dijo recordando algo — Por favor avísele a sus familiares lo que acontece — le pidió al mayor de los presentes.

— ... Pero ella no tiene familiares... — respondió Trunks con voz triste, recordando a todos quienes había perdido.

Goku hizo tronar sus dedos al recordar algo que con la preocupación se le había olvidado completamente.

— Si los tiene — afirmó él con seguridad — Recuerden a todos los niños que ella cuida. Ellos son su familia ahora — los había olvidado completamente, pero solucionaría eso muy pronto.

— ¡De verás! — exclamó Goten —. Hay que avisarles entonces — agregó mirando a su padre.

— Sí, lo haré de inmediato — apoyó Goku a su hijo.

— Bueno, amigos — interrumpió ella —, me iré a descansar y ver si puedo dormir un poco. Pero cualquier cosa que suceda no tengan dudas en acudir a mí. Las enfermeras también estarán muy atentas en caso de cualquier imprevisto.

— Gracias de nuevo — dijeron los tres, uno tras otro.

Videl sonrió como respuesta y procedió a irse a su oficina donde tenía una pequeña cama guardada en un rincón. Necesitaba aliviar el cansancio y el estrés que su cuerpo había acumulado.

Momentos después, Goku se concentró para detectar algún ki en la casona en la cual antes había estado y cuando encontró una fuerte energía se teletransportó junto a ella.

Un segundo después ya estaba allí, en el sitio que ahora era el hogar de Milk, sorprendiéndose al presenciar que las luces estaban encendidas, mientras numerosos pasos podían escucharse por todas partes, caminando con ansiedad.

Bajó su mirada para ver al dueño del fuerte ki que le sirvió para teletransportarse, percatándose de una niña que debía tener la edad de Goten y Trunks, la cual lo miraba anonadada. Llevaba un pijama rosa con dibujos bordados de dos tigres peleando.

No estaba sola, otros niños con pijamas variopintos la acompañaban también.

— Hola, ¿qué pasó? — preguntó Goku, sin darse cuenta que en realidad esa pregunta la debía responder él.

Los niños reaccionaron muy sorprendidos y no era para menos, pues ese peculiar hombre había aparecido de la nada.

La pequeña, mayor que los otros, dominó su asombrada boca para poder responder.

— Sentimos un grito muy fuerte que nos asustó a todos, vinimos aquí pero la tía Milk no está. Desapareció sin explicación — expuso a duras penas, conteniendo las lágrimas.

— ¡Oh! ¡Mil perdones, niños! — se excusó enseguida — Quién gritó fui yo porque a Milk le pasó algo malo, pero ya está bien, se los prometo — su genuina sonrisa fue tan agradable que los niños se impresionaron, pues parecía transmitir energía a través de ella — Yo los llevaré para que la vean — agregó mientras estiraba su mano para que la cogiesen.

La niña que parecía la líder de todos los pequeñines lo miró dudosa.

— Pero la tía Milk siempre nos ha dicho que no vayamos con desconocidos — protestó con suspicacia.

— Oh, es verdad — Goku se llevó una mano a la nuca, avergonzado. La chiquilla tenía mucha razón. ¿Cómo podría llevarlos entonces si él era un extraño? La incógnita tendría que resolverla y su cerebro se enfocó para lograrlo.

— ¿Cómo se llama usted, señor? — preguntó la pequeña, cortándole los pensamientos al saiya. Ese cabello tan alborotado le llamaba la atención.

— Soy Goku, es un gusto conocerlos — respondió con entusiasmo, mientras volvía a pensar en la forma de dejar de ser un desconocido.

Todos los niños abrieron los ojos como si hubiesen visto un ovni gigante en el cielo. La boca pareció llegarles al suelo.

— Pe... pero... eso es imposible — protestó ella tal afirmación con tambaleante voz.

— ¿Por qué? Que yo sepa así me llamo yo, ¡mi abuelito me puso mi nombre! — explicó con su característico ánimo.

Los niños retrocedieron unos pasos, con susto en sus ojos, sorprendiendo al saiya. Sin embargo, la niña permaneció firme en su lugar, por delante de ellos.

— ¿Es usted un fantasma? — preguntó con voz muy seria, siendo la única que no demostraba temor.

— ¡No! ¡Qué miedo esas cosas! — negó con énfasis.

La pequeña parpadeó varias veces... realmente no podía comprender qué pasaba. El saiya, entretanto, siguió pensando.

— ¡Ah! — exclamó tras la pausa — Ya sé como dejar de ser un desconocido — se iluminó la erudita mente de Goku —. Pregúntenme cualquier cosa sobre Milk, yo la conozco muy bien — destelló seguridad a través de una sonrisa llena de confianza.

La niña, tras una pausa debido al shock, reaccionó posando índice y pulgar en su mentón.

— ¿Cómo se llamaba el hijo de la tía Milk? — fue la primera pregunta que esbozó su mente.

— Gohan — respondió enseguida, sorprendiéndola.

— ¿Por qué le pusieron el nombre "Gohan"? — cuestionó nuevamente.

— En honor a mi amado abuelito "Son Gohan".

Los niños comenzaron a murmurar entre ellos, dirigiéndole miradas cada vez más curiosas. Ningún extraño podría saber esas cosas.

— ¿En dónde se comprometieron en matrimonio? — preguntó la niña cual detective. Al parecer era muy segura de sí misma, a pesar de su corta edad.

— En el torneo de las artes marciales — afirmó moviendo su cabeza de arriba a abajo.

— ¡No lo puedo creer! — afirmó mezclando sorpresa y emoción. — Usted... ¡usted es el señor Goku! ... ¿pero cómo es posible? — preguntó la inteligente niña con boca abierta de sorpresa.

— Ah, ¡qué tonto soy! — se dijo para sí, dándose cuenta de que debió aclarar que él venía de otra época — Debí explicarles eso antes — hizo verbales sus pensamientos.

Así, el saiya fue explicando lo del tiempo pasado y futuro dejando a los niños completamente impresionados. Parecía un cuento haciéndose real. En cosa de un par de minutos el temor que habían sentido, Goku lo reemplazó por cálidas sonrisas.

— ¿Pero cómo saben ustedes quién soy yo? — preguntó entre las explicaciones, mientras se rascaba la cabeza.

— La tía Milk nos lo mencionó un millón de veces, señor Goku. Siempre lo hace y también a Gohan. De hecho siempre nos dijo que usted tenía el cabello negro y muy alborotado — explicó sonriendo esta vez. — Además de ser un hombre muy noble — agregó con la viva imagen en su mente de las charlas que su tía siempre le daba.

— Ah, que linda es Milk — se alegró mucho con la noticia. — Por cierto, ¿cómo te llamas tú? — miró a la pequeña con curiosidad.

— Dialy — respondió ella.

— Tú eres la pequeña que quería jugar con Milk cuando se conocieron, ¿verdad? — recordó lo que le había narrado.

— Sí — confirmó feliz recordando aquel momento.

— ¡Es un gusto!

De esta forma, aprovechando la calma que llegó después de la tormenta, Goku les preguntó el nombre a cada uno de los niños, para luego informarles lo que había pasado, quitándole la gravedad para no preocuparlos.

Ellos, a su vez, lo llevaron con los otros dos adultos que ayudaban a Milk. Así, el saiya, agregando algunas explicaciones, los llevó a todos de una vez al hospital.


Tanto Bulma como Vegeta permanecían en la cocina. El saiya había terminado de comer y la científica, sintiéndose hacendosa, tomó los platos, dejándolos en el lavabo. Se puso un delantal que estaba colgado en la cocina y comenzó a lavar los platos, dándole la espalda mientras lo hacía.

El príncipe que no alcanzó a ser rey se deleitó con la vista concedida. Si hasta con un delantal de cocina se veía como si usase el mejor de los vestidos.

— Que buenas nalgas tienes, mujer — desde el asiento, su vista saboreó los encantos con que la naturaleza había dotado a su hembra.

— Cállate y mejor ayúdame en algo — rechazó ella el cumplido —. Si no lavas por lo menos ayúdame a secar los platos — ordenó con voz clara, aunque sin esperanza de que el saiya lo hiciera. Después de todo era un vago.

— Sabes que en mi raza un guerrero jamás se ocupaba de tales cosas — se excusó usando la esencia de su especie como buen pretexto.

— Pues tu raza eran una pandilla de flojos — comentó ella suspirando, resignándose en que habría cosas en que el saiya jamás podría cambiar.

Siguió lavando tranquilamente hasta finalizar su tarea con prestancia. Luego tomó un paño para secar lo antes lavado.

Enseguida se giró para mirarlo y, mientras secaba un plato, formuló una pregunta.

— ¿Cuando le contarás a Trunks que serás padre? — cuestionó, tratando de imaginar la reacción que tendría su hijo al enterarse.

Vegeta abrió más sus ojos, mientras formaba una mueca extraña con sus labios. Se tomó el mentón de forma pensativa, pues ni siquiera había pensando en ello.

— ¿No lo habías pensado, verdad? — irrumpió ella su mente.

— Para nada, mujer — confirmó con voz tosca —. ¿Cómo rayos se lo explicaremos? — frunció su ceño, ansiando una respuesta satisfactoria de su mujer.

— A mí no me mires, porque no tengo la más mínima idea de que podemos hacer — siseó con lo complicada de la situación.

Permanecieron en silencio, pensando cuál sería el momento adecuado para informarle a su hijo de que un bebé venía en camino.

Explicarle a Trunks que su progenitor sería padre con otra mujer aparecía como algo sumamente complejo. ¿Cómo lo tomaría?

— Se lo diré apenas lo vea — Vegeta destruyó el silencio imperante — Mientras antes lo sepa más rápido lo asimilará — sentenció con su voz segura de siempre.

Dubitación apareció en la mirada de Bulma, mostrando que no estaba segura de si era la decisión correcta.

— No sé si sea lo mejor — liberó sus pensamientos, mientras guardaba un plato en la despensa.

— ¿No estás de acuerdo con que Trunks lo sepa? — espetó él mostrando desagrado.

— O sea, sé que debe saberlo... pero mi duda es cuando debería saberlo — explicó la causa de su indecisión.

— Bah, Trunks tiene derecho a saberlo así como yo también tenía derecho a saber que esperaba un hijo. Conmigo no dudaste en decírmelo, ¿por qué con Trunks si?

— Es diferente. Trunks es sólo un niño. Quizás le puede afectar de alguna manera.

— Bah, tonterías. Él es mi hijo, no un mariconcito sentimental. Además se alegraría de tener un hermano... ¿o hermanastro? — dudó un momento, pensando si era lo uno o lo otro — En fin, lo que sea — afirmó finalmente.

— Yo creo que debe saberlo después, Vegeta. Además con más tiempo podemos pensar de qué forma decírselo — dejó de secar platos y apoyó su espalda en la pared que tenía más próxima.

El saiya volvió a tomarse el mentón.

— ¿Entonces cuando pretendes que se lo diga, mujer? — su ceño fruncido, lo arrugó aún más.

— No sé... hay que pensarlo con cuidado. Pero por cierto, ¿nosotros nos quedaremos hasta que tu hija nazca? — dijo "hija" pues tenía el fuerte presentimiento de que sería una niña.

— Así es — confirmó con voz seca, ignorando la palabra "hija" pues ya lo habían hablado.

— Te preguntaba porque una de las máquinas del tiempo estará recargada dentro de poco, así que tendremos que enviar a Trunks y Goten a nuestra verdadera época. Recuerda que ellos tienen que seguir sus estudios básicos y si se atrasan les hará mal para su educación.

— Mayor razón para decirle enseguida, antes de que parta — aseveró el príncipe sin reino poniéndose de pie, como si lo fuese a buscar en ese preciso instante.

— No sé, yo tengo muchas dudas al respecto. ¿Por qué mejor no esperamos y decidimos que hacer antes de que regresen al pasado?

— No — su decisión ya estaba tomada.

— Mira, por favor perdona por lo que te voy a decir... — no quería decir lo que estaba pensando abiertamente, pero para convencerlo tendría que hacerlo — por supuesto que no quiero ni creo que pase tal cosa, pero la posibilidad siempre está.

— ¿A qué te refieres? — curvó sus cejas como nunca antes lo había hecho.

Ella dio un suspiro antes de proseguir, como si le doliese las palabras que liberaría.

— Yo no quiero que Trunks se ilusione con que tendrá una hermana... — tragó saliva para aliviar la reseca garganta — ... porque existe la posibilidad de que el embarazo de Mirai no llegue a término.

— ¿Qué dijiste? — el saiya cerró sus puños.

— Vegeta, no digo que vaya a pasar. Por supuesto que no. Es sólo que me causaría mucho dolor ver a Trunks sufriendo por un embarazo que no llegue a buen término. Puedo sonar como una bruja, pero tú sabes que es parte de la realidad. Es una posibilidad que debemos tomar en cuenta — su voz salió más suave de lo normal, quizás intentando evitar una mala reacción de su parte.

El saiya cruzó sus brazos, aniquilándola con la mirada.

— Mi hijo será un saiyajin. Tal posibilidad no se cumplirá — sentenció con vehemencia.

— Yo también tengo fe de eso. Pero también pienso en Trunks... y no quiero ver a mi pequeño sufrir por la pérdida de un hermano — su mirada se ensimismó mientras se lo imaginaba.

Vegeta permaneció impasible. Pareció más una estatua que un hombre. Luego de una larga pausa chistó disgustado.

— Está bien, mujer. Esperar a decírselo tampoco le hará daño — aceptó finalmente a regañadientes.

— Gracias — le agradeció intentando tomar sus manos de aquellos brazos cruzados, pero el saiya no colaboró. — Vegeta, ¿me dejas tomar tus manos? — pidió con voz suave.

El saiya de la realeza volvió a chistar con molestia.

— Está bien maldita mujer, por esta vez lo haré — aceptó finalmente, pero dando un tono de rebeldía petulante.

— Aunque no te des cuenta, al final siempre me haces caso — replicó ella muy divertida.

El saiya replicaría a su traviesa mujer, pero justo en ese momento alguien interrumpió desde la nada marcando una sonrisa en su faz.

— ¡Hola, Vegeta! ¡Hola, Bulma! — saludó al instante.

— ¡Goku! — saludó alegre. Enseguida se acercó y le dio un beso en la mejilla.

— ¿Qué mierda haces acá, Kakarotto? — preguntó evidenciando su molestia.

— En realidad quería teletransportarme con Mirai Bulma primero, pero como ustedes — miró a la joven — tienen energías idénticas, me equivoqué — su clásica sonrisa con una mano en su nuca se hizo presente una vez más.

— ¿Por qué la buscas? — preguntó la científica queriendo saciar su curiosidad rápidamente.

— Ah si, tengo que decirles a ustedes también — recordó —. Goten y Trunks encontraron a Mirai Milk viva — una dichosa sonrisa mostró su faz una vez más.

La joven de cabellos turquesas abrió su boca por la sorpresa concedida, mientras Vegeta no cambió su semblante ni siquiera un ápice.

— ¡Eso es una excelente noticia! — se alegró la joven — Pensé que estaba muerta — agregó sorprendida de que no fuese así.

— ¡Goten y Trunks se encargaron de demostrar que no! — alzó su voz entusiasmado.

— Es genial, ahora entiendo porque buscas a mi clon — comentó la joven feliz.

— Sí, pero lo malo es que Milk sufrió un ataque y necesita mucho apoyo — terminó de informar.

— ¿En serio? ¿un ataque? ¿pero está bien?— preguntó anonadada.

— Sí, ahora está bien — la tranquilizó —. Ahora iré con la otra Bulma para llevarla conmigo.

— Llévame también — pidió la menor, totalmente curiosa por ver a la Milk de este tiempo y cuan diferente era de la que ella conocía.

— ¡Claro! No hay problema — apenas finalizó esas palabras, dirigió su mirada a su congénere — ¿No te molesta, Vegeta?

— Llévala y no la traigas de vuelta — dijo con voz muy seria.

— Siempre tan simpático, Vegeta — ironizó su mujer, sacándole la lengua después.

— Por cierto, Vegeta, ¿no quieres venir también?

— No — respondió al instante en forma tajante.

— Bueno, entiendo — la faz de Goku mostró su desilusión, aunque ya se esperaba una respuesta como esa —. ¡Nos vemos! — se despidió para luego colocar dos dedos en su frente.

El saiya de clase alta lo miró con ojos sorprendidos. No entendía porque Kakarotto había pueso esa cara. De todas formas, le dijo algo antes de que se fuera.

— Cuídala, imbécil — al oírlo, Bulma cogió un brillo especial en sus ojos.

Goku, entretanto, no pudo hacer menos que sonreír.

— Eso haré, amigo.

— No soy tu amigo, insecto — desdeñó él con asco incrustado en su mirada.

Goku hizo caso omiso con una sonrisa. Acto seguido, se teletransportó con Bulma junto a la científica de más edad, explicándole todo. Luego fue en busca de Mirai Trunks, quien sería acompañado por su mujer que también llevaría a la bebé de ambos. Poco después Goku los llevó a todos a la clínica Satán por medio de la teletransportación.


La internada, a través de un par de días, dio claras señales de mejoría. No obstante, Videl seguía sin permitir visitas ni a los guerreros Z ni a los niños, pues tenía claro que su corazón seguía débil. A pesar de que la pudiesen tomar como una villana, cual Freezer femenina, era por el bien de la enferma.

De esta manera, se sucedieron un par de días. Los involucrados Z permanecían en la clínica durante el día y cuando caía la noche se iban a descansar. Los pequeños al cuidado de Milk fueron llevados a su hogar con la promesa de que Goku los traería de vuelta cuando ella reaccionase. La pequeña, aunque no quería irse finalmente lo hizo para acompañar a los niños, pues los cuidaba como si ella fuese la que estuviera a cargo de todos.

Así, finalmente el día de reencontrarse llegó cuando Milk por fin pudo volver plenamente consciente al mundo real.

La doctora con una sonrisa feliz les anunció que por fin podrían verla, pero tendrían que pasar de uno en uno. Sin embargo, de tanto que los Z insistieron aceptó que pudiesen entrar dos al mismo tiempo en el caso de Trunks y Goten. También los niños que traerían más tarde tendrían ese privilaegio.

— Bien, ¿quién pasará primero? — cuestionó la doctora, pasando rápidamente su mirada por cada uno de los allí presentes.

— Gohan, ve, hijo — le dio una afectuosa palmada en su espalda, animándolo a pasar.

— ¿Acaso eres tonto Goku? — cuestionó Piccolo esa decisión con ojos cerrados y espalda afirmada en la pared.

— Un poquito — se rió — ¿por qué? — preguntó con su alegría de siempre.

— Milk no está preparada para ver a su hijo enseguida. Tienes que avisarle antes. Resulta obvio que verlo le será muy impactante así que tienes que prevenirla.

— Ya veo, tienes razón, ¿no te molesta que entre yo primero, hijo?.

— Por supuesto que no, papá. Adelante — respondió con una sonrisa.

— Bien — posó una mano en su hombro — pues entonces, ¡allá voy!

El saiya, guiado por Videl, se adentró sin contener su emoción. Después de una semana eterna finalmente podría verla, sana y salva, como siempre debía ser. Por fin podría dejar atrás ese sufriente y terrible recuerdo en el cual ella yacía en sus brazos sin vida.

La doctora lo dejó en la entrada del cuarto para luego irse para no interrumpir aquel momento íntimo. Sin perder tiempo el guerrero se adentró, escrutando el cuarto.

Finalmente atisbó a la mujer del futuro, quien al verlo lo recibió con una sonrisa instantánea en su rostro.

— ¡Goku! — su saludo fue una clara exclamación de inevitable emoción.

— ¡Hola, Milk! — respondió de la misma forma. Presuroso, se acercó a la cama y aferró sus manos entre las suyas.

— ¿Cómo estás? — hizo la pregunta más lógica.

— Estoy viva, con eso te respondo todo — dijo feliz —. Estoy viva gracias a ti — sus pupilas vibraron de profunda emoción.

Goku vio que tanto el cuerpo como el ánimo de Milk parecían completamente revitalizados. Sin embargo, una especie de cable que tenía inyectado en el brazo le recordó que aún faltaba para que estuviese completamente bien. Ese tubo se encargaba de llevar el suero, cosa que él no conocía.

Ambos se miraron tan profundamente que parecieron perderse el uno en el otro de una forma que la ciencia no podría explicar jamás, porque era magia de la más pura... la magia de los sentimientos. Contemplándose, claras emociones florecieron en sus ojos, comprobando una vez que contactar las almas a través de ellos era completamente posible.

— Goku... todavía no puedo creer lo que ha pasado... — dijo, delatando su voz recobrado brío. — Yo pensé que ya estaba muerta, lo último que recuerdo fue ver una luz... — comentó sorprendida, sin recordar nada con claridad. Sólo sombras borrosas cubrían su mente.

— Uf, yo lo último que recuerdo es que casi me muero allí mismo contigo — Goku recordó todo el sufrimiento que había sentido. Pero aún así, era capaz de sonreirle.

— Estoy tan contenta de estar viva... y poder compartir contigo nuevamente. Todavía no puedo creerlo — comentó ella mientras sus pupilas comenzaban a lagrimar.

El guerrero se acercó, le dio un tierno beso en la frente y enjugó sus lágrimas con extrema ternura.

— ¡Pues créelo, Milk! ¡Estamos todos aquí! — Goku era un tipo que solía sonreír siempre, pero esta vez su habitual sonrisa pareció brillar aún más que de costumbre.

El rostro de ella se contagió con todo el ánimo que su esposo del pasado le inyectó a su corazón.

— ¿Mis niños también están aquí? — preguntó preocupada por ellos.

— Ahora mismo no, pues necesitaban descansar, pero si estuvieron aquí, todos rezando para que te mejorases — aferró su mano con sumo cariño —. Apenas sea de día los traeré a todos, pues ahora deben estar durmiendo — agregó mientras acariciaba su pelo, deleitándose con lo suave que era.

Ella respondió el afecto acariciándole una mejilla con ternura. Luego de una pausa en que contactaron sus espíritus ella habló.

— Goku... gracias por salvarme la vida — sus transparentes ojos fueron fiel muestra de todo su sentir.

El saiya llevó una mano tras su nuca como respuesta.

— Yo sólo hice una parte, la que realmente te salvó fue Videl — explicó él —. Fue ella quien me dio las instrucciones de lo que debía hacer, pues yo no tenía idea de dar primeros auxilios. ¡Con lo útiles que son! — se lamentó de no haberlos aprendido antes.

— ¿Videl? — tras una breve pausa, cuestionó aquel nombre que por primera vez oía.

— ¡Ah! De verás que acá ustedes no se conocen todavía — recordó él, mientras una graciosa gota de vergüenza recorría su cabeza hasta suicidarse en su cuello. — Videl es la médica que te salvó la vida. Yo sólo aporte un granito de arena. Ella es quien en verdad te salvó — aclaró, haciendo que Milk adquiriese una mirada completamente sorprendida —. Y todavía hay más... — prosiguió, dando un involuntario tono misterioso a su voz —, Videl es la novia de Gohan en nuestra época — su sonrisa divertida brilló una vez más.

Un silencio de aproximadamente treinta segundos se hizo por causa de la sorpresa. Milk sopesaba aquellas palabras recién dichas.

— Quieres decir... que ella... ¿hubiese sido mi nuera aquí? — preguntó sin poder creerlo.

— ¿Qué es nuera? — preguntó Goku avergonzado por no entender.

Milk no pudo hacer menos que sonreír. El hombre de su vida jamás cambiaría su inocencia.

— Nuera es aquella mujer que se casa con un hijo nuestro. O sea — profundizaría aún más — que nuera es la que se casaría con Gohan. Vendría a formar parte de nuestra familia como una hija adoptada.

— ¡Ah! ¡ya veo! — exclamó comprendiendo.

— De hecho nuera en inglés se dice "daughter in law", que significa "hija en ley" o "hija por ley" — agregó como dato anecdótico.

— La verdad no entendí nada de lo último que dijiste — se rascó otra vez la nuca, mientras su lengua salía en forma divertida de sus labios.

Milk se rió.

— No te preocupes, eso no es importante — dijo manteniendo su linda sonrisa.

— Pero Videl y Gohan en mi tiempo todavía no se casan, eh — aclaró él —. Y aquí no pudieron terminar juntos — agregó, lamentando una vez más la muerte de Gohan en este tiempo.

— No importa, ¡presentámela! sé que si hubiese sido la novia de nuestro hijo entonces habría sido mi nuera. Tengo ese presentimiento... el corazón me lo dice — mencionó animada.

— Pues dile a tu corazón que no te diga más cosas, porque tiene que descansar — señaló Goku en forma divertida.

Milk asintió compartiendo su sonrisa.

— Bueno, ahora voy por ella. Estoy seguro que se llevarán muy bien — agregó, para luego proceder a salir por la blanca puerta que separaba la sala de urgencias del pasillo. Sin embargo, cuando iba a hacerlo se detuvo, recordando lo que Piccolo le había dicho antes. — Milk, se me olvidaba, Gohan está aquí también — anunció con una sonrisa.

Perpleja. Esa era la palabra indicada para describir la emoción que ella sintió en ese momento. Su boca y ojos abiertos lo declaraban expresamente. Sólo tras varios segundos logró por fin reaccionar. Su hijo... lo volvería a ver. Su hijo que había muerto de forma tan trágica... volvería a estar con ella.

— ¿Te sientes preparada para verlo? — preguntó Goku sabiendo todo el colapso emocional que aquello le produciría, tal como el que vivió con él.

Ante tal pregunta, los ojos de Milk por fin reaccionaron.

— Sí — afirmó sin vacilación alguna.

— Entonces lo traeré a él primero. Se pondrá muy feliz de verte — añadió feliz — Espérame, ¡ya lo traigo!.

Entretanto, en la sala de espera, todos conversaban a voz baja pues obviamente en un hospital no estaba permitido charlar a pleno volumen de voz. Videl explicaba detalles de Milk hasta que finalmente decidió apartar a Gohan para hablar a solas con él en un rincón. Quería aclarar una duda que le había surgido.

— Gohan, la señora que está internada es tu mamá, ¿verdad? — hasta parecía nerviosa.

— Sí, es mi mamá de esta era — respondió de inmediato.

Los ojos de Videl se desplazaron de un lado a otro un par de veces en sus cuencas oculares, demostrando la sorpresa causada. Tragó saliva y su choqueado cerebro tardó un poco en asimilar lo que él le acababa de contar. Eso quería decir... que ella era su suegra. Abrió su boca emulando un anillo al comprender a cabalidad todo lo que eso significaba. ¡A la mujer que le había salvado la vida era su suegra! La argolla que había formado su boca persistió varios segundos porque el impacto había sido bastante.

— Y tú le salvaste la vida. Muchas gracias, Videl. Jamás podré terminar de agradecértelo — comentó muy emocionado, interrumpiendo sus pensamientos.

Videl permaneció en silencio, conmovida. Poco después pudo hablar.

— No tienes que agradecer nada, Gohan. Ese es mi deber — rechazó ella.

— No importa, de verdad muchas gracias — insistió él, provocándole una dulce sonrisa a la joven, quien le dio un beso en su mejilla simplemente porque le nació hacerlo.

— Pues entonces gracias por darme las gracias — dijo ella muy divertida.

Gohan coloreó su rostro involuntariamente ante la muestra de cariño recibida.

— Por cierto, Gohan, ¿tú tienes planes de casarte con mi clon del pasado? — preguntó con curiosidad sobresaliente.

— ¿Casarme? — reaccionó sorprendido —. La verdad no sé que pueda pasar en el futuro, pero si me gustaría... siento que ella es la mujer de mi vida — dijo él con la más honesta de las sonrisas.

Con esa respuesta la joven doctora comprobaba una vez más que Milk hubiese sido su suegra. Sus pensamientos siguieron sumergidos en ello hasta que Goku emergió de la sala de emergencias, saludándolos alegremente a todos.

— ¡Hola! No se preocupen, Milk está muy bien de ánimo — comentó para quitar de cuajo cualquier preocupación.

Todos formaron una sonrisa en sus labios.

— Gohan, hijo, es tu turno de verla — se acercó al rincón en que estaba con Videl.

— Ve, Gohan, pero no le hagas pasar muchas emociones a tu mamá — advirtió cariñosamente la pelinegra doctora, a lo cual él respondió con una tímida sonrisa.

Enseguida, el hijo mayor de Milk entró por donde antes lo había hecho Goku, quien se quedó junto a la fémina para comentarle algo que él pensaba que la asombraría.

— Videl, tengo que decirte algo que todavía no sabes — preparó el camino Goku.

— ¿Qué cosa? — un par de arrugas formó su ceño.

— La mujer que salvaste es la mamá de Gohan.

— Ah, no se preocupe, ya lo sabía — asintió ella con voz ganadora.

— ¡Qué lata! yo quería ver tu cara de sorpresa — se quejó Goku riendo, contagiando a Videl con su risa.


Gohan entró en la sala de urgencias mientras el rotundo olor a remedios de todo tipo inundaba sus fosas nasales, haciéndole creer que había adquirido tanta sensibilidad olfativa como la que poseían los perros. El olor no era agradable, pero tampoco llegaba a ser repugnante, por suerte.

Se adentró sintiendo como todos sus nervios se convertían en gelatina, emulando un plato de comida relleno con la misma sustancia en una especie de comedor plateado móvil que estaba allí. Además de la viscosa comida, también había otro tipo de platos que no resultaban apetecibles a la vista.

"La comida de hospital no se ve muy apetitosa", pensó enseguida. Sin duda, que nadie podría cocinar cosas tan sabrosas como las que podía hacer su amada madre.

Avanzó unos cuantos pasos más hasta que, atisbándola por el rabillo del ojo, por fin pudo ver a quien tanto ansiaba encontrar. Acostada estaba su mamá del futuro, quien sólo segundos después se percató de su llegada.

Los ojos femeninos estallaron de brillo con la presencia de quien pensó que nunca más vería. Su mirada se tornó lagrimosa, vidriosa, emocionada. Un escalofrío recorrió cada centímetro de su piel. Un golpe eléctrico golpeó su alma cual rayo impactando contra un árbol. Su corazón todavía estaba muy débil para una sorpresa de esta magnitud, tanto que quizás no podría soportarlo. Sabía que el Gohan del pasado visitaba esta época pues Goku se lo había dicho incluso antes del ataque, pero saberlo y tenerlo en frente eran cosas diametralmente distintas. Tragó saliva para dar alivio a su reseca garganta. Pensó sinceramente que le daría otro infarto allí mismo. Su Gohan estaba ahí. Allí con ella. Sin esa horrible amputación del brazo que esos demonios le habían provocado. Las lágrimas por fin recorrieron el camino que trazaban sus mejillas, sobrecogiendo al retoño que sus uterinas entrañas habían formado.

El furor emocional hizo mella en su ser. Visiblemente conmovido quedó involuntariamente en silencio, como si las palabras interrumpiesen la magia que se creó con este indescriptible encuentro. Había quedado petrificado de emoción. Pero no tardó más tiempo en reaccionar y corriendo fue donde ella, dándole un increíble abrazo lleno de los más profundos sentimientos. No dudó ni siquiera un segundo en llamarla "Mamá", porque lo era.

Inevitables lágrimas afloraron en la mujer que a pesar de su debilidad, hizo acopio de todas las fuerzas restantes que aún tenía para abrazar a su retoño. Ni toda la fatiga causada por su enfermedad fue capaz de doblegar la fuerza de sus sentimientos.

Estuvieron así durante segundos o minutos, ¿en realidad quién podría tomar conciencia del tiempo en una situación así? Palabras de afecto surgían de los labios de madre e hijo una tras otra, diciendo cosas que en la rutinaria vida se dejan de lado, quizás porque las personas tienden a pensar que los seres queridos jamás se irán.

El solemne momento perduró un buen rato hasta que Mirai Milk quiso saber que había sido de su vida en la otra época.

— Estoy estudiando para ser un gran investigador, mamá — respondió él con una inmensa sonrisa.

Hasta las más íntimas profundidades de la mayor se emocionaron. Tantos proyectos que tenía para su hijo si habían podido dar frutos en el pasado. Después de tanto vil sufrimiento, saber eso al menos era un consuelo.

Conversaron muy animados sin percatarse en lo más mínimo del paso del tiempo. Conmovidos, emocionados, enternecidos. El tiempo se detuvo, literalmente. Preguntas iban y venían, compartiendo sonrisas, miradas cariñosas y afectos inexplicables.

Tras un tiempo indescifrable, tan ameno y amoroso reencuentro fue Gohan quien lo interrumpió, pues sabía que su madre del futuro no podía sobreesforzarse. Hablar tanto en un estado como el que actualmente padecía generaba un gran consumo de energía. Deseándole lo mejor de lo mejor procedió a despedirse de ella a pesar de las protestas que recibió, pero finalmente la convenció de que era por su propia salud. Mientras más rápido se mejorase más pronto podrían hablar sin que su salud interrumpiese. Su progenitora le pidió un último favor antes de que se fuera, el cual fue que le trajera a la doctora que la había salvado... aquella que debió convertirse en su nuera, pero por culpa del destino aquel enlace fue truncado.


— Videl — exclamó Gohan apenas salió de la sala, cuidándose de no alzar demasiado la voz para no molestar a las demás personas que también esperaban allí por buenas noticias. — Mi mamá quiere verte — señaló con una sonrisa.

— ¿A mí? — quiso confirmar mientras la sorpresa se adueñaba de su cuerpo.

— Sí, a ti — se divirtió con los nervios que ella demostró. No era nada común verla nerviosa.

La ojiazul permaneció en silencio, mirando a Gohan como ansiando que le dijese algo más. Ante su silencio, fue ella misma quien comentó:

— Tengo miedo... — comentó medio en broma, medio en serio.

Goku, quien estaba al lado de ellos, no pudo evitar dar una risotada, que tapó enseguida llevándose una palma a la boca. Tampoco olvidaba que estaban en una clínica.

— No te preocupes, Milk no muerde. O sea, a veces es muy regañona, enojona y rabiosa — recordó a su mujer del pasado mientras una gotita se desplazaba por su cabeza — pero tampoco es un monstruo — le advirtió divertido.

La doctora, en vez de sentirse animada se sintió más preocupada. Goku le había hecho un flaco favor.

Gohan, entretanto, rió a baja voz.

— No te preocupes, mi mamá se enoja sólo con mi papá porque él es muy despreocupado y descuidado. Así que tranquila — la calmó el joven al cual ella amaba.

— Ojalá así sea — asintió ella media nerviosa.

Sin perder más tiempo se dirigió al interior de la sala que tan bien conocía.

— Oigan — se acercaron los pequeños a ellos, al verla alejarse —, ya pues, nosotros también queremos verla — alegó Goten exigiendo su derecho que hasta ahora le había sido negado.

— Tranquilo, hijo. Ustedes serán los siguientes — su padre le guiñó un ojo de manera cómplice.

Tanto Trunks como Goten dieron un grito de júbilo, a lo cual una enfermera que estaba más allá les hizo un gesto de que guardasen silencio, llevándose un índice a sus labios.

— Qué aburridos son los hospitales — le cuchicheó a su oído el de pelos lilas a su gran amigo.

— Sí, menos mal que yo nunca me enfermo — comentó Goten orgulloso.


Esta vez fue la chica de ojos color cielo quien se adentró hacia donde su "suegra" yacía. Una leve agitación de su corazón le dejó ver que estaba un tanto nerviosa. Después de todo, conocer a la mujer que hubiese sido su suegra no era algo que se daba todos los días.

Así, la doctora por fin llegó a su destino, avanzando hasta quedar a unos cuantos pasos de la cama, en la entrada del cuarto.

— Hola, ¿puedo pasar? — preguntó humildemente, a pesar de que si quisiera podría entrar sin ningún problema.

— ¡Hola! por supuesto, de hecho tenía muchas ganas de verte — saludó ella con todo el entusiasmo que su enfermedad le permitía.

Videl avanzó hasta quedar a su lado. Ambas se miraron. Examinándose, escrutándose, conociéndose, inspeccionándose.

— Muchas gracias por salvarme la vida — dijo Milk con una sonrisa tras unos cuantos segundos.

La chica tragó saliva por causa de los nervios. No era precisamente una adolescente de quince años conociendo a su "suegra", pero no podía dejar de sentirlos. La mujer que había traído al mundo a un hijo tan bueno como Gohan estaba justo al frente.

— No... no fue nada — tartamudeó inevitablemente.

Milk se rió. Sus nervios eran evidentes.

— Oye, no me temas. No soy como las suegras de los cuentos — explicó ella con ánimo.

Videl dio una genuina risotada.

— Le juro que no es por eso que estoy nerviosa — desechó ella tal causa —. Es que jamás pensé que algun día conocería a la mamá de Gohan. Jamás imaginé que un día este momento llegaría — inexorablemente, su voz sufrió un interés lleno de felices expectativas.

La mujer se conmovió al ver su auténtica emoción.

— Te entiendo. Yo jamás lo hubiese imaginado tampoco. Mi Gohan habría sido tan feliz a tu lado — agregó con un dejo de tristeza.

Ambas suspiraron; quisieran o no, esta cruel época nunca permitía olvidar completamente las desgracias que habían caído.

— Pero no nos detengamos en lo malo — levantó el ánimo, Milk —. Lo importante es que nos podemos conocer. Además, me salvaste la vida, por lo cual te doy muchísimas gracias.

— Sin Goku no lo podría haber hecho. Fue él quien hizo la mayor parte — la modestia había hecho acto de aparición.

Milk sonrió con su humildad. Parecía el polo opuesto de Vegeta.

— Que curioso. Goku me dijo exactamente lo mismo de ti — dijo divertida.

La chica de ojos más preciosos que el cielo sonrió nuevamente. La perdida del amor de su vida podía ser compensada al menos en parte, conociéndolo a través de su madre. Además, como si eso fuera poco, también podría conocerla a ella. Todas las desgracias que habían vivido parecían querer unirlas desde el primer momento.

La primera vez que Videl y Milk se vieron en el tiempo pasado fue distinto. Las leyendas existentes de la relación entre suegras y nueras se había plasmado con ellas. Apenas se conocieron tuvieron instantáneamente una discusión, en que Milk, decidida a proteger a su hijo de las aprovechadoras chicas de ciudad, no recibió a Videl nada bien, engendrando una divertida reyerta.

"Te advierto que te las verás conmigo si le haces algo raro a Gohan", amenazó Milk con voz seria, sobreprotegiendo a su inocente retoño. Por supuesto la reacción de la más joven fue acorde a la advertencia, iniciando una pelea digna de leonas, mientras el nervioso Gohan presenciaba las diatribas de su progenitora con aquella que en un futuro se convertiría en su amada esposa.

Más tarde, la mamá de los semisaiyas invitó a Videl a almorzar, aunque no le agradase mucho la idea. Ese fue el primer paso para no seguir tratándose como gato y ratón. Pero no fue sino hasta que supo que la adolescente era millonaria que Milk le dio su completo beneplácito. Por interesada que pareciese, la necesidad de dinero en el mundo real era un hecho y sin él Gohan no podría completar los estudios por los que tanto se había esforzado.

Además, su fallecido Goku podría haber sido una excelente persona, un héroe como ninguno, un protector de toda la humanidad... ¡pero era un vago de primer nivel! No recordaba haberlo visto trabajando alguna vez, ni siquiera en las labores domésticas.

Sin embargo aquí, en el tiempo futuro, las desgracias acontecidas habían evitado una discusión entre ellas... o eso creían. No tenían idea que más adelante si la tendrían... pero, por mientras, felizmente nada de ello acontecería.


De esta manera, Milk fue recuperándose gracias al cariño de todos. También conversó con su amiga Mirai Bulma aclarando la razón de su desaparición. Charló también con Mirai Trunks a quién hacía mucho que no veía, tanto que se asombró un montón cuando vio que ya era padre de una preciosa niña llamada Any, engendrada junto a su esposa Nenis.

Luego vio a los pequeños Goten y Trunks y como si fuera poco, hasta con el parco Piccolo habló un par de minutos, agradeciéndole sus cuidados con su amado hijo, cosa que nunca había hecho y que tenía que hacer.

Poco después del amanecer, Goku trajó a todos los niños que ella cuidaba, incluyendo a la valiente niña que había cambiado su destino. Todos se alegraron de verla recuperada, emocionándose inevitablemente.

El amor que le habían profesado todos pareció surtir un gran efecto en la salud de Milk, pues cada hora presentaba más color en su faz y más salud en su cuerpo. Sin embargo, Videl seguía realizándole exámenes pues no lograba conseguir certeza en el diagnóstico. La enfermedad que padecía era sumamente extraña.

Así, tras una semana por fin Milk pudo salir de cuidados intensivos, instalándose en otra zona del hospital destinada a pacientes menos graves. Tan bien se fue sintiendo que hasta fue capaz de caminar con libertad. Eso si, sin que nadie la viese para no ser regañada.

Fue así que un día, haciendo alarde de su terquedad, salió de su habitación y se encontró con casi todos los guerreros Z que permanecían allí, cuidándola. También la niña que tanto amaba estaba presente, quien se había hecho muy amiga de los traviesos Goten y Trunks.

Al ver a Milk, ellos en un primer momento intentaron llevarla de regreso a su habitación, pero era como convencer a un burro... una misión imposible. Resignados, comenzaron a conversar todos en forma animada, saliendo del hospital a tomar un poco del radiante sol que iluminaba aquel precioso día.

La piel de Milk tuvo una sensación de clímax cuando sintió sobre ella el calor solar que tanto había extrañado.

Todos destellaban alegría e iniciaron una conversación que disfrutarían como pequeñines. Entre la charla, la enferma del corazón hizo una pregunta:

— ¿Y ahora por fin estás trabajando, Goku? — sus ojos resplandecían de ilusión.

— La verdad que no, Milk — dijo con una sonrisa avergonzada —. Pero no soy un completo inútil eh, al menos sirvo de mal ejemplo — rió de buena gana.

Todos se rieron a carcajadas. Milk a pesar de su debilidad no logró evitar una risotada que demostraba cuanto bien le hacía que Goku y los demás estuviesen allí.

Siguieron hablando mucho y de forma tan animada que tardaron en darse cuenta de que el anaranjado atardecer se cernía sobre ellos, con el consecuente cambio de temperatura que la noche traería consigo. Fue así, que se decidieron a llevar a la enferma a su habitación, a lo que ella no intentó protestar pues comprendía que era por su propio bien.

La milagrosa doctora llegó un rato después, sorprendida de verlos a todos en la habitación. No quería parecer tosca, pero las precauciones nunca eran suficientes y vivir muchas emociones le podría hacer daño al enigmático corazón enfermo de su suegra. Sin embargo, la vio tan feliz que no pudo evitar conmoverse. Definitivamente, no pudo negarse a dejarlos otro rato allí.

Siguieron charlando de cosas triviales, hasta que a Milk la asaltó una duda muy curiosa.

— Videl, ¿te puedo hacer una pregunta?

— Por supuesto — asintió ella.

— ¿Por qué usas el cabello corto? — preguntó la suegra, sorprendiéndola.

Una mueca formó su rostro al recordar a su fallecido padre, quien le había sugerido eso hacía muchos años.

— Oh, perdona, no pensé que la pregunta te molestase — se excusó la enferma, sintiéndose una impertinente.

Aquella disculpa hizo reaccionar a la doctora de azulados iris.

— No se preocupe, es sólo que recordé a mi fallecido papá — explicó sin querer demostrar vulnerabilidad.

— Oh, lo siento mucho — volvió a excusarse — No quería provocarte un mal recuerdo.

— No se preocupe, no es un mal recuerdo — dispensó con tierna voz —. En serio, ya tengo asumida su muerte. De hecho, sé que a él le habría gustado que yo contara cosas suyas. Él moría por ser un luchador famoso — agregó con una legítima sonrisa.

Los Z se dieron miradas cómplices, sonriendo al recordar al Mister Satán del pasado.

— De todas maneras disculpa por mi intromisión — insistió la pelinegra mayor.

— Usted si que es terca, eh — comentó Videl divertida.

— ¡Y eso que está enferma! Imagínate cuando esté sana — dijo Goku graciosamente.

— Goku... — dijo el nombre de su marido con un tono de "Apenas me sané te mataré".

— ¡No he dicho nada, Milk! — rió divertido.

Tras el gracioso momento, Videl daría la razón de porque usaba el cabello de esa manera.

— Lo uso corto porque mi papá me sugirió usarlo más corto para poder pelear. En un mundo devastado por los androides, no sólo en ellos radicaba el peligro, sino también en humanos que se aprovechaban de la situación para cometer fechorías. Mi papá era un artemarcialista que me dijo que el pelo corto es más útil para pelear.

— Vaya, mister Satán tenía claro eso — comentó Gohan, recordando al que conocía. — Yo te dije lo mismo en el presente — agregó divertido.

— Pues sí, además así me ahorró tener que recogérmelo cada vez que debo hacer una operación. Es más práctico.

— No quiero ser impertinente pero deberías dejártelo más largo, te verías aún más linda — dijo Milk imaginándose como se vería su nuera con el cabello largo.

— ¿En serio? — dudó ella.

— Sí — reafirmó completamente segura.

— La verdad uso hace tanto el cabello corto que no había pensado en dejármelo crecer nuevamente — comenzó a tocarse el pelo por acto reflejo.

— Piénsalo. Además el cabello largo es más femenino — aconsejó con voz maternal.

— Aunque hay mujeres que les queda muy bien el pelo corto, Videl es una — soltó Gohan sin siquiera pensarlo.

Todos lo miraron, mientras los niños que estaban más allá carraspearon en forma molestosa, haciendo que Gohan transformara su cara en un verdadero tomate por lo roja que se puso.

— Olviden lo que dije — se defendió mientras jugaba nerviosamente chocando sus índices.

Todos rieron con ganas. La doctora quedó encantada disfrutando esa timidez que de una manera u otra lograba encantarla.

— De hecho Videl es muy linda — interrumpió Milk, adulándola —. Pero su pelo luce como si una cortadora de pasto le hubiese pasado por encima, sin ofender eh — una vez más se demostraba que la sinceridad podía convertirse en un defecto no muy bonito.

La faz de Videl se puso como si quisiera desatar una guerra nuclear. Primero la halagaba y después la jodía... ya, podía aceptar que su corte de pelo no fuese el mejor, pero tanto como para pensar que una cortadora de pasto era su peluquera pues como que no.

La primera pelea suegra-nuera se vendría muy pronto y debía ser algo memorable, pero la doctora recordó que su paciente aún estaba débil, así que disimulando a duras penas su rabia contestó con una sonrisa forzada pero convincente:

— El cabello largo gasta más champú — bromeó, prefiriendo eso a iniciar una discusión... pero ya se las pagaría cuando estuviese sanita, pensó para sí con toda la malignidad que una nuera podía forjar. — Además, el pelo largo tampoco sirve para pelear — recordó lo que le habían dicho anteriormente.

— No te preocupes por eso — dijo Gohan con toda seguridad — deberías ver a mi padre como super saiyajin tres, tiene el cabello terriblemente largo y patea traseros igual, así que lo del pelo largo es lo de menos — se rió Gohan de buenas ganas.

Videl parpadeó demostrando su sorpresa. Ya sabía que aquella tranformación en que los cabellos se vuelven dorados se denominaba "super saiyajin", pero jamás había visto los niveles dos y tres que ya había escuchado antes. Finalmente ante la insistencia de su suegra, Videl aceptó la idea de cambiar su estilo.

— Bueno, entonces me lo dejaré largo — consintió finalmente con una sonrisa.

Así, siguieron intercambiando opiniones hasta que la médico tuvo que interrumpir.

— Bueno señores, suficiente por hoy. Milk necesita descansar — advirtió con voz sobria.

— Ay, pero que aguafiestas, Videl — protestó la minicopia de Goku, mientras se acercaba a todos.

— Sí — lo apoyó su compañero de travesuras, aproximándose también.

— Puede ser, pero es verdad que mamá necesita descansar — dijo Gohan, apoyando a su novia que realmente no lo era.

— Así es — la pequeña Dialy asintió también.

Finalmente todos asintieron, despidiéndose de la enferma. Acto seguido, salieron de los pasillos de urgencias y se reunieron todos en la sala de espera. Como en la clínica había que hablar despacio se dirigieron todos a la salida para poder conversar con libertad, presenciando como el tránsito nocturno se hacía menos espeso.

— ¿Y qué dicen los exámenes, Videl? — se apresuró a preguntar Goku.

— No arrojaron nada concreto. El colesterol en su sangre es normal y las zonas de su corazón no muestran obstrucciones de los vasos sanguíneos. No hay indicios de asistolia tampoco, así que sinceramente me tomará más tiempo descubrir que es lo que tiene.

Las faces de ellos se tornaron preocupadas. La respuesta no había sido alentadora.

— ¿No hay antecedentes de cardiopatías en vuestra familia? — preguntó Videl mirando a Goku, para luego mirar a Gohan.

— ¿Cardiopatías? Perdón... ¿pero qué es eso? — preguntó el saiya más fuerte sintiéndose ignorante una vez más.

Al escuchar esa palabra la mente de Piccolo se prendió enseguida. Tanto que le respondió antes de que lo hiciera Videl.

— Son enfermedades del corazón. Por lo tanto lo que tú tuviste fue una cardiopatía, Goku — explicó haciendo alarde de su inagotable sabiduría.

— ¿Usted también tuvo ataques al corazón señor Goku? — preguntó con asombro Videl al enterarse de tal noticia.

— Sí, de hecho mi versión en este mundo falleció debido a eso.

Videl llevó una mano a su mentón, mientras meditaba aquellas últimas palabras.

De repente Piccolo chascó sus dedos, expresando a través de ese gesto la llegada de una gran idea.

— La enfermedad de Goku fue provocada por un virus... — señaló él recordando claramente aquello.

— ¿Y qué con eso? — preguntó el que había sido afectado por tal microorganismo.

— ¿Acaso no es evidente? — preguntó Piccolo como respuesta, con un ceño tan fruncido que declaraba con claridad su sentir. No podía comprender como a nadie más se le hubiese ocurrido.

— Los virus son contagiosos... — musitó Videl, no para ellos sino para sí misma, reflexionando todo lo que significaba aquello.

— Exactamente — respondió el sujeto de antenas, sin darse cuenta de que lo dicho por la doctora sólo él lo había escuchado gracias a su agudo oído namekiano. — Goku estuvo enfermo del corazón... y siendo Milk la que más tiempo pasó con él durante esos tres años, resulta probable que el maligno virus que se alojó en el corazón de Goku, también lo haya hecho en el de Milk — argumentó con su claridad habitual.

Todos abrieron sus ojos como ovnis ante la excelente deducción que había hecho el namek.

— ¿Quiere decir que Milk tiene la misma enfermedad del corazón de la cual murió Goku? — preguntó el pequeño Trunks.

— Eso es lo que dije — reafirmó su propuesta con pleno convencimiento.

— Pero — protestó Mirai Trunks — en esta época esa enfermedad si tiene cura. De hecho es la misma cura que usamos para salvar al Goku pasado — miró al namek buscando una respuesta.

Videl, que había permanecido callada pero muy atenta, se adelantó a Piccolo.

— Es cierto, pero los virus viven constantes mutaciones. Se adaptan a las medicinas o mutan a la vez que causan más daño. Puede que sea la misma enfermedad que tuvo el señor Goku en este tiempo, pero a pesar de que ya tiene una cura, ese método actualmente no sirve para detener al virus mutado, que sería el que posee Milk en este momento — explicó apresuradamente, sin darse tiempo de ordenar bien sus palabras.

— A ver si entiendo... — habló el Trunks más pequeño — o sea el virus era malo pero no tan fuerte, como el Majin Buu gordo, pero después cambió por alguna razón y se volvió más poderoso y dañino, así como el Majin gordo se volvió más musculoso — expuso Trunks lo que había entendido, dejándoselo claro de rebote a Goten también.

— Así es — respondió Piccolo.

Todos se miraron unos a otros con evidentes faces llenas de sorpresa. Así que eso era lo que tenía enferma a la pobre Mirai Milk.

— Que terrible, viruses malditos, tan pequeños pero tan dañinos al mismo tiempo — exclamó Goten odiando al pequeñísimo ser vivo, que sólo podía ser visible a través de microscopios.

— ¡Sí! ¡maldito bicho! — maldijo Gohan también, para enseguida agregar —: pero Goten, el plural de virus sigue siendo virus, no viruses — lo corrigió mientras acariciaba su cabeza.

— ¿Y eso qué importa? — protestó el pequeño pelinegro.

— Un poco de buen hablamiento no le hace mal a nadie, tienes que hablar cultamente, como yo lo hago — presumió Trunks como sabelotodo.

— Pero la palabra "hablamiento" tampoco existe, Trunks — lo corrigió a él ahora.

— Te odio Gohan — refufuñó el pequeñín.

Todos rieron muy divertidos.

— ¿Y esa enfermedad tiene nombre? — preguntó Goten mientras miraba a la médico.

— Pues nombre científico que yo sepa aún no, ya que sólo se dio un par de casos en todo el mundo. Además como es una mutación la enfermedad debería ser rebautizada.

— De hecho, yo creo que la enfermedad que contrajó Goku fue gracias a su estadía en el planeta Yadrat — acotó Mirai Trunks —. Por eso fue tan agresiva contra su cuerpo, porque era un virus alienígena altamente peligroso.

Todos volvieron a formar caras de sorpresa ante todo lo expuesto.

— ¡Tenemos que ponerle un nombre! — retomó el tema anterior Goten con entusiasmo.

— Sí — apoyó Trunks.

— Pongámosle "el terrible y funesto y misterioso y loco y desquiciado y malvado virus del corazón" — señaló Goten orgulloso con su genial nombre.

— Para eso mejor le ponemos "Virus del corazón" y ya, es más corto — se rió Trunks.

— Pero que nombre tan aburrido — se quejó el pequeño —. Se te ocurrían mejores nombres cuando estábamos fusionados — rió, sintiendo que era él quien daba los nombres geniales a las técnicas de Gotenks.

— Pues si eres tan "genial" inventa un nombre mejor tú — lo desafío su picado amigo.

El hijo menor de Milk se rascó la cabeza pero nada bueno se le ocurría. Fue entonces que Dialy interrumpió contenta.

— ¡Ya sé! — exclamó por la llegada de un nombre genial —pongámosle "Gokutitis virulentosa bacteriohomicida" — el nombre le parecía que sonaba genial.

— ¿Una enfermedad con mi nombre? — reaccionó el saiya sorprendido. — No sé si sentirme orgulloso o culpable — mencionó con una sonrisa nerviosa.

Goten y Trunks se miraron entre sí, conmocionados. Una niña había puesto un nombre más "cool" que ellos.

— Una niña nos ganó, amigo — comentó Trunks sorprendido.

— Ya, parece que no son tan malas como creíamos — se rió Goten.

— ¿De dónde sacaste esos nombres? — preguntó Mirai Trunks admirado con la imaginación de la niña.

— No sé, pero suenan muy bien verdad — señaló ella muy orgullosa.

Una vez más todos rieron, exceptúando al serio namek que también estaba allí.

— Bueno, eso es de mucha ayuda — irrumpió Videl —. No me refiero a ponerle un nombre —sonrió — sino que saber que se trata de un virus mutado me ayuda de mucho. Tan radical no puede haber sido la mutación, pues un dinosaurio no puede convertirse en un pájaro en tan sólo unos años — aseguró con plena seguridad, haciendo una analogía —. Así que la base de la cura ya la tenemos, sólo hay que modificarla según los exámenes que le siga tomando a mi suegra... ¡ejem! — carraspeó, para lugo corregir nerviosa — digo, a la señora Milk.

Todos una vez más rieron.

— Así que no se preocupen. Un médico nunca puede asegurar nada en casos así de graves, pero estoy tan segura de que todo saldrá bien que por esta única vez me permitiré hacerlo. Les aseguró que Milk se pondrá bien — dijo manteniendo su sonrisa.

Todos dieron un grito de júbilo, con la excepción de quien ya ustedes imaginan.

De esta manera siguieron conversando muy animados hasta que entrada la noche llegó la hora de dormir para todos. Así, los Z salieron del hospital para dormir y poder descansar después de tan agotadores días.

Goku se encargó de llevar a Dialy a su hogar, quien antes se despidió de su amada mamá adoptiva, prometiéndole que mañana volvería.

Al regresar, el saiya de clase baja se quedó otro rato con Milk pues no tenía ganas de dormir y si le bajaban, podía llegar en un segundo a Capsule Corporation gracias a su maravillosa técnica.

Disfrutaron ampliamente el estar uno en compañía del otro, mirándose profundamente, intercambiando química y dándose cariño al mismo tiempo.

— Milk... — dijo su nombre, para luego guardar una pausa antes de continuar — no sabes cuanto me alegro de que todo haya salido bien — le comentó feliz.

— Yo también... me alegro muchísimo de haber visto a todos una vez más.

Goku esbozó una linda sonrisa como respuesta.

— Sólo espero que puedas volver pronto a casa, Milk. El olor de hospital es muy feo — movió su mano de arriba a abajo frente a su nariz como quien desea espantar un mal aroma.

— Sí, es verdad. A mi también me repugna todo este olor a medicinas y esas cosas — asintió ella.

Goku abrió levemente una ventana para ventilar el cuarto, cuidando que el frío aire de la noche no entrase como un saiya a un centro de comida.

— Ahora podrás explicarme cual es la diferencia entre querer y amar — comentó con una sonrisa, a la vez que le lanzaba una mirada llena de ansias por saber. Realmente quería conocer en que se distinguía una de otra. Era un tema que lo había dejado totalmente curioso.

Milk parpadeó con sorpresa. Había olvidado completamente aquello que le respondería al saiya antes del repentino ataque que formuló la muerte contra ella.

— Se me había olvidado eso... — mencionó todavía sorprendida.

— Pues yo te lo recuerdo — sonrió feliz.

— ¿De verdad quieres saberlo? — sonrió con lo interesado que se veía por saber la respuesta.

— Sí. — afirmó sin dudas.

— Pues tendrás que descubrirlo — su lengua salió divertida a través de sus labios.

Ahora fue Goku quien parpadeó sorprendido.

— ¡No seas mala, Milk! ¡Dime! — parecía un niño ansiando escuchar un gran secreto.

La mujer se divirtió como tanto tiempo no hacía. De alguna manera o de otra él conseguía hacerla feliz.

— Tienes que descubrirlo por ti mismo, así lo entenderás mejor.

— Ay, Milk, ¿pero por qué? — protestó él.

— Porque hay cosas que no se comprenden con palabras... hay que sentirlas — mientras lo decía, delató gran seguridad en su semblante.

Goku pestañeó dudoso.

— ¿Pero y si no puedo descubrir la diferencia entre querer y amar?

— No te preocupes. Lo sabrás — le tomó una mano con cariño.

— ¿Crees que descubriré la diferencia? — preguntó nuevamente dudoso, mientras aferraba la mano de su mujer futura entre las suyas.

— No lo creo... lo sé — una preciosa sonrisa formó su faz.

— De acuerdo — sonrió satisfecho con su confianza. — Descubriré la diferencia entre querer y amar y cuando la sepa yo mismo te la diré. Tú me dirás si la descubrí realmente o no.

— De acuerdo — afirmó feliz con su cabeza.

— ¡Genial! ¡pondré todo mi empeño en descubrirlo! — exclamó dichoso.

Una nueva misión tendría que cumplir, una difícil empresa para alguien que nunca se había planteado lo que era amar realmente. ¿Podría salir con éxito de ella?


La joven Bulma, aprovechando que estaba en el recinto de salud cuya dueña era Videl, decidió usar el tiempo libre disponible para comprobar secretamente su embarazo con la susodicha a través de un examen de sangre. La doctora, quien prometió guardar absoluta confidencialidad, le daría pronto los resultados. Así, tras un par de ajetreados días, en un momento de distracción de los guerreros Z charlando con Mirai Milk, aprovechó de reunirse con Bulma en su despacho.

Esperaba el resultado de su test de embarazo hecho en el hospital con suma ansiedad. Realmente quería ser madre por segunda vez. Lo ansiaba de verdad, por lo mismo cada vez comenzaba a estar más ilusionada con la idea y un fuerte presentimiento de su corazón le advertía que así era.

Cuando vio surgir a Videl una natural sonrisa esbozó su faz, esperando las buenas noticias que debía darle.

— ¿Son buenas o malas noticias, Videl? — preguntó incluso antes de que la doctora llegase a su lado.

— Bueno, eso depende de si usted quiere o no estar embarazada — contestó ella de buen ánimo.

— ¡Sí quiero! ¡En verdad estoy ilusionada! — exclamó enseguida, sin siquiera pensar sus palabras. La ansiedad se la estaba comiendo viva.

Sin poder evitarlo, recordó aquel momento en que comprobó que esperaba a su primer hijo, Trunks. En aquel momento, no contaba con el apoyo de Vegeta, lo cual mermó la felicidad que sentía. Sin embargo, esta vez, si podía contar con todo el apoyo del saiya, lo cual engrandeció su ánimo todavía más. Ya se imaginaba al saiya protestando con su cara de pocos amigos por tener que cambiar pañales al bebé que vendría. Sólo pensarlo le causaba mucha gracia.

La respuesta que le daría Videl llegaría enseguida y Bulma, por las ansias, sintió que su corazón estallaría de felicidad.

— ¿Estoy embarazada entonces? — preguntó inundada en ganas de estarlo, con pupilas ardientes de felicidad.

Videl la miró directamente a sus ojos para dar su respuesta.

— Bulma...


Vegeta divagaba por la enorme y reconstruida corporación. Lo cierto es que las heridas del devastador futuro habían desaparecido casi por completo del edificio. La estructura se notaba tan firme y sólida como siempre. Sin grietas ni nada que delatase el horrible destino impuesto por los androides años atrás. Sólo aquella foto que permanecía en esa pared descubría aquel pasado en que la científica perdió casi todo lo que amaba. Vegeta marchaba hacia las afueras de la corporación con su acostumbrado paso firme dispuesto a trabajar sus músculos como solía hacer siempre. Lamentablemente aquí no disponía de su amado templo, la cámara de la gravedad, así que tendría que hacerlo con la ridícula presión de gravedad terrícola.

¿Qué divagaba? Con su inexpresivo rostro nadie podría descubrirlo aunque por los antecedentes anteriores era obvio sobre qué pensaba. Casi cuatro meses habían pasado desde la concepción, lo cual significaba que dentro de cinco meses sería padre. La llegada de un hijo no debería ser una mala noticia nunca, pero lo cierto es que un hijo en aquellas circunstancias no era precisamente para dar saltos de felicidad. ¿Cómo podría cumplir su rol de padre con un hijo perteneciente a otra época? Bah, quizás sólo se estaba complicando inútilmente, tal como lo solían hacer los estúpidos humanos con sus tonterías. Después de todo, dos máquinas del tiempo estaban ahora a disposición. ¿Además que sacaba con replantearse una y otra vez el problema, cuando no había más solución que esa? Chistó con molestia y prosiguió su camino, Decidiendo no volver a pensar en el tema.

— Bah, preocuparse no mejorará las cosas — sacó a relucir su pragmatismo y prosiguió su camino decidido a no darle importancia importancia al asunto antes de tiempo.

Fue entonces que por el pasillo, en su trayecto hacia la salida, la vio a ella. Mirai Bulma estaba en su laboratorio con llaves inglesas en sus manos y revisando la primera máquina del tiempo cual mecánico revisando un automóvil. Sus piernas enfundadas en un pantalón era lo único que sobresalía desde abajo de la máquina.

Vegeta la miró de reojo e instintivamente se agachó un poco para observar cuidadosamente su vientre; sin siquiera pensarlo quiso ver si el embarazo ya se le notaba, pero comprobó que aún le faltaba para ello.

Se irguió de nuevo y dio unos pasos, entrando al laboratorio.

— No deberías trabajar en ese estado, mujer — soltó Vegeta con voz seria.

La aludida detuvo el sonido de sus arreglos e impulsándose con sus brazos hacia afuera de la máquina miró hacia el príncipe, quien yacía con sus brazos cruzados como era su gesto más habitual.

— Que esté embarazada no significa que no pueda hacer nada — replicó ella de buen ánimo.

— No seas estúpida, no deberías hacer ningún esfuerzo. Recuerda que ya eres una vieja — insistió Vegeta con el mismo tono anterior.

La susodicha abrió ojos como platos ante la afrenta recibida.

— ¡No soy ninguna vieja! — alegó ofendida hasta sus entrañas. El poco tacto de Vegeta una vez más se había hecho presente.

— Como sea, señorita quinceañera — ironizó ahora —. Lo importante es que no te esfuerces.

La científica de casi cinco décadas iba a replicar con dureza pero algo la detuvo. En vez de protestar reaccionó parpadeando con sorpresa. ¿Realmente Vegeta le estaba dando un consejo? ¿Estaba preocupado por ella después de todo lo mal que la había tratado? Sabía que él había cambiado, pero nunca dejaba de sorprenderse ver cuanto lo había hecho.

— De acuerdo — aceptó finalmente ella —. Pero no estaba haciendo ningún esfuerzo, sólo verificaba los transmutadores direccionales. Nada que me haga gastar más de cien calorías — argumentó con tranquilidad.

— Por cierto — respiró profundamente antes de proseguir —, tomando en cuenta tu condición de embarazada no debí tratarte como lo hice, mujer — dijo Vegeta mientras miraba hacia otro lado, precisamente porque le costaba un montón decir palabras como esas.

Una vez más, los ojos de Bulma reflejaron la sorpresa que sintió su interior. Por un momento, pensó que estaba soñando.

—No hay problema— reaccionó finalmente —. Gracias por tu consideración. También tenías razón de estar enojado. Yo fui la que me equivoqué, pero en verdad sólo quería hacer lo mejor para todos — volvió a excusarse.

Vegeta no respondió, girando su cabeza hacia el frente nuevamente. Enseguida la miró con una mirada extraña, tanto, que ella no supo interpretar esta vez.

— ¿Te pasa algo? — preguntó con curiosidad.

— Cuídate, mujer, recuerda que estás preñada. Y no es una puta petición, es una orden — exigió con profunda voz.

Mirai Bulma destelló sorpresa a través de todo su cuerpo. A su manera tan particular, el príncipe saiya estaba siendo "amable" con ella. De no tener la certeza de que no soñaba se habría pellizcado mil veces. ¿Tanto había cambiado el saiya? ¿Tanto?

¿Pero por qué se sorprendía? En realidad, después de todo, ella siempre lo supo...

— ¿Sabes? ... desde la primera vez que te vi intuí que en ti había algo distinto — consecuencia de sus reflexiones, cambió radicalmente el tema —. En ese momento, no sabía con certeza que era... pero lo había — se acercó a una silla y tomó asiento.

El príncipe sin reino frunció ampliamente el ceño, por lo inesperado de su comentario.

— Quizás esa era una de las razones por las que te invité a alojar en Capsule Corp. — conitnuó ella —. Aunque cuando realicé tal ofrecimiento jamás imaginé todo lo que ello conllevaría — su mirada se perdió en la pared, ensimismándose.

— ¿A qué viene toda esta palabrería inútil? — preguntó extrañado por el cariz tan distinto que había tomado la charla.

— Pero a medida que el tiempo siguió su inexorable camino — continuó ella ignorando su pregunta — me fui dando cuenta que ofrecerte vivienda había sido la decisión correcta. Más que eso... fue la mejor decisión de mi vida.

— Por lo visto, es cierto que las embarazadas se vuelven taradas — acotó él, sin darle mayor importancia a sus palabras.

— Presta atención — pidió con voz solemne, a lo que él respondió intensificando su mirada —. Todo lo que realmente guardabas en tu interior por fin yo comenzaba a entenderlo. Tanto así, que estaba completamente segura que podías cambiar.

"Cambiar"... cuando escuchó esa palabra por fin el saiya de alta clase le puso abierta atención.

— Podía ser tomada como una loca demasiado idealista para el mundo real, el cual parece especializarse en hacer pedazos las ilusiones de la gente. Pero jamás rendiría mis ideales. Fuese acertado o equivocado, siempre seguí los impulsos que mi corazón me ordenaba... y fue él quien me dictó que te apoyase en tu ambientación al planeta Tierra. Yo sabía que habías cometido mil errores. Sabía que habías cometido crímenes de la peor calaña. Cosas imperdonables. Asesinatos terribles. ¿Pero sabes algo? termine comprendiendo que no todo era tu culpa, pues jamás tuviste la chance de ser algo más que un sádico soldado a las órdenes de Freezer. Nunca tuviste la oportunidad de tomar otro camino... nunca tuviste la opción de cambiar aquel destino que te habían impuesto desde pequeño. Tanto tu padre como Freezer te convirtieron en una máquina de combate. Un salvaje que olvidó cualquier tipo de empatía para con los demás.

Vegeta la miró fijamente, clavando sus pupilas como sólo él sabía hacerlo.

— Las matanzas y las guerras eran la innegable esencia de tu fiera raza... ¿pero acaso Goku no era también un saiya? ¿Acaso Goku no había cambiado también su destino? Las enseñanzas de su abuelo lo terminaron convirtiendo en un hombre con una nobleza de la que muy pocos podrían presumir.

El saiya permaneció en silencio, recordando su oscuro pasado. Torturas, muerte, destrucción... cosas que se guardan en la mente para toda la vida. A pesar de las horribles cosas que hizo, él tuvo una segunda oportunidad gracias a su Bulma.

— Además — prosiguió — ¿acaso los humanos no fuimos también bestias salvajes en el pasado? Es más, ¿acaso no seguimos provocando guerras sin sentido, crímenes y violaciones a todo tipo de derechos humanos? — preguntó comparando a los saiyas con los humanos.

Krilin, Tenshinhan, Yamcha, Milk, ella misma, se espantaron al conocer la barbarie de la que eran capaces los saiyas... pero es fácil ver la paja en ojo ajeno y no en el propio.

— La humanidad es una palabra ambigua que puede significar tanto bondad como maldad — su mirada seguía abstraída — ... Vegeta... — pero al decir su nombre lo miró fijamente — tu nombre para mí también tenía dos sentidos... maldad intrínseca... pero también un atisbo de bondad. Yo logré verlo, tal como también lo hizo Goku. Mi gran amigo que siempre daba a sus enemigos la oportunidad de cambiar. Así lo hizo con Tenshinhan, Piccolo y contigo, incluso hasta con el desgraciado Freezer.

Imágenes del amable saiya se vinieron a la mente del príncipe. Cuanto había odiado al maldito Kakarotto, quien fue capaz de cambiar la esencia de su raza inmisericorde por una compasión sin precedentes.

— Tú podías cambiar, yo tenía completa certeza de ello. Mi corazón me lo decía. Lo sabía como quien sabe a ciencia cierta que uno más uno son dos — aseguró con emoción. — Sólo necesitabas que alguien te enseñará que existía otro camino. Esa persona era yo. Y también sería yo quien recorrería esa senda junto a ti. Tu inquebrantable fuerza de voluntad, unida a tu increíble empeño en superar a Goku... también eran la prueba de que podrías darlo todo por amor si entendías lo que esa bella palabra significaba.

El saiya cruzó sus brazos sin formular ningún comentario. Se concentró en poner atención a sus palabras pues discursos con tal nivel de emoción no eran frecuentes.

— Cambiar lo que eres y como te forjaron debe ser uno de los desafíos más grandes que puede enfrentar alguien. Se necesita mucha valentía para lograr aquello... y precisamente por eso lo lograste.

— Cambiar... — musitó Vegeta aquella palabra que podía significar tanto.

Trunks era su retoño, su primógenito, la prueba fehaciente de que una vida equivocada, tal cual había sido la tuya, podía cambiar el rumbo. La hermosa prueba de que los errores del pasado podían corregirse. Cambiar era posible. Por más difícil que fuera, el cambio se podía lograr y él lo había hecho. El saiyajin salvaje, ruin y lleno de maldad, había dado paso a un ser que era capaz de dar la vida por los que amaba.

— Mujer — llamó su atención — A veces pienso que cambiar es una mierda. No creas que me gusta mucho la pacífica vida terrícola. Pero tener el amor de mi Bulma y también a Trunks me hace ver siempre que el cambio si valió la pena.

Mirai Bulma sonrió.

— ¿Sabes por qué te digo todo esto? — preguntó ella mientras cerraba sus ojos dominados por la emoción —. Porque yo nunca pude ver el cambio que pretendía lograr contigo. Esta maldita época llena de destrucción me quitó lo que intentaba realizar. No alcancé a lograr lo que me proponía. Por eso, siempre tuve la duda de si lo que había visto en ti era una simple ilusión o si realmente yo tenía razón. Pero gracias a mi gemela del pasado corroboré con absoluta certeza que siempre estuve en lo cierto — abrió sus párpados, clavando sus fervientes ojos en él. — Me lo acabas de demostrar una vez más por la preocupación que sientes con este embarazo.

El guerrero de clase alta cerró su semblante sin demostrar nada. Parpadeó un par de veces con normalidad. Realmente no sabía que decir. Las palabras no llegaban a su mente. Había cambiado para bien, no dudaba de ello, pero también vivir para proteger a su Bulma y a Trunks significaban una gran responsabilidad. Lo mismo con el nuevo retoño que venía en camino.

— Velar sólo por mí, como antes yo hacía, resulta mucho más fácil y práctico — dijo el saiya, rompiendo el silencio — No tienes que vivir problemas de índole afectivo. Nunca sufrirás si alguien cercano muere o le pasa algo. Tampoco importa a cuantos hagas daño, pues solamente importas tú mismo. Es una vida sin complicaciones... tentadora... pero llena de triste soledad. Tal como fue la mía. Ahora podré tener mil problemas con mi mujer y otros tantos fastidios con Trunks, tales como "Llévame al parque de diversiones, papá" — hizo más aguda su voz para imitarlo — ... pero tengo que reconocer que esta vida es mucho más valiosa que la indolente y sangrienta vida que antes llevé — si su semblante pudiese iluminarse, en ese momento lo habría hecho.

La científica que había perdido casi todo en esta época, sonrió con tal respuesta. Esa contestación demostraba que ella siempre estuvo en lo correcto... siepre lo supo.

El saiya descruzó sus brazos y avanzó un par de pasos hacia ella.

— Por cierto, mujer, dejándonos de cursilerías inútiles, ¿cuando se sabrá el sexo? — preguntó el saiya interrumpiendo sus reflexiones, ceño fruncido mediante.

Mirai Bulma esta vez ya no se sorprendió con su pregunta. Vegeta había cambiado y debido a ello era normal que se interesase. Ahora lo sabía muy bien.

— Lo común es que a los cuatro meses pueda saberse — declaró.

— O sea que ya podrías saberlo — dedujo él.

— Pues creo que sí — contestó ella, para luego agregar — ¿te preocupa que salga una niña? — lo divertida que se puso su faz reflejó la gracia que le daba aquello.

Vegeta guardó silencio antes de contestar, parecía reflexionar la pregunta.

— Me preocupa que quiera ser una guerrera — respondió finalmente, desatando las carcajadas de Mirai Bulma. El saiya rudo, maligno y frío estaba hablando sobre el tipo de crianza de una mujer. Jamás se lo hubiese imaginado.

— Pues tendrás que comprobarlo por ti mismo, porque tengo el fuerte presentimiento de que será una niña.

El saiya sólo guardo silencio.

— Si dices que te preocupa que quiera pelear, yo creo que entonces la consentirías un montón — comentó ella, imaginándoselo.

— Bah — no le dio más importancia al asunto.

— Por cierto, ¿no quieres sentir al bebé? — preguntó ella con una sonrisa llena de dulzura.

Las pupilas de Vegeta saltaron con la pregunta. Nunca había hecho eso con su verdadera mujer pues nunca sintió curiosidad por tan poca cosa. Sin embargo, a pesar de su renuencia, ahora si sabía lo que significaba ser padre. Su próximo retoño se encontraba justo allí, desarrollándose en la cuna materna que, pasados ya cuatro meses desde su concepción, lo cobijaría por los siguientes cinco meses. Dudó por un momento si hacerlo o no, pero finalmente sus resquemores al respecto se impusieron.

— No gano nada haciendo tal cosa, mujer — afirmó con desdeño.

— ¿Lo has hecho alguna vez? — refutó ella con una pregunta.

— No — respondió frunciendo el ceño.

— Pues hácelo y verás si ganas o no algo — argumentó ella con una sincera sonrisa.

El saiya chistó inconforme, porque aceptó que la vieja tenía razón.

— Será la única vez — advirtió con su voz más dura.

Arrugando el ceño lentamente acercó su mano enguantada al vientre de la mujer.

— No siento una mierda — expresó que nada había percibido.

— Mira, mejor pone tu oído, así lo podrás escuchar — aconsejó, disfrutando el momento.

Si el ceño de Vegeta había formado un par de arrugas ahora ellas se habían multiplicado por tres.

— Deja de contenerte tanto, hombre. Hácelo de una vez, sino es nada de otro mundo — comentó ella, animándolo a dejar sus trabas de lado por esta vez.

La respuesta fue un gruñido molesto.

¿Cómo sería sentir un bebé que todavía está por dentro? Jamás lo había experimentado con su Bulma. La verdad tenía curiosidad por saberlo. Sin cuestionarse más, pero a regañadientes, puso su oído finalmente en la barriga de la tierna preñada.

— No siento nada mujer, sólo putos ruidos estomacales.

— Pero Vegeta, es más abajo hombre — se rió ella muy divertida.

Dando un suspiro de profundo fastidio bajó el oído hasta su bajo vientre, pero no logró percibir nada... pero de repente, una vibración muy particular pudo escuchar. ¿Qué había sido eso?, se preguntó de inmediato. ¿Acaso había sido... lo que estaba buscando?

Su frialdad habitual o la dureza que pretendía mostrar se derrumbó cual castillo de arena azotado por las olas. Algo hizo clic en su corazón, que comenzaba a conmoverse un poco. Instintivamente, pegó su oído aún más para escuchar mejor.


Cuando Videl le había preguntado si deseaba estar embarazada, la científica había contestado sumamente entusiasmada a la pregunta afirmando que sí.

Bulma se veía claramente ilusionada con la idea de agregar a alguien más a la familia Briefs. Tal vez estaba demasiado esperanzada... por lo mismo, la bella doctora dio un profundo suspiro antes de darle a conocer el resultado del examen.

— Bulma... lo siento, pero usted no está embarazada — se sintió mal de destrozarle sus grandes expectativas, pero la realidad era esa.

La joven de cabellos turquesas abrió su boca por la sorpresa que se adueñó de su ser. La ilusión había adormecido completamente la posibilidad de pensar en un "no", que por lo mismo resultó muy decepcionante.

— Ah... — musitó con tristeza, comprendiendo que se había esperanzado en vano.

— Pero ánimo, estas cosas suelen pasar — esbozó una sonrisa complaciente —. Quedar embarazada no es tan fácil como algunos creen. A veces se necesitan muchos intentos para lograrlo — la trató de consolar.

La mayor de ambas dio un suspiro desilusionado como respuesta.

— Bueno, supongo que tendré que seguir esperando — intentó darse ánimo a sí misma —. Gracias Videl — agradeció estirando su mano para estrechar la de ella.

— De nada, cualquier cosa yo estaré encantada de ayudarla — sonrió mientras respondía el saludo —. Y ánimo eh, si quiere estar embarazada seguro que pronto lo logrará.

Bulma simuló una sonrisa convincente. A pesar de ello, se despidió con el peso de la decepción en sus espaldas. Subió a su autómovil, prendió el motor y emprendió el rumbo a la Capsule Corporation de este futuro.

— Eso me pasa por ilusionarme más de la cuenta — suspiró una vez más.

Llegó al hogar, entró por la puerta y se dispuso a buscar a su esposo para pasar la incipiente pena que quería surgir en su alma. Quizás tampoco era para tanto pues podía ser madre en cualquier momento junto a él, pero precisamente las ilusiones rotas sumado a estar más sensible de lo habitual habían generado una mala mezcla.

— Seguramente mi período llegará pronto — dedujo ella, percatándose de los cambios hormonales que la ponían más sensible de la cuenta.

Buscó a su hombre recorriendo cada uno de los cuartos de la casa, pero no lo encontró.

— Que vacío se siente aquí cuando no hay nadie — comentó para sí.

Finalmente, se dirigió a la ultima habitación que le faltaba por revisar esperando encontrar a su amado allí.


El príncipe guerrero seguía concentrado intentando escuchar a su retoño, pegando su oído al vientre de la futura madre. A pesar de acercar más su oído no lograba oír nada que le llamase la atención.

La tierna escena resultaba conmovedora, excepto para la persona que justo en ese momento entró por la puerta. Toda la decepción que ya traía desde la clínica estalló definitivamente al ver tal escena. Además, como si su decepción fuera poca, lo que había sucedido entre su clon y su esposo aún seguía latente en su memoria, haciéndole vibrar el corazón de malditos celos que simplemente no podría contener.

— ¡Vegeta! — gritó con todo el volumen del que su voz era capaz.

Tanto el príncipe como la futura madre reaccionaron a la aguda voz mirándola con ojos que combinaron extrañeza y sorpresa a la vez.

— ¿Qué haces? — exclamó nuevamente, pupilas enardecidas mediante.

Vegeta despegó su oído, alzó su mirada y cruzó sus brazos con prepotencia. Detestaba profundamente que su mujer le gritase, pero si lo hacía con razón hasta podía aceptarlo. Pero que ahora le llamase la atención sin motivo dejó salir el demonio que sigilosamente guardaba siempre por dentro.

— ¿Qué mierda crees tú que estoy haciendo? — espetó con suma molestia.

— No lo sé — respondió al instante — por eso te pregunto — afirmó mientras se le acercaba, encarándolo abiertamente.

— Primero, bájame el tono mujer — ordenó con fuerte voz. — Segundo, no sé a que viene tu pregunta. ¿Acaso no es evidente? — replicó comenzando a ofuscarse, lo cual no significaba nada bueno. En vez de aclarar las cosas tranquilamente y de una sola vez, iba a apagar el incendio con bencina.

— No es evidente — negó ella tal afirmación, mientras cerraba los puños en sus caderas e inclinaba su cuerpo hacia adelante, en forma desafiante —, por algo te estoy preguntando.

Mirai Bulma parpadeó totalmente sorprendida con la reacción de su joven gemela. De haber sabido que un detalle así la molestaría tanto jamás se le hubiese ocurrido que el saiya sintiese al bebé que venía en camino.

— Bulma, tranquilízate — la llamó a la calma —. Vegeta solamente estaba sintiendo al bebé — lo defendió la mujer futura.

— Tú cállate — con dureza, la conminó a guardar silencio —. Esto es entre Vegeta y yo.

Mirai Bulma resopló con fastidio, sin querer replicar. Embarazada como estaba no quería gastar fuerzas en una discusión inútil.

El príncipe la imitó un segundo después, resoplando también, pero por supuesto que él no se resistiría a discutirle.

— ¿Y a ti qué mierda te importa lo que estuviera haciendo? — espetó nuevamente Vegeta. Realmente comenzaba a molestarse más allá de los límites recomendables. De hecho, la joven se habría calmado si su esposo le hubiese contestado como gente civilizada, pero eso era como pedirles naranjas a un manzano.

— ¿Y por qué rayos te cuesta tanto decir lo que estabas haciendo? ¿Qué me estás ocultando, Vegeta? — su ofuscación volvió a subir niveles en su cuerpo.

— ¿Ocultar? — su voz se tornó incrédula — ¿Tú crees que yo tendría que ocultarte algo? Alucinas, mujer. No estoy para perder mi tiempo en discusiones estúpidas — de haber podido arrojarle un balde de agua hirviendo lo habría hecho. — ¡Qué manera de fastidiar por una tontería! — agregó indignado. — Si la embarazada y la que debe hacer escándalos estúpidos es tu clon del futuro, ¡no tú!

— Vegeta, escúchame bien, jamás, nunca, quiero que vuelvas a estar así con ella. No cuando yo no estoy presente. No, cuando no te vean mis ojos.

— Mujer, a mí nadie me da órdenes, así que cierra tu insolente boca antes que me enfurezca de verdad. — le ordenó con su habitual tacto.

— A mí nadie me hace callar, Vegeta. Te lo advierto una vez más, la vuelves a tocar una vez más y no me hago responsable de lo que pase — nada más que una pelea de orgullos acontecía.

— Veo que en verdad con lo que pasó la confianza se quebró para siempre. Es una lástima. Si tanto desconfias de mí entonces no vale la pena seguir lo nuestro. Haz lo que quieras mujer. Me largo — su voz no tembló en lo más mínimo para decir tales palabras. Hastiado, se dirigió a la puerta de salida de la habitación, dispuesto a marcharse. No estaba de ánimo para soportar discusiones que le parecían estúpidas y por lo mismo nada lo detendría.

— Vegeta... — musitó su nombre, sin atinar a detenerlo.

— Vegeta, no te vayas — en cambio, Mirai Bulma si que reaccionó.

— Cállate, esto no te incumbe — pero su reacción no fue suficiente para detenerle. El saiya salió por la puerta dando un portazo que por poco la parte en pedazos.

La joven no intentó impedirlo, en cambio, miró con reproche a su clon mayor.

— ¿Quieres usar de excusa tu embarazo para volver a acercarte a Vegeta? ¿Todavía quieres quitarme a mi marido? — reclamó algo que realmente no estaba sintiendo.

Mirai Bulma abrió más sus ojos con el cuestionamiento que le había hecho. ¿Acaso era la misma mujer que anteriormente le había ofrecido toda su ayuda? ¿Realmente era la misma mujer que se había portado tan bien con ella durante todos estos días?

La verdad era que la menor no estaba celosa por la razón que había mencionado antes... lo que realmente causaba sus celos fue ver que Vegeta tuvo la delicadeza de intentar sentir al bebé, mientras ella, durante los nueve meses de embarazo de Trunks, jamás tuvo un solo gesto de cariño del saiya. Ni uno solo. Cualquiera se incomodaría, se entristecería y odiaría ver que el hombre que ama tuviera detalles así con otra mujer cuando con ella no fue capaz de tenerlos nunca. Así, su inconsciente estalló de envidia, provocando toda esta engorrosa situación.

— No sé que te pasa, pero te aseguro por lo más sagrado que no tengo ninguna intención camuflada o como quieras llamarle. Pensé que ya todo estaba arreglado — dijo la de más edad con voz muy tranquila, pero que a la vez denotaba cierta tristeza.

Aquel calmo tono de voz logró que la científica del pasado apaciguara un poco el enojo que estaba sintiendo. Respiró profundo antes de responder para dominar la maldita impulsividad que nuevamente había conseguido dominarla.

¿Pero es que cómo no podría darle coraje? Vegeta iba a tener un bebé con la mujer que tenía en frente, con ella... con otra mujer. Cierto era que se había acostumbrado a la idea, pero todavía no dimensionaba que además de ella el saiya también tendría detalles para con la mayor.

Jamás Vegeta había hecho algo así. Nunca jamás Vegeta la apoyó en su embarazo... ni siquiera en lo más mínimo. Nunca. Y esa mujer que esperaba un hijo, si podía tener el privilegio que a ella le fue negado. ¿Acaso no le daría rabia a cualquiera?

Bulma cerró su puño. Impulsiva como siempre, aquella maldición se había reflejado una vez más.

— Yo... yo lo siento mucho — se disculpó por su airada reacción —. Es que me dio tanta envidia ver que Vegeta estaba así contigo... conmigo jamás estuvo así — suspiró con pesadez.

Mirai reaccionó sorprendida. Ahora entendía todo.

— Bueno... ahora puedes sentir un poco de la envidia que yo sentí hacia ti por tener todo lo que yo perdí — comentó sin poder evitarlo. Quizás así podría ponerse en su lugar una vez más.

Bulma abrió más los ojos, parpadeando rápidamente. No respondió.

— A veces cometemos errores porque algo nos pone una espesa bruma que nos cubre el sentido común — declaró la mayor — tal como lo puede hacer el amor — reflexionó, recordando como el amor había sido capaz de bloquear hasta sus principios más profundos, produciendo la consecuente equivocación.

La joven guardó silencio, mientras pensaba el significado y sentido de aquellas palabras. Antes de que respondiese su contertulia se adelantó.

— Bulma ve a hablar con él, deténlo antes que se vaya. Es una estupidez por lo que están peleando. Vegeta te ama de verdad y yo jamás tendría interés en meterme con él nuevamente. Tú has sido muy buena conmigo a pesar de lo difícil que ha sido todo para ti y nunca te pagaría de esa manera. Yo sólo quería que Vegeta escuchase al bebé, nada más — terminó de decir posando una mano en el vientre que engendraría un nuevo ser.

La joven guardó silencio mientras dirigía su mirada al abdomen de ella. Se arrepintió de la jodida equivocación que había cometido. Esa criatura por supuesto que merecía tener a un Vegeta preocupado por él, a un príncipe que si quería escucharlo tenía el derecho de hacerlo sin que obtuviese quejas a cambio.

— Maldita lengua, tan pequeña pero tan letal — se enrabió más con su lengua que con ella misma, como si su lengua tuviera independencia de su mente —. Gracias, me has hecho despertar de la tontería que estaba haciendo. Iré enseguida a hablar con él — así, caminó raudamente para alcanzarlo.

Corrió a toda la velocidad que sus piernas le permitieron, anhelando encontrar al saiya antes de que se largase y por suerte lo logró. Justo cuando cruzaba el umbral de la puerta gritó su nombre.

— Vegeta — demandó con voz imperiosa mientras trotaba para alcanzarlo, pues el saiya no se detuvo.


La hora de partir llegaría muy pronto para Gohan. Así se lo había advertido ya la Bulma de menos años, quien le previno que muy pronto una de las máquinas del tiempo estaría lista para regresar al pasado. Durante este tiempo, había salido en varias ocasiones con Mirai Videl, pasándolo muy bien con ella. No le dejaba de sorprender lo parecida que era con su novia, a pesar de las contrarias circunstancias que les impuso la vida.

Por supuesto, en esas citas no había acontecido nada que implicase algo más que una amistad, pues Gohan era muy tímido y Videl lograba controlar sus sentimientos, a pesar de lo que le costaba hacerlo.

Así, fue el joven quien la llamó para informarle que se tendría que despedir muy pronto pues volvería a su tiempo, causándole sin querer, un nudo de dolor en su corazón a la doctora.

La hora que ella no quería que arribase finalmente lo había hecho. La despedida era más que inminente. Fijándose en un calendario lunar para ver cual día tendría luna llena, fijó la última cita precisamente cuando sucediese aquel evento estelar.

De esta forma, acordaron juntarse en el centro de la ciudad a las nueve de la noche, llegando ambos puntualmente a la cita.

— Hola, Gohan — saludó ella agitando una mano como saludo al verlo.

— ¡Hola! ¿estás hace mucho aquí? — preguntó mientras le daba un tierno beso en su mejilla.

— No, nada, de hecho recién llegué — contestó sonriendo.

Gohan, quien no era alguien que se fijase en detalles como la ropa de alguien, no pudod ejar de hacerlo al ver que en ella la belleza parecía no tener límites. Le habría comentado que se veía preciosa, pero una vez más la timidez lo atacó impidiendo sus palabras. En vez de eso, le preguntó qué cosa llevaba en un bolso que colgaba desde su hombro.

— Ah, no es nada. Las mujeres siempre salimos con bolso — dijo ella extrañamente avergonzada.

Gohan consintió divertido.

— ¿A dónde iremos? — preguntó el muchacho.

— Mira, casi en las afueras de la ciudad hay una laguna muy linda, que además es redonda.

— ¿Una laguna redonda? — le llamó la atención aquello.

— Exactamente — sonrió feliz — ¿Te parece si vamos allá? Es un lugar muy bonito, estoy segura que te encantará.

— ¡Por supuesto! — se convenció enseguida —. Yo te llevó — agregó mientras ponía sus brazos en posición para cargarla.

Un poco de color tomaron las mejillas de la médico. Aceptando su ofrecimiento, se acomodó en sus brazos y se aferró a su cuello con ambos brazos.

El hijo mayor de Goku sintió como los nervios se apoderaban de él y es que tenerla así de cerca enbromaba sus sentidos. Dio un respiro inhalando aire para calmar su corazón y alzando vuelo la llevó hasta el lugar que ella le indicó.

Desde el cielo, ambos pudieron apreciar todo el contorno del lago, pudiendo comprobar que efectivamente tenía forma circular.

Gohan descendió con la femenina carga en sus brazos y la dejó con suma delicadeza en un pequeño monte que hacía de mirador.

— Muchas gracias —sonrió ella—. ¿Te gusta el lugar?

— ¡Es maravilloso! — exclamó emocionado enseguida —. Hacía tiempo que no veía tanta belleza.

La noche era calurosamente húmeda. El precioso lago, rodeado de hermosos árboles y flores, lucía una tranquilidad sobrenatural. La suave brisa ni siquiera mecía las aguas en lo más mínimo y el murmullo de grillos indicaba que era un lugar lleno de vida, a pesar de la intromisión que había hecho el ser humano allí.

— ¡Qué bonito lugar! — exclamó nuevamente Gohan maravillado ante tanta belleza.

— ¡Me alegro mucho que te guste! — dijo ella con el mismo entusiasmo.

Unas luces de todos colores yacían al centro del lago, las cuales se mecían dando un efecto encantador. La luna que podía verse desde aquel mirador natural que formaba el cerro, pareció estar más cerca de lo habitual. Casi como si quisiera tocarlos.

Algunas nubes se cruzaron a través ella intentando impedir la llegada de luz selenita, pero no lo lograron. El paisaje era hermoso, cálido, tierno. Mágico. Esa era la palabra ideal. Un lugar lleno de magia natural.

Observaron el verde pastizal, tierno y recién creciente, sentándose ambos uno al lado del otro. Gohan con sus piernas estiradas, brazos atrás afirmando su cuerpo y vista fija hacia la luna disfrutando su belleza. Cual hombre lobo fascinado.

Videl lo hizo con sus piernas flexionadas, dejando reposar sus brazos en las rodillas, mirando atentamente el encantador lago.

La forma de una nube pareció adquirir la forma de un avión, lo cual Gohan se lo comentó con gracia a su novia que no lo era.

— ¿Dónde? — preguntó sorprendida, intentando ubicarla.

— Allí, mira — alzó su índice para que la notase.

— ¡Oh, es verdad! — se emocionó con lo vivaz de su imaginación. — Pero mejor sería que tuviese forma de corazón — bromeó ella con una sonrisa.

El semisaiya la miró con timidez, compartiendo con ella su sonrisa. Tras poner en marcha su imaginación con otras nubes, guardaron silencio. Tal vez presintiendo que esta no sería una noche normal. Sería la última que podrían compartir. Sus respiraciones, todavía tranquilas, evidenciaron la paz que amablemente otorgaba ese precioso lugar.

— Gohan... — dijo su nombre mientras giraba su cabeza para mirarlo, después de una larga pausa.

— Dime, Videl — dejó de ver la luna para mirar algo aún más hermoso... a ella.

— Gracias por darme la oportunidad de conocerte. Gracias por hacerme feliz estos meses — su sonrisa nunca fue más encantadora.

El hijo de Milk correspondió aquella sonrisa con otra.

— No, y diez mil veces no — negó con énfasis —, soy yo quien te debe dar las gracias. No sabes cuanto te agradezco que hayas salvado la vida de mi mamá de esta época.

Videl sonrió complacida. Un orgullo puro se adueñó de su corazón. Siguieron charlando con desbordante emoción hasta que finalmente llegó un silencio.

Aprovechando aquello, la especialista en medicina introdujo sus alegres manos en el bolso que había dejado a un costado. Allí, enrollado cual pergamino, extrajo algo que encantaría al semisaiya con toda la fuerza del amor que ella le profesaba.

Desenrolló el pergamino y extendió cuidadosamente sobre el suelo el regalo que su enamorado corazón había forjado a través de sus manos.

Los latidos de Gohan literalmente estallaron. Antes, el regalo dado por ella fue un lindo dibujo, que él guardaba con el ahínco de un pirata ocultando un cofre de oro. Sin embargo, cuando creyó que no podía haber mejor presente que ese... ella le demostró todo lo contrario.

Una hermosa pintura era. Una brillante pintura. Linda, sublime, absolutamente preciosa.

Gohan y Videl estaban retratados allí, juntos uno al lado del otro, mirando un precioso lago circular rodeado de preciosos árboles, mientras la luna los cobijaba en su seno...

Sí, era la obra de lo que vivían precisamente en ese mismo momento. Era lo que Videl, entre tantas noches de desvelo, había pensado como la más hermosa despedida. La pintura y lo real parecieron fundirse en un solo plano existencial.

Anonadado... perplejo... impactado. Realmente no habían palabras que cupiesen para describir lo que Gohan sintió en ese momento. Nunca, en toda su vida, pensó recibir un obsequio tan extraordinariamente bello y sorprendente. Quizás no era un cuadro perfecto pues Videl no era Leonardo da Vinci ni Miguel Ángel, pero aún así lo bien hecho que estaba demostraba todo el inmenso amor y dedicación que había puesto en realizarlo.

— Te deseo lo mejor del mundo, ojalá seas muy feliz con la Videl del pasado. Dale mis saludos también — le deseó sinceramente, pero sin poder evitar un brillo de tristeza que afloró en sus azulados ojos.

Gohan sufrió una conmoción de sentimientos, las células de su ser vibraban de la emoción. Aunque su timidez era algo que a veces le impedía expresar todo lo que realmente sentía... esta vez no quiso prohibirse nada pues sería la última vez que la vería. Se acercó a ella hasta casi rozarla y sin perder tiempo le dio un fuerte y conmovedor abrazo.

Videl no pudo evitar derramar unas cuantas lágrimas. Sus recuerdos trajeron a su mente a aquel joven que había salvado su vida en aquella noche que la muerte quiso llevársela en forma de androides. Gracias a Mirai Gohan ahora podía disfrutar del don de vivir y jamás podría dejar de estarle agradecida. Ahora la versión pasada del hombre que había salvado su vida estaba allí, abrazándola, haciéndole vivir en carne propia lo que hubiese sentido con él de haber seguido con vida.

Hubiese dado su vida por que las cosas fueran diferentes... la química que tenía era única, irrepetible, increíblemente fuerte... como jamás lo había sentido con ningún otro hombre.

Sus ojos susurraban amor los unos a los otros... pero era un amor prohibido. Un amor imposible... un amor que no debía ser. Plasmó en su rostro toda la felicidad que sentía junto a él... en aquella mágica danza de corazones que latían a la tierna y dulce sincronía que sólo el amor era capaz de lograr.

Realmente envidiaba a Mirai Bulma. Pudo haberse equivocado, pero la envidiaba porque al menos ella si pudo ser feliz momentáneamente e incluso traería a la vida un hijo del hombre que amaba. Suspiró pensando una vez más en lo injusta que era la vida... pero quiso buscar solaz pensando en que al menos había tenido la posibilidad de conocer a la versión pasada del hombre que había salvado su vida. Nunca tuvo la oportunidad siquiera de despedirse. Ahora si la tenía... y podría por fin seguir su vida, ya sin tener la falsa ilusión de que encontraría tarde o temprano al amor de su vida.

Palpitaciones fuertes.

Corazón enamorado.

Química pura de ternura.

Era el golpe irresistible del amor. Un puñetazo directo a su alma de cariño e infinita ternura.

Sus nervios tensados por ese joven al que nunca más volvería a ver parecieron contraerse aún más. Su sangre fluía con la fuerza de un río a través de sus venas. Sus pupilas invadidas de tristeza, mostraban la congoja por el destino que no podría cambiar... porque no era correcto.

Pero no podía dejar de caer rendida ante él... sus ojos... su voz... sus labios que parecían invitarla a poseerlos... su piel que parecía embelesarla sin remedio...

Maldijo su suerte. Maldijo su destino. ¿Por qué la vida le ponía en frente la felicidad sino podía tomarla? ¿Por qué rayos la vida tenía que ser así de injusta?

Lamentablemente, algo tan lindo como el amor podía transformarse en un veneno letal para el corazón...

Miradas cruzadas. Almas enamoradas. Cuerpos apasionados. Decir adiós era uno de los pasos más difíciles que un ser humano debía afrontar en su vida.

Sabía que este momento quedaría marcado por siempre en su cerebro durante el resto de su vida. Un recuerdo imborrable que perduraría a través de los años hasta que su hora de partir llegase.

Los recuerdos que poseemos se quedan en la mente pues ella selecciona que recordar y que descartar. Rara vez, en el preciso momento en que se vivía un instante memorable, alguien se da cuenta de que ese recuerdo perdurará allí... pero Videl tuvo plena conciencia de ello. Sabía que en diez, veinte, treinta, cuarenta o más años, este momento jamás se iría de las redes de su mente. Por esa misma razón, no quería que esto se volviese algo tan triste ni para ella ni para él. Quiso ser fuerte, quiso sonreír, realmente quiso demostrar fuerza interna reluciente... pero no pudo lograrlo. La tristeza era demasiada.

— No hay nada más desesperanzador que un amor pasado... — comentó mientras su pecho se contraía más de lo normal... el dolor del alma también se hacía patente físicamente.

Ojos sorprendidos fue la implícita respuesta.

— ¿Un amor pasado? ¿Por qué? — se animó a preguntar, sospechando que la respuesta tenía que ver con él y lo que le provocaba. Sus manos manifestaron aquella conjetura a través de la humedad que sus poros comenzaron a despedir.

— Porque se ama solamente un recuerdo. Una imagen en tu mente... — su mirada se vació en el horizonte; triste, apesadumbrada, derrotada —. A alguien que ya no estará contigo. A alguien que nunca más podrá sonreírte, nunca más podrá reír junto a ti... nunca más compartirá un momento lindo contigo. Nunca podrás estar con él... — cerró los ojos para aprisionar las lágrimas que añoraban huir —. Es muy triste cuando una persona pasa por tu vida, deja una huella tan profunda y luego sabes que nunca más la verás...

Gohan bajó su cabeza con tristeza, su mirada se pegó en la verde alfombra que el pasto salvaje había formado. Cuanto le habría gustado que las cosas fuesen distintas en este trágico futuro. El murmullo de sus venas pareció volverse incontrolable. Deseaba abrazarla, confortarla, hacerla sentir mejor. Incluso quería más que eso. Deseaba... besarla.

No debía ser así... pero lo era.

— Entiendo... — comprendió lo que ella estaba sintiendo... porque él también lo vivía en ese preciso momento. Se lo expresaba claramente su corazón a través de sus venas, con la sangre circulando salvajemente.

— ¿Sabes por qué es desesperanzador? — preguntó, a lo cual Gohan respondió negando con su cabeza —. Porque uno quiero amar en el presente. Yo quiero ser feliz... quiero vivir y ser feliz ahora — sintió que a su cuerpo le faltaba el aire y dio un suspiro para satisfacer aquella necesidad. Luego continuó: —Pero yo amo un recuerdo... el cual siempre me lastimará el corazón — terminó con su voz quebrándose por completo.

Gohan se conmovió como pocas veces lo había hecho en toda su vida.

— Por eso es desesperanzador un amor pasado... porque yo quiero amar en el presente... no un recuerdo — terminó de explicar con el alma rota.

Dolor, tristeza, angustia, sufrimiento, pena. Palabras que se habían convertido en las más comunes en esta época. Y que precisamente ella ahora las vivía a cabalidad.

— ¿Amas un recuerdo?

— Sí — respondió intentando evitar no caer en lágrimas. Cerró sus ojos nuevamente, pero sus lacrimales fueron más fuertes. El incoloro líquido surgió a través de la prisión que había formado.

El viento silbó brevemente. El contacto contra sus pieles les advirtió que el frío aumentaba. Sin embargo, a ninguno le importó ese hecho. El joven posó con ternura sus dedos alrededor de sus azulados ojos y con cuidado comenzó a enjugar cada una de las lágrimas que caían.

Confortada, abrió sus ojos y los entrelazó con los de él. Se miraron, contactando sus almas mediante sus apasionadas pupilas.

— Sabes Videl, yo no soy bueno con estas cosas... — su voz insegura delató lo antes dicho —no soy alguien que sea sabio como el señor Piccolo o alguien que sea bueno con las palabras... — su garganta quería cerrarse. Una presión sintió allí, empero, cogió fuerzas de flaqueza para decir lo que ansiaba —. Pero si te puedo decir algo que creo... para ser feliz debes dejar ir ese recuerdo que tanto amas. Tengo la seguridad de que el Gohan de esta época querría algo lindo para ti, porque realmente te lo mereces.

Videl fijó su mirada en él, delatando en sus iris la incipiente ternura rebelde que surgía entre el dolor.

—Si amas un recuerdo — prosiguió él — jamás podrás abrirte a ser feliz con alguien más... es hora de dejar ir esa remembranza. No me refiero a que lo olvides... por supuesto que no... porque siempre estará allí y es bueno que así sea, es lindo recordar con amor y cariño... pero si creo que debes seguir tu vida ya sin tener el doloroso sentimiento de amar un recuerdo... alguien del pasado que jamás volverá. Toda tu vida no puede girar en torno a alguien que ya no está. Prosigue tu vida con fuerza y fe — su alma emocionada, conmovida, simplemente enamorada... sólo quería ayudarla con todas sus fuerzas. Por esa misma razón le dejó expresar una sabiduría de la cual su mentor Piccolo resplandecería de orgullo.

— El pasado duele sólo si dejamos que nos superé. No hay que dejar que la nostalgia nos derroté. Yo lo sentí cuando murió mi padre. Me culpé mil veces de su muerte... pero no podía cambiar lo que pasó. Sumergirme en eso sólo me llevaría a una depresión de la cual nunca podría salir. El pasado no nos puede ganar. Nosotros tenemos que superar el pasado, no él a nosotros. Hácelo por él... porque él sería feliz si así lo hicieses... pero incluso es más importante que lo hagas por alguién más...

— ¿Por quién?

— Por ti misma — respondió con voz solemne.

Videl abrió más los ojos por la sorpresa, ensanchando sus vibrantes pupilas.

— Eso es lo que te puedo decir... quizás esté equivocado, no lo sé, pero creo que esta vez tengo razón — sonrió con una mano en su nuca, tal como solía hacer su amado padre. — Deja ir ese recuerdo — continuó — para que puedas ser feliz nuevamente. Mereces ser feliz. Mereces conocer la felicidad de amar una vez más. Por él, pero sobre todo por ti... hácelo. Eres una mujer extraordinaria y si te das la oportunidad, real y verdadera, de volver a amar... sólo entonces lo volverás a hacer.

El espíritu de Videl tembló hasta sus cimientos más internos. Gohan... el nombre que marcó su vida para siempre, tanto en el pasado como en el futuro, lograba siempre provocar aquello.

Tanto tiempo ansiando encontrarlo para vivir su amor con él... una búsqueda que jamás abandonó a pesar de nunca haber rendido frutos. Pero finalmente esa búsqueda había terminado tristemente, al saber que el hombre de su vida murió trágicamente contra los androides.

Ahora debía emprender una empresa aún más difícil. Una búsqueda que no se dedicaría a encontrar al amor de su vida... esta vez la misión sería todavía más dura... debía encontrarse a sí misma. Debía hacerlo para poder ser feliz una vez más.

Videl sonrió de una manera muy grata y tierna. Sus labios parecieron demostrar que la perfección si existía.

— Así lo haré — asintió comprendiendo cada una de sus palabras — Seré feliz. Por él, por ti y por mí. Ya no viviré del pasado, anhelando un amor que ya pasó... viviré el presente y aprovecharé la bendición de vivir siendo feliz nuevamente. Me daré la oportunidad de amar nuevamente — su sonrisa, el brillo recobrado de sus ojos, su semblante destellando fuerza de voluntad, eran la prueba de que las palabras del hombre que amaba habían hecho mella en ella para bien.

La flecha del amor había traspasado su corazón. Lo había perforado causándole el daño más grande posible... pero ahora sacaría esa flecha y, por más que le doliese el acto de quitarla, sin ella su herido corazón podría sanar nuevamente.

— Gracias, Gohan — ambos compartieron la sonrisa más linda que el universo pudiese presenciar en las trillones de galaxias y las todavía mayores especies vivientes existentes en ellas. La magia jamás fue tan real.

Nerviosos corazones asomaron. Ambos sintieron como la química del amor gritaba, desesperada, a través de sus cuerpos. Videl no podía seguir evitando los designios que la dualidad cuerpo-alma ansiaba cumplir.

Sabía muy bien que nunca más lo vería... el resto de su vida lo viviría sin él, por doloroso que resultase. Miró sus ojos a través de los suyos, destilando por cada célula de ellos el más profundo y agradecido amor. Sintiendo que se le escapaba por causa de la emoción, inhaló aire tanto a través de su boca como de sus fosas nasales. Tomó la faz masculina, sabiendo que nunca más volvería a verla. Sus mejillas tersas y cálidas las disfrutaría por última vez.

Lo miró más intensamente que nunca... lo miró como si no hacerlo le trajese una desgracia a su alma. Fijamente, sin parpadear, sin mover un sólo músculo, anhelando que todos sus pensamientos se revelasen como un libro abierto en un momento de inspiración sin control.

Él era el fruto prohibido... y ella quería ser Eva.

La realidad, así era. Quería ceder su alma al amor.

Rozó su nariz con la de él y, ladeándola un poco, posó sus labios en los suyos. Cruzó sus brazos detrás de su nuca y entregó su alma entera en aquel beso que demostraba sus más profundos sentimientos.

El hijo mayor de Goku no reaccionó. El colapso hormonal hizo bien su trabajo en la mente, sin poder explicarse como ambas mujeres, pasada y futura, amaban de la misma manera. Contradicción que ya había vivido con todas sus intrincadas complicaciones el saiya llamado Vegeta. Ahora comprendía a cabalidad lo que él también sintió con Mirai Bulma. Finalmente, no pudo evitar responder el beso.

Tras esa paradisíaca instancia en que alcanzó el edén, Videl se separó de él unos centímetros, observándolo con conmovedora ternura.

— Perdóname — se excusó — pero sin hacer esto nunca podría haberte dejado ir — le dio una sonrisa que, aunque quiso simular felicidad, no lo logró. La tristeza fue más fuerte. Dio un lastimero suspiro, única forma en que su cuerpo liberó todo el dolor acumulado a través de tantos años. Los malévolos androides le habían robado la felicidad, como también a tanta gente en esta desgraciada época.

— Gracias por todo... — de sus ojos color cielo brotaron más lágrimas — cuídate Gohan — le pidió mientras todo su cuerpo no dejaba de temblar. — Hasta siempre, mi amor... — su voz salió clara pero vibrante, adaptándose a los sentimientos que con tanta exaltación exponía. Sus ojos brillaron llenos de tristeza... pero también de amor.

El mutismo de Gohan sólo hizo que los ruidos ambientales se hiciesen más presentes. Una exaltación de sus sentidos le dejó ese beso. El sonido de las copas árboreas meciéndose a lo lejos, el viento causando un particular silbido y la luna tan cercana, fueron una estremecedora señal de la naturaleza. Él también ansiaba decirle que la amaba. ¡De verdad quería tanto hacerla feliz! Se lo merecía... pero no podía hacerlo. Que tristeza tan grande provocaba el querer hacer algo y no poder.

Mirai Videl volteó sobre sus pies, a la vez que daba un profundo suspiro para calmar el incipiente dolor surgido en su corazón. Realmente quería irse de allí, porque si pasaba tan solo unos cuantos segundos más junto a él no podría resistir las ansias de perderse entre sus brazos y poseer sus labios eternamente. No tenía la más mínima duda de que si permanecía más tiempo allí no podría dejarlo ir nunca.

Gohan vio como esa espalda se alejaba para proseguir su camino, dando también un último suspiro antes de separarse para siempre de ella. Se iba aquella mujer futura que, dijesen lo que dijesen, fuese correcto o no, también amaba, pues era Videl también. Su Videl. Y tener a la persona que más amas en frente y no poder tenerla era un castigo cruel.

El firme caminar femenil no demostró el inmenso pesar que su alma sentía en ese momento... separarse eternamente del hombre que jamás dejaría de amar era peor que una tortura. La triste soledad, que Gohan había ahuyentado durante estos felices meses, volvería a ser una vez más su fiel compañía. Pero esta vez, quizás esa soledad ya no sería permanente como hasta ahora lo había sido...

"Adiós, mi amor...", fueron los últimos pensamientos de Videl antes de regresar a la realidad que su desgraciada época le había impuesto, sin poder evitar que numerosas y trágicas lágrimas cayesen desde su bello rostro.

Lágrimas de un amor que jamás volverá...


Se sacó los guantes de trabajo, ordenó las herramientas y salió del laboratorio contenta por haber podido ayudar a su clon. Ni siquiera estaba preocupada, pues sabía por experiencia propia que aquella discusión que se había formado era la nada misma comparada a otras que se podían tener con Vegeta, así que estaba completamente segura de que todo terminaría en una linda reconciliación. No tenía la más mínima duda de ello.

Mientras caminaba a su habitación, recordó que ya cuatro meses habían pasado desde la concepción y gracias a ello, gradualmente la barriga comenzaría a notársele. Muy pronto llegaría el momento de hablar con su hijo y explicarle que tendría un hermano, probablemente una hermanita. ¿Cómo se tomaría tal noticia? Es más, ¿cómo se tomaría la noticia al saber que Vegeta era el padre? ¿La juzgaría? ¿La acusaría con el dedo como la gente acostumbraba hacer?.

Reflexionó aquellas preguntas profundamente. Antes, muchas veces, Trunks le dijo que la apoyaría pasase lo que pasase. Pero las palabras se las suele llevar el viento cuando se habla del común de la gente. Sin embargo, tratándose de su hijo, tenía la absoluta certeza de que no la criticaría ni la juzgaría... la pureza de la que disponía su corazón era demasiada para hacer aquello. Seguramente estaría feliz por la nueva vida que venía en camino... su hermanita. ¡Sí, seguro que se pondría muy contento de saber que tendría una hermana!

Una feliz sonrisa se dibujó en su rostro. Apenas pudiera, le contaría el embarazo. De hecho, lo mejor era confesárselo en ese preciso instante.

Decidida a ello, caminó hacia el cuarto de su amado hijo para cumplir lo que se había propuesto. No sabía si ya había llegado a casa, pero si lo estaba se enteraría. Sin embargo, inevitablemente algo la obligó a detenerse completamente.

Un mareo... un maldito mareo. Había pasado un buen tiempo desde la última vez que había sentido uno, tanto que pensó que no volvería a repetirse. Por ningún motivo quería volver a trastabillar y caerse nuevamente, pues eso sería peligroso para la tierna criatura que se engendraba en su interior. Detuvo su andar y se sentó en el suelo dejando ambas piernas juntas a un costado, apoyando sus manos también en el suelo para sostenerse. La Tierra pareció girar más rápido de lo normal debido a su alterada percepción. Respiró profundo y sacudió su cabeza, queriendo lograr así que el mareo se desvaneciese más pronto. Y al parecer había dado resultado, pues las vueltas que daba el mundo cesaron paulatinamente hasta desaparecer por completo.

— Lo único que me falta es terminar desmayada — rezongó ella, sintiéndose mucho más débil que la vez en que esperaba a su buen Trunks.

Cuando se iba a levantar nuevamente la atacó la maldita perturbación de su cabeza, pero esta vez sintió como su cuerpo se desvanecía como un objeto hundiéndose en arenas movedizas. Volvió a sacudir su cabeza y bajó su mirada por un crudo dolor surgido en su vientre. Al observar allí, lo que nunca esperó ver le infundió el más terrible espanto.

Abrió sus ojos llena de horror, mientras el pánico tocaba la puerta de su alma sin esperar permiso para entrar... la invadió por completo.

— No... no puede ser... — musitó completamente atónita ante la horripilante visión.

Nadie en sus cinco sentidos podría reaccionar ante lo que acontecía. La peor y más horrible de las pesadillas palidecía con lo que sucedía.

Todo su ser vibró al compás del miedo que se apoderó de ella. Tragó saliva y un congelado sudor comenzaron a emitir sus poros. Su órgano circulatorio se aceleró tanto que sus latidos hicieron eco en su pecho. Su piel fue acuchillada por un escalofrío que recorrió su espina dorsal y un temblor involuntario se produjo en sus manos. El corazón realmente pareció estrujarse dentro de ella.

— No puede ser verdad... Por favor, no... — dijo con voz apenas audible —Díos mío, por favor...

Intentó gritar pero ni siquiera su voz fue capaz de reaccionar. Sus cuerdas vocales no habían sido capaces de resistir tanta impresión. Su súplica fue apenas audible. El terror dominó cada una de las células que la componían. La peor tragedia había hecho una cruenta aparición...

Lamentablemente la imagen más espantosa que había visto en toda su vida estaba allí, escurriendo macabramente por el suelo...

Continuará.