5. Los pasos de Alec y Magnus hacían eco en las paredes de piedra del Instituto, mientras se dirigían a la cocina, con las manos entrelazadas.

Escucharon el eco de las voces que hablaban entre sí, es más, parecían estar discutiendo, se escuchó caer algo y una voz soltado una maldición en voz alta. Alec y Magnus se miraron entre sorprendidos y expectantes.

-No, no creo que hayas hecho algo tan…

-¿Sensato? Admítelo Isabelle.-dijo la voz de Jace.-Ese imbécil es tan…

Alec abrió la puerta de la cocina, dentro una imagen cómica hizo aparición, Jace con un ojo morado, Clary en una esquina con un vestido de Isabelle, y la dueña del vestido con una lata de tomate en la mano derecha, apuntó y ZAS.

La lata de tomate dio un par de expertos giros en el aire para terminar en la cabeza de Jace, que puso los ojos en blanco y apretó los dientes, se giró en redondo hacia Isabelle con la lata de tomate en una mano y se la tiró con fuerza a la cara, Isabelle con sus reflejos de cazadora de sombras lo esquivó, por lo cual la lata de tomate impactó en la pared abriéndose y desparramando el contenido por la pared y el suelo. Escuchó a Magnus contener una risa, o una carcajada, mordiéndose el labio fuertemente.

-¿Pero qué…?-empezó Alec.

Jace lo miró desde su posición en la silla, se levantó y se dirigió a Alec con paso decidido, gruñó cuando le tuvo a apenas centímetros y seguidamente lo besó, cerrando los ojos y enredando su dedos en el pelo oscuro de su parabatai, la multitud se quedó en silencio, todos mirando entre demasiados impresionados o, como Alec que se encontraba en estado de shock, sus ojos azules miraban a Jace que con los ojos cerrados jugaba con su lengua en los labios de Alec.

Magnus con los ojos demasiado abiertos, la boca arrastrando por el piso y su corazón en un puño dio los dos pasos que lo separaban de Alec con la intención de aplastar a Jace como si de un mosquito molesto se tratara, observó a Alec levantar un puño, y hacerlo impactar con fuerza en la mejilla de Jacce que desafortunadamente cayó en los brazos de Magnus y sin esperar un segundo, le propinó un segundo puñetazo en la misma zona que Alec le había golpeado.

Al segundo siguiente, sin saber qué era exactamente lo que le cegaba, aunque supuso que seguramente eran los celos, chasqueó los dedos y con un sonoro "Ploff" las ropas de Jace se deslizaron hasta el suelo, y se quedaron allí, desordenadas, todos muy atentos, miraban la ropa hasta que algo entre ellas se movió, fue un pequeño movimiento y un segundo después sin previo aviso una rana de color verde y ojos saltones salto desde la ropa hasta caer cerca de las botas de Isabelle, que curiosa se había acercado, Alec no sabía si reírse o no, al ver la cara de horror de su hermana, y sólo un segundo después Isabelle pateó la rana que voló por los aires hasta estamparse con la pared. Cerca de los restos de la lata de tomate, que empezaba a dejar una mancha demasiado preocupante en el suelo.

-¡Jace!.-gritó Clary mientras corría hacia él, con el desconcierto plasmado en el rostro, seguida por Isabelle que le murmuraba sendas disculpas.

-¿Pero qué...?-empezó Clary, tomando entre sus manos el cuerpo de Jace y después mirando a Magnus con sus perfectas cejas levantadas por la sorpresa.

El colorido, simplemente se encogió de hombros y murmuró "besó a Alec, dije que si lo hacía lo convertiría en un sapo"

Alec se escapó del ajetreo de la cocina, no quería seguir viendo a Jace convertido en un sapo saltando por la mesa, obviamente disfrutaba de su nueva condición. Magnus levantó una ceja cuando vio a Alec desaparecer por la puerta de la cocina, supuso que con la pregunta no pronunciada en los labios, ya que Isabelle le respondió:

-Seguramente va a ver a mamá.

Una vez la curiosidad fue aplastada se concentró en la conversación de Clary e Isabelle, que trataban de convencerlo para devolver a Jace a su estado original

Alec paseó la mirada por las paredes del Instituto, fascinándose una vez más por las obras de arte que sólo allí era capaz de observar. Secretamente le gustaban, se paró frente a la puerta del estudio de Maryse, y tocó con los nudillos suavemente la puerta de madera.

-Adelante.-dijo la voz de su madre, desde el otro lado.

-Mamá.-dijo Alec cuando entró y la vio parada frente a la cristalera, dándole la espalda.

-¡Oh! Alec hijo.-dijo mientras se acercó a él con los brazos abiertos. El aludido no se sorprendió cuando la figura pequeña y delicada de su madre lo abrazó por la cintura, y lo atrajo hacía ella.

-Hola.-dijo Alec..

-Hola.-le susurró su madre con voz ahogada mientras perdía algunas lágrimas en la ropa de Alec.

Se quedaron allí durante un rato, él memorizaba el olor del cabello de su madre, memorizaba su figura, mientras ella lo abrazaba, escuchando su corazón latir constante y tranquilo, aun recordaba como su corazón latía desbocado y desordenado.

Maryse finalmente se separó de su hijo y lo miró.

-¿Estas mejor?.-le preguntó ella.

-Sí, en realidad es como sí…

-Ya lloraste por Max.-dijo ella.

-Me lo imaginaba.-respondió.

- ¿Has recordado algo?.-preguntó obviamente tratando de evitar hablar de Max

-Sí, cosas sueltas.-respondió.- Pero quería verte por que… Hay algo que no encaja.

Maryse frunció el ceño, desconcertada, su frente se arrugó e incitó a Alec a continuar.

-¿Te he contado algo, sobre mi situación con Magnus antes de…-señaló su cabeza.- perder la cabeza?

-¿Por qué preguntas eso?.-dijo desconcertada.

-No sé…-se encogió de hombros.-Siento que hay algo mal, algo que falla, como si no estuviera contándome todo…

Se quedó en silencio mirando su madre que tenía la mirada perdida.

-Si te digo la verdad hijo, lo único que sé es que… Tú y Magnus no estaban en su mejor momento cuando tú… Pero no sé nada más, tú te cerrabas en banda cuando trataba de que me contaras algo de él…

-Muy típico en mí.-murmuró Alec.

-La verdad que sí, siempre has sido tan cerrado, siento no serte de mayor utilidad hijo.-ella suspiró.-Deberías preguntarle a tus hermanos, tanto Jace como Izz hablaban contigo continuamente y cuando me acercaba, dejábais de hablar, seguramente ellos...sepan algo

-Ellos no me van a decir nada. Por eso pensé que tal vez tu sabías algo…

No terminó de hablar, su padre con su porte entró en la estancia.

-Hola.-dijo Robbert a su hijo.

-Hola papá.

-Robbert.-dijo la voz de Maryse, su hijo abrió los ojos en señal de negación pero ya era tarde por que su madre había empezado a hablar.-Alec cree que Magnus le está mintiendo en algo…¿Tú sabes algo?

-Según tengo entendido.-dijo lentamente analizando a su hijo,.-Por lo escuché hace unos días de Jace e Isabelle, tú y Magnus habían roto por no se qué, que había pasado en los túneles.

-Por el Ángel.-dijo Maryse.-¿No podías tener un poco más de tacto Rob?

Pero Alec no escuchaba, ahora habían cosas que tomaban sentido, algo en su interior se estrujó de manera dolorosa, sintió que la comida le subía por su esófago y que su corazón aleteaba desbocado en su pecho.

Entonces recordó:

"—Alec —oyó—. Alexander Gideon Lightwood.

Alec notó que el corazón le daba un brinco. Se volvió lentamente.

—¿Magnus?

Magnus entró en el círculo iluminado que creaba la luz mágica de Alec. Parecía sombrío, algo

poco habitual en él, con los ojos oscurecidos. Las puntas de su cabello estaban revueltas. Sólo

llevaba una americana sobre una camiseta, y Alec no pudo evitar pensar si tendría frío.

—Magnus —repitió Alec—. Pensaba que estabas dormido.

—Evidentemente —replicó Magnus."

Ahora veía sus padres acercarse a él.

"—Estaré fuera todo el día —dijo Magnus—. Ve y recoge tus cosas del apartamento. Deja la

llave en la mesa del comedor. —Sus ojos escrutaron el rostro de Alec—. Se ha acabado. No quiero

volver a verte, Alec. Ni a ti, ni a ninguno de tus amigos. Estoy harto de ser un brujo mascota."

Sentía las manos de su madre en la espalda.

"—Estás helado.

—¿Sí?

—Alexander... —Magnus lo acercó a sí, y la luz mágica parpadeó entre ellos, cambiando de

color rápidamente. Alec nunca había visto una piedra de luz mágica hacer eso. Puso la cabeza en el

hombro de Magnus y le dejó que lo cogiera. El corazón de Magnus no latía como un corazón humano.

Latía más lento, pero con mayor firmeza. A veces, Alec pensaba que era la cosa más firme que había

en su vida.

—Bésame —pidió Alec."

Estaba en el Instituto, su madre lo miraba con curiosidad, acercándose a él, que tenía las manos apoyada en las rodillas, respiraba con dificultad, tenía la cara empapada en sudor, un sudor frío. Y lo peor de todo, ahora recordaba, sentía el agujero en el pecho, sentía su corazón roto, recordó como había arrancado de cuajo el espejo de su habitación una noche que estaba borracho, recordó tirar el marco de la foto de ellos dos, desde un extremo al otro de la habitación. Recordó haber llorado, abrazando a Isabelle que le acariciaba el pelo.

Recordó el odio y el amor hacia el mismo brujo que le había devuelto una mirada tierna aquella mañana. El mismo brujo que le había dicho que lo amaba.

Alec se había despedido de sus padres antes de salir de la puerta del estudio, caminó por el laberinto de caminos del Instituto, hasta perderse completamente, acabando sin querer en la biblioteca, recordó una vez en la que ellos dos se habían basado allí, pero se sintió sucio, vacío Magnus le había engañado de manera cruel. Sin querer arrancó un libro del estante y lo tiró hasta el otro extremos de la habitación, la adrenalina en su cuerpo le quemaba y la desesperación lo desbordaba. Quería llorar, tirarse al suelo y gritar, quería golpear y abrazar a Magnus, estrecharlo contra sí, pero a la misma vez…

-De pequeño me educaron a cuidar y respetar lo libros.-dijo una voz que salió de detrás de la estantería más cercana a Alec. Por un momento se sorprendió al ver aparecer un cuerpo delgado y esbelto, pero lo que más le llamó la atención fueron esos ojos. Ojos violetas.

-¿Quién eres?.-quiso saber Alec, frunciendo el ceño y analizando al nuevo con cara de pocos amigos.

-Soy Alan, Alan Smoch.

-Alec.-dijo el ojiazul.-Alexander Lightwood.

-Me lo imaginaba, he oído hablar de ti.-dijo el muchacho, saliendo de detrás de la estantería con un libro grueso en las manos.-Tus hermanos hablan mucho de ti.

Alec no le escuchaba, tenía la mirada perdida en los ojos de aquel extraño.

-Síndrome de Alejandría.-respondió el muchacho.

-¿Qué?.-preguntó Alec al fin volviendo a la realidad.

-Mis ojos, son violetas por el síndrome de Alejandría, todos con este síndrome tienen los ojos violetas.

-¿A sí?.-preguntó sorprendido.

-Sí.

-Oh…

-¿Oh?.-Alec se encogió de hombros, al no recibir respuesta el nuevo continuó.-¿Alguna razón en particular de por qué tirabas libros?

-En realidad… No.

-Mentiroso.-dijo Alan.

-Vaya, el la primera vez que me dice mentiroso en mi propia casa.-reprendió Alec.

-Nadie tira un libro al otro lado de la habitación por un "nada".

-Yo no he dicho que "nada".-dijo Alec, con las manos en los bolsillos.

-No, técnicamente has dicho: "En realidad…No". Lo que es casi lo mismo.

-¿De dónde has salido tú?.-dijo Alec entre desconcertado y curioso.

-De las cloacas.-respondió con humor.

-¿Y que te trae a este magnífico Instituto, si vivías tan bien en las cloacas?

-Un viejo, muy viejo amigo.

-¿Soy yo el afortunado?.-preguntó Alec, curioso, cada vez le atraía más ese chico, no de la forma amorosa, pero… tenía algo.

-Obviamente que no eres tu el afortunado, aunque de cierta manera…

-Alec.-dijo la voz de Jace en la puerta de la biblioteca, mirando con auténtico odio a Alan, que se encogió de hombros y siguió con la lectura del libro.-Magnus te está buscando.-algo en los ojos de Alan lo hizo detenerse, pero esa sombra fue tan rápida que creyó habérselo imaginado.

-Hasta luego.-dijo Alec, en modo de despedida a Alan, que lo único que hizo fue ofrecerle un leve asentimiento de cabeza a Alec, antes de volver a desaparecer, entre los libros.

-Maldita rata de biblioteca.-dijo Jace, y salió de la biblioteca con Alec pisándole los talones.

Alec no sabía si era el pasillo el que estaba frío o si el frío venía de su interior, la piel se le ponía de gallina y un escalofrío le recorría el cuerpo de arriba abajo dejando un caos en su cuerpo, la adrenalina disparada, el corazón acelerado, las imágenes reproduciéndose una y otra vez en su cabeza, le dolía el cuerpo, le dolía la cabeza más de una vez tuvo que pararse en mitad del pasillo, por el hecho de que las escaleras se doblaban en un ángulo extraño. Caminaba como si soportara un gran peso sobre los hombros encorvados, las manos en los bolsillos, las barbilla pegada a su pecho, los ojos llorosos pero obligándose a contener la compostura para no llorar. Magnus los esperaba en las puertas del Instituto, feliz como siempre, mostrando una espectacular sonrisa, ojos divertidos y curiosos, mejillas ligeramente sonrosadas…

Cuando sus ojos se encontraron con los de Alec, sintió un peso caerle en el estómago, la sonrisa de inmediato desapareció, los ojos lo estudiaron, y en su frente aparecieron una serie irregular de arrugas.

"Te ha estado mintiendo todo este tiempo" fue lo que una voz en su cabeza le replicó.

-Alec, cariño ¿te ocurre algo? Parece que has visto un fantasma.-dijo Magnus, mientras se acercaba a él.

-No.-mintió.-simplemente estoy cansado, vámonos a casa.

"Tal vez no debería llamarla casa"

La cara de Magnus se contrajo, él podía leer su rostro con tanta facilidad como si fuese el suyo propio, seguramente había notado su mentira. Un aguijón venenoso se le encajó en el corazón, envenenándolo, quería gritarle y golpearle.

-¿Alec?.-dijo Isabelle.

-¡No, ahora no!.-exclamó Alec.-¡Seguramente tú también lo sabías!.-señaló él.-Por que lo sabías ¿verdad? Y Jace también.

-Alec…¿De qué estás hablando?.-preguntó Magnus.

-¡Estoy hablando de que me has estado mintiendo durante todo este tiempo, Magnus!.-el brujo abrió los ojos, sorprendido, con horror.-Porque me has estado mintiendo ¿verdad?

-Alec yo…-empezó Isabelle.

Alec la calló con una severa mirada.

-Vámonos, quiero hablar contigo a solas.-le dijo a Magnus.

-¡No!.-reclamó Jace.-la culpa no es sólo de Magnus, Alec, todos tenemos un poco de culpa.

-Jace, cállate.-dijo Alec, y prácticamente sacó a Magnus por las puertas del Instituto.

No tardaron mucho en llegar a la casa del brujo, y por mucho que Alec ocultó su enfado detrás de una máscara fría como el hielo, sin responder a las preguntas del brujo que se desesperaba cada vez que miraba a Alec, cada vez que miraba la fría máscara de hielo que ahora tenía. Siempre prefirió al Alec cabreado que a ese Alec, ese Alec hacía que su mente se imaginara lo peor.

El sol se había escondido detrás de unas nubes que amenazaban tormenta, las ventanas del piso estaban abiertas y por ellas entraba una brisa fría, Alec se dirigió al salón y observó pensativo el suelo un momento, Magnus solamente se quedó allí parado, mirando a Alec, con el miedo recorriendo su cuerpo, que se enfriaba por momentos, la situación el recordó por un momento a los regaños de los hermanos silenciosos cuando aun era un niño, reprimendas por hacer alguna travesura o por desordenar los valiosos pergaminos de las biblioteca encerrada bajo tierra.

El silencio era incómodo, y no tenía pinta de acabar pronto, por lo cual con pasos ligeros se acercó al cuerpo de Alec y le posó una mano en el hombro, con cuidado, a los que el chico respondió apartándose, acto que se le clavó profundamente en el corazón, no recordaba en ningún momento que Alec se apartara de él de aquella manera, no odio con…

-¿Por qué?.-fue lo único que lo hizo escapar de su mente.-¿Por qué lo has hecho?.-volvió a murmurar Alec, que seguía teniendo la mirada perdida en el suelo.

-¿No es obvio? .-respondió Magnus, que no se había movido ni un centímetro de su sitio.

-Quiero que me lo digas, quiero escucharlo de tus labios.

-Quería que… Pensaba que…No quiero que te alejes de mi lado, eso es lo único… Y el día que… pensé que te morirías y entonces me di cuenta de que no podía alejarme de ti, no puedo ahora, no podré nunca.

-Y por eso me has mentido.-no era una pregunta.

-Sí, por eso te he mentido.

-Bien.-fue lo único que dijo.-Iré a recoger mis cosas, no quiero pasar una noche más aquí.

Magnus se quedó parado en el sitio, tratando en vano de digerir esa afirmación , el cuerpo de Alec desapareció por el pasillo, antes de que Magnus reaccionara. Siguió los pasos de Alec, apenas este hubo desparecido por la puerta de su habitación.

-¡No!.-su voz sonó suplicante rasposa y dolida.-No quiero que te vallas, Alec… Yo lo siento ¿vale?, por favor no…

Dijo mientras veía a Alec, recoger su desodorante del armario y tirarlo a la bolsa de deporte que trajo consigo el día que fue a pasar unos días a su casa. Alec no respondió, sin embargo Magnus pudo notar que los ojos del nephilim estaban curiosamente cristalinos, lágrimas se abordaban en los bordes de sus ojos, sin llegar a salir, son llegar a derramarse por sus mejillas demasiado pálidas.

Alec tampoco respondió cuando se echó la maleta al hombro y se dirigió a la puerta, ignorando completamente a Magnus que en ese momento estaba apoyado en el marco de la puerta y le agarró un brazo cuando Alec paso por su lado, pero el nephilim se libró del agarre fácilmente con una fuerza que Magnus ignoraba de ese pequeño cuerpo que tantas veces había abrazado.

-Alec, deja que te explique…

-¿Qué?.-dijo Alec, girando antes de agarrar el pomo de la puerta.-¿Qué me vas a explicar Magnus?

-Que yo… Lo hice por que te quería, por que te quiero, por que no quiero verte alejándote de mí, como lo haces ahora, ¿es que no lo entiendes?¿Es que no entiendes que no puedo, no puedo si no estás conmigo?

Alec soltó las mochila y la dejo caer al suelo, se acercó al mago que se había petrificado en mitad del pasillo, Alec se pegó a él, tomó su rostro entre sus manos, y lo besó, fue un beso cálido y empañado de lágrimas, tanto de Magnus como de Alec, un beso furioso, enfadado pero también tierno, suave, cargado de un amor correspondido. Alec se separó demasiado pronto para el gusto de Magnus, pero sorprendido, observó a Alec tomas su mano y dirigirla hasta su pecho, sobre el corazón, un corazón que latía desbocado y extraño, como si estuviera roto.

-¿Lo sientes?.-Alec siguió sin esperar la respuesta de Magnus.-Late por ti, por nosotros, yo tampoco puedo…No puedo alejarme de ti Magnus, no puedo. Pero necesito tiempo, quiero…quiero tiempo.

Seguidamente Alec soltó la mano de Magnus y se dirigió a la puerta el apartamento, la abrió y salió por la puerta, cerrándola tras de si.

Magnus, por el contrario, se quedó allí, parado, viendo sin ver, aún con la sensación del latido de Alec en los dedos.

Caminó perdido por las calles, sabía que no tenía ningún derecho de culpar a Magnus ni a sus hermanos sobre haberle mentido, bueno al menos no a Magnus, según recordaba, había sido culpa de él, la vez que rompieron en los túneles, pero aun así, no podía dejar de sentirse herido, dañado, despejó sus pensamientos de su mente, decidiendo llamar a Magnus cuando llegara al Instituto. Tal vez debería hablar de ello, con más calma, ahora Alec estaba calmado, no sabía por qué había actuado de esa forma tan infantil…

-Valla, valla.-dijo una voz que reconoció al instante como la voz de Alan.-tenemos aquí a un gatito perdido.-dijo con voz venenosa.

Alan estaba parado en las puertas del Instituto, apoyado en ellas, con una sonrisa de autosuficiencia.

-Alan la verdad es que me pillas en mal momento…-empezó a decir Alec, pasando por su costado y abriendo las puertas del Instituto.

Apenas hubo entrado en la gran catedral, escuchó un sonido extraño, luego cayó al suelo, aun consciente vio los ojos de Alan que lo miraba desde arriba con desprecio, entonces recordó algo, que nunca se le había venido a la cabeza hasta ese momento.

Sus ojos eran violetas, exactamente del mismo color y tono, que los ojos del hombre, que le había introducido el veneno en la garganta, un veneno ácido que le quemó el esófago, recordó el dolor, y como creía que le iba a estallar la cabeza, recordó también el dolor que le recorría la columna vertebral cuando le daban aquellos espantosos ataque de…

-Fuiste tú.-fue lo único que consiguió murmurar antes de desmayarse.

El móvil de Magnus sonó durante un rato, antes de que Magnus lo escuchara, pasó otro tanto más hasta encontrarlo, perdido entre los cojines del sofá.

-¿Sí?.-contestó con la voz extrañamente rota.

-¡Magnus!.-dijo la voz de Isabelle.

-¿Qué a pasado?.-dijo Magnus repentinamente alarmado.

-¿Te suene o has escuchado el nombre de Alan Smoch?.-preguntó.

Magnus recordó vagamente el ex de Camille, antes de que ella se uniera a él.

-Sí, un estúpido con pocas luces… Es un mago que casi se crió conmigo cuando éramos enanos, nos reencontramos mucho tiempo después de haber terminado el aprendizaje, gracias a él conocí a Camille…

-Pues se ha llevado a Alec.

-Y cuando Camille me eligió a mí, el muy tonto… Espera, ¿qué?.-preguntó Magnus.

-Que Alan se ha llevado a Alec.-dijo Isabelle.

-¿A que te refieres con que se lo ha llevado?.-preguntó el brujo con los ojos abiertos.

-Aggggg, por el Ángel Magnus, reacciona. Alan se ha llevado a Alec, llevado, raptado, secuestrado…

-¿Pero cómo…?.-empezó Magnus, buscando con la mirada su abrigo, decidido a aparecer en el Instituto en ese mismo instante. Con el hombro derecho sujetando el teléfono en su oreja y poniéndose un suéter, escuchó a Izz decir con voz acelerada.

-Supuestamente se hizo pasar por un cazador de sombras para que le diéramos cobijo, ahora encajan algunas cosas, como que nunca entrenaba con nosotros y no se sabía el nombre de las armas más sencillas, también el hecho de que los sensores detectaran actividad demoníaca cerca, pero no nunca se nos pasó por la cabeza que el fuera…

-Isabelle, ve al grano.-dijo Magnus mientras trazaba un pentagrama, el necesario para abrir un portal.

-Jace lo vio como dejaba inconscinte a Alec, en el hall del Instituto, cuando llegaba, cuando trató de perseguirlo solo con un chasquido de dedos, hizo aparecer demonios que impidieron a Jace seguirlos. Lo único que sabemos es que va hacia el sur con un coche amarillo fosforescente.

-No tardo ni diez minutos.-dijo Magnus y colgó, terminó el pentagrama y desapareció por el. Lo primero que vio Magnus al abrir los ojos después de haber atravesado el portal fue la cara de Isabelle, con los ojos abiertos.