4. Isabelle, Clary, Simon y Jace, estaban detrás de la puerta de Magnus, escuchando los pasos seguros del mago, acercarse y después el tintineo de las llaves al girar en la cerradura. Entonces abrió, con la cara enrojecida a causa del calor, los labios inchados y demasiado bulto en la parte baja.
Isabelle y Clary apartaron la mirada, la primera sonrojada, y la segunda tratando de que la sonrisa que había en sus labios no se convirtiera en una carcajada.
-¿Pensáis quedaros ahi todo el día?.-preguntó el brujo alzando una ceja, despectivo.
La cuadrilla entró en la casa, como siempre todo estaba impecable, nada comparado con el desastre que había el otro día.
-Veo que has limpiado tu casa.-dijo Jace con sorna, después de puso de rodillas y miró bajo el sofá, ante la atenta mirada de todos.
-¿Qué se supone que hace, Jace?-preguntó la voz melodiosa, la peliroja.
-El otro día, cuando trataba de pillar al "hermoso" gato de Magnus, juraría haber visto por aquí unos calzoncillos...
-Jace, por favor deja de ser tan…-continuó Clary.
-Tan…-animó Jace
Mientras palpaba el suelo debajo de el sofá.
-Hola.-dijo una voz que provenía de la puerta que daba al pasillo.
-¡Alec!.-dijo Isabelle, y se abalanzó hacía él, abrazándolo.
-Jace se levantó al instante del suelo, olvidando su tarea, y se dirigió a Alec.
Mientras ellos se saludaban Clary se acercó a Magnus.
-¿Todavía no se lo has contado?.-preguntó la muchacha.
-No, No puedo Clary.-dijo el mago, sin despegar la vista de Alec.
-Sabes que mientras más tarde, más se enfadará ¿No?
-Sí lo sé, pero no puedo imaginarme, el dejarlo ir y que después… Le pase algo… No quiero imaginarlo.
-Te entiendo.-dijo la peliroja.-Pero ya sabes, lo que opina Alec de las mentiras.
-Sí, lo sé.
-Clary.-dijo la voz de Alec, acercándose.
-Alec.-dijo ella y se dirigió hacia él que venía de camino, se abrazaron, Magnus escuchó cómo Alec le agradecía a Clary, pero no entendió por qué, aun así la chica asintió firmemente.
-De acuerdo.-dijo Jace.-Llevo muriéndome de hambre desde que compramos los donuts y el café en la tienda de la esquina, así que por favor…Desayunemos de una vez.
-¿Jace, acaso no entiendes, que algunas personas, desayunan más tarde, sobretodo después de una buena sesión de sexo, no Alec?.-Alec había mutado de color, desde el blanco, pasando por el rosa, para terminar en rojo.
-¿Celoso, vampiro e no tener a un magnate del sexo como yo entre tus sábanas?
-No, no, no.-dijo Jace.-mi mente es muy traicionera, y no quiero imaginarme a un brujo,, por muy magnate del sexo que sea.-añadió viendo que Magnus iba a decir algo.-en mi cama, o en la cama de mi parabatai.
-Ñe, ñe, ñe.-dijo Magnus.
-¿Dónde comprasteis estos dunuts? Están riquísimos.-Añadió Clary, que tenía la bolsa de dulce en una mano y en la otra un donut suculento con azucar glaseado de color rosa. Al estilo Los Simpson.
-A ver…-dijo Alec acercándose y quitandole de las manos la bolsa con donuts.
-¡Ehy! Dame, son mios.-Dijo Jace.
-Piérdete.-le respondió Alec, apartando la bolsa del alcance de Jace.
-Parecen niños.-dijo Isabelle en tono aburrido, llevándose una mano a los cabellos, largos y negros.
-¿Parecen, o son?.-preguntó Magnus por lo bajo en su oído.
-Son.-añadió ella rápidamente, se quedó en silencio un segundo.-¿Ustedes estaban…? Ya sabes.- añadió
Magnus abrió los ojos, sorprendido.
-Sí.
-Oh.
La mesa americana morada de Magnus estaba repleta de tazas de café, migas de pan, restos de tostadas con mantequilla, un sartén de huevos ruuueltos y donuts a medio comer.
Los ocupantes de la mesa no le prestaban ya mucha atención a los restos de la comida, en vez de eso, mantenían una conversación, contándole a Alec las cosas que habían pasado de las cuales no se acordaba, el ataque a la ciudad de cristal, cómo había besado a Magnus en la sala de los acuerdos, la lucha, la resurrección de Jace, los problemas que hubo después con Sebastián y cómo, de repente, Sebastián había dejado de dar señales de vida, hasta que la conversación se desvió hasta el nuevo cazador de Sombras que había llegado la noche anterior muy mal herido, requeriendo la ayuda del Instituto.
-Es muy raro.-decía Isabelle, jugando con un trozo de pan.-es demasiado…
-¿Callado?¿Reservado? Esta mañana lo vi pasear por el Instituto como analizándolo todo…
-Es demasiado…-Isabelle fingió un escalofrío, demasiado exagerado para ser verdad.-Aunque eso sí.-añadió, señaló con un cuchillo a Jace, al otro lado de la barra.-Está buenísimo.
-Exacto.-dijo Jace.-si fuera gay no dudaría en tirármelo.
Clary le dio un codazo en las costillas.
-Tampoco es para tanto.-dijo Samon, que se acercó a ellos, dejando de acariciar a Presidente Miau, que emitió un sonido de reproche desde el sofá.
-Oh, sí.-contraatacó ella.-Con esos ojos color violeta y ese cabello…
-Yo creo que está bien.-dijo Clary, con un encogimiento de hombros.
-¿Te gusta?.-preguntó Jace, mirándola.
-No, me gusta, he dicho que esta bien…
-¡Es casi lo mismo!.-Magnus trató de no reír por la cara de estupefacción que tenía Jace.
-No.-dijo ella, con una tranquilidad inquietante.-Simon también esta bien, y Alec, no se queda atrás, mucho menos Magnus, pero no me acostaría con ninguno.
Alec empezó a tartamudear un "gracias", mientras la peliroja miraba fijamente a Jace, que tenía la boca abierta, y la miraba como si acabara le acabara de salir un tercer ojo.
-No lo dices enserio.-aseguró él.
-¿Crees que no?
-Creo que no.-dijo inclinando la cabeza en señal de asentimiento.
-Pues que pena que no me tengas fe, por que soy perfectamente capaz de tirarme al nuevo.
-Te juego cincuenta dólares a que no eres capaz.-dijo Jace, poniendo en la mesa el dinero.
-¿Sólo eso?.-dijo Clary, sacando de su bolsillo otro billete de cincuenta que se unió al primero en la mesa.
-Si consigues que el se acerque lo suficiente cómo para besarte y sabiendo que soy tu novio, te juro que beso a Alec delante de Magnus para que después él.-señaló al brujo.-me pegue un puñetazo en la cara y me transforme en un sapo.
-Hecho.-dijo Clary ignorando las réplicas de Alec y Magnus que se habían levantado, para protestar y, la peliroja se levantó de la silla y le tendió una mano a Jace, para cerrar el acuerdo, él dudó un momento, pero después extendió su mano apretando la de ella.
-Esto es ridículo.-dijo Alec.-no quiero formar parte de esto, no y no.
-Yo sinceramente…-dijo Magnus.-tengo ganas de pegarle un puñetazo a Jace, y ver qué hace siendo un sapo.
-No entres al trapo Magnus, me niego a…
-Alec…
-Ni se te ocurra acercarte a mi.-dijo Alec, señalando a Jace.- a menos de un kilómetro a la redonda con la intención de besarme.
-Clary.-dijo Magnus.-más te vale ganar la apuesta si no quieres dormir con un sapo de verdad en tu cama. Aunque sería interesante veros.
-No hay quién te entienda, Magnus.-dijo Alec.
-Tú, tu me entiendes.-se acercó al nephilim y le besó, él no se apartó y le siguió el beso, un momento, antes de separarse.
-Bueno, quiero volver al Instituto, yo también quiero saber que se siente el dormir al lado de un sapo.-dijo Clary levantándose.
-Bien genial, tengo ganas de probar los besos de Jace.-dijo Alec, con una tranquilidad inpropia de él. Magnus dejó de sonreir al instante, abriendo los ojos.
-No, no , no eso sí que no.-dijo el brujo.
-La apuesta está hecha Magnus, si me tiene que besar le seguiré el rollo.
-Clary si necesitas ayuda con cualquier cosa, cuenta conmigo.-dijo Magnus, mirando de reojo a Jace, que le sonreía con indiferendia al brujo.- Si llegas a perder juro que lo mínimo que le pasará a Jace si besa a Alec será perder todas las extremidades del cuerpo. Incluida esa que sirve para la reproducción.
Clary rió, mientras Alec sonriendo se alejaba de la mesa en dirección a la habitación beige. El cuadro de la flor de loto, fue lo primero en lo que se posó su mirada al entrar en la habitación, la cama estaba hecha, se preguntó cómo era posible que las camas de hiciesen solas en aquella casa. Fue hasta el armario sintiendo que lo observaban, el cuadro de la flor de loto colgado en la pared lo inquietaba, se acercó a observarlo, mientras más se acercaba más lo desconcertaba…
-¡Alec!.-escuchó la voz de Magnus.- tus hermanos ya se han ido, en ¿qué estábamos antes de la indeseosa interrupción?
-Yo me estaba a punto de duchar.-dijo Alec rápidamente, dirigiéndose a su armario y sacando un pantalón y una camiseta de color gris oscuro.
-Ya claro…-dijo Magnus lentamente, a cercándose a él.-Sobretodo cuando me besabas aquí.-dijo, posando sus labios en el cuello de Alec.- Y aquí…-dijo bajando por su cuello, hasta su hombro.
Alec se separó y lo miró, entre divertido y nervioso.
-¿Dónde está el baño?.-dijo, sin apartar la vista de su ropa.
Magnus suspiró mientras se apartaba un mechón de pelo de la cara.
-Primera puerta a la izquierda.
Alec salió de la habitación, mientras sus mejillas se coloreaban de rosado se dirigió al cuarto de baño, completamente naranja.
El agua caliente relajó los músculos del nephilim, que se habían mantenido en tensión desde que Magnus se había levantado de la cama de un salto y se había puesto una bata para ir a abrir la puerta. Se había decepcionado cuando supo que se quedarían a desayunar, quería estar con Magnus, quería que…¿Qué?
No tuvo tiempo para responder su propia pregunta. Magnus abrió la puerta del baño y se miró en el espejo, Alec sacó la cabeza fuera de la bañera y con champú en el pelo miró a Magnus, con la pregunta escrita en el rostro.
-Tengo que irme.-dijo Magnus.-Una clienta requiere de mis servicios.
-¿Qué clase de servicios?.-pregunto Alec con una sonrisa, y un ojo medio cerrado.
-¿Realmente quieres saberlo?.-respondió el mago.
-Es de mala educación responder una pregunta con otra pregunta.-añadió, mientras metía de nuevo la cabeza bajo la cascada de agua, aclarándose el champú.
Con un suspiro añadió:
-No, no quiero saberlo.-mintió.
-No creo que a la señora cincuentona le interese mi cuerpo veinteañero.
-Te podrías sorprender.-aclaró él.
Miró a Magnus que en ese momento se ponía una sombra de ojos, demasiado llamativa para su gusto.
-Voy, soluciono el problema que tiene con un demonio en su cuarto de baño y vuelvo ¿De acuerdo? No hagas tonterías.
Se acercó a Alec y le besó los labios húmedos por el agua, paso ligeramente la lengua por el labio inferior y demasiado impresionado Alec continuó aquel beso.
Alec se aburría tremendamente en casa, miraba el techo sin prestarle atención alguna a la película que había puesto en la televisión.
Sin Magnus todo a su alrededor se apagaba, no tenía sentido tener una casa tan llamativa, cuando Magnus no estaba, sin él los colores no parecía tan brillantes y la casa resultaba aburrida, monótona además de rutinaria.
Tres horas después de que Magnus saliera en ayuda de la "vieja cincuentona", descolgó la cazadora negra del perchero, poniendosela sobre los hombros , agarró un juego de llaves (como no, brillantes llaves azules con pequeñas figuras en movimiento) y salió por la puerta cerrando suavemente, mientras bajaba las escaleras pensó que tal vez debería de haberle dejado una nota a Magnus, diciéndole que salía a dar un paseo por algún lugar por la ciudad, se paró dubitativo en mitad de las escaleras antes descartar la idea, planeando volver antes que Magnus.
Caminó entre las calles recordando ciertas cosas, pequeñas pero después de todo recordaba algo. Alguna mujer saliendo de una tienda lujosa que en ese momento estaba cerrada, Recordaba haber salido borracho del bar de enfrente y haber llamado a Magnus.
Recordó el dolor palpitante en el pecho cuando mientras llamaba a Magnus aquella noche. Algo había pasado, algo que no le gustaba en absoluto, alguna cosa horrible…¿Qué era? ¿Por qué había discutido con Magnus aquella noche? Algo en su interior le dijo, que no era una simple discusión, que había algo importante, algo que se le escapaba, se obligó a recorrer los pocos recuerdos que iban y venían en su cabeza, pero no encontraba lo que buscaba, dejó de estudiar el interior de su mente cuando en su cabeza se hizo patente un persistente dolor que ya le resultaba incómodo. Levantó la vista prestando atención por primera vez en kilómetros de dónde estaba, los altos edificios habían desaparecido y se transformaron solamente en llanura…
Más allá están los túneles…Tengo que llegar hasta allí…
Se sorprendió ante los pensamientos que aparecieron de improviso en su mente. Aceleró el paso, sin ni siquiera haberlo notado, su corazón se aceleraba a cada paso que daba.
Entro en la boca oscura del túnel, el eco de sus pasos se era lo único que se escuchaba a través de las paredes de cemento, decoradas con frases célebres y grafitis horribles.
-¿Qué pasó aquí?.-se preguntó en voz alta.
Sabía que aquí había pasado algo, algo gordo, algo que no le gustó en absoluto.
¿Qué paso aquí?¿Qué pasó?¿Qué pasó?¿Qué pasó?
Se preguntaba una y otra vez, mientras miraba las paredes de los túneles, grises y desvaídos, escuchó la dulce voz de una mujer… susurrando su nombre y el de Magnus, una voz melodiosa que lo llamaba y lo llamaba…
Como si el mismo túnel tuviera su recuerdo, recordó entonces una pelea, con una vampira….. Una pelea que no había acabado en nada, sólo en un acuerdo, un acuerdo que le interesaba algo que afectaría le afectaría a Magnus…Y a él…
Recordó una piedra runa cambiar de color, la espalda e Magnus alejándose mientras escuchaba su corazón quebrarse.
-¡¿QUÉ PASA?!.-le gritó al túnel, mientras los recuerdos se volvían más claros, le vino un nombre a la cabeza, un nombre de mujer, que empezaba con "C" pero de le olvidó en el mismo instante que lo recordó… "Ca…Ca…"
El móvil sonó en su bolsillo, lo ignoró al principio, estaba demasiado absorto en sus pensamientos, demasiado centrando incluso para escuchar, cómo su móvil dejaba de sonar y volvía a retomar el titilante sonido de una melodía infantil. "El cielo estaba oscuro, no había señales del astro rey en el cielo y supuso que debería ser muy tarde, se vio a si mismo, unos pasos más allá, girándose en redondo hasta una figura alargada que salía de las sombras, era Magnus, lo supo casi al instante. El Alec que veía en frente suyo empezó a hablar con el Magnus que había salido de las sombras, con cara demacrada y chupada, ojeras debajo de sus ojos felinos y una muesca de desprecio en la cara…"
-¡Alec!.-abrió los ojos al instante y de forma instintiva, se llevo una mano al cinturón de armas que no tenía.-¿Qué hacías?.-preguntó Magnus con cara de pocos amigos.
-Estaba recordando…
-¿Qué estabas recordando?.-preguntó Magnus, rápidamente, parecía asustado, estaba pálido por un momento pensó que se parecía al Magnus de su… ¿visión?
-A ti.
-¿A mi?.-cada vez parecía más pálido y más distante.
-¿Qué recordabas exactamente?.-dijo mientra daba un par de pasos atrás. Cosa que sorprendió a Alec, nunca había visto a Magnus actuar de esa manera.
-Sólo a ti… Saliendo de las sombras.-señaló con un movimiento de cabeza a la esquina semi iluminada por la luz del Sol.-Y mi piedra de luz mágica, brillando en tu mano…
-¿Y…?-continuó Magnus.
-Y nada.- el rostro de Magnus se congeló un momento y al segundo siguiente sonreía, las mejillas habían retomado su color, y las ojeras mágicamente habían desaparecido.-No logro recordar nada más, ¿qué pasó?.-preguntó después de un segundo en silencio.
-Na…Nada importante. Vamos, volvamos al apartamento, es hora de comer y tengo hambre.-dijo mientras se frotaba el abdomen en de manera exagerada.
Alec sonrió y siguió a Magnus, hacía la salida del túnel.
-¿Cómo supiste dónde estaba?.-preguntó el nephilim.
-Hechizo de localización.-respondió rápidamente, no le quería contar a su Alec que fue un acto reflejo, sabía que las paredes de los túneles lo llamarían hasta que al fin recordara, hasta que al fin…
De camino al apartamento, pensó en varias maneras para derrumbar esos túneles, de reducirlos a cenizas hasta que no quedara ninguna prueba de lo que había pasado allí, y muy egoistamente quiso que Alec, no recordara nunca. Nunca.
-Me gusta esta visión.-dijo finalmente, mientras dibujaba con el dedo índice el pecho de Alec que gemía en su boca.
-¿Qué visión?.-dijo el nephilim.
-La tuya sin camiseta, encima de mi, haciendo lo que estamos haciendo.-dijo el brujo, mientras sentía los labios de Alec descender desde su cuello hasta su pecho y más abajo y más, hasta que sus labios, se toparon con los vaqueros del brujo.
-En estos momentos odio tu pantalones…
-¿Miau?.-dijo Magnus, en tono de burla.
-Deja de ser tan…
-¿Adorable?.-preguntó Magnus, mientras enredaba sus piernas con las de Alec y rápidamente cambiaba de posición. Ahora era Alec el que lo miraba desde abajo y Magnus el que le besaba el cuello.
-No. Tan tú, tan Magnus.
Magnus, con un suave movimiento de dedos desabrochó el pantalón del nefilim, deseaba haber hecho eso desde que, hace diez minutos, había empezado besos desenfrenados en el salón, mientras veían una película, besos que le quemaban la piel y que le habían obligado a quitarse la camiseta, no parecía ser el único que tenía calor por que Alec no se resistió cuando sus manos levantaron su horrible suéter negro sacandoselo por la cabeza, y dejando el pecho del nepihlim al descubierto. Tampoco se resistió cuando Magnus lo levantó del sofá y lo dirigió a su cuarto, tropezando entre besos y caricias por parte de ambos, desenfrenados por conocer el cuerpo del otro.
Con dedos ágiles Alec le desprendió el pantalón a Magnus, giró de nuevo, recuperando su antigua posición, Magnus sorprendido por el rumbo que tomaban las cosas, levantó las caderas para facilitar salida de los vaqueros, cuando Alec tiró de ellos hacia abajo, besó y chupó la unión entre las caderas y las piernas del brujo. Magnus gimió algo, que Alec no entendió, se llenó de satisfacción, cuando Magnus contuvo la respiración mientras él, bajaba los coloridos boxers del brujo, liberando de una vez por todas la erección, empujada con orgullo hacia arriba, Alec hizo viajar su dedo índice desde la base del cuello de Magnus, hasta su miembro, pasando por su pecho, y su vientre sin ombligo, sólo con una fina capa de vello.
-Alec…
-¿Mmm?.-preguntó Alec, que lo único que hacía en ese momento era seguir su instinto, estaba claro que aquello lo había hecho antes, pero aun así no pudo evitar sonrojarse cuando lentamente y poco a poco se llevó el miembro del brujo a la boca, succionando, y repansando su longitud con los labios, pasaba la lengua por la puntita cada vez que sus labios le rodeaban el glande, y de nuevo, a la base…
Magnus había empezado a gemir, suavemente, tenía un mano apretando fuertemente la manta que cubría la cama y la otra enredada en los cabellos negros de su acompañante, marcando un ritmo.
-A…Alec…-dijo Magnus mientras su espalda se arqueaba. Cada vez más cerca del punto sin retorno.
Alec se despegó del cuerpo de Magnus cuando sintió que le brujo no duraría mucho más con las expertas y callosas manos de Alec.
Al fin y al cabo, fue Magnus el que le enseñó como se acariciaba el escroto de su compañero, suavemente y despacio, como la hacía en ese momento, erizando el vello de Magnus y con la necesidad de abrir la boca y jadear.
Alec dirigió lentamente uno de sus dedos hacia la entrada de Magnus, que jadeó cuando sintió la dulce presión de Alec en su cuerpo.
Magnus abrió los ojos y los fijo en el techo, en sus sombras y se concentró en Alec buscando ese punto en su interior, con un movimiento ágil la posición había vuelto a cambiar, ahora era de nuevo Magnus el que lo miraba desde arriba, estiró su mano hasta la cómoda y del primer cajón sacó un envase que Alec reconoció, tal vez su inconsciente le avisó de lo que ahora se avecinaba, cerró los ojos, para no ruborizarse y se tensó un poco al notar el frío gel en su entrada, después un dedo presionando suavemente y luego un juego de dedos, adentro afuera y tocando suavemente ese punto que…
-Ahhh…-gimió Alec, Magnus se lo tomó con un juego y apurando más al nephilim, aumentó el ritmo. Ahora sólo eran gemidos lo que se escuchaba en aquella casa.
-Ahhh…Mag…Magnus…-se quejó cuando la presión de los dedos desapareció, pero nuevamente se vio remplazada, esta vez por algo más grueso.
Alec gimió cuando el brujo se hundió hasta la base, moviéndose ritmicamente, con las piernas de Alec en los hombros, empujando cada vez más. Alec trataba de hablar, pero no encontraba las palabras, es como si su cerebro se hubiese ahogado en el placer que en ese momento sentía. Entonces Magnus tocó un punto en su interior, que lo hizo gemir con más fuerza y ganas, y de nuevo ese toque en ese punto, y otra vez más, cada vez subiendo un escalón más esperando para la llegada del ansiado orgasmo.
Justo cuando pensó, que ya no aguantaría más, Magnus volvió a rozar ese punto y todo su cuerpo se tensó de forma inesperada, el cuerpo de Alec se convulsionó y un segundo después manchó su abdomen con su esencia. Magnus sin poder aguantar más, también descargó en el interior de Alec.
-Ni se te ocurra decir alguna estupidez.-dijo Alec, mirándolo de reojo, cuando los dos miraban el techo de la habitación de Magnus.
-A sido realmente fantástico.-dijo Magnus, recibió una mirada reprochante por parte de Alec.-No es ninguna estupidez.-dijo simplemente, encogiéndose de hombros.
Alec apartó la mirada cuando sintió a sus mejillas sonrojarse contra su voluntad. Mira algún punto perdido de la habitación donde sus ropas estaban esparcidas por el suelo.
-Magnus…-empieza Alec.
-¿Mmmm?.-pregunta él, con los ojos cerrados, a las puertas del sueño.
-¿Qué pasó en los túneles?.-preguntó despacio, eligiendo bien las palabras.
-¿Qué túneles?.-pregunta el brujo, que abrió los ojos de golpe y los fijo en el techo. Alec escuchó como su corazón se aceleraba débilmente antes de controlar su expresión y dirigir su mirada de nuevo hacia él.
-Ya sabes de lo que hablo.-añadió Alec, apoyándose en un codo, para poder mirar bien a Magnus.
El brujo en cambio, se quedó mucho rato en silencio, como buscando las palabras adecuadas. Alec se hartó, se levantó de la cama, sabía que Magnus le ocultaba algo, pero no estaba del todo seguro de por qué y mucho menos la relación que guardan los túneles en todo eso, empezó a buscar su ropa esparcida por el suelo. Magnus se incorporó en la cama y lo miró.
-¿Qué haces?.-preguntó.
-Si tú no me das respuestas, las iré a buscar yo.-dijo mientras se ponía la camisa de color oscuro.
-Alec…Yo…Verás…-empezó nervioso, mirando al hombre que tenía delante, decidiéndose si contarle o no la verdad de lo que pasó allí.
-¿Qué me pasó allí, Magnus? Sé que tiene algo que ver contigo.-el brujo lo miró.-¿Qué pasó? Repitió insistentemente.
Magnus tomo aire, llenándose los pulmones del preciado oxígeno.
-Casi mueres allí, Alec.-susurró Magnus. "Otra mentira más que añadir al tarro" pensó el brujo.
-¿Y qué pintas tú allí?.-preguntó Alec, ignorando la nueva mentira de Magnus.
-¿Qué qué pinto? Fui yo quien te encontró y te lleve de vuelta al Instituto, te desangrabas en mis brazos Alec. No puedo perderte, ¿acaso no lo entiendes?¿No entiendes que lo soy todo sólo si tú estás a mi lado?
Alec se quedó inmóvil y lo miró, se acercó a él y lo abrazó, cuando Magnus se levantó de la cama.
-Te quiero.-le susurró Alec, en el oído, Magnus e quedó paralizado, nunca esperó esas palabras salir de los labios del nephilim, así sin más, normalmente se ponía colorado y miraba a otro lado cuando decía cosas por el estilo. Entonces Magnus, entre confundido y alagado, le abrazó, atrayéndo el cuerpo fibroso de Alec al de él. Los besos empezaron de nuevo, y nuevamente, la ropa no hizo falta.
El cabello oscuro de Alec se esparcía por su frente desordenado, los ojos cerrados y la boca levemente abierta. Escuchó su respiración, inhalaba por la nariz y expulsaba dióxido de carbono por la boca, y de nuevo el proceso de respiración lenta y pausada.
Se enorgullecía, él era el único con el poder de verlo dormir, relajado, sin ningún tipo de preocupación, mientras sus ojos azules se movían en sueños.
El teléfono sonó, una y otra vez, con el estruendoso pitido expandiéndose por la habitación.
-Magnus…-susurró Alec mientras extendía un brazo hasta el cuerpo del brujo a su lado y se tapaba la cara con la almohada para esconderse del sonido.
-¿Quéee?.-arrastró la palabra hasta convertirla en una polisílaba.
-Contesta el maldito teléfono.-gruñó Alec.
-Alec…Cariño… No es mi teléfono, es el tuyo, haz el favor de contestar o juro que lo tiro por la ventana.
-Joder.-murmura Alec sentándose en la cama.
No había imagen más encantadora, Alec con el pelo revuelto los ojos semi abiertos y aun dormido. Los rayos de luz entraban por la cristalera y trasformaban el color azul de sus ojos en un mar infinito y tranquilo.
Magnus, lo observó, levantarse tal y como el ángel lo había traído al mundo y rebuscar por la habitación sus pantalones de donde extrajo la cajita de color negro que emitía el sonido.
-¿Qué quieres, Jace?.-dijo mal humorado.
-Dile que se valla a freír espárragos a Narnia.-dijo Magnus mientras se levantaba y se metía en el cuarto de baño. Escuchó a Alec replicarle a su hermano, mandarlo a freír espárragos, y a continuación se embarcó en una conversación sólo con "Ajá y sí" como respuesta.
-Estaremos allí en una hora, no te comas todos los donuts.-añadió y colgó.
Lo escuchó maldecir y después tocó la puerta con cuidado.
-¿Se puede?-preguntó.
-No seas tan educado, ya me has visto desnudo.-replica Magnus mientras se hacha jabón en el pelo y lo masajea.
-No quiero verte evacuando.-replica Alec, el brujo pudo imaginarlo cruzado de brazos frente a la puerta.
Magnus abrió los ojos, y sonrió.
-No estoy evacuando.-entonces la puerta se abre, y Alec sólo con unos calzoncillos entra en el baño.
Agarra un cepillo de dientes y se embarca en la difícil tarea de cepillarselos.
-¿Qué quería el adorable de su hermano?.-pregunta con sarcasmo en su voz.
-Dice que mi madre se va a Idris esta tarde, quiere que la valla a ver, están preparando el desayuno.
-Bien.-dice Magnus.-desayuno con la familia de mi novio.
Alec se enjuaga la boca, y vuelva a dejar el cepillo de dientes en el vaso colorido del baño, mientras tanto Magnus a dejado de masajearse el pelo y ahora se pasaba una esponja con espuma por el cuerpo.
-Tenemos una hora, y yo también quiero ducharme.-de cruza de brazos, y lo mira.
-Ahora viene la parte en la que dices: "Date prisa"
-¿Puedo ducharme contigo?.-Magnus abrió los ojos y lo miró sorprendido.
-¿Enserio?.-pregunta Alec asiente.
Magnus le hace un hueco a Alec que se quita la prenda que le cubre sus partes masculinas y entra en la bañera.
El agua tibia le empapa el cuerpo y le limpiaba de los excesos de la noche anterior, sonríe en respuesta y los brazos de Magnus lo abrazan por la espalda, pegándolo a él. Alec le ignora, y agarra el champú, esparce un poco por su oscura cabellera.
La manos de Magnus empiezan a viajar lentamente por le cuerpo del nephilim y en respuesta su piel se eriza. Alec sonríe.
-¿Qué se supone que estas haciendo?.-le pregunta.
-¿Acaso no es obvio?.-pregunta mientras su mano viaja hasta las caderas.
-Magnus…
-¿Mmmm?.-pregunta mientras sus labios repasan su cuello, lamiendo las gotas de agua.
-Para.-dice lentamente, esperando que su cuerpo no actúe a las caricias de Manus y tenerlo todo bajo control.
-¿Por qué?.-pregunta el demasiado cerca de su oído.
-Porque me acaba de entrar champú en los ojos.-Magnus se aparta.
-¿De verdad?.-dice abriendo mucho los ojos.
-Sí.-añade su compañero.
Se mete debajo de la corriente de agua, para que le aclare el pelo y le limpie la cara, donde un rió de espuma se extiende por un lateral de sus facciones.
Magnus lo observa mover las manos por su pelo, negro como la noche, lo observa también repasar su cuerpo con sus manos llevando una fina capa de jabón por su cuerpo.
-Alec.
-¿Sí?.-preguntó.
-Te quiero.
Y antes de que el pudiera responder, Magnus salió del cuarto de ba
ño.
Clary se dirigió a la silueta de Alan que miraba concentrado en la serie de cuchillos serafines, se sentía ridícula con aquella ropa, un vestido negro muy ceñido al cuerpo, y unas botas que hacían a sus piernas kilométricas. Alan apartó la mirada de los cuchillos y los posó en ella. Recordó claramente la voz de Isabelle esa mañana, mientras le tiraba el minúsculo vestido a la cara "Recuerda" dijo " cruzar las piernas cuando camines, eso hará que le parezcas sexy"
-Hola.-dijo Clary
-Ah, eres tú.-dijo el chico, entonces la observó atentamente, de cierta forma se sintió incómoda, podía incluso sentir la mirada de su acompañante repasarla atentamente con la mirada.
-¿Acaso esperabas a alguien?.-dijo ella, sonriendo.
-En realidad, no esperaba a nadie.
-Me alegro.-dijo ella.
El chico como respuesta levantó las cejas.
-¿Por?.-preguntó.
-Curiosidad.-dijo encogiéndose de hombros.
-La curiosidad mató al gato.-respondió él, acercándose a ella.
-El gato murió sabiendo, tú morirás ignorante.-replicó.
El chico abrió los ojos y una sonrisa se expandió por sus labios.
-Valla, valla.-dijo acercándose cada vez más.- Y cuando crees que ya lo has visto todo, nuevamente te vuelven a sorprender.
-Tampoco eres tan viejo.-replicó ella, dando un paso hacia él, sus cuerpos sólo separados por centímetros.
-Nunca se sabe.-añadió.
Acto seguido ya no hubo espacio entre ellos, y cuando Clary estaba a punto de echarse hacia atrás, alejándose del cuerpo del cazador de sombras, (tenía los labios demasiado cerca de los suyos, para su gusto) la puerta se abrió y apareció Jace a través de ella.
Se quedó quieto durante un segundo, analizándolos. Él con su cuerpo pegado al de Clary, una mano en su cadera, demasiado cerca…. Sí demasiado cerca.
-¿Interrumpo algo?.-preguntó con fría calma. Fría y peligrosa.
-No.-respondió Clary.
-Sí.-dijo Alan.-Es más te agradecería que te fueras.
-Es curioso.-comenzó Jace, acercándose a ellos.-no sé si sabias, que la chica que tienes entre tus brazos es mi novia.
Alan se apartó rápidamente, Clary no supo exactamente por qué, podría ser por el hecho de que había descubierto que ella tenía novio, o bien, que Jace se lanzara en picado hasta él con un puño en alto, golpeándole la mejilla.
-¡Jace!.-gritó la muchacha, lanzándose en su dirección.
Pero era tarde, Jace estaba encima de Alan, con las piernas a cada lado del cuerpo de su oponente, golpeándole la cara. Nunca lo había visto tan fuera de sí. Pero algo más llamó su atención, incluso ella, con lo poco que sabía del entrenamiento al que un cazador de sombras se somete, sabía cómo quitarse a un oponente de encima. Sin embargo Alan simplemente se limitaba a cubrirse la cara con los brazos y esquivar los golpes. Sin golpear ni tratar de responder a sus golpes.
Clary agarró a Jace por los hombros, y lo tiró hacia atrás.
-Jace, por favor Jace…
Jace se levantó y la miró, después miró de nuevo al nephilim.
-Si te veo acercarte a ella.-señaló a Clary.-a menos de cien metros a la redonda te juro por el ángel que romperé todos y cada unos de lo huesos de tu cuerpo.
Al acabar la frase, Jace golpeó a su adversario en la cabeza y un segundo después yacía inconsciente en el suelo, con el cuerpo desparramado en el suelo.
