6.

Cuando Alan entró en la oscura habitación no se sorprendió al ver a Alec despierto, tal y como lo había dejado, con los pies colgados fuertemente del techo por gruesas cadenas y la cabeza colgando a poco más de un metro del suelo, boca abajo Alec lo miró.

-¿No se te ocurría una mejor manera para atarme?.-preguntó con sorna.

-La verdad es que no.- lo observó un segundo.-No me gustas boca abajo, tienes demasiada frente ya sabes, y con la gravedad…

-¿Por qué no haces el favor de cerrar el maldito agujero que tienes en la cara?.-preguntó Alec mientras trataba en vano de soltar las cuerdas que atrapaban sus manos.

-Vaya, nunca creí que a Magnus le gustasen los de carácter, hubiese jurado que tú eras el pasivo en la cama, ya sabes a la hora de…

El rostro de Alec se encendió.

-¿Acaso importa?.-dijo Alec.

-No la verdad es que no importa demasiado.

No hubo más conversación, Alan se había puesto a trazar una runa de aspecto extraño en el suelo con una sustancia blanquecina parecida a la sal que desprendía un olor extraño.

Entonces, murmurando algunas extrañas palabras, el suelo en el interior del gran círculo que se rodeaba la runa, se transformó en un cristal, transparente, parecido a un espejo y sorprendido vio el interior de la habitación beige, en el interior de la casa de Magnus a varios kilómetros de allí. Reconoció aun estando boca abajo, la posición del objeto que proporcionaba al brujo la visión del interior, el cuadro, aquel cuadro que le causaba tantos escalofríos, el que tenía la flor de loto en papel de pergamino, el que siempre había visto de reojo, afirmándose a sí mismo que tenía algo raro. Se sintió estúpido por un momento, nunca se le ocurrió que aquel objeto podría servir para eso.

-Bien, has estado vigilándonos.-dijo Alec, sentía la presión de la sangre acumulándose en su cabeza, tenía la lave sospecha de que su cara tendría que estar morada.-Pero aún no consigo entender el por qué de tanto melodrama.

Alan lo miró verdaderamente por una vez y sonrió, una sonrisa triste pero que escondía algo, algo particularmente extraño.

Dudó un segundo y entonces comenzó ha hablar, mirando al suelo e ignorando completamente a Alec, que silenciosamente había conseguido desatar sus manos.

"-Supongo que conoces el amor.-empezó.-Bien, yo estuve enamorado, ella era perfecta, digamos que ambos nos conocimos en una etapa de nuestra vida en la que cada uno necesitaba del otro, y bueno… Viajamos por todo el mundo, nos enamoramos, o al menos eso creí yo, la amaba ¿sabes? La amaba tanto que, pensé que… Que si algún día ella me dejaba, no podría soportarlo… Ese día llego, a manos de un amigo de infancia, un brujo llamativo, de pelo colorido y particularmente extravagante. Ella me dejó por Magnus, me retiré de la vida de ella, aceptando mi derrota, confiando en que él la protegería de todos, que él la amaba, que ella la amaba, lo único que…Yo sólo quería que ella fuera feliz, aunque no sea a mi lado."

Estuvo un momento en silencio, Alec no había hecho ningún movimiento, y con el corazón en un puño siguió escuchando aquello que Alan guardaba tan celosamente en su corazón.

"-No sabes cuál fue mi sorpresa al enterarme que ella, había sido asesinada, a manos de una vampira, y todo por que él…-apretó los puños.-Confié en él, le confié el amor de mi vida, y a su lado sólo encontró la muerte, fue usurpada del lado de Magnus por un nephilim, inseguro, estúpido que lo único que tiene es su afán por sus hermanos y una cara bonita.-Alec calló, sin atreverse a hablar o a moverse si quiera, sabía que "el brujo extravagante" hacía referencia a Magnus, pero escucharlo decir de la boca de Alan lo había hecho retorcerse inconscientemente."

-Aún sigo sin comprender.-dijo lentamente.-Ese es problema de Magnus, no mía, en todo caso, no entiendo ¿por qué yo?.-tuvo que soltar la pregunta, aunque se alegraba infinitamente que Magnus no estuviera en su lugar, daría la vida por él ante Alan si eso era necesario.

-Ojo por ojo, diente por diente.-fue la respuesta de Alan.-Él dejo morir a lo que yo más amaba, ¿qué sentirá él, cuando sepa que tu muerte fue por su causa?

Alec abrió la boca pare responder pero sólo la abrió para volverla a cerrar, calló y miró con auténtico odio al brujo.

Un ruido atrajo su atención, el el espejo del suelo, el que mostraba el interior de la habitación beige hubo movimiento. Alec vio entrar a Magnus en la habitación revolver las mantas de la cama y dirigirse a su armario, abrirlo repasar con sus manos las pocas pertenencias de Alec que se habían quedado rezagadas en la casa. Isabelle también apareció por la puerta y gritándole a Magnus se puso a revolver de nuevo las mantas de la cama, miró bajo la cama y detrás de la puerta. "Están buscando algo".-fue lo que pensó Alec. Jace entró con un cuchillo serafín en la mano, miró a Isabelle y Alec advirtió que movía la boca como si estuviera hablando con Isabelle, la que respondió levantando el dedo corazón en su dirección.

Fue entonces, cuando Jace fijó su vista en el cuadro, Alec se retorció con la intención de llamar su atención, pero Jace apartó la vista y se la dirigió a Magnus, empezó a acercarse mientras aún movía los labios, hablando con el brujo al otro lado del espejo, entonces, al parecer dijo algo que captó su atención, y Magnus se incorporó, para ese entonces, Jace ya estaba frente al cuadro, mirándolo de forma inquisitiva. Se apartó cuando Magnus se acercó también al cuadro. Lo tocó con una uña, y sus ojos se fijaron intensamente en el cuadro, se alejó de la flor de loto y la señaló con un dedo, chispas de colores salireron disparadas y el espejo se revolvió, entonces Magnus fijó su vista en Alan. Luego en Alec y sus ojos se abrieron.

"Puede vernos".-Alec gritó el nombre de Magnus, cuyos ojos se volvieron oscuros cuando Alan se acercó a él y le propinó una fuerte parada en el estómago a Alec que indefenso no pudo devolverle el golpe. Seguidamente señaló el espejo con un dedo y con una llamarada violeta se rompió en pedazos.

-Bien.-dijo sacudiéndose las manos, mientras Alec trataba de respirar, el golpe en el estómago lo había dejado sin aire.- Seguramente no tardarán mucho en llegar, ese hechizo el muy útil pero fácil de rastrear. Es mejor que nos pongamos cómodos ¿no crees?.-continuó y con una floritura exagerada hizo aparecer un sillón, justo encima del sitio donde había estado el espejo anteriormente, y frente a Alec.

-¿Sabes?.-continuó Alec.-Lo mejor para ti, es que no me descuides, cuando tenga la más mínima oportunidad juro por el Ángel que te mataré.

-Tranquilo, cuidaré mis espaldas, me aseguraré de no darte la oportunidad.

Alec rió, pero nuevamente calló para observar atentamente a Alan, que había invocado una daga y fácilmente la hizo volar hasta que el filo estuvo a milímetros del cuello de Alec.

-El más mínimo movimiento.-continuó lentamente.-y lo próximo que tu querido Magnus vea de ti, va a ser tu cabeza en una caja de regalo.

-No me asusta la muerte.-dijo Alec sencillamente.

-A ti tal vez no.-dijo.- Los cazadores de sombras son entrenados para no temer morir, pero ¿acasos sabes el dolor que le causará a Magnus?.-continuó.-A los cazadores de sombras se les enseña a ignorar los sentimientos de los demás, pero al resto de la gente no, por eso a Magnus le dolería perderte, por que él no puede simplemente ignorar lo que siente por ti. Te ama demasiado.

El corazón de Alec se encogió de una manera dolorosa, podía cerrar los ojos y ver a Magnus, con la cara de felicidad mirándolo, también pudo visualizarlo dormido, y enfadado, amaba cada una de esas facetas, la extravagante la parte discreta la parte directa y amaba también aquella vez que se había sonrojado, aunque débilmente, ¿acaso importaba? Lo había visto, punto.

-Magnus no es muy distinto de mi, ¿sabes?.-dijo Alan, llevándose a la boca una refinada copa de vino que hace un momento no estaba allí.

Alec rió.

-Sois demasiado distintos diría yo.-respondió.

-No. Te equivocas ¿acaso piensas que, si yo te mato ahora, Magnus no me buscará por cielo, mar y tierra hasta encontrarme y hacerme pedazos?

-Sí te digo la verdad.-empezó Alec sintiendo una ráfaga de energía.-Dudo mucho, que me mates.

Y antes de lo que incluso él se esperaba, soltó una de sus manos y agarró con ella el mango del cuchillo, que le apuntaba a la garganta. Lo sostuvo fuertemente antes de que se moviera en dirección a su cuello, Alan solo había tenido tiempo de abrir la boca, antes de soltar una exclamación, moverse, un segundo antes de que la daga que amenazaba a Alec se clavara en el respaldo del sofá donde hace apenas un segundo se encontraba la cabeza del brujo.

Alec sin perder tiempo, se retorció sobre si mismo y luchando contra la gravedad, pegó su cabeza a las rodillas y con un movimiento ágil de dedos consiguió que la cadena que lo sostenía boca abajo por los pies se soltara con un estrépito y calló al suelo, el golpe que le produjo la caída le dejó sin aliento. Por un momento se quedó en blanco, tratando en vano de respirar.

En ese momento, las puertas pesadas de metal se abrieron y una infinidad de chispas azules se abalanzó dentro de la habitación. Magnus seguido de Jace, Clary e Isabelle, entraron en el cuarto. Magnus se dirigió directamente al cuerpo de Alec, que había conseguido retomar el aliento y respiraba profundamente se incorporó cuando Magnus apenas estaba a dos pasos de él. Y se quedó allí, apartado, sus ojos de gato analizaban a Alec, cualquier pequeño rasguño, cualquier pequeña mueca de dolor…

No tuvo más tiempo de pensar, Alec se había acercado a él y aplastó fuertemente sus labios con los del brujo, sin importar que Jace amenazara con un cuchillo a Alan agazapado en una esquina y que Isabelle los mirara boquiabierta, mientras Clary sólo sonreía, el beso fue rudo, fuerte, intenso, rápido y cargado de una pasión incontable. Magnus sintió que el vello de su cuerpo se erizaba y sonrió.

-Alec…Yo…-empezó Magnus, pero calló, Alec lo miraba con una sonrisa estúpida, esa sonrisa que sólo reservaba para él.

-Lo siento.-dijo el nephilim.-fui un estúpido.

Magnus negó con la cabeza.

-Los dos lo fuimos.-dijo con una sonrisa.

-Damas y caballeros..dijo Jace con voz áspera.-No es por interrumpir vuestro momentito romántico. Pero me encantaría, y mucho. Repito, mucho, que me hecharais una mano.

Alec sonrió y dirigió su mirada a Jace, desenredando su mano de la de Magnus, sin embargo Magnus lo atrajo una vez más hacia él. Pegó su cuerpo el suyo y le susurró.

-Cásate conmigo.

Alec abrió los ojos y lo miró entre sorprendido, estupefacto, cohibido…

Un cóctel de emociones se agolpó en su pecho. Sonrió nuevamente y cuando abrió la boca para responder, un rallo de luz violeta atravesó la estancia, chocando con la pared a unos metro de la cabeza de Magnus. Alec dirigió su mirada a Jace, al instante que una orda de demonios entraba nuevamente por la puerta, invocados por supuesto por Alan.

Entonces todo se hizo un borrón de imágenes para Alec, vio a Izz sacar su látigo que pedía en silencio ser utilizado, Jace le daba la espalda a Alan que sonrió. Aun así Magnus no soltaba a Alec, agarró su rostro entre su manos y le exigió:

-No me has dado una respuesta.

Una sonrisa fue la respuesta de Alec.

-¿Necesitas que te la de?

En realidad no, no necesitaba que se la diese, la respuesta era clara.

-No, no hace falta, pero aún así quiero que me la digas.-aclaró.

Alec sonrió nuevamente.

-Te daré la respuesta…-continuó.-cuando salgamos de este lío, te lo prometo.-lo besó y se dirigió a Jace.

Magnus no tuvo mucho tiempo para observarlo, sacar del cinturón de Jace un cuchillo, y dirigirse a un demonio, saltando sobre él y sin tituvear clavarle un cuchillo en el cuello.

Un demonio con pinta de querer hacerle mucho daño se dirigió a él, con las fauces abiertas de par en par y baba negra saliendo de entre sus colmillo al exterior. Sólo un chasquido de dedos y ya está, el demonio se había convertido en polvo, se dio cuenta entonces de la silueta de Simon cubrir la espalda de Isabelle, los vió mirarse y sonreírse, con la misma sonrisa estúpida que Alec le había dirigido sólo a él. Escuchó unos pasos dirigirse hacia él, escucho el sonido de la tela al romperse y un dolor agudo, bajo la vista, un cuchillo sobresalía de la tela morada que cubría su torso en ese momento. Escuchó la voz titilante de Alan en su espalda y supo entonces lo que había pasado, Alan se había acercado a él cuando distraído miraba a sus compañeros y le había atravesado con un cuchillo, justo debajo de las costillas, sintió el líquido carmesí mancharle la ropa.

-Un gusto haberte matado, Magnus Bane.-susurró Alan en su oído.

Magnus abrió la boca.

-¿Có…Cómo?.-dijo con esfuerzo.

-La daga está infectada.-dijo.-con el mismo veneno que casi le cuesta la vida a tu nephilim, pero…En los brujos, como tú y como yo, tiene un efecto distinto, nos arrebata la inmortalidad, y luego…Poco a poco nos mata.

Magnus miró a Alec, que se paró un momento y los miró, se dio cuenta entonces del líquido carmesí que cubría la camiseta, de dio cuenta que de que el mismo líquido carmesí resbalaba por sus labios, y justo detrás de él Alan.

No supo en que momento empuñó con fuerza el cuchillo, tampoco el momento en el que apunto, y mucho menos el momento en el que el cuchillo volaba de su mano a través de la habitación, hasta que con un golpe certero se clavaba en la frente de Alan, que dejó la frase a mitad y calló hacia atrás, llevándose con él a Magnus que no reaccionaba.

No supo dirigir en ese momento la cantidad de emociones que se agolparon en su pecho de golpe. Primero estaba la felicidad, Magnus lo amaba, y mucho como para pedirle que se casara con él, y luego, allí estaba el dolor de ver a Magnus callendo, el dolor de sus piernas al correr a todo velocidad hasta llegar a su lado y plantarse de rodillas. El dolor de su corazón, la desesperación, el odio hacia la persona muerta que Magnus tenía su lado. Él no se movía, sus ojos estaban quietos detrás de sus párpados se le pasaron una multitud de imágenes de un futuro con Magnus, un futuro que de desvanecía por momentos.

Escuchó a Isabelle dirigirse hacia él. La escuchó gritarle al oído y apartarlo, la vio presionar la herida y cuando un quejido apenas audible salió de la garganta de Magnus, Alec despertó, se puso a su lado, y con un cuchillo, rompió la tela que cubría su pecho, dejando el torso de Magnus desnudo, el torso que tantas veces había besado, acariciado…

-¿Alec?.-dijo Magnus.

-Shhh.-fue lo que recibió como respuesta.

-No.-se negó Magnus.-Me debes una respuesta.

Alec sonrió.

-Quiero que te cures primero.-Isabelle los miraba con la duda en su rostro, obviamente no lograba entender nada.

-No, maldito nephilim…

-Dije que cuando saliéramos de este lío, aún no salimos…

Magnus soltó un improperio, y se incorporó con una mueca.

-Magnus que…-empezó Alec, Magnus lo ignoró.-Magnus…

-Pienso salir afuera.-dijo señalando la puerta.-Y salir de este lío, en este mismo momento para que me des…

-Sí.

Magnus e detuvo, la herida es su costado ya no sangraba, se estaba curando.

-¿Perdón?.-dijo Magnus con ojos abiertos.

-He dicho que sí. Que sí quiero.

-¿De verdad?

Alec asintió, demasiado colorado como para mirar a su hermana que abrió los ojos, Jace, Clary y Simon la imitaron.

Magnus sonrió.

-Bien.-dijo, sonriendo y se dirigió a los únicos ocupantes de la estancia.-Chicos, os invito a mi boda.

Isabelle se tiró a brazos de su hermano y lo abrazó fuertemente, diciendo palabras muy rápidas como para llegar a tener sentido, tal vez luchaba contra las lágrimas, Simos se quedó petrificado y fue empujado por Jace cuando pasó a su lado, empujándolo sin querer para llegar hasta Alec. Simon, sin saber muy bien que hacer se dirigió a Magnus, que miraba la escena con alegría en los ojos.

-Esto…-empezó.-Creo que felicidades.-y le tendió la mano.

Magnus miró la mano, luego a Simos, luego otra vez a su mano extendida y de nuevo a Simon, luego lo abrazó.

-Gacias Stanley…-dijo Magnus.

Simon suspiró con fingido cansancio.

-Magnus…No es Stanley, es Simon, SI-MON…SI-MON.-repitió.

Pero un suspiró le llamo la atención. No se había dado cuenta de que Magnus, apoyaba todo su peso en él, y se había quedado dormido. No supo exactamente qué hacer, si abrazarlo, si quedarse quieto hasta que Alec viniera en su ayuda… No le hicieron pensar mucho, Alec apareció detrás de Magnus y con un cuidado que no hubiese creído de Alec, el muchacho, agarró a Magnus y tomándolo de los brazos lo sacó por la puerta, siguiendo a Jace e Izz que lo dirigían a la salida.

Magnus abrió los ojos parcialmente desorientado, miraba hacia el techo que parecía burlarse de él, moviéndose de un lado a otro. Un movimiento a su lado lo distrajo y posó la mirada en un moreno de ojos azules, que apartaba la cortina que ocultaba su vista del resto de la habitación. Alec lo miró un segundo, después se dirigió a él dejando algo parecido a un libro en la mesa que había a su lado, adornada solamente con un ramillete de flores frescas.

-¿Magnus?.-dijo acercándose lo suficiente para sentir el calor que irradiaba de su cuerpo.

-Quiero chocolate…-fue lo único que dijo, Alec lo miró entre sorprendido y gracioso.-Pero…Algo que me apetece más que el chocolate, es en este momento un beso tuyo.

Alec abrió los ojos, gratamente sorprendido (lo demostraban sus mejillas coloradas)

Magnus sonrió un segundo y dejó caer su cabeza en la almohada para cerrar los ojos y hundirse de nuevo en el sueño.

Cuando volvió a abrir los ojos, entraba por la ventana el resplandor de la luna, que iluminaba levemente una figura a su lado, dirigió sus ojos gatunos hacia allí, no se sorprendió al ver a Alec, en un sillón gastado y de color marrón, estaba dormido y Magnus se dedicó a observarlo.

Tenia apoyado el codo en apoyabrazos, y en su mano descansaba su cabeza, el resto del cuerpo estaba acomodado de tal manera que su torso descansaba en una mala posición en el asiento, y sus piernas colgaban por el apoyabrazos contrario al anterior.

Le gustaba verlo dormir, se veía tranquilo mientras a través de los parpados sus ojos se movían de un lado a otro, en sueños.

Alec se soltó un suspiró los que ocasionó un leve movimiento haciendo caer su codo del apoyabrazos despertándolo bruscamente. Miró a su alrededor y Magnus cerró los ojos, haciéndose el dormido. Pero un sonido llamó su atención, como el del papel al romperse, luego un sonido que extraño que no supo identificar, luego llegó el silencio, estuvo tentado varias veces a abrir un ojo, pero se negó ha hacerlo. Silencio…Y más silencio…

Un olor dulce inundó sus fosas nasales, un olor que le recordaba a…

Magnus abrió los ojos de golpe al identificar el olor, y Alec lo miró divertido, sosteniendo cerca de su nariz una tableta de chocolate, de la misma marca que Magnus se había imaginado, abrió la boca con la intensión de darle un bocado de un solo movimiento rápido, pero Alec adivinando sus intensiones apartó el chocolate, haciendo que el brujo hiciera sonar los dientes al chocar entre ellos, sólo atrapando aire.

-Ya sabía yo que estabas despierto.-dijo Alec sonriéndole.

-Eso es trampa.-fue lo que respondió el brujo desde la cama, cruzando los brazos sobre su pecho y con una mueca infantil en el rostro.

-Puede que sí, pero yo nunca dije que jugaría limpio.

Magnus abrió los ojos.

-¿Quién eres tú y qué has hecho con mi Alec?

El nephilim rió y nuevamente acercó el chocolate a Magnus, que estiró un brazo y prácticamente se lo arrancó a Alec de las manos, llevándoselo a la boca y pegándole un mordisco, el sabor dulce se extendió por su boca como una ola de sabor por su lengua. Alec se acercó a él y lo observó de cerca.

-¿Te encuentras bien?.-preguntó.

Magnus asintió con la cabeza sin atreverse a abrir la boca para responder.

-Déjame ver.-dijo Alec y se un solo movimiento apartó las sábanas blancas de la enfermería del Instituto.

Magnus sin saber como reaccionar trató en vano de agarrar las mantas. Alec se acercó y levantó el pijama (de patitos de colorines bailando) dejando ver un grueso vendaje que Magnus no había notado.

-Si no te conociera, diría que eres un pervertido tratando de aprovecharse de un pobre…-Magnus arrugó el ceño, claramente molesto cuando Alec tocó el vendaje, sin prestarle ni la más mínima atención. Finalmente, se dignó a seguir comiéndose el chocolate que Alec le había dado, sabiendo que en ese momento, Alec no le prestaría atención, tenía en su rostro esa mueca que se le formaba a veces, cuando estaba demasiado concentrado.

Apretó los labios, cuando un dolor agudo se extendió por su cuerpo, curioso miró hacia abajo, donde Alec mantenía toda su atención. Se sorprendió ante lo que vio, Alec soplaba suavemente sobre una herida alargada justo debajo de la línea de costillas.

-Valla.-se sorprendió.-Así que lo de Alan era cierto.

Alec lo miró pidiendo de manera silenciosa una respuesta. Magnus se encogió de hombros y soltó:

-Ya no soy inmortal.

Alec abrió mucho los ojos y dejó caer las tijeras que había utilizado para para cortar el vendaje, luego arrugó el gesto.

-¿Estas delirando?.-preguntó.

-Oh no…Ya me gustaría a mí…-lo pensó un momento.-Bueno, no en realidad no, me gusta mi nueva condición, envejecer con mi marido suena bien.

-¿Estás seguro que quieres…casarteconmigo?

-No entendí lo último.-susurró.

-¿Estas seguro que… Bueno que… Que si de verdad quieres casarte conmigo?

-¿Acaso ya te estás echando atrás?.-preguntó Magnus con el corazón en el puño de repente.

Alec lo miró nervioso, no contestó inmediatamente.

-No. Es sólo que…Parece tan irreal.

-¿Acaso crees irreal el amor que siento por ti? Valla Alec eso me dolió intensamente aquí.-se señaló el pecho justo encima del corazón.

-No, no es eso es que…

-No sigas.-dijo Magnus, cerrando los ojos.- Escucha, te lo diré una sola vez.-amenazó.-Te amo, más que a nada, más que a mi vida a si que…Ni se te ocurra pensar si quiera que…

Magnus no terminó la frase, es más, se le olvidó inmediatamente cuando Alec lo besó.

Empezó como cualquier otro beso, tímido al principio, pidiendo permiso al otro para llevarlo más allá, mientras Alec pasaba su lengua por los labios de Magnus él abría la boca, dejando dócilmente que la lengua de Alec memorizara toda su cavidad bucal. Entonces empezó lo inesperado, Alec lo besó con un repentina fiereza, Magnus sorprendido siguió sus pasos y todo se transformó en una lucha de lenguas, por memorizar la boca del otro. Las manos de Alec presionaron la nuca de Magnus acercándolo, enredando los dedos en su pelo, Magnus se separó se quedaba sin respiración, sentía sus pulmones arder, sentía la habitación dar vueltas y escuchaba el sonido del tiempo al pararse…Aun así el brujo siguió sintiendo como los labios de Alec no se separaron de su piel, sintió la piel arder mientras cada célula de su cuerpo chillaba de placer…

Un carraspeo hizo a Alec bajar de golpe de la cama, y ponerse colorado, al otro lado de la cortina, Maryse los miraba con ojos abiertos e Isabelle les sonreía.

-Yo…-empezó Alec.-Esto…No es…

-¿Lo qué parece?.-acabó Isabelle.-Pues lamento decirte hermanito, que parece exactamente lo que es.-dijo señalando con la mirada cómo el bulto entre las piernas de Magnus había aumentado de tamaño considerablemente.

Alec abrió los ojos y se llevó la mano a la cara ocultándola. Magnus más nervioso de lo que había estado en años, agarró la almohada y la posó encima del bulto, ocultándolo de la miraba perpleja de Maryse, que frunció el ceño.

-Bueno yo…-empezó Maryse.-Os dejo solos, Isabelle ya os explicará…

Salió de la habitación, con la mirada cargada de verguenza y las mejillas coloradas. Magnus miró a Alec, preocupado pensando como era posible que toda la sangre de una persona se concentrara sólo en las mejillas…

-Os he traído esto.-dijo tirando encima de la cama una carpeta llena de papeles que ambos miraron con curiosidad, en la carpeta, Alec y Magnus observaron una serie de salones enormes, folletos de comida para celebraciones, grupos musicales…

-¿Isabelle, qué es todo esto?.-preguntó Alec, ella abrió los ojos sorprendida.

-¿Cómo que qué es esto? Son los preparativos para la boda, he pensado en otoño, o primavera, pensé en primer momento en una playa al atardecer pero…

-Magnus y yo nos casaremos en chándal.-dijo Alec.-Nos escaparemos un día de estos a Las Vegas y juro por el Ángel que me casaré con una horrible camiseta llena de agujeros y en chándal.

Tanto Alec como Isabelle empezaron una acalorada discusión sobre los términos de boda, hasta que finalmente Magnus se hizo notar, alzando la voz:

-¡Basta!.-señaló con un dedo a Alec.-Ni loco me caso en chándal y mucho menos en Las Vegas, tú y yo nos casaremos en otoño, llevarás un hermoso traje y me besarás debajo de un altar lleno de flores.

-Mag…

-No, no hay discusión, te aguantas.

-Pero llevarás mi apellido.-dijo rápidamente.

-Vale.-un segundo más tarde.-¿Qué? Espera. No. ¡Eso no es lo que habíamos acordado!

-No hemos acordado nada, te dejo que hagas lo que se te pegue la gana, pero no pienso renunciar a mi apellido.

Magnus lo miró con el ceño fruncido, finalmente dejó escapar un suspiro.

-Lo que hago por un nephilim estúpido.-susurró Magnus.

-Seré estúpido y todo lo que tú quieras, no puedes negar que me amas.-dijo Alec guiñándole un ojo juguetón.