Capítulo 3: Curly, el carpintero de corazones
Curly era un chico intelectual, popular en la preparatoria por sus conquistas. Entrando al nivel medio superior cambio radicalmente, se quitó los lentes gruesos, de pasta rojos y los cambios por unos pequeños y casi imperceptibles, dejando a la vista unos grandes ojos almendrados que encanto a más de una. En cuanto a su manera de vestir, dejo a un lado los colores vistosos y estridentes que desde niño había usado para darle paso al negro y gris. Finalmente, como todo hombre que pasa por la pubertad, su cuerpo se estiro y creció, incluso era más alto que Helga y Rhonda, ellas dos siempre habían sido de las chicas más altas, aunque no tanto como Sheena, su espalda se ensancho y el muchacho aprovecho para hacer un poco de ejercicio, no tanto como para marcar demasiado sus músculos, pero sí el suficiente para no hacerlo ver flaco o escuálido. Su personalidad extravagante ser transformo para darle paso a un chico callado, pero directo, algunas chicas dirían que misterioso, aunque claro, todo eso era una pinta, por eso amaba el teatro ya que le daba la oportunidad de que su verdadero yo aflorara con papeles raro y extrovertido como era realmente él. Muchas chicas querían estar con él, con el maduro e interesante Thadeous, todas menos la que él quería, su eterno tormento, Rhonda.
El chico de anteojos fue el único testigo, ajeno y al mismo tiempo tan involucrado de la declaración.
Ahí estaba, una propuesta simple, sin dobles intenciones o malas, un requerimiento que sólo podía tener dos respuestas, no más. Una declaración tan distinta a la de 7 años atrás en donde todo fue confusión, locura, sentimientos a su máxima potencia, gritos y besos robados, todo como lo indicaba en ese momento. Y tan diferente a esa vez en el corazón de la selva de San Lorenzo, en donde los sentimientos también habían aflorado al ver tan cerca la muerte, sentir el final cercano hizo que ambos se dieran cuenta que no podían morir sin poder tener por lo menos un final a esa relación, pero al igual que la ocasión anterior el calor del momento provoco que hicieran las cosas sin pensarlo realmente. Sin embargo…ahora…todo era tan tranquilo, no era más que una pregunta que exigía una respuesta…una respuesta que él no conocía, una respuesta que cambiaría todo. Arnold estaba seguro que Helga le gustaba sino ¿Por qué otro motivo aguantaría tanto? Lo hacía porque también sabía que la chica no era tan ruda como a veces aparentaba, en realidad era una persona muy cálida, amable e incluso frágil, pero también era fuerte y decidida, sobre todo para proteger a la gente que quería, ella era un contraste continuó que lo confundía pero que le agradaba, pero ¿Qué significaba tener de novia a Helga G. Pataki? ¿Acaso se iban hablar cariñosamente y ella sería amable todo el tiempo? Inmediatamente llego la respuesta a su mente, por supuesto que no…. ¿Entonces sería como ahora pero con besos de por medio? ¿Helga había besado a otro chico que no fuera él? Para ser honestos él sólo había besado a otra chica, años atrás una niña de San Lorenzo le robo un beso, pero él no le correspondió, como cuando lo hacía con la rubia, siempre que ella lo besaba parecía que su cuerpo reaccionará por su propia cuenta, como sí se conocieran de mucho, mucho tiempo atrás, aunque todos sus besos habían sido cuando niño ¿Qué pasaría si la besaba ahora? ¿Su cuerpo reaccionaría igual? Él sabía que no podía besarla porque sí, era un caballero y experimentar con ella después de lo declarado no era justo, sobre todo porque él no sabía lo que quería.
-Helga yo…- su mente volaba con tantas ideas, pero de nada le servía más que para confundirlo más. La rubia sonrió con pesar.
-No te voy a obligar a nada Arnold- se acercó a él- Te dije lo que quería, ya queda en ti aceptarlo- la chica soltó un suspiro- Te voy a dar tiempo, pero tampoco una eternidad- para sorpresa de él Helga se acercó y lo tomo de la mano, una corriente corrió por el cuerpo del chico- Arnoldo, no te obligues a algo por no lastimarme, pero piensa bien las cosas- lo soltó y el rubio se sintió raro, como si necesitara algo- Esto no es juego para mí y sé que tampoco lo es para ti, ahora sólo hace falta que te des cuenta- se dio la vuelta y se fue, sin decir nada más, dejando a un Arnold muy ruborizado.
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-¡Te fuiste sin una respuesta!- Helga se detuvo al escuchar la voz, casi temblando vio a su interceptor.
-¿Viste todo fenómeno? - Curly sonrió socarronamente, la rubia era la única que le seguía diciendo así, sin embargo ella no lo hizo, estaba muy roja, nunca pensó que su declaración fuera ser escuchada- ¿Quién demonios te autorizó de hacerlo?- la oji azul estaba muy apenada
-Lindura, estás en un parque público, agradece que fui yo y no otro de nuestros "especiales" amiguitos- la chica lo fulminó con la mirada pero no dijo nada, él tenía razón- ¿Por qué sin respuesta?
-Porque el todavía no la tiene- siguió caminando, el chico no tardo en seguirla.
-¿Y crees que algún día la tendrá?- el pelinegro caminaba veloz, seguir a la chica no era fácil.
-Tal vez sí, tal vez no- se detuvo frente a la dulcería- Le corresponde a él saberlo
-¿Por qué?- con resignación pagó las golosinas de la chica.
-Porque es Arnold- para sorpresa de él la muchacha le tendió una gomita- Es alguien que piensa de más, no se deja llevar, más bien, no siempre.
-Pensaba que podría haber cambiado desde que encontró a sus padres- sin pedir permiso tomo otro dulce, la oji azul lo miro con desprecio.
-Poco o nada, realmente es un chico amable y correcto, antes podría ser una inseguridad para no sentirse solo, pero para mi gran sorpresa él es así- le dio un golpe en la mano al chico de lentes cuando intento tomar otra gomita- No me quejo, porque realmente todas sus partes me gustan. Dime ¿No te gusta Rhonda en su totalidad?- el pelinegro se sonrojo y sólo afirmo levemente con la cabeza- Es lo mismo, sé que hay más de él que lo que a veces demuestra, pero…ya no queda en mí.
-¿Y estás tranquila con eso?- la rubia empezó a caminar, él la siguió y llegaron a la residencia Pataki- Helga te volviste a confesar a Arnold ¿estás bien con eso?- volvió a preguntar, la chica no le respondió, sólo entró a su casa, ella también se solía reprimir y cuando no lo hacía solía hacer cosas como la anterior, sólo que ahora ella sabía que no le iban a poder llamar calor del momento, como antes, entonces ¿Helga estaba tranquila por volverse a exponer ante Arnold?
Era lunes por la tarde, casi todo el elenco estaba en el auditorio ensayando la obra, habían pasado tres semanas desde la elección de los chicos y unos cuantos días menos de la confesión de Helga, ella se seguía comportando igual, al menos eso intentaba, sin embargo Arnold no, no podía evitar mirar con más atención a la rubia, inconscientemente claro, pero lo hacía, por lo mismo se había dado cuenta de pequeños detalles de los cuales nunca se había percatado, entre ellos la cara de Helga al escribir, no era difícil adivinar cuando la chica ponía atención o no a clase, ya que cuando se perdía entre las palabras que salían de su cabeza su mirada se solía suavizar y mordía su pluma cada que releía lo escrito. Además de que cuando comía sonría de verdadera felicidad, sobre todo al comer cosas dulces, sin embargo cuando hacía algún deporte, sobre todo cuando lanzaba en base ball, fruncía levemente su ceño y los ojos se le obscurecían, porque en lo principal que él se había percatado era en los ojos, definitivamente empezaba a creer que estos eran una venta al alma.
-¡Cabeza de Balón!- salió de sus pensamientos al sentir el grito de la chica, de repente se dio cuenta que todos lo veían extrañados y que ella estaba demasiado cerca, porque eso era otra cosa, la cercanía física que ellos dos habían creado, ahora lo ponía un poco nervioso, porque era otra manera de darse cuenta que la oji azul ya no era una niña, veía las largas pestañas de ella que naturalmente estaban rizadas, de sus labios rosas, que no eran delgado, pero tampoco muy gruesos, incluso había visto las casi imperceptibles y poca pecas en la nariz de ella. Sacudiendo su cabeza se concentró en el momento.
-Lo siento- se disculpó con una sonrisa de culpabilidad en su rostro- Me perdí en mis pensamientos.
-¡Vaya sorpresa! Cabezón- varios se rieron de la broma, incluso el rubio sonrió un poco más, ya que algo que le sorprendía era que la chica lo podía seguir tratando igual, pero ¿él realmente esperaba que ella cambiara? Apenado le sorprendía responder esa pregunta con un sí, tontamente creyó que la oji azul le huiría los primeros días, pero no fue así, ella sólo llego a la escuela como siempre, moviéndose a su ritmo y haciendo las cosas a su manera, lo único diferente fue el leve sonrojo que se formó en el rostro femenino al verse por primera vez, pero ella sólo respiro profundo y lo saludo, no más, no había pena, no dulzura, nada que le indicara volver a ver a esa chica tranquila y segura de lo dicho días atrás- Te toca ensayar tu escena con Phoebe ¡Criminal!- torpemente el chico se paró y se dirigió al escenario donde estaba ya la asiática que también lo veía divertida, ella estaba al tanto de lo sucedido entre los rubios, al igual que Gerald, pero los dos peli negros, habían acordado no decir nada al respecto, ya que era asunto de sus mejores amigos, no de ellos, suficiente tenía con su noviazgo- Bien, quiero la escena después de que Lisandro y Helena se van.
-¿Cómo es que rechazas al que sí te quiere?- inició Arnold- Vitupera así a quién más detestes.
-Debería odiarte la que ahora te riñe- continuó la chica- Me has dado para maldecirte. Si mientras dormía, a Lisandro has muerto, ya metido en sangre, báñate de lleno y mátame a mí también- la chica de lentes tomo al rubio de la solapa y lo miro con desprecio- Jamás con el día fue tan fiel el sol como el conmigo- lo soltó- ¿Qué se escabullo durante mi sueño? No: más fácil fuera perforar el eje mismo de la Tierra y que la luna asomara en las antípodas, disgustando allí al sol del mediodía. Con ese rostro criminal e inhumano es claro y seguro que tú le has matado- la asiática vio con verdadero desprecio al oji verde.
-Es el rostro del que ha muerto como yo: tu crueldad…
-Alto- los detuvo Curly- Arnold le tienes que dar más sentimiento, tu tono tiene que ser más lastimoso- en el rostro del rubio se reflejó la duda- La chica que amas te está acusando de asesinato y de paso rechazándote nuevamente- confundido el oji verde asintió- Phoebe dale entrada.
-Con ese rostro de criminal e inhumano es claro y seguro que tú le has matado.
-Es el rostro del que ha muerto como yo:
-No, tampoco- Arnold no pudo evitar suspirar de frustración al ser interrumpido nuevamente por el pelinegro- Pensé que ya tenías bien trabajado el papel
-Así es pero…
-Está confundido- intervino Helga- No está seguro, porque nunca ha sido rechazado.
-¿A qué te refieres?- cuestionó Eugene.
-No es muy recomendable, pero varias veces cuando se hace un escena difícil si no tienen de que agarrarte, muchos de los actores se basan en experiencias personales para darles credibilidad a sus acciones- la rubia vio a todos y continuo- Es decir, si una actriz tiene que llorar y no lo logra piensa en su gato atropellado y como se sintió, se agarra de esa sentimiento y hace la escena, pero no es bueno, porque a veces puedes confundir el papel que haces con tu verdadero yo.
-¿Entonces recomiendas que Arnold piense en alguna vez que fue rechazado?- la chica se alzó de hombros al escuchar al pelirrojo
-Tal vez le ayude- miro intensamente al oji verde- La pregunta es: ¿Arnold alguna vez te han rechazado de verdad?
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Después de la pregunta de Helga el ensayo termino, todos estaban cansado y Arnold no supo qué responder. El rubio iba caminando tranquilamente a su casa, o eso aparentaba, pero dentro de él su cabeza estaba hecha un lío.
-¡Ya llegué!- anunció desde el corredor mientras se quitaba su chamarra, inmediatamente Stella fue a recibir a su hijo.
-Ve a lavarte las manos, ya vamos a comer- el chico obedeció y regreso rápido a la cocina. Con el paso del tiempo los huéspedes hicieron su vida y fueron dejando la casa poco a poco, por lo que ahora vivían sólo en el edificio los abuelos, sus padres y él, aún rentaban cuartos, pero por el momento no tenían ningún inquilino.
-¿Qué tienes chaparrito?- Phillip aún era un hombre muy receptivo.
-Nada abuelo- respondió quedamente el chico.
-¿Seguro? ¿Algún problema con tu amiguita rubia?- insistió el anciano, el oji verde suspiro
-No realmente, es la escuela, me está costando acostumbrarme- mintió, él nunca lo hacía, pero la pregunta de la oji azul le rondaba la cabeza y mira que aún era grande esa parte de su cuerpo.
-De acuerdo, pero cuentas con nosotros, lo sabes ¿Verdad hijo?- Miles cambio el tema, con los años él y Stella conocieron a su hijo, pero a veces sentía, sobre todo ahora, que era mejor darle su espacio al adolescente.
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¿Rechazado? ¿Qué significaba esa palabra para Arnold? Es cierto que en su vida había recibido uno que otro rechazo, sobre todo en el aspecto amoroso, aunque pensándolo detenidamente sólo había tenido uno directo, Lila…su, ahora, amiga pelirroja, lo había rechazado siendo niños, pero no sintió tan fuerte eso ¿Por qué? Arnold recordó ese día, una persona lo había ayudado…Helga, ese día él confirmó que la rubia realmente era más de lo que aparentaba. Se podría pensar que él era amable y demás por no sentirse rechazado, pero a él le gustaba ayudar a la gente, estaba en su naturaleza, igual que en la de sus padres, así que tampoco la cosa iba por ahí, entonces ¿Qué se sentía el rechazo?
-¡Quítate perdedor!- Arnold vio llegar a Helga, sin poder evitarlo se le quedo viendo, la chica llegó donde él- ¿Qué tanto vez Cabezón?- al parecer la chica estaba de malas.
-Nada Helga- era mejor no provocarla.
-Exacto, tú nunca ves nada- el oji verde sólo se hizo a un lado cuando ella se fue, realmente estaba molesta. Pero para sorpresa del rubio sintió una punzada en su pecho, estaba preocupado, pero no era nada raro, él siempre se preocupaba por todos, pero…¿Por qué tenía la necesidad de consolar inmediatamente a la chica? Sin pensarlo dos veces la siguió.
-Espera- la alcanzó antes de entrar al salón, la tomo del brazo y la arrastro con él hasta un pasillo con menos gente que desapareció al sonar la campana.
-¿Qué te pasa Arnoldo?- se jalo para soltarse- ¿No oíste que ya toco la campana?
-¿Qué tienes?- el chico ignoro su comentario- ¿Por qué estás tan molesta?
-Porque no me dejas ir a mi clase Cabezón- hizo a un lado al chico, pero este no se movió ¿De cuándo acá él era más fuerte que ella?- ¡Muévete!
-No hasta que me digas porque estás tan molesta- la oji azul rehuía de la vista de él.
-No me pasa nada- la rubia estaba apenada, no quería decirle el verdadero motivo de su molestia, esa mañana se había roto su relicario, finalmente las bisagras habían cedido y eso la tenía muy enojada.
-No es cierto- se acercó más a ella y al acorralo contra la pared- ¿Qué tienes?- su voz se engroso, pero bajo el nivel.
-En serio Cabeza de Balón, no tengo nada- la cercanía con él la ponía muy nerviosa.
-¿Por qué no me quieres decir qué te pasa?- aunque su voz era segura, había resentimiento en ella.
-Porque no es tu incumbencia- ella lo volvió a empujar y él se hizo a un lado.
-Ahora entiendo lo que es el rechazo- ella se detuvo y lo volteo a ver- Tú eres la única que me hace sentir así.
-¿Y se supone que me debo sentir mal por eso?- no pudo evitar la pregunta en tono despectivo, pero ese día todo le salía mal.
-No, sólo quería ayudar- se acercó a donde estaba ella- Lo siento- y la dejo sola en el pasillo, ella no entendía lo ocurrido ¿Acaso Arnold le molestaba que no le dijera las cosas?
Habían pasado dos días desde la pelea entre los rubios, nuevamente estaban en el auditorio ensayando la obra, no habían logrado ensayar desde el lunes, porque estaban pintando el lugar y el tiempo se les venía encima.
-Muy bien hecho Arnold, lograste el sentimiento que buscábamos en esa escena- lo alabo Curly, el rubio y Phoebe habían repetido la escena sin acabar y esta vez la actuación de los había sido muy buena.
-Nunca pensé que fueras capaz de adaptar de esa manera tu personaje- Eugene también lo estaba admirando, de hecho todos, la actuación del rubio había sido muy buena, tal vez porque ahora sí sabía lo que era el rechazo, o más bien estaba consciente de qué era.
-¿A dónde vas Helga?- preguntó Lila al ver que la oji azul se ponía de pie, pero nadie más se dio cuenta más que el oji verde que la siguió con la mirada hasta que salió del recinto, eso lo hizo sentir raro, llevaba dos días sin hablar con ella, pero también es porque la rubia no le permitía acercarse.
-Helga es tu turno- el chico de lentes busco a la chica al no recibir respuesta- ¿Helga?
-Se fue, creo que no se sentía bien, al parecer le dolía la cabeza- mintió la pelirroja.
-¡Qué mal! Dejemos el ensayo por hoy ¿No te parece Curly?- propuso el pelirrojo, el pelinegro asintió con la cabeza.
-¿Se pelearon tú y Helga?- el rubio se sorprendió por la pregunta tan directa hecha por Curly.
-¿Por qué lo dices?
-Porque tú actuaste muy bien el rechazo y porque ella huyo antes de ensayar contigo- el oji verde estaba confundido- Además de que no se han hablado desde hace como tres días y por último- el chicho se acomodó las gafas- Tienes esa aurea de tristeza y confusión que tenías de niño cuando peleabas con ella- el oji verde abrió los ojos sorprendido.
-¿Tanto se nota?- preguntó levemente sonrojado.
-Sólo para quienes los observan- el chico de lentes tomo sus cosas, dirigiéndose a la salida, seguido por el rubio de cerca.
-¿Quiénes?
-Creo que somos tres, Phoebe- Arnold dio por hecho eso- Lila, que creo que fue la primera en darse cuenta de lo que realmente Helga siente por ti y yo
-¿Por qué?- los dos chicos iban caminando por la calle.
-¿Por qué nos fijamos en ustedes?- el oji verde asintió con la cabeza- No sé porque las otras dos, pero por mi parte, me causa mucha gracia verlos, son una de las cosas más entretenidas que he visto.
-No me gusta que seamos tu burla- aclaró molesto el rubio.
-No son mi burla, son mi…diversión
-Se sigue escuchando mal- los ojos verdes se obscurecieron de molestia.
-No debería- el chico de lentes torció una sonrisa- Quiero decir que ustedes son demasiado interesantes para observarlos.
-Como digas Curly- dijo un poco bajo, sin darse cuenta habían llegado a la Casa de Huéspedes- Hasta luego- se despidió el rubio.
-¿No quieres saber cómo estar bien con Helga?- el oji verde detuvo su mano en el picaporte sin girarlo, con las cejas levantado de sorpresa se volteó para tener de frente al pelnegro.
-Yo estoy bien con ella- tartamudeó más confundido.
-Me pregunto ¿Por qué insistes en creer que todo con ella es tan sencillo?- el chico de lentes se estiro.
-Sé que las cosas con Helga nunca son sencillas y eso es lo que me…-los dos chicos se quedaron viendo, el rubio evidentemente azorado y el pelinegro muy divertido.
-Si no eres capaz de decírtelo a ti mismo, entonces nunca serás capaz de sentirlo- con eso último se retiró, dejando a un Arnold aún más sonrojado.
Rhonda estaba en el centro comercial, había salido de su casa al sentirse aburrida y con la idea de hacer una compras para distraerse se dirigió al lugar. La pelinegra estaba muy contenta, había encontrado un hermoso vestido negro con flores rosas, algo muy femenino pero muy fuerte, de cierta manera le recordaba a Helga y eso no le gustaba, pero la prenda era realmente muy linda, ajustada en el pecho, sin mangas y con vuelo en la falda, era la ropa perfecta para el verano, para el cual faltaba más de medio año, con cierta frustración se vio nuevamente en el espejo, le quedaba bien, pero de cierta manera no era ella- Definitivamente esto es para Pataki- se cambió de ropa y se dirigió a la caja para pagar- Sé que nunca me lo va a agradecer la ingrata, pero si logro verla vestida con esto por lo menos unos minutos seré feliz- se comentó a sí misma, logrando que la mujer que la atendía la viera con miedo- ¿Algún problema?- preguntó con autosuficiencia, al darse cuenta de su error.
-Nada Señorita Lloyd- la que la atendía le hizo una leve reverencia con la cabeza- Lo lamento.
La chica salió del lugar con varias bolsas que ya llevaba, tal vez no había sido buena idea ir sola, apenas podía, en una cosas del destino chocó estrepitosamente con alguien provocando que las cosas cayeran al suelo, ella cerro los ojos esperando el golpe, pero nunca sucedió.
-¿Estás bien?- la voz masculina hizo que abriera los ojos para darse cuenta que estaba muy cerca de un rostro muy conocido por ella.
-Sí, gracias Harold- ambos se separaron
-No te vi- el chico estaba levemente sonrojado
-No hay problema- ella se agacho para retomar sus bolsas, para asombro de ella, el chico Berman la estaba ayudando, cuando tenían nuevamente todas las compras de la chica agarradas ella le sonrió, provocando que él se sonrojara nuevamente.
-¿Quieres que te ayude?- la pelinegra se acercó a él y puso una mano en su frente- ¿Qué pasa? ¿Por qué haces eso?
-¿Te sientes bien?- cuestionó divertida, pero de cierta manera halagada.
-No, bueno yo…intentaba ser amable- los nervios hacían que le temblará la voz y sentir tan cerca a la chica no le ayudaba.
-Gracias Harold- lo tomo del brazo- Creo que tengo antojo de un helado ¿Tú no?
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Dos personas vieron esa escena tan rosa y pegajosa, Curly que sólo ignoro el peso en su pecho y Helga quien miraba a la pareja perderse entre la multitud, había pasado otro día desde su disputa con Arnold y eso la tenía mal, aunque no lo mostraba, no sería ella si lo hiciera.
-Necesito un sándwich- se murmuró a sí misma, después de comer salió del centro comercial, ese día quería ver a Phoebe, pero su mejor amiga le dijo que iba a ir al cine con Gerald, de hecho la había invitado diciendo que no irían solos, Arnold también estaría ahí. Pateando una piedra la chica llegó al cine, miro su reloj, su mejor amiga y los demás no tardarían en llegar, tal vez era una buena oportunidad para arreglar las cosas.
-¿Helga?- la oji azul se dio la vuelta y se topó de frente con el oji verde- ¿Viniste al cine?
-Claro Cabeza de Balón- sin poder evitarlo se sonrojo cuando lo vio mejor, el chico llevaba un pantalón de mezclilla con una playera negra y una camisola azul como complemento, se veía bien, de cierta manera algo malo.
-Phoebe dijo que no ibas a venir- el chico también miro detenidamente a la chica, llevaba el cabello agarrado en dos coletas bajas, una playera rosa fuerte y unos pantalones negros, no había nada raro en su manera de vestir, pero de cierta manera verla peinada así hizo que recordará a la niña que conocía desde hace más de diez años, eso lo hizo sonreír tiernamente.
-Bueno, uno es libre de hacer lo que quiera, es un país libre Melenudo- el oji verde sonrió.
-¿Quieres que vayamos a caminar?- la sorpresa invadió la cara de la chica- Creo que tenemos que arreglar algo ¿no?
-Supongo- murmuro por lo bajo la oji azul; caminaron juntos hasta el puerto donde se dejaron caer en la arena, estaba atardeciendo.
-Lo siento- Arnold fue el primero en hablar- No debí presionarte, tengo que aprender a darte tu tiempo y respetar lo que quieras o no compartir- la rubia sintió un calor recorrerla, ese era Arnold, el chico del que estaba enamorada.
-No hay problema Arnoldo- se rasco el brazo algo incomoda- Creo que sobre reaccione, es sólo que ese día bueno…- las palabras salían con dificultad- Perdí algo muy importante para mí.
-Lamento escuchar eso- el rubio había aprendido a no presionarla, pero ahora estaba muy intrigado- ¿Se puede recuperar?
-No realmente, era un objeto muy viejo, era normal que se rompiera algún día- los ojos azules se llenaron de tristeza- Pero tenía un gran valor para mí.
-¿Y si compras otro?- sugirió él.
-Es lo que debería hacer, pero me cuesta trabajo- confesó un poco más tranquila
-¿Y si te ayudo?- la chica se asustó, Arnold no sabía lo del relicario, era cierta que sabía que ella lo quería, pero de eso a confesar lo del relicario era un gran paso.
-No es necesario Cabeza de Balón, ya pasó yo…- se puso de pie muy presionada, pero se tenía que controlar, sino lo hacía se podían pelear nuevamente, sin embargo sintió como el chico se ponía de pie también- Además Phoebe y Gerald nos están esperando, más bien, te están esperando y yo…- sintió la mano masculina atrapar la de ella y como su cuerpo se ponía enfrente del de él.
-De acuerdo- la miro intensamente y no la soltó; era de esas veces en que el destino te sonríe y todo está a tu favor, el sol caía lentamente en el horizonte y tonos rosáceos y anaranjados invadían el ambiente. Helga no pudo evitar perderse en la sensación y cosquilleó que sentía al tener su mano unida a la de él- Pero si te puedo ayudar en algo, no dudes en que lo voy hacer- Arnold también se sentía bien, tomarla de la mano lo hacía darse cuenta de lo pequeña y fina que era, además de que sus mejillas tenían un leve color rojo que la hacía ver increíblemente dulce, sin poder evitarlo sus ojos pasearon por todo el rostro femenino y se detuvieron en los labios, los cuales estaban un poco abiertos, una duda brinco a su mente ¿Cómo sería besarlos?-Yo…yo…-poco a poco acerco su rostro al de ella, la oji azul se dio cuenta de la intención del chico ¿Acaso quería besarla? Pero el chico se detuvo- Será mejor que no vayamos- ella también salió de lo hipnotizante de la situación.
-Vamos Cabeza de Balón- empezó a caminar pero se detuvo cuando lo escucho.
-Estamos bien ¿verdad?- le preguntó él, ella sonrió.
-Claro Melenudo- la siguió con la mirada antes de seguirla, pero la mente masculina estaba llena de preguntas otra vez ¿Había intentado besar a Helga G. Pataki? ¿Por qué esa idea no le molestaba? ¿Por qué el saber que estaban peleados le desagradaba tanto? ¿Qué es lo que impulsaba a estar cerca de ella? Y finalmente ¿Qué era eso tan importante que la rubia había perdido?
Hola chic s
¿Cómo están? ¿Alguna vez han escuchado el dicho: La Tercera es la Vencida? Ni yo misma sé porque les pregunto eso, mi cabeza a veces no sabe lo que piensa.
Alexamili: ¿Fue muy pronto la declaración? Esa era la idea, Arnold es una persona que piensa demasiado, me acuerdo del primer capítulo de la Feria del Queso, se tardo años en pensar cómo saludar a Ruth, jajajajaja, creo que es cierto lo que he leído, el oji verde es un poco denso.
romii: A mi también me hubiera gustado ver la película de Arnold en la selva, lamento por no dejarlos juntos, pero sí lo hago se me acaba la historia, jajajaja, bueno no, pero sí me deja sin mucho material.
Anjiluz: No es que Arnold haya salido con una burrada, es sólo que él es él, además de que es adolescente, ya veremos a dónde nos lleva la historia.
Espero que les guste, les mando saludos y suerte
Pd: Si pueden y quieren lean la obra, es muy divertida y tal vez les ayude a darse cuenta de lo qué estoy haciendo con el relato.
Enigma
