MSLN Y SUS PERSONAJES NO ME PERTENECEN


CAPÍTULO 1

Actualidad

Me encontraba en mi apartamento descansando después de un día duro en la oficina. Hoy hubo demasiado ajetreo de documentos. Nuestra superiora estaba realmente ansiosa por adelantar todo el trabajo posible de cara a una inspección que sería la siguiente semana. Suspiré. Tenía la ligera impresión de que a partir del lunes serían días muy estresantes para todos. Cubrí mi rostro con mi brazo y volví a suspirar. No sé cuándo ocurrió que me quedé dormida durante un par de horas. Me incorporé y froté mi sien. Siempre acababa con dolor de cabeza después de una siesta. Me levanté para ir a la cocina y tomar un vaso de agua. Mientras lo tomaba, el timbre del apartamento sonó. ¿Quién sería? No esperaba a nadie este fin de semana. En esta ciudad no conocía a nadie, solo a mis compañeros de trabajo, y mi madre y hermano no vendrían este fin de semana a visitarme. Suspiré. Me dirigí a la puerta y miré por la mirilla. Me sorprendí al verla ahí. Abrí la puerta rápidamente.

- Hola. –me saludó tímidamente, pero con una enorme sonrisa.

- Hola. ¿Ocurre algo? –pregunté preocupada.

- Etto… Siento si te molesté, Fate-chan, pero… –se quedó callada y se columpió sobre sus pies, nerviosa– …pero mi familia vino a visitarme para celebrar mi cumpleaños y… –se calló de nuevo y yo alcé la ceja– …y les hablé de ti y quieren conocerte. –asentí.

- Espera, ¿qué? –pregunté asustada y ella rió.

- Les hablé de ti, de la buena compañera de trabajo que tenía y que había resultado ser mi vecina. Por favor, ¿podrías venir a conocerlos un momento? –tomó mi mano entre las suyas y jaló de mí– Será algo rápido, te lo prometo.

- Esp… espera… Nanoha, espera. –se detuvo– Mira cómo estoy vestida. –me señalé la ropa y ella se sonrojó, avergonzada.

- Lo siento. Nyahaha. –se rascó la nuca– Pero así está bien, Fate-chan. Sólo es mi familia y unas amigas. –volví a alzar la ceja.

- Nanoha, llevo un short y una camiseta oversize… Déjame al menos ponerme unos zapatos. –asintió avergonzada.

Fui a mi habitación y me puse unas deportivas. ¿Por qué tenía que conocer a su familia? Suspiré. Supongo que querrán saber cómo es la compañera de trabajo de su hija. Exhalé. Salí de la habitación, tomé mis llaves y salí de mi apartamento para acompañarla. Ella me sonrió ampliamente antes de entrar en su apartamento y así conocer a su familia y amigas.

- Ya regresé. –gritó y todos quedaron en silencio, volteándose a vernos. Tragué grueso, totalmente avergonzada– Os presento a Fate-chan, mi compañera de trabajo y vecina. Nyahaha.

- Ho… hola. –saludé tímidamente.

- Hola. –dijeron todos al unísono.

- Fate-chan, te presento a mis padres, Shiro y Momoko. –los señaló y yo hice un gesto con la cabeza– Ella es Miyuki, mi hermana, y él Kyouya, mi hermano. –volví a hacer el mismo gesto– Ellas son Hayate-chan, Carim-chan, Suzuka-chan y Arisa-chan, mis amigas de la infancia.

- Mucho gusto. –dije.

- Fate-chan… –me llamó su madre y me sonrojé– Nanoha-chan nos ha dicho que no eres de Uminari, que eres de otra ciudad. –asentí– Supongo que no conoces a nadie aquí… –negué– En ese caso, ¿por qué no te quedas con nosotros y celebras el cumpleaños de Nanoha-chan con nosotros? –abrí los ojos como platos y totalmente aterrada.

- Mamá… –la llamó la cobriza– Fate-chan tendrá cosas que hacer… –la interrumpió.

- Tonterías. –habló seria– Hay pastel de chocolate. –se me iluminaron los ojos y mis tripas rugieron en acuerdo de quedarnos, provocando la risa de todos.

La fiesta fue muy amena. Toda su familia era muy cálida. Me hacían sentir como en casa. Me hablaron de su negocio familiar y entonces entendí porqué el pastel estaba tan delicioso. Sus amigas Carim y Suzuka eran muy agradables. Hayate era una bromista y Arisa siempre me estaba mirando con el ceño fruncido. Su familia se marchó antes de llegar la hora de la cena. Suzuka y Arisa también se marcharon. Cenamos las cuatro mientras me contaban anécdotas de Nanoha. No pude evitar reír. Después de cenar y recoger, Hayate, con una sonrisa ladina, sacó un juego: Twister. No podía creerlo. Jugamos por equipos, formando ella con su novia el equipo rojo y Nanoha y yo el equipo azul. No podía negarlo, me divertí mucho al ver como Hayate y Carim siempre acababan cayendo por culpa de la primera, porque no podía apartar las manos de su novia. Nanoha y yo formamos un gran equipo, cosa que no me sorprendió porque en el trabajo también lo éramos. Fue un día diferente y divertido. Hayate y Carim se marcharon horas más tarde porque iban a ir a la discoteca. Nanoha no tenía ganas, así que me quede con ella un rato más. Me despedí de sus amigas y ella hizo lo mismo. Al cerrar la puerta, se volteó hacia mí con una sonrisa traviesa y me asusté. Se acercó lentamente a mí y cuando estaba cerca, sonrió.

- ¡Muchas gracias por quedarte, Fate-chan! –me abrazó inesperadamente y con bastante ímpetu, provocando nuestra caída.

- Ouch. –nos quejamos las dos a la vez antes de romper a reír– ¿Estás bien, Nanoha?

- Sí, gracias. –se incorporó y me ayudó a subir– Bien, Fate-chan, tengo algo que proponerte. –asentí– Hemos jugado en equipo, pero ahora es hora de ver quien es la mejor de las dos en el Twister. –mi sonrisa orgullosa salió.

- Morderás el polvo, Takamachi. –saqué mi lengua.

- Serás tú quien lo haga, Testarossa. –imitó mi gesto.

Comenzamos a jugar individualmente. Las dos éramos unas orgullosas y cabezotas que no queríamos perder por nada del mundo. Preferíamos luchar hasta el final antes que rendirnos. Una tras otra, fuimos colocando pies y manos donde la ruleta indicaba. Llegó un momento en el que era el turno de Nanoha. Yo estaba de espaldas al tapete, teniendo mi mano izquierda en el color azul y la mano derecha en el amarillo. Mi pie izquierdo estaba en el color rojo y el derecho en el verde, quedando con las piernas abiertas. Nanoha estaba de frente al tapete y tenía sus pies entre mis piernas, teniendo un pie en el color azul y otro en el amarillo. Tenía su mano izquierda en el color verde. Lanzó la ruleta y salió que su mano derecha tenía que ir al color amarillo, lo que significa que tenía que ponerla por debajo de mi trasero. Incliné mi cadera para que ella pudiera hacerlo, provocando un sonrojo en ambas. Nanoha se movió, pero en el último momento resbaló, cayendo sobre mí. Su cara acabó entre mis pechos y su mano derecha en mi muslo.

- Lo siento, Fate-chan. –dijo sin moverse– No me puedo creer que haya perdido… –reí.

- Sabía que perderías. –hablé orgullosa– ¡Ouch! –grité al sentir un pellizco en mi pierna– ¡Nanoha! –me quejé y ella rió, incorporándose rápidamente.

- Eso te pasa por idiota. –me sacó la lengua y yo comencé a correr tras ella– ¡Fate-chan, no! Por favor, tengo muchas cosquillas. –me pidió una vez que la atrapé.

- ¡Esto es la venganza, Takamachi! –exclamé riendo también.

Entre risas y bromas acabamos revolcadas por el suelo con dolor de estómago y falta de aire. Nos calmamos y nos incorporamos. Esta chica era realmente agradable. Había llegado la hora de marcharme. Le agradecí por la invitación y le di un beso en la mejilla. Me dirigí hacia la puerta y, antes de salir, le di una sonrisa y me marché de nuevo a mi apartamento. Fui al baño y me lavé la cara. Me quedé mirando al espejo. ¿A quién quería engañar? Yo era estúpida. Siempre me habían usado para obtener algo y después se habían deshecho de mí. Me estaba empezando a gustar Nanoha y eso no era bueno. Nada bueno. Me prometí que jamás volvería a amar. No después de aquellas traiciones. Ya no estaba dispuesta a dar mi corazón después de que dos personas hubieran jugado con él. Sequé mi rostro y fui a la habitación, pero el timbre sonó. Miré por la mirilla y era Nanoha. Abrí la puerta, pero no me dio tiempo a preguntar qué pasaba porque me besó con pasión. Me empujó dentro del apartamento y cerró la puerta con el pie mientras me seguía besando.

- Fate-chan, no quiero que el día termine todavía. –dijo al separarse– Por favor...

- Nanoha… –sonreí tristemente antes de asentir.

Ella sonrió y volvió a besarme con pasión. Entre besos y caricias, caminamos torpemente hasta mi habitación, donde nos dejamos caer en la cama. Rápidamente la ropa sobró y nos deshicimos de ella. Comenzamos a explorar el cuerpo ajeno, dejando besos húmedos por toda nuestra piel, provocando que jadeos y gemidos salieran con total libertad. Después de haber tenido sexo con ella, ambas caímos en un profundo sueño. Tener sexo con ella había sido gratificante y placentero. Jamás pensé que acostarse con una mujer sería así de maravilloso. La mañana llegó y desperté lentamente. Parpadeé varias veces antes de abrir los ojos por completo. Me encontraba desnuda en mi cama, cubierta por una fina sábana y, aún así, me sentía muy cálida. Sentí un leve gruñido y un apretón a mi cintura. Fue entonces cuando recordé la noche de sexo con Nanoha. Sentí un beso en mi hombro y me estremecí. Pensé que se había marchado. Mi corazón comenzó a latir desenfrenado. No. No podía permitir que jugara con mis ilusiones.

- Buenos días, Fate-chan. –habló perezosamente mientras me apretaba contra su cálido y suave desnudo cuerpo.

- Buenos días, Nanoha. –dije sin moverme.

- Es la primera vez que duermo tan bien. –rió levemente– Eres muy cálida, Fate-chan.

- Tú también. Es la primera vez que duermo así con alguien. –me mordí el labio por haber hablado más de la cuenta. Ella apoyó su brazo en la almohada para sujetar su cabeza y mirarme por encima de mi hombro mientras que con la otra mano me volvía a apretar contra su cuerpo.

- Me gustas, Fate-chan. Me gustas mucho. –dijo fuerte y claro– No sé qué te ha pasado en el pasado, pero quiero que me dejes estar a tu lado. Quiero demostrarte que… –la interrumpí.

- Nanoha, no confío en nadie. Ya lo sabes.

- Lo sé, pero yo no soy como quien quiera que sea la persona que te haya hecho daño. Soy lo que ves, Fate-chan. Nos conocemos desde hace seis meses. Si fuera de otra forma, ya lo habrías descubierto. Nadie puede fingir por tanto tiempo ser alguien que no es. No escondo segundas intenciones. Me gustas y no sólo por tu físico. Me gusta mucho tu forma de ser. Eres asombrosa. –mi corazón volvió a latir con fuerza– Eres la persona más maravillosa que jamás haya conocido y me gustaría que me dieras la oportunidad de estar contigo. –me volteé y la enfrenté, viéndola a los ojos con miedo– Sé que tienes miedo, pero prometo no hacerte daño.

- Todos prometen no hacer daño y después es lo primero que hacen.

- Fate-chan… –me robó un beso– No soy como los demás. –me sonrió– Dame una oportunidad y te juro por todos los dioses que no voy a desaprovecharla. –habló con determinación– Te lo prometo. –tomó mi mano y la puso en su pecho, a la altura de su corazón, para que lo sintiera latir con fuerza.

- Sí. –susurré y ella sonrió ampliamente.

- ¡Te quiero, Fate-chan! –se lanzó sobre mí y me besó con todas sus ganas, dejándome sin aliento.

Nos levantamos y desayunamos. Teníamos que recuperar las fuerzas que habíamos gastado durante toda la madrugada. Mientras desayunábamos, tomó su teléfono móvil y después de unos minutos, lo dejó a un lado, sonriendo ampliamente. No sabía si era una buena idea lo que había hecho. En este tiempo que habíamos trabajado juntas, siempre fue amable y nunca se propasó conmigo. Nunca. Podría decirse que había sido la única en el trabajo que no intentó nunca nada conmigo, salvo ayer. ¿Y si acababa de decirle a sus amigos y compañeros que por fin me había llevado a la cama? O peor aún, ¿y si tomó una foto mía desnuda y la enseñó a todos? Mi cara se descompuso y ella lo notó. Iba a decirme algo, pero el timbre de la puerta sonó. Me levanté rápidamente y abrí. Me sorprendí al ver a un repartidor con un ramo de tulipanes de tres colores: rojo, azul y naranja. Firmé el albarán de entrega y tomé el ramo entre mis manos. Venía con una nota. Entré a la sala donde Nanoha me estaba esperando y alzó una ceja. Dejé el ramo a un lado y tomé la nota para abrirla y leerla.

"Te ofrezco mi lealtad y amor. Te prometo sólo alegría y nada de tristeza.

Eternamente seré tuya,

Nanoha"

Alcé mi cabeza rápidamente y la miré sin poderlo creer. Ella se acercó a mí tímidamente y me dio un casto beso que no pude corresponder porque aún me encontraba en shock.

- Espero que te gusten, Fate-chan. Las acabo de encargar. –me enseñó el móvil– No esperaba que fueran tan rápidos entregándolas. –rió levemente– Pero me alegro, porque ver tu preciosa carita, ha sido lo mejor.

- Pero… pero… ¿cómo? –no podía articular palabra.

- Ya te dije que voy en serio contigo, Fate-chan. No eres un juego para mí. Realmente me gustas. Voy a ir a darme una ducha. ¿Quieres que vayamos a dar un paseo? –me dijo mientras se dirigía a la puerta– ¿Fate-chan?

- Sí, sí, claro… –me acerqué a ella– Gracias, Nanoha. –le di un beso– El ramo es hermoso.

- Tú lo eres más. –me dijo y me sonrojé– Ahora vuelvo, Fate-chan. –asentí y la vi marchar.

Me apoyé en la puerta durante unos instantes. No podía creer que hubiera vuelto a caer ante alguien. Suspiré. Iba a ir a darme yo también una rápida ducha, pero el timbre sonó, haciéndome dar un sobresalto del susto. Sonreí en automático. Seguro que se le había olvidado algo. Abrí la puerta y mi sonrisa murió en mis labios al encontrarme a esa persona.

- Hola Fate. Por fin te encuentro.

- Cu… Curren…


Nota de autor: Hola! ¿Cómo están? Hacía mucho tiempo que no publicaba nada, así que aquí volví con otra nueva historia. Espero les guste, y si no, díganmelo también. Acepto todo tipo de crítica, siempre y cuando sea constructiva. Espero este nuevo año les traiga sólo felicidad y cosas buenas. ¡Un saludo!