Capítulo 6: ¿El Gemelo Malvado?
-¿En serio?- Lila abrazaba a un casi ahogado Arnold, era lunes por la mañana y el grito se escuchó en el estacionamiento de la escuela.
-¿Por qué el escándalo Señorita Perfección?- Helga veía muy molesta la escena.
-Oh Helga, no lo vas a creer- la pelirroja ahora abrazaba a la rubia- Arnie está en la ciudad, viene en la tarde por Arnold- la oji azul se puso pálida, llevaba más de siete años sin ver al primo del oji verde y eso se debía a una buena razón, el chico le daba miedo, aún recordaba lo sucedido años atrás cuando el rubio se le había declarado, casi parecía una cruel broma del destino- ¿No es asombroso?
-¿Por qué demonios no me dijiste que el raro de tu primo vendría?- tomo de la solapa al menor de los Shortman.
-Yo tampoco sabía, llego ayer por la noche- se excusó soltándose del agarre femenino.
-¡Criminal! Será mejor que regrese a mi ca…
-¡Alto ahí Pataki!- el director de la escuela, el señor Brown, estaba en la salida- Usted tiene un castigo que cumplir hoy, la cafetería la espera.
-Señor, lamento decirle que me siento un poco mal- la oji azul tosió un poco más para mantener su actuación- Me duele la garganta.
-No lo parecía hace un rato cuando agredió a su compañero Shortman- el chico trato de intervenir- Usted también Shortman, ayudará a su compañera.
-¿Qué? ¿Por qué?- el rubio no podía creer que lo castigarán a él también.
-Por no poner el ejemplo e iniciar un escándalo cuando las clases aún no comienzan, me sorprende de usted
-Pero- el hombre levanto la mano, no quería más problemas.
-Los veo a los dos a la hora del almuerzo en la cafetería, sobre todo a usted señorita Pataki- la rubia suspiro de resignación, Arnold simplemente no entendía lo que acababa de suceder- Todos a sus salones- inmediatamente todos los estudiantes entraron, incluyendo a la pareja de rubios, una resignada y el otro confundido ¿Acababan de castigarlo sin hacer nada?
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-Lo lamento de verdad Arnold- Lila estaba formada en la fila para comprar el almuerzo, el castigo era atender la cafetería durante los dos turnos de almuerzo y limpiar después, por lo menos no asistiría a clases por la tarde.
-No te preocupes, es interesante estar de este lado- el rubio le sonrió a la chica la cual suspiro aliviada.
-Arnold ¿qué harás hoy en la tarde?- la pelirroja estaba levemente sonrojada.
-Pues Arnie viene, pensé en ir al cine o algo así- Helga estaba atenta a la conversación.
-¿Puedo ir con ustedes?- el rubio asintió con la cabeza.
-¿Segura? Sólo iremos nosotros y
-Claro que estoy segura…quiero ver a Arnie- la rubia vio como la pelirroja se unía a las demás y sonreía.
-Deberías cuidarla en esa salida- el oji verde se asustó al darse cuenta de la cercanía de la chica.
-¿De qué hablas Helga?- el chico siguió con las actividades pero esperaba una respuesta.
-Simplemente…olvídalo- se dio la vuelta para atender a más estudiantes.
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-Bien, Lorenzo y Lila por favor hagan su escena- pidió Curly, Helga estaba sentada a su lado, algo aburrida, ella no ensayaría hoy, le tocaba dirigir, subió los pies en el asiento de adelante, los aludidos se pusieron de pie y subieron al escenario.
-Bella Hipólita- comenzó Lorenzo- Nuestra hora nupcial ya se acerca: cuatro días gozosos traerán otra luna, más ¡Ay que despacio mengua esta! Demora mis deseos, semejante a una madrastra o a una viuda que va mermando la herencia de un joven
-Pronto cuatro días se hundirán en noche- Lila abrazó levemente al pelinegro- pronto cuatro noches pasarán en sueño, y entonces la luna, cual arco de plata tensado en el cielo, habrá de contemplar la noche de nuestra ceremonia.
-Treinta y tres palabras fueron recitadas por la compañera pelirroja de mi primo- todos voltearon a ver al intruso que había interrumpido el ensayo, menos la rubia que se pasó la mano por el rostro lleno de frustración.-
-¿Acaso no somos capaces de acabar un ensayo sin interrupciones?- preguntó molesta la oji azul.
-¿Arnie? ¿Qué haces aquí? Te iba a ver hasta dentro de media hora- Arnold se acercó a su pariente.
-Veintisiete minutos son los que faltaban para verte, pero estoy aburrido, termina de leer las etiquetas que encontré- todos observaban la escena un poco confundidos y quienes ya conocían al excéntrico primo del rubio un poco divertidos- Además tu abuelo me dijo que viniera antes.
-Pero estamos a mitad de un ensayo muy importante- le explicó el oji verde.
-¿No puedo quedarme?- el chico campirano había cambiado, era un poco más alto y fornido que Arnold, pero su piel se había bronceado, además de que ya no hacía ese ruido molesto por la nariz, como niño, pero su manía por contar todo lo que tenía enfrente seguía presente.
-Bueno yo…
-Claro que sí- Lila se adelantó- Se puede quedar ¿verdad?- preguntó mirando a los integrantes más antiguos del club de teatro, los chicos voltearon a ver a la oji azul.
-No- resolvió ésta- Hemos acabado por el día de hoy- todos respiraron profundo- Me largo- fue la primera en salir, sintió la mirada café del primo del chico que le gustaba, paso al lado de él sin decir nada, pero se detuvo frente al oji verde- No te olvides, cuida a Lila- sin más se retiró del lugar.
-¿Esa era Helga?- le preguntó su pariente mirando la espalda de la chica.
-Sí
-Interesante- regreso a su posición inicial, frente a él ahora estaba la pelirroja.
-¡Qué bueno que llegaste Arnie!- aceptó la menor de los Sawyer- ¿Te acuerdas de mí? Soy Lila.
-Claro, anduve contigo ¿no?- la apariencia de aburrimiento de niño estaba sustituida ahora por algo de agresividad.
-Cierto- sin poder evitarlo la chica se sonrojo- Me alegro que estés aquí ¿Quieres que vayamos al cine?
-¿Arnold va?
-Claro que sí ¿verdad Arnold?- la chica jalo un poco del brazo del rubio que seguía sumido en la petición de Helga.
-Claro, vamos- los tres chicos salieron del auditorio, Helga lo vio alejarse y sin poder evitarlo se mordió el labio inferior preocupada, esperaba que su corazonada no fuera cierta.
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Lila era una chica que siempre busco dar todo por el todo en todas sus actividades, al ser hija única y no tener madre, la chica creció y maduro más rápido que la mayoría de sus compañeros, cuando era una niña creía que su padre siempre la cuidaría, sin embargo conforme pasaban los años se dio cuenta que ella era la que tenía que apoyarlo, ya fuera encargándose de las labores de la casa o teniendo buenas calificaciones para tener una beca. El ser perfecta no era algo que ella buscará o pretendiera, era algo que se le daba, además de que era más sencillo vivir de esa manera, hasta que se cambió de escuela y conoció a Helga, esa chica de coletas, rubia, que se vestía de rosa, pero que era un poca ruda y tosca, esa niña le abrió los ojos y le hizo darse cuenta que el mundo iba más allá que el simple hecho de sonreír, admitía que en un principio no entendía porque la rubia la odiaba, hasta tiempo después, pese a las disculpas recibidas la primera semana en que ella se volvió alumna de la PS 118, Lila siempre sintió cierto alejamiento de parte de la oji azul, todas sus demás compañeras la aceptaban y la integraban, pero la menor de los Pataki simplemente la toleraba, hasta ese día…sin esa obra la pelirroja nunca hubiera sido capaz de entender las acciones de la niña de una sola ceja y sobre todo el por qué rechazaba continuamente al rubio, no lo hacía al cien porque no le agradará Arnold, eso sería absurdo, incluso de niño era atractivo y si no era suficiente el físico, tenía una personalidad amable y tranquila, sino porque desde niña entendió que esos dos estaban destinados a estar juntos y ahora solo ella deseaba ser capaz de tener una persona tan importante en su vida como lo era Helga para Arnold y viceversa.
-¿Estás bien?- le preguntó Arnold a la pelirroja sacándola de sus pensamientos.
-Claro que sí Arnold, gracias por preguntar- la chica le dedico una sonrisa y el oji verde entendió que era casi imposible no enamorarse de ella cuando sonreía, sin embargo él ya no sentía esa mariposas como cuando era niño, ahora sólo le nacía el sentimiento de amistad- Sólo pensaba en ti y en Helga.
-¿En mí y en Helga?- los dos estaban sentados en las bancas que estaban fuera del cine, Arnie había ido a hablar por teléfono, al parecer al chico campirano se le había olvidado avisar que ya estaba en la ciudad.
-Sí, en su relación y en la envidia que les tengo- el chico alzó una ceja cuestionando-Oh, no me malinterpretas, al igual que éramos niños, tú sólo me agradas Arnold- la pelirroja se acomodó distraídamente el cabello, ya no lo usaba en trenzas, ahora buscaba peinárselo diferente cada día, de coleta alta, de media, en ese momento lo llevaba suelto, por lo que las ondas rojas caían hasta un poco antes de su espalda- Es sólo que me gustaría ser capaz de amar a alguien como ella lo hace y como sé que…
-¿Qué qué?- preguntó el adolescente con un nudo en la garganta.
-No me corresponde a mí decírtelo, pero creo que de cierta manera tú y Helga siempre han estado unidos- la chica no pudo evitar reír al ver a su acompañante sonrojado- No sé si sea amor o una linda amistad, pero creo que sus caminos siempre estarán juntos y eso es algo que realmente envidio.
-El camino de todos está unido- el rubio trato de levantar los ánimos a su amiga.
-Eso no es cierto- la menor de los Sawyer veía fijamente hacía enfrente- Se juntan en determinada etapa y se alejan y se vuelven a unir, pero de cierta forma ustedes dos siempre terminan uniéndose.
-¿Y San Lorenzo? – no pudo evitar preguntar, incluso para él era raro pensar en eso cuando estuvieron separados por siete años.
-Aún ahí estuvieron juntos, tú pensabas en ella ¿no?- cuestionó la chica.
-En todos no sólo en ella- la voz masculina salió un poco temblorosa.
-Pero te apuesto a que pensaba más en ella- el rubio se rasco un poco el cuello nervioso- ¿En quién pensabas primero si te pasaba algo malo o bueno? Aprendías algo y ¿A quién se lo querías decir primero? Incluso si te pasaba algo gracioso o alguien te bromeaba en ¿quién pensabas?- el chico no podía mirarla, se sentía raro… ¿En quién pensaba primero en San Lorenzo?
FLASH BACK
Arnold de dieciséis años estaba acostado en la rama de uno de los árboles más viejos de la zona, ese día había sido muy pesado, entre recolectar la cosecha, la pesca, el ir a la escuela y las clases que le daban sus papás el chico estaba agotado, sin embargo al ver la noche tan llena de estrellas no pudo evitar salir a verlas, al igual que cuando tenía diez años le gustaba hacerlo, la diferencia es que ahora no tenía que dejar una ciudad completa sin electricidad para verlas, cada que veía los astros se maravillaba de lo grande y profundo que era el cielo, definitivamente seguía siendo un soñador, pero ahora era uno con sueños reales, aquellos que te hacen poner los pies en la tierra, porque él creía que por ser alguien optimista y con grandes esperanzas significaba, no siempre, ser un ingenuo a la realidad, aquella que más de uno ignora. También le gustaba ver el cielo nocturno porque le hacía pensar en su vida pasada, en sus abuelos, en los inquilinos, en sus vecinos, en sus compañeros de clases, en la pandilla, pero más especialmente en una persona y aunque le costará aceptar que no tenían una comunicación tan estrecha como deseaba, siempre que sucedía algo de gran importancia, a la primera que le escribía era a Helga, incluso antes que a Gerald y la razón era simple, la chica nunca le contestaba con palabras que dices pensando que das aliento o apoyo, las típicas "no te preocupes, todo va a mejorar" o "anímate, ve el lado bueno de las cosas" no, la rubia no era así, ella realmente lo leía, sin juzgarlo y sin darle una solución, pero el simple hecho de saber que la adolescente cuando recibiera su carta iba a poner absoluta atención lo hacían sentir bien y por ende su mente se aclaraba; pero para ser honestos había algo que realmente le molestaba, Helga nunca le contaba sus problemas, al menos no los más importantes, siempre tenía que leer entre líneas para darse cuenta lo que realmente aquejaba a la chica, la oji azul siempre escribía en sus cartas lo sucedido, pero nunca sin dar una opinión como tal o decirle como era su sentir al respecto, más bien parecía que ella buscaba darle a conocer lo sucedido, como una crónica y eso era algo que le molestaba, pero también respetaba, a final de cuentas llevaban seis años sin verse. Arnold alzo la mano y vio atado en su muñeca el lazo rosa que la rubia le había regalado antes de que ella se fuera de San Lorenzo, solía cuidarlo mucho, pero ese día le había dado por ponérselo, varios recuerdos llegaron a su mente, pero uno le llego con más intensidad, el beso que le había robado a la niña de coletas, un leve sonrojo cubrió sus mejillas, después de todo el tiempo vivido en Centro América no se podía decir que tuviera una gran experiencia amorosa, hacía un año una chica mayor que él lo había besado sin su consentimiento y aunque de cierta forma estaba acostumbrado a que le robaran ese tipo de caricias, no pudo evitar pensar que no se sentía igual que con la chica de la uni ceja, cosa que al parecer la usurpadora también se dio cuenta porque no lo busco más, cosa que agradeció. Miro más detenidamente el lazo, con los años había perdido un poco de su color, pero estaba aún en buen estado, ese moño rosa…rosa, siempre había sido el color de Helga, algo raro, un color tan femenino fuertemente contrastado con su personalidad, pero pensando detenidamente el rosa de la rubia era uno fuerte, tal como ella ¿Qué tanto habría cambiado? ¿Seguiría usando lazos y coletas? El oji verde nunca había sido capaz de pedirle una foto y ella tampoco lo había hecho, aunque eso lo veía difícil, en San Lorenzo no existían estudios de fotografía o algo por el estilo. Él estaba consciente de los cambios sufridos en su físico, sería absurdo pensar que ella no hubiera cambiado, con una sonrisa en los labios deseo que por primera vez en su vida ser más alto que ella. De un brinco bajo del árbol, tenía una carta que escribir, ese día también había sido ajetreado porque la hija del jefe de los Ojos Verdes se casaba al día siguiente…a final de cuentas, él a veces también sólo platicaba su vida sin hablar de sus sentimientos, después de más de diez años con esa rutina…era costumbre para ellos nunca hablar de lo que eran ellos.
Lila se rio al ver que el rubio se volvía a sonrojar.
-Me alegra saber que por lo menos ya estás en el camino correcto- la chica se volvió a reír al ver la cara de confusión de él- Aunque tal vez te tardes en dar con la respuesta- los dos dejaron de hablar cuando llego el tercer acompañante el cual venía muy entretenido leyendo la envoltura de unos chicles, Arnold miro a su primo con una mueca de confusión, la pelirroja se puso de pie y lo tomó del brazo- Vamos al cine- definitivamente era una chica con mucha fuerza.
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Helga estaba en su habitación mirando el techo, esa tarde había decidido irse directamente a su casa, no juegos, no bromas, no reuniones, conocía su suerte y sabía que si tentaba el destino iba a tener la mala suerte de encontrarse con Arnie y conociendo la ironía de su vida, lo más seguro es iba a terminar en algún problema y era lo que menos quería con el primo de Arnold. Era cierto que el chico del campo había cambiado, era más alto que el oji verde y tenía los músculos más desarrollados, tal vez debido al trabajo físico que hacía viviendo en una granja, el molesto ruido con la nariz que hacía desapareció, pero ese tono de voz nasal era más evidente, al igual que la mirada perdida y poco interesante; esa era una de las cosas que más diferenciaban a un primo del otro, por un lado Arnold tenía los ojos verdes y grandes, que detallaban sus sentimientos volviéndose más obscuros y profundos o claros y dulces, pero por otra parte Arnie tenía los ojos cafés, vacíos y simplones- Como si no tuviera metas en la vida- murmuró la rubia aún perdida en sus pensamientos y tal vez la chica tenía razón o tal vez no, ella sabía que no podía juzgar a un libro por su portada y mucho menos ella que toda su vida había sido pre juzgada, la gente varias veces se quedaba con la primera impresión de ella, fría y distante, inteligente y calculadora, fuerte e insensible, sabía que había muchas maneras en que los estudiantes la describían y aunque con el paso del tiempo aprendió hacer un lado todas esas opiniones, aun le inquietaba el hecho de que la gente viera más allá de lo que ella permitía ver, por ejemplo muchos también la describían con una palabra que ella nunca esperaba, leal, fiel…¿de verdad ella era así? Era cierto que no pensaba dos veces cuando se trataba de defender a un amigo, ya fuera Phoebe, incluso Harold, la población estudiantil no se podía meter con sus compañeros más cercanos y entre ellos estaba Lila…Lila…la señorita perfección, ella le había provocado más de un dolor de cabeza a la oji azul siendo niñas, pero ahora la consideraba una persona confiable, incluso una amiga, por eso ¿Estaba tan preocupada que la chica se hubiera ido con los primos? Sabía que Arnold protegería con todo a la chica campirana, pero para ser honestos, el oji verde no se caracterizaba por hacer conclusiones correctas de las persona- Maldición- mascullo la chica poniéndose de pie- Sé que me voy a arrepentir de esto, pero será mejor que no la deje sola- sin decir ninguna palabra salió de su casa envuelta en una chamarra gruesa negra.
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Lila estaba saliendo del cine aún tomada del brazo de Arnie, el cual parecía más interesado en leer los ingredientes del refresco comprado para la función, un poco incómodo Arnold iba atrás, aún no entendía como había terminado siendo chaperón de eso dos.
-Chicos- les llamo el oji verde, los dos aludidos voltearon a verlo- Será mejor que me vaya a casa.
-Me voy contigo- le dijo su primo, la pelirroja suplicaba con la mirada ayuda del oji verde para que su pariente se quedará con ella.
-No es necesario yo…- definitivamente el menor de los Shortman era malo mintiendo
-Es que Arnold te está preparando una fiesta de bienvenida- se adelantó la chica- ¿Verdad?- el aludido sólo atinó a asentir con la cabeza- Pero al parecer la sorpresa se arruinó.
-¿Una fiesta de bienvenida?- el chico del campo miró intrigante a su primo- ¿Va a ir Helga?
-Claro- el rubio veía cada vez más asustado a su compañera de clase, la cual era la que estaba respondiendo- La fiesta es en pocas horas, por eso Arnold se tiene que ir- la chica tomó de los hombros al, aún confundido, oji verde- Espérame un momento Arnie, ahora regreso- se alejaron varios metros- Lo lamento, yo…sé que te metí en un problema pero…- el rubio suspiró de resignación.
-No te preocupes- la interrumpió- Pero dame tiempo para organizar,
-Claro- la chica sonrió con verdadero entusiasmo- Estaremos en tu casa en dos horas.
-De acuerdo- el chico echo a correr, su mente empezaba a idear una fiesta demasiado improvisada, pero sus pensamientos se detuvieron de golpe.
-Fíjate por donde vas perdedor- Arnold estaba en el suelo encima de Helga la cual al reconocerlo lo empujo y se puso de pie- A veces creo que lo haces a propósito Cabeza de Balón.
-Lo lamento-imitó a la rubia-No lo hice con intención…
-Sí, sí como sea- lo interrumpió, pero su semblante cambió- ¿Qué haces solo? ¿No estabas con el raro de tu primo y la Señorita Perfección?
-Sí pero-el oji verde la tomo de la mano- Necesito tu ayuda- se interrumpió a sí mismo.
-¿Cómo?- sin poder evitarlo la chica se sonrojo levemente, por lo menos ya era capaz de no emocionarse tanto por esos arranques de él.
-Necesitamos organizar una fiesta- empezó a correr sin soltarla, obligándola a seguirlo.
-¿Qué demonios?- el chico la ignoró y continuó su camino arrastrándola- Basta Arnold- se soltó del agarre- ¿Cómo una fiesta? ¿Estás loco? ¿Acaso no te dije que cuidaras de Lila hoy?
-Sí, pero…- el oji verde se rasco el cuello- Lila fue la que me pidió que la dejara sola con mi primo, en dos horas irán a la casa a una supuesta fiesta sorpresa y no entiendo de qué tengo que protegerla.
-Nunca entiendes nada- la rubia suspiro y él la miro molesto- Supongo que no hay peligro por el momento- lo volvió a tomar de la mano- Te ayudaré en tu estúpida fiesta, va a ser mejor que esté cerca- el rubio asintió con la cabeza, al sentir la mano femenina cerrarse en la suya un extraño nerviosismo se apodero de él, quintándole el habla y obviamente provoco que olvidara su molestia.
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-¡Estás loco Arnold!- Gerald estaba enfrente de la Casa de Huéspedes- ¿Cómo pretendes organizar una fiesta de bienvenida en menos de dos horas, además para tu primo?
-Es que Lila cree que es una buena idea y yo…
-Cabeza de Spaguetti ¿nos ayudas o te largas?- Helga salió para ver porque se tardaba tanto el rubio en entrar, el moreno se acercó a su mejor amigo
-Amigo, estoy teniendo una alucinación, Pataki está saliendo de tu casa ¿Tú también la ves?- el rubio sonrió levemente, definitivamente el hijo de los Johanssen le gustaba provocar a la rubia- A lo mejor si no nos movemos se va- una vena empezó a palpitar en la frente de la rubia, no se podía decir que esos dos fueran mejores amigos, pero su relación había mejorado, se llevaban mejor, pero les fascinaba provocarse uno al otro.
-¿Quieres que te demuestre que soy de verdad?- la rubia se acercó al moreno y lo golpeó en el brazo izquierdo, los dos hicieron una leve mueca de dolor, no muy evidente ya que ninguno aceptaría la fuerza del otro.
-Deberías aprender a golpear más fuerte linda pollita- bromeó el mejor amigo del oji verde mientras entraba a la casa de Huéspedes seguido por el oji verde y muy por detrás de ellos Helga aún molesta pero planeando ya su venganza.
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-¿Estás loco Arnold?- Rhonda estaba del otro lado de la línea, el rubio suspiro, era la sexta en decirle eso en menos de una hora.
-No Rhonda, es solo que creí que era una buena idea, además no es la primera vez que organizó una fiesta improvisada- se justificó.
-Claro, aún recuerdo que tú fuiste el culpable de que mi fiesta elegante se arruinara- el oji verde volvió a suspirar- Pero una fiesta no es buena sin mi presencia, llegó en una hora.
-Pero la cita es…
-La gente elegante siempre llega a la hora querido- contestó colgando el teléfono sin dejar que el chico le reclamará.
-¿Cómo va la invitación hermano?- Gerald le aventó una yahoo.
-Todos vienen, pero ninguno va a llegar a tiempo- el rubio suspiro, supongo que la sorpresa sólo se la daremos nosotros.
-Eso es mejor que ninguno- reconoció su mejor amigo.
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Lila iba caminando al lado de Arnie, la chica no podía evitar mirarlo cada tanto, tan cambiado y al mismo tiempo tan similar a como era un niño, ella había escuchado todo tipo de comentarios respecto a él y para ser honestos- Ninguno era muy positivo- dijo en voz baja.
-¿Dijiste algo?- preguntó el rubio a su lado.
-No- respondió un poco nerviosa, ella no solía ser así, la pelirroja tenía una personalidad muy tranquila y no se alteraba fácilmente, pero al estar al lado del primo de Arnold su control se iba rápidamente al traste, ella misma se preguntaba ¿Qué era lo que tanto le atraía de Arnie? Era cierto que se parecía a Arnold, pero no era por eso que le gustaba, de eso estaba segura, desde niña se dio cuenta que no le podía gustar el oji verde, era una cuestión de honor y lealtad hacia Helga, aunque no podía negar que sí habían existido ocasiones, siendo los dos niños, en que el menor de los Shortman la confundía, pero no podía, ni debía…pero a ella no le gustaba el primo de éste sólo porque se parecieran, sino porque ella pensaba que Arnie realmente era único, diferente a todos esos chicos que siempre trataban salir con ella.
-¿A qué hora vamos a ir a la casa de huéspedes?- preguntó el chico, aún caminando sin rumbo.
-Bueno, son las siete y cuarenta, la fiesta debe empezar en poco- aclaró la menor de los Sawyer más nerviosa y deseando internamente que el oji verde haya logrado organizar una reunión.
-Entonces deberíamos acercarnos ¿no?- la muchacha se sonrojo al acto.
-¿Cómo?- alcanzó a balbucear.
-A la casa de…
-Claro- no lo dejo terminar cuando ya había tomado la mano masculina y lo arrastraba calle abajo a su destino, al llegar al viejo edificio rojo se detuvieron- ¿Arnie?- lo llamó antes de entrar.
-¿Qué?- respondió el aludido un poco ansioso, no sabía porque pero esa mujer lo hacía sentir raro.
-Hay algo que quiero decirte…tú
-¡Bienvenidos!- el grito de Helga hizo que los dos adolescentes pegarán un brinco de susto, la rubia había abierto la puerta y en ese momento los recibía- Pasen, todos los están esperando en la azotea- tomó del brazo a los dos, para confusión de la pelirroja y para el deleite del rubio, subieron las escalera, pero antes de abrir la ventanilla que daba acceso a la azotea desde el cuarto del menos de los Shortman los detuvo- Recuerda- se dirigió al chico- Es una sorpresa.
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La fiesta estaba en su apogeo, incluso sus padres y sus abuelos estaban presentes, todos parecían disfrutar el evento y no era para menos, Arnold había vuelto a demostrar que con empeño y un buen trabajo las cosas se podían conseguir, por lo que había música, comida, juegos y sí, un poco de alcohol. Los padres del rubio tenía la firme convicción que su hijo ya no era un niño y mucho menos un santo y que los adolescentes tomaban, ellos mismo lo hicieron al tener 17 años, pero por más libremente qué pensarán al respecto, también creían que era mejor estar presentes cuando bebidas alcohólicas y adolescentes estaban juntos, aunque no era para impedir, sino más bien para controlar que la situación no saliese de control.
Hasta la vieja ciudad de Hillwood había llegado esa moda incomoda que parecía tener que aparecer en todas las fiestas, el infame karaoke y en ese momento, Gerald, gran fan de la práctica, Harold y Stinky colocaban lo necesario para empezar las horas de innecesario aburrimiento al escuchar cantar a los invitados, Sid por su parte aclaraba ya la garganta para empezar la tortura auditiva.
Helga miraba con cierto temor lo que hacían sus compañeros, quien en un escenario muy improvisado ya habían colocado un micrófono, una pantalla con una sábana blanca de la casa y ahora conectaban altavoces y demás tecnología para poder llevar a cabo una de las cosas que más detestaba en la vida, el karaoke, pero sabía que no iba a lograr evitarlo, sobre todo porque la gente parecía ansiosa y eso era algo que no entendía, parecía que todo mundo creía tener una bella voz para cantar o por lo menos el suficiente sentimientos para entonar una melodía, pero ella no lo creía, incluso le desesperaba esa molesta ansiedad por subir a un escenario, por eso también tenía conflictos con muchas personas de teatro, aquellas que sólo buscaban que la gente les reconociera que hacían algo bueno, de mostrarse, para ella un escenario era la oportunidad de vivir aventuras, personajes y sentimientos nuevos, aquellos que le dieran la ocasión de apagar un poco la llama que siempre se encendía al actuar o al escribir, esa imperante necesidad de crear, pero no de buscar reconocimiento, ella sabía que era buena en lo que hacía, se lo decían las reacciones de la gente al verla actuar o al leer algo de ella, pero no tenía la necesidad de que se lo dijeran con palabras, ya que el cuerpo de quienes la veían se lo decían antes.
-¿Quién va a ser el primero?- preguntó Gerald por el micrófono haciendo que todos los presentes lo voltearán a ver.
-Yo- gritó Sid a lo que varios aplaudieron.
-Eso es, que empiece el castrato real- comentó con voz fuerte la abuela de Arnold, provocando la risa de Helga y otro cuantos y la mirada de confusión de los restantes, sin embargo el chico subió al escenario, para la rubia era momento de huir y en eso se percató ¿Dónde estaban Lila y Arnie? Tratando de ocultar su preocupación empezó a buscar con la mirada hasta que los encontró, la pareja iba bajando por las escaleras de emergencia, sería mejor que se diera prisa, sabía lo que estaba a punto de suceder y sí su presentimiento era acertado la pelirroja la iba a necesitar.
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-¿Dónde está Helga?- le preguntó Phoebe a Arnold, los dos veían un poco confundidos la escena que se estaba desarrollando en el escenario, Sid trataba de cantar On My Way, mientras la abuela entonaba con una voz más potente la Cabalgata de las Valquirias.
-No sé- la asiática tenía razón llevaba rato sin ver a la oji azul- Voy a ver sí está abajo- sin esperar respuesta se encamino al tragaluz, bajo a su cuarto simplemente para encontrarse a una Helga agachada al lado de la ventana que daba a las escalera de emergencia- ¿Qué haces?- preguntó repentinamente provocando que la chica respingara.
-¡Maldición Arnold!- se quejó, el chico se le acercó- Agáchate- le urgió jalándolo contra ella, sin poder evitarlo los dos quedaron muy juntos, pero ella no se inmuto, él por otra parte se sonrojo.
-¿Qué hacemos?- volvió a preguntar tratando de controlar su voz.
-Cállate, no me dejas oír- y entonces él también lo escucho, eran dos personas hablando, una mujer y un hombre.
-¿Acaso son Lila y Arnie?- la oji azul le tapó la boca con las manos- ¿Por qué estás espiando a mi primo?- cuestionó, su voz tenía un toque de reproche, cosa que sorprendió a la chica.
-No es a tu primo, es a Lila- explicó.
-¿Có…
-Creo que se le va a declarar a Arnie y presiento que va a necesitar apoyo- confesó con preocupación.
-¿Crees que él…
-Por favor, confía en mí- volvió a interrumpir, el rubio la miro a los ojos, resignado asintió y los dos se dedicaron a oír la conversación que se desarrollaba afuera.
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-¿No crees que es una noche increíble y maravillosamente hermosa?- Lila y Arnie estaban en el primer descanso de la escalera de incendios, aquel que daba al cuarto de Arnol. La chica le había pedido hablar y él accedió aún confundido.
-Supongo- contestó sin ánimos, tan característico en él.
-¿Te piensas quedar mucho tiempo en la ciudad?- la pelirroja estaba nuevamente nerviosa, sabía que el lugar donde estaban no era el más seguro, pero no se había atrevido a bajar al cuarto del oji verde por temor a que alguien los viera.
-Unos días más- el rubio se empezaba a incomodar.
-Eso es maravilloso- la alegría en la voz de la chica era evidente- Arnie yo quiero que sepas que siempre que vengas yo voy a estar muy contenta porque tú…
-¿Crees que Helga acceda a salir conmigo mañana?- interrumpió el chico.
-¿Cómo?- la voz femenina se quebró un poco.
-La vi y me di cuenta que aún es la única chica que me gusta- la pelirroja bajo la mirada y sostuvo con fuerza el pasamanos, estaba siendo rechazada.
-A Arnold le gusta Helga- inmediatamente que lo dijo se tapó la boca- Lo siento yo no debí haber dicho eso.
-Lo sé- aceptó el chico campirano- Sé que mi primo siente algo por ella, pero aún tengo una oportunidad- la pelirroja se volvió a sumir en la tristeza- Gracias por ser tan buena amiga Lila, espero que sigamos siéndolo- sin decir otra palabra más regreso a la fiesta, Arnie no era malo, simplemente no sentía eso por ella, la pelirroja decidió quedarse un rato más donde estaba, se sentía muy mal, nuevamente había sido rechazada por el mismo chico.
Del otro lado de la pared Helga y Arnold evitaban mirarse, los dos estaban muy sonrojados.
-Será mejor que vaya a ver a Lila- el oji verde se puso de pie, la rubia lo miraba aún nerviosa, él no había negado lo dicho por la pelirroja o por su primo.
-Espera- el rubio la miro nervioso ¿Por qué no había negado lo escuchado?- Será mejor que vaya yo.
-¿Segura?- los dos ya estaban de pie.
-Claro, si alguien sabe lo que es ser rechazada indirectamente soy yo Cabeza de Balón- el chico la miro con duda- Eres tan lento a veces- paso a su lado- Y será mejor que tú también subas, creo que tu abuela ahora está cantando el Barbero de Sevilla- le oji verde la siguió aún pensativo.
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-Hey Señorita Perfección- Helga estaba al lado de Lila- ¿Quieres que vayamos a platicar?
-¿Cómo lo soportas?- pregunto de repente la pelirroja
-¿Qué?- la rubia se acercó más buscando algún rastro de lágrima en los ojos de la otra, pero no había nada
-El que no puedas estar con el chico que quieres y verlo todos los días- la oji azul suspiró y distraídamente se sentó en el descanso.
-No es cosa que lo soporte o no, es algo que simplemente sé- la menor de los Sawyer se sentó al lado y la miro confundida- Durante casi toda mi vida he estado enamorada de Arnold, es algo ya casi natural en mí, sin embargo no es algo que me defina, o no al cien.
-No entiendo- confesó la otra chica.
-¿Cómo te lo explico?- la menor de los Pataki se rasco el brazo un poco incomoda- Cuanto estoy con Arnold, a lo mejor no de la manera en que realmente me gustaría, pero…cuando estoy con él es como si fuera algo de siempre.
-No te es desconocido de ninguna manera.
-Exacto- las dos chicas estaban recargadas en la pared sentadas en el suelo sucio, pero a ninguna le importaba ensuciarse- Dime ¿Te es natural estar con Arnie?
-Creo que no- la aludida volteo la cara tratando de ocultar las lágrimas – Pero…me gusta- termino con un sollozo.
-Sólo te gusta- la pelirroja se molestó por la afirmación de la rubia, parecía que trataba hacer menos lo que sentía- No me malentiendas, pero creo que Arnie sólo te gusta y te sientes así porque te rechazo, lo cual no es malo- siguió explicando nerviosa al ver que los ojos de su acompañante se desbordaban de lágrimas- Yo creo que el rechazo es necesario en esta vida para seguir adelante, aunque la gente lo ve como algo malo, yo creo que a veces es necesario.
-Ahora entiendo porque le gustas a Arnold- la oji azul se atraganto al escuchar a la chica campirana.
-No estoy segura- Helga volvió a sobar el brazo.
-Alguna vez leí que uno no puede sentir algo tan fuerte sino es reciproco, es cuestión de física- Lila sonrió tristemente- Espero…
-No te preocupes- la interrumpió la otra- Lila, eres una chica bonita, inteligente, elegante, amable, graciosa y querida por todos, pero creo que tu mayor cualidad es que eres una sobreviviente muy fuerte- la pelirroja se sonrojo, nunca había esperado que la chica de su lado la apoyara- Y eso es algo que nunca tienes que perder por nadie, porque cuando lo hagas te habrás perdido tú también
-Gracias Helga- se puso de pie y ayudo a la rubia a hacer lo mismo- Eres una buena amiga.
-Sí, supongo que después de todo este tiempo podemos decir que lo somos.
-¿Puedo interrumpir?- Arnold iba bajando por las escaleras de incendio.
-Claro ¿En qué te podemos ayudar Arnold?- Lila volvía a sonreía, Helga miraba detenidamente a la chica, era imposible no querer a alguien que te dedicaba tan hermoso gesto, empezaba a sospechar que Arnie era un tonto, pero tampoco lo podía juzgar, a veces los sentimientos te hacen muy malas pasadas.
-¿Estás bien?- la cuestiono el rubio.
-Por supuesto que sí, gracias por preguntar- el oji verde se rasco el cuello.
-Bueno, es que la mayoría ya se fueron y…
-Oh, yo debería hacer lo mismo- la pelirroja puso una mano en su mejilla en señal de preocupación.
-Rhonda te está esperando, me dijo que te llevaría a tu casa- informó el menor de los Shortman.
-Muchas gracias por avisarme y por la ayuda Arnold- se despidió de él, pero regreso donde estaba Helga aún sin moverse- Gracia también a ti, de verdad sería un tonto si te pierde- la rubia se sonrojo levemente entendiendo la indirecta de la chica- Hasta el lunes chicos- Lila despareció por las escaleras de emergencia.
-Será mejor que me vaya Cabeza de Balón.
-Espera- la detuvo el chico- ¿Cómo sabías que Lila iba a ser rechazada?
-No lo sabía, simplemente lo sospechaba- la oji azul se alzó de hombros quitándole importancia al asunto.
-De verdad eres una persona muy amable Helga- al escuchar eso un color rojo invadió el rostro femenino.
-Y tú un entrometido Melenudo- nuevamente la chica había puesto sus escudos de defensa, el chico sólo se rio, provocando que ella se molestará y empezará a huir por las escaleras de emergencia, él la siguió aún con una sonrisa en los labios, llegaron a la calle y empezaron a caminar rumbo a la residencia Pataki- ¿Por qué me estás siguiendo?
-Porque ya es tarde y es peligroso que una señorita camine por la calle sola- el rubio iba a su lado, aunque un poco alejado.
-Honestamente no creo que seas de mucha ayuda si pasa algo- se burló la oji azul.
-Todavía sé karate Helga- la burla le había dolido.
-Si a eso que haces se le puede llamar karate- siguió molestándolo.
-Al menos ahora- sin esperarlo tomo a la chica por atrás de la cintura y la rodeo con sus brazos- Soy más alto que tú.
-No por mucho- alcanzó a contestar, estar tan cerca de él hacía que la parte racional de su cerebro fallara, por ende era más voluble, después unas cuantas cachetadas mentales continuó- ¿Te piensas quedar ahí todo el día?- el rubio la seguía abrazando y ella empezaba a sonrojarse más, ya que varias transeúntes se les quedaban viendo.
-Ten una cita conmigo- pidió el oji verde, el aliento masculino acarició peligrosamente el cuello femenino provocándoles temblores al resto del cuerpo.
-¿Cómo?- la voz de la chica salió muy suave.
-Tengamos una cita Helga G. Pataki.
-¿Por qué?- preguntó aún bajo el abrazo masculino.
-Porque me gustas.
