-¿Qué…qué me ha pasado?.-preguntó Alec sin dirigirse a nadie en particular, Magnus estaba enfrente de él, con la mirada perdida en sus ojos, esos ojos que por un momento temió no volver a ver.
-¿No recuerdas…absolutamente nada?.-preguntó Jace acercándose más a su parabatai como analizándolo con la mirada.
-Algunas cosas, pero por ejemplo…No recuerdo quién es él.-dijo señalando con un dedo a Magnus, después al advertir que Magnus lo miraba sus mejillas se colorearon.-Lo siento, yo…
-Él es tu ex…-comenzó Jace, pero Magnus le cortó en mitad de la frase.
-Soy tu novio.-dijo.
Alec abrió los ojos cómo platos, y miro alrededor, fijando nervioso la mirada en sus padres y en Jace.
-Sabemos que eres gay.-dijo Jace finalmente.-Es más, tú mismo te encargaste de eso, besando a tu "NOVIO", en mitad de la sala de los acuerdos.-Jace enfatizó demasiado en la palabra novio.
-Yo…Yo…-empezó Alec, con las mejillas rojas.
-Puede ser un efecto residual del veneno.-dijo Magnus finalmente salvando a Alec de tener que continuar la frase.- Generalmente las causas de la amnesia se deben al daño que ha sufrido el cerebro por las altas temperaturas del cuerpo o por ciertas drogas.-añadió dirigiéndose a Alec directamente, que lo miraba entre fascinado y curioso.-Tus recuerdos volverán con el paso del tiempo, pueden venir todos de golpe o a plazos.
-¿Cómo sabes todo eso?.-preguntó Jace, cruzándose de hombros.
-Ochocientos siete años, querido Jace, algo tenía que aprender.-respondió el mago alzando una perfecta ceja depilada.
Jace se encogió de hombros, justo en ese momento, las puertas de la enfermería se abrieron de nuevo, y una cabellera roja entró por la puerta, seguido de un chico que no despegaba la vista del suelo.
-Clary.-dijo Jace acercándose y posando suavemente sus manos en las caderas de la chica.
-Hola Jace, recibí tu mensaje y vine lo más rápido posible.-pero Jace sin embargo acercó su rostro al de la chica y le dio un ligero beso en los labios que la hizo sonrojar.
Simon tosió disimuladamente haciendo que la pareja se separara recordado de golpe que no se encontraban solos en la habitación.
-Hola rata.-dijo Jace sonriendo.
-Rubio teñido.-respondió él, a modo de saludo y se dirigió al lado de la cama de Alec, que lo miraba estupefacto.
-Hola tío, ¿qué tal? Nos diste un buen susto…-Empezó el vampiro, pero se calló al instante al observar cómo rápidamente, Alec agarraba un florero de la mesita de noche y se lo estrellaba en la cabeza. Ante la mirada sorprendida de todos, tomó impulso y chocó su cuerpo con el de él, cayeron los dos al suelo y con otro juego de rapidez y agilidad, Alec agarró un trozo del jarrón roto y lo sostuvo contra el cuello del vampiro, un momento después una patada volaba en dirección al estómago de Alec, él apenas sin poder respirar se vio levantado y sujetado por Jace.
-Alec ¿Qué…?
-¿¡No te das cuenta Jace!? ¡Es un vampiro!.-gritó furioso
-Verás él, es un vampiro pero es… Especial. Es un vampiro diurno ¿no te das cuenta?
-¿Vampiro diurno?Eso es imposible.-respondió el ojiazul
-Ya sé que soy un milagro, es más.-añadió Simon.-Soy adorable e irresistible ¿Acaso no hay nada mejor cómo cuñado?.-Isabelle lo miró sorprendida.
-¿Cuñado?¿Qué? ¡Isabelle!.-gritó Alec zafándose de la cárcel de los brazos de Jace.
-Te está bromeando Alec, ¿Acaso no te das cuenta?
-De ti soy capaz de creerme todo.-murmuró por lo bajo Alec, sin que nadie a excepción de Magnus le oyera, este último soltó una risita.
-¿Qué le ha pasado?.-preguntó la pelirroja que le había dado la patada certera en el estómago.
-No se acuerda de nada del último año, aunque hace unos treinta minutos no se acordaba ni de quién era su madre, aún no se acuerda siquiera de su novio.-respondió Jace, Clary lo miró sorprendida, pero dirigió su mirada a Magnus, que le lanzó un "ya te explico después".
-En ese caso.-habló Simon, aún con la mano en la cabeza, frotándose dónde el jarrón le había hecho daño.-Hola, soy Simon Lewis y soy el vampiro diurno que se acuesta con tu hermana.
-Cuida tus palabras vampiro, o será la última vez que veas el sol.-continuó Robbert, que se había puesto rojo de furia.
Simon tenía la mano extendida hacía Alec, que la miró dubitativo.
-No te chuparé la sangre.-añadió con una sonrisa contagiosa.
-El único que le puede chupar cosas a Alec soy yo.-dijo Magnus.
El color de las mejillas de Alec se elevó haciendo que el color pálido de su cara se convirtiera súbitamente en rojo, agachó la mirada y la fijo en sus pies descalzos.
Todos los de la enfermería rieron, algunos por estupefacción, otros por nerviosismo y en el caso de Robbert por educación, Alec se sonrojó aún más, miró a Magnus que le sonreía y se encontró de golpe con sus ojos, sintió algo en su interior removerse como si una pieza del puzzle encajara de repente en su cabeza con un suave "click"
-Yo…-continuó dirigiéndose a Magnus.-Yo te conozco.
-Sí, me conoces, y a mi gato también.-añadió con una sonrisa.
El corazón de ambos pegó un brinco, cuando por segunda vez se encontraron sus miradas, una especie de imagen mental de Magnus se instaló en la cabeza de Alec, Magnus sonriéndole, con el pelo desordenado y una mirada radiante, lo miraba y le hablaba de algo… Algo que no escuchaba, de forma instintiva se inclinó hacía adelante para escuchar mejor. Sintió unas manos en sus hombros y volvió en sí, Jace lo miraba preocupado.
-¿Qué?.-preguntó Alec.
-No lo sé, de repente estabas como… en tu nebulosa, muy muy lejos de aquí.
-¿Sólo nebulosa? A estás alturas tiene que haber creado galaxias.-dijo Simon.
-¡Oh! Lo siento.- se llevó la mano al cabello peinándoselo hacía atrás.- Es sólo que…-Jace le pedía que continuara con la mirada.- Recordé que…-Magnus se inclinó un poco más hacía él.-De ti.-le dijo al mago finalmente, Magnus abrió sus ojos gatunos.-Bueno, no de ti, sino de… es cómo una imagen, me decías algo pero no…-el muchacho se ruborizó.-¿Y Max?
Su madre soltó un gemido, Robbert se tensó, tanto Jace como Izzy y Clary se pusieron pálidos, Simon apretó los labios y Magnus entreabrió la boca.
-Alec…Yo… verás cariño.-empezó Maryse.-Max, Max… Ha… Max está…
-No.-empezó Alec.-No, no.-negaba con la cabeza a la vez que comprendía lo que querían decir.
-Alec… Deja que te expliquemos…-comenzó Robert.
-¡NO!.-Alec corrió de hacía las puertas de la enfermería y las abrió de par en par, escuchando cómo lo llamaban, sin embargo, las ignoró completamente, corrió por los pasillos del Instituto gritando el nombre de Max, recorrió las habitaciones, la cocina, escuchaba a Jace ir detrás de él, pero sin alcanzarlo.
-¡Max!¡Max!.-Sus pies fallaron y calló al suelo, las lágrimas corrían por su cara, al comprender que, Max no estaba, que no iba a estar en ningún lado, que no lo volvería a ver. El frío del suelo de piedra entraba en su interior a través de su piel, en contacto directo con el suelo.
Se encogió en el suelo y trató de respirar, odiaba que la gente le viera llorar y en ese momento estaba llorando, se secó las lágrimas antes de que Jace se acercara.
-Alec.-empezó la voz de Jace.
-¿Está muerto?.-preguntó, tratando que su voz sonara segura, pero fracasando estrepitosamente.
-Sí.
-¿Cómo?
-Lo asesinaron, durante el ataque a Alacante.
-¿Sufrió?.-la palabra salió de sus labios antes de que pudiera detenerla.
-No, solamente se quedó dormido, y ya está.-el silencio se extendió por el pasillo, durante varios minutos, mientras las lágrimas de Alec caían hacia el suelo.-Alec lo siento yo…
-No quiero estar aquí.-dijo finalmente.
-¿Qué?
-No quiero estar aquí.
-Ya te he escuchado, no soy sordo.
-¿Entonces para qué preguntas?.-replicó Alec.
-¿Por qué?.-preguntó Jace.
-Necesito llorarle, y no puede ser aquí.
-No te entiendo Alec.-El muchacho de ojos azules se levantó del suelo y se enfrentó a su parabatai.
-Necesito llorar a mi hermano pequeño y no puede ser aquí, no con todos aquí en el Instituto.
Alec apoyó su espalda desnuda en la pared, y Jace hizo lo mismo, se miraba las uñas, totalmente concentrado en analizarlas, ignorando la mirada de Jace.
-¿Hay alguna otra muerte que tendría que saber?.-preguntó Alec, despegando la vista de sus uñas.
-Sí.-dijo él.
-¿Quién?.-el nudo en el estómago se acentuó aún más.
-El canario que tenía como mascota, creo que se lo comió Iglesia.
Magnus los encontró en el pasillo, frunció al ceño al verlos a los dos juntos, uno al lado del otro, y una pizca de celos se encendió. Los dos amigos que se limitaban a mirar el techo, sin hablarse, el cuerpo de Alec había reaccionado al frío y se reflejaba en el vello erizado de sus brazos.
Magnus le tendió un suéter demasiado llamativo para su gusto, que Alec aceptó y se puso sin pensar, la tela le picaba, y se sentía ridículo.
-Magnus.-comenzó Jace, mientras los tres se dirigían de vuelta a la enfermería, en silencio.-Alec quiere irse del Instituto por un tiempo.-Alec lo miró sorprendido.-Me preguntaba si podrías alojarlo en tu casa…
-Yo me refería a un hotel, Jace.-añadió Alec que se rascaba el pecho por encima del suéter.
-No te quedarás sólo.-le reprendió el rubio.
-No soy un bebé.-replicó
-Sí, si lo eres, mí bebé pare ser exactos.-dijo Jace mientras se señalaba a sí mismo con un dedo.-Me niego a que te quedes sólo, y si tú te niegas a ir a su casa, juro por el Ángel que te ataré a la cama.
Alec soltó un insulto en voz baja.
-Sin problema.-dijo Magnus.-Nos lo pasaremos bien…
-No creo que…-empezó Alec.
-Viendo la televisión.-Finalizó Magnus.
Alec calló, y siguió de nuevo su vista al frente.
Jace se paró en el pasillo de la cocina, se excusó y se fue a reunirse con Clary que lo esperaba al otro lado del pasillo, pudo notar cómo su cara se iluminaba cuando la miraba.
Magnus y Alec se quedaron solos. El pelinegro analizó al brujo que iba a su lado, alto y flaco, con una confianza que él jamás tendría, pelo revuelto, ropas extravagantes, ojos verdes que se aclaraban hasta convertirse en dorado mientras más se acercaba a la pupila vertical y que lo miraban fijamente, el mago aludido alzó una ceja, Alec abrió y cerró la boca sin saber que decir, finalmente se sonrojó y bajo la mirada de nuevo en sus zapatos.
-Siempre que te pillo mirándome, haces lo mismo.-reprochó el mago, negando con la cabeza, pero con una sonrisa en su boca
-¿Lo hago a menudo?.-preguntó Alec que se había dignado a levantar la mirada, analizando la sonrisa del brujo, dientes perfectamente blancos, labios rosados y de aspecto suave…
-Continuamente.
-Oh.
-¿Oh?
El nephilim se encogió de hombros, y volvió a bajar la mirada, el brujo sin embargo con el dedo índice hizo levantarla.
-Mírame, Alexander.
Él lo miró. Alec abrió la boca para replicar por su nombre.
-Ahora.-añadió el mago.-es cuando dices: Alexander es como me llaman mis padres.
El muchacho abrió los ojos y cerró la boca.
Magnus se acercó poco a poco, con cuidado, pidiendo permiso levemente… Cuando sólo unos milímetros los separaban y Alec entreabría la boca, para recibir la de Magnus, Maryse apareció casi de la nada en el pasillo, se acercó a ellos casi corriendo.
Tomó a su hijo mayor entre sus brazos apartando a Magnus y lo atrajo hacía sí. Alec pudo adivinar que Maryse había llorado, y también la abrazó con cuidado, tratando de no dañar la figura delicada de su madre, pero ella, por el contrario lo pego a ella, con fuerza, cómo queriendo fundirse con el muchacho.
-Mami.-empezó Alec, dirigió una mirada a Magnus pero él sólo asintió con la cabeza y fingió estar muy interesado en el papel pintado de la pared.
-Mami.-dijo de nuevo.-Yo…Necesito tiempo, quiero llorar a Max….-el nephilim no sabía cómo expresar lo que sentía en su interior, la mezcla de desesperación, pena, rabia, llanto. Su madre pareció entenderlo mejor que él mismo.
-Te entiendo, pero no te vallas durante mucho rato, te necesito.-confesó la mujer, hundiendo la cabeza en el pecho de su hijo.-¿Dónde te quedarás?
-Conmigo.- respondió Magnus, que aún miraba la pared.
-Debí haberlo imaginado.-añadió con una risita nerviosa y con cariño le acarició la cara a su hijo.
- Cuídale, Magnus.-respondió Maryse, y dejándole a los dos impactados cuando le besó la mejilla al brujo.
-Lo cuidaré.-dijo él, sonriendo
-No lo dudo.-una vez dicho eso Maryse siguió su camino por el pasillo.-Te excusaré ante tu padre Alec, no creo que salga de su estudio en horas. ¿Recuerdas dónde está tu habitación?
-Sí.-respondió él.
-Bien, no tardes mucho en volver ¿vale?
-No tardaré mamá.- después Maryse siguió su camino, Alec y Magnus el suyo.
Alec se detuvo con duda en sus ojos frente a su cuarto, abrió la puerta lacada en blanco suavemente, el olor a desodorante masculino fue lo primero que sintió Alec de su habitación, estaba totalmente oscura, las persianas de la ventana bajadas hacían que la habitación pareciera oscura, incluso con el astro rey aun en el cielo en pleno auge. Dio un paso adelante y sintió cómo algo afilado le dañaba la planta del pie que apartó con un sobresalto, Magnus encendió la luz, Alec estaba en la mitad de la habitación, junto a la cama, mirando sorprendido el suelo. La habitación estaba limpia, sí, pero un millar de cristales diminutos cubrían el suelo, con sus puntas afiladas haciendo daño en la planta de los pies, haciendole manchar la moqueta con gotitas de sangre escarlata.
-¿Pero qué…?
-Son trozos de cristal.-dijo Magnus sujetando un pequeño cristal entre sus finos y largos dedos.-Haz el favor de ponerte algo en los pies, te estás haciendo daño.
Magnus no tuvo que decirlo dos veces, se puso unas botas que estaban cuidadosamente colocadas al lado de de cama, botas de caza que abrochó fácil y agilmente, haciendo un nudo apretado. Terminado su trabajo, se levantó y observó más atentamente su cuarto. El suelo cubierto de cristales era lo que más llamaba la atención a primera vista, pero luego se fijo en los grandes boquetes que tenía la puerta que daba a su baño particular, se acercó a ella y encajó su puño en uno de los boquetes, encajaba perfectamente. Abrió los ojos sorprendido, por lo general no era una persona violenta, ese trabajo se le dejaba a Jace, ¿qué razones tenía él para golpear la puerta de su baño? Magnus chasqueó los dedos y el espejo se recompuso, pegándose de nuevo a la pared, cerca de la ventana con un sonido desagradable.
Alec se acercó al espejo y trató con fuerza de volver a arrancarlo. No pudo, por mucho que tiró, el espejo no se movía de la pared.
-Tuve que estar muy cabreado para despegarlo de la pared.-añadió el muchacho.-Muy cabreado o muy desesperado.
Su mirada se posó de repente, en una pequeño cuadrado de madera que se encontraba tirado cerca de la puerta, se dirigió hacia allí, y levantó el marco fotográfico del suelo, le dio la vuelta y la foto quedó a la vista, tanto de Magnus cómo de él.
Eran ellos dos, sonrientes, mirando a una cámara que alguien desconocido sostenía, ellos llevaban enormes helados en sus manos, y detrás de ellos, en un segundo plano, se alzaba imponente la Torre Eiffel. El cristal del marco estaba roto y Alec lo acarició con cuidado siguiendo la líneas de rotura.
-¿He estado en Paris?.-preguntó el chico sorprendido, mirando a Magnus que en ese momento estaba pálido. Alec tenía que haber sufrido mucho, para llegar al punto de tirar sus cosas por la habitación. Lo visualizaba, Alec con las lágrimas por la cara arrancando de cuajo el espejo de la pared, tomando el marco de la foto y tirándolo al otro extremo de la habitación. Estaba engañando a Alec, lo sabía, pero no podía evitar… pensar que tal vez…
-Hemos estado en muchos sitios, Alec. Hemos ido a…-el mago alzó los dedos mientras empezaba a enumerar países.-Francia, Alemania, España, Portugal, Brasil, Argentina, Noruega, Italia…Mmmm, Egipto, allí te atacó un demonio y estuviste casi una semana con un ojo morado.
-No recuerdo nada.-dijo Alec con cierta pena.
-No te preocupes, ya recordarás.-el mago se acercó al nephilim y lo abrazó, Alec posó su cabeza en el pecho del mago y sintió su corazón latir, fuerte, constante, hundió la cabeza en su torso inhalando su aroma, el mago hizo lo mismo, enterrando la cabeza en sus cabellos, olor a sándalo, a manzana verde, a chocolate y a pera…
Se sentía extrañamente bien, como si ese fuese su lugar en el mundo, entre los brazos de Magnus, el chico se ruborizó y escondió más aún su cabeza en el pecho del mago, escuchó como una risa se formaba en el pecho de Magnus, ascendiendo hasta salir por su boca. El muchacho más sonrojado ahora, le dio un pequeño puñetazo en el estómago, haciendo al mago reír más y abrazarlo mas fuertemente contar sí, se quedaron así, uno abrazando al otro, sin decir palabra. Tal vez, simplemente las palabras sobraban.
Hasta que la puerta se abrió y entró Isabelle con su acostumbrado cabello negro cayendo por su espalda, liso y perfectamente limpio, nada comparado a cómo Magnus se lo había visto hacía dos días, cuando Alec estaba entre la línea de la vida y la muerte. Los vio antes de que ellos se separaran, y medio sonrió. Cuando Alec no miraba le dirigió una mirada con reproche a Magnus, pero sólo fue un segundo antes de que el muchacho con mejillas sonrojadas hablara.
-¿Acaso has perdido la educación, Izz? Se llama antes de entrar.-le reprochó.
-No cuando tu hermano se va a casa de su novio y no te dice absolutamente nada.
-Por favor Isabelle, no conviertas esto en algo paranormal, no creo que sea la primera vez que haya ido a casa de Magnus, por que al parecer he viajado por todo el mundo con él.-dijo Alec, cruzándose de brazos un momento antes de ponerse a rebuscar en su armario una mochila deportiva en la que metió un par de vaqueros oscuros y unas camisetas que ni siquiera miro, agarró una cantidad con la mano y las metió en la mochila, mientras miraba a Isabelle con reproche.
-¿Ni siquiera has pensado en despedirte de mi?
Alec dejó lo que estaba haciendo y se acerco a ella, el autocontrol de la chica pareció flaquear, el muchacho la abrazo fuertemente.
-Te quiero, Alec.- la muchacha controló su voz y siguió hablando-Cuando estabas enfermo.-dijo su voz temblaba a punto de romperse a llorar.-Estaba tan asustada…Al pensar que…que quizá no… Que no te volvería ver…
-Shhh.-le dijo el hermano mayor.-No ha pasado nada, estoy aquí y no me he muerto así que…Queda Alec para un rato.-dijo lo último sonriendo.
-Tonto.-dijo.
-Es mi forma de decir que yo también te quiero.
Ella rió tímidamente, Alec le besó en la frente.
-Voy a por un libro de la biblioteca.-dijo y sin más miramientos salió de la habitación, dejando la puerta abierta tras de sí.
Isabelle tardó sólo un segundo en reponerse y tomar aire para dirigirse a Magnus.
-¿Qué crees que haces, diciéndole a Alec que aún sois novios?
-Isabelle…
-¿Crees que acaso no lo averiguará? Tarde o temprano, y cuando lo averigue que tú le estas mintiendo, que te aprovechas de él…
-No me aprovecho de él, yo sólo quiero…Quiero pasar el máximo tiempo posible antes de que me odie por esto. –Isabelle pareció entender.
-Sólo te digo -. dijo mientras le señalaba con el dedo.- que sufrió mucho por ti.- he visto a mi hermano llorar por ti, golpear las paredes y no salir de estas cuatro paredes en días. Así que ahora te advierto, si le vuelves hacer daño, te mataré.
Dicho esto, salió por la puerta con su hermosa figura desapareciendo por la puerta.
Miró la fotografía que ahora reposaba en la mesita de noche, la tomó entre sus manos. Recordaba sacarse esa foto:
Paseaban por las calles, y Magnus le contaba las apasionantes aventuras que había vivido allí, Alec le escuchaba encantando, haciendo preguntas de vez en cuando, y asintiendo con la cabeza con esos ojos brillantes que adoraba. Magnus llevaba una cámara de fotos colgada del cuello con la que de vez en cuando, sacaba una imagen de Alec, es más, todas las imágenes eran de Alec, la mayoría las sacaba sin que el nephilim se diera cuenta, mirando pensativo los edificios, analizando con una mano bajo la barbilla, sus ojos entrecerrados, curiosos, a la luz del Sol, a la luz de las estrellas…
Ese era su secreto, Paris la podía ver cuando quisiera, pero no esos ojos, esos ojos que algún día le iban a resultar tan lejanos. Una mujer les había ofrecido sacarles la foto, se sentaron en un banco de piedra y sonrieron a la cámara, vio el índice de la mujer descender tres veces, tres fotos. Fotos hermosas, de él feliz, de ellos felices, mirando a la cámara…
Alec entró en la habitación con un silencio que lleva años de trabajo, traía un libro entre las manos, pudo adivinar que era el mismo que su madre le había leído mientras estaba en la enfermería.
-Tienes el mismo libro en mi casa.-dijo el brujo, mientras lo observaba meterlo en la mochila.
-¿De verdad?.-el mago asintió hacía él, pero recordó que había tirado el libro a la basura, odiando visualizar una y otra vez al nephilim recostado en el sofá leyendo el libro.
-Sí, si tu no lo has movido de su lugar, debería estar ahí.-mintió el mago, sabiendo que el libro se encontraba en el fondo de su del tarro de basura, con un montón de deshechos y comida de gato encima.
-Ah.-miró el libro con cariño y se dirigió a Magnus.-¿Crees que debería llevarlo?
-Llévalo.-respondió el mago, encogiéndose de hombros.-Por si acaso.
El muchacho sonrió y metió el libro en la mochila, la cerró y con un suspiro dijo:
-Creo que ya está.
