-Tranquilo…Respira…-Magnus hinchó de nuevo su pecho de aire, soltándolo diez segundos después. Se miró al espejo.

Hay estaba el gran Magnus Bane, el mismo Magnus que en menos de menos de dos horas renunciaría a su apellido por otro, un apellido más…

-¿Nervioso?.-preguntó la voz se Isabelle a su espalda, se giró de manera brusca, lo que hizo que se tambaleara ligeramente antes de recuperar el equilibrio, toda la tranquilidad que consiguió contando inútilmente hasta diez se desvaneció.

-¡SÍ Y MUCHO, NO LO SOPORTO!.-se acercó a la que pronto sería su cuñada oficialmente, agarró su cabeza y bruscamente se la pegó al pecho.- ¿LO ESCUCHAS?.-preguntó dirigiéndose a los irregulares latidos de su corazón.-NUNCA ME HABÍA LATIDO TAN RÁPIDO, CREO QUE ME VA A DAR UN ATAQUE SI NO…

Isabelle se apartó su oído del pecho del brujo de manera brusca, y le propinó un bofetón que desconcertó a Magnus que impresionado se llevó la mano a la cara.

-¿Mejor?.-le preguntó Isabelle.

-Creo que…Sí, creo que sí.

-Bien, ahora dime, ¿para que me llamabas?

-Ah sí.-dijo Magnus recordando de pronto algo importante.-Juro por el ángel que nunca me había latido el corazón tan rápido…

-Normal eres humano…-Magnus la miró con una ceja levantada.-Bueno sin contar lo de la magia y…¿Qué me decías?

-Que me late demasiado rápido el corazón, creo que he agotado todas mis reservas de adrenalina, pero eso no es importante, me tiembla la mano y no puedo maquillarme…

Isabelle se río, las verdad es en vez de maquillaje lo que parecía que tenía Magnus en la cara era exactamente lo contrario a un maquillaje deslumbrante, se había puesto demasiado colorete y embadurnado en exceso (muy en exceso) los ojos de pintura.

-¿Tan ridículo parezco?

-Sí.-corroboró ella.-Más de lo normal. Haz el favor se sentarte, yo me encargo.

Magnus se sentó en la cómoda silla, frente al espejo que Alec había colocado allí, en su cuarto, el mismo espejo que una vez había arrancado de cuajo de la pared.

Isabelle se le acercó por detrás, enterrando sus dedos en el cabello de Magnus.

-¿Pero qué te has hecho en el pelo?.-preguntó mientras le enseñaba a Magnus los dedos embadurnados de purpurina y agua.

-OH mierda, mierda mierda…-se levantó y se dirigió al baño, lo siguiente que escuchó Isabelle fue el chorro de agua, una maldición y al segundo siguiente…

-¡ISABELLE! ¡ESTO NO SALE!.-gritó con voz desesperada.

-¡No sabía que fueras un histérico Magnus Bane, por que si juro que lo hubiese sabido antes, me interpongo entra Alan y tú para que dejes de ser tan gritón!

Magnus no respondió, Isabelle se dirigió a él, remangándose el vestido, Magnus estaba inclinado sobre el plato de la ducha, de tal manera que la cabeza fuese lo único en contacto con el agua, el resto del cuerpo estaba totalmente seco y alejado lo máximo posible del líquido que amanaba del telefonillo de la ducha.

Isabelle se acercó al brujo, con unas gotas de champú y una gracilidad que llevaba años adquiriendo, limpió de manera rápida el pelo de Magnus, dejándolo como delicado satén negro.

Le envolbió con una toalla el cabello y lo hizo salir del baño, mientras Magnus daba saltitos en las punta de los pies con una toalla en la cabeza.

Se notaba a la legua que Magnus estaba nervioso, muy nervioso, demasiado nervioso.

-Magnus o te estas quito o te juro que…

-De acuerdo, me siento.- dijo haciendo el gesto, miró de nuevo el espejo, una gota de agua resbalaba desde el interior de la toalla hasta la comisura de los labios.

-Bien manos a la obra.-dijo Isablle, Magnus cerró los ojos y se dejó llevar por las expertas manos de su futura cuñada.

-¿Magnus?.-dijo Isabelle, el brujo tenía la cabeza echada hacia atrás, y respiraba de forma regular.-¿Te has quedado dormido?

El no recibir respuesta del brujo fue la afirmación.

"Normal…Según Alec no dejó de dar vueltas en la cama toda la noche, se levantaba iba a la cocina ajetreando las cosas y volviendo a la cama, incluso, había añadido Alec, se había puesto a limpiar el salón, cuando a la madrugada Alec había ido en su busca al no notarlo en la cama"

-A saber a qué hora te habrás dormido.

Isabelle trabajó rápido y de forma eficiente, poniendo los justo de maquillaje, decoró sus ojos, con gracia, haciéndolos más profundos y rasgados con el glamuroso de una línea de purpurina en los párpados, lo más importante, los dos habían quedado de forma simétrica exactamente iguales, sin una pizca de maquillaje en exceso. Los pómulos los había maquillado con un toque de ínfimo de colorete, ya que las mejillas afiebradas del brujo apenas necesitaban ese rubor que le otorgaba el colorete, con un juego de sombras, había hecho parecer los labios de Magnus más gruesos y rosados…

-Labios totalmente besables.

Y, por último, había desenvuelto el cabello, lo había secado y dado volumen, Magnus sorprendentemente no se despertó, lo peinó y hechó en el, una serie de productos distintos, y por último, unas pocas líneas de purpurina, respetando los gustos del brujo, un poco aquí y allá.

-Bien, trabajo terminado.

Movió el hombro del brujo, suavemente…No se despertó.

-Volvió a zarandearlo esta vez más fuerte, son conseguir un resultado distinto.

Finalmente lo empujó de forma brusca, tanto que el brujo casi cae de bruces al suelo.

-Sí, si quiero.-dijo Magnus rápidamente.

-Tú.-dijo Isabelle.-Ya está, ni se te ocurra toquetearte el pelo o si no…

Le distrajo la expresión del brujo, tenía la boca y los ojos abiertos, el pelo del brujo caía suavemente por su expresión haciéndolo parecer salvaje, los ojos misteriosos que había conseguido no se apartaban de su expresión en el espejo.

-¿Qué pasa?.-preguntó Isabelle, alarmada.-¿No te gusta? Si quieres te lo puedo quitar y hacerte uno más a tu estilo…

-Isabelle, esta absolutamente perfecto, es maravilloso, juro que me casaría contigo.

-Conmigo no, con mi hermano en todo caso.-súbitamente se arrepintió de sus palabras, Magnus e había puesto pálido y empezó de nuevo a dar saltitos, nervioso otra vez.

Totalmente al contrario que Magnus, Alec estaba fríamente tranquilo, se movía con soltura por la habitación, de una lado a otro, su corazón estaba acelerado pero, exteriormente, la tranquilidad llenaba su cuerpo y todo a su alrededor.

-¿Estás listo?.-preguntó Jace entrando por la puerta.

-No.

-¿Y a qué esperas?.-dijo Jace dirigiéndose a su armario y sacando el traje de novio de Alec, envuelto en plástico con alguna marca de ropa desconocida, pero seguramente costosa.

Alec recordó las palabras de su madre:

"Es la boda de mi hijo, con una de las mejores personas de este mundo, así que no hay razón para no tirar la casa por la ventana"

-Ojalá me hubiese fugado a Las Vegas y haberme casado allí, todo sería más sencillo.

-Bien, si quieres ver a mamá,papá, Izz, Clary y a todos los invitados corriendo detrás de ti, yo incluido, con antorchas para asesinarte…Creo que aún estás a tiempo de escaparte.

-Supongo que ya no me puedo echar atrás.-añadió Jace en voz baja.

-¿Con las palabras "echar atrás" te refieres a tu casamiento con Magnus o a lo ostentoso que es esto de la boda?

-Con la boda ostentosa.

-A mi no me parece tan…-Alec lo miró.-Bueno sí, tal vez se pasaron un poco.

-¿Sólo un poco?

-Alec…Creo que es la hora de que empieces a vestirte.-añadió Jace tendiéndole la percha con el traje aun oculto.

Abrió los ojos gratamente sorprendido, se le había pasado por la cabeza una cantidad enorme de trajes ridículos, e incluso en una ocasión había soñado que iba a su boda con un extravagante vestido de novia, quitándole el deseo de verlo. Pero lo que vio lo sorprendió, el traje no era extravagante ni mucho menos, si hubiese ido a la tienda ese día con Magnus, Izz y su madre, hubiese elegido ese mismo.

El traje era grís entretegido con un material duro y oscuro, casi negro sin llegar a serlo, pero sin catalorgarlo como azul oscuro, una camiseta gris y pantalones unos tonos más oscuros, Alec visiblemente emocionado se despojó de su ropa, sustituyéndola por la delicada ropa con la que iba a contraer matrimonio.

-Cuando te peines estarás visiblemente perfecto.-dijo Jace, alzando la mirada del libro que estaba leyendo acostado en la cama de su parabatai.

Alec trató en vano de peinarse…No sabía exactamente como se tenía que peinar uno en su boda, trató con el pelo a un lado, hacia el otro, aplastándolo…Pero no, nada conseguía que se viese perfecto, todo parecía demasiado vulgar.

-Trata de ordenártelo un poco.-dijo Jace, con los brazos cruzados y apoyado en el umbral de la puerta.

-¿Y cómo? Si es que no importa lo que haga, siempre vuelva a estar desordenado, tengo la tentación de rapármelo.

-No seas imbécil.-dijo acercándose, se puso en los dedos una sustancia transparente de un bote que siempre había estado en su cuarto de baño, pero que nunca le había interesado siquiera saber que era.

Agilmente peinó a Alec, primero revolviéndole el pelo, dejándolo desordenado, pero un pase de peine por aquí y por allá, y la maraña de su cabellera, había pasado a algo totalmente ridículo a algo…¿Sexy?

-¡Gua! Gracias.

Él simplemente se encogió de hombros.

-Es lo mínimo que puedo hacer después de dejarme ser tu padrino de bodas.

-Si bueno…No había mucho dónde elegir y no se lo iba a pedir a mi padre.

-No, creo que no hubiese sido la mejor idea.

-Magnus, Alec ya está abajo, dice que te des prisa.-dijo Isabelle.

-Bien Magnus respira, respira, respira…

Infló su pecho y lo desinfló varias veces seguidas. Finalmente salió del cuarto, y con Isabelle a su lado, bajó al vestíbulo del Instituto donde Alec lo esperaba.

Sintió su presencia justo antes de que le tocara con la mano el hombro, se giró y se lo encontró a él, su padre.

-Ho…Hola.-dijo Alec, aun impresionado.

-Alec, seré claro, sabes que no se me dan nada bien estos discursos pero no puedo no decirte nada.

Alec abrió la boca para decir algo, lo que sea, pero fue un malgasto de energía, por que la volvió a cerrar.

-Verás, perdí a un hijo, a mi hijo pequeño, y lloré por él, pero el hecho de que estuviera a punto, casi a nada de perderte a ti me hizo entender que no me pertenecías que no puedo atarte ni obligarte a amar a alguien que no amas, eso sería estúpido por mi parte. También me hizo darme cuenta que a pesar de todo, nunca pude tener un hijo mejor, te quiero hijo, y si quieres casarte con Magnus, supongo que no te lo impediré. Pero aun así, te voy a exigir algo, quiero que seas feliz, estaré a tu lado pase lo que pase, siempre. ¿Entendido?

Alec hizo un esfuerzo para no llorar, tomó aire y habló con voz segura.

-Entendido, y papá…Gracias.-dijo cuando su padre se giraba.

En ese momento, Magnus apareció por la puerta, con una sonrisa resplandeciente y observando a Alec de arriba abajo, Alec no pudo hacer algo distinto el brujo llevaba un traje gris perla con una camiseta blanca, como decoración una pajarita llamativa de color naranja giraba en sentido a las agujas del reloj.

-Magnus.-dijo la voz de Robert, llamando la atención del brujo.-Te encargo la vida de mi hijo, no me decepciones si aprecias la tuya.

-Créeme suegro, que sería capaz de viajar al mismísimo infierno por él.

Más te vale, por cierto.-añadió antes de girarse y dirigirse al jardín del Instituto.-bonita pajarita.

-Gracias.-dijo con voz dulce.

Cuando Robert hubo desaparecido Alec y Magnus se miraron.

Sonrieron.

Se acercaron.

Se besaron.

Se soltaron.

Volvieron a besarse.

Alec se fundió en el cuerpo de Magnus y él hizo lo mismo, las manos de Alec repasaron ese cuerpo que ya tenía tan memorizado y que lo consideraba suyo.

-¿Y si nos escapamos y solucionamos esto entre tú y yo?.-preguntó Alec, repasando con las yemas de los dedos la nuca del brujo, el vello de Magnus se erizo, ocasionando una corriente eléctrica directa a su entrepierna.

-No.

-¿Seguro? Podríamos divertirnos.-dijo en su oído, trazando con su dedo una línea de fuego desde su cuello a la cinturilla de los pantalones.

-He pasado toda la noche en vela, y me he vuelto loco allí arriba para estar guapo para ti, así que no. Después de tanto esfuerzo…

Alec lo volvió a besar.

-¿Qué voy hacer contigo?

-¿Amarme tal vez?

Alec sonrió dándole la razón.

-Alec, Magnus, os están esperando. –dijo la voz de Clary a su espalda.

-¿Preparado?.-le preguntó Alec a Magnus, que para sorpresa de Alec, había empezado a dar saltitos en el sitio.

-¿Lo estas tú?

-¿Contigo? Siempre.

Llegaron al jardín sin esfuerzo alguno, manteniendo sus manos unidas, transmitiéndose apoyo. El jardín estaba decorado con cintas de color naranja, no un color muy llamativo sino un color suave, que combinaba a la perfección con el color marrón y blanco con los cuales se decoraba la estancia. Las sillas colocadas en hileras unas detrás de otras estaba cubiertas con una tela de color pastel, y un lazo decorativo en la parte de atrás. Los árboles no necesitaban decoración, las hojas que variaban de colores entre el marrón el naranja y el dorado, caían lentamente, dándole un aspecto único al jardín, un altar era simplemente una pieza única de madera tallada, espirales y flores escalaban los cuatro postes del altar y en el centro de este los esperaba Clary, no pudieron evitar pensar que estaba hermosa, su cabellera roja colgaba en rizos gráciles y delicados por su espalda, un vestido color crema decoraba su piel pálida, y sus ojos parecían dos esmeraldas, talladas por el mejor escultor de piedras preciosas.

En un mano había un estela.

-Nunca he casado a nadie.-dijo con voz alta y segura.-Nunca había visto tampoco a dos personas que se amaran tanto, el amor es algo irracional pero visible, y lo veo cada día en los ojos de estar pareja. A Alec le brillan los ojos y a Magnus se le salta el corazón. Se aman, y eso es suficiente, se han separado y demostrado que no pueden estar el uno sin el otro, lo único que puedo esperar es que seáis felices, que nunca más os sintáis solos. Por eso, Magnus, ¿aceptas a Alexander como tu esposo?

-Sí.-dijo con voz segura.

-¿Y tú Alexander, aceptas a Magnus como tu esposo.

El silencio se hizo eco en la sala, todos repentinamente callados.

-Siempre.

Todos soltaron un suspiro a la misma vez.

Entonces Clary le tendió la estela a Magnus que la tomó con seguridad, había estado dibujándola una y otra vez en un papel a lo largo de las semanas anteriores, tratando de hacerla perfecta en la piel de la muñeca de su nephilim. Sintió la vibración del aparato al acercarse a la piel blanquecina de Alec, justo encima de la muñeca, notó un ligero olor a quemado y como una corriente recorría el cuerpo de Alec. Despegó la estela de la piel de Alec, había quedado perfecta, simbolizaba el amor sincero de una persona a la otra, la sinceridad en estado puro, el nunca estar sólo, no como los ochocientos años que el tenía.

-¿Alec?.-preguntó Clary, tendiéndole la estela que hace un momento estaba en las manos de Mganus. Él la tomo, Magnus le ofreció la muñeca, su flujo de energía se desató cuando la estela tocó la piel de Magnus.

Un segundo después, la piel de Alec y Magnus marcada con una misma runa empezó a resplandecer y agrandarse, dorada, quemó la piel durante un segundo, los labios de Alec estaba demasiado cerca, los de Magnus también, haciendo al beso inevitable.

Los aplausos les hizo darse cuenta de que no estaban solos, de que una barbaridad de gente los observaban, cada uno de sus movimientos era inmortalizado por flashes de cámaras.

-¿Nos escapamos?.-le preguntó Alec.

-Veinte minutos en la puerta de salida.

-Hecho.

Se separaron y el el flujo de gente, de felicitaciones de besos los separaron por un momento, por el lado de Magnus una gran cantidad de magos aun desconocidos, una chica totalmente azul y de pelo blanco a la que reconoció como Caterine, sujetaba en sus brazos a Presidente Miau al que le veía particularmente incómodo con el lazo naranja que llevaba puesto en el cuello, la subterránea se acercó a Alec.

-Felicidades cazador de sombras.-Alec sonrió.

-Hola, me alegra verte de nuevo.

La chica se encogió de hombros.

-Supongo que no podía faltar, él es como mi hermano.-dijo señalando a Magnus.-Le haces feliz, y yo soy feliz de verle feliz.

-El es mi todo.

-Más te vale.-dijo con una sonrisa.-Una lágrima que derrame por ti, y te juro que te abro la boca, te meto la mano hasta el fondo, agarro tus intestinos te los saco, los ato a una piedra y los tiro a la fosa más profunda del océano.

Alec la miraba con ojos abiertos, sorprendido. ¿Era eso una amenaza de muerte?

-Esa es la amenaza de muerte más cruel que me han deseado.-dijo serio.-Pero me alegro, si le hago daño tienes mi permiso para cortarme en pedasitos , triturarme y darme de comer a los cerdos.

-No lo dirás dos veces,.dijo con una sonrisa.

-Gracias.-dijo fácilmente.

-¿Por qué?.-preguntó arqueando una ceja.

-Por preocuparte por él, desde que nos prometimos todo el mundo le dice que si me hace daño acabará en una tumba, nadie se a preocupado por él, por si yo le hago daño.

-No le harás daño.-dijo ella.

-No, no se lo haré.

Miró el reloj, ya habían pasado los veinte minutos.

-Oye Cat, me tengo que ir, diviértete.

-¿Llevas lubricante?.-preguntó con una sonrisa pícara en los labios, antes de que Alec consiguiera girarse.

Alec se puso púrpura.

-No hará falta.

-Eso no te lo crees ni tú.

Un segundo después Cat no estaba.

Los besos habían empezado mucho antes de entrar en el cuarto de Alec, la cama estaba demasiado lejos, y pronto el suelo fue su cama.

El beso entre Magnus y Alec, era rápido, cargado de pasión, de deseo, de placer, el fuego recorría las venas de Magnus quemándolas,.

-Te quiero.-le susurró al oído

Y, dicho esto, con rapidez, se despojó de toda ropa. Magnus se dejó llevar por el placer inquiebrantable, de sentir su cuerpo pegado al suyo, las manos de Alec recorriendo ávidamente el cuerpo de Magnus, despojándolo de su ropa.

Alec comenzó entonces a pasear sus manos por todo el cuerpo del brujo. Luego, puso a trabajar sus labios, cubriéndolo de besos el pecho, los brazos, las piernas y los muslos, llegando al su miembro, tomándolo entre las manos y paseándolo por su labios, el contacto de los labios de Alec con el pene de Magnus lo hizo retorcerse, mientras él iba devorando el glande y luego el miembro entero. La columna vibrante se hallaba ya dentro de su boca, la cabeza alojada sobre el paladar, cosquilleada por su lengua que la acariciaba con leves toques.

El placer era tan fuerte, que se sentía morir, y de haber durado un instante más, de seguro hubiera perdido el conocimiento.

–¡Basta, basta! –gritó Magnus al borde del orgasmo.

Los brazos de Magnus permanecieron apretados y recorridos por nerviosas convulsiones durante unos instantes y después de un corto reposo sintió como sus labios recorrían lentamente el torso de Alec hasta pararse en su miembro buscándolo como un animal goloso.

Empezó entonces un juego de placentero, Magnus recorría con vigor y energía el miembro de Alec, sus manipulaciones aumentaban de tal modo el placer que me le daba con la boca, hicieron que pronto Alec sintiera las convulsiones previas al orgasmo. Magnus chupaba, su miembro cada vez más deprisa, y tiraba de él como si de un pezón se tratara; quería vaciarlo

Finalmente la esencia del nephlim saltó como una lluvia de brillantes chispas tras sus párpados. La respiración de Alec era acelerada, Magnus no lo dejó descansar, comenzó entonces a besarlo y mordisquearlo, dejando deslizar sus labios por toda la espalda de Alec, depositando en ella una sucesión interminable de besos.

Magnus le tomó las piernas, colocándoselas sobre los hombros y, apartándolas empujando suavemente pero con firmeza. Colocó la punta de su sexo erécto en la entraba bien lubricada de Alec, penetrándole de vigoroso empujón. Gemidos escaparon de la boca de Alec, incontrolados, enloquecedores, ciegos de pasión. Los manos de Magnus se aferraban a sus hombros, clavándole las uñas en un arrebato incontrolado, la energía del suelo parecía atravesar su cuerpo, haciéndolo retorcerse y gemir de placer, al sentir su miembro bien sujeto por los músculos de Alec, que lo masajeában con constancia, suplicándole también más penetración, más profundidad, más rápido, pero a la misma vez, le pedían calor, delicadeza que ese placer durara. Los nervios de Alec se pusieron en tensión, el corazón le empezó a latir con tal violencia que apenas podía respirar, sus arterias se hallaban a punto de explotar, en realidad, todo su cuerpo iba a explotar al ritmo que lo torturaba Magnus, masajeando su miembro a la misma vez que el lo penetraba.

La arterias del nephilim estaban a punto de estallar. Un calor intenso comenzó a abrasarle y en las venas sentía correr el fuego, a cambio, Magnus aumentaba la velocidad proporcionalmente, cada vez con más violencia, con más fuerza y con ganas de terminar, ambos lo sentían cerca, muy cerca, pronto Alec toco el sol con la punta de los dedos, abrasándose el cuerpo corriéndose inmensamente en la mano de Magnus y en su abdomen.

A la misma vez que Alec llegaba a su orgásmo, su cuerpo se contrajo, masajeando más fuerte el sexo de Magnus que con dos envestidas más se liberó en el interior de Alec.