(Los personajes no me pertenecen, son creación de Mizuki e Igarashi pero la historia es completamente mía)
Capitulo 4.
Susana.
No recuerdo que día era, ni a que hora era, mi cuerpo me dolía. Gire poco a poco mi cabeza para ver donde estaba. Aun estaba en el hotel y Carl ya no estaba, probablemente el se había ido al hospital.
Me acerque a la pequeña mesa que estaba justo enfrente de la ventana y mire lo que había en ella: el desayuno.
Que tenía una pequeña nota:
Srta. Susana desayune, si necesita algo no dude en llamar a recepción. Varios cambios de ropa yacen en el armario por si desea cambiarse sus ropas, alguien ira por usted al mediodía.
Carl.
No tenía hambre, pero mi estomago no dejaba de gruñir y era bastante incomodo. Después de desayunar, me duche y decidí explorar el hotel.
Me dirigí al lobby que se veía bastante elegante para mi, probablemente los muebles y los tapices eran importados… pero no me interesaba en lo más mínimo. Había unos cuantos pilares alrededor que la separaban de recepción, me deje caer en un sillón vintage, muy, muy colorido.
Sentía que debía pensar en muchas cosas y sin embargo, no podía pensar en nada, mi mente seguía en blanco. Las personas iban y venían, metidas en sus propios problemas, sin notarme.
¿Tan invisible era?
Mire lo que tenia entre mis manos…
Hoy era el cumpleaños de Candy.
Y esta muñeca era mi regalo para ella.
¿Por qué no podía llorar? La pregunta giraba en mi cabeza cada vez que recordaba lo que he vivido ¿soy tan miserable? Sólo tengo 12 años… ¿Qué será de mí dentro de otros 12 años? ¿Seguiría viviendo? No quería ni pensarlo.
Levante mi rostro y desee que nunca hubiera ocurrido. Ella me miro y yo la mire.
La mujer que me había abandonado.
La mujer que me hería con sus palabras cada vez que necesitaba de su cariño.
"Nunca quise tenerte"
"Ojala no hubieras nacido"
"Qué decepción. Me das vergüenza. Ni digas que eres mi hija."
Esas palabras venían a mi mente cada vez que la recordaba.
La mujer que me abandono por que quería seguir sus sueños como actriz.
Mi madre.
Ofelia Marlow estaba frente a mí una vez más.
A pesar de que habían pasado muchos años aun recordaba su rostro y ella recordaba el mío. Mis lágrimas picaban mis ojos con deseos de salir y recorrer la piel de mi mejilla, no separaría la mirada de ella…
Se llevo su mano a su boca, tapando sus labios carmín impidiendo que el sollozo se escapara y varias personas se acercaron, ella murmuro algo y un hombre miro hacia mi y luego hacia ella. Todas las personas que estaban junto a ella comenzaron a avanzar detrás de ella dirigiéndose hacia mí. No se veía bien, para nada y era demasiado tarde para que yo hullera.
Escondí mi puño, y mire hacia otro lado. Entonces estuvo sentada frente a mí.
-Susana.
No la mire, ni le respondí.
-se que eres tu ¿verdad Susy? ¿Cómo has estado?
-no tienes derecho a llamarme ni a preguntar así que vete.
Todos se miraron preguntándose por que le había respondido así.
-¿Por qué eres así Susy? ¿No estás feliz de verme? Quiero saber lo que ha sido de ti durante este tiempo.
Me reí ante lo que dijo.
-¿volver a verte? Que ahora, ¿quieres saber lo que ha pasado? –la mire con dureza.
-Susy –dijo con melancolía- ¿Dónde está tu padre? ¿Por qué estás aquí? –un hombre se acerco a su oreja y le susurro, ella asintió y todos los demás se retiraron- hace poco fui a donde vivíamos antes y… ustedes ya no estaban ahí, yo me preocupe mucho –me miro fijamente- he estado buscándote durante mucho tiempo.
-¡cállate! no me importa lo que estés haciendo o lo que hiciste, solamente quiero que te vallas, lárgate no quiero saber nada de ti.
-Susana ¿Por qué no entiendes? Lo hice por que no tenía otra, además ahora puedo darte la vida que antes no.
-no me importa, vete, acaso no escuchas.
-¿aun vives con tu padre? ¿Dónde está tu padre? –volvió a preguntar- no creo que el pudiera pagar ni una sola noche en este hotel.
Este era mi LÍMITE.
-¿Acaso no te dije que te callaras y te fueras? Solamente te importaste tu misma desde el principio, nunca te preocupaste por mi y ahora ¡¿me preguntas que como estoy?! Pues te responderé… ¡mucho mejor que a tu lado! ¿Qué donde esta al que llamas mí padre? No lo se y no me importa y sabes no estoy feliz de verte en absoluto, deberías tener vergüenza al venir aquí y decirme las palabras que en un pasado las necesite más que nada, solamente tenia tres años y aun te recuerdo muy bien, todas las cosas que no pasaba contigo las recuerdo bien, las veces que me tratabas mal por cualquier cosa y ahora me vienes con esto ¡NO ME JODAS! Tu dinero, tu carrera, todo, te puedes quedar con ello, no quiero nada que venga de ti, tuviste mucho tiempo para buscarme, debiste apreciarme cuando todavía estaba ahí a tu lado. Bastante he tenido de toda esta mierda de vida. Ahora esta es una pregunta para ti ¿Por qué me trajiste al mundo? –ella no dijo nada solamente me miraba- sabia que no tenias respuestas ¡A NADA!
Ella asombrada de todo lo que le había dicho, me miro como si ella fuera la victima, todo el mundo nos miraba. Me levante triunfante y ella abrió la boca para decirme algo…
-Lo siento.
-debiste haberlo pensado antes, ahora di me disculpas.
-Susana, espera…
Corrí lejos de ella y alguien me tomo del brazo.
-¿Srta. Susana? -lo mire confusa- el sr. Carl me envió por usted, quiere que valla al hospital.
Asentí.
No mire hacia atrás, sabia que ella venia detrás de mi. No mires, no mires, no mires, ella es mi madre… no pude resistirme y la mire. Sus lágrimas había corrido su perfecto maquillaje alrededor de los ojos y yo… yo… no sabia que pensar.
El hombre que Carl había enviado arranco y seguí mirándola mientras su figura yacía sobre el piso adolorida por mi rechazo.
¿Debía seguir juzgándola? ¿Quién había sufrido más? ¿Por qué no me busco antes? El perdón, segundas oportunidades ¿está era mi segunda oportunidad de ser amada? Pero algo me devolvió a la realidad, seguía sosteniendo la muñeca que le regalaría hoy, el día de su cumpleaños…
Si ella estuviera… ¿Me miraría llena de emoción? ¿Me sonreiría como antes llena de entusiasmo? ¿Me diría te quiero Susana? ¿Sonreiría solo para mí?
De mis ojos comenzaron a brotar pequeñas lágrimas, Candy era solamente una niña, mi hermana, Candy…
Cuando llegamos al hospital Carl ya me esperaba. Corrí hacia el -¿Cómo esta la abuela Katherine? ¿Candy como está?
-la Sra. Katherine ya ha despertado y pregunto por ti –no pude evitar que mi sonrisa se ensanchara- sobre Candy, ella aun no ha despertado…
-¿Qué sucedió? ¿Qué pasa con Candy?
El se tomo su tiempo –será mejor que la Sra. Katherine te diga sobre eso.
Esto no seria bueno…
La abuela Katherine me recibió con una gran sonrisa y abrazo –oh Susana… ¿Cómo está mi pequeña?
-eso debería preguntarlo yo –volvió a sonreír- ¿estás bien?
-si mi niña, estoy bien.
Hubo un momento de silencio.
-Candy, ella… ¿Cómo está? –ella me miro fijamente pero no me contesto- ¿Por qué no me dices nada? ¿Abuela Katherine?
-Susana, va a ser difícil esto así que escúchame atentamente ¿de acuerdo?
¿Difícil?
-Candy no ha salido del estado de coma, por el análisis que le hicieron ella puede que no recuerde nada cuando despierte, ni a mí, ni a su difunta madre, ni a ti…
¿No me recordaría? ¿Ella no me recordaría?
-hoy me darán de alta y la llevare a un hospital para que sea mejor atendida.
Sin poder contenerme comencé a llorar in control, pero sabia que no podía solucionarlo solamente con llorar, ella no se recuperaría y….
-no quiero verte así Susana, quiero que estés alegre como siempre, ella se recuperara, lo se.
Ya no podía confiar en nadie.
Varias horas después me encontraba en la habitación del hotel. La abuela Katherine había ido a resolver algo sobre su trabajo y me quede sola, de nuevo.
Cerré por un instante mis ojos y recordé la cara de Candy aun tumbada en esa camilla, estaba pálida y sus ojos no me miraban, ni mucho menos me sonreía. Sus rizos desordenados…
Mis lágrimas comenzaron a rodar de nuevo.
Quería quedarme con ella, esperar a que en cualquier momento ella despertara y me llamara por mi nombre, pidiéndome que me quedara a su lado para que le contara un cuento sobre cualquier cosa. No quería verla de esa manera.
Al día siguiente, la abuela Katherine me había prometido que iríamos al hospital a visitar a Candy, así que la espere a que llegara.
Alguien llamo a la habitación y llena de emoción fui y abrí.
-¿Qué haces aquí?
Fue mi primera reacción al ver a Ofelia Marlow.
-me entere por casualidad que tú te hospedabas aquí, así que decidí venir aquí –dijo con descaro.
-no eres bienvenida.
Pero ella no me escucho y entro por la fuerza.
-no se por que, ni como estás aquí, ni con quien estás pero he venido por ti.
-¿disculpa?
-lo has escuchado, ayer cuando te vi –se acomodo en medio de la pequeña sala- envié a mi investigador y ahora se todo sobre ti… -sonrió- te quiero de vuelta Susy, más que nada, no quiero que nada te pase, no quiero que nadie te maltrate, quiero que vengas conmigo a España.
Pero que descarada madre tengo.
-¿no te quedo claro lo que te dije?
-no importa lo que haya pasado Susy, eres mi hija, peleare con quien sea para que seas mía y de nadie mas. Quiero que estés a mi lado. Que vivas cada faceta conmigo.
-¿mía? ¿A mi lado? ¿Conmigo? Siempre se trata de ti ¿no? Me impresionas.
-no es… no es lo quise decir Susana y lo sabes. –de pronto saco una hoja y la dejo en la mesita- esto comprueba que eres mi hija y tengo todo el derecho de que vengas y vallas a donde yo diga, así que no lo hagas más difícil y ven ahora conmigo.
Ella estaba loca. Loca.
Se acerco a mí y se incoó. –Por favor Susana, prometo que todo será diferente. Para ti, para mí junto a ti ¿por favor? –dirigí mi mirada hacia otro lado- te esperare en recepción a las tres y cuarenta, si no llegas me veré forzada a llevarte en contra de tu voluntad.
Ya no podía confiar en nadie.
Ella beso mi frente y se fue.
Mi situación era; entre la espada y la pared.
Durante el camino al hospital me mantuve callada, varias veces la abuela Katherine trato pero se dio por vencida al no verme tan motivada. Entro a la habitación donde tenían a Candy, yo espere afuera. Después de salir fue mi turno.
-Susana, iré a llenar unos papeles –beso mi mejilla- te esperare en la cafetería, cuando estés lista para irnos ahí estaré esperándote.
Asentí con la cabeza. Y mire mientras me daba la espalda y caminaba despreocupadamente. Mi pecho dolía. Por que tenia que ser yo la que engañe.
-lo siento… -dije para mi en un susurro.
Entre a la habitación y era blanca, muy blanca…
Candy…
Mis ojos se dirigieron a la camilla donde ella descansaba despreocupadamente, se sentía tan fría esta habitación, tan lúgubre.
Me acerque hasta ella –Hola, mi pequeña pecosa. ¿Estas disfrutando ser atendida por todos? –reí irónicamente- lo siento Candy, por todo… tu vida va a ser muy difícil a partir de ahora, yo ya no estaré ahí, nunca, cuando despiertes tal vez ni me recuerdes… -limpie mi nariz- sabes –no podía contenerme- si tu nunca hubieras llegado, en este momento yo estaría viviendo mi vida de princesa, mi propio cuento de hadas. No podías nacer para otra persona. Siempre te tuve resentimiento y siempre lo tendré –deje la muñeca a su lado- espero que sufras mucho Candy, mucho, por que yo seré feliz al lado de mi madre.
No te engañes…
No te engañes…
No te engañes…
No te engañes….
-Tal vez sufra o no, espero que tu… que tu Candice… -no podía decirlo- lo siento. Nunca me recuerdes Candice, nunca. Pensé que no ibas a ser una amenaza, pero mi odio creció contigo. No sabes como te odio Candice White.
Salí de la habitación y corrí sin mirar atrás.
Llegue antes de la hora en la que me había citado y ella ya estaba ahí, feliz de que yo la siguiera y obedeciera lo que había dicho.
-has decidido bien, Susy.
No dije nada.
-me alegra. Ahora vámonos.
Por fin tendría una vida, creo que todas las personas pueden ser egoístas, al igual que yo en este momento.
Katherine.
Susana me tenía preocupada, aun no había regresado. Decidí ir a ver pero solamente encontré nada.
Solamente Candy y entonces me di cuenta de que había una nota sobre mi nieta y una muñeca que había sido enterrada a su costado.
Me acerque insegura y tome la nota temblando.
Sra. Katherine.
De ahora en adelante ya no seré más White, he decidido volver con mi verdadera madre y creo que me tratara más que bien. Mejor que la familia que me adopto, viví una vida que no quise repetir.
No quiero que se fatigue leyendo sobre alguien a quien solamente llamaba nieta por obligación así que no quiero que me busque más, no quiero saber nada sobre usted o sobre su verdadera nieta.
Espero que viva bien.
Susana.
No podía explicármelo, adoraba a esa niña y esta nota basto para que me partiera el corazón. Era demasiado.
Mire a Candice. Tan frágil y yo no duraría mucho.
Durante los siguientes meses no hubo noticias de Susana tal y como dijo, no podía dejar de preocuparme por ella, pero mi prioridad era Candice ahora.
Una tarde mientras me dirigía hacia el hospital me encontré con mi hijo Paul. Se acerco a mi sigilosamente.
-¿Qué es lo que quieres?
-no puedo visitar a mi madre.
-no sabia que la tenías –respondí fríamente- ahora estoy ocupada, así que por favor ven en otro momento.
Me sujeto por el brazo. –necesito que me des información sobre mis hijas, no se nada de ellas…
-¿tus hijas? ¿Ahora te importan? –me miro con resentimiento- no te daré información acerca de ellas. Tú lo pediste, así que vuelvas por aquí.
Sin dejar que el respondiera me aleje rápidamente.
Hoy se cumplía otro año más desde aquel fatal accidente. Dentro de dos días Candy cumpliría ocho años. Estaba respondiendo cada vez más, el doctor me había dado más esperanzas sobre Candy.
Pero no preste atención a lo demás.
Cuando llegue al hospital recibí la mejor noticia que podía haber recibido en años.
-Sra. White me alegro ser el que le de la buena noticia sobre la recuperación de su nieta, Candice despertó hace unas tres horas, le están haciendo un examen en este momento, sin embargo hay un problema…
-¿Cuál problema, doctor?
-tal y como lo habíamos predicho, Candice no recuerda nada, ni su nombre, su cumpleaños o cualquier cosa, es posible que tenga que llevarla a ciertos lugares que la ayuden.
-no importa, are cualquier cosa.
-me alegro que este bastante motivada –se levanto- esta mismo día podrá llevársela. Sin embargo tendrá que hacer estos pasos para que ella recupere su movimiento.
El doctor me explico los demás detalles mientras íbamos de camino con Candy. Cuando la vi, ahí, con sus ojos mirándome fijamente. Sonreí.
-Candy te quiero presentar a alguien –me acerque más- ella es Katherine, es tu abuela.
Candice me miro curiosa, el doctor me había dicho antes que Candice necesitaba recobrar la confianza para hablar con las personas, así que era probable que ella solamente dijera nada.
-hola, Candy. Me alegro que estés de vuelta –comencé a llorar- perdona querida, pero estoy tan feliz.
Ella tomo mi mano y me sentí la mujer más feliz del mundo.
Después de explicarle algunos detalles más, fuimos finalmente a un hotel en el que me hospedaba mientras Candice estuviera aquí, mañana por la mañana me la llevaría a Nueva York a iniciar una nueva vida.
Candy.
La Sra. Que se hacia llamar mi "abuela" me había tratado muy bien, aunque no recordaba nada, me sentía muy bien abrazar mi mona que tenia mi nombre. Me sentía confiada, por que ella representaba tal vez mi pasado. Uno que no recordaba.
Cuando llegamos al enorme edificio me sujete fuertemente de ella.
Al día siguiente, me levanto muy temprano, aun no salía el sol y dijo que teníamos que irnos.
Me abrigo bien y me llevo a la entrada donde un auto negro nos esperaba a varias calles de ahí, parecía muy asustada cuando vimos aun hombre de cabello rubio.
-¡quiero a mi hija!
-no la tendrás, ella estará mejor conmigo.
De repente varios hombres más salieron de la oscuridad.
Pero no pude ver mucho ya que hubo forcejeos y mi abuela gritaba mi nombre y ayuda. El hombre de cabello rubio me miro y dijo:
-no puedo compartirte con nadie, pero te pareces tanto a ella… -acaricio mi rostro- no quiero que vallas con ella, pero si la dejo viva te buscara, perdóname hija.
y de repente hubo nada…
Continuara…
Gracias por sus reviews, espero que siga siendo de su agrado.
