DARYL
A él no le hace gracia la cosa. Tener a una niñata dentro de las cuatros paredes. Sí, cuatro paredes nada más, porque esta cosa no la considera hogar. ¡Y vamos hombre!, "hogar" es una palabra que suena de lo más utópica para él. Jamás tuvo un hogar donde se sentara en familia frente a la chimenea destellante, encendida con leña, y escuchara los cuentos de su padre junto a su hermano. Ese tipo de familia era una realidad tan falsa como fingir ser un hombre de bien. Alguien honesto.
Su viejo siempre tuvo otros intereses y el único que compartía con él, era la caza.
Nada más.
Carraspea la garganta, aclarándola. Mira de reojo cómo la joven rubia entra con timidez, esa timidez que ya le es familiar. Mira al rededor pensando lo mismo que él. Seguramente, piensa el mecánico, la casa de la rubia era completamente diferente a la de él.
- No es un hotel de cinco estrellas, pero tengo ducha caliente.
Dice para no sonar tan rígido y la chica se sienta más cómoda, pero al parecer, su comentario no le ha hecho gracia. La rubia se sienta en el sofá cubierto por una sábana de flores cuando Daryl le hace un gesto con la cabeza. Se sienta erguida y con las piernas juntas más incómoda que cuando entró.
Tapices gastados y manchados. El techo que antes era blanco, ahora es invadido por hongos. La mesa redonda está llena de restos de comida. Los cuadros con polvo. Y una que otra barbaridad que la chica mira con empalago.
Daryl resopla y gira dándole la espalda.
Se siente en parte traicionado consigo mismo. ¿Dónde estaba su orgullo? La niñata le llamo maldito y él le permite quedarse en su maldita casa. Nah... Tampoco puede ser infantil. La niña pidió su ayuda, además forma parte importante para él. Los dos nombres que faltan le son imperativos aún.
- ¡Perdón por llamarte maldito! -Escucha a la chica desde el sofá. Daryl frunce el ceño.
En la cocina saca un tarro de fideos y lo pone al microondas. No había comido la cena aún y su estómago comenzaría la orquesta desagradable de sonidos implorando comida. Ya era algo típico.
Se asoma con disimulo y le echa un vistazo a Beth descubriendo que aún está examinando con una incomodidad obvia, la casa. Daryl no sabe qué decirle. Nunca trajo a una chica a casa sin que fuera una puta de la calle. Pero como dicen por ahí, siempre hay ocasión para una primera vez, aunque a él jamás le pasó por la cabeza que sería ella.
- ¿Quién es él?
Con sólo oír la pregunta de la rubia, la imagen de "él" le viene a la cabeza. La menor ha cautivado su mirada en la fotografía impresa de Daryl y su hermano. Un nudo en la garganta le inquieta el cual intenta hacer desaparecer aclarando su garganta. Avanza hacia la joven hasta quedar junto a ella.
-Es mi hermano: Merle.
Contesta sin más y vuelve a aclararse la garganta.
- ¿Vive aquí también? -Pregunta al instante con cierto temblor en la voz. Daryl no quiere responder. Y es el timbre del microondas avisando que la comida está lista, lo que le salva.
Pero su no-respuesta es en extremo obvia, de ser así, no habría tardado y hubiese respondido enseguida. Beth queda en silencio. Un silencio intimidante la adormece. No sabe si es por la pregunta incómoda que ha hecho o por el olor a comida que ha invadido la casa.
Desde la cocina Daryl aparece cargando una lata de fideos y un tenedor. Beth baja la mirada y el mecánico no tarda en descubrir por qué.
- ¿Has tragado?
- No... Pero descuida, no tengo hambre. -Miente sin levantar la vista. Le avergüenza de sobremanera pedirle algo más a Daryl. Es cuando ve la punta de las botas de él que levanta la cabeza. Frente a sus ojos azules, la lata de comida y el tenedor le han sido extendidos por parte de su mayor.
Antes de recibirlos se encoge de hombros, sintiendo sus mejillas calientes. Daryl la mira con algo de fastidio comparándose con una niñera.
- Gracias... -Formula Beth, teniendo la lata de comida en sus manos. Daryl no dice nada y se limita a volver hasta la cocina para meter otro tarro de fideos al microondas.
Después de unos minutos, los dos comían fideos sin trazar palabra alguna.
Beth es la primera en romper la discreción.
- ¿Qué le paso? -Pregunta luego de tragar. -¿Qué le paso a tu hermano?
La mirada de Daryl le ha dejado impactada. Por primera vez desde sus encuentros, él bajaba la vista y miraba sus pies. Como si le doliera lo que ha preguntado. Como si el tema fuera delicado para él. Beth no entiende el motivo de su reacción tan propia en ella, no en él, descubriendo que no son tan diferentes.
Daryl deja la lata de fideos en la mesa de centro, junto con el tenedor. Da un suspiro largo, áspero y pesado.
- Lo asesinaron. Se dice que lo asesinaron tres sujetos... uno ya cayó.
